Las Navas de Tolosa y sus consecuencias

Tras la aniquilación del imperio almorávide por Alfonso VII de Castilla, Al-Ándalus se vio sumida en un nuevo periodo de taifas que veían peligrar sus dominios a manos cristianas, con lo que, volvieron a pedir socorro a los árabes del norte de África; ahora, los almohades.

Los almohades eran una secta musulmana, surgida en torno a la figura de Muhammad ibn Tumart, nacido en 1084, al sur de lo que luego será Marruecos. En 1121, se proclamó al-Mahdí al Masum y en 1122 se enfrentó con los almorávides que eran sus rivales en la predicación de un mensaje islámico rigorista. Murió en 1130, pero en 1147, el mismo año en el que Alfonso VII tomaba Almería, sus seguidores de apoderaban de Marrakesch. En su avance, en 1148, los almohades se habían asentado en Sevilla, en 1149 en Córdoba y en 1157 se apoderaron de Almería dando un duro golpe a los cristianos y preparando el camino para la invasión, que se produjo de manera efectiva en 1161 cuando el ejército almohade desembarca en Gibraltar.

Los almohades no eran una tribu caracterizada por su pacifismo, tanta era su violencia y radicalismo que provocaron que se fueran al exilio musulmanes como Averroes y, con muchas más razones para huir, el judío Maimónides.

Los sinsabores cristianos aumentaron de manera radical con la derrota, en 1195, de Alfonso VIII de Castilla en la batalla de Alarcos, que destrozó al ejército castellano y, en 1196, remató la desgracia, el sitio de Toledo por los almohades. Apenas un año antes del encuentro de Las Navas de Tolosa, en 1211, la fortaleza calatrava de Salvatierra había sido expugnada por un gran ejército almohade, creando tal sufrimiento que estremeció a sus contemporáneos e hizo reaccionar a los cristianos.

Alfonso VIII de Castilla, enfrentado con otros reyes cristianos, sabía que debía reaccionar, pero no alcanzaba a saber cómo hacerlo, fue el obispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada el que le señaló el camino: convertir aquella batalla en una cruzada, para lo cual, le sugirió que pidiera una bula al Papa Inocencio III. El Obispo fue el encargado de ir a Roma y logarla. Con la bula aprobando la cruzada, el Papa advertía que no asistir a las tropas castellanas supondría la excomunión. Jiménez de Rada se encargó asimismo de pregonarla en tierras francesas y españolas en su camino de regreso de Roma a Toledo. Consiguió que numerosos obispos como los de Narbona o Nantes le apoyaran y mandaran tropas francesas a luchar con Alfonso VIII. El primer apoyo peninsular lo obtuvo del Rey de Aragón, Pedro II que vino acompañado del fuerte ejército aragonés encabezado por los obispos de Barcelona y Tarragona. A ellos se unirían las tropas navarras de Sancho VII con el refuerzo de efectivos portugueses y leoneses y contando con el empuje de miles de cruzados llegados desde Francia. La expedición finalmente se dio cita en Toledo, el 20 de mayo de 1212. Hay que hacer notar que, entre las tropas castellanas se encontraban los representantes vascos, puesto que, Álava se había unido a la Castilla de Alfonso VIII en 1199-1200, de manera voluntaria, tras huir del anexionismo navarro y porque sabía que Castilla respetaría sus libertades; algo parecido aconteció con Guipúzcoa que se unió a Castilla en 1200 y Vizcaya en el siglo XI era un señorío independiente que se vio anexionado a Navarra por la acción de Sancho el Mayor, pero en 1180 recobró su independencia bajo la protección de Castilla que en 1200 nombró señor de Vizcaya a los López de Haro, formando parte, de manera autónoma de la corona de Castilla, hasta que, en 1379, Juan II de Castilla se convirtió en señor de Vizcaya al heredar el señorío. Este había sido uno de los problemas que habían enfrentado a Alfonso VIII con el Rey de Navarra.

El 20 de junio de 1212, “el ejército del Señor”, como fue calificado por el arzobispo de Toledo, se puso en marcha y su progresión hacia el sur, a lo largo del camino que unía Toledo y Córdoba, fue fulgurante: en apenas veinte días tomaron las fortalezas de Malagón, Calatrava, Alarcos, Piedrabuena, Benavente y Caracuel. Entre tanto, el ejército islámico se preparaba, encabezado por el califa musulmán al-Nasir, que había invernado en Sevilla tras la anterior campaña de Salvatierra. Muhammas an-Nasir, llamado por los árabes Amir Ul-Muslimn (príncipes de los creyentes) y conocido entre los cristianos como “Miramamolin”, era hijo de una esclava cristiana y su objetivo era acabar con la presencia cristiana en España e incluso prometió a sus fieles llevarlos hasta Roma, su táctica fue encaminarse hacia Jaén para intentar bloquear los estrechos pasos de Sierra Morena para frenar el ataque enemigo y masacrar al que osara atravesar el cerco. El paso de Sierra Morena se había resistido a los cristianos pues sus estrechos desfiladeros permitían a los defensores situados al sur, aun teniendo un ejército menor, bloquear las salidas de las tropas atacantes y acabar con ellas, por lo angosto del paso.

En 1212, todo parecía llevar el mismo devenir, sin embargo, las tropas cristianas acamparon algunos kilómetros antes de llegar al paso de la losa, lugar que debían cruzar, allí se les acercó un pastor que les indicó que había otro camino bordeando la sierra que permitiría atacar a los musulmanes a campo abierto. La leyenda dice que ese pastor fue San Isidro Labrador que se apareció al Rey castellano. Fuera como fuese, los cristianos siguieron el camino envolvente. Tal maniobra fue detectada por los espías árabes, sin embargo, nada pudieron hacer.

El 16 de julio, tuvo lugar el enfrentamiento en las Navas de Tolosa, cerca de la actual La Carolina.El líder musulmán siguió la estrategia clásica de una batalla campal centrándose en las cargas de caballería ligera y pesada, la lluvia de flechas y los avances de infantería una vez se rompiera la línea del rival. Por su parte, los cristianos se dividieron en tres cuerpos (cada uno de ellos dirigido por un rey: Alfonso VIII por el centro, el Rey de Aragón por la izquierda y el Rey de Navarra por la derecha), colocaron a Diego López de Haro en la vanguardia junto a guerreros templarios y hospitalarios y reservaron a las mejores tropas de caballería en la retaguardia para socorrer al flanco más débil o rematar el ejército enemigo en su caída final. Colocar a estas tropas de caballería como refuerzo o ataque sorpresa era una novedad en los enfrentamientos cristianos con los musulmanes. Las tropas vizcaínas rompieron las dos primeras filas de combatientes islámicos y fueron decisivas para la actuación de las tropas navarras. Las cargas de don Diego fueron brutales y muy efectivas, desmontando la defensa musulmana y enzarzando al grueso de las tropas rivales en una lucha sangrienta que los monarcas cristianos aprovecharon para lanzar la famosa “carga de los tres reyes” contra el campamento base de Al Nasir, que estaba desprotegido. Precisamente, la táctica musulmana, señalada al principio de este párrafo, imponía dejar en retaguardia el “Palenque” o campamento del sultán, protegido por una tropa de especial formación, llamados los desposados, pues, para evitar su huida, se hacían atar por cadenas en las rodillas. Fue contra el campamento base de Al Nasir contra el que lucharon los navarros, no sólo derrotaron a los desposados, sino que les rompieron las cadenas, las cuales, desde entonces, figuran en el escudo de Navarra.

El día terminó con la victoria de los reinos cristianos decisiva para evitar una nueva invasión musulmana que podía haber llegado más allá de los Pirineos.

En noviembre de 1212, en Coímbra, los reyes de Castilla, León y Portugal firmaron un tratado en virtud del cual se asignaban las zonas de conquista. En 1223, los almohades desaparecen de la península.

La victoria fue decisiva para el fin de la Reconquista, que aún se retrasó 200 años, hasta la toma de Granada, pero que hubiera llegado antes si no hubiera sido por la llegada de una epidemia y la muerte de Alfonso VIII.

Las consecuencias de la victoria no sólo fueron esenciales para la Reconquista, sino que tuvieron dos efectos muy importantes:
1) Se crearon los lazos para la unidad de España que se fraguará con los Reyes Católicos.
2) Como consecuencia de la necesaria ayuda que los reyes requerían para batallar contra los almohades se convocó en León, en 1188, a solicitud de Alfonso IX de León, la reunión extraordinaria de la curia regia, un órgano de gobierno procedente de la tradición visigoda, que incluye representantes de todas las ciudades del reino y de poblaciones relevantes. Allí estaban representados, la nobleza, el clero y las ciudades (era la primera vez que los representantes de las ciudades acudían a una reunión de la Curia).
Se trataba de la primera reunión de un Parlamento en Europa, que es tanto como decir, el primer parlamento del mundo. Sus competencias estaban relacionadas con los impuestos y el presupuesto. El Parlamento podía conceder un “petitum” o el derecho a acuñar moneda. En 1188, Alfonso IX recibió un “petitum”, pero en la reunión de Benavente de 1202 vendió a los municipios se derecho para quebrar moneda (acuñar moneda, pero variando su aleación) durante 7 años. En 1188, a cambio del “petitum”, el Rey concedió lo que se ha dado en llamar la Carta Magna leonesa en la que se recogían derechos del pueblo como inviolabilidad del domicilio, que la declaración de guerra o la firma de la paz estuvieran acogidos a la aprobación de los tres estamentos y otros derechos más, entre ellos una especie de constitución especial para Galicia. Por si alguno tenía dudas sobre la antigüedad de este acontecimiento, en 2013 la Unesco reconoció en el programa “memoria del Mundo” que este documento era “El testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo”. Con anterioridad, en 2011, la junta de Castilla y león concedió a León el título de “Cuna del parlamentarismo” y en 2019, hicieron lo mismo las Cortes Generales.

2 comentarios sobre “Las Navas de Tolosa y sus consecuencias

  1. Un placer el reencuentro!
    Muchas gracias , otra excelente entrada
    Y que nos recuerda, entre muchos datos interesadamente caídos en el olvido , como el pasado histórico de las Vascongadas, que el primer parlamento del mundo mundial se creó en España . Como en tantas otras cosas, los británicos han vendido al mundo que fueron ellos los primeros cuando en realidad , en esto como en otras cosas hace seguidismo de lo que sucedía en España .

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