Carlos I de 1517 a 1522 (4)

4.  POLÍTICA EXTERIOR. EUROPA

Carlos I intentó superponer a cualquier otra consideración un concepto de cristiandad como realidad política. Un principio que podemos calificar de erasmista o ecuménico y, aunque no logró acabar con los protestantes, sí marcó una época e influyó en la reacción de sus herederos.  Vicens Vives señala la relevante importancia de Carlos I hasta el punto de que su personalidad y su política son representativas de lo que fue Europa durante la primera mitad del siglo XVI, especialmente, a partir de 1525.

La política exterior española en Europa ( América lo veremos en otra entrada) en este periodo se ve determinada por el inicio de la crisis protestante y el enfrentamiento con Francia por Italia y el papado. Posteriormente, serán igualmente relevantes las luchas contra los turcos de Solimán “el Magnífico”, si bien, no hay que olvidar que, las escaramuzas y guerras con los otomanos se venían dando desde el inicio del reinado (en 1516 se produce la derrota de la flota enviada por el Cardenal Cisneros, para intentar recuperar la plaza de Argel. Las tropas otomanas estaban bajo las órdenes de Barbarroja). Todos estos problemas le perseguirán hasta su retiro en Yuste.

Dado el periodo de estudio elegido, nos referiremos muy brevemente al inicio de los dos primeros conflictos: luteranismo y la guerra contra Francia. Si bien haremos referencia a dos conquistas otomanas que se producen en este momento histórico y que tendrán su importancia posteriormente: la conquista de Belgrado (1521) y la toma de Rodas (1522).

LUTERO.

En 1517, Lutero colgaba sus 95 tesis en la Iglesia de Wütemberg. En 1520, Carlos, influido por la idea de un imperio ecuménico, llega a Aquisgrán para ser coronado Rey de los Romanos, es decir, Príncipe de la Cristiandad. Sin embargo, en 1520, el cisma luterano ya era una realidad y su idea imperial quedaba resquebrajada. El luteranismo había afectado sobremanera a Alemania y Carlos ni como Rey Romano ni como Emperador de Alemania podía aceptar aquella ruptura ni tampoco mostrarse radicalmente agresivo contra ella si no quería provocar la oposición de los príncipes alemanes a su nombramiento. De ahí que, en 1521, buscando una política conciliadora, convocó la Dieta de Worms. Allí, se aceptó la idea de un Concilio como medio de solucionar en cisma. Pero el Concilio de Trento no se convocó hasta 1543 y no inició sus sesiones hasta 1545, demasiado tarde para solventar el problema.

En esta primera fase del reinado de Carlos V se suceden otros cónclaves en busca de acuerdos con los luteranos. A Worms le sucedieron las Dietas de Nüremberg (1524) y Espira- 1526- (donde nace la denominación “protestante” para referirse a los luteranos). Pero nada se consiguió; el éxito luterano ya estaba cimentado. Sus basamentos fraguaron de la unión de las “Tesis” con el aumento del protagonismo político de los príncipes alemanes. Se fusionaron religión y revolución social; esta última, en el pueblo alemán, se manifestaba como mesiánica y, en los príncipes alemanes, bajo el manto del poder.

A aquellas siguieron otras reuniones: primero con la Dieta de Augsburgo (1530) y posteriormente en el Concilio de Trento, como hechos destacados, que no únicos.

Estas soluciones fracasarían por la posición radical de algunos sectores luteranos apoyados por los grandes príncipes alemanes temerosos de perder sus privilegios bajo la monarquía absolutista que representaba Carlos. De hecho, en 1531 los príncipes luteranos se unieron en la liga Esmalcalda para defender sus intereses con una caja común y un ejército propio. En el fondo de nada le valió al emperador derrotarlos en Mühlbergh, las alianzas entre los alemanes, franceses, ingleses… acabaron por derrotar al Emperador y a su idea ecuménica; rota por protestantes, calvinistas, por la ruptura de Enrique VIII con el catolicismo y, sobre todo, por la fuerza creciente de las posiciones nacionales. En el fondo, el enfrentamiento no fue más que la pugna entre una corte medieval en sus ideales (ecuménicos) contra las primeras afirmaciones de las personalidades nacionales (Renacimiento).

Pero fue precisamente este enfrentamiento y la derrota de sus pretensiones, los que hicieron evolucionar la idea imperial de Carlos I hacia un concepto de sacro imperio romano- germánico. En ese intento tropezó con Francia y con el papado.

GUERRA CONTRA FRANCIA

Carlos V consideró que la derrota luterana y la unificación de sus territorios en el imperio romano-germánico requería de la posesión del Milanesado y a esa conquista se lanzó.

En el camino hacia Italia se encuentra con Francisco I, desde 1514 Rey de Francia al suceder a su primo Luis XII, que murió sin descendencia.

Carlos y Francisco ya se habían enfrentado al oponerse el Rey francés al nombramiento de Carlos como Emperador.

Francisco veía su reino rodeado de los territorios imperiales de Carlos: España por el sur y, por el este, el Sacro Imperio Romano-Germánico. Esto impedía una política exterior fundamentada en el expansionismo; empeñado, como estaba, en recuperar la Borgoña y Navarra para Francia y continuar su crecimiento por la península itálica.

Según la historiografía más común podemos considerar que los enfrentamientos con Francia tuvieron las siguientes fases:

Primera (1521-1529)

Segunda (1536-1538)

Tercera (1542-1544)

Cuarta (1552-1559) – desde 1556 con Felipe II en el trono-.

Por afectar a nuestro periodo de estudio, nos centraremos, exclusivamente, en la primera.

Milán estuvo en posesión de Francia tras la expulsión de Ludovico Sforza y se recuperó para el papado en 1511, para volver a poder francés tras la batalla de Marignano en 1516.

La guerra contra España se inició en 1521 cuando, Francisco, aprovechando la revuelta de los comuneros, intentó invadir España, especialmente Navarra y parte de las vascongadas (mantuvo Fuenterrabía hasta 1524), pero la suerte final en las armas fue favorable al Emperador. Carlos V había logrado el apoyo de monarca inglés, Enrique VIII, y del Papa (tanto León X como de su sucesor, Adriano de Utrech – que había sido preceptor del Emperador-). Con tales apoyos se hizo con el Milanesado en 1522 y colocó, de nuevo, a los Sforza en el ducado.

La reacción de Francisco I fue un intento de recuperación del Milanesado nada más perderlo.  En su primer ataque, abril de 1522, acaba derrotado en la batalla de Bicoca, a la que siguió el fracaso en Pavía- donde Francisco I fue hecho prisionero y tuvo que aceptar el tratado de Madrid (1526) en virtud del cual, a cambio de su libertad, cede el Milanesado y Borgoña a Carlos V; renuncia a su soberanía sobre Flandes y Artois, y devuelve sus dignidades al condestable de Borbón. Queda libre, pero, como garantía del Tratado, en España se quedaron los dos hijos mayores del Rey: el delfín y el duque de Orleans.

La Paz y la palabra de Francisco tuvieron poca consistencia, a lo que contribuyó que el Papa Clemente VII, sucesor de Adriano, no viera con buenos ojos el poder imperial. El Papa logró un acuerdo con Francia, Inglaterra, Venecia y Florencia formando la liga de Cognac o Clementina. Aquella amenaza al poder de Carlos acabó con las tropas imperiales marchando sobre Italia, el Papa atemorizado se avino a un armisticio. Sin embargo, las tropas hispano- alemanas que formaban el grueso del ejercito de Carlos V, comandadas por el Duque de Borbón, no se contuvieron en su avidez de botín. El Papa se tuvo que refugiar en el Castillo de Sant Angelo y Roma fue saqueada (1527). El saco de roma que tanto escritos, estudios y obras de arte ha sugerido (los estudios de André Chastel o Umberto Roberto; los dibujos de Antonio Tempesta; los grabados de Martín Heenskerch o los de Cornelis Boel…)

Francisco, lejos de conformarse, contrataca con la ayuda del genovés Andrea Doria y sitia Nápoles, pero las discrepancias por el botín hacen que Doria traicione a Francisco y se cambie de bando. El tratado de Cambray o de las damas (1529) finalizó esta lucha. Fue mucho menos duro que el de Madrid y logró cierta estabilidad en la zona; la que necesitaba Carlos para centrarse en los problemas con los protestantes y los turcos.

Sólo haré una mención a un hecho importante que se da en el ejército de Carlos I. Como todo en él y en el imperio fue una especie de puente entre la Edad Media y el renacimiento. Militarmente, no lo fue menos. De un lado hereda en nuevo concepto militar de tercios, combinación de infantería, piquera y arcabucera, desarrollada, sobre todo, por los ejércitos italianos de su abuelo Fernando y puesta a punto por el desarrollo de las armas de fuego portátiles. Sin embargo, es un rey justador, con mentalidad de batalla medieval donde el rey comandaba los ejércitos y lo hacía a caballo usando armadura. Empiezan a usarse unidades flexibles de infantería con unidades artilladas de campaña y sitio. El ejército pasa de ser una institución formada por “profesionales” o milicianos a un ejército de leva nacional.

 

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