DE LOS ANHELOS A LOS ANALES

 

El otro día, oía los comentarios deportivos en la radio. Se transmitía una competición muy importante en la que un español resultó ganador por segundo año consecutivo; lo que le había reportado, a su vez, obtener los puntos suficientes para alcanzar el campeonato del mundo de la especialidad. Entre los comentaristas se encontraba un deportista de la misma materia, ya retirado, que fue el primer español en ganar la carrera en cuestión. Comentando el logro de este año, el antiguo campeón señalaba lo rotundo e importante de la victoria, pero sin olvidar que él fue el primero en conseguirla, lo cual “le haría pasar a los anhelos” (sic). Evidentemente, quería decir que iba a pasar a los anales.

Supongo que no es el primero ni el único que tienen dificultades para saber qué es eso de los anales. La palabra deriva del latín “annālis”, que viene de “annus” la cual quiere decir “año”, más el sufijo “al” que hace referencia a “relativo a”.  Los anales​ son una forma de relato histórico que registra los hechos cronológicamente, año por año.

Esta forma de disposición de los acontecimientos sucesivos encuentra vestigios en varias civilizaciones (en Egipto, con la piedra de Palermo, por ejemplo). Pero desde un punto de vista historiográfico, el relato cronológico encuentra su asiento en la antigüedad romana. Aunque, la titularidad de esta forma de narrar se suele atribuir a Tácito. La obra de Cornelio Tácito se divide en Anales e Historias. Aunque no está clara la división en estas dos categorías existe la convención de que por “Historias” se entiende la narración de los hechos que han llegado al autor por propia observación, mientras que los “Anales” son el registro anual de los acontecimientos de tiempos anteriores. Aunque no está nada claro si esta división es del propio Tácito o de sus seguidores.

Por otro lado, no conviene confundir la disposición de la narrativa histórica de Tácito con una de las escuelas historiográficas más destacadas: la “Escuela de los Annales”. Se llama así a una corriente historiográfica francesa, fundada por Lucien Febvre y Marc Bloch en 1929, que ha dominado prácticamente toda la historiografía francesa hasta nuestros días y ha tenido una enorme difusión en el mundo occidental. Su forma de trabajar a través de preguntas y respuestas intenta imitar el método científico. Pero, por encima de todo, lo que caracterizó y caracteriza a la escuela historiográfica francesa de la que nos ocupamos es que, a diferencia de la historiografía clásica, no se basan sólo en analizar los acontecimientos políticos, sino que buscan un concepto analítico holístico comprensivo de todo lo que circunscribe la vida del ser humano: la política, la economía, los aspectos sociales, ideológicos…y sus interrelaciones. A ello une la técnica de mirar más allá de la reproducción de los simples hechos para basarse en la interpretan desde los propios conceptos y subjetividad del historiador.

Nuestro ilustre deportista sabía que, desde el anhelo de ganar al triunfo, hay un trecho. Pero, si se gana, se hace historia y queda registrada anualmente en los catálogos de acontecimientos destacados. En los anales.

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LA OBTENCIÓN DEL SUFRAGIO UNIVERSAL FEMENINO EN ESPAÑA.

Antes de adentrarnos en los detalles que rodearon la obtención del derecho al sufragio por las mujeres en España en 1931, señalaremos una serie de datos que enmarquen el contexto en el que se adquirió este derecho.

Ámbito internacional

  • El sufragio universal masculino se logró en Europa por primera vez en Grecia en 1822. En Gran Bretaña, se obtuvo, sin límites, en 1918, el mismo año que las mujeres, aunque la igualdad en la edad mínima no llegó hasta 1928.
  • En el derecho comparado, pasa por ser Nueva Zelanda el primer país en reconocerlo, en 1893. Si bien, esto no es del todo cierto, por cuanto, la capacidad para ser elegidas en el país de Oceanía no se obtuvo hasta 1919.
  • En Europa, las mujeres pudieron ejercer su derecho a voto, activo y pasivo, por primera vez en Finlandia (entonces una región del Imperio ruso), en 1907. Fue la primera región, después Estado, en tener diputadas. Le siguieron pocos años después Noruega y Suecia.
  • En 1917, tras la Revolución rusa, se logró el sufragio universal femenino en Rusia. En 1918, lo obtuvieron las británicas. En 1919, las alemanas. Hasta 1944 no lo lograron las francesas.

En España

  • Los hombres votaron bajo sufragio universal de manera definitiva desde 1890.
  • Las mujeres lograron el sufragio femenino pasivo en las Cortes de Cádiz en 1812. La mujer podía ser elegida diputada en Cortes, aunque ella no pudiera votar.
  • La primera vez que las mujeres ejercieron su derecho a voto fue en el Cantón de Cartagena en 1874.
  • Durante la Dictadura de Primo de Rivera, en 1924, se logra el derecho al sufragio universal femenino, pero con las siguientes restricciones:
    • Sólo podrán votar en las elecciones municipales.
    • Sólo podrán votar las mujeres cabezas de familia, es decir, solteras emancipadas o viudas.
  • Como en la dictadura nunca se celebraron elecciones municipales, nunca pudieron ejercer el voto en este periodo. Aunque, cabe señalar como antecedente, siendo generosos, el plebiscito que organizó la Unión Patriótica, el partido único de la Dictadura, entre los días 11 y 13 de septiembre de 1926. Como señala González Calleja, la convocatoria pretendía que la sociedad expresara su opinión sobre la conveniencia de crear una Asamblea que coadyuvara a la gobernación del Estado. Aunque fue publicitado con el nombre de plebiscito, no fue un referéndum sino una recogida de firmas. Participaron hombres y mujeres mayores de 18 años.

En este contexto se ve que España, si bien no fuimos los más rápidos en reconocer este derecho, en algunos aspectos estuvimos entre los primeros. Además, fuimos el primer país de habla hispana en obtener el reconocimiento.

DEBATE DE 1931

La discusión sobre la conveniencia de reconocer el derecho al voto a todas las mujeres se extendió de las Cortes a la sociedad y viceversa. Veremos ambos aspectos.

Los debates sobre esta cuestión tuvieron lugar el 30 de septiembre y el 1 de octubre de 1931 en el contexto deliberativo sobre el contenido de la constitución de 1931. En ellos observaremos que, en el maremágnum de los partidos políticos de la Segunda república, fueron el Partido Republicano Radical y los partidos de la derecha los favorables al voto femenino y, por el contrario, los partidos de izquierdas los que se negaban al reconocimiento, con algunas escisiones internas como fue el caso del PSOE en el que unos votaron a favor y otros en contra.

Más curioso aún es ver las posiciones de las tres únicas diputadas en Cortes: Victoria Kent, del Partido Republicano Radical Socialista, que formaba parte del gobierno en el primer bienio de la II República y en el que detentaba la Dirección General de Prisiones, Margarita Nelken, diputada en los tres bienios de la República por el PSOE, y Clara Campoamor, miembro del Partido Republicano Radical situado en el centro del espectro político del momento. La última fue la que defendió el proyecto, mientras que las otras dos se opusieron.

En la sesión del día 30 de septiembre se oyeron los primeros discursos. Alguno de ellos de contenido delirante.

Así el diputado Hilario Ayuso defendió una enmienda en la que proponía que la edad mínima para ejercer el derecho a voto en los varones fuera a los veintitrés años y en las mujeres, a los cuarenta y cinco.

En representación de la Federación Republicana Gallega, Roberto Novoa Santos, catedrático de patología de la Universidad de Madrid, afirmó que la mujer no se caracteriza por la reflexión y el espíritu crítico sino por la emoción y todo lo que tiene que ver con los sentimientos. Basándose en el psicoanálisis sostenía que el histerismo es consustancial a la psicología femenina. Supongo que el diputado no sabía que Freud fue un gran misógino. Pero también recurrió a uno de los grandes argumentos en contra de la concesión del derecho al voto a la mujer: el miedo a que la misma fuera dominada, por su religiosidad, por el clero y su voto, en consecuencia, se inclinara a la derecha.

Esa era la verdadera y primera razón que subyacía en la negativa de la izquierda a aprobar el ejercicio del derecho al voto femenino.

No sólo el debate parlamentario abusó de este argumento, sino que en la prensa se inició un debate apasionante entre los favorables a estas tesis y los contrarios a las mismas:

Matilde Huici, señalaba en el diario “El Sol” que “(…) entre ellos y las mujeres de sus familias y las de sus electores se interpone otro hombre- el cura- por el cual ellos se confiesan vencidos”

Por el contrario, en el mismo diario, Gregorio Marañón, señalaba que se “exagera mucho la influencia del confesor”.

En este sentido y también en “El Sol”, Miguel de Unamuno se mofa de estas especulaciones. Señala que, los que se oponen a autorizar el voto de las mujeres desconocen lo que son las mujeres y lo que es el clero español. Critica a Freud y a los que tildan de histéricas a las féminas. Asimismo, aprovecha la ocasión para poner de manifiesto el cinismo de los que han realizado determinadas reformas sociales, en las que no temen al clero, pues esperan ser ellos- los autores de las reformas- los que moldeen la voluntad femenina. Pongo a continuación el enlace al texto de Unamuno porque no tiene desperdicio.

http://www.filosofia.org/hem/dep/sol/9311004a.htm

Margarita Nelken proclamó: “Poner el voto en manos de las mujeres es hoy, en España, realizar uno de los mayores anhelos del elemento reaccionario”.

El gran enfrentamiento verbal se produjo el 1 de octubre en las Cortes en el que participaron activamente Clara Campoamor y Victoria Kent.

Kent sostenía que la mujer carecía en aquel momento de suficiente preparación social y política y que, debido a la influencia de la iglesia, su voto sería conservador y perjudicaría a la República. Lo que ya en sí mismo muestra dos cosas: una mujer que veía a sus iguales como menores de edad, manipulables por todos y un sentido sectario de la República, en la que la derecha estaba considera una enemiga de la misma. Así acabó la República como acabó.

Entre otras, sus palabras en aquel debate fueron:

“(…) cuando transcurran unos años y vea la mujer los frutos de la República y recoja la mujer en la educación y en la vida de sus hijos los frutos de la República, entonces, Sres. Diputados, la mujer será la más ferviente, la más ardiente defensora de la República (…) Si las mujeres españolas fueran todas obreras, si las mujeres españolas hubiesen atravesado ya un periodo universitario y estuvieran liberadas en su conciencia, yo me levantaría hoy frente a toda la Cámara para pedir el voto femenino. Pero en estas horas yo me levanto justamente para decir lo contrario y decirlo con toda la valentía de mi espíritu”

Clara Campoamor, en su discurso contestó tanto a los participantes en la sesión del día 30 de septiembre como a Victoria Kent

 A los primeros, les dijo, en clara alusión a la contradicción existente en aquella República que reconocía la igualdad de derecho entre sexos y negaba el derecho al sufragio femenino:

“No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre”

Y añade:

“Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado (…), el de la mujer analfabeta ha disminuido (…). Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. (…).  No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.”

Y para los médicos:

“No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer. A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.”

A Victoria Kent le contesta, entre otras cosas:

“¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis –fijaos bien– afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano”

Finalmente, en su discurso defendió que por encima de los intereses del Estado estaba el principio de igualdad y las mujeres debían conseguir el derecho a voto en ese mismo momento, sin aplazamiento alguno. Señaló que: “su defensa del voto de las mujeres estaba basada en principios y no en consecuencias“.

Puede leerse aquí integro el discurso de Clara Campoamor:

http://pages.uv.es/formargenero/cas/otros_recursos/clara_campoamor.pdf

Otros diputados apoyaron las posiciones de Clara Campoamor en aquel debate. El resultado de la votación fue de 161 votos a favor y 121 en contra.

Al día siguiente, en la prensa, se vivieron posiciones a favor, especialmente destacado fue el periódico El Sol, pero muchas en contra. Así, el diario “Ahora” publicó que [la aprobación del voto femenino] “nos lanza a una aventura, cuyas consecuencias son difíciles de prever. Añadir a las muchas incógnitas que ofrece el porvenir una nueva, no nos parece razonable

El periódico “La voz” veía muchos peligros en los aprobado: “es posible que la trascendental votación de anoche tenga consecuencias graves en otro orden nacional

El “Socialista” promovía, por su parte, una solución “labor de voto” lo llamaba. “No hay que pensar que la mujer… si nosotros sabemos prepararla, no votará influida por los curas y frailes”. Es evidente que todos concebían a la mujer como una marioneta fácil de manejar.

En ABC, Wenceslao Fernández Flórez, en favor del derecho, señaló: “para orgullo de la superioridad masculina, estamos seguros de que ellas nunca podrán superar nuestros absurdos”.

No contenta con el resultado, Victoria Kent, intento que se aplazara el sufragio femenino, presentando dos meses después una disposición transitoria que pedía que las mujeres no depositar su papeleta en unas elecciones generales hasta haberlo hecho dos veces en unas municipales. La propuesta de Kent fue rechazada, por 127 votos a favor y 131 votos en contra. Entre los que apoyaban a Kent en esta propuesta se encontraban muchos de los que se habían manifestado a favor no sólo en las Cortes sino también en la prensa: Ortega y Gasset, Gregorio Marañón o Ramón Pérez de Ayala.

La consecuencia jurídica de aquel debate se vio reflejado en el artículo 36 de la carta magna, aprobado, como toda la Constitución, el 9 de diciembre de 1931.

 “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinan las leyes”.

A Clara Campoamor aquella defensa generosa en favor de la mujer, le trajo no pocos sinsabores. No fue reelegida en las elecciones de 1933 y fue acusada de la derrota de la Izquierda. Tuvo que dimitir como “Directora General de Beneficencia” y tras dejar el partido radical no fue aceptada ni en Izquierda republicana ni en el frente popular en 1936. Dejó la política y vivió exilada desde entonces, primero en Argentina, luego en Suiza donde murió en 1972.

La idea de que las elecciones de 1933 estuvieron influidas por el voto femenino, fue una constante en la época. La idea masculina de que ellos podían mediatizar la voluntad de la mujer, también. Esas constantes llegaron incluso a la prensa ante las elecciones de 1936.

Traigo al caso dos documentos de signo contrario. De un lado el “ABC” de Sevilla del 3 de febrero de 1936 y de otro el “Socialista” de 12 de enero de 1936.

ABC: “La mujer asturiana en la contienda electoral”

(Para entender toda su dimensión hay que recordar la dureza de la revolución del 34 en Asturias)

“El espectáculo no es nuevo, ya nos lo brindó la mujer asturiana en 1933. Pero ahora se renueva con una fuerza avasalladora (…) llena de nobleza y generosidad.

Eso no nos sorprende, la mujer menos culta, la de educación más rudimentaria, posee una sensibilidad muy fina y una delicadeza tan arraigada en las intimidades de su ser, que instintivamente se rebela contra todo aquello que amenaza destruir sus afectos más puros (…) siendo el hogar y el amor de la familia, con el sentimiento religioso, sobre el que ellos se fundan (…) lo que más (…) influye en sus decisiones (…).

¿Cómo esa mujer…iba a cruzarse de brazos en presencia de peligro tan cierto y de unas amenazas tan atroces como las que representan esas gentes sin conciencia y sin ley, para las cuales no hay ni puede haber otra norma en la vida que la que se traduce en un materialismo ciego, intransigente y feroz? (…)

España se librará por ellas de sus enemigos y volverá de nuevo a encontrarse, alcanzando la plenitud de la gloria (…)”

EL SOCIALISTA.

“Harán imposibles por arrancarte el voto, mujer si no te enredan con el rezo o en las fantasmagorías del lujo, intentarán que te separe de nosotros el temor (…)

Obrera o artesana, mujer de funcionario o miembro de la llamada clase media, a tus intereses morales y materiales sólo les cuadra nuestra verdad socialista.

¡Tus hijos! (…) ¿No has pensado mujer que ellos nos pertenecen? Crecerán al amor de las ideas de su tiempo, de las nuestras. Serán socialistas. Y puede suceder, ¡oh, pobre madre! Que por votar tú a Gil Robles o a Calvo Sotelo, o a sus curas, generales y banqueros, contribuyas a la designación de los tribunales que arranquen a tus hijos y los envíen al presidio o ante el piquete nada más que por eso: por ser pobres, jóvenes y socialistas. Esta invocación ha de estremecerte. En nombre de tu amor vigilante, te pedimos el voto”

Que cada lector decida quién quería manipular más, quién amenazaba más, quién atemorizaba más.

Sin embargo, todos aquellos miedos y manipulaciones, como señala Tuñón de Lara, no respondían a la realidad de los hechos. Por más que fuera una idea extendida, la victoria de las derechas en 1933 no obedeció a la concesión del voto a la mujer. La izquierda perdió las elecciones de 1933 por concurrir separada y, parece más que demostrado que el voto femenino se vio más influenciado por las posiciones de sus propias familias, por no romper la paz familiar, que, por la Iglesia, por los periódicos o políticos.

Bibliografía

Tuñón de Lara- 2ª República.

Los periódicos de la época se han extraído de la Hemeroteca Nacional o de Internet.

Carlos I de 1517 a 1522 (y 7)

  1. VALORACIÓN FINAL

Que los puristas no se enfaden si digo que escribir esta valoración final sobre lo que fue y significó el imperio de Carlos I me ha recordado el título de una película de Almodóvar. Podríamos decir que la obra de Carlos I se fraguó entre dolor y gloria o entre el éxito y la frustración.

El destino hizo de Carlos el más poderoso señor del mundo ya en 1517. Pero aquel Imperio heredado y posteriormente ampliado requería una argamasa, ser aglutinado alrededor de un único gobierno, de manera que la diversidad del mismo se tornara en homogeneidad. No podemos decir que lo lograra del todo, pero al menos, tuvo la inteligencia de buscar armonía en torno a la corona.

En esa búsqueda de una identidad única, el imperio pasó por diversas etapas:

Una primera fase de inspiración borgoñona, pretendió el imperio universal. Fue una etapa idealista y con un sentido de reforma humanista. La realidad de los hechos impone un segundo periodo (1529 a 1544) de nuevo resurge la idea de un imperio Sacro Romano- Germánico. Un último tramo (hasta 1556), consecuente con todo lo anterior, se llena de problemas en Alemania y busca la hegemonía territorial y militar de Europa, unidad más por la espada que por la Fe.

En la primera de esas etapas, la que ha correspondido a estos hilos, Carlos respondía a la idea de príncipe borgoñón, como señala Maravall. En atención a la educación recibida de sus abuelos paternos su imagen de gobierno era completamente feudal. Sus aspiraciones se fundamentaban más en los ideales caballerescos medievales, en la figura de su antepasado Carlos “el temerario”, que en una visión más cercana a su tiempo. Sin embargo, esta idea fue desapareciendo poco a poco por imposición de la realidad renacentista en que le tocó vivir. Esa realidad se impuso de manera abrupta tras el levantamiento luterano y la guerra contra Francia. Su neo concepto de Sacro Imperio Romano Germánico no pudo ejecutarse ni por la unión de la cristiandad -paz cristina, su verdadero ideal de imperio, el ecuménico- ni por la creación de una unión política europea -los príncipes alemanes no se lo permitieron-. Fue precisamente este enfrentamiento con los hechos el que hizo evolucionar a Carlos I, creándole una gran tensión interior entre la practicidad y los esquemas ético- políticos arcaizantes recibidos desde su infancia. Por eso, su gloria imperial se torna en dolor y fracaso frente a su ideal. Pero esa lucha entre gloria y fracaso que se da en el cómputo global de su reinado, en los primeros años, yo diría que hasta 1518, está más cerca de la estupefacción que del esplendor.

Su asesor cuando llega a España, Chièvres, un francófilo recalcitrante, que está detrás de la humillante posición española frente a Francia en 1516, casi logra malgastar la herencia política de sus dos abuelos. Nunca los borgoñones hubieran pagado un tributo a Francia como si España fuera un súbdito más del Rey de Francia. Nunca Fernando el católico, hubiera aceptado las cláusulas del tratado de Noyon que daban al traste con su obra en Nápoles y Navarra. Nunca antes tuvimos un Rey de España que no hablara español y cuya Corte se expresara bajo la lengua y costumbres francesas y flamencas; esas maneras extranjerizantes que levantaron a los pueblos de España.

Pero Carlos evoluciona, por la influencia de Gattinara, y por las aportaciones de los humanistas españoles y flamencos. Su idea de imperio avanza hacia posiciones más acordes con el Renacimiento, aunque nunca en su totalidad. Los hechos le llevan, en 1522, a volver a España. Vuelve un rey más hispanizado, pero nunca del todo español. Su reino se ubica en Castilla y con ello intenta castellanizar España, pero a costa de sangrar las posibilidades económicas, de avance técnico y político de Castilla. Se centra en castilla porque la liberalidad de sus estatutos le permitiría acaparar poder sin los límites que las Cortes de otras zonas de la corona española le imponían, lo que le acercaba a su idea absolutista-medieval. Además, por Castilla llegaban los tesoros americanos que fortalecían las finanzas imperiales. Nadie apoyó más las guerras europeas, o contra el turco; nadie le acompañó más en su ideal ecuménico que Castilla y los castellanos. Castilla fue su base para la expansión universal, pero no como nación sino como fundamento de su dinastía, que es lo que da homogeneidad a su imperio en cualquiera de sus fases.  En este sentido imperial, Carlos es heredero de la idea imperial nacida en las comunidades astures frente al empuje islámico. Castilla es la prolongación de lo que fue Oviedo. Cuando Alfonso II fija en Oviedo su acción imperialista, marca el inicio de un proceso que llega a su consumación en 1492, con la conquista de Granada, a su superación, por la conquista de América y por la vuelta al Mundo de Elcano. Pero Castilla acabó siendo su territorio más preciado, el que dejó en manos de su mujer, Isabel de Portugal, durante sus ausencias. Castilla e Isabel son la base de su hispanización, son el fundamento de su vuelta a la unidad peninsular con la idea de anexión de Portugal, que siempre fue española a los ojos castellanos y que su hijo reunificó. Carlos representa la consolidación de aquel imperio nacido de la resistencia frente a los mahometanos y consigue rebasar la acción nacional para que la Historia pueda otorgar a España el valor histórico que sólo han alcanzado otras escogidas sociedades: Grecia, Roma, Gran Bretaña, Francia, Rusia o Estados Unidos.

Aunque no legó su Imperio en su máxima extensión, dejó las bases de lo que luego alcanzó su hijo. En un primer momento pensó en que un imperio cristiano debía legarlo, en su totalidad, a su hijo Felipe, la Historia (el retraso del Concilio, la alianza francesa con los protestantes, una Alemania que jamás fue de Carlos sino de los príncipes alemanes…) hizo que Carlos renunciara a sus ideales – de nuevo el dolor-. Así, desde 1548 habrá realmente dos imperios que se plasman en aquel testamento: uno alemán que queda en manos de su hermano Fernando y otro español, que engloba los territorios hispanos de un lado y otro del Atlántico, los flamencos y los italianos, que será para su hijo Felipe.

En la gloria tras el dolor de no alcanzar lo deseado, hay que destacar la existencia de una corriente de pensamiento humanista cristiana y erasmistas que coincide en su visión europeísta e internacionalista, con el hombre como elemento central, ya más renacentista que medieval, y a la que nos referiremos en hilos siguiente tanto al hablar del europeísmo como de la “Escuela de Salamanca”.

El dolor y la enfermedad trasladaron al Emperador a Yuste dos años antes de su fallecimiento. Su legado no fue el que él quiso lograr, sin embargo, alcanzó las más altas cotas de poder de su tiempo y una de las mayores de todos los tiempos. Puede que el Emperador lo viviera, en parte, como un fracaso, pero su legado es la muestra de un gran éxito.

Como consecuencia de la política de Carlos, especialmente por la derrota de sus ideas universalistas, se impuso en su hijo, Felipe II, como señala Vicens Vives, un cambio rotundo en la actitud internacional, en su política y métodos. Era preciso retomar la unidad católica y defenderla frente a las acometidas protestantes y turcas; a este supremo objetivo estaban encaminadas todas sus acciones en una lucha sin la tolerancia de su padre, en los ataques contra cualquier foco protestante o turco y en una concepción de conservar centralizadas y bajo férreo poder las posesiones heredadas. Logrando, no sin brotes de resistencia de una virulencia inusitada, el Imperio más importante de nuestra Historia y uno de los más destacados de la Historia Universal. Pero esa ya es otra historia.

BIBLIOGRAFÍA:

Aguado Bleye. “ Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1963.

Elliot. “La España Imperial: 1469-1716)” Ed, Vicens-Vives. 2006.

Vicens Vives:” Historia social y económica de España y América”. Ed. Vicens-Vives. 1988.

Ramón Carande. “ Carlos V y sus banqueros”Ed. Crítica 1987.

Ubieto, Reglá, Jover y Seco. “Introducción a la Historia de España. Ed. Teide 1970.

José Antonio Maravall. “ Carlos V y el Pensameinto político del renacimiento”. Ed. B.O.E 1960.

Rogelio Perez- Bustamante. Historia del Derecho Español. ED Dykinson 1994.

Pedro Insua. “1492. España contra sus fantasmas”. Ed Ariel. 2018.

 

 

Carlos I de 1517 a 1522 (6)

 

  1. LA CONQUISTA DE MÉJICO.

La conquista del imperio azteca fue un proceso histórico ocurrido entre los años 1517 y 1521. Se inicia con la llegada de los españoles a la península del Yucatán y se culmina con la caída de Tenochtitlan a manos de Hernán Cortés. Veamos el proceso.

Hasta Diego Velázquez de Cuéllar, primer Gobernador de cuba, como hemos señalado, llegan noticias de la prosperidad de las tierras vecinas. Era el año 1517, cuando envía a Francisco Hernández de Córdoba a una expedición que surca la costa de Yucatán y establece contacto con los Mayas. Quedaron impresionados por lo desarrollado de aquella civilización. A raíz de estos conocimientos y por el oro que parecía tener el lugar, Velázquez de Cuéllar organiza una segunda expedición (1518) al mando de Juan de Grijalva que surcando el Golfo de México llegó al río Tuxpán donde se produjo el primer contacto con Moctezuma II. Animado por aquellos resultados, Velázquez organizó una nueva expedición comandada por Hernán Cortés. Salió de Cuba en febrero de 1519. Los primeros contactos con los indígenas ya no fueron tan pacíficos.

El primer enfrentamiento serio contra los mayas da lugar a la Batalla de Centla (14 de marzo de 1519). Además de la estrategia envolvente de Cortés, lo que dio la victoria a los españoles fue el temor de los indígenas a las armas de fuego y, sobre todo, a la caballería. Los indios no habían conocido caballos y se vieron sorprendidos por aquellos seres extraños, mitad hombres, mitad animales. Ahora bien, Cortés llegó a Méjico con 518 soldados, 50 ballesteros y escopeteros, 11 jinetes, 32 caballos, 10 cañones y 4 falconetes. Con aquel exiguo bagaje nunca hubiera podido conquistar Nueva España si no hubiera sido por la ayuda que le proporcionaron los propios indígenas.

Consecuencia de la batalla fue la construcción de la primera ciudad española en América: Santa María de la Victoria y posteriormente la Villa Rica de la Vera Cruz (Veracruz), allí recibió Cortés por primera vez a los emisarios de Moctezuma II que hicieron numerosos regalos a los españoles de oro, plata y piedras preciosas.

Moctezuma era la cabeza suprema del imperio azteca. Éstos, originarios de la región que hoy conocemos como “Nuevo Méjico”, a la altura del siglo XV, presentaban una estructura “estatal” en la que cada nueva región conquistada, cada ciudad, mantenía su territorio y autonomía; realmente era una estructura tribal cuya organización política y social era el clan. Al expansionarse, los clanes se subdividieron hasta formar 20 agrupaciones menores llamadas calpullís, cada uno regido por un consejo, presidido por el calpullec. El gobierno correspondía al consejo tribal. En los momentos de guerra o peligro un solo jefe tomaba el mando (tlacatecutli- Jefe de hombre-), algo equivalente a lo que en Europa era el Rey, ese era Moctezuma II, el tlacatecutli, en el momento de la llegada de los españoles.

Cortés quiso conocer a tan poderoso señor, pero las evasivas del indígena lo impidieron hasta agotar la paciencia del español.

La estrategia empleada contra Moctezuma vino determinada por la ayuda que las tribus vecinas solicitaron a Cortés. Se trataba de enemigos de Moctezuma a los que éste tenía sometidos. Los primeros en acudir a los españoles fueron los totonacas y otras tribus mayas, esclavizadas por los aztecas.  Los mayas eran obligados a pagar importantes cantidades de tributos a los aztecas, los cuales, además, abusaban de las mujeres y sacrificaban o esclavizaban a los jóvenes. El apoyo local de los pueblos indígenas supuso la aportación de numerosos guerreros a las órdenes de los españoles como contrapartida a que los nuestros les dieran protección.

Hernán Cortés tenía un doble objetivo conquistar el territorio azteca e independizarse del poder de Cuéllar. En este último sentido, realizó tres movimientos:

  • Fundó Veracruz en territorios que no estaban bajo la jurisdicción de Cuba- al menos hasta que no se sometieran a su autoridad o a la de algún otro Gobernador-, Hernán Cortés la situó bajo la custodia directa del Rey.
  • Envió una nave con emisarios hacia España para informar y justificar sus acciones ante el  Rey Carlos I.
  • Embarrancó las naves que les quedaban para evitar la huida de los descontentos que querían volver a Cuba.

En su avance hacia la conquista del territorio Azteca, siguió haciendo alianzas con los pueblos indígenas. La más importante la que llevó a cabo con toltecas y tlaxcaltecas. Fruto de la misma es la victoria en la ciudad de Cholula.

 Moctezuma, había previsto la ayuda de la ciudad para entretener a Cortés en su camino hacia Tenochtitlan y, así, engañarlo, asediarlo y someterlo. La reacción hispano- tlaxcalteca no se hizo esperar. La ciudad fue derrotada no sin un gran derramamiento de sangre entre sus habitantes, sobre todo a manos tribales puesto que los tlaxcaltecas eran grandes enemigos de los cholultecas.

La traición de la ciudad fue conocida por los españoles gracias a una india llamada Malinche a la que los españoles conocían como doña Marina. Fue amante de Cortés, madre de su hijo, al que llamó Martín, consejera e interprete.

El siguiente paso era conquistar Tenochtitlan (hoy Ciudad de Méjico), capital del imperio azteca. El 18 de noviembre (en el calendario gregoriano) de 1519, Hernán Cortés era recibido por el noble azteca Cacamatzin, como antesala al encuentro con Moctezuma. Éste, tras recibirles con regalos y palabras amables, los invitó a alojarse en el palacio de Axayaca. Se trataba de otro ardid en el que cayeron los españoles. La situación se volvió muy tensa cuando los hispanos pretendieron construir una capilla en el palacio, pero, muy especialmente, al constatar la fragilidad de sus posiciones frente a los mexicas[1], motivo por el cual convencieron a Cortés para que arrestara a Moctezuma a modo de escudo defensivo y así poder salir de aquel palacio sin ser atacados. Tras encontrar excusa en las actividades aztecas- imposición de tributos- entre las tribus indias aliadas de los españoles, la detención de Moctezuma fue un hecho.

Estando, así las cosas, Cuba envía Pánfilo de Narváez a detener a Cortés. Hernán Cortés deja Tenochtitlan en manos de Pedro de Alvarado para adelantarse a las pretensiones de Narváez. Con parte de sus tropas apoyadas por guerreros tlaxcaltecas, se acercó a Cempoala, cuartel general de los enviados desde Cuba. Allí apresaron a Narváez. La expedición cubana se unió a Cortés, con hombres, caballos, armas y pertrechos. De vuelta, se paró en Veracruz. Apenas tuvo tiempo de aprovisionarse, cuando le llegaron noticias inquietantes de Tenochtitlan. Los españoles bajo las órdenes de Alvarado habían sido atacados por los mexicas y se encontraban refugiados en el Templo Mayor de la ciudad. La historiografía entiende que el ataque se debió a la reacción de los nativos por la matanza y abusos perpetrados por los españoles bajo el mando de Alvarado, pero, especialmente, al dar por segura la derrota y detención de Cortés a manos de Narváez.

Cortés volvió aceleradamente a la futura Ciudad de Méjico, allí no encontró más solución para liberar a los españoles que obligar a Moctezuma a que ordenara a sus conciudadanos a deponer los ataques. Lo subió a la azotea del palacio para que desde allí se dirigiera a sus súbditos. La respuesta de estos fue el lanzamiento de piedras contra el tlacatecutli, cuyas heridas le ocasionaron la muerte varios días después. Los españoles tuvieron que salir de la ciudad sin protección alguna, siendo muertos o apresados (y posteriormente entregados en sacrificio a los dioses aztecas) en un número muy elevado (algunos historiadores hablan de que más de la mitad del ejército español cayó en esta refriega). Aquel acontecimiento se conoce como la Noche Triste. Un nombre bien apropiado para lo que vivieron los españoles aquella noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520.

Los que lograron huir pidieron ayuda a sus aliados tlaxcaltecas, pero en el camino se encontraron con el inmenso ejército mexica (los historiadores suelen cifrar en 40.000 el número de guerreros aztecas) dirigido por Cihuacóatl. El enfrentamiento se dio el día 7 de julio de 1520 (algunos historiadores lo datan en el 8 de julio) en la llanura de Otumba. La batalla fue feroz, los aztecas tenían por costumbre rodear individualmente a sus enemigos para capturarlos vivos y ofrecerlos en sacrificio a sus dioses en unas ceremonias llenas de crueldad (los sacrificios mexicas drogaban a sus víctimas, les sacaban el corazón estando aún vivos, los desmembraban con vida y otras acciones demasiado bárbaras para una mentalidad civilizada); los españoles conocedores de la táctica pelaron sin descanso hasta morir si era preciso, por cuanto el campo de batalla era mejor tumba que los altares mexicas.

La formación española se componía en torno a los arcabuceros- los pocos que no habían perdido sus armas en la huida de la Noche triste- con ellos unos 20 jinetes y unos 4.000 guerreros indígenas aliados de los españoles. Tras soportar varias envestidas mexicas que parecían no tener fin y que, pensaban, iban a acabar con todos los españoles, Pedro de Alvarado divisó en un montículo a Cihuacóatl. Cortés y él, en un acto de heroísmo decidieron encabezar una sorprendente maniobra: mientras engañaban a la infantería indígena con un falso movimiento de los arcabuceros, la caballería llegó donde estaba Cihuacóatl al que Cortés o Alvarado (no se sabe a ciencia cierta quién fue de los dos) consiguió matar de un mazazo en el cráneo. En ese instante Juan de Salamanca, cogió el estandarte mexica y lo ondeó demostrando que la victoria había caído en manos hispanas. En la costumbre mexica cuando el enemigo cogía en estandarte, se consideraban derrotados. Los aztecas huyeron despavoridos, dejando detrás de ellos una de las batallas más recordadas en la historia militar por el ingenio y la valentía de los contendientes vencedores, los españoles.

En esta, como en todas las batallas y hechos de la Conquista que le tocó vivir, Hernán Cortés se manifestó como uno de los mayores estrategas, más valiente, intrépido e inteligente que la mayoría. Con muy pocas tropas, a base de alianzas con los indígenas, negociaciones, movimientos preventivos de gran agudeza y visión perspicaz de las circunstancias, logró un gran territorio para España. Y si logró todo aquello fue por mostrarse como lo que era; al decir de Hugh Thomas: uno de los hombres más cultos y mayores humanistas de la época. En contra de la leyenda negra en torno a Cortés, sobre todo, por muchos hispanistas, cabe afirmar que fue uno de los conquistadores más humanitarios de la época. La crueldad mexica se manifestaba en el trato que daban a sus vecinos sometidos tanto en vida como en el momento de sus castigos y sacrificios; frente a aquellas masacres, Cortés redactó sus tres cartas de Relación que rebosaban humanidad. Sin aquellos otros indígenas agradecidos por el buen trato dado por los españoles frente a la opresión azteca, nunca se hubiera conseguido la conquista de Méjico. Cortés fue un gran diplomático con enorme empatía, no en vano, él llega a Méjico sin conocer el lugar ni a sus gentes. Realizó trabajos extraordinarios basándose en criterios universales, trató a los campesinos indígenas como hubiera tratado a los campesinos castellanos y a los guerreros como a los guerreros de cualquier lugar y condición. Los trató con respeto, igualdad y dignidad. Se fio de los enemigos de los aztecas y no le defraudaron, desconfió de los amigos de los aztecas y acertó.

Tras Otumba, Cortés tardó más de un año en volver a conquistar Tenochtitlan y con ella todo el territorio azteca quedó en manos de Hernán Cortés. El cual escribió a Carlos I para que llamara al territorio conquistado “Nueva España” que fue la base de lo que más tarde alcanzó a ser el Virreinato de “Nueva España”. Al contrario que la conquista de británicos y franceses en América del norte, sin grandes asentamientos, los españoles intentaron mantener las zonas de población indígena sedentaria, lo que en la América interior les dio grandes resultados. Sin embargo, no hubo un procedimiento único de conquista, sino que hubo de enfrentarse a las condiciones que planteaban los propios indígenas muy especialmente en algunas zonas periféricas, significativos en este sentido fueron el sometimiento de los chichimecas de México o los araucanos de Chile, puesto que supieron adoptar las mismas armas y métodos de guerra que los propios españoles.

La conquista militar se conjugó con la evangelización de los indios, y con la masiva emigración desde España, cosa que no ocurrió en otras colonizaciones europeas del momento, para hacer posible el dominio de la tierra y satisfacer las exigencias de mano de obra.

La conquista se desarrolló desde dos polos iniciales:

  • Desde Cuba hacia México. De allí hacía el norte (Nueva Galicia, Nueva Vizcaya, Norteamérica) y sur (Guatemala y El Salvador)- (Virreinato de Nueva España).
  • Desde Panamá. Llegan, por un lado, al norte, a Nicaragua, para desplazarse, hacia el sur, por la ruta del Pacífico para conquistar el Perú. La futura Nueva Granada (Ecuador, Colombia y Venezuela – al que se une Panamá-) y se continúa camino de Chile para conectarse con los colonizadores del Río de la Plata (futuro Virreinato de la Plata).

Hablamos de la conquista militar y colonial, que no hubiera podido desarrollarse sin un entramado administrativo que se refleja en los Virreinatos que acabarán formando parte integrada en la organización institucional española, en la imperial Corona española, pero que en 1522 aún no estaba plenamente desarrollada.

[1]El término mexica se utiliza para referirse a los aztecas. Mexica era el término utilizado por los indígenas mientras que azteca era el término utilizado por la historiografía y que deriva del mito de Aztlán que según varias fuentes historiográficas está en el origen de los mexicas. Los cuales fueron expulsados del lugar y migraron hacia el sur. Se entiende por una parte de la historiografía que Aztlán era una isla, a la cual muchos la identifican con la isla Mackinac en medio del lago Michigan- Huron. En todo caso, los términos mexica y azteca se usan como sinónimos.

Carlos I de 1517-1522(5)

5. LA CONQUISTA DE AMÉRICA

Según las capitulaciones de Santa Fe, el régimen de explotación de las tierras que se habían de descubrir era un verdadero monopolio, cuyos titulares eran Colón (su posición en América se zanjó en 1536[1]) y la Corona de Castilla, por ser la auténtica financiadora de la empresa colombina. De hecho, este era un acuerdo entre los reinos de Castilla y de Aragón. Al primero le correspondía la expansión oceánica, mientras Aragón se reservaba el área mediterránea. Así, Isabel la Católica en su testamento (1504) declaró que “las islas y tierra firme del mar océano, descubiertas y por descubrir, ganadas o por ganar, quedasen incorporadas a sus reinos de castilla y de León”.  Isabel legaba a Fernando el Católico, con carácter voluntario, la mitad de las rentas que aquellas tierras produjesen. Fernando las dio en testamento a Juana y se incorporaron formalmente a Castilla con Carlos V cuando adquiere el título efectivo de Rey de Castilla, tras el juramento como monarca.

Esta vinculación exclusiva a Castilla impidió que los vasallos de Aragón se beneficiaran de la conquista americana y pocas veces participaran en ella. Este supuesto privilegio castellano tampoco le fue del todo favorable pues tan gigantesca empresa exigió una constante sangría de hombres, sin la correspondiente compensación para el reino castellano. Desde Castilla, le era más fácil al Rey aprovecharse de las riquezas venidas de América que desde cualquier otro reino peninsular, ya que las Cortes castellanas no oponían resistencia a la voluntad del monarca (de lo que tuvo mucha culpa el resultado de las contiendas comuneras) cosa que si hacían las Cortes aragonesas o las de otras regiones.

Consecuencia de la actividad castellana en la conquista de América; tras sufragar Castilla el viaje de Colón, un portugués- Fernando de Magallanes- se naturaliza Castellano para poder acometer algo que había iniciado Colón, que había continuado Américo Vespucio y otros varios como Juan de la cosa, Yañez Pinzón… y todos, sin éxito: la idea de llegar a las islas de las especias (islas Molucas)- de gran valor económico y generadoras de grandes riquezas- a través de occidente.  Todos habían buscado un paso hacía el otro lado del mar, el mar del Sur, conocido como Pacífico tras las expediciones de Nuñez de Balboa (descubridor del Pacífico en 1513).

Magallanes y Elcano lo consiguieron. Aquel previo y aparente fracaso de otros grandes navegantes españoles fue el origen del gran éxito imperial, que vino marcado por la colonización, evangelización y civilización de un continente: América.

El auténtico imperio español en el nuevo continente nace y se compone en torno al Mar Caribe. La base de partida de los españoles se situó en la isla La Española, cuya conquista se completó con la expedición de Nicolás de Ovando (en 1502), con una flota de 30 buques en la que lleva como misión repoblar aquellas tierras recién conquistadas.  Tras él llegaron Nuñez de Balboa que colonizó Panamá en 1508: Ponce de León, Puerto Rico, o Juan Esquivel que llegó a Jamaica en 1509. En 1511, Diego Velázquez de Cuéllar conquistó y, posteriormente, gobernó Cuba y gracias a él el gran Hernan Cortés llegó, conquistó y civilizó Mejico. Su heroica hazaña la veremos en la próxima entrada. Su conquita coincide por completo con el periodo de estudio seleccionado. Desde Méjico la conquita siguió hacia el norte y hacia el sur hasta lo que sería con el tiempo el Virreinato de la Plata.

Volviendo a aquellos orígenes, a su desembarco, Ovando tuvo que enfrentar los problemas creados por los propios españoles llegados con Colón, sumidos en la anarquía. Enderezó la situación político-organizativa, explotó las minas de La Española y repartió las tierras a los encomenderos que lograron prosperidad a costa de la población india, que no tenía costumbre ni de ser esclavos ni de trabajar como imponían los españoles. Pero la conquista dio un cambio radical gracias a dos figuras estelares de nuestra Historia: Fray Alonso de Montesinos y un encomendero que pronto dejaría la tierra y se ordenaría sacerdote con el nombre de Fray Bartolomé de las Casas[2]. De la predicación de ambos y de haber logrado imprimir en las conciencias la consideración del indio como un igual ante Dios, nacieron, en 1512, las Leyes de Burgos  y en 1513 las Ordenanzas de Valladolid. En ellas, el Rey Fernando disponía, entre otras cosas, que los indios eran libres y que debían ser evangelizados, que podían trabajar siempre que este trabajo no fuera obstáculo ni para su evangelización ni para su salud, que debían gozar de descanso diario; los indios debían tener casas, haciendas propias y oportunidad de cultivarlas. Asimismo, se prohibió a las mujeres trabajar en las minas y, si estaban embarazadas, en ningún trabajo, lo mismo que los menores de 14 años. El tesón de fray Bartolomé de las Casas dio como fruto la aprobación de diversas leyes que, de manera paulatina, generaron las condiciones más humanitarias de la conquista española; promovieron el mestizaje y lograron, sin duda, una relación de igualdad entre colonizadores y colonizados que no se ha dado en ninguna otra conquista, de ningún país, en ningún tiempo. En este aspecto conviene hacer una referencia al Padre Vitoria, a su obra “De Indis” y a la influencia que su pensamiento humanista tuvo en el tratamiento de la dignidad de los hombres y los derechos de los indígenas en América. Afirmó que los indios no son seres inferiores, sino que tienen los mismos derechos que cualquier ser humano, siendo dueños de sus tierras y bienes. No nos extenderemos más en las aportaciones del padre Vitoria porque sobre el derecho de gentes y la escuela de Salamanca realizaremos otro hilo separado del actual.

Todas estas normas y acciones culminaron en las Leyes Nuevas de 1542-43 en las que además de asuntos de organización institucional, en un numero importante se referían a la condición de los indios. Las leyes de Indias pasarían a la Recopilación del Derecho Indiano en 1680.

Nadie podrá acusar a España, salvo faltando a la verdad, de ausencia de buenas intenciones. Se cometieron errores (¡en qué obra humana no se cometen!), pero no tantos como se quiere hacer ver, escasos en comparación con las conquistas realizadas por otras naciones y muchos menos si en vez de analizar las cosas con ojos actuales, se hace con los de entonces. El anacronismo nunca ha sido una fuente histórica. Si vemos la situación en el momento, en los siglos XV y XVI, la causa española, alcanza aún mayores cotas de grandeza.

Grandeza política y militar, que no económica.

América fue una gran fuente de riqueza y de comercio, pero mal gestionada por utilizarla con mentalidad política y no económica; por el uso inmediato y no pensando en el futuro; por la idea imperial feudal y no hispana y renacentista.

La llegada de riquezas se hizo esencialmente por el puerto fluvial de Sevilla, no en vano el comercio con América quedó monopolizado por la casa de Contratación de Sevilla. Sin embargo, aquella llegada de riquezas no valió para mejorar las estructuras económicas de España, sino para saldar las deudas del emperador con los banqueros alemanes e italianos, como ya hemos visto.

En los años en los que nos centramos (1519-1522), aún no era palpable el problema económico que se venía encima por falta de previsión, de inversión nacional, de mejora de la tecnología, tal fue así que la falta de modernización de las estructuras económicas y manufactureras determinaron que España tuviera que importar productos elaborados desde otras zonas para cubrir su abastecimiento y el de América.

Por si fuera poco, se unió que, si bien la forma de organización del nuevo mundo fue ingeniosa y eficaz en un primer momento, con gobernadores y luego con virreyes (tenían atribuidas las funciones de los gobernadores, capitanías generales y Audiencias) que ejercía el poder en nombre del Rey, con autonomía y lealtad, con funcionarios adecuados y fieles servidores públicos; con el tiempo, la venta de cargos, la falta de control de los productos, el enriquecimiento injusto, la piratería y el contrabando, mermaron el comercio español y el control de sus colonias.

Enderezar aquella situación, desde finales del siglo XVI hubiera requerido un proceso de cambio que no se acometió.

[1]El incumplimiento de los acuerdos con Colón dieron lugar a los “ Pleitos Colombinos”, cuyo estudio más completo lo realizó Gustavo Villapalos en 1976

[2]La figura de Fray Bartolomé de las Casas es muy controvertida. Jesús Á. Rojo Pinilla en su libro “Grandes Traidores a España”. Ed El gran capitán, incluye a Fray Bartolomé entre los grandes traidores a España por haber sentado las bases de la leyenda negra. Yo no lo considero tal traidor. Creo que para la traición hace falta intención, dolo, y el padre de las Casas no lo tenía. Coincido con Rojo en que era un fanático. Rojo lo define como “Charlatán paranoico”. En todo caso, su influencia, aunque estuviera trufada de cierto interés de poder e influencia, no dejó de ser decisiva para lograr lo que diferencia al Imperio español de otros muchos: su sentido humanista. La leyenda negra, no lo neguemos, nació más por la tergiversación interesada de las palabras de “de las Casas” por parte de muchos enemigos de España, especialmente británicos, y por la falta de defensa de nuestra historia por parte de los españoles.

Carlos I de 1517 a 1522 (4)

4.  POLÍTICA EXTERIOR. EUROPA

Carlos I intentó superponer a cualquier otra consideración un concepto de cristiandad como realidad política. Un principio que podemos calificar de erasmista o ecuménico y, aunque no logró acabar con los protestantes, sí marcó una época e influyó en la reacción de sus herederos.  Vicens Vives señala la relevante importancia de Carlos I hasta el punto de que su personalidad y su política son representativas de lo que fue Europa durante la primera mitad del siglo XVI, especialmente, a partir de 1525.

La política exterior española en Europa ( América lo veremos en otra entrada) en este periodo se ve determinada por el inicio de la crisis protestante y el enfrentamiento con Francia por Italia y el papado. Posteriormente, serán igualmente relevantes las luchas contra los turcos de Solimán “el Magnífico”, si bien, no hay que olvidar que, las escaramuzas y guerras con los otomanos se venían dando desde el inicio del reinado (en 1516 se produce la derrota de la flota enviada por el Cardenal Cisneros, para intentar recuperar la plaza de Argel. Las tropas otomanas estaban bajo las órdenes de Barbarroja). Todos estos problemas le perseguirán hasta su retiro en Yuste.

Dado el periodo de estudio elegido, nos referiremos muy brevemente al inicio de los dos primeros conflictos: luteranismo y la guerra contra Francia. Si bien haremos referencia a dos conquistas otomanas que se producen en este momento histórico y que tendrán su importancia posteriormente: la conquista de Belgrado (1521) y la toma de Rodas (1522).

LUTERO.

En 1517, Lutero colgaba sus 95 tesis en la Iglesia de Wütemberg. En 1520, Carlos, influido por la idea de un imperio ecuménico, llega a Aquisgrán para ser coronado Rey de los Romanos, es decir, Príncipe de la Cristiandad. Sin embargo, en 1520, el cisma luterano ya era una realidad y su idea imperial quedaba resquebrajada. El luteranismo había afectado sobremanera a Alemania y Carlos ni como Rey Romano ni como Emperador de Alemania podía aceptar aquella ruptura ni tampoco mostrarse radicalmente agresivo contra ella si no quería provocar la oposición de los príncipes alemanes a su nombramiento. De ahí que, en 1521, buscando una política conciliadora, convocó la Dieta de Worms. Allí, se aceptó la idea de un Concilio como medio de solucionar en cisma. Pero el Concilio de Trento no se convocó hasta 1543 y no inició sus sesiones hasta 1545, demasiado tarde para solventar el problema.

En esta primera fase del reinado de Carlos V se suceden otros cónclaves en busca de acuerdos con los luteranos. A Worms le sucedieron las Dietas de Nüremberg (1524) y Espira- 1526- (donde nace la denominación “protestante” para referirse a los luteranos). Pero nada se consiguió; el éxito luterano ya estaba cimentado. Sus basamentos fraguaron de la unión de las “Tesis” con el aumento del protagonismo político de los príncipes alemanes. Se fusionaron religión y revolución social; esta última, en el pueblo alemán, se manifestaba como mesiánica y, en los príncipes alemanes, bajo el manto del poder.

A aquellas siguieron otras reuniones: primero con la Dieta de Augsburgo (1530) y posteriormente en el Concilio de Trento, como hechos destacados, que no únicos.

Estas soluciones fracasarían por la posición radical de algunos sectores luteranos apoyados por los grandes príncipes alemanes temerosos de perder sus privilegios bajo la monarquía absolutista que representaba Carlos. De hecho, en 1531 los príncipes luteranos se unieron en la liga Esmalcalda para defender sus intereses con una caja común y un ejército propio. En el fondo de nada le valió al emperador derrotarlos en Mühlbergh, las alianzas entre los alemanes, franceses, ingleses… acabaron por derrotar al Emperador y a su idea ecuménica; rota por protestantes, calvinistas, por la ruptura de Enrique VIII con el catolicismo y, sobre todo, por la fuerza creciente de las posiciones nacionales. En el fondo, el enfrentamiento no fue más que la pugna entre una corte medieval en sus ideales (ecuménicos) contra las primeras afirmaciones de las personalidades nacionales (Renacimiento).

Pero fue precisamente este enfrentamiento y la derrota de sus pretensiones, los que hicieron evolucionar la idea imperial de Carlos I hacia un concepto de sacro imperio romano- germánico. En ese intento tropezó con Francia y con el papado.

GUERRA CONTRA FRANCIA

Carlos V consideró que la derrota luterana y la unificación de sus territorios en el imperio romano-germánico requería de la posesión del Milanesado y a esa conquista se lanzó.

En el camino hacia Italia se encuentra con Francisco I, desde 1514 Rey de Francia al suceder a su primo Luis XII, que murió sin descendencia.

Carlos y Francisco ya se habían enfrentado al oponerse el Rey francés al nombramiento de Carlos como Emperador.

Francisco veía su reino rodeado de los territorios imperiales de Carlos: España por el sur y, por el este, el Sacro Imperio Romano-Germánico. Esto impedía una política exterior fundamentada en el expansionismo; empeñado, como estaba, en recuperar la Borgoña y Navarra para Francia y continuar su crecimiento por la península itálica.

Según la historiografía más común podemos considerar que los enfrentamientos con Francia tuvieron las siguientes fases:

Primera (1521-1529)

Segunda (1536-1538)

Tercera (1542-1544)

Cuarta (1552-1559) – desde 1556 con Felipe II en el trono-.

Por afectar a nuestro periodo de estudio, nos centraremos, exclusivamente, en la primera.

Milán estuvo en posesión de Francia tras la expulsión de Ludovico Sforza y se recuperó para el papado en 1511, para volver a poder francés tras la batalla de Marignano en 1516.

La guerra contra España se inició en 1521 cuando, Francisco, aprovechando la revuelta de los comuneros, intentó invadir España, especialmente Navarra y parte de las vascongadas (mantuvo Fuenterrabía hasta 1524), pero la suerte final en las armas fue favorable al Emperador. Carlos V había logrado el apoyo de monarca inglés, Enrique VIII, y del Papa (tanto León X como de su sucesor, Adriano de Utrech – que había sido preceptor del Emperador-). Con tales apoyos se hizo con el Milanesado en 1522 y colocó, de nuevo, a los Sforza en el ducado.

La reacción de Francisco I fue un intento de recuperación del Milanesado nada más perderlo.  En su primer ataque, abril de 1522, acaba derrotado en la batalla de Bicoca, a la que siguió el fracaso en Pavía- donde Francisco I fue hecho prisionero y tuvo que aceptar el tratado de Madrid (1526) en virtud del cual, a cambio de su libertad, cede el Milanesado y Borgoña a Carlos V; renuncia a su soberanía sobre Flandes y Artois, y devuelve sus dignidades al condestable de Borbón. Queda libre, pero, como garantía del Tratado, en España se quedaron los dos hijos mayores del Rey: el delfín y el duque de Orleans.

La Paz y la palabra de Francisco tuvieron poca consistencia, a lo que contribuyó que el Papa Clemente VII, sucesor de Adriano, no viera con buenos ojos el poder imperial. El Papa logró un acuerdo con Francia, Inglaterra, Venecia y Florencia formando la liga de Cognac o Clementina. Aquella amenaza al poder de Carlos acabó con las tropas imperiales marchando sobre Italia, el Papa atemorizado se avino a un armisticio. Sin embargo, las tropas hispano- alemanas que formaban el grueso del ejercito de Carlos V, comandadas por el Duque de Borbón, no se contuvieron en su avidez de botín. El Papa se tuvo que refugiar en el Castillo de Sant Angelo y Roma fue saqueada (1527). El saco de roma que tanto escritos, estudios y obras de arte ha sugerido (los estudios de André Chastel o Umberto Roberto; los dibujos de Antonio Tempesta; los grabados de Martín Heenskerch o los de Cornelis Boel…)

Francisco, lejos de conformarse, contrataca con la ayuda del genovés Andrea Doria y sitia Nápoles, pero las discrepancias por el botín hacen que Doria traicione a Francisco y se cambie de bando. El tratado de Cambray o de las damas (1529) finalizó esta lucha. Fue mucho menos duro que el de Madrid y logró cierta estabilidad en la zona; la que necesitaba Carlos para centrarse en los problemas con los protestantes y los turcos.

Sólo haré una mención a un hecho importante que se da en el ejército de Carlos I. Como todo en él y en el imperio fue una especie de puente entre la Edad Media y el renacimiento. Militarmente, no lo fue menos. De un lado hereda en nuevo concepto militar de tercios, combinación de infantería, piquera y arcabucera, desarrollada, sobre todo, por los ejércitos italianos de su abuelo Fernando y puesta a punto por el desarrollo de las armas de fuego portátiles. Sin embargo, es un rey justador, con mentalidad de batalla medieval donde el rey comandaba los ejércitos y lo hacía a caballo usando armadura. Empiezan a usarse unidades flexibles de infantería con unidades artilladas de campaña y sitio. El ejército pasa de ser una institución formada por “profesionales” o milicianos a un ejército de leva nacional.

 

Carlos I de 1517 a 1522 ( 3 y 2ª parte)

3 COMUNEROS Y GERMANÍAS

3.2 MOVIMIENTO AGERMANADO

La revolución castellana se movió paralela a otros movimientos de revuelta. El más singular fueron las llamadas germanías (hermandades gremiales) de Valencia y Mallorca (entre 1519 y 1523).

Las germanías fueron un movimiento social que enfrentaba a los sectores más populares de las ciudades con la nobleza y estratos más poderosos.

Siendo un movimiento muy importante no tuvo el carácter de sublevación o pseudo-sublevación de Castilla. No fue tanto una corriente contra la monarquía como una insurrección de corte social cuyas causas profundas fueron las disensiones producidas en la sociedad por el paso de un sistema feudal a uno más absolutista o, dicho de otro modo, por el paso de una autoridad dispersa en los burgos medievales a una sociedad más jerarquizada como la renacentista.

Aunque sus comienzos tienen mucho que ver con el juramento del rey, no se fundamentaron en una falta de reconocimiento de la autoridad real sino en considerar que el monarca había agraviado a las Cortes valencianas y baleares, porque el Rey, tras jurar en Barcelona, no se desplazó a Valencia a ser juramentado, sino que se desvió a Castilla. Ya hemos visto, como la intención real era embarcar en La Coruña hacia Alemania para hacerse cargo del imperio, sin embargo, el monarca se excusó diciendo que no entraba en Valencia porque estaba infectada por la peste, circunstancia cierta, pero no suficiente para justificar la ausencia real.

Valencia estaba quejosa y quería hacer saber al monarca sus cuitas. Cuatro son las razones de sus lamentos:

  • La corrupción municipal y de clases elevabas que determinó un problema de abastecimiento.
  • La peste y sus efectos.
  • El desamparo de la clase dirigente por la ausencia del Emperador.
  • La presencia de piratas en el mediterráneo de origen otomano, que, además, entraban en contacto con la abundante población mudéjar y creaba altercados e inseguridad en las ciudades.

De todos esos asuntos, lo que más preocupó al Emperador fue la piratería. Dio orden a la nobleza de armarse y atacar a los corsarios, pero obtuvo poco éxito. Por ello, optó por encargar a los gremios el reclutamiento, con dos criterios: en razón de los oficios y por el encuadramiento social en parroquias.

Así empezó el agermanamiento, la acción solidaria entre oficios y vecindad. Por tanto, fue Carlos quien dio el primer apoyo al movimiento agermanado. Es decir, por apoyo del Rey a las capas populares de la población, se vieron armadas por encima de la nobleza que era el estamento sobre el que recaía la responsabilidad de defender las ciudades. Por otro lado, las autoridades y nobleza salieron huyendo de la peste. La situación derivó en un vacío de poder que fue suplido por los gremios hermanados contra el enemigo común, armados y formando inmediatamente una autoridad colegiada. – La Junta de trece-. El movimiento fue liderado en un primer momento por Joan Llorenç, pero a su muerte en 1520, le sucede Vicente Peris, mucho más radical. Dando así un giro más violento a la revolución.

La Junta reordenó el abastecimiento de víveres y agua, reguló la ordenación municipal y organizó la economía, reduciendo la deuda. Pronto el movimiento se extendió por toda la región. Ellos eran la autoridad ni la nobleza ni el Virrey.

Tuvo que ser el propio monarca desde Bruselas el que pidiese que se respetara la autoridad del Virrey e iniciase una petición de desarme. Pero no fue obedecido. La consecuencia fue una lucha civil con la nobleza y el Virrey, a un lado, y el pueblo, al otro.

Tras varios enfrentamientos, el golpe decisivo a las germanías se produjo en Almenara, en agosto de 1521, donde las tropas populares fueron derrotadas. Posteriormente, cayeron en Orihuela y Valencia a manos de las tropas reales dirigidas por el duque de Segorbe. En Valencia se atrincheró el dirigente gremial Vicente Peris. En el otoño de 1521, el Virrey, Diego Hurtado de Mendoza, entró en Valencia, liberó la ciudad y mandó ejecutar a Peris en los primeros meses de 1522.

Por lo que respecta a las islas Baleares, el movimiento estalló en 1521, como consecuencia del encarcelamiento de siete menestrales. El levantamiento dura año y medio, supone la derrota, muerte o huida de la nobleza a cuyo frente estaba el Gobernador General que escapa a Ibiza. El resto de la nobleza, los que lograron sobrevivir a la gran matanza realizada por los sublevados en el Castillo de Bellver, se refugiaron en Alcudia, única ciudad que se mantuvo bajo el mando realista durante todo el levantamiento.

La forma de organización de los levantiscos baleares fue semejante a la valenciana con una Junta formada por trece miembros que se repartieron el poder de las islas, hasta que, en agosto de 1522, el Gobernador General, al mando de las tropas enviadas por Carlos en su socorro, logró reducir a los revolucionarios en Palma de Mallorca. La ciudad fue rendida en marzo de 1523. La mayoría de los sublevados fueron condenados a muerte salvo un pequeño grupo que logró huir a Cataluña.

Las germanías, en su aspecto positivo, demostraron que otra forma de gobernar era posible, con menos trabas burocráticas, menos deuda. En el aspecto negativo, fue un movimiento contra otras formas de trabajo y de pensamiento (por no utilizar el término actual de xenofobia, porque tal cosa no sería entendida en el siglo XVI), especialmente contra los mudéjares, artesanos que trabajaban de manera más barata que los miembros de los gremios. Fue un movimiento que pretendía preservar la forma comercial del medievo frente a las nuevas maneras renacentistas.