ESCUELA DE SALAMANCA- 1

Sobre la escuela de Salamanca hay mucho escrito, mucho por saber y, sobre todo, una bibliografía difícil de encontrar por cuanto está descatalogada en un buen número de obras, lo que es señal de la poca importancia que se da, fuera de determinados círculos intelectuales, a una de las páginas más gloriosas de la vida intelectual española que ha conformado el saber de un país en un momento dado y que, en parte, aún perdura.

La llamada Escuela de Salamanca nace y se desarrolla desde la teología para imprimir carácter a la economía, filosofía, derecho, literatura, arte, ética, sociología…La sociedad occidental, el Mundo en general, no sería lo que es sin la Escuela de Salamanca.

Haremos el estudio de la Escuela utilizando una especie de cuestionario que iremos respondiendo.

  • ¿Qué se entiende por “Escuela de Salamanca”?

La Escuela de Salamanca es un método de estudio que abarca muy diferentes campos del saber. Son sus apuntes, disputas, controversias buscando siempre un sistema y conclusiones científicas. Es un concepto que no responde a una institución física, concreta y formal, pero, eso no significa que sea un ente abstracto, por más que sean sus abstracciones e ideas lo que le permiten alcanzar su gran valor.

Hay quien ha identificado a la Escuela como la expresión de “pensamiento católico hispano” (Pena González). Sin oponernos al profesor Pena creo que la Escuela requiere de una consideración a la vez mayor y menor. Mayor, porque su expresión, método y sentido se ha extendido fuera de nuestras fronteras, especialmente por Portugal y América. Menor, porque sin circunscribirla sólo a la Universidad de Salamanca, tiene su máxima expresión en una metodología, autores y estudios que se dieron en esa Ciudad castellana en un momento concreto. De hecho, la máxima discusión de la historiografía no es sólo su actuación intelectual sino también su extensión temporal.

Ignacio Jericó Bermejo tilda de exageración la denominación de Pena González como “Pensamiento hispánico” al pensamiento salmantino de 1501 a 2001. Subraya la falta de argumentos científicos esgrimidos para esa denominación. Para Jericó, la escuela mantiene tal nombre hasta el final del S. XVI. Los estudiosos de la economía (Marjorie Grice-Hutchinson), últimamente muy en alza en relación con la aportación de la Escuela de Salamanca, proponen mantener el nombre de “Escuela de Salamanca” y no otro, a todo el movimiento, que ellos circunscriben a lo que se denomina el “siglo de oro de Salamanca” (finales del Siglo XV, S.XVI y una pequeña parte del XVII).

  • ¿Hay más de una “Escuela de Salamanca”?

Existen muchas discusiones al respecto. Hay quien habla de primera Escuela de Salamanca a la conformada durante el siglo XV y parte del XVI y centrada esencialmente en las aportaciones de los Dominicos y Órdenes de los Predicadores. Y una segunda Escuela en el resto del S. XVI y XVII dirigida por los Jesuitas.

Por otro lado, otra parte de la historiografía, señala la existencia de una única escuela, pues no encuentra razones para dividirla ni por épocas ni por posiciones de autoridad. Esta tendencia suele aparecer como mayoritaria.

El llamado siglo de oro de la Escuela que se sitúa en el S.XV y primera mitad del S.XVI, con Vitoria, Soto y Melchor Cano, como precursores, y una segunda mitad del S.XVI con los jesuitas al frente y con el Padre Suarez como cabeza más visible, al que se unen los discípulos de los primeros. Además, en esta segunda mitad, la Escuela emprende su expansión por Coímbra, Alcalá y parte de América.

En los siglos XVII llegamos a la fragmentación del pensamiento y método, lo que permite a la mayor parte de la historiografía poner fin a la Escuela de Salamanca en su concepto más glorioso. Si bien Pena González extiende su estudio hasta el Siglo XX y señala como durante la Ilustración vemos un florecer momentáneo de la Escuela que se recupera con cierta entidad en el S.XX, especialmente, cuando la Asociación Francisco de Vitoria que se consolida como “Think Tank” de la vida político-económico-humanista española.

Son muchos los autores- Brufau entre ellos- los que encuentran en la Escuela una entidad única, por la íntima relación entre los distintos autores y sus discípulos; por las condiciones en las que nació y evolucionó su estudio, y por crear una metodología que, de una u otra forma, se mantuvo en el tiempo.

Otros autores como Jericó, especificando más, señalan que no cabe ninguna duda de que se trata de una escuela de estudio y análisis de la realidad que se desarrolla con todo vigor desde la llegada de Vitoria a Salamanca en 1526 hasta 1584 y, después, con intensidad algo mermada, hasta la muerte de Báñez (en 1604), momento en que pierde fuerza.

  • El entorno institucional de la Escuela de Salamanca

El despertar de la escuela en el Siglo XV tiene su razón de ser por el periodo de paz y tranquilidad relativa que dieron los acontecimientos de 1492: unidad de España, por la unión de las coronas de Aragón y Castilla y la toma de Granada, con la consiguiente derrota de los moriscos, la expulsión de los judíos y la conquista de América. Otra España renacía, más próspera e influyente en el mundo.

Además, la imprenta permitió la expansión de la cultura y el estudio, el cual también se vio facilitado por la aparición de la primera gramática castellana debida a Elio Antonio de Nebrija. Al mismo tiempo, es la época de florecimiento de las dos grandes universidades españolas: Salamanca y Alcalá, que se convertirán en referencia cultural obligada.

Unido a ello, en el siglo XVI, florecieron las órdenes religiosas por el impulso que el Cardenal Cisneros dio a las mismas.

El prestigio de Salamanca se permitió y se vio influido por la autorización papal para desarrollar estudios de teología de manera oficial, circunstancia importantísima y que con anterioridad poseía en exclusiva París. Salamanca fortaleció y se fortaleció de los estudios sobre las Sagradas Escrituras y otros textos de índole moral que sirvieron, de un lado, de apoyo al papado (especialmente significativa fue su influencia en Trento) y, de otro, dieron impulso al Imperio, más por el acercamiento de éste a Salamanca que de Salamanca al Imperio y, por ende, en favor de la contrarreforma. Su éxito se debe a la libertad de pensamiento en cuanto a su metodología y planes de estudio. Si ha trascendido la enseñanza de aquel grupo de teólogos, dentro y fuera de la universidad salmantina, fue porque desarrolló un programa original de investigación de forma independiente a los dictados del poder: la Corona Imperial, la Inquisición o la Curia Romana.

  • Metodología

En una breve exposición diremos que la Escuela fue la síntesis metodológica entre la escolástica y el humanismo. Señala una evolución del método teológico y presenta después el soporte institucional, a saber, las Facultades de Teología —particularmente la de la Universidad de Salamanca— y aquellos conventos dominicanos que albergaban un studium genérale.

Alguna importancia tuvo en este desarrollo el hecho de que los primeros colegios mayores, en los que se becaba a los mejores estudiantes para que pudieran estudiar, se dieran en Salamanca.

La escuela nace diferenciándose de los estudios clásicos parisinos de las tres vías: nominalista, escotista y tomista, para centrarse en un debate entre la escolástica y humanismo; en mostrar la síntesis entre tradición escolástica y cultura de la época que produce una auténtica renovación teológica.  Sería ingenuo pensar que las otras vías no influyeron en nada, parece que el nominalismo llegó a Salamanca con cierto retraso, en comparación con lo ocurrido en Alcalá. Por otro lado, el escotismo había cobrado cierta fuerza en momentos anteriores al esplendor salmantino, especialmente en el entorno franciscano.

De hecho, algunos autores como Melquiades Andrés señalan que:

“El humanismo teológico español no es sólo tomista o escotista o nominalista, sino una síntesis peculiar de los tres sistemas. Ni es sólo franciscano o dominico o jesuítico sino de los tres juntos a la vez. Ni de ellos sólo, sino que lo enriquece la visión de agustinos, mercedarios, carmelitas… sacerdotes seculares, juristas y seglares. Esto resulta de alto interés en la historia de España y de la evangelización y civilización de América. Los catedráticos no repetían simplemente, sino que “movían cuestiones”, es decir, elaboraban pareceres personales en relación con los problemas vivos de la sociedad y de la Iglesia”.[1]

La mayoría de los autores basan en esa mezcla y diversidad una apertura intelectual que hizo grande a la Escuela. Precisamente muchos achacan el declive de la misma a la vuelta a la rigidez tomista planteada por Bañez en los inicios del S XVII.

Pero esa aceptación diversa y apertura de método que ya se dio en Vitoria se fue agrandando hacia el S XVI donde confluyen flujos muy poderosos, y que permiten la expansión de la escuela de Salamanca a Portugal (Coímbra) de la Universidad al Colegio Romano de Salamanca a Lovaina o Bolonia, sin obviar, la influencia en América.

Se considera que sus iniciadores fueron Francisco de Vitoria, Francisco de Soto y Melchor Cano, pero su alcance no se basa sólo en la brillantez intelectual de estos personajes y de sus discípulos sino de toda una lenta consolidación nacida en el S XV y que concitan en las aulas salmantinas las personas y el contexto oportuno para que la renovación de la teología se pueda llevar a efecto.

Los teólogos salmantinos, y muy especialmente Vitoria, no solían publicar sus textos porque eran profesores que ofrecían en clase las últimas reflexiones sobre determinados temas; ideas que fácilmente podrían ser matizadas con nuevos comentarios al día siguiente o en la siguiente clase. Era una reflexión permanente partiendo de la teología para adentrarse en la realidad del mundo.

La verdad puede venir del avance en el método de estudio tradicional que representaba París y que se había extendido por el mundo. A Salamanca llegan todo tipo de ideas y métodos, pero los salmantinos acaban decantándose por un sistema realista más que nominalista, casi por necesidad imperiosa de atender las demandas de informes que se sometían a su criterio, como veremos más adelante. Se fundamentaban en la observación y la experimentación.

Hasta el Siglo XV una base humanista consiguió imponerse sobre todo en las universidades de artes y medicina. Como el estudio de las artes solía ser previo al de teología, el método impregnó también la teología. “Esquemáticamente pueden reducirse a tres niveles. En el primero los intelectuales se limitaron a la reunión de observaciones y descripciones de datos nuevos que desbordaban la capacidad interpretativa de las doctrinas tradicionales, aunque no llegara a formularse su crítica abierta, ni siquiera la necesidad de reformarlas. En el segundo se practicaron rectificaciones de detalle, que no significaron ruptura con las teorías o principios epistemológicos clásicos. En el tercer nivel se produjeron crisis parciales que condujeron a renovaciones de fondo, aunque reducidas a sectores determinados de la actividad científica. Tanto el humanismo científico como el escolasticismo tuvieron grandes logros en la época del Renacimiento. El humanismo perdió seguidores en la segunda mitad del siglo, de forma casi paralela a como los ganaron tanto el neoescolasticismo contrarreformista, como los criterios científicos de experiencia y razón frente al principio de autoridad de los clásicos y de la Biblia. Ello fue debido en parte al desarrollo de la cuantificación, que abocó al cuestionamiento del principio de autoridad como norma de verdad[2]”.

Como se puede apreciar el método abarca todos los campos del saber que permitió a la Universidad de Salamanca realizar una brillantísima contribución a la cultura universal. Si existe un amplio elenco de conocimiento en teología, derecho y economía no es menos cierto que se vislumbra su presencia en otros saberes concomitantes que afectan singularmente a la literatura, el desarrollo científico y médico. El Renacimiento fue una época de búsqueda del desarrollo total del conocimiento y aunque no lo consiguieran si lograron el discernimiento de nuevas materias separadas de la teología. La teología inundaba todo en aquella época, pero los padres Salmantinos fueron más allá.  Así el nacimiento de la ciencia del derecho, como algo independiente, se lo debemos a la Escuela de Salamanca y más en concreto a Francisco de Vitoria y a Domingo de Soto. Esa ampliación de los enfoques científicos progresó con rapidez en Salamanca.

A partir del establecimiento de un método, los discípulos de los grandes pensadores intentaron perpetuarlo y aplicarlo como característica básica de su estudio. De hecho, el mismo se puede sintetizar en tres pasos:

  1. La liberación del método de Escuela, en referencia única y vinculante a las órdenes religiosas respectivas y enfrentadas, que defendían el método utilizado por sus grandes maestros.
  2. La aplicación de los nuevos conocimientos especulativos y deductivos, que se habían obtenido desde la lógica a la ciencia teológica, recuperando así una teología especulativa.
  3. La presencia de un estudio positivo, especialmente de la Sagrada Escritura, que ocupará un lugar privilegiado en la lectura de acontecimientos históricos de primera índole.

  • La Escuela como institución oficial de consulta

La transformación del mundo que se generó en el Renacimiento, con la unificación de España, el desarrollo del Imperio y su presencia frente a la reforma o la conquista de América determinaron que tanto el Papa como el Emperador se dirigieran a los profesores de Salamanca buscando consejo.

No se trataba, en principio, de un consejo político o jurídico en cuanto a las situaciones existentes que para eso ya estaban los Consejos, sino que se planteaban cuestiones graves de orden moral cuya solución determinó el nacimiento de posiciones jurídicas, la creación del Derecho Internacional con Vitoria, la ciencia económica con Azpilcueta o de derecho natural y, lo que hoy llamaríamos constitucional, de la mano del concepto de Soberanía Nacional con Suarez como uno de los grandes representantes.

Esas consultas elevadas a Salamanca, por tener mayor conocimiento y especialización, determinaron la emisión de juicios, dictámenes e informes; fueron apremiados para que emitieran opiniones de tan hondas consecuencias que su intelecto estaba en permanente disposición al estudio e investigación, lo que creó en Salamanca un estado de opinión que generó pensamiento y acciones de dilatadas consecuencias. Los profesores salmantinos engendraron un bagaje cultural de acción conjunta en una socialización y especialización coordinada de saberes que dio lugar a una forma de pensar, investigar, percibir y valorar que produjo una cantidad de inventos e ideas novedosas de la más diversa índole que hicieron grande a la escuela de Salamanca.Como si se tratara de un proceso de porosidad, de ósmosis, el ambiente de elevación intelectual se extendió desde las universidades a la Corte y en ella se cultivaron otras facetas intelectuales y artísticas que muy probablemente sin Salamanca no se hubieran dado. No fue sólo un siglo de oro en Salamanca, fue el siglo de oro de la cultura española.

[1]M. Andrés Martín, “La facultad de Teología”. Forma parte de la obra “La Universidad de Salamanca. II. Atmósfera intelectual y Perspectivas de investigación (Salamanca 1990)” de diversos autores.

[2]Ana María Carabias Torres. “ La Escuela de Salamanca. Perspectivas de investigación”. Universidad de Salamanca. Serie papeles de trabajo. 2015.

En el próximo hilo los temas estudiados y las respuestas dadas. Es decir, lo que realmente hizo muy grande a la Escuela de Salamanca.

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