LA CONTRA ARMADA INGLESA

Hoy nos vamos a sumergir en un acontecimiento que permanece en la penumbra de la historia, por culpa de la llamada “Leyenda Negra” y por el poco interés español en resaltar nuestras grandes empresas. La Historia contada por ingleses, holandeses y otros países ha ampliado la importancia de la derrota de la Armada Invencible española en 1588 y ha minimizado la derrota de la armada británica, ideada para conquistar España al año siguiente. Hoy hablamos de la conocida como la “contra-armada” inglesa o también como la Invencible Inglesa o la Contra Armada de Drake-Norreys

Después del fracaso de la Gran Armada española en su intento de invadir Inglaterra en 1588, Isabel I de Inglaterra preparó una enorme flota de represalia . La misma contó con 180 barcos y 27.667 hombres. Es fácil comprender el nombre dado a aquella empresa, se trataba de idear una flota que fuera la réplica de la Invencible española. Se encargó su mando al corsario Francis Drake, y como general de las tropas de desembarco, se nombró a John Norreys.

Entre las muchas diferencias entre la expedición española y la inglesa, la esencial era el sentido nacional de la empresa española, con Felipe II como gran ideólogo frente al sentido comercial de la inglesa, que en parte definía lo que posteriormente sería su forma imperial, mayoritariamente con colonias comerciales de transito y no de asentamiento. La contra armada inglesa fue financiada por una compañía comercial a base de emisión de acciones con un capital limitado a 80.000 libras. Un cuarto de esa cifra lo abonó la Reina, un octavo el gobierno holandés, siempre tan poco amigo de su antigua metrópoli. El resto del capital lo aportaron nobles,  mercaderes, navieros de toda condición, avariciosos de quedarse con las rutas españolas hacia América y gremios de todo tipo. No era la primera vez que en Inglaterra se actuaba así. De esta manera se habían financiado varias expediciones piratas, basadas en la sorpresa y el avituallamiento in situ, una vez tomada la plaza. Pero en esta ocasión, el sistema se demostraría calamitoso. Todos los inversores esperaban obtener grandes beneficios, empero, acabó con la quiebra de muchos de ellos y en especial de la corona inglesa de Isabel I.

Una segunda diferencia entre ambas empresas invasoras, se fundamentó en que la española estaba dirigida por profesionales de la navegación, por más que los elementos y sobre todo la dificultad de la invasión en una zona costera mal elegida y con las carencias propias de aquella época en los conocimientos de carácter técnico-científicos como para lograr el éxito. Esas mismas dificultades técnicas tenía la aventura británica, pero con el agravante anglosajón de encargar la dirección de la empresa a un pirata. Drake no era un Almirante para tal fin, si bien había tenido un éxito reconocido en el ataque a Cádiz en 1587.Pero su falta de experiencia en batallas militares le llevó a cometer diversos errores que a la larga precipitaron el fracaso de aquella expedición.  Para empezar, desconocía los elementos básicos de la logística naval en este tipo de enfrentamientos lo que  creó un problema de avituallamiento considerable y aunque no tuvo que luchar contra los elementos, los elementos tampoco le fueron del todo propicios en el inicio de su andadura, así, el mal tiempo afectó a la salida de la flota, una vez se completó ésta, porque el primer retraso se produjo debido a que los holandeses no proporcionaron todos los barcos de guerra que habían prometido, todo ello pospuso la hora de la partida  y, con ello, se consumió un tercio de las provisiones embarcadas para toda la travesía antes de salir del puerto (alguien debería estudiar el  excelente sistema de aprovisionamiento de la Invencible española para que en tan larga travesía nunca faltara alimento a sus integrantes). Drake no fue capaz de preverlo, pensaba, como buen pirata, que llegando a España se aprovisionarían con lo que robaran durante el asalto a las ciudades costeras. Pero no sólo se olvidó de embarcar los alimentos necesarios, sino que también se olvidó de portar las armas de asedio, indispensables para tomar fortalezas, y la caballería, imprescindible para lanzar cargas en las operaciones en tierra. Con estos pertrechos, aquella flota partió del Puerto de Plymouth el 13 de abril de 1589.

Tres eran las misiones esenciales de armada de Drake, que se enlazaban unas con otras a modo de gran fábula:

La primera y fundamental era destruir, en Santander, a la Gran Armada española varada en los astilleros norteños para ser reparados tras la derrota en las costas inglesas. Pensaban que conseguido esto,  España se quedaría huérfana de flota en el Atlántico europeo.

La destrucción de la armada española dejaría el mar expedito para cumplir su segunda misión: conquistar Lisboa. Esto convertiría a Portugal en país satélite de Inglaterra, la cual penetraría en el imperio luso. Para ello, se apoyaban en el Prior Antonio de Crato, primo de Felipe II y pretendiente al trono luso frente al Rey español que acababa de heredar la corona vecina de su madre, Isabel de Portugal. Crato había firmado previamente unas rigurosas cláusulas que, de cumplirse, transformaban a Portugal en un protectorado de Inglaterra.

Si todo lo anterior acontecía, su tercera misión era apostarse en las Azores; la fábula británica pretendía llegar igualmente a Sevilla,  capturar la flota de Indias y hacerse con las riquezas de ultramar. De este modo, Inglaterra sería la nueva dueña del Atlántico y se aprestaría a usurpar las rutas oceánicas españolas.

Como vemos, toda la fabula inglesa se sustentaba en un asalto imposible y en la creencia de que España estaría baja de moral tras la derrota de la invencible y de que los portugueses se rendirían en sus brazos. Nada de eso ocurrió. El resultado fue un completo fracaso, una derrota sin precedentes de la Inglaterra isabelina, el desastre de su flota y la caída en desgracia del corsario Drake .

Pese a que la intención primera de la Armada inglesa era atacar Santander para acabar con la Armada Española, Drake manda virar y dirigirse a La Coruña.  ¿Los motivos? No están del todo claros, pero parece que el hambre se había apoderado ya de los barcos y los motines florecían, además corría el rumor, no sólo entre la marinería sino que el propio Drake creía en él, de que en La Coruña se escondía un tesoro fabuloso. Por tanto, bien por voluntad propia bien impulsado por sus marineros piratas, la Contra Amada olvidó el primero de sus objetivos y puso rumbo a La Coruña.

El 4 de mayo de 1589, la flota inglesa llegaba a la altura de La Coruña, cuyas defensas eran bastante deficientes:  unos 1.500 miembros de la guardia más un número considerable de población civil, cuya presencia en la contienda fue decisiva. En cuanto a la flota disponible, tan solo se contaba con el galeón San Juan, la nao San Bartolomé, la urca Sansón y el galeón San Bernardo, así como con dos galeras, la Princesa y la Diana. El 5 de mayo, unos 8.000 soldados ingleses desembarcaron en la playa de Santa María de Oza, llevando a tierra varias piezas de artillería y batiendo desde allí a los barcos españoles que no podían cubrirse ni responder al fuego enemigo. Durante los siguientes días, los ingleses penetraron, sin muchas dificultades a la parte baja de La Coruña, saqueando y matando a numerosos civiles. Cuando los ingleses se lanzaron hacia la parte alta de la ciudad, comenzaron para ellos los problemas. Las murallas coruñesas resguardaban a la guarnición y la población de la ciudad, los cuales se defendieron con gran determinación, ocasionando la muerte de más de 1.000 ingleses asaltantes. Fueron en tales hechos donde sobresalió la heroína popular María Mayor Fernández de la Cámara y Pita, es decir, María Pita. Cuando los ingleses pretendían avanzar, ya muy mermadas las fuerzas españolas, esta coruñesa arremetió contra un alférez que arengaba a sus tropas, le atravesó con una pica, le arrebató el estandarte, provocando ante tal escena la elevación de la moral hispana. María pita no fue la única mujer destacada en la defensa de La Coruña. La necesidad de personas en la defensa hizo que en la población civil actuaran con gran arrojo mujeres y niños, que se convirtieron en el grueso de la defensa de la ciudad y de España. Entre aquellas heroicas féminas también fue distinguida Inés de Ben. Felipe II las condecoró; a María Pita la nombró “Alférez Perpetuo”.

El 18 de mayo, las tropas inglesas decidieron abandonar la ciudad. En Coruña quedaron 1.300 ingleses muertos, varios buques y barcazas hundidas, además, las epidemias empezando a hacer estragos entre la soldadesca invasora, todo lo cual provocó el desmoronamiento de la moral anglosajona y el alzamiento de la indisciplina. En la huida, diez buques con unos 1.000 hombres decidieron desertar, tomando rumbo hacia Inglaterra. El resto de la flota se dirigió hacia Lisboa.

El 26 de mayo de 1589, la flota inglesa con el Prior Crato, fondeó en la ciudad de Peniche, desembarcando la tropa al mando de Norreys. Mientras tanto, Drake puso rumbo hacia Lisboa, con el plan de penetrar por la boca del Tajo y bombardear la ciudad desde el mar y que, por tierra, Norreys apoyara dicho ataque, suponiendo que se le irían uniendo partidarios del prior Crato. Pero tal deseo no se cumplió. Crato no era un candidato demasiado apreciado; además, puestos a depender de un extranjero, los portugueses preferían al vecino hispano con el que se identificaban mejor que con el inglés; así que, los portugueses lejos de sublevarse a favor de Crato se aplicaron en la defensa contra los anglicanos con bastante empeño. Así las partidas hispanoportuguesas (unos 7.000 hombres entre hispanos y lusos) con constantes ataques, causaron cientos de bajas, al tiempo que vaciaban la ciudad de materiales, pertrechos y todo cuanto podía ser utilizado por los ingleses. La situación inglesa al llegar a las puertas de Lisboa, era dramática, sin caballos, sin pólvora, sin cañones, sin munición, sin alimentos y sin Drake que se mantenía con su flota en las afueras del puerto lisboeta, alegando que la fuerte defensa y el mal estado de la tripulación no le daban posibilidad alguna de entrar en Lisboa. Aunque, conociendo el carácter de Drake quizá estaba a la espera de que la batalla terrestre obtuviese el resultado deseado y, lograda la victoria, hacer acto de presencia y recoger los laureles. Pero lo cierto es que la entrada en la ciudad les resultó imposible. Las desgracias para los ingleses se incrementaron con la llegada a Lisboa de Alonso de Bazán, hermano de Alvaro,  atacó a la fuerza terrestre inglesa desde la ribera del tajo. Los ingleses buscaron refugio en el convento de santa Catalina, del cual tuvieron que huir ante la intensidad del fuego artillero español. Para no ser detectados levantaron un campamento en la oscuridad. Los españoles lograron hacerles salir del escondite y arreciando el fuego sobre el campamento enemigo, causaron numerosas bajas entre las tropas de Norreys.

La defensa española se completó con la llegada a Lisboa, el 11 de junio,  de nueve galeras al mando de Martín de Padilla. Norreys ordenó la retirada y poner rumbo a Inglaterra, mientras que las tropas españolas salían en su persecución. La derrota del ejército de Norryes fue total. Drake, tomó la valiente decisión de huir, pero Martín de Padilla, gran experto en la lucha en alta mar contra los piratas, lo siguió. Los ingleses sufrieron tal castigo que la flota quedó más que diezmada, se calcula que el 70% de la expedición falleció. Además, los españoles se hicieron con los papeles secretos de Antonio de Crato, que incluían una lista con los nombres de numerosos conjurados contra el Imperio Español. Se apoderaron de doce navíos. Drake logró escapar desesperado por la falta de víveres y el tifus; se dirigió primero a Vigo, pensando en invadir la costa gallega por el sur y ante la imposibilidad de hacerlo, se dirigió a las Azores, sin embargo, otro temporal le impidió llegar a las islas obligándole a retroceder, darse por vencido y ordenar el regreso a Inglaterra.

La indisciplina dominó la flota de Drake hasta el final, así al arribar en Plymouth el 10 de julio con las manos vacías y no pudiendo compensar a la soldadesca con los tesoros prometidos, los motines lograron gran violencia que fue contestada con el ajusticiamiento de varios de los pocos hombres llegados de vuelta.

La expedición de la Contra Armada está considerada como uno de los mayores desastres militares de la historia de la Gran Bretaña, quizá solo superado, siglo y medio después y durante la Guerra del Asiento, por la derrota sufrida en el sitio de Cartagena de Indias de nuevo a manos de tropas españolas.

Sin embargo, los ingleses ganaron en los que ahora se llama el relato. Hay pocos españoles que no sepan del amargo episodio de la Armada Invencible, pero muy pocos conocen que,  un año después, Inglaterra reunió una flota aún mayor que la española y que fue derrotada en los puertos españoles y portugueses. Inglaterra consiguió ocultar la vergonzosa retirada durante siglos. Sin embargo, el relato que ha permanecido en la conciencia popular es que tras la Armada Invencible se iniciaba la caída del Imperio Español. Nada más lejos de la realidad. Entre otras razones porque España no pudo invadir Inglaterra, pero no perdió casi barcos; de los galeones enviados, sólo se perdieron 3, la mayor parte de la flota volvió a España, en condiciones penosas, pero no fueron capturados por los ingleses. Felipe II se dio cuenta de la importancia de tener una Armada más poderosa para el tráfico con América y eso supuso un rearme con la construcción de barcos aún mejores. “La Armada Invencible no supuso ninguna quiebra de ningún tipo ni en el comercio con América ni en la defensa de nuestros puertos”, señala el profesor Negueruela[1]. El Imperio todavía viviría sus mejores años. En cuanto al trato recibido por la marinería, Felipe II hizo cuanto estuvo en sus manos para aliviar el sufrimiento de una tropa derrotada. Motivo por el cual, muchos estaban prestos a embarcarse en defensa de la patria en sucesivos viajes. En cambio, Isabel II, con su pregonada tacañería y su visión comercial, no tomó ninguna medida social a favor de los derrotados, de manera que la pobreza y la miseria de apoderaron de ellos. Se morían por las calles sin esperanza alguna de vida, tal como describe Burghley. El cual se avergüenza y clama contra la actitud de la Reina pues consideraba “un horror dejar morir de hambre a aquellos hombres de los que quizá sea difícil volver a conseguir su ayuda, cuando sea necesario”.[2]

Bibliografía.

  • La contra Armada: La mayor victoria de España sobre Inglaterra. Luis Gorrochategui .Ed. Planeta de los libros (Tiempo de Historia).
  • Imperiofobia y Leyenda negra. Mª Elvira Roca Barea. Titivillus. 2018.
  • Resumen de las intervenciones producidas en el I congreso Internacional sobre “ La armada española de 1588 y la Contra Armada inglesa de 1589”. Organizado por el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena.

[1] Ivan Negueruela. Director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática durante la celebración del I Congreso Internaconal dsobre la Armada española de 1588 y la contra Armada inglesa de 1589”

[2] J.F.C “Batallas decisivas del mundo occidental”. Ed. RBA. 2009

( Nota de la autora. Lord Burglehey fue Ministro de Isabel I. Pertenece a la nueva nobleza proveniente del anglicanismo).

EL SUICIDIO DE VENEZUELA. LECCIONES DE UN ESTADO FALLIDO

Hoy traigo como enlace un hilo del blog –Resistencia Venezuela- en el que sus autores explican por qué Venezuela es un estado fallido. El post es de enero de 2019, pero lo considero de plena actualidad.

Son muchos los procesos que han llevado a Venezuela a la situación actual. En un resumen a vuela pluma podemos recordar los siguientes acontecimientos:

Tras el intento de Golpe de Estado y ser encarcelado, a Chavez lo liberan, se convierte en el político más popular de una Venezuela cansada de sus líderes tradicionales. En esta situación, el populista Chavez gana las elecciones, creando un gobierno autoritario. Situación que se acrecentó con Maduro. Los pasos que ha dado el dictador (apoyado por el ejército y mantenido por negocios no del todo claros) para llegar a la autocracia han sido a grandes rasgos:

  1. Acabó con la independencia del poder judicial.
  2. Cuando la solución a esto era la convocatoria de un referéndum revocatorio que se paró por el Consejo Nacional electoral, también sometido al poder.
  3. Se terminaron las elecciones libres y limpias. Con todo, Maduro perdió las elecciones de diciembre de 2015 y lo reconoció, pero acto seguido se suspendieron los comicios regionales previstos para 2016.
  4. Se creó un órgano político por encima de la Constitución
  5. Disolvió las cámaras, es decir, acabó con el Poder Legislativo
  6. Se produjeron detenciones por razones políticas- presos políticos- Especialmente miembros de la oposición o simples ciudadanos que expresaban su opinión contraria al Gobierno
  7. No hay libertad de prensa.
  8. Ha logrado dividir a la oposición.

Pero nada de esto se entendería sin comprender la situación económica en la que ha quedado un país rico por naturaleza y cuyo empobrecimiento ha socavado la posibilidad de resistencia de la población.

En la bitácora de resistenciavenezuelasite.wordpress.com.   lo explican mejor que yo.

https://resistenciavenezuelasite.wordpress.com/2019/01/22/el-suicidio-de-venezuela-lecciones-de-un-estado-fallido-por-moises-naim-and-francisco-toro-moisesnaim-y-quicotoro/

ENERO 22, 2019     RESISTENCIAVENEZUELASITE.WORDPRESS.COM

EL SUICIDIO DE VENEZUELA. LECCIONES DE UN ESTADO FALLIDO. Por Moisés Naím y  Francisco Toro (@moisesnaim y @QuicoToro)

Examinemos estos dos países latinoamericanos. El primero es una de las democracias más antiguas y estables de la región. Tiene una red de protección social más robusta que la de sus vecinos. Sus esfuerzos por ofrecer salud y educación universitaria gratuita a todos sus ciudadanos comienzan a dar resultados. Es un ejemplo de movilidad social y un verdadero imán para inmigrantes de toda Latinoamérica y Europa. Se respira libertad en los medios y en los partidos políticos quienes cada cinco años compiten ferozmente durante las elecciones y el poder cambia de manos regular y pacíficamente. Este país logró esquivar la ola de dictaduras militares que azotó a la mayoría de sus vecinos latinoamericanos. Su alianza política con Estados Unidos es de larga data. Gracias a sus profundos vínculos comerciales y de inversión, numerosas multinacionales de Europa, Japón y EEUU lo escogieron como su base de operaciones para América Latina. Además, posee la mejor infraestructura de Sudamérica. Ciertamente, está muy lejos de ser un país que ha erradicado las plagas que azotan a los países pobres. Sufre de fuertes dosis de pobreza, corrupción, injusticia social, ineficiencia y debilidad institucional. Aun así, bajo cualquier criterio con el que se le mida, le lleva enorme ventaja a casi todos los países en desarrollo.

El segundo país es una de las naciones más empobrecidas de América Latina y la dictadura más reciente de la región. La mayoría de sus escuelas y universidades han colapsado. Su sistema de salud está en el olvido tras décadas de desidia, corrupción y falta de inversión; el paludismo y el sarampión, entre otras enfermedades que hacía tiempo habían sido derrotadas, regresaron por la revancha. La gran mayoría de la población no tiene suficiente comida y ha perdido peso muy rápidamente; sólo una pequeña élite come tres veces al día. Los servicios públicos (agua, electricidad, transporte, comunicaciones) son precarios o inexistentes. Su violencia epidémica lo coloca entre los países con la tasa más alta de homicidios del mundo. Tal es la catástrofe, que millones de sus ciudadanos huyen a otros países, lo que se traduce en la más intensa ola de refugiados que se haya visto en América Latina. Se respira opresión: las detenciones arbitrarias son normales y la tortura común. Ningún otro gobierno (con la excepción de otras dictaduras) reconoce sus farsas electorales. Los pocos medios de comunicación que aún no están bajo el control directo del Estado, se autocensuran por temor a represalias. Para fines de 2018, su economía habrá batido récords: la mayor inflación del mundo y una contracción de cincuenta por ciento en sólo cinco años. Es un verdadero paraíso global para el tráfico de drogas. Estados Unidos, la Unión Europea y otros países latinoamericanos han acusado y sancionado a la cúpula en el poder —del presidente para abajo, funcionarios, militares, sus testaferros y sus familiares, por sus vínculos con las mafias del narcotráfico. El principal aeropuerto está casi siempre desierto y las pocas aerolíneas que aún conectan al país con el resto del mundo transportan solo unos escasos pasajeros que deben pagar precios exorbitantes. Un país antes integrado al mundo es ahora el país mas internacionalmente aislado de América Latina. Estos dos países son de hecho uno solo, Venezuela, en dos momentos diferentes: a principios de los años 70 y hoy. La transformación de Venezuela ha sido tan radical, tan completa y tan devastadora que es difícil aceptar que no fue el resultado de una guerra. ¿Qué le pasó a Venezuela? ¿Cómo es posible que las cosas le salieran tan mal. En una palabra: el chavismo. Bajo el mando de Hugo Chávez y de su sucesor, Nicolás Maduro, el país ha sufrido una mezcla tóxica de políticas públicas devastadoras, autoritarismo y corrupción a gran escala. Todo esto bajo una influencia cubana tan amplia y profunda que, en la práctica, luce como una ocupación. Cualquiera de estos elementos habría creado por sí solo una grave crisis. Al juntarse, configuran una tragedia. Hoy, Venezuela es un país pobre, un Estado fallido y mafioso, dirigido por un autócrata tutelado por una potencia extranjera: Cuba. 

EXPEDICIÓN BALMIS

Algunos lectores me habían pedido que hablara de la expedición Balmis para llevar la vacuna de la viruela a América y Asia, a la que se considera la primera expedición humanitaria del mundo y una auténtica heroicidad de esas que casi sólo somos capaces los españoles. Me había resistido porque últimamente se ha hablado y escrito mucho sobre este asunto, no sólo ahora por la pandemia , sino por dos novelas y una película que hicieron llegar al gran público esta aventura extraordinaria. Almudena de Arteaga no fue la primera en recrear desde la ficción esta expedición, pero sí la primera española y lo hizo en 2010 con su novela “Ángeles custodios”. Su extensión al cine llegó, en 2016, por la película “22 ángeles”.  Quizá la más leída ha sido la esplendida novela de Javier Moro, publicada en 2015 y premio planeta, “A flor de piel”. Novelistas, periodistas y otros escritores han escrito sobre esta materia con profusión.

Nada original puedo aportar a la historia de la “Real Expedición Filantrópica de la Vacuna”, pero puedo ayudar a difundir tan heroico acontecimiento.

En el siglo XVIII, la viruela se había convertido en la pandemia más mortífera que azotaba a la humanidad; solo en Europa, durante esa centuria, acabó con la vida de 60 millones de personas y, en el mundo, se llevó la vida de 300 millones de seres humanos, siendo especialmente conocida su virulencia en América. Los contagiados que lograban sobrevivir a la enfermedad quedaban marcados por el resto de su vida con cicatrices sobre todo en brazos y cara. Pero, eso sí, no volvían a enfermar en las sucesivas oleadas.  Un médico inglés, Edward Jenner, había comprobado que los vaqueros habían desarrollado inmunidad al contagiarse de viruela bovina, mucho más benigna y que no dejaba marcas, lo que dio a Jenner la idea de inocular a los humanos la enfermedad bovina(variolización) con el resultado inmunitario que todos conocemos. De hecho, la palabra vacuna proviene del término latino variolae vaccinae que designa la viruela bovina. Sin embargo, el colegio de médicos británico se negó a aceptar este remedio con el curioso argumento de que a la larga todos nos volveríamos ganado.

Fue primero Napoleón y algunas damas de la aristocracia británica los que dieron el impulso definitivo a esta solución médica en Europa. Pero, el trabajo heroico de extender la vacuna por el mundo, se la debemos a un médico español, al alicantino Francisco Javier Balmis Berenguer que creyó entusiásticamente en el remedio inglés y decidió trasladarlo a América y a Asia, realidad que se llevó a cabo entre 1803 y 1806.

Francisco Javier de Balmis Berenguer inició sus estudios de Medicina en el Real Hospital Militar de Alicante en 1770, con el fin de convertirse en cirujano militar. Como médico militar participó en la Expedición de Argel contra los bereberes y en 1779 pasó a formar parte del Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Español, sirviendo en el Regimiento de Zamora, heredero de uno de los Tercios más célebres de España al haber participado en el milagro de Empel , como ya vimos en su momento en este blog (  https://algodehistoria.home.blog/2019/12/06/la-batalla-de-empel-o-el-milagro-de-la-virgen-inmaculada/ ).También luchó en la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Por los méritos que mostró, en 1781, fue ascendido al rango de Cirujano del Ejército, siendo destinado a América y sirviendo en Cuba y México. En 1795, fue nombrado cirujano de cámara honorario del rey Carlos IV de España. Ya destinado en la corte, tuvo conocimiento de la vacuna de Jenner y se convirtió en un gran defensor de la misma. De hecho, la vacuna había llegado a España en 1800 y al año siguiente se llevaron a cabo las primeras vacunaciones exitosas en Madrid. Balmis tuvo en el Rey al mejor defensor de la vacuna en España y de cara a su extensión por América y Asia; este apoyo real provenía de que una de las hijas del monarca había fallecido de viruela.

Así se gestó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Cuya meta era extender la vacuna por los territorios de la Corona española, pero inoculándola fundamentalmente a los niños.

En la organización del viaje, que debía durar meses, pero que abarcó tres años, el mayor problema era cómo trasladar el suero de la vacuna que había de ser inoculado en América, primera parte del viaje.

En aquel momento, la mejor manera de conservar y utilizar el suero del fluido vacuno era a través de la pústula de un recién vacunado que se podía inyectar en otra persona, que quedaba vacunada con ello y servía a su vez de portador vivo de la muestra. Por ello, Balmis decidió elegir a 22 niños huérfanos del hospicio de La Coruña a los que iría inoculando el virus paulatinamente.  De tal modo que en la práctica fue inocular la vacuna a dos niños cada semana (por si había complicaciones fatales en alguno) con las pústulas de los vacunados la semana anterior.

La Gaceta de Madrid explicaba cómo se llevaría a cabo el proceso: “siendo sucesivamente inoculados brazo a brazo en el curso de la navegación, conservarán el fluido vacuno fresco y sin alteración” hasta América.

Para poder atender a los 22 niños, Balmis logró que le acompañara a América la rectora del hospicio de La Coruña, Isabel Zendal Gómez, y una decena de médicos y enfermeros. Todos ellos, partieron el 30 de noviembre de 1803 del puerto de La Coruña con rumbo al Nuevo Mundo a bordo de la corbeta María Pita.  El plan era temerario y éticamente más que dudoso. Se eligió a niños porque, a falta de unos análisis que entonces no existían, podía establecerse con seguridad que no habían padecido la viruela. En cuanto a Isabel Zendal, había empezado a trabajar como enfermera en el hospital de la Caridad de La Coruña, fundado por Teresa Herrera. Su vida no había sido fácil, había perdido a su madre cuando ella contaba 13 años, precisamente a causa de la Viruela. Posteriormente, tuvo un hijo de soltera con lo que eso suponía en aquellos tiempos. La expedición para ella y para su hijo era una oportunidad de una vida mejor, de hecho, Balmis valoraba tanto su aportación que le pagaba un sueldo igual que el de los hombres. Al final del viaje, se instaló y se quedó a vivir en el Virreinato de Nueva España dónde siguió ejerciendo de enfermera con gran reconocimiento personal por su valía . El propio Balmis se encargó de destacar el papel fundamental de los niños y de su tutora. En una carta al ministro Caballero, el médico explicó como Zendal “con excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y día ha derramado todas las ternuras de la más sensible madre” asistiendo a los niños “enteramente en sus continuadas enfermedades”. La OMS la ha considerado la primera enfermera de la historia que participó en una misión internacional. Siempre estuvo atenta al devenir de aquellos niños que trasladó al nuevo mundo, los cuales,  fueron educados de manera esmerada, quedándose allí con un próspero porvenir.

Pero no adelantemos el final.

La expedición que salió de Galicia hizo su primera escala en Tenerife, donde comenzó su campaña de vacunación. Allí se inoculó la vacuna a los hijos de 10 distinguidas familias y desde ellos, las autoridades sanitarias canarias, extendieron la vacuna a todas las islas.

En febrero de 1804, la expedición llegó a Puerto Rico y, al mes siguiente, al territorio de la actual Venezuela, donde halló muy buena disposición de las autoridades locales, lo que permitió difundir la vacuna por toda la región. En mayo, el convoy se dividió en dos grupos: uno que se dirigió al norte mandado por Balmis y otro con destino al sur del continente, mandado por el cirujano militar catalán José Salvany Lleopart. Ésta segunda rama llegó a la Patagonia tras superar numerosas penalidades.

El  grupo comandado por el propio Balmis, llevaba como objetivo extender la vacuna por el Caribe, Centroamérica y el norte del continente, en muchos casos sin la colaboración de las autoridades locales. Para superar las reticencias y facilitar la consecución del objetivo, Balmis creó lasJuntas de Vacuna” en cada territorio al que llegaba. Estas juntas tenían la obligación de encontrar niños a los que vacunar y de mantener vivo el suero. Las juntas funcionaban de manera autónoma, siguiendo las directrices del médico español. Así se logró la vacunación del virreinato de Nueva España y la extensión de la vacunación por Texas, Arizona, Nuevo México o California. La expedición vacunó directamente a unas 250 000 personas.

Organizada la vacunación en América, Balmis decidió embarcarse hacia Filipinas y realizar similar acción allí. Esta vez no contó con la colaboración de Isabel Zendal. La misión llegó al archipiélago en abril de 1805. De nuevo los más altos cargos políticos y eclesiásticos no colaboraron, pero gracias a su perseverancia y a las autoridades de menor rango, a principios de agosto, ya se habían vacunado nueve mil personas. Balmis comisionó a varios de sus subordinados para extender la vacuna al resto de islas. Desde Filipinas se trasladó a Macao, logrando la difusión de la vacuna por todo el territorio chino.

Este fue el último viaje de Balmis antes de regresar a España, para lo que tuvo que pedir un préstamo con el que sufragar un pasaje hasta Lisboa, pues había empleado todo el dinero en la extensión de la vacuna. Llegó a la capital lusa en febrero de 1806, no sin antes haber dejado alguna vacuna en una escala en la isla de Santa Helena (territorio británico de ultramar). Pisó el suelo de Madrid el 7 de septiembre de 1806. Carlos IV le colmó de honores y felicitaciones. Había terminado el que el naturalista Alexander von Humboldt calificó como el viaje “más memorable en los anales de la historia”.

Quizá por ello, en 2020, las Fuerzas Armadas han denominado “Operación Balmis” a su despliegue en varios puntos de España para reforzar las tareas de confinamiento en estado de alarma por el coronavirus y la Comunidad de Madrid llamará Isabel Zendal al nuevo hospital de emergencias de Valdebebas

HÉROE: PABLO IGLESIAS

Hoy vamos a nuestro hilo de héroes, para contar la historia de un héroe para los amantes de la libertad y del orden constitucional: Pablo Iglesias.  Es posible que muchos lectores al llegar a este punto hayan dado un respingo en el asiento, es posible que muchos lectores al leer el nombre de nuestro héroe hayan pensado en uno o dos personajes, posiblemente, uno histórico, porque ya falleció, y otro que inunda las páginas de los periódicos actuales, pero, en España, ciudadanos que se llamen Pablo Iglesias debe haber muchos y es posible que algunos lectores hayan vislumbrado que nuestro héroe de hoy es Pablo Iglesias González.

Nació en el seno de una familia de artesanos “tiradores de oro” es decir, trabajadores que presentan ese mineral en forma hilo. Su maestro en el oficio fue su padre, el cual murió a consecuencia del levantamiento del dos de mayo de 1808, en la que participó en defensa de la libertad del Rey y de España. Pablo se hizo cargo del negocio junto con su hermana y madre. La prosperidad del oficio, le posibilita una renta holgada que le permite participar en política desde 1822, y es a partir de ese momento cuando su actuación nos interesa.

Veamos, primero, la situación de España en aquellos años.

El periodo que va desde 1815 a 1848 viene significado en la Historia de Europa por el conflicto entre dos tendencias, de un lado, los absolutistas que pretendían retrotraer los sistemas sociales y políticos a la situación previa a 1789 y, de otro, los liberales, que defendían la soberanía popular y su expresión en una carta constitucional que determinara los valores y principios del orden político de cada Estado.

En España, tras el tratado de Valençay, en 1813, Fernando VII vuelve a nuestro país; desde entonces, todos los acontecimientos absolutistas producidos bajo su reinado tuvieron el apoyo unas veces explícito, otras implícito, del rey felón.

En 1812, se promulga la Constitución de Cádiz producto de las tendencias liberales e ilustradas de muchos intelectuales españoles y cuya novedad esencial es el reconocimiento de que la Soberanía Nacional reside en el pueblo español. Desde entonces y si atendemos a la superficie de los hechos,  se producen una serie de movimientos convulsos con enfrentamientos entre los partidarios del liberalismo y los propagadores del absolutismo. Fernando VII juró conducir España por la senda constitucional de 1812, pero, en 1814, apoyaba el primer movimiento absolutista. Aceptó a regañadientes el viraje constitucionalista en 1820, para volver al absolutismo en 1823 tras congratularse por la injerencia de las potencias extranjeras de la Santa Alianza y apoyarse en los cien mil hijos de San Luis. Tras su muerte, se produce la definitiva implantación constitucionalista en España aunque con sus altibajos y enfrentamientos.

Desde 1814, paralelamente a la etapa absolutista iniciada aquel año. Se desarrolla un movimiento liberal que pretende impulsar las ideas nacidas durante la guerra de la independencia. Este movimiento liberal podemos resumirlo en tres etapas: a) una primera fase de 1814 a 1820 de conspiración frente al absolutismo realista. b) una segunda etapa de 1820 a 1823 en la que gobiernan- Trienio liberal-. c) Una tercera fase que va desde 1823 a 1832, en la que, perseguidos por los absolutistas, los liberales o mueren o emigran- principalmente, vía Gibraltar a Inglaterra y tras la revolución de Luis Felipe de Orleans en Francia, revolución burguesa de 1830 , los asentados en Gran Bretaña se mudan a Francia-.

El Trienio liberal fue un periodo convulso en España, a contrapié de una Europa en retroceso político desde la derrota de Napoleón.

Cuando a partir de 1821 se empiezan a aplicar las reformas liberales (medidas desamortizadoras sobre bienes de la Iglesia, traslado de las aduanas al Bidasoa, nuevas contribuciones, servicio militar…) la oposición absolutista irá en aumento. Pero, además, desde la axiología jurídica, el Trienio liberal es el primer periodo en el que se actúa estando en vigor la Constitución de Cádiz, es decir, el constitucionalismo liberal, que era considerado como un mal ejemplo en una Europa dominada por la Santa Alianza y el regreso al Antiguo Régimen. Por ello, el Congreso de Verona reúne a las potencias europeas que deciden enviar un ejército para poner fin al proyecto liberal español y devolver el poder absoluto al Rey Fernando VII.

El propio monarca había solicitado la ayuda de las potencias europeas y, en aplicación de ese auxilio, en abril de 1823, se produce la invasión francesa de los llamados “Cien Mil Hijos de San Luis” bajo el mando del duque de Angulema. Paradójicamente, la Francia que trajo las ideas ilustradas y el constitucionalismo,  viene ahora a restaurar el absolutismo con el apoyo de la guerrilla antiliberal.

La expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis fue prácticamente un paseo militar. Las tropas liberales fueron retirándose sin apenas oponer resistencia. Realmente, los Cien Mil Hijos de San Luis a penas superaban la cifra de 95.000, entre soldados franceses y algunos voluntarios españoles, que hubo de enfrentarse al ejército constitucional español formado por 130.000 efectivos. Pese a la superioridad numérica liberal, las tropas españolas estaban mal organizadas y sólo hubo una resistencia eficaz en Málaga, Granada y Jaén (gracias a la hábil dirección de Riego), en Cádiz (por ser la sede de las Cortes Constituyentes) y en Cataluña, donde las comandaba Francisco Espoz y Mina. El ejército francés logró sus objetivos: ocupó Madrid sin resistencia; según el Marqués de Miraflores los Cien Mil Hijos de San Luis fueron recibidos por el pueblo como libertadores a los gritos de ¡Viva el Rey absoluto! ¡Viva la Religión y la Inquisición! y, sobre todo, el más conocido de todos: ¡Vivan las cadenas! Tras la toma de la capital, el ejército foráneo persiguió a los liberales hasta Andalucía. Finalmente, tras incumplir su pacto con las Cortes de Cádiz, Fernando VII abolió las leyes del Trienio liberal y volvió a ser un rey absolutista y duramente represor de los liberales.

En este contesto aparece nuestro héroe: Pablo Iglesias González (1792-1825), defensor de la integridad nacional ante los franceses durante la Guerra de la Independencia y convencido liberal que un 24 de agosto de 1824, tras la traición de Fernando VII a la Constitución de 1812   y tras la ejecución de Rafael del Riego, el General Torrijos y otros muchos liberales, fue la cabeza visible de una rebelión constitucionalista, cuya base tuvo lugar en Almería.

Como dijimos anteriormente, en 1922, durante el Trienio liberal, entra en política tras presentarse a las elecciones municipales de Madrid y alcanzar un puesto como regidor en los escaños liberales.

En uno de los muchos enfrentamientos entre liberales y absolutistas, la Guardia Real se pronunció por el Rey absoluto, los exaltados madrileños lo hicieron a favor de la Constitución de Cádiz por medio de su Ayuntamiento y con la fuerza de los milicianos. Estábamos en el mes de julio de 1822, tras una semana de gran tensión, los guardias reales atacaron la plaza de la Constitución, hoy plaza Mayor, en cuya casa de la Panadería estaba instalado el Ayuntamiento de Madrid. Pablo Iglesias, a la sazón capitán de cazadores y regidor [equivalente al actual, concejal] en el Ayuntamiento, dirigió una valerosa defensa de la plaza, hasta conseguir poner en fuga a los guardias que se refugiaron en el Palacio Real. La jornada del 7 de julio fue conmemorada como sinónima de libertad y democracia durante todo el siglo. Sin embargo, la alegría liberal duró poco y en 1823 encontramos a Pablo Iglesias en el repliegue del Gobierno y la Administración, primero hacia Sevilla y, después, hacia Cádiz. Nuestro héroe dirigía una de las secciones de un inmenso convoy, en el que, entre otras cosas, se transportaban a lugar más seguro las urnas que contenían los restos de Daoiz, Velarde y demás víctimas del 2 de mayo, para sustraerlas a la posible profanación del ejército francés.

Vencidos los liberales por la toma de Trocadero en Cádiz, Pablo Iglesias consigue escapar hacia Málaga, y desde allí a Cartagena, plaza en la que resistía el General Torrijos. En noviembre 1823, ha de rendirse esta ciudad, el General Torrijos huye a Londres y Pablo Iglesias consigue escapar a Gibraltar, lugar en el cual se introduce entre la Jerarquía del liberalismo. Sigue en contacto con los liberales de la Península y con los que había exiliados en Londres, entre ellos, Espoz y Mina y el propio Torrijos ( poco después fusilado por los absolutistas tras dirigir un levantamiento liberal en Málaga). Cabe señalar que los liberales exiliados, no olvidaron nunca a España y promovieron todo tipo de alzamientos para recuperar el poder y el constitucionalismo. Uno de los grupos de estos exiliados creó en Gibraltar una sociedad llamada Santa Hermandad. Miembros destacados de esta sociedad fueron César Contí, Manuel Beltrán de Lis y el francés Housson de Tour, así como Pablo Iglesias. Proyectaron un ataque en Almería, nombrando a Pablo Iglesias jefe de expedición.  Partieron hacia Almería por mar desde Gibraltar la noche del seis al siete de agosto de 1824. La expedición la formaban 48 hombres, buena parte de ellos militares españoles de diferente graduación y 4 extranjeros.

Todos aquellos movimientos pretendían lograr “un grado de contagio insurreccional” que alentara al pueblo a levantarse contra el poder absolutista del monarca. A este movimiento se le denominó en Almería “los coloraos” en razón del color de la camisa que vestían.

Fracasada la acción contra Almería por la pérdida del factor sorpresa, el valiente gesto no sirvió para nada ante la fulminante reacción de poder. Así las cosas, Pablo Iglesias protagonizó una azarosa huida. Al final, fue detenido el 22 de agosto en Cúllar-Baza en unión de su compañero Antonio Santos. Se les sometió a un largo proceso, del que se valieron algunos desaprensivos para intentar deshacerse por venganza de sus propios enemigos. Incluso, parece que el ministro Calomarde ante los informes que le llegaban de Granada “les prometió que serían indultados y disfrutarían de la soberana protección, siempre que declarasen el plan de los revolucionarios, suministren pruebas que lo justifique y hagan otros descubrimientos por los cuales se asegure el Trono y El Altar”. No sometiéndose a la tentación promovida por el ministro absolutista, fueron trasladados a Madrid, a finales de enero de 1825, continuaron allí las actuaciones sin ningún paso alentador. El día 21 de abril se pronunció la sentencia, confirmada por el Consejo en Sala el día 22 de agosto: “les había de condenar y condenaba a la pena ordinaria de pena en la horca, a la que serían conducidos arrastrados”[1].

Según dicen los biógrafos de Iglesias, su madre, Francisca González, consiguió postrarse a los pies de Fernando VII, pidiendo clemencia para su hijo. El monarca la levantó afablemente, pero contestó con ambiguas frases.

Fue ejecutado a los pocos días. Su compañero de prisión, Francisco Rodríguez de la Vega, dejó constancia de sus últimas palabras: “nací, he vivido y muero en el seno de la Iglesia católica, cuya fe confieso y profeso firmemente. Sin embargo, si por igual causa que yo os llegáis a ver en este sitio, unid vuestras voces a las mías y que vuestras últimas palabras sean Libertad o Muerte”[2]. “Libertad o Muerte se convirtió desde el principio en el lema y grito de guerra de los “coloraos”, es decir, de los liberales.

Los restos mortales de Pablo Iglesias Gónzalez descansaban en el cementerio de la Puerta de Toledo. Ignoramos la situación actual. Igual suerte tuvo Antonio Santos.

En Almería, entre 1868 y 1870, se erigió el Monumento de los “coloraos” o “Pingurucho”, que estaba en la Puerta de Purchena siendo trasladado en 1900 a su actual emplazamiento en la Plaza Vieja o plaza de la Constitución. Fue demolido en 1943 tras la victoria franquista y fue reconstruido en 1987 por suscripción popular.

La importancia de este movimiento liberal fue enorme en su tiempo y así se reflejó en la literatura decimonónica española; por ejemplo, Benito Pérez Galdós le dedica un Episodio Nacional: “El Terror de 1824” y Francisco Rodríguez de la Vega en 1835, a partir de los apuntes realizados por el confesor, por el testimonio de algún amigo y de algunos escritos personales del propio Iglesias escribe “Los últimos momentos de don Pablo Iglesias”.

[1] Irene Gálvez. Diario de Almería

[2] Carmen Ravassa, El “colorao” no es rojo (Editorial Soldesol, 2016)

MEMORIA DEMOCRÁTICA

En 2007, el Gobierno español presentó un anteproyecto de ley, que una vez superados los trámites parlamentarios se convirtió en “Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”, más conocida por todos como Ley de Memoria Histórica, entre otras razones porque en su objeto señala que ha de dar alcance histórico a la memoria individual y personal de los que  vivieron los acontecimientos de la guerra civil y la postguerra y por crear el Centro Documental de la Memoria Histórica. Sobre la misma se han escrito multitud de comentarios. A estas páginas trajimos en su momento el artículo firmado por Francisco Vázquez, ex diputado del PSOE y Ex alcalde de La Coruña, que enlazamos a continuación. Casi todos los artículos hechos por historiadores, colegios de historiadores, interesados en la Historia etc., fueron contrarios a la misma.

https://wordpress.com/block-editor/post/algodehistoria.home.blog/90

Se ve que el Gobierno, no contento con lo allí regulado, pretende darle una vuelta de tuerca más a la materia y por eso ha presentado el Anteproyecto de Ley de Memoria Democrática en el Parlamento en este mismo mes de septiembre, cuya diferencia con el anterior es la intensidad en la regulación, lo que lleva a mayores sanciones e imposiciones.

El texto contiene 66 artículos, agrupados en un título preliminar y cuatro títulos, distribuidos en capítulos y secciones. En ellos se intenta regular lo que hay que pensar, medir, estudiar y decir de los acontecimientos posteriores a 1936, a la guerra civil. La fecha es significativa, pues supone eximir del libre análisis histórico a los años de gobierno del General Franco, ignorando que los hechos que vive una sociedad no brotan por generación espontánea en un momento dado, sino que son fruto de otros previos y consecuencia de aquellos. Ni la guerra civil ni el franquismo se pueden entender sin la II República y ésta sin conocer los tiempos anteriores.

En este análisis de la ley debemos pararnos en una denominación que incluye en el mismo texto tres conceptos claramente diferenciables e incluso contradictorios entre sí: memoria, historia y democracia.

La memoria es selectiva e individual, propia y subjetiva, donde los sentimientos se unen al recuerdo. La Historia es objetiva, basada en hechos y análisis de los mismos en función de las fuentes consultadas. Democracia es axiología, aunando valores que organizan una sociedad y se manifiestan en su organización política y jurídica. Mezclar estos tres elementos es un coctel explosivo, que estalla en los tres aspectos mencionados.

Así la memoria cuando afecta al devenir de la vida propia reacciona rebuscando entre sus recuerdos y seleccionando aquellos que más se aproximan a los propios sentimientos, dando lugar a narraciones sobre aquello vivido por el recordante, por su familia, por sus amigos y oponiéndolo a los que sientan una añoranza sobre acontecimientos, a veces iguales, a veces distintos, que marcaron un sentimiento contrario. La memoria en estos casos olvida la ética de la neutralidad para añadir épica a la evocación de que aquello que pasó, que se vivió y se luchó fue lo correcto o tuvo que ser la mejor opción para evitar la melancolía de la pérdida inútil. En el caso de un enfrentamiento, esa épica en la rememoración nos conduce a la identificación con el que tuvo vivencias semejantes y al resquemor, al odio, al alejamiento con aquellos que tuvieron otras distintas, porque el recuerdo nunca es puro, está tamizado del amor a los nuestros y de la defensa de lo que ellos creían defendible, cuando en realidad, en una guerra civil, la más incivil de todas las guerras, el recuerdo siempre es cainita.

La sociedad española hizo una transición ejemplar, estudiada en todos los libros de Historia del mundo como modelo de perdón colectivo, de mirar hacia adelante, olvidando los momentos de distanciamiento anterior. Realmente, aquella Transición política, fruto de la generosidad de todos, había nacido mucho antes en la sociedad, en las familias españolas donde se habían casado miembros de un bando con miembros del otro. Aquel acto de reconciliación es el que ha llevado que muchos, posiblemente la mayoría, tengamos abuelos que habían apoyado a bandos distintos en la guerra. Fue aquel acto de reconciliación social el que permitió el transcurrir de la Ley a la Ley con la Ley de Reforma Política y el perdón de la Ley de amnistía.  Fue ya durante la Transición, cuando se iniciaron algunas reparaciones a los vencidos: reconocimiento de pensiones a los militares o civiles del bando perdedor, reconocimientos y resarcimientos públicos de afrentas que se hubieran producido ( teniendo en cuenta que afrentas hubo por parte de ambos bandos). Si eso fue así, y así fue ¿para qué queremos ahora una ley que viene a disturbar la paz social lograda por todos los españoles con una ley que divide en vez de unir? Quizá debamos volver los ojos a nuestros abuelos, pero esta vez para comprender que tuvieron una actitud, un talante, bastante más adecuado e inteligente que el que vivimos ahora.

Por otro lado, la realidad , el presente y el futuro tienen una presencia en la mente de cada individuo mucho más firme que la del pasado y por mucha memoria que cada uno tenga, pretender mover el pasado para ocultar las crisis del presente es no conocer la realidad de cada familia cuando llega el final de mes, cuando se vela al enfermo por las noches o cuando se cuida de los ancianos o a los niños para protegerlos de la incertidumbre sanitaria y económica que vivimos.

En segundo termino, en el aspecto histórico, la ley provoca un estallido porque los hechos son tozudos y pretender inclinarlos hacia una sola interpretación posible, es negar la ciencia histórica. En las facultades de historia se estudia una asignatura centrada en la historiografía, en la neutralidad del historiador, porque en eso va el buen hacer profesional de ellos, de nosotros. Cabría plantearle, en este sentido a la Vicepresidenta Carmen Calvo, defensora de esta Ley  que le pregunte a su hermano José Calvo Poyato, insigne historiador nada proclive al franquismo, qué piensa sobre la ley en cuestión, no le veo muy partidario, como lo demuestra en este artículo:   http://www.josecalvopoyato.com/Inicio/ignorancia-callejera-josecalvopoyato/

Además, José Calvo Poyato fue alcalde del pueblo de ambos: Cabra, en Córdoba, recordado entre otras cosas por el bombardeo republicano que terminó con medio pueblo, especialmente mujeres y niños y, en todo caso, todos civiles, y bajo su mandato se mantuvo el monumento de recuerdo a las víctimas de aquella masacre, la cual se conoce en algunos libros de Historia como el Guernica de la Subbetica.  Todos los historiadores coinciden en que el bombardeo de Cabra pasó más desapercibido que el de Guernica porque Picasso u otro ilustre pintor no quiso plasmarlo en su obra.

Pero no pretendo recordar hoy los desastres de unos u otros, sino el desastre histórico que supone diseñar una guerra de buenos y malos, una guerra en la que los vencidos, años después de su derrota, quieran tornar los acontecimientos para ganar lo que perdieron, pero sería igualmente criticable si los supuestos vencedores buscaran machacar la memoria de los vencidos olvidando sus heroicidades, que las hubo y recordando sólo lo malo, como si los derrotados, además de vencidos, hubieran sido auténticos demonios. Algún lector me podrá decir que eso ya pasó, que así se escribía la historia oficial durante el franquismo y tendré que darle la razón. Por eso, esta ley tiene mucho de franquista. Tiene las formas y los contenidos propios de aquel régimen al que quieren denostar para convertirse ellos en franquistas, o totalitarios de otro signo, que igual da. Por eso debo traer a este blog, una vez más, aquella frase del profesor Ferrero, que, para diferenciar la Historia del periodismo, decía “ dádmelo morto”. Es decir, es historia aquello que se analiza cuando los que han vivido los hechos ya están muertos; cuando el relato puede ser objetivo porque la memoria no interfiere en él. Y hete aquí, que, en España, 81 años más tarde de ocurridos unos acontecimientos que están casi todos “mortos”, nos ponemos a legislar para imponer una versión histórica, basada en la memoria de un sector de los que lo vivieron o de los hijos o nietos de éstos que ya no recuerdan los sucesos sino que atienden a la versión de un relato sesgado por la memoria de otros,  sin tener en cuanta ni los hechos ni el análisis de las fuentes y, todo ello, porque unos señores con mando en el BOE así lo deciden. Evidentemente, eso no es Historia, pero, como decía antes, eso es franquismo.

Algún lector, ante esto, preferirá recordar a Orwell y a su “Ministerio de la Verdad” en su obra “1984”. Aquel ministerio del gobierno del partido INGSOC tenía por finalidad, utilizando una neolengua, reescribir la historia y falsear la misma. Era competente para realizar cualquier falseamiento de la historia con tal de que sirviera a los fines del partido gobernante. El falseamiento podía provenir bien de la tergiversación de lo ocurrido o bien por la invención de hechos que nunca existieron, siempre al servicio de los intereses del partido gobernante.

Orwell que participó en la Guerra civil española en las brigadas internacionales, escribió aquella novela como parte de uno de los grandes bloques de interés de su obra: su lucha contra los totalitarismos nazis y estalinistas. Contra las dictaduras, en una palabra. No creo que haga falta decir más para situar la ley de memoria democrática.

También implosiona el concepto de democracia con esta ley.  La democracia, en última instancia, es una manifestación de la axiología como concepción de los valores en los que se fundamenta la organización política y jurídica de una sociedad y, por ende, en la regulación normativa de la misma, informando el ordenamiento jurídico de esa sociedad.

Recordamos a ese respecto que los valores superiores del ordenamiento jurídico español son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.  Esos valores superiores, que informan todo el ordenamiento, sirven de base y parapeto en la defensa de los derechos fundamentales, entre ellos, las libertades de expresión, de pensamiento, de cátedra…

Una ley que impone una visión de la historia concreta, que impone sanciones al que se expresa de determinada forma en relación con determinados acontecimientos históricos, mancilla las libertades anteriormente expresadas, rompe con los valores del ordenamiento jurídico.

Además, entre las características básicas de toda norma está su carácter universal , no se puede legislar para alguien en particular,  lo que se une con el principio de que la ley debe ser abstracta e impersonal, no se emite para regular o resolver casos individuales, ni para personas o grupos determinados, su impersonalidad y abstracción, la debe conducir necesariamente a la generalidad; todo lo contrario que hace la norma de la que hablamos. La ley es obligatoria en su cumplimiento, tienen carácter imperativo y poder coercitivo para imponerse por encima de la voluntad de los destinatarios. En este caso, frente a la libertad de pensamiento o de expresión, lo que no habla mucho del talante democrático de la misma; así mismo, el concepto de ley nace con intención de perpetuación, de permanencia, se dicta con carácter indefinido, y sólo dejará de tener vigencia mediante su derogación por leyes posteriores. Es decir,  se pretende perpetuar en el tiempo un análisis histórico mediatizado por la memoria de unos pocos, tergiversando así la objetividad histórica, la objetividad del historiador, mancillando su oficio.

Se podrán analizar otros aspectos de la Ley en cuestiones jurídicas concretas, señalando el alcance concreto de las mismas, pero eso se escapa a este blog y, además,  hay grandes juristas que ya han publicado certeros análisis en este sentido, a la espera del dictamen del Consejo de Estado y del Tribunal Constitucional ante el que algún grupo político va a impugnar la Ley de Memoria Democrática.

Podíamos también analizar las razones últimas por las cuales se dicta esta ley, pero, eso forma parte de la intencionalidad política. Insistir en ello nos llevaría a escribir otro hilo en otro tipo de blog.

Desde el punto de vista histórico, que es lo que buscamos aquí, hemos querido limitarnos a analizar una ley que afecta a nuestro estudio y profesión. Los gobiernos deben regir las sociedades para mejorar su presente y allanar el camino del futuro, no para legislar el pasado, eso sólo sirve para involucionar, nunca para prosperar, el pasado debe quedar en manos de los historiadores.

LA BATALLA DE VARSOVIA 1920 O LA BARRERA A LA EXPANSIÓN COMUNISTA.

Entre los conflictos esenciales de la humanidad, uno destaca por haber sido el freno a la expansión comunista hacia occidente.

Hablamos de la Batalla de Varsovia de 1920. En agosto de este año se cumplió su centenario.

La batalla se enmarca en la guerra polaco-soviética que fue un conflicto iniciado a poco de terminar la I Guerra Mundial y que no tuvo más trascendencia en el imaginario popular porque todos nos paramos en el tratado de Versalles y en los 14 puntos de Wilson, sin embargo, la Batalla de Varsovia fue la batalla decisiva de la Guerra polaco-bolchevique, que se libró del 12 al 25 de agosto de 1920. Según el diplomático británico D’Abernon, ésta fue la decimoctava batalla más importante en la historia del mundo.

La guerra fue el resultado del deseo polaco de recuperar el territorio perdido y del expansionismo ruso, unos hacia el este, otros hacia el oeste. Los polacos, nación renacida en 1918, pretendían recuperar el territorio que ocupaban antes del siglo XVIII lo que le llevó a ocupar una serie de territorios ucranianos y preveía avanzar hacia Bielorrusia y Lituania. El levantamiento ucraniano contra los polacos contó con el apoyo ruso. Los rusos, en plena formación de las repúblicas soviéticas, no se paraban en barras y decidieron que todo avance era pequeño. Lenin pretendía llevar la revolución a Alemania y Hungría donde en 1919 se produjeron una serie de levantamientos comunistas, todo ello aprovechando la situación de una Europa destruida tras la Gran Guerra.

Su gran objetivo era Alemania. La recién creada República de Weimar se desangraba entre huelgas, revueltas, crisis económica. Era una nación dolida por el tratado de Versalles. Pero el camino hacia Berlín, requería superar el obstáculo de Polonia.

Hay que retrotraerse en el tiempo unos años a fin de entender en toda su expresión la situación polaca.

Debemos situarnos a finales del siglo XVIII, cuando se dividió Polonia entre Prusia, Rusia y Austria. Aquella desaparición del Estado polaco no acabó con su nación y se mantuvo en el imaginario del pueblo polaco la necesidad de recuperar al viejo Estado arrebatado por las ambiciones vecinas. El Estado polaco nació sobre las ruinas de las derrotas militares y políticas, pero, de la permanencia indomable e irredento de un espíritu nacional arraigado en el pueblo polaco que pasó de generación en generación y se manifestó a través de diversas sublevaciones y de constituir, por ello, un problema permanente para alemanes y austríacos, que pensaron en crear un reino polaco dependiente de ambos países, en 1915, pero sin nombrar nunca a un rey. Tras la derrota de Alemania y Austria, con el armisticio, llegó la creación del Estado polaco, aunque sin recuperar el antiguo territorio. El jefe del Estado polaco Józef Pilsudski ambicionaba los antiguos territorios para que sirvieran de contrapeso al tradicional poder de alemanes y rusos.

Para ello contaba, en 1920, con una nación unida y moderna que habían sabido transformarse desde la sociedad feudal que era en el siglo XVIII, en una de las sociedades civiles más modernas de Europa. Hasta su nueva creación carecía de instituciones estatales, pero tenía una extensa red de entidades sociales, culturales y deportivas, de cooperativas financieras, las sociedades científicas, los grupos de autoformación que permitieron mantener la moral polaca tan elevada que sin ellas las victorias militares no hubieran sido posibles. Fue el desarrollo social que llevó al desarrollo económico y al deseo democrático. Prueba de que esa nación se movía y existía fue que dos días después de recuperar la independencia en 1918, Polonia promulgó una de las legislaciones sociales y electorales más modernas del mundo occidental.

Pero aquel éxito se vio amenazado dos años después de recuperar la independencia, Polonia se enfrentó a la amenaza totalitaria de los bolcheviques. La guerra contra los bolcheviques fue una demostración de la extraordinaria unidad política de la nación polaca. Las diferencias políticas que había entre los padres de la independencia polaca, que pertenecían a distintos ámbitos políticos, quedaron relegadas a un segundo plano para centrarse en la defensa del Estado, de la patria recién recuperada. Tenían eso que hoy llamamos sentido de Estado, les importaba su país y su pueblo por encima de sus intereses. La sociedad polaca apoyó masivamente el esfuerzo bélico, y también hubo un fuerte compromiso por parte de la Iglesia Católica. El ejército bolchevique se enfrentó a toda la fuerza física, moral y espiritual de una nación unida.

El momento clave de la guerra polaco-soviética fue la Batalla de Varsovia, un audaz ataque soviético, el 13 de agosto dirigido por Tujachevski, rompió la línea defensiva polaca y le permitió conquistar la pequeña ciudad de Radzymin, en las afueras de Varsovia. El 14, la situación para los polacos era desesperada. Los simpatizantes comunistas empezaron a realizar actos de sabotaje por toda la ciudad para preparar la llegada de sus camaradas.

Varsovia se llenó de refugiados del este que habían huido del avance ruso. Circulaban todo tipo de rumores alarmistas. Las iglesias estaban a rebosar. Al día siguiente era la fiesta de la Asunción, por lo que miles de devotos católicos rezaban a la Virgen para que ocurriera un milagro. Y el “milagro” ocurrió. El ejército rojo había tenido grandes pérdidas humanas y materiales en el avance y a eso se unió la falta de ayuda de los habitantes de las zonas ocupadas.

El gobierno polaco, en cambio, llevaba varios meses preparando la defensa de Varsovia. Había hecho acopio de suministros y, con la ayuda de la Iglesia católica, lanzó una campaña propagandística con la intención de canalizar los impulsos patrióticos y antibolcheviques de la población. Lo que facilitó la formación de un Ejército de Voluntarios bajo el mando del general Haller, que en poco tiempo superó los 100.000 soldados. Teniendo en cuenta que Polonia fue uno de los países más destruidos por la Primera Guerra Mundial, la movilización bélica de la sociedad polaca fue extraordinaria.

Tras una serie de durísimos combates, el ejército polaco consiguió repeler los ataques del día 15 e iniciar una maniobra envolvente al modo napoleónico, abriendo una brecha en el ejercito ruso y separándolo en dos para empezar el ataque por el sector más débil hasta avanzar contra todas sus posiciones, que no pudieron más que defenderse a duras penas. No en vano, el ejército polaco había sido asesorado por oficiales franceses. El ataque obligó al enemigo a retirarse de forma desorganizada y anuló su capacidad de contraataque. Una guerra de movimientos, con un destacado papel de la caballería, donde no había trincheras, ni alambre de espino ni apenas tanques o aviones. Unos 25.000 soldados soviéticos murieron en Varsovia, y unos 70.000 en toda la guerra. Por el lado polaco, las bajas también fueron considerables. Si bien no en la batalla decisiva, donde murieron unos 4.500 soldados, sí a lo largo de la contienda, con unas 47.000 muertes.

Desde agosto de 1920 y en los meses siguientes, varias victorias sucesivas del ejército polaco aseguraron la independencia del país y llevaron a la firma, el 12 de octubre de 1920, del armisticio y el 18 de marzo de 1921,se llegó al acuerdo de paz en Riga ( Letonia) que puso fin a la guerra polaco-bolchevique y marcó las fronteras del Estado polaco en el este y la imposibilidad de que Lenin alcanzase su objetivo de extender el comunismo.

La prensa calificó la victoria de los polacos como el Milagro del Vístula, en referencia al Milagro del Marne, ocurrido durante la IGM, cuando el ejército franco-británico logró detener a los ejércitos alemanes.

La guerra polaco-soviética no fue sólo un choque de grandes ejércitos, un esfuerzo espectacular de toda la sociedad o el genio estratégico de los mandos militares. Otros factores influyeron. El primero es que, durante el ataque, los servicios de inteligencia polacos interfirieron las comunicaciones rusas, impidiendo que sus tropas se reorganizaran a tiempo. Famoso fue Jan Kowalewski, un oficial de la inteligencia militar polaca que descifró las claves secretas soviéticas. Su trabajo permitió obtener información clave para el desarrollo de la estrategia de las operaciones polacas. Fue un héroe silencioso que desempeñó un papel crucial en la detención de la agresión soviética contra Europa, en 1920.

El segundo tuvo que ver con las diferencias que existían en el mando soviético. Durante la toma de Varsovia, Tujachevski pidió el apoyo del ejército del frente Sur-Oeste, dirigido por Aleksandr Yegórov, para cubrir el frente sur. Stalin, comisario político del frente en cuestión, se negó.

La Batalla de Varsovia fue la culminación de más de 50 años de revolución democrática polaca, una de las historias más extraordinarias y, al mismo tiempo, menos conocidas de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, llena de patriotismo, devoción religiosa y genio e inteligencia militar. Pero, sobre todo, y el motivo esencial por el que se considera uno de los episodios más importantes de la historia de la humanidad es porque representa un momento decisivo en la lucha contra el totalitarismo en Europa, tan destacado como lo fue la II Guerra Mundial.

En 1920, Polonia ganó la batalla a orillas del Vístula, y esa victoria era clave para la libertad de las naciones de Europa.

Los polacos salvaron a Occidente del genocidio totalitario, descrito por destacados historiadores franceses en el célebre Libro Negro del Comunismo.

Bien lo sabía Karol Wojtyła, más tarde el Papa Juan Pablo II, nacido en 1920, quien dijo: “Desde mi nacimiento, he llevado dentro de mí una gran deuda con aquellos que emprendieron entonces la lucha contra el invasor y la ganaron, pagándola con sus vidas”.

 

Las Navas de Tolosa y sus consecuencias

Tras la aniquilación del imperio almorávide por Alfonso VII de Castilla, Al-Ándalus se vio sumida en un nuevo periodo de taifas que veían peligrar sus dominios a manos cristianas, con lo que, volvieron a pedir socorro a los árabes del norte de África; ahora, los almohades.

Los almohades eran una secta musulmana, surgida en torno a la figura de Muhammad ibn Tumart, nacido en 1084, al sur de lo que luego será Marruecos. En 1121, se proclamó al-Mahdí al Masum y en 1122 se enfrentó con los almorávides que eran sus rivales en la predicación de un mensaje islámico rigorista. Murió en 1130, pero en 1147, el mismo año en el que Alfonso VII tomaba Almería, sus seguidores de apoderaban de Marrakesch. En su avance, en 1148, los almohades se habían asentado en Sevilla, en 1149 en Córdoba y en 1157 se apoderaron de Almería dando un duro golpe a los cristianos y preparando el camino para la invasión, que se produjo de manera efectiva en 1161 cuando el ejército almohade desembarca en Gibraltar.

Los almohades no eran una tribu caracterizada por su pacifismo, tanta era su violencia y radicalismo que provocaron que se fueran al exilio musulmanes como Averroes y, con muchas más razones para huir, el judío Maimónides.

Los sinsabores cristianos aumentaron de manera radical con la derrota, en 1195, de Alfonso VIII de Castilla en la batalla de Alarcos, que destrozó al ejército castellano y, en 1196, remató la desgracia, el sitio de Toledo por los almohades. Apenas un año antes del encuentro de Las Navas de Tolosa, en 1211, la fortaleza calatrava de Salvatierra había sido expugnada por un gran ejército almohade, creando tal sufrimiento que estremeció a sus contemporáneos e hizo reaccionar a los cristianos.

Alfonso VIII de Castilla, enfrentado con otros reyes cristianos, sabía que debía reaccionar, pero no alcanzaba a saber cómo hacerlo, fue el obispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada el que le señaló el camino: convertir aquella batalla en una cruzada, para lo cual, le sugirió que pidiera una bula al Papa Inocencio III. El Obispo fue el encargado de ir a Roma y logarla. Con la bula aprobando la cruzada, el Papa advertía que no asistir a las tropas castellanas supondría la excomunión. Jiménez de Rada se encargó asimismo de pregonarla en tierras francesas y españolas en su camino de regreso de Roma a Toledo. Consiguió que numerosos obispos como los de Narbona o Nantes le apoyaran y mandaran tropas francesas a luchar con Alfonso VIII. El primer apoyo peninsular lo obtuvo del Rey de Aragón, Pedro II que vino acompañado del fuerte ejército aragonés encabezado por los obispos de Barcelona y Tarragona. A ellos se unirían las tropas navarras de Sancho VII con el refuerzo de efectivos portugueses y leoneses y contando con el empuje de miles de cruzados llegados desde Francia. La expedición finalmente se dio cita en Toledo, el 20 de mayo de 1212. Hay que hacer notar que, entre las tropas castellanas se encontraban los representantes vascos, puesto que, Álava se había unido a la Castilla de Alfonso VIII en 1199-1200, de manera voluntaria, tras huir del anexionismo navarro y porque sabía que Castilla respetaría sus libertades; algo parecido aconteció con Guipúzcoa que se unió a Castilla en 1200 y Vizcaya en el siglo XI era un señorío independiente que se vio anexionado a Navarra por la acción de Sancho el Mayor, pero en 1180 recobró su independencia bajo la protección de Castilla que en 1200 nombró señor de Vizcaya a los López de Haro, formando parte, de manera autónoma de la corona de Castilla, hasta que, en 1379, Juan II de Castilla se convirtió en señor de Vizcaya al heredar el señorío. Este había sido uno de los problemas que habían enfrentado a Alfonso VIII con el Rey de Navarra.

El 20 de junio de 1212, “el ejército del Señor”, como fue calificado por el arzobispo de Toledo, se puso en marcha y su progresión hacia el sur, a lo largo del camino que unía Toledo y Córdoba, fue fulgurante: en apenas veinte días tomaron las fortalezas de Malagón, Calatrava, Alarcos, Piedrabuena, Benavente y Caracuel. Entre tanto, el ejército islámico se preparaba, encabezado por el califa musulmán al-Nasir, que había invernado en Sevilla tras la anterior campaña de Salvatierra. Muhammas an-Nasir, llamado por los árabes Amir Ul-Muslimn (príncipes de los creyentes) y conocido entre los cristianos como “Miramamolin”, era hijo de una esclava cristiana y su objetivo era acabar con la presencia cristiana en España e incluso prometió a sus fieles llevarlos hasta Roma, su táctica fue encaminarse hacia Jaén para intentar bloquear los estrechos pasos de Sierra Morena para frenar el ataque enemigo y masacrar al que osara atravesar el cerco. El paso de Sierra Morena se había resistido a los cristianos pues sus estrechos desfiladeros permitían a los defensores situados al sur, aun teniendo un ejército menor, bloquear las salidas de las tropas atacantes y acabar con ellas, por lo angosto del paso.

En 1212, todo parecía llevar el mismo devenir, sin embargo, las tropas cristianas acamparon algunos kilómetros antes de llegar al paso de la losa, lugar que debían cruzar, allí se les acercó un pastor que les indicó que había otro camino bordeando la sierra que permitiría atacar a los musulmanes a campo abierto. La leyenda dice que ese pastor fue San Isidro Labrador que se apareció al Rey castellano. Fuera como fuese, los cristianos siguieron el camino envolvente. Tal maniobra fue detectada por los espías árabes, sin embargo, nada pudieron hacer.

El 16 de julio, tuvo lugar el enfrentamiento en las Navas de Tolosa, cerca de la actual La Carolina.El líder musulmán siguió la estrategia clásica de una batalla campal centrándose en las cargas de caballería ligera y pesada, la lluvia de flechas y los avances de infantería una vez se rompiera la línea del rival. Por su parte, los cristianos se dividieron en tres cuerpos (cada uno de ellos dirigido por un rey: Alfonso VIII por el centro, el Rey de Aragón por la izquierda y el Rey de Navarra por la derecha), colocaron a Diego López de Haro en la vanguardia junto a guerreros templarios y hospitalarios y reservaron a las mejores tropas de caballería en la retaguardia para socorrer al flanco más débil o rematar el ejército enemigo en su caída final. Colocar a estas tropas de caballería como refuerzo o ataque sorpresa era una novedad en los enfrentamientos cristianos con los musulmanes. Las tropas vizcaínas rompieron las dos primeras filas de combatientes islámicos y fueron decisivas para la actuación de las tropas navarras. Las cargas de don Diego fueron brutales y muy efectivas, desmontando la defensa musulmana y enzarzando al grueso de las tropas rivales en una lucha sangrienta que los monarcas cristianos aprovecharon para lanzar la famosa “carga de los tres reyes” contra el campamento base de Al Nasir, que estaba desprotegido. Precisamente, la táctica musulmana, señalada al principio de este párrafo, imponía dejar en retaguardia el “Palenque” o campamento del sultán, protegido por una tropa de especial formación, llamados los desposados, pues, para evitar su huida, se hacían atar por cadenas en las rodillas. Fue contra el campamento base de Al Nasir contra el que lucharon los navarros, no sólo derrotaron a los desposados, sino que les rompieron las cadenas, las cuales, desde entonces, figuran en el escudo de Navarra.

El día terminó con la victoria de los reinos cristianos decisiva para evitar una nueva invasión musulmana que podía haber llegado más allá de los Pirineos.

En noviembre de 1212, en Coímbra, los reyes de Castilla, León y Portugal firmaron un tratado en virtud del cual se asignaban las zonas de conquista. En 1223, los almohades desaparecen de la península.

La victoria fue decisiva para el fin de la Reconquista, que aún se retrasó 200 años, hasta la toma de Granada, pero que hubiera llegado antes si no hubiera sido por la llegada de una epidemia y la muerte de Alfonso VIII.

Las consecuencias de la victoria no sólo fueron esenciales para la Reconquista, sino que tuvieron dos efectos muy importantes:
1) Se crearon los lazos para la unidad de España que se fraguará con los Reyes Católicos.
2) Como consecuencia de la necesaria ayuda que los reyes requerían para batallar contra los almohades se convocó en León, en 1188, a solicitud de Alfonso IX de León, la reunión extraordinaria de la curia regia, un órgano de gobierno procedente de la tradición visigoda, que incluye representantes de todas las ciudades del reino y de poblaciones relevantes. Allí estaban representados, la nobleza, el clero y las ciudades (era la primera vez que los representantes de las ciudades acudían a una reunión de la Curia).
Se trataba de la primera reunión de un Parlamento en Europa, que es tanto como decir, el primer parlamento del mundo. Sus competencias estaban relacionadas con los impuestos y el presupuesto. El Parlamento podía conceder un “petitum” o el derecho a acuñar moneda. En 1188, Alfonso IX recibió un “petitum”, pero en la reunión de Benavente de 1202 vendió a los municipios se derecho para quebrar moneda (acuñar moneda, pero variando su aleación) durante 7 años. En 1188, a cambio del “petitum”, el Rey concedió lo que se ha dado en llamar la Carta Magna leonesa en la que se recogían derechos del pueblo como inviolabilidad del domicilio, que la declaración de guerra o la firma de la paz estuvieran acogidos a la aprobación de los tres estamentos y otros derechos más, entre ellos una especie de constitución especial para Galicia. Por si alguno tenía dudas sobre la antigüedad de este acontecimiento, en 2013 la Unesco reconoció en el programa “memoria del Mundo” que este documento era “El testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo”. Con anterioridad, en 2011, la junta de Castilla y león concedió a León el título de “Cuna del parlamentarismo” y en 2019, hicieron lo mismo las Cortes Generales.

VERANOS QUE CAMBIARON EL MUNDO

Nadie duda de que este verano de 2020 quedará en nuestro recuerdo como un verano atípico. Pero no es la primera vez en la Historia que un verano se salta los cánones de lo ordinario y que los sucesos acontecidos durante su caluroso discurrir cambiaron el mundo.

Vamos a dejar constancia de alguno de ellos. Otros muchos se quedarán en el tintero. Así que, no están todos los que son, pero sí son todos los que están.

Empezaremos por aquel año trascendental para para España que marcó el inicio de casi todo lo que fuimos y somos, hablo de 1492. Año de la conquista de Granada, lo que supone la expulsión de los árabes en España y la consecución de la Unidad de España y año de la conquista de América. La toma de Granada se produjo en enero, pero, las carabelas salieron del Puerto de Palos el 3 de agosto de 1492, en Plena canícula, la trascendencia de aquel viaje no hay que explicarla. Pero la llegada a América no hubiera pasado de una gran aventura sin el trabajo de exploradores y conquistadores. De entre las primeras batallas, la que marca una relevancia para la conquista es la batalla de Otumba en la que Hernán Cortés, con el apoyo de las tribus nativas, enemigos de los aztecas, que tan sanguinarios eran, logró la victoria que a la postre le valdría el dominio del futuro territorio de Nueva España, es decir, el avance esencial para la toma del continente y posteriormente de lo que sería la ampliación de Nueva España hacia el norte en tierras más allá del río bravo. Aquello fue fundamental para que España dominara desde Alaska hasta el río de la Plata, todo un continente. La batalla de Otumba tuvo lugar un 7 de julio de 1520. Aquella conquista se afianzó por un hecho que permitió explorar el cono sur del continente, por la vuelta al mundo de Magallanes y Juan Sebastián Elcano. La salida desde Sanlucar de Barrameda ocurrió a primeros de otoño, pero el regreso, aconteció en verano. La circunvalación a la tierra se logró por la vuelta de los 18 héroes españoles bajo la dirección de Elcano un 6 de septiembre de 1522. La primera vuelta al mundo es uno de los mayores acontecimientos de la humanidad, logró abrir el intercambio intercontinental, lo que cambiaría la faz de las relaciones humanas para siempre.  Además de los efectos económicos inmediatos para España, aquella vuelta, Felipe II pudo establecer su soberanía sobre esas Islas Filipinas y en un montón de islas de la micronesia que servían de puente con América. Si Núñez de Balboa descubrió el Pacífico, gracias a Elcano, España lo pudo explotar y así logró que la China de los Ming tuvo contacto con Nueva España . España descubrió las islas Salomón, las Marquesas y tantas otras que algún historiador australiano llamó al pacífico en el SXVI, el “lago español”.

Evidentemente, sin descubrimiento no hubieran existido naciones en América uno de los acontecimientos nacionales más destacados de produce cuando las trece colonias asentadas en la costa este de USA con el apoyo de Francia y de España inician desde 1765 una disputa larvada contra la metrópoli. La excusa es la pretensión británica de imponer mayores cargas económicas- impuestos indirectos-.

El deseo independentista aumenta a pesar de las concesiones inglesas. En 1774 se reúne el primer congreso en Filadelfia con el fin de adoptar una postura común en las 13 colonias. La guerra contra Inglaterra es un hecho, que estalla en 1775. En 1776 en Virginia, se redacta la “Declaración de derechos” y el 4 de julio de 1776, se declara la independencia. La guerra durará algunos años más. Inglaterra no reconoce a los EE. UU hasta 1783 (tratado de Versalles). La constitución se aprueba en 1787. Así Estados Unidos de América del Norte es la primera nación que cuenta con una Ley Fundamental, una Constitución, que recoge los principios básicos de las personas e implanta una nueva forma de gobierno. Manifestación clara de las ideas ilustradas que influyen directamente en Francia.

La Revolución Francesa. Representada por la toma de la Bastilla, el 14 de julio 1789. El desarrollo burgués y sus aspiraciones políticas no son entendidas por las fuerzas directoras del Antiguo Régimen. La burguesía, con el apoyo de las masas populares, se lanza por la vía revolucionaria. La ruptura política se acompaña inmediatamente con un cambio de estructuras económico-sociales. Las fases de este proceso- acción y reacción- favorecen, en el plano inmediato, el encumbramiento de Napoleón, que instaura el Imperio e inaugura una nueva época en el interior de Francia y en las relaciones con las potencias europeas contrarrevolucionarias.

Pero a largo plazo, supone, junto con la Independencia Americana, en lo que Palmer ha llamado las revoluciones atlánticas, la instauración definitiva de las ideas de la ilustración, el constitucionalismo y las democracias en el mundo occidental.

Realmente, el mayor difusor por el mundo de las ideas ilustradas fue Napoleón, que en sus conquistas estableció un sistema de organización administrativa y de organización jurídica ( códigos) que moldean la organización de las naciones europeas y en el futuro parte de la organización de la UE. Pero si Napoleón fue derrotado, se debió a la bravísima actuación de los españoles, no sólo por el levantamiento de mayo en Madrid, sino porque entre los ciudadanos, la guerrilla y el ejército profesional consiguieron que lo que iba a ser un paseo se convirtiera en una guerra nacional, la primera contra Napoleón que dio lugar al nacimiento del movimiento liberal en España, a la manifestación de la soberanía nacional. Pero como símbolo de aquel escollo definitivo que fue España para Napoleón qué mejor que la batalla de Bailén, que ocurrió el 19 de julio de 1808 y que fue la primera derrota a campo abierto de la historia del ejército napoleónico. En esta batalla, el ejercito español dirigido por Castaños y formado en su mayoría por milicianos y voluntarios sin demasiada experiencia, lograron imponerse a las tropas napoleónicas del general Dupont. A falta de un gran ejército, Castaños utilizó la imaginación para derrotar a los franceses con el calor y los toros como bazas importantes e inesperadas por los invasores. Tras Bailén, los españoles creyeron en la victoria e impulsaron la toma del norte desde Andalucía; José Bonaparte abandonó Madrid y se dirigió al note, como refugio, Napoleón tuvo que emplearse a fondo para intentar conquistar nuestro País, de hecho, tras Bailén marcha personalmente hacia España a la cabeza de su “Grande Armée”, pero nunca logró dominarnos. Además, aquella guerra nacional inspiró otros levantamientos nacionales, como el alemán o el austríaco. España fue el principio del fin de Napoleón, además, su derrota en Rusia supuso el impulso definitivo para que Rusia fuera considerada una Gran potencia.

Tras Napoleón, Francia, pasó muchos años buscando mantener su posición en el mundo, con las dos revoluciones del 1830 y 1848 removieron de nuevo los cimientos de Europa, pero la “Grandeur” la buscó y en parte la encontró otro Bonaparte, Napoleón III, sobrino del gran corso. Consiguió otro imperio, pero se vio derrotado en sus aspiraciones de expansión durante otro verano. Ocurrió en la Batalla de Sedán que marca la derrota francesa y unificación alemana. La batalla de Sedán se desarrolla los días 1 y 2 de septiembre de 1870. Este enfrentamiento fue esencial para el desarrollo de las relaciones de los dos países y de toda Europa. El tratado final pactado en Versalles en 1871 supuso la entrega de Francia a Alemania de Alsacia y Lorena, zonas industriales por excelencia cuya cesión crea un resentimiento tan exacerbado que servirá para alimentar el revanchismo mundial y dar origen, en parte, a la Primera Guerra Mundial. Napoleón III se refugia en Gran Bretaña y a Francia vuelve la república. Pero, la Alemania unificada logra un gran desarrollo interior que le permite soñar con ser una gran potencia. No era la única nueva nación que pretendía dominar el mundo, por eso en ese momento de expansionismo nuestros ojos deben observar a Europa pero también mirar por el rabillo del ojo a otros dos personajes que empiezan a tener un protagonismo desde el fondo de la escena, aunque quizá, entonces no se comprendiera su avance. Hasta mediados del Siglo XIX, tanto Estados Unidos como Japón vivían pendientes de sí mismos. Japón por voluntad propia no quería saber de extranjeros. Estados Unidos en proceso de formación con la Guerra de secesión en ciernes no estaba para más problemas ( por cierto la batalla definitiva de la guerra la que cambia el rumbo de la misma y determina la victoria del norte, también aconteció en verano: Gettysburg-del 1 al 3 de julio de 1863-), pero esa situación interna no impide a los exploradores americanos adentrarse siempre hacia el oeste en tierra o por el Pacífico y así en el verano de 1853 el capitán Matthew Perry fondeó en la bahía de Yedo con la intención y petición de comerciar con Japón, el Japón de los shogun, bajo la amenaza de conquistar por la fuerza el territorio. Pocos días después hicieron lo mismo los rusos. El Shogun consiguió liberarse de aquellas amenazas bajo la promesa de dar una respuesta al cabo de un año. Los japoneses recordaban con terror lo que había pasado en China tras la guerra con Gran Bretaña en 1841 que determinó la perdida de autonomía y la cesión de Hong-Kong. Tras las largas dadas, en febrero de 1854, firmaron con los americanos el tratado de Kanagawa, sobre acuerdos de aprovisionamiento si los americanos llegaban a los puertos japoneses, fue el primer paso para un acuerdo comercial que se extendió a Gran Bretaña, Rusia y Holanda, pero su culminación se da el julio de 1858 con la firma del tratado de Yedo. Que se extiende a los países anteriormente señalados más Francia. Estos acuerdos suponen una grave humillación para Japón y el inicio de una actitud de resentimiento hacia todo lo extranjero. Además, crea un conflicto interno que acaba con el Shogun e inicia la era Meiji, la capital se traslada de Kyoto a Yedo, a la que se le cambia el nombre por Tokyo y se inicia una política diplomática de acuerdos con el exterior y de expansión animado por la industrialización y un rápido crecimiento de Japón que tendrá como consecuencia conflictos por Corea, por la isla se Sajalín con Rusia, el primero de muchos desencuentros con los rusos que culminarán con el enfrentamiento directo. Japón se convertía así en otra de las naciones a tener en cuenta en el orden mundial

Mientras en Europa, los protagonistas van cambiando, tras la derrota en Sedán y unificación alemana , Francia desaparece del primer plano del concierto europeo y es sustituía por la Alemania del canciller Bismark, el artífice de la unidad y auténtico estadista , que marca los derroteros europeos a partir de los llamados “sistemas bismarckianos”, que consisten en aislar a Francia para evitar su venganza y proponer un sistema de alianzas y tratados que permitan convivir en paz. Dos son los acontecimientos que marcan esta política 1) En el Congreso de Berlín del 13 de junio al 13 de julio de 1878, por el que las potencias europeas se reúnen tras el descontento británico representado por su primer ministro el gran Benjamin Disraeli, con el tratado de San Stefano que había sido el resultado de la imposición rusa al Imperio otomano  tras la guerra ruso-turca de 1877-1878, cuyos orígenes se hallan también en verano, por el levantamiento en el verano de 1875 de Bosnia y Herzegovina contra la imposición turca. Aquel acuerdo de San Stefano suponía poner en peligro la hegemonía otomana en el Bósforo y, por ende, se amenazaba el dominio inglés de los mares y de sus rutas comerciales. De aquel congreso salió un nuevo acuerdo firmado el 23 de julio de 1878 y que dio estabilidad relativa a la zona de los Balcanes. Relativa porque no olvidemos que allí se fraguó la I Guerra Mundial. El segundo acontecimiento fue la Conferencia de Berlín entre 1884 y 1885 para marcar unas pautas sobre el reparto colonial de África, entonces sin intereses alemanes en aquella carrera por el nuevo continente. Hasta que esa tendencia se rompe con la coronación de Guillermo II como Káiser, que provoca la caída del canciller en 1890. El emperador será incapaz de continuar con las políticas implantadas por Bismarck, y Alemania no puede mantener el equilibrio europeo, que para entonces era la base del equilibrio mundial. Esto, junto con otros acontecimientos de diferente importancia, provoca que el 28 de julio de 1914 estalle la Primera Guerra Mundial. Cuatro años más tarde, las naciones vencedoras imponen el tratado de paz, Tratado de Versalles, firmado también en verano- el 28 de junio de 1919 y la aplicación de los 14 puntos de Wilson que crean unas condiciones leoninas en la vida de Alemania, y que, a la postre, son causantes de la crisis de la república de Weimar y la llegada del nazismo en los años 30 del siglo XX.

Todos aquellos acontecimientos de los años 30 alimentan una tensión en Europa que, en un primer instante se escenifica en un territorio que nos es muy cercano y cuyos acontecimientos también se desatan en verano:

La Guerra Civil española. El alzamiento es del 18 de julio de 1936. Las consecuencias para nuestro país fueron radicales. Nuestros abuelos nos podrían explicar mucho de lo que pasaron aquel verano y los siguetees. El cambio de régimen, la dictadura, la perdida de los fondos del Plan Marshall, la autarquía, el racionamiento, la apertura con el Plan de Estabilización, las bases americanas, la emigración a Europa, la prosperidad económica de los 60 y la llegada de la transición y la democracia.

Pero, como decíamos, nuestra guerra civil fue el primer escenario práctico del enfrentamiento que tres años después y también iniciado en verano conmovió al mundo de manera radical: la segunda Guerra Mundial. El 1 de septiembre de 1939, Inglaterra declaraba la guerra a Alemania.

El enfrentamiento de las fuerzas aliadas contra el eje. La presencia americana que inclina la balanza desde 1942 en favor de los aliados. El final definitivo de la contienda vino marcado por otro acontecimiento pavoroso que cambio el equilibrio de fuerzas en el mundo- Las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki lanzadas el 6 y el 9 de agosto de 1945, respectivamente. Desde el fin de la guerra en Europa se habían iniciado las conferencias de paz. La última de las grandes conferencias fue la conferencia de Potsdam (julio-agosto de 1945) Se reúnen los representantes de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Rusia, la conferencia se limita a concretar las vaguedades aprobadas en Yalta, pero supone la división de Alemania en cuatro sectores y de facto la separación de Europa en dos bloques y, con ello, la del mundo bajo dos bloques de poder uno de influencia americana y otro de Rusia, cuyas características de cara al futuro inmediato son: a) Plantea un conflicto entre el este y el oeste y un “equilibrio del terror”, b) reduce al mínimo el número de países no alineados. La certificación de la división en dos bloques de dio por la aplicación de la doctrina Truman de detener el expansionismo comunista y la disposición de crédito especial de apoyo a la reconstrucción de Europa, cuya materialización se hizo por el plan de Goeorge G. Marshall. La materialización de este plan Marshall se dio el 3 de julio de 1947 a una reunión en París que supuso el reparto de 13.000 millones de dólares y del que se apartaron voluntariamente los países del este. La respuesta soviética fue la del nacimiento del Kominforn en ese mismo año. La separación era clara. Desde entonces el mundo occidental prosperó e intentó imponerse en lugares estratégicos del mundo, así en el verano de 1950 se inicia la guerra de Corea que finaliza también en verano, en el mes de julio de 1953.

Las presencias de las bombas atómicas marcaron la guerra fría. La rivalidad entre bloques, tuvo como magnifica representación la guerra espacial. Esta supuso un desarrollo tecnológico importante para el mundo, que ha servido de base para el desarrollo de las comunicaciones que hoy disfrutamos o adelantos industriales que sin ellos no tendríamos. La carrera empezó con síntomas de ser favorable para la URSS, al poner al primer hombre en órbita- Gagarin- sin embargo, pronto Usa se aplicó en esta lucha, pondrían en ello todo el empeño como señaló Kennedy.  De entre los hechos de aquella guerra espacial, hay uno que es el máximo símbolo de todos ellos y también aconteció en verano: la llegada del hombre a la luna. La misión del Apolo XI integrada por Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins despega el 16 de julio; Armstrong da su primer paso el 20 de julio de 1969. Regresaron a la Tierra el 24 de julio.  Aquella pelea requería un gasto considerable y eso fue aprovechado por Reagan para forzar a Rusia a un desembolso económico que no tenía, caldeó las finanzas soviéticas y el malestar interno generó la perestroika de Gorbachov. Fue el principio del fin del bloque soviético.  A ese movimiento se incorporó tarde la Europa occidental y más recientemente, otros países, precisamente este verano de 2020 los Emiratos Árabes acaban de enviar un proyecto para llegar a Marte.

Si la carrera espacial fue uno de los eslabones del golpe de gracia a la URSS, el comienzo de su fin se dio por su propio inicio al consolidarse a base de sometimiento y terror.  Muchos fueron los intentos de los distintos países europeos de desvincularse de la URSS sofocados por las armas: el levantamiento de Hungría, la primavera de Praga…, pero de entre ellos destacamos por la importancia que tuvo y por producirse en verano la creación del sindicato “solidaridad” en Polonia. Se creó el 17 de septiembre de 1980, por el que fue su director: Lech Walesa. El sindicato de raíces cristianas se manifiesta contra el gobierno comunista de Jaruzelski. Por sus raíces católicas tuvo en él gran importancia el apoyo de la Iglesia Católica y del entonces obispo de Cracovia Karol Wojtyla. Con el tiempo el sindicato se convirtió en partido político, con el apoyo de Gorbachov que, pretendía con su Perestroika probar determinados modelos de liberalismo dentro del Comunismo a fin de aplacar el malestar social de toda la zona del este de Europa, no lo consiguió. Walesa fue Presidente de Gobierno y Solidaridad con el apoyo de Reagan y Margaret Thatcher en su actividad política y, sobre todo, la de aquel obispo de Cracovia que se había convertido en Papa, el gran santo Juan Pablo II, fue uno de los elementos que contribuyeron a la caída del bloque del Este.

Tampoco los americanos se libraron de problemas internos, además del conflicto de Vietnam que marcó a una generación, la difícil integración de todos en aquella sociedad multirracial se manifestó claramente en la lucha de los derechos civiles. De esta última, cuyos ecos siguen vigentes, los norteamericanos, oyeron, otro verano, uno de los mejores discursos de la Historia de la humanidad, considerado el mejor ejemplo de retórica del Siglo XX y uno de los de más trascendencia para la consecución de esos derechos civiles. “I have a dream” de Martin Luther King, pronunciado el 28 de agosto de 1963 desde las escalinatas del monumento a Lincoln, durante la marcha por el trabajo y la libertad celebrada en Washington fue definitivo para la lucha pacífica por la consecución de los derechos de igualdad y no discriminación en USA.

Y cayó el Muro y los bloques se desvanecieron, pero eso tuvo también sus consecuencias.

Los países del este europeo se convirtieron con dificultad en democracias, más o menos homologables, pero, fue el único país de corte comunista que se posicionó fuera de la órbita soviética y se incorporó con los países no alineados, Yugoslavia, la que peor digirió la dilución del poder soviético. La Yugoslavia de Tito que, tras la muerte del héroe de la II Guerra Mundial y argamasa de aquel conglomerado de inestabilidad que han sido a lo largo de toda la historia los Balcanes, la que volvió a enfrentamientos anteriores a la I Guerra Mundial. La desintegración de Yugoslavia tras la llamada III guerra de los Balcanes (1991-1995) es uno de los acontecimientos más dolorosos del siglo XX En los cuatro años que duró el conflicto, murieron más de 130.000 personas y dos millones tuvieron que huir de sus casas, el conflicto vino provocado por las diferencias culturales, religiosas y políticas del País. De entre todos los combates, el más sanguinario, convertido en auténtico genocidio fue el acontecido en Bosnia donde las fuerzas serbio-bosnias, de religión cristiana ortodoxa, llevaron a cabo una limpieza étnica y mataron a decenas de miles de musulmanes. De ese genocidio destaca la Matanza de Srebrenica, ciudad bosnia en la que 8.000 varones musulmanes fueron asesinados, incluidos niños y ancianos. La masacre tuvo lugar del 11 al 22 de julio de 1995, es decir, estos días se han cumplido 25 años de aquel crimen que llevó a sus ejecutores a ser condenados por crímenes contra la humanidad y a incrementar aún más los odios en una zona donde las tensiones se mantienen latentes.

Los conflictos religiosos han sacudido al mundo desde que el hombre es hombre, pero en los últimos años han provocado una serie de actos terroristas en los que, supuestamente, la religión actúa como base. Me refiero al terrorismo yihadista, que no deja de ser la manifestación de las ramas más radicales y violentas del islamismo, una muestra de un ideario teocrático totalitario. Atentados contra occidente ha habido muchos, justificados por sus autores por la I guerra de Irak, realmente, el fanatismo no tiene origen ni excusa o todas las excusas le son válidas. De entre todos esos golpes, en los que España ha tenido dolorosísimas experiencias, destacamos por producirse en verano el acontecimiento que ha cambiado la forma de concebir la seguridad mundial, especialmente la seguridad aérea y en su conjunto ha transformado la manera de viajar: el derribo de las torres gemelas en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, por la red terrorista Al Qaeda. El mayor atentado terrorista ocurrido en suelo americano y que ha desatado una ofensiva global de los EE.UU contra los yihadistas y sus territorios de asentamiento, sobre todo Afganistán e Irak. A su vez, los atentados han tenido efectos económicos inmediatos en la economía americana, que llevaron a tomar una serie de medidas en USA que están en la base de la crisis económica de 2008. Realmente, el atentado de las torres gemelas marcan el inicio y desarrollo de un siglo, el XXI, que nace con crisis e inestabilidad en la Tierra: donde los países árabes presentan enfrentamientos larvados por el liderato del islam; con un declive del dominio del mundo por parte de USA debido al “primero américa” de Trump; centro y sur de América no se libra de sus totalitarismos y crisis económicas; en el que Europa no sabe muy bien cómo enfrentarse al traslado de la hegemonía económica al oriente asiático, a su pérdida de posiciones y a sus dudas de convertirse en algo más que un mercado unido; en el que China parece despuntar como potencia y, sin embargo, sus desequilibrios internos, sus contradicciones entre desarrollo y opresión, hacen que sea una potencia inestable, no hay que olvidar que, la que vivimos es la tercera pandemia que procede de china en los últimos 10 años, lo que sin duda generará una merma de sus posiciones en el mundo; con Rusia buscando un nuevo acomodo para recobrar viejas glorias… y todo esto en medio de la llamada tercera revolución industrial, con un cambio tecnológico que afecta a la industria, la ciencia y a las comunicaciones que repercute en toda la vida cultural, laboral y social de modo tan radical que el mundo ya nunca será como aquel que de modo analógico conocimos la mayoría de nosotros. Como ejemplo de este cambio tecnológico, otra fecha veraniega, 29 de junio de 2007, cuando Apple presenta el primer teléfono inteligente de la historia. Desde entonces hasta ahora, la vida de todos nosotros ha dado no un cambio sino un vuelco.

Feliz verano a todos, aunque sea un verano raro.

 

 

 

 

 

 

EL EXPOLIO DE LA REPÚBLICA- El ORO

En esta segunda entrega del expolio nos vamos a centrar en el oro como hilo conductor. Realmente, estos que vemos hoy no son acontecimientos diferenciables de manera radical de los explicados en el expolio artísticos, como veremos.

El 13 de septiembre de 1936 Madrid se despertaba con las noticias de intensos combates en los que parecía que los republicanos llevaban la iniciativa: en el Alcázar de Toledo en donde resistía el General Moscardó. Oviedo estaba siendo bombardeada y la artillería cañoneaba Teruel. España llevaba escasos dos meses de “levantamiento militar” y el gobierno de la República infravaloraba públicamente el avance de los “nacionales”. Presidia el gobierno el socialista Largo Caballero quien nombró a sus correligionarios Negrín y Prieto como ministros de Hacienda y de Marina y Aire, respectivamente .

Azaña, Presidente de la República, firmó aquella mañana un decreto reservado por el cual autorizaba “el transporte, con las mayores garantías, al lugar que estime de más seguridad, de las existencias que en oro, plata y billetes hubiera en aquel momento en el establecimiento central del Banco de España”. Pero no sólo eso, Negrín logró de un Azaña enfermo autoridad para enajenar todos los bienes del Estado en el extranjero a favor de una sociedad anónima, casualmente, controlada por él, Negrín.

Azaña fue engañado, nunca le dijeron que el oro iba a Moscú, sino a la base naval de Cartagena, donde se trasladó el oro en una primera etapa, custodiado por la brigada motorizada del PSOE. A Azaña se le ocultó durante un tiempo el envío a Rusia porque, según Largo Caballero,  “se hallaba entonces en un estado espiritual verdaderamente lamentable”. Aquel traslado se hizo , igualmente, sin el conocimiento de las Cortes, ni del resto del Gobierno. Sólo los nombrados anteriormente sabían del asunto. La justificación expuesta posteriormente señalaba que se hizo en secreto para evitar el escándalo de las democracias occidentales. Si hay un escándalo es que algo no se hace bien, por tanto, ya preveían que poner aquel oro a buen recaudo suponía ponerlo en manos de Stalin. Negrín era el hombre de Stalin en España. Había llegado al Gobierno de la mano de Prieto y en 1937, tras eliminar Stalin los apoyos a la CNT y al POUM, alcanza la Presidencia del Gobierno.

Los hechos se sucedieron así: la madrugada del 13 al 14 de septiembre de 1936, unidades de carabineros, milicianos socialistas y anarquistas y medio centenar de cerrajeros y trabajadores metalúrgicos irrumpieron en la cámara acorazada de Banco de España. Allí se almacenaba y custodiaba la cuarta reserva de oro del mundo formada por las reservas de oro del Estado español, así como miles de cajas de seguridad contratadas por particulares para mantener a buen recaudo sus ahorros. Las instalaciones eran nuevas y su cámara acorazada estaba considerada una de las más seguras de Europa. El traslado debía ser firmado por el cajero principal de la entidad, que fue secuestrado por milicianos a punta de pistola en su casa y llevado a las dependencias del banco. Allí se le exigió que firmase la autorización de apertura de las cámaras acorazadas y de las cajas de depósitos privados. Se negó en reiteradas ocasiones y, para evitar firmar aquel latrocinio, decidió suicidarse -algunas fuentes señalan que fue asesinado por los milicianos y luego se fingió su suicidio-.

Durante días se cargaron en secreto siete mil ochocientas cajas de oro de 75 kg. de peso cada una, conteniendo monedas de alto valor numismático y lingotes que fueron trasladadas a Cartagena. Aunque no se sabe con certeza lo apropiado, si se calcula que, como poco estaba en torno a los 5.240 millones de pesetas de la época –unos 15.000 millones de euros actualmente, 20.000 millones si se considera su valor numismático-.

En el recuento oficial en Cartagena se depositaron 7.900 cajas de oro, de las cuales 7.800 fueron embarcadas en los buques Kine, Neve y Volgoles, el 25 de octubre,  con destino al puerto ruso de Odessa. Es decir, en el transito, habían desaparecido 100 cajas con, aproximadamente, 7.000 kg. de oro de 24 quilates; nunca se sabrá con certeza porque el cargamento no se inventarió.

El tesoro fue a Rusia, pero de Stalin nunca hubo ni tan siquiera un recibo que justificase la entrega y Negrín durante su exilio se negó a rendir cuentas.

Acompañaron al cargamento cuatro funcionarios (claveros del Banco de España)  que fueron retenidos por Stalin hasta octubre de 1938 y sólo entonces se les permitió salir para lugares dispersos del extranjero: Estocolmo, Buenos Aires, Washington y México. El embajador español en Moscú, Marcelino Pascua, fue trasladado a París y los funcionarios rusos que participaron en el saqueo del oro de España fueron fusilados en su mayoría. Es evidente que había interés por ambas partes en silenciar aquel expolio. Seis meses después de la llegada del oro español a la Unión Soviética, el Gobierno de Stalin publicaba el aumento de las reservas de oro en el Gosbank -banco central de la Unión Soviética- y lo achacaba a la mejora económica del régimen comunista. Evidentemente, aquello no era cierto, era el oro del Banco de España que había sido incluido a las reservas rusas y no se reconocía su pertenencia a España.

Negrín, Prieto y Largo se extendieron en justificar la salida del oro por la necesidad de comprar armas y dado que las puertas de los países demócratas estaban cerradas no les quedó más remedio que acudir a Moscú. Gracias a José Ángel Sánchez-Asiaín y a su ensayo: “El sistema financiero de la República durante la guerra civil” (publicado en el Boletín de la real Academia de la Historia, tomo CCI, Cuaderno I) sabemos que varios de los consejeros del Banco de España que permanecieron en la zona republicana no acudían a los consejos por miedo a ser “paseados.” Naturalmente, esta situación y otras similares las conocían los círculos financieros europeos y norteamericanos, que no querían contribuir a la implantación de una dictadura soviética.

Quizá debamos hacer un breve repaso a la situación de compra de armamento de ambos bandos para comprender que aquella enorme fortuna debía haber servido para comprar las mejores armas del mundo, ya que, como decía Napoleón, para ganar una guerra hacía falta dinero, dinero y dinero; y, sin embargo, en la guerra civil española, hizo falta dinero, dinero y dinero para perderla.

El Gobierno de Madrid tenía todo el oro enviado a Moscú y otro mucho incautado; los nacionales no tenían más que su palabra, donativos y créditos personales y los escasos fondos públicos que había en las ciudades que desde el primer momento se pusieron de su lado. A partir de esa relación, la rentabilidad que los nacionales obtuvieron de su menguado patrimonio fue muchísimo mayor que la de sus enemigos. Francisco Olaya Morales, historiador anarquista, en su obra “El expolio de la República. De Negrín al Partido Socialista, con escala en Moscú: el robo del oro español y los bienes particulares” Belacqua, 2004, resume así la situación del bando republicano “la corrupción y el desorden prosperaron y proliferaron, generalmente, porque encontraron el terreno apropiado a su fermentación en la irresponsabilidad gubernamental y en el asenso y la complicidad de las direcciones políticas”. Tal afirmación viene corroborada por multitud de datos, así, el Gobierno populista fundó diversas sociedades, como Campsa Gentibus y la Central de Exportación de Agrios, con multitud de comisiones cuyas funciones se superponían y cuyos empleados en ocasiones trabajaban más para su lucro que para el interés común. Las autoridades de Madrid y Valencia recibían informes del personal leal en los que denunciaban la corrupción y la incompetencia, pero nada se hizo para remediarlo. El autor insiste en que cientos de millones de pesetas, aparte del famoso oro de Moscú, se perdieron en compras inútiles y en sobornos. Incluso Gobiernos socialistas como el checoslovaco trataron de deshacerse de material militar sobrante mediante su venta al Frente Popular.

Los nacionales también pagaron sus armas, lo hicieron bajo los empréstitos que les concedió el gobierno alemán y cuyos pagos se realizaron a base de materias primas de los productos españoles, normalmente del campo, cuando hubo cosechas; pero los nacionales supervisaron todos los envíos, no admitieron armas defectuosas y al finalizar la guerra consiguieron alargar los plazos de pago, además de renegociar la deuda con los alemanes y lograr una condonación de casi la mitad de la misma. Por el contrario, los republicanos fueron estafados y se dejaron estafar por Stalin. Negrín desde un primer momento, se puso en manos de Stalin. Éste facturó las armas entregadas por Moscú con un sobrecargo de un 25 o un 30%. El modo de hacerlo fue calcular un cambio del Dólar al Rublo en el que este último, por arte de Stalin, valía más que la moneda americana, saltándose el cambio oficial. Es decir, las diferencias entre el cambio oficial y el aplicado fueron astronómicas. Tanto Azaña como el General Vicente Rojo denunciaron el mal uso del dinero y del fraude que supuso que muchas de las armas compradas fueran defectuosas.

Para seguir logrando armas, la plata depositada en el Banco de España, quedó almacenada en Murcia hasta que, ya al final de la contienda, en julio de 1938, fue vendida a Francia y Estados Unidos.

Pero toda esta inoperancia en las compras y suministros no se debió a la estafa soviética únicamente, sino a que muchos de los dirigentes republicanos se prepararon un exilio cómodo con las riquezas que no eran suyas. Ya vimos como muchos de ellos se apropiaron de objetos de arte para venderlos y obtener dinero, sobre todo, a medida que la guerra iba mal para los republicanos, pero, en el caso del oro, el expolio se inició nada más comenzar la contienda, sin haber luchado ni perdido nada y lo hicieron personajes conocidos por todos y que son reconocidos en todos los libros de historia, incluso en los hagiográficos que intentan justificar sus acciones, pero las actividades ahí están. No se debe olvidar que, los mismos modos empleó la Generalidad catalana, dirigida por Esquerra Republicana o el PNV en el País Vasco.  Prueba de esto es la correspondencia de Negrín a Prieto a raíz de la apropiación por éste del tesoro del Vita: se trataba de que los jefes se asegurasen los medios económicos más cuantiosos posibles para, en el caso de ser derrotados y tener que ir al exilio, asegurarse  una cómoda estancia, como ocurrió. Es decir, se trataba de robar. Y esto es más claro aún por el hecho de que junto al oro del Estado, se apropiaron de las cajas de los particulares y no sólo del Banco de España sino de los demás bancos y del Monte de Piedad. Allí guardaban sus pequeñas alhajas gente de escasos recursos, pero, en ésto hay que reconocer que ,Negrín, Prieto y Largo, consecuentes con sus ideas, actuaron de manera igualitaria: robaron a todos por igual. En aquel robo Alcalá-Zamora perdió todo lo que tenía, pero en un gesto que le honra nunca aceptó nada de Prieto, como tampoco lo hizo Azaña.

Junto a la entrega del oro del Banco de España, el subsecretario de Instrucción pública, Wenceslao Roces, se encargó en persona con pistola al cinto en recoger el oro de las colecciones de numismática del Museo de Arqueológico Nacional. Sabemos de aquellos hechos por un libro fundamental, el del Académico de Historia Martín Almagro-Gorbea y el relato de un funcionario Antonio Rodríguez-Moñino encargado de requisar el oro por orden del Subsecretario. Este último nos cuenta como el jefe de la sección de Numismática del Museo, Felipe Mateu y Llopis, posiblemente el mejor numismático de España en el siglo XX, se jugó la vida por salvar el Tesoro y aunque no lo consiguió en su totalidad, su acción permitió salvar una parte del mismo.

En julio de 1936 , cuando por orden del gobierno se empiezan a apilar piezas provenientes de conventos, órdenes religiosas y otros museos en la sede del Museo Arqueológico Nacional( MAN) que se convirtió así en un gran almacén, Felipe Mateu y Llopis, que adivinó el peligro que se cernía sobre la colección del MAN, ayudado por la conservacionista Felipa Niño,  se dedicó a retirar de las vitrinas las más importantes monedas de oro de la colección del Arqueológico, que entonces sumaba 160.000 piezas. Discretamente, durante los meses de agosto y septiembre comenzaron a guardar el tesoro en arcas de caudales medievales, que estaban en la planta baja. Allí guardaron el oro de los Reyes Católicos, las piezas medievales notables, la dobla de Pedro I, el Medallón de Augusto… De hecho, las mejores se guardaron en una caja de cinc incluida en un secreto del arca. Allí quedaron guarecidos una dobla medieval y parte del tesoro de La Aliseda hasta el final de la guerra El resto fue quedando acondicionado, dadas las circunstancias, en sitios diversos, incluso cavando en el jardín. En octubre, los funcionarios desafectos fueron despedidos o fusilados. Mateu y Llopis siguió en su puesto.

La tarde del 4 de noviembre, cuando ya el Gobierno ha tomado la decisión de abandonar Madrid hacia Valencia y Negrín quería llevarse con él la colección del Prado, decide hacer lo mismo con la del MAN, por eso Mateu y Llopis recibe la llamada de Moñino y acude al museo a eso de las ocho de la tarde. Allí están Roces y el director del Museo Álvarez Osorio. Le piden las llaves de las vitrinas. Mateu se las apaña para ralentizar su labor al tiempo que esconde, a base de engaños, explicaciones técnicas poco esclarecedoras y propuestas de experto funcionario, parte del tesoro. Hay hechos tan chuscos como que logra engañar a Moñino, que era miope y a la luz de las linternas con las que trabajaban no distinguía el color del metal, que determinadas monedas de oro eran de plata, ralentiza la actuación enviando a los milicianos que supervisaban la labor al sector del bronce para que no encuentre nada y así seguir guardando piezas.…lo que le enfrenta al Subsecretario que amenaza con matarle.

Así que, en algún momento, tuvo que empezar el recuento y lo hace con las onzas de los Borbones, de menor rareza, y propone hacer una ficha de cada pieza, con descripción y peso… No le dejan. Moñino descubre el oro romano, bizantino y visigodo…. Roces acaba encontrando el tesoro de Quimbayas, y otros objetos y máscaras. Las apilan en cajas y se las llevan sin recuento, aunque, ante las presiones del Numismático, Roces levanta un acta que dice, con claros errores de bulto, el número de monedas y peso, muchas ni fueron pesadas: 15,847 kilos por 2.230 monedas. Se sellan en cajas con lacre del “MAN”

Al término de la Guerra se recuperó de lo sacado por Roces únicamente el Tesoro de los Quimbayas, depositado en Suiza junto a los tesoros del Museo del Prado. El hecho constituyó una “verdadera catástrofe para la Numismática nacional”, en palabras de Mateu y Llopis y una pérdida cultural enorme para España y para la humanidad. Veremos que el mismo, con toda probabilidad fue fundido en México.

El tesoro del MAN se trasladó a México, como parte del cargamento del Vita

En febrero de 1939 -faltaban dos meses para el fin de la guerra-, el que había sido el yate Giralda del rey Alfonso XIII, adquirido secretamente por Negrín en Reino Unido partía del puerto de El Havre (Francia) con destino al puerto de Veracruz ( México). Rebautizado como Vita fue cargado con un inmenso tesoro en oro, piedras preciosas, piezas religiosas; entre ellas uno de los clavos de Cristo, y cuadros de grandes pintores españoles e italianos… recopilados por Negrín, a él subieron 120 enormes maletas que, el dirigente de la UGT Amaro del Rosal, cuenta, habían adquirido en París con gran sigilo unos empleados del Banco de España, socialistas de confianza. Un tesoro robado a particulares e instituciones que jamás fue devuelto a España, entre ellos,  una parte, estaba formado por fondos de la Generalitat de Catalunya. El tesoro de guerra del gobierno catalán fue entregado por el presidente Lluís Companys y por el consejero Josep Tarradellas a Negrín, bajo coacciones, poco antes de cruzar la frontera francesa. El inventario detallado de estos materiales demuestra que también se incluyeron piezas del patrimonio y bienes públicos catalanes susceptibles de ser convertidos rápidamente en recursos económicos, con el objetivo que sirvieran de reserva monetaria de la Generalitat en el exilio. el gobierno de la República presidido por Juan Negrín, enterado de la iniciativa, exigió a la Generalitat la cesión de aquellos fondos en el momento de atravesar la frontera, con la promesa que les serían devueltos una vez establecidos en París. Promesa que no se cumplió nunca y que causó la ruina financiera de la Generalitat hasta el punto que el presidente Irla tuvo que disolverla en los años 50 por falta de fondos.

Al llegar a México, Prieto, en una audaz maniobra política , digna de un Golpe de Estado, se erige en el único representante oficial del gobierno republicano en el exilio y gracias a su amistad con el presidente mexicano Lázaro Cárdenas, logra hacerse con el cargamento del Vita. Así, en un momento de enemistad con Negrín, robó al ladrón, aunque puede que hubiera más ladrones puesto que el cargamento al llegar a Veracruz se había reducido de 120 maletas a 100. Del 20% del tránsito nunca más se supo. Cárdenas conocía perfectamente el contenido del Vita y, dada la delicada situación de la economía mexicana, tenía necesidad de su inversión en el país y posiblemente también en su propia economía personal.

Acabada la guerra, y con la segunda guerra mundial inminente, las dos grandes figuras republicanas en el exilio, el presidente Negrín y el dirigente del PSOE Indalecio Prieto, separados por profundas diferencias personales y ideológicas, dirigieron sendas asociaciones de ayuda a los refugiados españoles: el SERE (Negrín) y la JARE (Prieto), financiadas en buena parte por recursos propiedad del Estado que habían conseguido sacar del país durante la retirada. Realmente pocos fueron los exiliados que se beneficiaron de aquel robo, uno de los más destacados fueron los dirigentes del PNV que quisieron apoderarse del Vita, pero no pudieron adelantarse a Prieto, sin embargo, vivieron cómodamente de los fondos de las dos asociaciones (SERE y JARE). Fue el circulo más cercano a Prieto el que se pobló de inminentes y rumbosos empresarios que rápidamente se arruinaron.

En la vivienda anexa a la que Prieto adquiere en la Ciudad de México, en el número 64 de la Avenida Michoacán, había un restaurante en cuyos bajos, ocultaron el preciado cargamento e instalaron un taller en donde desmontaron las piezas con el ánimo de fundirlas y lo hicieron en el crisol del Banco de México, convirtiéndolos en lingotes de oro corrientes, perdiendo el valor numismático e histórico, pero así no dejaban rastro para coleccionistas, anticuarios e historiadores. Un primer lote da cuenta de 1.488 kilos de oro de 24 quilates vendido al Banco de México. Parte de la plata se vendió a los EE.UU. y los objetos artísticos, joyas y cuadros a particulares. La leyenda dice que parte de los cuadros robados formaron la colección de algún que otro expresidente mexicano. Prieto jamás dio cuenta alguna sobre el destino final de aquel expolio hasta que en 1941 comenzaron a aparecer piezas de aquel tesoro en el fondo de la laguna del volcán del Nevado de Toluca (Estado de México). Se trataba de relicarios, cajas de seguridad en la que aún hoy puede leerse, Montepío de Madrid, restos de cajas de relojes pertenecientes al tesoro del Vita cuyo valor no pareció interesar en su momento a quienes decidieron hundirlo en las aguas de la laguna.

Hoy, algunas de estas piezas, testigos del expolio socialista republicano, pueden verse en el Museo Subacuático de Playa del Carmen (México).

 

EL EXPOLIO DEL PATRIMONIO ESPAÑOL DURANTE LA REPÚBLICA Y LA GUERRA: EL ARTE Y LA CULTURA

Del expolio que se cometió durante la República y la Guerra Civil en relación al Patrimonio español., todo el mundo recuerda el robo del Banco de España , pero el tema tiene una mayor extensión. El tema presenta, por un lado, un aspecto relativo al arte y la cultura en general y otro que tiene como nexo de unión el oro.  No son hechos radicalmente separables, aunque pudiera parecerlo, pero por razones de espacio los comentaremos en dos entradas diferenciadas.

Empezaremos por la merma del patrimonio artístico y cultural, el mayor número de estudios interesantes al respecto, sin ánimo de propaganda, con datos contrastables empiezan a aparecer a finales de los años 90 del Siglo XX. Uno de los más destacados es El expolio de la República, de Francisco Olaya Morales del año 2004. Publicado en la editorial anarquista Nossa y Jara. Sin que sea el único libro destacable, como veremos.

En una visión rápida de nuestra Historia podríamos decir que España ha sufrido tres grandes episodios de destrucción del arte y la cultura. El primero fue el perpetrado por los franceses durante la Guerra de Independencia, el segundo, por la Desamortización de Mendizábal y el tercero, por el Frente Popular.

Desde las primeras semanas de la República, ardieron miles de Iglesias en toda España en uno de los ataques a la libertad religiosa más espeluznantes de la historia de la Humanidad. Lo que hubo en España fue un auténtico genocidio contra los católicos que afectó igualmente al arte sacro y de manera colateral a otro tipo de instituciones o centros culturales.

Aquellos incendios supusieron la pérdida de miles de retablos de gran valor artístico: románicos, góticos, barrocos…los órganos, algunos con varios siglos de existencia; las campanas que, como elemento de orfebrería también era de gran valor, fueron objeto de inexplicable inquina; multitud de pinturas, esculturas, orfebrería sagrada, reliquias y joyas fueron destruidas. Vamos a poner dos ejemplos, por no extendernos en exceso. En Barcelona, uno de los lugares más afectados, se quemaron 500 iglesias, incluida la Catedral o la Basílica de Montserrat, se profanó la tumba de Gaudí y se rompieron las maquetas de la Sagrada Familia. Es común, en la documentación hallada sobre aquellos episodios, citar como autores de aquello hechos a anarquistas (la documentación de ambos bandos así lo hace, pero también hay profusión de datos que implican a militantes del Partido Comunista, de la UGT o del POUM).

En el segundo ejemplo, nos centraremos en la Revolución del 34 en Asturias. En la noche del 11 al 12 de octubre de 1934, entraron los republicanos por el fondo sureste de la Catedral, quemaron la sillería del coro -de incalculable valor, recuperada sólo en parte décadas después, llenaron la capilla de Santa Leocadia, situada bajo la Cámara Santa, de cajas de dinamita y volaron el conjunto. Con ello destrozaron una maravillosa Iglesia ramirense, robaron joyas y atentaron contra uno de los elementos más valiosos de orden histórico artístico y espiritual no ya de España sino de Europa, el Santo Sudario, una de las dos reliquias más importantes de la cristiandad y que se salvó de milagro. En una carta escrita tras el atentado por el deán Arboleya, figura capital del catolicismo progresista de la época, dice: “una de las obras de arte más preciosas, la Caja de las Calcedonias, del año mil, quedó intacta sobre los escombros, mientras ayer descubrimos con la emoción más intensa la Cruz de los Ángeles, a pocos centímetros sobre el suelo de la cripta, bajo varios metros de escombros pesadísimos. Y está muy poco deteriorada. El Arca Santa sale en pedazos lamentables; la Cruz de la Victoria no apareció aún”. A pesar de todo, fue milagroso que el destrozo no fuera aún mayor. Muchas de las gemas que adornaban las cruces y el Arca, desaparecieron. Las actuales son producto de los artesanos restauradores.

Los mayores expolios se dieron en todo orden de cosas a partir del Decreto de Azaña del 6 octubre de 1936, que firmó tras haberle engañado Negrín. Palacios, Instituciones, Catedrales como la de Toledo vieron desaparecer para siempre algunos de sus tesoros más preciados. Custodias, mantos como el de las ochenta mil perlas de la Virgen del Sagrario de la catedral de Toledo, piezas de gran valor del Museo Arqueológico, cuadros de gran valor de colecciones particulares, fueron incautados con el fin de proteger los bienes culturales ante el avance de los “nacionales” , aquella protección llevó a que ardieran bibliotecas, trabajos de investigación, además de escuelas y edificios, pinturas y esculturas de enorme valor. Por ejemplo, siguiendo en Oviedo, los republicanos dinamitaron la Universidad y se perdió su biblioteca. En Portugalete, incendiaron el palacio Salazar, que albergaba otra espléndida biblioteca y colecciones de arte valiosísimas. Bibliotecas como la franciscana de Sarriá, con cien mil volúmenes, o la de Guadamur, una de las mayores de Europa conservadas en castillos, quedaron destruidas, y fueron pasto de las llamas otras muchas con decenas de miles de libros, a menudo únicos, conservados de siglos atrás.

Aquel destrozo de obras de arte fue puesto de manifiesto en las Cortes por Calvo Sotelo: “Esculturas de Salzillo, magníficos retablos de Juan de Juanes, lienzos de Tiziano, tallas policromadas, obras que han sido declaradas monumentos nacionales, como la iglesia de Santa María de Elche, han ardido en medio del abandono, cuando no de la protección cómplice del gobierno”. Los diputados de izquierda recibieron sus denuncias con chirigotas y frases como “¡Para la falta que hacían…!

Muchas de las obras encontradas en las iglesias y conventos o palacios fueron sacadas de España con cierta facilidad por ser de pequeño tamaño fáciles de transportar, muchas, robadas, otras en manos de sus propietarios, pero en ambos casos ilegalmente vendidas por estar catalogadas como patrimonio español. El expolio se debió a que existieron auténticas redes de delincuentes dedicadas al robo y salida ilegal de obras de arte, dirigidas por conocidos “mercaderes del arte”, tanto españoles como extranjeros, que contaban en muchos casos con la colaboración de miembros de algunos partidos o sindicatos o incluso de diplomáticos y autoridades.

Un estudio realizado por la Universidad Complutense[1], afirma que muchos de aquellos “marchantes eran de nacionalidad holandesa”. No fueron ni los únicos y ni los más destacados. El principal destino de aquel desastre era Francia y especialmente París, centro mundial del mercado de obras de arte. Además, esta exportación ilegal se extendía hacía América y a otros países europeos además de la mencionada Holanda –especialmente Suiza, Inglaterra, Bélgica o Alemania-. Si bien es cierto que hubo tímidos intentos por parte del gobierno español de evitar ese tráfico de obras, las respuestas de los gobiernos europeos carecieron de solvencia, ninguno de ellos quiso ofrecer garantía alguna para paralizar aquella sangría.  Conocida era la “tienda” sita en París, en la Rue Bonaparte, “una tienda de antigüedades en la que se venden especialmente objetos religiosos procedentes de las iglesias españolas”. También era bien conocido un tal Raimundo Ruiz, que gozaba de un “buen mercado de antigüedades“ en Nueva York. Este individuo de tendencia nacionalista obtuvo las obras de catalanes y vascos y también de republicanos asentados en Francia. Realmente el tal Ruiz era una mezcla de contrabandista y estafador. Estos mercachifles o comerciantes sin escrúpulos fueron, sin ninguna duda, los principales responsables de las pérdidas patrimoniales.

Aquel mínimo interés en recuperar lo expoliado por parte del gobierno, hizo que republicanos ilustres como Azaña o Salvador de Madariaga, llegaran a afirmar que aquello fue algo muy organizado y sistemático conocido por las autoridades.

Así, Azaña describió la acción del gobierno en esta materia como: “política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta”.  Marañón, padre espiritual de la república, afirmó: “¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez. Han hecho, hasta el final, una revolución en nombre de Caco y de caca”; “Bestial infamia de esta gentuza inmunda”; “Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?”.

Evidentemente, no todos actuaron igual; desde los dos bandos hubo intentos de recuperar lo perdido, como señaló el director general de Bellas Artes, Puig de la Bellacasa, a raíz de una exposición realizada sobre la recuperación de las obras perdidas durante la Guerra [alabando a] “personas de los dos bandos que entre el 36 y el 39 defendieron el patrimonio histórico unidos por su pasión por el arte”.

En el bando republicano, ya durante el Frente Popular, se creó la Junta del Tesoro Artístico, con sede central y subsedes provinciales, trabajó, en general, de manera técnicamente muy aceptable y con un espíritu dedicado y desinteresado. Otra cosa es el carácter político del trabajo, un verdadero crimen contra la herencia artística e histórica de España, como decía Salvador de Madariaga, otro ilustre republicano. El problema de las implicaciones políticas fue el gran error de los republicanos en este asunto, no sólo de los que actuaban de buena fe sino de los que no lo hicieron así.

Una de las políticas de la república fue idear movimientos de “salvación”, es decir, sacar obras de sus museos o bibliotecas y ponerlas a recaudo fuera de España para su preservación. Por ejemplo, muchas obras museísticas vascas fueron enviadas a Francia; las catalanas, a Suiza, y algunas se quedaron a buen recaudo en España. Los problemas vinieron cuando la supuesta salvación se convirtió en robo descarado sin que la Junta pudiera hacer nada, bien porque eran los partidos los que actuaban bien porque era personajes ilustres de la República los que los llevaban a cabo o bien porque eran los ministros los que lo hacían, especialmente Negrín.

Recordemos las palabras de uno de los técnicos, Ángel Ferrant, en 1938: “Se siguen destruyendo cosas. Principalmente nos apresuramos a recoger todo lo que corre riesgo de que lo quemen cuando vengan los fríos. Sabemos por experiencia la cantidad de buenas imágenes y retablos que, sin poderlo evitar, corrieron esa suerte el año pasado. Es de lo más desolador enterarse constantemente de la desaparición de piezas importantes”.

Conviene, por tanto, distinguir entre la labor entregada de los técnicos que intentaron salvar lo salvable, y los dirigentes políticos que dirigieron la operación y aprovecharon el desinterés y angustia de los profesionales para apoderarse de un inmenso tesoro artístico e histórico. Es conocida la labor de la subsede madrileña de Junta Central del Tesoro Artístico en la que figuraba gente tan ilustre como Enrique Lafuente Ferrari, Diego Angulo, Gómez Moreno o Buero Vallejo, empeñados en convencer a los incontrolados de que el arte, aunque fuera religioso, era arte y patrimonio de todos, o de intentar convencer a las autoridades de que los cuadros del Prado debían permanecer en Madrid

Los cuadros del Prado, son un acontecimiento destacado de aquella “salvación”, pero no fueron los únicos. Veamos algunos ejemplos:

  • El 28 de junio de 1937, en barco, salían, desde Barcelona hacia Marsella , 33 cajas que contenían, según la mercancía declarada, “medias de seda artificial”, con destino a Francia, a la empresa “Intercambios Comerciales, S.A.”. Pero las averiguaciones posteriores demostrarían que el contenido de las cajas era otro; un agente republicano en misión especial comprobaría al acudir al depósito de la aduana de Marsella que al abrir varias de las cajas “en su interior hay lienzos y cobres pintados, vajillas y objetos de plata, cristos y otras varias cosas de ornamento para el culto católico, no pudiendo precisar exactamente el contenido de todas ellas por no haber sido posible abrirlas todas”. El agente republicano, que consideraba “preciso llevar todas las gestiones en el más absoluto secreto”, se puso en contacto con el Vicecónsul de la República en Marsella, Antonio Fernández, para comunicarle su hallazgo. El temor del agente estribaba no sólo en que se pudieran enterar las autoridades de la aduana –e interviniesen las cajas dada la falsedad de la declaración de la mercancía–, sino también que llegara a oídos de “ciertos elementos de la F.A.I. para los cuales no hay secretos en ese consulado”. Los republicanos siempre acusaron a los anarquistas de este “salvamento”. El objetivo del agente era evitar que se malograse con ello el rescate de las cajas. En aquella ocasión, el Gobierno de la República decidió actuar por vía judicial y diplomática para recuperar las 33 cajas de Marsella. El Fiscal General de la República recomendaba presentar una querella ante el Juzgado de Instrucción de Barcelona “por delitos de falsedad, robo y estafa” contra los responsables del cargamento. Realizado esto, había que exigir a Francia por vía diplomática la entrega de las cajas. Lo cierto es que las 33 cajas de Marsella fueron finalmente rescatadas y enviadas a la embajada de España en París seis meses después, en marzo de 1939. El que llevó a cabo la gestión definitiva fue Timoteo Pérez Rubio, presidente de la Junta Central del Tesoro Artístico, que viajó desde Ginebra –donde se encontraban las obras evacuadas por la Junta en proceso de inventario–para hacerse cargo, entre otras, de estas obras. Por mediación de Jacques Jaujard, Director de los Museos Nacionales y de la Escuela del Louvre, consiguió que bajo amparo diplomático las cajas fueran remitidas para “amueblar dicha embajada”, en un momento en el que la España de Franco ya había sido reconocida por Francia. Finalmente, acabada la guerra, las cajas pasarían a manos de los representantes del Gobierno español y regresarían a España a mediados de octubre de 1940.
  • Hablaremos de un segundo “salvamento”, el acontecido en el palacio de Zabálburu. Se trataba de un edificio madrileño con una de las mejores colecciones de libros antiguos del mundo, que fue requisado por la Alianza de Intelectuales Antifascistas, impulsada por Bergamín. Al palacio fueron a vivir Alberti y su mujer, y en él daban fiestas de disfraces, comedias, etc., en plena guerra y penuria de la población. Es conocida la anécdota de poeta y honradísima persona, Miguel Hernández, que, recién llegado del frente, comentó en una de esas fiestas: “Veo aquí a mucha puta y mucho hijo de puta”, recibiendo una fuerte bofetada de María Teresa León, que juzgó inapropiada la observación del poeta. El hecho de servir el palacio de Zabálburu como sede de la Alianza, salvó su biblioteca del destino de otras muchas. Ello tuvo un coste, sin embargo. Al terminar la guerra pudo comprobarse que habían desaparecido 90 libros antiguos de valor inestimable, escogidos con pericia evidente, así como la colección de monedas de oro, objetos de plata, etc.
  • Podríamos hablar de otro salvamento, el de el Museo Arqueológico, por el republicano Wenceslao Roces, subsecretario de Instrucción Pública, acompañado de milicianos armados. Pero como se trata de un asunto muy relacionado con el oro, lo dejaremos para la segunda entrega.

Por eso en este tercer ejemplo vamos a narrar uno de los acontecimientos “salvadores” más controvertidos: el de los cuadros del Museo del Prado. Para su análisis nos basaremos en el libro de José Calvo Poyato (por cierto, hermano de la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo), el historiador Calvo Poyato en su libro “El milagro del Prado” considera que el hecho de que los cuadros puedan estar hoy a salvo en el Museo del Prado y no destrozados o perdidos es algo milagroso, tal y como fueron tratados. El Gobierno de la República ordenó el traslado de las obras del museo, junto con otras que habían sido incautadas. Se distribuyeron por varios lugares de la ciudad de Valencia entre ellos las Torres de Serrano y el Colegio del Patriarca.

Posteriormente, entre los años 1937 al 1938, estas piezas fueron trasladas a Barcelona, en primer lugar, más tarde al Castillo de Peralada y a unas minas en el Ampurdán. En febrero de 1939 viajaron hacia Ginebra, y allí fueron custodiadas por el Comité Internacional de Expertos para el Inventario de las Obras de Arte Españolas. Fueron expuestas en la Sociedad de Naciones de la misma ciudad, hasta que fueron devueltas a España el 7 de septiembre de 1939.

Los cuadros fueron sacados del Museo cuando se acercaban las tropas nacionales a Madrid, las dos razones que se dieron para ello fueron que había que “salvar” esos tesoros de los bombardeos y del frío madrileño. Excusas, dice Calvo Poyato: “fue una decisión política; cuando se tomó no había caída una sola bomba sobre el Prado”.  No había la menor razón para llevarse de allí las pinturas, como demostró el subdirector del museo y director de facto ante la ausencia de Picasso, que era el director titular, Sánchez Cantón, y como demostró la propia conducta del Gobierno frentepopulista, que siguió sirviéndose del edificio para almacenar, a lo largo de toda la guerra, innumerables piezas artísticas y otros valores para llevarlos luego a Valencia y Barcelona.

Había, además, otra razón para evitar el traslado: los lienzos podían, en último extremo, guardarse en el Banco de España. Es preciso recordar las palabras de Salvador de Madariaga: “El cacareado salvamento de los cuadros del Prado, lejos de ser tal salvamento, fue uno de los mayores crímenes que contra la cultura española se han cometido jamás. Madrid poseía precisamente la mejor cámara subterránea quizá entonces del mundo para la protección de tesoros artísticos, recién terminada con arreglo a la técnica más moderna. A los técnicos ingleses que visitaron España entonces se les enseñó un par de cuadros del Greco enmohecidos por la humedad para hacerles creer que esta cámara subterránea no era suficiente. A la sazón presidente de la Oficina Internacional de Museos de la Sociedad de Naciones, pude estudiar documentación suficiente para asegurar aquí que los cuadros del Museo del Prado no debieron haber salido nunca de Madrid, y que no hubieran salido de no haber predominado en el Gobierno de entonces la pasión política más miserable sobre el respeto a la cultura y al arte”.
Por tanto, sacarlos de Madrid para salvarlos de los bombardeos no era cierto, de hecho, apenas hubo bombardeos entorno al Museo y la Biblioteca Nacional, primero los nacionales siempre preservaron edificios significativos, salvo que estuvieran en ellos instaladas instituciones republicanas, como ocurrió con el Palacio de Liria.La segunda razón, sobre el frío, es aún más inaceptable, ni que los inviernos de Madrid, antes, en medio y después de la guerra no fueran igualmente fríos.

Calvo Poyato recuerda que las normas internacionales sobre patrimonio artístico, recomendaban dejar los cuadros en su sitio y en sótanos, que es donde estaban los del Prado, una vez que éste se cerró al público. En vez de eso, se los sacó sometiéndolos a un riesgo en buena medida innecesario. Los técnicos del Museo así se lo dejaron escrito a las autoridades, “era una barbaridad” escribió el subdirector del Museo. Ante la presión de los técnicos se hizo cargo del Museo, de facto, María Teresa León quien formaba parte de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y sin más autoridad que su decidido carácter los cuadros salieron con una protección mínima- Cuenta Calvo-

Ejemplos de las barbaridades del traslado pueden ser los siguientes: “Al llegar al puente de Arganda sobre el Jarama, un cuadro de las dimensiones de Las meninas tropezaba con los arcos superiores; de modo que hubo que bajarlo del camión y llevarlo a mano hasta cruzar el puente. En otra ocasión, Los fusilamientos del tres de mayo sufrió destrozos importantes al caerle encima un balcón y estuvo a punto de perderse” cuenta el autor de el milagro del Prado. No fueron los únicos desastres otro ejemplo es el del Cristo de Velázquez cayendo barranco abajo al salir del Ampurdán camino de Francia. El autor recuerda, asimismo, como eran las carreteras durante la guerra, bombardeadas, sin mantenimiento, llenas de baches y socavones. Los camiones no podían superar los 15 km hora por miedo a volcar y para no destrozar las ruedas entre bache y bache. En cada uno de ellos, los cuadros, instalados sin la protección adecuada iban dando botes durante los más de 400km que separan Madrid de Valencia.

Afortunadamente, frente a la actitud de los políticos -que a Calvo Poyato le parece poco prudente cuando menos- estuvo la responsabilidad de los técnicos. Así, el pintor Timoteo Pérez Rubio, uno de los personajes más destacados de esta historia, se ocupó de que, una vez llegados a Valencia, los cuadros se alojaran en lugares seguros, y fueran restaurados. Si bien, posteriormente fueron trasladados a Barcelona, Gerona, Francia y Suiza. Realmente es milagroso que aún tengamos cuadros en el Prado. El traslado a Barcelona se debió a la orden de que los cuadros del Prado y otros tesoros museísticos, debían estar con el gobierno. Calvo Poyato llama la atención sobre otro hecho significativo en esos días finales: por un decreto del gobierno los asuntos del patrimonio artístico nacional pasaron a depender del Ministerio de Hacienda. “Eso tiene un tufo”, dice, “de que se les quería dar valor económico por encima del valor artístico”. Tras Barcelona al Ampurdán donde los cuadros y otros tesoros de El Prado fueron “instalados” en polvorines que podían ser objetivo militar y si no fueron volados fue porque los servicios de inteligencia franquista, conocían su ubicación y evitaron los bombardeos. Realmente es milagroso que aún tengamos cuadros en el Prado.

Azaña, en aquellos años, expresó toda la angustia de la situación al decir que sentía la presencia de unas obras maestras que, en conjunto, eran más importantes que cualquier otra cosa, que la República y la Monarquía juntas.

Aquel cambio de competencias de Cultura a Hacienda abre todo tipo de conjeturas, que no se pueden demostrar, al menos mientras no se permita estudiar los archivos rusos, de que la República quería canjear aquellos cuadros por armas, como hizo con parte del oro. Los cuadros eran inmensamente conocidos, no se podían vender, pero si se podían dar a los rusos de Stalin a cambio de refuerzos armamentístico y apoyo logístico, incluso de protección para los dirigentes republicanos. Así lo sospecha Calvo, Pío Moa y otros muchos historiadores.

El hecho es que, milagrosamente, quizá porque veían que la guerra no tenía remedio para el bando republicano, por el tesón de alguno de sus dirigentes, de los técnicos, de algunos intelectuales y las dificultades del momento histórico, con la II Guerra Mundial en puertas cuando trasladar los cuadros a Rusia hubiera sido condenado en la Sociedad de Naciones, o por lo que fuera, el resultado fue que durante la última etapa de la Republica, el Gobierno se esforzó por preservar física y jurídicamente los cuadros, de ahí el traslado a París , primero, y a Ginebra, después, siendo custodiados en la sede de la Sociedad de Naciones hasta su regreso a España.

[1] CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LA SALIDA DELICTIVA DE OBRAS DE ARTE AL EXTRANJERO DURANTE LA GUERRA CIVIL  Arturo Colorado Castellary