El Camino Español

Lo que hoy son los Países Bajos, formaron parte de la corona española y sometidos a una sola autoridad desde la herencia borgoñona de Carlos I de España hasta la paz de Westfalia en 1648. Aquella zona nunca fue pacífica.

La primera vez, y casi la última, que todos los Países Bajos (que se conformaban aproximadamente por los actuales Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo, más una pequeña zona del Norte de Francia y otra del Oeste de Alemania) estuvieron unidos fue bajo el poder de los Habsburgo, con Carlos V y su hijo Felipe II. Estas provincias fueron rebeldes desde que a ellas llegaron los vikingos, y a nuestro Carlos I le dieron tantos quebraderos de cabeza- como vimos en las primeras entradas de este blog- que intentó apaciguarlas, cosa que no logró, dotándolas de una considerable autonomía en 1549. La situación en los Países Bajos se volvió más tensa con Felipe II por sus intentos de reforzar la persecución religiosa de los protestantes y sus esfuerzos por centralizar el gobierno, la justicia y los impuestos. Realmente ambos problemas eran el mismo. Desde la reforma, los príncipes protestantes apoyaron la causa luterana por ver en ella un modo de independizarse del poder español.

En la segunda mitad del siglo, los calvinistas se levantaron contra la corona española en Flandes. Dichos revolucionarios calvinistas se dedicaban a entrar en lugares sacros, principalmente iglesias y conventos católicos para destruir sus representaciones de arte.  Su actuación era tan poco adecuada que en muchos lugares los luteranos prefirieron mantenerse al lado de España por considerar mucho más peligrosos a los calvinistas y porque tampoco se fiaban de los franceses que andaban peleándose católicos contra hugonotes.

La explosión del problema calvinista y sus revueltas tiene lugar en 1566, siendo gobernadora de las provincias Margarita de Parma, hija natural de Carlos V. Margarita venía siendo asesorada por el ministro español Cardenal Granvela. Los motivos del malestar holandés fueron dos, por un lado, la subida de impuestos que contó con una oposición cerrada de los calvinistas y, por otro, la intransigencia religiosa de Granvela; si bien, los calvinistas no eran más transigentes que el cardenal español y, como hemos señalado, utilizaron el conflicto religioso para provocar movimientos independentistas. La destitución del cardenal a petición de los revolucionarios, que tuvo lugar en marzo de 1564, dejó el control de los asuntos de Flandes en manos del Consejo de Estado, cuerpo dominado por la alta nobleza flamenca. Pero ni la autonomía dada en su día, ni la retirada de Granvela calmaron la situación, de modo que, en 1566, el malestar era insoportable y la solución indefectiblemente pasaba exclusivamente por dos opciones: o ceder ante los revolucionarios o reprimir la sublevación.

Dado que los actos de cesión nunca sirvieron para mejorar las cosas, Felipe II optó por enviar las tropas españolas a Flandes bajo el mando del Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel. Se inicia así la guerra de los 80 años.

El primer problema que debía solventar el Duque de Alba era cómo llegar en el menor tiempo posible a Holanda para sofocar las revueltas.

Tradicionalmente, el traslado de personas y mercancías se hacía por mar desde los puertos cantábricos hasta los Países Bajos. En los primeros años del reinado de Felipe II, la potente armada española, podía navegar con cierta seguridad por el Canal de la Mancha debido al apoyo inglés- no olvidemos que Felipe II estaba casado con María I de Inglaterra-.  Navegar bajo el cobijo de los puertos ingleses, incluido el puerto de Calais, entonces en manos anglosajonas, nos permitía dominar el océano. Pero, en 1558, dos acontecimientos cambiaron nuestra suerte: primero, los franceses se hicieron con el puerto de Calais y, segundo, el fallecimiento de María I de Inglaterra, llevó al trono inglés a Isabel I, poca amiga de los católicos y de España.  El tránsito por mar desde España a los Países Pajos dejó de ser recomendable.

En 1568 la situación se recrudeció por el ataque directo a nuestros barcos realizado por los ingleses y por la armada de los Hugonotes franceses asentados en La Rochelle, a la que se unieron los barcos de los habitantes de los Países Bajos expulsados por España por haber tomado parte en las revueltas de 1566-67, y a los que se les conocía como “ mendigos del mar”.

Existía otro factor digno de consideración, la mayor parte de la guarnición del ejército español se encontraba en Italia y, por tanto, las rutas terrestres para llegar a Flandes eran más aconsejables.

La idea de utilizar rutas terrestres nació de Granvela, cuando aún estaba en los Países Bajos, su intención era facilitar la llegada de Felipe II a aquel territorio de su corona que estaba tan alejado de la Corte. La ventaja que ofrecía esta opción era que transitaba casi enteramente por territorios españoles o aliados de la Monarquía Hispánica. Se utilizaron caminos ya utilizados por mercaderes y otros viajeros. La ruta fue utilizada por primera vez en 1567 por el duque de Alba en su viaje para convertirse en el nuevo gobernador de los Países Bajos. Pero el paso de una persona no requiere los mismos preparativos que los de todo un ejército.

Hacer posible una ruta terrestre entre Milán y Flandes (unos 1.000 km), que fuera útil para el paso de las tropas, fue una genialidad logística-militar revolucionaria para su época, que hay que atribuir al Duque de Alba. Consiguió mover a través de toda Europa a cientos de miles de tropas españolas a un ritmo que no se volvió a alcanzar hasta más de 200 años después durante las Campañas Napoleónicas. Esta ruta, con sus diferentes variantes se conoce como “Camino español” o “Camino de los Tercios”

Para preparar la primera ruta, el duque de Alba contaba con un equipo de unos 300 zapadores con la tarea de ir abriendo ensanches en las carreteras de los desfiladeros y estrechos pasos de montaña que habrían de recorrer las tropas, construyendo y desmontando puentes improvisados a su paso. Incluso se hizo con un pintor que acompañaba a la expedición para dibujar mapas y vistas panorámicas de la ruta de los ejércitos. Además, se solían contratar guías para cada región. El guía del de Alba fue Fernando de Lannoy, quien realizó un mapa tan preciso del Franco-Condado que el duque bloqueó su publicación durante diez años para mantener en secreto las rutas establecidas.[1]

Esa operativa de preparar el camino con antelación y tener mapas precisos en los que estuvieran perfectamente situados los puentes, los vados, los transbordadores… que comunicaban las diferentes localidades fue esencial para el éxito de la empresa. Los jefes militares hacían uso de dichos mapas para cruzar los distintos territorios, pero cuando se carecía de ellos, se contrataban guías locales que eran los encargados de conducir a las tropas por su propia región.

Especialmente importante fue la configuración de las “etapas” que, en el ámbito mercantil, ya utilizaban los comerciantes. Eran zonas de reposo, con la suficiente dignidad como para alojar a los viajeros, con comida adecuada e incluso zonas de almacenaje y suficientemente seguras como para realizar sus transacciones comerciales. En el siglo XVI, se adaptan a fines militares, siendo los franceses los primeros en utilizarlas en determinadas zonas de su territorio. El Duque de Alba se sirvió de algunas de aquellas etapas francesas y creó y adaptó otras para completar el camino hasta Flandes.

Aquel sistema establecía pueblos en el camino en el que las tropas recibían las provisiones, tenían camas para descansar y asearse. Había “encargados de la etapa”, junto con “comisarios ordenadores”, responsables del alojamiento de los soldados y de sus familias (muchas veces los soldados españoles viajaban con su mujer e hijos). Se emitían billetes de alojamiento que servían para controlar en cada hospedaje el número de personas que se iban a alojar, los caballos que iban a acomodar en las cuadras etc. Esos billetes se presentaban al recaudador local que procedía a su pago, por el precio acordado con antelación y firmado en un documento contractual. Para ello cada expedición era precedida por un comisario que negociaba con los gobiernos locales el itinerario, las zonas de alojamiento, los víveres y el precio. Si había más de una oferta se estudiaban y elegía la más favorable a los intereses del ejército. El acuerdo se estampaba en una “capitulación”. Habitualmente los víveres que se entregaban a cada soldado era: agua, sal, aceite para las armas y vinagre, así como 226 g de carne (por día), 115 g de bacalao seco, 290 gramos de pan, un litro de vino (por cabeza), así como fruta y verduras. A los animales, se les proporcionan 20 kilos de paja y grano.

Cuando había que transitar por zonas más montañosas, en el acuerdo figuraban también los medios para que los soldados llevaran sus pertrechos personales, las armas de mano y los cañones: mulas, burros o carretas…

Otro de los factores que contribuyeron a mejorar la marcha fue la fragmentación de la expedición en grupos de no más 3.000 soldados, que salían de manera escalonada en el tiempo a fin de no saturar los lugares de alojamiento.

Un agente de la Corona española dejaba en la etapa correspondiente a una persona de confianza para asegurarse del cumplimiento de lo pactado y garantizar que el suministro de las tropas se pudiese realizar.

Cada expedición, era acompañada por una legión de diplomáticos cuya misión era asegurar a las élites y a la nobleza de las provincias recorridas que las intenciones de los Tercios, para con ellos, no eran combativas y que no habría aldeas y pueblos saqueados. Sí, los hubo, pero, en esos casos, el Duque cumplió su palabra de castigar con la muerte a los soldados españoles que incumplieron estas órdenes.

Con todo preparado, la operativa del viaje se presentaba del siguiente modo: de un lado, se encontraban las tropas sitas en Italia y, de otro, las que estaban en España. Para estas últimas se trazó la siguiente ruta: se embarcaban a los tercios situados en el sur de España en Cartagena y se les transportaba por mar hasta Barcelona, donde se unirían al resto de unidades allí destinadas o llegadas de las provincias norteñas de España. Desde ahí, juntos, embarcarían por el Mediterráneo hasta Génova.

Génova aceptaba gustosa el paso de las tropas españolas, primero porque sus banqueros tenían grandes negocios con la Corona española y segundo porque su archienemiga Venecia, tenía un pacto con Francia, así que la presencia española les daba seguridad.

El trayecto seguía por el ducado de Milán, territorio español, y, después, cruzaba los Alpes por Saboya. Saboya se mantenía neutral en las disputas entre Francia y España, pero viendo la fortaleza del ejército español les dejaba pasar dirección norte, sin oponer dificultad alguna. Además, Felipe II, para asegurarse el paso, casó a su hija Catalina Micaela con el duque de Saboya, Carlos Manuel I. Desde saboya transitaban por el Franco Condado, que era territorio español, hasta llegar al Ducado de Lorena que era neutral y, aunque en principio, no tenía razones para favorecer a España frente a Francia, desde 1552 cuando Francia se hizo con los arzobispados de Metz, Toul y Verdún, quedándose con una parte importante del territorio de Lorena, el paso de las tropas españolas era casi un seguro de vida- y lo fue durante mucho tiempo-. Así llegaban los Tercios a Luxemburgo, territorio español, y sólo faltaba traspasar el territorio del Obispado libre de Lieja, que, si bien no era territorio español, sus problemas con los protestantes les acercaban a las posiciones españolas, de ahí que normalmente los Tercios fueran bien acogidos. Desde allí a Bruselas era casi un paseo.

La preparación anticipada de caminos, provisiones y transporte, la actividad diplomática… aumentaba la rapidez en el traslado de las tropas.  Si no había alteración, un regimiento podía hacer el viaje desde Milán a Flandes en 6 semanas y hay constancia de expediciones que no tardaron más que 32 días. La duración media era de 48 días.

El camino tuvo que hacer pequeños cambios en su itinerario a medida que los acontecimientos históricos le obligaron. Así, la revuelta de la Valtelina en 1618 había posibilitado al gobernador de Milán establecer guarniciones españolas en ese valle estratégico que unía Milán con Austria, y la revuelta de Bohemia, en el mismo año, dio lugar a que nuestro gran general Ambrosio Spinola, ocupar el palatinado y se asegurase los pasos del Rin, lo que permitía a España consolidar su control sobre el camino español alejándolo de las presiones francesas.

 El camino se utilizó de manera regular hasta 1634.

Durante todo ese tiempo, la Corona española envió por el camino español más de 123.000 hombres entre 1567 y 1620, en contraste con los 17.600 que llegaron por vía marítima en el mismo periodo. Ese tránsito de soldados, su alojamiento y la seguridad que reportaban, fue un factor esencial para lograr el dinamismo económico en los territorios en su recorrido y para el respeto de sus fronteras. La desaparición del Camino supuso un cambio en la propia fisonomía de Europa: Alsacia, Lorena y Franco-Condado sufrieron tanto su desaparición que, finalmente fueron absorbidos por Francia.

El Camino Español sigue siendo un ejemplo de cómo llevar a cabo una logística militar perfecta.

BIBLIOGRAFIA

KAMEN, Henry. “Felipe de España”. Ed Siglo XXI.1997.

MARTÍNEZ LAÍNEZ, Fernando. “Una pica en Flandes. La epopeya del Camino Español.” EDAF. 2007

NÚÑEZ SÁNCHEZ, Javier. – “El Camino Español y los corredores militares del Imperio”. Febrero de 2017.

SÁNCHEZ, Jorge. “El camino español. Un viaje por la ruta de los Tercios de Flandes” Ed. Dilema. 2014

 

[1] Javier Núñez Sánchez: “El Camino Español y los corredores militares del Imperio”. Febrero de 2017

 

FRAP

En los últimos días, por la victoria judicial que Cayetana Álvarez de Toledo ha obtenido frente a la demanda interpuesta contra ella por el padre de Pablo Iglesias, ha vuelto a nuestros oídos el nombre del grupo terrorista FRAP. Pero, ¿qué fue el FRAP?

El Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), fue una organización terrorista que surgió de las ramificaciones del PCE, desde que Carrillo postulara una política de reconciliación nacional en 1956, oficialmente aceptada en el VI Congreso del Partido Comunista de España celebrado en Praga en diciembre de 1959. Carrillo presentaba una estrategia que defendía la salida pacífica del franquismo y el pacto con sectores del régimen; ideas que fue madurando poco a poco durante la década de los 60 y que, en la de los 70, le llevaron a abrazar el eurocomunismo.

El eurocomunismo se caracterizó por rechazar el modelo político desarrollado por la URSS y, con cierto carácter práctico, acercarse a las clases medias y bajas surgidas del capitalismo y aceptar el modelo pluripartidista. Los más destacados partidos eurocomunistas fueron el italiano y el francés. En España ante la evolución de los acontecimientos de la transición, el Partido Comunista de España de Carrillo y el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) se abrazan al eurocomunismo y, precisamente, su legalización en los inicios de la transición, se debió a esta posición más conciliadora con las democracias liberales.

Sin embargo, no todos los comunistas defendían esta estrategia, lo que dio lugar a diferentes escisiones, como la del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) y el Partido de los y las Comunistas de Cataluña (PCC). Los cuales se unían así a otras ramificaciones que se habían dado con anterioridad, como fue la del Partido Comunista de España (marxista-leninista), cuyas siglas fueron: PCE (m-l), de carácter estalinista. La visión política de estos últimos era favorable a la revolución por medio de la violencia. La diferencia con los anteriores, especialmente con las otras dos escisiones señaladas (PCPE y PCC) estribaba en que para estos la violencia era una opción, normalmente manifestada en la algarada callejera, de corte totalitario, supuestamente en nombre del pueblo, pero para el PCE (m-l), la violencia era un imperativo para lograr sus fines.

En el fondo de esta discusión no había más que un conflicto entre el comunismo soviético del PCUS -abrazado en España por Santiago Carrillo- y el comunismo maoísta chino, que profesaba el PCE marxista-leninista y que defendía la lucha revolucionaria y el belicismo como máxima para instaurar su propio régimen. A partir de 1976 el maoísmo perdería fuerza en el PCE (m-l) en favor del modelo comunista y aislacionista de Albania.

Este abrazo a la violencia no era una novedad en el comunismo, no olvidemos que Trotski en 1917 había señalado en una arenga: “Os digo que las cabezas tienen que rodar, y la sangre tiene que correr (…). La fuerza de la Revolución francesa estaba en la máquina que rebajaba en una cabeza la altura de los enemigos del pueblo. Era una máquina estupenda. Debemos tener una en cada ciudad”.

 El PCE ml sigue la tradición de Robespierre, Lenin, Stalin y Trotski, que nunca se pararon en barras a la hora de liquidar a los opositores dentro y fuera del partido. El terror está en la base intelectual y el designio político del comunismo.[1]

En esto, los totalitarismos de todo signo suelen coincidir, al menos en sus manifestaciones teóricas, que desgraciadamente, también se llevan a la práctica. “La base del poder es la violencia, nunca el derecho”. Posición defendida por uno de los máximos ideólogos del nazismo, Carl Schmitt [2] y que también aplicaron los comunistas.

Esa concepción de la violencia radical y criminal que justificaban definiéndola como lucha frente al franquismo, llevó al PCE (m-l) junto con otros grupos disidentes a crear el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), como brazo armado para llevar a cabo sus actividades terroristas.  Para ellos, como ha señalado algún militante, tan enemigo era Franco como Carrillo al que consideraban un traidor.

La década de los 70 en España nació ciertamente revuelta. Franco se encontraba enfermo de Párkinson, el entonces Príncipe Juan Carlos había sido nombrado sucesor a título de Rey. Las familias del régimen se posicionaban ante lo que era evidente: la muerte de Franco en un tiempo no muy lejano. Ahí aparecen los codazos por el poder entre las facciones más duras del régimen y las que eran más partidarias de una apertura. En ese contexto, ETA cometió su primer asesinato en 1968- supuestamente, al igual que el FRAP, como lucha frente al franquismo, si bien al mayor parte de sus asesinatos ocurrieron tras la muerte de Franco-. El juicio por aquellas muertes se sustanció en el llamado proceso de Burgos, que ocasionó uno de los mayores momentos de tensión en España en mucho tiempo. Tanto que, las duras penas impuestas (penas de muerte) tuvieron que ser conmutadas por penas de prisión ante la presión ejercida desde el exterior por un número considerable de países.

Por otro lado, la sociedad  tenía un mayor conocimiento de lo que ocurría fuera de España  gracias al turismo y a la apertura en las costumbres acontecida desde los años 60, como ya contamos aquí: (https://algodehistoria.home.blog/2020/06/19/que-decada-la-de-aquel-regimen/), se generaron más conflictos sociales, sobre todo, manifestaciones estudiantiles en Madrid y Barcelona o un número muy importante de huelgas que se produjeron en 1970.

La economía parecía ajena a las crisis internacionales que ya se vislumbraban y a las luchas políticas, consolidando lo que los historiadores definen como el milagro económico español, con un país creciendo a una media superior al siete por ciento, herencia de las reformas de los tecnócratas. Reforzadas por los acuerdos con los EE. UU o la firma del Acuerdo Económico Preferencial entre el Estado Español y la CEE, en junio de 1970.

En este contexto, el 23 de enero de 1971, en París, se creó el comité que daría lugar al nacimiento de FRAP. Cuyos objetivos se mostraron en el número 1 de la revista ¡Acción!, editada el 1 de marzo de 1971. Se concretaban en 6 puntos:

  1. Derrocar la dictadura fascista y expulsar al imperialismo estadounidense de España mediante la lucha revolucionaria.
  2. Establecimiento de una República Popular y Federativa que garantice las libertades democráticas y los derechos para las minorías nacionales.
  3. Nacionalización de los bienes monopolísticos y confiscación de los bienes de la oligarquía.
  4. Profunda reforma agraria sobre la base de la confiscación de los grandes latifundios.
  5. Liquidación de los restos del imperialismo español.
  6. Fundación de un Ejército al servicio del pueblo.

Sin embargo, la constitución formal del grupo terrorista no se concretó hasta 2 años después, también en París. Julio Álvarez del Vayo, ex ministro del PSOE con Largo Caballero, durante la guerra civil, fue nombrado presidente y lo lideraría hasta su muerte en 1975. Tras la guerra civil, Julio Álvarez del Vayo se exilió en los EEUU y México. Fue expulsado del PSOE por su radicalismo procomunista. Instalado en Francia, aglutinará a diversos grupos revolucionarios. En la segunda reunión de París, se ratificaron los puntos programáticos editados en 1971 y cuya síntesis en palabras de Vayo era “destruir la dictadura de Franco y crear una República Popular y Federal a través de la lucha armada”[3].

Este grupo terrorista, cometió diversas acciones criminales en los cinco años posteriores. Las manifestaciones, las huelgas, el reparto octavillas eran consustanciales al grupo desde sus comienzos, pero, subiendo escalones de violencia, llegó al robo de armas, al lanzamiento de cócteles molotov a distintas instituciones, sobre todo, bancos, a los que también atracaban a mano armada, buscando así una forma de financiación. Motivo por el cual,  también asaltaron furgones que trasladaban dinero.

Las acciones más violentas del FRAP se inician el 1 de mayo de 1973 cuando en una manifestación en la calle Antón Martín de Madrid un grupo de policías fueron emboscados, rodeados y atacados con armas blancas, uno de ellos es asesinado a puñaladas. Se trataba del jovencísimo subinspector de la brigada político-social (tenía 21 años y estudiaba medicina, profesión a la que quería dedicarse en el futuro) Juan Antonio Fernández Gutiérrez.

José Catalán Deus, hoy periodista y entonces militante del FRAP, ha contado en numerosas entrevistas, y en su libro: “Crónica de medio siglo. Del FRAP a Podemos. Un viaje por la historia reciente con Ricardo Acero y sus compañeros”, como aquel primero de mayo fue muy complicado. “Ocurrieron cosas muy graves, hubo grandes redadas y cayó prácticamente toda la organización”[4]. Él fue detenido, estuvo preso desde julio a noviembre de 1973, posteriormente logró salir clandestinamente e instalarse en Albania, donde permanecía cuando la actividad criminal del FRAP se recrudeció en 1975.

Las víctimas del FRAP eran siempre miembros del Ejército y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado​, centrando sus ataques en Madrid, Barcelona y Valencia. Daba igual la graduación o el Cuerpo. Muchos cayeron heridos, otros muertos.  Muchas de las víctimas fueron atacadas cuando se encontraban fuera de servicio, aisladas o en labores totalmente ajenas a cuestiones policiales. Su actividad se recrudeció coincidiendo con el incremento de atentados perpetrados por ETA.

La actividad del FRAP y de otros grupos terroristas se acrecentó con la primera hospitalización de Franco en julio de 1974, los terroristas querían influir en el devenir de España ante el cambio de régimen.

Entre julio y septiembre de 1975, se produjeron los atentados del FRAP contra cuatro policías y un guardia civil, todos ellos fallecieron: Francisco Jesús Anguas Barragán; Lucio Rodríguez Martín; Antonio Pose Rodríguez, Juan Ruiz Muñoz y Diego del Río Martín. Pero como afirma Azcona, el “salto” terrorista de la formación, “no se produjo de la noche a la mañana”. “El paso de la actividad puramente dogmática o ideológica al campo del terror se fraguó en reuniones en pisos francos, con gente más proclive a la violencia, al chantaje, a la muerte”.

El 27 de septiembre de 1975, fueron condenados a muerte por estos hechos once militantes del FRAP, de los que tres fueron fusilados. Estos, junto a dos miembros de ETA, se convirtieron en los cinco últimos ejecutados del franquismo.

Como respuesta, dos días después, el FRAP atracó la pagaduría de la Residencia Sanitaria Valle de Hebrón de Barcelona. Abrieron fuego contra una pareja de Policías Armados que se encontraban allí de vigilancia. Diego del Río Martín, de 25 años falleció; su compañero, Enrique Camacho Jiménez, sobrevivió. Los terroristas se llevaron un botín de 21 millones de pesetas que empleó en seguir con sus actividades violentas.

Durante la transición, su actividad fue decayendo. Aunque no es fácil señalar cuándo acabó del todo su acción criminal, porque se teme que muchos de ellos se involucraron en otros grupos terroristas como el GRAPO. De hecho el atentado contra el hotel Corona de Aragón, el 12 de julio de 1979, donde murieron 78 personas y 113 fueron heridas, fue reivindicado, según señaló Radio Zaragoza y el periódico “El Heraldo de Aragón”, por llamadas que decían ser de  ETA, otras del FRAP y por el GRAPO. Aunque nunca se pudo resolver con certeza.

Se sospecha de algún otro atentado, como señala el periodista César Cervera en ABC  “La muerte del guardia de seguridad Jesús Argudo Cano, producida en Zaragoza el 2 de mayo de 1980, también fue atribuida al FRAP e incluso la Fundación de Víctimas del Terrorismo así lo señala en su libro ‘Víctimas del terrorismo, 1968-2004”.

Los  exmiembros del FRAP niegan más acciones porque el grupo ya estaba inactivo en esas fechas.

BIBLIOGRAFÍA

AZCONA, José Manuel, AVILÉS, Juan, y RE, Matteo. “Después del 68: la deriva terrorista en Occidente”. Ed Silex. 2019.

CERVERA, César. ABC https://www.abc.es/historia/abci-frap-organizacion-terrorista-asesino-cuatro-policias-forma-salvaje-finales-franquismo-202005312315_noticia.html

HERMIDA REVILLAS, Carlos. La oposición revolucionaria al franquismo: el Partido Comunista de España (marxista-leninista) y el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota. Universidad Complutense de Madrid.

https://www.pceml.info/actual/images/Biblioteca/HERMIDA_Laoposicinrevolucionariaalfranquismo_ElPCEmlyelFRAP.PDF

JIMÉNEZ LOSANTOS, Federico “Memoria del Comunismo”. Ed la esfera de los libros.2018.

Periodistadigital: https://www.periodistadigital.com/cultura/guia-cultural/20200602/frap-noticia-689404318338/

[1] Federico Jiménez Losantos. “Memoria del Comunismo”. Ed la esfera de los libros.2018

[2] Op. Cit.

[3] José Manuel Azcona, Juan Avilés y Matteo Re. “Después del 68: la deriva terrorista en Occidente”.Ed Silex. 2019

[4] Periodistadigital: https://www.periodistadigital.com/cultura/guia-cultural/20200602/frap-noticia-689404318338/

EL GOLPE DE ESTADO DE LOS CORONELES EN GRECIA

Acaba de fallecer el rey Constantino II de Grecia. Rey en el exilio, rey sin corona tras el golpe de Estado de los coroneles en 1967.

En la era contemporánea, la situación griega era inestable desde su independencia de Turquía y, donde, el paso por las dos guerras mundiales no mejoró la situación.

El territorio heleno vivió de guerra en guerra y de golpe de Estado en golpe de Estado. Por hacernos una idea, sin entrar en muchos detalles, el rey Constantino I (abuelo del rey Constantino II) fue derrocado en 1917 por sus simpatías proalemanas. En 1920 volvió a ser proclamado rey de Grecia, para volver al exilio en 1923 tras la derrota griega contra Turquía y el fracaso de un golpe de Estado monárquico que condujo a proclamar la II República helénica en marzo de 1924. Constantino I murió en el exilio en Roma en 1923. Su hijo mayor (Jorge), fue llamado a ocupar la corona griega en 1935 tras un nuevo golpe de Estado monárquico. Jorge II y toda su familia pasaron la II Guerra Mundial en Sudáfrica al ser ocupada Grecia por las fuerzas del eje. En 1944, se trasladan a Egipto buscando una mayor cercanía al territorio griego y el apoyo al gobierno griego también en el exilio. En 1946, tras la guerra civil griega, y tras ganar los monárquicos las elecciones y un plebiscito sobre la forma política del Estado griego, vuelven a Grecia. En 1947, Pablo I, hermano del recién fallecido Jorge II, ocupa el trono griego. Pablo I fue el padre el rey Constantino II y de nuestra Reina Sofía.

Esa guerra civil de 1946 enfrento a comunistas y anticomunistas. Ganaron estos últimos con el apoyo de los aliados, especialmente de los EE.UU., que se convirtió en el guardián del reino del egeo, en aplicación de la doctrina Truman.

En las siguientes dos décadas se sucedieron gobiernos conservadores. Sus políticas lograron un constante crecimiento económico, sobre todo, por la ayuda prestada por el Plan Marshall. Pero, esto no significa que la vida política estuviera tranquila, simplemente la tensión estaba solapada y se manifestó claramente cuando, el 22 de mayo de 1963, el diputado Grigoris Lambrakis es atacado brutalmente por una organización parapolicial del Estado, agresión que cinco días después le provocó la muerte.

En las elecciones del 16 de febrero de 1964, Georgios Papandreu consigue una amplia victoria (52,7 %). Su partido, Unión de Centro, de corte liberal nacido en 1961, se enfrentaba, sobre todo, al partido conservador, Unión Nacional Radical (ERE).  Su política progresista despertó una fuerte oposición de los círculos conservadores y militares, que, por otro lado, veían con temor el papel cada vez más destacado de su hijo, Andreas, de opiniones cercanas al Partido Socialista.

El 6 de marzo de 1964, muere el rey Pablo I y le sucede en el trono su hijo Constantino II de Grecia, con tan sólo 23 años y mucha inexperiencia política y personal.

El primer ministro, Georgios Papandreu, para supuestamente hacer frente a un posible golpe de Estado, remodela el Gobierno el 15 de julio de 1965. Papandreu se proclama Primer ministro y al tiempo ministro de Defensa. Lo que pone en sus manos un poder considerable. El rey Constantino II disconforme con esa situación, lo destituye. Este hecho lleva a que diputados de Unión de Centro abandonen el partido, desencadenando manifestaciones y movimientos populares que exigen la celebración de nuevas elecciones.

En 1966, Constantino II propone la formación de varios Gobiernos con la participación de los diputados que abandonaron la Unión de Centro, pero sólo consigue incrementar la inestabilidad nacional. A la desesperada intenta un gobierno de unidad entre representantes de la Unión de Centro y miembros del ERE. La intención era formar un gobierno que se encargara de los asuntos más urgentes y convocara nuevas elecciones. Pero todo se frustró por el golpe de Estado de los coroneles, el 21 de abril de 1967.

El golpe se produjo a las tres de la madrugada, el rey Constantino II estaba en el palacio de Tatoi, mientras su madre, la princesa Irene y nuestra – entonces- princesa Sofía acompañada por sus hijas las infantas Elena y Cristina se encontraban en el palacio de Psychico. Todos ellos a las afueras de Atenas. La princesa Sofía había ido a ver a su madre en una visita familiar y el golpe la pillo en Grecia. Los responsables de la asonada fueron dos coroneles: Papadopoulos y Makarezos, y el brigadier Pattakos, que habían desplegado los tanques en las calles de Atenas y Tesalónica y enfrente de los palacios reales, apuntando al interior de los mismos. Las comunicaciones estaban interrumpidas: no había línea telefónica y en la radio sólo se escuchaban marchas militares.

El rey tenía delante el futuro del pueblo griego, el de la monarquía y muy poca experiencia.

La familia real griega siempre ha sostenido que el rey Constantino nada tenía que ver con este golpe, sin embargo, se sospecha que el golpe de los coroneles fue una respuesta, más rápida, al golpe que realmente se esperaba- llamémosle, por entendernos, golpe de los generales- en nombre del rey y con conocimiento de los EE.UU. Tan es así que, cuando llegaron a Washington las primeras noticias del golpe desde su embajada en Atenas, no se alarmaron, lo esperaba; sin embargo, lo que contaban desde Atenas era incongruente.

El director de la CIA, Richard Helms esperaba un posible golpe de Estado, pero no el que les estaban relatando desde Atenas, sino uno perpetrado por los generales, con Grigorios Spandidakis, jefe del ejército, a la cabeza. Pero en vez de eso se encontraron con que unos advenedizos con rango de coronel que habían actuado al margen de sus superiores y sin la autoridad del rey. El objetivo de los alzados era hacerse con el control del Ejército, formar una Junta militar que gobernara el país, con la pésima y no comprobada excusa de acabar con un supuesto alzamiento comunista de ciertas zonas de Grecia donde aseguraron que había penetrado el Ejército Rojo de la URSS.

Aquella misma noche, Grigorios Spandidakis fue enviado por el rey para negociar con los coroneles, sin ningún éxito. Por la mañana, ante la incapacidad de contrarrestar con sus fuerzas la asonada, Constantino aceptó firmar el cambio de gobierno con los coroneles, con el argumento de evitar un baño de sangre entre sus partidarios del ejército y los rebeldes ,y así, además, ganar tiempo. Muchos griegos no le perdonaron jamás que aceptara el gobierno golpista.

Mientras, los noticiarios de todo el mundo, en España de manera inequívoca, ABC o la Vanguardia, relataban el golpe que no fue, el golpe que los americanos esperaban que se hubiera dado, la confusión era total. La princesa Sofía logró volver a España tres días más tarde y años después, en el libro que escribió sobre ella Pilar Urbano, reconoce que, el 23 de febrero de 1981, cuando el golpe de Estado de Tejero, el rey Juan Carlos I sabía muy bien, por la experiencia de su cuñado, lo que no se debía hacer.

Volviendo a Grecia, aquella mañana del día 22 de abril de 1967, el rey se dio cuenta de que sólo contaba con algún general fiel y con la marina, poco dada a los levantamientos. Contrario a los coroneles, el rey ideó un contragolpe, apoyado por la marina y parte de la aviación. La contrarrevolución del rey se fraguó el 13 de diciembre de 1967, pero fracasó debido a la lentitud de acción y mala coordinación. Constantino se ve obligado a marcharse con su familia al exilio.

A partir de aquí, en Grecia se vivieron años de inestabilidad: hubo intentos, en dos ocasiones y sin éxito en ambas, de secuestrar a Papadopoulos. Se buscó provocar un levantamiento popular que consiguiera acabar con la Junta militar… Los coroneles resistieron y como consecuencia de ello, se atrincheraron en el poder persiguiendo a todos los opositores, de izquierdas o derechas, hasta hacer de aquel poder una dictadura irrespirable.

Se iniciaron movimientos en todo el mundo contra los coroneles:

5 de noviembre de 1968, se produce el entierro de Georgios Papandreu, que se convierte en una multitudinaria manifestación contra la Junta.

En 1969, Grecia es excluida del Consejo de Europa por la violación sistemática de los derechos humanos que incluye la tortura de los opositores al régimen.

En 1972, la crisis del petróleo provoca un aumento de la inflación que pasa del 10 % al 30 % y provoca una fuerte pérdida del poder adquisitivo de la población.

Pero la gota que colmó el vaso fue un levantamiento estudiantil producido en febrero de 1973, en el que miles de estudiantes ocuparon durante 3 días la facultad de Derecho de Atenas en protesta contra la dictadura.

Cómo nunca dura paz en la casa del pobre, si los griegos tenían poco con la dictadura de la Junta, el 25 de noviembre de 1973, se produce un nuevo golpe de Estado. El general Dimitrios Ioannidis derroca a Papadopoulos. La inestabilidad interna es de tal orden que, como en tantos otros momentos de la Historia, el nuevo dictador busca un enemigo exterior con el que intentar unir a los griegos en su derredor. En esta ocasión, Ioannidis promueve un golpe de Estado en Chipre para derrocar al Gobierno de Makarios III y anexionar la isla a Grecia. Este movimiento grecochipriota, enmarcado en el panhelenismo, se conoce como enosis. Esto ocurre el 15 de julio de 1974 y, el 20 de julio, los turcos ocupan Chipre y, retomando el viejo conflicto entre turcos y griegos en la isla, se anexionan el norte de la isla y, con diversos vaivenes, ahí siguen.

Los griegos en 1974 no fueron capaces de hacer frente al ejército turco: ni tenían armamento, ni uniformes ni capacidad militar alguna. Grecia era un país sumido en el caos.

Tal era la situación que, en un nuevo golpe de Estado, el 22 de julio de 1974, el tercer cuerpo de las fuerzas armadas decreta el fin del gobierno de la Junta militar y la proclamación de un gobierno civil presidido por el conservador Constantinos Karamanlis. Además, abogan por el regreso del rey.

El 23 de julio, la Junta militar dimite y se anuncia la formación inmediata de un Gobierno civil. Karamanlis vuelve del exilio para formar Gobierno. 17 de noviembre de 1974, tienen lugar las primeras elecciones democráticas, que gana Nueva Democracia, el partido de Karamanlis. Bajo su mandato se restablece la Constitución de 1952, se libera a los presos políticos y se legalizan los partidos.

Una de las primeras acciones del nuevo gobierno fue convocar un referéndum para determinar la forma política del Estado griego: monarquía o república. Se celebró el 8 de diciembre de 1974, el 69,2% de la población optó por la república.

Constantino nunca reconoció el resultado del referéndum que proclamó la III República Helénica en 1974, condición que le había impuesto el Estado griego para permitirle regresar a su país natal. Por si eso fuera poco, en 1994, el Gobierno socialista de Andreas Papandreu retiró la nacionalidad griega a la familia real y le expropió sus bienes. En 2002, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó al Estado griego a indemnizarles con 12 millones de euros por los bienes confiscados.

En los últimos años de su vida, el rey y su familia pudieron volver a Grecia, de manera esporádica desde 2010 y a partir de 2013 Constantino II y la reina Ana María establecieron su residencia en Grecia como unos ciudadanos más. El gobierno griego nunca les reconoció sus títulos.

El 10 de enero de 2023, fallecía el último rey de los griegos.

BIBLIOGRAFIA

VACALÓPULOS, APÓSTOLOS E.: “Historia de Grecia Moderna 1204-1985”. Universidad de Chile, 1995.

PONCE, Carmen. “El nacimiento de la Grecia moderna”. Ed Clio. 2006

The Times Magazine:

https://web.archive.org/web/20081213130557/http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,917678,00.html

Revista de prensa

MERCEDES FORMICA

En estos tiempos que tanto se habla de feminismo, hoy voy a hablar de una mujer que hizo mucho por mejorar las condiciones jurídicas y sociales de las españolas.

No es ninguna novedad en este blog puesto que en diversas ocasiones ya he hablado de mujeres formidables. Recordemos, por ejemplo, la dama de Arintero, Agustina de Aragón, Mª Pita, Isabel Zendal, o Clara Campoamor y otras muchas que parecen entre los pasajes de la Historia de España – Los artículos que se refieren a las citadas se pueden consultar en los enlaces siguientes:

https://algodehistoria.home.blog/2020/06/12/la-dama-de-arintero/

https://algodehistoria.home.blog/2021/10/08/agustina-de-aragon/

https://algodehistoria.home.blog/2020/10/23/la-contra-armada-inglesa/

https://algodehistoria.home.blog/2020/10/09/expedicion-balmis/

https://algodehistoria.home.blog/2019/07/19/la-obtencion-del-sufragio-universal-femenino-en-espana/

Todas ellas fueron heroínas de una u otra forma, algunas con su ejemplo, otras con su sacrificio, otras en la lucha por los derechos civiles, cada cual en atención a su tiempo y circunstancias. Pero las circunstancias de nuestra protagonista de hoy no fueron fáciles y, sobre todo, el trato posterior, el recuerdo a su buen hacer parece olvidado por razones meramente ideológicas, o por pura ignorancia, lo que no dice mucho en favor de nuestro feminismo patrio.

Hoy voy a hablar de Mercedes Formica Corsi-Hezode. Nació en Cádiz en 1913, en el seno de una familia acomodada, siendo la segunda de 6 hermanos. Su infancia transcurrió entre Cádiz, Córdoba y Sevilla. Su madre había sufrido la experiencia, muy común en la época, de depender económicamente de su padre -ingeniero industrial e importante hombre en la Andalucía de la época-, con el que no se llevaba bien y del que se separó, padeciendo ella y sus hijos, como consecuencia, calamidades económicas. Para que sus hijas no sufrieran como ella, la Sra. Corsi-Hezode se empeñó en que todos sus hijos, hombres o mujeres, estudiaran una carrera universitaria. Cosa muy infrecuente en las mujeres del momento. Mercedes ingresó en 1932 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla. Siendo la única mujer entre los alumnos. En 1933, se traslada a Madrid, tras la separación de sus padres. Por ese suceso, como hemos expuesto, su situación económica era muy débil, sin embargo, sus buenas notas, le permitieron acceder a distintas becas y continuar sus estudios. En la Universidad, entró en contacto con profesores formados en todo tipo de ambientes, siempre de carácter tolerante y con gente de distintas ideologías y estatus social que la ayudaron a abrir su mentalidad: Giménez Fernández, Jiménez de Asúa… En la Facultad sucumbió al pensamiento de Primo de Rivera, leyó con fruición el cancionero de Lorca, asistió a las veladas en casa de Sánchez Mejías…

Su afiliación a Falange la llevó en sus primeros años de Universidad a ser nombrada delegada del Sindicato Español Universitario (SEU) de la Facultad de Derecho. En 1936 se trasladó a vivir a Málaga por razones de salud y allí fue nombrada delegada nacional del SEU y, por tanto, miembro de la Junta política del partido. El estallido de la Guerra Civil complicó su permanencia en zona republicana, por lo que, en 1937, se marchó a Sevilla vía Tánger. Fue entonces cuando percibió la brutalidad del conflicto en ambos bandos y, tras la muerte de José Antonio, concibió la necesidad de disolver el partido en previsión de una utilización torticera del pensamiento y acción “joseantoniano”.

Gran escritora, la guerra interrumpió sus estudios universitarios, pero no sus ganas de saber y de expresarse, así escribió una de las mejores novelas que se hayan escrito sobre la Guerra Civil: “Monte de Sancha”. Como señala Fernando García de Cortázar, magnifica porque: “carece de épica impostada y de fanfarronadas confundidas con el heroísmo”. [1]La historia de una pareja cualquiera a la que, como a cualquiera de nuestros abuelos, le pilló la guerra y les destrozó la vida. Les truncó el futuro. Por pertenecer a Falange le tocó estar en un bando, como a otros, les tocó el bando contrario por tener ideas opuestas. Aquel ideal de concordia y cooperación que ella conoció en la Universidad se vio truncado. Como lo demuestra en la primera parte de su autobiografía “Visto y Vivido”, que, como señala de nuevo Cortázar, todos los analfabetos que pretenden quitarnos los recuerdos, los nuestros o los de otros que vivieron aquellos momentos, deberían leer para conocer la auténtica situación y sentir de aquellos años en España, entre la gente normal y corriente, no la España de los ansiosos de poder.

Tras la Guerra Civil, retomó sus estudios para, primero, doctorarse en Filosofía y Letras y, posteriormente, terminar la carrera de Derecho después de contraer primeras nupcias con Eduardo Llosén, cuya unión se anularía más tarde.

El requisito de “ser varón”, impuesto por la legislación franquista para acceder a determinadas oposiciones, truncó sus aspiraciones a ingresar en la carrera diplomática, por lo que decidió ejercer libremente la abogacía. Esta situación, unida a la indefensión legal de su madre tras la separación matrimonial, concienció a Mercedes de la necesidad de hacer frente a la injusta situación en la que vivían las mujeres en aquellos años.

La acción la emprendió en varios frentes: en sus novelas, en la prensa, en ensayos o ejerciendo la abogacía. Así, como gran escritora utiliza sus obras para la defensa de la mujer, desde sus primeras novelas, incluso algunas novelas rosas que firmaba bajo el seudónimo de Elena Puerto- en los primeros años 40-; o, más comúnmente, en artículos de prensa. En 1944 se hizo cargo del semanario Medina, Editado por la Sección Femenina- (organización femenina de la Falange, dirigida por Pilar Primo de Rivera, con la que tuvo más de un encontronazo a lo largo de su vida, entre otras razones porque Mercedes era mucho más liberal). En 1950, Publicó en la revista de estudios Políticos, la recensión de “Segundo Sexo” de Simone de Beauvoir, en el que reivindica la independencia económica de las mujeres y critica el papel secundario que se le daba a éstas en el ámbito laboral, e inicia también la dirección de un equipo de trabajo para lograr que la ley “permitiera a la mujer -en palabras de la propia Mercedes Formica- llegar a aquellos puestos donde su inteligencia, vocación y preparación le llevasen. A la mujer se la admitía en la Universidad, pero a la hora de hacer valer su título le pedían que se convirtiese en hombre”.

A partir de ese año 1950 compagina su actividad periodística: ABC, Blanco y Negro, Gran Mundo, La Ilustración Femenina, con el ejercicio libre de la Abogacía, siempre en la reivindicación de los derechos de las mujeres.

El 7 de noviembre de 1953, publicó en ABC el artículo titulado “El domicilio conyugal”, en el que denunciaba que la ley consideraba el domicilio conyugal exclusivamente como casa del marido., así como otras situaciones de desprotección, como señaló la autora en ese artículo: «sin el consentimiento por escrito de su esposo, una mujer no podía heredar bienes, no podía administrar dinero o negocios, no podía ser testigo de un testamento, o no podía aceptar un empleo. Sí podía obtener una separación legal de su esposo, pero solo si abandonaba su hogar y entregaba a los hijos mayores de tres años«. Se hizo eco de él la prensa de todo el mundo. Realizaron reportajes la revista Time, el New York Times o el Daily Telegraph o el periódico alemán Kölner Stadt-Anzeiger. Personajes relevantes de la sociedad europea vinieron a España para conocerla. Josefina Carabias realizó un reportaje para Informaciones titulado «La mujer que ha puesto el dedo en la llaga»: «El artículo de Formica ha levantado una polvareda comparable solamente al del célebre ‘¡Yo acuso…!’ de Zola«. Por su parte, La Codorniz aportó su lado sarcástico en favor de Mercedes y, ABC, victorioso tras su valiente publicación – otros medios se negaron a hacerlo-organizó una encuesta con destacados juristas que expresaron sus opiniones, casi todas favorables a la reforma. Incluso le dedicaron una Falla en Valencia.

A esta obra se unieron otras de la propia Formica, destacable es la novela “A instancia de parte”. Fue publicada en 1955. En esta novela, Mercedes Formica aborda el delito del adulterio que en aquellos años era privado y no público, con lo cual el proceso no lo incoaba el Estado, sino la parte ofendida, es decir, el delito se juzgaba “a instancia de parte” y dónde el adulterio era delito en la mujer, no así en el marido, lo que permitía a éstos, en algunos casos, organizar un teatrillo con cómplices para declarar adultera a la mujer sin que ésta pudiera defenderse. Esta novela obtuvo el premio Cid de la Cadena SER.

El importantísimo artículo de ABC y la novela “A instancia de parte”, así como otras publicaciones desataron un estado de opinión sobre la situación jurídica de la mujer española y una campaña a favor de una revisión jurídica, con una notable proyección internacional que se concretó en una reforma del Código Civil, a través de la Ley de 24 de abril de 1958, en la que se daba un importante paso hacia la equiparación de los sexos y abría el camino a futuras reformas en el franquismo. Otra de las reformas recogidas en aquella norma supuso la supresión del conocido como “depósito de la mujer” durante la separación, que obligaba a la esposa a abandonar el domicilio familiar y residir en otro lugar bajo la vigilancia de «un depositario» propuesto por el marido. Cabe recordar a este respecto que la ley de divorcio de la II República mantuvo este “depósito” en su legislación. En total, Mercedes logró la reforma de  66 artículos del Código Civil y desde entonces la mujer podía casarse en segundas nupcias sin que les arrebataran a sus hijos menores; los bienes que poseyera la esposa antes del matrimonio serían siempre suyos, sin que pasasen a manos del marido; el adulterio «de cualquiera de los dos cónyuges» se consideró causa de separación y seguía siendo delito pero para los dos cónyuges; la mujer dejaba de ser equiparada con niños, enfermos y delincuentes, reminiscencia de la imbecilitas sexus, que hasta esta reforma le impedía ser testigo en los testamentos y ejercer los cargos de tutor y protutor; limitó el poder del marido para la administración y disposición sobre los bienes gananciales… y fue la base de posteriores reformas que llegarían a cambiar el estatus de la mujer española

Antonio Garrigues, con cariño, denominó aquel cambio como la “re-formica”, que en la España de entonces supuso un adelanto muy considerable para la condición de la mujer.

Algunos lectores podrán plantearse cómo consiguió Mercedes Formica que el régimen aceptara todos estos cambios. No debemos olvidar que Mercedes era falangista, bien es cierto que había ido evolucionando en su pensamiento. Como hemos señalado, era una joseantoniana convencida, propuso, como dijimos la disolución del partido y se fue apartando del movimiento durante la dictadura, si bien nunca se dio de baja del mismo. Precisamente esta militancia fue la que puso encima de la mesa en una entrevista con Franco en 1954, para informarle del sentido de sus propuestas, antes de plasmarlas materialmente. No olvidemos que el propio Franco era hijo de padres separados y había vivido en primera persona la miseria en la que el abandono paterno dejaba a la mujer e hijos. Posteriormente, con gran habilidad e inteligencia, utilizó los artículos de prensa, novelas y escritos de todo tipo- lo hemos visto en los párrafos anteriores- para crear un ambiente favorable en la opinión pública que facilitó el beneplácito del régimen.

A pesar de que reformó bastantes artículos de los Códigos Civil y Penal, Mercedes decía, en 1997, en una entrevista que le hizo Natalia Figueroa, que la habían silenciado. En cierto modo fue verdad y uno de los primeros que lo hizo fue su segundo marido.

En 1962, tras separase de su primer marido y conseguir la nulidad, contrajo matrimonio con José María Careaga Urquijo y a partir de ese momento, y por deseo de su marido, su presencia en el ámbito jurídico fue escasa.

Si bien su actividad se centró en la labor de divulgación periodística e histórica. Desde la prensa inició un exitoso consultorio jurídico en el diario ABC titulado “ABC de la Mujer”, contribuyendo a la difusión del Derecho y apoyando una reforma de la entonces vigente ley de adopción.

Desde la investigación histórica, siempre al servicio de las mujeres, publicó dos interesantes biografías: “La hija de Don Juan de Austria” y “María de Mendoza”. Por la primera recibirá el Premio Fastenrath de la Real Academia de la Historia en 1975.

Tras el fallecimiento de su marido en los años 80, se dedicó por completo a la redacción de sus memorias, de las que se han publicado cuatro volúmenes: “La infancia”, “Visto y vivido”, “Escucho el silencio” y “Espejos rotos y espejuelos”.[2]

En abril de 1997, en la mítica Residencia de Estudiantes de Madrid, se le rindió el primer homenaje y casi único en democracia, por su labor intelectual y su lucha por los derechos de las mujeres y de los más débiles en situaciones de opresión. A este acto acudióInge Morath para acompañarla, la espléndida fotógrafa de la Agencia Magnum, que vino a España en los años 50 para entrevistar a Formica por haber elevado los derechos de la mujer a debate nacional.

Francisco Umbral dijo de Formica que ostentaba el título de «reina del feminismo nacional sin gritos”.

Para que veamos cómo es la política española y la ignorancia y sectarismo que muchas veces la acompaña, en Cádiz, en octubre de 2015, el gobierno municipal de Podemos, quitó el busto que Mercedes tenía en la plaza del Palillero, que había sido colocado con motivo del centenario de su nacimiento, según dijo su famoso alcalde: «por fascista, fiel a la obra de Franco y defensora del modelo de mujer sumisa y abnegada». Hay que no saber nada. En 2018, el Ayuntamiento de Madrid, que entonces dirigía Manuela Carmena, también de Podemos, inauguró una calle en su honor, por defender a las mujeres víctimas de violencia. Fue mucho más que eso, pero bienvenida sea la calle, por algo se empieza.

Mercedes Formica falleció en Málaga el 22 de abril de 2002. Estaría bien que alguna de nuestras instituciones le rindiera el homenaje que se merece.

BIBLIOGRAFÍA

CORTÁZAR, Fernando de – “Mercedes Formica. Palabra de Mujer” ABC MADRID 27-12-2015 página 58 – Archivo ABC

Real Academia de la Historia:

https://dbe.rah.es/biografias/9792/mercedes-formica-corsi-hezode

FORMICA, Mercedes Visto y vivido, 1931-1937. Ed. Planeta, 1982 (Pequeña historia de ayer)

FORMICA, Mercedes. “El domicilio conyugal”:

http://hemeroteca.sevilla.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1953/11/07/009.html

GARCÍA DE TUÑÓN AZA, José María (8 de marzo de 2014).” 8 de marzo: Mercedes Formica, “una voz en el silencio” .  Hispaniainfo.

RUIZ FRANCO, Rosario, “Mercedes Fórmica (1916-).” Ediciones del Orto, Biblioteca de Mujeres, 1997.

[1] Fernando de Cortázar.- “ Mercedes Formica. Palabra de Mujer” ABC MADRID 27-12-2015 página 58 – Archivo ABC

[2] Biografía de mercedes Formica en la Web de la Real Academia de la Historia.

INDIFERENCIA

Hoy no escribo yo. Hoy le he pedido prestada una excelente entrada a Resistencia Venezuela.

https://resistenciavenezuelasite.wordpress.com

Ellos que saben como pocos lo que es luchar contra una dictadura que se fue colando poco a poco desde la democracia, ellos que ya vivieron el golpe de Estado de Chavez y el de Maduro, ellos pueden enseñarnos mucho a los españoles, que en ocasiones parecemos dormidos ante lo que tenemos delante de los ojos y no queremos ver.

Aprovecho la ocasión para desear a mis lectores Feliz Navidad y que en 2013 superemos todos los obstáculos, recordando así lo mucho bueno que hemos hecho en nuestra Historia.

Pinchad en el enlace para leer la entrada de hoy.

https://resistenciavenezuelasite.wordpress.com/2022/12/11/la-indiferencia-ese-aquiescente-y-silencioso-apoyo-a-la-ruindad-por-manuel-barreto-hernaiz-barretohernaiz/

CYRUS W. FIELD Y LA UNIÓN TELEGRÁFICA DE EUROPA Y AMÉRICA.

La Historia de la humanidad se suelen dividir en edades a partir de la presencia de acontecimientos que modifican la vida de las personas en aspectos Sociales, políticos, económicos y culturales. Tales cambios suelen venir marcados por un punto de inflexión que determina el cambio de visión y funcionamiento del Mundo y eso nos lleva a la Prehistoria, Edad Antigua, Media, Moderna, o Contemporánea. https://algodehistoria.home.blog/2021/01/15/el-concepto-de-edad-contemporanea/

Esta división entre antiguos y modernos se agranda por una doble revolución, económica (Revolución Industrial) y política (Revolución liberal-burguesa), desencadenada en el mundo occidental a finales del siglo XVIII. Esa edad contemporánea se va diversificando en función de los avances técnicos y, por ellos podemos hablar de primera revolución industrial, por ser la que utilizó a su favor la energía del agua y del vapor; segunda Revolución Industrial, por el uso de la energía eléctrica, la tercera, por la electrónica y la tecnología de la información y la cuarta, por ser la de la revolución digital[1].

La primera Revolución industrial logra el mayor conjunto de transformaciones económicas, tecnológicas y sociales de la historia de la Humanidad desde el neolítico. Podemos decir que esta primera revolución modifica todos los aspectos de la sociedad, mejorando considerablemente el nivel de vida del ser humano.

La segunda revolución industrial suele datarse a mediados del S XIX. Mientras que la tercera y la cuarta se producen desde los años 90 del S XX hasta la actualidad. Es decir, los cambios se van acelerando y la transformación en cada una de ellas es radical. Tal es el cambio producido por las dos últimas que estoy segura que los historiadores del futuro marcarán desde ellas el inicio de un nuevo periodo histórico.

De momento, los historiadores no se ponen de acuerdo sobre qué hecho concreto o invento marca el nacimiento de cada periodo, con todo, si podemos identificar a la máquina de vapor de Watt (patente es de 1769) como el símbolo de la primera revolución y a la creación del telégrafo como emblema de la segunda.  Al telégrafo nos vamos a referir en esta entrada.

Hay un elemento común a todas las revoluciones industriales y es que cada invento ayuda a crear el siguiente. Así, la aparición del ferrocarril a principios del Siglo XIX creó la necesidad de enviar mensajes a gran velocidad. La corriente eléctrica acababa de ser descubierta y se pensó en su uso para el envío de mansajes. Los primeros equipos eléctricos para la transmisión de mensajes los inventó el estadounidense Samuel F.B. Morse, en 1836.

Morse había aprendido en Yale que cuando se interrumpía un circuito eléctrico se veía un fulgor. Aprovechando esa idea creó el lenguaje que lleva su nombre.  A ese lenguaje, compuesto de puntos y rayas, le buscó un sistema de transmisión por medio de cables y postes repetidores y patentó el aparato de transmisión: había nacido el telégrafo. Morse y sus colaboradores habían detectado que esa transmisión era efectiva a unos 32Km de distancia, pero más allá la señal se debilitaba y la comunicación no era posible. Así que idearon un sistema de postes repetidores que replicaban el mensaje de unos a otros. Con ese sistema se transmitió el primer mensaje largo: de Washington a Baltimore, el 24 de agosto de 1844.

El Mundo logra la primera comunicación instantánea: en Washington y en Baltimore se habla de lo mismo al mismo tiempo. La transformación del mundo fue radical. Si el transporte de personas y mercancías redujo tiempo con el ferrocarril o el vapor, ahora, la palabra se hacía casi instantánea a uno y otro lado del cable. El lenguaje Morse se extendió y los postes se fueron sucediendo, pero había algo insuperable, el agua. El Mundo se comunicaba de manera más rápida. Psicológicamente fue todo un vuelco que en París se pudiera saber al instante lo que pasaba en Ámsterdam o en Berlín. Pero esa rapidez en la comunicación seguía limitada al entorno terrestre, nunca de isla a isla. El agua absorbe la corriente eléctrica y también el auténtico avance de la humanidad. El vuelco que el telégrafo quería dar a la Historia necesitaba de la proeza de superar “los charcos”.

Los cables de cobre y hierro no podían ser usados en contacto con el agua. No se encontró solución hasta que, en 1851, se descubrió la gutapercha, un árbol del sudeste asiático del que se extrae un material parecido al caucho, translucido, sólido y flexible. También se conoce con el mismo nombre al látex que ahora se obtiene de manera química pero cuyo origen está en estos árboles.

Con este material se recubren los cables de transmisión y, así, la idea de Morse de lograr una comunicación telegráfica entre Francia e Inglaterra tendiendo un cable por el canal de la mancha se hará realidad. Será el ingeniero británico Brett el que logró tal proeza enviando un barco desde la costa francesa a la inglesa con otros barcos de refuerzo, de manera que la comunicación y la visión del barco transportador del cable no se perdiera en ningún momento.

Se buscó un día con buena meteorología y mar en calma y, como el fondo marino de la zona era bien conocido, en un solo día de trabajo se logró el tendido del cable y la transmisión. El 13 de noviembre de 1851, el continente se había unido a Inglaterra e Inglaterra al continente (cosa no siempre fácil de lograr). Dos años más tarde, Gran Bretaña ya estaba unida por telégrafo con Irlanda, Dinamarca, Suecia y había dado los primeros pasos para conectarse con Egipto y la India. Especial importancia tuvo, para nuestra historia la labor de los hermanos Bright, sobre todo, de Charles. Charles Bright dirigió el lanzamiento de un cable telegráfico submarino entre Portpatrick, en escocia, y Donaghadee en Irlanda. Ambos hermanos formaron la English and Irish Magnetic Telegraph Company con sede en Liverpool.

Pero faltaba América. El océano atlántico o el pacífico eran demasiado largos como para lograr estaciones intermedias en las que colocar un poste. En aquellos años no se conocía el papel que la presión del mar podía ejercer sobre la estabilidad de los cables submarinos, cómo reaccionarían los cables y su envoltorio de gutapercha en esas condiciones, se desconocía la estructura geológica de los fondos marinos…además, suponiendo que el cable aguantara ¿cómo podría transportarse? ¿Qué barco podría con una carga tan pesada y voluminosa como la de un cable que debía atravesar todo el atlántico (más de 3.000 km)? Todo el mundo científico lo consideraba imposible. Pero a veces las cosas suceden por el entusiasmo de alguien que no es un conocedor profundo de la materia.

Un ingeniero inglés, Gisborne, en 1854 tuvo la idea de colocar un cable que uniera Nueva York con Terranova. Pero se arruinó en el empeño. Viajó a Nueva York para encontrar financiación. Allí, casi por casualidad, conoció a Cyrus W. Field, que se había hecho muy rico a base de diversos proyectos comerciales. Cyrus, joven, rico y lleno de entusiasmo, vio la ocasión propicia para lo que siempre habían sido sus negocios: ir más allá. ¿Por qué quedarse en Terranova- pensó- y no utilizar la isla como “poste” para lanzar un cable submarino hasta Europa, hasta Irlanda?

Cyrus se traslada a Londres vendiendo su idea y buscando financiación, se pone en contacto con todos los expertos, presiona a los gobiernos para lograr las licencias oportunas, dirige en ambos continentes una campaña para lograr los fondos económicos necesarios. ¡Él está dispuesto a poner 300.000 libras de la época para tal empresa!  Contacta con C. Bright y Brett y constituyen la Atlantic Telegraph Company en 1856. Ante el incremento de capital, crea la” Telegraph Construction and Maintenance Company”. Fue tal el entusiasmo desplegado por Field que a su sociedad acudieron toro tipo de personas desde ingenieros, comerciantes, nobles o escritores.

Pero el dinero era el menor de los problemas. No olvidemos que estamos en el SXIX, ningún barco de la época tenía las dimensiones suficientes para albergar una bobina de hilo de cobre y hierro de las dimensiones que se requería, 10 veces más que la empleada en atravesar el canal de La Mancha. En una travesía tan larga no era posible llevar la bobina a la intemperie como sí ocurrió en el Canal, con lo que, las condiciones de la bodega y el proceso de extensión del cable hacia el agua debían ser distintos y más costosos.

Tras mucho estudiar las diferentes soluciones, se decide que el proceso debe hacerse desde dos barcos. Ambos saldrían de algún puerto irlandés y a mitad de camino unirían los dos extremos del cable y, de allí, uno se dirigiría a Irlanda y el otro a Terranova.

El gobierno inglés ofrece el Agamenón, uno de los barcos más grandes de la flota británica, que luchó como buque insignia en el asedio de Sebastopol (Guerra de Crimea). Los norteamericanos aportan el Niagara, una fragata de 5.000 toneladas – la de mayor envergadura que poseían-. Ambos barcos deben ser reformados para almacenar el cable.

El cable era otro problema, debía ser por un lado firme e irrompible y también elástico para que se pueda colocar con mayor facilidad. Tiene que resistir cualquier presión y carga y al tiempo poder desenrollarse fácilmente desde la bobina al mar. Tiene que ser sólido y también preciso para poder apreciar y transmitir cualquier ondulación eléctrica 3.000 km más allá, una auténtica complicación que asumen las fábricas inglesas hilando, e hilando, e hilando durante un año. Lo nunca visto hasta entonces.

Con todo preparado, con los mejores electricistas e ingenieros a bordo, lo que incluye al propio Morse, llega el día de la partida. Reporteros y dibujantes acompañan a la flota para describir la travesía que para los ingleses y americanos es la más emocionante desde Colón, Magallanes y Elcano. Cientos de botes y barcos pequeños rodean a los dos barcos de guerra remodelados en su salida del puerto irlandés de Valentia, miles de personas se asoman por el puerto para despedir con sus pañuelos a la flota. Los gobiernos han mandado representantes que lanzan encendidos discursos. Un sacerdote eleva una plegaria solicitando la bendición divina: “Oh, Dios eterno. Tú que solo despliegas los cielos y gobiernas el oleaje del mar. Tú, a quién obedecen los vientos y los mares, contempla con misericordia a tus siervos aquí abajo… Domina con tu voluntad cualquier resistencia que pudiera impedirnos la consecución de tan importante obra”. Era el 5 de agosto de 1857.

Por si las cosas no salen bien a la primera, prudentemente deciden que uno de los barcos lance el cable desde tierra y el otro le acompañe hasta mitad del trayecto y ahí unan los extremos. El que parte tirando el cable desde tierra es el Niagara. Todo parecía ir bien. Era verano y la temperatura atmosférica era cálida, el mar sin mareas preocupantes. Llevan cinco días de travesía. Cinco días con las bobinas desenrollando en un acompasado tran-tran, con la misma cadencia que el lanzamiento de la cadena de un ancla, pero al sexto día el ruido dejó de sonar. La bobina de repente se ha quedado vacía. El cable se ha soltado del cabestrante. Todo se ha ido al traste por un error en la unión del cable al soporte, pero lo peor es la pérdida del momento favorable para iniciar una nueva navegación en verano… un año más de espera hasta el siguiente verano. Una nueva etapa de financiación…

Pero Cyrus Field es el único que mantiene la voluntad y la fe sin quiebra. Considera que han ganado experiencia y han demostrado que el cable era válido, y que la transmisión mediante el cable extendido funcionaba, sólo hay que volver a enrollarlo y esperar a que pase el otoño y el invierno. El 10 de junio de 1858 vuelven a intentarlo.

Vuelven al viejo plan de acudir con los dos barcos a mitad del océano y desde allí unir las puntas y caminar cada uno hacía un lado del Atlántico.

Al tercer día de navegación se desata una tormenta tremenda, algo imprevisto. El Agamenón, aquel gran barco que había dado tan buenos servicios a la corona británica debía resistir un envite meteorológico, pero había sido modificado para contener una carga que en medio del oleaje se movía de un lado a otro. Por si fuera poco, una ola enorme modifica la posición de la carga de carbón y sepulta a parte de la tripulación. Los marineros quieren tirar el cable transmisor por la borda para aguantar mejor los empellones del agua, la lluvia y el viento, pero el capitán se resiste y se impone a la tropa. Al final, tras 10 días de zozobra el Agamenón resiste y alcanza el lugar en el que ha de encontrarse con el Niágara para unir los cables, pero es ahora cuando alcanzan a comprender el desaguisado que la tormenta ha hecho en el hilo conductor. Se ha roto el envoltorio, el cable está lleno de hilos enmarañados. La operación debe abortarse y volver a Inglaterra.

Se debe iniciar el tercer viaje, pero la sociedad gestora se divide entre los que la quieren disolver y salvar el capital que se pueda y los que persisten en el empeño. En este último grupo se encuentra Field y casi sólo él. Pero consigue convencer a la mayoría. El cable se puede reparar en poco tiempo, la tripulación y los barcos aún están preparados, se puede y debe intentar y se intenta. El 17 de julio de 1858 se inicia el tercer viaje. Esta vez sin barquitos alrededor, sin pañuelos desde el puerto. El proyecto es el mismo: unir los extremos en mitad del océano y avanzar unos a Irlanda otros a Terranova. El enlace de los extremos en medio del Atlántico se produce el 28 de julio. Mientras los barcos se van alejando uno de otro se inician las comunicaciones entre ellos a través del cable que se va hundiendo poco a poco en la profundidad del mar. Cada dos horas se envían un mensaje y funciona, y cada dos horas sigue funcionando así hasta su destino final, y funciona. Se había conseguido… o no.

Esta empresa iba a ser un cúmulo de desgracias como ya se ha visto y el final tampoco será fácil. La reina Victoria manda un mensaje, pero en aquel momento se había estropeado la línea que unía Terranova con Nueva York. El mensaje de la Corona no puede llegar hasta el 16 de agosto.

Se realizan los preparativos para un gran festejo que se inicia el 31 de agosto. A Cyrus Field se le recibió en Nueva York con todos los honores, bandas de música, serpentinas de colores, discursos de los políticos, la multitud le aclamaba y la prensa le presenta en portada como el nuevo Colón, el nuevo héroe americano.  Sin embargo, ese día, precisamente ese día, el telégrafo ha dejado de funcionar. Los días anteriores las señales ya llegaban con dificultad, pero ahora no llegaban.

Cuando se entera la multitud, la prensa y los políticos, los mismos que aclamaban a Field le zahieren, le increpan, le llaman estafador. Se levantan todo tipo de calumnias. Se llega a decir que el mensaje de la Reina era falso, falsificado por Field. Pero no fue así, la comunicación fue cierta. El telégrafo de Field había funcionado. Aunque su velocidad de transmisión era muy lenta, se tardaban 17 horas en comunicar un mensaje.

Field se esconde, se calla, desaparece, pero no se olvida de su proyecto. Estados Unidos se envuelve en su guerra civil. Europa sigue trabajando en sus fábricas, mejorando su maquinaria, las dinamos son cada vez más potentes, sus aplicaciones más variadas. El telégrafo sigue creciendo y mejorando, ya se ha unido Europa con África, ya el viejo entusiasmo fruto de la novedad ha pasado, pero América y Europa siguen desconectadas.

Pero ahí, como ave Fénix, resurge Field, ahí aparece con su vieja pretensión y su fe inquebrantable. Ahora, ha conseguido un barco, aun más grande, el famoso Great Eastern, con 22.000 toneladas y 4 chimeneas. Consigue comprarlo y destinarlo a la expedición. El 23 de julio de 1865, el enorme barco cargado con todo el cable- un nuevo cable, mejor forrado y de mayor calidad-, abandona el Támesis e inicia una travesía que no logra su fin- esto nunca fue fácil, querido lector-. Pierde el cable porque se desgarra a dos días de su destino final.

Field lo intenta de nuevo.  El 13 de julio de 1866, cuando el Great Eastern inicia su segunda travesía y Field lanza su quinto intento por unir América y Europa por cable, el destino se pone de su parte. No sólo consigue llegar a América, sino que logra recuperar el cable perdido en la expedición anterior y así, la unión telegráfica de Europa y América, se produce, desde su inicio, no por una línea sino por dos. Ahora, ambas funcionan y a una velocidad mucho mayor que en 1858 (unas 80 veces más rápido). Ahora, sí se alcanza el éxito. Ahora, sí se consigue que el Mundo sea un poco más pequeño y cercano.

La historia de las comunicaciones y la historia de la Humanidad han dado un nuevo e importantísimo giro y todo gracias a la gran fe de un gran hombre, Cyrus W. Field.

BIBLIOGRAFÍA

COGAN, Donard de. “Dr. EOW Whitehouse y el cable transatlántico de 1858. https://atlantic-cable.com/Books/Whitehouse/DDC/index.htm

GLOVER, Bill. “Historia del cable Atlántico y comunicaciones bajo el mar”

SCHWAB, Klaus. “La cuarta revolución industrial: qué significa y cómo responder”. Ed. Debate. 2016.

ZWEIG, Stefan. “Momentos estelares de la humanidad”. Ed Acantilado. 2011.

[1] Klaus Schwab. “la cuarta revolución industrial: qué significa y cómo responder”

Nika

Dice Napoleón, en sus acotaciones al Príncipe de Maquiavelo, que hay que conocer la Historia para no volver a cometer los mismos errores. Siendo cierto que la Historia en todos sus elementos no se repite, no es menos cierto que hay acontecimientos a los que se les puede sacar una analogía, en ocasiones hacia distintas direcciones.  

Hoy vamos a hablar de un acontecimiento deportivo que acabó en revolución: la revuelta de Nika (νίκη, en griego), en la Grecia de Justiniano en el Imperio Romano Oriental.

A mediados del Siglo VI, Justiniano había recuperado para el Imperio oriental gran parte de los territorios que habían pertenecido a Occidente y habían caído en manos bárbaras. Así se hizo con el norte de África, Sicilia y casi la totalidad de la península itálica. Fue una conquista fugaz que, casi tan rápido como se logró, se perdió. Las razones de la pérdida se sitúan en el empuje de los persas contra el Imperio de oriente y el malestar interno que las guerras generaron.

La mayoría de los historiadores consideran que Justiniano tenía buenas intenciones, pero no resultó tan buen gobernante como se esperaba y las medidas que tomó para atender a sus proyectos se le volvieron en contra. Sus ambiciosos planes de conquista, las medidas de mejoras internas y la defensa frente a los persas requerían de fondos y para lograrlos sólo supo subir los impuestos y ahogar así la prosperidad de su pueblo. Por si fuera poco, al frente del control de cada medida puso a funcionarios que no fueron especialmente rigurosos con los amigos, pero sí muy rígidos con los que no pensaban como ellos. Esta situación creó tal sentimiento de rechazo en la sociedad que la población se levantó en un motín popular. Los cabecillas de las revueltas fueron capturados y condenados a muerte, lo que creó aún más disturbios, que fueron sofocados de manera brutal. Cuando iban a ser ejecutados los cabecillas, dos de ellos se escaparon. Estamos en la primera semana del año 532.

Para entender lo que pasó a continuación hay que hacer una pequeña digresión sobre uno de los entretenimientos más populares entre los ciudadanos bizantinos.

Diversos deportes y entretenimientos habían sido prohibidos por Justiniano que salvó de la supresión a las carreras de carros de caballos en el hipódromo. Allí se congregaban multitudes para ver estas carreras y animar a los suyos.

Los ciudadanos se dividían en colores en virtud de la facción de carros que apoyaran. Durante algún tiempo fueron cuatro los colores que marcaban los grupos de aficionados (rojos, blancos, azules y verdes). Sin embargo, con el paso del tiempo, las agrupaciones que permanecieron fueron la de los azules y la de los verdes. La división en el hipódromo se trasladó a la vida civil, de manera que cada facción luchaba contra sus adversarios… no respetando ni matrimonio ni parentesco, ni lazos de amistad.

Tradicionalmente, el emperador apoyaba a unos u a otros, y así evitaba que ambos se unieran contra él. Justiniano rompió con esta tradición y se mostró neutral.

La rivalidad en el hipódromo y en la vida se vio agravada por un trasfondo político y teológico, pues mientras que los Verdes estaban formados mayoritariamente por comerciantes y profesaban el monofisismo. Los Azules eran principalmente terratenientes o aristócratas y se mantenían en la ortodoxia cristiana, como Justiniano.

Políticamente, como hemos señalado el Imperio estaba siendo atacado por los persas y Justiniano emprendió diversas negociaciones con éstos para pagarles y que dejaran en paz las fronteras del Imperio. Esto de pagar al enemigo no gustó mucho a los bizantinos que, además del problema moral, detestaban que se les apretara el bolsillo porque el pago suponía incrementar aún más los impuestos.

En ese ambiente, los cabecillas de los motines fueron escondidos por verdes y azules, pues cada uno de los dos escapados eran miembros de una facción. La pretensión de ambos grupos era pedir clemencia al emperador durante la primera carrera que aconteciera en el hipódromo.

Allí, en el hipódromo, con pleno entusiasmo, la multitud lucía los colores de su facción, mitad verdes, mitad azules. Increpaban y se burlaban del contrario. Los ánimos se iban enardeciendo y los hombre, mujeres y niños levantaban sus banderolas de colores primario o secundario según pertenecieran a uno u otro grupo. Allí gritan, allí desahogan sus pasiones, allí eran los amos, allí se sentían poderosos al grito de ¡nika! ¡nika!- victoria, victoria-.

Poco a poco, el rumor se va extendiendo; poco a poco, se va conociendo que el Emperador no perdona; poco a poco, se van encendiendo aún más los ánimos; poco a poco, estalla la violencia.

Se inicia así una revuelta que a punto estuvo de acabar con Justiniano.

La turbamulta se traslada a la prisión y libera a los presos y prende fuego al edificio. En poco tiempo la ciudad se envuelve en llamas. El emperador intenta llegar a un acuerdo con los manifestantes, pero sus palabras no son escuchadas. Las dos facciones, por primera vez en la vida, luchan unidas contra el emperador, el cual sólo cuenta con un pequeño grupo de leales y el ejército.

Justiniano y los pocos leales se refugian en palacio. El emperador quiere huir, nunca había tenido que enfrentarse a una situación así, las multitudes le daban miedo, tenía miedo y quería esconderse. Nadie le quitaba esta idea, sin embargo, es la emperatriz Teodora, antigua actriz, la que le impide tal acción, con un discurso ardoroso en defensa del poder. Con gran tensión e irresistiblemente dramática, como recuerda el gran historiador bizantino Procopio de Cesarea en “Historia de las Guerras”, la emperatriz clamó:

“…La huida es ahora, más que nunca, inconveniente, aunque nos reporte la salvación. Pues lo mismo que el hombre que ha llegado a la luz de la vida le es imposible no morir, también al que ha sido emperador le es insoportable convertirse en un prófugo. Que nunca me vea yo sin esta púrpura, ni esté viva el día en que no me llamen soberana. Y lo cierto es que si tú, emperador, deseas salvarte, no hay problema: tenemos muchas riquezas, y allí está el mar y aquí los barcos. Considera, no obstante, si, una vez a salvo, no te va a resultar más grato cambiar la salvación por la muerte. Lo que es a mí, me satisface el antiguo dicho: “la púrpura imperial es una hermosa mortaja””.

Mientras esto pasaba en palacio, mientras el gobierno y Justiniano dudaban sobre qué hacer, la muchedumbre ya había decidido matar al emperador y buscarle sustituto en la persona de Hypatius, sobrino del difunto emperador Anastasio I. Hypatius era un hombre gris, un soldado obediente, sin una carrera militar destacada que se vio obligado bajo amenazas a aceptar la situación.

La masa, en el hipódromo ,clamó a favor de Hypatius y en contra de Justiniano. Cada vez más exaltados, decidieron dar rienda suelta a sus deseos de venganza y justicia por las calles de Constantinopla, rodearon el palacio. Cuando todo parecía desbocado y el peligro se cernía sobre Justiniano, éste decidió atender a los deseos de Teodora y encarga al ejercito fiel, a cuyo frente sitúa al general Belisario, que saliera a sofocar la revuelta.

El ejército se empleó afondo, la brutalidad fue extrema, el número de muertos entre hombre, mujeres y niños se estima que alcanzó una cifra entre 30.000 y 35.000, entre ellos Hypatius. Una auténtica masacre.

Acabada la revuelta, que sólo duró una semana, se cerró el hipódromo, los funcionarios crueles volvieron a sus puestos y la dureza del gobierno aumentó.

La revuelta nika había fracasado y, aunque Justiniano había sido llevado al borde de la destrucción, había vencido a sus enemigos y disfrutaría de un reinado largo, fructífero y cruel para los que no lograron derrocarlo. Siguió con sus conquistas exteriores, buscando en las victorias externas apaciguar el mal ambiente interno.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

HEATHER, Peter. – “La restauración de Roma”. Ed. Crítica. 2013.

PROCOPIO DE CESAREA. – “Historia de las guerras”. Ed. Gredos. 2016.

MAQUIAVELO. -“El príncipe”(con comentarios de Napoleón). Ed. Espasa- Calpe. Colección Austral.

ESPAÑOLES EN LA GUERRA DE VIETNAM

Los acontecimientos que vamos a narrar suceden durante la guerra de Vietnam. Por eso haremos, en primer lugar, una sucinta referencia a esa guerra.

Hasta 1939, la región de Indochina era una colonia francesa. En 1940, el territorio se dividió, parte quedó bajo el dominio japonés y parte bajo la Francia de Vichy. En 1941, los comunistas y nacionalistas liderados por Ho Chi Minh, comenzaron una revuelta contra la ocupación. No fue el único caso, en otras zonas de Indochina se levantaron guerrillas nacionalistas. La oposición de Francia provoca el inicio de la guerra de indochina (1946-1954).

La derrota de los franceses en la batalla de Dien Bien Phu, en 1954, determinó la reunión de la Conferencia de paz de Ginebra, que estableció la retirada francesa del territorio de Indochina, la independencia de Laos y Camboya, la división de Vietnam en dos Estados separados por el paralelo 17: Vietnam del Sur, con capital en Saigón, presidida por el emperador Bao Dai y prooccidental; y Vietnam del Norte, con capital en Hanoi, liderada por Ho Chi Minh y comunista. Además, acordaron celebrar, en 1958, un referéndum en los dos Vietnam para decidir la reunificación del país o la separación definitiva de los dos Estados. Este referéndum nunca se llevó a cabo por oposición de Vietnam del sur. 

El Frente Nacional de Liberación de Vietnam, también conocido como Vietcong, que actuaba como fuerza guerrillera apoyada por el gobierno del Vietnam del norte se propuso destituir al gobierno del Sur y lograr la unificación de ambos países. Esto alteraba los planes de EE.UU ( Doctrina Truman, sobre la contención de la expansión mundial del comunismo). Así que, recordando al Maine en Cuba, los americanos utilizaron el incidente del golfo de Tonkin, en 1964, cuando lanchas patrulleras de Vietnam del Norte se enfrentaron a un destructor estadounidense que se había internado en aguas que los comunistas reclamaban como propias, para intervenir en la guerra a favor del sur. Vietnam del Norte, por su parte, fue apoyada por China, Cuba y la Unión Soviética, que enviaron armas y asesores militares.

Se inicia así uno de los conflictos más destacados de la Guerra Fría: la guerra de Vietnam (1964 a 1976). Si bien, USA se retira del conflicto en 1973.

En ese contexto, en 1965, el presidente de los EE.UU, Lyndon B. Johnson, solicita ayuda a sus aliados. En lo que se llamó por parte americana, «una política de unión de Banderas”, de manera que la lucha pareciera la de un bloque compacto contra el comunismo. Una de las peticiones la realiza a España. El gobierno de nuestro País luchaba por ser reconocido en el ámbito internacional. USA ya nos había dado un fuerte espaldarazo con los acuerdos para instalar bases militares tras la visita de Eisenhower. Por ello Johnson suponía que esto y la lucha contra el comunismo era suficiente para que Franco enviara tropas a Vietnam.

Franco, que ya tenía experiencia en dar largas cambadas y marear a los pedigüeños- lo había hecho con Hitler en el encuentro de Hendaya-,no se amedrentó ante la petición americana. Envía al presidente Johnson una carta de respuesta a la que previamente le remitió el americano solicitando ayuda que es todo un ejemplo de premonición política y militar.

Dejo el enlace en el que se puede leer completa la carta, cosa que recomiendo por su interés. https://www.abc.es/historia/abci-consejo-franco-lyndon-johnson-obvio-para-saliera-vietnam-y-costo-guerra-201810220116_noticia.html

En resumen, Franco le anunciaba que aquella guerra la iba a perder EE.UU, porque la guerra de guerrillas en aquella selva iba a dar una gran ventaja a los vietnamitas que con pocos hombres bloquearían la acción del ejército americano; que estaba infravalorando a Ho Chi Minh y al valor del patriotismo. Además, le significaba que en caso de pobreza el comunismo era más atractivo a ojos del pobre que el capitalismo, aunque en la práctica no fuera un buen sistema, y, por tanto, si América quería preservar Vietnam del Sur y el sudeste asiático debía ir por los derroteros del convencimiento y no de las armas.

Algunas ideas aprendidas de nuestra Historia, debía tener Franco en mente cuando escribió la carta, aunque nada diga en ella, puesto que España ya había peleado en aquel territorio vietnamita. Así en 1858, cuando aquello era conocido como la Conchinchina, se mandó una expedición de castigo contra el emperador Tuc-Duc como consecuencia de la matanza de religiosos católicos que estaba teniendo lugar en el Imperio de Annam. Era Francia la primera que se erige en defensora de los católicos, pero solicitó ayuda a España, que se mostró aliada suya como nación católica y defensora de la cristiandad desde sus orígenes y, sobre todo, porque en el Pacífico, en los últimos coletazos de nuestro Imperio, aún poseíamos las Filipinas y las Carolinas.

https://algodehistoria.home.blog/2021/05/14/la-perdida-de-filipinas-los-ultimos-de-filipinas/

https://algodehistoria.home.blog/2021/03/05/el-incidente-de-las-carolinas/

En la Conchinchina lucharon 1.500 españoles y como agradecimiento, Francia cedió un terreno de 4.000 metros cuadrados en plena ciudad de Saigón: el parque Bach Tung Diep, en la actual ciudad de Ho Chi Minh (Saigón), que fue de soberanía española hasta 1922.[1]

La segunda ocasión que se nos presenta de luchar en Vietnam es esta que traemos hoy a colación. En Vietnam una de carencias occidentales eran los servicios sanitarios, por ello, la Oficina de Asistencia Militar del Mundo Libre, evidentemente, bajo auspicio americano, realizó una petición de ayuda médica. Así que Franco vio la opción de enviar a un equipo de médicos militares para esquivar la petición americana de aportar tropas. Se trató de la primera acción humanitaria del ejercito español. De las que hemos tenido muchas posteriormente.

Aquel primer destacamento lo compusieron 12 hombres (cuatro médicos, siete enfermeros y un intendente logístico) y a lo largo de su estancia en Vietnam entre 1966 y 1971 involucró a 50 militares españoles.

Aquel primer destacamento fue conocido como los “doce de la fama”- en recuerdo de la conquista de Pizarro y sus trece de la fama-, que demostraron un comportamiento heroico y humanitario atendiendo tanto a americanos como a la población local. Esta actuación en favor de los nativos vietnamitas no se había realizado con anterioridad, lo que llamó la atención y fue especialmente valorado por el vietcong.

Se establecieron en el delta del Mekong, en la comarca de Go Cong, y allí bregaron durante cinco años para reflotar y gestionar un deteriorado e insuficiente hospital civil, que servía ahora de hospital militar de los occidentales. En aquella tarea, proporcionaron cuidados médicos a la población civil de la región, habitada por unas 20.000 personas entre las que había campesinos y refugiados, pero, también, guerrilleros del Vietcong, y, por supuesto, soldados americanos.

Se enfrentaron a condiciones tan penosas como peligrosas, y en las que al principio eran mirados con recelo por las dos partes, para terminar siendo admirados por todos, americanos, guerrilleros vietnamitas y población civil.

A su llegada, los mandos americanos les pronosticaron que perderían la vida la mitad de ellos, en función de las estadísticas que tenían, dado que los médicos eran especialmente perseguidos por los vietnamitas. De hecho, en la misma zona, se asentó un destacamento de médicos alemanes que fueron todos muertos.

Cuando llegaron se encontraron con que en el hospital más de 400 pacientes se hacinaban en las 150 camas existentes. La labor que les esperaba era ingente existían problemas por el calor y la humedad, les llegaban continuamente en helicóptero americanos heridos en el frente. La población civil sufría un porcentaje elevadísimo de tuberculosis crónicas, casos que no parecían merecer la pena desde el punto de vista americano, pero que los españoles atendieron, curaron o mejoraron. Fueron innumerables los enfermos de paludismo, disentería y hepatitis que fueron atendidos, civiles heridos por las minas. Las medicinas no llegaban, en muchas ocasiones robadas por el vietcong, aunque sus guerrilleros también fueron tratados en el hospital español.

Los propios españoles sufrieron innumerables ataques, tanto en el hospital como en los desplazamientos a los muchos poblados que rodeaban la ciudad, debido a la cercanía del cuartel general del Estado Mayor Sudvietnamita. A pesar de que resultaron heridos en diferentes momentos, ninguno abandonó la misión.

Se cuentan hechos heroicos como el realizado por uno de nuestros doctores que, ante la falta de material que tenían, logró operar a un vietnamita mientras le hacía la transfusión de su propia sangre.

En el bando local, era tal la admiración despertada que, en un cruce de caminos una patrilla de guerrilla del Vietcong paró a un destacamento occidental, les apuntaron con sus armas, les iban a obligar a bajar del coche para fusilarlos, cuando uno de los guerrilleros reconoció a uno de los médicos y gritó “người Tây Ban Nha”, es decir, “español”. Los vietnamitas se apartaron y les permitieron pasar con todo tipo de reverencias. En otra ocasión, tras la Ofensiva del Tet y haber sido bombardeados por el Vietcong, los vietnamitas pidieron perdón a nuestros militares – médicos por el bombardeo pues, según dijeron, la labor que estaban realizando merecía todo el respeto y admiración.

La misión española se prolongó hasta 1971. Hay que señalar que, en contra de la premonición americana, todos los integrantes del destacamento español regresaron sanos y salvos a casa.

Los militares españoles fueron condecorados por el ejercito norteamericano y los vietnamitas dieron nombre a un puente en su honor:  el puente Tây Ban Nha. Esto es: el puente “España”. Donde no han recibido el reconocimiento debido, ha sido en nuestro País. No sé cuando vamos a reconocer la tarea de nuestros héroes y en esto da igual el Gobierno de 1971 que cualquiera de los actuales. Como le dijo el entonces teniente Antonio Velázquez, general retirado y fallecido hace poco, al periodista de El Liberal, Javier Santamarta: “España nos dijo que fuéramos, y fuimos. Hicimos nuestro trabajo. Y cuando España nos dijo de volver, volvimos. Ya está”.  Eso es sentido del honor y del deber.

¿Para cuándo una película o una serie? No será por falta de películas sobre Vietnam, pero ninguna hecha por los españoles y sobre los españoles en aquella guerra. El cine español tan aficionado a contarnos eternamente la misma guerra bien podría ocuparse, al menos una vez, de esta.

Sí se han escrito novelas y libros de historia al respecto. Quizá una de las más reconocidas sea la novela de Emilio González Romero El puente de Go Cong, que obtuvo el Premio de Narrativa Ciudad de Alcalá de Henares. O el testimonio de Ramón Gutiérrez de Terán fue el militar que más tiempo permaneció en aquel conflicto y cuya historia sirve de base al libro de López-Covarrubias

BIBLIOGRAFÍA

LÓPEZ-COVARRUBIAS, Andrés. –Good Morning Go Cong. Una historia de españoles en la guerra de Vietnam”. Ed Rialp. 2022

Crónica de Javier SANTAMARTA: https://www.elliberal.com/autor/javier-santamarta/

[1] Javier Santamarta.- El Liberal.

ELOY GONZALO, HÉROE DE CASCORRO

Ya hemos hablado de la pérdida de Cuba y del trauma nacional que trajo consigo el desastre del 98, reflejado en todos los órdenes sociales de nuestra España.

https://algodehistoria.home.blog/2021/04/09/la-tercera-guerra-de-independencia-cubana-y-sus-consecuencias/

https://algodehistoria.home.blog/2021/03/26/las-primeras-guerras-de-independencia-de-cuba/

Pero a pesar de que perdimos nuestra perla del caribe, los isleños pueden pregonar que estaban mejor cuando eran una provincia española.

https://algodehistoria.home.blog/2021/07/23/un-cubalibre-por-favor/

A pesar de la derrota, en nuestra actuación durante aquella guerra hubo héroes destacados y hoy vamos a hablar de uno de ellos: Eloy Gonzalo García.

Eloy Gonzalo nació el 1 de diciembre de 1868, en Madrid. Nada más nacer, el pequeño fue dejado en la inclusa de la calle Mesón de Paredes, en el barrio de Lavapiés. Su madre dejó una nota junto al recién nacido en el que indicaba que el niño había nacido a las seis de la mañana, estaba sin bautizar y deseaba que le pusieran el nombre de Eloy Gonzalo García además de otros datos de su madre y abuelos.

Gonzalo, fue dado en media adopción a diferentes familias hasta que, a los 11 años, edad en la que el Estado ya no ayudaba a su mantenimiento, tuvo que ganarse la vida por su cuenta. Fue peón de albañil, jornalero, aprendiz de barbero…, hasta que en 1889 se alistó en el Regimiento de Dragones de Lusitania, donde alcanzó el rango de cabo en tan solo dos años. Al año siguiente se incorporó al Cuerpo de Carabineros y en el verano de 1894 fue destinado a la Comandancia de Algeciras. En Cádiz llegó su desgracia. Un suceso desagradable le llevó ante un consejo de guerra en febrero de 1895. Fue acusado de amenazar con una pistola a un oficial superior al que, al parecer, descubrió en la cama con su prometida. Gonzalo fue condenado a doce años de prisión en Valladolid. Sin embargo, en agosto de 1895, las Cortes Generales aprobaron una ley de amnistía para todos aquellos presos que estuvieran dispuestos a luchar en la última fase de la guerra de Cuba. Gonzalo presentó su instancia y, el 25 de noviembre de 1895, embarcó en el puerto de La Coruña con destino a La Habana, previamente había sido degradado de cabo a soldado raso. Fue destinado a una guarnición que estaba en la localidad de Cascorro, muy cerca de la población cubana de Camagüey, situada en el centro de la isla.

Según muchos historiadores militares, Cascorro era indefendible, y el Ejército español nunca debería haber intentado conservarlo. El comandante supremo en Cuba, el capitán general Valeriano Weyler, admite en sus memorias que este enclave carecía de importancia militar, además de ser un objetivo muy fácil para los insurrectos cubanos.

La situación de la guarnición española en Cascorro no podía ser peor: disponía de tan solo 170 hombres frente a los 2.000 efectivos del ejército cubano. Tras una potente e incesante lluvia de proyectiles y un cerco de 13 días, la superioridad cubana quedó tan patente que el general insurrecto puso condiciones para la rendición. Los españoles se negaron a aceptarlas.

La mayor parte del fuego enemigo partía de una casa próxima a la guarnición. El Capitán al mando del cuartel español, Francisco Neila, solicitó la presencia de un voluntario para llevar a cabo un plan desesperado.

Gonzalo se presentó voluntario aún sin conocer con exactitud la misión que se le iba a encomendar.

La única solución para los hombres del capitán Neila pasaba por prender fuego a la casa desde la cual les estaban acribillando a balazos y bombas; y la única manera de hacerlo era desde dentro del propio inmueble. Eloy Gonzalo sólo planteó una única petición: que su cuerpo fuese atado a una cuerda para que, en caso de muerte, se pudiera recuperar su cuerpo.

Pertrechado con un fusil, un bote de petróleo y una caja de cerillas, Gonzalo salió del fortín español cubierto por el fuego de los españoles y muy pocas esperanzas de lograr el éxito en la operación y menos aún de volver con vida. Arrastrándose y corriendo, según los momentos, a los pocos minutos la casa estaba en llamas. Lo había conseguido y regresó indemne. Aprovechando la confusión, el capitán Neila ordenó una embestida contra los sitiadores para dispersarlos definitivamente. En esa segunda acción también participó Eloy Gonzalo. El 6 de octubre, por fin, llegó la columna de socorro para liberar a la guarnición española.

La liberación de Cascorro enalteció el ánimo de los españoles, dada la tristeza de la defensa general que hicimos de Cuba, que no lograba movilizar el resultado a nuestro favor, la defensa de Cascorro fue un broche de dignidad. El 15 de octubre, el periódico El Imparcial llevaba a primera plana la heroicidad de Gonzalo. Desde aquella primera portada saltó a todos los noticieros.

 “[se] había conseguido un éxito militar que parecía inalcanzable, dando muestras de un extraordinario valor, regresando sano y salvo de su misión”. “Uno de los episodios más gloriosos de estos últimos días ha sido, sin duda, el sitio del poblado de Cascorro”.  Decía la revista Blanco y Negro en su edición de 24 de octubre de 1896. Y añadía la misma revista en su edición del 30 de enero de 1897 sobre Eloy: «Es, sin duda, el soldado que más popularidad ha alcanzado en la presente guerra. Compendian en él la heroicidad y la bravura de los defensores de Cascorro«.

Eloy Gonzalo García fue condecorado y recibió todos los parabienes posibles en un telegrama que fue enviado desde Madrid a La Habana.

A partir de ese momento, Gonzalo tomó parte activa en otras muchas operaciones en la región cubana de Matanzas. Hasta que el 6 de junio ingresaba en el Hospital Militar de esa ciudad y, el 17 del mismo mes, fallecía como consecuencia de una infección intestinal provocada por la mala alimentación del Ejército, la cual le produjo una enterocolitis ulcerosa gangrenosa. Padeció las dolorosas y horribles consecuencias de esta enfermedad hasta que murió. Esta enfermedad y otras enfermedades infecciosas eran comunes entre los soldados del ejército español. El cadáver de Gonzalo fue repatriado al terminar la lucha en 1898. En 1901, ya estaba prácticamente terminada la estatua que recoge su imagen con el mosquete, las cerillas, el bote de petróleo y la cuerda en el rastro madrileño, en la plaza de Cascorro.

BIBLIOGRAFÍA

SEGURA GARCÍA, Germán. – «Eloy Gonzalo, héroe de Cascorro» Revista Española de Defensa (diciembre 2018).

LA BATALLA DE COVADONGA Y SU TRASCENDENCIA.

Vimos como el Reino Visigodo, sobre todo, entre los reinados de Leovigildo y Recaredo conformó un auténtico estado cuya fundamentación se basaba en la organización nacida en la mezcla entre el ideario germánico sobre la comunidad política y la estructura imperial romana; teniendo como unidad territorial la antigua provincia romana de Hispania y por identidad ciudadana la condición religiosa cristiana. De manera que, la unión en torno a la corona con carácter imperial y a la cristiandad como elemento aglutinador quedará en el sustrato del pueblo hispano. https://algodehistoria.home.blog/2022/10/14/el-estado-visigodo/

Pero el Reino Visigodo agota sus días entre desavenencias internas, traiciones y enfrentamientos entre distintas facciones para lograr la sucesión a la corona.

En aquel momento de decadencia visigoda, el califato Omeya, ya extendido por el norte de África, acogió entre sus fieles a un sector visigodo traidor a su pueblo con tal de recuperar el poder: los hijos de Witiza, huidos a Tánger, que buscaron el apoyo musulmán en su enfrentamiento contra Rodrigo, último rey Visigodo. Las sangrientas y crueles luchas, asesinatos, regicidios entre los godos eran conocidos por los omeyas que, conscientes de la debilidad en que esto ponía al gobierno de las tierras al norte del estrecho, se animaron a conquistar el reino visigodo. El comandante bereber Tarif ben Malik y su superior Musa ibn Nusair, embarcaron a un ejército de 12.000 hombres hacia la Hispania romana; era el año 711. https://algodehistoria.home.blog/2019/10/04/villanos-el-conde-don-julian/

Desde aquel primer instante las tropas musulmanas ascendieron por la península hasta llegar a la cordillera cantábrica en torno a los años 20 del siglo VIII. En aquellas montañas asturianas se inicia la reversión del proceso, se pasó del avance musulmán a su retroceso. Es decir, se inicia la Reconquista.

En la historiografía clásica se identifica el momento crucial de ese giro en el año 718 o, más comúnmente datado, en el año 722. En esa fecha se sitúa la batalla de Covadonga. Dando por buena la segunda fecha señalada, este año se celebrarían los 1.300 años de la batalla.

Pero, precisamente, desde hace unos años y más en concreto en algunos grupúsculos más políticos que históricos se cuestiona la existencia de la batalla de Covadonga, como paso previo a negar la existencia del concepto de Reconquista.

Es cierto que la batalla de Covadonga siempre ha estado señalada, pues las pocas fuentes de que disponemos nos la dibujan entre la realidad y la leyenda. Pero aconteciera como se cuenta en las crónicas o surgiera como la idealización de una escaramuza, sí tuvo gran trascendencia para el devenir de España y ese devenir es el que muchos ahora quieren eliminar para seguir socavando las raíces de España, como una nueva leyenda negra que se cierne sobre nuestra Historia, esta vez no promovida por ingleses u holandeses sino por algunos españoles que no merecen tan honroso título.

En el ámbito de las crónicas, las primeras menciones a Pelayo se dan en las crónicas de Alfonso III y en la albeldense de finales del siglo IX.

Según las mismas, Pelayo sería un noble astur- aunque cuesta creer que fuera visigodo ya que su nombre es de origen latino y no germánico- que viendo al invasor se revolvió contra ellos. Otras versiones nos lo dibujan como un hispano-romano no sometido a los godos y cuyos primeros levantamientos fueron contra éstos. De lo que no cabe duda, es de que el reino visigodo desde la caída de Rodrigo se resquebrajó dando lugar a divisiones más o menos numerosas, en muchos casos propiciadas por las dificultades de comunicación, de manera que no sería extraño que en las montañas cantábricas hubieran surgido comunidades más o menos organizadas y que Pelayo fuera el cabecilla de una de ellas, si su origen era godo o era de una tribu insurrecta no sometida a los germánicos, no elimina la trascendencia de los hechos.

Según esas crónicas, Pelayo luchó bravamente contra los musulmanes y gracias a la ayuda divina los expulsó de las montañas de Covadonga, donde, además, un movimiento de tierras provocado por la Divina Providencia consiguió sepultar a los musulmanes. Los que no murieron, huyeron. Entre ellos Munuza, valí o gobernador musulmán del norte de Hispania que se había asentado previamente en lo que hoy es Gijón, que, supuestamente, (hay varias versiones sobre este personaje) huyó tras la batalla y fue muerto en la batalla de Olalíes (también se presenta en diversas grafías, no siendo fácil descifrar a qué localidad se refiere. Aunque la mayor parte de los autores la sitúan cerca de lo que hoy es Lugones). Lo de menos es la leyenda o el final de Munuza, lo importante de esta parte de la crónica es la representación de una sublevación general de todo el pueblo astur contra el invasor, en el que Olalíes no es más que la continuación de la batalla de Covadonga. Es decir, nos dibuja un movimiento continuado y conjunto que nació en Asturias y se extiende hacia el oriente norteño, con episodios gloriosos en Liébana y, sobre todo, en la victoria de los francos sobre los musulmanes en la Batalla de Poitiers (732) y la creación de la Marca Hispánica (795), en tiempos de Carlomagno y de ahí hacia el sur en acciones que se sucedieron hasta lograr la expulsión de los extraños africanos.

Es digno de resaltar que la Crónica de Alfonso III está repleta de pasajes bíblicos. Esto responde a una misma tendencia de toda la historiografía europea altomedieval. Lo que permite intuir que el autor es un religioso familiarizado con el estudio de las Sagradas escrituras. Además, muestra el enfrentamiento entre las huestes hispanas y los árabes al modo que el pueblo de Israel se enfrentaba a sus vecinos. Incluso los pasajes del Antiguo Testamento han servido de modelo para las cifras dadas en la crónica (cuenta la invasión de un ejército de 187.000 guerreros musulmanes, cifra claramente exagerada, pero que se acerca a las que en las crónicas del Antiguo Testamento se atribuía a los asirios.  185.000 asirios se enfrentaban a los judíos en la conquista de Jerusalén y buscan hacer prisionero al rey Judá, siendo derrotados por la intervención divina).

Estas emblemáticas cifras fueron admitidas, o no se modificaron, por la tradición historiográfica hispano-cristiana hasta el siglo XIII.

Evidentemente, estas crónicas pro parte tienen el valor del testimonio, de saber que hubo una batalla y de conocer cómo se interpretó en un contexto en el que ese aspecto resulta muy esclarecedor.

Las crónicas musulmanas, por el contrario, hablan de escaramuzas dispersas en las montañas cantábricas, sin darles la importancia cristiana y mucho menos hablar de heroicidades o sucesos milagrosos. No perdamos de vista que son las crónicas de los derrotados. La crónica Mozárabe del 754 no recoge esta hazaña de Pelayo.

Desde un punto de vista arqueológico, no hay restos de una gran batalla, pero sí de diversos enfrentamientos de menor nivel en torno a lo que hoy es Covadonga.

Claudio Sánchez Albornoz ya lo señaló:

«No, no cabe dudar de la realidad de la batalla. ¿Batalla? Coque, encuentro, combate, nadie podrá calificar con precisión el hecho de armas. Y si se luchó en Covadonga no pudo pelearse sino como refiere la crónica alfonsina. Vencido hasta entonces y obligado a refugiarse en aquel apartado y abrupto paraje, era lógico que Pelayo se estableciera en la Cueva de Nuestra Señora, abierta en la roca y absolutamente innaccesible».

Así que, con mayor o menor pomposidad en el relato, no cabe duda de que en aquellas montañas se produjo un enfrentamiento entre tribus hispanas y musulmanas. Los hispanos de origen bien romano, por no haberse sometido a los godos, o bien godas, se identificaron o fueron identificados con estos últimos.  Lo que sí es cierto es que después de aquellas escaramuzas nació en aquellas montañas un reino cristiano con capital en Cangas de Onís (que posteriormente se trasladó a Oviedo), origen y enseña de la Reconquista.

Otra cosa es saber si aquella movilización contó desde sus comienzos con una misma idea de unidad popular, de unidad territorial, de cristiandad y de libertad frente al invasor.

https://algodehistoria.home.blog/2020/03/06/el-reino-de-asturias-o-la-victoria-de-espana/

A los que ponen en duda la Reconquista como concepto real y continuado en el tiempo, también les contesta don Claudio:

«La historia de los comienzos de la Reconquista se ha hecho por muchos, más que con el propósito de encontrar la verdad, con el de enmarañar los testimonios de las fuentes y de crear dificultades, amaños y leyendas donde no los había».

Esto no significa que la Historia sea lineal y sencilla, como explica Julián Marías, la Reconquista es la lucha por la rectificación de la trayectoria iniciada, porque España fue árabe, en unas zonas más, en otras menos, en otras nada. Y es la facción que permaneció rebelde, la cristiana, la que empieza a luchar por evitar que se consolidara lo que empezaba a ser en la mayor parte del territorio: árabe. Aun así, ni siquiera la España árabe tenía unidad, ni Tarik, ni Muza, ni Boadbil se parecen. Entre ellos hay multitud de personajes que se muestran más o menos contrarios o favorables a la convivencia, al sometimiento o a la imposición. Lo que nos encontramos en las crónicas de la batalla de Covadonga es que la Reconquista se inicia por la lucha de la libertad a la que se le da un fundamento ideológico y unitario con el cristianismo y, por ende, en la idea de universalidad, si toda esa filosofía nace en Alfonso III y no estaba plenamente presente en Pelayo no es óbice para resaltar la lucha por la libertad y la idea de expulsión del invasor que aconteció en Covadonga.

Es cierto que el término Reconquista no empieza a utilizarse historiográficamente hasta el siglo XVIII, por ejemplo, por José Cadalso o Jovellanos, y lo hacen por influencia francesa ya que viene a sustituir a otros que se utilizaban entonces como el de «Restauración». Pero la idea responde a una especie de cordón umbilical que une el concepto moderno de España con su madre- su historia anterior-.

Durante la Reconquista, se produce la unión de los reinos cristianos frente a los musulmanes, que culmina con los Reyes Católicos y ello porque en la población y en sus dirigentes se establece una idea de España muy clara. Si se quiere histórica, si se quiere cultural, pero una idea identificativa que permitirá con el tiempo conformar el Estado español en torno a la corona en el S XV, recuperando, entre otros, aquellos elementos básicos que ya tenía el Estado visigodo. Y, aunque no es admisible hablar del término nación en el sentido moderno en el siglo XV, pues éste se manifiesta con propiedad a partir de 1808 en la sublevación de Madrid contra el invasor francés y se plasma ideológica y jurídicamente en la Constitución de Cádiz, gracias al liberalismo reunido en Cortes en el Oratorio de San Felipe Neri,  no es menos cierto que sin ese sustrato identificador de España nacido en Covadonga y en la Reconquista, los sucesos de 1808 no podían haberse dado como se dieron, ni la conciencia de unidad y defensa de la soberanía representada por el levantamiento del pueblo, ni la idea política de representación a la organización jurídico-nacional de la Junta Suprema Central, ni las Juntas regionales surgidas por doquier en el territorio español, se hubieran producido, ni mucho menos la conjunción de ambas en las Cortes y Constitución de Cádiz.

Dice Juan Pablo Fusí:

«La palabra España yo creo que se debe utilizar desde el siglo XI o XII, otra cosa es que eso que ya se conoce como España en esos siglos esté fraccionada en distintos reinos que además podían haber cristalizado perfectamente como ocurrió en Italia en diferentes estados hasta una etapa muy tardía: es decir que no hay ninguna razón especial en ese sentido. Por tanto, si hay una primera España, esa es elReino de León, el Reino de Castilla, la Corona de Aragón, el Reino de Portugal… «

Pero esos reinos medievales no se reconquistan por la razón elemental de que no existían, sino que se constituyeron como resultado parcial de la Reconquista, como recuerda Marías.

España sale de la Edad Media con una unión dinástica irreversible, y continúa Fusí: «con muchos de los elementos de lo que llamamos posteriormente nación: una continuidad en el poder, una única fuente de soberanía que es la corona, una cierta institucionalización del estado desde arriba, muy pronto una lengua y una literatura que es muy común a todos sus territorios… durante varios siglos es así y se consolida con el proyecto nacional moderno en el XIX».

En definitiva, aunque en Pelayo no existiera un proyecto claro de restauración del reino visigótico, sí se dieron los elementos básicos de la Reconquista: la expulsión del invasor y la recuperación de lo propio, basamento sustancial como para que a partir de entonces se produjera técnicamente lo que conocemos conceptualmente como Reconquista. Desde Covadonga unos reinos cristianos, continuando el camino iniciado por el reino de Cangas de Onís-Oviedo, tratan de recuperar el territorio hispano- visigodo perdido a manos de los árabes y en cuyo proceso se forma ya de manera muy temprana, en la baja Edad Media, la idea de España. A ese esfuerzo contribuyó de manera primera y esencialmente simbólica el hecho de armas de Covadonga.

BIBLIOGRAFÍA

BARRAU-DIHIGO, L. Historia política del Reino Asturiano (718–910). Ed Silverio Cañada. 1985.

MARÍAS, Julián. “La España Inteligible”. Alianza Editorial. 2014

ZABALO ZABALEGUI, Francisco Javier. “El número de musulmanes que atacaron Covadonga. Los precedentes bíblicos de unas cifras simbólicas”. Universidad de Sevilla 2004.

Dialnet-ElNumeroDeMusulmanesQueAtacaronCovadonga-1414696.pdf

Sánchez- Albornoz, Claudio. «Observaciones a unas páginas sobre el inicio de la Reconquista». Ed. Facultad de Filosofía y letras. Buenos Aires. 1968

VÉLEZ, Iván.  “Reconquista”. La Esfera de los libros. 2022