LOS FELICES AÑOS 20

Se suelen denominar como “felices años 20” a los años que van desde 1922 hasta 1929 y, más concretamente, a esos años en Estados Unidos; si bien Europa vivió parte de su influjo.

Realmente, la sociedad occidental, recuperada de la I Guerra Mundial (IGM), decide vivir la vida con alegría y cierto desenfreno. Era la manifestación de la necesidad social, psicológica y sociológica de recuperar el optimismo tras la dura contienda. Respondía más a un criterio de esperanza que a una razón bien fundamentada de prosperidad. Veremos algunos aspectos destacados de la época.

El crecimiento económico fue la causa primera de aquel optimismo. Ese auge en EE.UU fue fulgurante gracias a no haber sufrido en su territorio los bombardeos de la IGM; por saber imponer sus productos en el mercado mundial frente a la derruida Europa; por la rápida transformación de su industria de guerra en una industria floreciente al servicio de la sociedad civil… Por otro lado, la prosperidad europea era relativa; su crecimiento era menor porcentualmente que antes de la IGM. Pero esta distribución era diferente según el país analizado: el centro y norte de Europa se desarrolló con más celeridad que el este y el sur. Algunas industrias ( la inglesa, por ejemplo) se beneficiaron de la caída de los precios de los alimentos, si bien dejó el primer puesto productivo mundial a EE.UU. Alemania sufría los estragos de la derrota y las perdidas territoriales de Alsacia y Lorena, así como una inflación galopante. Francia se vio envuelta por un bloqueo económico al haber puesto todas sus esperanzas de bienestar en los resarcimientos de guerra que debía Alemania….

La economía fluctuaba rápidamente. Con carácter general, tras un movimiento alcista entre 1919 y 1920, llegó la crisis del 21 que se recuperó, en las zonas prosperas, en 1922 y alcanzó jovialmente 1929, salvo algún altibajo en 1924 y 1927. En Europa, la recuperación fue más patente tras los tratados de Lorcano. ( ver el inicio de la crisis del 29 publicada en este blog https://algodehistoria.home.blog/2019/10/18/la-crisis-del-29/

En EE.UU, la recuperación económica contribuyó a la mejora de las condiciones laborales de las personas que trabajaban en la industria y los servicios y, en menor medida, en la agricultura. Los mejores sueldos permitían a nuevas capas de la sociedad acudir al crédito y adquirir bienes que antes les estaban vedados. La industria del automóvil fue uno de los mejores ejemplos de esa prosperidad. La innovación llegó a la industria y alcanzó a todos los sectores.  Se emplearon nuevas fuentes de energía (electricidad, petróleo); se desarrollaron nuevos medios de transporte, sobre todo, en el campo de la aeronáutica; aparecieron nuevas formas de organización del trabajo; se concentraron grandes capitales en torno a las grandes corporaciones; esos mismos holdings demandaron sedes más impresionantes, lo que fomentó la construcción de rascacielos que, a su vez, generaron beneficios económicos en USA. En América la tasa de desempleados descendió a niveles nunca antes conocidos.

La América adinerada y suntuosa era un escaparate de posibilidades de enriquecimientos a ojos de todo el mundo. Parecía que allí con el sólo esfuerzo individual unido a las libertades que proporcionaba el país se lograba el éxito. Se convertía de ese modo en la meta ideal para el que quería hacer fortuna; lo que atrajo hacia USA a un enorme número de inmigrantes, sobre todo, europeos movidos por las pocas opciones de trabajo y prosperidad que ofrecía el viejo continente, especialmente para irlandeses, alemanes, polacos e italianos. Las largas colas y las cuarentenas en la isla de Ellis era la imagen de la época. Esos inmigrantes,con lenguas, costumbres y valores diferentes a los americanos y, sobre todo, su hacinamiento en los barrios más pobres de las ciudades generó un rechazo entre los sectores más puritanos de la sociedad americana que se aferraban al modelo blanco, anglosajón y protestante.

El gobierno del Presidente Harding estableció una restrictiva política anti-inmigración, con leyes específicas en 1921, sobre todo, contra la entrada en el país de ciudadanos orientales, especialmente, chinos y también de los europeos del sur (italianos, griegos, serbios) a los que unió a turcos y judíos. Aquellas leyes se vieron completadas por el gobierno siguiente con la Inmigración Act” de 1924.

Desde aquella estricta mentalidad puritana, aquel rechazo a los extranjeros les culpaba de la degeneración de las costumbres y, en concreto, con la ingesta abusiva de alcohol. El gobierno prohibió su consumo, fabricación y venta (“Ley Seca”), fomentando con ello el contrabando y el tráfico ilegal por medio de bandas organizadas de gánsteres que ejercieron el control del mercado negro.

También, como consecuencia del desarrollo económico, se produce una evolución del sistema educativo hasta alcanzar a mayores capas de población, siendo especialmente importante la incorporación de la mujer a todos los niveles de enseñanza. Como siempre, la diferencia entre países era abrumadora. Holanda casi consiguió acabar con el analfabetismo mientras en Rumanía, por ejemplo, este se extendía entre amplias capas de la población, destacadamente en los sectores femeninos. Sin embargo, cuando se analizan los niveles universitarios, las diferencias entre países son mucho menores.

En esta década se logran el sufragio universal o cuasi universal masculino en aquellos sitios del mundo occidental en los que aún no existía; y el femenino en algunos países: USA, Gran Bretaña, Alemania y algunas colonias británicas con mayor grado de autonomías, en concreto, las de Oceanía…

Si bien, como hemos dicho, el desarrollo económico que impregnó de optimismo a abundantes capas de la población americana, no se vio acompañada por igual en Europa, sin embargo, el gran centro de la vanguardia cultural fue París. Aquel optimismo se expresaba de manera desbordada, identificándolo con una forma frívola de vivir, llena de hedonismo, huyendo de la realidad, fijándose solo en los detalles y no en la auténtica realidad histórica. Este aspecto se revelaba en todo tipo de artes y manifestaciones culturales. Veamos algunas de ellas:

Moda. La tendencia educativa y la presencia de las mujeres en las fábricas durante la IGM había abierto un número importante de posibilidades para el sector femenino que tendía a su liberación, siendo el mejor escaparate de ello la moda: las faldas se acortan para dejar ver las piernas más arriba del tobillo, incluso al nivel de la rodilla y que se lucen con medias con costura en la parte trasera o con dibujos.Las ropas mañaneras se caracterizan por los complementos: sombreros, guantes, broches, joyas y una tendencia unisex en esa búsqueda de equiparación con el hombre por lo que se masculiniza el estilo con vestidos holgados de talle bajo, sin marcar las formas femeninas, los trajes sastres con chaqueta y chaleco estilo masculino, los abrigos con cuello y puños con piel. Por la noche, las ganas de fiesta se incrementan y la moda se hace más sofisticada y lujosa: collares, plumas,  estolas de marabú, lentejuelas, los lazos, las flores, gasas, sedas, plisados, escotes en V… diademas, ondas en el pelo, el color rubio platino, los cortes tipo Bob…La publicidad no paraba de anunciar productos y la moda se convirtió en un mercado fascinante que movía millones.

En literatura, F. Scott Fitzgerald mostró como nadie lo que fueron aquellos años en su novela “El gran Gatsby” ( 1925). En este contexto, no es extraño que surja el surrealismo, André Bretón, padre de este movimiento marca la tendencia de las vanguardias francesas que fueron de las más importantes en representar una personalidad propia frente al mayor populismo americano, pero también influye al otro lado del charco. En USA lo más destacado, además del gran Fitzgerald, fue la llamada “generación perdida”. Un grupo de excombatientes y autores se resistían a adoptar el optimismo generalizado; destacan figuras como Faulkner, Ernest Hemingway o Pound. Otra excepción es Alemania, donde surge la “nueva objetividad”, basada en enfatizar el realismo hasta destacar lo feo por encima de otra verdad, una forma de distorsionar la realidad para llamar la atención sobre ella. También se da en Alemania una renovación del teatro: Bertolt Brecht, Döblin y Hesse.

Otro elemento característico de la literatura del momento es el despegue de la ciencia ficción que más tarde pasará al cine alcanzando un enorme desarrollo posterior.

En España, destaca la Generación del 27 que combinó el surrealismo con las vanguardias y la tradición lírica. A ellos se unen en Hispanoamérica Borges o Pablo Neruda.

Los medios de comunicación se multiplicaron, fue época de gran esplendor de la prensa, especialmente los grandes diarios y las revistas especializadas. La radio se expandió y sus ondas fueron el mejor instrumento de información y también de publicidad.

El cine pasó del mudo al sonoro. En USA tuvo un éxito arrollador, por su precio y por no dominar los inmigrantes el idioma inglés, muchos medios culturales  (prensa, teatro) estaban vedados a los extranjeros, eso fomentó el desarrollo del cine hablado, en otra muestra de búsqueda de aquella exclusividad anglosajona que señalábamos párrafos anteriores. La primera película que logró sincronizar el sonido con las imágenes se proyectó en Nueva York en 1927, se trataba de “el Cantante de Jazz”.

Entre las zonas más favorables para el rodaje destacó un poblado deshabitado llamado Hollywood. Las posibilidades de negocio hicieron que los productores asentados en Nueva York se trasladaran a California y que los grandes estudios crecieran alrededor de aquella zona. Nació la Meca del Cine y el “star-system” o lo que es lo mismo, un sistema de contratación de actores en exclusiva y a largo plazo con lo que se controlaban sus carreras, se hacía publicidad de las películas y de los actores como si se tratara de cualquier otro producto. A su vera crecen muchas de las manifestaciones culturales como negocio: moda, joyería, música…

En Europa, el cine alcanzó gran popularidad; se crearon obras maestras en torno a los movimientos expresionistas y surrealista. De este último, el máximo exponente fue “un perro andaluz” de Luis Buñuel (1929).

En música, los ritmos sincopados del hot y del Swing causaban furor. El Jazz continúa siendo la música más escuchada del momento. Duke Ellington, Louis Armstrong …Las grandes orquestas sinfónicas todavía tienen mucha popularidad. Las óperas y los compositores más conocidos crean fabulosas composiciones aún en estos años: Debussy, Strauss, Ravel, Mahler, Puccini… En el plano más popular, se fomentan los cabarets y las salas de baile. El charlestón es uno de los bailes más representativos de esta época. Extravagante como pocos, esta variedad del foxtrot representa mejor que ninguna el entusiasmo y alegría de la época.

Incluso en España, la moda y música de los años 20 se dejaron ver con alegría. Famosísimo fue el charlestón titulado “ Madre, cómprame un negro”, compuesto en 1928 por Ángel Ortiz de Villajos y cuya letra sería difícil que se pudiera escribir hoy sin causar un escándalo.

https://www.youtube.com/watch?v=ivo83Y8m6YE

En la pintura, la vanguardia se situaba en París, donde un nutrido grupo de jóvenes prometedores como Picasso, Modigliani, Man Ray, Matisse, Miró, Dali (el máximo representante del surrealismo), apostaban por una técnica y estilo nuevo que rompía la tradición.  Dentro de esas vanguardias destaca la “abstracción geométrica” siendo su precursor Wassily Kandisky, quien abandona conscientemente la figuración, para mostrar su expresividad a través de la armonía de la forma y el color. En esa misma línea, se encuentra Mondrian.

En la misma época, pero con menos ganas de frivolidad y alegría se desarrollo el “Realismo socialista” en Rusia a mayor gloria del nuevo régimen nacido tras la revolución.

Pero, si hay un movimiento artístico que sea el auténtico reflejo y compendio de los felices 20 fue el Art Decó.Desarrollado en París y más tarde cultivado en Hollywood como el estilo de las estrellas, fue durante años el símbolo del glamour. Su origen se encuentra en la Exposición Universal de 1900 en París, sin embargo, su explosión se dio en el período de entreguerras y unió a todas las artes (decorativas, gráficas, arquitectura, joyería, escultura, pintura, cine, cristalería, cerámica, moda…) en una amalgama de difícil definición que engloba desde gigantescos rascacielos a pequeños objetos; desde la ropa a la carpintería; desde la estatuilla del Oscar de Hollywood a un maravillo cuadro de Tamara de Lempicka, pasando por las ilustraciones, en España, del gran Rafael Penagos, protagonizadas por una nueva mujer, que pasaría a definirse como la “mujer Penagos” o la revolución de los patrones de Chanel o la  apuesta en joyería por los diamantes y las perlas…

El estilo Art Decó parte de líneas sobrias, con materiales preferentemente de origen industrial (acero, aluminio). Con la simetría como referente, la geometría como inspiración de cada elemento. El colorido en bloque, alegre y fuerte, directamente aplicado, sin mezclas, superando el dibujo, con apariencia de espontaneidad.  Es la simplicidad aparente, pero plena del adorno lujoso muestra del desarrollo burgués; el brillo exagerado frente a las restricciones de la IGM.

En suma, el art decó se caracteriza por su heterogeneidad y eclecticismo, como señala el diccionario de arte de Cambridge. Esa variedad y aparente falta de unidad de criterio permitió alcanzar dimensiones universales; en casi todos los países hay manifestaciones de art decó que a su vez se vio influido por el arte egipcio, el chino, japonés, por el ballet ruso o las formas hindúes… también adquiere elementos del Art Nouveau, del fauvismo…

El art déco representó el entusiasmo y la alegría de una época y de una sociedad en cambio, con ganas de disfrutar de su opulencia económica. Fue el reflejo de un cambio radical de la sociedad cuyo origen estaba en la revolución industrial, los avances sociales, las mejoras laborales y el cambio cultural anejo. Sin embargo, siendo el reflejo de una época concreta, ha influido, como casi ningún otro estilo, en las manifestaciones artísticas del futuro.

Esto fueron los felices años 20 del siglo XX. También lo fueron en España. Allí vivimos años de prosperidad económica tras nuestra neutralidad en la IGM y a pesar de la guerra de Marruecos. Fue la España de los mejores años de Alfonso XIII y aunque sufrimos la dictadura de Primo de Rivera que anticipaba una segunda República descontrolada, caótica y sangrienta, en aquella década construimos la mejor red de carreteras que nunca tuvimos y que fueron reconocidas como las mejores de Europa; la del desarrollo del ferrocarril; la de la Exposición Universal del 29; la de la expansión de la industria y el comercio; la de la confianza y la alegría; la que empezaba a tener importancia y prestigio fuera de nuestras fronteras. Aquella España que quedó aniquilada por el extremismo, la intolerancia, la persecución, el nacionalismo exacerbado de la II República y el enfrentamiento en la más incivil de las acciones, una guerra civil.

Ahora iniciamos otra década de los 20. A ver si conseguimos ir por la senda alegre y sin los errores de aquella que se inició hace cien años. Feliz año a todos.

 

 

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