EL SUICIDIO DE VENEZUELA. LECCIONES DE UN ESTADO FALLIDO

Hoy traigo como enlace un hilo del blog –Resistencia Venezuela- en el que sus autores explican por qué Venezuela es un estado fallido. El post es de enero de 2019, pero lo considero de plena actualidad.

Son muchos los procesos que han llevado a Venezuela a la situación actual. En un resumen a vuela pluma podemos recordar los siguientes acontecimientos:

Tras el intento de Golpe de Estado y ser encarcelado, a Chavez lo liberan, se convierte en el político más popular de una Venezuela cansada de sus líderes tradicionales. En esta situación, el populista Chavez gana las elecciones, creando un gobierno autoritario. Situación que se acrecentó con Maduro. Los pasos que ha dado el dictador (apoyado por el ejército y mantenido por negocios no del todo claros) para llegar a la autocracia han sido a grandes rasgos:

  1. Acabó con la independencia del poder judicial.
  2. Cuando la solución a esto era la convocatoria de un referéndum revocatorio que se paró por el Consejo Nacional electoral, también sometido al poder.
  3. Se terminaron las elecciones libres y limpias. Con todo, Maduro perdió las elecciones de diciembre de 2015 y lo reconoció, pero acto seguido se suspendieron los comicios regionales previstos para 2016.
  4. Se creó un órgano político por encima de la Constitución
  5. Disolvió las cámaras, es decir, acabó con el Poder Legislativo
  6. Se produjeron detenciones por razones políticas- presos políticos- Especialmente miembros de la oposición o simples ciudadanos que expresaban su opinión contraria al Gobierno
  7. No hay libertad de prensa.
  8. Ha logrado dividir a la oposición.

Pero nada de esto se entendería sin comprender la situación económica en la que ha quedado un país rico por naturaleza y cuyo empobrecimiento ha socavado la posibilidad de resistencia de la población.

En la bitácora de resistenciavenezuelasite.wordpress.com.   lo explican mejor que yo.

https://resistenciavenezuelasite.wordpress.com/2019/01/22/el-suicidio-de-venezuela-lecciones-de-un-estado-fallido-por-moises-naim-and-francisco-toro-moisesnaim-y-quicotoro/

ENERO 22, 2019     RESISTENCIAVENEZUELASITE.WORDPRESS.COM

EL SUICIDIO DE VENEZUELA. LECCIONES DE UN ESTADO FALLIDO. Por Moisés Naím y  Francisco Toro (@moisesnaim y @QuicoToro)

Examinemos estos dos países latinoamericanos. El primero es una de las democracias más antiguas y estables de la región. Tiene una red de protección social más robusta que la de sus vecinos. Sus esfuerzos por ofrecer salud y educación universitaria gratuita a todos sus ciudadanos comienzan a dar resultados. Es un ejemplo de movilidad social y un verdadero imán para inmigrantes de toda Latinoamérica y Europa. Se respira libertad en los medios y en los partidos políticos quienes cada cinco años compiten ferozmente durante las elecciones y el poder cambia de manos regular y pacíficamente. Este país logró esquivar la ola de dictaduras militares que azotó a la mayoría de sus vecinos latinoamericanos. Su alianza política con Estados Unidos es de larga data. Gracias a sus profundos vínculos comerciales y de inversión, numerosas multinacionales de Europa, Japón y EEUU lo escogieron como su base de operaciones para América Latina. Además, posee la mejor infraestructura de Sudamérica. Ciertamente, está muy lejos de ser un país que ha erradicado las plagas que azotan a los países pobres. Sufre de fuertes dosis de pobreza, corrupción, injusticia social, ineficiencia y debilidad institucional. Aun así, bajo cualquier criterio con el que se le mida, le lleva enorme ventaja a casi todos los países en desarrollo.

El segundo país es una de las naciones más empobrecidas de América Latina y la dictadura más reciente de la región. La mayoría de sus escuelas y universidades han colapsado. Su sistema de salud está en el olvido tras décadas de desidia, corrupción y falta de inversión; el paludismo y el sarampión, entre otras enfermedades que hacía tiempo habían sido derrotadas, regresaron por la revancha. La gran mayoría de la población no tiene suficiente comida y ha perdido peso muy rápidamente; sólo una pequeña élite come tres veces al día. Los servicios públicos (agua, electricidad, transporte, comunicaciones) son precarios o inexistentes. Su violencia epidémica lo coloca entre los países con la tasa más alta de homicidios del mundo. Tal es la catástrofe, que millones de sus ciudadanos huyen a otros países, lo que se traduce en la más intensa ola de refugiados que se haya visto en América Latina. Se respira opresión: las detenciones arbitrarias son normales y la tortura común. Ningún otro gobierno (con la excepción de otras dictaduras) reconoce sus farsas electorales. Los pocos medios de comunicación que aún no están bajo el control directo del Estado, se autocensuran por temor a represalias. Para fines de 2018, su economía habrá batido récords: la mayor inflación del mundo y una contracción de cincuenta por ciento en sólo cinco años. Es un verdadero paraíso global para el tráfico de drogas. Estados Unidos, la Unión Europea y otros países latinoamericanos han acusado y sancionado a la cúpula en el poder —del presidente para abajo, funcionarios, militares, sus testaferros y sus familiares, por sus vínculos con las mafias del narcotráfico. El principal aeropuerto está casi siempre desierto y las pocas aerolíneas que aún conectan al país con el resto del mundo transportan solo unos escasos pasajeros que deben pagar precios exorbitantes. Un país antes integrado al mundo es ahora el país mas internacionalmente aislado de América Latina. Estos dos países son de hecho uno solo, Venezuela, en dos momentos diferentes: a principios de los años 70 y hoy. La transformación de Venezuela ha sido tan radical, tan completa y tan devastadora que es difícil aceptar que no fue el resultado de una guerra. ¿Qué le pasó a Venezuela? ¿Cómo es posible que las cosas le salieran tan mal. En una palabra: el chavismo. Bajo el mando de Hugo Chávez y de su sucesor, Nicolás Maduro, el país ha sufrido una mezcla tóxica de políticas públicas devastadoras, autoritarismo y corrupción a gran escala. Todo esto bajo una influencia cubana tan amplia y profunda que, en la práctica, luce como una ocupación. Cualquiera de estos elementos habría creado por sí solo una grave crisis. Al juntarse, configuran una tragedia. Hoy, Venezuela es un país pobre, un Estado fallido y mafioso, dirigido por un autócrata tutelado por una potencia extranjera: Cuba. 

HÉROE: PABLO IGLESIAS

Hoy vamos a nuestro hilo de héroes, para contar la historia de un héroe para los amantes de la libertad y del orden constitucional: Pablo Iglesias.  Es posible que muchos lectores al llegar a este punto hayan dado un respingo en el asiento, es posible que muchos lectores al leer el nombre de nuestro héroe hayan pensado en uno o dos personajes, posiblemente, uno histórico, porque ya falleció, y otro que inunda las páginas de los periódicos actuales, pero, en España, ciudadanos que se llamen Pablo Iglesias debe haber muchos y es posible que algunos lectores hayan vislumbrado que nuestro héroe de hoy es Pablo Iglesias González.

Nació en el seno de una familia de artesanos “tiradores de oro” es decir, trabajadores que presentan ese mineral en forma hilo. Su maestro en el oficio fue su padre, el cual murió a consecuencia del levantamiento del dos de mayo de 1808, en la que participó en defensa de la libertad del Rey y de España. Pablo se hizo cargo del negocio junto con su hermana y madre. La prosperidad del oficio, le posibilita una renta holgada que le permite participar en política desde 1822, y es a partir de ese momento cuando su actuación nos interesa.

Veamos, primero, la situación de España en aquellos años.

El periodo que va desde 1815 a 1848 viene significado en la Historia de Europa por el conflicto entre dos tendencias, de un lado, los absolutistas que pretendían retrotraer los sistemas sociales y políticos a la situación previa a 1789 y, de otro, los liberales, que defendían la soberanía popular y su expresión en una carta constitucional que determinara los valores y principios del orden político de cada Estado.

En España, tras el tratado de Valençay, en 1813, Fernando VII vuelve a nuestro país; desde entonces, todos los acontecimientos absolutistas producidos bajo su reinado tuvieron el apoyo unas veces explícito, otras implícito, del rey felón.

En 1812, se promulga la Constitución de Cádiz producto de las tendencias liberales e ilustradas de muchos intelectuales españoles y cuya novedad esencial es el reconocimiento de que la Soberanía Nacional reside en el pueblo español. Desde entonces y si atendemos a la superficie de los hechos,  se producen una serie de movimientos convulsos con enfrentamientos entre los partidarios del liberalismo y los propagadores del absolutismo. Fernando VII juró conducir España por la senda constitucional de 1812, pero, en 1814, apoyaba el primer movimiento absolutista. Aceptó a regañadientes el viraje constitucionalista en 1820, para volver al absolutismo en 1823 tras congratularse por la injerencia de las potencias extranjeras de la Santa Alianza y apoyarse en los cien mil hijos de San Luis. Tras su muerte, se produce la definitiva implantación constitucionalista en España aunque con sus altibajos y enfrentamientos.

Desde 1814, paralelamente a la etapa absolutista iniciada aquel año. Se desarrolla un movimiento liberal que pretende impulsar las ideas nacidas durante la guerra de la independencia. Este movimiento liberal podemos resumirlo en tres etapas: a) una primera fase de 1814 a 1820 de conspiración frente al absolutismo realista. b) una segunda etapa de 1820 a 1823 en la que gobiernan- Trienio liberal-. c) Una tercera fase que va desde 1823 a 1832, en la que, perseguidos por los absolutistas, los liberales o mueren o emigran- principalmente, vía Gibraltar a Inglaterra y tras la revolución de Luis Felipe de Orleans en Francia, revolución burguesa de 1830 , los asentados en Gran Bretaña se mudan a Francia-.

El Trienio liberal fue un periodo convulso en España, a contrapié de una Europa en retroceso político desde la derrota de Napoleón.

Cuando a partir de 1821 se empiezan a aplicar las reformas liberales (medidas desamortizadoras sobre bienes de la Iglesia, traslado de las aduanas al Bidasoa, nuevas contribuciones, servicio militar…) la oposición absolutista irá en aumento. Pero, además, desde la axiología jurídica, el Trienio liberal es el primer periodo en el que se actúa estando en vigor la Constitución de Cádiz, es decir, el constitucionalismo liberal, que era considerado como un mal ejemplo en una Europa dominada por la Santa Alianza y el regreso al Antiguo Régimen. Por ello, el Congreso de Verona reúne a las potencias europeas que deciden enviar un ejército para poner fin al proyecto liberal español y devolver el poder absoluto al Rey Fernando VII.

El propio monarca había solicitado la ayuda de las potencias europeas y, en aplicación de ese auxilio, en abril de 1823, se produce la invasión francesa de los llamados “Cien Mil Hijos de San Luis” bajo el mando del duque de Angulema. Paradójicamente, la Francia que trajo las ideas ilustradas y el constitucionalismo,  viene ahora a restaurar el absolutismo con el apoyo de la guerrilla antiliberal.

La expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis fue prácticamente un paseo militar. Las tropas liberales fueron retirándose sin apenas oponer resistencia. Realmente, los Cien Mil Hijos de San Luis a penas superaban la cifra de 95.000, entre soldados franceses y algunos voluntarios españoles, que hubo de enfrentarse al ejército constitucional español formado por 130.000 efectivos. Pese a la superioridad numérica liberal, las tropas españolas estaban mal organizadas y sólo hubo una resistencia eficaz en Málaga, Granada y Jaén (gracias a la hábil dirección de Riego), en Cádiz (por ser la sede de las Cortes Constituyentes) y en Cataluña, donde las comandaba Francisco Espoz y Mina. El ejército francés logró sus objetivos: ocupó Madrid sin resistencia; según el Marqués de Miraflores los Cien Mil Hijos de San Luis fueron recibidos por el pueblo como libertadores a los gritos de ¡Viva el Rey absoluto! ¡Viva la Religión y la Inquisición! y, sobre todo, el más conocido de todos: ¡Vivan las cadenas! Tras la toma de la capital, el ejército foráneo persiguió a los liberales hasta Andalucía. Finalmente, tras incumplir su pacto con las Cortes de Cádiz, Fernando VII abolió las leyes del Trienio liberal y volvió a ser un rey absolutista y duramente represor de los liberales.

En este contesto aparece nuestro héroe: Pablo Iglesias González (1792-1825), defensor de la integridad nacional ante los franceses durante la Guerra de la Independencia y convencido liberal que un 24 de agosto de 1824, tras la traición de Fernando VII a la Constitución de 1812   y tras la ejecución de Rafael del Riego, el General Torrijos y otros muchos liberales, fue la cabeza visible de una rebelión constitucionalista, cuya base tuvo lugar en Almería.

Como dijimos anteriormente, en 1922, durante el Trienio liberal, entra en política tras presentarse a las elecciones municipales de Madrid y alcanzar un puesto como regidor en los escaños liberales.

En uno de los muchos enfrentamientos entre liberales y absolutistas, la Guardia Real se pronunció por el Rey absoluto, los exaltados madrileños lo hicieron a favor de la Constitución de Cádiz por medio de su Ayuntamiento y con la fuerza de los milicianos. Estábamos en el mes de julio de 1822, tras una semana de gran tensión, los guardias reales atacaron la plaza de la Constitución, hoy plaza Mayor, en cuya casa de la Panadería estaba instalado el Ayuntamiento de Madrid. Pablo Iglesias, a la sazón capitán de cazadores y regidor [equivalente al actual, concejal] en el Ayuntamiento, dirigió una valerosa defensa de la plaza, hasta conseguir poner en fuga a los guardias que se refugiaron en el Palacio Real. La jornada del 7 de julio fue conmemorada como sinónima de libertad y democracia durante todo el siglo. Sin embargo, la alegría liberal duró poco y en 1823 encontramos a Pablo Iglesias en el repliegue del Gobierno y la Administración, primero hacia Sevilla y, después, hacia Cádiz. Nuestro héroe dirigía una de las secciones de un inmenso convoy, en el que, entre otras cosas, se transportaban a lugar más seguro las urnas que contenían los restos de Daoiz, Velarde y demás víctimas del 2 de mayo, para sustraerlas a la posible profanación del ejército francés.

Vencidos los liberales por la toma de Trocadero en Cádiz, Pablo Iglesias consigue escapar hacia Málaga, y desde allí a Cartagena, plaza en la que resistía el General Torrijos. En noviembre 1823, ha de rendirse esta ciudad, el General Torrijos huye a Londres y Pablo Iglesias consigue escapar a Gibraltar, lugar en el cual se introduce entre la Jerarquía del liberalismo. Sigue en contacto con los liberales de la Península y con los que había exiliados en Londres, entre ellos, Espoz y Mina y el propio Torrijos ( poco después fusilado por los absolutistas tras dirigir un levantamiento liberal en Málaga). Cabe señalar que los liberales exiliados, no olvidaron nunca a España y promovieron todo tipo de alzamientos para recuperar el poder y el constitucionalismo. Uno de los grupos de estos exiliados creó en Gibraltar una sociedad llamada Santa Hermandad. Miembros destacados de esta sociedad fueron César Contí, Manuel Beltrán de Lis y el francés Housson de Tour, así como Pablo Iglesias. Proyectaron un ataque en Almería, nombrando a Pablo Iglesias jefe de expedición.  Partieron hacia Almería por mar desde Gibraltar la noche del seis al siete de agosto de 1824. La expedición la formaban 48 hombres, buena parte de ellos militares españoles de diferente graduación y 4 extranjeros.

Todos aquellos movimientos pretendían lograr “un grado de contagio insurreccional” que alentara al pueblo a levantarse contra el poder absolutista del monarca. A este movimiento se le denominó en Almería “los coloraos” en razón del color de la camisa que vestían.

Fracasada la acción contra Almería por la pérdida del factor sorpresa, el valiente gesto no sirvió para nada ante la fulminante reacción de poder. Así las cosas, Pablo Iglesias protagonizó una azarosa huida. Al final, fue detenido el 22 de agosto en Cúllar-Baza en unión de su compañero Antonio Santos. Se les sometió a un largo proceso, del que se valieron algunos desaprensivos para intentar deshacerse por venganza de sus propios enemigos. Incluso, parece que el ministro Calomarde ante los informes que le llegaban de Granada “les prometió que serían indultados y disfrutarían de la soberana protección, siempre que declarasen el plan de los revolucionarios, suministren pruebas que lo justifique y hagan otros descubrimientos por los cuales se asegure el Trono y El Altar”. No sometiéndose a la tentación promovida por el ministro absolutista, fueron trasladados a Madrid, a finales de enero de 1825, continuaron allí las actuaciones sin ningún paso alentador. El día 21 de abril se pronunció la sentencia, confirmada por el Consejo en Sala el día 22 de agosto: “les había de condenar y condenaba a la pena ordinaria de pena en la horca, a la que serían conducidos arrastrados”[1].

Según dicen los biógrafos de Iglesias, su madre, Francisca González, consiguió postrarse a los pies de Fernando VII, pidiendo clemencia para su hijo. El monarca la levantó afablemente, pero contestó con ambiguas frases.

Fue ejecutado a los pocos días. Su compañero de prisión, Francisco Rodríguez de la Vega, dejó constancia de sus últimas palabras: “nací, he vivido y muero en el seno de la Iglesia católica, cuya fe confieso y profeso firmemente. Sin embargo, si por igual causa que yo os llegáis a ver en este sitio, unid vuestras voces a las mías y que vuestras últimas palabras sean Libertad o Muerte”[2]. “Libertad o Muerte se convirtió desde el principio en el lema y grito de guerra de los “coloraos”, es decir, de los liberales.

Los restos mortales de Pablo Iglesias Gónzalez descansaban en el cementerio de la Puerta de Toledo. Ignoramos la situación actual. Igual suerte tuvo Antonio Santos.

En Almería, entre 1868 y 1870, se erigió el Monumento de los “coloraos” o “Pingurucho”, que estaba en la Puerta de Purchena siendo trasladado en 1900 a su actual emplazamiento en la Plaza Vieja o plaza de la Constitución. Fue demolido en 1943 tras la victoria franquista y fue reconstruido en 1987 por suscripción popular.

La importancia de este movimiento liberal fue enorme en su tiempo y así se reflejó en la literatura decimonónica española; por ejemplo, Benito Pérez Galdós le dedica un Episodio Nacional: “El Terror de 1824” y Francisco Rodríguez de la Vega en 1835, a partir de los apuntes realizados por el confesor, por el testimonio de algún amigo y de algunos escritos personales del propio Iglesias escribe “Los últimos momentos de don Pablo Iglesias”.

[1] Irene Gálvez. Diario de Almería

[2] Carmen Ravassa, El “colorao” no es rojo (Editorial Soldesol, 2016)

MEMORIA DEMOCRÁTICA

En 2007, el Gobierno español presentó un anteproyecto de ley, que una vez superados los trámites parlamentarios se convirtió en “Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”, más conocida por todos como Ley de Memoria Histórica, entre otras razones porque en su objeto señala que ha de dar alcance histórico a la memoria individual y personal de los que  vivieron los acontecimientos de la guerra civil y la postguerra y por crear el Centro Documental de la Memoria Histórica. Sobre la misma se han escrito multitud de comentarios. A estas páginas trajimos en su momento el artículo firmado por Francisco Vázquez, ex diputado del PSOE y Ex alcalde de La Coruña, que enlazamos a continuación. Casi todos los artículos hechos por historiadores, colegios de historiadores, interesados en la Historia etc., fueron contrarios a la misma.

https://wordpress.com/block-editor/post/algodehistoria.home.blog/90

Se ve que el Gobierno, no contento con lo allí regulado, pretende darle una vuelta de tuerca más a la materia y por eso ha presentado el Anteproyecto de Ley de Memoria Democrática en el Parlamento en este mismo mes de septiembre, cuya diferencia con el anterior es la intensidad en la regulación, lo que lleva a mayores sanciones e imposiciones.

El texto contiene 66 artículos, agrupados en un título preliminar y cuatro títulos, distribuidos en capítulos y secciones. En ellos se intenta regular lo que hay que pensar, medir, estudiar y decir de los acontecimientos posteriores a 1936, a la guerra civil. La fecha es significativa, pues supone eximir del libre análisis histórico a los años de gobierno del General Franco, ignorando que los hechos que vive una sociedad no brotan por generación espontánea en un momento dado, sino que son fruto de otros previos y consecuencia de aquellos. Ni la guerra civil ni el franquismo se pueden entender sin la II República y ésta sin conocer los tiempos anteriores.

En este análisis de la ley debemos pararnos en una denominación que incluye en el mismo texto tres conceptos claramente diferenciables e incluso contradictorios entre sí: memoria, historia y democracia.

La memoria es selectiva e individual, propia y subjetiva, donde los sentimientos se unen al recuerdo. La Historia es objetiva, basada en hechos y análisis de los mismos en función de las fuentes consultadas. Democracia es axiología, aunando valores que organizan una sociedad y se manifiestan en su organización política y jurídica. Mezclar estos tres elementos es un coctel explosivo, que estalla en los tres aspectos mencionados.

Así la memoria cuando afecta al devenir de la vida propia reacciona rebuscando entre sus recuerdos y seleccionando aquellos que más se aproximan a los propios sentimientos, dando lugar a narraciones sobre aquello vivido por el recordante, por su familia, por sus amigos y oponiéndolo a los que sientan una añoranza sobre acontecimientos, a veces iguales, a veces distintos, que marcaron un sentimiento contrario. La memoria en estos casos olvida la ética de la neutralidad para añadir épica a la evocación de que aquello que pasó, que se vivió y se luchó fue lo correcto o tuvo que ser la mejor opción para evitar la melancolía de la pérdida inútil. En el caso de un enfrentamiento, esa épica en la rememoración nos conduce a la identificación con el que tuvo vivencias semejantes y al resquemor, al odio, al alejamiento con aquellos que tuvieron otras distintas, porque el recuerdo nunca es puro, está tamizado del amor a los nuestros y de la defensa de lo que ellos creían defendible, cuando en realidad, en una guerra civil, la más incivil de todas las guerras, el recuerdo siempre es cainita.

La sociedad española hizo una transición ejemplar, estudiada en todos los libros de Historia del mundo como modelo de perdón colectivo, de mirar hacia adelante, olvidando los momentos de distanciamiento anterior. Realmente, aquella Transición política, fruto de la generosidad de todos, había nacido mucho antes en la sociedad, en las familias españolas donde se habían casado miembros de un bando con miembros del otro. Aquel acto de reconciliación es el que ha llevado que muchos, posiblemente la mayoría, tengamos abuelos que habían apoyado a bandos distintos en la guerra. Fue aquel acto de reconciliación social el que permitió el transcurrir de la Ley a la Ley con la Ley de Reforma Política y el perdón de la Ley de amnistía.  Fue ya durante la Transición, cuando se iniciaron algunas reparaciones a los vencidos: reconocimiento de pensiones a los militares o civiles del bando perdedor, reconocimientos y resarcimientos públicos de afrentas que se hubieran producido ( teniendo en cuenta que afrentas hubo por parte de ambos bandos). Si eso fue así, y así fue ¿para qué queremos ahora una ley que viene a disturbar la paz social lograda por todos los españoles con una ley que divide en vez de unir? Quizá debamos volver los ojos a nuestros abuelos, pero esta vez para comprender que tuvieron una actitud, un talante, bastante más adecuado e inteligente que el que vivimos ahora.

Por otro lado, la realidad , el presente y el futuro tienen una presencia en la mente de cada individuo mucho más firme que la del pasado y por mucha memoria que cada uno tenga, pretender mover el pasado para ocultar las crisis del presente es no conocer la realidad de cada familia cuando llega el final de mes, cuando se vela al enfermo por las noches o cuando se cuida de los ancianos o a los niños para protegerlos de la incertidumbre sanitaria y económica que vivimos.

En segundo termino, en el aspecto histórico, la ley provoca un estallido porque los hechos son tozudos y pretender inclinarlos hacia una sola interpretación posible, es negar la ciencia histórica. En las facultades de historia se estudia una asignatura centrada en la historiografía, en la neutralidad del historiador, porque en eso va el buen hacer profesional de ellos, de nosotros. Cabría plantearle, en este sentido a la Vicepresidenta Carmen Calvo, defensora de esta Ley  que le pregunte a su hermano José Calvo Poyato, insigne historiador nada proclive al franquismo, qué piensa sobre la ley en cuestión, no le veo muy partidario, como lo demuestra en este artículo:   http://www.josecalvopoyato.com/Inicio/ignorancia-callejera-josecalvopoyato/

Además, José Calvo Poyato fue alcalde del pueblo de ambos: Cabra, en Córdoba, recordado entre otras cosas por el bombardeo republicano que terminó con medio pueblo, especialmente mujeres y niños y, en todo caso, todos civiles, y bajo su mandato se mantuvo el monumento de recuerdo a las víctimas de aquella masacre, la cual se conoce en algunos libros de Historia como el Guernica de la Subbetica.  Todos los historiadores coinciden en que el bombardeo de Cabra pasó más desapercibido que el de Guernica porque Picasso u otro ilustre pintor no quiso plasmarlo en su obra.

Pero no pretendo recordar hoy los desastres de unos u otros, sino el desastre histórico que supone diseñar una guerra de buenos y malos, una guerra en la que los vencidos, años después de su derrota, quieran tornar los acontecimientos para ganar lo que perdieron, pero sería igualmente criticable si los supuestos vencedores buscaran machacar la memoria de los vencidos olvidando sus heroicidades, que las hubo y recordando sólo lo malo, como si los derrotados, además de vencidos, hubieran sido auténticos demonios. Algún lector me podrá decir que eso ya pasó, que así se escribía la historia oficial durante el franquismo y tendré que darle la razón. Por eso, esta ley tiene mucho de franquista. Tiene las formas y los contenidos propios de aquel régimen al que quieren denostar para convertirse ellos en franquistas, o totalitarios de otro signo, que igual da. Por eso debo traer a este blog, una vez más, aquella frase del profesor Ferrero, que, para diferenciar la Historia del periodismo, decía “ dádmelo morto”. Es decir, es historia aquello que se analiza cuando los que han vivido los hechos ya están muertos; cuando el relato puede ser objetivo porque la memoria no interfiere en él. Y hete aquí, que, en España, 81 años más tarde de ocurridos unos acontecimientos que están casi todos “mortos”, nos ponemos a legislar para imponer una versión histórica, basada en la memoria de un sector de los que lo vivieron o de los hijos o nietos de éstos que ya no recuerdan los sucesos sino que atienden a la versión de un relato sesgado por la memoria de otros,  sin tener en cuanta ni los hechos ni el análisis de las fuentes y, todo ello, porque unos señores con mando en el BOE así lo deciden. Evidentemente, eso no es Historia, pero, como decía antes, eso es franquismo.

Algún lector, ante esto, preferirá recordar a Orwell y a su “Ministerio de la Verdad” en su obra “1984”. Aquel ministerio del gobierno del partido INGSOC tenía por finalidad, utilizando una neolengua, reescribir la historia y falsear la misma. Era competente para realizar cualquier falseamiento de la historia con tal de que sirviera a los fines del partido gobernante. El falseamiento podía provenir bien de la tergiversación de lo ocurrido o bien por la invención de hechos que nunca existieron, siempre al servicio de los intereses del partido gobernante.

Orwell que participó en la Guerra civil española en las brigadas internacionales, escribió aquella novela como parte de uno de los grandes bloques de interés de su obra: su lucha contra los totalitarismos nazis y estalinistas. Contra las dictaduras, en una palabra. No creo que haga falta decir más para situar la ley de memoria democrática.

También implosiona el concepto de democracia con esta ley.  La democracia, en última instancia, es una manifestación de la axiología como concepción de los valores en los que se fundamenta la organización política y jurídica de una sociedad y, por ende, en la regulación normativa de la misma, informando el ordenamiento jurídico de esa sociedad.

Recordamos a ese respecto que los valores superiores del ordenamiento jurídico español son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.  Esos valores superiores, que informan todo el ordenamiento, sirven de base y parapeto en la defensa de los derechos fundamentales, entre ellos, las libertades de expresión, de pensamiento, de cátedra…

Una ley que impone una visión de la historia concreta, que impone sanciones al que se expresa de determinada forma en relación con determinados acontecimientos históricos, mancilla las libertades anteriormente expresadas, rompe con los valores del ordenamiento jurídico.

Además, entre las características básicas de toda norma está su carácter universal , no se puede legislar para alguien en particular,  lo que se une con el principio de que la ley debe ser abstracta e impersonal, no se emite para regular o resolver casos individuales, ni para personas o grupos determinados, su impersonalidad y abstracción, la debe conducir necesariamente a la generalidad; todo lo contrario que hace la norma de la que hablamos. La ley es obligatoria en su cumplimiento, tienen carácter imperativo y poder coercitivo para imponerse por encima de la voluntad de los destinatarios. En este caso, frente a la libertad de pensamiento o de expresión, lo que no habla mucho del talante democrático de la misma; así mismo, el concepto de ley nace con intención de perpetuación, de permanencia, se dicta con carácter indefinido, y sólo dejará de tener vigencia mediante su derogación por leyes posteriores. Es decir,  se pretende perpetuar en el tiempo un análisis histórico mediatizado por la memoria de unos pocos, tergiversando así la objetividad histórica, la objetividad del historiador, mancillando su oficio.

Se podrán analizar otros aspectos de la Ley en cuestiones jurídicas concretas, señalando el alcance concreto de las mismas, pero eso se escapa a este blog y, además,  hay grandes juristas que ya han publicado certeros análisis en este sentido, a la espera del dictamen del Consejo de Estado y del Tribunal Constitucional ante el que algún grupo político va a impugnar la Ley de Memoria Democrática.

Podíamos también analizar las razones últimas por las cuales se dicta esta ley, pero, eso forma parte de la intencionalidad política. Insistir en ello nos llevaría a escribir otro hilo en otro tipo de blog.

Desde el punto de vista histórico, que es lo que buscamos aquí, hemos querido limitarnos a analizar una ley que afecta a nuestro estudio y profesión. Los gobiernos deben regir las sociedades para mejorar su presente y allanar el camino del futuro, no para legislar el pasado, eso sólo sirve para involucionar, nunca para prosperar, el pasado debe quedar en manos de los historiadores.

LA BATALLA DE VARSOVIA 1920 O LA BARRERA A LA EXPANSIÓN COMUNISTA.

Entre los conflictos esenciales de la humanidad, uno destaca por haber sido el freno a la expansión comunista hacia occidente.

Hablamos de la Batalla de Varsovia de 1920. En agosto de este año se cumplió su centenario.

La batalla se enmarca en la guerra polaco-soviética que fue un conflicto iniciado a poco de terminar la I Guerra Mundial y que no tuvo más trascendencia en el imaginario popular porque todos nos paramos en el tratado de Versalles y en los 14 puntos de Wilson, sin embargo, la Batalla de Varsovia fue la batalla decisiva de la Guerra polaco-bolchevique, que se libró del 12 al 25 de agosto de 1920. Según el diplomático británico D’Abernon, ésta fue la decimoctava batalla más importante en la historia del mundo.

La guerra fue el resultado del deseo polaco de recuperar el territorio perdido y del expansionismo ruso, unos hacia el este, otros hacia el oeste. Los polacos, nación renacida en 1918, pretendían recuperar el territorio que ocupaban antes del siglo XVIII lo que le llevó a ocupar una serie de territorios ucranianos y preveía avanzar hacia Bielorrusia y Lituania. El levantamiento ucraniano contra los polacos contó con el apoyo ruso. Los rusos, en plena formación de las repúblicas soviéticas, no se paraban en barras y decidieron que todo avance era pequeño. Lenin pretendía llevar la revolución a Alemania y Hungría donde en 1919 se produjeron una serie de levantamientos comunistas, todo ello aprovechando la situación de una Europa destruida tras la Gran Guerra.

Su gran objetivo era Alemania. La recién creada República de Weimar se desangraba entre huelgas, revueltas, crisis económica. Era una nación dolida por el tratado de Versalles. Pero el camino hacia Berlín, requería superar el obstáculo de Polonia.

Hay que retrotraerse en el tiempo unos años a fin de entender en toda su expresión la situación polaca.

Debemos situarnos a finales del siglo XVIII, cuando se dividió Polonia entre Prusia, Rusia y Austria. Aquella desaparición del Estado polaco no acabó con su nación y se mantuvo en el imaginario del pueblo polaco la necesidad de recuperar al viejo Estado arrebatado por las ambiciones vecinas. El Estado polaco nació sobre las ruinas de las derrotas militares y políticas, pero, de la permanencia indomable e irredento de un espíritu nacional arraigado en el pueblo polaco que pasó de generación en generación y se manifestó a través de diversas sublevaciones y de constituir, por ello, un problema permanente para alemanes y austríacos, que pensaron en crear un reino polaco dependiente de ambos países, en 1915, pero sin nombrar nunca a un rey. Tras la derrota de Alemania y Austria, con el armisticio, llegó la creación del Estado polaco, aunque sin recuperar el antiguo territorio. El jefe del Estado polaco Józef Pilsudski ambicionaba los antiguos territorios para que sirvieran de contrapeso al tradicional poder de alemanes y rusos.

Para ello contaba, en 1920, con una nación unida y moderna que habían sabido transformarse desde la sociedad feudal que era en el siglo XVIII, en una de las sociedades civiles más modernas de Europa. Hasta su nueva creación carecía de instituciones estatales, pero tenía una extensa red de entidades sociales, culturales y deportivas, de cooperativas financieras, las sociedades científicas, los grupos de autoformación que permitieron mantener la moral polaca tan elevada que sin ellas las victorias militares no hubieran sido posibles. Fue el desarrollo social que llevó al desarrollo económico y al deseo democrático. Prueba de que esa nación se movía y existía fue que dos días después de recuperar la independencia en 1918, Polonia promulgó una de las legislaciones sociales y electorales más modernas del mundo occidental.

Pero aquel éxito se vio amenazado dos años después de recuperar la independencia, Polonia se enfrentó a la amenaza totalitaria de los bolcheviques. La guerra contra los bolcheviques fue una demostración de la extraordinaria unidad política de la nación polaca. Las diferencias políticas que había entre los padres de la independencia polaca, que pertenecían a distintos ámbitos políticos, quedaron relegadas a un segundo plano para centrarse en la defensa del Estado, de la patria recién recuperada. Tenían eso que hoy llamamos sentido de Estado, les importaba su país y su pueblo por encima de sus intereses. La sociedad polaca apoyó masivamente el esfuerzo bélico, y también hubo un fuerte compromiso por parte de la Iglesia Católica. El ejército bolchevique se enfrentó a toda la fuerza física, moral y espiritual de una nación unida.

El momento clave de la guerra polaco-soviética fue la Batalla de Varsovia, un audaz ataque soviético, el 13 de agosto dirigido por Tujachevski, rompió la línea defensiva polaca y le permitió conquistar la pequeña ciudad de Radzymin, en las afueras de Varsovia. El 14, la situación para los polacos era desesperada. Los simpatizantes comunistas empezaron a realizar actos de sabotaje por toda la ciudad para preparar la llegada de sus camaradas.

Varsovia se llenó de refugiados del este que habían huido del avance ruso. Circulaban todo tipo de rumores alarmistas. Las iglesias estaban a rebosar. Al día siguiente era la fiesta de la Asunción, por lo que miles de devotos católicos rezaban a la Virgen para que ocurriera un milagro. Y el “milagro” ocurrió. El ejército rojo había tenido grandes pérdidas humanas y materiales en el avance y a eso se unió la falta de ayuda de los habitantes de las zonas ocupadas.

El gobierno polaco, en cambio, llevaba varios meses preparando la defensa de Varsovia. Había hecho acopio de suministros y, con la ayuda de la Iglesia católica, lanzó una campaña propagandística con la intención de canalizar los impulsos patrióticos y antibolcheviques de la población. Lo que facilitó la formación de un Ejército de Voluntarios bajo el mando del general Haller, que en poco tiempo superó los 100.000 soldados. Teniendo en cuenta que Polonia fue uno de los países más destruidos por la Primera Guerra Mundial, la movilización bélica de la sociedad polaca fue extraordinaria.

Tras una serie de durísimos combates, el ejército polaco consiguió repeler los ataques del día 15 e iniciar una maniobra envolvente al modo napoleónico, abriendo una brecha en el ejercito ruso y separándolo en dos para empezar el ataque por el sector más débil hasta avanzar contra todas sus posiciones, que no pudieron más que defenderse a duras penas. No en vano, el ejército polaco había sido asesorado por oficiales franceses. El ataque obligó al enemigo a retirarse de forma desorganizada y anuló su capacidad de contraataque. Una guerra de movimientos, con un destacado papel de la caballería, donde no había trincheras, ni alambre de espino ni apenas tanques o aviones. Unos 25.000 soldados soviéticos murieron en Varsovia, y unos 70.000 en toda la guerra. Por el lado polaco, las bajas también fueron considerables. Si bien no en la batalla decisiva, donde murieron unos 4.500 soldados, sí a lo largo de la contienda, con unas 47.000 muertes.

Desde agosto de 1920 y en los meses siguientes, varias victorias sucesivas del ejército polaco aseguraron la independencia del país y llevaron a la firma, el 12 de octubre de 1920, del armisticio y el 18 de marzo de 1921,se llegó al acuerdo de paz en Riga ( Letonia) que puso fin a la guerra polaco-bolchevique y marcó las fronteras del Estado polaco en el este y la imposibilidad de que Lenin alcanzase su objetivo de extender el comunismo.

La prensa calificó la victoria de los polacos como el Milagro del Vístula, en referencia al Milagro del Marne, ocurrido durante la IGM, cuando el ejército franco-británico logró detener a los ejércitos alemanes.

La guerra polaco-soviética no fue sólo un choque de grandes ejércitos, un esfuerzo espectacular de toda la sociedad o el genio estratégico de los mandos militares. Otros factores influyeron. El primero es que, durante el ataque, los servicios de inteligencia polacos interfirieron las comunicaciones rusas, impidiendo que sus tropas se reorganizaran a tiempo. Famoso fue Jan Kowalewski, un oficial de la inteligencia militar polaca que descifró las claves secretas soviéticas. Su trabajo permitió obtener información clave para el desarrollo de la estrategia de las operaciones polacas. Fue un héroe silencioso que desempeñó un papel crucial en la detención de la agresión soviética contra Europa, en 1920.

El segundo tuvo que ver con las diferencias que existían en el mando soviético. Durante la toma de Varsovia, Tujachevski pidió el apoyo del ejército del frente Sur-Oeste, dirigido por Aleksandr Yegórov, para cubrir el frente sur. Stalin, comisario político del frente en cuestión, se negó.

La Batalla de Varsovia fue la culminación de más de 50 años de revolución democrática polaca, una de las historias más extraordinarias y, al mismo tiempo, menos conocidas de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, llena de patriotismo, devoción religiosa y genio e inteligencia militar. Pero, sobre todo, y el motivo esencial por el que se considera uno de los episodios más importantes de la historia de la humanidad es porque representa un momento decisivo en la lucha contra el totalitarismo en Europa, tan destacado como lo fue la II Guerra Mundial.

En 1920, Polonia ganó la batalla a orillas del Vístula, y esa victoria era clave para la libertad de las naciones de Europa.

Los polacos salvaron a Occidente del genocidio totalitario, descrito por destacados historiadores franceses en el célebre Libro Negro del Comunismo.

Bien lo sabía Karol Wojtyła, más tarde el Papa Juan Pablo II, nacido en 1920, quien dijo: “Desde mi nacimiento, he llevado dentro de mí una gran deuda con aquellos que emprendieron entonces la lucha contra el invasor y la ganaron, pagándola con sus vidas”.

 

EL EXPOLIO DE LA REPÚBLICA- El ORO

En esta segunda entrega del expolio nos vamos a centrar en el oro como hilo conductor. Realmente, estos que vemos hoy no son acontecimientos diferenciables de manera radical de los explicados en el expolio artísticos, como veremos.

El 13 de septiembre de 1936 Madrid se despertaba con las noticias de intensos combates en los que parecía que los republicanos llevaban la iniciativa: en el Alcázar de Toledo en donde resistía el General Moscardó. Oviedo estaba siendo bombardeada y la artillería cañoneaba Teruel. España llevaba escasos dos meses de “levantamiento militar” y el gobierno de la República infravaloraba públicamente el avance de los “nacionales”. Presidia el gobierno el socialista Largo Caballero quien nombró a sus correligionarios Negrín y Prieto como ministros de Hacienda y de Marina y Aire, respectivamente .

Azaña, Presidente de la República, firmó aquella mañana un decreto reservado por el cual autorizaba “el transporte, con las mayores garantías, al lugar que estime de más seguridad, de las existencias que en oro, plata y billetes hubiera en aquel momento en el establecimiento central del Banco de España”. Pero no sólo eso, Negrín logró de un Azaña enfermo autoridad para enajenar todos los bienes del Estado en el extranjero a favor de una sociedad anónima, casualmente, controlada por él, Negrín.

Azaña fue engañado, nunca le dijeron que el oro iba a Moscú, sino a la base naval de Cartagena, donde se trasladó el oro en una primera etapa, custodiado por la brigada motorizada del PSOE. A Azaña se le ocultó durante un tiempo el envío a Rusia porque, según Largo Caballero,  “se hallaba entonces en un estado espiritual verdaderamente lamentable”. Aquel traslado se hizo , igualmente, sin el conocimiento de las Cortes, ni del resto del Gobierno. Sólo los nombrados anteriormente sabían del asunto. La justificación expuesta posteriormente señalaba que se hizo en secreto para evitar el escándalo de las democracias occidentales. Si hay un escándalo es que algo no se hace bien, por tanto, ya preveían que poner aquel oro a buen recaudo suponía ponerlo en manos de Stalin. Negrín era el hombre de Stalin en España. Había llegado al Gobierno de la mano de Prieto y en 1937, tras eliminar Stalin los apoyos a la CNT y al POUM, alcanza la Presidencia del Gobierno.

Los hechos se sucedieron así: la madrugada del 13 al 14 de septiembre de 1936, unidades de carabineros, milicianos socialistas y anarquistas y medio centenar de cerrajeros y trabajadores metalúrgicos irrumpieron en la cámara acorazada de Banco de España. Allí se almacenaba y custodiaba la cuarta reserva de oro del mundo formada por las reservas de oro del Estado español, así como miles de cajas de seguridad contratadas por particulares para mantener a buen recaudo sus ahorros. Las instalaciones eran nuevas y su cámara acorazada estaba considerada una de las más seguras de Europa. El traslado debía ser firmado por el cajero principal de la entidad, que fue secuestrado por milicianos a punta de pistola en su casa y llevado a las dependencias del banco. Allí se le exigió que firmase la autorización de apertura de las cámaras acorazadas y de las cajas de depósitos privados. Se negó en reiteradas ocasiones y, para evitar firmar aquel latrocinio, decidió suicidarse -algunas fuentes señalan que fue asesinado por los milicianos y luego se fingió su suicidio-.

Durante días se cargaron en secreto siete mil ochocientas cajas de oro de 75 kg. de peso cada una, conteniendo monedas de alto valor numismático y lingotes que fueron trasladadas a Cartagena. Aunque no se sabe con certeza lo apropiado, si se calcula que, como poco estaba en torno a los 5.240 millones de pesetas de la época –unos 15.000 millones de euros actualmente, 20.000 millones si se considera su valor numismático-.

En el recuento oficial en Cartagena se depositaron 7.900 cajas de oro, de las cuales 7.800 fueron embarcadas en los buques Kine, Neve y Volgoles, el 25 de octubre,  con destino al puerto ruso de Odessa. Es decir, en el transito, habían desaparecido 100 cajas con, aproximadamente, 7.000 kg. de oro de 24 quilates; nunca se sabrá con certeza porque el cargamento no se inventarió.

El tesoro fue a Rusia, pero de Stalin nunca hubo ni tan siquiera un recibo que justificase la entrega y Negrín durante su exilio se negó a rendir cuentas.

Acompañaron al cargamento cuatro funcionarios (claveros del Banco de España)  que fueron retenidos por Stalin hasta octubre de 1938 y sólo entonces se les permitió salir para lugares dispersos del extranjero: Estocolmo, Buenos Aires, Washington y México. El embajador español en Moscú, Marcelino Pascua, fue trasladado a París y los funcionarios rusos que participaron en el saqueo del oro de España fueron fusilados en su mayoría. Es evidente que había interés por ambas partes en silenciar aquel expolio. Seis meses después de la llegada del oro español a la Unión Soviética, el Gobierno de Stalin publicaba el aumento de las reservas de oro en el Gosbank -banco central de la Unión Soviética- y lo achacaba a la mejora económica del régimen comunista. Evidentemente, aquello no era cierto, era el oro del Banco de España que había sido incluido a las reservas rusas y no se reconocía su pertenencia a España.

Negrín, Prieto y Largo se extendieron en justificar la salida del oro por la necesidad de comprar armas y dado que las puertas de los países demócratas estaban cerradas no les quedó más remedio que acudir a Moscú. Gracias a José Ángel Sánchez-Asiaín y a su ensayo: “El sistema financiero de la República durante la guerra civil” (publicado en el Boletín de la real Academia de la Historia, tomo CCI, Cuaderno I) sabemos que varios de los consejeros del Banco de España que permanecieron en la zona republicana no acudían a los consejos por miedo a ser “paseados.” Naturalmente, esta situación y otras similares las conocían los círculos financieros europeos y norteamericanos, que no querían contribuir a la implantación de una dictadura soviética.

Quizá debamos hacer un breve repaso a la situación de compra de armamento de ambos bandos para comprender que aquella enorme fortuna debía haber servido para comprar las mejores armas del mundo, ya que, como decía Napoleón, para ganar una guerra hacía falta dinero, dinero y dinero; y, sin embargo, en la guerra civil española, hizo falta dinero, dinero y dinero para perderla.

El Gobierno de Madrid tenía todo el oro enviado a Moscú y otro mucho incautado; los nacionales no tenían más que su palabra, donativos y créditos personales y los escasos fondos públicos que había en las ciudades que desde el primer momento se pusieron de su lado. A partir de esa relación, la rentabilidad que los nacionales obtuvieron de su menguado patrimonio fue muchísimo mayor que la de sus enemigos. Francisco Olaya Morales, historiador anarquista, en su obra “El expolio de la República. De Negrín al Partido Socialista, con escala en Moscú: el robo del oro español y los bienes particulares” Belacqua, 2004, resume así la situación del bando republicano “la corrupción y el desorden prosperaron y proliferaron, generalmente, porque encontraron el terreno apropiado a su fermentación en la irresponsabilidad gubernamental y en el asenso y la complicidad de las direcciones políticas”. Tal afirmación viene corroborada por multitud de datos, así, el Gobierno populista fundó diversas sociedades, como Campsa Gentibus y la Central de Exportación de Agrios, con multitud de comisiones cuyas funciones se superponían y cuyos empleados en ocasiones trabajaban más para su lucro que para el interés común. Las autoridades de Madrid y Valencia recibían informes del personal leal en los que denunciaban la corrupción y la incompetencia, pero nada se hizo para remediarlo. El autor insiste en que cientos de millones de pesetas, aparte del famoso oro de Moscú, se perdieron en compras inútiles y en sobornos. Incluso Gobiernos socialistas como el checoslovaco trataron de deshacerse de material militar sobrante mediante su venta al Frente Popular.

Los nacionales también pagaron sus armas, lo hicieron bajo los empréstitos que les concedió el gobierno alemán y cuyos pagos se realizaron a base de materias primas de los productos españoles, normalmente del campo, cuando hubo cosechas; pero los nacionales supervisaron todos los envíos, no admitieron armas defectuosas y al finalizar la guerra consiguieron alargar los plazos de pago, además de renegociar la deuda con los alemanes y lograr una condonación de casi la mitad de la misma. Por el contrario, los republicanos fueron estafados y se dejaron estafar por Stalin. Negrín desde un primer momento, se puso en manos de Stalin. Éste facturó las armas entregadas por Moscú con un sobrecargo de un 25 o un 30%. El modo de hacerlo fue calcular un cambio del Dólar al Rublo en el que este último, por arte de Stalin, valía más que la moneda americana, saltándose el cambio oficial. Es decir, las diferencias entre el cambio oficial y el aplicado fueron astronómicas. Tanto Azaña como el General Vicente Rojo denunciaron el mal uso del dinero y del fraude que supuso que muchas de las armas compradas fueran defectuosas.

Para seguir logrando armas, la plata depositada en el Banco de España, quedó almacenada en Murcia hasta que, ya al final de la contienda, en julio de 1938, fue vendida a Francia y Estados Unidos.

Pero toda esta inoperancia en las compras y suministros no se debió a la estafa soviética únicamente, sino a que muchos de los dirigentes republicanos se prepararon un exilio cómodo con las riquezas que no eran suyas. Ya vimos como muchos de ellos se apropiaron de objetos de arte para venderlos y obtener dinero, sobre todo, a medida que la guerra iba mal para los republicanos, pero, en el caso del oro, el expolio se inició nada más comenzar la contienda, sin haber luchado ni perdido nada y lo hicieron personajes conocidos por todos y que son reconocidos en todos los libros de historia, incluso en los hagiográficos que intentan justificar sus acciones, pero las actividades ahí están. No se debe olvidar que, los mismos modos empleó la Generalidad catalana, dirigida por Esquerra Republicana o el PNV en el País Vasco.  Prueba de esto es la correspondencia de Negrín a Prieto a raíz de la apropiación por éste del tesoro del Vita: se trataba de que los jefes se asegurasen los medios económicos más cuantiosos posibles para, en el caso de ser derrotados y tener que ir al exilio, asegurarse  una cómoda estancia, como ocurrió. Es decir, se trataba de robar. Y esto es más claro aún por el hecho de que junto al oro del Estado, se apropiaron de las cajas de los particulares y no sólo del Banco de España sino de los demás bancos y del Monte de Piedad. Allí guardaban sus pequeñas alhajas gente de escasos recursos, pero, en ésto hay que reconocer que ,Negrín, Prieto y Largo, consecuentes con sus ideas, actuaron de manera igualitaria: robaron a todos por igual. En aquel robo Alcalá-Zamora perdió todo lo que tenía, pero en un gesto que le honra nunca aceptó nada de Prieto, como tampoco lo hizo Azaña.

Junto a la entrega del oro del Banco de España, el subsecretario de Instrucción pública, Wenceslao Roces, se encargó en persona con pistola al cinto en recoger el oro de las colecciones de numismática del Museo de Arqueológico Nacional. Sabemos de aquellos hechos por un libro fundamental, el del Académico de Historia Martín Almagro-Gorbea y el relato de un funcionario Antonio Rodríguez-Moñino encargado de requisar el oro por orden del Subsecretario. Este último nos cuenta como el jefe de la sección de Numismática del Museo, Felipe Mateu y Llopis, posiblemente el mejor numismático de España en el siglo XX, se jugó la vida por salvar el Tesoro y aunque no lo consiguió en su totalidad, su acción permitió salvar una parte del mismo.

En julio de 1936 , cuando por orden del gobierno se empiezan a apilar piezas provenientes de conventos, órdenes religiosas y otros museos en la sede del Museo Arqueológico Nacional( MAN) que se convirtió así en un gran almacén, Felipe Mateu y Llopis, que adivinó el peligro que se cernía sobre la colección del MAN, ayudado por la conservacionista Felipa Niño,  se dedicó a retirar de las vitrinas las más importantes monedas de oro de la colección del Arqueológico, que entonces sumaba 160.000 piezas. Discretamente, durante los meses de agosto y septiembre comenzaron a guardar el tesoro en arcas de caudales medievales, que estaban en la planta baja. Allí guardaron el oro de los Reyes Católicos, las piezas medievales notables, la dobla de Pedro I, el Medallón de Augusto… De hecho, las mejores se guardaron en una caja de cinc incluida en un secreto del arca. Allí quedaron guarecidos una dobla medieval y parte del tesoro de La Aliseda hasta el final de la guerra El resto fue quedando acondicionado, dadas las circunstancias, en sitios diversos, incluso cavando en el jardín. En octubre, los funcionarios desafectos fueron despedidos o fusilados. Mateu y Llopis siguió en su puesto.

La tarde del 4 de noviembre, cuando ya el Gobierno ha tomado la decisión de abandonar Madrid hacia Valencia y Negrín quería llevarse con él la colección del Prado, decide hacer lo mismo con la del MAN, por eso Mateu y Llopis recibe la llamada de Moñino y acude al museo a eso de las ocho de la tarde. Allí están Roces y el director del Museo Álvarez Osorio. Le piden las llaves de las vitrinas. Mateu se las apaña para ralentizar su labor al tiempo que esconde, a base de engaños, explicaciones técnicas poco esclarecedoras y propuestas de experto funcionario, parte del tesoro. Hay hechos tan chuscos como que logra engañar a Moñino, que era miope y a la luz de las linternas con las que trabajaban no distinguía el color del metal, que determinadas monedas de oro eran de plata, ralentiza la actuación enviando a los milicianos que supervisaban la labor al sector del bronce para que no encuentre nada y así seguir guardando piezas.…lo que le enfrenta al Subsecretario que amenaza con matarle.

Así que, en algún momento, tuvo que empezar el recuento y lo hace con las onzas de los Borbones, de menor rareza, y propone hacer una ficha de cada pieza, con descripción y peso… No le dejan. Moñino descubre el oro romano, bizantino y visigodo…. Roces acaba encontrando el tesoro de Quimbayas, y otros objetos y máscaras. Las apilan en cajas y se las llevan sin recuento, aunque, ante las presiones del Numismático, Roces levanta un acta que dice, con claros errores de bulto, el número de monedas y peso, muchas ni fueron pesadas: 15,847 kilos por 2.230 monedas. Se sellan en cajas con lacre del “MAN”

Al término de la Guerra se recuperó de lo sacado por Roces únicamente el Tesoro de los Quimbayas, depositado en Suiza junto a los tesoros del Museo del Prado. El hecho constituyó una “verdadera catástrofe para la Numismática nacional”, en palabras de Mateu y Llopis y una pérdida cultural enorme para España y para la humanidad. Veremos que el mismo, con toda probabilidad fue fundido en México.

El tesoro del MAN se trasladó a México, como parte del cargamento del Vita

En febrero de 1939 -faltaban dos meses para el fin de la guerra-, el que había sido el yate Giralda del rey Alfonso XIII, adquirido secretamente por Negrín en Reino Unido partía del puerto de El Havre (Francia) con destino al puerto de Veracruz ( México). Rebautizado como Vita fue cargado con un inmenso tesoro en oro, piedras preciosas, piezas religiosas; entre ellas uno de los clavos de Cristo, y cuadros de grandes pintores españoles e italianos… recopilados por Negrín, a él subieron 120 enormes maletas que, el dirigente de la UGT Amaro del Rosal, cuenta, habían adquirido en París con gran sigilo unos empleados del Banco de España, socialistas de confianza. Un tesoro robado a particulares e instituciones que jamás fue devuelto a España, entre ellos,  una parte, estaba formado por fondos de la Generalitat de Catalunya. El tesoro de guerra del gobierno catalán fue entregado por el presidente Lluís Companys y por el consejero Josep Tarradellas a Negrín, bajo coacciones, poco antes de cruzar la frontera francesa. El inventario detallado de estos materiales demuestra que también se incluyeron piezas del patrimonio y bienes públicos catalanes susceptibles de ser convertidos rápidamente en recursos económicos, con el objetivo que sirvieran de reserva monetaria de la Generalitat en el exilio. el gobierno de la República presidido por Juan Negrín, enterado de la iniciativa, exigió a la Generalitat la cesión de aquellos fondos en el momento de atravesar la frontera, con la promesa que les serían devueltos una vez establecidos en París. Promesa que no se cumplió nunca y que causó la ruina financiera de la Generalitat hasta el punto que el presidente Irla tuvo que disolverla en los años 50 por falta de fondos.

Al llegar a México, Prieto, en una audaz maniobra política , digna de un Golpe de Estado, se erige en el único representante oficial del gobierno republicano en el exilio y gracias a su amistad con el presidente mexicano Lázaro Cárdenas, logra hacerse con el cargamento del Vita. Así, en un momento de enemistad con Negrín, robó al ladrón, aunque puede que hubiera más ladrones puesto que el cargamento al llegar a Veracruz se había reducido de 120 maletas a 100. Del 20% del tránsito nunca más se supo. Cárdenas conocía perfectamente el contenido del Vita y, dada la delicada situación de la economía mexicana, tenía necesidad de su inversión en el país y posiblemente también en su propia economía personal.

Acabada la guerra, y con la segunda guerra mundial inminente, las dos grandes figuras republicanas en el exilio, el presidente Negrín y el dirigente del PSOE Indalecio Prieto, separados por profundas diferencias personales y ideológicas, dirigieron sendas asociaciones de ayuda a los refugiados españoles: el SERE (Negrín) y la JARE (Prieto), financiadas en buena parte por recursos propiedad del Estado que habían conseguido sacar del país durante la retirada. Realmente pocos fueron los exiliados que se beneficiaron de aquel robo, uno de los más destacados fueron los dirigentes del PNV que quisieron apoderarse del Vita, pero no pudieron adelantarse a Prieto, sin embargo, vivieron cómodamente de los fondos de las dos asociaciones (SERE y JARE). Fue el circulo más cercano a Prieto el que se pobló de inminentes y rumbosos empresarios que rápidamente se arruinaron.

En la vivienda anexa a la que Prieto adquiere en la Ciudad de México, en el número 64 de la Avenida Michoacán, había un restaurante en cuyos bajos, ocultaron el preciado cargamento e instalaron un taller en donde desmontaron las piezas con el ánimo de fundirlas y lo hicieron en el crisol del Banco de México, convirtiéndolos en lingotes de oro corrientes, perdiendo el valor numismático e histórico, pero así no dejaban rastro para coleccionistas, anticuarios e historiadores. Un primer lote da cuenta de 1.488 kilos de oro de 24 quilates vendido al Banco de México. Parte de la plata se vendió a los EE.UU. y los objetos artísticos, joyas y cuadros a particulares. La leyenda dice que parte de los cuadros robados formaron la colección de algún que otro expresidente mexicano. Prieto jamás dio cuenta alguna sobre el destino final de aquel expolio hasta que en 1941 comenzaron a aparecer piezas de aquel tesoro en el fondo de la laguna del volcán del Nevado de Toluca (Estado de México). Se trataba de relicarios, cajas de seguridad en la que aún hoy puede leerse, Montepío de Madrid, restos de cajas de relojes pertenecientes al tesoro del Vita cuyo valor no pareció interesar en su momento a quienes decidieron hundirlo en las aguas de la laguna.

Hoy, algunas de estas piezas, testigos del expolio socialista republicano, pueden verse en el Museo Subacuático de Playa del Carmen (México).

 

EL EXPOLIO DEL PATRIMONIO ESPAÑOL DURANTE LA REPÚBLICA Y LA GUERRA: EL ARTE Y LA CULTURA

Del expolio que se cometió durante la República y la Guerra Civil en relación al Patrimonio español., todo el mundo recuerda el robo del Banco de España , pero el tema tiene una mayor extensión. El tema presenta, por un lado, un aspecto relativo al arte y la cultura en general y otro que tiene como nexo de unión el oro.  No son hechos radicalmente separables, aunque pudiera parecerlo, pero por razones de espacio los comentaremos en dos entradas diferenciadas.

Empezaremos por la merma del patrimonio artístico y cultural, el mayor número de estudios interesantes al respecto, sin ánimo de propaganda, con datos contrastables empiezan a aparecer a finales de los años 90 del Siglo XX. Uno de los más destacados es El expolio de la República, de Francisco Olaya Morales del año 2004. Publicado en la editorial anarquista Nossa y Jara. Sin que sea el único libro destacable, como veremos.

En una visión rápida de nuestra Historia podríamos decir que España ha sufrido tres grandes episodios de destrucción del arte y la cultura. El primero fue el perpetrado por los franceses durante la Guerra de Independencia, el segundo, por la Desamortización de Mendizábal y el tercero, por el Frente Popular.

Desde las primeras semanas de la República, ardieron miles de Iglesias en toda España en uno de los ataques a la libertad religiosa más espeluznantes de la historia de la Humanidad. Lo que hubo en España fue un auténtico genocidio contra los católicos que afectó igualmente al arte sacro y de manera colateral a otro tipo de instituciones o centros culturales.

Aquellos incendios supusieron la pérdida de miles de retablos de gran valor artístico: románicos, góticos, barrocos…los órganos, algunos con varios siglos de existencia; las campanas que, como elemento de orfebrería también era de gran valor, fueron objeto de inexplicable inquina; multitud de pinturas, esculturas, orfebrería sagrada, reliquias y joyas fueron destruidas. Vamos a poner dos ejemplos, por no extendernos en exceso. En Barcelona, uno de los lugares más afectados, se quemaron 500 iglesias, incluida la Catedral o la Basílica de Montserrat, se profanó la tumba de Gaudí y se rompieron las maquetas de la Sagrada Familia. Es común, en la documentación hallada sobre aquellos episodios, citar como autores de aquello hechos a anarquistas (la documentación de ambos bandos así lo hace, pero también hay profusión de datos que implican a militantes del Partido Comunista, de la UGT o del POUM).

En el segundo ejemplo, nos centraremos en la Revolución del 34 en Asturias. En la noche del 11 al 12 de octubre de 1934, entraron los republicanos por el fondo sureste de la Catedral, quemaron la sillería del coro -de incalculable valor, recuperada sólo en parte décadas después, llenaron la capilla de Santa Leocadia, situada bajo la Cámara Santa, de cajas de dinamita y volaron el conjunto. Con ello destrozaron una maravillosa Iglesia ramirense, robaron joyas y atentaron contra uno de los elementos más valiosos de orden histórico artístico y espiritual no ya de España sino de Europa, el Santo Sudario, una de las dos reliquias más importantes de la cristiandad y que se salvó de milagro. En una carta escrita tras el atentado por el deán Arboleya, figura capital del catolicismo progresista de la época, dice: “una de las obras de arte más preciosas, la Caja de las Calcedonias, del año mil, quedó intacta sobre los escombros, mientras ayer descubrimos con la emoción más intensa la Cruz de los Ángeles, a pocos centímetros sobre el suelo de la cripta, bajo varios metros de escombros pesadísimos. Y está muy poco deteriorada. El Arca Santa sale en pedazos lamentables; la Cruz de la Victoria no apareció aún”. A pesar de todo, fue milagroso que el destrozo no fuera aún mayor. Muchas de las gemas que adornaban las cruces y el Arca, desaparecieron. Las actuales son producto de los artesanos restauradores.

Los mayores expolios se dieron en todo orden de cosas a partir del Decreto de Azaña del 6 octubre de 1936, que firmó tras haberle engañado Negrín. Palacios, Instituciones, Catedrales como la de Toledo vieron desaparecer para siempre algunos de sus tesoros más preciados. Custodias, mantos como el de las ochenta mil perlas de la Virgen del Sagrario de la catedral de Toledo, piezas de gran valor del Museo Arqueológico, cuadros de gran valor de colecciones particulares, fueron incautados con el fin de proteger los bienes culturales ante el avance de los “nacionales” , aquella protección llevó a que ardieran bibliotecas, trabajos de investigación, además de escuelas y edificios, pinturas y esculturas de enorme valor. Por ejemplo, siguiendo en Oviedo, los republicanos dinamitaron la Universidad y se perdió su biblioteca. En Portugalete, incendiaron el palacio Salazar, que albergaba otra espléndida biblioteca y colecciones de arte valiosísimas. Bibliotecas como la franciscana de Sarriá, con cien mil volúmenes, o la de Guadamur, una de las mayores de Europa conservadas en castillos, quedaron destruidas, y fueron pasto de las llamas otras muchas con decenas de miles de libros, a menudo únicos, conservados de siglos atrás.

Aquel destrozo de obras de arte fue puesto de manifiesto en las Cortes por Calvo Sotelo: “Esculturas de Salzillo, magníficos retablos de Juan de Juanes, lienzos de Tiziano, tallas policromadas, obras que han sido declaradas monumentos nacionales, como la iglesia de Santa María de Elche, han ardido en medio del abandono, cuando no de la protección cómplice del gobierno”. Los diputados de izquierda recibieron sus denuncias con chirigotas y frases como “¡Para la falta que hacían…!

Muchas de las obras encontradas en las iglesias y conventos o palacios fueron sacadas de España con cierta facilidad por ser de pequeño tamaño fáciles de transportar, muchas, robadas, otras en manos de sus propietarios, pero en ambos casos ilegalmente vendidas por estar catalogadas como patrimonio español. El expolio se debió a que existieron auténticas redes de delincuentes dedicadas al robo y salida ilegal de obras de arte, dirigidas por conocidos “mercaderes del arte”, tanto españoles como extranjeros, que contaban en muchos casos con la colaboración de miembros de algunos partidos o sindicatos o incluso de diplomáticos y autoridades.

Un estudio realizado por la Universidad Complutense[1], afirma que muchos de aquellos “marchantes eran de nacionalidad holandesa”. No fueron ni los únicos y ni los más destacados. El principal destino de aquel desastre era Francia y especialmente París, centro mundial del mercado de obras de arte. Además, esta exportación ilegal se extendía hacía América y a otros países europeos además de la mencionada Holanda –especialmente Suiza, Inglaterra, Bélgica o Alemania-. Si bien es cierto que hubo tímidos intentos por parte del gobierno español de evitar ese tráfico de obras, las respuestas de los gobiernos europeos carecieron de solvencia, ninguno de ellos quiso ofrecer garantía alguna para paralizar aquella sangría.  Conocida era la “tienda” sita en París, en la Rue Bonaparte, “una tienda de antigüedades en la que se venden especialmente objetos religiosos procedentes de las iglesias españolas”. También era bien conocido un tal Raimundo Ruiz, que gozaba de un “buen mercado de antigüedades“ en Nueva York. Este individuo de tendencia nacionalista obtuvo las obras de catalanes y vascos y también de republicanos asentados en Francia. Realmente el tal Ruiz era una mezcla de contrabandista y estafador. Estos mercachifles o comerciantes sin escrúpulos fueron, sin ninguna duda, los principales responsables de las pérdidas patrimoniales.

Aquel mínimo interés en recuperar lo expoliado por parte del gobierno, hizo que republicanos ilustres como Azaña o Salvador de Madariaga, llegaran a afirmar que aquello fue algo muy organizado y sistemático conocido por las autoridades.

Así, Azaña describió la acción del gobierno en esta materia como: “política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta”.  Marañón, padre espiritual de la república, afirmó: “¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez. Han hecho, hasta el final, una revolución en nombre de Caco y de caca”; “Bestial infamia de esta gentuza inmunda”; “Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?”.

Evidentemente, no todos actuaron igual; desde los dos bandos hubo intentos de recuperar lo perdido, como señaló el director general de Bellas Artes, Puig de la Bellacasa, a raíz de una exposición realizada sobre la recuperación de las obras perdidas durante la Guerra [alabando a] “personas de los dos bandos que entre el 36 y el 39 defendieron el patrimonio histórico unidos por su pasión por el arte”.

En el bando republicano, ya durante el Frente Popular, se creó la Junta del Tesoro Artístico, con sede central y subsedes provinciales, trabajó, en general, de manera técnicamente muy aceptable y con un espíritu dedicado y desinteresado. Otra cosa es el carácter político del trabajo, un verdadero crimen contra la herencia artística e histórica de España, como decía Salvador de Madariaga, otro ilustre republicano. El problema de las implicaciones políticas fue el gran error de los republicanos en este asunto, no sólo de los que actuaban de buena fe sino de los que no lo hicieron así.

Una de las políticas de la república fue idear movimientos de “salvación”, es decir, sacar obras de sus museos o bibliotecas y ponerlas a recaudo fuera de España para su preservación. Por ejemplo, muchas obras museísticas vascas fueron enviadas a Francia; las catalanas, a Suiza, y algunas se quedaron a buen recaudo en España. Los problemas vinieron cuando la supuesta salvación se convirtió en robo descarado sin que la Junta pudiera hacer nada, bien porque eran los partidos los que actuaban bien porque era personajes ilustres de la República los que los llevaban a cabo o bien porque eran los ministros los que lo hacían, especialmente Negrín.

Recordemos las palabras de uno de los técnicos, Ángel Ferrant, en 1938: “Se siguen destruyendo cosas. Principalmente nos apresuramos a recoger todo lo que corre riesgo de que lo quemen cuando vengan los fríos. Sabemos por experiencia la cantidad de buenas imágenes y retablos que, sin poderlo evitar, corrieron esa suerte el año pasado. Es de lo más desolador enterarse constantemente de la desaparición de piezas importantes”.

Conviene, por tanto, distinguir entre la labor entregada de los técnicos que intentaron salvar lo salvable, y los dirigentes políticos que dirigieron la operación y aprovecharon el desinterés y angustia de los profesionales para apoderarse de un inmenso tesoro artístico e histórico. Es conocida la labor de la subsede madrileña de Junta Central del Tesoro Artístico en la que figuraba gente tan ilustre como Enrique Lafuente Ferrari, Diego Angulo, Gómez Moreno o Buero Vallejo, empeñados en convencer a los incontrolados de que el arte, aunque fuera religioso, era arte y patrimonio de todos, o de intentar convencer a las autoridades de que los cuadros del Prado debían permanecer en Madrid

Los cuadros del Prado, son un acontecimiento destacado de aquella “salvación”, pero no fueron los únicos. Veamos algunos ejemplos:

  • El 28 de junio de 1937, en barco, salían, desde Barcelona hacia Marsella , 33 cajas que contenían, según la mercancía declarada, “medias de seda artificial”, con destino a Francia, a la empresa “Intercambios Comerciales, S.A.”. Pero las averiguaciones posteriores demostrarían que el contenido de las cajas era otro; un agente republicano en misión especial comprobaría al acudir al depósito de la aduana de Marsella que al abrir varias de las cajas “en su interior hay lienzos y cobres pintados, vajillas y objetos de plata, cristos y otras varias cosas de ornamento para el culto católico, no pudiendo precisar exactamente el contenido de todas ellas por no haber sido posible abrirlas todas”. El agente republicano, que consideraba “preciso llevar todas las gestiones en el más absoluto secreto”, se puso en contacto con el Vicecónsul de la República en Marsella, Antonio Fernández, para comunicarle su hallazgo. El temor del agente estribaba no sólo en que se pudieran enterar las autoridades de la aduana –e interviniesen las cajas dada la falsedad de la declaración de la mercancía–, sino también que llegara a oídos de “ciertos elementos de la F.A.I. para los cuales no hay secretos en ese consulado”. Los republicanos siempre acusaron a los anarquistas de este “salvamento”. El objetivo del agente era evitar que se malograse con ello el rescate de las cajas. En aquella ocasión, el Gobierno de la República decidió actuar por vía judicial y diplomática para recuperar las 33 cajas de Marsella. El Fiscal General de la República recomendaba presentar una querella ante el Juzgado de Instrucción de Barcelona “por delitos de falsedad, robo y estafa” contra los responsables del cargamento. Realizado esto, había que exigir a Francia por vía diplomática la entrega de las cajas. Lo cierto es que las 33 cajas de Marsella fueron finalmente rescatadas y enviadas a la embajada de España en París seis meses después, en marzo de 1939. El que llevó a cabo la gestión definitiva fue Timoteo Pérez Rubio, presidente de la Junta Central del Tesoro Artístico, que viajó desde Ginebra –donde se encontraban las obras evacuadas por la Junta en proceso de inventario–para hacerse cargo, entre otras, de estas obras. Por mediación de Jacques Jaujard, Director de los Museos Nacionales y de la Escuela del Louvre, consiguió que bajo amparo diplomático las cajas fueran remitidas para “amueblar dicha embajada”, en un momento en el que la España de Franco ya había sido reconocida por Francia. Finalmente, acabada la guerra, las cajas pasarían a manos de los representantes del Gobierno español y regresarían a España a mediados de octubre de 1940.
  • Hablaremos de un segundo “salvamento”, el acontecido en el palacio de Zabálburu. Se trataba de un edificio madrileño con una de las mejores colecciones de libros antiguos del mundo, que fue requisado por la Alianza de Intelectuales Antifascistas, impulsada por Bergamín. Al palacio fueron a vivir Alberti y su mujer, y en él daban fiestas de disfraces, comedias, etc., en plena guerra y penuria de la población. Es conocida la anécdota de poeta y honradísima persona, Miguel Hernández, que, recién llegado del frente, comentó en una de esas fiestas: “Veo aquí a mucha puta y mucho hijo de puta”, recibiendo una fuerte bofetada de María Teresa León, que juzgó inapropiada la observación del poeta. El hecho de servir el palacio de Zabálburu como sede de la Alianza, salvó su biblioteca del destino de otras muchas. Ello tuvo un coste, sin embargo. Al terminar la guerra pudo comprobarse que habían desaparecido 90 libros antiguos de valor inestimable, escogidos con pericia evidente, así como la colección de monedas de oro, objetos de plata, etc.
  • Podríamos hablar de otro salvamento, el de el Museo Arqueológico, por el republicano Wenceslao Roces, subsecretario de Instrucción Pública, acompañado de milicianos armados. Pero como se trata de un asunto muy relacionado con el oro, lo dejaremos para la segunda entrega.

Por eso en este tercer ejemplo vamos a narrar uno de los acontecimientos “salvadores” más controvertidos: el de los cuadros del Museo del Prado. Para su análisis nos basaremos en el libro de José Calvo Poyato (por cierto, hermano de la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo), el historiador Calvo Poyato en su libro “El milagro del Prado” considera que el hecho de que los cuadros puedan estar hoy a salvo en el Museo del Prado y no destrozados o perdidos es algo milagroso, tal y como fueron tratados. El Gobierno de la República ordenó el traslado de las obras del museo, junto con otras que habían sido incautadas. Se distribuyeron por varios lugares de la ciudad de Valencia entre ellos las Torres de Serrano y el Colegio del Patriarca.

Posteriormente, entre los años 1937 al 1938, estas piezas fueron trasladas a Barcelona, en primer lugar, más tarde al Castillo de Peralada y a unas minas en el Ampurdán. En febrero de 1939 viajaron hacia Ginebra, y allí fueron custodiadas por el Comité Internacional de Expertos para el Inventario de las Obras de Arte Españolas. Fueron expuestas en la Sociedad de Naciones de la misma ciudad, hasta que fueron devueltas a España el 7 de septiembre de 1939.

Los cuadros fueron sacados del Museo cuando se acercaban las tropas nacionales a Madrid, las dos razones que se dieron para ello fueron que había que “salvar” esos tesoros de los bombardeos y del frío madrileño. Excusas, dice Calvo Poyato: “fue una decisión política; cuando se tomó no había caída una sola bomba sobre el Prado”.  No había la menor razón para llevarse de allí las pinturas, como demostró el subdirector del museo y director de facto ante la ausencia de Picasso, que era el director titular, Sánchez Cantón, y como demostró la propia conducta del Gobierno frentepopulista, que siguió sirviéndose del edificio para almacenar, a lo largo de toda la guerra, innumerables piezas artísticas y otros valores para llevarlos luego a Valencia y Barcelona.

Había, además, otra razón para evitar el traslado: los lienzos podían, en último extremo, guardarse en el Banco de España. Es preciso recordar las palabras de Salvador de Madariaga: “El cacareado salvamento de los cuadros del Prado, lejos de ser tal salvamento, fue uno de los mayores crímenes que contra la cultura española se han cometido jamás. Madrid poseía precisamente la mejor cámara subterránea quizá entonces del mundo para la protección de tesoros artísticos, recién terminada con arreglo a la técnica más moderna. A los técnicos ingleses que visitaron España entonces se les enseñó un par de cuadros del Greco enmohecidos por la humedad para hacerles creer que esta cámara subterránea no era suficiente. A la sazón presidente de la Oficina Internacional de Museos de la Sociedad de Naciones, pude estudiar documentación suficiente para asegurar aquí que los cuadros del Museo del Prado no debieron haber salido nunca de Madrid, y que no hubieran salido de no haber predominado en el Gobierno de entonces la pasión política más miserable sobre el respeto a la cultura y al arte”.
Por tanto, sacarlos de Madrid para salvarlos de los bombardeos no era cierto, de hecho, apenas hubo bombardeos entorno al Museo y la Biblioteca Nacional, primero los nacionales siempre preservaron edificios significativos, salvo que estuvieran en ellos instaladas instituciones republicanas, como ocurrió con el Palacio de Liria.La segunda razón, sobre el frío, es aún más inaceptable, ni que los inviernos de Madrid, antes, en medio y después de la guerra no fueran igualmente fríos.

Calvo Poyato recuerda que las normas internacionales sobre patrimonio artístico, recomendaban dejar los cuadros en su sitio y en sótanos, que es donde estaban los del Prado, una vez que éste se cerró al público. En vez de eso, se los sacó sometiéndolos a un riesgo en buena medida innecesario. Los técnicos del Museo así se lo dejaron escrito a las autoridades, “era una barbaridad” escribió el subdirector del Museo. Ante la presión de los técnicos se hizo cargo del Museo, de facto, María Teresa León quien formaba parte de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y sin más autoridad que su decidido carácter los cuadros salieron con una protección mínima- Cuenta Calvo-

Ejemplos de las barbaridades del traslado pueden ser los siguientes: “Al llegar al puente de Arganda sobre el Jarama, un cuadro de las dimensiones de Las meninas tropezaba con los arcos superiores; de modo que hubo que bajarlo del camión y llevarlo a mano hasta cruzar el puente. En otra ocasión, Los fusilamientos del tres de mayo sufrió destrozos importantes al caerle encima un balcón y estuvo a punto de perderse” cuenta el autor de el milagro del Prado. No fueron los únicos desastres otro ejemplo es el del Cristo de Velázquez cayendo barranco abajo al salir del Ampurdán camino de Francia. El autor recuerda, asimismo, como eran las carreteras durante la guerra, bombardeadas, sin mantenimiento, llenas de baches y socavones. Los camiones no podían superar los 15 km hora por miedo a volcar y para no destrozar las ruedas entre bache y bache. En cada uno de ellos, los cuadros, instalados sin la protección adecuada iban dando botes durante los más de 400km que separan Madrid de Valencia.

Afortunadamente, frente a la actitud de los políticos -que a Calvo Poyato le parece poco prudente cuando menos- estuvo la responsabilidad de los técnicos. Así, el pintor Timoteo Pérez Rubio, uno de los personajes más destacados de esta historia, se ocupó de que, una vez llegados a Valencia, los cuadros se alojaran en lugares seguros, y fueran restaurados. Si bien, posteriormente fueron trasladados a Barcelona, Gerona, Francia y Suiza. Realmente es milagroso que aún tengamos cuadros en el Prado. El traslado a Barcelona se debió a la orden de que los cuadros del Prado y otros tesoros museísticos, debían estar con el gobierno. Calvo Poyato llama la atención sobre otro hecho significativo en esos días finales: por un decreto del gobierno los asuntos del patrimonio artístico nacional pasaron a depender del Ministerio de Hacienda. “Eso tiene un tufo”, dice, “de que se les quería dar valor económico por encima del valor artístico”. Tras Barcelona al Ampurdán donde los cuadros y otros tesoros de El Prado fueron “instalados” en polvorines que podían ser objetivo militar y si no fueron volados fue porque los servicios de inteligencia franquista, conocían su ubicación y evitaron los bombardeos. Realmente es milagroso que aún tengamos cuadros en el Prado.

Azaña, en aquellos años, expresó toda la angustia de la situación al decir que sentía la presencia de unas obras maestras que, en conjunto, eran más importantes que cualquier otra cosa, que la República y la Monarquía juntas.

Aquel cambio de competencias de Cultura a Hacienda abre todo tipo de conjeturas, que no se pueden demostrar, al menos mientras no se permita estudiar los archivos rusos, de que la República quería canjear aquellos cuadros por armas, como hizo con parte del oro. Los cuadros eran inmensamente conocidos, no se podían vender, pero si se podían dar a los rusos de Stalin a cambio de refuerzos armamentístico y apoyo logístico, incluso de protección para los dirigentes republicanos. Así lo sospecha Calvo, Pío Moa y otros muchos historiadores.

El hecho es que, milagrosamente, quizá porque veían que la guerra no tenía remedio para el bando republicano, por el tesón de alguno de sus dirigentes, de los técnicos, de algunos intelectuales y las dificultades del momento histórico, con la II Guerra Mundial en puertas cuando trasladar los cuadros a Rusia hubiera sido condenado en la Sociedad de Naciones, o por lo que fuera, el resultado fue que durante la última etapa de la Republica, el Gobierno se esforzó por preservar física y jurídicamente los cuadros, de ahí el traslado a París , primero, y a Ginebra, después, siendo custodiados en la sede de la Sociedad de Naciones hasta su regreso a España.

[1] CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LA SALIDA DELICTIVA DE OBRAS DE ARTE AL EXTRANJERO DURANTE LA GUERRA CIVIL  Arturo Colorado Castellary

LA PRESENCIA ESPAÑOLA EN EE.UU

En estos días de iconoclastia ignorante, debemos recordar la contribución española a la configuración de los Estados Unidos de América del Norte.

“Si no hubiera existido España hace cuatrocientos años, no existirían hoy los Estados Unidos… La razón de que no hayamos hecho justicia a los exploradores españoles es sencillamente porque hemos sido mal informados. Su historia no tiene paralelo…

Amamos la valentía, y la exploración de las Américas por los españoles fue la más grande, la más larga y la más maravillosa serie de proezas que registra la Historia…”[1].

Los iconoclastas, que derriban estatuas y maltratan los vestigios de nuestra presencia en América por racistas, desconocen por completo las Leyes de Indias, la consideración de los indios como iguales, promovidas por los Reyes Católicos. España no sólo trató a los indios como hombres iguales en derechos que los españoles de la península, al fin y al cabo,  la conquista de América se produjo como evangelización de los nuevos territorios – ver los hilos de este blog sobre la Escuela de Salamanca, Los Justos títulos y la Controversia de Valladolid o la de Fray Bartolomé de las Casas-. En busca de esa justa actuación, se dictaron normas, interpretaciones que están en el origen del Derecho de gentes- Derecho Internacional- con origen en el Padre Vitoria y al Escuela de Salamanca, en busca de esa perfección se paró la conquista en distintas ocasiones ante las denuncias de abusos que los dominicos y otros frailes realizaron sobre la actuación de los conquistadores. Hubo una ejemplaridad general de aquella conquista. Hay un dato incuestionable, en comparación con otros imperios, y siempre dentro de la mentalidad del momento, el anacronismo nunca ha sido fuente de la Historia, en toda Hispanoamérica, incluidos en los territorios situados al Oeste del Misisipi, colonizados por España, los indios fueron respetados, fueron tratados, al igual que el resto de los aborígenes del continente, como vasallos libres; conservando sus tierras; elevando su nivel cultural; instruyéndolos en nuevos cultivos, técnicas y herramientas agrícolas; adiestrándolos en la cría y manejo de vacas, ovejas y caballos; capacitándolos en oficios nuevos: carpintería, albañilería, cueros…; apartándolos de las idolatrías, no pocas veces sanguinarias, y convirtiéndolos a la fe católica. Por ese respeto, se produjo una de las características del Imperio español que no existió en ningún otro: el mestizaje, fomentado y coadyuvado por otras medidas propias de nuestro Imperio, en primer lugar, el estímulo a la educación y no sólo de oficios sino también universitario. Habría que sumar las Universidades creadas en sus colonias por Francia, Inglaterra y Holanda para lograr un número de Universidades semejante al español en América. En segundo término, los hospitales. Los Reyes Católicos fueron los primeros en el mundo en regular las titulaciones en medicina y alejarla de la práctica exclusiva de las órdenes religiosas para tener un control estatal. Se crearon hospitales por todo el Imperio y su asistencia estaba destinada a todos, españoles de la península o españoles nativos de las indias. Su atención sanitaria era destacada por todos los conocedores de esa obra, pero cabe llamar la atención sobre el sistema sanitario en Lima, con una cama por cada 101 habitantes, mejor ratio que la que pueda tener hoy la ciudad de Los Ángeles. En tercer término, jurídicamente, aquellas zonas descubiertas por España fueron asumidas como provincias españolas, no como colonias , al contrario que las británicas o las de otros imperios. Esta consideración de ser iguales a la península se refleja, por ejemplo, en buscar estructuras administrativas semejantes a las peninsulares, pero respetando las costumbres y normas indígenas, en lo positivo, o en disponer de un Consejo de Indias al modo del consejo de Castilla. Son tres ejemplos esenciales pero no únicos, cuyo resultado fue que la vida  de los nativos resultó especialmente buena en las  zonas en las que imperó España y aún hoy en día  en esos lugares se encuentran descendientes de aquellos indios; por el contrario, los que vivían al este del Misisipi, fueron aplastados por los colonos ingleses, que ignoraron por completo a los aborígenes; no se interesaron por su forma de vida, ni por su cultura; sólo les importaron sus tierras, y se hicieron con ellas por todos los procedimientos posibles, nunca pacíficos.

Cualquier comparación entre el trato y formación del imperio español frente a otros siempre sale favorable a España y en contra de aquellos otros que, además, no soportan leyendas negras y mentiras varias. La realidad de la conquista española es fácilmente comprobable debido a la preocupación de los monarcas españoles por revestir las conquistas con el ropaje jurídico adecuado, y, por ello, se dotó a cualquier expedición colonizadora de un escribano que registraba las tomas de posesión. Esto creó una profusión documental que, de un lado, contribuyó a la decadencia de España por la lentitud y burocracia que introdujo en la toma de decisiones, pero, por otro, nos ha dejado una abundancia de fuentes informativas que sorprende observar su escasa utilización en muchos sistemas educativos de EE.UU o  del mundo- incluida España- y que ha sido poco o nada asimilado por algunas autoridades.

Durante más de 300 años España dominó América y buena parte de ese periodo poseyó casi dos tercios del territorio actual de USA. Centrándonos en Norteamérica, en el momento de máxima expansión, entre finales del S.XVIII y comienzos del S.XIX, los dominios españoles alcanzaban los actuales estados norteamericanos de California, Nevada, Colorado, Utah, Nuevo México, Arizona, Texas, Oregón, Washington, Idaho, Montana, Wyoming, Kansas, Oklahoma, Luisiana, Florida, Alabama, Misisipi y Alaska. Lo mismo ocurría con la parte suroeste de Columbia Británica, dentro del actual Canadá. Siendo incluidos como parte del Virreinato de Nueva España. En aquel momento álgido, España se extendía desde Alaska al estrecho de Magallanes.

El presidente estadounidense John F. Kennedy señaló en una ocasión: “Por desgracia, son demasiados los estadounidenses que creen que América fue descubierta en 1620, cuando los primeros colonos llegaron a mi propio estado, y se olvidan de la formidable aventura que tuvo lugar en el siglo XVI y principios del XVII en el Sur y el Suroeste de los Estados Unidos“. En 1620, llega el Mayflower a la costa este de Estados Unidos y la aventura de los siglos XVI y XVII, a la que se refería el Presidente, es aquella que logró que, estuvieran escritos en castellano, los primeros informes que se conocen sobre la geografía, los indios y las lenguas aborígenes de los Estados Unidos. La primera partida de nacimiento registrada en el país fue la de un español. Es la historia de los primeros asentamientos y los primeros conquistadores la cual, sin ánimo de ser exhaustivos, nos enseña que, el primer occidental que pisó territorio USA y permaneció en él fue Ponce de León en 1513 ( descubridor de la Florida) y primer gobernante de Puerto Rico. En 1519, Alonso Álvarez de Pineda navegó la costa occidental de Florida y toda la costa sur del actual Estados Unidos, incluidas la de Tejas, a lo largo del golfo de México. Durante el siglo XVI navegantes españoles subieron por la costa este, atravesando el litoral de Georgia hasta la actual Carolina del Sur. Los jesuitas establecieron cuatro misiones en el interior de Carolina del Norte, no lejos del límite con Virginia, y se debe al jesuita Báez, destinado en las misiones de Georgia, el primer libro redactado en EE.UU, en 1569. En 1527, Alvar Núñez Cabeza de Vaca fue uno de los cuatro supervivientes de la expedición de 600 hombres dirigida por Pánfilo de Narváez hacia el otro lado del río Bravo. En una auténtica odisea, aquellos cuatro supervivientes, con Cabeza de Vaca como impulsor, exploraron el sur de Estados Unidos desde Florida a California, pasando por Alabama, Misisipi, Luisiana, Tejas, Nuevo Méjico, Arizona y acabaron en el golfo de california, territorios que pasaron a anexionarse al Imperio español dentro del virreinato de Nueva España. De aquella aventura, cabeza de Vaca, escribió una narración titulada Naufragios. El Gran Cañón del Colorado fue descubierto en 1540 por García López de Cárdenas y Figueroa. Aquella expedición nacía de otra que dirigió Vázquez Coronado y que se dividió en distintos grupos de exploración. La figura de Coronado aparece en la película de Indiana Jones y la última cruzada, dónde, al principio de la cinta, un joven Indiana quiere arrebatar a unos ladrones la Cruz de Coronado, una joya, que supuestamente le había dado Hernán Cortés. Coronado consiguió, entre otras cosas, llevar 500 cabezas de ganado- vacas y toros- a Tejas en 1540 contribuyendo con ello a dotar a esa zona y otras de una actividad ganadera que las películas del Oeste hicieron famosa como propias. Es más, los caballos fueron transportados desde España a América, primero a La Española, luego a Nueva España y en su extensión a toda América- (ver el hilo de la conquista de México por Hernán Cortés en este mismo blog). También en 1540, por un lado, otra expedición dirigida por Hernán Cortés y mantenida por Francisco de Ulloa llegó a California, se descubrió la desembocadura del rio Colorado , que Ulloa denominó, San Andrés, de ahí se deriva el nombre de la falla tectónica que bordea California. En la expedición de Ulloa se descubrió que California era una península y no una isla como se creía hasta entonces. Hernando de Soto fue el primer europeo en vislumbrar en 1541 el río Misisipi, el cual cruzó continuando su recorrido hacia el oeste donde recorrió asimismo la actual Arkansas, Oklahoma, y Tejas. En 1565 España estableció el primer asentamiento europeo permanente en el territorio de Estados Unidos, al norte de la actual Florida: la ciudad de San Agustín, su fundador fue el asturiano Pedro Menéndez de Avilés. Todo esto es lo que simboliza la bandera española que aún hoy ondea en San Agustín, sobre el Castillo de San Marcos. Sin embargo, la primera y más organizada conquista del Oeste americano corrió a cargo del adelantado Juan de Oñate, español nacido en Nueva España, considerado como el último de los grandes conquistadores y cuya extraordinaria aventura tuvo lugar ya finalizando el siglo XVI. Exploró y conquistó para España los inmensos territorios de Nuevo México, Arizona y Tejas. El primer descubrimiento europeo registrado de la bahía de San Francisco tuvo lugar el 4 de noviembre de 1769 a manos del explorador Gaspar de Portolá.

Pero los exploradores no fueron solos, los religiosos los acompañaron; primero los jesuitas, y tras la expulsión de éstos de los dominios de la corona española (Pragmática sanción de 1767 de Carlos III), los franciscanos.

En la bahía de San Francisco se sitúa la capital de California: Sacramento, cuyas autoridades, hace pocos días, promovieron el ataque a la estatua de Fray Junípero Serra , me pregunto qué sería de Sacramento sin los evangelizadores españoles, quizá su nombre, sin ellos, hubiera sido, misa negra, como señala un amigo. Negar los orígenes conduce a estos dislates, más en un país que pregona su cristianismo por todos lados. En 1776, los franciscanos fundaron la ciudad de San Francisco, en un momento en que las colonias del Este se declaraban independientes sin tener la más mínima idea de lo que pasaba en la costa oeste.

De entre los religiosos, destacaremos dos nombres , el padre Eusebio Francisco Kino y Fray Junípero Serra. El primero, jesuita; el segundo, franciscano. El primero creando misiones a través del desierto de sonora; el segundo, en California. El primero cabalgaba a lo largo de la frontera, el segundo caminaba y caminaba por Californiacreando el sistema franciscano de misiones en su condición de padre superior. A su obra debemos las ciudades de San Diego, Santa Mónica y Los Ángeles, entre otras de las de alrededor de 20 misiones que fundaron los franciscanos y que se transformaron en núcleos activos de población, por ejemplo, San Antonio, El Álamo o coadyuvaron a la creación de otras como Santa Fe, Alburquerque…

A los exploradores, conquistadores y a los religiosos que actuaban como una nación unida bajo el Gobierno de la Corona española se debe la evangelización, las misiones, la extensión de la agricultura siendo los primeros en llevar el trigo y la ganadería, como vimos con Coronado y también con los franciscanos, la creación de sistemas de regadío y transporte de agua, esenciales en aquellas secas tierras, la creación de monumentos, casas y ciudades con mejores sistemas de construcción que los de otras áreas de EE.UU pues utilizaban ladrillos al modo español. Mejoraron las comunicaciones construyendo carreteras, quizá la más famosa la Carretera Real de San Diego a Sonora y españoles fueron los primeros en navegar por el estrecho de la Puerta Dorada (Golden Gate), el 5 de agosto de 1775, el barco San Carlos a cuyo frente estaba Juan de Ayala.

Además, apoyaron a los colonos españoles a establecerse. Significativo en este aspecto es la presencia de numerosas familias canarias por Florida, Luisiana, Tejas y Nuevo Méjico. Asimismo, a partir de 1778 colonizadores canarios se trasladaron a expensas de la Corona a la Luisiana. Al sur de Nueva Orleáns, fundaron una colonia en lo que actualmente es la parroquia o provincia de San Bernardo y todavía hoy existen varias comunidades de isleños en Delacroix, Reggio y otros puntos, en donde los descendientes de los pobladores canarios han conservado algunas de sus costumbres y buena parte del idioma.

En un ámbito más cultural debemos destacar que la primera representación teatral en USA se hizo en español; la toponimia de las zonas conquistadas por los españoles, se conserva en español como testigo fiel y homenaje de la amplia presencia española, tal y como hemos visto por los nombres de estados o ciudades reseñadas anteriormente o por la existencia de nombres de ciudades españolas extendido por EE.UU, por ejemplo, hay varias “Pamplona” y numerosas “Madrid”. En este punto Incluso el efímero paso por Alaska ha dejado allí nombres en castellano; así Salvador de Fidalgo en 1790 bautizó Puerto Valdez y Cordova ( en homenaje a Luis de Cordova, capitán general de la Armada). Puerto Cordova aún sobrevive en los mapas como uno de los topónimos en español más septentrionales del mundo. También sobrevive el topónimo Puerto Valdez, pero un poco más alejado del original tras el incendio de 1964. Asimismo, la frontera entre Estados Unidos y Canadá está marcada por el Archipiélago de San Juan, que recibió ese nombre de manos del explorador gaditano Francisco de Eliza en 1791. Fidalgo se conformó con dar su nombre a un volcán, pero posteriormente George Vancouver rebautizó como Puerto Fidalgo, nombre que aún subsiste, a lo que el marinero leridano había llamado como Puerto Mazarredo.

En otro orden de elementos, quedan vestigios españoles en miles de símbolos, especialmente en las banderas de ciudades y Estados: la Cruz de San Andrés en una multiplicidad de ellas, por ejemplo, en Alabama, o la Carabela de Colón en la ciudad de Columbia en Ohio, ciudad cuyo nombre recuerda al gran descubridor. Por último, en este apartado simbólico debemos reseñar el origen del símbolo del dólar. En el siglo XVII el uso de las monedas españolas estaba muy extendido por el territorio de Nueva España. De ahí que el real de a ocho, conocido como “Spanish dollar”, se convirtió en la primera divisa de curso legal en Estados Unidos en 1775, tal y como aprobó el Congreso Continental a propuesta de Thomas Jefferson. Cuando en 1792 se creó el dólar americano su diseño se basó en la moneda y de la expansión de ultramar española. De esta forma, las barras del dólar simbolizan las dos Torres de Hércules, elemento unido a la corona por Carlos I para simbolizar la búsqueda de expansión imperial de España que se unen entre sí por una cinta con la inscripción “plus ultra”, que fue utilizado por primera vez en 1516 por Carlos I como su lema personal en expresión del dinamismo del nuevo Imperio español y que ,en el dólar, se convierte  en la “S”.

No podemos terminar este hilo, sin hacer referencia al vital apoyo de España a la Independencia de los Estados Unidos.

“El destino de los intereses de las colonias nos importan mucho, y vamos a hacer por ellos todo lo que las circunstancias nos permitan.”

Esta frase del Conde de Floridablanca permite alcanzar la importancia que dio España a la independencia de un territorio en cuya defensa se había visto impelido a participar en apoyo de Francia durante la guerra de los siete años, cuyos resultados en última instancia fueron calamitosos para Francia y humillantes para España, que recibió la Luisana de manos de los franceses para compensar el esfuerzo realizado y cedió a Inglaterra, la Florida, el fuerte de San Agustín, la bahía de Pensacola y los territorios al este y sudeste del río Misisipi, a cambio de la devolución de La Habana y Manila.

España estaba deseando revertir esa situación, pero no quería un nuevo enfrentamiento directo con Gran Bretaña, por eso, en un primer momento Carlos III y su ministro Floridablanca diseñaron un discreto plan de ayuda que afectaba a diversos frentes: libertad para que los navíos americanos que hostigaban a los barcos ingleses recalaran libremente en los puertos del Misisipi controlados por España; envío de fuertes remesas de dinero para la causa independentista de las Trece Colonias, así como, de armas, pertrechos, mantas y vestuario con destino al ejercito  comandado por George Washington, quien consideró indispensable la ayuda de la flota española y de sus posiciones en Norteamérica, que incluían el control de La Florida, La Louisiana y el Misisipi. El futuro Presidente señaló que sin esta ayuda española, nunca hubieran logrado la independencia.

Una figura vital en las relaciones entre España y las Trece Colonias fueJuan de Miralles, que ejerció de diplomático de España ante el Congreso. Las actuaciones de Miralles fueron esenciales para gestionar el apoyo español de los primeros años de guerra y consiguieron forjar una relación amistosa entre el diplomático español y George Washington. También fue decisiva la participación del empresario Diego de Gardoqui, que medió de forma extraoficial entre España y los nuevos Estados Unidos. Fue a través de su empresa “Gardoqui e hijos” como llegaron a las colonias gran cantidad de dinero en efectivo, además de material militar, que ayudarían de manera fundamental a la victoria de los rebeldes en Saratoga en 1777.

Cuando finalmente España declaró la guerra a Inglaterra (21 de junio de 1779), después del Tratado de Aranjuez,  en un nuevo pacto de familia con Francia,  su presencia se vio dividida al atacar Gran Bretaña a España en tres zonas: el entorno de la Península Ibérica, Centroamérica y la propia América del Norte. En la zona norteamericana, España organizó su centro de operaciones desde sus islas cercanas, especialmente, desde Cuba de dónde salía la ayuda española a los colonos. Allí se reparaban y equipaban los barcos de guerra estadounidenses y se reclutaban y adiestraban las milicias para la guerra. Además, otros lugares importantes para el suministros de la ayuda española fueron los puertos franceses, de Nueva Orleans y el río Mississippi y ,desde la península, el puerto de Bilbao.

Entre las figuras señeras de aquella guerra destacó el héroe malagueño Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, quien defendió toda la cuenca del Misisipi, impidiendo que llegasen los refuerzos ingleses necesarios a la Batalla de Yorktown (1781). Además, consiguió la rendición de Mobila (1780) y Pensacola (1781), emplazamientos estratégicos para los ingleses. Las victorias de Bernardo de Gálvez contra los ingleses supusieron la liberación del Misisipi y el Golfo de México para la causa independentista norteamericana.

Su actuación en la guerra de independencia le valieron todo tipo de reconocimientos , incluso una ciudad Galvestón, en Tejas , lleva su nombre. La historia detallada de nuestro héroe ya la pusimos de manifiesto en otro hilo de este blog.

https://algodehistoria.home.blog/2020/03/27/un-heroe-y-un-villano

Aunque en julio de 1776 se aprobó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos la Guerra continuó entre los colonos y los británicos y  finalizó en 1783 con la firma del Tratado de París y la victoria de las Trece Colonias estadounidenses. España consiguió recuperar Menorca y la Florida Occidental, cambió las Bahamas por la Florida Oriental y las tierras al este del Misisipi fueron para los Estados Unidos.

La presencia española en USA terminó el 10 de julio de 1821, cuando España cedió la Florida a los Estados Unidos.

Como colofón de la obra española en América sólo queda subrayar que sin nosotros hoy los Estados Unidos no serían lo que son, y negar los orígenes, más cuando los orígenes son excelentes, no es muy recomendable.

A los ignorantes que se autodenominan antirracistas, cosa que dudo, sólo recordarles que las leyes españolas consideraban a los indios súbditos, iguales que al resto de los españoles, fueran del Rio de la Plata, de Cuzco,  de Tejas, de California o de Sevilla. Esa situación era el equivalente a la condición de ciudadano actual (algo que no les otorgaron a los nativos ni franceses ni británicos ni los propios norteamericanos- hasta 1924-.) Y si hoy hay problemas racistas en EE.UU no es por su origen español sino por su propia incapacidad de reconocer derechos civiles a toda la población hasta casi antes de ayer… y se ve que aún no están asimilados por todos o quizá es que en el fondo no están atacando el pasado español sino la propia concepción de Estados Unidos como nación, porque la sensación que dan con sus acciones es que no son antirracistas sino anarquistas. Que vuelvan los ojos a Kennedy, Presidente que conocía sobradamente la presencia española , y que tanto hizo por la igualdad de todos los ciudadanos americanos y con él tantos otros grandes americanos, y analicen, acto seguido, si ellos, han sabido seguir su espíritu. Si de verdad están haciendo algo por su país o sólo buscan su destrucción.

[1] Charles Fletcher Lummis. “ The Spanish Pioneers [McClurg Chicago 1893]. Google Books. Ed en Inglés.

 

EL INICIO DE LAS PERSECUCIONES CONTRA LOS CATÓLICOS EN INGLATERRA Y LA CONSPIRACIÓN DE LA PÓLVORA

Muchas veces en las guerras diversas que ha tenido la humanidad por razones religiosas se plantea a los católicos como esos bárbaros (más aún a los españoles por la propaganda protestante contra la Inquisición y el Imperio, como un elemento más que ha configurado nuestra leyenda negra)  y pocas veces se deja traslucir la crueldad de las nuevas iglesias. En este caso que nos ocupa nos vamos a referir a un hecho concreto acontecido en el Reino Unido, que trae causa de la persecución a los católicos.

En Gran Bretaña, la persecución a los católicos se une al enfrentamiento con el Imperio español, pues como Imperio católico, se oponía a los planes de Enrique VIII tanto personales como nacionales. Liberándose del catolicismo, del Papismo, como decían los protestantes, dejaba de estar bajo la órbita del Imperio español que era el brazo armado con el que contaba el Papa. Por eso, el protestantismo tenía un cierto sabor nacionalista en las Islas.

Con esa base de fondo, en el reinado del apostata Enrique se inicia una dura persecución a los católicos cuya datación procede de 1534 , con la promulgación del Acta de Supremacía,  por la cual, Enrique VIII se proclamó jefe absoluto de las Islas, no sólo de su Iglesia, lo que le permitió condenar por traición a todo partidario del Papa; los que se rebelaron fueron ejecutados, sus bienes confiscados y la corona inglesa y sus partidarios, enriquecidos. Entre los ejecutados se encontraron los frailes Franciscanos y los Cartujos de los conventos de Londres y los religiosos, mártires y santos: Tomás Moro y Juan de Fisher. También fue ejecutada la última descendiente de los Plantagenet, con lo que, con la excusa de su catolicismo, Enrique VIII se libraba de una posible aspirante al trono ( tenga presente el lector la guerra de las dos rosas).

Ante todo esto, se rebelan los católicos mediante las llamadas Peregrinaciones de la Gracia centradas en el norte del País, sobre todo en York. Sus miembros, tras su derrota, también fueron ejecutados.

Cuando muere Enrique VIII, hereda el trono María I hija mayor de Enrique VIII y Catalina de Aragón ( hija de los Reyes católicos)- María era católica y a punto estuvo de abrogar la reforma de su padre-.

La respuesta de los nacionalistas, identificados con el protestantismo, fue pasar a llamarse anglicanos, es decir, ingleses; se consideraban los auténticos ingleses frente a los católicos a los que despreciaban. Su propaganda, mucho más efectiva que la católica, hace que se extienda un odio hacia los católicos por extranjerizantes, y, especialmente, contra los españoles, al fin y al cabo, María se había casado con un español (Felipe II) en 1554 y español era el Imperio dominante y sostén del papado y de su causa en Europa. Evidentemente, María intentó sofocar aquellas revueltas protestantes y arremetió contra los anglicanos, de una manera no más cruenta que la realizada por su padre o la que luego ejercerá su hermana contra los católicos, pero la propaganda anglicana, con una exageración que nunca se dio en las narraciones sobre las actividades de los protestantes, elevó la crueldad de María a rango de categoría. De tal manera que, María ha pasado a la Historia con un sobrenombre que a su vez designa un combinado alcohólico- María la Sanguinaria- “Bloody Mary”. Por el contrario, los anglicanos nunca han tenido a Isabel I, hermanastra de María y sucesora, como sanguinaria, al contrario, la presentan como reina virgen y beatífica, casi santa, cuando la realidad es que no fue ni lo primero ni lo segundo. La posición de Isabel, hija de Ana Bolena, era extremadamente frágil porque si la boda de sus padres no era legítima (el divorcio de Enrique con Catalina de Aragón se consideraba ilegal por un sector importante de la población, todos los católicos entre ellos), Isabel era ilegítima, bastarda, y eso hacía que sus posiciones sólo fueran mantenidas en la medida en que se mantenía el anglicanismo.

Con Isabel el ser anglicano era obligatorio, asistir a los oficios, también, bajo pena de muerte; los vecinos debían delatar al que no asistiera a los actos religiosos anglicanos o al que asistiera a los católicos, era obligatorio el juramento de supremacía para ejercer un trabajo en la corte o en algunos oficios. Durante su reinado, Inglaterra reforzó la posición de la Iglesia anglicana con medidas contra el catolicismo. En 1585, el Parlamento instó a todos los sacerdotes católicos a abandonar el País o correr el riesgo de ser condenado por delitos de traición y ejecutados. Los católicos fueron barridos de la faz de la tierra británica; fueron condenados a vivir en la clandestinidad, así, quizá el mejor ejemplo de ocultación fue el del gran William Shakespeare, católico según todos los estudios, que jamás escribió contra los católicos, constituyendo una excepción en el mundo cultural británico del momento, pero que jamás manifestó en voz alta su fe.

Estas leyes se reforzaron con la llegada de Jacobo I al trono de Inglaterra. Esta situación, y la negativa del rey a revocar estas normas, llevó a un grupo de católicos a planear La conspiración de la pólvora.

La idea era la de iniciar una revolución católica en toda Inglaterra y, como mínimo, salvaguardar su fe tanto en el ámbito público como privado.  No está muy claro el efecto que hubiera tenido la misma, ni siquiera si sólo era un movimiento católico o una utilización de los católicos para derrocar al rey.

Entre los conspiradores son conocidos Robert Catesby,  Thomas Winter, Thomas Percy, John Wright y Guy Fawkes, cuyo nombre es el que ha sobrevivido por encima de los demás, aunque no fue el ideólogo.https://www.gettyimages.es/detail/fotograf%C3%ADa-de-noticias/the-gunpowder-plot-the-conspiracy-was-created-fotograf%C3%ADa-de-noticias/588890133?adppopup=true

Catesby y Percy, los auténticos cabecillas, intentaron previamente que se derogaran las leyes penales contra los católicos, sin éxito. Winter fue enviado a Flandes a fin de lograr la ayuda de la Corte española, pero Felipe III no se la prestó; se estaban llevando a cabo las negociaciones para la paz entre Inglaterra y España tras 80 años de enfrentamientos en los Países Bajos ( Paz de Londres).  En Flandes, unido a los tercios españoles, Guy Fawkes ,nacido en York hacia finales del siglo XVI (curiosamente en York, donde surgieron las “Peregrinaciones de la Gracia”) se hizo un bravo guerrero, conocido como Guido y que llegó al grado de capitán. Procedía de una familia mixta de padre protestante y madre católica. Viendo la represión hacia los católicos, decidió seguir esta Fe, como un acto casi de rebeldía. En 1591, Guy vendió sus bienes y marchó al continente a luchar contra los protestantes holandeses, allí conoció a Winter y volvió con él a Inglaterra a finales de abril de 1605.

Los conspiradores, después de alquilar una casa junto al Parlamento, lograron llevar treinta y seis barriles de pólvora, ocultos bajo carbón y leña a un sótano de la Cámara de los Lores, evidentemente, con intención de hacerlos estallar. La conspiración llegó hasta ese punto como un secreto muy bien guardado, sin un solo inconveniente significativo.

El experto en explosivos, Guy Fawkes, se había quedado en las bodegas para encender la pólvora y hacer estallar los barriles durante la ceremonia de apertura del parlamento de aquel año- 5 de noviembre de 1605-.La noche del 4 de noviembre de ese mismo año un grupo organizado por el Conde de Salisbury registraron el Parlamento y en el sótano encontraron a Guido Fawkes ultimando los preparativos para el día siguiente. El católico inglés fue torturado brutalmente y no se sabe a ciencia cierta si reveló los nombres de sus compañeros, pero se conoce que se negaba a hacerlo. 13 fueron los detenidos, algunos, ejecutados en el acto, mientras que a otros se les juzgó en el mismo Palacio de Westminster, donde se cobró entrada para contemplar su ejecución que consistía en lo siguiente:

“Colgándoles del cuello sin dejarles morir, seccionándoles los genitales, echándolos al fuego ante sus propios ojos y, hallándose aún vivos, destripándoles y arrancándoles el corazón antes de decapitarles y despedazarles. Luego se expondrían ante el público las cabezas clavadas en picas y serían arrojados los restantes trozos a los pájaros para su alimento”

 Ante tremenda brutalidad, mientras subía al cadalso, Guy se lanzó de las escaleras y se partió el cuello muriendo al instante y evitando así el brutal ajusticiamiento. Para que luego, en la leyenda negra española, esparcida especialmente por británicos, holandeses y alemanes, se diga de la Inquisición.

Todavía hoy en todo Reino Unido, todos los 5 de noviembre, se celebra el fracaso de aquella revuelta. Es la noche de Guy Fawkes, en la que los ingleses hacen hogueras y queman muñecos con el rostro del famoso católico inglés.

En una de esas vueltas que da la vida y la historia,  la máscara con los rasgos de Guido (sonrisa abierta de oreja a oreja con bigote elevado en sus puntas, al gusto de la época ) se convirtió en imagen de la resistencia católica, pero, en la actualidad, esa imagen de Guy es la recreada en los famosos cómics de V de Vendetta, escritos por Alan Moore e ilustrados por David Lloyd , que desarrollaba su cuento en una sociedad distópica, sin rastro del catolicismo original. De este cómic saltó como logo de los hackers de Anonymous , símbolo del anarquismo mundial, aunque ellos se presentan como factor de resistencia civil ante la tiranía.

https://universocomic.es/comics-de-v-de-vendetta-todo-lo-que-debes-saber/

El resultado de aquella conspiración fue nefasto para los católicos; las leyes contra ellos aumentaron inmediatamente en severidad. El clima de miedo y paranoia que siguió al descubrimiento de la Conspiración de la pólvora, facilitó la aprobación de una legislación anticatólica restrictiva. Además, el miedo a las conspiraciones católicas fue un tema constante durante los siguientes años y el avance gradual hacia la tolerancia religiosa se retrasó durante siglos. A lo largo de al Historia,  las grandes víctimas de la persecución contra los católicos en Gran Bretaña han sido los irlandeses, condenados a pasar hambre por sus creencias. Sobre las hambrunas en Irlanda, hablaremos en otro hilo. Pero, en la Britania anglicana, la persecución no fue sólo contra los católicos, también se ensañaron contra otras iglesias protestantes, no olvidemos a los puritanos que tuvieron que huir al nuevo mundo ( viaje del Mayflower), 13.000 cuáqueros, bajo el reinado de Carlos II, fueron encarcelados… este enfrentamiento entre religiones continuó hasta el siglo XX.

¡QUÉ DÉCADA LA DE AQUEL RÉGIMEN!

https://www.youtube.com/watch?v=fG2evigIJIc

El 2 de julio se cumplirán cincuenta y cinco años del primer concierto de los Beatles en España. El 2 de julio de 1965, en las Ventas, primero, y al día siguiente, en la Monumental de Barcelona, se celebraron los dos únicos conciertos de la banda británica en España. Aquellos conciertos no contaban con el visto bueno del Régimen que no facilitó su celebración, pero no los impidió. En las ventas, había más policías que asistentes, ayudados también por el elevado precio de las entradas. En Barcelona, el ambiente más cosmopolita de la ciudad, la menor presencia policial y el antecedente calmado de la noche anterior en la capital,  permitieron el casi lleno de la plaza de toros. Hay que ver lo que va de ayer a hoy. Si analizamos el cambio que han dado ambas ciudades, y el ambiente taurino de la Barcelona actual. Allí llegaron los de Liverpool ataviados con monteras de torero y tricornios de la Guardia Civil.

¿Pero como era aquella España que visitaron los Beatles? Nos centraremos en la España de los 60. Sólo de los 60.

Aquella fue una década de un gran cambio para España, la causa del llamado “milagro español”, la gran transformación, fue primero de índole económico y la palanca que lo activó: el Plan de Estabilización de 1959. Aunque el Plan de Estabilización suponía un cambio económico, en su interior, recogía un cambio político: se pasaba de la influencia de los falangistas a la de los tecnócratas, muchos de ellos del Opus Dei y, socialmente, dio lugar a una de las mayores transformaciones de un país en la era contemporánea.

España ya no suspiraba por el ayer. En el ayer no parecía que nuestros problemas estuvieran resueltos, sino, al contrario, era el presente y el futuro que el prometía esperanza.

https://www.youtube.com/watch?v=I3RdqTCv_iw

Hasta aquel año España sumaba casi tres décadas de estancamiento.  Desde la gran depresión, pasando por la República y el primer franquismo que favoreció un modelo intervencionista con resabios autárquicos en el que el Estado era el eje de la actividad económica. Los controles de precios, la creación de empresas públicas, el cierre al comercio internacional, las cartillas de racionamiento, los planes sectoriales… eran el resultado de estos planteamientos y consiguieron unos resultados nefastos. Con el “Stop and Go” de los tecnócratas la situación empezó a cambiar.

Así, se flexibilizó y se estableció una política comercial abierta a las importaciones y las exportaciones. La política monetaria también dio un vuelco, caminando hacia la convertibilidad de la peseta y hacia el final de los controles de precios. El marco regulatorio también fue alterado, con ánimo de brindar más garantías a la inversión. El gasto público fue congelado y el gigantesco aparato empresarial del Estado empezó a pasar a manos privadas. Fue el preludio de los planes de desarrollo, de la industrialización, del desarrollo urbano, del incremento de la población debido a las mejoras económicas y del aumento del nivel de vida, lo que permitió a los españoles empezar a disfrutar de ciertas comodidades, dejando atrás la miseria de la posguerra y las estrecheces de la década de los 50. El mayor poder adquisitivo dio acceso a los electrodomésticos, el coche, el tocadiscos y la televisión…en definitiva a la aparición de la sociedad de bienestar. Figuras como Alberto Ullastres, Mariano Navarro Rubio o Laureano López Rodó fueron claves para el giro aperturista.

Dos fueron los factores esenciales de aquel cambio económico:

1.-La emigración. Aunque resulte paradójico fue el impulso económico español el que dio lugar a la mayor salida de españoles desde mediados de los años 50. El Régimen intenta regular la salida buscando al tiempo una cierta protección del emigrante. Así en 1956, España se adhiere a acuerdos internacionales sobre inmigración y se crea el Instituto Español de Emigración. La Ley de Ordenación de la Emigración de 1960 asiste a la amplia emigración de los 60, dirigida sobre todo a la Europa occidental. En 1971, se amplía la acción protectora del Estado.

El movimiento migratorio vino determinado por la necesidad de acoplar los excesos de población española, con una mano de obra poco cualificada, hacia el exterior, dándose la circunstancia de que, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo económico, centro Europa demandaba mano de obra poco cualificada. Los españoles no viajaron a Rusia como los Beatles, pero sí a la republica Federal Alemana, Suiza y Francia, destinos que vinieron facilitados por la colaboración oficial tanto en España como en los países de destino.

https://www.youtube.com/watch?v=nS5_EQgbuLc

Se calcula que salieron a esos países dos millones de españoles, que fueron esenciales para el despegue económico, y no sólo porque aligeraron los excesos del mercado laboral, sino que mejoraron las arcas del Estado por el envío de sus remesas monetarias, el aporte de divisas.

Los españoles trabajaban muy duro, de sol a sol, pero obtenían unos salarios considerablemente más altos que los que obtenían, cuando los tenían, en España. Muchos de ellos volvieron tiempo después en unas condiciones mucho mejores de las que disponían al irse.

https://www.youtube.com/watch?v=IKJqecxswCA

Las agregadurías y embajadas españolas contribuyeron a crear, a semejanza de los “Hogares” para emigrantes en Iberoamérica”,  las “Casas de España” en cada país, convirtiéndose en centros de referencia jurídica, cultural y lúdica. Además, durante el franquismo, aquellas casas permitían controlar a los emigrantes para que no formaran grupos de resistencia contra el Régimen. Hoy en día, esas Casas de España con la finalidad primera, siguen existiendo en muchos sitios.

Los movimientos de población no se produjeron sólo hacia fuera de nuestras fronteras, sino que se dio una redistribución interna desde las zonas más pobres a las que iniciaban su desarrollo ( Cataluña, País Vasco, Madrid). El campo se vació y las ciudades crecieron a la luz de una incipiente industrialización que creó una serie de elementos socialmente destacables como veremos y un desequilibrio regional que aún padecemos.

2.- El turismo.  La llegada de turistas ante un “Spain is different”  que caló como eslogan y a la construcción de grandes infraestructuras como los paradores de turismo, permitieron que todas las costas, especialmente las mediterráneas experimentaron un auge asombroso, proliferaron los hoteles, crecieron las casas de apartamentos; los pequeños pueblos pesqueros se convirtieron en zonas urbanas, que sentaron las bases de las grandes obras hoteleras que disfrutamos hoy en día, encuadradas entre las mejores del mundo. A eso se unía que nuestros servicios eran más baratos que en otros entornos y el clima y amabilidad de trato, excepcional.

https://www.youtube.com/watch?v=KQetemT1sWc

Ya venía el sol para devolver las sonrisas a los blanquecinos rostros de nuestros vecinos del norte europeo y también de los españoles, que, por primera vez, instalados en la clase media podían veranear.

Es verdad que aquel desarrollo económico no se vio recompensado con la entrada en el Mercado Común, a pesar de los esfuerzos del ministro Alberto Ullastres, que, sin embargo, logró un acuerdo preferencial en 1969, que también ayudó en mejorar algo más nuestras finanzas.

Políticamente, los tecnócratas buscaban la apertura del Régimen a través de la modernización de las estructuras y del desarrollo.

En1963,  se aprobó la Ley de Bases de la Seguridad Social que unificó los diversos sistemas de previsión y protección pública y amplió los mecanismos de cobertura social con cargo al Estado. En 1970, la cobertura de la seguridad social alcanzó al 80 % de la población.

EL segundo objetivo del programa político de los Tecnócratas fue completar la institucionalización del Régimen. En 1966 se aprobaba la Ley orgánica del Estado, que sería la última y más importante de las leyes fundamentales que haría las veces de constitución del Régimen y permitió modificar las anteriores, no tanto en su esencia, como en la búsqueda de unas formas más suaves. Esta ley definía mejor las competencias del Jefe del Estado y del Gobierno y reforzó el papel de las Cortes al ser designadas como el “órgano superior de participación del pueblo español en las tareas del Estado”. Su estructura se modificó ligeramente para incorporar a los procuradores en Cortes por el tercio de familia que se elegirían por elección “democrático-orgánica”. Para dotarla de una legitimidad “popular” la Ley Orgánica del Estado fue sometida a referéndum.

La llegada de los tecnócratas provocó cambios en otros sectores, así los falangistas buscaron en la nueva clase obrera, que nació a raíz de la industrialización, una cantera de apoyos por medio de un movimiento sindical que culminó en las elecciones de enlaces sindicales de1966. Pero estas elecciones no lograron lo que el ministro Solís Ruiz quería: el reforzamiento de falange, puesto que, preveía la creación de cierto asociacionismo que se tropezó con el sector más intransigente e inmovilista del Régimen que veía con preocupación cualquier movimiento asociativo por miedo a crear partidos políticos. Además, en aquellas elecciones no todos los electos eran falangistas, sino que muchos de ellos eran miembros clandestinos de Comisiones Obreras que se infiltraron en el asociacionismo obrero de aquella forma.

Los mayores éxitos logrados por los aperturistas se basaron en dos leyes: La Ley de Prensa e Imprenta de 1966 promovida por Manuel Fraga quien, además de haber ideado los Paradores Nacionales y ser el más importante impulsor del turismo, consiguió con esta ley que los periódicos eligieran a su director y que tres revistas nacidas en 1963 lograron abrir un camino a cierta libertad de pensamiento y crítica: Atlántida, Revista de Occidente y Cuadernos para el diálogo. Sin embargo, la apertura no se dio en las radios ni en la televisión.

Los inmovilistas lograron aprobar en abril de 1968 la Ley de Secretos oficiales que prohibía a la prensa hablar de aquellos temas que se declaraban materia reservada. Con todo, la Ley de prensa logró acabar con el estado de excepción en el que vivía el periodismo español y logró mayor nivel de debate, “ intercambio de pareceres” que lo denominó el franquismo, lo que dio entrada a ciertas opiniones de la oposición al Régimen. Es decir, dentro de las noticias que dejaba tratar el Régimen, la Ley de prensa consiguió mejorarlas:

https://www.youtube.com/watch?v=A_MjCqQoLLA

La otra reforma exitosa fue la representada por la Ley de libertad religiosa de junio de 1967 promovida por Fernando María Castiella, ministro de Exteriores. La ley, coherente con las nuevas orientaciones del Concilio Vaticano II,  abría la posibilidad del culto a los protestantes, judíos y musulmanes, que, en pequeño número, residían en España.

Al tiempo, unido al cambio legislativo, se produce un cambio generacional en la jerarquía religiosa que se manifiesta también en la concepción de los seminarios, en la puesta en marcha de las conferencias episcopales y en la adopción de las reformas en las formas litúrgicas.

En el fondo, la reforma económica y la apertura creciente al exterior, implican una debilitación de la antigua disciplina socio-política. Y empezaron a aparecer movimientos de oposición al Régimen. Chicos malos para aquellos tiempos.

https://www.youtube.com/watch?v=u8hOfWs2Xmw

Algunos ya los hemos ido nombrando, desde la izquierda, el único grupo que internamente existió como auténtica oposición al franquismo fue Comisiones Obreras y el primer desafío al Régimen la huelga minera convocada en Asturias en 1962. Evidentemente, actuaban en la clandestinidad, lo que no impidió que se infiltraran en las estructuras oficiales tras 1966, como vimos.

Un segundo frente del que tuvo que ocuparse el Régimen fueron las protestas estudiantiles en la Universidad que se extendieron a lo largo de la década. Es curioso que uno de los primeros elementos institucionales desmontados en aquella época fuera el S.E.U. Las mayores alteraciones se dieron en la época del ministro Lora Tamayo y convergieron en la reforma de la Ley de educación de Villar Palasi. En la misma se buscaba conciliar la apertura de los nuevos tiempos con el reconocimiento de nuestras glorias pasadas, nunca se menospreció nuestro pasado ni lo que fuimos, siempre dentro de la órbita del Régimen, pero incluso así, se respetaba y afianzaban nuestras grandes obras, literatos, arte, descubrimientos…

https://www.youtube.com/watch?v=m2uTFF_3MaA

Pero fue el movimiento católico el que más desconcierto causó en el Régimen, quizá por considerarlos sectores afines. El primer conflicto surgió entre los sacerdotes vascos en 1961, de carácter nacionalista y bajo cuyas faldas nació el grupo terrorista ETA. Condenable entonces y ahora. El movimiento nacionalista también tuvo sus manifestaciones en Cataluña en torno al Palau de la Música. Pero la oposición católica no se identificó, en su inmensa mayoría, con aquel grupúsculo terrorista ni nacionalista, sino que buscaba dotar a España de auténticos valores cristianos, esencialmente, la libertad, y sobre todo una clara separación entre la Iglesia y el Estado, de acuerdo con las nuevas directrices del Concilio. A lo largo de la década unos cien sacerdotes y religiosos fueron encarcelados. En este entorno se encuadran movimientos propios de la democracia-cristiana heredera de la CEDA o de Joaquín Ruiz Giménez, ex ministro de educación y que en 1964 fundó Cuadernos para el diálogo.

El acto de mayor repercusión de cuantos se celebraron por los grupos de oposición tuvo lugar en junio de 1962 con motivo de la celebración en Múnich del IV Congreso del Movimiento Europeo, al que asistieron opositores al franquismo tanto del interior como del exilio, y que pretendían la instauración de una democracia liberal.Internamente, el franquismo lo bautizó como el “Contubernio de Múnich”. El resultado fue el exilio y el confinamiento o destierro de sus asistentes y un palo más en la rueda de las negociaciones de entrada en la Comunidad Económica Europea.

Quizá el aspecto más importante de los movimientos de oposición fue la de hacer ver al Régimen que hacía falta un sucesor.

La «candidatura» que defendían Carrero y los tecnócratas, desde finales de los años 50, era la del hijo de don Juan de Borbón, el príncipe Juan Carlos, que desde 1948 estaba bajo la “tutela” de Franco. A la “Operación Príncipe” se oponía un sector del falangismo contrario a la dinastía de los Borbones que prefería que Franco nombrara como sucesor a un regente. Solís encabezaba este grupo. Finalmente, fue en 1969 cuando Franco anunció a Don Juan Carlos su intención nombrarle sucesor a “título de rey” y le pidió que aceptara o rechazara el ofrecimiento “allí, en seguida” y sin consultar a su padre (jefe de la casa de Borbón), el príncipe decidió anteponer la recuperación de la institución monárquica al principio de legitimidad dinástica y aceptó. El 22 de julio de 1969, Franco propuso a las Cortes el nombramiento de don Juan Carlos como “príncipe de España” y no de Asturias como era la tradición borbónica. Se votó en Cortes. La votación, nominal y pública por petición expresa del Franco, arrojó 491 votos afirmativos, 19 negativos y 9 abstenciones.

Como puede apreciarse todos los aspectos de la década están íntimamente relacionados y su repercusión en el ámbito social y cultural fue evidente.

La llegada de turistas, hizo más por poner a España en el mapa del mundo que otras medidas, con ellos llegaron ideas novedosas que cambiaron la forma de vida y de pensamiento. El turismo extranjero, por su parte, mostraba también otro estilo de vida más libre y atractivo. Asimismo, a través de las series americanas y la publicidad, la televisión irrumpió en la vida cotidiana, desempeñando un papel importante en la configuración de un nuevo modelo de vida que llevará al abandono progresivo entre las jóvenes generaciones del estilo de vida tradicional.

La música Pop, también contribuyó a cambiar las costumbres.

La propia presencia de los Beatles constituyó un símbolo de libertad que, por medio de una música nueva y rupturista, el rock expresaba, la rebeldía juvenil que se daba en toda Europa ( recordemos mayo del 68 en Francia). Aquella rebeldía,  en España se mostraba más sibilina, menos revolucionaria en apariencia, sin embargo, en la práctica, aquel grito novedoso que supusieron los británicos fue el símbolo de todo un cambio generacional, que sin parecerlo adquiría caracteres de autentico cambio político, mucho más que el francés.

España se movía.

https://www.youtube.com/watch?v=Qr7JFmKoSCA

Las estancias en campamentos de verano, cursos internacionales, estancias lingüísticas y trabajos como “au pair” para las chicas y camareros o trabajos ocasionales para los chicos fueron múltiples ocasiones que se presentaron para salir al extranjero. Esta apertura alimente el ya visto inconformismo estudiantil manifestado sobre todo en las universidades.

Consecuencia de aquellos cambios sociales y educativos, se produjo el inicio de la emancipación de las mujeres. La transformación no vino sólo como miembros de una sociedad en transformación, sino por el hecho de poder acceder a estudios superiores con normalidad, en igualdad de condiciones que el hombre, cosa que en España hasta los años 60 no era posible Con las limitaciones económicas de todo español del momento, pero no otras (en el curso 1966-67, las mujeres tenían un grado de alfabetización del 91,2%. Constituían el 40% de los alumnos de bachillerato y el 30% de los estudiantes universitarios, siendo el 51% de la población total). Fundamentalmente, se debió al cambio legislativo de 1961, la ley estableció los derechos políticos, profesionales y de trabajo de la mujer. Esta ley suponía un gran avance respecto a la legislación anterior ya que reconocía a las mujeres el derecho de realizar funciones administrativas y políticas, de participar en oposiciones, de acceder a todos los niveles de enseñanza. La ley abría también la puerta a todas las profesiones que hasta entonces estaban prohibidas, menos la militar y la magistratura, a excepción de los tribunales de menores y aquellas profesiones demasiado duras para la condición física femenina (minería, construcción…). También desaparecía de la reglamentación laboral el despido forzoso por contraer matrimonio. Paralelamente, la eclosión de la música pop y la introducción de las modas extranjeras entre los jóvenes contribuirán a la modernización de la juventud y a difundir una imagen nueva de la “chica moderna”. Si el papel tradicional de la mujer en España era el de esposa-madre-ama de casa mientras que el marido era el cabeza de familia, a lo largo de la década se van multiplicando las manifestaciones que cuestionan la subordinación de la mujer al varón.  Por otro lado, esta concepción del rol de la mujer como madre y esposa no sólo se daba en España, sino que era habitual, con las características culturales diferenciadoras propias, en otros países europeos como Reino Unido o Francia. La incorporación progresiva de la mujer al mundo laboral , la posibilidad de obtener una remuneración propia daba autonomía a la mujer

Aunque con la ley de 1961 se daba un gran paso adelante en la equiparación jurídica del hombre y de la mujer (soltera o viuda), se mantenía la subordinación de la mujer casada a su marido a través de una serie de importantes limitaciones legales, como la necesidad de tener el permiso del marido para hacerse el pasaporte, firmar un contrato o abrir una cuenta corriente.

En España la moda ye-ye se impuso a través de revistas, películas y moda. La manera de vestirse y el peinado se convirtieron en señas de identidad de la juventud. A través de la moda se expresaba también el deseo de emancipación femenina. Junto con la minifalda, el bikini,  ampliamente extendido en Europa e introducido en las playas españolas por las turistas extranjeras, fue el generador de auténticas guerras caseras en la España de aquellos años. La batalla de los pantalones fue otro paso más en el deseo de emancipación de la mujer y de la reivindicación de igualdad con el hombre en la sociedad. A finales de los 60 se impuso el vaquero, convirtiéndose en la prenda universal de los jóvenes, tanto ellos como ellas. El peinado fue otra forma de reivindicación: el pelo corto para las chicas y las melenas para los chicos

https://www.youtube.com/watch?v=tKYv8Ek02GI

Los cambios legales no son suficientes, en ninguna sociedad, para dar un vuelco a la misma; se requieren otros ingredientes, que la España de los 60 aportó por las mejoras económicas, la elevación del nivel de vida, la llegada de turistas, la música pop, las cantantes ye-ye, el mundo de las fans, las revistas de música, el cine… contribuyeron a preparar el terreno de los cambios más radicales que vendrían después.

EL DOS DE MAYO DE 1808

Tras la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando, como consecuencia del Motín de Aranjuez ( ver entrada anterior del blog), Fernando VII consideró conveniente enviar comunicado a Napoleón de la nueva situación, quizá buscando el acuerdo y la protección del Emperador. El entusiasmo del pueblo y el cambio de monarca sorprendieron a Napoleón y a Murat, Gran Duque de Berg y de Clèves, y, sobre todo, cuñado de Napoleón y, en aquellos días, jefe de los ejércitos franceses en España.  Napoleón aplazó su entrada en Madrid y decidió preparar una encerrona a los borbones. El embajador francés en la corte española que había tomado parte en el Proceso de El Escorial y en la preparación del Motín de Aranjuez declinó toda participación en actos de la nueva corte. Es más, se entrevistó con el rey padre asegurándole que no reconocería a Fernando VII.

Napoleón inicia su marcha hacia Madrid con varios Cuerpos del Ejército entrando unos por Somosierra y otros por Guadarrama. Estando en el Molar, el duque de Berg , el 21 de marzo, recibe carta de la Reina de Etruria, hermana de Fernando VII, que ofrecía a los franceses la posibilidad de entrar en los litigios sucesorios y lo hacía en favor de su padre y en contra de su hermano. Se produjo aquel encuentro en Aranjuez que posibilitó los actos franceses posteriores que incidieron en la sucesión a la Corona española. El 23 de marzo, las tropas francesas entraban en Madrid por la puerta de Alcalá, con gran expectación y alborozo del pueblo y de la nobleza.

Desde el encuentro de Aranjuez con la Reina de Etruria, Murat y sus mandos extreman la amabilidad con el rey padre para intentar debilitar aún más las relaciones con su hijo. Una de las primeras preocupaciones del duque de Berg es el destino de Godoy, al que consideraba en peligro de muerte y al que veía como peón necesario para mover la voluntad de Carlos IV. El segundo acto fue convencer a Carlos IV de que anulara su abdicación, cosa que el Rey hizo de manera gustosa, en un acto que, muchos consideran de alta traición a la monarquía y, sobre todo, una solemne torpeza en contra de España y en favor de sus enemigos.

Napoleón envía a España al general René Savary con la doble finalidad de llevar, de cualquier modo, a Fernando VII a Bayona y ,por otro lado, mostrar a Murat sus planes para sustituir a los Borbones por los Bonaparte y, para ello, el propio duque de Berg ( que aspiraba al trono español, cosa que Napoleón nunca contempló, pero de lo que no le dio cuentas) debería enviar a Francia a toda la familia real junto con Godoy. El 16 de abril, Napoleón se instala en Bayona

El 10 de abril inicia Fernando VII su viaje hacia Burgos con el objeto de entrevistarse con Napoleón. El monarca pensaba que la entrevista tendría lugar en España, pero no debía de tener todas consigo el Rey Fernando cuando nombra al frente del País a una Junta de Gobierno. Ni en Burgos ni en Vitoria tienen noticias del Emperador si bien Napoleón le envía una carta dándole cita en Bayona para “conferenciar” sobre su nombramiento como Rey de España. Al tiempo, manda orden al general Bessières, que capitaneaba las tropas asentadas entre Burgos y Vitoria de que, si Fernando retrocedía, le prendiera y llevara a Bayona. Allí llega el Rey de España el día 20 de abril.

En este punto conviene recordar la conversación de Napoleón con Escoíquiz, antiguo preceptor y, en aquel momento, consejero del rey Fernando[1]:

Escoíquiz: “Si insiste V.M. en la mudanza de dinastía…proporcionará nuevas y poderosas armas a Inglaterra para eternizar sus coaliciones y guerras” y los “españoles os jurarán un aborrecimiento inextinguible…sólo un exterminio total de los españoles… podrá colocarle en el trono”

Napoleón: “ crea vuestra merced que los países donde hay muchos frailes son fáciles de sujetar. Tengo experiencia de ello. Esto mismo ha de suceder, pues, con los españoles, aunque necesite sacrificar 200.000 hombres, de todos modos, ha de ser lo mismo, y yo estoy bien lejos de creer que se necesitase tanta pérdida de gente para subyugar a España”.

De los diferentes intentos de calcular las bajas de los franceses durante toda la ocupación de España, los generales Marbot, Lumière y Bigorré cifran las bajas en unos 100 muertos diarios, lo que daría un total de 180.000 hombres muertos o heridos. Aunque existen otros cálculos del general Lumière de Corvey que estima las bajas de los soldados franceses en España entre 6.000 y 8.000 muertos al mes, lo que daría una cifra cercana a las 500.000 bajas.[2] Quizá todo sea un poco exagerado, pero marca las pautas del enorme desgaste francés en España, en sí mismo considerado y, mayor, por inesperado.

 En Bayona, Napoleón propuso a Fernando renunciar al trono de España y ser nombrado Rey de Etruria, pero Fernando se negó. Desde ese momento, Napoleón desiste de tratar con Fernando y se dirige a Carlos IV y a Godoy; el 5 de mayo consigue la renuncia al trono del rey padre que queda confinado en Compiègne, de donde pasará a Marsella y de allí, en 1812, a Roma. Fernando el día 5 manda un correo a España con la orden de convocar Cortes y el día 6 acaba renunciando también a la corona y pasa a residir en Valençay, bajo la custodia de Talleyrand.

Mientras suceden esos acontecimientos en Bayona, en Madrid, Murat cumple las ordenes recibidas de secuestrar a toda la familia real. Desde la marcha de Fernando, los españoles andaban preocupados por la presencia francesa , la Junta de Gobierno y el resto de la nobleza veían que aquel viaje de Fernando no había sido una buena idea.

El 2 de mayo cuando los franceses intentaron llevarse al menor de los hijos de Carlos IV, el infante Francisco de Paula, el pueblo de Madrid intentó impedirlo.  Entre ese día y el siguiente, el movimiento se extendió por toda la ciudad. En Madrid había 3.500 soldados españoles, rodeados de dos Cuerpos de Ejército franceses acantonados en la capital y alrededores. Una parte de esos soldados tenían preparada la resistencia, sobre todo,  por algunos oficiales de artillería ( del parque de artillería de Monteleón) y protagonizando ellos, especialmente, el teniente Ruiz y los capitanes Luis Daoiz y Pedro Velarde una auténtica y heroica lucha que fue secundada por la ciudadanía. (Situación reflejada maravillosamente por Joaquín Sorolla):

 https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/dos-de-mayo/e042130f-29cf-4bb1-a64e-1e0d2fc38d23

El pueblo de Madrid se alzará contra el invasor. Acudieron los hombres, las mujeres y los niños, luchando todos con valentía. Entre aquellas mujeres destacaremos a dos: Clara del Rey y Manuela Malasaña. Clara del Rey murió en el parque de Monteleón, donde acudió a defender a España con su marido y sus tres hijos; en cambio, no se pone de acuerdo la historiografía sobre el papel que jugó Manuela Malasaña en la revuelta, pero sí que fue ejecutada son saña por el ejercito francés ( ver el cuadro de Eugenio Álvarez Dumont):

https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/malasaa-y-su-hija-se-baten-contra-los-franceses/5abf3304-7a86-43d7-bf46-85e10357c385

 Aquel levantamiento era el inicio de la guerra contra el invasor, pero la declaración de guerra no provino de las autoridades ni del ejército sometido al napoleónico sino del Alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón. No se conserva integro el manifiesto del Alcalde; el historiador, Conde de Toreno, considera que el original es la proclamación que se conserva en el Archivo Parroquial de la villa de Cumbres de San Bartolomé (Huelva), dado a conocer por Rumeu de Armas, el cual decía lo siguiente: “Señores de justicia y de los pueblos a quienes se presentase este oficio de mí, el alcalde de la villa de Móstoles. Es notorio que los franceses apostados en las cercanías de Madrid, y dentro de la corte, han tomado la defensa sobre este pueblo capital y las tropas españolas; por manera que en Madrid está corriendo a esta hora mucha sangre; como españoles, es necesario que muramos por el rey y por la Patria, armándonos contra los pérfidos que so color de amistad y alianza nos quieren imponer un pesado yugo, después de haberse apoderado de la augusta persona del rey; procedamos, pues, a tomar las activas providencias para escarmentar tanta perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos, y alentándonos, pues no hay fuerzas que prevalezcan contra quien es leal y valiente como los españoles lo son. Dios guarde a usted muchos años. Móstoles, dos de mayo de mil ochocientos ocho. Andrés Torrejón y Simón Hernández.”[3] Lo firman los dos alcaldes de la villa. Fuera como fuese, el texto reconocido por todos es aquel más breve que decía :“¡Españoles, la Patria esta en peligro, acudid a defenderla!”

La desproporción de fuerzas no puede ser compensado por el heroísmo del ejército español y de pueblo de Madrid. Murat tuvo ocasión de cumplir lo anunciado, dar una lección de sangre y fuego al castigar el alzamiento madrileño. La “ carga de los mamelucos” en la Puerta del Sol  (los mamelucos eran soldados esclavos de origen egipcio, pero también de razas caucásicas, eslavo y mongoloide y muchos turcos). https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/el-2-de-mayo-de-1808-en-madrid-o-la-lucha-con-los/57dacf2e-5d10-4ded-85aa-9ff6f741f6b1

y los “fusilamientos del 3 de Mayo” en la Montaña del Príncipe Pío, ambos reflejados en todo su dramatismo por Goya

https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/el-3-de-mayo-en-madrid-o-los-fusilamientos/5e177409-2993-4240-97fb-847a02c6496c

Son el reflejo de la represión ejercida por Murat , que se acompañó de un bando en el que se decretaba que: “ serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con armas”…”todo corrillo que pase de ocho personas se reputará reunión de sediciosos y se disparará a fusilazos.”…”toda villa o aldea donde sea asesinado un francés será incendiada”. No está clara la cifra de ejecutados a causa del levantamiento del dos de mayo, pero el Conde de Toreno las estima en 1.200 personas. Tanto Murat como, sobre todo, el general Barón de Marbot, acabaron reconociendo su mala conciencia por lo acontecido. Este último escribió: “Como militar yo había debido combatir a hombres que atacaban al ejército francés. Sin embargo, en mi fuero interno, no podía evitar reconocer que nuestra causa era mala, y que a los españoles les asistía la razón al intentar rechazar a unos extranjeros que, después de haberse presentado en su casa como amigos, querían destrozar a sus soberanos y apoderarse del Reino por la fuerza. Esta guerra me parecía, pues, impía; pero yo era un soldado y no podía negarme a marchar sin ser tachado de cobarde. La mayor parte del ejército pensaba como yo y, a pesar de todo, obedecía de igual modo[4]

El dos de mayo fue sofocado y Murat escribió a Napoleón: “ La victoria que acabo de obtener sobre los insurrectos de la capital nos abre la posesión pacífica de España”.

Ocurrió al revés. La represión del dos de mayo fue la señal para la insurrección general, empezando por los lugares a los que no habían llegado las tropas francesas. La insurrección comenzó en Asturias el día 9 de mayo y estallando definitivamente el 24, formándose para dirigirla una “Junta”.  Los franceses enviaron a tropas españolas a su mando para sofocar la insurrección juntera, sin embargo, los militares españoles se unen a la insurrección asturiana. Así se inicia, la organización institucional que resiste a los franceses y organiza a los españoles durante la guerra de Independencia.

La guerra de Independencia española tendrá gran repercusión en Europa pues a imitación de España otros pueblos europeos se alzan contra Napoleón. Nuestra guerra supuso el principio del fin del gran corso. Internamente, las Juntas se convertirán en el instrumento de la revolución liberal- burguesa en España y fundamento del nacimiento de la Soberanía popular en nuestro País. A aquel levantamiento le debemos la democracia, aunque tardara en llegar. No malgastemos la valiente sangre española derramada en 1808.

BIBLIOGRAFIA:

JUAN DE ESCOÍQUIZ. “Memorias (1807-1808). Ed Renacimiento.

DAVID ODALRIC DE CAIXA I MATA. Historia Militar de la Guerra de la Independencia 1808-1814 (de las Guerras Revolucionarias a la Guerra de la Independencia). Bitácora .

CONDE DE TORENO: “Historia del levantamiento, guerra y revolución de España”. 2014. Ed AKRON

VICENTE PALACIO ATARD. “La España del S. XIX”. Espasa Calpe. 1981.

UBIETO, REGLÁ, JOVER Y SECO. Introducción a la Historia de España. Ed. Teide. 198

[1] Juan de Escoíquiz. “Memorias (1807-1808). Ed Renacimiento.

[2] David Odalric de Caixa i Mata. Historia Militar de la Guerra de la Independencia 1808-1814 (de las Guerras Revolucionarias a la Guerra de la Independencia). Bitácora

[3] Conde de Toreno: “Historia del levantamiento, guerra y revolución de España”. 2014. Ed AKRON

[4] Citados por Palacio Atard en su obra “la España del siglo XIX”.