MANUEL CURROS ENRÍQUEZ.

Hoy, como cada 11 de noviembre, un recuerdo a Galicia y a mi familia; a los que están y, sobre todo, a los que ya no están. En este caso, con un significado personal más especial, aún si cabe, puesto que yo estudié en Orense en un colegio nacional que se llamaba, y espero que se siga llamando, como el gran poeta de Celanova: Curros Enríquez. Vivía Franco, y en la clase de lengua, nos explicaban también literatura gallega y en gallego. Lo que me permitió apreciar y querer esa lengua sin necesidad de que me la impusieran. Siempre se llega mejor a las cosas desde la libertad.

Manuel Curros Enríquez, poeta y periodista, nació como he dicho en Celanova, Orense. Nunca tuvo una buena relación con su padre, lo que le llevó a marcharse de la casa familiar con tan solo 15 años e instalarse en Madrid junto a su hermano. En la capital estudió el bachillerato e inició estudios de Derecho que nunca culminó. Sí puso mayor interés en la vida política ingresando en ambientes liberales, participando en la Revolución de 1868, la gloriosa.

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Trabajó durante toda su vida como periodista (aunque también ejerció otras profesiones). Como periodista obtuvo un gran prestigio merced a la búsqueda siempre de una sólida argumentación (se coincidiera con su punto de vista, o no) y al dominio de la lengua, aunque deberíamos decir de las lenguas, pues en prensa escribió mayoritariamente en castellano y, en algún momento, en gallego. Pero, sobre todo,  destaca como poeta especialmente en gallego.

Entre sus primeros años como periodista colaboró en El Imparcial de Madrid y otros diarios republicanos. En 1870, publicó un artículo crítico con el duque de Montpensier, lo que le valió pasar varios meses exiliado en Londres.

Regresa a España a finales de 1870, y en 1873, su vida cambia radicalmente. Primero, porque se casa con Modesta Vázquez, con quien tuvo cinco hijos. Las relaciones familiares no fueron muy armoniosas, lo que influyó, según alguno de sus biógrafos, en su decisión de irse a Cuba en 1894. Desde luego muy bien no debió llevarse con su mujer e hijos,  cuando al volver a España en 1904, no aprovechó el paso por Madrid para visitar a su familia. En segundo lugar, se muestra entusiasmado con la proclamación de la Primera República (11 de febrero de 1873), y, en tercer término, en marzo de 1873, ingresa como redactor en La Gaceta de Madrid, en donde trabajará hasta que el General Pavía acaba con la Primera República el 3 de enero de 1874.

Debido a sus crónicas de la Guerra Civil- referidas a la Tercera Guerra Carlista (1872-1876)-, publicadas en El Imparcial, consigue destacar en el mundo periodístico y que El Imparcial le incluya en plantilla.

En 1875, con otros intelectuales gallegos, funda en Madrid la sociedad Galicia Literaria, de corta duración, pues se disuelve en 1876.

Uno de los cambios que se producen en su vida se da, en ese mismo año de 1876, cuando el Heraldo Gallego publica una carta del orensano Modesto Fernández González, que ofrece un premio de 2.000 reales al poeta que, en gallego, retrate con mayor exactitud y colorido las costumbres, tradiciones y tipos de Galicia. Lo gana Curros, con los poemas “A Virxe do Cristal”, “O gueiteiro” y “Unha voda en Einibó”.[1]

De “O gueiteiro”:

Despois do tempo pasado,

pasado pra non volver,

como on profeta ispirado,

inda mo parece ver

na festa do San Trocado.

Calza curto, alta monteira,

verde faixa, albo chaleque

i o pano na faltriqueira,

sempre na gaita parleira

levaba dourado fleque.

 

Después del tiempo pasado,

pasado para no volver,

como un profeta inspirado,

Todavía me parece ver

en la fiesta de San Trocado.

Pantalones cortos, montera alta,

faja verde, chaleco blanco

y el paño en la faltriquera,

siempre en la gaita

llevaba flecos dorados.

 

En 1877, regresa a Galicia, a Orense, donde Modesto Fernández González le había conseguido un puesto en las oficinas provinciales del Ministerio de Hacienda.

Su obra inmediata será su única novela: Paniagua y compañía (1878), sobre un corresponsal de guerra, en la que se aprecia su desprecio por el carlismo y el mundo clerical. En 1888, publica una obra de teatro, El Padre Feijoo, que, junto con Cartas del Norte e Hijos ilustres de Galicia, constituirán su obra más destacada en castellano, amén de sus artículos periodísticos, y otras obras de menor renombre. Al mismo tiempo,  siguió componiendo poesía.

Su estilo poético se refina aún más; lleno de musicalidad, colorido, dulzura y sabor local que lo sitúan para muchos,  junto a Rosalía de Castro, como uno de los mejores poetas en lengua gallega.

Su primer poemario, Aires da miña terra (1880), se hizo muy popular a raíz de ser acusado de blasfemo por el Obispo de Orense;  fue condenado a más de dos años de prisión. Pero tras muchas vueltas, pago de alguna multa y un recurso equivalente al de revisión penal, logró ser absuelto. Todo este lío le valió una publicidad preciosa y su obra se vendió con fruición. Más allá del escándalo, se reveló su sensibilidad lírica y su capacidad para crear imágenes de notable delicadeza a partir de la musicalidad de sus versos.

Fala de miña nai,fala armoñosa,

En que o rogo dos tristes rube ó Ceo

I en que dende a prácida esperanza

Os afogados e doridos peitos;

Fala de meus obós, fala en que os parias,

De treboa e polvo e de sudor cubertos,

Pidan á terra o gran da cor da sangre

Que ha cebar á bestas do laudemio…

 

Habla de mi madre, habla armoniosa,

en la que el ruego de los tristes sube al Cielo

 y en la que desciende la plácida esperanza

 a los ahogados y doloridos pechos;

habla de mis abuelos, habla en la que los parias,

de tinieblas y polvo y sudor cubiertos,

piden a la tierra el grano del color de la sangre

que ha de cebar a la bestia del laudemio…

En 1888, dio a conocer “O divino sainete. Poema en ocho cantos”, poema en tercetos en el que, parodiando la Divina Comedia de Dante, satiriza la peregrinación española a Roma con ocasión del jubileo de León XIII y ataca lo que él, un profundo anticlerical, entendía como corrupción religiosa. Esta era la obra poética de la que Curros se mostraba más orgulloso. La consideraba su mejor obra.

É un viaxe de recreo.

¿Quén folga de vir conmigo

de León XIII ó xubiieo?

Es un viaje de placer.

¿Quién quiere venir conmigo

de León XIII al jubileo?

Sin embargo, su vida Orense se le hace difícil por el ambiente hostil a su anticlericalismo, por eso, con la ayuda de Fernández González, regresa a Madrid y logra un puesto en el Ayuntamiento. Retoma el periodismo en la Capital colaborando sucesivamente en El Porvenir, El Progreso y El País, todos ellos de tendencia republicana.

En la noche del 27 de marzo de 1893, con motivo de la inauguración del Centro Gallego de Madrid, el ex ministro Manuel Becerra le impone una corona de laurel de plata, lo que viene a demostrar el reconocimiento que, en estos años, Curros adquiere en determinados círculos gallegos.

Aunque se desconoce la causa, en 1894 parte para Cuba y allí funda la revista La Tierra Gallega. También colabora en otros diarios en los que publica sobre todo poemas. La revista apenas dura dos años, hasta noviembre de 1896, cuando es clausurada a raíz del artículo “Responsabilidad ministerial”, en el que censura al ministro de Marina por elegir para determinados contratos de la flota militar a los astilleros de Cádiz frente a los de Ferrol. Este cierre, más su postura intransigente con la libertad de expresión siempre desde una óptica localista, le lleva a pasar algunas dificultades económicas que se solventan al ingresar como corrector de pruebas en el principal diario cubano, El Diario de la Marina, del que consigue poco después ser redactor.

Con todo, su posición patriótica, española, nunca se puso en duda, así al coincidir su estancia en Cuba con la segunda insurrección para lograr la independencia de Cuba, Curros siempre se mostró contrario al levantamiento y, es más, acabó rompiendo con el Centro gallego en La Habana por ofrecer éstos una cena a favor de alguno de los militares insurrectos.

En 1904, reingresa en el Centro Gallego tras exigir que el presidente fuera gallego, los cuadros y los libros fueran de gallegos, en lengua gallega o, marginalmente, castellana.

Ese mismo año viaja a España, siendo acogido con honores en Galicia.

Vuelve definitivamente a Cuba y en 1907 lee su poema “A Alborada de Veiga”, en un acto celebrado en el Teatro Nacional de La Habana, en el que se homenajeaba al músico Pascual Veiga. En ese acto se cantó por primera vez el himno gallego, cuya música estaba compuesta por Veiga.

O celta, que didiante dos astros se axoella,

deixounos nese canto de multiforme son

o matinal sol o luz do sol vermella,

feito de estrondo de himno e rogos de oración.

El celta, que se arrodilla ante las estrellas,

nos dejó en esa canción de sonido multiforme

el sol de la mañana, la luz roja del sol,

hecho del rugido de himnos y ruegos como oración.

Poco después, el estado de salud de Manuel Curros Enríquez se quebranta. Ingresa en el centro de salud del Centro Asturiano de La Habana, donde fallece el 7 de marzo de 1908. Su cuerpo será velado en los salones de El Diario de la Marina y, posteriormente, en los del Centro Gallego.

Reclamado por la Academia Gallega, su cuerpo embarca el 20 de marzo rumbo a La Coruña, adonde llega el 31. Su cadáver fue expuesto durante tres días en el Ayuntamiento. Casi cuarenta mil personas asistieron a su sepelio, celebrado el 2 de abril.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

“Aires d’a miña terra: coleucion de poesías gallegas” ed. crít. de C. Casares, Galaxia, 1975.

“Obras escogidas. Poesía. Teatro. Prosa”, recop. por A. Curros Vázquez, Ed. Aguilar, 1956.

GONZÁLEZ-BESADA, A. y MELEDO ABAD, F.- “Manuel Curros Enríquez: Biografía”. Artes Gráficas Minerva, 1952.

MARTÍNEZ- RISCO DAVIÑA, Luis.- “Manuel Curros Enríquez. O home o seu contexto”. Ed Duen de Bux. 2001.

[1] Las traducciones son mías. Espero no haberme desviado mucho de la intención del autor.