El Consulado de Burgos

Vimos cómo durante el siglo XIII, la corona de Aragón tuvo en el comercio la base esencial de su crecimiento económico e institucional. Es la existencia de una burguesía mercantil fuerte la que impone su presencia en las Cortes aragonesas, manifestando así un sentido más plural, si se quiere más feudal y diverso en el ejercicio del poder que el existente en Castilla. En Castilla, la figura preponderante del rey y los acontecimientos históricos del momento, con luchas por la sucesión a la corona, sólo hacían posible la convocatoria de Cortes con finalidades presupuestarias para dotar de apoyo militar a las diversas facciones contendientes.

Fue en el siglo XIV cuando las cosas cambiaron. La prosperidad aragonesa tocó a su fin durante el reinado de Alfonso el magnánimo y sus veleidades imperiales, dando lugar a una serie de levantamientos entre los mercaderes y también entre el campesinado que llevó a un declive de la prosperidad del reino que sólo Fernando el católico, tras muchos años de esfuerzo diplomático y ordenación administrativa, logró devolver. En aquel momento, fue la Castilla de Isabel la católica, gracias al fin de las luchas sucesorias, la que logró el nacimiento de una clase burguesa, mercantilista, basada sobre todo en el comercio de la lana de las ovejas castellanas.

La expulsión de los judíos en 1492 dislocó el mercado de la lana y, para restablecer su equilibrio, los Reyes católicos, crearon en 1494 el Consulado de Burgos.

El origen ideológico de la institución del consulado era aragonés. Los consulados mercantiles no eran más que la ampliación de la jurisdicción de los previos consulados navales tan populares en el Mediterráneo durante el S. XIII. A mediados del siglo XV existían 8 consulados en la zona levantina de España. Los mercaderes burgaleses solicitaron a la reina Isabel un trato semejante.

Los consulados eran al mismo tiempo asociación religioso-benéfica, cofradía, corporación económico-profesional (Universidad de mercaderes) y Tribunal mercantil. A pesar de su evolución en el tiempo, nunca perdió su primer carácter como asociación de caridad y piedad, que atendía principalmente a viudas y huérfanos de mercaderes o mantenían instituciones como el Monasterio y hospital de San Juan y el Monasterio de la Madre de Dios.

También como asociación corporativa ideó numerosas normas de comercio y como Tribunal tenía una jurisdicción de primera instancia, correspondiendo las apelaciones al Corregidor y a la Chancillería de Valladolid- esto diferenciaba a Burgos frente a los consulados mediterráneos, pues su ámbito en razón de la materia era pleno, abarcaba todos los aspectos del tráfico mercantil, no sólo los marítimos como los levantinos. El ámbito territorial su límite coincidía con la frontera que marcaba de manera natural el río Ebro, separando así la jurisdicción burgalesa de la vizcaína, con la que tuvo algún enfrentamiento.

Su origen tiene como fundamento la exportación de productos lanares y otras mercancías castellanas a Flandes y otros puertos del Atlántico norte.  Su tarea fue esencial por cuanto coordinaba el comercio interior con la exportación (especialmente el comercio proveniente de La Rioja, Soria y otras provincias castellanas, principalmente Palencia, Valladolid y Segovia) e indirectamente, servir de elemento unificador y centralizador del poder tan del gusto de los Reyes Católicos. Burgos no tenía salida al mar, pero se convirtió en una especie de depósito general, de control centralizado de la economía lanera y de exportación castellana, fue el enlace necesario para dar salida a las exportaciones. Los productos se embarcaban en los puertos del cantábrico, especialmente Santander y Laredo y los que controlaban el tráfico eran los “cónsules”. Ha quedado una buena documentación de toda esta actividad gracias a los escribanos de los puertos cántabros que documentaban exhaustivamente cada salida y llegada, tenían representantes en Flandes y en otros puertos europeos. Los miembros del “consulado” obtuvieron algunos privilegios, por ejemplo, la exención de derechos señoriales y portazgo.

Pero el Consulado de Burgos también destacó en el ámbito mercantil por haber sido el origen de métodos como el de las letras de cambio, los seguros y reaseguros.

Pero no sólo se exportaban los productos castellanos desde los puertos de lo que hoy es Cantabria, sino que una buena parte lo hacían desde Bilbao.  De manera que Burgos, con ese carácter centralizador, adquirió el monopolio del comercio total que salía por los puertos del mas cantábrico hacia el norte de Europa. Esto permitió estimular la flota mercante con ayudas reales para la construcción de barcos de gran tonelaje o la aprobación en 1500 de una ley de navegación. En el lado negativo de esta centralización, la creación del consulado burgalés provocó un endurecimiento de la tradicional hostilidad que mantenía con la Cofradía de Mercaderes de Bilbao, que en 1494 había conseguido eximir al Señorío de Vizcaya de su jurisdicción, como hemos dicho anteriormente, pero que se molestaba por no gozar de los mismos privilegios que Burgos. Después de varios acuerdos, en 1511 la universidad de mercaderes de Bilbao consigue de la reina Juana (realmente de Fernando el católico) el privilegio de crear su propio consulado. Como prueba de la pugna entre ambos consulados, los burgaleses redactan entonces sus primeras ordenanzas de fletamentos, aprobadas en 1512. Las ordenanzas generales no aparecerán hasta más tarde, siendo aprobadas por Carlos I en Valladolid el 18 de septiembre de 1538, – cuya importancia histórica sobrepasa la regulación del momento y se convierte en el primer cuerpo legislativo sobre seguros y prácticas mercantes que atañe al mundo atlántico, después de las del Consulado de Bilbao, aunque éstas de confirmación real posterior-. La pragmática de 1558 delimitará las competencias de ambos consulados y eximirá de la jurisdicción de Burgos a los naturales de las provincias vascongadas de Guipúzcoa y Álava. En 1572, en relación con las averías de la flota de lanas atacada por los protestantes en Zelanda, se redactan nuevas ordenanzas generales que permanecerán vigentes más de dos siglos. En 1766 se redactan las terceras ordenanzas generales, cuando se intentaba un resurgimiento de la institución.

El sistema de Consulado había resultado tan idóneo para resolver los problemas mercantiles que se decidió extender el modelo al comercio con América, dando lugar al nacimiento de la Casa de Contratación de Sevilla en 1503. Así nació el monopolio sevillano en el comercio con el Nuevo Mundo que se prolongó durante doscientos años.

El consulado tuvo otras repercusiones en el ámbito internacional con relaciones florecientes de Burgos con Flandes, Inglaterra, Francia, Alemania, etc. Burgaleses dejaron su impronta en Florencia y Colonia (donde construyeron la capilla de los Reyes Magos), u otros importantes legados en Brujas, o Amberes.

Los ricos hombres burgaleses contribuyeron a la mejora de los caminos en directa colaboración con los Reyes Católicos para facilitar el comercio interior o financiaron algunos o parte de los grandes viajes de los descubrimientos españoles, por ejemplo, la familia Haro, Cristóbal de Haro en concreto, financió en gran parte el viaje de Magallanes-Elcano alrededor del mundo.

Fueron estas familias de comerciantes burgaleses los importaron las más notables piezas artísticas de orígenes flamencos y alemanes que se concentran en Castilla. La propia Catedral de Burgos tiene un patrimonio ingente de pinturas, tapices y piezas de orfebrería de orígenes europeos fruto de este comercio.

A partir de la pérdida de la flota de las lanas de 1572 en Middelburg y la guerra abierta con Inglaterra y las provincias holandesas, el comercio lanero inicia su decadencia, que coincide también con la decadencia del consulado a lo largo del siglo XVII. A finales del siglo XVIII durante el reinado de Carlos III, se intenta una reactivación mediante la aplicación de medidas mercantilistas, en realidad fue una institución ya diferente y, en general, sin éxito. El consulado desapareció en la primera mitad del siglo XIX, como el resto de instituciones con jurisdicciones especiales de su misma índole.

 

BIBLIOGRAFÍA

BASAS, Manuel. El consulado de burgos. CSIC. 1963

GARCÍA DE QUEVEDO Y CONCELLÓN, Eloy. Ordenanzas del Consulado de Burgos de 1538. Diputación provincial de Burgos. 1995.

ELLIOTT. John. H.- “La España imperial 1469-1716”. Ed. Vicens Vives. 2012

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