La crisis del 29

El próximo jueves 24 de octubre, se cumplen 90 años del conocido como “jueves negro” en el que la bolsa de Nueva York dio muestras palpables de algo que ya venía de antes y que supuso la mayor crisis económica conocida hasta esa fecha. La situación se hizo palmaria el martes siguiente, 29 de octubre, “martes negro”.

ANTECEDENTES

La economía previa a la IGM se rige por un capitalismo liberal, en el que las bases eran el predominio del Reino Unido en el orden mundial, el patrón oro y el buen funcionamiento del mercado internacional. Conceptualmente, se entendía que los estados no debían intervenir en la economía, debían dejar a los mercados funcionar libremente. Sin embargo, la guerra, en Europa, trajo un sentimiento de desconfianza, de inseguridad en todos los países debido a las consecuencias que tuvo: difícil tarea de reconstrucción, devaluación de las monedas e inflación, perturbaciones monetarias debidas al abandono del patrón oro, inconformismo de los países vencidos, inestabilidad en los nuevos estados… Esto hizo que los gobiernos de los países intervinieran más en su economía, en favor de sus propios intereses. El comercio internacional disminuyó, la colaboración internacional entre los países, a pesar de los esfuerzos de los firmantes de los tratados de paz, no funcionó[1].

El potencial económico se trasladó a EE.UU. De manera que, la crisis tuvo dos escenarios, Europa y Estados unidos, diferenciados, en principio, pero tan interrelacionados que uno contagió al otro.

CAUSAS DE LA CRISIS

Europa

Tras la guerra y en contra de lo esperado se inició una época de crecimiento económico hasta 1921. La crisis de 1921, aún revistiendo en muchos aspectos el carácter de crisis de superproducción clásica, fue realmente una crisis de reconversión, pues los países europeos se vieron en la necesidad de plantearse el problema de transformar la economía de guerra en la que seguían viviendo en parte, en una economía de paz.

La solución a la crisis pasaba por una restricción de la circulación fiduciaria, la vuelta a una contabilidad en oro del papel circulante. Pero las soluciones no fueron unánimes y se dividieron en dos sectores en virtud de la dependencia de las devoluciones de los empréstitos de guerra y de las reparaciones que debía pagar Alemania. Así Gran Bretaña, llevó a cabo una política deflacionista, restringiendo los créditos y la circulación de moneda, con el consiguiente descenso de la producción industrial y el incremento del paro. Se complementó esta política con una serie de medidas proteccionistas,tendentes a disminuir la inmigración y las importaciones.

Por el contrario, Alemania, aumentó el volumen de la inflación y acudió al recurso de devaluar la moneda para poder aumentar las exportaciones, dando lugar a una inestabilidad económica con una inflación acusadísima, llegando, en 1923, a una situación insostenible.

En Francia pasaron de una política inflacionista a poner orden en sus cuentas gracias a Poncairé[2]. Lo que generó una cierta prosperidad a partir de 1926.

Pero nada pasa sin una acusada interrelación entre actores y dónde las decisiones políticas interactúan con las económicas. Como hemos visto, unos países establecieron políticas proteccionistas y un tanto tendentes al “esplendido aislamiento” tradicional (Gran Bretaña); otras, como Francia, dependían excesivamente del pago de las reparaciones alemanas para su propia reconstrucción tras la guerra. Por ello, exigían el pago total de las mismas, lo que hacía imposible la recuperación económica de Alemania.

Ante el impago alemán, en 1923, Francia invade el Rhur, la región más industrializada de Alemania. Alemania respondió con el llamamiento a la resistencia pasiva, para que los trabajadores y funcionarios de la zona se negaran a colaborar con los ocupantes.

La crisis del Rhur hizo que los países tomaran conciencia de que la situación europea requería soluciones conjuntas. La solución provino del plan Dawes[3], en 1924, en el que expertos ingleses, americanos y franceses se reunieron para tratar la revisión de las reparaciones alemanas. Se flexibilizó el sistema de pagos de las reparaciones, sanearon las finanzas y economía alemanas, se le concedió un préstamo y se puso fin a la explotación francesa del Rhur. A partir de este punto, las relaciones internacionales entre los países mejoraron. El siguiente paso fue la firma de los acuerdos de Locarno en 1925, en los cuales Alemania reconocía las fronteras con occidente, es decir, con Francia y Bélgica, y respetaba la desmilitarización de la Renania. Por otra parte, Alemania era aceptada en la Sociedad de naciones. Comenzaba así una época de optimismo y de coyuntura económica favorable, los alegres años 20.

Estados Unidos [4]

Estados unidos entra de lleno en una etapa de crecimiento económico (“Prosperity”) tras la IGM que, sin embargo, carecía de las bases sólidas adecuadas para perdurar. Estados Unidos aprovechó la guerra para enriquecerse y ganar cada vez más poder. Esto fue así, en primer lugar, porque los costes que tuvo por el enfrentamiento fueron mucho menores que los de los demás contendientes.

El dólar se convirtió en la moneda fuerte, quitando el protagonismo a la libra inglesa. La bolsa americana predominaba sobre todas las demás, desbancando a Londres, que había sido el principal centro financiero durante mucho tiempo.

Por el contrario, no quiso ejercer el liderazgo político internacional, como había hecho el Reino Unido durante el siglo anterior. Como consecuencia de ello, las iniciativas centradas en los propios intereses, sin tener en cuenta la colaboración internacional, eran el pan de cada día. Esta situación se generó en contra de los deseos del presidente Wilson, quien había negociado, en los tratados de paz, la creación de la Sociedad de Naciones. Sin embargo, el Senado no aprobó los tratados y Estados Unidos se quedó fuera de la Sociedad de Naciones.

La política americana se parecía mucho a la británica. Su aislacionismose tradujo en tarifas proteccionistaspara los productos que llegaban de fuera, se limitó la inmigración,estableciendo topes de población que podía llegar al país. Esto complicaba aún más la situación mundial al limitar las exportaciones europeas hacia Estados Unidos y la emigración, dificultando una de opciones de supervivencia de muchos europeos.

Económicamente, la posición de Estados Unidos era muy prometedora. La industria se desarrolló considerablemente. El sistema productivo se vio beneficiado por las nuevas teorías tayloristas con las que las cadenas de montaje y la estandarización del producto hacían incrementar la productividad en las fábricas y, consiguientemente, la bajada de los precios, poniendo los productos al alcance de más consumidores. Los salarios aumentaron, las condiciones laborales mejoraron y el desempleo disminuyó hasta casi desaparecer. El incremento de sueldos en la industria permitió a los trabajadores entrar en un mercado de consumo como no habían conocido antes. El mejor ejemplo es el de Henry Ford, que hizo del automóvil un producto de consumo de masas. Muestra, a su vez, de un cambio considerable en el sistema industrial al presentar un apogeo de las industrias de bienes de consumo duradero frente a los sectores de bienes de equipo, que hasta el final de la guerra habían dominado la industria americana. La organización industrial se aceleró por el desarrollo de organizaciones monopolísticas y de Trust.

El aumento de los salarios tuvo repercusiones en otros sectores: construcción de infraestructuras, petróleo, eléctricas o la urbanización de zonas vacaciones (Florida, California)…

El cambio fue también psicológico y sociológico. Frente a la tendencia ahorradora tradicional nace un aumento del consumo, propiciado por la publicidad.

El mercado europeo absorbía gran parte de sus abundantes exportaciones. Lo que da idea de una gran producción e incluso de sobreproducción. A esto hay que añadir que EE. UU tenía la condición de país acreedor de Europa.

En la agricultura, varios años de buenas cosechas, incrementaron la producción. Pero no fueron los únicos, otros países como Argentina o Canadá también tuvieron excelentes cosechas. Incluso desde mediados de los años 20, Europa aumentó su capacidad productiva agraria.

Toda esta prosperidad no se presentó por igual en todos los ámbitos. Algunos sectores industriales: ferrocarriles, carbón y textil, no conocieron los mismos avances.  Pero, además, en materia de salarios y precios, la agricultura no gozó de los mismos beneficios. Se dice que en agricultura existe una demanda inelástica que crece cuando crece la población no por el incremento de la renta per cápita. Este desequilibrio generó un endeudamiento en los campesinos, lo que provocó un éxodo del campo a las ciudades y una disminución de la superficie cultivada (especialmente problemáticos fueron los cultivos del trigo y del algodón).  En estas condiciones su consumo era ínfimo.

El sector financiero padecía una legislación insuficiente que afectaban a la política de créditos y abría la puerta a la especulación bursátil. Este último aspecto, es esencial para entender la crisis.

En 1925, uno de los mejores negocios era invertir en bolsa ya que las ganancias estaban garantizadas. Muchas empresas se descapitalizaron y buscaron en el crédito bancario fácil de logar un sistema de financiación. El crédito bancario crece de una manera espectacular y mucha gente utiliza esta vía para invertir en bolsa y obtener unos réditos elevados con los que pagar el crédito, el interés y obtener ganancias para su propio provecho. La especulación bursátil era un medio de vida sin que tuviera reflejo y respaldo en un negocio real. Los ahorros de la gente se dirigieron a la bolsa a través de las llamadas sociedades de cartera (Galbraith los llama trust de inversión).

EL DESARROLLO DE LA CRISIS[5]

Podemos decir que la crisis se inicia en EE. UU y de ahí se extiende al mundo. Los componentes de esa crisis se dan en cuatro ámbitos: a) crisis bursátil; b) crisis económica; c) depresión, y d) internacionalización de la crisis.

a) Crisis bursátil

Ante el auge de la especulación que acabamos de explicar, la intervención de la autoridad para evitarla fue escasa o nula, debido a la buena marcha de la economía, sin pensar en las consecuencias que podía traer. Una tímida medida ante la especulación tuvo lugar el 5 de agosto de 1929. Consistió en incrementar la tasa de descuento bancario, con esto se consiguió la disminución de los créditos destinados a invertir. A pesar de ello, la bolsa siguió subiendo, si bien, con altibajos, y el 19 de septiembre alcanzó el punto más alto de su índice.

Sin embargo, aquellos altibajos en Wall Street provocaban una incertidumbre creciente hasta que la convicción de que era mejor vender se fue ampliando preocupantemente. Psicológicamente, el pequeño y mediano inversor empezaba a desconfiar del sistema mientras los periódicos, las autoridades, banqueros y altos financieros pregonaban la bondad del sistema.

Así se llegó a los días fatídicos en donde el pánico se apoderó de los poseedores de títulos. Se discute cual fue la chispa que desencadenó el desastre. Una buena parte de la historiografía considera que el origen nace del alza de un tipo de descuento del Banco de Inglaterra que motivó la retirada de algunos capitales europeos invertidos en Estados Unidos. Se inicia una apresurada venta de acciones que desencadena el pánico manifestado en el llamado “jueves negro”, 24 de octubre de 1929. Aquel día, hubo una oferta de acciones de 13 millones de títulos que salieron al mercado sin encontrar comprador, este desajuste entre la oferta y la demanda hizo que las cotizaciones cayeran en picado.  Al mediodía, las personalidades financieras más importantes del país (banqueros, gerentes y presidentes de las compañías financieras…) se reunieron para intentar controlar la situación. El objetivo era devolver la confianza, sostener el mercado. Para ello, los reunidos aportaron una gran cantidad de recursos, invirtiéndolos en la bolsa para sostener los precios y que estos subieran. Durante los dos días siguientes los precios de los valores se mantuvieron firmes y la bolsa permaneció estable.

La reapertura de la bolsa el lunes 28, tras el fin de semana, trajo de nuevo otro día terrible, 9 millones de títulos se ofrecieron a la venta. Esta vez los banqueros no hicieron nada, no tomaron medidas, consideraron que el mercado era incontrolable y que ellos no podían hacer más. Tras terminar la jornada, la incertidumbre y el miedo volvieron al público. Al día siguiente, el 29 de octubre, volvió a producirse otra jornada fatídica, el “martes negro”. Este día fueron 16 millones las acciones las que no encontraron comprador. El pánico se extendió a todo el mundo, el valor de las cotizaciones cayó sin que nada pudiera detenerlo. El crac de la bolsa llevó a la ruina a muchos cientos de miles de norteamericanos.

b) Crisis económica

El desplome de la bolsa supuso la contracción de la actividad económica ya que afectó a todos los agentes económicos. Un factor importante fue la reducción de la oferta monetaria.

La crisis de la bolsa pronto se traspasó a los bancos. Las quiebras bancarias se sucedían debido a que el sistema bancario era débil y la autoridad monetaria actuó erróneamente. La Reserva Federal no hizo nada ante esta situación. De esta manera, la quiebra de bancos insolventes arrastraba también a otros sanos ante la apresurada retirada de fondos de los ahorradores. La crisis se trasmitió del sector financiero al industrial y comercial por el retraimiento de la inversión. Las empresas, con una situación financiera frágil, se arruinaron. El cierre incrementó el paro, el cual alcanzó la cifra de 12,6 millones de personas en 1933 (el 25,2% de la población).

Los precios bajaron en todos los sectores, incuso en la industria de bienes de equipo.

Otro sector muy afectado fue el de las materias primas, la agricultura especialmente, ya que la producción agraria no disminuyó con lo que los precios se redujeron aún más.

c) Depresión

Llama la atención la duración de la crisis. Se suele explicar esta situación por la desaparición de gran número de empresas y la caída de las inversiones. A lo que habría que añadir la pasividad de las autoridades que creían que era necesaria una limpieza en el sistema para acabar con la especulación. Apenas pusieron en marcha algunas medidas arancelarias y de protección de la industria nacional, que no consiguieron logros adecuados. Feliu y Sudrià consideran que la crisis exigía una inyección de dinero: aumentar la masa monetaria, mayor cantidad de dinero en circulación en manos del público y en los bancos para aumentar el crédito, es decir, mayor gasto público a costa de aumentar el déficit público[6].

d) Internacionalización de la crisis

El puesto privilegiado de Estados Unidos en la economía mundial facilitó la difusión de la crisis a todos los países del mundo occidental.

Cuando llega la crisis americana, los países más afectados fueron Alemania y Austria. El primer banco importante que quebró fue el Credit Anstal austriaco en mayo de 1931.

Su quiebra afectó a gran número de empresas a las que estaba vinculado; además, gran parte de sus accionistas y su actividad estaban en el extranjero, con lo que los efectos de su quiebra traspasaron las fronteras austriacas. El Estado fue incapaz de detener su quiebra ya que este era un país endeudado que había dejado de percibir los créditos americanos de los que tanto dependía. Los siguientes bancos importantes que entraron en crisis fueron los húngaros y a continuación los bancos alemanes. La llegada de la crisis a los bancos alemanes tuvo graves repercusiones sobre el resto de Europa ya que Alemania tenía una importante dependencia de los créditos exteriores. La insolvencia de Alemania conllevó el colapso financiero de Europa Central.

A través del mecanismo de patrón – oro la presión se trasladó al Banco de Inglaterra, ya que la libra, junto al dólar, era la moneda convertible en oro y el Reino Unido tenía unas reservas modestas de este metal. El Reino Unido se vio obligado a tomar la decisión de abandonar el patrón-oro el 21 de septiembre de 1931. Le siguieron los países de la Commonwealth y otros países europeos dependientes de Gran Bretaña. El abandono del patrón- oro tenía la ventaja de que aliviaba las presiones deflacionistas y mejoraba la competitividad de las exportaciones por la devaluación de la moneda. A partir de entonces, los tipos de cambio de las monedas dejaron de ser fijos para ser fluctuantes, lo que implicaba incertidumbre e inestabilidad en los cambios. Los países más avanzados redujeron la compra de productos primarios y a su vez los países exportadores de estos productos primarios redujeron las importaciones de productos manufacturados. Los países redujeron sus ingresos por exportaciones y siguieron la tendencia al proteccionismo.

LA LUCHA CONTRA LA CRISIS

  1. Soluciones neo-liberales.

El liberalismo político se hizo compatible con el intervencionismo económico. Nace una economía mixta denominada posteriormente “Economía social de mercado”.

El New Deal[7]norteamericano. El Gobierno de Roosevelt, acometió diversas medidas basada en gran parte en las ideas de Keynes.

El New Deal asentaba la economía sobre bases nuevas. La salida de la crisis no se produciría por sí sola, se necesitaba la intervención del Estado. Esto chocaba con el tradicional capitalismo liberal del laissezfaire.

Los pilares de la política del New Deal eran, en primer lugar, sanear la economía para evitar la repetición de la crisis y devolver la confianza. En segundo lugar, reactivar la economía impulsando el consumo mediante la inyección de dinero y, por último, conseguir un reparto menos desigual de la renta mediante medidas sociales y disminuyendo el desempleo. Para ello era necesario un plan conjunto sobre la agricultura, la industria y los transportes. Se actuó en el campo del dinero y el crédito, también hubo políticas agrícolas e industriales para sostener los precios y aumentar la capacidad adquisitiva y el empleo[8]

Especial importancia tuvo la regulación de la banca y la bolsa. En la política monetaria se produjo el abandono del patrón- oro y la devaluación del dólar en enero de 1934. De este modo, logró un alza moderada de los precios y un estímulo de la actividad productiva. En la política sectorial, en la agricultura, se logró la recuperación de los precios y aumentó las inversiones y modernización con créditos a los agricultores. En la industria establece una política de reactivación industrial y pone en marcha una ambiciosa política de grandes proyectos de obras públicas entre los que destaca el ideado en el valle del Tennessee. En el campo social, se crearon seguros sociales, subsidios por jubilación, seguros de desempleo y de accidente laboral o enfermedad profesional. Quedaban fuera de prestación las enfermedades no profesionales, las familias de los trabajadores y los autónomos. Dentro de este último grupo estaban encuadrados los agricultores, que eran muchos, con lo que podemos observar que, aunque se consiguieron importantes mejoras en el ámbito social, estas eran muy desiguales y había una gran parte de la población que seguía desprotegida.

Gran Bretaña. Tras abandonar el Patrón-oro. Inicia una política de relaciones con los países de la Commonwealth (conferencia de Otawa, 1932) que permitió al Reino Unido recuperar parte de su papel en el comercio mundial. Entre esos países se estableció un régimen aduanero preferencial.

Francia. Hasta 1936 se mantuvo fiel al patrón –oro y siguió una política deflacionista, que al mantener los precios altos redujo las exportaciones. Las quiebras y los escándalos financieros fueron la tónica que llevó al poder al Frente Popular. Con la subida al poder de León Blum se inició una política de nacionalizaciones y devaluaciones del franco. Aunque se redujo la producción industrial, en 1939 había logrado llegar casi al pleno empleo.

2. Soluciones totalitarias

Alemania. La equivocada economía deflacionista de la república de Weimar en los años 1931-1932, propició la llegada del nazismo. Aquella política había creado un descenso de las exportaciones superior al 50% del que tenía Alemania en 1929 y el paro superaba los 6 millones de personas.

Los gobiernos de Hitler determinan la construcción de grandes obras públicas que redujeron el paro considerablemente. Para reequilibrar la balanza de pagos, mantiene una política de control de cambios, exigiendo licencias de importación y restringiendo las salidas de capitales. Además de incrementar los acuerdos bilaterales de comercio con otros países, internamente acude a una moderada inflación con la emisión de ayudas a través de bonos emitidos por las empresas y garantizados por el Estado. Desde 1936 la economía alemana entra en un claro proceso de estatalización. Nace el “Plan de cuatro años” que busca la autarquía económica alemana a través de una política de pre-guerra.

COROLARIO FINAL

Todos estos intentos, aunque mejoraron la situación, no la sanaron y la consecuencia fue que en USA en 1937 se produjo una caída de los precios y de la producción de materias primas (acero, textiles, algodón…), como consecuencia de la saturación del mercado y de la competencia de las importaciones extranjeras. En Europa, aconteció algo semejante. En todo el mundo la salida económica fue el inicio de una economía de rearme en un camino sin retorno hacia la IIGM.

Aquella crisis puede que fuera muy diferente de la actual, pero algunas de las medidas que se tomaron nos recuerdan a otras que vemos todos los días: medidas proteccionistas, limitaciones a la inmigración, búsqueda de la autarquía, aumento de las tensiones mundiales, desencuentros con las grandes organizaciones internacionales. Ya vimos en la entrada sobre “la creación de una conciencia europea” como la solución a las crisis suele venir de los acuerdos internacionales no de los choques entre naciones. No sé si hemos aprendido algo en varios siglos de Historia y, en el caso que nos ocupa, no sé si hemos aprendido algo en los últimos 90 años.

[1]Villares y Bahamonde. “ El mundo contemporáneo del Siglo XIX al XXI. Ed Taurus.2001

[2]Raymond Poincaré. Presidente de la república francesa durante la IGM y Primer Ministro de Francia entre1912-1913; entre 1922-1924 y entre 1926-1929

[3]Charles G. Dawes, presidente de la Comisión encargada de reexaminar las reparaciones de guerra. Obtuvo, por ello, el Nobel de la paz en 1925, junto con el británico Austen Chamberlain (al que se le concede esencialmente por su labor para la firma del tratado de Lorcano. No confundir con Neville Chamberlain es que fuera primer Ministro británico al estallido de la IIGM)

[4]Procacci, “Historia General del S.XX”. Ed. Crítica.2ª edición.2007

[5]J.K. Galbraith. El crash del 29.  Ariel economía..

[6]Feliu y Sudria. Introducción a la historia económica mundial. Universidad de Valencia.2013

[7]Término sacado del juego de bridge que significa “nuevo reparto”

[8]Feliu y Sudria.Op Cit

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