Para conocer cómo Guinea Ecuatorial llegó a ser una provincia española y como dejó de serlo, debemos realizar un recorrido histórico que quizá no se entendiera sin hacer una brevísima introducción geográfica.
DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DE GUINEA
Guinea se diferencia entre una zona insular formada por Annobón y Fernando Poo, así como otra serie de islas menores (Corisco, Elobey Grande y Elobey Chica). Las islas tienen origen volcánico.
La de mayor riqueza es Fernando Poo, que basa su bienestar en el cultivo de café y cacao. La capital de la nación, actual Malabo, antigua Santa Isabel, se encuentra en esta isla.
La segunda zona, continental y menos próspera, se estructura en torno al río Muni que marca la frontera Norte con Camerún; limita al Sur y al Este con Gabón y al Oeste con el Océano Atlántico, en el golfo de Guinea. Su capital era Bata. La mayor riqueza del continente se encuentra en su selva y en la explotación de la madera: ébano, Palo de Rosa, Roble rojo…
ANTECEDENTES:
- El tratado de Alcazobas (4 de septiembre de 1479) pone fin a la guerra entre España y Portugal por la sucesión de Enrique IV de castilla, determinando la legitimidad dinástica de Isabel I de Castilla (Isabel la Católica). Pero aquel tratado trajo otra serie de acuerdos que ahora nos interesan. Entre ellos los que provocan el reparto de los territorios del Atlántico entre los dos países. Portugal mantiene el control sobre sus posesiones de Guinea, la Mina de Oro, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde. A Castilla se le reconoce la soberanía sobre las islas de Canarias y la distribución en meridianos que le llevó a poseer América https://algodehistoria.home.blog/2022/02/04/el-tratado-de-alcazobas/
- El tratado de Tordesillas (1494). De nuevo un acuerdo entre España y Portugal que da lugar al reparto del Mundo. Cuya culminación determinó, en una exposición más que sucinta, que los nuevos descubrimientos en América fueran para España (a excepción de una parte de Brasil) y África para Portugal. https://algodehistoria.home.blog/2025/06/20/el-tratado-de-tordesillas/
- Durante la Unión Ibérica (1580-1640) España y Portugal unidas convivieron sin problema y los expedicionarios portugueses se adentraron más allá del territorio primeramente asignado a Portugal en lo que hoy es Brasil. De mismo modo que España administraba territorios que antes era portugueses https://algodehistoria.home.blog/2022/06/03/la-union-iberica/
- El reconocimiento español de la independencia de Portugal por el tratado de Lisboa en 1668, no trajo mucha paz a los antiguos territorios comunes. Tras diversos tratados que fueron violados por ambas partes sucesivamente, el mayor enfrentamiento se produce a raíz de la entrada de España en la Guerra de los siete años en 1762 en el bando opuesto a Portugal. En 1763 la guerra terminó, pero no llegó la tranquilidad. En 1766, una expedición militar portuguesa dirigida por el Marqués de Pombal ocupó los fuertes españoles de Santa Tecla, Santa Teresa y Montevideo. En respuesta, España tomó militarmente la isla de Santa Catalina. Tras la muerte de José I de Portugal en febrero de 1777 y el ascenso al trono de su hija María I, el Marqués de Pombal fue destituido de sus quehaceres en el Gobierno, lo que facilitó llegar a un acuerdo con España. El 1 de octubre de 1777 se firma el Tratado de San Ildefonso. En el mismo se acordó, entre otras cosas, la restitución mutua de los territorios ocupados desde 1763. Se establecieron límites geográficos para separar las fronteras de ambos países en América, la cesión de diversos territorios en Asia y, refiriéndonos a lo que ahora nos interesa, Portugal cedía a España las islas de Annobón y Fernando Poo en la costa occidental africana, en la costa de Guinea, cuya zona continental también pasaba a ser española desde el Cabo Formoso, en la boca del Níger, hasta el de López, en la boca del río Gabón. Un año más tarde se hizo la ratificación en el Tratado de El Pardo signado el 11 de marzo, constituyendo el título jurídico de la presencia legal española en el Golfo de Guinea.
- Tras su adquisición, el rey Carlos III dio órdenes al Virrey del Río de la Plata, Pedro de Cevallos, para que los territorios africanos cedidos por Portugal se incluyeran dentro de su administración a pesar de la evidente distancia que los separaba, siendo también regidos por las Leyes de Indias. Con semejante organización no fue extraño que los territorios guineanos sufrieran durante las siguientes décadas un deterioro motivado por el semi abandono de la Administración española.
SIGLOS XIX Y XX
Fue el afán británico de hacerse con el territorio para utilizarlo como puerto esclavista, como ya habían hecho los portugueses, lo que llevó a España, en la época de Espartero, a reforzar su presencia en la zona; para ello, a partir de 1844, se ofreció a los esclavos cubanos liberados la posibilidad de regresar a África integrándose en la colonia de Guinea. Asimismo, en 1844 se abolió el esclavismo de manera definitiva, aunque la realidad es que, desde 1835, la prohibición era un hecho. En 1846, la ciudad de Clarence fue rebautizada como Santa Isabel.
A finales del S. XIX, el interés europeo por África fue en aumento, sobre todo, cuando las expediciones de David Livingstone revelaron el interior de África y cartografiaron el río Congo (1871). Sus descubrimientos despertaron el interés colonial europeo, sentando las bases que desembocaron en la Conferencia de Berlín (1884-1885), donde las potencias se repartieron el continente africano e instituyeron y dieron legalidad al Estado Libre del Congo.
En España, fue Joaquín Costa quien sostuvo con más ímpetu la necesaria presencia de nuestro País en el África subsahariana, por ello organizó el Congreso Español de Geografía Colonial y Mercantil de 1883. Figuras como Costa ayudaron a que España consolidara la soberanía sobre lo que hoy es Guinea Ecuatorial, definiendo sus fronteras frente a la presencia francesa en la zona. Este momento marcó una «fiebre colonial» de carácter intelectual en España que intentaba compensar con retórica y geografía la falta de poder militar y económico real que sí tenían otras potencias como Gran Bretaña o Francia.
En aquel ambiente, España realizó en Guinea algunas expediciones militares para reforzar las fronteras y evitar el hostigamiento británico y francés. Desde finales del siglo XIX y principios del S. XX (hasta finales de la década de los 50), España potenció las estructuras administrativas.
En el S. XX podemos distinguir tres etapas de nuestra presencia en Guinea:
- Época del Estatuto Colonial que abarca desde 1902 a 1950.
Económica y socialmente se apostó por el desarrollo de la agricultura, principalmente en las plantaciones de café y cacao. Pero también se acometieron importantes obras de construcción de astilleros y de barcos y otras infraestructuras. Se potenció la explotación de marfil y de oro.
Fruto de aquella mayor presencia española fue el logro de una alta tasa de alfabetización con la consiguiente enseñanza del castellano, que sigue siendo en la actualidad el idioma oficial, una creciente cristianización, una red sanitaria muy superior a la de otras zonas africanas, y un importante crecimiento per cápita. Aprovechando estas mejoras, llegaron a Guinea numerosos españoles que se establecieron, sobre todo, en Santa Isabel. Entre ellos destacaban dos grupos: los funcionarios y los encargados de las explotaciones agrícolas.
Se afianzó la presencia administrativa española ante el miedo a otra pérdida en un momento de consternación nacional por la pérdida de Cuba en 1898 y por la incertidumbre que creaba en nuestra colonia africana las tentaciones conquistadoras de las potencias europeas. En este sentido, la norma más importante fue el Real Decreto de 11 de julio de 1904, que potenciaba la organización administrativa y judicial en el territorio. Se establecía como autoridad suprema en la zona al Gobernador Principal, con mando en las fuerzas terrestres, aéreas y marítimas. Era el responsable de mantener la seguridad y el orden en toda Guinea. A su cargo tendría un cuerpo consultivo que le ayudaría a poner en marcha y ejecutar todas las medidas y normas que se aprobaran en Madrid. También contaba con un consejo vecinal con la misión de ordenar el ámbito local. Los españoles de Guinea tenían los mismos derechos que los de la Península.
Especial atención se prestaba a los braceros, que gozaban de libertad teórica, pero las condiciones de trabajo no siempre fueron las mejores. Precisamente esta situación mejoró paulatinamente, sobre todo, por la concurrencia de un elemento tradicional y esencial en toda la conquista española en cualquier parte del mundo, en el siglo XV o en el XX: los misioneros. Eran la avanzadilla de la presencia española, primero en las islas y luego en el continente. Su misión era evangelizar, pero también enseñar y civilizar a los nativos. Su acción fue determinante para la asimilación de la cultura española. Por ellos en Guinea aún se encuentran costumbres españolas y, sobre todo, se habla español.
De este periodo cabe destacar el problema surgido durante la 1º Guerra Mundial para poder mantener la neutralidad española en el conflicto.
Guinea Ecuatorial se encontraba entre el Camerún alemán y el África Ecuatorial francés. Es decir, estaba en medio de la línea de guerra.
En Guinea estaba como gobernador Ángel Barreda y Luyango, un marino que llevaba en el cargo desde 1910, periodo inusualmente largo en la historia de gobernadores de ese territorio, y ello se debía a su buen hacer. Siempre tuvo buena relación con los gobiernos de Madrid e intentó tenerla también con los jefes tribales y con los criollos enriquecidos de la colonia. Pero el estallido de la guerra le complicó las cosas.
España tenía una fuerte presencia en la isla de Fernando Poo, sobre todo, en la capital, Santa Isabel, pero en la Guinea Continental su comparecencia era escasa. Para el control de la colonia apenas contaba con unos cientos de guardias coloniales y sin la munición adecuada.
Para evitar que alguno de los bandos contendientes atravesara el territorio guineano en persecución del otro, ideó el establecimiento de puestos militares, comunicados mediante amplios caminos que sirvieran además para el comercio. Como no tenía ni tiempo ni mucho presupuesto, inició la tarea con la instalación de sólo 5 de esos puestos. En ellos estableció a 30 soldados con sus respectivos mandos. Eran pocos y mal pertrechados, pero efectivos y evitaron el cruce de fronteras. Es más, cuando los alemanes perdieron la guerra, pasaron desde el Camerún a Guinea; cruzaban la frontera, colgaban de un árbol un documento en el que indicaba que abandonaban las hostilidades y entraban en territorio neutral. Al entrar en territorio guineano, se dirigían al puesto colonial más cercano y se entregaban oficialmente. Eran escoltados hasta Bata, desarmados e internados.
Francia y Gran Bretaña presionaron a España para que les entregaran a los prisioneros, pero España se negó. Acordó con los aliados trasladarlos a Fernando Poo y desde allí a España hasta el final del conflicto. Asimismo, algunos jefes tribales cameruneses que siguieron casi el mismo recorrido, tampoco fueron entregados, permanecieron en Guinea protegidos por las autoridades españolas hasta que en 1918 pudieron volver al Camerún.
2. Guinea como provincia (1958 a 1963)
Durante la Guerra Civil, Guinea quedó bajo el mando de la España Nacional.
Durante el franquismo, en 1959, el territorio guineano obtuvo el estatus de provincia, siendo elegidos un año más tarde los primeros procuradores en Cortes de origen ecuatoguineano.
La diferenciación entra la zona insular y continental de Guinea llevó a España a dividir el territorio en dos provincias: Fernando Poo y Río Muni. Se reforzó la autoridad del Gobernador General y se potenció notablemente la educación infantil y primaria. Se creó el patronato de indígenas en manos, muchas veces misioneras, para proteger a los nativos, que mejoraron considerablemente sus condiciones de vida.
De esta época es también la aplicación del Código Civil a los indígenas. Con anterioridad existían dos normas, una para los nacionales y otra para los indígenas. Ahora, todos eran españoles y se regían por las mismas normas.
3. Autonomía (de 1963 a 1968)
Surgieron, en la Administración local, jefes de distrito, que poco a poco irían constituyendo una élite local que lideraría en los años 50 un movimiento reivindicativo de autonomía, junto a otros grupos que habían hecho fortuna en las décadas anteriores o aquellos guineanos seleccionados para ampliar estudios medios y superiores en España. El gobierno de Franco otorgó cierto estatuto de gestión autónoma, intentando retrasar en lo posible la independencia que ya se avecinaba.
Maestros indígenas, auxiliares administrativos, catequistas, incluso curas nativos, como Alberto Ndongo, llenaron las filas del nuevo nacionalismo guineo ecuatoriano.
INDEPENDENCIA
En 1968, durante el proceso de descolonización de África y apoyado por la ONU, la constituida como Asamblea General de Guinea Ecuatorial logró, bajo la supervisión de varios observadores de la ONU, que se realizara un referéndum constitucional que facilitó finalmente la independencia de Guinea Ecuatorial el 12 de octubre de 1968 tras varios siglos de administración española.
La independencia llevó la firma de Manuel Fraga como representante español y la de Francisco Macías como presidente de Guinea Ecuatorial. Este, a partir de ese momento, y a pesar de las intenciones, reflejadas en el acuerdo, de proteger los intereses de los españoles residentes en Guinea Ecuatorial, emprendió un camino dictatorial, con una ofensiva anti española, que obligó a salir del país a la mayoría de nuestros compatriotas de forma casi precipitada. El relevo de Macías vino de la mano de su sobrino Teodoro Obiang, que le derrotó militarmente, pero que no varió el rumbo autoritario de Guinea Ecuatorial. Las relaciones diplomáticas y empresariales entre España y Guinea Ecuatorial se volvieron tensas, difíciles y envueltas en una maraña de intereses geoestratégicos internacionales y de variaciones en los flujos comerciales. Así seguimos.
BIBLIOGRAFÍA
BENZ, W. y GRAML, H. “El siglo XX. Los problemas mundiales entre los dos bloques de poder”. Ed, Siglo XXI. 1987.
DEUTSCH, Christine. “Independencia y Descolonización de Guinea Ecuatorial”. Ed. Universidad de valencia. 2018. Dialnet.
MARTINEZ CARRERAS, José Urbano. – “Introducción a la Historia Contemporánea. Tomo II (Desde 1917. El Siglo XX). Ed Istmo. 1985.