DE PERSIA A IRÁN. DEL SAH A LA REVOLUCIÓN ISLAMISTA

El nombre «Persia» se usó en Occidente hasta 1935. Realmente Persia es una región de Irán ubicada al suroeste del actual Irán, conocida en la actualidad como provincia de Fars; internamente, el país se conocía como «Irán» (tierra de los arios) desde la época sasánida (Imperio Sasánida entre el 224 y el 651 d. C). La historia de Irán (Persia) abarca desde antiguas civilizaciones como Elam, al esplendor del Imperio Persa Aqueménida (Ciro el Grande, Darío I) que alcanzaría a ser lo que hoy el periodismo calificaría como primera superpotencia mundial. A ellos se une la conquista islámica en el siglo VII  (636 d.C) que llevó a Persia el chiismo como religión estatal; siendo asumida e interiorizada por la dinastía de los Safávidas (de 1501 a 1736), que unificó Irán y estableció el islam chiita como religión oficial, definiendo gran parte de la identidad del Irán moderno. Es sustituía primero por la dinastía Qajar y después por la Pahlaví. La Revolución Islámica de 1979, estableció la actual República Islámica, teocrática, bajo el liderazgo del Ayatolá Jomeini.

La transición desde el imperio Aqueménida al Irán actual es el paso de un imperio todopoderoso no sólo en su territorio sino frente a Europa (sus enfrentamientos y victorias sobre la Grecia clásica le situaban en posición más occidental que oriental) a una situación de marasmo medieval, aunque puedan construir la bomba atómica. La pulsión occidente- oriente ha sido una constante en su Historia.

La revolución constitucional 

La Revolución constitucional de 1905-1907 se produjo como expresión de un profundo descontento de la sociedad persa en todos los órdenes: político, económico, social… Lo que provocó el levantamiento popular con diversas protestas, manifestaciones, huelgas contra el mandato de la dinastía Qajar (1789-1925).  Los sectores descontentos fueron: por los problemas económicos, el pueblo iraní; por factores éticos, el clero, que consideraba inmoral al régimen y al monarca por su tendencia a la modernización y occidentalización, y, en tercer lugar,  el ejército por sus ansias de poder.

En octubre de 1906, se redactó una constitución que incluía restricciones al poder real e introducía un parlamento electo, denominado Majlis.  En 1907, se promulgaron una serie de Leyes Fundamentales Suplementarias, que garantizaban la libertad de expresión, de prensa y de asociación. La constitución marcó un hito en la democratización de Irán y sentó el precedente para un levantamiento popular que condujo a una exitosa insurrección política, facilitada por el fallecimiento del rey, el 3 de enero de 1907, cinco días después de la firma de la constitución.

A la postre, el ejército logró la desaparición de la dinastía de los Qajar y la instauración de la dinastía Pahlaví. El cambio se produjo, en febrero de 1921, por un golpe de Estado dado por un oficial del ejército de cosacos persas llamado Reza Khan. Fue ascendido al trono como el sah Reza Pahlaví.

El nuevo sah tenía por objetivo la modernización de Persia, para ello se alineó con Europa, fundamentalmente, con el Reino Unido. Estableció un programa que limitaba el poder de la jerarquía religiosa en distintos campos: codificó leyes civiles, prohibió a los clérigos ejercer como abogados, jueces o notarios; modificó el sistema educativo imponiendo una educación laica, con activa participación de la mujer; impulsó la vestimenta europea y prohibió de manera explícita el uso del velo por las mujeres.

Los sectores de izquierdas le acusaron de ser poco democrático y, por eso, se posicionaron al lado de los clérigos chiitas, que tenían de demócratas lo justo. Sus levantamientos se fueron sofocados por una policía y un ejército de manera cada vez más violenta.

Reza acabó abdicando el 16 de septiembre de 1941. Pero la intervención de Gran Bretaña y la URSS, restauraron en el trono a la dinastía en la figura del hijo del anterior sah: Mohamed Reza Pahlaví.

La ocupación de Irán colocó al país aún más cerca de la órbita occidental. Pero su incorporación a la Segunda Guerra Mundial trajo consigo escasez de alimentos y un grave aumento de la inflación; asimismo, la presencia de tropas extranjeras alimentó la xenofobia y los discursos nacionalistas.

Problemas de la dinastía

  •  El petróleo

 A partir de 1944 los gobiernos soviético y estadounidense compitieron en las negociaciones para obtener concesiones petroleras de Irán. Esas negociaciones con USA disgustaron a los rusos que invadieron Irán. Las tropas soviéticas se retiraron en mayo de 1946, después de que el gobierno firmara un acuerdo petrolero con la URSS. Pero no fueron sólo rusos o americanos, los británicos obtenían pingües beneficios del petróleo iraní. Todos ellos sacaban más rendimiento de aquel petróleo que el propio Irán, lo que movimientos a favor de la nacionalización del petróleo, sobre todo, a partir de 1948. En 1951, el primer ministro Mohamed Mossadeq logra la nacionalización.

En junio de 1953, fuerzas de los Estados Unidos y el Reino Unido, unidas en la Operación Ajax y con la anuencia del sah, derrocaron a Mossadeq. Lo que provocó cuatro días de disturbios, durante los cuales el sah Mohamed Reza abandonó el país. El 19 de agosto de 1953, unidades armadas fieles al sah, financiadas por Estados Unidos y por el Reino Unido, derrotaron a las fuerzas de Mossadeq. El sah regresó a Irán y Mossadeq fue encarcelado. El sah acumulo poder en torno a su figura y persiguió a los partidos de izquierdas; estableció restricciones a los medios de comunicación; la policía secreta se reforzó, y logró controlar las elecciones.

  • El descontento de los clérigos

Los proyectos de modernización del sah Reza y de su hijo, apartaron a los clérigos de todos los centros de poder e incluso muchos tuvieron que emigrar. Lo que más molestaba a los chiitas era aquello que consideraban inmoral: la vestimenta occidental y la ausencia de velo.

En 1944, un clérigo de rango medio, Ruhollah Jomeini, publicó el libro Kashf al-Asrar (Secretos desvelados), que atacaba el proyecto de modernización del sah y sus políticas anticlericales.

Sin embargo, con carácter general, las relaciones del Sah con los religiosos, hasta 1963 aproximadamente, fueron relativamente aceptables. Los dos grandes ayatolás de irán habían mantenido una posición apolítica, evitando toda confrontación con el sah. Pero fallecieron entre 1961 y 1962. En ese momento, Ruhollah Jomeini, desde la ciudad de Qom, centro religioso chiita, inició una campaña contra las reformas políticas del sah, sobre todo, por: la vestimenta; haber eliminado el requisito de ser musulmán para acceder a una alcaldía, y la concesión del voto a las mujeres en las elecciones locales. Con un grupo de estudiantes religiosos y clérigos formó la Coalición Islámica de Grupos de Luto a finales de 1962. En 1963, cuando el sah proclamó al Revolución Blanca organizó protestas en contra. Estas protestas y algunos de sus discursos, le costaron a Jomeini el arresto y el exilio, que pasó principalmente en la ciudad sagrada de Nayaf, en Irak, desde dónde siguió su oposición al sah.

La revolución Blanca

El sah siguió con su política de modernización del País, pero no fue sólo una modernización económica. En un intento de limitar la influencia de la burguesía y clases altas, buscó la manera de poner de su lado al pueblo. De ahí la reforma de la elección de alcaldes o la concesión del voto a las mujeres. La Revolución Blanca incluyó la mejora de las infraestructuras viarias; creo presas y nuevos sistemas de riego, la erradicación de enfermedades como la malaria, creó un cuerpo de Médicos y enfermeras; fomentó una especie de revolución industrial y una importante reforma agraria. Mejoró el sistema educativo, creando un cuerpo de maestros y mejoró la sanidad también en el ámbito rural.

Esto le brindó el apoyo de las clases rurales y de los desfavorecidos de las ciudades, pero también de la antipatía de los más poderosos que organizaron movilizaciones, apoyadas por los clérigos, sobre todo por Jomeini desde el exterior. Acusaban al régimen de corrupción, autocrático y pro occidental, incluso por la venta del petróleo, especialmente significativas, desde 1973.

La reforma agraria no produjo los resultados esperados y a la larga creó una masa de campesinos desposeídos, es verdad que existieron casos de corrupción y por completar la situación, en 1971 tuvieron lugar en Persépolis las fastuosas ceremonias de la celebración de los 2.500 años del Imperio Persa. Llegaron a la ciudad mandatarios de todo el mundo. Se calcula que los fastos superaron los 20 millones de dólares. En un momento en el que la población estaba empobrecida. La imagen del sah se vio muy dañada.

Jomeini

Jomeini se refugió en Nayaf hasta octubre de 1978, cuando el servicio diplomático iraní convenció a Sadam Huseín de expulsar al ayatolá del país. Kuwait denegó la entrada a Jomeini, que acabó desplazándose a París vía Turquía, un movimiento que lo situaría en el centro de la atención internacional y le permitiría convertirse en el líder de la oposición y, posteriormente, de la revolución. En París recibió ayuda de un grupo de estudiantes y activistas iraníes residentes en EE. UU., Alemania y Francia, que se encargaron de mediar y traducir sus intervenciones en la prensa. Algunos de ellos formarían parte del Consejo de la Revolución y del Gobierno provisional.

Revolución Islámica

 Las manifestaciones en contra del sah, impulsadas por Jomeini, comenzaron en 1977, y se intensificaron en enero de 1978. Entre agosto y diciembre del mismo año, las huelgas y protestas paralizaron el país. El sah dejó Irán, partiendo al exilio el 16 de enero de 1979 y dejando el poder en manos de un consejo de regencia y un primer ministro opositor; fue el último monarca persa. El ayatolá Jomeini, regresó del exilio. Se organizó un aparentemente democrático referéndum para que los iraníes votaran a favor o en contra de convertirse en una república islámica. Se proclamó al misma el 1 de abril de 1979, y aprobaron una Constitución republicana y teocrática donde Jomeini se convirtió en “Guía de la Revolución” en diciembre del mismo año.

Cabe señalar que en 1970 Jomeini finalizó “El gobierno islámico”, la obra sobre la que sentaría las bases ideológicas de la futura república islámica. En ella propone el gobierno de los juristas islámicos, constituidos por clérigos, que coparían el poder político y judicial. Desaparecerían las leyes civiles para ser sustituidas por las de corte religioso. La república islámica supuso el reemplazo de una monarquía autocrática, pero reformista y pro occidental por una teocracia islamista, antioccidental y represora basada en la tutela de los juristas islámicos y sus códigos morales donde las mujeres y muchas minorías sufren su sojuzgamiento en mayor grado que los hombres. Pero la clave del movimiento será un espíritu imperial de carácter religioso que busca la imposición de los Chiitas frente a los Sunnitas, por encima del bienestar del pueblo.

En aquel momento, los movimientos feministas occidentales sí se movilizaron contra los clérigos iraníes. Se hicieron famosos gritos como “Jomeini, cabrito, ponte tú el velito” y otros semejantes” . No parece que la situación actual haya movilizado a los mismos grupos. Ni que podamos hablar de éxito de aquella Revolución para el sacrificado y masacrado pueblo iraní

Chiitas y Sunnitas

El enfrentamiento entre chiitas y sunitas nace hace 1.400 años como un conflicto histórico y religioso tras la muerte de Mahoma en el 632 d.C. El enfrentamiento se produce por la sucesión del liderazgo musulmán. La disputa comenzó sobre si el líder de la comunidad musulmana debía ser elegido por consenso (postura sunita) o descender directamente del Profeta a través de su yerno Alí (postura chiita). La evolución de ambos grupos, sobre todo, por diferenciarse del contrario, ha dado lugar, realmente, a dos religiones diferentes. El mundo árabe se divide en un 85% sunnita y un 15% chiita.

Desde el punto de vista geopolítico el análisis debe partir de paradigmas no tradicionales. No podemos limitarnos a ver un conflicto estatal, propio del análisis histórico clásico. Para entenderlo mejor, debemos acudir al concepto de “fuerzas profundas”, proveniente de la Escuela de las Relaciones Internacionales, una escisión de la Escuela de los Annales.

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Sostiene esta escuela que existen “fuerzas profundas” que mueven la historia de la humanidad con manifestaciones en términos materiales: factores geográficos, condiciones demográficas y fuerzas económicas, pero también en términos espirituales o “mentalidades colectivas”, en particular el sentimiento nacionalista, el sentimiento pacifista, o el religioso. El gran precedente hay que encontrarlo en la Guerra de los 30 años en Europa (1618-1648).

El enfrentamiento extiende sus tentáculos más allá de una simple lucha entre Irán (chií) y Arabia Saudita (suní), para hallar una lucha interislamista. Se trata de la búsqueda de la influencia espiritual, moral, social y también de orden político en todos los individuos y sociedades de Oriente Medio e incluso más allá intentando recobrar los límites del antiguo Imperio Otomano o del anterior Califato. Desde un punto de vista geopolítico, la división se manifiesta en los conflictos actuales de Irak, Siria, Península Arábiga, el norte de África, el continente indio…, donde ambos grupos suelen apoyar a facciones opuestas, convirtiendo las diferencias religiosas en guerras sectarias. Ni sunnitas ni chiitas tienen grupos estancos y homogéneos, pasan de posiciones más moderadas a otras más radicales, que se manifiestan muchas veces en forma de grupos terroristas, más o menos incontrolados, que atacan, en primer lugar y por encima de todos, a los musulmanes de la facción contraria: Hezbolá, chiita. Al-Qaeda y el Estado Islámico, sunnita.

Este enfrentamiento actual nace precisamente en 1979, con la creación de la República Islámica de Irán. Con el resurgir de un estado fuertemente islamizado y con afán imperialista que hace temblar no sólo las posiciones de hegemonía de Arabia Saudí y de los sunnitas, sino de todo el Orden Mundial.

La llegada de Jomeini y sus clérigos rompe con la esperanza de encontrar una vía de relación estatal en el islam, una vía de relación nacional, siguiendo el orden mundial constituido tras el tratado de Westfalia que puso fin a la Guerra de los 30 años, y que en Oriente Medio se manifestó en el orden nacido de la Primera Guerra Mundial con la creación de los Estados territoriales en las provincias árabes del Imperio Otomano mediante el acuerdo Sykes-Picot (1916).

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Hubo intentos de posicionamiento nacional no espiritual, que eran la esperanza del mantenimiento se relaciones en el mundo árabe homologables a las occidentales, pero aquella esperanza de soldadura de la grieta nacida tras la muerte de Mahoma, se quebró por tres acontecimientos: la debacle de la guerra de los seis días en 1967, la muerte de Nasser (1970), líder del panarabismo y la expulsión de los terroristas de la OLP de Jordania en 1970-71. Pero el enfrentamiento que surge en 1979 convierte la grieta en una auténtica separación, completamente radicalizada. Toda la historiografía señala como causantes a tres acontecimientos que tuvieron lugar en 1979: la Revolución Islámica en Irán, la invasión soviética de Afganistán y el acuerdo de paz egipcio-israelí.

En un principio, la Revolución Islámica aparece como la fuerza del cambio frente al conservadurismo de las monarquías sunnitas del golfo Pérsico. Jomeini se presenta como representante de un tercermundismo renovado, con sus apelaciones a todos los oprimidos. Llegó, como llegan todos los problemas, con un discurso populista que da soluciones sencillas a problemas profundos. Siempre antiimperialista, enfatizando la importancia de lo cultural, lo nacional y la reconstrucción política sobre la revolución socioeconómica. Ese discurso no era más que una máscara que escondía un ambicioso programa de poder personal y de su casta de clérigos, sin importarl mucho lo que le pasase a la población. Ese discurso fue percibido como una amenaza tanto por Arabia Saudita como por EEUU.

De ahí que Arabia  apoyase, aunque fuera de manera más o menos directa, a grupos terrorista contra los Chiitas: Al-Qaeda. Pero se le escapó de las manos y logró el auténtico salto hacia la globalización del problema. En Afganistán, los muyahidines, también sunnitas, forjaron la convicción de que la fuerza del islam que había sido capaz de derrotar a un imperio (la URSS) podría luchar más tarde contra el otro (EEUU). En ese marco, se produjeron los atentados contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania en 1998, el ataque a establecimientos americanos en Yemen (2000) y, finalmente, el atentado de las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Al-Qaeda es sunnismo radical. Al Qaeda se transformó en una suerte de marca de referencia para grupos yihadistas La intervención de la Administración Obama matando a Osama Bin Laden hizo retroceder aparentemente su fuerza. Pero a ellos les siguió el llamado Estado islámico, con pretensiones de proclamar el Califato.

En el campo chiita Irán se apoya en grupusculos de terrorismo paramilitar para imponerse a los sunnitas, de ahí su afán de tener una bomba atómica, se ahí su afán de dominar por la fuerza a toda su población, con un empobrecimiento destacable. Apoya a diversas guerrillas: Hezbolá, Hamás, Milicias chiitas de Irak y otros grupos terroristas de la región.

Los acuerdos de paz egipcio-israelíes de los años 70,  marcaron un hito histórico al poner fin al estado de guerra entre ambas naciones tras la Guerra de Yom Kipur.  Los Acuerdos de Camp David establecieron la devolución del Sinaí a Egipto y el reconocimiento mutuo, cambiando la geopolítica de Oriente Medio. Lo que resultaba inaceptable para Irán. De igual modo que resultó inasumible para los clérigos chiitas los acuerdos de Israel con las naciones de su entorno, especialmente con Arabia Saudí de los años 20 del S.XXI y que dieron lugar a los atentados terroristas del 7 de octubre de 2023, realizados por Hamás y financiados por Irán. Como expusimos en la ya enlazaba entrada sobre la Doctrina Balfour.

Como vemos, la lucha por la imposición político-religiosa de ambos grupos (chiitas y sunnitas) está lejos de sosegarse.

 

BIBLIOGRAFIA

GIL GUERRERO, Javier. “La sombra del Ayatolá”. Ed Cidadela. 2025

KAPUSCINSKI, Ryszard. “El Sha”. Ed. Anagrama 2024

MARTÍNEZ CARRERAS, José Urbano. ”Introducción a la Historia contemporánea. Tomo II. Desde 1917”. Ed Istmo. 1985

MUNIESA, B y OLIVER, J.- “Diccionario de Historia Actual (1945-2000)”. Ed Salvat. 2000

PROCACCI, G.- “Historia General del Siglo XX”. Ed. Crítica.2001.