CREACIÓN DE UNA CONCIENCIA EUROPEA- 1

 

En un Europa convulsa, mecida por el brexit, por los detractores de la unidad o por los partidarios de una mayor integración, no viene mal recordar cómo hemos llegado a considerar, como una excelente idea, la unidad entre los países europeos.

No he querido dar al hilo el título de “europeísmo” porque suele entenderse como sinónimo de federalismo europeo, no como reflexión o hipótesis, que intelectualmente puede ser muy válido, sino como solución o fin último de la unidad europea. Y yo no pretendo encontrar soluciones (que, por otro lado, no tengo) sino ver cómo hemos llegado hasta aquí. Se trata sólo de analizar los orígenes y los elementos que nos unen; los acontecimientos históricos que determinaron la creación de una conciencia europea y las personalidades que han conducido desde la ideología a la institucionalización de la unidad.

Si preguntáramos a los españoles que enumeraren de manera sucinta los vínculos comunes a toda Europa responderían (al menos, los que no son víctimas de la LOGSE) que esos vínculos son los principios morales judeo-cristianos y la civilización greco-latina.  Con esa simplicidad expositiva se explica toda la evolución filosófica que nos ha traído desde la Grecia antigua hasta los tratados conformadores de la Unión Europea.

El nombre Europa proviene de la mitología griega. Europa era una princesa mitológica raptada por Zeus. Sus raíces etimológicas significan “lugar en el que se pone el sol”, lo que geográficamente nos sitúa en oriente. Y es precisamente desde Asia y como contraposición a Asia como se configura ese apéndice que dominará el mundo (los enfrentamientos con los asirios, las guerras médicas, los avances romanos sobre Siria, Egipto y el imperio Seléucida, las confrontaciones contra los turcos, las cruzadas…). Mucho de nuestra personalidad e identidad se lo debemos a ser la contrapartida de Asia. Territorialmente, siempre ha sido conflictiva su extensión y la conquista de la misma: del dominio del Mediterráneo a los conflictos en las fronteras del Danubio o el cruce del Canal de la Mancha; del Tigris y el Éufrates a alcanzar los desiertos arábigos. Desde los griegos a los romanos, desde el imperio de occidente al de oriente, desde la Europa occidental y democrática a la oriental del telón de acero.

Todo ello sin olvidar que existen valores que están en el sustrato de Europa y que han permitido a determinados autores sostener que el concepto Europa trasciende lo geográfico y marca unas pautas que se extienden por el mundo.

Esa conciencia europea se fragua en dos frentes uno político-militar y otro de carácter político-ideológico. Veamos ambos.

  1. Creación político-militar.

Históricamente, se sugiere el origen de la unidad y conciencia europea en el Imperio Romano al haber transmitido unos principios civilizadores comunes. Con sus conquistas los romanos se apoderaron militarmente de un vasto territorio (su máxima extensión se consiguió con Trajano) llevando con ellos su cultura, su lengua, su derecho y sus construcciones. Además, fue medio de transmisión del cristianismo y, por ende, de su base judaica. El cristianismo fue perseguido hasta el 313 d.c. y en el 380 se convirtió en la religión del imperio. La cual, gracias a los primeros apóstoles y teólogos, supo adaptarse a la civilización greco-romana y ser el aglutinante del mundo occidental; junto con los escritores, filósofos e historiadores romanos son el basamento de la transmisión de una cultura que nos une a todos.

El cristianismo está en el fundamento intelectual, de valores y principios de Europa. Su presencia tiene aspectos contradictorios: (a) sirve a la unidad de Europa; (b) al enfrentamiento entre europeos y, también, (c) a la expansión de los valores europeos por el mundo.

a) La unidad bajo la esfera universal de la cristiandad o contra los enemigos de la misma – las cruzadas sirven de gran ejemplo-.

b) Las hostilidades religiosas en Europa vienen de antiguo. La teoría de las dos espadas o el cesaropapismo del imperio oriental dan muestra de ello. Por eso, no es de extrañar que en los orígenes de unidad europea se mezclen las luchas del poder temporal absolutista con el poder papal, teológico y también mundano, o poniendo a la Fe como excusa.

Los imperios de Carlo Magno o de Otón I están en esas circunstancias, como lo estaba el imperio de los Habsburgo. El concepto de imperio ecuménico de Carlos I parte de los mismos principios. Curiosamente, las ideas luteranas pregonaban el carácter divino de toda autoridad y la separación entre Fe y Ley. Sin embargo, Lutero supo recoger con habilidad las quejas de la nobleza alemana frente a Roma y pregonó unas reformas eclesiásticas cargadas de repercusiones políticas. Para los luteranos, la cristiandad engloba la autoridad secular: “Dios tiene la espada”. Los príncipes alemanes ven en él una forma de mantener sus privilegios y el pueblo alemán su salvación espiritual. La unidad política europea en este contexto era imposible. Al contrario, la consecuencia fue una maraña que mezclaba política, religión y economía y así se mantendrá durante varios siglos. En el S. XVI, resultaba inconcebible la libertad de pensamiento o de culto. Por ello, los estados nacionales eran unidades de fe. A esa fe respondían monarcas y súbditos. Felipe II buscó la expansión y unidad imperial en la Fe católica y Francia no encontró las bases de su imperialismo hasta que no superó su división interna entre católicos y protestantes.

Las llamadas guerras de religión que, estrictamente, se manifiestan en varios y diferentes conflictos a lo largo de algo más de siglo y medio (aproximadamente desde 1524 a 1697) fueron desafíos a esa unidad europea. Estos desafíos, más que achacables al cristianismo, traen causa de las interpretaciones teológicas que del mismo fueron hechas.

c) De la misma época son los problemas de Roma con Enrique VIII que dieron lugar al anglicanismo, al puritanismo y a la revolución y expulsión de estos últimos. Lo que contribuyó junto con la conquista y evangelización española en América a llevar los valores y principios cristianos al nuevo mundo, aunque allí tampoco se libraron de enfrentamientos internos- P. ej. guerra de los 9 años-.

Se suele decir que el S.XVIII fue un siglo cosmopolita. Los problemas entre las potencias europeas se dirimen más allá de Europa.  El absolutismo y el despotismo ilustrado gobiernan el continente, pero sí existen tres acontecimientos que influirán en el devenir futuro de la unidad europea: 1) Inglaterra tras la revolución gloriosa de 1688 desarrolla una revolución agraria, antepalco de la revolución industrial, permitiéndole ser una potencia económica mundial a partir de éste siglo. La flota inglesa se adueña de los mares y llega a todos los continentes. En detrimento de España. A raíz de esa prosperidad económica aflora una clase burguesa que adquirirá poco a poco más presencia en la sociedad 2) Rusia continúa su expansión sobre Siberia y se propone extender sus dominios hacia el Mar Negro y los Balcanes. Compitiendo en esa zona con un expansionista Imperio Turco Otomano 3) Francia se convierte en el centro intelectual del mundo gracias a la Ilustración. Va a ser el escenario de la Revolución que pondrá fin al Antiguo Régimen.

En este aspecto político militar de la unidad europea, basado en los avances geográficos de conquista, en la idea de imperio, no podemos olvidar a Napoleón. El gran corso se ve como hijo de la ilustración y de la Revolución Francesa y pretende la expansión de los principios formulados por ambos acontecimientos a través de un imperio entendido como un proyecto de civilización y paz universal. Bien es verdad que su manera de expandir esa civilización fue bajo la fuerza de las armas y de la conquista, pero también de la organización que había experimentado en Francia y que reprodujo en el resto de Europa. La organización administrativa, la influencia de los consejos, asesores y consultivos, que en España ya existían desde la Edad Media, pero dándoles otra dimensión, la codificación…, son elementos que Napoleón esparce por el continente. No ocurre por casualidad, su forma autoritaria de poder así lo impone, pero, sobre todo, Napoleón es el transmisor de la Revolución Francesa. Su imperio se basa, al tiempo, en el autoritarismo y en la trasmisión de la revolución (quizá uno de los mejores ejemplos sea su Código Civil o Código napoleónico. Se trata de un híbrido de base conservadora- propiedad privada, restricción del divorcio- y espíritu revolucionario – Igualdad y libertad civil, reafirmación de la abolición del régimen feudal, libertad de la tierra…). Si durante el imperio, especialmente a partir de 1806, el autoritarismo napoleónico se impuso, la forma de enfrentarse a él se basó en la aplicación de ciertas y pequeñas aperturas liberales en toda Europa. Por ejemplo, en Prusia se plantean medidas políticas innovadoras; en España la oposición a Napoleón se reúne en las Cortes de Cádiz para llevar a cabo una revolución liberal tanto en política como en aspectos socio-económicos; en Rusia el absolutismo del Zar cede en la “Carta Constitucional” de 1810. Es decir, las ideas de la Ilustración y la Revolución empezaban a asomar, aunque se taparan de golpe, posteriormente.

Pero quizá el periodo más influyente en este sentido fue el llamado imperio liberal o de los cien días. Entre marzo y junio de 1815. Napoleón para restablecer su imperio tras el paso por Elba no cuenta con el ejército, sino que busca el apoyo popular. Para conseguirlo no duda en renunciar al autoritarismo y da al régimen una fachada liberal y democrática. Su entrada en París el 20 de marzo de 1815 se ve acompañada de dos medidas inmediatas: una constitución de orientación democrática y levantar un nuevo ejército. Su derrota en Waterloo supone la vuelta de Europa al antiguo régimen, pero realmente ya nada volverá a ser como antes. La revolución liberal pasa a la clandestinidad, pero permanece e impregna a todos los países europeos. La consecuencia será la pérdida de la conciencia cosmopolita que había existido en el S.XVIII para propiciar los particularismos de un siglo XIX con anhelo nacionalista. Ese nacionalismo, en última instancia, fue la causa de la Primera Guerra Mundial y de otros grandes enfrentamientos durante el S.XX. Volveremos sobre sus consecuencias.

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