Un héroe y un villano

Hoy toca volver la vista a un hilo, fijo discontinuo, en este blog: Héroes y Villanos. La realidad española actual, da para héroes y villanos, al tiempo. Así que hoy traemos a uno de cada. Voy a empezar por el traidor, para seguir con el héroe .

UN VILLANO: JUAN MANUEL DE VILLENA Y DE LA VEGA.

Estamos en la época final del reinado de los Reyes Católicos. Juana I estaba casada con Felipe el Hermoso ( realmente el gran traidor de la Historia de España fue el príncipe Felipe que conspiró contra el Rey católico para hacerse con el trono de Castilla y no dudó, para ello, en unir sus fuerzas con las del Rey de Francia. Sólo le importaba alcanzar el poder sin mostrar un ápice de sensibilidad con los auténticos intereses de España). Pero esa traición no hubiera sido posible sin el concurso de Don Juan Manuel de Villena y de la Vega, Señor de Belmonte.

Don Juan Manuel, era descendiente directo del Rey Fernando III el Santo y pertenece a la estirpe de los Manueles, otro de sus antepasados fue el literato y prestigioso infante Don Juan Manuel, autor de “El Conde Lucanor”.

Juan Manuel fue nombrado embajador en la corte de Flandes por el Rey Fernando el católico. Su función era informar al monarca aragonés sobre la vida de hija Juana recién casada con Felipe de Habsburgo (Felipe, el hermoso) y, de paso, protegerla.

El Señor de Belmonte, hombre de gran ambición e inteligencia, consideró que su futuro sería más halagüeño si se aliaba con el traidor Felipe que si era leal con su señor Fernando, y, así, pasa de ser “informador” del Rey Fernando, a ganarse la confianza absoluta de Felipe, el hermoso, y preparar de manera hábil el ascenso al trono del esposo de Doña Juana. Pues es Juan Manuel de Villena el diseñador de la estrategia de Felipe para buscar el apoyo del Rey de Francia en contra de la regencia de Fernando y evitar la unidad de los dos reinos peninsulares ( Castilla y Aragón), pues todo se fragua a la muerte de la Reina Católica en 1504. Además, es el intrigante que establece excusas y razones para apartar a Juana de los asuntos de Estado. Todo ello, lógicamente, enfada sobre manera al Rey Fernando. D. Juan Manuel pasó a encabezar las posiciones favorables a los borgoñones que se enfrentaron abiertamente contra Fernando.

Otro de los espías de Fernando en la corte flamenca, Fuensalida, escribió al Rey católico para señalarle que los propósitos del Señor de Belmonte eran aprovechar su apoyo a Felipe para ennoblecerse y constituirse en privado o valido del futuro Rey. Al lado de Belmonte se pusieron otros personajes ambiciosos del momento y, sobre todo, una gran parte de la nobleza y el pueblo castellano, enfurecidos por la boda de Fernando con Germana de Foix, la sobrina del Rey de Francia, lo que se consideró una traición a la memoria de Isabel la Católica. Sólo el Duque de Alba que se mantuvo fiel a Fernando.

A principio de 1506, por la concordia de Villafáfila, Fernando se retira a Aragón y Felipe, era nombrado, Rey de Castilla, como Felipe I por ser consorte de Juana I de Castilla, a la cual, según lo planeado por Villena, consiguió apartar de los asuntos palaciegos por culpa de sus problemas de salud.

Sin embargo, la fatalidad favoreció la unidad de España. Felipe cayó enfermo tras jugar un partido de pelota y beber agua helada mientras estaba sudando. Falleció a los pocos días. Juana se convierte de iure y de facto Reina de Castilla, sin embargo, toda la Corte era consciente de la debilidad mental de Juana, por ello, el Cardenal Cisneros decide llamar a Fernando en calidad de regente.

Durante el breve periodo de tiempo que duró el reinado de Felipe, la aristocracia castellana, que tanto había apoyado al rey extranjero, observaba, con animadversión, la posición predominante que alcanzaban en la corte los amigos flamencos del primer rey Habsburgo; no concibiendo la presencia de Juan Manuel como garantía alguna para la continuidad del predominio social y político que habían tenido hasta la llegada del flamenco.

Tras la muerte de Felipe, la enemistad de Juan Manuel con el Rey Fernando y la clara suspicacia que sentían los nobles castellanos hacia el Señor de Belmonte provocó su huida a Flandes, donde fue encarcelado.

Consiguió la libertad con la llegada de Carlos I al poder. El segundo Habsburgo le mandó de embajador a Roma y posteriormente le dio un puesto en el Consejo de Estado. Pero nunca volvió a tener el peso político que tuvo con Felipe y mucho menos el que aspiraba a tener, cuando traicionó al Rey Fernando.

HÉROE: BERNARDO DE GÁLVEZ.

Miembro de una relevante familia malagueña, de Macharaviaya, cuyos miembros ejercieron, siempre con brillantez, diversos puestos en el ejercito y la Administración, Bernardo de Gálvez fue una figura clave en la Independencia de Estado Unidos.

Entre 1756 y 1763 discurrió la llamada guerra de los 7 años, que concluyó con el tratado de París de 1763. Cabe recordar que España entró en la guerra contra Gran Bretaña tras el tercer pacto de familia con Francia. La victoria británica se manifiesta en el tratado de paz por el que España cedió la Florida a Gran Bretaña a cambio de retirar las tropas británicas establecidas de La Habana y Manila. Como compensación por la guerra perdida por Francia, el reino francés cedió toda la Luisiana a España.

En sus acuerdos con los británicos, ante la relajación, más aparente que real, de la posición británica en Centroamérica, España devolvió la Colonia del Sacramento   y los territorios conquistados a Portugal.

Terminada la guerra, Bernardo fue destinado a la Luisiana, donde, en 1776, sustituyó de forma interina al gobernador del territorio. Allí vivió la declaración de independencia de las trece colonias, cuyos representantes se habían reunido en la Convención de Virginia. España colaboró desde el principio con los primeros colonos; en un primer momento, de forma discreta, ya que el Rey español Carlos III dudaba si era conveniente a nuestros intereses intervenir en la guerra. Las acciones primigenias consistieron en avituallar a los colonos: armas, munición, medicinas …, así como ayuda financiera y refugio a sus barcos.

España colaboró, al final, tanto o más que Francia, aunque nunca hayamos sabido contar bien esta parte de nuestra historia. Ésta es una de tantas en las que nuestra publicidad en vez de ayudarnos nos oculta. Pero eso es otra historia.

La realidad del momento fue que la Corona no quería que se supiera que ayudábamos a los revolucionarios norteamericanos por miedo a que se extendieran esas ideas a nuestras provincias americanas. Tampoco deseaba que los británicos se enterasen de que los españoles prestaban ayuda a los revolucionarios antes de la declaración de guerra, que no llegó hasta 1779. Francia no tenía nada que perder, pero España sí y se lo pensó más, quería estar segura de que teníamos posibilidades reales de ganar la guerra, como así ocurrió. Por eso, a esta primera parte de nuestro apoyo se le suele conocer como “la guerra secreta”.

Para introducir la ayuda se utilizó como centro operativo el puerto de Nueva Orleans, capital de la Luisiana, lo que a su vez permitía la navegación por la cuenca del rio Misisipi, controlada por los españoles. Además, Galvez dictó una serie de disposiciones para luchar contra el contrabando, que, en realidad, consistía en el establecimiento de diversos elementos de control realizados por tropas españolas para obstaculizar el avance británico.

En junio de 1779 se rompieron las hostilidades entre España y Gran Bretaña y la guerra dejó de ser secreta.

Gálvez con una gran habilidad política y diplomática, con enorme capacidad estratégica y con heroica valentía como soldado, negoció con Washington y Pollock la ayuda española y planteó la situación militar con dos tácticas esenciales: a) intensificó las acciones para neutralizar la amenaza británica y favorecer las operaciones del Ejército Continental y b) atacó las posiciones británicas, pese a encontrarse en muchas ocasiones en inferioridad numérica, tanto en hombres como en medios. Suplió esas dificultades convirtiendo el factor sorpresa en una ventaja militar.

A partir del verano, Galvez, organizó un ejercito variopinto y remontó la cuenca del Misisipi, ganando las plazas de Manchac; Baton Rouge; Panmure de Natchez y controlando así toda la cuenca baja del gran rio americano, ampliando la zona de control española, dando, además, un golpe a la economía británica al impedir el comercio que los ingleses realizaban por el rio.

Desde allí decidió marchar hacia la Florida. Doblegó el fuerte Charlotte y poco después entraba en Mobila. Con ello abría un nuevo frente a los británicos.

Gálvez se preparó entonces para un nuevo objetivo: Pensacola. En los primeros meses de 1781, inició la campaña. La plaza estaba defendida por cerca de dos mil soldados, a los que había que sumar los colonos leales a la Corona británica y más de medio millar de indios que le eran fieles. La entrada fue audaz, de hecho, desde entonces es conocido por su lema “ yo sólo”. El motivo era las reticencias del oficial al mando de la escuadra española, José Calvo de Irazábal, renuente a atravesar la entrada de la boca de la bahía. Tras una enardecida arenga a las tropas, “el que tenga honor y valor que me siga. Yo voy por delante con el Galveztown para quitarle el miedo”, se precipitó hacia la bahía de Pensacola a bordo de su bergantín bajo el fuego de los cañones enemigos.

La toma de Pensacola fue un hito en su carrera militar, tras el que fue ascendido a Teniente General. Aquel verano se hizo con San Agustín- la ciudad más antigua del país, fundada por los españoles hace 450 años- y de ahí a la costa de la península de Florida. Con su valentía recuperó Pensacola para España y una buena parte de la península de la Florida .

España dominó vastísimos territorios de lo que hoy son los Estados Unidos durante más de tres siglos, hasta que en 1821 vendió el último territorio en poder español.

Conquistada la Florida, Bernardo de Gálvez siguió colaborando con los colonos durante los meses siguientes hasta el fin de la guerra, en 1783. Reunió una importante cantidad de dinero que hizo llegar a las tropas de George Washington, que en el otoño de 1781 se preparaban para librar la decisiva batalla de Yorktown, donde el ejército británico sufrió una derrota decisiva.

Oliver Pollock, agradecido por la ayuda, propuso al Congreso de Estados Unidos que se hiciera un retrato del Gobernador de la Luisiana y se colocase en las dependencias de la Cámara norteamericana. Aquel cuadro fue exhibido en una dependencia del Congreso de Estados Unidos, más tarde se perdió y se desconoce su paradero. Posteriormente, en 2014, se colgó otro retrato en el Congreso y el Senado Americano le distinguió, ese mismo año, con el título de ciudadano honorario.

La ciudad de Pensacola erigió por suscripción popular una estatua ecuestre de nuestro compatriota y cada 8 de mayo se celebra el día de Gálvez.

En cuanto al resto de la vida del héroe decir que el mismo año en que se firmó la Paz de Versalles, Gálvez regresó a España. Poco después fue nombrado Capitán General de Cuba y, en 1784, Virrey de Nueva España.  En noviembre de 1786, fallecía por causas naturales, cuando solo contaba 40 años de edad.

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