DRACÓN

Seguramente, muchos de los lectores hayan oído el adjetivo draconiano siempre referido a leyes o a cláusulas de algún contrato, por ejemplo.

El diccionario de la RAE en su primera acepción señala que la palabra draconiano se refiere a “dicho de una ley o de una medida: excesivamente severa”.

Y en su segunda acepción nos sitúa sobre la figura histórica que da origen al adjetivo “Perteneciente o relativo a Dracón, legislador de Atenas “.

Podemos afirmar que Dracón, efectivamente, fue un legislador de Atenas, siempre y cuando admitamos que Dracón existió y no es una mera leyenda, dado que drakón en griego significa serpiente, y como los atenienses rendían culto a un ofidio sagrado que se custodiaba en la Acrópolis, algunos historiadores consideran que dracón podría tratarse de una metáfora de las leyes.

Sin embargo, mayoritariamente, se acepta la existencia real de Dracón, el cual habría vivido a finales del siglo VII antes de Cristo.

En la edad arcaica, el derecho de las ciudades griegas se basaba en la aplicación de costumbres y tradiciones. Cuando existía una disputa, un pleito, la solución la tomaban las personas más destacadas de los clanes aristocráticos según su leal saber y entender.  Muchas veces su decisión no era tan leal y se posicionaban en favor de su propio interés y no del interés general. Las rivalidades, los celos, el ansia de poder caracterizaban muchas de estas decisiones. Día a día, se comprendió que estas soluciones consuetudinarias no podían solventar todos los problemas planteados por una sociedad cada vez más compleja y más polarizada por la propia aplicación de la norma.

Por eso, se buscó a una serie de legisladores que gozaban de la confianza general para legislar por escrito, hacerlo público y juzgar. Se les encargó la codificación de una serie de leyes de manera que fueran éstas y no otras las bases sobre la que dictar las soluciones a los conflictos. Esos legisladores, según el testimonio de Aristóteles, se instituyeron con el nombre de arconte en el año 683 a.C.

Tras diversos enfrentamientos sociales y, sobre todo, tras el intento de tiranía de Cilón en el 632 a. C, se buscó una solución diferente al sistema de administración de justicia.

Para eso fue elegido Dracón, arconte epónimo, una magistratura cuyo titular era designado por sorteo entre los ciudadanos que presentaban su candidatura. Entre sus competencias estaba la de ocuparse de la administración civil y de justicia. Dracón buscó con un nuevo código dar solución a los problemas de Atenas. Analizando las fechas podemos comprobar que, en contra de lo en ocasiones se comenta, Dracón no pudo ser el primer legislador de Atenas (sus leyes datan del año 621 a.C.), pero, sí es verdad que sus leyes son las más antiguas que se conocen dentro del derecho griego.

En busca de la equidad, se llegó a la conclusión de que las leyes debían reflejarse por escrito como referencia de igualdad en el tratamiento de todos los ciudadanos y que fuera un tribunal el que impartiera justicia. Las leyes se escribieron en unas tablas de madera -luego de piedra- de forma piramidal y giratorias para que se pudiera leer cada una de sus caras, y expuestas en el ágora

Entre las reformas establecidas por Dracón destacaban la distinción entre asesinato y homicidio involuntario y, sobre todo, la extrema dureza con la que se penaba su infracción. Las deudas se castigaban con esclavitud -salvo que el acreedor fuera de clase baja- y la pena de muerte era habitual incluso en delitos menores, como el hurto. La responsabilidad delictiva ya no era familiar sino exclusiva del reo, al que se juzgaba en virtud de su intencionalidad.

Las penas eran tan severas que se decía que estaban escritas con sangre. Muchos atenienses no apreciaban la metáfora y creían que verdaderamente era sangre lo que servía de “tinta” para sus letras.

La aplicación de estas leyes creó en el momento una desestabilización aún mayor de la que existía con anterioridad: deterioró el bienestar de los campesinos libres de Atenas, que se había estado construyendo lentamente durante mucho tiempo; también socavó aún más la paz social. Los atenienses, observadores de la división de la sociedad y los enfrentamientos constantes, mostraron su enojo. Fue tal el descontento social que Dracón tuvo que huir exiliado a Egina, donde falleció.

Sin embargo, su codificación tuvo dos virtudes a largo plazo, de un lado, al castigar con la pena de muerte el asesinato, que se había convertido en un medio de venganza con el que solventar los conflictos entre las diversas familias o facciones de Atenas, logró acabar con esta práctica. Además, la reforma draconiana establecía cuatro clases censitarias de ciudadanos y permitía el acceso de las magistraturas inferiores a los hoplitas, es decir, aquellos no aristócratas, pero con capital suficiente para pagarse un equipamiento militar completo. Ello era una muestra del intento legislativo por limitar el poder de la aristocracia e incorporar a la sociedad más popular a la vida política. Fue un primer paso para lograr la democracia.

Para solventar los conflictos creados por Dracón, se nombraron tres arcontes nuevos, que gobernarían Atenas entre el 594-93 a de C., con poderes dictatoriales y la finalidad de acabar con los conflictos reformando la Constitución y las leyes de la ciudad. Uno de ellos fue Solón, que realmente fue el que estableció las bases de la democracia en Atenas.

Solón modificó el código de Dracón, pero mantuvo la estructura de aquel. Reformó algunas leyes y suavizó muchas penas, pero no así la legislación sobre el asesinato, con lo que las disposiciones jurídicas de Dracón respecto al asesinato siguieron vigentes durante siglo y medio.

Solón liberó a los campesinos de su grave endeudamiento y eliminó la servidumbre por deudas; acotó la extensión máxima de las propiedades; creó un sistema monetario propio de Atenas; limitó el poder de la nobleza sustituyéndolo por una hegemonía de los propietarios; clasificó a los ciudadanos en cuatro clases según su riqueza; y reestructuró las instituciones políticas estableciendo un equilibrio entre la Ecclesia (asamblea popular), la Bulé (órgano deliberante reservado a las tres clases superiores) y nueve arcontes (titulares del poder ejecutivo, reclutados entre las clases superiores). Esto fijaba un equilibrio en el ejercicio del poder, que junto con el establecimiento de la igualdad de los ciudadanos ante la ley (concedió la ciudadanía a los sectores más populares, lo que les daba derecho a acceder a cargos y honores si cumplían el requisito de poseer la cantidad de bienes exigidos) hizo posible el posterior desarrollo de la democracia en Atenas.

Aunque la vida en Atenas siguió llena de conflictos, las leyes y medidas de Solón mejoraron mucho la economía y la vida social. Sus leyes fueron copiadas por los romanos: la Ley de las Doce Tablas romana se inspiraba directamente en el código de Solón.

Solón está considerado uno de los siete sabios de Grecia.

BIBLIOGRAFÍA

Biografías y vidas:

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/solon.htm

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/dracon.htm

RODRÍGUEZ ADRADOS, Francisco. “Historia de la democracia de Solón a nuestros días”. Ed. Temas de Hoy, 1997.

FERNANDEZ URIEL, Pilar. HISTORIA ANTIGUA UNIVERSAL II. EL MUNDO GRIEGO. – Google books-Https://books.google.es/booksid=GBqcAgAAQBAJ&pg=PT308&dq=Drac%C3%B3n&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjP2eW024XmAhU6AmMBHWoGBakQ6AEIKTAA#v=onepage&q=Drac%C3%B3n&f=false

2 comentarios sobre “DRACÓN

  1. Está bien recordar los orígenes de la democracia, cuando vemos cierta perversión en su ejercicio. La transición optó por un exceso de protección a los partidos, para contrarrestar su demonización durante la dictadura de Franco. Eso nos ha llevado a una partitocracia que ha secuestrado la democracia pura, donde las élites, a su vez, han secuestrado los partidos con el control de los aparatos y las listas electorales cerradas.
    De esta forma la democracia se ha convertido en el aparente envoltorio de una fruta pocha. En realidad, la democracia hay que creersela y asentarla e instituciones sanas y limpias y en juegos de contrapoderes.
    Nos vendría bien un Solón.

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