Hoy, en esta fecha cercana al 24 de septiembre, siempre dedicada al arte, vamos a hablar de la orfebrería artesanal española.
Según el diccionario de la RAE, orfebrería es el arte o técnica de labrar objetos artísticos de oro, plata u otros metales preciosos. El artesano, utilizando diversas técnicas y materiales, produce piezas únicas según su visión y talento. Técnicamente, el cincelado, el repujado, el esmaltado… son métodos para extraer de unas simples láminas de metal una obra de arte, a la que se suelen acompañar de gemas, perlas y esmaltes para dar color, variedad y prestancia a sus creaciones.
Desde la antigüedad el hombre se ha dedicado a adornarse o adornar los recintos que tenían más importancia en su vida: casas, palacios, templos.
No son muchas las piezas que nos han llegado desde los primeros periodos dado que su alto valor monetario y carácter mueble han propiciado el expolio de muchísimas de ellas y, en ocasiones, el refundido o reaprovechamiento de sus materiales para otros objetos al gusto de cada época.
Los primeros indicios de orfebrería se remontan a la Edad de Bronce, cuando se crean objetos de cobre y oro. Estas primeras piezas eran muy simples.
Un poco más adelante en el tiempo, en civilizaciones como la egipcia, la griega y la romana, la orfebrería alcanzó niveles extraordinarios de perfección. Los egipcios, por ejemplo, eran famosos por sus intrincadas joyas de oro y piedras preciosas, que no solo servían como adornos, sino también como amuletos y símbolos de poder. Algunas de estas piezas han llegado a nuestra península, sobre todo las romanas, y se conservan en diversos museos nacionales. Por ejemplo, hallazgos de la ciudad de Baelo Claudia, pequeñas y muy interesantes piezas de orfebrería encontradas en ajuares de tumbas de la necrópolis de esta ciudad hispanorromana, se hallan en el Museo Arqueológico Nacional.
Durante la Edad Media, la orfebrería alcanzó su apogeo en Europa, donde los gremios de orfebres adquirieron gran relevancia. Los elementos religiosos eran esenciales en ese momento: frontales de altar, arcas, relicarios y material litúrgico: cruces, copones, cálices… No hay que olvidar que el oro se consideraba la manifestación de la luz de Dios y que, en el año 803, en el concilio de Reims, se prohibió la utilización de cálices realizados con materiales de origen vegetal y animal, ya que la sangre y cuerpo de Cristo sólo podía estar en contacto con metales preciosos.
Numerosos museos cuentan con obras de este momento, como el museo Arqueológico Nacional (MAN), el Lázaro Galdiano o Museo Nacional de Arte de Cataluña, como más principales. Destacaremos entre ellos el Tesoro de Guarrazar que se encuentra en el MAN. Con sus magníficas coronas votivas y su influencia islámica. Esta mezcla de elementos cristianos y árabes es una de las notas distintivas de la orfebrería española frente a la del resto de Europa. Esa mezcolanza se produjo, además, gracias a nuevas técnicas metalúrgicas, la decoración geométrica. Técnicas como el esmalte o la filigrana—hilos de oro o plata entrelazados— dieron lugar a objetos litúrgicos y joyas de gran valor. Era común el uso de pedrería. No solían ser piedras preciosas sino gemas más o menos irregulares brillantes y de colores (de almandina o granate, cristal de roca, ágata…) que se presentan pulidas (cabujones) o talladas (chatones) y también se usan perlas irregulares (aljofares) y se aprovechan entalles y camafeos antiguos. Estas piedras se engastan (se incrustan dentro de una pequeña cazoleta soldada a la lámina base y se remachan los bordes), o se engarzan (se sujetan en el aire con patitas o garras).
https://www.man.es/man/coleccion/catalogo-cronologico/edad-media/guarrazar.html
Habitualmente se elaboraban estas obras con oro, plata y bronce u otras aleaciones como el latón, que frecuentemente eran repujados y colocados sobre bases de «alma» de madera ( por ejemplo. la cruz de la Victoria y la cruz de los Ángeles de la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo)
Es de destacar en el periodo Prerrománico y Románico la proliferación de esmaltes. Los esmaltes son vidrios coloreados compuestos de sílice y óxidos metálicos colorantes: antimonio, plomo, plata (amarillos); hierro (rojo); cobre (verde); cobalto (azul); manganeso (violeta); cinc (blanco). que se aplicaban sobre objetos o planchas de plata, oro, cobre o incluso hierro. En el mundo bizantino los esmaltes adquirieron una enorme importancia y de allí se trasladó a Europa Central (monasterios renanos) gracias al matrimonio de Otón II con la princesa bizantina Teofanía. Los talleres germánicos de la época estaban en el entorno de Colonia, la Escuela del Rhin, y en el territorio del Mosa (Escuela Mosana) con especial relevancia en Verdún.
Durante toda esta época altomedieval (período bizantino, prerrománico y comienzos del románico) los esmaltes se realizaban con la técnica del Tabicado Bizantino, sobre oro o plata, poco sobre cobre: siguiendo las líneas del dibujo elegido se colocaban, perpendicularmente soldadas, laminillas finas o tabiques; los compartimientos resultantes se llenaban con polvos de esmaltes fundiéndolos en el horno y puliéndose luego la superficie.
Algunos ejemplos de orfebrería prerrománica y románica en España lo constituyen la Arqueta relicario de plata de San Isidoro creada para albergar el cuerpo de San Isidoro de Sevilla, el Cáliz de Doña Urraca, Arqueta de los marfiles (San Juan Bautista y San Pelayo) – se encuentra en San Isidoro de León- y, muy especialmente, el Tesoro de la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo.
Además del estilo Prerrománico asturiano de las ya mencionadas cruces de la Victoria y de los Ángeles, en época posterior se encuentra el Arca de las ágatas y el Arca Santa:
Alfonso VI en 1075, tras abrir la vieja arca de cedro que contenía desde hacía siglos varias importantes reliquias, entre ellas el Santo Sudario de Cristo, mandó cubrir el viejo arcón con plata sobredorada y repujada. Las escenas representadas tienen que ver el ciclo de la Infancia de Jesús y la crucifixión. La cara principal, a modo de frontal, representa a Cristo en Majestad con cuatro ángeles portando la mandorla y los doces apóstoles bajo arquerías de medio punto. Sin duda, es una obra de excelente calidad y sorprende la movilidad de las figuras en unas fechas tan iniciales del Románico.
Cámara Santa – Catedral de Oviedo. Sancta Ovetensis
Díptico relicario del Obispo Don Gonzalo
Obra encargada por el obispo Gonzalo Menéndez entre 1162 y 1175. Se trata de dos planchas de madera recubiertas de plata finamente tratada con filigranas y cabujones, además de pedrería. Las figuras de marfil representan la crucifixión entre María, San Juan y Adán y un Pantocrator en medio de los símbolos de los cuatro evangelistas. Se trata de una obra de carácter románico pleno similar en estilo a las representaciones de madera de la época.
https://www.asturnatura.com/turismo/guia/diptico-del-obispo-gonzalo-de-oviedo-15312
Otras piezas destacadas de la época son el Tesoro del Monasterio de Silos.
https://www.ucm.es/tesoros/arqueta
https://www.monestirs.cat/monst/annex/espa/calleo/burgos/csilosOR.htm
Con el avance de la Reconquista, y ya en los albores del Renacimiento la orfebrería floreció, dando lugar a un poderoso gremio de plateros que tuvieron un importante desarrollo en Aragón y Castilla, especialmente en Burgos y Toledo, en este caso con gran tradición anterior. Estas piezas mostraban un resurgimiento del interés por el arte clásico y el desarrollo de nuevas técnicas y estilos.
Entre las piezas de la corona de Aragón más destacadas se encuentran el trono de plata del rey Martín el Humano (finales del siglo XIV), conservado en la Catedral de Barcelona (https://ordenconstantiniana.org/en/la-real-delegacion-de-cataluna-en-el-corpus-de-barcelona/), o la monumental cruz procesional de Gerona (siglo XV).
En materia de esmaltes, en torno al camino de Santiago, florecieron los talleres de Conques, y pronto destaca Limoges donde se abandona la técnica de tabicado bizantino y se centra en el tipo excavado o «champlevé» mucho más barato que el bizantino, pero igualmente vistoso. Consiste en tallar cavidades o recesos en la superficie de una pieza para luego rellenarlos con esmaltes de colores de amplio colorido. Su producción fue tan importante que, alrededor del año 1200, sobrepasó el ámbito de los monasterios pasando al artesanado laico. Pero el exceso de elaboración supuso una caída de la calidad y los precios. Ejemplos de esmaltes de Limoges se pueden ver en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
Siguiendo esa técnica, destacan en España:
La Virgen de la Vega de la Catedral de Salamanca. Es una Virgen sedente con Niño realizadas con broce dorado y cobre y esmaltes. El Crucifijo esmaltado de la Seu de Urgell. El Retablo de San Miguel in Excelsis, en San Miguel de Aralar o los esmaltes de Limoges de la Catedral de Orense.
https://glazomaniadebona.blogspot.com/2019/06/18-esmalte-de-limoges-orense.html
En pleno Renacimiento, la orfebrería europea vivió una nueva era de esplendor. Inspirados por el arte clásico y por la precisión técnica de los grandes maestros italianos, los talleres comenzaron a concebir piezas que fusionaban escultura, arquitectura y orfebrería. Uno de los orfebres más influyentes y destacados fue Benvenuto Cellini.
En España, el siglo XVI dio lugar al estilo Plateresco (tanto gótico como renacentista). Del llamado estilo Isabel al Gótico flamígero caracterizado por la mezcla de elementos arquitectónicos y una ornamentación que recuerda a las filigranas de los plateros, de ahí su nombre. Situado en la etapa manierista del Gótico cuenta con una profusa decoración, mezclando motivos clásicos con mitología, creando estructuras simétricas. En su temática, aunque siguen proliferando los elementos religiosos, el adorno personal y una visión más propia del humanismo del momento es característica esencial.
Uno de los mayores exponentes de esta etapa es la Gran Custodia de la Catedral de Toledo. https://www.catedralprimada.es/es/info/museos/la-custodia-de-enrique-de-arfe
Hacia finales del siglo XVII, la influencia artística comenzó a orientarse hacia Francia. El estilo Luis XV y el Barroco tardío trajeron consigo una estética más exuberante: curvas asimétricas, flores, guirnaldas, angelotes en relieve y superficies ricamente ornamentadas caracterizadas por la elegancia y la profusión de motivos naturales como conchas, flores y follaje. Se manifiesta en objetos de lujo, principalmente de plata u oro, utilizando diamantes, piedras preciosas y esmaltes.
Socialmente el Rococó se caracterizó por el lujo al igual que el Barroco clásico; no obstante, el rococó tendría un carácter aristocrático, buscando siempre la distinción a través del virtuosismo técnico. Se suele destacar del Rococó el gusto por la decoración con colores pálidos y marfileños, de formas blandas y curvilíneas. El Rococó es un arte social, por eso esta tendencia decorativa invadió no solo iglesias, sino también palacios y mansiones en toda Europa.
En España, florecieron los encargos eclesiásticos de gran formato, como urnas-relicario, candeleros y candelabros monumentales y custodias en plata cincelada. Pero la esencia española de la época es su fusión con el churrigueresco autóctono con el que comparte la riqueza ornamental.
La joyería con finalidad ornamental civil y personal se expande a lo largo del siglo XVIII. Las gemas más usadas en las joyas del siglo XVIII en España son los diamantes, las esmeraldas y perlas. El gusto español tiende hacia la policromía, de ahí que se engarcen en oro, dejando en segundo lugar la plata, con motivos que unen los elementos naturales con cintas, lazos y plumas.
Sin embargo, este arte comenzó a declinar a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. La Guerra de Sucesión y las invasiones napoleónicas paralizaron los encargos suntuarios y afectaron a la economía artesanal. Al mismo tiempo, el sistema gremial entró en crisis. La llegada de la Revolución Industrial transformó radicalmente los métodos de producción, también en el ámbito de la joyería. Técnicas como la galvanoplastia (revestimiento electroquímico de oro o plata) o el uso de troqueles mecánicos permitieron fabricar piezas en serie, reduciendo costes y democratizando el acceso a los adornos metálicos. Esta industrialización, relegó parcialmente la producción artesanal, aunque muchas familias joyeras mantuvieron viva la tradición, modernizándose y creando piezas de mayor originalidad y calidad.
A finales de siglo, surgieron nuevas corrientes: el Art Nouveau, y una proliferación de artesanía regional que se caracterizó:
- En Córdoba, por la filigrana en plata que decoraba peinetas y joyas tradicionales.
- En Toledo, renacía el antiguo arte del damasquinado, incrustando oro en acero negro.
- En Galicia, perduraron las joyas de plata y azabache, de fuerte arraigo popular.
- En Cataluña, el Modernismo. Este estilo, heredero del Art Nouveau europeo, se caracterizó por sus formas orgánicas, asimétricas y fluidas, inspiradas en la naturaleza.
https://www.museunacional.cat/es/la-joyeria
Esta riqueza regional aportó matices únicos a la identidad de la joyería y orfebrería española, incluso en plena era industrial.
El Novecentismo (1910–1920) recuperó la sobriedad clásica y las formas puras, anticipando el Art Déco de los años 20. París en el resto de Europa y Barcelona en España se convirtieron en centros neurálgicos de la inspiración artística y de la orfebrería, ya no sólo como joyería personal sino también como un concepto global de ornamentación.
Durante los años 70 y 80 del siglo XX y hasta la actualidad nos encontramos con una gran pluralidad de creaciones, dando lugar a una joyería de autor, donde diseñadores-artesanos elaboran piezas únicas, cargadas de intención estética y conceptual.
La característica más destacada de finales del siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI es el uso de materiales novedosos. Unidos al clásico oro, la plata o el platino, hoy se integran titanio, paladio, acero damasquinado, resinas, maderas exóticas, cerámicas, materiales reciclados e incluso biocompatibles.
BIBLIOGRAFÍA
De la Garma Ramírez, David.- “Iconografía y Simbolismo Románico”. Ed Arteguias. 2020
Martín González, J.J.- “Historia del Arte”. Ed. Gredos. 1990.
Coordinador Víctor Álvarez.- “ Summa Artis”.Ed Espasa. 2004