LZ 129 HINDENBURG

En estos tiempos de guerra y de exhibiciones de poderío militar que en ocasiones resultan más propagandísticas que útiles, vamos a hablar de otro ingenio que permitió la propaganda hasta que se volvió en contra de los propagandistas. Hablamos de los dirigibles, sobre todo, del Zeppelin y más en concreto del LZ 129 Hindenburg, llamado así en honor del presidente Paul von Hindenburg, que presidió Alemania desde 1925 a 1934.

Hindenburg, aunque firme opositor al nazismo consintió, bajo presión, nombrar Canciller a Hitler en 1933. En febrero de ese año aprobó el “Decreto del Presidente del Reich para la protección del pueblo y del Estado”, más conocido como Decreto del Incendio del Reichstag, en virtud del cual se suspendieron las libertades civiles. Aquel decreto unido a la “Ley habilitante”, de pocos meses después, otorgó poderes absolutos al nazismo. Falleció en 1934. Tras su muerte, Hitler declaró vacante la oficina del presidente y se nombró a sí mismo jefe del Estado.

El ingenio de la casa Zeppelin, como todo en aquel momento en Alemania, acabó absorbido por el poder y la propaganda del Estado. 

Los dirigibles no habían sido un invento alemán, contaban con precedentes en el siglo XVIII. Concretamente en 1852, por la aparición de una aeronave semejante a un globo guiado invención del francés Henri Giffard, pero fueron los alemanes sus perfeccionadores, sobre todo, a raíz del diseñador excepcional que fue al alemán Ludwing Durr, el cual se unió al conde Ferdinand Zeppelin, en 1900, para construir juntos el LZ-1, el Luftschiff Zeppelin 1.

A pesar de los accidentes iniciales, los revolucionarios zepelines pronto se convirtieron en máquinas fiables. Tanto es así que, en 1909, Zeppelin fundó la primera aerolínea del mundo.

Pero el gran desarrollo de los dirigibles se dio durante la Primera Guerra Mundial (IGM). El Zeppelin fue puesto al servicio del ejercito y la aviación alemana, tanto en tareas de reconocimiento como de bombardeo, siendo el aparato militar alemán más temido, ya que con su gran capacidad de carga podía almacenar un enorme número de bombas que soltaba con profusión sobre las ciudades enemigas (San Petersburgo y Londres fueron sus grandes víctimas). El desarrollo de las balas explosivas, sin embargo, llevó a la destrucción de la mayoría de estos aparatos a los que Winston Churchill llamó «enormes vejigas de combustible y gas explosivo». De los 84 zepelines construidos durante la guerra, sólo 24 sobrevivieron al conflicto. De hecho, dejaron de usarse como bombarderos tras un fracasado ataque a Londres en 1917.

Una de las razones de su peligrosidad estribaba en el gas empleado para su funcionamiento. Mientras el gas ideal era el helio, los zepelines utilizaban hidrógeno debido al embargo estadounidense sobre el helio, especialmente frente a Alemania tanto por su posición en la IGM como tras la llegada de los nazis al poder.

A pesar de la opinión de Churchill sobre los dirigibles, Gran Bretaña, en el periodo de entreguerras, trató de desarrollar sus propios dirigibles.

Con el patrocinio del Ministerio de Aviación, se construyeron dos enormes dirigibles rígidos: el R100 y el R101. El segundo se estrelló en Francia en octubre de 1930, en su vuelo inaugural.

En el accidente murieron 48 de las 50 personas que iban a bordo, incluidos el equipo que lo había diseñado y Lord Thompson, el ministro del Aire responsable del proyecto. El R100 se rompió poco después.

Tras ese accidente británico, Alemania siguió siendo la reina de la industria de los zepelines sin competencia alguna. En 1932, se construye el LZ 129 Hindenburg que pronto contó con un hermano gemelo el LZ 130 Graf Zeppelin II, las dos mayores aeronaves construidas nunca. Ambos contaban con motores Daimler-Benz y se conducían con hidrógeno.  Alcanzaban los 135 Km/h lo que les permitía realizar vuelos transatlánticos en tan sólo 3 días lo que era una alternativa muy competitiva a los trasatlánticos que por aquel entonces tardaban 15 días en recorrer la distancia entre Europa y Estados Unidos o también Brasil- los dos destinos más utilizados-. Incluso eran capaces de dar la vuelta al mundo en tan sólo 21 días- todo un avance para la época-, como hizo el Graf Zeppelin.

El LZ 129 tenía 245 metros de largo, 41 metros de diámetro, con ese gran espacio hubiera dejado chico a cualquier avión de lujo actual.

Ahora bien, el dirigible tenía una doble misión, por un lado, como avión de transporte de viajeros y, por otro, cualquier otro uso, sobre todo, militar, que permitiera su estructura.

Como avión comercial era conocido por su lujo y comodidad. Su decoración fue concebida por el arquitecto Fritz August Breuhaus de Groot, conocido por haber diseñado el interior de varios trasatlánticos y las casas de las estrellas de cine alemanas. En su propaganda de lanzamiento, los creadores del aparato se jactaron de sus lujosas salas comunes, la comodidad de los camarotes privados y de los paseos interiores de su aerodinámico casco. El Hindenburg tenía, además de 25 cabinas con doble litera, un restaurante, un salón, un bar de cocteles, y una sala de fumadores. Esta última estaba sellada y presurizada por razones de seguridad.

Los muebles y los accesorios eran los más ligeros posibles: sillas de comedor de aluminio tubular, lavabos de plástico blanco, paredes de espuma cubiertas de tela.

Las paredes estaban cubiertas de seda pintada, en la que se reproducían los grandes viajes de la historia… Era tan lujoso que en sí mismo servía como regalo y disfrute de unas vacaciones extraordinarias y diferentes; de hecho, se le conocía como el “hotel del cielo”. El ideal para una “influencer” del momento.

Desde el punto de vista técnico, como señalamos anteriormente, no pudo llenarse el tanque de combustible del Hindenburg con helio. Por razones geopolíticas desde la IGM los estadounidenses, país con grandes reservas de helio y el mayor productor de helio licuado del mundo, se negaron a vender el helio a los alemanes; lo que obligó a éstos a cambiar el diseño del Zeppelin para utilizar como combustible el hidrógeno, gas altamente inflamable y explosivo. La capacidad de los tanques del dirigible alcanzaba los 200.000 metros cúbicos de gas. Sin embargo, el hidrógeno tiene menor densidad que el helio y eso permitió hacer más grande el Zeppelin frente a lo diseñado en un primer momento. Además, el uso de hidrógeno no asustó a los alemanes que tenían experiencia en el manejo de hidrógeno de manera segura. 

El dirigible se fabricó en duraluminio –un material consistente en una aleación de aluminio cobre, magnesio, manganeso y silicio–, con alta resistencia al calor. Su estructura se organizaba en anillos y puntales de esa aleación y se recubría de pintura protectora de un color azul brillante. La superficie exterior se envolvió en algodón impregnado de polvo de aluminio, para repeler los rayos ultravioletas y evitar la electricidad estática y las posibles chispas que de ella se derivaran. Este envoltorio es lo que hacía brillar al aparato dándole una tonalidad plateada.

Además, estaba equipado con una versión temprana del piloto automático.

Durante su primer año de vuelo, 1936, en sus vuelos exclusivamente comerciales, recorrió más de 300.000 kilómetros, llegando a transportar 2.798 pasajeros y 160 toneladas entre carga y correo. Cruzó diecisiete veces el Atlántico. En uno de esos viajes alcanzó el récord de sobrevolar el océano Atlántico dos veces en cinco días.

Pero ese mismo año, ante la brillantez del aparato y la imagen poderosa que daba de la industria alemana, los nazis, que se hallaban en el poder desde hacía 3 años, se apropiaron de la imagen del Zeppelin como si de un invento nazi se tratara. Lo convirtieron en un símbolo de la grandeza y orgullo alemán, de la superioridad de la raza aria. Por tal motivo y a modo de propaganda, obligaron a que el dirigible, con la esvástica dibujada en timón de cola, sobrevolara el estadio olímpico de Berlín en la inauguración de los juegos olímpicos, en el mismo momento en el que Hitler entraba en el estadio que, a semejanza de un gran teatro, elevaba la figura del dictador a protagonista de la representación, como símbolo de magnificencia.

Además, ya se ideaban usos militares para la nave, como había acontecido con otros dirigibles Zeppelin durante la IGM.

Sin embargo, lo que sirvió para la propaganda, por la propaganda se volvió en contra de los que se apropiaron de su imagen.

A primeros de mayo de 1937, LZ 129 Hindenburg salió de Frankfurt, en lo que era su primer viaje transatlántico de aquel año. Tuvo una travesía accidentada por los vientos y las tormentas eléctricas que encontró a su paso, sin embargo, los problemas llegaron en su aterrizaje durante el atardecer del 6 de mayo.

Para su descenso necesitaba ser amarrado en una torre específica para ese fin. El piloto soltaba gas y agua para hacerlo descender al tiempo que se soltaban las maromas de amarre. La operación se iniciaba orientando la proa hacia la torre mientras varios operarios en tierra cogían las cuerdas y las ataban. Esta era una operación siempre peligrosa, en ocasiones el dirigible se elevaba y ascendía a los hombres o los tiraba al suelo, resultando varios de ellos, a lo largo de la historia de los dirigibles, heridos o incluso muertos. Pero, aquella noche del 6 de mayo las cosas fueron mucho peores, el fuerte viento y la tormenta reinante movió el Zeppelin de forma brusca; el giro rompió un cable que rasgó la bolsa de hidrógeno, y el gas se acumuló en la parte superior. Cuando la tripulación soltó las amarras para que los equipos terrestres ataran el globo, las cuerdas se mojaron con la lluvia y tocaron la tierra, que acumulaba electricidad estática. Saltó una chispa y el fuego se propagó tan rápidamente que en cuestión de pocos segundos el Hindenburg cayó a tierra envuelto en llamas.

Mucho se ha hablado de posibles conspiraciones, pero nunca se han demostrado.

De lo que se tiene constancia es del accidente en sí, pues se conserva una filmación del momento; no hay que olvidar que la llegada del Zeppelin siempre era un acontecimiento radiado y transmitido como noticia excepcional. Además, había muchos curiosos viendo la maniobra.

En la filmación, se ve al dirigible durante sus últimos segundos de vuelo antes de encenderse en llamas, chocar contra el suelo y su devastación. Se aprecia el estado en que quedaron los restos mientras los operarios intentaban rescatar a los supervivientes (murieron 36 de las 97 personas que viajaban en él. Viendo el estado en el que quedó el dirigible es casi un milagro que hubiera supervivientes).

También resulta bien conocida la transmisión radiofónica del periodista Herbert Morrison desde el lugar del accidente. El periodista ante la inminente llegada del aparato se estaba refiriendo a los espectadores allí congregados para ver la llegada del dirigible y los definió como “masa de humanidad”; de ahí que, cuando se inició el accidente empleara la expresión “¡Oh, la humanidad!” [” ¡Oh, the humanity!”], preocupado por si el dirigible caía encima de los espectadores. “Oh, la humanidad” ha pervivido como recuerdo de aquel suceso.

La gran cobertura mediática del accidente tuvo una gran repercusión en el futuro de los dirigibles para pasajeros. Las múltiples imágenes del siniestro dieron la vuelta al mundo, acabando con la confianza que se tenía en este transporte. Alemania dejó de usarlo con fines comerciales. En Estados Unidos, sin embargo, se incidió en su uso militar al ser factible hacer dirigibles no rígidos rellenos con helio.

Pero, sobre todo, el accidente dañó la imagen del régimen nazi de tal modo que se mandó desguazar Graf Zeppelin y estos modelos nunca fueron empleados por los alemanes para fines militares tras el accidente. Después del final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, la compañía Zeppelin cerró sus puertas.

Como último apunte recordar que culturalmente este suceso ha sido recogido por el cine. Así, en 1975 se estrena la película “Hindenburg”, basada en los hechos acaecidos el día del desastre, mezclándolos con una trama de ficción que explica la explosión de la aeronave como un atentado y en 2011 se hizo otra película, “Hindenburg, el último vuelo”, narrando la verdadera causa del fuego.

También la televisión ha tenido series recordando los hechos o documentales al respecto.

En el mundo de la música, es bien conocido el primer álbum de la banda británica Led Zeppelin cuya portada recrea el accidente.

Keith Moon, el batería de The Who, en un acto de maldad, dijo que el grupo se hundiría como un «zepelín de plomo» (lead zeppelin, en inglés).

Se equivocó. Led Zeppelin triunfo en el universo del rock y su música sirve de recuerdo al gran ingenio alemán.

https://youtu.be/TA9Rec1qAFQ

BIBLIOGRAFIA

Maximino el Tracio, Emperador de Roma

En estos tiempos de incertidumbre dónde la situación geopolítica parece advertir que estamos ante un cambio en el dominio del mundo, donde los imperios tradicionales parecen derrumbarse, traigo a colación uno de los primeros síntomas de la caída del imperio romano: la elección del primer emperador bárbaro de Roma.

Nos tenemos que situar en el siglo III después de Cristo. Siglo de convulsiones en el Imperio romano. Convulsiones y caos en todos los órdenes.  En una visión de conjunto podemos señalar que se sucedieron un total de 28 emperadores durante aquel siglo, lo que ya dice bastante de lo que supuso cada entronización y cada “destitución”, llenas de crisis, conspiraciones, asesinatos y usurpaciones del trono. Nada de paz y tranquilidad.

Fuera de las fronteras del imperio, los pueblos bárbaros penetraban desde oriente y norte hasta los Balcanes, Grecia y amenazaban occidente. Una de las razones de estos movimientos fue la multitud de problemas climáticos que hubo entonces (para los que piensan que el cambio climático es cosa actual, debemos decir que cambio climático ha habido siempre y en el siglo III hubo unas inundaciones y crecidas del agua ,sobre todo, en el norte europeo, que llegaron a anegar y en parte ocultar las costas de lo que serían los actuales Países Bajos y Alemania. Esto obligó a los pueblos germanos a trasladarse hacia el sur creando gran presión en las fronteras con el imperio romano).

Todas estas calamidades provocaron una crisis en el Imperio que tuvo diversas manifestaciones. La primera militar pues se generaron multitud de enfrentamientos externos e internos cuyos resultados no siempre fueron favorables a Roma. Sobre estas guerras daremos posteriormente algún detalle más.

Como siempre que hay crisis, se produce una disminución demográfica y aquel momento no fue una excepción. Como consecuencia de ello, las autoridades romanas se vieron obligadas a presionar a los campesinos para que siguieran en los campos pues, la disminución de las cosechas, producía escasez de alimentos y hambre, es decir crisis de producción a lo que se unió que las continuas guerras afectaron al comercio y a los transportes dando lugar a una ralentización de estas actividades.

Para completar la visión del siglo III debemos hacer referencia a dos acontecimientos dignos de ser destacados y muy importantes para comprender la figura que traemos hoy a colación. En primer lugar, en el 212 se promulga el Edicto Antonino o constitución Antonina, siendo emperador Caracalla, cuyo valor histórico es relevante por extender la ciudadanía romana a todos los hombres libres del imperio. En segundo término, en el 235, es asesinado Alejandro Severo, emperador romano y último de la dinastía de los Severos, empezando así el listado de los emperadores- soldados y la era de la anarquía.

Si ya durante los severos el imperio había dado idea de descomposición, en el periodo que se inicia ahora el Imperio se desmoronaba a ojos vista. Sólo la reacción de los emperadores ilirios que culmina con la entronización de Diocleciano, supondrá la progresiva, aunque dolorosa, recuperación que permitirá la supervivencia del Imperio romano durante algún tiempo y, sobre todo, la preservación de su legado.

Los últimos emperadores ya habían iniciado un proceso de acumulación del poder en sus manos; es decir, habían establecido poderes absolutos, donde las magistraturas y el senado quedan relegadas en beneficio del ejército y la burocracia, lo que es tanto como decir, en beneficio del palacio imperial. Si aquello ocurrió con los severos, ahora se hace costumbre permanente.

Alejandro Severo, tuvo un reinado moderado- gracias al auxilio de su madre, Julia Mamea, pero no fue capaz de contener al ejército, que acabó asesinando a los dos: madre e hijo.

Sería difícil imaginar un mayor contraste entre los sucesivos emperadores romanos que el que acontecería en aquel instante cuando llega al poder un pastor de la Tracia (más o menos en lo que hoy es el norte de Gracia y sur de Bulgaria) que era un hombre gigante que se dice que medía dos metros y medio de alto, sudaba mucho y apenas sabía hablar y leer en latín. Si este ser llegó a emperador de Roma se debió a que la constitución antonina le permitió ser ciudadano romano.

Gaius Julius Verus Maximinus suena al nombre que llevaría un romano de noble cuna, pero su titular era considerado por todos como un semibárbaro en todos los sentidos posibles: de cuna ( sus padres se cree que eran uno alano y la otra goda), como de cultura. Nació en el año 173, más o menos, y a penas tenía educación, como hemos dicho, aunque él pensaría que ni falta que le hacía, pues su gran estatura y fortaleza le llevaron a resolver las disputas con los puños en lugar de con las palabras.

Se unió al ejército y ascendió rápidamente de rango. Sus primeros años en la milicia los cumplió en la caballería. Se distinguía por el tamaño de su cuerpo, sobresalía entre todos los soldados por su valor, bravo en sus costumbres, duro, soberbio, despreciativo. Atrajo la atención del emperador Alejandro Severo y ascendió a encargado de entrenar a los reclutas. No quiero ponerme en el lugar de aquellos aprendices de soldado con semejante instructor.

Su opinión de los romanos y de su emperador no debía de ser muy elevada cuando jamás visitó Roma y cuando tras, posiblemente, formar parte o capitanear la conspiración que mató a Alejandro Severo, aceptó con desgana el nombramiento de emperador, siempre con el respaldo del ejército y se hizo llamar Maximino el tracio, incluyendo el mismo el gentilicio como parte del su nombre imperial.

Alejandro Severo se había mostrado reacio a emprender acciones militares contra las tribus germanas que amenazaban las fronteras del norte del imperio, prefiriendo comprarlas en lugar de atacarlas. Maximino no tuvo tales escrúpulos y rápidamente lanzó una campaña contra los germanos del otro lado del río Rin. También vigiló de cerca a los dacios y sármatas y se preparó para responder con fuerza si causaban más problemas.

Sin embargo, estos movimientos tuvieron consecuencias que eventualmente conducirían a la ruina del nuevo emperador. La actividad militar cuesta dinero, especialmente cuando se aumentan los salarios del ejército y se elevan los impuestos para pagar la factura. Para pagar aquellos estipendios recortó los subsidios al suministro de granos, lo que le hizo impopular entre la población en general.

Además, su negativa a pisar Roma le enfrentó con los miembros del Senado y las altas magistraturas quiso reformar los poderes civiles del senado, lo que no es conveniente a un Príncipe que quiere ser amado a quienes les molestaba ser dirigidos por un advenedizo extranjero al que nunca habían visto.

En 238, el Senado vio el cielo abierto para oponerse al gigante tracio cuando un anciano senador llamado Gordiano se declaró emperador y gobernó junto con su hijo, también llamado Gordiano, en el norte de África. Los gordianos no duraron mucho, pues fueron asesinados, por causas personales por el gobernador de Numidia (más o menos entre las actuales Argelia y Túnez, bordeando la provincia romana de Mauritania)

El Senado no podía quedarse parado a expensas de la reacción del tracio y propusieron dos candidatos imperiales, Pupieno y Balbino, que gobernarían juntos. Incluían a un tercer Gordiano, el sobrino de 13 años del segundo Gordiano, como parte de un colegio imperial.

Maximino, oficialmente depuesto por el Senado, difícilmente se iba a quedar tranquilo. Marchó sobre Roma, acompañado de su hijo, a quien había nombrado sucesor. Sin embargo, esto sucedió después de que su ejército no pudiera capturar la ciudad de Aquilea, motivo por el cual hubo escasez de provisiones para alimentar a la tropa. Este racionamiento duró casi un mes. Cuando llegaron los suministros, ya era demasiado tarde. Los soldados hambrientos asesinaron tanto Maximino como a su hijo y sus cabezas fueron clavadas en postes.

El reinado de Maximino el tracio no fue ni largo ni distinguido. Merece su lugar en la historia por ser el primer bárbaro que ostentó el título de emperador de Roma.

BIBLIOGRAFIA

MONTANELI, Indro. “Historia de Roma”. Ed. Plaza & Janés. 1982

POTTER, David. “Los emperadores de Roma”. Ed. Pasado &Presente. 2017

GIBBON, Edward. “Decadencia y caída del Imperio romano”. Ed. Atalanta. 2012

HEATHER , Peter. “Emperadores y bárbaros”. Ed. Crítica. 2018.

ÁLVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA

Hoy vamos a hablar de un héroe que sólo pasó penurias. Un héroe a su pesar. Un héroe que no conquistó nada y que no ganó fortuna alguna. Un héroe cuya vida fue la del antihéroe.

Álvar Núñez Cabeza de Vaca nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) en una fecha indeterminada entre 1481 y 1495, aunque una buena parte de la historiografía lo sitúa en el último año señalado, en virtud de una cédula de curatela – tutela- del menor Álvar que en 1509 contaba, parece ser, catorce años.

Álvar procede de un linaje con raíces en los castellanos viejos que lucharon en las Navas de Tolosa (1212), de hecho, lo de cabeza de vaca se lo otorgó como apellido Sancho de Navarra al pastor Martín Alhaja, por haber señalado éste, con el cráneo de una res, el pasadizo por donde penetraron los cristianos para vencer a los árabes en la batalla de las Navas de Tolosa. Por línea materna estaría entroncado también con Pedro de Estopiñán, marido de su tía y tutora Beatriz, conquistador de Melilla y posteriormente Gobernador y Capitán General de Santo Domingo.

Todavía adolescente, entró al servicio de los duques de Medinasidonia. Por influencia del duque fue admitido, como tesorero y Alguacil mayor, en la expedición que en 1527 Pánfilo de Narváez lideró camino del Golfo de México. De esta expedición ya nos hicimos eco aquí. https://algodehistoria.home.blog/2020/07/03/la-presencia-espanola-en-ee-uu/ Cabeza de vaca fue uno de los cuatro supervivientes de aquella desastrosa expedición compuesta por 600 hombres y cinco barcos.

La expedición recaló, tras un tormentoso viaje, en la bahía de Tampa (actual Florida). Allí, se dividieron los expedicionarios unos en barcos otros a pie. El propio Narváez y 300 hombres, entre ellos nuestro jerezano protagonista, se abrieron paso por tierra enfrentándose a pantanos, ciénagas, manglares, mosquitos, enfermedades y muchos y poco amistosos indígenas. Álvar se convirtió en el mayor opositor a Pánfilo, que era un desastre en su organización y ordenación de aquellos pobres españoles. Unas veces en barcas improvisadas, otras andando, los expedicionarios pasaron más penurias que un perro sin dueño, sobre todo sed. Tan fue así que algunos no aguantaron y bebieron agua del mar hasta morir. Cuando ya creían que la muerte les iba a llegar a todos, descubrieron un gran cauce de agua dulce: el Mississippi. Aunque, de nuevo cuando parecía que iban a poder aprovisionarse, tuvieron que salir huyendo, en barcazas hechas por ellos mismos, para escapar de los indios. En ese instante Pánfilo de Narváez decide volver a dividir el grupo en dos. El grupo de Álvar logró pisar tierra firme el 6 de noviembre, tal vez en las actuales Luisiana o Texas.

No volvieron a tener noticias de Pánfilo que murió por un golpe de mar.

En total de aquella enorme expedición que salió de España en 1527 sobrevivieron 4 personas.  Cabeza de vaca fue una de ellas.

Tras dar unas cuantas vueltas más para huir de los indios, desorientados, enfermos, hambrientos y llenos de frío… los 4 supervivientes fueron esclavizados por los indígenas (avivares y susolas) y así, en esas lamentables condiciones, estuvieron 6 años. Sin embargo, su suerte cambio cuando por obra del azar, fueron considerados extraordinarios taumaturgos. En un momento dado, Cabeza de Vaca sopló a un indio desmayado que a los pocos minutos “sanó”; desde entonces adquirieron fama de hacer milagros, de ser hijos del sol, de sanar los cuerpos… con hierbas, cuentas de colores, soplidos y oraciones.

Como se ve, Álvar Núñez Cabeza de Vaca no les va a valer de ejemplo a los amigos de la Leyenda negra, no mató indios, no sacrificó nativos, no se lió a machetazos, al contrario, sufrió en manos de los indios, pasó más hambre y miseria que cualquier “piel roja” que haya existido.

En 1534, lograron evadirse definitivamente, marchando siempre rumbo oeste, cubiertos de pieles, con largas barbas y curtidos por el sol y el aire. Pero su fama había trascendido y en ocasiones le seguían miles de personas esperando que bendijera a sus familias, soplara a sus enfermos y santificara sus víveres. Así, caminando, recorrió miles de kilómetros durante unos 10 meses por Florida, Texas, Nuevo México, Arizona y California; cruzando el río Bravo (por encima de su confluencia con el Pecos), hasta alcanzar lo que hoy es El Paso; desde allí y de nuevo a través del río, prosiguieron por Sonora. En este último lugar, hallaron a un indio con una hebilla colgada en el cuello, quien les aseguró que pertenecía a unos hombres barbudos que habían llegado del cielo a caballo. Ese hecho les indicó que cerca habría algún español. Fueron conducidos hasta San Miguel de Culiacán. Dos semanas después, se reunieron con Hernán Cortés, y en 1537, Cabeza de Vaca, en otro complicado viaje, regresa a España, alcanzando Lisboa el 9 de agosto de 1537 (habían transcurrido 10 años de penoso devenir por el sur de lo que hoy es Estados Unidos). Decidió escribir una relación sobre su experiencia, que fue titulada Naufragios a la que años más tarde se sumaron los Comentarios (transcritos por el escribano real Pedro Hernández por encargo del expedicionario). A la vez que redactaba su obra entre 1537 y 1540, el jerezano se convirtió en una figura con la que convenía hablar si se deseaba conocer el Nuevo Mundo. Su obra era enormemente descriptiva, sin ahorrar detalles, en la que cuenta lo bueno y malo de todos, españoles e indios. Nada que ver con la exagerada auto laceración de la obra de Bartolomé de las Casas.

Esta primera parte de su obra sólo tuvo una publicación casi clandestina.

Su estancia en España fue corta pues pronto convenció a la Corona para volver a América, esta vez para continuar la conquista del Río de la Plata, donde Pedro de Mendoza había fundado Buenos Aires en 1536. Mendoza había fallecido y su lugarteniente, Juan de Ayolas, ejercía el mando en la zona, pero sin dar cuentas a España desde 1539. El 15 de abril de 1540, la Corona firmó la correspondiente Capitulación con el jerezano, permitiéndole la conquista de las provincias del Río de la Plata, “desde dicho río hasta la Mar del Sur, con más de 200 leguas, desde donde termina la gobernación de Almagro, hasta el estrecho de Magallanes”. Dicha Cédula se complementaba con otra, fechada el 24 del mismo mes, en la que se le concedía el título de Adelantado.

Nada más llegar, tuvieron constancia de que el lugarteniente había perecido y le sustituía Domingo Martínez de Irala, quien había tomado el poder desde la sede del gobierno en Asunción. Álvar Núñez sabía que tendría que enfrentarse a él, pero prefirió sorprenderle y entrar por tierra en vez de por mar. En esa ruta, recorrió dos mil kilómetros a través de selvas, ríos y barrancos. En febrero de 1542 navegó por el Iguazú, topándose con sus impresionantes cataratas, siendo el primer europeo que exploró el curso del río Paraguay y el primer blanco que contempló las cataratas del Iguazú. Las llamó Salto de Santa María.  En Asunción logró que Martínez de Irala se sometiera a su disciplina y le nombró su lugarteniente. Le encargó como primera misión explorar una ruta en la que siguiendo el curso del río Paraguay, localizase una vía de comunicación con Perú. Núñez Cabeza de Vaca sabía de los metales preciosos del Perú y quería hacerse con ellos. Si no fue él en persona en la expedición se debió a la necesidad de apaciguar a un caudillo guaraní sublevado. Pero la detención y posterior ejecución del indio no le trajo beneficio alguno pues supuso la excusa necesaria para que los españoles partidarios de Irala le acusaran de maltratador.

Irala volvió al poco tiempo señalando que había encontrado una ruta de paso al Perú, por lo que Cabeza de Vaca reunió un ejército de españoles e indígenas que partieron en septiembre de 1543 hacia el camino señalado. La expedición fue un gran fracaso pues sufrieron picaduras de especies venenosas y se quedaron sin provisiones, lo que conllevó la muerte de la mayor parte de los expedicionarios. Tras siete meses de viaje tuvieron que abandonar su empresa y volver a la ciudad. En 1544, se produjo una insurrección, los rebeldes le apresaron, y nombraron capitán a Martínez de Irala. Después de diez meses de cautiverio, Álvar Núñez fue enviado como reo a España; llegó en agosto de 1545. El Consejo de Indias inició en febrero de 1546 un proceso contra él por maltrato y como consecuencia perdió todos sus cargos y privilegios.  Le condenaron, además, a una pena de destierro en Orán.

Es en ese periodo, a su vuelta a España, cuando dictó las Confesiones. Era la prolongación natural de los Naufragios. Y así lo advirtió Álvar Núñez al pedir a la reina Isabel de Portugal licencia de impresión de ambas obras: “El un libro y el otro era toda una misma cosa y convenía que de los dos se hiciese un volumen”.

El libro de Cabeza de Vaca se ha descrito como libro de aventuras en su forma, pero pleno de realidad y verosimilitud en su contenido, entretenido por mostrar las penurias con humor y fina ironía al tiempo que la realidad de lo sufrido por su protagonista, y lo vivido y contado por los españoles en América que estuvo marcado por el sufrimiento y el dramatismo en una mayoría de casos. Ni la fe ni la patria estaban en el objetivo individual de muchos exploradores sino la búsqueda de nuevos horizontes personales, de una vida mejor, más cómoda y acomodada. Pero la riqueza no fue un común logro. Vagabundos, míseros y abandonados vivieron en un padecimiento y humillación indescriptible: resistiendo nubes de mosquitos, hambre hasta el canibalismo (que documenta por primera vez en hombres castellanos), ataques de indios insuperables con el arco, sed, hambre, golpes, muerte. Tal es la crueldad de su paso por américa, sin lograr fortuna alguna, su historia tiene la virtud añadida de contar sin alardes la realidad patética y, además, la singularidad de que un hidalgo admita haber pasado por tales trances. A otro su honor se lo impediría. A Cabeza de Vaca, no, y, gracias a ello, nos dejó otra huella de lo que fue la presencia española en América, de la bravura y aguante de los españoles, que como he dicho, no contribuye a la leyenda negra, quizá por eso no se benefició de la amistad con la imprenta de Gutenberg como si hicieron holandeses y británicos con la obra de Bartolomé de las casas.

El relato es la visión desde otro prisma de la conquista, el de la supervivencia. Tan extraordinaria es su exposición, tan duro, dramático y ameno su relato que conmovió a Felipe II. Tanto, que el rey le conmutó la pena de destierro en Orán y le concedió una pensión de 12.000 maravedíes.

Con todo, arruinado económica y moralmente, falleció entre 1559 y 1564 no se sabe si en Sevilla o en Valladolid, parece ser que en todo caso lo hizo recluido en un convento.

No fue en héroe en su tiempo y, sin embargo, es uno de los más grandes hombres que España dio a la conquista

 

 BIBLIOGRAFIA

“Relación de los naufragios y comentarios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Tomo 1 (Formato PDF)”. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. 2017

LACALLE, Carlos.  “Noticias sobre Alvar Núñez Cabeza de Vaca”. Ed. Instituto de Cultura Hispánica. 1961.

GLANTZ, Margo (coord.). “Notas y comentarios sobre Alvar Núñez Cabeza de Vaca”. Ed. Grijalbo. 1993.

(La falta de) fanatismo religioso en Felipe II

Este hilo se lo dedico a la listísima hija de mi listísima amiga Cristina, una admiradora incondicional de Felipe II.

El otro día en un programa de televisión y hablando de la actualidad, el corresponsal de un periódico británico en España puso de ejemplo, aunque no venía mucho a cuento, el fanatismo religioso de Felipe II. No hay nada como ser importante para que alrededor surjan las envidias y las malas lenguas. Así se podría describir en términos muy coloquiales lo que fue el origen de la leyenda negra que alcanzó a España y también a nuestro rey Felipe II. Porque lo de su fanatismo religioso forma parte de la leyenda negra.

Cuando Carlos V abdicó del trono en 1556, dos años antes de su muerte, dividió su imperio en dos Partes: a su hijo Felipe le entregó España, América, Italia y Flandes y a su hermano, Fernando, le otorgó el sacro imperio.

Felipe, rey trabajador e inteligente, se ocupó personalmente de los asuntos de Estado, reformó las instituciones heredadas de los Reyes Católicos dotándolas de mayor solidez, lo que le permitió, además, con gran sabiduría, hacer frente a no pocas conspiraciones internas y a engrandecer más aún el Imperio Español; siendo destacado el desarrollo de la presencia española en el continente americano y en el Pacífico, muy especialmente, en  Filipinas, no en vano el archipiélago lleva ese nombre en honor de nuestro gran rey Felipe II. Fueron sus enemigos externos ayudados por algunos internos como, por ejemplo, Antonio Pérez, o la difusión anglo-holandesa de las barbaridades dichas por Fray Bartolomé de las Casas, los que hicieron recaer una injusta leyenda negra que aún se arrastra. De ambos traidores hemos hablado aquí:

https://algodehistoria.home.blog/2020/10/30/un-traidor-antonio-perez/

https://algodehistoria.home.blog/2020/04/24/traidor-fray-bartolome-de-las-casas/

Imprenta y propaganda fueron los medios de una leyenda nacida de los deseos de independencia, de hacerse con las rutas comerciales españolas o engrandecer sus posiciones en Europa de, respectivamente, Holanda, Inglaterra y Francia. Entre las críticas recaídas sobre nuestro rey y convertida en leyenda está la acusación de fanatismo religioso, conservadurismo extremo, arrogancia y crueldad. Todo ello muy ajeno a la realidad.

Cuando murió Felipe II el Imperio Español era el más extenso del mundo, con territorios europeos, posesiones americanes, africanas y asiáticas, los ingleses empezaban a prosperar, pero aún debían esperar muchos años para poder alcanzar un dominio del mundo que pudiera conllevar la denominación de imperio. Se habla mucho de la derrota de la Armada Invencible, pero poco de la derrota de la Contra armada británica a manos de los españoles poco después. https://algodehistoria.home.blog/2020/10/23/la-contra-armada-inglesa/

El único imperio que hacía sombra a la visión imperial española durante algunos años era el de Portugal, y en 1580 Felipe II se anexiona Portugal, en la Unión Ibérica, lo que hace confluir los dos grandes imperios ultramarinos de la Península en uno sólo, bajo el mando de Felipe II. Como para no cogerle tirria si eras inglés o francés

Durante el reinado de Felipe II, los conflictos con Francia continuaron hasta que se produjo la victoria de los tercios españoles en San Quintín (1557), y la firma de la Paz de Cateau-Cambresis (1559) iniciándose un periodo de tranquilidad militar.

Pero el desgarro interno europeo provenía del protestantismo. La reforma protestante contra la que tanto batalló su padre, seguía dando que hacer.

Que mejor cosa en ese ambiente que calificar a Felipe II de fanático religioso.

Lutero fijó sus 95 tesis, enfrentándose al papado, negando los dogmas católicos y los sacramentos, el culto a la Virgen María y a los santos. Sus escritos se difundieron rápidamente, gracias a la imprenta de Gutenberg y a que los príncipes alemanes vieron una oportunidad política en esta ruptura con Roma para conseguir más poder oponiéndose al Papa y a Carlos V, emperador de Alemania, Rey de España y Nápoles. Lo que continúa con su hijo Felipe. A esa oportunidad se unen los holandeses buscando también su independencia.

No fue el único movimiento anti papado. En Francia, Calvino, más intransigente y radical que Lutero, si cabe, encabezó otro movimiento reformista y rupturista, extendiéndose rápidamente a otros países. Pero el protestantismo en Francia acarreó años de enfrentamientos civiles en las guerras de religión. Felipe II apoyó a los católicos frente a los hugonotes (protestantes seguidores de Calvino), especialmente ante las pretensiones al trono de Enrique de Borbón, que era hugonote. En 1593, Enrique se convirtió al catolicismo, subió al trono como Enrique IV- “París bien vale una misa”- y España y Francia firmaron la Paz de Vervins en 1598.

Para completar el mapa religioso europeo del S XVI, hay que mencionar que en Inglaterra aparece el anglicanismo al negar el Papa el divorcio del rey Enrique VIII de su legítima esposa Catalina de Aragón y, con ello, legitimar el matrimonio con Ana Bolena. El monarca rompe con Roma y se autoafirma cabeza de la iglesia.

Que la corrupción se extendía por la Iglesia romana, era evidente desde hacía tiempo. Por ello, en España, el Cardenal Cisneros con el apoyo explícito de la Reina Católica realizó una profunda reforma de la vida eclesiástica, buscando un modelo moral más acorde con el mensaje evangélico. De hecho, si Lutero no hubiera sido un intransigente y sin el apoyo político alemán nunca se hubiera desarrollado su herejía, pues los problemas se podrían haber arreglado internamente. Intentos hubo, el más importante el Concilio de Trento, iniciado bajo el gobierno en España de Carlos V y terminado bajo el de Felipe II. El concilio no logró reunir a sus hijos cristianos, pero sí fortaleció a la contrarreforma, al papado y puso los basamentos para ejecutar una genuina reforma interna de la Iglesia.

En España, los acuerdos de Trento se declaran de obligado cumplimiento en una pragmática de 1564. Asimismo, se promulgaron leyes para vetar la importación de libros y se limitó el derecho cursar estudios en el extranjero. Para asegurar su cumplimiento, la Inquisición publicaba un índice de libros prohibidos y registraba bibliotecas. Además, numerosas órdenes religiosas contribuyen a la educación y la enseñanza. La Compañía de Jesús, entre otras, ayudó a difundir la doctrina católica por Europa y América mediante una amplia labor educativa, fundando escuelas y universidades. Precisamente la labor evangelizadora española está presente desde los tiempos de la llegada de Colón a La Española y en todas las expediciones promovidas por la monarquía hispana hay un grupo de frailes cuya misión es evangelizar, como ya vimos en Filipinas y China. https://algodehistoria.home.blog/2022/03/25/andres-de-urdaneta-y-el-tornaviaje/

España se pone al frente de la cristiandad en apoyo del papado, pero no es menos cierto que en el Siglo XVI nadie concebía una unidad nacional, estatal, sin la misma unidad religiosa. Felipe II no era más fanático que los demás monarcas coetáneos. En ningún momento o lugar en aquella época era concebible la libertad de pensamiento o de culto.

Es más, gracias a la actuación de Felipe, que no quería para España unos enfrentamientos como los de otros lugares, la vida religiosa en nuestro país fue mucho más tranquila que en otros lugares. Como señala Kamen[1] la herejía protestante había causado poco impacto en España y así siguió y no porque la Inquisición española fuera más cruel que otras – ya vimos un interesantísimo reportaje de la BBC ( https://algodehistoria.home.blog/2020/07/10/el-mito-de-la-inquisicion-en-espana/ ), difundiendo lo que es una verdad histórica comprobada, que nuestra Inquisición fue mucho más justa y liviana que la holandesa o la de otros países-, es más, fue el Rey quien se ocupó de que el Santo Oficio se condujera por caminos de mayor justicia. Felipe había visto los efectos de las guerras de religión en Europa y no quería nada igual para España. Se sabe, por ejemplo, que en 1559 los ingleses, bajo el mandato de la Reina María, habían ejecutado a casi tres veces más herejes que en España. En Francia, bajo Enrique II, se habían ejecutado al doble de personas que en nuestro país y en los Países Bajos eran diez veces más los sacrificados en nombre de la fe.

Fue la presencia de los turcos de Solimán el Magnífico y su amenaza al papado y a todos los católicos lo que hizo que Felipe II avanzara aún más en su condición de Príncipe de la cristiandad. No era un problema de fanatismo religioso, como ya vimos en la entrada sobre Lepanto: https://algodehistoria.home.blog/2021/06/18/lepanto/

Se trataba simplemente de que eran ellos o nosotros. El mundo occidental tal y como lo conocemos se lo debemos a aquella victoria de la Santa Liga. Victoria que debemos al Papa, a los estados italianos, especialmente a Venecia, y, sobre todo, a Felipe II, porque ni alemanes, ni franceses ni ingleses colaboraron en sofocar aquel peligro. Al contrario, consideraban más importante la merma de poder de España que la defensa de su propia integridad y de los valores greco-romanos y judeo-cristianos que habían conformado nuestra civilización europea. Habría que meditar dónde residía el fanatismo.

Suele señalarse que, Felipe II fracasó en extirpar el protestantismo, pero quizá sería más adecuado, como hace Pío Moa[2], decir que los “protestantes fracasaron en su afán de extirpar el catolicismo, pues de ellos había partido la agresión a una religión ya establecida siglos atrás.  Felipe, en definitiva, mantuvo católica la mitad sur de Europa, y aunque no derrotó por completo a sus enemigos sí marcó los límites a su expansionismo, del mismo modo que lo hizo con el Imperio otomano. Libró a España de guerras internas como las de Francia, que   causaron unos cuatro millones de muertos y devastaron regiones enteras, y que se habrían propagado a nuestro país de haber permitido la victoria de los calvinistas franceses.  Teniendo en cuenta el poder y empeño, por así decir fanático, de sus enemigos, no fue un pequeño logro.”

Felipe II fue un gran rey católico, con auténtica fe, aunque algunos historiadores como Joseph Pérez afirmen que Felipe II utilizó la religión para justificar su imperialismo. Muchos otros consideran que el imperialismo le venía de cuna, si bien obvian que la fe ha de mantenerse por uno mismo. Una de las manifestaciones de esa fe católica de Felipe II y muy alejada de la frialdad y fanatismo que nos han querido contar está en el hecho de que fue un gran amante de las artes, un gran mecenas y uno de nuestros reyes más cultos. En su imperio territorial se fraguó un imperio cultural como fue el siglo de oro en el que la religión tuvo una presencia destacada. No sólo en la literatura se manifiesta la fe católica, lo hace en el mecenazgo de pintores que transmitan valores religiosos en sus obras o en la Arquitectura. La España cabeza de la cristiandad está en el ambiente. Recordemos en este sentido y a modo de ejemplo, la obra de Tiziano: “La Religión socorrida por España”. La pintura conmemora la actuación de la monarquía hispana en la batalla de Lepanto. En la obra España acude en ayuda de la Religión, defensora de la Fe Católica contra todos sus enemigos y no sólo contra el turco, pues las serpientes simbolizan la herejía protestante.

En la pintura España aparece armada con coraza, lanza y escudo y toma de la mano a una mujer que porta una espada (la Justicia). Al fondo, en el mar, figura un carro conducido por Poseidón con un amenazador turbante turco.

En otro orden artístico: arquitectura, destaca el Monasterio de El Escorial. En el Monasterio se muestra la fe profunda del rey. Cada cuadro, cada obra, la propia planta del edificio y los jardines responden a los intereses de la contrarreforma católica. Edificio del que Fray José de Sigüenza (asesor de Felipe II, miembro de la Orden jerónima y bibliotecario real en El escorial. Realizó el sermón que inauguró el Monasterio, entre otras muchas cosas), dijo: “Obra tan santa, tan pía, tan llena de cristiandad y de tantos provechos para todo… Donde se conserva tanta hermosura de pinturas e imágenes”. No es casualidad que sus obras empezaran en 1563, año de la clausura del Concilio de Trento. Tampoco fue casualidad que la orden religiosa a la que el rey encomendó la custodia del monasterio fuera la Orden jerónima. Precisamente San Jerónimo representa la verdadera fe, siendo además el traductor de la vulgata, único texto autorizado de la Biblia en el Concilio de Trento.

Llamar fanático a Felipe II es no comprender su posición: fue testigo de los desastres de las devastadoras guerras de religión en Francia, Alemania y Flandes, y de la sangrienta persecución a los católicos en Inglaterra e Irlanda. Amén del peligro del turco y el posible fin de la Cristiandad si no se les paraba.

De hecho, en los últimos años, la historiografía, incluso la anglosajona, (Pierson, Maltby, Parker, Thompson y Kamen) ha revisado sus posiciones y puesto en cuestión los tópicos negativos sobre Felipe II. Se destaca una imagen más exacta y ecuánime en la figura del gran monarca español en todos los órdenes: hombre, rey y mito.

Hay que explicárselo a algunos gacetilleros.

BIBLIOGRAFIA

KAMEN, Henry. “Felipe de España”. Ed. SXXI. 1997.

PÉREZ, Joseph. “La España de Felipe II”. Ed Crítica. 2000.

MOA, Pio “Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI”. La esfera de los libros. 2010

[1] Henry Kamen. “Felipe de España”. Ed. SXXI.

[2] Pio Moa “Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI”.

¿POR QUÉ DEBEMOS ESTUDIAR HISTORIA?

Mucho se ha hablado en estos días de la modificación del currículo escolar español que afecta a diversas asignaturas, entre otras de manera muy importante a la Filosofía y a la Historia.

De nuevo traigo a colación a mi querido profesor Ferrero y su “dádmelo morto”, para diferenciar la historia del periodismo. Efectivamente, este es un blog de Historia y de análisis histórico y por eso trataremos el tema desde la Historia. Ya hemos tenido entradas sobre el valor de la historia explicando el método científico de análisis histórico y la Ley de memoria histórica, que a partir de ahora se llamará democrática (se ve que hacernos olvidar- una parte de nuestro pasado- es más democrático que recordar; y establecer un sistema de fuentes científico es peor que la subjetividad de los recuerdos de cada cual).

A la hora de abordar el tema de hoy no quiero incidir en la causa final, citando a Aristóteles, es decir, en el objetivo último de este cambio. Simplemente me centraré en las consecuencias que para el conocimiento tendrá el mismo.

Desde un punto de vista formal y material, que no teleológico, dos son los cambios más destacados en el currículo escolar en lo referente a la asignatura de historia: 1) no se debe estudiar de manera cronológica y 2) sólo se estudiará la Historia de España de 1812 en adelante.

La barbaridad es enorme. Para explicar mi posición voy a tomar diversos ejemplos, se podrían poner otros miles, pero, para comprender qué pasa cuando sólo se estudia, y no completa, la edad contemporánea, más la española que la universal, voy a poner ejemplos de absoluta actualidad.

Todos leemos estos días noticias sobre la invasión de Ucrania y nos planteamos conocer algunos antecedentes, bien sean de la Segunda Guerra Mundial, bien posteriores, como la invasión de Hungría el 1956, o la primera guerra de Crimea en 1853, que trajimos aquí a colación. Pero el conocedor de Historia sabe que, en el ámbito de las relaciones internacionales, los países tienen unas constantes en su actuación que no se difuminan con el tiempo. Así, el expansionismo territorial o la búsqueda de salidas a mares de aguas cálidas son algunas de las constantes rusas más destacadas y que ya se daban, por ejemplo, en Pedro I el Grande, Catalina II la Grande, Nicolás I, en Alejandro III o Stalin, estos hechos tienen una correlación histórica, si no se conoce las obras de cada uno de ellos, no se entiende la de sus sucesores. Una cosa es que puedan tener otros modos de enlace o estudio, pero los hechos influyen unos en otros y no se entienden los segundos sin acceder previamente a los primeros. Si Putin busca recuperar el imperio ruso de la URSS o el de los zares, hay que analizar qué pasó antes de ahora y por qué.

La primera guerra de Crimea trajo a España una subida de precios y de impuestos que generaron gran malestar. Hay acontecimientos que se parecen como dos gotas de agua y la situación de subida de precios actual no originada sólo en la guerra de Ucrania, pero sí influida de manera importante por ella, puede entenderse mejor si vemos los levantamientos contra los impuestos en el bienio liberal español por culpa de aquella guerra en Crimea de 1853-56 y, si bien, siguiendo los razonamientos de Heráclito, «ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos»,  no podemos negar similitudes fundamentales que conviene tener presentes para, como bien señalaba Napoleón en sus acotaciones al “Príncipe” de Maquiavelo, “hay que conocer la Historia para no volver a cometer los mismos errores”.

¿Cómo entender la historia de las relaciones internacionales sin asentarse en los principios básicos del derecho internacional reflejado en los tratados internacionales o en las instituciones internacionales? Y ¿cómo acercarse a ellos sin asimilar los orígenes del Derecho de Gentes,  “jus Inter Omnes gentes”,  en la Escuela de Salamanca Española, en los postulados del Padre Vitoria  y con ella en la presencia española en América y el humanitario trato dispensado a los indios, o en la teoría de los justos títulos, todo desarrollado bajo el mandato directo de la Monarquía española, tanto por de los Reyes Católicos como por Carlos I? En un simple párrafo hemos demostrado el enlace entre acontecimientos presentes que tienen su raigambre en nuestra Historia más gloriosa: la de la llegada a América, su evangelización, culturización y la presencia mayúscula de los Reyes Católicos y nuestro emperador, nuestra influencia en el devenir jurídico del mundo… y que en nuestro programa escolar dejarán de estudiarse. Nuestros futuros bachilleres, si no hacen un esfuerzo por sí mismos, no sólo no sabrán Historia, es que no entenderán el periódico, las noticias diarias.

Si no se conoce la Historia de la antigüedad se desconocerá la versión de Trucídides sobre la guerra del Peloponeso (431-404 a de c.) se ignorarán las consecuencias de la tensión creada entre una potencia emergente (Atenas) frente a una potencia en declive (Esparta) y como el temor a ser relevado del mando puede desembocar en una guerra. Con este antecedente se entiende mejor las tensiones actuales entre China y USA tanto por Taiwán y el dominio del Pacífico como sus posiciones frente a Rusia en la invasión de Ucrania.

Tampoco podríamos explicar los imperios orientales de China o de Japón sin la llegada a aquellos mares de los portugueses y españoles en el siglo XVI. Tampoco, sin entender la habilidad de Felipe II para no enfrentarse a Portugal innecesariamente y así acabar dominando enclaves esenciales en el Pacífico. No estudiar al gran Felipe II es no poder realizar interacciones entre la Historia de España, y la de América, África y el Pacífico. Y no comprenderíamos el alcance de esas interacciones si desconocemos la importancia de la “Unión Ibérica” lograda por Felipe II en 1581 que trae causa de los acuerdos, en este caso matrimoniales, firmados en el Tratado de las Alcazobas por los Reyes Católicos y el Rey de Portugal el 6 de marzo de 1480.

Cómo explicar nuestros problemas actuales con Marruecos sin contar que el norte de África fue territorio romano después de cartaginés, olvidando la importancia del Califato Omeya con su gran capital, Córdoba, en el siglo VIII. Cómo explicar la caída de ese Califato y la sumisión de aquel territorio norteafricano en un lugar sin dueño a manos de tribus bereberes y beduinas nómadas que estaban de paso, sin estudiar la Reconquista. Cómo explicar la españolidad de las Canarias, Ceuta y Melilla sin saber que fue aquel Tratado de Alcazobas y su especificación posterior en el de Tordesillas, de 7 de junio de 1494, con el reparto de los mares y las tierras en virtud de los paralelos terrestres,  el que determinó la distribución de la costa africana entre España y Portugal; el que permitió el asentamiento español en Melilla en el siglo XV (1497),  en el Peñón de Belez, en Orán y en otros muchos territorios y, además,  preservó nuestra presencia en Ceuta que ya era española en 1415.

Y, en directa conexión con lo anterior, si sólo se estudia la Historia de España desde 1812 y no se atiende con cierto detenimiento a la historia Universal cómo describir los resultados de la Conferencia de Berlín en 1885, los procesos de colonización y descolonización, los enfrentamientos internos en Alemania entre los posicionamientos de Bismark y las del Káiser Guillermo II con respecto a la colonización de África, los acuerdos franco-alemanes por aquellos territorios, las consecuencias que aquello tuvo para nuestra ubicación en Marruecos,  la correlación de fuerzas entre la presencia francesa y la española en el norte de África,  nuestro protectorado en Marruecos y en el Sahara, la perdida de aquellos lugares… y sin referenciar las consecuencias de la I Guerra Mundial, por ejemplo, con la disposición de las colonias africanas en fideicomiso, no se profundizará en la presencia española en sus territorios norteafricanos ni en Guinea a pesar de la neutralidad de nuestro país en las guerras mundiales ni por supuesto otros muchos acontecimientos que quizá no tienen tanta relación con España pero sí con la organización geoestratégica posterior, como el desarrollo militar de la II Guerra Mundial, en especial, con la Guerra del desierto.

España no ha estado aislada del mundo, al contrario, ha sido una pieza esencial en la configuración geopolítica actual del Orbe, no pueden nuestros bachilleres limitarse al estudio de la edad contemporánea sin percatarse de la importancia de nuestro pasado porque sin él no se entiende España como Nación ni política ni histórica ni cultural. No se puede concebir la defensa de la nación en el levantamiento de 1808, ni la constitucionalización de la soberanía popular en 1812 sin saber de dónde venimos. Los madrileños dieron el primer aldabonazo contra el invasor conscientes de lo que era España, la Junta de Asturias se reunión en defensa de la Nación española y las Cortes de Cádiz definieron nuestro futuro liberal por la conciencia común de lo que habíamos construido todos juntos desde muchos siglos antes.

Pero sin esos precedentes, tampoco se alcanza a ver el porqué de esos acontecimientos que para algunos parecen prevalecer sobre los demás. Hablo de la caótica primera República, de la crisis del 98, de las guerras en Marruecos en los años 20 y con ello de la dictadura de Primo de Rivera y la catastrófica Segunda República que nos lleva a la peor de las crisis nacionales: la Guerra Civil.

Sin el conocimiento de todo eso, no se entiende España. Pero, sin España, no se entiende Europa. Esta Unión europea, hoy más unida que nunca en la adversidad, tiene su esencia en los principios greco-romanos y la tradición judeo-cristiana. Al implantarse el cristianismo en el Imperio romano, apareció una Europa cristiana en su pensamiento, instituciones y cultura, cuyas fuentes se concretaron en la concepción filosófica y jurídica greco-romana y la tradición religiosa judía y el legado cristiano centrado en el Nuevo Testamento y en la figura de Jesús de Nazaret. Atenas da origen al logos griego que determina la racionalidad universal. Crea las ciencias especulativas y positivas y promueve la filosofía, el humanismo, el arte y la arquitectura. Roma simboliza el Derecho, la épica conquistadora y la organización política. El sacro imperio une las ideas de poder y orden jurídico clásico con el religioso, teniendo al Papado como baluarte defensivo de esos valores tradicionales. Las cabezas defensoras de esa idea de cristiandad con todos los valores inherentes a la tradición serán, esencialmente, los Reyes españoles, desde el inicio de la Reconquista, la batalla de las Navas de Tolosa (1212) o la creación del Camino de Santiago, pero, sobre todo, serán Carlos V y Felipe II- fundamental en la victoria de Lepanto (7 de octubre de 1571)- los que permitan que Europa siga siendo cristiana y que los valores humanitarios y de derecho natural que fundamentan nuestra vida y Derecho puedan perdurar. A ellos y por desarrollo de esos principios, se une en el S XVIII la Ilustración y su difusión mediante la Revolución Francesa y las invasiones napoleónicas.  Todos ellos y sus valores trajeron las democracias que hoy tanto cuesta mantener. Por eso, a Zelenski, nuestro admirado presidente ucraniano que tanto hace por la defensa de esos valores que son nuestra vida cabe decirle que él y sus conciudadanos son todo un ejemplo, pero, también, que frente a lo que dijo ante el Parlamento de los Países Bajos, Felipe II no fue un tirano.

El desconocimiento de la Historia no sólo limita el saber de esa materia. Sin ese conocimiento histórico nadie entenderá la literatura ni el arte ni otras ciencias. Así, por ejemplo, sin el Imperio español, no se entenderá del siglo de Oro literario y artístico; sin la perdida de América y la crisis del 98 no se profundizará en la generación del 27…, porque todos los conocimientos están interrelacionados. Si se cercena uno, se cercenan los demás.

Por todo lo que he señalado y por otras muchas cosas que se podían decir, una reforma que se limita a lo contemporáneo, sin antecedentes, sin cronología, generará, más allá de otro tipo de maliciosas o torpes intenciones, más división entre las personas. Porque cualquier alumno español que proceda de una familia con cierta formación o para aquellos que tengan mayor capacidad para pensar y estudiar alcanzarán los conceptos anteriores mediante su propio esfuerzo, que en algunos casos será titánico, y siempre extraescolar, mientras que los más torpes o los que vivan en un ambiente menos propicio a las humanidades se quedarán anclados en un sinsentido, se quedarán sin una explicación convincente envuelta en un presentismo anacrónico y absurdo. Quizá los primeros puedan volver los ojos a Ortega y Gasset y decir de nuevo “no es esto, no es esto”, pero el resto caerá en las fauces de la dominación del poder que Foucault desentrañaba en su “microfísica del poder” cuando afirmaba que cada ser humano no es el representante del Estado, pero, para que manifieste el poder el Estado, es necesario que haya un adulto que muestre su dominación a un niño. Ejercida esas acciones de poder sobre los niños, estos, de adultos, las ejercerán sobre sus hijos y así hasta configurar una sociedad sometida. Antes de llegar a ese punto, señalaba el filósofo francés, tendrán un papel esencial los intelectuales para, en el terreno del saber y de la verdad, ejercer una tarea didáctica que revierta ese poder estatal que manipula y extorsiona. Pero para eso tiene que haber intelectuales y la Ley de educación española quiere acabar con todos ellos.

REVOLUCIONES CONTRA LOS IMPUESTOS EN ESPAÑA: LEVANTAMIENTOS EN EL BIENIO PROGRESISTA (1854-56)

En nuestra historia hemos tenido muchas revueltas sociales por la carestía de la vida, muchas de ellas causadas por la subida de impuestos, así, a modo de ejemplo, podemos nombrar el Motín de Esquilache, del que ya hablamos aquí, https://algodehistoria.home.blog/2020/01/24/el-motin-de-esquilache/ cuyo inicio fue la subida del precio del pan y de la cera de las velas por razones, entre otras, impositivas. O, en otro curiosísimo ejemplo, el levantamiento encabezado de María Castaña o Castiñeira en la provincia de Lugo en el S XIV (1386), contra los impuestos que quería cobrar el obispo de Lugo. Esta María Castaña es la que ha dado lugar a la expresión popular de “en tiempos de Maricastaña”.

Pero una de las revueltas fiscales más importantes de nuestra historia, aunque un tanto incomprensible en cuanto a sus orígenes se produjo en España a lo largo del Bienio Progresista (1854-56). https://algodehistoria.home.blog/2022/01/28/la-guerra-de-crimea/

Coincidiendo con la guerra de Crimea, se produjo un doble movimiento, por un lado, el aumento de la venta de grano y trigo castellano, al dejar de producir Rusia, y de otro una escasez de trigo en España por las exportaciones, a lo que se unió una subida de precios por culpa de la imposición, el avance del cólera importado desde el norte de Europa y la pérdida de gran parte de la cosecha a causa del pedrisco. La región que más sufrió la prosperidad primera y la crisis posterior fue Castilla. Pero, al tiempo, acontecía un hecho trascendente, el conflicto obrero que se dio en la pequeña industria, de manera significativa, aunque no única, en Cataluña, sobre todo, en las fábricas de Barcelona donde proliferaron las primeras asociaciones obreras y donde se produjo el levantamiento por la aparición de máquinas que realizaban el hilado frente al hilado a mano (conflicto de las selfactinas. Nombre que proviene del término inglés “self-acting”). Fue una manifestación contra el mecanicismo y la primera huelga general que se produjo en España- 1855-.

Salvo contadas excepciones, no se trataba de conflictos de subsistencia al antiguo modo sino una conflictividad social exacerbada en un momento, en el que, por otra parte, existió cierta prosperidad, por lo menos en amplios sectores. Fue un enfrentamiento entre antiguos y nuevos usos de producción, por una mala planificación económica del gobierno que dejó escasez en los mercados nacionales y una muestra de disconformidad social por un sistema impositivo desmesurado, sobre todo, más que por el incremento de los tributos directos, por la recaudación indirecta del odiado impuesto de Consumos y los Derechos de Puertas. Todo esto provocó una oleada de conflictividad social con más de 200 motines, sin que el Gobierno de Espartero pudiera atajarlo y donde los modos de levantamientos urbanos se trasladaron a las protestas campesinas: algaradas callejeras y asonadas en los que perdieron la vida varias decenas de personas con una violencia desmedida en los revolucionarios y en los “apaciguadores”.

Veamos los sucesos con mayor detenimiento.

El nuevo sistema fiscal provenía de la reforma de la Hacienda Pública llevada a cabo por Mon y Santillán de 1845. Esta reforma contempló una nueva tipología de impuestos, algunos directos y dos indirectos sobre el comercio interior, el de Consumos y los Derechos de Puertas. Ambos eran herederos de viejas figuras tributarias, las alcabalas que fue el impuesto más importante del Antiguo Régimen español, que grababa el comercio, y “millones y cientos que era un impuesto sobre el vino, vinagre, aceite, carne, jabón y velas de sebo que instituyó Felipe II en 1590.

En el Siglo XIX, se generalizó la contribución sobre consumos, (Contribución General de Consumos) que gravaba una veintena de productos básicos, de “comer, beber y arder”. A cada Ayuntamiento se le asignaba una cantidad anual que debía remitir a la Hacienda pública. De esta manera, esta contribución se convirtió en la principal fuente de ingresos, tanto de la Hacienda nacional, como de las locales. Los consumos generaron muchos problemas, la polémica principal tenía que ver con el hecho de que gravaba productos de primera necesidad, afectando a las clases populares. Los consumos encarecían el precio final de los productos, pero, además, su recaudación generaba una clara desigualdad, ya que los grandes propietarios y comerciantes podían zafarse del pago de los consumos gracias al fraude. Por si fuera poco, el sistema recaudatorio no lo ejercían directamente los municipios, sino que empleaban como intermediarios a las llamadas “empresas de puertas”, que llevaban a cabo la recaudación en nombre de las haciendas locales, con un trato humillante al ciudadano y originando, además, un proceso inflacionista.

Por si fuera poco, el Ministerio de Hacienda, en su intento de mejorar la situación de las Haciendas locales en estado agónico desde hacía décadas, autorizaron a los Ayuntamientos a fijar nuevos derechos sobre la entrada y consumo de mercancías en sus localidades hasta igualar lo recaudado por la Hacienda y a financiar el déficit hacendístico mediante arbitrios sobre artículos cuyo consumo no gravaba la Administración central con la única condición de que no fuesen de consumo imprescindible, retórico requisito que rara vez fue respetado[1].

Sin embargo, los problemas surgieron por las desigualdades en que incurrió la Hacienda en el reparto territorial de la carga tributaria provocando encendidas protestas locales sobre todo en Castilla, a las que el Gobierno no hizo caso en un primer momento. Fueron los jornaleros castellanos y leoneses los que, debido a los cálculos realizados por la Hacienda a tenor de las ventas de cereal de años anteriores, pagaron en 1855 y 1856 en torno a un 20% más que el resto de España, lo que en el caso de Palencia se elevó por encima del 70%, cuando, ya en 1856, los ingresos habían disminuido en más de un 17%.[2]

Además, el descontento por la subida de impuestos y su consiguiente subida de precios venía de antiguo. Las obras públicas que emprendió Bravo Murillo desde 1851 y que a la larga supusieron una gran mejora en las comunicaciones y servicios de transporte de mercancías y ciudadanos y, con ello, un gran avance integrador de España, tuvieron un elevado coste que obligó a un incremento de la presión fiscal, lo que originó un enorme malestar social, que Bravo Murillo intentó paliar con concesiones fiscales a los menesterosos y con un endurecimiento de la política de orden público. Los mayores incidentes de aquellos primeros años cincuenta se dieron en Andalucía y Valencia.

Los sucesivos gobiernos y ministros de Hacienda y de Gobernación de la época no acertaron en su intención de enderezar la situación del Erario. Unos prometían acabar con los impuestos indirectos, otros como Sartorius, Conde de San Luis, a fomentarlos y a incrementar el gasto en obras públicas que no se ejecutaron, pero sí proyectaron y “curiosamente” tuvieron gastos que sólo beneficiaron a determinados miembros del Gobierno.

Es más, el afán recaudador de la Hacienda del Estado llevó a crear el cuerpo de Agentes de la Administración provincial de Hacienda en 1853 cuya finalidad era acabar con el fraude fiscal en el sector industrial, y aunque su tarea no iba dirigida a las harineras ni al campo si afectó a la vida rural y a los pequeños propietarios. La población rural tenía que hacer frente al pago de unos tributos abusivos y a la consiguiente subida de los precios, lo que creó problemas de subsistencia en el noreste español. En castilla, se complicó la situación por el enfado de los pequeños industriales, ganaderos y pequeños jornaleros.

Pero ni toda la presión fiscal era suficiente para atender las necesidades de un gobierno manirroto y corrupto. Las arcas del estado estaban vacías. No se podía ni pagar el sueldo de los funcionarios. El Banco de España se negó a seguir monetarizando la deuda. La situación era desesperada, cuando las tropas inglesas y francesas entraron en guerra en Crimea, en septiembre de 1854, el incremento de las exportaciones alivió las arcas de la Hacienda y logró calmar los ánimos en Castilla, no sin ciertos levantamientos en Burgos, Segovia y en otras poblaciones, especialmente en la frontera portuguesa,  por la política de exportación de grano castellano que  dio lugar a que se arrancaran viñedos para plantar trigo, que era el producto que generaba más ingresos, originando un aumento del paro en los jornaleros vitivinícola. Pero no sólo en Castilla hubo altercados, en otras zonas de España también existieron sublevaciones, conocidas fueron las de Zaragoza.

La tensión se contuvo durante unos pocos meses, pero, al poco tiempo, se recrudeció a lo largo y ancho de toda España. Tras varios ministros e intentos de arreglar la situación con muy poco éxito, los levantamientos se sucedieron durante 1855, con huelga general convocada en Barcelona, levantamientos en Zaragoza, Calatayud, Santiago de Compostela… sólo Castilla estaba aparentemente tranquila, pero más por la epidemia de cólera que se extendía por la región que por falta de descontento. Los artesanos urbanos protestaban también por su mísera condición. De ahí que fuera Burgos la primera ciudad castellana en sublevarse, dando lugar a decretar el Estado de Sitio en la Capitanía General de Burgos y someter al resto de las provincias castellanas a similares cautelas, pero los Universitarios vallisoletanos desafiaron a la epidemia y a la Guardia Civil, al igual que los ciudadanos de Palencia y Zamora.

Los progresistas, que habían llegado al poder aupados por la ciudadanía, se veían ahora abocados a perder el poder en manos de los propios ciudadanos hartos de su manirroto proceder.

Con estos altercados se llega a 1856 y al fin de la guerra de Crimea, lo que hace disminuir el precio del pan en España. Por poco tiempo, puesto que la propia dinámica de la postguerra impide que las cosechas rusas tengan la producción deseada, con lo que se vuelve a las exportaciones castellanas, a la escasez de pan y a la subida de precios. La primera ciudad en la que carestía hizo saltar las revueltas fue Valencia. A ella se unieron otras, con gran crudeza las castellanas. Los ciudadanos para demostrar su hartazgo por los impuestos y la escasez, quemaron talleres y campos. Las revueltas fueron sofocadas con gran dureza; en Castilla el Capitán General y sus tropas detuvieron durante las jornadas de los días 23 y 24 de junio de 1856 en Valladolid, Medina de Rioseco y Palencia a algo más de medio millar de personas, acusadas de sedición, que fueron juzgadas a las pocas horas de su arresto por tribunales militares, con arreglo a la Ley de abril de 1821 y sin ninguna garantía procesal. El día 25 de junio comenzaron las ejecuciones.

La revuelta se extendió con extraordinaria rapidez al resto del país a finales de junio. El Gobierno recibió partes de levantamientos en Torrelavega, Comillas, Albacete, Gijón, Palma de Mallorca, Granada, Pontevedra, Toledo, Badajoz, Alcoy, Riotinto, Cuenca, Tortosa, Vigo, Murcia, Manises, Bilbao, Sigüenza, Guadalajara, Barcelona y hasta un centenar de localidades más, en la mayor parte de los casos, coincidiendo con la celebración de la festividad de San Pedro (29 de junio). Fábricas de harinas y de hilados, plazas de toros y fielatos en los cuatro puntos cardinales ardieron en protesta por la carestía y en homenaje a los héroes de Castilla, como rezaban los pasquines repartidos por todo el país.

Para O’Donnell aquella situación era insostenible y consideró llegada la hora de deshacerse de Espartero y cortar aquella marejada activada desde enero de 1856 por la llegada de Escosura al ministerio de Gobernación. Se produce un choque frontal en el Consejo de Ministros entre O’Donnell y Espartero, ambos presentan la dimisión, pero la Reina no acepta la de O’Donnell. Era el mes de julio de 1856. Pero el bienio progresista también era obra de O’Donnell y su presencia al frente del gobierno creaba poca confianza en las Cortes y en la población, así, en octubre de 1856, cayó también su gobierno. El bienio progresista había acabado.

La paz fue llegando poco a poco, en unos movimientos sociales más de protesta por la actuación del Gobierno y el caos de precios que por crisis de subsistencia. En términos generales fue una época de prosperidad, aunque con sectores muy maltratados. Fue una prosperidad mal repartida; se podría haber llegado a una mayor comodidad social si la eficacia del gobierno hubiera sido mayor y, sobre todo, la corrupción, menor. De este modo, se perdió una oportunidad de modernización y mejora de España, que podría haber tenido unos cauces más adecuados. Siendo una época de prosperidad, un mal gobierno determinó carencias y enfrentamientos que generaron en un auténtico caos.

BIBLIOGRAFÍA

COMÍN COMÍN, Francisco. “Historia de la Hacienda Pública II. España (1808-1995)”. Ed. Critica. 1997.

PAN-MONTOJO, J. «Lógica legal y lógica social de la Contribución de Consumos y los Derechos de Puertas». Servicio de publicaciones del Ministerio de Hacienda. 1994.

PALACIO ATARD, Vicente. “Historia del Siglo XIX. 1808-1898”. Ed.  Espasa-Calpe. 1981.

[1] COMÍN COMÍN, Francisco. “Historia de la Hacienda Pública. España (1808-1995). Pag 193-213

[2] PAN-MONTOJO, J. «Lógica legal y lógica social de la Contribución de Consumos y los Derechos de Puertas»

ANDRÉS DE URDANETA Y EL TORNAVIAJE.

La grandeza de la Historia de España no se entendería sin personajes excepcionales. Hoy traigo a colación a una de esas personas que siendo de una brillantez y capacidad enormes, es muy poco conocido por el público en general. Otra muestra más de lo mal que se estudia la Historia de España y de lo mal que recordamos a nuestros héroes.

Héroes los hay de muchas formas, no sólo el que batalla con valentía, también lo es o el que tiene la inteligencia, capacidad de estudio y arrojo de encontrar soluciones científicas a su quehacer. Entre estos destaca Andrés de Urdaneta.

Andrés de Urdaneta nació en Ordizia (Guipúzcoa) a finales de 1507 o principios de 1508. Sus padres, Juan Ochoa de Urdaneta y Gracia de Cerain, pertenecían a la burguesía goierritarra, lo que les permitió dar una buena educación a su hijo. Que ya desde pequeño destacó por su talento, agudeza y capacidad para el estudio y la observación

Andrés, se embarcó por primera vez, con 17 años, en la expedición que García Jofre de Loaysa dirigió con la intención de colonizar las islas Molucas, ricas en especias, cuya propiedad se disputaban España y Portugal. Las especias era una de las fuentes de riquezas de la época y todos querían apropiarse de ellas. La expedición salió de La Coruña el 24 de junio de 1525 y entre sus integrantes figuraba Juan Sebastián Elcano además de nuestro protagonista. Elcano mandaba la nave Sancti Spiritus, en la que embarcó Urdaneta, en un cargo sin especificar, pues, aunque por edad, podría pensarse que entró de grumete, la verdad es que su formación le llevó a empresas más elevadas como lo demuestran hechos como los siguientes: firmó como testigo documentos trascendentales como el testamento de Elcano (todos los marinos hacían testamento antes de embargarse y, en este caso, con gran sentido porque Elcano murió en esta travesía), asumió pronto diversas responsabilidades y escribió un diario en el que se mostraba conocedor de la situación náutica y crítico con la navegación de Elcano, con aseveraciones que se mostraron acertadas.

Aquella travesía se tradujo en una sucesión de desastres, especialmente en el momento de dar la vuelta hacia el Pacífico en el estrecho de Magallanes. De las siete naves que componían la expedición, tres no llegaron a cruzar el estrecho y otras tres desaparecieron por diversas vicisitudes. Además, casi todos los tripulantes murieron por enfermedad, especialmente por el escorbuto al no haber planificado adecuadamente la provisión de fruta y agua. Sólo la nao Santa María de la Victoria alcanzó Mindanao y posteriormente las Molucas.

Urdaneta permaneció 9 años en estas islas, demostrando sus dotes de diplomático, estratega y observador. Allí adquirió, por el análisis de los intentos fracasados de diversas expediciones españolas de retornar a América por el Pacífico y del trato con navegantes asiáticos, conocimientos sobre el clima y la navegación local que resultarán cruciales para su gran aportación a la náutica, lo que le hizo grande a él y a España: el tornaviaje de 1565.

El 22 de abril de 1528, Carlos V vendió a Portugal sus pretendidos derechos sobre las Molucas (Tratado de Zaragoza, 1529). Urdaneta regresa a España vía Cochín (India), cabo de Buena Esperanza y Lisboa concluyendo una vuelta al Mundo, la segunda. Llegó a Lisboa el 26 de junio de 1536. A su llegada, los portugueses le requisaron toda la documentación de que era portador, que incluía los derroteros de los viajes de Loaysa, mapas y todas sus memorias.

Una vez más, demuestra su capacidad reconstruyendo de memoria aquellos datos que había recopilado. Tras huir de Portugal, entregó aquel relato en la Corte y en el Consejo de Indias donde apreciaron su gran conocimiento y precisión detallista.

Poco después se enrola en la expedición que Pedro de Alvarado estaba preparando hacia Nueva España con la intención de continuar, desde América por el Pacífico, hasta las islas especieras. Zarparon de Sevilla el 16 de octubre de 1538, pero a su llegada a México la segunda parte de la expedición quedó en suspenso por las malas relaciones de Alvarado y el virrey. Éste le ordenó al extremeño que antes de zarpar para las Molucas debía sofocar la rebelión de los indios en Nueva Galicia (actuales estados mejicanos de Jalisco, Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas, Sonora y otros, y los territorios estadounidenses de Tejas, Nuevo México y California). Alvarado muere en estos enfrentamientos.

Urdaneta permaneció en México ocupándose de diversas cuestiones. Entre otras, escribe un relato sobre variados temas en relación con la navegación por el Caribe, la formación de los ciclones tropicales, la reproducción de las tortugas marinas o la curación de las fiebres tropicales.

En 1553, todavía en México, ingresó en la orden de los agustinos, muy implicados en la educación de las élites indígenas. No hay muchos datos acerca su actividad religiosa pero sí sabemos que perseveró en sus actividades náuticas, ya que participó en alguna expedición y que mantuvo relaciones con diversos conquistadores.

El 24 de septiembre de 1559, Felipe II ordenó al virrey el envío de una expedición a las Filipinas, sin tocar en el área de las Molucas, en cumplimiento del Tratado de Zaragoza, con el objetivo de descubrir la ruta de tornaviaje- es decir la vuelta desde las islas especieras a Nueva España por el Pacífico. Ruta que hoy nos parece de lo más normal pero que supuso un considerable hallazgo. El virrey pidió a Felipe II que ordenara participar a Andrés de Urdaneta en la expedición como cosmógrafo. Así lo hizo, acompañado de otros 4 frailes agustinos, pues el objetivo de rey Felipe era doble: fomentar el comercio y la evangelización de la zona.

Urdaneta, inicialmente, redactó las instrucciones para el viaje, buscando el derrotero que a él le parecía más seguro para desde allí emprender la vuelta y éste, para él, era Nueva Guinea lo que le hubiera conducido a Australia, más que a Filipinas. Sin embargo, tras diversas vicisitudes, las órdenes oficiales no conocidas hasta estar en altamar orientaron la expedición definitivamente hacia Filipinas.

Felipe II sabía que las Filipinas caían en la demarcación portuguesa según el Tratado de Tordesillas (https://algodehistoria.home.blog/2022/02/04/el-tratado-de-alcazobas/ ), pero también era sabedor de que en Filipinas no había portugueses. La importancia económica de las Filipinas no era muy grande, de ahí que nadie, sobre todo los portugueses, se preocuparan por la llegada de los españoles, para establecerse en ellas. Sin embargo, los portugueses no supieron ver que la importancia de estas islas estribaba en la proximidad y facilidad para acceder a las costas chinas y a sus productos y comercio.

Para consolidar el dominio de Filipinas y establecer un puente comercial con China era imprescindible, sin embargo, hallar una ruta de retorno a través de Pacífico hasta Nueva España. Cinco intentos anteriores de tornaviaje habían fracasado.

La expedición zarpa, al mando de Miguel López de Legazpi el 21 de noviembre de 1564 del puerto de La Navidad, en Nueva España. Urdaneta dio pruebas sobradas de la precisión de sus cálculos y su conocimiento del inmenso Pacífico. El 21 de enero de 1565, avisaba de la proximidad de la isla de Guam, avistada al día siguiente; los pilotos de la expedición creían estar ya en Filipinas, pero no era así, como bien vaticinó Urdaneta. No sin varias vueltas por diversas islas y poblaciones para aprovisionarse, cosa que consiguieron, no sin dificultad, gracias al conocimiento del idioma malayo que hablaba Urdaneta, se instalaron en Cebú en abril.

En mayo, Urdaneta comunicó a Legazpi su disposición a realizar el viaje de vuelta, el tornaviaje. Para ello contaba con la nao San pedro, a la que consideraba la más apropiada para aquella aventura y al frente de la misma, como capitán, al sobrino de Legazpi, Felipe Salcedo, que, si bien era joven, era un buen navegante. Al amanecer del 1 de junio de 1565, salió de su fondeadero de la isla de Cebú camino de Nueva España la nave española por la ruta estudiada por Urdaneta. Bordeó Filipinas hacia el norte, camino de japón. El día 9 de junio, la nao navegaba ya en mar abierto. Había llegado el momento de poner rumbo nordeste donde esperaba encontrar vientos favorables. Los pilotos iban anotando rumbo y distancias y el día 17 creían hallarse en 18.º N y poco después (21 de junio, día del Corpus) avistaron una isla en el punto que hoy se denomina Parece Vela o Okino-Tori (20.º 32’ N, 136.º 13’ E). El primero de julio la nave está a la altura del paralelo 24º de latitud norte, más o menos frente a Taiwan. El 3 de agosto alcanzó los 39°, hasta llegar al paralelo 42°, es decir, la latitud del norte del Japón. Esta ruta, mucho más al norte de las seguidas por los que fracasaron con anterioridad, era más larga, pero evitaba la influencia negativa de los vientos alisios, que en los intentos anteriores había dificultado e impedido la navegación. A partir de aquí el barco gira al este, siguiendo la corriente marítima del Kuro Shivo, en dirección a lo que es hoy Estados Unidos. Los vientos les permitieron avanzar a mayor velocidad que los días precedentes. Pero el problema surgió de las provisiones, a pesar de que Urdaneta había mejorado con mucho el aprovisionamiento de futas y verduras de expediciones anteriores. La carne y el pecado, así como la verdura fresca se habían acabado hacía ya días, y el menú consistía en arroz o maíz, pan seco y garbanzos rociados con un poco de vino de palmera. A mediados de agosto con mar gruesa y aguaceros de mediana virulencia, determinaron poner rumbo al SO.

El escorbuto había hecho su aparición y el número de enfermos iba en aumento.

El 1 de septiembre, justo tres meses después de la salida, murió el primer marinero enfermo, al que siguieron otros. El 18 de septiembre de 1565, avistaron una isla a la que Salcedo bautizó como la Deseada. No estaban aún en el continente, pero sí cerca. Avistaron tierra el 26 de septiembre de 1565, era la costa de California, superado el cabo Mendocino (al norte de la actual San Francisco) y, de aquí bajando por la costa de México, el 1 de octubre, entró la San Pedro en el puerto de la Navidad, con la tripulación muy mermada. Urdaneta, recordando lo mal sano del puerto de la Navidad con las pocas condiciones que reunía para la asistencia hospitalaria (hay que recordar que de doscientos tripulantes sólo quedaron dieciocho activos al terminar el viaje. El resto o había muerto o estaban enfermos), decidió sugerir a Salcedo que se dirigiera a Acapulco, donde llegaron el 8 de octubre de 1565.

El viaje de vuelta había durado cuatro meses y ocho días.

Todo quedó anotado minuciosamente por la propia tripulación, empezando por Esteban Rodríguez, piloto mayor del barco, y excelente cronista de la expedición hasta su muerte, – su crónica la completo su sustituto, Rodrigo de Espinosa–.

Urdaneta no cuenta gran cosa, pero sí se sabe que fue el primer europeo que constata la circulación de los vientos en el anticiclón del Pacifico, dando así con una de las claves para el éxito del viaje.

Urdaneta es recibido por la Audiencia de México, tras su hazaña, volvió a España para informar al rey de los primeros pasos de la conquista de Filipinas y, sobre todo, del éxito del tornaviaje. En abril de 1566, lo recibió Felipe II a quien mostró y entregó los mapas, relaciones, libros de navegación y otros documentos. Casi inmediatamente, en 1567, estaba de vuelta en México y se reincorporaba a su convento de los agustinos, donde muere al año siguiente (1568)

Había establecido, lo que se llamó el “paso de Urdaneta” es decir, la ruta del tornaviaje. De Filipinas a Acapulco. Nunca fue de fácil recorrido, pero permitió la conquista de Filipinas y el comercio de la zona con el conocido como “galeón de Manila” que utilizó esta ruta durante dos siglos y medio, hasta su supresión en 1815, coincidiendo con las presiones coloniales británicas sobre China.

El galeón salía de México con plata y productos que no se daban en Filipinas (desde armas hasta objetos de culto, y muy especialmente animales y plantas: vacas, caballos, maíz, cacao, tabaco, caña de azúcar, cacahuete, tomate, calabaza, papaya, pimiento…) y frailes. A los chinos no les interesan los productos europeos, pero sí la plata con la que pagaban los productos los europeos. Los frailes buscaban la evangelización. De vuelta, el galeón llegaba a Acapulco, cargado de especias, seda en hilo, en tejidos y bordados, marfil, lacas y madera lacada, biombos y madreperlas y porcelanas chinas de la dinastía Ming, etc. Se establecía así, una de las rutas marítimas comerciales más duraderas de la historia mundial. La que permitió durante aquel tiempo generar tal riqueza en Nueva España, es decir, en México, que la capital mexicana durante mucho tiempo tuvo mucha más importancia comercial e influencia en nuestro imperio que Madrid.

Este intercambio incorporó a la cultura española algunos productos muy populares, tanto que acabaron fabricándose también en España, como los mantones de Manila, tejidos y bordados en China, o medias, para mujeres y para hombres.  La popularidad del galeón era tal que la literatura se hace eco de él, como ocurre en “Fortunata y Jacinta” de Pérez Galdós, en el S. XIX.

Pero no sólo fue famosa la ruta de Urdaneta por el comercio, la expedición para extender la vacuna de la viruela de Balmis llegó a Filipinas, a Macao y Cantón siguiendo la ruta del agustino vasco.

BIBLIOGRAFÍA

RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Agustín. “Urdaneta y el tornaviaje”. Ed La Esfera de los Libros. 2021

CABRERO, Leoncio: «España en el Pacífico», Cuadernos Historia 16, núm. 122.

MADUEÑO GALÁ, José María. “ANDRÉS DE URDANETA, UN AVENTURERO.”

MIRA TOSCANO, Antonio.  “Andrés de Urdaneta y el tornaviaje de Filipinas a Nueva España”. Universidad de Huelva (España). file:///C:/Users/Administrador/Downloads/Dialnet-AndresDeUrdanetaYElTornaviajeDeFilipinasANuevaEspa-5613036%20(1).pdf

Documental: España, la primera globalización.

EL INCUMPLIMIENTO DE RUSIA DE LOS TRATADOS INTERNACIONALES

El otro día, alguien me pidió que escribiera sobre los incumplimientos o violaciones de los tratados internacionales que Putin y Rusia, han llevado a cabo en esta guerra, porque, según parecía, mi interlocutora no se atrevía a abordarlo directamente o, quizá, se encontraba un poco confusa en esta materia.

Este es un blog de historia no de derecho, pero podremos conjugar ambos aspectos en este reto. Reto, esencialmente, por destacar los incumplimientos más importantes, porque la verdad es que Rusia, en esta guerra, no sé si ha dejado algún acuerdo sin pisotear. No es la primera vez que así ocurre por parte de Rusia, bien por la vía de los hechos propios o bien por los vetos ejercidos en la ONU, como podemos recordar en el caso de Siria donde el reiterado veto de Rusia impidió aprobar las propuestas que pretendían poner fin a la guerra civil. Que nadie me diga que otros países también los han incumplido. Hablamos del aquí y el ahora de Ucrania. El Mundo ha estado lleno de delincuentes desde que es Mundo y no por eso se deja de condenar a los criminales, por más que otros los precedieran en el delito.

Hace tiempo, hablando de la escuela de Salamanca hicimos referencia al origen del derecho Internacional, al “jus inter omnes gentes” de Francisco de Vitoria, en el siglo XVI, auténtico creador de esta rama del derecho al repensar las posiciones de la doctrina jurídica medieval a través de una reflexión fundamentada en los dictados de la fe, junto con dos basamentos comunes a toda la humanidad: la razón y el orden natural. Todo ello en virtud del llamamiento de los Reyes Católicos ante la llegada de España a América y los derechos de los indios.

Gracias a sus reflexiones, el Mundo tuvo un nuevo marco jurídico, que todavía se utiliza hoy en día. Ya tuvimos varias entradas sobre esto:

https://algodehistoria.home.blog/2019/11/15/escuela-de-salamanca-1/

https://algodehistoria.home.blog/2019/11/22/la-escuela-de-salamanca-2/

https://algodehistoria.home.blog/2020/01/31/los-justos-titulos-y-la-controversia-de-valladolid/

Posteriormente, la visión y el análisis del padre Vitoria se vio completado y, sobre todo, coadyuvó a la difusión de sus tesis con el “De iure belli ac pacis” de Hugo Gracio y con el “derecho interestatal” de Kant. Hasta llegar al término “Derecho Internacional” que fue utilizado por primera vez, y desde entonces prevalece, por Jeremías Bentham en 1780.

Los fundamentos del padre vitoria siempre tuvieron presente la dignidad, igualdad y libertad del ser humano, a partir de ahí se constituyó esta rama del Derecho que representa, en esencia, un asidero común bajo cuyo paraguas se definen y regulan las relaciones entre estados, entre los entes públicos internacionales, entre los ciudadanos de todas las naciones y la gestión de los bienes mundiales comunes: espacio, aguas, subsuelo, medioambiente… No vamos a extendernos sobre el contenido del Derecho Internacional, pero sí añadiremos que los acuerdos y tratados que se firman entre estados tienen repercusiones internas porque el derecho nacional debe adaptarse a lo aprobado internacionalmente y, también, porque el derecho nacional orienta la política internacional de los Estados y, por ende, los acuerdos que firman y los que no. Sin olvidar que muchos tratados internacionales crean organizaciones internacionales que también tienen capacidad jurídica en ese ámbito.

La Rusia de Putin ha incumplido y violado tanto tratados firmados entre naciones como acuerdos fundadores de instituciones internacionales

  • Empecemos por la carta de San Francisco, o lo que es lo mismo, la carta fundacional de la ONU. La Carta se firmó el 26 de junio de 1945 en San Francisco, y entró en vigor el 24 de octubre del mismo año. Ha tenido tres adaptaciones: 1963,1965 y 1973.

Las Naciones Unidas se convirtieron un instrumento de derecho internacional, vinculante para los Estados Miembros de la ONU, con tres compromisos claves: en el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales. La división de trabajo con respecto de la cooperación internacional en materias económicas y sociales. El respeto a los territorios coloniales con la difícil conjunción de equilibrar las aspiraciones de independencia de unos y los intereses estratégicos, políticos y económicos de las potencias coloniales, lo que, en última instancia, acabó propiciando la descolonización.

Ya el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas recoge en su búsqueda de la paz y el respeto soberano entre estados lo siguiente: “Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles, a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad, y con tales finalidades a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos, a unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, a asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará; la fuerza armada sino en servicio del interés común, y a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todas los pueblos…”

Rusia es miembro fundador de la ONU y, por supuesto, forma parte del Consejo de Seguridad en el que tiene derecho de veto. Situación ésta muy criticada y que en estos días se ha vuelto a poner en entredicho pues impide tomar las medidas sancionadoras oportunas cuando el implicado es uno de los cinco países con derecho de veto: China, EE. UU, Francia, Rusia Y Reino Unido. Pero entrar en este debate nos alejaría del propósito de esta entrada.

Hablamos de incumplimientos y la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el pasado 2 de marzo una resolución en la que exige a la Federación de Rusia que “retire de inmediato, por completo y sin condiciones todas sus fuerzas militares del territorio de Ucrania dentro de sus fronteras reconocidas internacionalmente”.  El documento se aprobó por 141 votos a favor, 5 en contra y 35 abstenciones.

Esta condena se hizo entre otros incumplimientos por la flagrante violación del artículo 2. 4 (Capítulo I) de la Carta de las Naciones Unidas que fundamenta los principios de inviolabilidad de los derechos territoriales de los Estados, su integridad y la prohibición del uso de la fuerza. Dice así:

“Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas”.

Son muchos los actos, declaraciones y acuerdos que, como se señala en el preámbulo de la Carta de San Francisco, afirman imperativamente la necesaria búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos, la no injerencia en asuntos de otras naciones y la prohibición de amenazas.

  • En este sentido, se puede señalar, entre los atentados al derecho internacional que ha realizado Rusia, la resolución 2625 “Declaración sobre los Principios del Derecho Internacional en Materia de Relaciones y Cooperación entre Estados de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas” adoptada el 24 de octubre de 1970 por la Asamblea General. Esta resolución ya preveía la condena de la llamada guerra híbrida. Guerra que Putin lleva utilizando desde hace años.
  • El 14 de diciembre de 1974, una resolución de la ONU, la número 3314, definió el concepto de agresión y condenó las acciones que lo constituyen: ocupación militar, invasión, bombardeos, envío de bandas armadas, bloqueo de los puertos, uso de mercenarios. No sé si a algún lector le quedan dudas sobre cómo definir la actitud rusa.
  • En 1975, el 1 de agosto, se celebró la Conferencia de Helsinki, cuyo Acta final establece el respeto a la soberanía de los Estados, la abstención de recurrir al uso de la fuerza, la inviolabilidad de las fronteras, el derecho a la integridad territorial de los Estados y el arreglo de las controversias por medios pacíficos, el respeto a las minorías, a la libertad de los pueblos, a la libre determinación, a la pertenencia o no a organismos internacionales y una serie de políticas de cooperación pacífica…. Esta conferencia dio lugar a la OSCE (Organización para la seguridad y la cooperación en Europa), de la que Rusia es miembro. A pesar de su nombre, cuenta con 57 estados miembros en América del Norte, Europa y Asia, es la organización de seguridad regional más grande del mundo. La OSCE trabaja para alcanzar y mantener estabilidad, paz y democracia de más de mil millones de personas, a través del diálogo político y proyectos sobre el terreno. Entre sus miembros está Ucrania, también Georgia y Bielorrusia. Uno de los apartados del acta dice textualmente: “Ninguna contraprestación podrá invocarse a fin de que sirva para justificar el recurso a la amenaza o al uso de la fuerza en contravención de este principio”. Y también: “En consecuencia, también se abstendrán de cualquier demanda por, o acto de, incautación y usurpación de parte o la totalidad del territorio de cualquier Estado participante”
  • El 28 de febrero de 1996, Rusia se unió al Consejo de Europa (no confundir con el Consejo Europeo) cuyos estatutos están definidos por el Tratado de Londres. Recientemente y en dos ocasiones en el año 2015, el Consejo sancionó a Rusia por sus ataques a Crimea y el Donbás, impidiendo el acceso de la delegación rusa por incumplir los artículos 8.1 y 8.2 del Reglamento de la Asamblea reglamentaria y violación del Estatuto del Consejo de Europa. No son las únicas sanciones, sino las más recientes. El Consejo de Europa, que desde su creación ha encarnado la Europa del Derecho y los Derechos Humanos, ha criticado desde siempre la forma en que se ha desarrollado el estado de derecho en Rusia, sus reiteradas infracciones de los derechos de las minorías, la falta de respeto a los derechos humanos y los métodos que ha utilizado tanto en Georgia en 2008, como en Crimea y Ucrania en 2014. La Asamblea ha emitió no menos de 17 condenas a la Federación rusa por su acción en Ucrania, instándola a cumplir los compromisos que voluntariamente suscribió cuando se unió.
  • Putin ha incumplido y violado todos los acuerdos firmados en el ámbito internacional general y también aquellos específicamente contraídos por Moscú con Ucrania respecto a la salvaguarda de su integridad territorial: Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, un tratado de 1948 firmado por ambos países y de cuya violación acusó Rusia a Ucrania como justificación del inicio de la guerra actual, siendo la realidad una violación de Rusia sobre Ucrania. El Tratado de Minsk que formaliza la disolución de la URSS firmado el 8 de diciembre de 1991. Este acuerdo fue promovido por la propia Rusia. En su Acta constitutiva se garantizaba a los Estado nacidos de la ex URSS el respeto a sus fronteras y renunciando Rusia a cualquier desafío sobre las mismas. A esto hay que unir que para entonces Ucrania ya contaba con un estatus especial, de autonomía y con asiento propio en la ONU. El Memorándum de Budapest de 1994 por el que Ucrania entregó sus armas nucleares a Rusia a cambio, otra vez, de una garantía de seguridad. El Tratado de Amistad entre Rusia y Ucrania de 1997, donde ambas partes reiteraron dicho compromiso. A ellos se une el Acuerdo militar que, en 1997, firmaron Rusia y Ucrania y renovado en 2010, regulatorio de la presencia de la flota rusa en el Mar Negro a cambio de una indemnización de 526 millones de $. Se reafirmaba que el territorio en el que se asentaban bases rusas (Crimea) era ucraniano y que las bases se alquilaban a rusia por 97 millones de dólares anuales. Se establecía también el número de soldados o blindados que podían establecerse en aquellas bases. Además, tanto la Constitución de Ucrania como la de la República Autónoma de Crimea prevén la hipótesis de una modificación de sus fronteras, para ello anuncian que ese cambio solo puede ser decidido por todos los ucranianos.

Todos estos acuerdos demuestran dos cosas: 1. Los ucranianos nunca se han fiado de los rusos, 2. Cualquier analista histórico sabe que cuando el contenido de una norma se reitera infinidad de veces es porque no se cumple o se teme que no se vaya a cumplir. ¿En cuántos acuerdos se ha reiterado el respeto a las fronteras de los países nacidos de la ex URSS?

  • Pero, por encima de todos estos incumplimientos, Rusia, en sus bombardeos a la población civil, a los hospitales, a los corredores humanitarios de rescate ha incumplido todos los acuerdos internacionales de respeto a los derechos humanos y a la infancia. Nombraremos algunos de ellos. No podemos detenernos pormenorizadamente en cada uno, pero destacaremos algún aspecto violado por Rusia en atención al articulado de esos Tratados:

La Declaración Universal de Derechos Humanos; en su artículo 3 dice: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.”

En este sentido también cabe recordar el llamado derecho Internacional Humanitario que impone una serie de límites en caso de conflicto armado. Según indica el Comité Internacional de la Cruz Roja (Circ), se busca preservar “un poco de humanidad durante los conflictos armados y limitar los efectos negativos de estas acciones de guerra”.

Según el Convenio de Ginebra de 1949, además de la población civil, se debe proteger al personal médico y religioso. A su vez, tiene en cuenta a todo aquel que ya no participa en un combate, como un soldado enfermo o herido, los prisioneros de guerra y los náufragos. Existen convenios y protocolos posteriores que indicen en esta línea, y en otras, como es el principio de proporcionalidad. Cuyo fundamento es el no abuso de quien cuenta con un arsenal mayor sobre el más débil. Así, por ejemplo, pese a que Rusia tiene un arsenal más amplio que Ucrania, no podría utilizarlo en su totalidad basándose en esta limitación. Rusia firmó en su día este acuerdo, como todos los demás señalados.

Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Artículo 1. “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultura”. Artículo 24 1. “Todo niño tiene derecho, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, origen nacional o social, posición económica o nacimiento, a las medidas de protección que su condición de menor requiere, tanto por parte de su familia como de la sociedad y del Estado”

Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (porque cabe señalar que lo acontecido en Ucrania se acerca mucho al genocidio contra los ucranianos, no olvidemos que Putin tiene un proyecto, entre otras cosas, etnicista).

La Convención sobre los Derechos del Niño. Artículo 2 1.Los Estados Partes respetarán los derechos enunciados en la presente Convención y asegurarán su aplicación a cada niño sujeto a su jurisdicción, sin distinción alguna, independientemente de la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico o social, la posición económica, los impedimentos físicos, el nacimiento o cualquier otra condición del niño, de sus padres o de sus representantes legales”. Artículo 6. 1. “Los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida. 2. Los Estados Partes garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño”. Y, sobre todo, el artículo 38. Del que destacaremos los apartados 1 y 4: Artículo 38 1. “Los Estados Partes se comprometen a respetar y velar por que se respeten las normas del derecho internacional humanitario que les sean aplicables en los conflictos armados y que sean pertinentes para el niño. 4. De conformidad con las obligaciones dimanadas del derecho internacional humanitario de proteger a la población civil durante los conflictos armados, los Estados Partes adoptarán todas las medidas posibles para asegurar la protección y el cuidado de los niños afectados por un conflicto armado”.

El Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados, cuyo artículo 3 reitera lo establecido en el 38 de la convención de los derechos del niño.

Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Artículo 2. “En ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como justificación de la tortura. “

A ello hay que unir las amenazas sobre el incumplimiento de otros acuerdos:

  • El 29 de abril de 1997, entró en vigor la Convención sobre las Armas Químicas (CAQ), el primer acuerdo multilateral de desarme del mundo. Armas que ahora Rusia amenaza con utilizar.
  • El Tratado sobre el espacio ultraterrestreTratado del espacio, cuyo nombre completo es Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, que se firmó el 27 de enero de 1967 y entró en vigor el 10 de octubre de 1967, Y secundado por 132 países. Este acuerdo estableció las bases que rigen las actividades de los estados en la exploración y uso del espacio exterior, incluidos la Luna y otros cuerpos celestes, el espacio exterior solo puede utilizarse con fines pacíficos. De hecho, el acuerdo evitó que la guerra fría llegara a la Luna. En consonancia con este acuerdo se firmaron posteriormente, tras la caída de la URSS, una serie de acuerdos bilaterales de cooperación entre USA y Rusia que llevó a la cooperación entre ambos países y al establecimiento de la Estación Espacial Internacional, que los rusos, durante esta guerra, han amenazado con hacer caer sobre la Tierra.
  • En 2017, se firmó en el seno de la ONU un tratado de prohibición del uso de armas nucleares. Putin ha amenazado en esta guerra con utilizar la bomba atómica. Este miedo ha retraído la defensa que desde el mundo se haya podido hace sobre Ucrania. ¿Acaso el mero hecho de la amenaza no es ya un incumplimiento? No olvidemos que, como recordaba el otro día “la Voz de Galicia” hay un refrán ruso que dice: “Golpea a los tuyos para que otros se asusten”. Así actúa Putin. Y lo que es peor, consigue que tengamos miedo, porque, ¿quién puede asegurar que quién ha incumplido todo lo anterior no incumplirá también, del todo, este tratado?

Además, estos incumplimos auguran otros en el futuro:

  • Cómo plantear a países como Irán, Corea del Norte u otros que no pueden usar bombas atómicas si uno de los cinco grandes de la ONU amenaza con hacerlo. Cómo convencer a distintos estados a que renuncien voluntariamente a este tipo de armas, como hicieron Sudáfrica, Brasil y Libia diciéndoles que sus fronteras están a salvo. Cómo justificar ante Ucrania que renunció a las mismas, la actitud rusa. ¿Qué ocurrirá con el Tratado de no proliferación de armas nucleares en el futuro?
  • Este estallido nacionalista, que ha sido el gran mal de Europa durante el SXX, renace, si es que desapareció alguna vez, para socavar los cimientos de los estados democráticos y liberales, sembrando el caos interno en cada nación afectada por esta sarna, de la que en España sabemos mucho para nuestra desgracia.

 

BIBLIOGRAFÍA

Textos de los acuerdos:

https://www.ohchr.org/sites/default/files/Documents/Publications/CoreTreatiessp.pdf

ARÉVALO RAMÍREZ, Walter. “Manual de Derecho Internacional Público. Fundamentos, Tribunales internacionales y Casos de estudio”. Ed. Tirant lo Blanch. 2020

REMIRO BROTÓNS, Antonio. “Manual de Derecho Internacional Público”. Ed. Tecnos. 1983.

REMIRO BROTÓNS, Antonio. “Manual de Derecho Internacional. Curso general”. Ed. Tirant lo Blanch. 2010.

Fernando Mires. @Fernando Mires: “La Ruleta Rusa”.  Resistenciavenezuela.wordpress.com. https://resistenciavenezuelasite.wordpress.com/2022/03/14/la-ruleta-rusa-por-fernando-mires-fernando_mires/

 OLEKSANDR PRONKEVYCH. “Golpea a los tuyos para que otros se asusten”. La voz de Galicia.

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2022/03/15/golpea-tuyos-asusten/00031647343355175359447.htm.

Álvaro Navarro. https://www.economistjurist.es/actualidad-juridica/invasion-a-ucrania-esta-rusia-violando-el-derecho-internacional/

 

 

 

 

 

LA REVOLUCIÓN HÚNGARA DE 1956.

Desde que se inició la invasión de Ucrania por parte de Rusia son muchos los análisis formulados con la intención de encontrar similitudes históricas.

La mayoría hablan de la invasión alemana de los Sudetes. Indudablemente aquel movimiento tiene muchos puntos en común. No conviene olvidar que los nazis, en aquel momento, tenían un pacto con los soviéticos que permitió esta acción hostil- Pacto Ribbentrop- Mólotov-. https://algodehistoria.home.blog/2020/11/06/pacto-ribbentrop-molotov/

Pero ya que hablamos de un ruso, Putin, comunista en lo espiritual, dictador en todos los aspectos, y devoto de la URSS, convenga referirnos a acciones parecidas de la antigua Unión Soviética.

Podríamos recordar muchos acontecimientos en los que el puño de hierro de los soviets aplastó a ciudadanos inocentes: las hambrunas de Georgia, las de Ucrania, la Primavera de Praga, el aplastamiento de Polonia o la masacre ante la revolución húngara de 1956… A ésta última nos vamos a referir.

 La revolución húngara de 1956 constituyó la amenaza más grave a la hegemonía soviética durante los años de la Guerra Fría, y aunque finalmente no tuvo éxito sirvió de recuerdo indeleble para los levantamientos de 1989.

Tras la II GM, la división de Europa en dos bloques y el inicio de la Guerra Fría, la URSS controló con mano férrea todos los países que cayeron en su ámbito de influencia. El mejor método era la represión de la población a través de gobiernos títeres que dependían de Moscú, entre ellos, en Hungría; desde 1952, Rákosi, presidía el gobierno.

Ese dominio ruso fue inamovible hasta la muerte de Stalin en 1953. A partir de ahí, la represión siguió existiendo, aunque la dirección desde Moscú tuvo periodos de vacilación que no de debilidad.

En julio de 1953, en Hungría, Rákosi fue depuesto del cargo de primer ministro y en su lugar se nombró a Imre Nagy, tan títere moscovita como el anterior, pero con la peculiaridad de que se sentía profundamente húngaro y entendía las reivindicaciones del pueblo húngaro. Reivindicaciones soterradas desde la guerra, pero vivas en el espíritu de los magiares. Además, los ciudadanos tenían más confianza en él que en los gestores anteriores. Llegó al poder prometiendo un nuevo rumbo: el fin del desarrollo forzoso de la industria pesada, aumento de bienes de consumo, fin de las colectivizaciones agrarias ( Koljós) no más campesinos forzados a trabajar en explotaciones colectivas, la liberación de los presos políticos y el cierre de los campos de internamiento. Introdujo algunas de estas reformas, lo que determinó que Moscú dejara de apoyarlo. En la primavera de 1955, Nagy fue destituido de su cargo y expulsado del partido.

Volvió Rákosi y se acabó la apertura, pero fue destituido nuevamente en julio de 1956, esta vez de todos sus cargos y en desgracia. El nuevo líder soviético, Nikita S. Khruschev (el nombre tiene diversas grafías, según las fuentes), había sacrificado a Rákosi como un gesto hacia al líder yugoslavo Tito, a quien Rákosi había ofendido personalmente y a quien la dirección soviética deseaba aplacar. El nuevo líder, Erno Gero, era casi tan detestado en Hungría como el propio Rákosi.

Pero una mecha de libertad se había encendido en el este de Europa, quizá por el discurso que el propio Khruschev había pronunciado en el vigésimo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en febrero de 1956 criticando a Stalin; por la posición de Tito; por el desafío polaco a la Unión Soviética en la primavera y el verano de 1956; por el hartazgo a la servidumbre; por la inmensa pobreza en la que el sistema soviético había sumido a Hungría…, se alumbró el ánimo y ganas de libertad de los húngaros.

El 22 de octubre de 1956, un gran grupo de estudiantes se reunió en un salón universitario de Budapest y, después de mucho debate, redactó un manifiesto de 16 puntos. Entre otras demandas, pidieron libertad de opinión y libertad de expresión; libertad de prensa y de radio; pidieron elecciones libres con voto universal y secreto; libertad de asociación y de creación de partidos políticos; la retirada de las tropas soviéticas de suelo húngaro y que se pusiera fin a la “Policía de Seguridad del Estado Húngaro”- conocida como AVH- y que era el brazo ejecutor desde su creación de la represión en Hungría-; un nuevo gobierno bajo la dirección de Imre Nagy y la destitución de todos los líderes criminales de la era Stalin-Rákosi;  la no injerencia en los asuntos internos de un Estado por parte de otro; un salario mínimo vital para los trabajadores; la liberación y rehabilitación de presos políticos; retirar la estatua de Stalin en Budapest; la eliminación de los emblemas soviéticos  y nuevos uniformes para el ejército que se ajustaron a las tradiciones nacionales húngaras. Fue, en el contexto de la época, una empresa increíblemente valiente y audaz.

Al día siguiente, colocaron copias de su manifiesto en árboles y postes de luz por toda la ciudad antes de iniciar una marcha. Miles de personas se unieron a la manifestación, reuniéndose frente al edificio del Parlamento, en el camino, arrancaron banderas soviéticas y estrellas rojas de los edificios públicos. Al grito de «¡rusos, váyanse a casa!», ondearon la bandera húngara con el emblema soviético central arrancado, así como gritando sus demandas. Sin haberlo planeado realmente, los estudiantes de Budapest habían desatado un levantamiento que rápidamente se extendió por la capital y por todo el país. Sus demandas eran, en sí mismas, revolucionarias y entre sus objetivos estaba también apoyar el levantamiento polaco. La marcha terminó con un mitin en el que solicitaban reparación por los agravios a su nación. Cantaron una canción prohibida por el régimen cuya letra decía que “juramos que no permaneceremos más tiempo como esclavos”. Fue el himno de aquel acontecimiento.

La reacción oficial se compuso de un discurso de Nagy que se alejaba de lo esperado por los manifestantes y otro del presidente, Gero, absolutamente radical hablando de reaccionarios burgueses y en defensa del sistema soviético. Sus palabras fueron como echar gasolina al fuego. Los manifestantes atacaron la enorme estatua de Stalin, la estatua que los estudiantes habían mencionado en su manifiesto, consiguieron derribarla y decapitarla en un símbolo contra la opresión.

El gobierno dio órdenes a la policía para que disparase contra la población. Los disparos convirtieron una manifestación pacífica en revolucionaria.

Mientras tanto, todavía en la noche del día 23, una delegación de manifestantes intentó transmitir sus demandas en la radio nacional, argumentando que la radio debía ser del pueblo.

A las 2 de la madrugada, Gero pidió a los rusos que dos unidades de tanques, que estaban en la zona norte de la ciudad, penetraran en la misma.

En la madrugada del miércoles 24 de octubre, el Kremlin volvió a poner en el cargo a Imre Nagy, creyendo que eran necesarias algunas concesiones para satisfacer al pueblo húngaro. Nagy prometió reformas a cambio del fin de la violencia. La verdad es que los tanques rusos no podían maniobrar por las calles de Budapest sin el apoyo de la infantería, que el ejército húngaro se unió a los manifestantes y armaron a la población. Además, los ciudadanos atacaron a los blindados con cócteles molotov. Los insurgentes untaron las carreteras con aceite y grasa para que los tanques patinaran. Colgaban cacerolas en los cables del telégrafo que, desde el interior de un tanque, parecían dispositivos antitanques.

La revolución se extendió por toda Hungría, renacieron los consejos locales eliminados por los soviéticos, los campesinos ocuparon sus campos, confiscados y colectivizados por el sistema comunista. Se abrieron las prisiones y sacaron a los presos, muchos de ellos presos políticos.

Una de las figuras más relevantes era la del cardenal Mindszenty. Fuertemente represaliado y perseguido por el comunismo húngaro por denunciar los atropellos cometidos contra civiles y religiosos. Fue una figura emblemática en la lucha contra el comunismo que, en 1955, había sido condenado y encarcelado a cadena perpetua. Una multitud lo escoltó de regreso al palacio del primado.

Lo que los tanques no pudieron hacer lo pretendió ejecutar la AVH; así, cuando parecía que la revolución en Budapest la estaba ganando el levantamiento, la policía secreta empezó a actuar. La reacción de la ciudadanía no se hizo esperar; se persiguió a los miembros de la AVH, que cuando no pudieron huir fueron ejecutados por la turba.

Los insurgentes irrumpieron también en las casas de los dirigentes y se escandalizaron al encontrar tanto lujo y opulencia frente a las carencias que tenían los ciudadanos. Rápidamente se erigieron barricadas para evitar la entrada de refuerzos soviéticos.

Budapest estaba en ruinas (edificios gravemente dañados por los tanques soviéticos, líneas de tranvía torcidas, cables de telégrafo caídos, árboles arrancados de raíz, adoquines arrancados, automóviles y camiones quemados) y tanques soviéticos destrozados. La gente de cualquier edad o condición se convirtió en milicia, incluso los niños pequeños llevaban cinturones de balas y rifles. Cuerpos de hombres y mujeres de la AVH colgados de los árboles; civiles y soldados rusos yacían en el suelo, sus cadáveres cubiertos con abrigos y mantas y rociados con cal para ocultar el olor. La revolución era total en las ciudades y en el campo, cada uno aportaba lo que podía a la resistencia, así los granjeros llegaban a la capital cargados de alimentos como obsequios para sus conciudadanos.

Los soldados soviéticos no se atrevieron a dejar sus tanques durante días. Los suministros del frente ruso cayeron y su moral se desplomó. Los claustrofóbicos interiores de los tanques pronto apestaron a gasolina, sudor y excrementos.

Las masacres se extendieron por toda Hungría. Una de las más notables se dio en la ciudad   Mosonmagyaróvár, cerca de la frontera con Austria, donde más de 50 insurgentes fueron asesinados a tiros por la AVH y muchos más resultaron heridos.

En aquel contexto, Nagy, la única persona que aún era escuchada por los revolucionarios, retomó el poder el 25 de octubre. El domingo 28 de octubre, Nagy, pidió un alto el fuego, prometió amnistía para quienes participaron en el levantamiento y prometió negociar con los líderes del levantamiento. Nuevamente, reconoció la ira de la gente y, lo que es más importante, admitió que los disturbios no fueron un acto contrarrevolucionario, como lo llamaron los soviéticos, sino un levantamiento legítimo y democrático. Reconoció la inocencia del cardenal Mindszenty al que el régimen exoneraba de todo cargo… siguió prometiendo y prometiendo…

El 3 de noviembre, Nagy se encontraba presidiendo un nuevo gobierno de coalición que representaba al Partido Socialista de los Trabajadores de Hungría reconstituido y al Partido de los Pequeños Propietarios, el Partido Socialdemócrata y el Partido Petofi [antiguo Partido Nacional Campesino] redivivos.

Las tropas soviéticas se habían retirado y Nagy estaba negociando su evacuación completa de las tropas rusas de Hungría. Anunció la retirada de Hungría del Pacto de Varsovia (al que se había adherido en 1955) y pidió a las Naciones Unidas que reconociera a su país como un estado neutral, bajo la protección conjunta de las grandes potencias.

Los soviéticos no estaban seguros de sí debían actuar o dejar que las cosas siguieran su curso, por temor a la intervención occidental.  Pero aquella salida de Hungría del bloque soviético, creó presiones sobre Rusia de China (el presidente de China, Mao había presionado a Khruschev, acusándole de debilidad y conminándolo a actuar con dureza) y también recibió presiones de Rumania, Checoslovaquia e incluso de Yugoslavia.  El 31 de octubre, Khruschev anunció la intención del gobierno soviético de mantener conversaciones con el gobierno húngaro sobre el tema de las tropas soviéticas en territorio húngaro. Invitó a Nagy a enviar una delegación a Moscú para iniciar esas negociaciones. Fue una trampa. Al día siguiente, 1 de noviembre, sin informar a los húngaros, decidió atacar. Los tanques soviéticos regresaron a suelo húngaro. Nagy se enfrentó al embajador de la Unión Soviética en Hungría, Yuri Andropov. Andropov, que se convertiría en primer ministro de la URSS el 12 de noviembre de 1982 y duraría en el cargo hasta su muerte, el 9 de febrero de 1984, aseguró a Nagy que los informes eran falsos: no había tanques soviéticos en suelo húngaro. Una nueva mentira. De hecho, los miembros de la delegación negociadora húngara, encabezada por el general Pal Maleter, ministro de defensa del gobierno de Nagy, cuando llegaron a la reunión fueron arrestados y posteriormente ejecutados.

Los insurgentes húngaros se reunieron y el ejército húngaro los apoyó, pero ya era demasiado tarde. Esta vez los soviéticos estaban preparados: infantería, artillería, tanques e incluso ataques aéreos diezmaron la ciudad. Los tanques redujeron a escombros todos los edificios desde los que se disparó un solo tiro.

Mientras la ciudad caía sobre él, Nagy apareció en Radio Budapest a las 5:20 de la mañana del 4 de noviembre haciendo un llamamiento al mundo para que socorriera a Hungría. A las 8:10, Radio Budapest emitió su último llamamiento de socorro.

Nagy se refugió en la embajada yugoslava y el cardenal Mindszenty en la legación estadounidense.

En la madrugada del mismo día, János Kádár, que había desertado del gobierno de Nagy y abandonado Budapest el 1 de noviembre, emitió un discurso por radio en el que declaró la ilegitimidad del gobierno de Nagy y proclamó la formación de uno nuevo “apoyado por los soviéticos”, en lo que sería, en sus palabras, un “gobierno revolucionario de trabajadores y campesinos húngaros”. Estaba formado enteramente por comunistas, que ahora se congregaban bajo la bandera del Partido Socialista de los Trabajadores de Hungría que había reemplazado al desacreditado Partido de los Trabajadores de Hungría. El nuevo gobierno estuvo encabezado por Kádár como primer ministro. Kádár prometió que una vez sofocada la “contrarrevolución” y restablecido el orden, negociaría la retirada de la guarnición soviética, aunque con vuelta al Pacto de Varsovia.

La historia oficial señaló que aquella guerra de liberación no fue más que un levantamiento contrarrevolucionario inspirado por un puñado de fascistas.

Los focos de resistencia continuaron durante unos días más. Los rebeldes de la ciudad de Stalintown (ahora llamada Dunaújváros) en el centro de Hungría aguantaron hasta una semana después 11 de noviembre.

Más de 200.000 húngaros huyeron a través de la frontera hacia Austria y Occidente hasta que se cerró esa ruta de escape. La Revolución húngara había sido sofocada a sangre y fuego.

BIBLIOGRAFÍA

SOLÉ, J.M.” Hungría agoniza. 1956. El gran miedo”. Aventura de la Historia, num. 97.

FERRERO BLANCO, D.  “La Revolución Húngara de 1956: el carácter político y la organización social”. (Universidad de Huelva) Historia Actual Online, 2006.

MARTÍN, R. PEREZ SANCHEZ, G. SZILAGY,I-“ Luchadores por la libertad: la revolución húngara de 1956”. ED Actas. 2016

Álvaro de Luna

Los validos aparecieron en las monarquías occidentales como puestos de mayor confianza del monarca en cuestiones temporales. Importante matiz porque las materias espirituales eran competencia del confesor real. Ambos solían ejercer una influencia enorme en las cortes europeas.

Se suele señalar a los validos como algo propio de la monarquía española, pero no es cierto, validos existieron en otras como Richelieu o Mazarino en Francia o Buckingham en Inglaterra. Pero sí se puede decir que fue en España donde se dio esta figura por antonomasia. Nunca tuvo un carácter institucional puesto que sólo servía al rey mientras éste tenía confianza en la persona elegida. Si hasta Felipe II, salvo alguna extraña excepción, era el propio monarca con el apoyo de secretarios y Consejos el que dirigía el reino, desde Felipe III, todos los Austrias gobernaron o dejaron en manos de personajes de su confianza la dirección del imperio.  Especialmente conocidos fueron Baltasar de Zúñiga; el Duque de Lerma; el Conde-Duque de Olivares; el Duque de Medinaceli; el Conde de Oropesa… Casi todo ellos muy mal tratados por la opinión de sus contemporáneos (especialmente de la nobleza que no había sido elegida para tal confianza y se llenó de resentimiento contra estas figuras) y por los historiadores. Las acusaciones de vagos, manipuladores, avariciosos, corruptos, rastreros e inútiles… eran comunes. Según soplaran los vientos, el valido era odiado, adulado, respetado, obedecido o vilipendiado. Aunque en el S XVII no eran una institución, sí se legitimaba su función por medio de una serie de documentos firmados por los reyes que avalaban la tarea del valido.  

Con anterioridad al siglo XVII, las actuaciones de los validos se debían mucho más aún a la propia confianza del rey. En nuestra historia se considera que el primer valido fue Álvaro de Luna en los inicios del siglo XV en la Corte de Juan II de Castilla.

Conquense de nacimiento, Álvaro de Luna era hijo natural de Álvaro Martínez de Luna, un noble aragonés, y de una mujer, cuya identidad no está del todo clara, pero que fue madre natural de otros hijos de diferentes padres. Quizá por esta razón, el padre de Álvaro siempre mostró serias dudas sobre su paternidad; aun así, dio sus apellidos a aquel niño. Cuando el padre falleció, el niño Álvaro, tenía sólo siete años y quedó al cuidado de sus tíos paternos: Juan Martínez de Luna y su tío abuelo el papa de Aviñón Benedicto XIII (el Papa Luna). Otro de los hermanos de su padre, Pedro de Luna, arzobispo de Toledo, logró que entrara en la Corte al servicio del rey niño, Juan II, como paje de éste en 1408 o 1410.

Para entender la situación haré algunas digresiones a lo largo de la exposición, la primera debe partir de conocer quién era Juan II. Fue hijo de Enrique III, rey de Castilla, y de Catalina, hija del duque de Lancaster, Juan de Gante, y de su segunda esposa, Constanza, hija del monarca castellano Pedro I; el matrimonio, había supuesto la renuncia a los eventuales derechos de Constanza al Trono castellano y la consolidación en éste de los Trastámara.

La temprana muerte de Enrique III, en Toledo, el 25 de diciembre de 1406, abría el reinado del nuevo monarca, un niño que todavía no había cumplido dos años. Se abrió, por tanto, un largo periodo de regencias, que terminaron cuando Juan cumplió los 14 años y le proclamaron mayor de edad.

Durante la regencia del tío del rey, Fernando, que terminó en 1412, Álvaro de Luna no pudo ascender más allá del puesto de sirviente. Cuando, Fernando fue elegido rey de Aragón (Fernando I) tras el Compromiso de Caspe (24 de junio de 1412), en el que contó con la inestimable ayuda para su proclamación del tío de Álvaro de Luna, Benedicto XIII (el papa Luna), la regencia quedó en manos de la madre del rey, y en esa Corte, Álvaro tuvo más oportunidades de prosperar.

Segunda digresión. Fernando era hermano del rey Enrique III y conocido en su regencia como Fernando de Antequera o Fernando Trastámara, se casó con Leonor de Alburquerque y fue nombrado rey de Aragón como Fernando I (como quedó dicho). Fernando era hijo de Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón. Por línea materna le venía también relación con el linaje siciliano. Por eso, Fernando fue, además de rey de Aragón, rey de Valencia, de Mallorca, de Sicilia, de Cerdeña y de Córcega, a los que une el gobierno en forma de condado de otros muchos lugares. Así se entiende la vinculación de la corona de Aragón con Italia y el Mediterráneo que hemos explicado en otras entradas.

Fernando muere en 1416 y hereda el trono Aragonés y todos los demás reinos su hijo Alfonso, con el nombre de Alfonso V, el Magnánimo.

Catalina de Lancaster, la reina madre de Castilla, fallece en 1418 y es uno de los primos aragoneses de Juan II de Castilla, también llamado Juan, el que se sitúa en castilla como protector del rey.

Por tanto, Juan II de Castilla estaba directamente emparentado con los reyes de Aragón además de con los de Castilla, y sus primos aragoneses, los descendientes de Fernando I, tenían derechos dinásticos tanto en Aragón como en Castilla.

Volviendo a Álvaro de Luna, su andadura política se inició con la recuperación del señorío paterno, su matrimonio con Elvira Portocarrero, en marzo de 1420, del que no hubo descendencia, y su decisiva participación en los acontecimientos del mes de julio de ese año, el llamado “golpe de estado de Tordesillas” o “asalto de Tordesillas”.

Nos detendremos un momento en aquel acontecimiento. Los hechos se resumen en un ataque perpetrado, el 14 de julio de 1420, por el Infante de Aragón, Enrique, que consistió en el secuestro del Rey de Castilla, quien a sus catorce años acababa de ser proclamado mayor de edad. La captura del rey tuvo lugar en la localidad de Tordesillas donde residía la corte castellana. El hecho se produjo durante la ausencia del infante de Aragón, Juan, que estaba aquellos días en Navarra para desposarse con Blanca de Navarra y convertirse así en heredero al trono de aquel reino. El golpe acabó fracasando pues, don Juan, movilizó a sus partidarios para intentar rescatar al rey y porque Álvaro de Luna ideó y ayudó al niño rey a huir.  Enrique fue detenido.

Sobre las causas profundas de los acontecimientos de Tordesillas, dos son las más destacadas, de un lado, se trata de uno de los últimos intentos de una ya moribunda nobleza por recuperar el control de sus territorios y doblegar al rey castellano. Es decir, se trató de un movimiento feudal. Por otro, aparece la ambición del infante Enrique por aunar poder y ejercerlo en la corte castellana sobre un rey que necesitaba tutor.

La detención de Enrique provocó la intervención del rey de Aragón, Alfonso V el Magnánimo, como hermano mayor de los infantes de Aragón. Éste buscó aliados para la causa del infante entre la alta nobleza castellana y reclutó un ejército en Aragón que desplegó en la frontera con Castilla. También se puso en contacto con el infante don Juan, para juntos negociar un acuerdo con el rey castellano. Las conversaciones culminaron con la firma del Tratado de Torre de Arciel, el 3 de septiembre de 1425, que satisfizo todas las reclamaciones del rey Alfonso el Magnánimo, ya que no solo se acordó la puesta en libertad del infante don Enrique, sino que éste recobró su cargo como maestre de la Orden de Santiago, además de los bienes patrimoniales y rentas que le fueron confiscados tras su detención.

En otra nota más para entender la interconexión entre los reinos, debemos señalar que Fernando I había dispuesto la boda entre Alfonso el Magnánimo con la hermana de Juan II de Castilla, María. A la que proclamó heredera de Castilla en caso de fallecimiento de Juan II. A su vez, decidió la boda de Juan II con su hija y, por tanto, la hermana de los infantes de Aragón, también llamada María. De ese matrimonio, nacería el futuro Enrique IV de Castilla, hermanastro de Isabel la Católica.

En el plano político, todas estas peripecias y ambiciones consiguieron la fragmentación del “bando” aragonés lo que permitió a Álvaro de Luna, que desde hacía más de diez años gozaba de la amistad y confianza del Rey, y también de la cordialidad de los infantes de Aragón, ascender en su poder en la corte. Tanta influencia tenía que, durante aquellos años en los que aparentemente el infante aragonés Juan ejercía la dirección del reino, era Álvaro el que, desde su posición en el Consejo de regencia, como Condestable de Castilla, controlaba la política del reino.

Juan II de Castilla, se reveló como un rey de poco carácter, sufrido donde los haya, traicionado en múltiples ocasiones incluso por su propio hijo, y que dejó en manos de Álvaro de Luna el ejercicio del gobierno del reino. Por otro lado, dadas las ambiciones de los primos aragoneses y de la nobleza castellana y la falta de escrúpulos de todos ellos, no es descabellado comprender que el rey depositara su confianza en un favorito que tenía todas las razones del mundo para permanecer fiel al monarca. Siempre le fue leal, bien fuese por interés, bien por nobleza o bien por alguna otra razón achacable a la amistad entre rey y favorito- razones que siempre surgen en España cuando se quiere mancillar el buen nombre de alguien, aunque, en este caso, Gregorio Marañón haya estudiado ambas figuras y sostenga la homosexualidad de rey y favorito.

Álvaro, además de buen gobernante, tenía otras cualidades personales que le hacían persona de agradable y entretenido trato: era un aceptable caballero, un habilidoso lancero, buen poeta y elegante prosista. Todas ellas cualidades muy apreciables en personas que, como Juan II, odiaban las armas, las guerras, las grandes cabalgadas…

La época de Juan II fue un periodo de conflicto constante provocado por tornadizas coaliciones de nobles que, bajo el pretexto de liberar al rey de la perniciosa influencia de su favorito, realmente trataban de convertirle en una marioneta que sirviera a sus propios intereses.

Frente a los infantes de Aragón y la gran nobleza terrateniente, Álvaro de Luna forjó una alianza con la pequeña nobleza, las ciudades, el bajo clero y los judíos, que se oponían a la oligarquía nobiliaria castellana y a los infantes de Aragón, que defendían los tradicionales intereses políticos y económicos de su familia en Castilla.

La historia de Álvaro de Luna estuvo llena de constantes expulsiones de la corte por parte de facciones victoriosas, y de retornos cuando la facción vencedora se disgregaba.

En 1427, la victoria de la nobleza contraria a D. Álvaro y favorable a los aragoneses que, por supuesto, contaba con el apoyo de éstos, logró la salida de Álvaro de la Corte durante poco más de un año como medida imprescindible de paz y de buen gobierno, objetivo que dicho bando se arrogaba.

Lo que en realidad se había producido era una sustitución del gobierno personal de don Álvaro por el de los infantes, hecho que infundía temor a otra parte de la nobleza castellana. Estos últimos convencieron al rey en tiempo record de la vuelta del Condestable a la Corte. Lo que se produjo el 6 de febrero de 1428.

La consecuencia fue que los Infantes de Aragón invadieron Castilla, con poco éxito, ya que fueron expulsados de manera casi definitiva. Aquella guerra terminó con las treguas de Majano (16 de julio de 1430). Los bienes de los aragoneses y partidarios fueron confiscados por el rey castellano y Alfonso V viró su política definitivamente hacia el Mediterráneo, es decir, hacia la península itálica.

Se iniciaba una etapa de gobierno de la oligarquía nobiliaria presidida por don Álvaro, en la que se lograron los éxitos más notables del reinado de Juan II: paz con Portugal, guerra contra Granada y victoria en La Higueruela (1 de julio de 1431), que permitió instalar a un nuevo sultán bajo el protectorado castellano. Éxitos en el golfo de Vizcaya, que logró el comercio castellano en Borgoña e Inglaterra y reconoció la exclusividad castellana en aquellas aguas. Protagonismo castellano en el Concilio de Basilea. En este Concilio, Castilla se erigió en la defensora de una verdadera reforma, que venía preparándose desde hacía varias décadas. También se debatieron cuestiones sobre el dominio de las Canarias o la unión con la Iglesia griega.

Al tiempo, en Aragón, la presencia de Alfonso V en Italia, le obligó a dejar el reino en manos de su hermano Juan, como gobernador, y a buscar una paz duradera con Castilla. Esta se firmó el 22 de septiembre de 1436 en Toledo. Por ella, se acordaron varias alianzas matrimoniales entre los herederos castellanos y los de Navarra y Aragón. Fue la forma de retornar a la política castellana de los aragoneses y el modo de intentar parar a Álvaro de Luna y su extremado poder en el gobierno de la corte castellana.

Para eliminar toda disidencia, Juan de Aragón depuró el Consejo situando en él a partidarios de toda confianza y redujo prácticamente a reclusión a Juan II. Un golpe de estado, dado el 9 de julio de 1443, que proporcionaba a Álvaro de Luna un argumento excelente para el levantamiento: la liberación del Rey. Teóricamente este movimiento liberador lo encabezó el príncipe heredero, que cobraría su apoyo con la concesión del título de príncipe de Asturias.

Ante la presencia en Nápoles de Alfonso, fueron Juan y de nuevo Enrique los que formaron un enorme ejército dirigido por este último contra las tropas de Álvaro de Luna y Juan II.
En mayo de 1445, los aragoneses fueron derrotados en la batalla de Olmedo. Como consecuencia de las heridas recibidas en aquella batalla murió el infante Enrique de Aragón, y el favorito castellano, Álvaro de Luna, le sucedió en su título de Gran Maestre de la Orden de Santiago.

Al igual que en momentos anteriores, Álvaro buscó acuerdos internacionales que reforzaran su poder y el de Castilla. De ahí nació la alianza matrimonial de Juan II, viudo de maría de Aragón, con Isabel de Portugal, que se celebró en Madrigal de las Altas Torres en 1447-. De este matrimonio nació Isabel la Católica-. En ese momento, el poder del valido parecía incontestable. Pero fue precisamente la segunda esposa del rey, conocedora de las intrigas, abusos y ciertos asesinatos dispuestos por Álvaro, la que urgió a su marido a prescindir del favorito.

Juan II cedió y el 4 de abril de 1453, Álvaro de Luna fue detenido y encarcelado

Su esposa, Juana Pimentel, y su hijo, Juan de Luna, se refugiaron en Escalona, desde donde pidieron ayuda al Papa, por ser la Orden de Santiago protegida papal. Aunque se inició una rebelión de los partidarios del condestable, no pudieron parar su ejecución, la cual tuvo lugar el 2 de junio de 1453, tras una parodia de juicio.

Primero fue enterrado en Valladolid, en el convento de San Francisco, para recibir cristiana sepultura de manera definitiva en Toledo en la suntuosa capilla de la catedral, llamada de Santiago, construida a sus expensas, donde yacía enterrado su hermano el arzobispo don Juan de Cerezuela, y reposarían después los restos de su mujer, doña Juana Pimentel, y otros miembros de su familia.

Juana Pimentel, al conocer la ejecución de su marido, abandonó la resistencia y rindió el Castillo de Escalona a las tropas reales. A partir de este momento, y hasta su muerte, Juana firmaría todos sus documentos como “La triste Condesa”, mostrando así el lamento que le producía la ejecución de su marido.

En Castilla, el poder del condestable lo pasó a ejercer el príncipe de Asturias que pasó a ser el rey, Enrique IV, en 1454 a la muerte de Juan II.

BIBLIOGRAFIA

ÁLVAREZ ÁLVAREZ, César. “Los infantes de Aragón”. Ed. Historia de España de la Edad Media. Barcelona: Ariel.

MARAÑÓN, Gregorio.” Ensayo biológico de Enrique IV de Castilla”.  Boletín de la Real Academia de la Historia. 1930

SERRANO BELINCHÓN, José. “El condestable: de la vida, prisión y muerte de don Álvaro de Luna”. AACHE Ediciones. 2000