VELLIDO DOLFOS

Hoy vamos a contar la historia de un traidor. Teniendo en cuenta que lo que sabemos de su vida es mitad verdad, mitad leyenda.

Pero para comprender mejor la situación hemos de remontarnos unos años antes al acontecimiento que determinó que nuestro protagonista alcanzara los libros Historia.

Fernando I de Castilla, llamado el Grande o el Magno, era hijo de Sancho III el Mayor de Navarra y de doña Muniadonna (en algunos libros conocida como doña Mayor), hija del conde de Castilla, Sancho García. Fernando, en 1029, recibió por herencia materna el condado castellano, aunque fue su padre quien lo gobernó hasta su fallecimiento en 1035; entonces, Fernando recibió el pleno dominio de Castilla con título de rey. El territorio recibido se vio mermado en beneficio de Navarra y de León. Esta situación llevó a un enfrentamiento con sus vecinos. Pero tras las batallas de Tamarón y Atapuerca se produce la conquista de buena parte del reino de Navarra que le había sido arrebatado lo que unido a la herencia de su esposa, Sancha de León, permitió a Fernando agrandar su reino y ser proclamado rey de León (Fernando I).

La última parte de su vida la dedicó a combatir contra los musulmanes: reconquistó Viseo, Lamego (1055) y Coimbra (1064); y dirigió varias expediciones militares para exigir de los reinos de Taifas de Zaragoza, Toledo, Badajoz y Sevilla el pago de tributos en reconocimiento de vasallaje.

Pero el buen rey Fernando generó uno de los grandes problemas sucesorios de la historia de España. Este provino de la alteración de la costumbre testamentaria leonesa y, en vez de transmitir su reino al primogénito, repartirlo entre sus hijos, siguiendo los usos del reino de Navarra lo que era la tradición de su linaje. Aunque hay quien dice que la idea de la división nacía de la clara preferencia que sentía por su hijo segundo, Alfonso.

En la división hereditaria, a su hijo mayor, Sancho, le dejó Castilla (Sancho II) junto a las Asturias de Santillana y las tierras de los Banu Gómez: Liébana, Monzón, Saldaña y Carrión de los Condes. A ellas se añadían los derechos sucesorios de Pamplona, así como los tributos de la taifa de Zaragoza; a Alfonso le nombra rey de León (Alfonso VI) y le otorga los tributos de la taifa de Toledo; a García lo hace rey de Galicia y le concede los impuestos que debían pagar las taifas de Badajoz y Sevilla; a sus hijas les deja las ciudades de Toro, a Elvira, y Zamora, a Urraca, ambas bajo el título de reinas y con sustanciosas rentas.

Fernando muere en 1065. Poco después, Sancho nombra alférez de Castilla, equivalente a máximo responsable de su ejército a Rodrigo Díaz de Vivar, futuro “Cid Campeador”.

El joven rey Sancho no tardó en hacerse acreedor de su apelativo “el Fuerte” tras enfrentarse y derrotar al rey Sancho de Navarra, que le había arrebatado a su padre algunas plazas fronterizas y al rey Sancho Ramírez de Aragón, que pretendía expandirse por la taifa de Zaragoza, tributaria de Castilla.

En 1067, fallece la reina Sancha, esposa de Fernando I. Desaparecida su madre y la armonía que por ella mantenían sus hijos, se precipitaron en una serie de enfrentamientos fratricidas. El 19 de julio de 1068, Sancho se enfrentó a su hermano Alfonso en el campo de Llantada, cerca de Lantadilla (actual provincia de Palencia).  Para evitar una guerra pactaron celebrar un Juicio de Dios (combate que decidiría de parte de quien estaba Dios y, por ello, la razón). El combate lo ganaron los castellanos, pero Alfonso VI se negó a cumplir el resultado y cederle el trono leonés a Sancho.

Aún a pesar de estar enfrentados, poco después, ambos hermanos se pusieron de acuerdo para invadir conjuntamente el reino de Galicia, desposeyendo a su hermano García del trono.

Sancho nunca abandonó la idea de reunificar en su persona los territorios de su padre. Así que, una vez que se había deshecho de su hermano García, se decidió a asaltar los territorios otorgados a su hermano Alfonso.

En enero de 1072, los ejércitos castellano y leonés combatieron en Golpejera, a pocos kilómetros de Carrión de los Condes. El resultado final de la contienda fue la derrota de Alfonso, que fue hecho prisionero y enviado a Burgos. Sancho se coronó rey de León el 12 de enero de 1072, pero el alto clero y de la nobleza leonesa nunca le quisieron como rey.

Poco después tomó Toro, donde su hermana Elvira no opuso resistencia. Fue su hermana Urraca, señora de Zamora, quien se rebeló contra su hermano. En la ciudad se refugiaron muchos de los nobles leoneses enemistados con Sancho y no dispuestos a obedecer sus órdenes como nuevo rey de León.

Urraca se preparó para defenderse tras las poderosas murallas de su ciudad. El bloqueo fue largo, de ahí la frase “Zamora no se tomó en una hora”, pero la situación al cabo del tiempo (siete meses y seis días duró el asedio) empezó a volverse muy difícil. Durante el cerco de Zamora, aparece nuestro antihéroe de hoy, un caballero llamado Vellido Adaúlfiz (Vellido Dolfos) en ocasiones también escrito con B (Bellido).

Hay que señalar que una buena parte de la historiografía niega la existencia del cerco zamorano, por lo menos con esa longitud, del mismo modo que en la historia de Vellido Dolfos se mezclan la leyenda y la verdad.

De Dolfos se tienen noticias a menudo contradictorias y no demasiado fiables a través de diversas crónicas y cantares de la época, como el Cantar de Sancho II de Castilla, recogido en la Crónica Najerense y posteriormente consignado en otras crónicas, como la Primera Crónica General. Según la leyenda, era amante de Urraca; en otras crónicas, un simple caballero de la Corte. La leyenda o la realidad sostiene que Vellido Dolfos salió de la ciudad de Zamora y consiguió acercarse al rey Sancho. En unas crónicas cuentan que Vellido, fingiendo desertar, solicitó una entrevista con Sancho para pasarse a las filas de éste y mostrarle los lugares más vulnerables de la muralla. Durante su encuentro, en un descuido del monarca, lo asesinó por la espalda con el venablo que éste llevaba. En otros relatos se dice que simplemente encontró al rey desprevenido y lo mató por la espalda. Unas crónicas dicen que tales hechos acontecieron a los pies de la muralla; en otras que Vellido hizo creer al Rey que había un pasadizo, a través de una de las puertas de la muralla, que le permitiría entrar en la ciudad, y allí lo asesinó. Fuera como fuese, el caso es que todas las crónicas coinciden en que Vellido Dolfos mató al rey Sancho a traición en 1072.

De nuevo la leyenda, los diferentes documentos difieren de cuál fue la suerte del traidor desde entonces. Unos cuentan que fue El Cid quien lo vio y mató a los pies de la muralla de Zamora y otros dicen que lo persiguió, pero no pudo acabar con él. Algunos, en cambio, afirman que lo hirió y que fue ajusticiado. Otras fuentes mantienen que se refugió en la ciudad, logrando escapar así de sus perseguidores, y que luego doña Urraca le permitió marcharse. Incluso hay crónicas que aseguran que Diego Ordóñez, primo del rey Sancho, logró vengar su muerte y lo mandó descuartizar vivo.

La verdad es que el Cid no pudo matarle a los pies de la muralla de Zamora porque hay restos históricos que sitúan a Vellido viviendo en Zamora durante el reinado de Alfonso VI y le cuentan con vida hasta su desaparición de toda fuente histórica en 1075.

En cualquier caso, el regicidio influyó de manera decisiva en la historia de España al dejar a Castilla sin rey. El acontecimiento ha permanecido en la tradición literaria, fundamentalmente la de los cantares de gesta. Pero muy especialmente su traición quedó marcada por el “Romance de la Jura de Santa Gadea”. En él se cuenta como Rodrigo Diaz de Vivar, el Cid Campeador, obligó a Alfonso VI, rey de León y de Castilla tras la muerte de su hermano, a jurar que no había tomado parte en el asesinato del rey Sancho. En ninguna crónica se dice que alguien pidiera cuentas a Urraca, que parece mucho más cercana a los acontecimientos y era bien conocido su amor fraternal por Alfonso del que siempre se sintió protectora.

“En Santa Gadea de Burgos/do juran los hijosdalgo, /allí toma juramento/el Cid al rey castellano, /sobre un cerrojo de hierro/y una ballesta de palo… si tú fuiste o consentiste/en la muerte de tu hermano.”

La historiografía y los estudios de literatura afirman que la jura es un mito creado en el Siglo XIII, tras la unión definitiva de los reinos de Castilla y de León en la persona de Fernando III.

No hubo, pues, juramentos en la iglesia de Santa Gadea; ni enemistad del rey ni destierro del Cid por este motivo. Esas son leyendas elaboradas en épocas más tardías. Al revés, en un principio, el Cid gozó de la amistad y el favor del rey Alfonso más que ningún otro noble de la Corte. La leyenda nace en Castilla pues los nobles castellanos no querían a un rey leones y sus crónicas buscan ensalzar las virtudes castellanas frente a los leoneses, a los que tachan de todo tipo de bajezas; no perdonan a Alfonso hasta que éste reconoce en el Cid al paladín de las virtudes castellanas.

Así se escribe la historia, porque esa tradición de Alfonso como intruso y traidor ha pasado a las crónicas y romanceros cuando la verdad es que Alfonso se encuentra entre los grandes monarcas de nuestra Edad Media. Fue uno de los artífices de la génesis de nuestra nación. Durante su largo reinado de cuarenta y tres años y medio, dos fueron sus aportaciones más notables a la configuración de España: la primera, haber hecho progresar la frontera meridional de su reino desde el río Duero hasta el río Tajo, avance simbolizado en la conquista de Toledo; la segunda, haber puesto fin a un aislamiento cultural de tres siglos y medio y haber incorporado plenamente su reino a la Cristiandad europea.

Pero si malo es que en el siglo XIII quisieran reivindicar la figura de Sancho tergiversando la de Alfonso, o reivindicar la preeminencia castellana sobre la leonesa, que de eso se trataba, peor es que en el Siglo XXI, en concreto en 2010, las autoridades zamoranas, decidieran sustituir el nombre de la puerta de la muralla de Zamora de la que supuestamente se valió Vellido Dolfos para traicionar al rey sancho, de Portón de la traición a “Portón de la lealtad. La alcaldesa de Zamora oficializó el cambio de nombre con un texto de desagravio para Vellido Dolfos y una placa conmemorativa, al considerar a Dolfos héroe de la defensa de Zamora.

No calificaré este hecho contemporáneo porque la capacidad intelectual de los actores se califica por sí sola, que cada lector los denomine como le parezca.

BIBLIOGRAFIA

GONZÁLEZ MÍNGUEZ, César (2002). “El proyecto político de Sancho II de Castilla (1065-1072). dialnet.unirioja.es.

MARTINEZ DÍEZ, Gonzalo. “Alfonso VI: señor del Cid, conquistador de Toledo.” Ed.: Temas de Hoy. 2003.

AGUADO BLEYE. “Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1963