Hordas

Según el diccionario de la RAE el término “horda” tiene dos acepciones:

1.- Comunidad de salvajes nómadas.

2.- Grupo de gente que obra sin disciplina y con violencia.

Todos hemos oído o leído en los medios eso de “se concentraron hordas de violentos…” últimamente parece que la expresión se nos hace más cercana ante la presencia de grupos de individuos violentos y descontrolados en algunas de nuestras calles; pero, históricamente, ¿de dónde viene esa expresión?

Si seguimos con el diccionario de la RAE nos indica que la palabra horda proviene del francés “horde”y éste del mongol “orda”en relación también con el turco “ordu”(campamento militar).

Viajemos, pues, a la historia de Mongolia para ver si allí encontramos algún dato histórico que nos aclare que eran históricamente hablando esas “ordas” que devienen en nuestras “hordas”.

Debemos situarnos en la Prehistoria para encontrar los primeros rastros, con la dificultad que todo acontecimiento prehistórico tiene en cuanto a la comprobación de sus hechos. Se suele asociar el término horda “orda” a unas organizaciones sociales en las regiones propias de Mongolia, China o la parte más oriental de Rusia. Por las pinturas rupestres encontradas en la zona parece que se trataba de grupos de individuos que, en número reducido, unos veinte, se organizaban conjuntamente para lograr mayor eficacia en la caza o en la autodefensa. Estas agrupaciones respondían a la ley del más fuerte, sin normas organizativas de mayor nivel. Estas hordas determinaron la creación de tribus según su afinidad, siempre en torno al más fuerte.

Con la llegada de la agricultura, los asentamientos humanos se fueron generalizando y la búsqueda de refugio, también. Se cree que estas hordas tenían cobijos colectivos, de ahí que en las zonas de los tártaros- incluyendo a todos los túrquicos- se denominara horda a una especie de campamento.

Posiblemente, de esa conjunción de grupos nómadas dominados por la fuerza de sus componentes y la acepción como campamento provenga el término “orda”- Horda- como división territorial del imperio mongol en la era de Gengis Kan durante el siglo XIII. Aquel imperio abarcó un territorio que va desde la península de Corea hasta el Danubio. En la actualidad las regiones ocupadas serían China, Mesopotamia, Persia, Europa oriental, Rusia, India y algunas de las nuevas naciones nacidas de la descomposición de la URSS.

La formación del imperio se debió a la preeminencia de la tribu de Temuyin (que se cambió el nombre por el de Gengis Kan- unas fuentes lo traducen como emperador de un océano; otras, como emperador del cielo-) proclamado “Gran Kan”. Se enfrentó a las tribus vecinas llegando a dominarlas. Su secreto se basaba en un ejército temible, nómada, bien organizado y dotado de algunas innovaciones técnicas que lo hicieron invencible, sobre todo, por una y sorprendente táctica: el espionaje. Nunca atacaba sin conocer bien al enemigo. Este sistema fue empleado con gran éxito por sus descendientes, especialmente por Bacú, su nieto, en la conquista de Europa. Además, sembraban el terror por donde quiera que iban debido a la ferocidad de sus ataques y a las torturas a las que sometían a sus enemigos. Como curiosidad, señalar que una de sus tácticas consistía en atacar con flechas en las que iban trozos del cuerpo de los muertos por la peste, para contagiar a sus enemigos.

En aquel vasto imperio se cree que existía un pigmentado código direccional para señalar los puntos cardinales: el negro era el norte; el azul representaba el este, el rojo el sur, el blanco el oeste y el amarillo (o dorado) el centro. Esas coloridas denominaciones unidas a la palabra “horda” nombraban las regiones del imperio mongol y, sobre todo, las zonas de reparto del imperio entre los hijos del emperador.

A la muerte de Gengis Kan (1162-1227), el imperio se dividió entre sus cuatro hijos:

  • Debido al fallecimiento de su hijo mayor y heredero de la horda de oro o dorada, dividió la misma entre sus nietos: a Batú, le concedió la horda azul (este), más allá del Volga, estableciendo la capital en la ciudad de Sarai (cerca de la actual Astracán, al borde del mar Caspio), y a Orda Kan, le nombró, emperador de la horda Blanca (oeste), Asia central y suroeste de Siberia. La capital estaba en el actual Kazajistan.

Batú fue el encargado de conquistar Europa. Saqueó todas las ciudades que encontró a su paso, llegando a Polonia, Bohemia y Hungría, alcanzando el Danubio y la costa del Adriático. Aunque estuvo en las puertas de Viena, no entró, por la muerte de Ogodei (tercer hijo de Gengis Kan) y la necesidad de volver a Mongolia a hacerse el territorio de su tío y el de su hermano y así reconstruir bajo su mando la horda dorada. Esto salvó de la invasión, saqueo y terror mongol a Europa central y occidental.

  • Al segundo de los hijos de Gengis Kan, Chagatai, señor de la horda de bronce o roja, le correspondió Asia central entre los ríos Amú –Daria y Sir-Daria y los territorios del Turquestán hasta los montes Atai (desde el Mar Caspio hasta las fronteras de China, India y Pakistán). Su nieto Kaidu, se enfrentó con su primo Kublai Kan (hijo del más pequeño de los hijos de Gengis Kan), por el dominio de China y de toda la horda roja. Kublai derrotó a su primo y dominó y sometió toda China, siendo su primer emperador, iniciando la dinastía Yuan y estableciendo la capital en el actual Pekín. Intentó la conquista de Japón y llegó a las fronteras de Birmania, invadió Vietnam, aunque no lo conquistó, y se asomó a Java.
  • Al tercer hijo, Ogodei, le correspondió la horda negra, parte de Siberia, Mongolia oriental y China meridional, llegó hasta Corea y sometió a su rey a vasallaje. Colaboró con su sobrino Batú Kan en la conquista de Europa y no terminó sus enfrentamientos con China hasta que fue conquistada por su sobrino Kublai Kan.
  • El menor de los hijos, Tolui, colaboró con su hermano, Ogodei, en la Administración de Mongolia. A él le había correspondido el éste de Mongolia y partes de Persia. Fueron sus hijos: Mongke, muy especialmente Hulagu y el gran Kublai los que expandieron la horda por la conquista completa de Persia, dominaron el califato Abasida, entraron en Siria y Palestina camino de Egipto. Recordamos que, Klubai, estaba llamado a otras grandes conquistas como hemos visto.

Las hordas mongolas dominaron el mundo, por la inteligencia y estrategia de el gran Gengis kan y de alguno de sus descendientes, pero, sobre todo, por el miedo que provocaban en sus enemigos y en la población conquistada, sometida a su crueldad. No es de extrañar que el recuerdo de aquellas “ordas” haya determinado que el término “horda” tenga siempre connotaciones negativas por su violencia y virulencia.

LA BATALLA DE EMPEL O EL MILAGRO DE LA VIRGEN INMACULADA.

Vamos a narrar un acontecimiento heroico protagonizado por nuestros Tercios en Flandes.  Una batalla memorable por la valentía española y por la Fe de nuestros soldados: la batalla de Empel.

Si tenemos que ir a la raíz de la situación histórica que determinó que los Tercios de Flandes resistieran y ganaran heroicamente en Empel frente a los partidarios de Guillermo de Orange debemos tener presentes previamente varios hechos que se interrelacionan entre sí:

  • Nos remontaremos a 1555, en aquel año, Carlos I de España y V de Alemania legó a su hijo Felipe el gobierno de unos territorios que procedían de la herencia de su abuelo paterno, Maximiliano I de Habsburgo. El propio Rey Carlos se había educado en Flandes, hablaba flamenco cuando llegó a España y se rodeó de una corte de flamencos que creó bastantes sinsabores y no pocos problemas en España (recordar los hilos de Carlos V y sus problemas con los Comuneros, por ejemplo). Felipe era un Príncipe español, que no conocía el territorio como su padre, ni hablaba flamenco, en consecuencia, nos encontraremos con la figura, a ojos holandeses, de un Rey extranjero. https://algodehistoria.home.blog/2019/06/14/carlos-i-de-1517-a-1522-3/
  • Pero no sólo esto iba en la herencia. El territorio se vio claramente afectado por la división entre los seguidores de la Reforma protestante y los que apoyaban la Contrarreforma católica. Esto ya lo vimos también en los conflictos en Alemania y ahora nos situamos en su extensión a lo que hoy conocemos como los Países Bajos.
  • Para comprender bien el acontecimiento que vamos a narrar, debemos señalar que el dogma de la Inmaculada Concepción se remonta en España a los visigodos. Fue tal el empeño español en la causa de la Virgen que en el Vaticano se la llegó a conocer como la causa española. Aquella defensa de la catolicidad fue bandera del Imperio español y en ese contexto religioso, los protestantes, especialmente los calvinistas iniciaron una guerra iconoclasta, especialmente de imágenes de la Virgen. A aquel acontecimiento se le conoce como “Beeldensrorm” o “Tormenta de imágenes” en el territorio de la actual Holanda. Muchas obras de arte sacro acabaron destruidas como consecuencia de esa ola de fanatismo. Otras fueron salvadas por los católicos de Flandes escondiéndolas en los lugares más variados.
  • Todo lo anterior generó un malestar en estado latente durante mucho tiempo y que, en 1568, se transformó la rebelión de las provincias de los Países Bajos contra el Imperio español Felipe II. Aquella contienda enfrentó a los habitantes de lo que hoy es Bélgica y Luxemburgo, de mayoría católica y leales al Rey Felipe II, contra la población de la actual Holanda, de mayoría calvinista. Aunque no toda Holanda fue rebelde.

La defensa del territorio por parte española se hizo con los famosos Tercios. Aquella revuelta fue el inicio de la guerra de los 80 años o Guerra de Flandes que concluye con la independencia de los Países Bajos en la Paz de Westfalia de 1648.

Los enfrentamientos nacidos de aquella revolución no llevaban un balance favorable a los intereses españoles hasta que Felipe II envió a Alejandro Farnesio primero a dirigir las tropas españolas en Flandes y, posteriormente, como Gobernador de los Países Bajos.

Farnesio, gran militar y no menor diplomático, logró, en 1579, mediante la Unión de Arras, controlar una buena parte de las provincias del sur que se habían unido en rebeldía a Guillermo de Orange. Por el contrario, las provincias del norte abjuraron definitivamente de la soberanía de Felipe II unas semanas más tarde mediante la Unión de Utrech.

Tras Arras se propuso reconquistar las provincias de Brabante y Flandes, lo que consigue y culmina con la toma de Amberes el 15 de agosto de 1585 (ver Mapa: https://www.wikiwand.com/es/Anexo:Islas_de_los_Pa%C3%ADses_Bajos. Esto provocó devolver al dominio español las provincias del sur de los Países Bajos, salvo Zelandia, no así las del norte. La orografía y situación geográfica de las provincias de Holanda y Zelanda hacían imposible su conquista sin dominar la costa desde el mar y éste estaba bajo el control de la armada rebelde. Especialmente importante era la conquista de las zonas católicas (algunas de las islas de Zelandia), que habían pedido ayuda a Felipe II por la presión que sobre ellos ejercían los protestantes.

El objetivo de los Tercios era tomar la Isla de Bommel para utilizarla como cabeza de puente y reiniciar las operaciones en la provincia de Holanda, con ese fin el encuentro militar se produjo en las inmediaciones de Empel (norte de la Provincia de Brabante) cercana al río Mosa o Mosela en diciembre de 1585.

Hasta allí habían llegado tres tercios españoles: ”ya todos juntos, marchó (…) el conde Carlos de Mansfelt con los tres tercios de españoles del coronel Cristóbal de Mondragon, de D. Francisco de Bobadilla y el de Agustín Iñíguez, repartidos en sesenta y una banderas y con la compañía de arcabuceros a caballo de españoles del capitán Juan García de Toledo”[1].

Mansfelt dirigía las operaciones y su forma de actuar está en entredicho en la historiografía. Algunos apuntan que la forma de actuar en Empel más parecía la propia de quien quiere acabar con lo mejor del ejército español que la de un amigo.

Los tercios españoles acamparon a orillas del rio Mosa. Mansfelt ordenó a Bobadilla que se adelantar a ocupar la isla de Bommel formada por los ríos Mosa y Vaal. El Tercio viejo de Zamora, compuesto por unos cuatro mil hombres, liderados por Francisco Arias de Bobadilla,cruzó el rio y tomó el terreno. Una vez allí, envió varias patrullas a proteger los diques de contención. Con el terreno aparentemente dominado Mansfelt siguió camino a Harpen y dejó a Bobadilla al frente de la expedición.

La armada holandesa intentó acorralar a los españoles, pero la buena defensa realizada por Bobadilla impidió el avance. Así que, los holandeses optaron por abrir los diques de contención y anegar los terrenos y de paso, con la fuerza del agua acabar con los españoles. Los Tercios tuvieron que refugiarse en el dique y en el pequeño monte de Empel, que, por su elevación, quedaban libres de agua. Esto ocurrió el 2 de diciembre.

Desde el día 2 al 7, los españoles defendieron la posición con heroicidad y ardor, sorprendiendo a los holandeses por su tenacidad y valentía. En esos días Bobadilla envió emisarios a Mansfelt, que intentó un rescate descabellado, al pretender asaltar a la armada holandesa con unas cuantas barcazas.

Los españoles sitiados quedaron abandonados y solos a merced de un destino que se vislumbraba bastante pesimista: sin ayuda, casi sin víveres y con las ropas húmedas.

Los holandeses ofrecieron a nuestras tropas una rendición honrosa, pero la respuesta hispana fue: “Ya hablaremos de capitulación después de muertos”. Tal resistencia hasta la muerte parecía que iba a consumarse cuando en la mañana del día 7 de diciembre, un soldado español, cavando una trinchera para protegerse del frío, encontró una tabla flamenca en la que estaba representada la Virgen Inmaculada.

Bobadilla ordenó levantar un pequeño altar, colocaron la imagen y se encomendaron a Ella. Bobadilla, consideró este hecho una señal divina y así lo transmitió a los soldados que, llenos de esperanza, esperaron un milagro.

Durante la noche, ya en el día 8 de diciembre de 1585, fiesta de la Purísima e Inmaculada Concepción, se levantó inesperadamente un viento gélido que heló el río y las aguas estancadas tras la apertura de los diques. Los españoles, caminado sobre el hilo, atacaron a la armada holandesa. Los holandeses tuvieron que retirar los buques y acabar con el asedio por miedo a encallar. Los españoles, contra todo pronóstico, ganaron aquella batalla y mantuvieron el terreno reconquistado.

Los Tercios se salvaron de una muerte que parecía segura en lo que se conoce como el milagro de Empel, visto como tal por las tropas holandesas. El almirante Hohenlohe-Neuenstein llegó a decir: “Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro”.

Aquel mismo día, la Inmaculada Concepción es proclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia.  En 1644, el Rey Felipe IV declaró el 8 de diciembre como fiesta de guardar en todos los dominios del Imperio español, dedicada a la Inmaculada Concepción y coincidiendo con el aniversario del “Milagro de Empel”. En 1708, el Papa Clemente XI extendió esa fiesta a toda la Iglesia Católica. El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María mediante la bula “Ineffabilis Deus”.  En 1864, el mismo Papa concedió el privilegio especial a los sacerdotes españoles y a los de las provincias americanas de utilizar la casulla azul durante la fiesta de la Inmaculada (en la Iglesia se usa la casulla blanca durante las fiestas dedicadas a la Virgen). El 12 de noviembre de 1892, la reina Mª Cristina la declara a Nuestra Señora de la Purísima e Inmaculada Concepción Patrona del Arma de Infantería.

En Empel había y hay una pequeña capilla dónde todos los soldados españoles, y más los representantes de la unidad heredera del Tercio Viejo de Zamora: el Regimiento de Infantería «Isabel la Católica» nº29, con base en Figueirido (Pontevedra) y que forma parte de la Brigada «Galicia» VII (BRILAT) del Ejército de Tierra, suelen ir a rendir homenaje a la Virgen. Los católicos holandeses, tienen una fundación, en recuerdo de Empel y siguen celebrando misas en aquella capilla en el aniversario de aquel acontecimiento milagroso.

A los no creyentes, sólo les puedo decir que, los hechos son todos ciertos. Si no creen que la intercesión de la Virgen ayudó a los españoles, que no lo crean, pero salir de aquella situación con vida y manteniendo el terreno conquistado era tan difícil como para necesitar un milagro.

BIBLIOGRAFIA

  • Los Tercios de Flandes. Juan Giménez Martín. ED. Falcata Ibérica.1999
  • Alonso Vázquez. “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alejandro Farnese”. S XVII. Documento manuscrito ( Biblioteca Nacional)
  • José María Sánchez de Toca y Catalá. “Tercios de España. La Infantería Legendaria” Edaf. 2006.

[1]Alonso Vázquez. “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alejandro Farnese”. (El capitán Alonso Vázquez fue contemporáneo de Francisco de Bobadilla).

Villanos. EL PACTO DE SANTOÑA

En este hilo vamos a reseñar un acontecimiento histórico, demasiado tiempo oculto por la vergüenza y la ignominia que entraña para sus autores. Se trata de la demostración de la traición del PNV al bando republicano durante la guerra Civil. Aunque cabría preguntarse, si realmente la traición no fue a los vascos no nacionalistas pensando únicamente en una salida airosa para los peneuvistas.

Quizá a nadie le sorprenda la existencia de un hecho histórico en el que el PNV actúa como traidor. Lo que quizá llama más la atención es que el PNV siempre obtiene réditos de sus traiciones.

Se conoce como pacto de Santoña al acuerdo firmado el 24 de agosto de 1937 entre los representantes del PNV y los representantes del ejército italiano en España para la rendición del ejército vasco (que luchaba en el bando republicano) a los italianos y, por ende, al bando nacional durante la Guerra Civil.

No se puede entender las implicaciones del llamado pacto de Santoña sin atisbar los entresijos de la contienda en aquel momento.

Franco había priorizado la conquista del frente norte, en lo que todos los expertos han considerado una maniobra muy arriesgada, por cuanto dejaba el centro de la Península a merced del ejército republicano. Largo Caballero vio en ello una oportunidad única de hacerse con el control de la España central, aprovechar el saliente del frente populista al sur del Tajo, (que se extendía desde el sur del Tajo hasta Extremadura), con 75.000 hombres buscando así romper la continuidad geográfica de zona nacional. A esto lo llamó el “Plan P”. Sin embargo, como tantas veces en el bando republicano, las peleas internas acabaron con toda buena iniciativa. Los comunistas que hacía tiempo que querían destituir del mando a Largo, pensaron que, saboteando el Plan, tendrían más fácil su derrocamiento; de otro modo, Largo se afianzaría en el poder. Así que, los comunistas se encargaron de imposibilitar el Plan P y perder una gran oportunidad de cambiar el signo de la guerra.

Otro acontecimiento tendrá cierta repercusión en la zona. Tras demostrar su fidelidad y buen hacer en la zona de Valencia, el General Gamir es destinado, a finales de mayo de 1937, a la zona cantábrica, para hacerse cargo de las tropas republicanas en el País Vasco. Allí, realmente, coexistían dos ejércitos: el regular republicano y el de los gudaris vascos, éstos últimos con la condición de pelear sólo en territorio vasco y navarro. Dos ejércitos con mala convivencia entre sí, lo que llevó al Lendakari Aguirre a exigir la sustitución de Francisco Llano de la Encomienda al frente del ejercito republicano. Cuando Gamir llega al País Vasco, la situación en el norte es sumamente compleja. Existían fuertes fricciones entre batallones comunistas, socialistas y anarquistas y los batallones vascos. Gamir, de origen vasco, aunque nacido en Cuenca, reorganizó los mandos de las fuerzas republicanas en Vizcaya y logró que Aguirre cediera el control que tenía sobre el antiguo ejército vasco, el motivo más importante de los enfrentamientos de Aguirre con Llano de la Encomienda. Fue una cesión más aparente que real, como se demostró ante el rápido avance de los nacionales que puso muy nerviosos a los republicanos, sobre todo a los vascos.

Ante la eventualidad de que los nacionales entraran en Bilbao, Prieto ordenó extremar la defensa de la capital vizcaína y, en caso de retirada, incendiar la ciudad, sobre todo, los altos hornos. Sin embargo, el PNV impidió cualquier destrucción. Ya para entonces los gudaris habían entrado en contacto con las brigadas italianas “Flechas negras” y la defensa de Bilbao se hizo de manera conjunta por vascos e italianos. Es decir, habían entregado Bilbao a los nacionales traicionando a los republicanos que en aquel caso estaban representados por batallones de santanderinos y asturianos dispuestos a seguir fieles a la República y cumplir las órdenes de Prieto.

En la rendición de Bilbao, como preludio de la de Santoña, los comandantes Gudaris con todos sus hombres, se rendían al tiempo que hacían entrega de camiones con decenas de armas y municiones todas de fabricación vasca. Bilbao se rindió a los españoles, Baracaldo a los italianos. Es de reseñar que mientras que los republicanos que se entregaban lo hacían tras combatir, y se rindieron en contados casos casi siempre individuales o de pocos soldados, los nacionalistas rindieron unidades enteras, pactadas de antemano (unos 10.000 hombres). Para completar la ignominia, en una ciudad hambrienta, los jefes de los bravos gudaris prepararon una celebración con los italianos entre caviar y champán, “la cena de las estrellas”.

Aquellas negociaciones con los italianos se habían iniciado el 11 de mayo de 1937 y concluyeron a finales de agosto con el pacto de Santoña. Los negociadores eran, según los momentos, por la parte vasca, Juan de Ajuriaguerra, presidente del BIZCAI BURU BATZAR y Alberto Onaindía, sacerdote nacionalista; y, por los italianos, Francesco Cavalletti, el cónsul en San Sebastián, y más tarde el yerno del DUCE y Ministro de exteriores: el Conde Ciano.

Las primeras citas se convinieron en un caserón de San Juan de Luz.

Desde el primer momento Francisco Franco estuvo informado de las negociaciones, a través de los italianos, al igual que el Vaticano a través de los vascos. La mediación de la Santa Sede para poner fin a la guerra y evitar la destrucción de Euzkadi fue desde el inicio del conflicto un objetivo del PNV”.[1]

Pero no sólo ese era su objetivo, su intención era salvar a los dirigentes y miembros destacados del PNV, sacándolos de España hacia Gran Bretaña.

La negociación con los italianos no se entiende sin recordar que el PNV era el único partido fuertemente derechista y católico del bando republicano. Habían hecho valer sus contactos en el Vaticano para no ser molestados por los republicanos. El motivo era un interés mutuo: de un lado, al Frente Popular le interesaba ese apoyo del Papa a fin de limar la mala imagen que tenían fuera de España por la persecución a los católicos, la quema de iglesias y demás desmanes genocidas cometidos en aquellos años contra los hijos de la Iglesia. Por otro, al PNV, le interesaba la República porque sabían que de ella se podía esperar una independencia del País Vasco; de los nacionales, no.

La posición del PNV, tras la feroz persecución sufrida por la Iglesia hacía escandalizar a propios y extraños. Sin embargo, el presidente del Gobierno Vasco, Aguirre y otros distinguidos peneuvistas no querían dejar pasar la ocasión de lograr sus fines políticos a costa de lo que fuera. De hecho, no empezaron a combatir hasta que no se firmó el estatuto de autonomía.

Aguirre estaba convencido de la victoria republicana hasta que la velocidad de avance nacional en el norte, le hizo dudar. Así que, empezó a negociar con el bando nacional. Lo hizo casi al modo ladino italiano que tradicionalmente tenía acuerdos con todos los bandos a fin de inclinarse por el que le venía mejor en cada caso (cabe recordar los pactos de los trasalpinos previos a la Primera Guerra Mundial).

Entregado Bilbao (19 de junio), la guerra se traslada a Santander y algunas zonas limítrofes de Vizcaya.

Las negociaciones entre los nacionales españoles, los fascistas italianos y los vascos continúan a lo largo del mes de junio buscando, ahora, la mediación del Vaticano. El primer acuerdo fue el 25 de junio en Algorta, el llamado Acuerdo de Algorta. Primera parte de lo que será el Acuerdo de Santoña. Para continuar con las negociaciones los firmantes creyeron conveniente visitar al conde Ciano,ministro de Asuntos Exteriores de Italia y yerno de Mussolini. En un momento de las conversaciones, el Canciller consultó la posición del Duce, el cual envió un telegrama a Franco, exponiendo los deseos vascos para llegar a una completa rendición. Mussolini apoyaba sus intenciones porque “se trata de católicos fervientes que se han equivocado, pero que son -en su casi totalidad- recuperables para nuestra España”. El 8 de julio, Ciano leyó la contestación de Franco a los delegados vascos. El general español le decía a Mussolini que “podéis dar por aceptado cuanto me habéis trasladado”, pero también mostraba su escepticismo: “Considero difícil que las fuerzas vascas obedezcan las órdenes de Aguirre, ni que los rojos le dejen darlas. La entrega de los vascos, si se lleva a cabo, facilitaría la guerra grandemente, pero en Asturias pueden y seguramente tratarán de extremar la resistencia”.[2]Para evitar cualquier problema, se implicó al Vaticano en la negociación.

Aquellas conversaciones llegaron oídos del Gobierno Republicano al interceptar un telegrama en el que procedente del Vaticano se dirigía a Aguirre, con el siguiente contenido:

“Tengo el honor de comunicar a vuestra excelencia que los generales Franco y Mola, interrogados expresamente acerca del asunto, han hecho conocer ahora a la Santa Sede las condiciones de una eventual rendición inmediata de Bilbao. 1: se empeñan en conservar intacto Bilbao. 2: facilitarán la salida de todos los dirigentes. 3: completa garantía que el ejército de Franco respetará personas y cosas. 4: libertad absoluta para los milicianos soldados que se rindan con las armas. 5: (…). 6: serán respetadas la vida y los bienes de aquellos que se rindieren de buena fe, aún para los jefes. 7; en el orden político, descentralización administrativa en la misma forma que la disfruten otras regiones. 8; (…), el Santo Padre exhorta a vuestra excelencia a tomar en atento y solícito examen dichas proposiciones con el deseo de ver finalmente cesar el sangriento conflicto. Cardenal Pacelli.”[3]

Azaña mandó llamar a Aguirre por no tener seguridad de si él estaba plenamente implicado en aquella traición o no. Azaña sospechaba de Aguirre y con razón, sin embargo, el vasco se desenvolvió en la entrevista con suma habilidad, pero con propuestas un tanto incomprensibles, como la de enviar las tropas vascas a luchar a Huesca. Este original proyecto era incoherente con la imposición previa de apoyar a la República sólo dentro del territorio vasco y, estratégicamente, resultaba desastrosa al dejar a santanderinos y asturianos debilitados en el frente norte. Se cree que el PNV buscaba sacar sus tropas del frente de batalla de cualquier modo, pero sin llevarlas a combatir a ningún sitio.

Ni Azaña ni los republicanos hicieron público este telegrama, no les interesaba demostrar la traición del PNV, ni por razones internas- suponía una muestra más de la desunión republicana y hubiera desmoralizado a las tropas- ni por razones externas- mostrando a todo el mundo sus grietas internas-.

Mientras esto pasaba, en torno a Madrid, se desarrolló la batalla de Brunete (julio de 1937). Sin un vencedor claro, la ofensiva republicana pretendía aliviar la presión sobre el frente norte. Lo consiguió relativamente, al suspender Franco la ofensiva cantábrica; pero Brunete terminó con gran número de muertos de ambos bandos, se considera una de las batallas más sangrientas de la guerra, y sólo detuvo y retraso el enfrentamiento en el norte durante un mes.

Con todo, el respiro dado por la batalla de Brunete permitió a Gamir reorganizar las tropas y enviar refuerzos al norte, no tanto con la pretensión de ganar la zona como la de intentar retrasar las ofensivas nacionales y aguantar hasta que el invierno dificultase el avance de Franco. Por este motivo, Gamir lanzó dos ataques, uno para conquistar Oviedo y otro para liberar Vizcaya. Este segundo fue saboteado por el PNV. El 31 de julio los nacionalistas ya habían decidido entregarse a los nacionales. Los primeros pasos dados con el acuerdo de Algorta, se afianzan, si bien y como siempre, con el PNV nadando entre dos aguas. Así, entre los acuerdos firmados, llegan a proponer el lugar por el que los nacionales debían atacar en Santander para simular que los gudaris quedaban rodeados en el oriente de Vizcaya y justificar así su rendición. La indicación señalaba que los nacionales deberían atacar por Reinosa y el Escudo para ocupar Torrelavega y Solares, los dos puntos estratégicos de las comunicaciones con Santander y Asturias. El acuerdo también incluía que los dirigentes vascos, las tropas nacionalistas y sus seguidores pudieran embarcar camino de Gran Bretaña, en barcos ingleses contratados a tal fin. Para hacer más creíble la situación, el PNV ordenó avanzar a sus tropas hasta Santoña. La población de Santoña se sitúa sobre una península, rodeada por el mar, el estuario del río Asón y por marismas, toda ella dominada por el Monte Buciero, lo que le concede una privilegiada situación estratégica y, al tener un excelente puerto, la península ha sido robustamente fortificada desde antiguo. Allí acamparon tres batallones de la 50 División de Choque vasca, ligados al PNV, por orden de los dirigentes vascos, abandonando así las posiciones que tenían previamente en Vizcaya. Eso ocurrió la noche del 21 al 22 de agosto. En los días posteriores de sumaría 12 batallones más.

El 23 de agosto, un grupo de peneuvistas asentados en Santoña declararon la “República de Euzkadi”. La declaración se extendió a Laredo y otros pueblos de alrededor. Es decir, que la primera vez que se declara la república vasca se hace fuera del territorio vasco y por pocas horas porque la situación inmediata fue la rendición; la cual se produjo tras la firma del Pacto de Santoña, el día 24 de agosto. Unos 30.000 hombres, todos bravos gudaris, se rindieron con armas y bagajes, sin pegar un tiro, sin derramamiento de sangre y lo hicieron ante unos siete u ocho mil italianos. Fue una rendición memorable, la proporción era de unos 3 vascos por cada italiano.

El acuerdo conllevaba un trato de favor: se rendían a cambio de que respetasen la vida de sus soldados y fueran considerados prisioneros de guerra bajo la soberanía italiana, permitiendo evacuar en barco hacia Gran Bretaña a los dirigentes políticos del PNV, funcionarios vascos y a los oficiales que lo deseasen. En aquel momento los vascos aceptaron la rendición sin ulteriores condiciones, aunque trataron inútilmente de conseguir unas mayores garantías del coronel Farina, jefe del estado mayor de las fuerzas italianas. Tal situación se produce la noche del 25 de agosto, después de dar muchas largas a los nacionales a la espera de que llegaran los barcos a puerto. Pero los barcos no atracaron hasta el día 26 en el puerto santoñés. Se trataba de dos buques mercantes ingleses Bobie y Seven Seas Spray procedentes de Bayona bajo la protección del destructor inglés HMS Keith. El 27 de agosto comenzó el embarque de los refugiados con pasaporte vasco. A las 10 del mañana, enterado el general Dávila, manda la inmediata suspensión de la operación y ordena el desembarque. Únicamente el mercante Bobie abandona el puerto con 533 heridos a bordo escoltado por el Keith. ​

Evidentemente, no todos los vascos se comportaron igual, tanto los partidarios de la república como los favorables al alzamiento lucharon adecuadamente, estamos hablando de la actuación del PNV que por salvarse ellos, traicionaron a todos, si bien, libraron al territorio vasco de cruentas batallas.

El franquismo se comportó generosamente con los peneuvistas, su represión, cuando la hubo, fue mucho más leve que la de otros, como los izquierdistas asturianos, sin tener presente que la represión interna republicana hacia la derecha en el País Vasco, aun bajo la presencia de los nacionalistas, aunque no participaran directamente en ella, fue mucho mayor que la sufrida por la derecha asturiana o santanderina, que tampoco fue menor.

En todo lo que antecede se muestra que el PNV no traicionó sólo a la Republica, también traicionó a los vascos no nacionalista y muy especialmente a los católicos no nacionalistas y a la derecha en su conjunto. Con todo, Franco no dejaba de tener motivos de agradecimiento hacia los nacionalistas vascos, no en vano, su rendición facilitó la victoria nacional en el frente norte y eso permitió a Franco afianzarse en el resto de la Península con la retaguardia asegurada y con el refuerzo industrial vasco.

Bibliografía:

  • PIO MOA. Los mitos de la Guerra civil. 8º Ed. Ed. La esfera de la historia. 2003.
  • CARLOS MARÍA OLAZÁBAL ESTECHA. “Pactos y Traiciones. Los archivos secretos de la Guerra en Euzkadi.” Tomo 2. Autor-Editorial. 2009.
  • XUAN CÁNDANO. El Pacto de Santoña (1937). La esfera de los libros. Colección: Historia del Siglo XX. 2006

[1]Xuan Cándano. El Pacto de Santoña (1937).  La esfera de los libros. Colección: Historia del Siglo XX. 2006

[2]Xuan Cándano. Op.Cit.

[3]CARLOS MARÍA OLAZÁBAL ESTECHA. “Pactos y Traiciones. Los archivos secretos de la Guerra en Euzkadi.” Tomo 2. Autor-Editorial. 2009

 

La Escuela de Salamanca- y 2

  • ¿Cuáles fueron los principales problemas consultados a la Universidad de Salamanca?

Realmente, las consultas abarcaban toda la actividad social del momento, sobre todo, aquellos aspectos que incluían algún tipo de novedad: cartógrafos y geógrafos para bordear América; cálculos matemáticos para la realización de los viajes hacia las “Indias”; matemáticos, astrónomos o juristas para fijar la adscripción de las islas Molucas a España o Portugal; juristas para determinar las fronteras o poder internacional y nacional de los reyes; filósofos y teólogos para conocer los derechos de los indios, teólogos que acabaron dando lugar a los primeros economistas para atender al valor de los metales venidos de América, la usura y la legalidad del préstamo, teólogos y moralistas para determinar la legalidad del divorcio de Enrique VIII … hasta la gramática de Nebrija tuvo su lugar.

No podemos hacer un estudio detallado de todas las aportaciones que realizó la Escuela de Salamanca en todos los campos, pero si destacaremos algunas de ellas:

Empezaremos por los debates en torno a la cuestión indígena llamada de los justos títulos o polémica de los naturales. Se trataba de discernir las disputas entre los gobernadores y Bartolomé de las Casas. Fue el padre Vitoria sobre el que recayó el estudio de los derechos de los indios en América, dando lugar a su obra “De indis” en la que expresó su postura sobre diversos excesos cometidos en los primeros años de asentamiento español en América. Afirma que los indios son iguales en derechos que cualquier ser humano y son dueños de sus tierras y bienes. Gracias a él, las ideas y posiciones de fray Bartolomé de las Casas tomaron un tono más mesurado, fueron escuchadas y con ellas nacieron las Leyes de indias. Los indios fueron considerados seres libres y estaban bajo la protección directa de la Corona. Después de su muerte, varios de los discípulos de Vitoria: Cano, Soto, Carranza, Covarrubiasformaron parte de  una comisión de teólogos que se reunió en Valladolid entre 1550-1551 (Junta de Valladolid), en la que establecieron cuáles eran Justos Títulos[1]para la conquista de América y cuáles injustos, en la llamada polémica de los naturales. Todo esto hace al Padre Vitoria uno de los precursores de los Derechos Humanos.- Sobre este asunto haremos un hilo en fecha próxima-.

Vitoria y Molina, realzan el valor de la persona haciendo hincapié en los derechos que le otorga la naturaleza, que están por encima de cualquier otro derecho. Ese derecho natural obliga a tener un respeto por cada persona, individualmente considerada, dejarla en libertad, no condicionarla, no esclavizarla. Un derecho a ser libres de las influencias de los demás, lo que obliga al respeto al otro y a la libertad del otro. Un respeto de libertad individual en sociedad.

Estas cuestiones permitieron al Padre Vitoria estudiar y establecer los términos de la “guerra justa” y del “Ius Gentium”, es decir el germen del derecho internacional. Sobre ambos temas, íntimamente relacionados en su obra, opina que esta noción casi nunca se aplica a los conflictos armados. Con Suarez coincide en que la guerra justa es un deber. Ningún Estado tiene derecho a suicidarse. El arbitraje es conveniente, pero no obligatorio. Deduce del derecho natural las consecuencias más liberales para las relaciones políticas y económicas entre todos los hombres. Cada persona tiene derecho, en el lugar en el que se establezca, a las mismas prerrogativas que los ciudadanos de ese país. Cabe, incluso, pensar que “el mundo es, en cierto sentido, una sola República”. Pero no existe, como derecho, ninguna limitación a la autonomía del Estado: no existe arbitraje de una autoridad internacional por encima de esas” comunidades perfectas” que son los Estados. Incluso los bárbaros (los indios) tenían antes de la conquista una soberanía. La colonización puede ser legítima, pero a condición de ser” su única preocupación el bien y la prosperidad de los indígenas, y no el provecho de los españoles”.

Rechaza toda separación entre el soberano y su comunidad, subraya la cohesión del Estado y da un sentido más moderno a la aceptación cristiana de poder establecido. Vitoria es el teórico de un mundo dividido, en el que los Estados afirman duramente su independencia.

La doctrina de Vitoria se vio refrendada posteriormente por Suarez. La principal originalidad del jesuita consiste en vincular el derecho de gentes al derecho natural, aunque no cree que haya existido nunca una soberanía internacional. Las obligaciones del derecho natural tienen una valor absoluto e invariable. Mientras que el derecho de gentes se concebía con un carácter flexible, basado en la convención y la costumbre, que obliga en cuanto es objeto de un acuerdo general y que evoluciona como todas las opiniones. Por tanto, ningún acuerdo internacional puede imponerse a las soberanías nacionales. Sin embargo, Suarez, por primera vez sí se postula partidario de la solidaridad internacional por cuanto que la humanidad “aun dividida en pueblos y Estados diversos, conserva, sin embargo, una cierta unidad, no sólo específica, sino también cuasi política y moral” que engloba a todos los hombres sin distinción.

También se discutió ampliamente sobre la monarquía. Para Vitoria, el Estado y la sociedad son de derecho natural. No puede concebirse a la humanidad sin organización social y sin orden político; fuera de toda misión espiritual tienen como misión el bien común. De aquí se deriva que ningún régimen puede pretender ser más que otro de derecho divino. Vitoria es monárquico, pero por razones de experiencia. La monarquía así considerada no se encuentra por encima de las leyes, las cuales para ser justas deben responder al interés general, estando la ley humana subordinada siempre a la ley divina. Vitoria parece fijar así límites al poder real; pero, reprueba a “los hombres corrompidos de orgullo y de ambición que se alzan contra sus príncipes”.

La teoría de la deposición del rey hereje por orden papal fue defendida por Luis Molina. La República Cristina concebida por estos autores como la forma de Estados distintos y soberanos hace que los jesuitas defiendan que la soberaníapertenece al pueblo, aunque casi nunca desarrollen la idea para acabar siempre restableciendo la superioridad del orden monárquico. Juan de Mariana la acaba defendiendo con cierto vigor. Afianza, además, el poder del Papa frente a esos monarcas, incluso el poder de los obispos. La idea del rey como punto de unión de los Estados de cierta extensión, se beneficia del reforzamiento de sentimiento nacional.

Es el mundo de la reforma y la contrarreforma por eso, frente a estas teorías papistas está la de la Iglesia como obediente al rey que se da en Inglaterra, con cierta dureza en sus manifestaciones por herencia conceptual de Enrique VIII.

Se aprecia en ese momento histórico una clara vinculación entre teología y política que fue rechazada por Althusius, Bodín e incluso Maquiavelo. Era la culminación de la Reforma. Mientras Suarezexpresa la continuidad del pensamiento católico.

Para Suarez el Estado separa el campo del derecho público y del derecho privado. El Estado existía con anterioridad al pecado original. Lo que coloca a la comunidad civil en el plano de la naturaleza. Aunque el Estado tiene la unidad de una persona, de un cuerpo, no por ello integra a sus miembros a la manera de un organismo vivo, biológico, ya que engloba a seres conscientes y libres. Es un cuerpo místico hecho de necesidad y de libertad. No tienen más fin que el material del bien común. A la cabeza del Estado se establece una autoridad suprema.

La potestad política de hacer la ley, tiene el carácter absoluto de la Soberanía. En virtud de la libertad de nacimiento de cada persona, corresponde al conjunto de los hombres y no a uno sólo, hacer esa ley, esta es la gran diferencia con Molina, para Luis de Molina la soberanía es la suma de las soberanías individuales, no es un todo único y compacto. Con Suarez quedan establecidas así, la soberanía popular y la libertad de cada comunidad política de elegir su régimen de referencia. El hecho de la soberanía es el derecho natural, pero “su determinación en un cierto modo de autoridad y de gobierno depende de la libertad humana”. Suarezno duda en que la monarquía sea el sistema de gobierno más eficaz, pero llega a esa conclusión tras señalar que la comunidad de ciudadanos es libre para escoger el régimen en el momento de la fundación del Estado, pero una vez elegido no puede modificarlo. Para Suarez la monarquía es una institución humana, pero una vez que reinan legítimamente, son “ministros de Dios”. La soberanía es absoluta, pero con ciertos límites. El fundamental es el hecho de que la soberanía está limitada a la ley justa.

Por otro lado, diferencia entre el poder espiritual y el temporal.El poder eclesiástico tiene sobre el poder civil toda la superioridad del espíritu sobre la materia, del derecho divino positivo y sobrenatural sobre el derecho natural. El Papa es superior “no sólo a la persona del rey, sino incluso a su poder temporal, aunque soberano”. Puede dirigir e incluso deponer a los reyes para lograr los fines espirituales de la Iglesia.

En estos aspectos las obras de los profesores de Salamanca, muy especialmente las de Vitoria y Suarez influyeron decisivamente y se vieron influenciados a su vez por las de Bodín, Althusius. Por su parte Leibniz, Grocio, pufendorf, Schopenhauer y Heidegger citan a Suarez y, en ocasiones a Vitoria y a otros autores de la Escuela como fuente de inspiración.

El derecho matrimonial y el divorcio.  “Un nuevo y grave problema religioso y político se suscitó cuando el rey inglés Enrique VIII quiso divorciarse de la princesa española Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, dando principio en este conflicto al nacimiento del anglicanismo. En tales circunstancias, las cuestiones sacramentales se mezclaron con el derecho y derivaron en negociaciones internacionales y dictámenes del más alto nivel. Esta nueva solicitud de informe a la Universidad de Salamanca coincidió con la ebullición del problema protestante en el Imperio: el pedagogo Crammer escribió un libro sobre el divorcio, favorable a los intereses de Enrique VIII, circunstancia que inclinó a los emisarios del rey inglés a buscar apoyo en las universidades para su causa pango, incluso a los religiosos o profesores para logarlo. Se han encontrado documentos detallando el dinero entregado a varios religiosos para conseguir el apoyo a la causa del divorcio inglés. Por menos de cien escudos obtuvo todas las firmas del claustro de Ferrara y lo mismo consiguió en Francia y en Inglaterra. La Sorbona también se declaró partidaria del divorcio tras multitud de intrigas. Puesto que Lutero se había casado, se mandaron emisarios para pedirle su aprobación, pero él se negó a apoyarlo. 

El emperador y rey de España buscó apoyos en sus Universidades. Varias instituciones y personas relacionadas con Salamanca contestaron a esta consulta: la propia Universidad de Salamanca, el Colegio de San Bartolomé, Francisco de Vitoria y el cronista real Juan Ginés de Sepúlveda. La Universidad respondió con un informe matizado, inspirado en la obra de Francisco de Vitoria, titulada De matrimonio, en la que se manifestó en contra del divorcio sosteniendo un criterio laico, cuando dijo: “La potestad real o civil se ha establecido para el bien de la República, sea el que sea, sea el de la paz, sea cualquier otro beneficio humano” y ese acuerdo superior centrado en el bien común impide el divorcio del monarca”.[2]

Por poner el ejemplo de otras cuestiones de distinta naturaleza tratadas con profusión por la Escuela de Salamanca señalaremos que pocas cuestiones científicas fueron más candentes en la época que el problema de la medida del espacio. “Los tratados internacionales sobre derechos de exploración geográfica toparon con la imposibilidad de fijar fehacientemente esta magnitud y todos los reinos implicados en estos viajes promovieron un inusitado interés por la precisión, dificultada por las diferencias en los sistemas de cómputo y por la inexactitud de los aparatos mecánicos. Estas medidas eran necesarias para establecer las fronteras de los descubrimientos y la colonización; por ejemplo, era imposible determinar la longitud en el mar sin un reloj preciso que no existió antes del cronómetro de Harrison, a mediados del siglo XVIII. El catedrático de astrología Diego de Torres fue uno de los más incisivos estudiosos de esta materia y participó en las deliberaciones científicas del Tratado de Tordesillas (1494). A él se unieron otros muchos como el médico Sancho de Salaya y el dominico Tomás Durán,catedráticos ambos y comisionados por Carlos V para debatir con los representantes portugueses -entre quienes figuraba el también antiguo catedrático salmantino Pedro Margallo- la adscripción de las islas Molucas, tras su descubrimiento en el año 1524”[3], y posteriormente en una serie de tareas para la fijación de las fronteras.

“Otro asunto científico de profundo calado para la época era el de la medida del tiempo que preocupaba a los Estados, especialmente al Vaticano. Era preciso reformar el calendario juliano vigente desde el año 46 a. C. con el fin de que pudieran cumplirse los decretos del concilio de Nicea (año 325) relativos a la fecha de celebración de la Pascua, fiesta solemne de la Resurrección de Jesucristo. Con los siglos ésta se había ido retrasando respecto del equinoccio de primavera, resultando infructuosos todos los esfuerzos por elaborar un calendario perfecto; causa que ocupó a multitud de matemáticos y astrónomos de toda la cristiandad por lo menos durante doce siglos. También en este tema la intervención de la Universidad de Salamanca fue muy significativa. Esta Universidad propuso en 1515 un cálculo que sesenta y tres años que después ratificaron los expertos vaticanos y el propio pontífice como base de la reforma del calendario (descubrimiento que hasta el día de hoy se había atribuido al italiano Luigi Lilio) y que finalmente fueron determinantes para que se aprobara la reforma gregoriana del calendario de 1582”[4].

Quizá uno de los estudios más trascendentes se lo debamos a Domingo de Soto fue el primero en establecer que un cuerpo en caída libre sufre una aceleración constante, ​ siendo éste un descubrimiento clave en física, y base esencial para el posterior estudio de la gravedad por Galileo y Newton.

Otro de los grandes temas estudiados en Salamanca fueron los relacionados con la  economía[5]. Son ellos los que sentaron las bases de la ciencia económica moderna. Entre sus principales aportes se encuentran la aceptación de la ley de la oferta y de la demanda como agentes en la determinación de precios de un mercado libre, la exposición de una teoría subjetiva del valor de los bienes, y el establecimiento del valor del dinero en función, no sólo de su abundancia o escasez, sino de su capacidad de compra, la doctrina general del interés y el análisis del sistema tributario.Su gran hallazgo para la macroeconomía moderna fue la formulación de la teoría cuantitativa del dinero.Se trata de ideas que surgieron en la consideración de las grandes cuestiones fundamentales del justo precio, de la usura y de los tributos.

El inicio de todas estas teorías provino de la llegada abundante de metales preciosos de América y su relación con la elevación de precios. Los escolásticos españoles del siglo XVI estudiaron el dinero, al que por primera vez consideraron como una mercancía más, cuyo valor viene dado por su escasez o abundancia relativa. Los máximos exponentes que elaboraron las teorías del valor fueron Martín de Azpilcueta, pionero en estos estudios, y Luis de Molina. A los que hay que unir Francisco de Vitoria, Diego de Covarrubias y Leiva, Tomás de Mercado, Domingo de Soto y Juan de Mariana.

Azpilcueta se convirtió en el precursor de la Teoría Cuantitativa del Dinero, según la cual el incremento de la masa monetaria en circulación ocasiona un incremento proporcional en el nivel de los precios.

Constató el hecho de que en los países en los que los metales preciosos oro y plata eran escasos los precios de los bienes eran inferiores a los países con abundancia de los mismos. El metal precioso, como una mercancía más, tiene menos valor adquisitivo cuanto más abundante sea. Desarrolló así una Teoría del Valor-Escasez precursora de la teoría cuantitativa del dinero, adelantándose en más de una década a Jean Bodin.

Diego de Covarrubias y Luis de Molina desarrollaron una teoría subjetiva del valor y del precio que consiste en que, puesto que la utilidad de un bien varía de persona a persona, su precio justo será el que se alcance de mutuo acuerdo en un comercio libre sin engaños ni interferencias de todo orden. Expresándolo en términos actuales, los integrantes de la escuela defendieron el libre mercado, donde el precio justo venía dado por la oferta y la demanda, constituyendo un precedente de la Ley de la Oferta y la Demanda.

Otra cuestión económica a estudiar fue la usura,muy mal vista por la Iglesia. La Escuela de Salamanca encontraba diversas razones que justificaban el cobro de un interés. Así, la persona que recibía el préstamo obtenía un beneficio a costa del dinero obtenido. Por otro lado, el interés se podía considerar como una prima por el riesgo del prestatario a perder su dinero. También estaba la cuestión del lucro cesante, ya que el prestatario perdía la posibilidad de utilizar el dinero en otra cosa. Martín de Azpilcueta consideró también la influencia del tiempo en el cobro de intereses. Consideró que a igualdad de condiciones los bienes presentes valen más que los bienes futuros, y, por lo tanto, es preferible recibir una cantidad ahora a recibirla en el futuro. Para que una renta en la actualidad sea más atractiva que en el futuro es necesario que sea mayor. En este caso el interés supone el pago del tiempo.

Vitoria y otros teólogos se centraron en la acumulación de riqueza y propiedad privada. Los escolásticos españoles llegaron a la conclusión de que el orden natural permite la propiedad privada por tener efectos beneficiosos al estimular la actividad económica y, con ello, el bienestar general de la sociedad. A este respecto, Diego de Covarrubias y Leiva afirmaba que los propietarios tenían no sólo derecho de propiedad sobre el bien, sino que también, tenían derecho exclusivo a los beneficios que pudieran derivarse del bien. De todas maneras, precisó que en momentos de gran necesidad todas las cosas son comunes. Domingo de Soto defendió la propiedad privada como medio para lograr la paz social. Luis de Molina, apoyando la tesis de Domingo de Soto, afirmaba que la propiedad privada era una institución de efectos prácticos positivos ya que, por ejemplo, los bienes serían mejor administrados por un solo dueño que si fuesen de propiedad comunal. Postura esta última que también fue defendida por Juan de Mariana.

La Escuela de Salamanca no llegó a elaborar una doctrina económica completa, pero estableció las primeras teorías económicas modernas para afrontar los nuevos problemas que habían surgido.

En el ámbito de la Teología, aunque todo fuera teología en Salamanca, porque todo partía de una reflexión moral,  no queremos dejar pasar la aportación de los padres salmantinos en el Concilio de Trento. No vamos a hablar del Concilio sino de alguna de las aportaciones más destacadas por algunos padres conciliares miembros de la escuela de Salamanca, así Covarrubias, dejó huella en los asuntos sobre la Eucaristía, el orden sacerdotal o el matrimonio.

 Sobre la Eucaristía señaló que es el sacramento excelente por encima de todos los demás al ser instituido por Cristo y contener el misterio de la transustanciación. En cuanto a la comunión eucarística se indica que no es necesario hacerlo bajo las dos especies para los laicos no era derecho divino ni necesaria para la salvación y que no es necesaria por derecho divino para los niños.

Respecto al orden sacerdotal, Covarrubias manifestó que la jerarquía eclesiástica había sido instituida por Cristo, siendo los primeros, por ley divina, los obispos, como sucesores de los apóstoles, y, tras los obispos, los presbíteros. Por otro lado, manifestó que los prelados que estuvieran ausentes de sus diócesis sin causa justificada durante más de tres meses debían ser multados. Se promovió la necesidad de tener seminarios en las diócesis

En cuanto al matrimonio, se plantea su carácter sacramental, se define su naturaleza, su indisolubilidad y el derecho de la iglesia a establecer impedimentos matrimoniales. Se planteó la cuestión de la nulidad en relación con los matrimonios clandestinos, colocando a la ley eclesiástica por encima de las civiles y pidió que se aumentara el número de testigos en los esponsales. A su vez, se reafirmó la excelencia del celibato.

Otros asuntos teológicos que alcanzaron gran relevancia en los estudios de la Escuela fueron la idea del mal. Se puede hacer el mal, aunque se conozca a Dios, y se puede hacer el bien, aunque se le desconozca. Es decir, la moral no depende de la divinidad. Esto resultaba especialmente importante para el trato con los paganos, ya que el hecho de que no fuesen cristianos no presuponía que no fuesen buenos.

Vitoria proporcionó una imagen nueva de la divinidad para intentar explicar la presencia del mal en el mundo. La existencia de éste hacía difícil creer que Dios pudiese ser infinitamente bueno e infinitamente poderoso a la vez. Vitoria explicó esta paradoja apelando al libre albedrío humano. Puesto que la libertad es concedida por el mismo Dios a cada hombre, no es necesario que el hombre actúe eligiendo siempre el bien. La consecuencia es que el hombre puede provocar voluntariamente el mal. Ese libre albedrío como señalaba el Padre Mariana, y que entronca con el derecho natural y con los derechos humanos, como vimos con anterioridad, es más un deber que un derecho, por tanto, no se puede renunciar a él. Al derecho se podría renunciar, a un deber no se puede renunciar nunca. No es, además, una “libertad de” es una “libertad para”, para la propia concepción de la dignidad humana.

En relación con este principio del libre albedrío se desató la polémica de Auxiliis entre jesuitas y dominicos sobre la gracia y la predestinación, que no se dilucidó definitivamente hasta que el Papa Pablo V en 1607 reconoció la libertad de jesuitas y dominicos para defender sus ideas, prohibiendo que ninguna de ellas fuese calificada de herejía.

Otros muchos asuntos fueron tratados por la escuela de Salamanca:

Rodrigo Basurto ratificaba la existencia de las antípodas.

Nebrija en la Cosmografía defendía la necesidad inaplazable de fijar un patrón de medida universal en Castilla.

Se habla de una escuela literaria de Salamanca…También de música, de arte…

No podemos adentrarnos en todos estos asuntos, como puede apreciarse, una de las características de la Escuela de Salamanca fue su fecundo pensamiento nacido en parte de un complicado entramado de las relaciones que existieron entre sus miembros; muchas veces se sucedieron en las cátedras de la universidad o polemizaron entre sí; en otras ocasiones se vieron implicados en terribles polémicas e incluso en ataques legales, bien procedentes del brazo secular, bien procedentes de la Inquisición; y en ocasiones se atacaron y se defendieron. El nombre de alguno de estos autores aparece en las aportaciones de los libros de otros estudiosos, o bien en los escritos panegíricos de los alumnos sobre sus maestros o eran referencia en autores extranjeros: Pascal, Descartes o Leibniz, Grocio, Althusius, Bodin, pufendorf, Schopenhauer, Heidegger, Hobbes, Locke… todos ellos bebieron de la Escuela de Salamanca. En ocasiones reconocen la influencia, en otras, no, aunque la hubo. Esto hace que el estudio de la Escuela sea muy complejo.

En conclusión, la escuela de Salamanca no tiene un carácter formal, sin embargo, la crítica ha querido ver en un grupo de pensadores españoles, la práctica totalidad de ellos hombres de Iglesia, determinados factores comunes.

Esa aportación es sin duda determinante para el desarrollo de la humanidad. Por primera vez el mundo se hizo global y la visión completa del globo se manifiesta en la interrelación de elementos que no habían sido tenidos en cuenta, con esa dimensión, nunca antes. De ahí que, el Derecho de gentes, el germen del Derecho internacional, saliera de Salamanca; de ahí que, la concepción del ser humano en toda su extensión configurando como principio general y universal la libertad del individuo, la libertad humana como base de toda consideración, se institucionalizara en Salamanca; de ahí que, los derechos humanos como fuente de Derecho y de vida se fraguaran en Salamanca; de ahí que, la democracia liberal beba en la aguas de la escuela de Salamanca y, con ello, la economía liberal, el libre mercado, el derecho al comercio y al crédito…y en su estampación de saber holístico, la teología, como base de cada uno de los motivos de reflexión porque siempre se partió de una reflexión moral, como raíz del derecho y de la ciencia, la técnica, las artes…

La Escuela de Salamanca es probablemente, con la posible excepción de la Escuela de Traductores de Toledo, la mayor aportación, hasta el momento, de España al pensamiento occidental y mundial.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Andrés Martín, “La facultad de Teología”. Forma parte de la obra “La Universidad de Salamanca. II. Atmósfera intelectual y Perspectivas de investigación (Salamanca 1990)” de diversos autores.
  • Ana María Carabias Torres. “La Escuela de Salamanca. Perspectivas de investigación”. Universidad de Salamanca. Serie papeles de trabajo. 2015.
  • “Escuela de Salamanca, la fundación de la ciencia económica”. Revista “La España Ilustrada” 2012.
  • Brufau Prats. “La Escuela de Salamanca ante el descubrimiento del Nuevo Mundo”. Ed San Esteban. 1989.
  • Belda Plans. “La Escuela de Salamanca”. En Cuadernos Salmantinos de Filosofía (30)
  • M. A. Pena González. “El concepto de la escuela de Salamanca, Siglos XVI-XX”. Universidad Pontificia de Sal.

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[1]Son títulos legítimos de conquista de nuevos territorios:  Los hombres no nacen esclavos sino libres. Por derecho natural nadie es superior a los otros. El niño no existe por razón de otros, sino por razón de sí mismo. Es mejor renunciar al propio derecho que violentar el ajeno. Es lícito al hombre, la propiedad privada, pero nadie es propietario que no deba, a veces, compartir sus cosas… y en extrema necesidad, todas las cosas son comunes. Los dementes perpetuos, que ni tienen, ni hay esperanza de que tengan uso de razón, pueden ser dueños… tienen derechos. Al condenado a muerte le es lícito huir, porque la libertad se equipara a la vida. Si el juez, no guardando el orden del derecho, obtuviese a fuerza de tormentos la confesión del reo, no podría condenarlo, porque obrando así no es juez. No se puede dar muerte a una persona que no ha sido juzgada y condenada, Toda nación tiene derecho a gobernarse a sí misma y puede aceptar el régimen político que quiera, aun cuando no sea el mejor. Todo el poder del rey viene de la nación, porque esta es libre desde el principio. El orbe entero, que en cierta manera constituye una república, tiene poder de dar leyes justas y convenientes a toda la humanidad. Ninguna guerra es justa, si consta que se sostiene con mayor mal que bien y utilidad de la nación, por más títulos y razones que haya para una guerra justa. Si al súbdito le consta la injusticia de la guerra, no puede ir a ella, ni aun por mandato del príncipe. No es el hombre lobo para el hombre, sino hombre.

[2]Ana María Carabias Torres. Op. Cit

[3]Ana María Carabias Torres. Op. Cit

[4]Ana María Carabias Torres Op.Cit

[5]“Escuela de Salamanca, la fundación de la ciencia económica”. Revista “La España Ilustrada” 2012.

ESCUELA DE SALAMANCA- 1

Sobre la escuela de Salamanca hay mucho escrito, mucho por saber y, sobre todo, una bibliografía difícil de encontrar por cuanto está descatalogada en un buen número de obras, lo que es señal de la poca importancia que se da, fuera de determinados círculos intelectuales, a una de las páginas más gloriosas de la vida intelectual española que ha conformado el saber de un país en un momento dado y que, en parte, aún perdura.

La llamada Escuela de Salamanca nace y se desarrolla desde la teología para imprimir carácter a la economía, filosofía, derecho, literatura, arte, ética, sociología…La sociedad occidental, el Mundo en general, no sería lo que es sin la Escuela de Salamanca.

Haremos el estudio de la Escuela utilizando una especie de cuestionario que iremos respondiendo.

  • ¿Qué se entiende por “Escuela de Salamanca”?

La Escuela de Salamanca es un método de estudio que abarca muy diferentes campos del saber. Son sus apuntes, disputas, controversias buscando siempre un sistema y conclusiones científicas. Es un concepto que no responde a una institución física, concreta y formal, pero, eso no significa que sea un ente abstracto, por más que sean sus abstracciones e ideas lo que le permiten alcanzar su gran valor.

Hay quien ha identificado a la Escuela como la expresión de “pensamiento católico hispano” (Pena González). Sin oponernos al profesor Pena creo que la Escuela requiere de una consideración a la vez mayor y menor. Mayor, porque su expresión, método y sentido se ha extendido fuera de nuestras fronteras, especialmente por Portugal y América. Menor, porque sin circunscribirla sólo a la Universidad de Salamanca, tiene su máxima expresión en una metodología, autores y estudios que se dieron en esa Ciudad castellana en un momento concreto. De hecho, la máxima discusión de la historiografía no es sólo su actuación intelectual sino también su extensión temporal.

Ignacio Jericó Bermejo tilda de exageración la denominación de Pena González como “Pensamiento hispánico” al pensamiento salmantino de 1501 a 2001. Subraya la falta de argumentos científicos esgrimidos para esa denominación. Para Jericó, la escuela mantiene tal nombre hasta el final del S. XVI. Los estudiosos de la economía (Marjorie Grice-Hutchinson), últimamente muy en alza en relación con la aportación de la Escuela de Salamanca, proponen mantener el nombre de “Escuela de Salamanca” y no otro, a todo el movimiento, que ellos circunscriben a lo que se denomina el “siglo de oro de Salamanca” (finales del Siglo XV, S.XVI y una pequeña parte del XVII).

  • ¿Hay más de una “Escuela de Salamanca”?

Existen muchas discusiones al respecto. Hay quien habla de primera Escuela de Salamanca a la conformada durante el siglo XV y parte del XVI y centrada esencialmente en las aportaciones de los Dominicos y Órdenes de los Predicadores. Y una segunda Escuela en el resto del S. XVI y XVII dirigida por los Jesuitas.

Por otro lado, otra parte de la historiografía, señala la existencia de una única escuela, pues no encuentra razones para dividirla ni por épocas ni por posiciones de autoridad. Esta tendencia suele aparecer como mayoritaria.

El llamado siglo de oro de la Escuela que se sitúa en el S.XV y primera mitad del S.XVI, con Vitoria, Soto y Melchor Cano, como precursores, y una segunda mitad del S.XVI con los jesuitas al frente y con el Padre Suarez como cabeza más visible, al que se unen los discípulos de los primeros. Además, en esta segunda mitad, la Escuela emprende su expansión por Coímbra, Alcalá y parte de América.

En los siglos XVII llegamos a la fragmentación del pensamiento y método, lo que permite a la mayor parte de la historiografía poner fin a la Escuela de Salamanca en su concepto más glorioso. Si bien Pena González extiende su estudio hasta el Siglo XX y señala como durante la Ilustración vemos un florecer momentáneo de la Escuela que se recupera con cierta entidad en el S.XX, especialmente, cuando la Asociación Francisco de Vitoria que se consolida como “Think Tank” de la vida político-económico-humanista española.

Son muchos los autores- Brufau entre ellos- los que encuentran en la Escuela una entidad única, por la íntima relación entre los distintos autores y sus discípulos; por las condiciones en las que nació y evolucionó su estudio, y por crear una metodología que, de una u otra forma, se mantuvo en el tiempo.

Otros autores como Jericó, especificando más, señalan que no cabe ninguna duda de que se trata de una escuela de estudio y análisis de la realidad que se desarrolla con todo vigor desde la llegada de Vitoria a Salamanca en 1526 hasta 1584 y, después, con intensidad algo mermada, hasta la muerte de Báñez (en 1604), momento en que pierde fuerza.

  • El entorno institucional de la Escuela de Salamanca

El despertar de la escuela en el Siglo XV tiene su razón de ser por el periodo de paz y tranquilidad relativa que dieron los acontecimientos de 1492: unidad de España, por la unión de las coronas de Aragón y Castilla y la toma de Granada, con la consiguiente derrota de los moriscos, la expulsión de los judíos y la conquista de América. Otra España renacía, más próspera e influyente en el mundo.

Además, la imprenta permitió la expansión de la cultura y el estudio, el cual también se vio facilitado por la aparición de la primera gramática castellana debida a Elio Antonio de Nebrija. Al mismo tiempo, es la época de florecimiento de las dos grandes universidades españolas: Salamanca y Alcalá, que se convertirán en referencia cultural obligada.

Unido a ello, en el siglo XVI, florecieron las órdenes religiosas por el impulso que el Cardenal Cisneros dio a las mismas.

El prestigio de Salamanca se permitió y se vio influido por la autorización papal para desarrollar estudios de teología de manera oficial, circunstancia importantísima y que con anterioridad poseía en exclusiva París. Salamanca fortaleció y se fortaleció de los estudios sobre las Sagradas Escrituras y otros textos de índole moral que sirvieron, de un lado, de apoyo al papado (especialmente significativa fue su influencia en Trento) y, de otro, dieron impulso al Imperio, más por el acercamiento de éste a Salamanca que de Salamanca al Imperio y, por ende, en favor de la contrarreforma. Su éxito se debe a la libertad de pensamiento en cuanto a su metodología y planes de estudio. Si ha trascendido la enseñanza de aquel grupo de teólogos, dentro y fuera de la universidad salmantina, fue porque desarrolló un programa original de investigación de forma independiente a los dictados del poder: la Corona Imperial, la Inquisición o la Curia Romana.

  • Metodología

En una breve exposición diremos que la Escuela fue la síntesis metodológica entre la escolástica y el humanismo. Señala una evolución del método teológico y presenta después el soporte institucional, a saber, las Facultades de Teología —particularmente la de la Universidad de Salamanca— y aquellos conventos dominicanos que albergaban un studium genérale.

Alguna importancia tuvo en este desarrollo el hecho de que los primeros colegios mayores, en los que se becaba a los mejores estudiantes para que pudieran estudiar, se dieran en Salamanca.

La escuela nace diferenciándose de los estudios clásicos parisinos de las tres vías: nominalista, escotista y tomista, para centrarse en un debate entre la escolástica y humanismo; en mostrar la síntesis entre tradición escolástica y cultura de la época que produce una auténtica renovación teológica.  Sería ingenuo pensar que las otras vías no influyeron en nada, parece que el nominalismo llegó a Salamanca con cierto retraso, en comparación con lo ocurrido en Alcalá. Por otro lado, el escotismo había cobrado cierta fuerza en momentos anteriores al esplendor salmantino, especialmente en el entorno franciscano.

De hecho, algunos autores como Melquiades Andrés señalan que:

“El humanismo teológico español no es sólo tomista o escotista o nominalista, sino una síntesis peculiar de los tres sistemas. Ni es sólo franciscano o dominico o jesuítico sino de los tres juntos a la vez. Ni de ellos sólo, sino que lo enriquece la visión de agustinos, mercedarios, carmelitas… sacerdotes seculares, juristas y seglares. Esto resulta de alto interés en la historia de España y de la evangelización y civilización de América. Los catedráticos no repetían simplemente, sino que “movían cuestiones”, es decir, elaboraban pareceres personales en relación con los problemas vivos de la sociedad y de la Iglesia”.[1]

La mayoría de los autores basan en esa mezcla y diversidad una apertura intelectual que hizo grande a la Escuela. Precisamente muchos achacan el declive de la misma a la vuelta a la rigidez tomista planteada por Bañez en los inicios del S XVII.

Pero esa aceptación diversa y apertura de método que ya se dio en Vitoria se fue agrandando hacia el S XVI donde confluyen flujos muy poderosos, y que permiten la expansión de la escuela de Salamanca a Portugal (Coímbra) de la Universidad al Colegio Romano de Salamanca a Lovaina o Bolonia, sin obviar, la influencia en América.

Se considera que sus iniciadores fueron Francisco de Vitoria, Francisco de Soto y Melchor Cano, pero su alcance no se basa sólo en la brillantez intelectual de estos personajes y de sus discípulos sino de toda una lenta consolidación nacida en el S XV y que concitan en las aulas salmantinas las personas y el contexto oportuno para que la renovación de la teología se pueda llevar a efecto.

Los teólogos salmantinos, y muy especialmente Vitoria, no solían publicar sus textos porque eran profesores que ofrecían en clase las últimas reflexiones sobre determinados temas; ideas que fácilmente podrían ser matizadas con nuevos comentarios al día siguiente o en la siguiente clase. Era una reflexión permanente partiendo de la teología para adentrarse en la realidad del mundo.

La verdad puede venir del avance en el método de estudio tradicional que representaba París y que se había extendido por el mundo. A Salamanca llegan todo tipo de ideas y métodos, pero los salmantinos acaban decantándose por un sistema realista más que nominalista, casi por necesidad imperiosa de atender las demandas de informes que se sometían a su criterio, como veremos más adelante. Se fundamentaban en la observación y la experimentación.

Hasta el Siglo XV una base humanista consiguió imponerse sobre todo en las universidades de artes y medicina. Como el estudio de las artes solía ser previo al de teología, el método impregnó también la teología. “Esquemáticamente pueden reducirse a tres niveles. En el primero los intelectuales se limitaron a la reunión de observaciones y descripciones de datos nuevos que desbordaban la capacidad interpretativa de las doctrinas tradicionales, aunque no llegara a formularse su crítica abierta, ni siquiera la necesidad de reformarlas. En el segundo se practicaron rectificaciones de detalle, que no significaron ruptura con las teorías o principios epistemológicos clásicos. En el tercer nivel se produjeron crisis parciales que condujeron a renovaciones de fondo, aunque reducidas a sectores determinados de la actividad científica. Tanto el humanismo científico como el escolasticismo tuvieron grandes logros en la época del Renacimiento. El humanismo perdió seguidores en la segunda mitad del siglo, de forma casi paralela a como los ganaron tanto el neoescolasticismo contrarreformista, como los criterios científicos de experiencia y razón frente al principio de autoridad de los clásicos y de la Biblia. Ello fue debido en parte al desarrollo de la cuantificación, que abocó al cuestionamiento del principio de autoridad como norma de verdad[2]”.

Como se puede apreciar el método abarca todos los campos del saber que permitió a la Universidad de Salamanca realizar una brillantísima contribución a la cultura universal. Si existe un amplio elenco de conocimiento en teología, derecho y economía no es menos cierto que se vislumbra su presencia en otros saberes concomitantes que afectan singularmente a la literatura, el desarrollo científico y médico. El Renacimiento fue una época de búsqueda del desarrollo total del conocimiento y aunque no lo consiguieran si lograron el discernimiento de nuevas materias separadas de la teología. La teología inundaba todo en aquella época, pero los padres Salmantinos fueron más allá.  Así el nacimiento de la ciencia del derecho, como algo independiente, se lo debemos a la Escuela de Salamanca y más en concreto a Francisco de Vitoria y a Domingo de Soto. Esa ampliación de los enfoques científicos progresó con rapidez en Salamanca.

A partir del establecimiento de un método, los discípulos de los grandes pensadores intentaron perpetuarlo y aplicarlo como característica básica de su estudio. De hecho, el mismo se puede sintetizar en tres pasos:

  1. La liberación del método de Escuela, en referencia única y vinculante a las órdenes religiosas respectivas y enfrentadas, que defendían el método utilizado por sus grandes maestros.
  2. La aplicación de los nuevos conocimientos especulativos y deductivos, que se habían obtenido desde la lógica a la ciencia teológica, recuperando así una teología especulativa.
  3. La presencia de un estudio positivo, especialmente de la Sagrada Escritura, que ocupará un lugar privilegiado en la lectura de acontecimientos históricos de primera índole.

  • La Escuela como institución oficial de consulta

La transformación del mundo que se generó en el Renacimiento, con la unificación de España, el desarrollo del Imperio y su presencia frente a la reforma o la conquista de América determinaron que tanto el Papa como el Emperador se dirigieran a los profesores de Salamanca buscando consejo.

No se trataba, en principio, de un consejo político o jurídico en cuanto a las situaciones existentes que para eso ya estaban los Consejos, sino que se planteaban cuestiones graves de orden moral cuya solución determinó el nacimiento de posiciones jurídicas, la creación del Derecho Internacional con Vitoria, la ciencia económica con Azpilcueta o de derecho natural y, lo que hoy llamaríamos constitucional, de la mano del concepto de Soberanía Nacional con Suarez como uno de los grandes representantes.

Esas consultas elevadas a Salamanca, por tener mayor conocimiento y especialización, determinaron la emisión de juicios, dictámenes e informes; fueron apremiados para que emitieran opiniones de tan hondas consecuencias que su intelecto estaba en permanente disposición al estudio e investigación, lo que creó en Salamanca un estado de opinión que generó pensamiento y acciones de dilatadas consecuencias. Los profesores salmantinos engendraron un bagaje cultural de acción conjunta en una socialización y especialización coordinada de saberes que dio lugar a una forma de pensar, investigar, percibir y valorar que produjo una cantidad de inventos e ideas novedosas de la más diversa índole que hicieron grande a la escuela de Salamanca.Como si se tratara de un proceso de porosidad, de ósmosis, el ambiente de elevación intelectual se extendió desde las universidades a la Corte y en ella se cultivaron otras facetas intelectuales y artísticas que muy probablemente sin Salamanca no se hubieran dado. No fue sólo un siglo de oro en Salamanca, fue el siglo de oro de la cultura española.

[1]M. Andrés Martín, “La facultad de Teología”. Forma parte de la obra “La Universidad de Salamanca. II. Atmósfera intelectual y Perspectivas de investigación (Salamanca 1990)” de diversos autores.

[2]Ana María Carabias Torres. “ La Escuela de Salamanca. Perspectivas de investigación”. Universidad de Salamanca. Serie papeles de trabajo. 2015.

En el próximo hilo los temas estudiados y las respuestas dadas. Es decir, lo que realmente hizo muy grande a la Escuela de Salamanca.

¿LLEGARON LOS CELTAS A GALICIA?

Dedicado a los que cumplían y a los que cumplen años el 11 de noviembre.

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Este es un asunto muy controvertido en Galicia por cuanto el sustrato celta, si es que existió, sirve de excusa a los nacionalistas para identificar Galicia como nación.

Dejaremos las “nacioncinas” patrias a un lado para intentar analizar la situación desde un punto de vista más científico, dentro de lo que en este corto espacio se puede profundizar.

¿Quiénes fueron los celtas?

Debemos remontarnos a la prehistoria para contestar. Encontrar certezas en unos orígenes que se remontan a la Edad del Bronce, es complicado. Pero algunas cosas se saben o se intuyen con cierta seguridad.

En una contextualización rápida debemos señalar que la terminología de Edad del Bronce se empleó por primera vez en 1820 y se debe al arqueólogo danés Chistian Jürgensen Thomsen. Con ella señala una época que se caracteriza en el Próximo Oriente y Europa por la aparición de la metalurgia (hay más indicios de edades metalúrgicas en otras partes de la Tierra, pero no coinciden cronológicamente). Jürgensen clasificó la Edad del Bronce en Bronce antiguo, Bronce medio y Bronce final. Aunque, normalmente, se suele ordenar por las etapas anterior (Edad del Cobre) y la posterior (Edad del Hierro).

La edad del Bronce final nos sitúa en torno a unos mil años antes de Cristo, por entonces, en centro Europa, existían una serie de tribus de perfil muy guerrero con elementos comunes de raíz indoeuropea. Tenían algunas costumbres comunes, no sabían escribir y sus lenguas tenían algunos términos semejantes. Es decir, no se trataba de una única tribu sino de varias y dispersas. El profesor Caro Baroja, en sus estudios etnográficos sobre el origen de la cultura, señala como, desde los primeros asentamientos, el hombre realiza algunas cosas igual que sus semejantes bien porque las condiciones geográficas o etnográficas así lo determinaron o bien, como también sostenía Levy, por el intercambio de habilidades, utensilios o formas de hacer  a través de las comunicaciones que nacían de unos poblados y al modo de los círculos concéntricos, como ondas expansivas, se van transmitiendo a otros pueblos. Estas pueden ser las razones para encontrar estos rasgos comunes entre tribus dispersas. Esos rasgos semejantes permitieron a los griegos unificarlos e identificarlos con un solo nombre: celtas. Entre esas tribus no había ni unidad política ni social y, tampoco está claro, identidad étnica (este punto no es posible asegurarlo ni desmentirlo con los hallazgos arqueológicos que poseemos). Aunque fueron los griegos los primeros que utilizan esa denominación, la mayor parte de las características de estos pueblos nos han llegado gracias a los romanos.

A partir de aquí, saber cómo se expanden los celtas se convierte en una tarea llena de especulaciones. Sabemos por los romanos que, en el S. IV a. C., los celtas atacaron lo que hoy es el norte de Italia y los Balcanes y parece que llegaron a Anatolia. En el Siglo II a. de C. los romanos dan cuenta de su presencia en “Hispania”, a pesar de que algunos autores suelen situarlos en la península desde el S. VIII.

Sobre su llegada a la península se mantienen tres teorías:

1) Plinio el Viejo afirma que los celtas tienen su asiento primero en la Lusitania y desde ahí ocupan el resto de la península.

2) P. Bosch Gimpera, establece la llegada de los celtas en razón a distintas oleadas invasoras desde Centroeuropa.  En la segunda de esas grandes oleadas, una de las tribus celtas (los sefes) en torno al siglo II a. de C., presionados por pueblos germánicos, bajaron hacia el Pirineo occidental. Desde allí se adentraron en la península en tres direcciones: hacia el norte, por la cordillera cantábrica, llegando a Galicia; por el centro hacia el oeste, acabaron en Salamanca y Extremadura y, hacia el sur, asentándose en torno al sistema ibérico, llegaron hasta Teruel, Cuenca y las estribaciones del sistema montañoso entre el maestrazgo y la sierra de Espadán (actual provincia de Castellón).

3) Señala que los celtas nacen en Galicia y desde allí se diseminan por Europa.

Fuera como fuese, estos pueblos celtas no entraron y se asentaron sin tener contacto con la población de la península. Su interacción es evidente. Una de las mejores pruebas estriba en que aquellos pueblos centro europeos que no sabían escribir, empezaron a utilizar la escritura íbera en las zonas que rondaban el sistema montañoso ibérico (celtíberos) y todos, en cualquier lugar de la península, comenzaron a hablar y a escribir en latín en cuanto se tropezaron con los romanos. Utilizaban el latín con las peculiaridades que les daban sus propias lenguas de origen, que no eran una sino varias, quizá todas de origen indoeuropeo, pero sin que los conocimientos actuales nos permitan una mayor diferenciación. De las lenguas celtas, sólo quedan restos vivos actualmente en el bretón, el córnico, el gaélico escocés, el galés, el irlandés y el manés. No en el gallego ni en el portugués.

En España, los trabajos de arqueólogos y lingüistas, no permiten obtener una teoría clara sobre el origen de los celtas en España ni de las lenguas que hablaban al llegar ni de la evolución de las mismas salvo lo ya señalado de su evolución dentro del latín.

Centrándonos en Galicia, ¿llegaron los celtas a Galicia?

Parece que llegar, llegaron. Ahora bien, como fue esa llegada y asentamiento es otra cosa.

En primer lugar, los restos arqueológicos en la Edad de Hierro nos hablan de una zona con pocos restos metalúrgicos y pocas armas. Por tanto, cabe hacer una primera conclusión: aquellos que se asentaron en Galicia no eran los feroces guerreros de Centroeuropa, o, si lo fueron, quedaron muy amansados tras su posicionamiento en España.

No podemos saber si tenían una identidad lingüística, por cuanto lo que nos ha llegado de su idioma es a través de las inscripciones en latín, sin que eso nos marque diferencias significativas frente a otras lenguas locales que se daban en zonas limítrofes y que nos han sido transmitidas de igual forma.

Por el contrario, sí había algo que los distinguía y acercaba a los celtas centroeuropeos: las construcciones megalíticas casi siempre funerarias, tan comunes en otros lugares europeos y los castros. Éstas se extendieron por otras zonas de la península, sobre todo, en la zona cantábrica y más concretamente en Asturias, de modo que no se puede decir que fueran exclusivas de aquellos pueblos asentados en Galicia, aunque sí, preeminentes en la zona.

Los castros son fortificaciones circulares cuyo origen se data en el siglo VI a de C. Con ellas se formaban poblados carentes de calles que se situaban en zonas naturalmente protegidas: promontorios, mesetas elevadas, revueltas de ríos, penínsulas. Se solían situar cerca de aguas dulces y no muy lejos de llanuras de pastoreo. Además de las defensas naturales, se solían proteger por fosos, parapetos y murallas que preservaban la zona habitada. En ocasiones, en sus cercanías o accesos había un torreón (castellas, en gallego).

Su mayor auge se cree que se dio en el S.II a de C. y con la llegada de los romanos se produjo un doble efecto, de un lado, se destruyeron algunos; de otro, los romanos reocuparon y reconstruyeron los castros para uso de sus propias tropas y población frente a los ataques de otras tribus.

De todos modos, la región debía tener algún rasgo propio que permitió a los romanos darle nombre común (Callaecia o Gallaecia, según los autores). Pero esa identidad puede ser por razones geográficas, por ejemplo, por diferencias frente a la cordillera cantábrica de las tierras colindantes, o por razón de las costumbres (entre las que cabe incluir los mámoa o los  Castros) o por otras que se nos escapan en la actualidad o por una mezcla de todas ellas.

Quien más ha estudiado la presencia, o no, de los celtas en Galicia fue el profesor Gerardo Pereira-Menaut (Santiago de Compostela, 1946-2015), entre otras cosas, Catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Santiago de Compostela.

Son varias sus obras publicadas a este respecto. Una de ellas, El celtismo de Galicia. Ciencia y leyenda reconciliadas, me sirve de inspiración en este hilo.[1]

No está tan claro para el profesor Pereira- Menaut que los celtas, con todas las características propias de las tribus centroeuropeas, se asentaran en Galicia. Es comúnmente aceptado por la historiografía que esta idea impregna el imaginario colectivo en el siglo XIX a través de los autores románticos. Los Románticos llevaron el nacionalismo por toda Europa con sus obras, especialmente en Alemania con Goethe. Ese romanticismo literario inspiró la política y, en España, unida a la inestabilidad política y las dificultades acaecidas durante la Restauración, impidieron una explicación coherente del idealismo de estos movimientos que nada tenían que ver con la historia real, generándonos unos problemas que aún padecemos.

El profesor busca fundamentos en tres líneas de investigación: autores clásicos, lingüistas y etnógrafos.

Ya hemos visto como algunas de esos caminos no nos llevan a ninguna conclusión clara.

En materia lingüística, añade, sobre lo ya visto, una crítica a los autores románticos que realizaban asociaciones de nombres, recogidos por los autores clásicos, queriendo darles un origen celta que no es demostrable. Es más, en las inscripciones romanas aparecen algunos nombres no romanos que pueden tener origen celta o de otras tribus asentadas en la zona, y siempre son palabras escasas que aparecen de manera puntual y no reiterada. Llegando a la conclusión primera de este hilo: la población estaba mezclada con otras tribus, de modo y manera que, si hubo celtas en Galicia, estos no estaban solos ni se mantuvieron aislados de esas otras tribus. Su desarrollo, no pudo ser muy diferente al de los celtíberos del nordeste.

Veamos la línea etnográfica. Pereira-Menaut, en la obra mencionada, afirma que “la genética no va nunca a establecer un “carnet de identidad genético celta”, sencillamente porque no existe tal cosa.”

Para estos estudios se fundamenta en lo que el profesor Ángel Carracedo (catedrático y director del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela)ha analizado y concluido desde hace más de dos décadas.

Carracedo asevera que “la genética sólo puede averiguar si un pueblo tiene un origen genético común o relacionado, por sus cromosomas o por el ADN mitocondrial”. Descartando, de esta forma, que la genética pueda confirmar que Galicia es celta.[2]

Lo que sí permite distinguir la genética es la existencia de dos grandes grupos genéticos en Galicia: uno que ocuparía la zona norte y centro, y otro que ocuparía el sur de Galicia y el norte de Portugal. Sin que se puedan sacar conclusiones generales al respecto. “Carracedo, en la conferencia “Los movimientos de población del Noroeste gallego a la luz de la genética” durante el III Congreso Internacional sobre la Cultura Celta (2011),confirmó que Galicia sirvió como refugio glaciary que, después de las glaciaciones, parte de esta población se desplazó a Inglaterra e Irlanda. Pero, a pesar de esta afirmación, quiso dejar claro que él, cuando se refiere a los movimientos de población, no habla de celtismo, ni de culturas o lenguas, sino de genética de los pueblos”.[3]

Hablaremos, por último, de un aspecto cultural, la música y en concreto de la gaita. La gaita es un instrumento muy extendido por toda Europa. Su origen es discutido, algunos señalan que su origen es indio, otros que nace en los pueblos babilónicos. Existen representaciones en Egipto en las que músicos tocaban un instrumento semejante a la gaita actual. Los celtas, los hebreos y los fenicios también lo utilizaron (posiblemente por su origen fenicio se extendió su uso por las Baleares). Es comúnmente aceptado que los romanos la extendieron a toda Europa, tanto en territorios supuestamente celtas como en otros que no lo son. A finales del S. XV este instrumento perdió popularidad, salvo en las regiones españolas de Galicia, Asturias, León, Cantabria, Mallorca y en las europeas de: Escocia, Inglaterra, Francia y la baja Bretaña. También en Suiza existe tradición gaitera.

Tampoco, por aquí vamos a encontrar una identidad propia de los celtas.

La realidad científica, parece que discurre por unos caminos ajenos a los que el relato imaginario (y a veces político), lleno de tergiversaciones históricas, pretende llevarnos. Eso no quita belleza a las leyendas de Breogán, de los druidas, a los monumentos megalíticos (Monte Seixo, entre otros), los petroglifos (el laberinto atlántico de Mogor, por ejemplo) o al sonido de la gaita. Pero, esas leyendas o supuestos misterios mágicos, como los sueños de Segismundo, leyendas son. Por lo menos, la ciencia, en este momento, no cuenta con elementos para darlos validez. Es posible que los nacionalistas tengan que remontarse nada menos que al Neolítico o, como muy cerca, a la Edad del Bronce, cuando casi nada se puede demostrar científicamente, para encontrar un elemento singular de Galicia ajeno a lo que es España; pero si lo analizan racionalmente, si hay que ir al S.VIII a de C. cuando nada era lo que es, es que no hay donde agarrarse para mantener esas teorías. En el S.VIII a de C. todos teníamos elementos diferenciadores y, al tiempo, todos empezábamos a ser iguales. Las tribus asentadas en la Península discurrían en común, se mezclaban y su devenir histórico fue el mismo, el que hace de España una nación única y espléndida.

[1]Gerardo Pereira-Menaut. “Elceltismo de Galicia. Ciencia y leyenda reconciliadas”. Museo de Pontevedra. 2007

[2]Entrevista al profesor Carracedo,  en el diario “ El Mundo” el día 15 de abril de 2011.

[3]Diario “El Mundo”, 15 de abril de 2011

Y CAYÓ EL TELÓN

El próximo 9 de noviembre se cumplirán 30 años de la caída del Muro de Berlín. Rompiendo, de nuevo, con el gran consejo del profesor Ferrero (el cual decía, recuerdo, que un tema no es histórico hasta que no han muerto todas las personas que lo vivieron), voy a tratar un tema que no sólo no está muerto, sino que es muy reciente. Ferrero diría que es puro periodismo, y es verdad, pero no deja de ser el corolario de algo que sí tiene mucho más de Historia (aunque no esté “muerto” del todo): la Segunda Guerra Mundial.

El final de la IIGM trajo múltiples consecuencias para todos los países de Europa, hubieran ganado o perdido la guerra, pero muchas más para los derrotados.

Desde 1941, los responsables de las principales potencias aliadas se reúnen periódicamente para coordinar acciones militares y, a medida que avanza la guerra y se vislumbra su final para tomar decisiones políticas.  Ya vimos al hablar de las causas de la IIGM que la coordinación de los aliados y la falta de la misma en las potencias del eje fue uno de los determinantes del resultado final de la contienda. Esas reuniones tuvieron carácter bilateral (EE. UU, Reino Unido- en adelante, R.U.-), en un primer momento, para pasar a ser tripartitas, con la inclusión de la U.R.S.S, en el periodo final.

Una de esas reuniones tripartitas fue la conferencia de Yalta (febrero de 1945). En la misma se tomaron decisiones sobre diversas materias, entre las que cabe destacar en el aspecto territorial, el establecimiento de las fronteras polacas y las zonas de ocupación de Alemania. De esta forma, sin que se hubiera establecido en Yalta un reparto del mundo se aplicó de hecho un condominio para dirigirlo por parte de dos superpotencias- USA y URSS- dejando al R.U en un segundo plano. Los flecos de Yalta se dirimieron en Potsdam (julio-agosto de 1945). Allí se fijó la división de Alemania en cuatro zonas de ocupación bajo el control de USA, R. U., Francia y URSS. Berlín, situado en la zona rusa, pasó a depender de un comité de ocupación conjunto, que responde a una bizona: rusa y “anglonorteamericanofrancesa”, germen de las dos futuras Alemanias: República Federal Alemana y República Democrática Alemana.

Así, Alemania se dividía; dejando atrás todo el esfuerzo de Bismarck y de todos los alemanes, como poco, desde los pre-románticos de finales del S XVIII hasta 1870. O no, porque aquel espíritu de unificación seguía soterrado; el orgullo alemán, herido; en la memoria, el saber que eran una única nación, y, en la voluntad, las ganas de volver a unirse.

El final de la IIGM mantuvo la unidad de los aliados de manera muy ficticia pero aparente hasta el final del proceso de Núremberg (1946). Después, la alianza daba paso a dos sistemas bipolares cuyos elementos diferenciadores no eran sólo geográficos sino de ideología y económicos. Se planteaba, así, un futuro con conflictos Este-Oeste bajo un “Equilibrio del terror”. Se vislumbraban sistemas de alianzas polarizadas entorno a dos grandes potencias y reduce al mínimo el número de países que se esfuerzan por mantenerse al margen de ambos bloques. La tensión se genera “ad extra” y “ad intra”. Es decir, primero, entre bloques, llamada “Guerra fría” y, segundo, dentro de los mismos bloques, especialmente en el oriental, por la ausencia de libertades y la imposición totalitaria soviética.

Ad Extra, el nacimiento de la tensión entre bloques se suele datar en 1947, con el cambio de política de Truman para provocar, de un lado, un rearme; sustituir a R.U en Grecia y frenar el avance comunista en el Egeo, apoyando, también a Turquía; de otro, establecer una “ayuda fraternal” a Europa con el plan Marshall. La consecuencia fue una presencia mayor de los americanos en Europa, se mantiene como potencia y estimula la Unión Europea y la OTAN. La respuesta soviética fue la creación del Kominform (oficina de información comunista) que vinculaba a todos los países de su órbita y a los partidos comunistas de occidente, especialmente, a los de Francia e Italia y la creación del Pacto de Varsovia.

Una de las manifestaciones de esa Guerra fría tuvo lugar en Berlín. El sector soviético de Alemania fue ocupado definitivamente por la URSS para crear la República Democrática Alemana. En su órbita geográfica estaba Berlín, si bien, no en su zona de influencia exclusiva. Los rusos maniobraron para forzar la unión de Berlín a su área de influencia. Hay que recordar que Berlín sólo se comunicaba con el lado occidental con una carretera y tres pasillos aéreos. Por eso, sin utilizar una sola arma, los rusos podían, y así lo hicieron, bloquear la ciudad, cortando la carretera e impidiendo el suministro de cualquier producto a Berlín. La respuesta americana consistió en establecer una especie de “puente aéreo” que suministró durante más de un año (de junio de 1948 a junio de 1949) miles de toneladas de víveres a los berlineses. La consecuencia fue que la Alemania occidental se inclinó definitivamente hacia las posiciones occidentales y que los rusos no pudieron adherir bajo su dominio todo Berlín. Pero la ciudad quedó dividida.

Ad intra”, es decir, los conflictos dentro de cada bloque, tienen su manifestación en el occidental, en las posiciones de la Francia de De Gaulle con una expansión de armas nucleares, el bloqueo de la entrada de R.U a la Unión Europea, al considerarla demasiado pro americana, o el reconocimiento de la China de Mao. Pero peor fue en el bloque soviético: el octubre polaco (1956); la revolución húngara del mismo año; el nacimiento de otros partidos comunistas con tanta fuerza como el soviético- China- hacen que una ola de desencuentros y búsqueda de libertades se dé en todos los países del este de Europa. Paralizados siempre por los soviéticos, siempre de manera violenta, con aplastamientos militares, como harán posteriormente, en 1968, durante la llamada “Primavera de Praga” o como ocurrió en la propia Alemania en 1953, cuando una huelga de obreros de la construcción se convirtió en un levantamiento general contra el gobierno.

No es de extrañar que los obreros de la RDA se declararan en huelga. Casi desde la separación, la economía fue el punto débil del lado soviético. Pero, además, en la República Federal gracias a la ayuda norteamericana y al esfuerzo y tesón alemán, la economía florecía en el llamado “milagro alemán”. Alemania Federal crecía exponencialmente y la República Democrática- que sólo tenía de demócrata el nombre- seguía en un empobrecimiento paulatino, lo que provocaba que miles de alemanes orientales pasaran todos los días al otro lado para trabajar.  Por la frontera de Berlín, entre 1941 y 1961, tres millones de personas abandonaron la RDA. Aquella frontera fue también la vía de escape de muchos polacos y checos.

En 1961, la noche del 12 de agosto, el gobierno de Alemania oriental erigió una barrera alambrada en la zona oriental llamada oficialmente “barrera de protección antifascista” que en occidente se denominó “Muro de la vergüenza”. Se argumentó que estaba destinada a que los espías de la RFA no se pasaran a la RDA. La realidad es que se levantó para evitar que se marchara la población de la Alemania oriental a la occidental.

Durante los días siguientes se incautaron algunas de las casas aledañas y se empezó la construcción de un muro de ladrillo de 155 kilómetros de extensión por 3,6 metros de alto y, con doble pared, llamada “franja de la muerte”, rodeado de innumerables sistemas de seguridad y torres de vigilancia.

En la Historia Contemporánea, más cuando es tan reciente, y tal y como puso de moda la Escuela francesa de los Annales, como explicamos en su momento( DE LOS ANHELOS A LOS ANALES)la Historia no se explica sólo por los acontecimientos sino de manera integral, con la sociología, la literatura, el arte etc., del momento. Son muchas las obras de arte que han rodeado al muro bien por su denuncia bien por la alegría de su derribo. Suele tenerse por alegórica contra el belicismo y el autoritarismo la canción ‘The Wall’, de la banda Pink Floyd, así como la película homónima dirigida por Alan Parker.

https://www.youtube.com/watch?v=fvPpAPIIZyo

En los 28 años de existencia del muro, se estima que más de 100.000 personas intentaron pasar el muro, pero pocos alcanzaron el otro lado. No se sabe el número exacto de fallecidos, pero se cree que rondaron los dos centenares. El primero fue Gunter Liftin, un hombre de 24 años que se convirtió en una figura emblemática y a la que se recuerda en un monumento en la zona en la que estaba el muro.

La construcción del Muro de Berlín tuvo un gran impacto en la política mundial y nacional: hubo familias enteras separadas por la construcción del muro. Políticamente, constituía un referente del totalitarismo. Para Alemania y, más para Berlín, fue un recuerdo ingrato permanente. Para occidente, constituyó una vergüenza y así se llamó también,” muro de la vergüenza” y en todos los demócratas despertó el deseo de su derribo.

Famosa es la visita de Kennedy a Berlín en 1963 en solidaridad con los alemanes retenidos tras el Muro y en favor de la libertad. El famoso “Yo soy berlinés “que ha quedado como un símbolo de la libertad frente al totalitarismo:

https://www.youtube.com/watch?v=zVg_bGfk_O4

Al Muro también se le llamó “Telón de acero” o cortina de acero. El cine también tuvo algún recuerdo, además del” The Wall” nombrado anteriormente, destacamos la fabulosa “Cortina rasgada” de Alfred Hitchcock, con Paul Newman y Julie Andrews de protagonistas.

https://www.youtube.com/watch?v=sO7ZUOyr8Rc

Aquel sueño de derribar el muro lo reflejó muy bien David Bowie en “Héroes”: (Yo, yo puedo recordarlo… /en pie, al lado del muro. / Y las pistolas disparando sobre nuestras cabezas. /-sobre nuestras cabezas-Y nos besábamos/ como si nada pudiese caer…/ y la vergüenza estaba en el otro lado, /oh, podemos derrotarles, para siempre. / entonces podemos ser héroes sólo por un día).

https://www.youtube.com/watch?v=bsYp9q3QNaQ

Y llegó el día en el que el Muro cayó. Sin pretender ser exhaustivos porque todos los hechos históricos tienen causas múltiples, centrándonos en las más significativas, señalaremos que, el mundo oriental estaba en crisis, la política de Ronald Reagan, especialmente en la carrera espacial;  la presión polaca, de Solidaridad, de Lech Walesa en contra del gobierno comunista, apoyada por americanos, por los británicos de Margaret Thatcher y, sobre todo, por la Iglesia Católica, más en concreto desde que Karol Wojtyla  fue nombrado Papa como Juan Pablo II, hicieron que el este viviera en una crisis permanente. No fue sólo una crisis económica, sino que la economía derivó en crisis política y ambas crearon en la población una falta de identidad con el régimen. En aquellos años,Gorbachov, jefe de Estado de la Unión Soviética, pretende dar solución a los problemas internos abriendo el bloque soviético al mundo (la perestroika). En 1985 se inicia un proceso reformista cuya finalidad era preservar el comunismo y el poder de la Unión Soviética, pero la consecuencia fue la disolución de la URSS y de todo el bloque del este. Por el contrario, el jefe del gobierno de la RDA, Erich Honecker, se oponía a cualquier intento de renovación. Las disensiones internas del bloque soviético pusieron a prueba su integridad en cuanto la población empezó a buscar las grietas por las que adquirir su añorada libertad.

Cada vez más gente se oponía al régimen comunista y pedía una renovación profunda. En las semanas previas a la caída del muro de Berlín, se produjeron multitudinarias manifestaciones en ciudades como Dresden, Leipzig y la propia Berlín pidiendo la dimisión del gobierno y la modificación de la dictadura comunista en una democracia liberal. Se acrecentaron las afiliaciones a organizaciones que se oponían al régimen. La puntilla llegó por la apertura de la frontera entre Austria y Hungría en mayo de 1989. Ya hacía tiempo que muchos alemanes de la RDA emigraban a Hungría y Checoslovaquia con la intención de pedir asilo político en la embajada de la RFA. Se ocuparon las embajadas en esos países e, incluso, los alemanes que no pretendían huir de la RDA pedían reformas importantes.

Ante la presión, las autoridades alemanas anunciaron, el día 9 de noviembre, que dejarían de pedir visado para viajar el oeste. En ese momento, de manera espontánea, la población berlinesa del este, se lanzó a derribar el muro; la policía de la RDA, al verse desbordados por la muchedumbre y sabiendo que en el lado occidental las tropas alemanas y norteamericanas no aceptarían una represión como la que había ocurrido en la plaza de Tiananménen China poco antes (4 de junio de 1989), se limitaron a ser espectadores de excepción de aquel hecho histórico.

Sin intervención militar, se despertó una euforia colectiva que destruyó el Muro y que fue transmitida en directo por las radios y las televisiones. La gente que lo escuchaba por la radio y lo veía por televisión se acercó a unirse a la acción del pueblo alemán contra el muro que simbolizó la represión durante 40 años. Desde un lado y otro de la frontera, el muro fue derribado.

Como esto tiene mucho de periodismo, recordando de nuevo a mi admirado profesor Ferrero, vayamos a ver que nos decían los periodistas aquel día. Acudamos a los archivos de las televisiones, en este caso, al archivo de RTVE, por ejemplo, al de Informe semanal:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semanal-dia-cayo-muro-berlin/586264/

El mayor tramo del Muro de Berlín (1,3 kilómetros) que se conserva fue convertido en la East Side Gallery, la mayor galería de arte al aire libre del mundo. En ese kilómetro existen multitud de grafitis hechos por artistas de más de una veintena de países que documentan los cambios en Europa tras la Guerra Fría. Esto sí es memoria histórica. Uno de los más famosos es el del beso entre el líder ruso Leonid Brezhnev y Erich Honecker, presidente de la República Democrática Alemana.

Thousands Protest Removal of Wall

Aquel 9 de noviembre, se empezó a intuir que otro paso debía darse, el de derribar las fronteras nacidas de Yalta. Existía la esperanza, pero en aquellos primeros meses, quedaba aún lejos la certeza. El grupo alemán Scorpions, en una de sus más famosas baladas,“Wind of change”“viento de cambio” lo explicaba así: El mundo acercándose, / ¿pensaste alguna vez/que podríamos estar tan juntos, / como hermanos? /El futuro está en el aire, / puedo sentirlo en todas partes,/
soplando con el viento de cambio./ Llévame a la magia del momento,/en una noche de gloria./Donde los niños del mañana sueñan/con el viento de cambio./Caminando calle abajo,/recuerdos distantes/están enterrados para siempre en el pasado.

https://www.youtube.com/watch?v=QFI3eLA33IQ

La reunificación alemana tras la absorción jurídica de la República Democrática por la República Federal, dando lugar a la Alemania que conocemos hoy, se produjo el 3 de octubre de 1990. Pese a todos los esfuerzos del este, la unificación discurrió con suma rapidez. La homogeneización interna está costando un poco más, si bien, podemos decir que” otro milagro alemán” está ocurriendo ante nuestros ojos.