Esta entrada se la dedico a mis primas Mª José, Asun y Begoña.
En 2025, las Cortes realizaron un homenaje a las primeras mujeres diputadas, colocando un cuadro de cada una de ellas en sede parlamentaria. De todas las diputadas de la Segunda república: Margarita Nelken, Dolores Ibárruri, Clara Campoamor, Victoria Kent, María Lejárraga, Veneranda García-Blanco Manzano, Julia Álvarez Resano, Matilde de la Torre Gutiérrez y Francisca Bohigas Gavilanes, sólo dos no eran de izquierdas: Clara Campoamor que militó en el Partido Radical de Lerroux (partido que podríamos calificar de liberal y de centro) y Francisca Bohigas Gavilanes, la única diputada de la Confederación Española de Derechas Autónomas la (C.E.D.A) y, por tanto, conservadora y católica.
De Clara Campoamor ya hablamos aquí al tratar su mayor logro, la concesión del voto a la mujer, motivando también el análisis de las posiciones de otras diputadas:
https://algodehistoria.home.blog/2019/07/19/la-obtencion-del-sufragio-universal-femenino-en-espana/
Hoy nos vamos a referir Francisca Bohigas Gavilanes, una gran feminista, luchadora, con iniciativa y mucha actividad política, olvidada por tantos. Nació en Barcelona en 1873, desarrolló su actividad política en León y falleció en Madrid en 1973.
Fue la primera española claramente de derechas elegida democráticamente para ocupar un escaño en el parlamento y la primera diputada por la provincia de León. Además, durante la posterior dictadura franquista, fue la única diputada del periodo republicano que tuvo un papel destacado.
A lo largo de su vida, Bohigas realizó reivindicaciones que buscaban una mejora de la situación de las mujeres en España, pero no desde la mera teoría sino intentando implicar a éstas en la vida diaria, en la reivindicación de su valía, para lograr una mejora de su estatus legal y sus condiciones de vida, desde la convicción de igualdad del ser humano que partía de la doctrina social de la Iglesia. En cierto modo, su actuación recuerda desde el plano educativo a la que tuvo Mercedes Formica años después y de la que ya hablamos aquí:
https://algodehistoria.home.blog/2023/01/13/mercedes-formica/
Bohigas había estudiado Magisterio y Derecho residiendo durante unos meses en la Residencia de Señoritas de la Institución Libre de Enseñanza, donde se hizo amiga de Margarita Nelken. En 1924, siendo ya inspectora de primera enseñanza en Lérida, obtuvo una beca de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, con la que realizó estudios detallados en materia pedagógica, por ejemplo: antropología escolar, pedagogía experimental, paidología, etc., en Ginebra. Muchas de esas asignaturas centradas en la mujer, lo que le valió para tener una visión diferente de la función de la mujer y la necesidad de modernizar la vida de sus conciudadanas. De vuelta a España, obtiene una plaza de inspectora de primera enseñanza en La Bañeza y posteriormente en León capital, ciudad en la que desarrolló su carrera docente y política.
Fue, sin embargo, desde 1928, durante la parte final de la dictadura de Primo de Rivera, cuando se implicó activamente en política. Pronto se consolidó como uno de los miembros más destacados de la derecha de León y, progresivamente, fue aumentando su importancia hasta convertirse en la política de derechas más importante del país durante la segunda república. Además, este protagonismo político lo compaginó con una actividad importante dentro del movimiento pedagógico católico[1].
En noviembre de 1929, la revista Mujeres españolas informaba que, por primera vez en toda la provincia, una mujer tomaba parte en un mitin de propaganda en la ciudad de Sahagún. Todo un acontecimiento en aquel momento.
Afiliada a la Asociación Católica de Propagandistas creado por el Cardenal Herrera Oria y a la Federación Católica de Maestros Españoles. En el ámbito político, fundó Acción Femenina Leonesa, una organización desde la que impulsó la participación de las mujeres católicas en la vida pública. No fue una tarea fácil. En marzo de 1933 se celebró en Madrid el congreso del que surgiría la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). En aquel congreso Francisca Bohigas resultó elegida para pronunciar el discurso de cierre.
La CEDA fue una coalición de partidos resultante de la fusión de varios grupos políticos. Entre estos grupos destacaron dos: Acción Popular (antes Acción Nacional), dirigida por José María Gil Robles, y la Derecha Regional Valenciana de Luis Lucía. También formaban parte de esta coalición, otras formaciones regionales conservadoras de las Castillas, Andalucía y Galicia. El partido aglutinó a diversos sectores de la derecha: desde elementos de las juventudes más radicales de Acción Popular, hasta democristianos, centristas y centralistas e incluso algunos autonomistas, con los representantes de la mencionada Derecha Regional Valenciana[2].
Al volver a casa, Francisca se encontró con un expediente sancionador por no incorporarse a su puesto de trabajo, después del permiso concedido para asistir a un acto de proclamación de la CEDA en Madrid. Así se las gastaba el gobierno de la República con los partidos conservadores y católicos. Como reacción, sus amistades y correligionarios políticos le brindaron un homenaje y celebraron su lanzamiento electoral en León, para lo que se contó con la presencia de José María Gil-Robles y Quiñones. En 1933, como ya se ha dicho obtuvo el acta de diputada por León. Defendió durante la Segunda República posiciones conservadoras y confesionales, siempre con la voluntad de mostrar una actitud de colaboración institucional, expresando su respeto por el nuevo régimen.
En su discurso público fue una firme defensora de una enseñanza católica e integradora. Sus trabajos en el campo de la orientación profesional se consideran hoy pioneros en ese ámbito. También colaboró como columnista y firmó varios ensayos centrados en el papel de la mujer, la educación y la familia. Combinaba el apoyo a la promoción femenina, que vinculaba con la independencia económica, con una clara crítica a algunas reformas de corte laicista promovidas en aquellos años. Sus intervenciones apelaban a la defensa de los valores cristianos, tanto en la escuela como en el hogar, lo que marcó buena parte de su legado ideológico. Su actividad no sólo se centró en el papel de la mujer, sino que , como buena docente, luchó por la igualdad salarial de los maestros con otros funcionarios y no sólo los maestros laicos, como acabó aprobando la República en 1935 sino de todos ellos (del pequeño grupo de docentes en los pocos colegios religiosos que quedaron activos durante aquel momento histórico).
A pesar de esas posiciones, fue sancionada en 1936, en la zona nacional, por la Guardia Civil por enfrentarse Francisca a decisiones que consideraba perjudiciales para la educación de las niñas, como la ocupación de una escuela por fuerzas militares. La sanción le supuso la suspensión de empleo y sueldo, otros que no se andaban con chiquitas. La sanción le fue levantada por Orden Ministerial de 2 de marzo de 1937, pero se ordenó su traslado a Sevilla. En Sevilla, continuó su labor como inspectora y autora de publicaciones pedagógicas.
Posteriormente recaló en Madrid y se jubiló el dos de abril de 1962, al cumplir la edad reglamentaria para la jubilación forzosa.
DURANTE EL FRANQUISMO
Todos sabemos que las dos grandes líneas ideológicas del franquismo las marcaron la falange y el socialcatolicismo.
El primero, con mayor influencia en la primera etapa y algo menor tras la segunda Guerra Mundial, momento en el que el socialcatolicismo empezó a subir posiciones en las influencias del régimen, sobre todo por acción del Opus Dei. En ese momento nuestra protagonista tuvo menos trabas para intentar exponer su ideario.
Francisca, en el primer franquismo, como tantas otras mujeres conservadoras se vio en la tesitura de intentar defender unas políticas, que hoy, en esa expresión horrible, se llamarían de género, para intentar imponer un modelo diferente de posición social de la mujer de la que el régimen pregonaba. Escribe varios libros como Hogar. Qué profesión, elegir. Guía de profesiones femeninas y de artículos publicados en la sección “Orientaciones pedagógicas” de la revista Consigna.
En todas ellas manifestaba su posición de católica nunca de falangista. No se opuso a otras concepciones del régimen, pero sí luchó por la defensa de la posición de la mujer en la sociedad promoviendo su formación, el derecho al trabajo fuera del hogar, con igualdad salarial al varón, afirmaba que el que las mujeres trabajasen fuera de casa no era antinatural, siendo, por el contrario, el mundo profesional un espacio adecuado para que las españolas pudiesen realizarse. Motivo por el cual, buscó influir en la mejora de las leyes para que las mujeres pudiesen desarrollar su trabajo asalariado fuera del hogar en mejores condiciones. La legislación del régimen sólo comenzó a introducir tímidamente cambios en este sentido bien avanzados los años cincuenta.
Francisca promovió los valores cristianos de igualdad, tanto dentro como fuera del hogar, peleando por el no sometimiento de la mujer al marido. Para el franquismo el rol más destacado de la mujer era el de madre, esposa y dueña del hogar. Bohigas no lo negó, simplemente lo complementó con otros aspectos, acompañándolo de manera incansable con la búsqueda de una formación siempre elevada. De hecho, animaba a las mujeres a acudir a la Universidad y estudiar todo tipo de carreras.
En este sentido, promovía desde sus escritos, conferencias y discursos que las mujeres ocuparan puestos que se consideraban propios de hombres, por ser estos mayoritarios en esa profesión, de forma que a medida que las mujeres se incorporasen a los mismos, decía, ya los irían feminizando. En ese sentido, consideraba que conforme más mujeres estudiasen en la universidad, muchas profesiones de alto nivel se irían feminizando progresivamente.
Por otro lado, la exaltación del matrimonio llevó al franquismo a despreciar a las mujeres solteras. Bohigas, que nunca se casó, intentó con sus manuales salir al paso de los estereotipos negativos que recaían sobre ellas y buscó demostrar que las mujeres españolas podían ser totalmente dueñas de sí mismas. Se esforzó en resaltar que la soltería era aceptable y respetable, porque todas las mujeres, solteras o casadas, poseían plena dignidad femenina. De hecho, consideraba a la soltería consciente, si se salvaguardaban los criterios del honor y de la respetabilidad, una opción tan digna como el matrimonio. Bohigas, sin tapujos ni falsas excusas, sostenía que normalmente las solteras lo eran por voluntad propia y debían ser respetadas en su decisión.
Con el mismo espíritu igualitario y transgresor para la época, fue una firme defensora de que las familias tuvieran una representación adecuada en las instituciones escolares, lo que suponía de un lado, limar la presencia estatal y, de otro, fomentar la implicación de los padres, de los hombres, en materia de educación tanto escolar como doméstica; comprometiéndolos en la formación de sus vástagos en los hábitos de convivencia y en la vida cotidiana del hogar.
Curiosamente, posiciones en ocasiones tan alejadas de los que algunos sectores del régimen sostenían, no sufrieron censura alguna, posiblemente por el marco ideológico de Francisca que no hacía sospechar conductas inadecuadas y, porque el franquismo, en las políticas sobre la mujer, tenía muchas brechas de concepto entre unos sectores y otros.
En resumen, Francisca Bohigas destacó en dos aspectos esenciales: por una parte, trabajó arduamente para ampliar los márgenes de lo socialmente aceptable e incluso de lo potencialmente esperable del rol de la mujer en la España de aquellos años 40 y 50 del Siglo XX y, de otra, en el campo educativo, fue una de las personas que más contribuyó a desarrollar el tejido de la pedagogía española en el franquismo desde sus cargos de vicedirectora del Museo Pedagógico Nacional, de inspectora de primera enseñanza y de profesora-auxiliar en la Sección de Pedagogía de la Universidad Central de Madrid. También colaboró en este proceso con su obra La inspección de primera enseñanza y la educación de la generación nueva (1941), que fue el más destacado intento durante la posguerra de diseñar un nuevo modelo de inspección de primera enseñanza.
BIBLIOGRAFIA
CAMINO, Alejandro.- “Francisca Bohigas: mujer católica, diputada y pedagoga (1928-1950)”. IberoAmericana Pragensia, 2017.
LLONA, Miren.- “El feminismo católico en los años veinte y sus antecedentes ideológicos”. Ed. Cuadernos de historia–geografía. 1998.
MONTAGUT, Eduardo.- “Las derechas españolas y los pactos en la Historia”. Nueva tribuna.es
PÉREZ del PUERTO, Ángela.- “Más allá de las naciones. La defensa de la feminidad católica a través del proyecto educativo de acción católica en España y Estados Unidos (1940-1950)”. Tesis Doctoral, Facultad de Filosofía y Letras, U. Autónoma de Madrid. 2015
file:///C:/Users/Administrador/Downloads/perez_del_puerto_angela%20(1).pdf
SALAS, Juana.- “(1875-1976): el feminismo católico”. 2014. Dialnet.
[1] CAMINO, Alejandro. Pag.7
[2] MONTAGUT, Eduardo.- “Las derechas españolas y los pactos en la Historia”. Nueva tribuna.es