LA RECONSTRUCCIÓN DE EUROPA: EL PLAN MARSHALL

El final de la Segunda Guerra Mundial vino acompañado de una serie de conferencias de paz. Ya en ellas se fraguaba la división europea que determinó la guerra fría.

En las conclusiones de la conferencia de Yalta (febrero de 1945) de decía textualmente:

“Todos los pueblos de Europa tienen el derecho a elegir la forma de gobierno bajo la cual van a vivir mediante elecciones libres e instituciones democráticas”.

A aquella conferencia, Roosvelt y Churchill llegan como vencedores y artífices de la rendición alemana. Esto trastocaba los planes expansionistas de los soviéticos, que no habían olvidado los principios de la Revolución de Octubre y querían extender el comunismo y su órbita de poder por toda Europa.  Era evidente que Stalin no iba a olvidar sus pretensiones. Cuenta la leyenda que le comentó a su ministro de exteriores, el ya famoso en este blog, Molotov: “No importa, lo haremos de otra manera”.

Aquella manera fue la manipulación de todas las elecciones en los países que cayeron en su lado del reparto, de modo que los gobiernos comunistas triunfantes impusieron la dictadura comunista en ellos sin más miramientos.

Existe un principio, conocido en el ámbito de las relaciones internacionales, que afirma que los países, incluso pasando el tiempo, guardan ciertas formas de actuar o ciertos intereses que se repiten. En el caso de Rusia, porque esto es algo que precede a los soviéticos, ha existido una tendencia constante a buscar salidas a aguas cálidas. El mediterráneo y los mares del sur de Europa han sido su obsesión, de ahí vino la guerra de Crimea en 1854 y en 2014 y de ahí, también, que siempre quisiera poner bajo su órbita Grecia y Turquía.

El 12 de abril de 1945, fallece Roosevelt y su vicepresidente, Harry Truman, asume la presidencia de USA y con ella la guerra contra Japón, la decisión de lanzar las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y gestionar el futuro de Europa y podríamos decir, del mundo, en la postguerra a través de las Naciones Unidas o por intervención más directa.

Truman vio como al poco tiempo de implantarse la división de Europa Stalin se hacía presente en forma de dictadura comunista en los países de su órbita y amenazaba con invadir Grecia. El presidente norteamericano tuvo claro que se necesitaba reconstruir Europa y fomentar las democracias liberales como forma de lograr que esas naciones apoyaran a los EE. UU frente a la Unión Soviética o todo el esfuerzo realizado para alcanzar la victoria en la Guerra sería en vano.

Hace pocas fechas analizamos 12 discursos trascendentales para la era contemporánea ( https://algodehistoria.home.blog/2021/01/08/12-discursos-trascendentes-para-la-historia-contemporanea/ ), no nombré entonces el de Truman ante el Congreso de los Estados Unidos el 12 de marzo de 1947, para logar fondos para Grecia y Turquía y para reconstruir Europa, porque quería traerlo hoy a colación. Fue sin duda un discurso excepcionalmente importante en el que se expresó lo que se ha denominado la doctrina Truman, fundamentada en no dejar caer a ningún gobierno más amenazado por el socialismo.

Aquella doctrina determinó el inicio de la guerra fría de manera más o menos oficial, pues realmente la guerra la había comenzado Stalin con su asalto a las elecciones convocadas en los países del éste. Así dice Truman:

” Recientemente, los ciudadanos de varios países han visto cómo se les imponían regímenes totalitarios contra su voluntad. El Gobierno de Estados Unidos ha expresado protestas contra la coacción y la intimidación, algo que viola el acuerdo de Yalta, a la que ha sido sometida la población de Polonia, Rumania y Bulgaria. También debo manifestar que en varios otros países han ocurrido hechos similares.

En este momento de la historia mundial, casi todas las naciones deben escoger entre estilos de vida alternativos. Y muy a menudo esta elección no es libre. Una de estas formas de vida se basa en la voluntad de la mayoría, y se distingue por sus instituciones libres, su Gobierno representativo, la celebración de elecciones libres, la existencia de garantías de libertad individual, la libertad de expresión y religión y la ausencia de opresión política. El segundo estilo de vida se basa en la voluntad de una minoría impuesta por la fuerza. Su poder reside en el terror y la opresión, en una prensa y unas radios controladas, en unas elecciones amañadas y en la supresión de las libertades individuales.

Creo que la política de Estados Unidos debe consistir en brindar ayuda a los pueblos libres que se están resistiendo a ser subyugados por minorías armadas o por presiones externas. Creo que debemos prestar auxilio a los pueblos libres para que puedan elegir su propio destino. Creo que nuestra ayuda debe ser básicamente económica, lo cual es esencial para mantener la estabilidad financiera y los procesos políticos.”

Tras aquel discurso logró la ayuda del Congreso de 400 millones de dólares y apoyo militar a Grecia y Turquía.

Como parte de esa estrategia, idea el Plan Marshall para apoyar la reconstrucción de los países de Europa occidental y evitar el avance soviético, para ello se dotaba a Europa, de una ayuda económica continental, no país a país, con la finalidad de poder ayudar a Alemania y acabar con las reticencias francesas por esa ayuda a los germanos. Se buscaba con ello evitar la insolvencia y que la pobreza hiciera caer a los países occidentales en la órbita rusa. Se idearon estructuras económicas de corte capitalista que beneficiara la formación de regímenes democráticos.

Se le ha dado el nombre de plan Marshall porque fue el secretario estadounidense, George Marshall, quien propuso el proyecto durante una conferencia dictada en el año 1947 en París.

Se aprobaron más de 12.000 millones de dólares cuyo reparto se basó en el número de habitantes y capacidad industrial de cada país. Por supuesto, también se tuvo en cuenta si el receptor había sido miembro de las fuerzas aliadas, neutral o del eje. En este sentido no se olvidaron de los países del Este a los que también se ofreció ayuda, si bien la URSS la rechazó pues temía que, si se aceptaba, la forma capitalista de la economía americana diera lugar a regímenes políticos alejados del comunismo y, por ende, de la influencia soviética. 

En un inicio, esta ayuda consistió en el envío de alimentos, combustible y maquinaria, y más tarde en inversiones en industria y préstamos a bajo interés. Evidentemente, estos productos sólo los podían adquirir en USA, no por imposición americana, simplemente era la única economía productiva en aquellos momentos, con lo que los americanos veían retornar lo prestado a sus arcas, al tiempo que mejoraba la economía de aquellos países, los cuales en el futuro les seguirían comprando, ya con sus propios fondos.

El país más beneficiado fue el Reino Unido, que percibió el 26% del total. Francia, un 18%. La Alemania Occidental, un 11%. Como consecuencia de ello, Gran Bretaña pagó las deudas que había contraído a corto plazo. Francia dedicó los fondos recibidos a la adquisición de equipos industriales con los que superar su atraso tecnológico. Para Alemania esta ayuda no fue decisiva. Su situación de destrozo era enorme y aquellos 1.400 millones de dólares no permitían remontar la situación, aunque contribuyeran a ello. El milagro alemán se debió a Konrad Adenauer y a un economista de tendencia liberal, Ludwig Erhard, que implantaron las siguientes reformas: a) una nueva moneda en tan solo 48 horas: el marco alemán; b) Canceló el control de precios que había implantado Hitler para comprar material bélico a bajo coste. Los artículos de consumo reflejaron su valor real y se acabó el racionamiento; c) una remodelación fiscal que unificó el impuesto sobre la renta empresarial y minimizó el de los contribuyentes particulares.  Aquello supuso un gran sacrificio para los alemanes, pero dio sus frutos. El milagro alemán permitió que los más importantes países europeos caminaran al unísono y que en poco más de cuatro años la reconstrucción europea fuera un hecho.

Además, dado que la ayuda era continental, se impuso la idea de que, para gestionarla, los países tuvieran que realizar tareas e instituciones de cooperación. Así se funda la OECE (Organización Europea de Cooperación Económica). Comenzaba así el proceso de integración económica del Viejo Continente. Nacían también a movimientos europeístas como vimos en ocasiones anteriores, especialmente en la entrada sobre el contubernio de Múnich. Precisamente, aunque España no se benefició del plan Marshall, lo que fue retratado con maravillosa ironía y crítica nacional por Berlanga en “Bienvenido Mister Marshall”, si acabó entrando en la órbita occidental.   Los intereses geoestratégicos de la Guerra Fría terminaron por imponerse y Estados Unidos pactó con España la tripleta de acuerdos conocidos como de cooperación y amistad, en cuyos artículos se incluían la instalación de diversas bases militares en la península, lo que completaba la presencia militar americana en Europa iniciada en la postguerra con la creación de la OTAN en 1949, y que dotó a España de una asistencia económica de 800 millones, de los cuales 500 eran donativos. Fue una cifra menor que las ayudas dadas por el Plan Marshall, sin embargo, su efecto resultó determinante para el desarrollismo de los 60.

Aquel Plan dio el premio nobel de la Paz a Marshall, el secretario de Estado americano. La reacción soviética no se hizo esperar y de ella nació el COMECON.

Desde entonces, hasta ahora, la colaboración europea ha sido un hecho. Aquella fue la primera de las ayudas económicas, no ha sido la última. Si bien, no es de extrañar, viendo los esfuerzos que hicieron los europeos de entonces para salir de aquella crisis que exijan sacrificios y seriedad a la hora de aportar fondos para la ayuda entre naciones continentales.

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