EL EXPOLIO DE LA REPÚBLICA- El ORO

En esta segunda entrega del expolio nos vamos a centrar en el oro como hilo conductor. Realmente, estos que vemos hoy no son acontecimientos diferenciables de manera radical de los explicados en el expolio artísticos, como veremos.

El 13 de septiembre de 1936 Madrid se despertaba con las noticias de intensos combates en los que parecía que los republicanos llevaban la iniciativa: en el Alcázar de Toledo en donde resistía el General Moscardó. Oviedo estaba siendo bombardeada y la artillería cañoneaba Teruel. España llevaba escasos dos meses de “levantamiento militar” y el gobierno de la República infravaloraba públicamente el avance de los “nacionales”. Presidia el gobierno el socialista Largo Caballero quien nombró a sus correligionarios Negrín y Prieto como ministros de Hacienda y de Marina y Aire, respectivamente .

Azaña, Presidente de la República, firmó aquella mañana un decreto reservado por el cual autorizaba “el transporte, con las mayores garantías, al lugar que estime de más seguridad, de las existencias que en oro, plata y billetes hubiera en aquel momento en el establecimiento central del Banco de España”. Pero no sólo eso, Negrín logró de un Azaña enfermo autoridad para enajenar todos los bienes del Estado en el extranjero a favor de una sociedad anónima, casualmente, controlada por él, Negrín.

Azaña fue engañado, nunca le dijeron que el oro iba a Moscú, sino a la base naval de Cartagena, donde se trasladó el oro en una primera etapa, custodiado por la brigada motorizada del PSOE. A Azaña se le ocultó durante un tiempo el envío a Rusia porque, según Largo Caballero,  “se hallaba entonces en un estado espiritual verdaderamente lamentable”. Aquel traslado se hizo , igualmente, sin el conocimiento de las Cortes, ni del resto del Gobierno. Sólo los nombrados anteriormente sabían del asunto. La justificación expuesta posteriormente señalaba que se hizo en secreto para evitar el escándalo de las democracias occidentales. Si hay un escándalo es que algo no se hace bien, por tanto, ya preveían que poner aquel oro a buen recaudo suponía ponerlo en manos de Stalin. Negrín era el hombre de Stalin en España. Había llegado al Gobierno de la mano de Prieto y en 1937, tras eliminar Stalin los apoyos a la CNT y al POUM, alcanza la Presidencia del Gobierno.

Los hechos se sucedieron así: la madrugada del 13 al 14 de septiembre de 1936, unidades de carabineros, milicianos socialistas y anarquistas y medio centenar de cerrajeros y trabajadores metalúrgicos irrumpieron en la cámara acorazada de Banco de España. Allí se almacenaba y custodiaba la cuarta reserva de oro del mundo formada por las reservas de oro del Estado español, así como miles de cajas de seguridad contratadas por particulares para mantener a buen recaudo sus ahorros. Las instalaciones eran nuevas y su cámara acorazada estaba considerada una de las más seguras de Europa. El traslado debía ser firmado por el cajero principal de la entidad, que fue secuestrado por milicianos a punta de pistola en su casa y llevado a las dependencias del banco. Allí se le exigió que firmase la autorización de apertura de las cámaras acorazadas y de las cajas de depósitos privados. Se negó en reiteradas ocasiones y, para evitar firmar aquel latrocinio, decidió suicidarse -algunas fuentes señalan que fue asesinado por los milicianos y luego se fingió su suicidio-.

Durante días se cargaron en secreto siete mil ochocientas cajas de oro de 75 kg. de peso cada una, conteniendo monedas de alto valor numismático y lingotes que fueron trasladadas a Cartagena. Aunque no se sabe con certeza lo apropiado, si se calcula que, como poco estaba en torno a los 5.240 millones de pesetas de la época –unos 15.000 millones de euros actualmente, 20.000 millones si se considera su valor numismático-.

En el recuento oficial en Cartagena se depositaron 7.900 cajas de oro, de las cuales 7.800 fueron embarcadas en los buques Kine, Neve y Volgoles, el 25 de octubre,  con destino al puerto ruso de Odessa. Es decir, en el transito, habían desaparecido 100 cajas con, aproximadamente, 7.000 kg. de oro de 24 quilates; nunca se sabrá con certeza porque el cargamento no se inventarió.

El tesoro fue a Rusia, pero de Stalin nunca hubo ni tan siquiera un recibo que justificase la entrega y Negrín durante su exilio se negó a rendir cuentas.

Acompañaron al cargamento cuatro funcionarios (claveros del Banco de España)  que fueron retenidos por Stalin hasta octubre de 1938 y sólo entonces se les permitió salir para lugares dispersos del extranjero: Estocolmo, Buenos Aires, Washington y México. El embajador español en Moscú, Marcelino Pascua, fue trasladado a París y los funcionarios rusos que participaron en el saqueo del oro de España fueron fusilados en su mayoría. Es evidente que había interés por ambas partes en silenciar aquel expolio. Seis meses después de la llegada del oro español a la Unión Soviética, el Gobierno de Stalin publicaba el aumento de las reservas de oro en el Gosbank -banco central de la Unión Soviética- y lo achacaba a la mejora económica del régimen comunista. Evidentemente, aquello no era cierto, era el oro del Banco de España que había sido incluido a las reservas rusas y no se reconocía su pertenencia a España.

Negrín, Prieto y Largo se extendieron en justificar la salida del oro por la necesidad de comprar armas y dado que las puertas de los países demócratas estaban cerradas no les quedó más remedio que acudir a Moscú. Gracias a José Ángel Sánchez-Asiaín y a su ensayo: “El sistema financiero de la República durante la guerra civil” (publicado en el Boletín de la real Academia de la Historia, tomo CCI, Cuaderno I) sabemos que varios de los consejeros del Banco de España que permanecieron en la zona republicana no acudían a los consejos por miedo a ser “paseados.” Naturalmente, esta situación y otras similares las conocían los círculos financieros europeos y norteamericanos, que no querían contribuir a la implantación de una dictadura soviética.

Quizá debamos hacer un breve repaso a la situación de compra de armamento de ambos bandos para comprender que aquella enorme fortuna debía haber servido para comprar las mejores armas del mundo, ya que, como decía Napoleón, para ganar una guerra hacía falta dinero, dinero y dinero; y, sin embargo, en la guerra civil española, hizo falta dinero, dinero y dinero para perderla.

El Gobierno de Madrid tenía todo el oro enviado a Moscú y otro mucho incautado; los nacionales no tenían más que su palabra, donativos y créditos personales y los escasos fondos públicos que había en las ciudades que desde el primer momento se pusieron de su lado. A partir de esa relación, la rentabilidad que los nacionales obtuvieron de su menguado patrimonio fue muchísimo mayor que la de sus enemigos. Francisco Olaya Morales, historiador anarquista, en su obra “El expolio de la República. De Negrín al Partido Socialista, con escala en Moscú: el robo del oro español y los bienes particulares” Belacqua, 2004, resume así la situación del bando republicano “la corrupción y el desorden prosperaron y proliferaron, generalmente, porque encontraron el terreno apropiado a su fermentación en la irresponsabilidad gubernamental y en el asenso y la complicidad de las direcciones políticas”. Tal afirmación viene corroborada por multitud de datos, así, el Gobierno populista fundó diversas sociedades, como Campsa Gentibus y la Central de Exportación de Agrios, con multitud de comisiones cuyas funciones se superponían y cuyos empleados en ocasiones trabajaban más para su lucro que para el interés común. Las autoridades de Madrid y Valencia recibían informes del personal leal en los que denunciaban la corrupción y la incompetencia, pero nada se hizo para remediarlo. El autor insiste en que cientos de millones de pesetas, aparte del famoso oro de Moscú, se perdieron en compras inútiles y en sobornos. Incluso Gobiernos socialistas como el checoslovaco trataron de deshacerse de material militar sobrante mediante su venta al Frente Popular.

Los nacionales también pagaron sus armas, lo hicieron bajo los empréstitos que les concedió el gobierno alemán y cuyos pagos se realizaron a base de materias primas de los productos españoles, normalmente del campo, cuando hubo cosechas; pero los nacionales supervisaron todos los envíos, no admitieron armas defectuosas y al finalizar la guerra consiguieron alargar los plazos de pago, además de renegociar la deuda con los alemanes y lograr una condonación de casi la mitad de la misma. Por el contrario, los republicanos fueron estafados y se dejaron estafar por Stalin. Negrín desde un primer momento, se puso en manos de Stalin. Éste facturó las armas entregadas por Moscú con un sobrecargo de un 25 o un 30%. El modo de hacerlo fue calcular un cambio del Dólar al Rublo en el que este último, por arte de Stalin, valía más que la moneda americana, saltándose el cambio oficial. Es decir, las diferencias entre el cambio oficial y el aplicado fueron astronómicas. Tanto Azaña como el General Vicente Rojo denunciaron el mal uso del dinero y del fraude que supuso que muchas de las armas compradas fueran defectuosas.

Para seguir logrando armas, la plata depositada en el Banco de España, quedó almacenada en Murcia hasta que, ya al final de la contienda, en julio de 1938, fue vendida a Francia y Estados Unidos.

Pero toda esta inoperancia en las compras y suministros no se debió a la estafa soviética únicamente, sino a que muchos de los dirigentes republicanos se prepararon un exilio cómodo con las riquezas que no eran suyas. Ya vimos como muchos de ellos se apropiaron de objetos de arte para venderlos y obtener dinero, sobre todo, a medida que la guerra iba mal para los republicanos, pero, en el caso del oro, el expolio se inició nada más comenzar la contienda, sin haber luchado ni perdido nada y lo hicieron personajes conocidos por todos y que son reconocidos en todos los libros de historia, incluso en los hagiográficos que intentan justificar sus acciones, pero las actividades ahí están. No se debe olvidar que, los mismos modos empleó la Generalidad catalana, dirigida por Esquerra Republicana o el PNV en el País Vasco.  Prueba de esto es la correspondencia de Negrín a Prieto a raíz de la apropiación por éste del tesoro del Vita: se trataba de que los jefes se asegurasen los medios económicos más cuantiosos posibles para, en el caso de ser derrotados y tener que ir al exilio, asegurarse  una cómoda estancia, como ocurrió. Es decir, se trataba de robar. Y esto es más claro aún por el hecho de que junto al oro del Estado, se apropiaron de las cajas de los particulares y no sólo del Banco de España sino de los demás bancos y del Monte de Piedad. Allí guardaban sus pequeñas alhajas gente de escasos recursos, pero, en ésto hay que reconocer que ,Negrín, Prieto y Largo, consecuentes con sus ideas, actuaron de manera igualitaria: robaron a todos por igual. En aquel robo Alcalá-Zamora perdió todo lo que tenía, pero en un gesto que le honra nunca aceptó nada de Prieto, como tampoco lo hizo Azaña.

Junto a la entrega del oro del Banco de España, el subsecretario de Instrucción pública, Wenceslao Roces, se encargó en persona con pistola al cinto en recoger el oro de las colecciones de numismática del Museo de Arqueológico Nacional. Sabemos de aquellos hechos por un libro fundamental, el del Académico de Historia Martín Almagro-Gorbea y el relato de un funcionario Antonio Rodríguez-Moñino encargado de requisar el oro por orden del Subsecretario. Este último nos cuenta como el jefe de la sección de Numismática del Museo, Felipe Mateu y Llopis, posiblemente el mejor numismático de España en el siglo XX, se jugó la vida por salvar el Tesoro y aunque no lo consiguió en su totalidad, su acción permitió salvar una parte del mismo.

En julio de 1936 , cuando por orden del gobierno se empiezan a apilar piezas provenientes de conventos, órdenes religiosas y otros museos en la sede del Museo Arqueológico Nacional( MAN) que se convirtió así en un gran almacén, Felipe Mateu y Llopis, que adivinó el peligro que se cernía sobre la colección del MAN, ayudado por la conservacionista Felipa Niño,  se dedicó a retirar de las vitrinas las más importantes monedas de oro de la colección del Arqueológico, que entonces sumaba 160.000 piezas. Discretamente, durante los meses de agosto y septiembre comenzaron a guardar el tesoro en arcas de caudales medievales, que estaban en la planta baja. Allí guardaron el oro de los Reyes Católicos, las piezas medievales notables, la dobla de Pedro I, el Medallón de Augusto… De hecho, las mejores se guardaron en una caja de cinc incluida en un secreto del arca. Allí quedaron guarecidos una dobla medieval y parte del tesoro de La Aliseda hasta el final de la guerra El resto fue quedando acondicionado, dadas las circunstancias, en sitios diversos, incluso cavando en el jardín. En octubre, los funcionarios desafectos fueron despedidos o fusilados. Mateu y Llopis siguió en su puesto.

La tarde del 4 de noviembre, cuando ya el Gobierno ha tomado la decisión de abandonar Madrid hacia Valencia y Negrín quería llevarse con él la colección del Prado, decide hacer lo mismo con la del MAN, por eso Mateu y Llopis recibe la llamada de Moñino y acude al museo a eso de las ocho de la tarde. Allí están Roces y el director del Museo Álvarez Osorio. Le piden las llaves de las vitrinas. Mateu se las apaña para ralentizar su labor al tiempo que esconde, a base de engaños, explicaciones técnicas poco esclarecedoras y propuestas de experto funcionario, parte del tesoro. Hay hechos tan chuscos como que logra engañar a Moñino, que era miope y a la luz de las linternas con las que trabajaban no distinguía el color del metal, que determinadas monedas de oro eran de plata, ralentiza la actuación enviando a los milicianos que supervisaban la labor al sector del bronce para que no encuentre nada y así seguir guardando piezas.…lo que le enfrenta al Subsecretario que amenaza con matarle.

Así que, en algún momento, tuvo que empezar el recuento y lo hace con las onzas de los Borbones, de menor rareza, y propone hacer una ficha de cada pieza, con descripción y peso… No le dejan. Moñino descubre el oro romano, bizantino y visigodo…. Roces acaba encontrando el tesoro de Quimbayas, y otros objetos y máscaras. Las apilan en cajas y se las llevan sin recuento, aunque, ante las presiones del Numismático, Roces levanta un acta que dice, con claros errores de bulto, el número de monedas y peso, muchas ni fueron pesadas: 15,847 kilos por 2.230 monedas. Se sellan en cajas con lacre del “MAN”

Al término de la Guerra se recuperó de lo sacado por Roces únicamente el Tesoro de los Quimbayas, depositado en Suiza junto a los tesoros del Museo del Prado. El hecho constituyó una “verdadera catástrofe para la Numismática nacional”, en palabras de Mateu y Llopis y una pérdida cultural enorme para España y para la humanidad. Veremos que el mismo, con toda probabilidad fue fundido en México.

El tesoro del MAN se trasladó a México, como parte del cargamento del Vita

En febrero de 1939 -faltaban dos meses para el fin de la guerra-, el que había sido el yate Giralda del rey Alfonso XIII, adquirido secretamente por Negrín en Reino Unido partía del puerto de El Havre (Francia) con destino al puerto de Veracruz ( México). Rebautizado como Vita fue cargado con un inmenso tesoro en oro, piedras preciosas, piezas religiosas; entre ellas uno de los clavos de Cristo, y cuadros de grandes pintores españoles e italianos… recopilados por Negrín, a él subieron 120 enormes maletas que, el dirigente de la UGT Amaro del Rosal, cuenta, habían adquirido en París con gran sigilo unos empleados del Banco de España, socialistas de confianza. Un tesoro robado a particulares e instituciones que jamás fue devuelto a España, entre ellos,  una parte, estaba formado por fondos de la Generalitat de Catalunya. El tesoro de guerra del gobierno catalán fue entregado por el presidente Lluís Companys y por el consejero Josep Tarradellas a Negrín, bajo coacciones, poco antes de cruzar la frontera francesa. El inventario detallado de estos materiales demuestra que también se incluyeron piezas del patrimonio y bienes públicos catalanes susceptibles de ser convertidos rápidamente en recursos económicos, con el objetivo que sirvieran de reserva monetaria de la Generalitat en el exilio. el gobierno de la República presidido por Juan Negrín, enterado de la iniciativa, exigió a la Generalitat la cesión de aquellos fondos en el momento de atravesar la frontera, con la promesa que les serían devueltos una vez establecidos en París. Promesa que no se cumplió nunca y que causó la ruina financiera de la Generalitat hasta el punto que el presidente Irla tuvo que disolverla en los años 50 por falta de fondos.

Al llegar a México, Prieto, en una audaz maniobra política , digna de un Golpe de Estado, se erige en el único representante oficial del gobierno republicano en el exilio y gracias a su amistad con el presidente mexicano Lázaro Cárdenas, logra hacerse con el cargamento del Vita. Así, en un momento de enemistad con Negrín, robó al ladrón, aunque puede que hubiera más ladrones puesto que el cargamento al llegar a Veracruz se había reducido de 120 maletas a 100. Del 20% del tránsito nunca más se supo. Cárdenas conocía perfectamente el contenido del Vita y, dada la delicada situación de la economía mexicana, tenía necesidad de su inversión en el país y posiblemente también en su propia economía personal.

Acabada la guerra, y con la segunda guerra mundial inminente, las dos grandes figuras republicanas en el exilio, el presidente Negrín y el dirigente del PSOE Indalecio Prieto, separados por profundas diferencias personales y ideológicas, dirigieron sendas asociaciones de ayuda a los refugiados españoles: el SERE (Negrín) y la JARE (Prieto), financiadas en buena parte por recursos propiedad del Estado que habían conseguido sacar del país durante la retirada. Realmente pocos fueron los exiliados que se beneficiaron de aquel robo, uno de los más destacados fueron los dirigentes del PNV que quisieron apoderarse del Vita, pero no pudieron adelantarse a Prieto, sin embargo, vivieron cómodamente de los fondos de las dos asociaciones (SERE y JARE). Fue el circulo más cercano a Prieto el que se pobló de inminentes y rumbosos empresarios que rápidamente se arruinaron.

En la vivienda anexa a la que Prieto adquiere en la Ciudad de México, en el número 64 de la Avenida Michoacán, había un restaurante en cuyos bajos, ocultaron el preciado cargamento e instalaron un taller en donde desmontaron las piezas con el ánimo de fundirlas y lo hicieron en el crisol del Banco de México, convirtiéndolos en lingotes de oro corrientes, perdiendo el valor numismático e histórico, pero así no dejaban rastro para coleccionistas, anticuarios e historiadores. Un primer lote da cuenta de 1.488 kilos de oro de 24 quilates vendido al Banco de México. Parte de la plata se vendió a los EE.UU. y los objetos artísticos, joyas y cuadros a particulares. La leyenda dice que parte de los cuadros robados formaron la colección de algún que otro expresidente mexicano. Prieto jamás dio cuenta alguna sobre el destino final de aquel expolio hasta que en 1941 comenzaron a aparecer piezas de aquel tesoro en el fondo de la laguna del volcán del Nevado de Toluca (Estado de México). Se trataba de relicarios, cajas de seguridad en la que aún hoy puede leerse, Montepío de Madrid, restos de cajas de relojes pertenecientes al tesoro del Vita cuyo valor no pareció interesar en su momento a quienes decidieron hundirlo en las aguas de la laguna.

Hoy, algunas de estas piezas, testigos del expolio socialista republicano, pueden verse en el Museo Subacuático de Playa del Carmen (México).

 

2 comentarios sobre “EL EXPOLIO DE LA REPÚBLICA- El ORO

  1. Otro post brillante que pone negro sobre blanco algo que los socialistas y comunistas han intentado convertir en leyenda
    Pero como atestiguan casos como los ere de Andalucía , la Cabra siempre tira al monte

    Me gusta

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