En estos tiempos de restricciones energéticas, de búsqueda de nuevas fuentes de energía más productivas, más baratas, más limpias, vamos a recordar uno de los acontecimientos que marcaron no sólo un cambio industrial en Gran Bretaña, sino un cambio político y un cambio social. Algunos autores señalan que la huelga de los mineros de 1984-1985 determinó el fin del siglo XX en el Reino Unido y la entrada en el Siglo XXI. Claro que eso era antes del brexit, no sabemos a dónde les conducirá la salida de la UE.
En 1979, Margaret Thatcher fue elegida primera ministra del Reino Unido, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia de su país.
Cuando Thatcher llega al poder la situación económica era desastrosa, con una inflación galopante y una deuda pública desorbitada. El caballo de batalla con el que se presenta a las elecciones era el problema sindical. Los sindicatos mandaban más que los partidos políticos, con una unión casi corporativa con los laboristas. Esta unidad se rompía de vez en cuando. Una de esas ocasiones fue con el gobierno de Callaghan donde la subida de precios y la contención de salarios llevaron al enfrentamiento con los sindicatos, convirtiendo a Gran Bretaña en un caos. El invierno de 1978-79, una oleada de huelgas, legales e ilegales, sacudió al Reino Unido.
Thatcher fundamentaba su política en la reducción de impuestos y en lograr una actividad y productividad mayor del sector empresarial privado que en una bajada excesiva del gasto público, si bien procede a la privatización de multitud de empresas públicas cuyo funcionamiento se había vuelto demasiado burocrático. Asimismo, plantea la búsqueda de una flexibilización del mercado laboral, para lo que necesitaba la reducción de la influencia de los sindicatos.
Sus primeros años de mandato no permiten realizar un balance positivo. La aplicación de sus políticas incrementó el desempleo, especialmente en las zonas más industriales. Tampoco supo acabar con la inflación, dejando de vincular el aumento de los salarios a ésta, lo que implicó una pérdida general del poder adquisitivo, así como un aumento de la presión fiscal indirecta y de la escasez de vivienda. Todo parecía en contra, pero la importante victoria en la Guerra de las Malvinas, la fortaleza demostrada ante el terrorismo del IRA y la división y enfrentamiento interno de los laboristas propiciaron que en las elecciones de 1983 consiguiera la victoria electoral más amplia en Reino Unido en casi 4 décadas, con casi el 42% de los votos.
Ante la nueva victoria, los sindicatos que no habían estado ciertamente quietos en el primer mandato, vuelven a la carga con gran virulencia. Años antes (1974), habían sido capaces de tumbar al Gobierno conservador de Edward Heath con sus huelgas y pretendían hacer lo mismo con el de Thatcher
En 1984 una encuesta de Gallup señaló que para el 84% de los británicos los sindicatos tenían demasiado poder.
Ahora, Thatcher se presentaba con un plan que buscaba la reducción del 20% de las minas de carbón cuya extracción resultaba más cara que importarlo de fuera de Gran Bretaña, lo que supondría, en sus planes, la pérdida del 15% de los puestos de trabajo de los mineros.
Realmente, no era una novedad, simplemente la primera ministra fue más explícita, más contundente que sus antecesores. El deterioro gradual de la industria del carbón británica, venía de años anteriores. La mano de obra cayó desde más de 1 millón de empleos entre las guerras mundiales a apenas 200.000 a principios de la década de 1980. Durante décadas, tanto los gobiernos conservadores como los laboristas habían estado cerrando pozos y eliminando puestos de trabajo. Pero a medida que aumentaba el desempleo nacional, era obvio que más cierres provocarían una reacción intensa.
Ante este programa, los sindicatos mineros convocan una huelga. La huelga de mineros de 1984-1985 fue la disputa laboral más prolongada y enconada de la historia moderna de Gran Bretaña. Pero fue más que eso: para las comunidades involucradas, desde Escocia y Gales del Sur hasta Yorkshire y Nottinghamshire, a menudo se sentía como una guerra civil no declarada, que enfrentaba a pueblo contra pueblo, familia contra familia, incluso hermano contra hermano, porque ni todos los sindicatos mineros estaban a favor, ni todas las regiones secundaron la huelga
Hay que recordar que, a fines de 1981, el Sindicato Nacional de Mineros (en inglés: National Union of Mineworkers o NUM) eligió a un nuevo líder vinculado a la extrema izquierda, Arthur Scargill, quien no ocultó su afán de confrontación con el gobierno. Scargill negaba la condición antieconómica de la extracción del carbón y peleó porque todas las minas de carbón se mantuvieran abiertas, sin importar cuánto costaran.
La convocatoria de huelga debía hacerse tras una votación de los mineros que aprobara la misma. Scargill convocó tres votaciones para lograr el apoyo de los mineros a una huelga nacional; tres veces votaron no. Así que, empeñado como estaba en parar, ideó la estratagema de convocar huelgas por regiones, para evitar una votación nacional, que sabía perdida de antemano. Era marzo de 1984.
No todos los mineros le secundaron, los mineros de Yorkshire se retiraron, al igual que sus homólogos escoceses. La mayoría de los mineros de Nottinghamshire se negaron a ir a la huelga, al igual que grupos más pequeños de mineros en otros lugares. En Nottinghamshire era mayoritario el Sindicato de Mineros Democráticos (UDM) siempre enfrentado a NUM. En Nottinghamshire, aún se recuerda la huelga y los enfrentamientos entre los que querían trabajar y una minoría que no quería hacerlo. Hace relativamente poco tiempo, en 2004, la BBC realizó un reportaje en la zona y las familias enfrentadas entonces, seguían enfrenadas 20 años después. Por el contrario, en Gales la huelga fue secundada por el 99% de los mineros.
Tradicionalmente, estas demostraciones de fuerza habían dado como resultado la victoria sindical. Por ejemplo, en 1972 y 1974, los mineros se declararon en huelga por salarios más altos, y en ambas ocasiones ganaron. Y cuando parecía que no lo iban a conseguir recrudecían sus acciones y derribaban gobiernos, como vimos. Pero esta vez era diferente.
Primero, los mineros estaban divididos. Desde el principio, la disputa estuvo marcada por un intenso encono y enfrentamientos violentos entre los mineros en huelga y los trabajadores.
La segunda diferencia fue que el gobierno estaba mucho mejor preparado en 1984 que diez años antes. Dado que Scargill había hecho público su entusiasmo por la confrontación, la Administración habían estado acumulando reservas de carbón. Como resultado de ello, los huelguistas nunca estuvieron cerca de causar la escasez de carbón y cortes de energía que podrían haber traído la huelga sin esta previsión del gobierno Thatcher.
La tercera diferencia fue la propia Margaret Thatcher. Al igual que Scargill, la señora Thatcher adoptó un tono notablemente agresivo e intransigente desde el principio. Animó a la policía a tomar medidas enérgicas contra los mineros que hacían piquetes y acosó a los jefes de policía locales para que bloquearan los «piquetes voladores». Es decir, piquetes móviles que habían tenido tanto éxito en la década de 1970. Además, logró poner a su lado a una parte de la prensa, sobre todo a medida que avanzaba el conflicto. Se llegó a tildar a los líderes sindicales como el «enemigo interno» de Gran Bretaña.
Muy rápidamente, por lo tanto, la huelga se convirtió en una prueba de fuerza entre dos figuras públicas excepcionalmente combativas. En los medios de comunicación, los mineros en huelga, los mineros trabajadores y la policía fueron representados como pequeños ejércitos que avanzan y avanzan por el campo. Mientras tanto, los periódicos exageraban el valor de cada escaramuza. Aunque claramente hubo violencia en ambos lados, los líderes mineros a menudo se quejaron de que la prensa exageraba la violencia de los huelguistas mientras ignoraba los abusos de la policía. En particular, los partidarios de los mineros huelguistas estaban indignados por la llamada “Batalla de Orgreave” en junio de 1984, cuando policías montados atacaron a los piquetes frente a una planta de coque de South Yorkshire, un acontecimiento que aún se recuerda en la zona año a año y que vale para hacer propaganda política a los laboristas. No se hacen fiestas con los ladrillos y otros objetos lanzados por los huelguistas que hirieron, en ocasiones gravante, a la policía.
Con las existencias de carbón altas, los mineros divididos y la opinión pública firmemente en contra de la huelga, Scargill se enfrentaba a una lucha cuesta arriba. Según una encuesta realizada por Opinion Research Corporation para el Evening Standard, publicada el 31 de agosto de 1984, alrededor del 94 por ciento del público desaprobaba las tácticas de los piquetes y, cuando se le pidió que eligiera entre trabajadores y mineros en huelga, el 74 por ciento simpatizaba con los mineros trabajadores y sólo el 19 por ciento con los huelguistas.
A pesar de la dureza, de las penurias económicas que pasaron los huelguistas que llegaron a no tener nada que comer, de los enfrentamientos con los esquiroles, la huelga se prolongó durante casi exactamente un año. La situación familiar de los mineros era tan calamitosa que no sólo no ganaban su sueldo y se comieron los ahorros, sino que tampoco tenían derecho a recibir beneficios porque su acción colectiva se consideró ilegal; tenían que depender de las limosnas.
Las inmensas dificultades a miles de familias, lograron que Scargill admitiera la derrota a regañadientes en marzo de 1985, cuando aún había en huelga el 60% de los mineros.
Además, como resultado de la huelga, tres personas murieron: dos piquetes en huelga y un taxista que llevaba a un esquirol al trabajo.
Aunque la huelga terminó, las cicatrices nunca desaparecieron. Hasta el día de hoy, ambos bandos tienen sus partidarios que defienden con pasión su postura. Posteriormente, el ritmo de los cierres se aceleró y muchas ciudades nunca se recuperaron. Independientemente de lo que pensara la gente sobre los temas en juego, millones de ciudadanos estaban horrorizados por las escenas de lucha abierta entre los piquetes y la policía, que se convirtió en un emblema de la conflictiva década de los 80 del siglo XX.
La sociedad británica nunca volvió a ser la misma. Con el sacrificio de tantos, la prosperidad económica volvió a Gran Bretaña de mano de Margaret Thatcher, la actividad económica tradicional se transformó. Curiosamente, la derrota permitió un renacimiento para muchos mineros. Si bien muchos ex mineros nunca volvieron a tener trabajo, otros aprovecharon el cese de la actividad para engancharse a las becas de formación que dio el gobierno y estudiar, pasando incluso por la Universidad. Las esposas de los mineros, en número aún mayor, regresaron a la escuela y se convirtieron en maestras, trabajadoras sociales o agentes de libertad condicional. Los hijos de familias mineras, criados durante y después de la huelga, aprovecharon al máximo la expansión del sector universitario. La huelga politizó a las familias mineras y animó a muchas de ellas a involucrarse en otras causas, a convertirse en concejales locales o incluso en diputados.
La dureza de la situación de aquellos años queda viva en el imaginario común británico, pues en muchos pueblos mineros se levantaron museos para que no se olvidara lo que era la vida en aquellos lugares en otros tiempos. También el cine ha dejado patente el ambiente y la tristeza de aquellos momentos. Así, todos recordamos la película “Billy Elliot”, ambientada en el Condado de Durham durante la huelga de 1984. O la de “The Full Monty” donde, en clave de comedia, vemos la situación de decadencia en la ciudad de Sheffield al norte de Inglaterra por las consecuencias de la reconversión minera e industrial. También en música la huelga del 84 inspiró a una multitud de cantantes británicos, por todos, traemos el ejemplo de la canción “We Work the Black Seam “, de Sting y » Red Hill Mining Town «, de U2.
https://www.youtube.com/watch?v=s4CQJTGw72I
https://www.youtube.com/watch?v=yLvpZwN9Oko
A ellos hay que unir multitud de novelas, series de Tv. Documentales, ensayos…
En España, por los mismos años y por razones semejantes, también cerraron las minas, pero la prosperidad no ha llegado a las zonas ex mineras. Pregunten en Asturias o en León.
BIBLIOGRAFÍA
Enciclopedia Británica
Lyddon, Dave. «La huelga de los mineros de 1984-1985» . Historia de TUC (on line). http://www.unionhistory.info/timeline/1960_2000_Narr_Display_2.php?Where=NarTitle+contains+%27The+1984-85+Miners+Strike%27+
O’SULLIVAN, John. – “El Presidente, el Papa y la Primera Ministra. Un trio que cambió el mundo”. Ed. Fundación FAES. 2006.
Universidad de Oxford, on line: https://www.history.ox.ac.uk/miners-strike-1984-5-oral-history