DESPOTISMO Y DESPOTISMO ILUSTRADO

A decir del diccionario de la RAE

Despotismo se define en dos acepciones:

  1. m. Autoridad absoluta no limitada por las leyes.
  2. m. Abuso de superioridad, poder o fuerza en el trato con las demás personas.

El despotismo, políticamente hablando, se expresa en el régimen político gobernado por el temor y la corrupción, no existe posibilidad de expresión de los ciudadanos, y el déspota -sea un hombre, un grupo de ciudadanos o una asamblea- impone por el miedo sus normas; sólo en tal régimen, sólo en tal opresión, las divisiones son reales por debajo de la capa de uniformidad, de conformismo social. Esa uniformidad a veces se apodera de los menos formados, en ocasiones ,también de las grandes inteligencias.

En su forma clásica, el despotismo es un sistema de gobierno en el que una sola persona ejerce todo el poder y la autoridad que contiene el Estado. Esta forma de mando era común en las primeras formas de la estatalidad y la civilización, el faraón de Egipto es un ejemplo clásico del déspota, puesto que, una de sus esencias del despotismo era la concentración del poder en manos del monarca por provenir su derecho del orden divino .

El despotismo acabará desembocando y entroncando con el Absolutismo, que no dejaba de ser un sistema de gobierno, propio de las monarquías tradicionales, en el que todo el poder, era ejercido por el rey sin limitación institucional alguna, fuera de la propia ley divina. El rey era identificado como la personificación del propio Estado y por el origen divino del mismo sólo podía heredarse por sus hijos. Se sitúa en el periodo histórico conocido como Antiguo Régimen y cuya datación se inicia en el S.XVI, con la formación de los Estados-Nación, es decir, los estados modernos y que alcanza el S. XVIII. Luis XIV de Francia, el rey sol, es uno de sus mayores representantes .

En España, por coincidencia temporal, el absolutismo habría que relacionarlo en su inició con el periodo de Carlos V, prolongándose a la dinastía de los Borbón. Pero los Austrias, mantenían un sistema de consejos y ciertas atribuciones a la nobleza que impiden asociarlo al modo europeo de absolutismo radical.  En comparación con otros países de la Europa Occidental en España el absolutismo llegó más tarde y finalizó más tarde y fue Felipe IV el que estuvo más cerca de pasar por un rey absoluto al modo francés por influencia del Conde Duque de Olivares. Fueron los borbones, con Felipe V, los que introdujeron el absolutismo francés, pero, realmente su posición se acerca ya al Despotismo o absolutismo ilustrado.

El siglo XVIII marca el inicio de un cambio, que a la postre será un gran cambio. El movimiento ideológico de la Ilustración estaba contra las instituciones y amenazaba el régimen absolutista. Bajo este contexto, nace el “Despotismo ilustrado” (término acuñado en el siglo XIX para definir una situación del siglo XVIII). Su ideación es una estrategia para que los monarcas pudieran mantener su poder absoluto usando el argumento de que el Estado tenía el papel de padre protector de sus súbditos. Su forma de actuar tenía tres características esenciales: 1) supuso una reafirmación del poder absoluto de la Monarquía, por lo que no significó ninguna ruptura con la tradición política absolutista anterior. 2) Se planteó el ideal del “rey filósofo”. El monarca, amante de las artes y las ciencias, era asistido por las minorías ilustradas, sabía lo que convenía a los súbditos, y estaba en condiciones de impulsar reformas racionales necesarias para el conjunto de la sociedad con el fin de progresar y otorgar la felicidad al pueblo. Realmente, esta segunda característica procedía del renacimiento cuando ya los reyes eran mecenas antes de intentar convivir con la Ilustración. 3)  Aquella cortina de moderación que tuvo la monarquía clásica para sobrevivir, tuvo como base de actuación el fomento de la prosperidad, la cultura y los avances de sus países y súbditos, pero con la peculiaridad de hacerlo desde la élite: “Todo por pueblo, pero sin el pueblo”. El despotismo ilustrado pertenecía a un sistema de gobierno propio del Antiguo Régimen europeo, pero incluyendo las ideas filosóficas de la Ilustración, según las cuales, las decisiones del hombre son guiadas por la razón y, en aquella interpretación monárquica, ejecutadas por la monarquía que seguía concibiéndose como único representante de la Soberanía por gracia de Dios.

Entre los monarcas ilustrados más significativos del periodo deben ser citados los ejemplos de José I de Portugal; Federico II el Grande de Prusia; Catalina la Grande de Rusia, José II, Emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico y, en España, el gran ejemplo es Carlos III. Todos ellos impulsaron reformas en distintas áreas (educación, justicia, agricultura, libertad de prensa o tolerancia religiosa).

La efectividad de estas medidas fue amplia en el campo económico y en las condiciones de vida de sus sociedades, sin ellas no se hubiera desarrollado una burguesía pujante que a la larga los desaloja del trono o bien los modera en su poder. Es característico de estos monarcas rodearse de grandes hombres, siempre ilustrados que aplicaran o diseñaran las reformas que se pretendía imponer. Así Voltaire asesoró a Federico II ; Diderot a Catalina II, gracias a la cual Diderot conservó su magnifica biblioteca, que ha llegado a nuestros días. En Portugal el artífice de las grandes reformas fue el Marqués de Pombal y en España recordaremos al Conde de Floridablanca, Campomanes, el Conde de Aranda o Jovellanos. Extendiéndonos mínimamente en el caso español, señalaremos que las reformas emprendidas por Carlos III, ya con sus ministros españoles tras la oposición del pueblo a las medidas de los primeros italianos ( ver entrada sobre el Motín de Esquilache) abarcaron todos los órdenes:

Se plantearon reducciones del poder de la Iglesia, que culminaron con la expulsión de los Jesuitas, también se limitó el poder de la Inquisición, se modificaron costumbres de la religiosidad popular y se puso especial empeño en aumentar la formación de los eclesiásticos, elemento de transmisión de valores entre el pueblo.

Económicamente, en el sector agrario se intentó controlar a las oligarquías locales, para ello se introdujeron en los gobiernos municipales cargos elegidos por la población –síndicos y diputados del común-, aunque acabaron controlados por el señorío local. También, se hizo una reforma agraria que nunca se llevó a cabo en toda su extensión pero que ha dejado una interesante documentación sobre las propuestas ilustradas, sobre todo, de Jovellanos. Se limitaron los derechos de la Mesta y se repoblaron zonas despobladas, especialmente interesantes, fueron las de Sierra Morena y también se desamortizaron algunas zonas comunales. Se liberó la circulación y el comercio de cereales y vinos y el comercio con América. Fue la época dorada de las Sociedades Económicas de Amigos del País, impulsadas por el Ministro José Gálvez y por Campomanes.

En el plano institucional se estableció el sistema de quintas – servicio militar- y se crearon las distintas armas en el ejército.

Quizá la reforma más interesante en cuanto supuso un importante cambio social, fue la Real Cédula de 1783 que establecía que los oficios no eran deshonrosos. También se intentó el control de grupos marginales como vagabundos o gitanos.  En este terreno social fue importante la labor a favor de la educación, las instituciones culturales y científicas. También tuvieron algunos fracasos, como el cambio del plan de estudios universitarios que contó con la oposición de la Universidad de Salamanca que aprobó el suyo propio, el cual, a la larga, fue el que se impuso en toda España.

En las obras públicas realizó el Canal Imperial de Aragón y un plan de carreteras radial con origen en Madrid y destino en Valencia, Andalucía, Cataluña y Galicia que fue la base del sistema de carreteras que tenemos hoy en día. En la Industria fomentó la de bienes de lujo: platerías, porcelanas, alfombras, cristalería ( famosa las del Buen Retiro o la Granja).

Hizo hospitales públicos, servicios de alumbrado y recogida de basura, uso de adoquines, una buena red de alcantarillado, que embellecieron y sanearon las ciudades, especialmente Madrid. En la capital, además, ejecutó un ambicioso plan de ensanche, con grandes avenidas; monumentos y museos que le granjearon al Rey el sobrenombre del mejor alcalde de Madrid.

Para financiar todo esto ideó un sistema para aumentar la recaudación fiscal: la Lotería Nacional y para la ordenación de fondos se creó el Banco Nacional de San Carlos, antecedente del Banco de España.

Volviendo al plano mundial, a pesar de las mejoras introducidas por el Despotismo ilustrado, la libertad que la Ilustración buscaba no se consiguió. Los ilustrados apoyados por los burgueses, clase mercantil emergente, comienzan a difundir la noción de libertad del hombre entre el pueblo. Comienzan así los crecientes conflictos sociales y políticos que desencadenarán en la Declaración de Independencia Americana de 1776 y la Revolución Francesa en 1789, poniendo fin al Despotismo ilustrado. En ambos casos, el alzamiento burgués supuso la aceptación de sistemas constitucionales que se basaban en la separación y contrapesos de los poderes del Estado, ideada originariamente por Montesquieu y esencia de la democracia.

Decía Montesquieu que,  todo hombre que tenga poder tenderá insensiblemente al abuso; el amor al poder -apunta Montesquieu- es en el hombre insaciable y “casi constantemente agudizado y jamás saciado por la posesión”. “Es que los hombres abusan de todo”, escribe en sus cuadernos, y “hasta la virtud necesita límites”. Esta sed de poder sería uno de los resortes, por lo demás positivo, que pone en movimiento al hombre, al movilizar la pasión de la ambición -la más potente, junto con la del amor, para los ilustrados-, que además aumenta su fuerza si, por contrapartida, no encuentra más que la tendencia al reposo de los otros, esto es, la pasividad de los otros.

Ese pensamiento y la idea de respeto a la libertad, la propiedad, a los derechos humanos los veremos plasmar de manera práctica en el mundo a través del constitucionalismo que sigue a las revoluciones liberales. Pero no todas las constituciones recogen esos principios de separación del poder de manera real, en algunas es mera retórica.

Precisamente, en las situaciones donde el constitucionalismo es meramente formal, hoy en día, hablamos de dictaduras, tiranicidio y en ellas el déspota domina a través del castigo, la violencia y siempre el miedo. La dictadura es una forma de gobierno sin restricción ni por la constitución ni las leyes y donde a la oposición no se la deja que exista, en ocasiones de manera evidente, en otras, más sibilina. Ejemplos de ello tenemos demasiados en nuestros días, sólo hay que abrir el periódico. Son ejemplos de que el Despotismo no ha sido derrotado.

BIBLIOGRAFIA

Hº Universal. Ed Espasa- Calpe.

ROBERTO FERNÁNDEZ DÍAZ. ” La España de la Ilustración”. Ed Espasa-Calpe

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