AGUSTINA DE ARAGÓN

Uno de los hechos más destacados de la resistencia española a la invasión napoleónica se dio en Zaragoza. Los sitios de Zaragoza son ejemplo de heroísmo, patriotismo y lucha sin cuartel contra un enemigo común y, representan, junto con el levantamiento del 2 de mayo en Madrid, la uno de los acontecimientos más destacables del principio del fin de Napoleón. A los acontecimientos de Zaragoza y Madrid  habrá que unir otros muchos hechos heroicos de aquella victoria como, por ejemplo, la resistencia de Gerona, Vitoria y otros lugares; la movilización patriótica del pueblo español, en las ciudades o en la guerrilla, el tambor del Bruch, el valor del ejército, como en Bailén, o el sentido institucional y jurídico de construcción nacional de las Juntas y el liberalismo reunido en Cádiz etc.

Como Señala Domínguez Ortiz, la Guerra de la Independencia fue la ocasión que tuvo España de demostrar que la unidad nacional forjada durante siglos había impregnado la conciencia de todos

En Zaragoza se produjeron dos asedios. La plaza era clave para garantizar las comunicaciones del noreste, el abastecimiento de las tropas francesas en Cataluña y controlar Aragón.

La ciudad se subleva a raíz del levantamiento madrileño del 2 de mayo, los franceses envían a su ejército a restablecer el orden. Las tropas francesas eran superiores en número, sin embargo, la ciudad, bajo el mando del general Palafox, resistió. Esto obligó a los franceses a retirarse en agosto, para volver a finales de año e iniciar el segundo sitio. De aquella resistencia el mariscal Lannes escribió a Napoleón: “Nunca he visto tal encarnizamiento. He visto mujeres que se dejan matar en la brecha”.

La ciudad diezmada por la guerra y las enfermedades capituló el 21 de febrero de 1809. Sin embargo, su brava resistencia fue inmortalizada en muy diversas maneras: música, literatura, pintura, escultura… Unas veces alabando el protagonismo colectivo de la resistencia: Galdós plasmó aquel acontecimiento en uno de sus Episodios Nacionales o en la literatura extranjera como en “Guerra y Paz” dónde León Tolstoi se hace referencia al sitio. Cabe recordar la música popular, las Jotas, que hablan de aquel acontecimiento: La Virgen del Pilar dice/Que no quiere ser francesa/Que quiere ser capitana/De la tropa aragonesa.

O aquella otra que canta: aquel que quiera saber / lo que Zaragoza vale / que pregunte a los franceses / que los franceses lo saben.

En marchas militares, por ejemplo, en el himno de la Academia General Militar de Zaragoza: 

«…Honor y Gloria para España/Zaragoza con sangre ganó/y en el solar Zaragozano/ mi alma el temple recibió…»

El cine también se ocupó de la heroicidad general de la ciudad, como en el film de 1903 de Segundo de Chomón, documentales, museos o nombres de calles en las ciudades recuerdan la gesta zaragozana.

Pero toda gesta se compone de héroes y en el caso que nos ocupa de una heroína destacada: Agustina de Aragón.

Realmente, Agustina de Aragón era catalana. Había nacido en Barcelona (algunas biografías dicen que en Reus) en 1786, de padres leridanos. De hecho, su nombre era Agustina Zaragoza Domenech, si bien en muchas biografías aparece su primer apellido en terminología catalana, es decir, Agustina Saragossa i Domènech.

A los 17 años se casa con el gerundense Joan Roca i Vilaseca, cabo segundo de artillería que había sido destinado temporalmente a Barcelona. Tuvieron un hijo y una vida apacible en la ciudad condal durante cinco años. Pero la invasión napoleónica traslada a Joan Roca a Zaragoza y Agustina sigue a su marido a la ciudad maña (existe cierta controversia sobre si fueron juntos o Roca se quedó luchando en Barcelona y envió a su mujer e hijo a Zaragoza por considerarlo lugar más seguro).

Los franceses bajo el mando del general Lefebvre comenzaron el ataque a la ciudad en junio de 1808.  Allí Francia reune un ejército de 14.000 soldados de infantería, más de mil de caballería, más de 20 cañones, morteros y obuses frente a escasamente 8.000 españoles. Se inicia el sitio el día 15 de junio y, después de sesenta y un días de heroica defensa, el general Verdier, que había sustituido a Lefevbre, lo levanta el 14 de agosto.

Los bombardeos habían comenzado en los primeros días de julio. Toda la ciudad se aprestó a la defensa, siendo los artilleros los que sobrellevaban buena parte del peso de la misma. Las mujeres se dedicaban especialmente a tareas de cuidado de la tropa y al suministro de munición y comida. En uno de los días de la campaña cuando se dirigía hacia el Portillo, según dejo escrito ella misma en unas notas de 1809, Agustina Zaragoza vio como los artilleros de la batería allí instalada habían caído muertos o heridos por una granada enemiga. Sin pensarlo dos veces, y ante la presencia de una columna enemiga que se acercaba para penetrar en la ciudad por aquel lugar, en mitad de una lucha encarnizada, en medio del polvo y el humo, cogió una mecha y, con la mayor intrepidez, empezó a descargar el cañón sin parar durante todo el ataque. Al tiempo que animaba a los españoles con los gritos de ¡Viva España! ¡Viva el Rey Fernando! Los franceses, sorprendidos, retrocedieron para protegerse del fuego propagado por Agustina, a la que en unos minutos vinieron a apoyar los miembros de otra batería, y así, entre todos consiguieron que el enemigo francés se retirara.

Aquel mismo día, conocidos los hechos e informado el general Palafox, la condecoró con el título de artillera y sueldo de seis reales diarios. Hasta el final del asedio, Agustina continuó sirviendo en la defensa, en aquella y en otras baterías, y por su heroico comportamiento Palafox le concedió los dos escudos de honor con los lemas “Defensora de Zaragoza” y “Recompensa del valor y patriotismo”.

También fue destacada su labor artillera en la defensa de la Puerta del Carmen y en el desalojo de los franceses del convento de la Trinidad desde el de la Misericordia, cuando, con riesgo de su vida, logró recuperar dos fusiles que los franceses habían quitado a los españoles.

Era el segundo sitio, entre el 30 de noviembre de 1808 y el 22 de febrero de 1809, la ciudad de Zaragoza fue escenario de la gran batalla que la hizo famosa. Fue más larga y dolorosa que las más encarnizadas del primer sitio. Llovían bombas, granadas (seis mil cayeron en una semana) y ni así se rindieron los bravos aragoneses. Hasta diez veces tuvieron que atacar la iglesia para que se rindieran sus defensores.

Los franceses habían aprendido algo del Primer Sitio. Precisaban cercar la ciudad desde ambos márgenes del Ebro para poder cortar las vías  de entrada de provisiones y refuerzos a través del Arrabal. En la madrugada del 26 de enero, con el mariscal Lannes al mando, cincuenta cañones pesados abrieron tres brechas entre Santa Engracia y el convento de Santa Mónica. Al día siguiente empezó el asalto a gran escala. Pero no fueron las bombas ni las bayonetas lo que rindió a los aragoneses, sino la peste. La peste que postró en cama a Palafox, que tumbó a Agustina, la cual aún quería seguir luchando a pesar de la carencia de fuerzas y de la fiebre. La peste, junto con el hambre, causaron la capitulación de Zaragoza el 23 de febrero de 1809.

Todavía enferma, y llevando con ella a su hijo, fue conducida con los demás prisioneros camino de Francia, falleciendo el niño al llegar a Ólvega (Soria), debido a la enfermedad, el cansancio del viaje y el hambre. Al llegar a Puente la Reina, Agustina consiguió escapar y llegar hasta Cervera del río Alhama, desde donde, una vez recuperada, pasó a Teruel. Allí la Junta le concedió pasaporte para el ejército, con el que se dirigió a Andalucía. En el Alcázar de Sevilla, el 30 de agosto de 1809, la Junta Suprema Central del Gobierno de España, en ausencia del Rey, prisionero en Francia, le concedió, en atención a sus méritos, el grado y sueldo de subteniente de artillería. La propia Agustina le había escrito al Rey contándole sus actuaciones en la Guerra:

“Agustina Zaragoza, por otro nombre la Artillera de Zaragoza se presenta á V. M. y con su mayor respeto espone: que a primeros de Junio de 1808 salió de Barcelona con dirección a la capital de Aragón, habiéndose encontrado de paso en la primera escaramuza que padecieron los Franceses desde Esparraguera al Bruch, de donde se retiraron a Barcelona, y pudo la Esponente continuar su viaje. Llega á Zaragoza cuando empieza á ser asaltada por los Franceses, y queriendo alternar con sus mayores defensores los Artilleros, los anima y exhorta a la firmeza; y empezó a hacer este oficio sirviendo tacos y otras provisiones[1]

Tras Andalucía, participó en la defensa de Tortosa, donde de nuevo fue hecha prisionera, y trasladada a Zaragoza. En 1813 se encuentra otra vez en combate, en esta ocasión en Vitoria, donde el general Pablo Morillo certificó también su heroísmo. Entre Tortosa y Vitoria se une a la guerrilla. Agustina se incorpora en la Mancha al grupo guerrillero capitaneado por Francisco Abad Moreno, a quien apodan el Chaleco. Colabora con audacia y entusiasmo a las acciones de la guerrilla.

Terminada la guerra, Agustina permaneció en Zaragoza. El 25 de agosto de 1814, el Rey Fernando VII le concedió, en premio, un aumento de cien reales de vellón mensuales, sobre el sueldo que le estaba señalado, y el privilegio de usar la Cruz de Distinción otorgada “a los Generales, jefes, oficiales y demás individuos que se hallaron en el primer sitio de la inmortal plaza de Zaragoza”.

En 1818 nace su segundo hijo, Juan. Su marido fallece en 1823 y, en 1824, Agustina se vuelve a casar. Esta vez el elegido es Juan Cobos Mesperuza, Barón de Cobos de Belchite, y médico almeriense con el que tiene una hija, Carlota que es autora de una biografía de su madre: “Historia de la heroína de Zaragoza”.

No parece que ninguno de sus matrimonios fuera muy feliz ni que la convivencia conyugal se extendiera durante toda la existencia del vínculo legal. Del segundo marido conocemos que era carlista y que esto provocó enormes desavenencias conyugales. De sus hijos sabemos que Juan estudió y ejerció la medicina en Sevilla y Carlota se casó con un militar que fue destinado a Ceuta. Allí se trasladó Agustina en 1853. En la ciudad norteafricana murió el 29 de mayo de 1857. Seguía teniendo la condición de miliar. Se la entierra en el cementerio de Santa Catalina de Ceuta. El 14 de junio del mismo año, el Ayuntamiento de Zaragoza comenzó las gestiones para trasladar sus restos a Zaragoza, cosa que acabó ocurriendo en 1870. Después de un funeral solemne en la catedral de Ceuta, la comitiva salió hacia Zaragoza, haciendo escalas en Cádiz, Sevilla y Madrid, ciudades en las que se le rindieron honores militares y se celebraron solemnes exequias, hasta que el 14 de junio los restos de la heroína llegaron a Zaragoza y quedaron depositados provisionalmente en la Basílica del Pilar.

El 26 de octubre de 1908, se inaugura un monumento a Agustina, obra de Mariano Benlliure  https://www.zaragozaturismo.info/visitar-en-zaragoza/plazas-y-estatuas/monumento-a-agustina-de-aragon/12/87/ , en la Plaza del Portillo y el 15 de junio de 1909, en un acto presidido por el rey Alfonso XIII, se trasladan definitivamente los restos de Agustina de Aragón, a la capilla de la Asunción de la Virgen en la iglesia de Nuestra Señora del Portillo.

Agustina de Aragón por su heroísmo se convirtió en un mito, retratada por autores diferentes desde Goya (https://www.pinterest.es/pin/314055773985665456/)  a Ferrer Dalmau (http://rafa-pardo-almudi.blogspot.com/2013/08/ferrer-dalmau-spanish-painter-of-battles.html ).

Fue protagonista de películas como la exacerbada historia de Juan de Orduña, donde la representó Aurora Bautista. Se han erigido estatuas con su persona y hasta algún político la ha tenido en sus discursos, como hizo Castelar para ensalzar a la mujer aragonesa.

Curiosamente, la historiografía catalana se ha olvidado de su figura, en un momento en el que una parte de los historiadores y políticos nacionalistas gustan de convertir en catalanes a todas las personas ilustres del mundo, desde Colon a Teresa de Jesús, se olvidan de reivindicar a una de las catalanas más célebres que ha dado la Historia de España; una de las que defendió con mayor bravura a la patria española. Quizá es esa defensa de España lo que ha hecho que en vez de reivindicarla los catalanes lo hayan hecho con gran fervor y agradecimiento los aragoneses y el resto de los españoles.

BIBLIOGRAFÍA

QUERALT, Pilar. “Agustina de Aragón: la mujer y el mito”. La esfera de los libros. 2008.

CASAMAYOR, Faustino, Diario de los Sitios de Zaragoza (1808-1809), Editorial Comuniter. 2000

MONTERO ALONSO, José. “Agustina de Aragón. Una mujer En la Guerra de la Independencia”. Ed Semana. 1965.

DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio. “España, tres milenios de Historia”. Marcial Pons Historia. Vigésima edición, 2020.

[1] Carta escrita el 12 de agosto de 1809 y recogida en la documentación que aporta Montero Alonso en su obra: “la mujer en la guerra de independencia”.

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