EL TRATADO DE ALCAZOBAS

Alcazobas, en castellano a veces escrito como Alcazovas y en portugués como Alcáçovas, es una ciudad portuguesa de la zona del Alentejo. Allí se firmó el 4 de septiembre de 1479, el tratado que pone fin a la llamada guerra de sucesión castellana- nombre que genera no pocos conflictos en relación a otras guerras de sucesión y por ello muchos historiadores se limitan a formular como “Guerra de 1474 a 1479”-.

Aquel enfrentamiento tuvo un doble carácter, por un lado, es una guerra civil y, por otro, una guerra internacional y cuyas repercusiones decidirán el futuro del Mundo.

Los conflictos castellanos se remontaban desde antiguo y enlazaban a diversos reinos y condados de la península ibérica. Ahora nos situamos en la caótica corte de Enrique IV donde los enfrentamientos entre diversos bandos nobiliarios eran constantes. El carácter y las peculiaridades del propio monarca no ayudaban mucho. Casado con Blanca de Navarra, no obtuvo descendencia y buscó la fórmula para anular el matrimonio y casarse con Juana de Portugal. De ese segundo matrimonio nació Juana que sería nombrada heredera. Sin embargo, la nobleza castellana era más partidaria de considerar herederos a los medio hermanos- hermanos de padre- de Enrique: Alfonso e Isabel.

Las presiones de la nobleza obligan al rey a cambiar el testamento y nombrar a su hermano Alfonso como heredero al trono de Castilla. Entre las razones que se aducen para tal cambio está el rumor de que Enrique es impotente y que Juana no es su hija sino hija de su favorito, Beltrán de la Cueva, de ahí que a Juana la motejen como “la Beltraneja”.

La verdad es que sobre las peculiaridades físicas y tendencias sexuales de Enrique se ha escrito mucho, quizá lo más interesante se lo debamos a Gregorio Marañón que realiza su “Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo” (Madrid 1930) y en el que llega a la conclusión de que el rey sufría diversas deformidades físicas y psicológicas, concluyendo, entre otras cosas, que posiblemente era impotente, aunque no afirma tajantemente que fuera homosexual. De ambas cosas se le acusaba en las crónicas de su tiempo.

Fuera como fuese, el descontento reinaba en Castilla y, por ello, en 1465, los nobles, reunidos en Ávila, acuerdan destronar a Enrique y nombran rey a Alfonso (de 12 años entonces) en la denominada “farsa de Ávila”. Estalla así una guerra que no terminará hasta 1468, con la muerte de Alfonso.

Para los que no aceptaban a Juana como heredera, la sucesión debía pasar entonces a Isabel. El rey Enrique se avino a negociar. En 1468, Enrique e Isabel firmaron un acuerdo, el “Tratado de los Toros de Guisando”, por el que Enrique declaraba heredera a Isabel, reservándose el derecho de acordar su matrimonio, y las distintas facciones de la nobleza renovaban su lealtad al rey. Enrique trató de casar a Isabel con Alfonso V de Portugal. Pero Isabel, en 1469, se casa en secreto en Valladolid con Fernando de Aragón. Enterado el rey Enrique, consideró violado el Tratado de los Toros de Guisando y proclamó a su hija Juana como heredera; además, la casa con Alfonso V de Portugal.

En 1474 muere Enrique IV y cada una de las dos candidatas al trono son proclamadas reina de Castilla por sus respectivos partidarios.

Los nobles y las ciudades castellanas se dividen en sus apoyos. Así Ávila, Valladolid, Tordesillas, Toledo…, reconocen a Isabel como reina; otras, como Burgos, Zamora y las ciudades andaluzas, prefieren esperar a que se aclare la situación. Igual vacilación se nota en el alto clero y la nobleza. El cardenal don Pedro González de Mendoza, el arzobispo de Toledo —don Alfonso Carrillo—, el conde de Benavente, el marqués de Santillana, el duque de Alba, el Almirante, el Condestable, el duque de Alburquerque —don Beltrán de la Cueva— juran a doña Isabel como reina legítima de Castilla. Pero el duque de Arévalo y don Diego López Pacheco, marqués de Villena, se niegan a rendirle homenaje. En resumen, la nobleza andaluza, extremeña y manchega se posicionó al lado de Juana, el resto de la nobleza y las principales ciudades estuvieron con Isabel.

Habíamos señalado que, además de un enfrentamiento civil, aquella guerra tuvo carácter internacional.

La boda entre Isabel, heredera de Castilla, y de Fernando, futuro rey de Aragón, había suscitado inquietudes en Francia y Portugal; aquellas naciones veían con disgusto que se constituyese un bloque que fortaleciera a Castilla que era el reino hegemónico en la economía y la política peninsular. Portugal pretendía que aquella fuerza se inclinase a su lado formando un reino entre Castilla y Portugal, guiado por el rey portugués y que redoblara sus pretensiones en la costa atlántica. Por su parte, Francia no veía con buenos ojos aquella empresa castellano-aragonesa porque eso robustecía a Aragón, vigorizando su presencia en Italia, en la que el rey de Francia Luis IX tenía grandes aspiraciones. Por tanto, Portugal participó del apoyo de Francia en contra de Isabel y a favor de Juana. Castilla y Aragón contaron con el favor de Inglaterra y Borgoña a las que la potencia de Castilla importaba bastante menos que la de Francia.

Las hostilidades empiezan en mayo de 1475, cuando tropas portuguesas pasan la frontera castellana y los nobles castellanos hostiles a Isabel entran en rebeldía.

Las tropas de Isabel ocuparon Toledo y fortificaron Ciudad Real y Badajoz. Por su parte, las fuerzas de Juana se situaron en torno al valle del Duero y tomaron Toro para facilitar la entrada del ejército portugués. Castilla recupera Burgos y emprende la reconquista de Toro. La batalla de Toro está considerada por la historiografía como la más importante del conflicto, aunque estudios recientes consideran que no lo fue tanto y ponen el foco en la toma de Segovia por los Castellanos. La importancia de Toro no estuvo en el resultado de la batalla en sí, que una parte de las fuentes consideran ganada por los portugueses gracias al príncipe Juan (futuro Juan de II de Portugal) y otras dejan un resultado incierto. Pero lo trascendente de la misma estuvo en la forma de afrontar el resultado mientras el Rey de Portugal se dedicaba a reorganizar sus tropas, su hijo se dedicaba a la propaganda, lo mismo que Fernando, el cual envió correos a todas las ciudades de Castilla y a varios reinos extranjeros, dándoles la noticia de una gran victoria, en la que las tropas portuguesas habían sido aplastadas. “Los dos quisieron beneficiarse de la propaganda de la victoria [Sin embargo, mientras que la opinión pública castellana era decisiva para el desenlace de la guerra civil, la portuguesa no lo era][1].  

Ante aquellas noticias los nobles castellanos partidarios de Juana empezaron a desertar y su partido en Castilla prácticamente desapareció. Es verdad, como cuenta parte de la historiografía, que, desde la toma de Burgos por parte de Isabel, los partidarios de Juana habían empezado a disminuir, y con la decisiva toma de Segovia y el tesoro castellano, Isabel pudo pagar generosamente a sus partidarios que se incrementaron ampliamente.

Tras la batalla de Toro las tropas portuguesas aún tuvieron fuerzas suficientes para plantar cara a las castellanas durante al menos tres meses en territorio de Castilla. Otro factor acompañó a las tropas castellano- aragonesas y fue la neutralización que la reina de Navarra logró de las tropas francesas y la victoria de Castilla en Fuenterrabía frente a los galos. Estos hechos lograron que se firmara una tregua entre Aragón y Francia que, Alfonso V de Portugal, tras la batalla de Toro, intentó en vano que no se renovase.

La última batalla de la guerra de sucesión fue la batalla de la Albuera, en Mérida, el 24 de febrero de 1479, que se saldó con la victoria de las tropas isabelinas, pero el rey Alfonso logró alcanzar y proteger para sus intereses Mérida y Medellín que siguieron en manos portuguesas hasta el Tratado de Alcazobas, que es el que pone fin a la guerra. El tratado se firmó en primera instancia el 4 de septiembre de 1479 entre los representantes de los Reyes católicos y el príncipe Juan en representación del rey de Portugal. El tratado fue ratificado por Alfonso V de Portugal el 8 de septiembre de 1479 y por los Reyes Católicos en Toledo el 6 de marzo de 1480, por lo que también se le conoce como Tratado de Alcáçovas-Toledo.

Se dice que en este acuerdo Castilla gana en tierra y Portugal en el mar.

Sus acuerdos principales fueron:

  • Además de poner fin a la guerra, Alfonso V renuncia al trono de Castilla y los Reyes Católicos renuncian al trono portugués.
  • Reparte los territorios del Atlántico entre los dos países. Portugal mantiene el control sobre sus posesiones de Guinea, la Mina de Oro, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde. A Castilla se le reconoce la soberanía sobre las islas de Canarias.
  • Reconoció que el impuesto denominado el quinto real fuese percibido por Portugal en los puertos castellanos, incluyendo a los barcos que hubiesen zarpado hacia la Mina de Oro antes de la firma del mismo. El quito real era un impuesto percibido por la corona sobre las mercancías traídas por barco a la Península desde los territorios del Atlántico denominados “Guinea” y “Mina de Oro”.
  • Reconoce a Portugal la exclusividad de la conquista del Reino de Fez.
  • Concede el perdón a los castellanos juanistas

En paralelo al tratado de Alcáçovas se negociaron las llamadas “Tercerías de Moura”, que resolvían la cuestión dinástica castellana imponiendo a Juana de Castilla, rival de Isabel, la renuncia a todos sus títulos castellanos y su reclusión en un convento. También acordaban la boda de la infanta Isabel, hija de los Reyes Católicos, con el nieto del rey portugués, único hijo del príncipe Juan, también llamado Alfonso. La enorme dote pagada por los padres de la novia representa la indemnización de guerra obtenida por Portugal.

Como consecuencias del tratado se producen los siguientes hechos:

  • Castilla reconoce y acepta la expansión portuguesa en África.
  • El reparto de la costa atlántica se hizo en virtud de los paralelos de la tierra, aunque la historiografía discute este punto, el hecho cierto es que por este reparto la legitimidad española sobre el descubrimiento de América por Colón fue puesta en entredicho por Portugal que consideraba que el nuevo mundo le correspondía como propiedad a Portugal. Esto llevó a intensas negociaciones y a la búsqueda de los Reyes Católicos del apoyo papal que obtuvieron en 1493 por una serie de bulas papales llamadas “bulas alejandrinas”, que les otorgaban las tierras descubiertas por Colón y venían a establecer un nuevo reparto del Atlántico. Aunque el rey de Portugal protestó, acabó aceptando el nuevo reparto con ligeras modificaciones en relación a las bulas alejandrinas, en el Tratado de Tordesillas firmado el 7 de junio de 1494. Entonces no se conocía aún la dimensión de lo descubierto por Colón y a Portugal lo que le interesaba a mantener abierta la ruta hacia la India, la ruta de las especias, tan lucrativa en aquellos tiempos y limitada en la ruta por el Mediterráneo por el bloqueo turco.
  • En la práctica, este acuerdo garantizaba al reino portugués que los españoles no interfirieran en su ruta del Cabo de Buena Esperanza y que Portugal no interferiría en las nuevas tierras descubiertas por los españoles en América.
  • El acuerdo también tuvo otra serie de clausulas sobre los límites de zonas pesqueras en áfrica y los límites del reino de Fez.
  • El tratado de Alcazobas tuvo también otra importante consecuencia andando el tiempo. La boda entre la hija de los Reyes Católicos, Isabel, y el nieto del rey de Portugal, Alfonso, se celebró en 1490. Al morir Alfonso a los pocos meses, Isabel contrajo matrimonio en 1497 con el nuevo heredero al trono portugués, Manuel I de Portugal- primo de Juan II-. Tuvieron un hijo que murió a los dos años de edad. Poco después moría Isabel. Su hermana, María de Aragón, contraería nupcias con Manuel I. María y Manuel I tuvieron una hija, Isabel de Portugal, esposa de Carlos I de España y madre de Felipe II. Por este ascendiente, Felipe II pudo reclamar la corona de Portugal tras la muerte de Sebastián I. Felipe II fue coronado rey de Portugal el 16 de abril de 1581 en las Cortes de Tomar, logrando así “la unión ibérica”.

 

BIBLIOGRAFIA

CARRASCO MANCHADO, Ana Isabel. “Isabel I de castilla y la sombra de la ilegitimidad, propaganda y representación en el conflicto sucesorio”. Sílex ediciones. 2006.

AGUADO BLEYE, Pedro. “Manual de Historia de España”. Espasa.1963

UBIETO, REGLA, JOVER Y SECO. “Introducción a la Historia de España”. Ed. Teide. 1983.

[1] Carrasco Manchado. “Isabel I de castilla y la sombra de la ilegitimidad, propaganda y representación en el conflicto sucesorio. Pag. 195

2 comentarios sobre “EL TRATADO DE ALCAZOBAS

  1. Otra publicación referida a un momento pívotal en la historia de España que probablemente ya esté desaparecido de los libros de texto . A qué país le interesa estudiar un momento que marca el inicio de una de las creaciones más magníficas de España como es la España de las Españas , Hispanidad ? Al nuestro parece -tristemente- que no

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