LA REPÚBLICA FEDERAL ESPAÑOLA

Nuestro tema de hoy, de más actualidad de lo que debería, se encuadra históricamente, en un sentido amplio, en el llamado Sexenio Revolucionario. En un brevísimo apunte histórico, debemos señalar los acontecimientos que determinan su contexto:

Antecedentes.

  • La poca popularidad de los gobiernos de los moderados con Narváez como principal figura, unidos a la crisis económica de 1866, determinó un descontento en la población que salpicó a la Reina Isabel II y su corte de los milagros- en expresión de Valle Inclán-.
  • Los progresistas de Prim se habían unido a los demócratas por el pacto de Ostende cuya finalidad era derrocar a Isabel II.
  • La Unión Liberal, tras la muerte de O’Donnell, estaba liderada por el “General Bonito”- Serrano- y decidieron unirse a los progresistas en su intento de derrocamiento de los Borbones.

Sexenio revolucionario.

El sexenio comprendió desde el derrocamiento de Isabel II (con la revolución de 1868) a la restauración a finales de 1874.

Este periodo histórico muestra unos acontecimientos que se nos manifiestan de manera abigarrada, difícil de organizar en unas líneas coherentes, desordenado y caótico. En tan corto espacio de tiempo, pasó nuestra España de una monarquía a otra, por dos formas diferentes de república, dos constituciones, una guerra colonial, dos guerras carlistas, es decir, dos guerras civiles, y varias juntas revolucionarias.

Ideológicamente, España vivía en dos planos, de un lado, caminaba la utopía política y, de otro, se mostraba una realidad socioeconómica casi dramática, compleja y completamente alejada del pensamiento político, en una muestra de la extrema debilidad del país.

La utopía política se sustenta en cuatro basamentos:

  • Presencia activa de las clases populares de las ciudades.
  • El peso político y económico pasa de Castilla y Andalucía a Cataluña.
  • Respaldo intelectual de la llamada “generación del 68” o “demócratas de cátedra” que no eran más que un conjunto de profesores universitarios de filiación Krausista. Por ejemplo: Nicolás Salmerón; Emilio Castelar, Laureano Figuerola; Gumersindo de Azcárate… profesores que luego formarán parte de la Institución Libre de enseñanza.
  • Los partidos políticos divididos en dos grandes sectores: los cimbrios acaudillados por Nicolás Mª Rivero de filiación monárquica y los republicanos de Salmerón, José Mª Orense, Castelar… con un fuerte ideario federal que acaba agrupándolos en el partido Republicano Federal cuya cabeza más destacada, sobre todo, en el plano ideológico, fue Francisco Pi y Margall.

Aquel sexenio pasa por diversas juntas revolucionarias y un gobierno provisional a cuyo frente estaba Serrano. Es época de levantamientos populares y coloniales (alzamiento de Cuba al “grito de Yara” en 1868) y un enfrentamiento con los carlistas que alcanza su máxima extensión territorial.  Para estabilizar la situación se busca como solución una monarquía constitucional, promulgando la Constitución de 1869 y nombrando rey a Amadeo de Saboya.

El atentado que supuso el asesinato de Prim, dio al traste con todo aquello y provocó la renuncia de Amadeo de Saboya. Un amplio frente común se alineó contra él. No sólo los alfonsinos, cosa que entraba en la lógica de las cosas, sino que los progresistas se unieron a los carlistas frente al nuevo monarca y los republicanos radicales se separaron del bloque que apoyaba a Amadeo para enfrentarse también a él.

El republicanismo no tenía una posición común, las disensiones se mostraron desde el principio. En este sentido, fueron los republicanos intransigentes (el ala más radical del republicanismo) los que llevaron mayor inestabilidad al nuevo régimen. Hennesy ha hecho una descripción de estos “intransigentes”: ”Eran los revolucionarios profesionales, periodistas, malhumorados y frustrados buscadores de empleo que vieron en los Clubs radicales y en el desempleo de la capital, el medio de contrapesar la tradicional debilidad del partido en Madrid y, en la explotación del descontento social, la forma de forzar la mano de la cauta jefatura oficial… como optimistas que eran, prometían todo cuanto pudiera servir para  compensar el apoyo de las masas y, menos cohibidos que los benevolentes- los republicanos moderados-, ofrecía reformas sociales en las que no tenían verdadero interés, trabajando en la organización conspiratoria, confiaban conseguir sus fines por medio de la organización secreta, pero incapaces de aprender de sus errores pasados, continuaron asiéndose al mito de la revolución espontánea”[1].

El fracaso del plan insurreccional de los intransigentes entre octubre-diciembre de 1872, refuerza a Pi y Margall, que logra enderezar la situación republicana para dar la dirección al sector benevolente frente a los intransigentes.

Con todo, Amadeo de Saboya harto de tanto caos decide abdicar y volver a Italia. El mismo día de su marcha- el 11 de febrero de 1873-, el Congreso y el Senado reunidos conjuntamente en Asamblea Nacional proclaman la 1ª República.

En esta convocatoria encontramos uno de los primeros tropiezos, uno entre muchos que vendrán, de la 1ª República: aquella convocatoria de Asamblea Nacional era ilegal, porque el art 47 de la Constitución prohibía expresamente la deliberación conjunta del Congreso y del Senado. Asimismo, la abdicación de Amadeo de Saboya debió hacerse mediante Ley, lo que tampoco ocurrió. La República llegó con una revolución y se estrenó con una ilegalidad. Era algo premonitorio de lo que se podía esperar de aquel régimen.

La historiografía suele considerar que la misma no fue una única república, sino dos:

  • Entre el 11 de febrero de 1873 y el 3 de enero de 1874, la propiamente federal. Termina con el golpe de estado de Pavía.
  • El resto de 1874. Bajo la jefatura de Serrano. La República se convirtió en un régimen autoritario. Termina con el levantamiento de Martínez Campos en Sagunto y la proclamación de la Restauración

En este hilo nos vamos a referir esencialmente, a la primera parte. Aquella en la que, a decir de Payne, “el País se enfrenta a un caos absoluto”. En menos de un año hubo 4 presidentes: Figueras, el cual solía decir que “Yo no mando ni en mi casa”. Desconocemos su posición en su hogar, pero en el País, la afirmación era cierta. Cuando muere su mujer, huye a Francia y no quiere saber nada más de la República española.

Le sucede Pi y Margall, al cual Ortega y Gasset describe como: “hombre excelente, pero de dotes escasísimas, se nutría de los ridículos desplantes de ascetismo a que solía entregarse”. Durante la Presidencia de Pi, España llega al borde de la desintegración.[2]

Veamos cómo se desarrolla la República con los dos primeros presidentes antes de conocer las acciones de los dos últimos.

La República en este primer año nace bajo el auspicio intelectual de Pi, defensor a ultranza del federalismo y, por ello, intenta imponer un sistema federal “de arriba abajo”, es decir, una imposición desde las élites hacia el pueblo.

En un primer momento no se proclamó la República federal. El primer gobierno contó con Figueras como Presidente, Pi y Margal en Gobernación, Nicolás Salmerón en Gracia y Justicia y 4 ministros radicales. A los pocos días hubo un reajuste de Gobierno y los radicales salen del mismo, salvo en Guerra y Marina donde conservan la cartera por poco tiempo. Se empiezan a fraguar así una doble oposición, de un lado, los miembros del Partido Radical. Estos estaban dirigidos por Cristino Martos y apoyados por el General Pavía. En segundo término, por los republicanos intransigentes, impacientes por la instauración de la república federal.

La República española sólo fue reconocida en el ámbito internacional por Estados Unidos y Suiza.

En esta primera etapa, con Figueras en la presidencia, se hacen las siguientes concesiones a los intransigentes buscando su integración, cosa que no se consigue:

  • Supresión del impuesto de consumo.
  • Supresión de las quintas
  • Reorganización de las milicias a base de voluntarios. A los que pagaban 2 pesetas diarias.
  • Se intenta suspender el ejército acabando con las ordenanzas militares (lo que se consigue es una relajación absoluta de la disciplina).
  • Eliminación de los títulos nobiliarios.
  • Supresión de la esclavitud en Cuba y Puerto Rico.

La situación financiera era gravísima. En 1873 dejan de pagarse los intereses de la deuda. El dinero huye de la República por su inestabilidad. En Cataluña, se proclama, en tres ocasiones, el estado catalán (el 12 y el 21 de febrero y el 8 de marzo). Intentando contentar a los nacionalistas, se hicieron nuevas concesiones, como, por ejemplo, la disolución del Cuerpo de Regulares del ejército en Cataluña. Con lo que la región quedó a merced del carlismo en armas.

Asimismo, en Cuba, la primera guerra insurreccional se agravó en estos momentos aprovechando el desconcierto en el gobierno nacional.

En resumen, aún no se habían convocado elecciones constituyentes para aprobar una constitución federal y ya la situación era de un caos absoluto. Tanto que los radicales intentaron un golpe de estado que fracasa el 23 de abril. Las elecciones se celebraron entre el 10 y el 13 de mayo. Se constituyeron el 1 de junio de 1873. Hasta esa fecha en las Cortes se trabajaba en Comisión permanente que fue un auténtico despropósito. Tampoco las elecciones resultaron brillantes en su ejecución al haberse abstenido el 61% de la población llamada al voto.

El Partido Republicano Federal se dividió en tres alas:

  1. La de Castelar, Salmerón y los llamados benévolos.
  2. La de Pi y Margall apoyada por los intransigentes y algunos benévolos fluctuantes como J.M Orense.
  3. Los intransigentes extremistas.

En la primera reunión de las Cortes, Figueras presenta su renuncia. Pi y Margall se hace cargo de la Presidencia el 8 de junio. El día 11, tras considerables tumultos, consigue formar gobierno. El cual estaba formado por personajes de segunda fila, nadie importante aceptó los puestos ofrecidos y para poder jurar tuvieron que ir escoltados por un piquete de la guardia civil. El día 13 de junio, Pi realiza el discurso programático en las Cortes cuyo contenido no se llevó a la práctica. Prometía: constitución federal; separación Iglesia-Estado; reformas militares y fiscales; reformas sociales (jurados mixtos, reglamentación del trabajo infantil y femenino; desamortización…).

El día 21 de junio, tuvo la primera crisis de gobierno ocasionado por la sublevación cantonal y su falta de capacidad para hacer frente a tal situación. Los intransigentes forman el Comité Central de Salvación Pública, que plantea el levantamiento cantonal en provincias y ciudades, recogiendo así las posiciones de la izquierda más extrema que en España siempre fue anarquista. Cartagena inició la sublevación el 12 de julio en lo que Ricardo de la Cierva ha calificado como “la tragicomedia huertana”. El 18 de julio el movimiento cantonalista se había extendido a: Valencia, Málaga, Sevilla, Almansa. Y poco después a Granada, Castellón, Ávila, Salamanca, Bailén, Andújar, Algeciras, Toro, Béjar, Écija, Sanlúcar de Barrameda y otros lugares donde el cantón duró breves horas. No en todas partes el cantonalismo responde al mismo principio, así, en Valencia es un movimiento regionalista burgués; otros tienen tintes internacionales: Cartagena donde el 21 de julio el Gobierno central declara piratas a la escuadra cantonal cartagenera, la cual había detenido a unas naves alemanas. En Granada, se trata de la imposición de un caciquillo del lugar. Otros son promovidos por los obreros con poco idealismo intelectual y mucho odio de clase. Su ideología consistió en matar al que no pensaba igual que ellos. En ocasiones se enfrentaron diversas facciones cantonales entre sí.

En semejante barullo, Pi y Margall, poco antes de dimitir como Presidente de la República, circunstancia que acaeció el 18 de julio, envió al General Ripoll a sitiar Córdoba con 2.000 hombres, pero con la orden de que “no fueran en son de guerra. [Debían emplear] ante todo, la persuasión y el consejo”. Es decir, lo que hoy diríamos, que fueran a dialogar con los insurrectos. Maragall intentó desarmar políticamente a los levantiscos y lo hizo después de declarar que no derramaría sangre de los insurrectos y que la solución para el arriscado cantón de Cartagena era: ”No hay más que dos caminos, o la política de resistencia o la de concesiones. Yo declaro desde el banco del gobierno que soy partidario, para mis correligionarios levantados en Cartagena y en cuantos puntos puedan levantarse, de la política de concesiones”[3]

Tras su dimisión, comienza la acción de los dos últimos presidentes.

Sucedió a Pi y Margall, Nicolás Salmerón que llega a la presidencia el 20 de julio. No le quedó más remedio que reorganizar el ejército para restablecer el orden en España. El antimilitarismo de Pi y la relajación de la disciplina habían inutilizado al ejército. Salmerón tuvo que renovar la cúpula militar y encargó los principales mandos a generales monárquicos, como Arsenio Martínez Campos o a generales de tendencia radical, como Pavía.

Con la excusa de no querer firmar unas condenas a muerte, Salmerón dimite el 7 de septiembre de 1873. Tras su dimisión es nombrado Presidente de las Cortes y desde ese puesto se dedicó a torpedear la acción del último presidente.

En el ámbito militar, con pocas tropas, Martínez- Campos, logró sofocar el cantonalismo en menos de un mes, salvo el cantón cartagenero que duró hasta el 11 de enero de 1874. En este último, su líder, Antonio Gálvez Arce (Antonete) había ocupado, con el ejército cantonal, Orihuela el 31 de julio. El 10 de agosto, el General Salcedo lo derrota en chinchilla y Martínez-Campos lo sitia en Cartagena. Del 26 de noviembre al 9 de diciembre se sometió la ciudad a un bombardeo continuo y el 3 de enero a otro. La Junta Soberana de Salvación Pública de Cartagena, bajo la presidencia de Roque Barcia, decide capitular el 11 de enero.

Para comprender hasta dónde se había llegado durante la presidencia de Pi y Margall, el gobierno de Salmerón publicó en la prensa, con especial interés en la catalana, la necesidad de que los ciudadanos devolvieran las armas. Así el diario “independiente” a finales de agosto publicó: “Voluntarios de la república, primer batallón del segundo distrito, se intima a todos los individuos que pertenezcan al batallón y que al desertar lo hicieron con armas, equipo y vestuario pertenecientes al mismo, procedan a su devolución dentro del improrrogable plazo de 2 días”.

El 7 de septiembre, tras la dimisión de Salmerón es elegido Presidente de la República Emilio Castelar. Se inicia así la llamada “República conservadora de Castelar”.

El programa de Castelar podría sintetizarse así:

  • Reconstrucción de la unidad nacional.
  • Dar entrada a la mayoría (que no era republicana)
  • Revocación de la licencia de armas a los paisanos.
  • Suspensión de algunas libertades de manera temporal hasta restablecer el orden.
  • Robustecer el ejercito
  • Captar fondos para las exiguas arcas públicas.
  • Distensión de las tensas relaciones Iglesia-estado.

Pero, en el primer debate en que sometió a votación su programa, Castelar fue derrotado el 3 de enero de 1834 y cuando las Cortes se disponía a elegir de nuevo Presidente, la general Pavía entró en el Congreso a Caballo, dando un golpe de Estado y terminado con la Republica Federal Española, si bien no con al 1ª República, pues republicano fue el régimen totalitario que dirigió Serrano acto seguido, y que duró el resto del año 1874. En lo que sería la segunda parte de la primera República.

El General Serrano formó un gobierno con todas las fuerzas no republicanas federalistas. En esas filas se encontraban también partidarios de la restauración Borbónica.

Entre los objetivos del gobierno estaban el acabar con la revolución cantonal y con la tercera guerra carlista. En este último sentido cabe hacer una pequeña mención a la incapacidad carlista de hacerse con el poder durante aquel año. Se empeñaron en lograr el éxito sólo por medio de la guerra, sin utilizar los factores que la crisis política les daba.

El autoritarismo de Serrano se justificó en la posibilidad de que de seguir los federalistas en el poder la desmembración de España tenía muchas posibilidades de acontecer. Asímismo, señalaron que para evitar los enfrentamientos que habían acabado con Castelar en el gobierno, no se convocarían Cortes. Así, los poderes de Serrano no tenían límite institucional alguno. La instauración de la dictadura no encontró oposición salvo un ligero enfrenamiento en Barcelona, donde se declaró la huelga general. Realmente Serrano dudaba entre ser el que ofreciera el retorno a los borbones o ejercer él todo el poder, pero internamente ya había optado por la segunda situación.

Antonio Cánovas del Castillo identificó el régimen de Serrano con el del general Mac Mahon en Francia, que se hizo con el poder tras la caída de Napoleón III e impidió la restauración monárquica en el país vecino. Tras no pocos encontronazos políticos, alianzas fallidas, traiciones variadas…, el 1 de diciembre Cánovas publica el manifiesto de Sandhurst, escrito por él y firmado por el príncipe Alfonso. Con él buscaba apoyos entre los liberales a la causa borbónica. Se trataba de la culminación del proyecto de Cánovas que no era otro que inclinar la opinión pública hacia la causa Alfonsina, pero con paciencia y perseverancia, sin asonadas militares. Sin embargo, el pronunciamiento de Sagunto el 29 de diciembre de 1874 por parte de Arsenio Martínez Campos, en contra de la opinión de Cánovas, precipitó los acontecimientos

El 31 de diciembre de 1874, se formó el llamado Ministerio-Regencia presidido por Cánovas a la espera de que el príncipe Alfonso regresara a España. Se inicia la Restauración.

BIBLIOGRAFÍA

José Mº Jover Zamora. “Realidad y mito de la Primera República”. Ed Austral. 1991.

C.A.M. Hennessy. “La República Federal en España. Pi y Margall y el movimiento republicano federal 1868-1874”. 1966

Ricardo de la Cierva. “Historia básica de la España actual” (1800-1973) Ed. Planeta. 1974.

Vicente Palacio Atard. “La España del S. XIX” Ed. Espasa Calpe. 1978

Ubieto, Reglá, Jover y Seco. “Introducción a la historia de España”. Ed. Teide. 1986.

[1]C.A:M. Hennessy. “ La República Federal en España. Pi y Margall y el movimiento republicano federal 1868-1874”. Mad. 1966

[2]Citas logradas en la “Historia Básica de la España actual (1800-1973” de Ricardo de la Cierva. Ed. Planeta. 1974

[3]Cita del diario de Sesiones recogida en el Libro de Ricardo de la Cierva anteriormente citado.