Carlos I de 1517 a 1522 (6)

 

  1. LA CONQUISTA DE MÉJICO.

La conquista del imperio azteca fue un proceso histórico ocurrido entre los años 1517 y 1521. Se inicia con la llegada de los españoles a la península del Yucatán y se culmina con la caída de Tenochtitlan a manos de Hernán Cortés. Veamos el proceso.

Hasta Diego Velázquez de Cuéllar, primer Gobernador de cuba, como hemos señalado, llegan noticias de la prosperidad de las tierras vecinas. Era el año 1517, cuando envía a Francisco Hernández de Córdoba a una expedición que surca la costa de Yucatán y establece contacto con los Mayas. Quedaron impresionados por lo desarrollado de aquella civilización. A raíz de estos conocimientos y por el oro que parecía tener el lugar, Velázquez de Cuéllar organiza una segunda expedición (1518) al mando de Juan de Grijalva que surcando el Golfo de México llegó al río Tuxpán donde se produjo el primer contacto con Moctezuma II. Animado por aquellos resultados, Velázquez organizó una nueva expedición comandada por Hernán Cortés. Salió de Cuba en febrero de 1519. Los primeros contactos con los indígenas ya no fueron tan pacíficos.

El primer enfrentamiento serio contra los mayas da lugar a la Batalla de Centla (14 de marzo de 1519). Además de la estrategia envolvente de Cortés, lo que dio la victoria a los españoles fue el temor de los indígenas a las armas de fuego y, sobre todo, a la caballería. Los indios no habían conocido caballos y se vieron sorprendidos por aquellos seres extraños, mitad hombres, mitad animales. Ahora bien, Cortés llegó a Méjico con 518 soldados, 50 ballesteros y escopeteros, 11 jinetes, 32 caballos, 10 cañones y 4 falconetes. Con aquel exiguo bagaje nunca hubiera podido conquistar Nueva España si no hubiera sido por la ayuda que le proporcionaron los propios indígenas.

Consecuencia de la batalla fue la construcción de la primera ciudad española en América: Santa María de la Victoria y posteriormente la Villa Rica de la Vera Cruz (Veracruz), allí recibió Cortés por primera vez a los emisarios de Moctezuma II que hicieron numerosos regalos a los españoles de oro, plata y piedras preciosas.

Moctezuma era la cabeza suprema del imperio azteca. Éstos, originarios de la región que hoy conocemos como “Nuevo Méjico”, a la altura del siglo XV, presentaban una estructura “estatal” en la que cada nueva región conquistada, cada ciudad, mantenía su territorio y autonomía; realmente era una estructura tribal cuya organización política y social era el clan. Al expansionarse, los clanes se subdividieron hasta formar 20 agrupaciones menores llamadas calpullís, cada uno regido por un consejo, presidido por el calpullec. El gobierno correspondía al consejo tribal. En los momentos de guerra o peligro un solo jefe tomaba el mando (tlacatecutli- Jefe de hombre-), algo equivalente a lo que en Europa era el Rey, ese era Moctezuma II, el tlacatecutli, en el momento de la llegada de los españoles.

Cortés quiso conocer a tan poderoso señor, pero las evasivas del indígena lo impidieron hasta agotar la paciencia del español.

La estrategia empleada contra Moctezuma vino determinada por la ayuda que las tribus vecinas solicitaron a Cortés. Se trataba de enemigos de Moctezuma a los que éste tenía sometidos. Los primeros en acudir a los españoles fueron los totonacas y otras tribus mayas, esclavizadas por los aztecas.  Los mayas eran obligados a pagar importantes cantidades de tributos a los aztecas, los cuales, además, abusaban de las mujeres y sacrificaban o esclavizaban a los jóvenes. El apoyo local de los pueblos indígenas supuso la aportación de numerosos guerreros a las órdenes de los españoles como contrapartida a que los nuestros les dieran protección.

Hernán Cortés tenía un doble objetivo conquistar el territorio azteca e independizarse del poder de Cuéllar. En este último sentido, realizó tres movimientos:

  • Fundó Veracruz en territorios que no estaban bajo la jurisdicción de Cuba- al menos hasta que no se sometieran a su autoridad o a la de algún otro Gobernador-, Hernán Cortés la situó bajo la custodia directa del Rey.
  • Envió una nave con emisarios hacia España para informar y justificar sus acciones ante el  Rey Carlos I.
  • Embarrancó las naves que les quedaban para evitar la huida de los descontentos que querían volver a Cuba.

En su avance hacia la conquista del territorio Azteca, siguió haciendo alianzas con los pueblos indígenas. La más importante la que llevó a cabo con toltecas y tlaxcaltecas. Fruto de la misma es la victoria en la ciudad de Cholula.

 Moctezuma, había previsto la ayuda de la ciudad para entretener a Cortés en su camino hacia Tenochtitlan y, así, engañarlo, asediarlo y someterlo. La reacción hispano- tlaxcalteca no se hizo esperar. La ciudad fue derrotada no sin un gran derramamiento de sangre entre sus habitantes, sobre todo a manos tribales puesto que los tlaxcaltecas eran grandes enemigos de los cholultecas.

La traición de la ciudad fue conocida por los españoles gracias a una india llamada Malinche a la que los españoles conocían como doña Marina. Fue amante de Cortés, madre de su hijo, al que llamó Martín, consejera e interprete.

El siguiente paso era conquistar Tenochtitlan (hoy Ciudad de Méjico), capital del imperio azteca. El 18 de noviembre (en el calendario gregoriano) de 1519, Hernán Cortés era recibido por el noble azteca Cacamatzin, como antesala al encuentro con Moctezuma. Éste, tras recibirles con regalos y palabras amables, los invitó a alojarse en el palacio de Axayaca. Se trataba de otro ardid en el que cayeron los españoles. La situación se volvió muy tensa cuando los hispanos pretendieron construir una capilla en el palacio, pero, muy especialmente, al constatar la fragilidad de sus posiciones frente a los mexicas[1], motivo por el cual convencieron a Cortés para que arrestara a Moctezuma a modo de escudo defensivo y así poder salir de aquel palacio sin ser atacados. Tras encontrar excusa en las actividades aztecas- imposición de tributos- entre las tribus indias aliadas de los españoles, la detención de Moctezuma fue un hecho.

Estando, así las cosas, Cuba envía Pánfilo de Narváez a detener a Cortés. Hernán Cortés deja Tenochtitlan en manos de Pedro de Alvarado para adelantarse a las pretensiones de Narváez. Con parte de sus tropas apoyadas por guerreros tlaxcaltecas, se acercó a Cempoala, cuartel general de los enviados desde Cuba. Allí apresaron a Narváez. La expedición cubana se unió a Cortés, con hombres, caballos, armas y pertrechos. De vuelta, se paró en Veracruz. Apenas tuvo tiempo de aprovisionarse, cuando le llegaron noticias inquietantes de Tenochtitlan. Los españoles bajo las órdenes de Alvarado habían sido atacados por los mexicas y se encontraban refugiados en el Templo Mayor de la ciudad. La historiografía entiende que el ataque se debió a la reacción de los nativos por la matanza y abusos perpetrados por los españoles bajo el mando de Alvarado, pero, especialmente, al dar por segura la derrota y detención de Cortés a manos de Narváez.

Cortés volvió aceleradamente a la futura Ciudad de Méjico, allí no encontró más solución para liberar a los españoles que obligar a Moctezuma a que ordenara a sus conciudadanos a deponer los ataques. Lo subió a la azotea del palacio para que desde allí se dirigiera a sus súbditos. La respuesta de estos fue el lanzamiento de piedras contra el tlacatecutli, cuyas heridas le ocasionaron la muerte varios días después. Los españoles tuvieron que salir de la ciudad sin protección alguna, siendo muertos o apresados (y posteriormente entregados en sacrificio a los dioses aztecas) en un número muy elevado (algunos historiadores hablan de que más de la mitad del ejército español cayó en esta refriega). Aquel acontecimiento se conoce como la Noche Triste. Un nombre bien apropiado para lo que vivieron los españoles aquella noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520.

Los que lograron huir pidieron ayuda a sus aliados tlaxcaltecas, pero en el camino se encontraron con el inmenso ejército mexica (los historiadores suelen cifrar en 40.000 el número de guerreros aztecas) dirigido por Cihuacóatl. El enfrentamiento se dio el día 7 de julio de 1520 (algunos historiadores lo datan en el 8 de julio) en la llanura de Otumba. La batalla fue feroz, los aztecas tenían por costumbre rodear individualmente a sus enemigos para capturarlos vivos y ofrecerlos en sacrificio a sus dioses en unas ceremonias llenas de crueldad (los sacrificios mexicas drogaban a sus víctimas, les sacaban el corazón estando aún vivos, los desmembraban con vida y otras acciones demasiado bárbaras para una mentalidad civilizada); los españoles conocedores de la táctica pelaron sin descanso hasta morir si era preciso, por cuanto el campo de batalla era mejor tumba que los altares mexicas.

La formación española se componía en torno a los arcabuceros- los pocos que no habían perdido sus armas en la huida de la Noche triste- con ellos unos 20 jinetes y unos 4.000 guerreros indígenas aliados de los españoles. Tras soportar varias envestidas mexicas que parecían no tener fin y que, pensaban, iban a acabar con todos los españoles, Pedro de Alvarado divisó en un montículo a Cihuacóatl. Cortés y él, en un acto de heroísmo decidieron encabezar una sorprendente maniobra: mientras engañaban a la infantería indígena con un falso movimiento de los arcabuceros, la caballería llegó donde estaba Cihuacóatl al que Cortés o Alvarado (no se sabe a ciencia cierta quién fue de los dos) consiguió matar de un mazazo en el cráneo. En ese instante Juan de Salamanca, cogió el estandarte mexica y lo ondeó demostrando que la victoria había caído en manos hispanas. En la costumbre mexica cuando el enemigo cogía en estandarte, se consideraban derrotados. Los aztecas huyeron despavoridos, dejando detrás de ellos una de las batallas más recordadas en la historia militar por el ingenio y la valentía de los contendientes vencedores, los españoles.

En esta, como en todas las batallas y hechos de la Conquista que le tocó vivir, Hernán Cortés se manifestó como uno de los mayores estrategas, más valiente, intrépido e inteligente que la mayoría. Con muy pocas tropas, a base de alianzas con los indígenas, negociaciones, movimientos preventivos de gran agudeza y visión perspicaz de las circunstancias, logró un gran territorio para España. Y si logró todo aquello fue por mostrarse como lo que era; al decir de Hugh Thomas: uno de los hombres más cultos y mayores humanistas de la época. En contra de la leyenda negra en torno a Cortés, sobre todo, por muchos hispanistas, cabe afirmar que fue uno de los conquistadores más humanitarios de la época. La crueldad mexica se manifestaba en el trato que daban a sus vecinos sometidos tanto en vida como en el momento de sus castigos y sacrificios; frente a aquellas masacres, Cortés redactó sus tres cartas de Relación que rebosaban humanidad. Sin aquellos otros indígenas agradecidos por el buen trato dado por los españoles frente a la opresión azteca, nunca se hubiera conseguido la conquista de Méjico. Cortés fue un gran diplomático con enorme empatía, no en vano, él llega a Méjico sin conocer el lugar ni a sus gentes. Realizó trabajos extraordinarios basándose en criterios universales, trató a los campesinos indígenas como hubiera tratado a los campesinos castellanos y a los guerreros como a los guerreros de cualquier lugar y condición. Los trató con respeto, igualdad y dignidad. Se fio de los enemigos de los aztecas y no le defraudaron, desconfió de los amigos de los aztecas y acertó.

Tras Otumba, Cortés tardó más de un año en volver a conquistar Tenochtitlan y con ella todo el territorio azteca quedó en manos de Hernán Cortés. El cual escribió a Carlos I para que llamara al territorio conquistado “Nueva España” que fue la base de lo que más tarde alcanzó a ser el Virreinato de “Nueva España”. Al contrario que la conquista de británicos y franceses en América del norte, sin grandes asentamientos, los españoles intentaron mantener las zonas de población indígena sedentaria, lo que en la América interior les dio grandes resultados. Sin embargo, no hubo un procedimiento único de conquista, sino que hubo de enfrentarse a las condiciones que planteaban los propios indígenas muy especialmente en algunas zonas periféricas, significativos en este sentido fueron el sometimiento de los chichimecas de México o los araucanos de Chile, puesto que supieron adoptar las mismas armas y métodos de guerra que los propios españoles.

La conquista militar se conjugó con la evangelización de los indios, y con la masiva emigración desde España, cosa que no ocurrió en otras colonizaciones europeas del momento, para hacer posible el dominio de la tierra y satisfacer las exigencias de mano de obra.

La conquista se desarrolló desde dos polos iniciales:

  • Desde Cuba hacia México. De allí hacía el norte (Nueva Galicia, Nueva Vizcaya, Norteamérica) y sur (Guatemala y El Salvador)- (Virreinato de Nueva España).
  • Desde Panamá. Llegan, por un lado, al norte, a Nicaragua, para desplazarse, hacia el sur, por la ruta del Pacífico para conquistar el Perú. La futura Nueva Granada (Ecuador, Colombia y Venezuela – al que se une Panamá-) y se continúa camino de Chile para conectarse con los colonizadores del Río de la Plata (futuro Virreinato de la Plata).

Hablamos de la conquista militar y colonial, que no hubiera podido desarrollarse sin un entramado administrativo que se refleja en los Virreinatos que acabarán formando parte integrada en la organización institucional española, en la imperial Corona española, pero que en 1522 aún no estaba plenamente desarrollada.

[1]El término mexica se utiliza para referirse a los aztecas. Mexica era el término utilizado por los indígenas mientras que azteca era el término utilizado por la historiografía y que deriva del mito de Aztlán que según varias fuentes historiográficas está en el origen de los mexicas. Los cuales fueron expulsados del lugar y migraron hacia el sur. Se entiende por una parte de la historiografía que Aztlán era una isla, a la cual muchos la identifican con la isla Mackinac en medio del lago Michigan- Huron. En todo caso, los términos mexica y azteca se usan como sinónimos.

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