Como cada año, cerca del 24 de septiembre una entrada sobre arte, siempre en recuerdo de mi madre, aunque este año tengo que agradecer a mi amiga M.ª José B. la inspiración y aportación bibliográfica, para poder realizar esta entrada.
El tapiz como elemento artístico, decorativo y de lujo.
La explosión de la industria del tapiz se produjo en el siglo XIV cuando alcanzó la condición de arte oficial en la vida pública y en los entornos aristocráticos y cortesanos. Eran elementos esenciales en las decoraciones interiores y exteriores de edificios, en las plazas de toros, en los bautizos, bodas, ceremonias y fiestas de lo más variopintas, incluidas exequias o canonizaciones.
Su propia naturaleza los convertía en obras de fácil transporte, se enrollaban, doblaban y se expendían sin que los hilos sufrieran en demasía.
Realizados con materiales nobles: sedas, lanas, algodones que se teñían de manera especial con tintes obtenidos de plantas o animales. Rojos: de la cochinilla, la raíz de rubia o el palo de Brasil. Azules: extraídos principalmente del índigo (añil). Amarillos: creados utilizando azafrán, zumaque o flor de cempasúchil. Negros y marrones: logrados mediante cortezas, nuez de agalla o mezclas complejas etc.
En la época medieval y el Renacimiento obtuvieron fama maestros tintoreros andaluces, herederos de las técnicas que trajeron los árabes. No será hasta el Siglo XVIII cuando se empiecen a introducir las anilinas y tintes químicos para lograr gamas de colores más estables, brillantes y uniformes.
Los tapices, además de elementos de adorno, constituían modos de mejorar las condiciones térmicas de los edificios. Asimismo, eran elementos de propaganda, bien de las grandes victorias reales, bien como elementos para la transmisión de la devoción, y, andando el tiempo, como muestra de costumbres nobles o populares. A las fuentes clásicas, bíblicas y mitológicas, se sumaron en el Siglo XVIII obras literarias que alcanzaron el rango de ejemplares y de las que surgió una nueva mitología “El pastor Fido” de Guarini, “Jerusalem liberada” de Tasso, “el quijote” de cervantes”[1]…
Ese contenido era creado por los dibujantes, los realizadores de los cartones, que servían para el calco de los motivos que, posteriormente, bordaban los tejedores.
Dado que los cartones suponían un encargo caro, se abarataba su creación con la posibilidad de tejer simultáneamente en diferentes obradores y telares los cartones entregados a los tapiceros.
En un primer momento temporal, los tapices alcanzaron grandes dimensiones. Los cartonistas hacían modelos monumentales que permitían mayor expresividad y carácter didáctico a las historias incluidas en sus dibujos y los tapiceros conseguían en las grandes dimensiones lucir sus habilidades, dar profundidad, luminosidad y diversidad cromática en esos tapices. En la faceta artística, la pugna entre ambos gremios permitió el triunfo aparente de los cartonistas por ser los que inventaban e imaginaban, la prueba de la auténtica creación y, sin embargo, su obra sucumbía en manos de los tapiceros, de su habilidad con los telares (sólo se consideran tapices las obras ejecutadas manualmente en telares en las que los motivos decorativos se crean al tiempo que el mismo tejido, de los recortes y adaptaciones que hicieran de los dibujos, de la composición colorista y la buena conjunción de hilos a veces de seda, en ocasiones de lana y también de plata y oro…. Por esa misma razón los cartones tenían un lugar secundario frente a los cuadros en las obras pictóricas. Precisamente, por el manejo posterior que recibían los cartones, pintores como Rubens, Jordaens o, Goya hicieron grabados o conservaron los originales que enmarcaron.
Estas producciones textiles al depender de la pintura fueron un reflejo fiel de la evolución de la técnica, los estilos, las composiciones o la temática pictórica del momento.
El tapiz en España. Evolución
En España, el tapiz no fue solo decoración también adquirió carácter funcional. Fue propaganda política, aislante térmico en los palacios de piedra, y símbolo de poder, además de elemento de lujo en un momento en el que la vida intentaba pasar de la mera supervivencia a la vivencia. Se había terminado la Reconquista, con todos los problemas que en el desarrollo y prosperidad española había tenido; el imperio comenzaba a imponerse y a imponer sus designios. En ese ambiente, el tapiz constituía un elemento de adorno y lujo, de calefacción y aislamiento, que se podía transportar de un palacio a otro. En el Alcázar, en El Pardo o Valladolid hacía un frío extraordinario y el tapiz aislaba de las bajas temperaturas exteriores. Un tapiz podía llevarse de viaje y publicitar la historia del rey a lo largo de todos sus dominios o calentarlo mismo las pareces de los palacios españoles o de los borgoñones, por eso, un tapiz, en aquella época, valía más que un cuadro.
En una primera etapa debemos hablar del tapiz flamenco en los Siglos XV – XVI.
España no tejió tapices en la Edad Media. Los importó. Y ello debido a la Influencia Borgoñona que se consolidó en el reinado de Carlos I y Felipe el hermoso. Llegaron con el gusto por los tapices de Bruselas, Arras y Tournai.
Obras clave de esta época son:
“Los Honores”, tejida por Pierre van Aelst sobre cartones atribuidos a diversos pintores, principalmente Van Orley y Gossaert de Mabuse. La forman nueve paños alegóricos: “Fortuna”, “Prudencia”, “Sabiduría”, “Justicia”, “Vicio”, “Fama”, “Honor”, “Fe” y “Nobleza”. En su conjunto, esta serie de tapices, creada en 1520 para conmemorar la coronación de Carlos V como Emperador del Sacro Imperio Romano, nos recuerda las virtudes necesarias para gobernar, los vicios que un rey debe evitar… y la recompensa a una buena gestión: el honor y la fama. https://www.galeriadelascoleccionesreales.es/obra-de-arte/la-gracia-publica-los-honores/2d003608-f821-4613-93b5-1cf21102f5c0
La serie «La Conquista de Túnez» de Carlos I, tejida en Bruselas. 12 piezas enormes para celebrar su victoria de 1535.
De gran importancia es también la serie “El Apocalipsis”, compuesta por ocho paños tejidos antes de 1561 para Felipe II por Wilhelm Pannemaker y Jan Gheteels sobre cartones atribuidos a Van Orley.
Otras tapicerías del siglo XVI que merecen una mención especial son “Los trabajos de Hércules”, por Gheteels, y tres paños de “Las fábulas de Ovidio”, por Pannemaker. La serie de La creación del hombre, sobre cartones de Michael Coxcie.
Mención especial debe recibir la “Serie de los Grotescos”. Es un conjunto excepcional de diez paños flamencos tejidos en Bruselas en la década de 1550. Adquiridos por Felipe II a partir de la herencia de María de Hungría, destacan por su fantasía visual y su riqueza botánica. Los paños guardan la particularidad de no tener representado ningún tema concreto ni narrativa específica, sino que se desarrollan, sobre campo de color rojizo, una serie de elementos de lacerías, decoración arquitectónica y figurativa, a lo que debe sumarse la inclusión de monos realizando diversas actividades. Se manifiestan en un estilo meramente ornamental. https://www.galeriadelascoleccionesreales.es/obra-de-arte/monos-trepando-por-columnas/27c266bd-d651-4102-b21c-3e1b565712e0
Los tapices renacentistas de los reinados de Carlos V y Felipe II son los de mayores dimensiones, con alturas superiores a los cinco metros y longitudes que superan los diez metros. Estas series monumentales basadas en asuntos históricos y alegóricos, fueron concebidas como espejos de príncipes y crónicas de sus conquistas. Para ello se apoyaban en extensos programas iconográficos redactados por humanistas, historiadores y pintores de corte.
Las tapicerías vinculadas a los reinados de Felipe III y Felipe IV, y al gobierno de los archiduques de los Países Bajos, Alberto de Austria (1559-1621) e Isabel Clara Eugenia (1566-1633), fueron difusoras de las grandes alegorías barrocas de la Contrarreforma, como el Triunfo de la Eucaristía de las Descalzas Reales, donde se manifiesta el cambio de gusto y la introducción de nuevas técnicas vinculadas a la labor de Pieter Paul Rubens como maestro cartonista.
Todos ellos son propiedad de Patrimonio Nacional y se conservan principalmente en el “Museo de Tapices”.
Un segundo periodo es el del “Siglo de Oro”: El auge y la Real Fábrica de Tapices. S. XVII – XVIII
España pasa de comprar a fabricar.
Con Felipe II se creó el «Guardarropa Real de Tapices». Tenía más de 7.000 paños. Mandaba tejer en Bruselas y Amberes con cartones de Tiziano, Rubens, etc.
Pero fue Felipe V quien consiguió dar un cambio radical a la producción nacional de tapices. Ante la alta demanda de los Sitios Reales, Felipe V decidió fundar la Real Fábrica de Tapices en Madrid en 1721, contratando al tejedor flamenco Jacobo Vandergoten.
Fue fundada a imitación de los talleres reales franceses tras la interrupción de la importación de tapices flamencos tras la Paz de Utrecht. Se instaló en lo que entonces era las afueras de Madrid. Posteriormente se creó otra para los tapices de alto lizo, más modernos (la diferencia entre el bajo lizo y el alto lizo está en la disposición de los hilos de la urdimbre en horizontal (bajo. Resultando un trabajo más tosco, menos detalles, pero más rápido de elaborar y más barato) o en vertical (alto. Resultado más fino y más detallista. Es el modo de los grandes artistas).
Fue Fernando VI al unificar la producción en una sola fábrica y Carlos III al impulsar la producción los que realmente ampliaron y engrandecieron la producción de tapices en España. Desde 1889 la Real Fábrica de Tapices se encuentra en el barrio de Pacífico en Madid, sigue en pleno rendimiento y se puede visitar.
En la Real fábrica se tejían cartones de todo tipo, siempre de grandes pintores. Con Fernando VI se llamó a pintores italianos y franceses, y también españoles como Andrés de la Calleja y Antonio González Ruiz. Se renuevan también los temas, que abarcan ahora mayor variedad. Pero, como dijimos, será con Carlos III y la dirección de Antonio Rafael Mengs (ayudado por el arquitecto Sabatini y otros artistas) cuando la fabricación de tapices alcance todo su esplendor. El checo, que también fue pintor de cámara y uno de los fresquistas más importantes del S. XVIII introduce un concepto neoclásico en la composición, cercana a los aspectos costumbristas con tipos y paisajes españoles. No era sólo importante ensalzar al monarca, sino que había que, por expreso deseo real, era necesario ensalzar a España y a sus gentes. No en vano Carlos III ha sido uno de nuestros reyes más cultos e inteligentes. Se contrató como cartonistas a excelentes y jóvenes artistas españoles, destacando por encima de todos Francisco José de Goya y Lucientes.
Entre 1775 y 1792 Goya pintó 63 cartones para tapices. Fue su primer trabajo en la corte madrileña. Fue él quien logró conjugar en su quehacer los estilos de las escuelas anteriores y crear uno propio, que en adelante caracterizó a la Real Fábrica hasta su declive tras el reinado de Carlos IV y la Guerra de Independencia.
Los tapices de Goya no eran para palacio, eran para el dormitorio y comedor de los Príncipes de Asturias en El Escorial y El Pardo. En su mayoría representan temas bucólicos, cinegéticos, rurales y populares y en todos ellos predomina la búsqueda de proporcionar alegría y color en las estancas en las que se colocaran. Los cartones para tapices de Goya están estructurados en siete series, cada una con diferente número de obras y temática. Un rasgo común a todas ellas es la presencia de asuntos campestres y de diversión popular. Solo la primera muestra temas relativos a la caza. Se calcula que, de aquellos cartones, 60 se encuentran en el Prado y otros en colecciones privadas como la de Pedro Fernández Durán y José Lázaro Galdiano, permaneciendo en España. Entre las pinturas más conocidas destacaremos, «La gallina ciega», «El quitasol», «La vendimia». https://www.museodelprado.es/video/los-cartones-de-goya-en-el-museo-del-prado/c7ebef55-1a6e-4fb4-b57b-597800c7c20d
Otros artistas destacados fueron Velazquez que pasó a tapiz “La Rendición de Breda».
Un tercer momento histórico de los tapices hay que situarlo en los Siglos XIX – XX.
Durante el S. XIX, con las desamortizaciones y la pérdida de las provincias de ultramar, la corte dejó de encargar. La Real Fábrica de tapices sobrevive haciendo alfombras y restauraciones. Las alfombras no eran una novedad ya desde los tiempos de Felipe II, Felipe III y Felipe IV se hacían.
En el S. XX el tapiz se convierte en arte de vanguardia. España vuelve sobresalir en este arte. Se deja de copiar cartones y los propios artistas tapiceros diseñan sus obras. Es la época de:
- La Escuela de Tapices de San Cugat del Vallés, Barcelona. Creada en 1907. Recupera la técnica del alto lizo medieval. En ella trabajaron Miró, Dalí, Tàpies. https://houseofquintana.com/products/38-dali-tapiz.
- Tapices de Picasso. Algunas obras del maestro malagueño se convirtieron en tapices. Así el «Guernica» se tejió en tapiz en 1955 en la Manufactura de los Gobelinos de París por encargo de Nelson Rockefeller.
- Nace el llamado “Movimiento de Lausana”. Entre los años 60-70, artistas españoles como Josep Grau-Garriga llevan el tapiz a la abstracción. Ya no es narrativo, es escultura textil. https://www.soskine.com/es/artistas/josep-grau-garriga/obras?view=thumbnails
En el S. XXI, la técnica del tapiz en España para por la Real Fábrica que sigue funcionando, aunque trabaja con diseños más actuales. Contando en ocasiones con artistas como Manolo Valdés, Carlos Pérez Villalta o Ágata Ruiz de la Prada. La producción se destina casi exclusivamente a la decoración. https://realfabricadetapices.com/agata-ruiz-de-la-prada-dona-un-diseno-para-la-elaboracion-de-una-alfombra/
Por otro lado, existe una actividad de conservación y restauración de nuestro patrimonio desde la colección de Patrimonio Nacional que cuenta bajo su protección más de 3.000 piezas. Además, se conservan colecciones históricas en lugares como el Monasterio de las Descalzas Reales (Madrid), el Monasterio de las Huelgas (Burgos) y el Museo de los Tapices de la Colegiata de Pastrana (Guadalajara). Estas obras se acercan al gran público mediante exposiciones como la que se puede ver en la Galería de Colecciones Reales en Madrid.
Asimismo, se han preservado modos de hacer típicamente españoles que han obtenido el reconocimiento internacional como el nudo español que ha sido declarado patrimonio inmaterial de la humanidad
España atesora la colección de tapices más representativa de Europa.
BIBLIOGRAFÍA
Desperta Ferrro: https://www.despertaferro-ediciones.com/2025/la-jornada-de-tunez-de-carlos-v-cartones-tapices-para-la-historia/
HERRERO CARRETERO, Concepción. – “La fábrica de tapices de Madrid. Los tapices del Siglo XVIII. Colección de la corona de España”. Tesis doctoral. Ed. UCM.1993
HERRERO CARRETERO, Concepción. – “Vocabulario Histórico de la Tapicería”. Ed Patrimonio Nacional. 2008.
Página Web de la Real Fábrica de Tapices. https://realfabricadetapices.com/.
[1] Vocabulario Histórico de la Tapicería. Ed Patrimonio Nacional. 2008. Concha Herrero Carretero