El Inicio de la Segunda Guerra Mundial

El 3 de septiembre de 2019, se cumplieron 80 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial (II G.M). Conmemoramos este acontecimiento histórico en medio de una crisis de la Unión Europea por el Brexit. En próximas entradas hablaré del europeísmo y de la tendencia a la unidad de Europa tras cada conflicto armado, al darse cuenta de que la unidad y la concordia crean mejores soluciones que las balas. Así lo entendieron en 1918, iniciando un periodo de actividad diplomática en busca de la paz permanente. Ese periodo puede decirse que acabó en torno a 1932, momento en el que Europa viró hacia el enfrentamiento. Por este motivo, para comprender lo ocurrido el 3 de septiembre de 1939, debemos recordar algunos acontecimientos acaecidos en años anteriores (periodo que va de 1932 a 1939). Sin olvidar que el antecedente primero de la II GM fue la Primera Guerra Mundial (IGM).

Fin de la IGM. De manera esquemática podemos señalar que la búsqueda de la paz se realizó en dos etapas, armisticios y tratados, con los que se pone fin a la Gran Guerra y cuya consecuencia fue la imposición de durísimas condiciones a los vencidos. La solución Wilson, sus 14 puntos y su doctrinarismo responden a tres direcciones: a) El principio de las nacionalidades: pone en órbita los nuevos Estados de Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Checoslovaquia, Hungría y Yugoslavia (ésta última nacida sobre el engrandecimiento de Serbia). b) El republicanismo: supone la desaparición de tres grandes imperios europeos (Rusia, Alemania y Austria) y de otro a caballo entre Asia y Europa (Turquía) cuya presencia en territorio europeo quedó reducida a una pequeñísima extensión en torno a lo que fue Constantinopla. Las consecuencias de esta política fue una balcanización de Europa con la proliferación de varias repúblicas debilitadas. c) El Sacrificio de Alemania, considerada la principal responsable del conflicto. Estos tres puntos tendrán especial reflejo en los tratados que nacen en la conferencia de paz de París en enero de 1919 y se plasman en los tratados de Versalles, que remodelan Europa. A esto se une el conjunto de pérdidas económicas, la devastación territorial y la necesidad de reconvertir la economía y la industria de guerra en una industria productiva para la paz, recuperando las líneas comerciales y los transportes. A su vez, en el caso de los vencidos, hay que añadir la carga de las reparaciones, la crisis financiera y las continuas devaluaciones de la moneda que provoca un empobrecimiento general del nivel de vida y una inestabilidad política enorme.  La totalidad de los historiadores valora la incidencia de los factores económicos en el inicio de la contienda. Pero es, sobre todo, Bettelheim el que más énfasis ha puesto en atribuir la responsabilidad del nuevo conflicto a estos motivos. Según él, la economía “dirigida” depende del rearme, causante del considerable aumento de la deuda pública en los países europeos del momento. Al reducirse en mercado interior y obturarse el exterior, sólo la conquista de nuevos territorios ofrecía una salida a esta situación. Renouvin no acepta esta hipótesis porque considera que el rearme podía haberse retrasado si Hitler hubiera querido, pero su voluntad era la guerra, como veremos luego. De esta situación se libraron los Estados Unidos y Japón que no vieron sufrir la guerra en su territorio y son los primeros que aprovechan el estado de necesidad europeo para mejorar su economía, por lo menos hasta que la crisis del 29 asoló de nuevo la vida mundial.

Toda esa miseria económica y la debilidad gubernamental coadyuvaron al afianzamiento y desarrollo de una serie de ideologías radicales (fascismos y comunismo) que pueblan el viejo continente y cuyo florecer se da en el periodo marcado de 1932 a 1939.

Considerando este período desde una óptica estrictamente diplomática, la política internacional se centraba en el desarme, la búsqueda de una paz permanente a través de la reunión en instituciones supranacionales (Sociedad de Naciones) al tiempo que se formulaban una serie de acuerdos y desencuentros diplomáticos entre los que cabe destacar: a) el pacto franco-soviético, lo que supone la quiebra de las relaciones franco-alemanas. b) Sanciones que originan la desaparición de la entente anglo-italiana. c) Creación del eje Roma- Berlín, lo que pone fin a la amistad franco-italiana. d) Pacto germano- soviético y, consiguientemente, el fracaso de la amistad anglo-alemana.

El fracaso de la Conferencia de desarme. El 2 de febrero de 1932, tuvo lugar la conferencia de desarme en la que Alemania exigía ser tratada con los mismos derechos que el resto de las naciones obviando así lo acordado en Versalles. No hubo forma de lograr un pacto. El resultado fue que Alemania abandona la Sociedad de Naciones como táctica para alcanzar la igualdad de derechos, pero, el 14 de octubre de 1933, la táctica se convierte en un abandono definitivo promovido por Hitler, con lo que consigue tener el camino expedito para el rearme e iniciar una política expansionista. El efecto inmediato fue la ruptura de relaciones franco-alemanas.

La ambición de la Italia de Mussolini. Se centra en varios aspectos. De un lado, mantener la independencia de Austria evitando la anexión por parte de Alemania. La finalidad italiana era ampliar su zona de expansión económica por el Danubio (Austria, Hungría, Serbia). La ambición alemana se vio momentáneamente paralizada por la postura de Italia que firmó el Pacto de Stresa, en abril de 1935, con Francia y Gran Bretaña, en el que reafirmaban la fidelidad al tratado de Lorcano (1925)[1]y defendían la integridad territorial y soberana austríaca.

Al mismo tiempo, la política de apaciguamiento promovida por las potencias europeas para evitar males mayores llevó, en junio de 1935, al Reino Unido y la Alemania nazi a firmar el acuerdo naval anglo-alemán por el que se incumplía en parte el tratado de Versalles, permitiendo a Alemania incrementar su fuerza naval hasta el 35% de la marina británica y posibilitando la construcción de submarinos. Como consecuencia de esa posición de fortalecimiento de Alemania y en contra de la misma, se firmó el pacto de asistencia mutua franco-soviético de mayo de 1935.

Las alianzas cambian en 1936 con la ocupación italiana de Etiopía. Etiopía pide el arbitraje de la Sociedad de Naciones, la cual impone sanciones a Italia. Inglaterra se distancia de Italia por este motivo. El enfado italiano por las sanciones, que nunca cumplió, le llevan a acercarse a Alemania. Se atisba así el futuro eje Roma- Berlín.

Las anexiones Nazis. En noviembre de 1937, Hitler piensa que tanto Austria como Checoslovaquia deben solventar el problema alemán del “espacio vital”. El pretexto inmediato lo constituían los tres millones de alemanes que vivían mezclados con los checos en los Sudetes, región fuertemente industrializada. Entre los partidos que se asentaban en la zona el “Partido Alemán de los Sudetes”, de tendencia nazi, era el más fuerte.

En abril de 1938, este partido pide establecer un gobierno autónomo en la zona de los Sudetes. El hecho de que los gobiernos británico y francés (Chamberlain y Daladier) mediaran ante el gobierno checo para que fuera comprensivo con la reivindicación, fue esencial para Hitler. El Führer vio la ocasión de reivindicar, tras la autonomía, la anexión del territorio. La alerta ante este hecho propicia la convocatoria de una conferencia mundial que solvente el problema. Fue Mussolini, aliado de Hitler, el que sugiere reunirse en Múnich (29 de septiembre de 1938), es decir, en territorio alemán y sin presencia checa[2]. El acuerdo de Munich fue claramente favorable a Hitler. Los checos evacúan los Sudetes y una comisión internacional se encarga de trazar las fronteras entre ambos territorios. En definitiva, Checoslovaquia sufría su primera desmembración. Se equivocó Chamberlain cuando al regreso a Londres señaló: “Creo que es la paz para nuestra época”. Acertó Churchill al definir el resultado de Munich como el “mayor desastre” y espetó a Chamberlain el siguiente vaticinio:” Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra, elegisteis el deshonor y ahora tendréis la guerra”.

Los pasos siguientes de Hitler, bajo la más absoluta inoperancia europea, fueron la anexión de Austria (Anschluss, marzo de 1938) y el segundo golpe a Checoslovaquia, que se fraguó entre los meses de septiembre de 1938 y marzo de 1939, con la ocupación de Bohemia y la consiguiente desaparición del Estado checoslovaco.

Tras Checoslovaquia vendría Polonia.

El golpe sobre Polonia. Por el pacto de no agresión germano-ruso, firmado por los ministros de exteriores de ambos países (Ribbentrop-Mólotov), el 23 de agosto de 1939, “ambas naciones se comprometieron a resolver de forma pacífica las controversias que tuvieran entre ellas, las vinculaba de forma económica y comercial, y, lo más importante: no podían entrar a formar parte de ninguna alianza política o militar contraria al otro.

El acuerdo tenía un protocolo adicional secreto donde se repartían la Europa del Este y central. De este modo, se pactó la división de Polonia y se dejó a Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Besarabia en el área de influencia soviética”.[3]

Ante la pasividad occidental, Hitler reclama la ciudad libre de Dantzig, una carretera y un ferrocarril con carácter extraterritorial que uniera la ciudad con Prusia oriental, aislada del resto de Alemania. Se inicia un intento de arbitraje franco-británico, que fracasa.  Hitler ordenó realizar una añagaza de manera que se simulara que las tropas polacas habían atacado a las alemanas. La realidad es que el ejército alemán organizó esta pantomima para justificar la invasión de Polonia. Era el 1 de septiembre de 1939. El día 3, Francia y Gran Bretaña declaraban la guerra a Alemania. Comenzaba así la IIGM.

El pacto Ribbentrop-Mólotov permitió a Hitler contar con la neutralidad rusa para avanzar por el frente occidental hasta tenerlo controlado. Cuando, equivocadamente, consideró que ya estaba bajo su dominio, atacó a Rusia (Operación Barbarroja.1941), rompiendo así el pacto de no agresión. Muchos historiadores consideran que la culpa del inicio de la guerra fue exclusivamente alemana. Pero, muchos observadores apuntan el hecho de que aquel pacto ruso-alemán, por razones ideológicas, era un pacto contra natura, el cual se vio traicionado por Hitler, pero si no hubiera sido así, lo huera violado Stalin.

Con todo, de todas las potencias europeas, era Alemania y, sobre todo, Hitler el que tenía una voluntad clara de ir a la guerra, y además tenía el poder y la influencia para convertir el conflicto en algo mundial. En este sentido, no hay que olvidar otro de los elementos que habían llevado a la IGM y que sigue influyendo en esta segunda Guerra: el problema colonial. El reparto del mundo realizado tras la conferencia de Berlín (1885) no resultó satisfactorio para un sector importante de los alemanes que consideraban que su posición había sido mucho peor que la de Bélgica, por ejemplo. Esa sensación de incomodidad, de encajonamiento, flotaba en el ambiente. Existía la idea de que, una vez repartido el pastel del mundo, era muy difícil volver a repartirlo, por lo que, para conseguir nuevos territorios, era necesario emplear la fuerza (lo que enlaza con dos ideas ya señaladas como coadyuvantes del inicio del conflicto: crisis economía y espacio vital). Hitler pensaba que, el exceso de población que existía en Alemania se resolvería extendiéndose hacia el este. Para ello, sorprendido por la reacción francesa y británica por la invasión de Polonia, no le quedó más remedio que avanzar sobre sus fronteras occidentales y, una vez dominadas, atacar el este. Su obsesión, aprendiendo de los errores cometidos durante la IGM, era no abrir dos frentes a la vez.  Consideró que el este, más extenso y árido, le iba a requerir más esfuerzos, por lo que decidió eliminar primero a sus enemigos potenciales del oeste, para poder atacar después el este sin interrupciones. Así lo hizo, pero se equivocó al creer dominado el frente occidental, consiguientemente provocó lo no querido: abrir dos frentes al mismo tiempo.

Otro elemento esencial que se manifiesta en la invasión de Polonia, como recuerda el profesor Artola, fue el “Problema Judío”:

(…)”si había un país que encarnara “el problema judío” (desde la perspectiva nazi) ese era Polonia. Allí los judíos eran una minoría relevante numéricamente; la mitad de los judíos exterminados en el Holocausto tenían un carné de identidad polaco y en el territorio de ese país desmembrado se ubicaron varios de los peores campos de exterminio nazis, con Auschwitz a la cabeza. También conviene recordar “el debe” de los polacos que se aprovecharon de la brutalidad alemana para hacerse con bienes judíos o que, directamente, tomaron una iniciativa exterminadora que incluso asombró a los nazis, como la aterradora matanza de Jedwabne. Por tanto, al recordar el inicio de la guerra, también nos viene de inmediato a la cabeza la infamia de la Soah. Sin Polonia y los polacos no se entiende el Holocausto.”[4]No quiere decir el profesor Artola que la persecución a los judíos no se hubiese dado sin Polonia, sino que la misma hubiera tenido otros derroteros. Realmente, cuando los alemanes invaden Polonia, la persecución ya se había iniciado. En ese sentido, cabe recordar que en marzo de 1933 entra en funcionamiento el campo de concentración de Dachau, en 1934 se retira la ciudadanía alemana a los judíos y en 1935 se promulgaron las leyes de Núremberg, leyes de carácter racista antisemita, la Noche de los cristales rotos aconteció en noviembre de 1938…, pero la mayor virulencia se desata tras la conquista de Polonia.

Responsabilidades extraeuropeas, especialmente las de Japón y en cierto modo las de EE.UU. Existe consenso en la historiografía en que Japón también quería la guerra, como queda de manifiesto en: a) mantiene una actitud altamente agresiva desde 1931 (conquista de Manchuria) incrementada en 1937 (ataque a China) b) El militarismo (Tojo) desbordó los poderes del Mikado[5].

No hay tanta unidad de criterio en torno a EE.UU. Algunos historiadores consideran que Rooselvet deseaba ingresar en la contienda para dar una salida a su economía y ampliar sus posiciones de influencia, mientras que otros aseguran que la entrada era inevitable por considerar que la seguridad de EE. UU estaba en peligro y que era esencial vencer en la guerra a fin de evitar un conflicto- tercera guerra- entra las democracias y el comunismo.

Todo lo que antecede nos lleva a tratar un último aspecto: la formación de los bloques.

La política de alianzas que hemos señalado conformó la disposición de los bloques. En principio, los participantes no distaban tanto de los que concurrieron a la IGM con ligeros cambios en cada bando. Pero lo realmente importante fue que, mientras los aliados formaron un auténtico bloque militar y político, con especial relevancia por parte de británicos y norteamericanos que desde diciembre de 1941 concertaron sus ejércitos, marinas e industrias, el Eje no siguió el mismo camino. El término “eje” lo pronuncia por primera vez Mussolini tras el conflicto italiano en Etiopía donde consigue el apoyo alemán (eje Berlín –Roma), como hemos señalado, que vira a “Pacto Tripartito” en septiembre de 1940 con la inclusión de Japón, denominándose, más tarde, eje Berlín- Roma- Tokio. Establecieron su unión debido a la existencia de coincidencias en sus sistemas económicos e ideológicos y, además, fueron los tres países menos beneficiados por el Tratado de Versalles. Pero esa unión aparente no construyó una verdadera alianza, cada uno actuaba por su cuenta. Así, Mussolini no avisó a Hitler de su ataque a Grecia, que durante el resto de la guerra obligó a mantener tropas en ese país y Yugoslavia. Japón no declaró la guerra a la URSS, no ocupó Madagascar como estaba previsto, para dificultar el tráfico naval británico entre el Atlántico y el Índico, y, lo peor de todo, atacaron a EEUU sin avisar, lo que supuso la entrada de Estados Unidos en la Guerra, justo lo que Alemania intentó evitar en todo momento, si bien, tras el ataque a Pearl Harbor alemanes e italianos declararon la guerra a los americanos. Es esa aportación americana la que, en última instancia, acaba inclinando la victoria hacia los aliados.

No voy a cerrar el hilo sin mencionar un acontecimiento que sobrevoló tanto el inicio de la guerra como la distribución de fuerzas: la Guerra Civil española. Son muchos los analistas que la consideran un precedente de la guerra mundial, otros muchos aseveran que fueron dos acontecimientos que se sucedieron en el tiempo y en el entorno del continente europeo, pero sin que tuvieran mayor relación entre sí. Lo cierto, es que el sentimiento con que se vivió en el mundo la Guerra Civil española era la de escenario previo, de ensayo para una contienda que se avecinaba.

De hecho, en agosto de 1936 se firma el pacto de No intervención entre 27 países europeos bajo la promesa de no inmiscuirse en asuntos internos de España. La intención era la de evitar la internacionalización de un conflicto que consideraban podría aumentar la tensión en Europa y desencadenar una guerra. El acuerdo fue una farsa que no fue cumplido jamás por Alemania, Italia, Portugal o Rusia. Ambos bandos recibieron auxilio extranjero.

El apoyo alemán al bando nacional, estuvo en la base de la solicitud de Alemania a España para que entrara en la Guerra Mundial dentro del Eje. Pero bien por intuición y conocimiento de táctica militar bien por haber recibido información desde el propio ejército alemán (mucho se ha especulado al respecto)[6], Franco estaba convencido de que la guerra la ganarían los aliados. En este sentido Girón[7]recordaba que, Franco solía referirse a los contendientes en la IIGM como “los invencibles” (los alemanes) y “los inagotables” (los aliados) , y afirmaba, ya en junio del 39, que la guerra la ganarían éstos últimos. Acertó, y quizás esa convicción suya explica su comportamiento en la entrevista de Hendaya con Hitler y, en definitiva, la actitud de prudencia frente a la posible entrada de España en la guerra y el logro de no concurrir.

[1]Los tratados de Lorcano son un claro NO a la guerra. Fueron 8 acuerdos en total firmados por los representantes de Bélgica, Checoslovaquia, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Alemania y Polonia. Respeto de sus fronteras. Prescinden de las armas, sólo usadas en caso de agresión y respetan el arbitraje de la Sociedad de Naciones (S de N). Por él Alemania entra en la S de N, institución que encuentra su apogeo gracias a estos acuerdos. Al margen de Lorcano, pero como símbolo de comunión con él, el pacto Briand-Kellogg (representantes de Francia y USA), por el que EE. UU, ausente de la S de N, presenta su colaboración al esfuerzo común de mantener la paz

[2]Por eso los checos llamaron a estos acuerdos la traición de Munich. Supuso la revisión o traición al tratado de Versalles que manifestaba su posición en defensa de la integridad del territorio checo y supuso que los checos tras 1945 colaboraran preferentemente con la URSS en vez de con los aliados a los que consideraban unos traidores

[3]Cita del historiador Rafael Álvarez en el diario “El Independiente.com”

[4]Ricardo Artola. Historiador, autor de “La Segunda Guerra Mundial”. Alianza Editorial.

[5]Término utilizado entonces para referirse al Emperador del Japón.

[6]Esto confirmaría una de las múltiples razones por las que el Eje perdió la guerra: la falta de unidad en el ejército y la administración alemana. No sólo por los que no eran partidarios de Hitler- como se especula con los posibles informadores de Franco, sino en el conjunto de la jerarquía alemana la situación no era de coordinación sino de la existencia de reinos de taifas que no contribuyeron a la buena marcha de la guerra.

[7]Cita recogida en el libro: “Historia General de España y América” Volumen 19.2- “ La Época de Franco”. Editorial Rialp. Página 62

3 comentarios sobre “El Inicio de la Segunda Guerra Mundial

  1. Tan brillante análisis como las demás entradas del blog .
    Solo añadiría algo que creo que a veces se nos queda algo olvidado , dado que la sombra de Hitler es tan oscura y grande que tapa muchas cosas .
    Me refiero a uno de los paises de moda en la actualidad, y precisamente el que no ha sido nunca gran entusiasta de la unidad europea , ellos sabrán por qué . Me refiero a Gran Bretaña .
    Hay una cita de lord Palmerston ( o era Lord Stevenson, no recuerdo bien ) que , con una honestidad aplastante, reconoció que GB no tienen aliados ni enemigos permanentes sino intereses permanentes . Creo que si analizamos la historia de GB bajo esa nueva perspectiva, veríamos muchas e interesantes cosas . Aunque no precisamente favorables para la imagen dowtonwniana que nos pretenden vender .
    En la entrada se hace referencia a una cita de Churchill que por su brillantez nos ha permitido muchos usos . Me refiero a sus palabras despectivas a Montgomery , sobre honra y paz y guerra .
    Pero no tenemos ninguna cita brillante que echar en cara a Churchill cuando contemplamos lo que permitió que se hiciera en Europa en los acuerdos pergeñados con Stalin y los presidentes de EEUU .Aqui Churchill se mostró buen seguidor de la doctrina Palmerston ( o Stevenson? ) y el resultado fue la extension del terror rojo en el este de Europa .

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    1. Gran Bretaña merece un analisis pausado; sus historiadores, otro. Todo llegará.
      Churchill en los acuerdos posteriores a la guerra de mostro muy condescendiente, pero gracias a los intereses británicos ( ya también a los americanos) nos libramos de lo que quería Stalin para España: derrocar a Franco, si hacia falta con otra guerra e instaurar una dictadura comunista. A Britanicos y americanos España les daba igual, incluso preferían derrocar a Franco, pero no se fiaron de Stalin porque ansiaban controlar Gibraltar. El peñón nos libro de una buena.

      Gracias NAZA

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