Carlos I de 1517-1522(5)

5. LA CONQUISTA DE AMÉRICA

Según las capitulaciones de Santa Fe, el régimen de explotación de las tierras que se habían de descubrir era un verdadero monopolio, cuyos titulares eran Colón (su posición en América se zanjó en 1536[1]) y la Corona de Castilla, por ser la auténtica financiadora de la empresa colombina. De hecho, este era un acuerdo entre los reinos de Castilla y de Aragón. Al primero le correspondía la expansión oceánica, mientras Aragón se reservaba el área mediterránea. Así, Isabel la Católica en su testamento (1504) declaró que “las islas y tierra firme del mar océano, descubiertas y por descubrir, ganadas o por ganar, quedasen incorporadas a sus reinos de castilla y de León”.  Isabel legaba a Fernando el Católico, con carácter voluntario, la mitad de las rentas que aquellas tierras produjesen. Fernando las dio en testamento a Juana y se incorporaron formalmente a Castilla con Carlos V cuando adquiere el título efectivo de Rey de Castilla, tras el juramento como monarca.

Esta vinculación exclusiva a Castilla impidió que los vasallos de Aragón se beneficiaran de la conquista americana y pocas veces participaran en ella. Este supuesto privilegio castellano tampoco le fue del todo favorable pues tan gigantesca empresa exigió una constante sangría de hombres, sin la correspondiente compensación para el reino castellano. Desde Castilla, le era más fácil al Rey aprovecharse de las riquezas venidas de América que desde cualquier otro reino peninsular, ya que las Cortes castellanas no oponían resistencia a la voluntad del monarca (de lo que tuvo mucha culpa el resultado de las contiendas comuneras) cosa que si hacían las Cortes aragonesas o las de otras regiones.

Consecuencia de la actividad castellana en la conquista de América; tras sufragar Castilla el viaje de Colón, un portugués- Fernando de Magallanes- se naturaliza Castellano para poder acometer algo que había iniciado Colón, que había continuado Américo Vespucio y otros varios como Juan de la cosa, Yañez Pinzón… y todos, sin éxito: la idea de llegar a las islas de las especias (islas Molucas)- de gran valor económico y generadoras de grandes riquezas- a través de occidente.  Todos habían buscado un paso hacía el otro lado del mar, el mar del Sur, conocido como Pacífico tras las expediciones de Nuñez de Balboa (descubridor del Pacífico en 1513).

Magallanes y Elcano lo consiguieron. Aquel previo y aparente fracaso de otros grandes navegantes españoles fue el origen del gran éxito imperial, que vino marcado por la colonización, evangelización y civilización de un continente: América.

El auténtico imperio español en el nuevo continente nace y se compone en torno al Mar Caribe. La base de partida de los españoles se situó en la isla La Española, cuya conquista se completó con la expedición de Nicolás de Ovando (en 1502), con una flota de 30 buques en la que lleva como misión repoblar aquellas tierras recién conquistadas.  Tras él llegaron Nuñez de Balboa que colonizó Panamá en 1508: Ponce de León, Puerto Rico, o Juan Esquivel que llegó a Jamaica en 1509. En 1511, Diego Velázquez de Cuéllar conquistó y, posteriormente, gobernó Cuba y gracias a él el gran Hernan Cortés llegó, conquistó y civilizó Mejico. Su heroica hazaña la veremos en la próxima entrada. Su conquita coincide por completo con el periodo de estudio seleccionado. Desde Méjico la conquita siguió hacia el norte y hacia el sur hasta lo que sería con el tiempo el Virreinato de la Plata.

Volviendo a aquellos orígenes, a su desembarco, Ovando tuvo que enfrentar los problemas creados por los propios españoles llegados con Colón, sumidos en la anarquía. Enderezó la situación político-organizativa, explotó las minas de La Española y repartió las tierras a los encomenderos que lograron prosperidad a costa de la población india, que no tenía costumbre ni de ser esclavos ni de trabajar como imponían los españoles. Pero la conquista dio un cambio radical gracias a la protección de los Reyes Católicos hacia los indios. En este sentido, existe una gran controversia histórica sobre la influencia de dos figuras: Fray Alonso de Montesinos y un encomendero que pronto dejaría la tierra y se ordenaría sacerdote con el nombre de Fray Bartolomé de las Casas[2]. Con la idea de considerar al indio como un igual ante Dios, nacieron, en 1512, las Leyes de Burgos  y en 1513 las Ordenanzas de Valladolid. En ellas, el Rey Fernando disponía, entre otras cosas, que los indios eran libres y que debían ser evangelizados, que podían trabajar siempre que este trabajo no fuera obstáculo ni para su evangelización ni para su salud, que debían gozar de descanso diario; los indios debían tener casas, haciendas propias y oportunidad de cultivarlas. Asimismo, se prohibió a las mujeres trabajar en las minas y, si estaban embarazadas, en ningún trabajo, lo mismo que los menores de 14 años. La conciencia evangelizadora de la conquista dio como fruto la aprobación de diversas leyes que, de manera paulatina, generaron las condiciones más humanitarias de la conquista española; promovieron el mestizaje y lograron, sin duda, una relación de igualdad entre colonizadores y colonizados que no se ha dado en ninguna otra conquista, de ningún país, en ningún tiempo. En este aspecto conviene hacer una referencia al Padre Vitoria, a su obra “De Indis” y a la influencia que su pensamiento humanista tuvo en el tratamiento de la dignidad de los hombres y los derechos de los indígenas en América. Afirmó que los indios no son seres inferiores, sino que tienen los mismos derechos que cualquier ser humano, siendo dueños de sus tierras y bienes. No nos extenderemos más en las aportaciones del padre Vitoria porque sobre el derecho de gentes y la escuela de Salamanca realizaremos otro hilo separado del actual.

Todas estas normas y acciones culminaron en las Leyes Nuevas de 1542-43 en las que además de asuntos de organización institucional, en un numero importante se referían a la condición de los indios. Las leyes de Indias pasarían a la Recopilación del Derecho Indiano en 1680.

Nadie podrá acusar a España, salvo faltando a la verdad, de ausencia de buenas intenciones. Se cometieron errores (¡en qué obra humana no se cometen!), pero no tantos como se quiere hacer ver, escasos en comparación con las conquistas realizadas por otras naciones y muchos menos si en vez de analizar las cosas con ojos actuales, se hace con los de entonces. El anacronismo nunca ha sido una fuente histórica. Si vemos la situación en el momento, en los siglos XV y XVI, la causa española, alcanza aún mayores cotas de grandeza.

Grandeza política y militar, que no económica.

América fue una gran fuente de riqueza y de comercio, pero mal gestionada por utilizarla con mentalidad política y no económica; por el uso inmediato y no pensando en el futuro; por la idea imperial feudal y no hispana y renacentista.

La llegada de riquezas se hizo esencialmente por el puerto fluvial de Sevilla, no en vano el comercio con América quedó monopolizado por la casa de Contratación de Sevilla. Sin embargo, aquella llegada de riquezas no valió para mejorar las estructuras económicas de España, sino para saldar las deudas del emperador con los banqueros alemanes e italianos, como ya hemos visto.

En los años en los que nos centramos (1519-1522), aún no era palpable el problema económico que se venía encima por falta de previsión, de inversión nacional, de mejora de la tecnología, tal fue así que la falta de modernización de las estructuras económicas y manufactureras determinaron que España tuviera que importar productos elaborados desde otras zonas para cubrir su abastecimiento y el de América.

Por si fuera poco, se unió que, si bien la forma de organización del nuevo mundo fue ingeniosa y eficaz en un primer momento, con gobernadores y luego con virreyes (tenían atribuidas las funciones de los gobernadores, capitanías generales y Audiencias) que ejercía el poder en nombre del Rey, con autonomía y lealtad, con funcionarios adecuados y fieles servidores públicos; con el tiempo, la venta de cargos, la falta de control de los productos, el enriquecimiento injusto, la piratería y el contrabando, mermaron el comercio español y el control de sus colonias.

Enderezar aquella situación, desde finales del siglo XVI hubiera requerido un proceso de cambio que no se acometió.

[1]El incumplimiento de los acuerdos con Colón dieron lugar a los “ Pleitos Colombinos”, cuyo estudio más completo lo realizó Gustavo Villapalos en 1976

[2]La figura de Fray Bartolomé de las Casas es muy controvertida. Jesús Á. Rojo Pinilla en su libro “Grandes Traidores a España”. Ed El gran capitán, incluye a Fray Bartolomé entre los grandes traidores a España por haber sentado las bases de la leyenda negra.  Creo que para la traición hace falta intención, dolo, y el padre de las Casas no está claro que lo tuviera. Coincido con Rojo en que era un fanático. Rojo lo define como “Charlatán paranoico”. Sobre su figura volveremos algún día. En todo caso,  es evidente  lo que diferencia al Imperio español de otros muchos: su sentido humanista. La leyenda negra, no lo neguemos, nació tanto más que por las obras de Las Casas, por la tergiversación interesada de las palabras de Las Casas por parte de muchos enemigos de España. Indudablemente, si sus obras se hubieran ceñido a la verdad y no a la fantasía de su espíritu paranoico, no hubiera dado lugar a la tergiversación.

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