A inicios del Siglo XIX, el territorio de Argel formaba parte del Imperio Otomano que tenía un gobernador-Dey- que dirigía aquel territorio en nombre del sultán turco. En 1818 fue nombrado Gobernador, Hussein Day, y en 1830, cuando se desencadenan los acontecimientos que vamos a narrar, seguía en el cargo.
Aunque el Imperio Otomano era el que mantenía la soberanía, quien realizaba importantes actividades comerciales en aquella zona era Francia. Las tensiones entre ambos territorios no eran nuevas, pero destaca el incidente diplomático acontecido en 1827 -incidente del abanico- en el que el Dey abofeteó, con un abanico, al embajador francés al reclamar el pago de una deuda que Francia no abonaba. Aquella fue la excusa perfecta para que el rey francés Carlos X que sufría una enorme impopularidad debido a sus políticas absolutistas, intentara distraer la atención y aglutinar a la opinión pública francesa entorno a un enemigo exterior. Argel ocupaba una posición estratégica en el mar Mediterráneo que a Francia le favorecía para asegurar el control de las rutas comerciales, librarse de intermediarios, acceder a los recursos agrícolas del norte de África, especialmente el trigo y otros suministros esenciales…Si bien, en este enfrentamiento, estableció, como motivación más noble y también cierta para intervenir en Argel, acabar con la piratería otomana -argelina y de todo tipo- y la esclavitud de comerciantes europeos que osaban adentrarse por las costas berberiscas.
La conquista francesa comenzó en 1830. Argelia fue gobernada, primero, como colonia francesa entre 1830 y 1848, y luego formando parte, mediante múltiples departamentos, de Francia.
Como jurisdicción reconocida de Francia, Argelia se convirtió en destino de cientos de miles de colonos europeos, a cuyos descendientes nacidos en Argelia se les conoció como pieds-noirs. Napoleón III concede la nacionalidad francesa a los indígenas nativos el 14 de julio de 1865 y a los judíos argelinos en 1870. En 1881, Francia declaró a Argelia como parte de su metrópoli.
La conquista de Argelia no fue fácil. Cuando Francia logró su dominio en el territorio de Argel le faltaban por incorporar – lo harán los propios franceses posteriormente- la Kabilia y los territorios del sur. La conquista se produjo en periodo revolucionario (revoluciones de 1830 y 1848) y ese espíritu afectó también a los impulsores de su posterior independencia.
Al contrario que los británicos, los franceses intentaron en el norte de África una política de asentamiento y dominio de los territorios como algo propio, como territorio francés, dominado por franceses, aunque el dominio de las instituciones no se hiciera por igual entre los ciudadanos de origen francés y los nacionalizados franceses de origen bereber.
Cuando a partir de 1830 los colonos franceses se asentaron en Argel y, posteriormente, se adentraron en los territorios poco explorados del sur hasta incorporarlos como departamentos franceses, se hicieron con las mejores tierras, pero también llevaron infraestructuras, un sistema educativo y asimilaron a los nativos a la cultura francesa, lo que dio lugar al fin de una identidad diferente de los nativos con remembranzas del pasado poder turco. Aquel proceso de integración se hizo verdaderamente en serio, con convencimiento. Por eso el proceso de independencia se convertirá en una guerra civil con varios bandos enfrentados. No se podía hablar de “identidad argelina” porque no existía en aquel momento.
El movimiento nacionalista surge como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, tras la que las potencias europeas quedaron exhaustas, originando a un proceso descolonizador mundial, que afectó en particular a Gran Bretaña y a Francia.
Cuando estalló la insurrección argelina (1854), Vietnam acababa de lograr su independencia: las fuerzas francesas habían sido derrotadas en Dien Bien Phu, una victoria que sirvió de estímulo para todos los pueblos colonizados. Mientras tanto, la independencia de los dos protectorados del Magreb, Marruecos y Túnez, aunque aún se encontraba en negociación, en poco tiempo se reconocería su existencia como estados independientes, algo que nunca antes habían sido (ambos reconocimientos se produjeron en 1956).
De entre todos los territorios que buscaban la independencia, la situación de Argelia era especialmente dolorosa para Francia. Su territorio no era un protectorado, era un departamento francés, era Francia. Además, poseía gran importancia económica en materia agrícola y por haber encontrado petróleo y gas en los años 40.
El movimiento independentista iba unido un movimiento revolucionario de corte socio-comunista e islamistas que se manifestó con un enfrentamiento entre las fuerzas nacionalistas, principalmente el Frente de Liberación Nacional (FLN), y su grupo terrorista, el llamado Ejército de Liberación Nacional, conocido por las siglas en francés ALN, frente a las tropas leales a Francia. Curiosamente, en aquel momento, los créditos para luchar contra el levantamiento fueron aprobados por todo el espectro parlamentario francés, incluidos comunistas y, por supuesto, socialistas.
En el interior de Argelia, ya empezaron a surgir algunos de los problemas que asaltarían a la sociedad argelina tras su independencia y que tenían su origen en hechos anteriores a la presencia francesa: desde siempre se había producido en aquel territorio un enfrentamiento con las tribus árabes y los bereberes. Estos últimos fueron empujados por los árabes en todo el Magreb hacia las montañas y al Sahara. Ese enfrentamiento se ha seguido dando hasta la actualidad e incluso ha supuesto enfrentamientos entre los bereberes y el gobierno argelino en los procesos de arabización de la población que han surgido tras la independencia.
La conciencia nacionalista surge, en parte, por el desigual trato recibido entre los colonos franceses y los nativos a la hora de votar. En 1943, Ferhat Abbas, que luchaba todavía por la asimilación, publicó el “manifiesto del pueblo argelino “(que ya tuvo un precedente en 1937 con ocasión del “Congreso Musulmán argelino” y dónde los fundamentos de la Argelia musulmana se encontraban en la superioridad numérica y el crecimiento demográfico. Hasta después de la II Guerra Mundial aquella semilla quedó dormida e inoperante); en 1943, Abbas exigía la igualdad ante la ley y la autonomía regional, este fue el germen que permitió en 1954 crear el Frente de Liberación Nacional.
El 1 de noviembre de 1954, se crea en la clandestinidad el Comité Revolucionario de Unión y Acción y estalla la rebelión en la Gran Kabilia y los Montes Aurès (el “Día Rojo de Todos los Santos”): el territorio argelino se vio sacudido por una treintena de ataques simultáneos contra objetivos militares y policiales, que causaron siete muertos. François Mitterrand, Ministro del Interior, decidió enviar tres compañías de la policía antidisturbios, CRS, y disolver el MTLD (Movimiento por el Triunfo de las Libertades Democráticas, de corte nacionalista). Estos acontecimientos no se percibieron como el inicio de la guerra, pero era una guerra, civil y cruenta, en la que Francia contaba con su ejército, enfrentado a los grupos terroristas del llamado Frente de Liberación que actuaban tanto en los departamentos argelinos, como en la metrópoli. De esa guerra, sólo destacaremos algunos hechos importantes.
Será en 1955 cuando se marque un punto de inflexión: Mitterrand abogó por el uso de la fuerza y presentó un programa de reformas para Argelia. Las primeras operaciones del ejército francés tuvieron lugar en los Montes Aurès. Jacques Soustelle, nombrado Gobernador General de Argelia, defendió la integración, y el gobierno francés declaró el estado de emergencia (1 de abril). Las operaciones llevadas a cabo por los argelinos fueron de estilo guerrillero: atentados con bombas, ataques a destacamentos y sabotaje, inicialmente en Kabilia y la región de Constantina.
En 1956 se generalizan los enfrentamientos. Una guerra civil en todos los niveles de la población. A partir de 1957, la Francia metropolitana recuperó el control en las principales ciudades (Batalla de Argel). En 1958, tuvieron lugar los motines de Argel con la creación de un comité de salud pública y, posteriormente, enfrentamientos, por etapas: en el campo, hasta Kabilia (1959-1960), utilizando la táctica de “campos de reagrupamiento”.
La Francia metropolitana ganó la guerra militar, pero perdió la guerra ante la opinión pública, tanto en el plano internacional como nacional. La “guerra psicológica” fracasó entre la población musulmana: los reagrupamientos forzosos, de un lado, y el terror mantenido por el FLN hicieron imposible cualquier coexistencia.
A pesar de los intentos del gobierno francés por presentar la guerra en Argelia como un asunto de seguridad interna, la dimensión internacional del conflicto creció progresivamente, en beneficio del FLN. La ayuda árabe fue decisiva. La delegación exterior del FLN se reagrupó en torno a Ferhat Abbas en El Cairo, sede de la Liga Árabe.
Los dos países vecinos, Marruecos y Túnez, sirvieron como arsenales, bases de retaguardia y campos de entrenamiento para los combatientes. Cada intento del ejército francés por romper la solidaridad de estos Estados soberanos provocó protestas internacionales. Así, las dos superpotencias (USA y URSS) condenaron la política francesa en nombre del derecho de los pueblos a la autodeterminación, pero por razones opuestas: la URSS veía su apoyo moderado al FLN como un medio para afianzar su influencia en el Magreb; Estados Unidos consideraba que la intransigencia francesa era la mejor vía para que la URSS lograra este objetivo.
Al permitir que la delegación argelina participara como miembro de pleno derecho en la Conferencia de Bandung, el Movimiento de Países No Alineados otorgó al FLN una dimensión exterior que no hubiera adquirido de otro modo. A partir de septiembre de 1955, las reiteradas ofensivas diplomáticas de los países afroasiáticos obligaron a Francia a justificar su política ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, primero en 1956 y luego al año siguiente. En 1958, el F.L.N. formó el primer Gobierno provisional de la República Argelina en el exilio tunecino, presidido por Ferhat Abbas.
La incapacidad de la IV República para restablecer la paz fue aprovechada por la coalición provisional de fuerzas políticas hostiles, lo que condujo al colapso del régimen.
El 13 de mayo de 1958, partidarios de la “Argelia francesa” se rebelaron en Argel. Todos estos acontecimientos provocaron una crisis que colapsó la IV república. Ante la crisis, el 15 de mayo, el general De Gaulle se declaró “dispuesto a asumir los poderes de la República”, dando comienzo a la V República.
El 3 de junio, De Gaulle obtuvo poderes especiales durante seis meses para resolver la crisis argelina. Propuso tres caminos entre los que los argelinos debían elegir: la secesión, la integración en la sociedad francesa, o la asociación. Esta fue la primera vez que la independencia fue, de hecho, considerada. Sin embargo, persistía el problema de la pacificación de Argelia, sin la cual la autodeterminación era improbable.
La opinión pública francesa, inicialmente favorable a la guerra, viró hacia la búsqueda de la paz, incluso a costa de la independencia. En enero de 1961, el referéndum sobre la autodeterminación obtuvo un 72,25 % de votos a favor en la Francia metropolitana y un 69,09 % en Argelia. En este giro los partidos de izquierdas tuvieron una influencia esencial. El partido comunista se mostró en el adalid de la “defensa de la paz”; que realmente no era la paz, era la rendición, la entrega, es decir, su paz equivalía a la independencia de Argelia.
Como en toda Guerra civil, las familias francesas sufrieron considerablemente por este conflicto, no sólo por los soldados que fueron reclutados para el ejército, también por los ataques terroristas indiscriminados del FLN y la represión consiguiente del Estado (por ejemplo, la “semana de las barricadas” del 24 de enero al 1 de febrero de 1960 o la manifestación de argelinos en París en 1961 que acabó con 200 muertos). Además, el coste económico y moral de la guerra impactó en amplios sectores de la economía y la sociedad francesa.
La izquierda se movilizó unas veces en defensa de las libertades argelinas, en otras claramente por la independencia de Argelia (Manifiesto de los 121 a favor de la insubordinación, septiembre de 1960). En Argel, algunos individuos aislados abogaron por la reconciliación entre comunidades, como André Mandouze y Albert Camus. Otros pocos apoyaron clandestinamente al FLN, como los «portadores de maletas» de la red Jeanson (quinta columna a favor del FLN contra los franceses. Se dedicaba principalmente a conseguir y transportar fondos y documentación falsa: de ahí el nombre de “portadores de maletas” que se les atribuía a sus miembros).
Algunos periódicos —France-Observateur, Témoignage chrétien, Le Monde— denunciaron las supuestas torturas. El movimiento estudiantil (Unión Nacional de Estudiantes de Francia) pasó de rechazar la guerra a apoyar la independencia. Parte de los sindicatos y activistas políticos de izquierda —el Partido Comunista desde 1956, el Partido Socialista Autónomo, los partidarios de Mendès-France y, posteriormente, el Partido Socialista Unificado— se manifestaron contra la continuación de los combates y, más tarde, en apoyo de las negociaciones.
Los enfrentamientos también daban dentro de las filas francesas. Así ocurre con el intento de golpe de estado de Argel (del 21 al 26 de abril de 1961). Un grupo de militares de carrera del ejército francés situado en Argelia, liderados por cuatro generales: Maurice Challe, Edmond Jouhaud, Raoul Salan y André Zeller, iniciaron una acción como oposición a la política del General De Gaulle y del gobierno, al considerar que mantenían una política de abandono de la Argelia francesa (inicialmente, De Gaulle defendió la integración de Argelia en Francia, pero posteriormente cambió de posición. En 1959 reconoció el principio de autodeterminación). El golpe fracasó, ya que no logró movilizar a las tropas ni a la opinión pública en Francia. Los oficiales rebeldes se unieron entonces a la OAS (la OAS fue una organización paramilitar y terrorista francesa, formada por militares contrarios a la independencia de Argelia y su objetivo era impedir la independencia de Argelia. Desaparecen con los acuerdos de Évian).
En esta situación de violencia entre ambas comunidades se inician las conversaciones de Èvian en mayo de 1961, entre el Gobierno Francés y los nacionalistas argelinos representados por Ben Khedda.
Los Acuerdos de Évian, firmados el 18 de marzo de 1962, otorgaron la soberanía al Estado argelino, incluyendo el Sáhara. Finalmente, Argelia proclamó su independencia el 3 de julio de 1962.
Entre sus múltiples consecuencias se encuentra la cuestión de los 900.000 ciudadanos franceses de Argelia (pieds-noirs) que decidieron abandonar el país y ser repatriados a Francia y el trauma de los harkis, argelinos que habían combatido junto al ejército francés. Al obtener Argelia su independencia, los harkis fueron considerados traidores y colaboradores por el nuevo régimen, y el Frente de Liberación Nacional (FLN) los torturó y ejecutó en brutales masacres, llevando a la muerte en torno a 700.000 harkis. Algunos (en torno a 43.000) lograron huir a Francia tras la independencia, pero no lograron una auténtica integración hasta años después.
Internamente, Argelia no logró la estabilidad deseada con la independencia. La dirección política del FNL se enfrentó con el ALN (ejército de liberación argelino). El primer gobierno presidido por Ben Bella y una asamblea nacional constituyente. En 1965 una facción del ALN, dirigida por Bumedian, dio un golpe de estado. Bumedian gobernó Argelia hasta su muerte en 1978. Creó una unidad entre partido y tropas, que dominaron todo el poder. En su ideario, lleno de contradicciones, buscaban una modernización industrial y avances económicos mediante planes cuatrienales, con un estado centralizado comunista, sin margen para la autoorganización, de carácter islamista. Lo que influye en contra del desarrollo económico y de la posición de la mujer que ha pasado de tener un importante papel durante la independencia a estar cada vez más sometida y apartada de la vida pública.
Las relaciones entre Francia y Argelia continúan siendo importantes, pero la guerra dejó una huella muy dolorosa en la memoria histórica.
BIBLIOGRAFÍA
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