Carlos I de 1517 a 1522 (2)

2. POLITICA INTERIOR

Cabe plantear cómo se gestionaba aquel gran imperio y qué acontecimientos determinaron en aquellos años el devenir imperial. Aunque nos seguimos centrando en los seis años marcados para nuestro estudio y haciendo un análisis muy general, en este capítulo vamos a adentrarnos en algún momento en los años posteriores, someramente, como mera referencia, pero no se entendería la organización administrativa, económica y social sin ese avance a años posteriores.

En inicio del reinado de Carlos I, la organización imperial presenta aún unos grandes vestigios de lo que fue el concepto organizativo de los Reyes Católicos, los cuales fueron difuminándose, sin desaparecer del todo, con el paso del tiempo.

Ir al detalle sería largo y prolijo, pero sí señalaremos que aquel imperio era una amalgama de territorios unidos por la persona del Emperador. Elliot afirma que “La asociación de los diversos territorios de Carlos I era semejante a la que había formado en la Edad Media la Corona de Aragón…” No todos los autores comparten esta imagen.

Internamente, lo más destacado es que durante una gran parte del reinado de Carlos el imperio funcionara sin la figura de un valido, especialmente tras la muerte de Gattinara. El italiano fue nombrado Gran Canciller por Carlos en 1518 y ejerció sus tareas hasta 1530, año en que falleció, no sin antes haber organizado la coronación imperial de Carlos en Bolonia aquel mismo año.

Hubo otros cancilleres y gobernadores, pero, tras Gattinara, fueron el propio Carlos y sus familiares, especialmente su hermano Fernando – la dinastía- los auténticos gobernadores del imperio. Así, podemos afirmar que, la robusta presencia de un Canciller durante nuestros años de estudio fue una anomalía en el conjunto del reinado de Carlos.

Mientras ejerció de Canciller imperial, Gattinara estableció una estructura basada en el fortalecimiento del Consejo de Estado en el que se asentaban representantes de España, los Países Bajos e Italia. Dada la importancia de la economía, creó un entramado financiero con una fuerte tesorería donde el Tesorero Real intentó el control financiero del Imperio. Casi toda esta estructura desapareció con la muerte del italiano. A partir de ahí, la dinastía es la exclusiva marca de gobierno.

Hay dos elementos básicos que caracterizan la gestión impuesta por Gattinara y que perduran a lo largo de la vida de Carlos:

  • Un cierto grado de autonomía en los territorios, de manera que las formas de hacer y controlar no tienen homogeneidad en el Imperio pues se basaban en aquellas que iba encontrando en cada región conquistada. Autonomía sin la cual no hubiera sido posible mantener bajo el poder de la Corona unos territorios tan alejados en lo geográfico y en lo social.
  • El sistema sinodal: los Consejos, heredados algunos de los Reyes Católicos y otros nacidos a la luz de las nuevas necesidades imperiales.

Realmente, la postura de Carlos era la propia de un concepto imperial medieval con la Fe como aglutinante en un primer momento y al modo del Sacro Imperio romano- germánico, después. En un entorno renacentista, el Imperio español de la mano de Carlos mantenía un concepto feudal de la corona y del mundo.

Centrándonos en España, el concepto de nación es el heredado de los Reyes Católicos: Monarquía Católica hispana, que se extendía no sólo por España sino también por Cerdeña, Nápoles, Sicilia y, más tarde, por el Milanesado. Esta Monarquía Católica con Carlos tenía su sede principal en Castilla, mas no tanto por reconocimiento como por estrategia de explotación de las tierras castellanas para sus fines imperiales. Sin embargo, ese centrarse en Castilla, sobre todo a partir de 1522, dará a las instituciones castellanas la capacidad de extender su mando por todo el imperio, particularmente, por toda España, creando así una base ligeramente homogénea de actuación.

Es a partir de 1522, cuando Carlos más se hispaniza y cuando España más se “imperializa”, el momento de la revisión de la estructura heredada de los Reyes Católicos. La finalidad última era el reforzamiento del poder absolutista de los Habsburgo. Este proceso se extiende desde 1522 hasta 1529; en él se produce la reconstrucción de todo el entramado sinodal, lo que coincide con el periodo más largo de estancia de Carlos I en España.

Así en aquella época y a partir del poder dado a los cinco consejos consultivos: Consejo Real de Castilla, Aragón, Inquisición, Órdenes Militares y Cruzada; remodela el Consejo de Estado (1522), crea los Consejos de Hacienda (1523) e Indias (1524) y reorganiza el Consejo de Guerra (1524). Lo que demuestra la importancia que habían adquirido dos de los asuntos en el desarrollo imperial: las finanzas (por la guerra – para aumentar la presencia imperial en Europa-) y la ampliación del imperio en América.  Los consejos llegaron a ser doce, divididos en territoriales y administrativos.[1]

Aunque Carlos mantuvo cierta autonomía también en la estructura administrativa entre los reinos de Aragón y Castilla, algunas de las instituciones de gobierno fueron comunes: un solo Canciller, un Consejo de Estado, un Consejo de Guerra, un Gobernador General. El Consejo Real de Castilla irá ganando poco a poco posiciones arguyendo interpretaciones unificadoras de las normas y dándole a su Presidente el mismo rango que al Gobernador General. Esa presencia del Consejo Real aumenta aún más tras la creación del Consejo de Italia en 1555, segregándolo del de Aragón y, por tanto, en detrimento del poder de éste.

Esa estructura tiene por finalidad, desde el primer momento, que el Emperador mantenga el control de sus posesiones durante sus ausencias.  Precisamente, por ese motivo, las Cortes, con su tradicional independencia y capacidad legislativa, fueron perdiendo poder, sobre todo, tras la guerra de las Comunidades.

Después de 1538, Carlos excluyó de las Cortes de Castilla a nobles y eclesiásticos, no así en el resto de las Cortes hispanas. Con todo, de facto, la castellanización de la Corona supuso:

  • Una unificación jurídica, aunque los antiguos reinos preservaran cierto poder legislativo.
  • Una evolución “constitucional” a la francesa- centralismo-, la realeza se asienta en Castilla dejando el resto de los territorios en manos de los virreyes con la condición de “magistrados permanentes”- en palabras del profesor Lalinde- o, lo que es lo mismo, supuso un parón en la legislación en materia de derecho público en los reinos no castellanos.
  • Un enfrentamiento entre el dinamismo monárquico de Castilla y las fuerzas defensivas, estáticas, de los reinos no castellanos. Esa centralización se agudizará con Felipe II.

La idea de Carlos de dejar un entramado bien controlado en su ausencia tenía todo el sentido dado que, a partir de 1529, se alejó bastante de España a la que dejó bajo el mando de Isabel de Portugal. Desde 1534, vuelve en cuatro ocasiones, con el objetivo fundamental de conseguir financiación para sus guerras europeas y pagar a sus acreedores y al tiempo financieros: los banqueros italianos, alemanes y holandeses que dieron soporte financiero al imperio, pero no sólo a conquistas y guerras, también a necesidades personales del monarca en unas finanzas que confundían lo público y lo privado como corresponde a un régimen medieval con tendencia absolutista propia del Renacimiento. Aquellos banqueros contaron, como garantía de los créditos concedidos al soberano, los diversos impuestos y tributos castellanos y con las percepciones de los metales preciosos que procedían de América. Ante las estrecheces financieras del Emperador fueron muchas las remesas de oro y plata que fueron secuestradas, desposeídos su auténticos dueños- particulares-, para pasar a las arcas públicas camino de los mencionados acreedores. Ya lo dijo Quevedo: “Nace en las Indias honrado, /Donde el mundo le acompaña;/Viene a morir a España, / Y es en Génova enterrado”

Dada la avidez del fisco en confiscar el oro y plata privados, las remesas de América empezaron a traerse de contrabando. La incautación a particulares suplantando sus posesiones por títulos de deuda pública (los juros) se incrementó a partir de 1523 y más a menudo desde 1535.  La ciudad escenario de estas incautaciones fue Sevilla sede de la Compañía de Indias y puerto por el que solían llegar los metales de América.

Desde un punto de vista social, proliferaron por Castilla los tratados moralizantes relacionados con el lucro en el comercio. Aunque la actividad lucrativa no se daba en Castilla sino fuera de ella. Las incipientes muestras de capitalismo se alejaron de las regiones españolas y, sobre todo, de Castilla, a la que el Rey no prestó la menor atención industrial ni comercial.

La escasa vida comercial se centró en las ciudades, especialmente en Burgos y Sevilla.  La industria se afianzó en el textil por la floreciente cabaña lanar y en torno a cuya actividad se formaron gremios. Cabe destacar el pequeño auge que tuvo la industria de la seda (Granada). Y, aunque algunos autores reconocen pequeños síntomas de lo que sería posteriormente el capitalismo, seguimos en una economía de rasgos esencialmente medievales, de consumo local y rutina en la concepción de los negocios.

La presión fiscal empobreció el campo y dio lugar a que los campesinos pensaran en destinos menos seguros, pero más lucrativos: los nuevos territorios de ultramar; apoyados en el desarrollo de nuevas formas de construcción naval, primero carabelas, luego galeones. Pese a la incompetencia financiera de la Corte, Castilla siguió siendo el baluarte de Carlos, aportando no sólo trabajo y esfuerzo económico sino también a sus mejores jóvenes que partían hacia América, en busca de oportunidades, y a los que nadie reemplazaba en España. Esa fue otra sangría para Castilla.

No sólo América era el destino, las islas del pacífico o el Índico…pretendiendo riqueza que no siempre eran metales preciosos. Muy bien cotizado estaba el comercio de especias, de hecho, el viaje de Magallanes se inició buscando una ruta hacia occidente por la que llegar a las islas especieras y más concretamente a las Molucas (Indonesia) famosa por su riqueza en estos condimentos.

Carande señala que la clave del desastre económico que se fraguó a lo largo del quinientos no estuvo en la política monetaria sino en la comercial.

Castilla y los castellanos lograron lo imposible, formar un gran imperio, y perdieron lo más sencillo, acompañarlo de las medidas económicas adecuadas. Por eso, los estímulos pre capitalistas no se asentaron en Castilla. De hecho, después de Gattinara no hubo un intento serio de unificación hacendística. Si bien Francisco de los Cobos, gran Secretario Real, intentó ordenar la Hacienda Pública hasta su muerte en 1547.

A pesar de todo, económicamente, el reinado de Carlos I fue una época de aparente  prosperidad; en general, la primera mitad del siglo XVI supuso un período de expansión económica con la llamada revolución de los precios[2](inflación debida a la cantidad de oro circulante y la escasez de moneda. En ocasiones los pagos se realizaban en oro sin acuñar, desplazando así a las monedas).

Síntomas de inflación se dieron desde 1524, pero, realmente, hasta 1555 no se empieza a tomar conciencia de la grave situación generada por la deuda y de la suspensión de pagos que se acerca. De hecho, es el príncipe Felipe, el que da la voz de alarma, el que advierte a su padre y el que intenta poner orden y, sin embargo, es en él en el que recae el estigma de la bancarrota de 1557 y de las crisis periódicas de la segunda mitad del siglo.

Antes de terminar este capítulo sólo cabe hacer una somera referencia a la institución de la Inquisición

En una monarquía confesional como la católica hispana, la Inquisición ideada por los Reyes Católicos tenía que seguir siendo un instrumento del mayor valor para el control ideológico de la sociedad. El tema no es sencillo y requeriría un complejo análisis del origen de la espiritualidad hispana, pero sí señalaremos que esa espiritualidad está en la base anímica de la idea de “nación” de los reyes Católicos, en toma de Granada o en la expulsión de los judíos en 1492. Nada es por casualidad.

Sin embargo, las cosas cambian con Carlos I, para sorpresa de muchos. Aquel imperio ecuménico no se basó en la Inquisición como baluarte para la imposición de la Fe, posiblemente por la influencia de los erasmistas, tan contrarios al Santo Oficio. Se puede decir que, durante el reinado de Carlos, la Inquisición estuvo adormecida, sobre todo, en los primeros años. Empezó a destacar con la batalla contra la Ligade Esmalcalda en 1546 y cuando surgieron los primeros brotes de luteranismo en Castilla a mediados de siglo. Los inquisidores generales fueron bastante toleranteshasta que el arzobispo Fernando de Valdés (1546-1566) endurece la actuación inquisitorial de manera paulatina pero inexorable. De ahí que la Historia obscura de la Inquisición en el quinientos hay que atribuírsela más al reinado de Felipe II que al de Carlos I y, sobre todo, fue casi inexistente en los años que van de 1517 a 1522.

Como se intuye de todo lo expuesto, la vida en aquellos años sigue patrones medievales con ligeros pasos encaminados a alcanzar el Renacimiento. Así, se produce un avance en la mecánica; las obras públicas ofrecen un gran adelanto, por influencia italiana,  en aspectos como la canalización; la arquitectura da muestras de abandonar los modelos góticos, si bien es época de esplendor del gótico en su fase más barroca; en la minería y la metalurgia los progresos son destacados, lo que influye en la mejora de las aleaciones y, por ende, en  la acuñación de monedas (fundamental por el tránsito de metales desde América); en la industria naval las naves se hacen más ligeras y resistentes, como hemos referido anteriormente… Estos desarrollos son españoles o del resto de Europa y se transmiten por el continente con facilidad debido a la gran revolución del S XV, la imprenta, que se perfecciona y desarrolla en el S. XVI. No olvidemos que la primera Imprenta que se instala en España lo hace en Segovia en 1472. Con ella los avances técnicos de Europa se hacen fácilmente transportables de país a país.  El imperio de Carlos V, su expansión, tiene la eventualidad de trasmitir las formas de hacer allí por donde va. Si la Edad Media fue la época de ruptura de las comunicaciones entre los europeos, de acabar con el tránsito propiciado durante el Imperio romano. La Imprenta y el Imperio español, incluso gracias a los enfrentamientos nacionales, posibilitaron de nuevo el intercambio cultural.


[1]El entramado Sinodal se termina de constituir en la época de Felipe II. Llegando a 12 con este monarca, que crea el de Portugal en 1582 y el de Flandes en 1588. Con Felipe II el Consejo de Estado recompone la unidad de la corona en detrimento de los consejos territoriales. Se ha seguido en este punto el libro de Ubieto, Reglá, Jover y Seco. “Introducción a la Historia de España. Ed. Teide 1970.

[2]El Economista norteamericano Hamilton formuló una explicación monetaria en la revolución de los precios y los tesoros americanos que iban llegando a España. Teniendo en cuenta el monopolio español de los metales preciosos, la subida de precios fue más rápida que en el resto de Europa, sin embargo, los salarios permanecieron bajos, lo que permitió hacer inversiones a una incipiente burguesía, aunque no de la manera que hubiera sido necesaria para el desarrollo económico al modo europeo por ir destinados muchos de aquellos ingresos a financiar las guerras y a abonar los intereses y empréstitos de la corona con los banqueros alemanes e italianos.

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