Consecuencias de la peste negra en Europa.

El siglo XIV suele datar el final de la Edad Media y determinar el inicio de la Edad Moderna. Este transito no se debió a una sola causa ni se transformó de repente el mundo al llegar al siglo XIV. Realmente, la humanidad había iniciado una larga transición desde el siglo XI. Aquellos cambios se suscitan en los ámbitos sociales, económicos, por el asentamiento en las ciudades, por las asociaciones de oficios (gremios) que no dejan de ser una manifestación lejana del empresariado y la burguesía, a los que se unía una serie de trabajadores asalariados urbanos que constituyen la avanzadilla del urbanismo y el sistema de libre comercio contemporáneo. Se producen avances técnicos en los sistemas manufacturero, agrícola, en las obras civiles, en los sistemas comerciales. Mejoró y, sobre todo, amplió los medios educativos y se elevó el interés por la ciencia y la técnica.

El avance no fue lineal y tranquilo estuvo acompañado de las hambrunas propias del medievo, guerras, crisis sociales y financieras, crisis sanitarias… Todos esos desastres contribuyeron, en ocasiones a provocar retrocesos en los avances ya acontecidos y, muchas otras, a provocar impulsos y atajos hacia el progreso.

Uno de esos desastres que acabó dando lugar a cierta prosperidad fue la peste negra. El Siglo XIV no empezó bien y continuó peor. Se suele identificar como uno de los siglos más nefastos de la historia de la Humanidad.Entre 1315 y 1317, se produjo una mini-glaciación que arrasó los campos, creando una gran hambruna. En 1328, muere Carlos IV de Francia, poniendo así fin a la dinastía de los capetos con el consiguiente enfrentamiento entre sus sucesores, enfrentamiento principal entre Francia y Gran Bretaña que dio lugar a la guerra de los 100 años.  Coetáneas a ella, surgieron enfrentamientos en otras partes del mundo, entre ellos, la guerra de sucesión de Castilla entre Pedro I, el cruel, y Enrique de Trastámara.  Pero el hecho más dramático del siglo XIV probablemente fue la peste que se desató entre 1348 y 1355 denominada peste negra, que acabó con un tercio de la población europea.

Hoy sabemos que la bacteria causante de la peste se transmitía desde algunos animales, probablemente desde las ratas o algún tipo de pulga , al hombre. Pero las deficientes condiciones profilácticas, los escasos conocimientos de medicina del momento y el miedo aterrador que se apoderó de la población, abandonando a su suerte a los enfermos, ampliaron la desgracia. Se cree que fallecieron en torno a 48 millones de personas.

Entre los impactos de la peste se encuentran dos que sobresalen sobre los demás: la radical disminución de la población y un cambio de mentalidad, diríamos que psicológico, ante la enfermedad y la muerte.

El impacto demográfico, trajo enormes consecuencias, unas directas, y otras derivadas de ellas.

  • La población rural se había desplazado a las ciudades en busca de alimento, pero dado el número de fallecidos, se creó en las ciudades gran cantidad de demanda laboral, sobre todo de oficios, que impidió la vuelta al campo de aquellas masas de población. Consiguientemente, el campo quedó despoblado, mientras la vida en las ciudades se revitalizaba y con ella, las mayores fortunas también se instalaron en las ciudades. La aristocracia rural, veía cambiar sus condiciones de vida. Ya no podían vivir de las rentas, tenían que arrendar los campos a no muy buen precio, explotarlos por sí mismo, cosa impensable hasta el momento, pagando cada vez un salario más alto a los agricultores para poder competir con las condiciones que se daban en las ciudades. Además, los burgueses de las ciudades compraban tierras, a precios muy asequibles y las explotaban invirtiendo en tecnología, con objetivos de alta rentabilidad y nuevas técnicas de comercialización. Fueron los burgueses y la parte de la vieja nobleza que supo adaptarse a los tiempos, los que consiguieron una época alcista y prospera en los cultivos, lo que repercutió en el resto de las actividades.
  • El Renacimiento fue una época de la ciencia y el estudio, en parte debido a los acontecimientos vividos, con una avidez de conocimientos para superar las crisis. Esta época nos dejó inventos como el papel, la aplicación de la pólvora a las armas de fuego, los altos hornos, la imprenta o el sistema de biela-manivela, que tantos usos tendría, además de innumerables innovaciones en la navegación y la cartografía.
  • Pero los avances técnicos alcanzaron a todos los sectores y en muchos casos asociados a aquel elemento demográfico que señalábamos. Uno de los elementos de la época feudal que desaparece por la peste es la abundancia de mano de obra, así que el desarrollo mecanicista, vinculado al avance de la ciencia, determinó la proliferación de las máquinas en sustitución de los braceros que, ahora, ya no existían. Entre esos avances estaban los matemáticos que influyeron en muchos sectores, pero de manera destacada en la construcción.
  • Filippo Brunelleschi y otros arquitectos, gracias a los avances matemáticos y al uso de enormes ingenios con poleas que permitían construcciones más elevadas, lograron realizar grandes obras, cúpulas espectaculares, edificios maravillosos que hoy admiramos, pero su verdadera importancia estuvo en las mejoras de los saneamientos de las ciudades, en dotar de solidez a las casas particulares, aportando limpieza a las estancias y locales, coadyuvando así a la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, y, por consiguiente, a la mejora de  su salud. Además, las máquinas redujeron el tiempo de construcción. Elemento, éste, el tiempo, que adquiere gran importancia, como veremos.
  • Aquella mejora de las casas contribuyó al desarrollo, todavía incipiente en el S.XIV, pero más desarrollado a partir del S. XV, de las artes decorativas, de los muebles, más confortables, de un desarrollo de la carpintería y la escultura de madera, de la realización de cofres, bancos decorados, camas, sillas y mesas más lujosas. De finos tapices, con telas más lustrosas a medida que se afianzaba el comercio. En este sentido, fue Italia, sobre todo a través de Venecia y el Milanesado por su comercio con oriente, la precursora de estas decoraciones y también en el engalanamiento de los nuevos burgueses con ricas sedas, lo que entronca con un deseo mucho más laico de vivir.
  • En las ciudades los negocios prosperan también por aplicación de nuevas técnicas organizativas y de racionalidad, entre las que destaca el uso del tiempo. La idea de la brevedad de la vida que entronca con la percepción psicológica de la muerte, llevó a apreciar el tiempo como algo excepcional, al que hasta aquel momento se había prestado poca atención. Ahora el tiempo se asocia a la brevedad de la vida. El reloj mecánico alcanzó un gran avance a lo largo de los siglos XIV y XV.
  • Las grandes epidemias del siglo XIV, principalmente la peste, pero también otras de malaria, cólera, tifus o lepra,contribuyeron al desarrollo de la prevención sanitaria. Las Juntas de Sanidad establecidas en Florencia y Venecia en 1348 para paliar los innumerables problemas que generaba la peste fueron un antecedente de las magistraturas permanentes que aparecerían en el siglo XV en Milán, Florencia y Venecia, y que son propias de la burocracia administrativa de la Edad Moderna. Además, en el paso del siglo XIV al XV disminuyó la reverencia que se profesaba hacia el cuerpo humano, que empezó a investigarse desde un punto de vista médico. La representación plástica renacentista del hombre como un ser bello y proporcionado despertó el interés por la anatomía, y, desde esta ciencia, la curiosidad se extendió también hacia la fisiología.
  • En el trayecto del hombre medieval al renacentista tuvo un peso determinante la experiencia de la muerte, siendo éste el segundo gran factor que cambio la vida en la Edad Moderna frente al Medievo, como señalábamos al principio.

Cambia el concepto de la muerte tanto desde el punto de vista religioso como en el artístico.

  • Religiosamente, la peste transformó el sentido de la vida y centró la trascendencia al momento de la muerte. Se descuidó todo propósito de una vida cristiana; el sentido de la existencia centrado en el tránsito al más allá, se manifestó en un temor ante la incertidumbre de la salvación que poco tenía que ver con el feliz encuentro con Dios, propósito de toda vida cristiana. En el temor ante el Juicio Final, afloraba el sentido de lo macabro, una reacción de repulsa ante la fealdad de la muerte y la visión del cuerpo putrefacto. Además, surge una visión de la muerte como una entidad neutral, que llegará por igual a ricos y a pobres; a buenos y a malvados de este mundo. No es una fuerza ética o moral, sino imparcial.
  • Desde el punto de vista artístico emerge una iconografía de la muerte como un ser que actúa por propia iniciativa y cuyo poder se antoja irresistible. “Una mujer en negro manto envuelta / con tal furor que yo no sé si nunca / en Flegra mostrarían los gigantes”, canta el poeta Petrarca enEl triunfo de la muerte, en el siglo XIV. Además, aquel concepto neutral de la muerte aboca a un antropocentrismo, una valoración del individuo, de la vida como algo propio y breve que acaba con la muerte y que alberga una melancolía por el abandono de los goces terrenales. La danza de la muerte de Michael Wolgemut representa este sentir en la pintura, recogiendo una trayectoria literaria que nace en Francia y se extiende por Europa.

Hay también un lamento por el deterioro físico y un anhelo de gloria, de querer perdurar en la vida terrenal, muy característico del Renacimiento, incluso entre los que conciben la vida como transito cristiano hacia el más allá, recordemos las “Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique, que se sitúan más en este segundo sector.

Asimismo y por el mismo motivo, las tumbas se engalanan para elevar los muertos hacia el perpetuo recuerdo e, incluso, en cierto modo, competitivo, por incrementar la presencia decorativa que sitúe a unos muertos por encima de otros a modo de poder y renombre, mucho más terrenal que espiritual. Por esta misma concepción, por primera vez, el retrato adquiere tintes de género pictórico. Los grandes hombres del Renacimiento querrán perpetuar su grandeza en un vano deseo de supervivencia humana, de inmortalidad corporal.

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