VANDALISMO

El diccionario de la RAE define el término vandalismo con dos acepciones:

  1. m. Devastación propia de los antiguos vándalos.
  2. m. Espíritu de destrucción que no respeta cosa alguna, sagrada ni profana.

Evidentemente, ambas acepciones tienen históricamente un origen común en aquellos pueblos bárbaros que invadieron Roma.

Someramente nos referiremos a los vándalos, ese pueblo que tan mala prensa ha tenido y terminaremos con el origen del término asociado a la destrucción.

La primera presencia histórica de los vándalos se da en los textos de Plinio. Pero su origen es incierto asociado a la zona del Vendel en Suecia; en cuya región se asienta con ese mismo nombre uno de los momentos más espléndidos de los Vikingos. Se sabe que los vándalos no eran un pueblo determinado en su origen, ni hacían referencia a una única tribu, no tenían un concepto de pertenencia tan fuerte, sino que se asociaban, matrimoniaban e intercambiaban entre los nativos de la zona, de ahí que asimilaron las costumbre de varios de ellos. Por lo que la vinculación con algunas costumbres vikingas es evidente.

Los vándalos son un pueblo al que no podemos denominar nómada en puridad, pero sí podemos describir como caminante. De manera que en su evolución avanzan hacia el sur asentándose en lo que hoy sería Polonia y Alemania, ocupaban el territorio al oeste del Vístula y junto al Oder, hasta el norte de Bohemia. Posteriormente se diferencian dos ramas principales los vándalos silingos (que supuestamente, aunque no hay unanimidad en la historiografía, dan nombre a la región de Silesia en la que se situaron) y los vándalos asdingos que se asientan en torno a la provincia romana de la Dacia (que corresponde actualmente con Rumanía y Moldavia). No era un pueblo considerado como problemático por los romanos en aquellos momentos. Su capacidad de mudanza volvió a aparecer con la llegada de los hunos que acabaron siendo definitivos para las famosas invasiones (oleadas) bárbaras del siglo V. Los vándalos, junto con alanos y suevos, se establecieron en Hispania en el 409 a de C., los asdingos en Galicia; mientras, los silingos hicieron lo propio en la Bética. Durante años sufrieron los ataques de los visigodos, que trataban de someterles a la autoridad romana en calidad de federados. Como resultado de este acoso se produjo la derrota de los alanos y la consiguiente integración de este pueblo con los vándalos. Juntos se hicieron fuertes en el sur de la península, convirtiendo Hispalis (Sevilla) en su capital; hasta que, de nuevo por el avance visigodo, tuvieron que huir, esta vez al norte de África. Se asentaron en Ceuta y desde allí controlaron la provincia de Cartago y la Tunicia, dónde lograron, bajo el reinado de Genserico, su máximo esplendor hacia el año 430 a de C.

Genserico promovió el arrianismo, iglesia que siguieron sus descendientes con gran fanatismo, dando lugar a importantes persecuciones contra el resto de los cristianos a los que privaron de sus posesiones e incluso de lo mínimo necesario para sobrevivir: se les desterraba y si se resistían, se les asesinaba. En el 430, falleció el propio San Agustín, víctima de esas privaciones. Su muerte contribuiría decisivamente a la mala fama de los vándalos.

Desde las costas de Cartago, los vándalos avanzaron de nuevo hacia la otra orilla del Mediterráneo y conquistaron Córcega, Cerdeña, Sicilia y las Baleares. Su forma de dominio de los mares fue por medio de la piratería con el que alcanzaron gran éxito en las costas mediterráneas, bloqueando las ya de por sí frágiles vías marítimas de comunicación del Mediterráneo, perjudicando también al Imperio Romano de Oriente. Tal fue el daño perpetrado que el Imperio romano reconoció a los vándalos y firmó un tratado que garantizaba la paz en las costas del imperio y, especialmente, en la península itálica.

Los vándalos no cumplieron su palabra y en el 455 saquearon Roma. Su oportunidad vino cuando Petronio Máximo asesinó al emperador romano Valentiniano III. Genserico declaró la invalidez del tratado entre los vándalos y los romanos y marchó hacia la ciudad. Aunque este saqueo no fue tan violento como el de los visigodos en el 410, obtuvo mucha peor fama. Incluso ha sido peor recordado que otro de los saqueos famosos: el saco de Roma por las tropas imperiales de Carlos V, muchos siglos después.

Si los vándalos no acabaron con Roma, aunque atacaron Iglesias y conventos, fue porque el Papa León I los convenció para que no mataran a nadie ni quemaran los edificios. En cumplimiento del acuerdo, los vándalos durante dos semanas se hicieron con todo lo que no estaba clavado, sin encontrar oposición de la población romana. No siempre cumplieron lo pactado con el Papa y así quitaron las tejas de bronce del Templo de Júpiter Optimus Maximus y rompieron algunos de los monumentos más importantes de la ciudad, sobre todo, los más bonitos, tenían cierta fijación en contra de la belleza. Quemaron algunas iglesias y cogieron cautivos, a los cuales vendieron como esclavos en África. Se apoderaron de las arcas de la ciudad y de todas las pertenencias de gran valor.

Roma intentó recuperar lo perdido entre los años 460 y 475 d.C., pero de nuevo los vándalos lograron imponerse.

La muerte de Genserico supuso la caída del imperio de los vándalos. En el 533, los romanos recuperaron el norte de África y expulsaron a los vándalos para siempre. La asimilación que los vándalos habían hecho de las costumbres romanas, la mezcla entre sus instituciones y las romanas, la mixtura de su arte con el romano al que añadieron su humilde pero sólida artesanía metalúrgica en armas y objetos cotidianos, pero en un contexto en el que se fomentaba la segregación de la población, el racismo, xenofobia y actitud intolerante de sus seguidores contra los romanos y los cristianos, determinaron su debilidad.

Al final, el ejercito vándalo fue vencido por el bizantino. A Bizancio viajó el botín del saqueo de Roma, y Justiniano se sintió vengado como viejo romano.

Pero en la memoria colectiva quedó grabado a sangre y fuego lo que se consideró una barbarie intolerable, de ahí que el término vandalismo se asociara a la destrucción. Tal asociación se dio por primera vez en Inglaterra a mediados de la década de 1600 cuando se usaba para describir a quien destruye lo hermoso y digno de respeto.

Sin embargo, el término alcanzó carácter universal contra todo el que destroza los bienes públicos sean los adoquines de las aceras o una obra de arte a través de la palabra francesa “vandalisme”, y se vio por primera vez en forma impresa en 1794 cuando el abad de Blois, Henri Grégoire, gran defensor de la Revolución Francesa reprobó con ese término el caos, el saqueo de monasterios y abadías, y en particular la destrucción del arte, que ocurrió durante la época del terror. Así se calificaron también los asaltos cometidos durante las desamortizaciones de bienes eclesiásticos promulgadas por las revoluciones liberales. De este modo, el término “vandalismo” pasó a los idiomas europeos con el significado que hoy tiene, común en todas las lenguas importantes: ese “espíritu de destrucción que no respeta cosa alguna, sagrada ni profana”.

BIBLIOGRAFÍA

CLAYTON, Matt. LOS VÁNDALOS. Una fascinante guía de los bárbaros que conquistaron el imperio romano durante el periodo de transición de la antigüedad tardía a la alta edad media. Ed Captivating History. 2020.

https://losojosdehipatia.com.es/cultura/historia/los-vandalos/