El otro día al hablar de Roger de Llúria nombrábamos a los Almogávares (https://algodehistoria.home.blog/2023/05/12/roger-de-lauria-o-roger-de-lluria/ ).
Pues bien, hoy vamos a recordar a esos guerreros que, si bien se dieron en todos los reinos de España durante la Reconquista, tuvieron especial importancia en el reino de Aragón .
El diccionario Panhispánico del español jurídico define el término Almogávar como: “En la Corona de Aragón, guerrero profesional a pie que combatía mediante incursiones, saqueos y correrías en el campo musulmán. En Castilla se denominaba algarero” .
Almogávar es una palabra proveniente del árabe, al-mogavar, que significa el que hace algaradas o correrías.
Realmente los almogávares eran, en su origen, pastores del Pirineo aragonés que por las incursiones musulmanas se habían quedado sin tierras de pastoreo. Entre las zonas cristianas y las musulmanas, a medida que avanzaba la Reconquista, quedaban franjas entre ambos territorios, zonas desiertas, sin autoridad. La aparición de los almogávares fue la respuesta a la falta de autoridad y de seguridad. Ante las posibles razias musulmanas, los almogávares mantenían el orden en las zonas, al tiempo que hacían incursiones como guerrilleros, casi como bandoleros, en las tierras todavía ocupadas por los árabes, para poder mantener a sus familias. Poco a poco comenzaron a dedicarse exclusivamente a la guerra.
Su rústica vestimenta los diferenciaba de los ejércitos regulares. Se solían cubrir con una cota de malla y una especie de cubre-cabezas. El resto de la ropa era ligera y pobre, como correspondía a pastores. Sus armas más comunes eran: la Azcona, especie de lanza corta. Realmente, era un palo de madera con un pincho de hierro. Venablos: arma arrojadiza que funcionaban como una especie de dardo para atacar desde la distancia a los enemigos. Coltell: cuchillo largo. Espada: solían usar el alfanje, una espada en forma curvada de origen musulmán. La tropa se distinguía jerárquicamente en almogávar (soldado raso), almocadén (capitán) y adalid, el máximo rango. En sus enfrentamientos se movían a pie y de noche, buscando sorprender. No se comportaban como un ejército, al uso; su función era conseguir un botín, usando para ello tácticas de guerrillas. Buscaban cortar suministros y atacar por sorpresa para poder conseguir los mayores beneficios aun estando en inferioridad numérica.
Ya como soldados en el campo de batalla, eran especialmente fieros, salvajes y sus represiones absolutamente brutales. Buscaban ganar como fuera sin respetar los códigos de honor de la guerra. Por eso, por ejemplo, frente a la caballería atacaban desde abajo, hacia las patas de los caballos, para derribar al caballero y asesinarlo con el cuchillo. No buscaban el honor en la batalla sino ganar.
Especialmente característico era su inicio de batalla: golpeaban sus espadas contra un pedernal, haciendo saltar chispas, al tiempo que gritaban: “Aur, aur… Desperta ferro” (”escucha, escucha…Despierta, hierro”). Grito que, con el tiempo, sobre todo en sus conquistar orientales, incluso cuando ya no combatían oficialmente en nombre del Reino de Aragón, se complementaba con los gritos de: ¡Por San Jorge! y ¡Aragón! ¡Aragón!
La referencia histórica más antigua que habla de los almogávares es de la crónica aragonesa de San Juan de la Peña, que los sitúa participando en el asedio de “Saraqusta” (la Zaragoza islámica) con las tropas de Alfonso I el batallador en 1118.
En el Código de las Siete Partidas, en la segunda partida, título 22, Alfonso X señala las cualidades del almogávar, entre las que se encontraban la buena forma y resistencia física, así como la agilidad. Sin embargo, las crónicas aragonesas previas al siglo XIII, sólo los refieren de pasada porque por la forma de guerrear que tenía, y hemos explicado, no se consideran guerreros honorables. Con todo, actuaron profusamente en los ejércitos de la corona de Aragón como mercenarios al servicio de la corona y así participaron en el Siglo XIII en la conquista de Mallorca y de Valencia.
A partir de la mitad del siglo XIII, van aumentando en número y agrupándose en unidades más independientes, hasta convertirse en la punta de lanza y en los cuerpos de élite de la Corona de Aragón. En las formaciones aragonesas, guerreaban de forma autónoma, pero podían hacerlo también en colaboración con la caballería, aunque no requerían el apoyo de los jinetes.
A finales del siglo XIII y principios del XIV, el escenario que les acabó dando gran fama como guerreros fue la Guerra de la conquista de Sicilia , en las famosas Vísperas Sicilianas (1282-1302, de la que ya hablamos en la entrada señalada sobre Roger de Llúria). Alcanzada la Paz de Caltabellota, la compañía mercenaria de los almogávares, que tan excelente papel había hecho en Sicilia y el sur de Italia, pasaba a estar ociosa y a convertirse en un problema para los reyes de Aragón y de Sicilia.
Justo entonces, aparece en acción el rey de Constantinopla, Andrónico II Paleólogo, y emerge la parte más legendaria de la historia de los almogávares.
En Oriente el Imperio Bizantino llevaba tiempo en declive, con una guerra civil interna el emperador Alejo IV que quería forzar el cisma entre ortodoxos y la iglesia romana en la que también se vieron implicadas las tropas cristianas que habían formado parte de la Cuarta Cruzada para recuperar Tierra Santa. En 1204, Constantinopla fue por primera vez en su historia tomada y brutalmente saqueada por los cruzados, creándose el Imperio Latino de Oriente y dejando dividido al Imperio Bizantino. Pasarían sesenta años hasta que los emperadores de Bizancio recuperaran su capital, pero el gran poderío bizantino nunca volvería lo que fue. Esto fue aprovechado por sus numerosos enemigos. Andrónico II Paleólogo fue el emperador de Bizancio entre 1259 y 1332. Sus grandes enemigos se encontraban los búlgaros ( medio pacificados en aquel momento por lazos familiares), la familia Anjou que unido al papado quería recuperar el esplendor del Imperio Romano y los turcos. Sin embargo, cuando Andrónico pensaba que sus mayores enemigos venían de occidente no se percató de que los selyúcidas fueron ocupando poco a poco Anatolia, formando así el primer Imperio Turco.
Cuando la península de Anatolia se encontraba ocupada por los turcos, sólo las imponentes fortificaciones de ciudades como Filadelfia, Nicea, Esmirna, etc., hacen que el Imperio de Oriente siga presente en Asia Menor. Pero esto no duraría mucho y el emperador Andrónico II decide acudir a la contratación de mercenarios extranjeros para intentar una defensa que se antojaba casi imposible. El emperador conocía la magnífica y robusta fama que tenían los mercenarios de la Corona de Aragón- no hay que olvidar que el comercio mediterráneo de la corona aragonesa había llevado a realizar importantes pactos comerciales con los bizantinos-. Además, conocía sus importantes victorias contra los Anjou.
Al frente de los almogávares estaba en aquel momento un soldado llamado Roger de Flor- italiano como Roger de Llúria, pero sin relación de parentesco alguna con el gran almirante-. Roger de Flor, nacido en la ciudad italiana de Brindisi en 1266 de madre italiana y padre alemán, caballero y miembro de la Orden del Temple de la que fue expulsado al caer finalmente San Juan de Acre en 1291, pidió asilo como mercenario al rey Federico II de Sicilia, hijo de Pedro III de Aragón, quien le nombró caudillo de la Gran Compañía de los Almogávares.
Para acudir a Constantinopla y socorrer a las tropas cristianas, Roger de Flor solicitó que se le concediera el título de Mega Dux del Imperio y la mano de una princesa imperial. Una vez alcanzado también el acuerdo sobre el pago de las soldadas, los emisarios bizantinos nombraron Mega Dux a Roger de Flor y le prometieron su casamiento con la princesa María de Bulgaria, todo lo cual le convertía de la noche a la mañana en el cuarto hombre más importante del Imperio. El emperador sólo puso una condición: la compañía tenía que estar conformada exclusivamente por aragoneses ( catalanes, valencianos, mallorquines y lo que hoy conocemos como aragoneses), cosa que se cumplió… al principio.
En Sicilia, complacidos por la marcha de los almogávares, aportaron diez galeras, de las 36 con que se compuso la expedición, para facilitar su transporte a oriente y una pequeña cantidad de dinero en concepto de fin de contrato por sus servicios prestados. Se calcula que contando con auxiliares y tripulantes el número de expedicionarios a oriente se elevó a 18.000, lo que incluía mujeres y niños.
Su llegada a Constantinopla fue recibida con gran alborozo por la población, menos por Miguel- el Príncipe heredero y derrotado en Anatolia. Motivo por el cual los almogávares fueron llamados a Oriente- y los genoveses, que se asentaban en gran número en los territorios griegos y que como comerciantes eran los grandes competidores de mallorquines, catalanes y valencianos. En aquel primer momento y durante los festejos de la boda de Roger de Flor y la princesa María, se produjo un primer altercado entre almogávares y genoveses, con el resultado de 3.000 genoveses muertos y apenas bajas entre los aragoneses.
Tampoco hicieron grandes amigos entre la población civil que tan gratamente los había recibido. Enseguida comenzaron los saqueos, les robaron la plata, violaron a las mujeres y trataron a los habitantes como si se hubiese tratado de esclavos. Con esas “buenas costumbres” actuaron a lo largo de su estancia en Oriente.
Hay que decir que hubo capitanes de la compañía que protestaron por estas acciones, como Ferrán d’Arenós, que tras protestar ante Roger de Flor decidió abandonar la expedición y se marchó con sus hombres (muchos de ellos aragoneses) a buscar fortuna al servicio del duque de Atenas. Sin embargo, en compensación por las bajas, a los almogávares se unieron mercenarios armenios, tártaros y alanos, rompiendo así, una parte del contrato firmado con el emperador. Andando el tiempo y tras las primeras victorias, Roger de Flor también tuvo problemas con los alanos que abandonaron el campamento almogávar, creándose, nuestros compatriotas, otro nuevo enemigo.
Sin embargo, en el campo de batalla eran imbatibles, en la batalla de Aulax (1304) el ejército aragonés logra una gran victoria frente a los turcos. Cuentan las crónicas que la superioridad de la compañía aragonesa se impone en la lucha cuerpo a cuerpo. Las crónicas dicen que los turcos habrían sufrido casi 18.000 bajas por apenas 200 por parte de los mercenarios. Con esta victoria los almogávares lograron su cometido y salvaron a Filadelfia del asedio turco.
En su avance se vieron apoyados por la flota almogávar al mando del aragonés Ferrán d’Ahonés, que se había reconciliado con De flor y por la compañía del valenciano Bernat de Rocafort, con unos 1.200 hombres, y que había permanecido hasta entonces en Sicilia.
Con ellos se consiguieron otras muchas victorias en Magnesia y Éfeso, y obligando al enemigo a retirarse en Cilicia y en Tauro. Sin embargo, las luchas internas de poder y problemas de avituallamiento hacen que se encaminen hacia Tesalia, que un siglo antes había caído en manos de barones francos tras la Cuarta Cruzada , y no había sido recuperada por los emperadores de Nicea al tomar Constantinopla. En esa situación se encontraban cuando llegó a Oriente el noble aragonés Berenguer de Entença con su compañía procedente también de Sicilia. En su llegada no sólo estaba el interés personal de Berenguer de unirse a la expedición, sino también el interés oculto de los reyes de Aragón y de Sicilia para que en el futuro los almogávares les abrieran el camino hacia la consecución del trono imperial de Constantinopla. Aquí nadie daba puntada sin hilo.
La presencia de los hombres de Berenguer fortaleció la posición de Roger de Flor, a quien el emperador Andrónico trató de contentar nombrándole César del Imperio, lo que desata las envidias de los bizantinos.
Tras esta conquista, los almogávares especulan con la idea de emprender camino a Jerusalén y recuperar por sí solos los Santos Lugares de la cristiandad. Pero se descartó semejante empresa y decidieron regresar hacia sus campamentos base en las costas del Egeo. En 1305, Roger de Flor recibió la petición del emperador de Bizancio de regresar a Constantinopla para que ayudara a su hijo Miguel frente a los búlgaros. Los almogávares se asentaron en la estratégica península de Galípoli. Miguel, hijo del emperador Andrónico, invita a Roger de Flor a una celebración en su honor en Adrianópolis. Tras los festejos, los mercenarios alanos, que ya le tenían ganas desde la batalla de Aulax, asesinan al líder almogávar. Era el 4 de abril de 1305. Las tropas imperiales se prepararon para atacar en Galípoli a los almogávares que seguían acantonados allí, pensando que, sin su adalid, serían presa fácil. Pero se equivocaron. La compañía almogávar se dedicó a arrasar durante dos años la región de Tracia de punta a punta, y los bizantinos no tuvieron más remedio que refugiarse tras las murallas de sus ciudades.
Los bizantinos no habían conocido, ni siquiera en las regiones atacadas por los turcos, una violencia similar. Los almogávares arrasaron toda la zona entre 1305 y 1307, y sólo abandonaron Tracia una vez que ésta ya no podía ofrecerles nada. A esta acción de violencia en la que se cifra el número de muertos bizantinos en 26.000, se le acabó conociendo como “la venganza almogávar” o, como también la llamó la historiografía nacionalista catalana del siglo XIX, “la venganza catalana”, obviando a los también numerosos aragoneses, valencianos, e incluso alanos y griegos que la llevaron a cabo. Sobre todo, no sé si es para estar tan orgulloso de las atrocidades cometidas, como para hacerlas propias en exclusividad.
Loa Almogávares se acabarían dirigiendo hacia Grecia, en medio de las cada vez más frecuentes disputas entre los diferentes capitanes de la compañía. Sobre todo, entre el aragonés Berenguer de Entença y el valenciano Bernat de Rocafort. Finalmente ,con la muerte de Entença, Rocafort asume el liderazgo. Pero ya la tropa almogávar está cansada tras años ininterrumpidos de lucha y fueron derrotados por el ejército bizantino y sus mercenarios serbios. Por tal motivo, Rocafort acepta asociarse con la casa francesa de los Anjou que también gobernaba Nápoles y aspiraba a gobernar Sicilia, y habían sido los enemigos tradicionales de la corona aragonesa. Pero los almogávares, sintiéndose traicionados, entregaron a Rocafort a los franceses, terminando su vida en una mazmorra napolitana.
En sus correrías, en 1311, y tras haber arrasado la región de Tesalia, al norte de Grecia, llegan a las fronteras del Ducado de Atenas, que les ofrece ingresar en su ejército. Así lo hacen durante un breve periodo, puesto que, logrados sus objetivos, el duque decide licenciar a los almogávares y no tiene mejor idea que negarles la paga. Los aragoneses se levantan en armas contra él y un poderoso ejército que había reunido con numerosos caballeros francos, venecianos y algunos miembros de los aragoneses que se habían quedado a su lado. Ya en el campo de batalla, los almogávares que habían seguido bajo el mando del duque de Atenas decidieron abandonarle y reunirse con sus antiguos compañeros de armas, a pesar de que estaban en inferioridad numérica y parecía esperarles una muerte segura. Pero no fue así. El 15 de marzo de 1311, la poderosa caballería francesa y veneciana acabó totalmente destrozada por los aragoneses en la Batalla de Halmyros. Tras su gran victoria, los almogávares ocuparon las dos principales ciudades de la región, Tebas y Atenas. Esos bárbaros mercenarios que habían aterrorizado a medio Oriente finalizaban su largo periplo conformando dos Estados en 1318: los ducados de Atenas y Neopatria (actual Ypati). Durante varias décadas mantuvieron su independencia y guerrearon contra sus vecinos por el control de Grecia, pero una vez asentados fueron perdiendo su legendaria fuerza.
Ya en 1379, dentro de la política expansiva de Pedro IV de Aragón, ambos ducados fueron integrados en los dominios de la Corona de Aragón, aunque a duras penas se mantuvieron durante unos años, pues en 1388 se perdió Atenas y en 1390 Neopatria frente a, curiosamente, otra compañía de mercenarios, esta vez navarros, al servicio de la República de Florencia.
No está de más recordar que, por muy soldados de fortuna que fueran, por mucho comportamiento salvaje que tuvieran, los almogávares nunca olvidaron sus orígenes y siempre fueron leales a la Corona de Aragón. ¡Por San Jorge! ¡Aragón! ¡Aragón!
BIBLIOGRAFIA
ASIMOV, I.- “Constantinopla”. Ed, Alianza, 2011.
AGUADO BLEYE, P.-“ Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1954.
SÁEZ ABAD, R. Y GARCÍA PINTO, Á.-“ Los almogávares y la amenaza turca 1303-1312”. Ed Almena. 2008.