EL MOTÍN DE ARANJUEZ

Antecedentes

Parte de la historiografía ha definido el reinado de Carlos IV como el reinado de María Luisa de Parma y de su favorito, Godoy, separados del Príncipe de Asturias por un abismo insalvable y acrecentado por las maniobras del propio Godoy que instigó y malmetió a Carlos IV contra su hijo siempre que tuvo ocasión y, así, en medio de la desunión familiar, mantener la influencia y el poder. Fernando, harto del valido, se hizo rodear de los enemigos de aquel y con ellos conformó lo que fue llamado “partido fernandista”.

El motín de Aranjuez marca el fin de Godoy y el inicio de un proceso revolucionario que culmina en la guerra de la independencia frente a Napoleón. Las circunstancias que llevaron al levantamiento del pueblo en el Real Sitio de Aranjuez fueron las siguientes:

  • La guerra contra el Reino Unido.

En agosto de 1796,  Manuel Godoy firmó con los franceses el tratado de San Ildefonso, en virtud del cual ambas naciones acordaron iniciar una política conjunta ( pactos de familia) contra Gran Bretaña y socorrerse militarmente en el caso de que una de las partes lo pidiera.

La guerra dura hasta 1802, aunque quizá convendría alargar su datación hasta 1805. Los enfrentamientos provocaron graves problemas económicos a España, pues los barcos españoles provenientes de América sufrieron ataques continuos por la armada británica y consiguientemente, generaron escasez de materias primas en España, crisis económica y hambre. Además, el bloqueo de Cádiz permitió a los virreinatos americanos comerciar por su cuenta, en un paso previo a incendiar aquellas provincias con procesos independentistas; por si fuera poco, aquel bloqueo naval en Cádiz supuso la pérdida de fuerzas navales que defendieran las costas españolas. El 21 de octubre de 1805,  se produce la derrota de Trafalgar ( en el marco de la tercera coalición formada por Gran Bretaña, Austria, Rusia, Nápoles y Suecia frente a Napoleón. Mientras España mantenía sus alianzas con Francia). Aquella derrota puso al pueblo y a parte de la nobleza en contra del gobierno; también al clero por temor a que la solución a la crisis recayera en alguna forma de desamortización de sus tierras o de las de los comunes.

  • El Proceso de El Escorial

En un momento de enfermedad de Carlos IV, Godoy intentó desheredar a Fernando. Primero propagó la especie de que Fernando era un incapaz y dado que sus hermanos eran menores de edad, no quedaba más remedio que nombrar un regente en caso de fallecimiento de Carlos IV. Pero, con su habilidad habitual y sus obscuras maniobras hizo ver a Carlos IV,  en vez de su enfrentamiento con el heredero, una traición de Fernando hacia su padre, un acto de usurpación al trono; por ello, el 30 de octubre de 1807, Fernando fue preso ,acusado de alta traición. Dando una vuelta de tuerca aún mayor a los acontecimientos, Godoy se presentó, entonces , como mediador entre padre e hijo y logró la liberación del Príncipe, pero consiguió que el proceso judicial siguiera para sus partidarios. El pueblo estaba convencido de que todo era una turbia maniobra del valido; no sólo el pueblo, el Consejo de Castilla, encargado de instruir la causa, dictó sentencia absolutoria de todos los procesados. Este fue el llamado “Proceso de El Escorial” , cuyas consecuencias, a la larga , fueron contraproducentes para España y para Godoy pues, de un lado, demostró la desunión y debilidad de la familia real y, de otro, el pueblo quedó indignado y predispuesto a la revolución.

La ambición de Godoy se vio, teóricamente, satisfecha cuando por el tratado de Fontainebleau logró ser nombrado Príncipe. Por tal tratado, Portugal se dividió en tres partes: a) la Lusitania septentrional quedaría en manos de la reina de Etruria ( hija de Carlos IV); el principado de los Algarves sería para Godoy y 3) la zona central entre el Duero y el Tajo quedaría a expensas de futuras compensaciones

  • El tratado de Fontainebleau

El 27 de octubre de 1807, se firmó el tratado de Fontainebleau por el que España se comprometía a dejar el paso libre a las tropas francesas y unir a ellas sus propias armas contra Portugal. Con esta medida, Napoleón buscaba invadir España y con ello lograr dos objetivos: a) una razón estratégica de afianzamiento de su bloque continental y b) eliminar a los borbones del trono de España, para que su sombra legitimista no se proyectara sobre la licitud de la “dinastía napoleónica” en Francia.

Por el tratado, el 10 de diciembre de 1807, entran por Irún 24.400 soldados franceses con el General Dupont al frente. Pero, al tiempo y sin que esto estuviera previsto en los acuerdos, se asentó, entre Burdeos y Bayona, otro ejército con 30.000 hombres al mando de Moncey. En enero y de manera sucesiva, se dan diversas órdenes para la entrada paulatina de aquel ejercito de reserva, ahora, ya incrementado en número hasta alcanzar los 90.000 soldados, que se sitúan en Figueras, Montjuich y Pamplona. A la vista de los acontecimientos y alarmado por ellos, Godoy escribe una carta a Carlos IV el 5 de febrero. Realmente, Godoy no se fiaba de Napoleón ni del Príncipe heredero. Además, algunos incidentes locales contra las tropas francesas, que fueron acogidos a su entrada de manera amistosa, provocaron un incipiente malestar popular.

Todo se complicó por el consejo de Godoy al Rey de trasladar la Corte a Cádiz y desde allí, si la situación empeoraba, trasladarse a América y seguir dirigiendo España desde las provincias del otro lado del Atlántico. Toda la historiografía reconoce que este consejo de Godoy era bueno y adecuado y que el transcurrir de los acontecimientos hubiera sido otro de haberle hecho caso. Sin embargo, todas sus anteriores maniobras para hacerse con el trono provocaban que los fernandistas desconfiaran de él en todo y por todo, de forma que, si Godoy aconsejaba una cosa, los fernandistas opinaban lo contrario. En medio de esa discusión,  Godoy, procedente de Madrid, llega a Aranjuez donde estaban los reyes y da orden de trasladar la Corte a Sevilla.

El Motín de Aranjuez.

Para acompañar al monarca, Godoy, manda a los ejércitos de Solano y Carrafa trasladarse a Aranjuez y, sin estrépito, a otra buena parte de las tropas que estaban en Madrid, moverse igualmente al Real Sitio. Esta decisión sirvió para que los partidarios del Príncipe de Asturias mostraran su oposición frontal al traslado.

En Madrid, el Conde de Montijo se encargó de unir en torno al príncipe a la nobleza y de lograr el beneplácito del Consejo de Castilla a sus posiciones. En el Consejo de Ministros del día 14 de marzo , el Marqués de Caballero se negó a firmar cualquier documento que supusiera el salvoconducto para el traslado de la Corte. Carlos IV, lleno de confusión, ordenó que se consultara al Consejo de Castilla que, previamente posicionado como hemos visto, se opuso a la orden de traslado.

Al pueblo ya habían llegado los rumores de la marcha de los reyes lo que generó movimientos de inquietud, para calmarlos se dictó una proclama de Carlos IV que desmentía la posibilidad de cualquier viaje y al tiempo que se publicaba la nota se vio a los reyes pasear por la ciudad. Pero estos rumores mantuvieron al pueblo expectante y más cuando el Real Sitio se llenó de tropas. Además, el conde de Montijo y otros nobles habían soliviantado a los habitantes de los pueblos limítrofes para que acudieran a Aranjuez a defender al Rey. El Plan para echar a Godoy estaba en marcha con tres elementos básicos: la nobleza, la utilización del pueblo y el apoyo del ejército.

En la noche del 17 al 18 de marzo, se formaron en Aranjuez numerosos grupos de embozados, armados con palos que circulaban en silencio por las calles del lugar, capitaneados y coordinados por el ya conocido conde de Montijo. No se sabe con certeza, pero parece ser que, a una señal que estableció el Príncipe Fernando, posiblemente, una luz en una ventana, las tropas del ejército ocuparon todos los caminos por los que se podía abandonar la ciudad mientras el pueblo rodeaba el palacio. Aunque los Reyes se asomaron a las ventanas para hacer ver que no se habían ido, los grupos de ciudadanos, no muy tranquilos, se dirigieron a la casa de Godoy; destrozando a hachazos la puerta principal, entraron y saquearon la casa, menos una pequeña habitación en la que el valido, oculto entre alfombras, se había encerrado.

Ante tal situación, y con la intención de salvar la vida del valido, el Rey firmó un decreto, a las cinco de la mañana, por el que tomaba personalmente el mando del ejército y la Marina y exoneraba a Godoy de todos sus cargos. Tras la real proclama parecía que todo volvía a la calma y paz cotidianas, hasta que en la mañana del 19 Godoy salió de su palacio y fue descubierto por la turba, que intentó rematar su venganza, aunque tal circunstancia no se consumó por intervención de las tropas de defensa del valido, su Guardia de Corps. Esto evitó males mayores, a lo que contribuyó también que, el futuro Fernando VII calmara a la gente prometiéndoles que enjuiciaría Godoy. Incumpliendo su promesa, Fernando intentó enviar al favorito de la Reina M. Luisa a Granada y así evitar su juicio. Se produjo una nueva sublevación del pueblo, que se zanjó por la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando el mismo 19 de marzo a las siete de la tarde. Así comenzaba el reinado de Fernando VII al que, en aquel momento, el pueblo acogió lleno de entusiasmo y esperanza.

Los acontecimientos de Aranjuez fueron los primeros estertores de la agonía del Antiguo Régimen en España; la muestra de la debilidad de la corona en manos de un valido que, gracias a la intervención popular, fue neutralizado y expulsado del poder, pero también supuso la llegada al trono de uno de los peores, sino el peor monarca de la Historia de España, al que se proclamó con entusiasmo y esperanza antes de comprender que era un felón cuyo reinado trajo consecuencias nefastas para España y que, a decir de Raymond Carr, aún sufrimos.

En aquel momento, el pueblo español mostró su valentía en contra del tirano sin legitimidad, poco después, esa valentía salvará a la Nación frente a Napoleón. Su símbolo: el levantamiento del 2 de mayo en Madrid, pero esa ya es otra parte de la Historia.

BIBLIOGRAFIA

VICENTE PALACIO ATARD. La España del S. XIX. Espasa Calpe. 1981.

UBIETO, REGLÁ, JOVER Y SECO. Introducción a la Historia de España. Ed. Teide. 1983.

RAYMOND CARR . España, 1808-1975. Barcelona, 1996.

ANGEL MARTINEZ DE VELASCO: “La España de Fernando VII”. Ed Espasa.1999

 

 

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