La Busca y la Biga

Cuando se produce la unión entre Castilla y Aragón bajo el matrimonio de los Reyes Católicos el reino floreciente era Castilla y el que estaba en declive Aragón. Durante mucho tiempo la situación fue la inversa y eso se debió a los conflictos civiles producidos en Castilla con reyes débiles y enfrentamientos por la sucesión al trono mientras en Aragón florecía una pujante clase burguesa nacida del comercio, cuyo asentamiento se producía en Valencia y Cataluña, principalmente. Valencia siguió en la prosperidad, de hecho, durante el siglo XV vivía una especie de edad de oro, pero en Cataluña las circunstancias fueron muy diferentes.

En Aragón durante el siglo XIV la importante presencia burguesa se manifestaba en unos organismos gubernamentales muy perfeccionados, que ejercían de contrapeso al poder real.

Todos, aragoneses y castellanos, tenían parlamentos- el primero en el mundo fue el de León-. Las Cortes de Aragón ejercían un auténtico poder político y legislativo y se reunían periódicamente. Por el contrario, en Castilla se convocaban cuando quería el rey y casi siempre para solicitar financiación; en muchas ocasiones, esa financiación podía obtenerla el rey por otros cauces, de manera que el parlamento apenas tenía voz. Entre guerras y conflictos y carencias económicas, la Castilla del siglo XIV ofrecía un panorama en el que las Cortes estaban desunidas, el orden público había sufrido un colapso y las tierras castellanas estaban sumidas en el caos.

En Aragón, en cambio, todo parecía prosperidad debido a la gran vitalidad económica y expansiva del reino de Aragón. Sin embargo, varios acontecimientos vinieron a cambiar las tornas:

El primero: la peste. La peste fue desastrosa en toda Europa. En Cataluña se hizo casi endémica con fuertes rebrotes cada poco tiempo. Se suele decir que 1333 fue el “primer año malo” de la economía catalana. Se cree que la población catalana se vio reducida en 80.000 personas. Como consecuencia de ello se produjo una crisis en el campo. La mano de obra era escasa las tierras estaban abandonadas y el malestar campesino se convirtió en una constante en la sociedad catalana. No todos los campesinos pasaban por los mismos problemas. Sólo tenían uno en común: su vinculación a la tierra casi esclava. Pero mientras unos eran muy ricos, otros eran inmensamente pobres y su finalidad común era acabar con los llamados seis malos usos.

En toda España había impuestos o cargas que los campesinos debían abonar a los señores de las tierras. Pero los 6 usos eran exclusivos de Cataluña, a saber:

  1. Remensa: cantidad pagada por el payés por abandonar la tierra.
  2. Intestia: derecho del señor de recibir los bienes del payés en el caso de que muera sin testamento.
  3. Exortia: derecho del señor de recibir los bienes del payés si muere sin descendencia
  4. Cugucia: cantidad que debe pagar el payés si su mujer le es infiel.
  5. Arcia: cantidad que debe pagar el payés en el caso de que incendie la tierra del señor.
  6. Firma Spoli: cantidad que debe pagar el payés al señor por permitir hipotecar las tierras en garantía de la dote de su mujer.

Segundo elemento de la crisis:  crisis financiera. Aunque disminuyó la actividad comercial su actividad se replegó, pero no paró durante el siglo XIV, aunque entre 1381 y 1383 se registraron espectaculares quiebras de los principales bancos, que pasaron a poder de los bancos genoveses.

A eso se unió el tercer brazo de la crisis: el político o quizá dinástico. No por falta de rey o porque estuviera en discusión sino porque el monarca Alfonso V, el magnánimo, tenía tales ansias imperiales que volcó toda su actividad hacia el mediterráneo, olvidando su presencia en Aragón. Sus aspiraciones y necesidades militares y económicas para su empresa entraron directamente en conflicto con los intereses comerciales de la oligarquía aragonesa, especialmente, la catalana.

Aquella ausencia del monarca asentado en Nápoles suponía un duro malestar entre los sectores más pujantes, en vista de lo cual, el monarca se debatía en, ora apoyarse en los sectores populares para lograr sus empresas, ora en volver los ojos a aquellos importantes mercaderes. La consecuencia fue el caos y una ausencia de mando pues el rey estaba representado en España por los virreyes- figura de origen aragonés que luego tendría gran repercusión en nuestra historia común-. En esa debilidad fueron los genoveses los que, aprovechando las circunstancias, no sólo se hicieron más importantes banqueros, sino que luchaban por el comercio de las especias, tejidos y granos con la burguesía catalana. Además, los italianos intermediaban en el comercio de la lana castellana lo que favoreció el crecimiento comercial de Castilla. Además, se establecieron en Córdoba, Sevilla y Cádiz y controlaron los grandes puertos comerciales del sur de España.

El control de los puertos del sur fue esencial por cuanto el mediterráneo se llenó de piratas, muchos de ellos catalanes, que eran mejor sorteados por las rutas comerciales desde el sur peninsular.

Aunque los comerciantes valencianos seguían prosperando nunca tuvieron la fortaleza de sustituir a los catalanes en aquel reino de Aragón.

Todo esto llevó a que los antiguos mercaderes se sintieran tentados a invertir no en el comercio sino en bienes más duraderos como la tierra. La conjunción de las situaciones vistas llevó a que el comercio catalán se hundiera hacia 1450.

La sociedad se transformaba para lograr su supervivencia y así mientras el campesinado se organizaba en sindicatos para reanudar su lucha en el campo, en las ciudades se empieza a disputar el dominio de las mismas. Una de las mejores muestras de tal situación urbana fue el enfrentamiento entre lo que podríamos considerar dos facciones políticas: la Busca y la Biga. Busca (en castellano sería astilla) y Biga (en castellano, viga).

La composición de estos dos grupos no está nada clara, aunque se suele dar por bueno que la Biga estaba formada por el grupo de oligarcas que gobernaban las ciudades y por los terratenientes que viví­an de las rentas. Los comerciantes y artesanos se unieron para luchar por sus intereses y crearon la Busca, que, en la década de los 50 asumió muchas de las características de un movimiento popular.

Los hombres de la Busca ganaron el poder en la ciudad en 1453 y expulsaron a sus oponentes de los cargos institucionales. Además, intentaron hacer frente a los problemas de la crisis económica adoptando medidas como el proteccionismo o la devaluación de la moneda. No era un tema menor pues esto perjudicaba a los oligarcas.

El problema venía del rey ausente que, sobre todo, requería ayuda de sus súbditos para financiar sus empresas imperiales y de un virrey: Don Galcerán de Requesens, que se había ganado la enemistad de la oligarquía por su apoyo de la busca. Fue ese apoyo real el que llevó a la victoria local de la Busca en 1453. Además, en 1454, el rey nombra lugarteniente de Cataluña a su hermano Juan II, partidario de apoyar a los payeses. Con esa política y apoyos, el rey accedió a suspender los seis malos usos en 1455 y proclamó la libertad de los remensas.

La oligarquía se oponía tanto a las pretensiones de la monarquía como a la política reformista de los miembros de la Busca. La Biga seguía controlando instituciones claves como las Cortes o la Generalitat y, además, recibió el apoyo de la nobleza y la Iglesia, ya que todos ellos veían peligrar sus privilegios y, sobre todo, sus ingresos.

Las presiones de las Cortes consiguieron “suspender la suspensión” de los seis malos usos, en 1456, aunque se reactiva en 1457. De hecho, cuando Juan II es nombrado rey de Aragón, tras el fallecimiento de Alfonso V en 1458, hereda el trono y el conflicto.

Como la oligarquía estaba dispuesta a enfrentarse al nuevo rey, se encontró con la ocasión ideal en el encarcelamiento y muerte del príncipe de Viana, Carlos, lo que determinó que su hermanastro Fernando pasara a ser el heredero al trono. Se inicia así la guerra civil en Cataluña en 1462 (1462-72)

La guerra fue en una primera aproximación una lucha entre monarquía y oligarquía, que se aferraba a un sistema contractual de gobierno, absolutamente feudal y medieval, que fue muy útil en sus orígenes, pero cada vez más inadecuado para los problemas que tenía en aquel momento la sociedad.

Pero realmente no era una lucha tan simple, en ella existía un enfrentamiento político (Busca vs Biga) y otro social (payeses vs señores feudales). Monarquía, miembros de la Busca y payeses contra los oligarcas, nobles y el clero. Cada uno con sus intereses propios: la Corona, delimitar el poder de la oligarquía y de los nobles; los miembros de la Busca, mantener el poder y seguir con las reformas; los payeses, prohibir los “malos usos” y las servidumbres; oligarcas, nobles y clero, proteger sus privilegios y recuperar el poder local perdido a manos de la Busca. Por si fuera poco, enseguida, se convirtió en un conflicto internacional, pues la Generalidad catalana Biga- ofreció sucesivamente la corona a Enrique IV Castilla, al Condestable de Portugal y a Renato de Anjou. Mientras tanto Luis XI de Francia aprovecha la situación para anexionarse los condados catalanes de Cerdaña y Rosellón en 1463.

Tras la lucha prolongada durante diez años, Juan II obtuvo la victoria. Se firmó la paz en la capitulación de Pedralbes. Aunque en teoría los oligarcas fueron los derrotados, las consecuencias no fueron muy traumáticas para ellos: el rey declaró la amnistía y juró preservar las leyes catalanas. De hecho, la Biga recuperó el poder local. Y los payeses, aun estando en el bando del teórico ganador, todavía tendrían que seguir reivindicando e incluso peleando por sus derechos hasta la Sentencia Arbitral de Guadalupe dictada en 1486 por el rey de Aragón Fernando II.

La verdad es que cuando Juan II murió, en 1479, dejó a su hijo Fernando un país desgarrado, con todos sus problemas sin resolver. La economía había sufrido un colapso, la guerra civil había completado la ruina iniciada en las décadas precedentes.

A causa de este colapso, la corona de Aragón estuvo muy debilitada durante los últimos años del S XV, mientras Castilla, una vez superadas las crisis de sus enfrentamientos civiles, se levantaba y progresaba económicamente. Adquiriendo una gran importancia en el comercio internacional y con un auge indiscutible de ferias del campo que atraían a comerciantes extranjeros que circulaban sus mercancías, como vimos, sobre todo por los puertos del sur. El dinamismo desplegado por Castilla sólo era comparable al de Portugal. De ahí que muchos autores como Elliot, consideren que, si Isabel I se hubiera casado con el rey de Portugal en vez de con Fernando, ambas monarquías hubieran alcanzado un nivel de desarrollo mucho mayor que el que supuso la unión de Castilla y Aragón.

BIBLIOGRAFIA

VALDEÓN, Julio. – “Las raíces medievales de España”. Ed. Real Academia de la Historia. 2002.

VALDEÓN, Julio, SALRACH I MARÉS, Josep María, ZABALO ZABALEGUI, Javier. ”Feudalismo y consolidación de los pueblos hispánicos (siglos xi-xv), vol. 4 de Historia de España».  Ed. Labor, 1981

ELLIOTT. John. H.- “La España imperial 1469-1716”. Ed. Vicens Vives. 2012

 

 

 

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