LA BATALLA DE EMPEL O EL MILAGRO DE LA VIRGEN INMACULADA.

Vamos a narrar un acontecimiento heroico protagonizado por nuestros Tercios en Flandes.  Una batalla memorable por la valentía española y por la Fe de nuestros soldados: la batalla de Empel.

Si tenemos que ir a la raíz de la situación histórica que determinó que los Tercios de Flandes resistieran y ganaran heroicamente en Empel frente a los partidarios de Guillermo de Orange debemos tener presentes previamente varios hechos que se interrelacionan entre sí:

  • Nos remontaremos a 1555, en aquel año, Carlos I de España y V de Alemania legó a su hijo Felipe el gobierno de unos territorios que procedían de la herencia de su abuelo paterno, Maximiliano I de Habsburgo. El propio Rey Carlos se había educado en Flandes, hablaba flamenco cuando llegó a España y se rodeó de una corte de flamencos que creó bastantes sinsabores y no pocos problemas en España (recordar los hilos de Carlos V y sus problemas con los Comuneros, por ejemplo). Felipe era un Príncipe español, que no conocía el territorio como su padre, ni hablaba flamenco, en consecuencia, nos encontraremos con la figura, a ojos holandeses, de un Rey extranjero. https://algodehistoria.home.blog/2019/06/14/carlos-i-de-1517-a-1522-3/
  • Pero no sólo esto iba en la herencia. El territorio se vio claramente afectado por la división entre los seguidores de la Reforma protestante y los que apoyaban la Contrarreforma católica. Esto ya lo vimos también en los conflictos en Alemania y ahora nos situamos en su extensión a lo que hoy conocemos como los Países Bajos.
  • Para comprender bien el acontecimiento que vamos a narrar, debemos señalar que el dogma de la Inmaculada Concepción se remonta en España a los visigodos. Fue tal el empeño español en la causa de la Virgen que en el Vaticano se la llegó a conocer como la causa española. Aquella defensa de la catolicidad fue bandera del Imperio español y en ese contexto religioso, los protestantes, especialmente los calvinistas iniciaron una guerra iconoclasta, especialmente de imágenes de la Virgen. A aquel acontecimiento se le conoce como “Beeldensrorm” o “Tormenta de imágenes” en el territorio de la actual Holanda. Muchas obras de arte sacro acabaron destruidas como consecuencia de esa ola de fanatismo. Otras fueron salvadas por los católicos de Flandes escondiéndolas en los lugares más variados.
  • Todo lo anterior generó un malestar en estado latente durante mucho tiempo y que, en 1568, se transformó la rebelión de las provincias de los Países Bajos contra el Imperio español Felipe II. Aquella contienda enfrentó a los habitantes de lo que hoy es Bélgica y Luxemburgo, de mayoría católica y leales al Rey Felipe II, contra la población de la actual Holanda, de mayoría calvinista. Aunque no toda Holanda fue rebelde.

La defensa del territorio por parte española se hizo con los famosos Tercios. Aquella revuelta fue el inicio de la guerra de los 80 años o Guerra de Flandes que concluye con la independencia de los Países Bajos en la Paz de Westfalia de 1648.

Los enfrentamientos nacidos de aquella revolución no llevaban un balance favorable a los intereses españoles hasta que Felipe II envió a Alejandro Farnesio primero a dirigir las tropas españolas en Flandes y, posteriormente, como Gobernador de los Países Bajos.

Farnesio, gran militar y no menor diplomático, logró, en 1579, mediante la Unión de Arras, controlar una buena parte de las provincias del sur que se habían unido en rebeldía a Guillermo de Orange. Por el contrario, las provincias del norte abjuraron definitivamente de la soberanía de Felipe II unas semanas más tarde mediante la Unión de Utrech.

Tras Arras se propuso reconquistar las provincias de Brabante y Flandes, lo que consigue y culmina con la toma de Amberes el 15 de agosto de 1585 (ver Mapa: https://www.wikiwand.com/es/Anexo:Islas_de_los_Pa%C3%ADses_Bajos. Esto provocó devolver al dominio español las provincias del sur de los Países Bajos, salvo Zelandia, no así las del norte. La orografía y situación geográfica de las provincias de Holanda y Zelanda hacían imposible su conquista sin dominar la costa desde el mar y éste estaba bajo el control de la armada rebelde. Especialmente importante era la conquista de las zonas católicas (algunas de las islas de Zelandia), que habían pedido ayuda a Felipe II por la presión que sobre ellos ejercían los protestantes.

El objetivo de los Tercios era tomar la Isla de Bommel para utilizarla como cabeza de puente y reiniciar las operaciones en la provincia de Holanda, con ese fin el encuentro militar se produjo en las inmediaciones de Empel (norte de la Provincia de Brabante) cercana al río Mosa o Mosela en diciembre de 1585.

Hasta allí habían llegado tres tercios españoles: ”ya todos juntos, marchó (…) el conde Carlos de Mansfelt con los tres tercios de españoles del coronel Cristóbal de Mondragon, de D. Francisco de Bobadilla y el de Agustín Iñíguez, repartidos en sesenta y una banderas y con la compañía de arcabuceros a caballo de españoles del capitán Juan García de Toledo”[1].

Mansfelt dirigía las operaciones y su forma de actuar está en entredicho en la historiografía. Algunos apuntan que la forma de actuar en Empel más parecía la propia de quien quiere acabar con lo mejor del ejército español que la de un amigo.

Los tercios españoles acamparon a orillas del rio Mosa. Mansfelt ordenó a Bobadilla que se adelantar a ocupar la isla de Bommel formada por los ríos Mosa y Vaal. El Tercio viejo de Zamora, compuesto por unos cuatro mil hombres, liderados por Francisco Arias de Bobadilla,cruzó el rio y tomó el terreno. Una vez allí, envió varias patrullas a proteger los diques de contención. Con el terreno aparentemente dominado Mansfelt siguió camino a Harpen y dejó a Bobadilla al frente de la expedición.

La armada holandesa intentó acorralar a los españoles, pero la buena defensa realizada por Bobadilla impidió el avance. Así que, los holandeses optaron por abrir los diques de contención y anegar los terrenos y de paso, con la fuerza del agua acabar con los españoles. Los Tercios tuvieron que refugiarse en el dique y en el pequeño monte de Empel, que, por su elevación, quedaban libres de agua. Esto ocurrió el 2 de diciembre.

Desde el día 2 al 7, los españoles defendieron la posición con heroicidad y ardor, sorprendiendo a los holandeses por su tenacidad y valentía. En esos días Bobadilla envió emisarios a Mansfelt, que intentó un rescate descabellado, al pretender asaltar a la armada holandesa con unas cuantas barcazas.

Los españoles sitiados quedaron abandonados y solos a merced de un destino que se vislumbraba bastante pesimista: sin ayuda, casi sin víveres y con las ropas húmedas.

Los holandeses ofrecieron a nuestras tropas una rendición honrosa, pero la respuesta hispana fue: “Ya hablaremos de capitulación después de muertos”. Tal resistencia hasta la muerte parecía que iba a consumarse cuando en la mañana del día 7 de diciembre, un soldado español, cavando una trinchera para protegerse del frío, encontró una tabla flamenca en la que estaba representada la Virgen Inmaculada.

Bobadilla ordenó levantar un pequeño altar, colocaron la imagen y se encomendaron a Ella. Bobadilla, consideró este hecho una señal divina y así lo transmitió a los soldados que, llenos de esperanza, esperaron un milagro.

Durante la noche, ya en el día 8 de diciembre de 1585, fiesta de la Purísima e Inmaculada Concepción, se levantó inesperadamente un viento gélido que heló el río y las aguas estancadas tras la apertura de los diques. Los españoles, caminado sobre el hilo, atacaron a la armada holandesa. Los holandeses tuvieron que retirar los buques y acabar con el asedio por miedo a encallar. Los españoles, contra todo pronóstico, ganaron aquella batalla y mantuvieron el terreno reconquistado.

Los Tercios se salvaron de una muerte que parecía segura en lo que se conoce como el milagro de Empel, visto como tal por las tropas holandesas. El almirante Hohenlohe-Neuenstein llegó a decir: “Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro”.

Aquel mismo día, la Inmaculada Concepción es proclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia.  En 1644, el Rey Felipe IV declaró el 8 de diciembre como fiesta de guardar en todos los dominios del Imperio español, dedicada a la Inmaculada Concepción y coincidiendo con el aniversario del “Milagro de Empel”. En 1708, el Papa Clemente XI extendió esa fiesta a toda la Iglesia Católica. El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María mediante la bula “Ineffabilis Deus”.  En 1864, el mismo Papa concedió el privilegio especial a los sacerdotes españoles y a los de las provincias americanas de utilizar la casulla azul durante la fiesta de la Inmaculada (en la Iglesia se usa la casulla blanca durante las fiestas dedicadas a la Virgen). El 12 de noviembre de 1892, la reina Mª Cristina la declara a Nuestra Señora de la Purísima e Inmaculada Concepción Patrona del Arma de Infantería.

En Empel había y hay una pequeña capilla dónde todos los soldados españoles, y más los representantes de la unidad heredera del Tercio Viejo de Zamora: el Regimiento de Infantería «Isabel la Católica» nº29, con base en Figueirido (Pontevedra) y que forma parte de la Brigada «Galicia» VII (BRILAT) del Ejército de Tierra, suelen ir a rendir homenaje a la Virgen. Los católicos holandeses, tienen una fundación, en recuerdo de Empel y siguen celebrando misas en aquella capilla en el aniversario de aquel acontecimiento milagroso.

A los no creyentes, sólo les puedo decir que, los hechos son todos ciertos. Si no creen que la intercesión de la Virgen ayudó a los españoles, que no lo crean, pero salir de aquella situación con vida y manteniendo el terreno conquistado era tan difícil como para necesitar un milagro.

BIBLIOGRAFIA

  • Los Tercios de Flandes. Juan Giménez Martín. ED. Falcata Ibérica.1999
  • Alonso Vázquez. “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alejandro Farnese”. S XVII. Documento manuscrito ( Biblioteca Nacional)
  • José María Sánchez de Toca y Catalá. “Tercios de España. La Infantería Legendaria” Edaf. 2006.

[1]Alonso Vázquez. “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alejandro Farnese”. (El capitán Alonso Vázquez fue contemporáneo de Francisco de Bobadilla).

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