LOPE DE AGUIRRE

Muchas veces hemos hablado de traidores a España y también de aquellos desastres acontecidos en nuestro recorrido histórico sin los cuales nada se entendería de lo que hemos llegado a ser…y lo que hemos perdido.

Hoy traigo un personaje peculiar, considerado por muchos como un traidor a España, que sin duda lo fue, pero no sé si de la trascendencia debida a su propia historia o más bien por la tergiversación que otros traidores hicieron de sus acciones. Hablo de Lope de Aguirre.

Lope de Aguirre nació en 1511 en Oñate (Guipúzcoa) de familia hidalga. Educado en las grandes historias que llegaban de América, en las grandes conquistas y, especialmente, fascinado por la conquista del Perú de Pizarro, emprendió viaje hacia ultramar llegando a Perú en 1536. Se alistó en las huestes de Pizarro enfrentado en aquel momento con Almagro (batalla de salinas 1538). En 1544, luchó contra las tropas del virrey Blasco Núñez de Vela, enfrentado también a Pizarro. Derrotados los partidarios del conquistador, debieron huir. Aguirre lo hizo a Nicaragua. En 1551, vuelve a Perú donde, sometido a juicio, es condenado por el juez Francisco Esquivel. Rencoroso como pocos, Aguirre juró vengarse del juez, siguió su pista durante tres años. Lo encontró en Cuzco y le dio muerte. Aguirre, juzgado por este asesinato, fue condenado a muerte, pero huye y se refugia en Tucumán. Aquella pena máxima le fue conmutada al unirse a las tropas de Alvarado quien debía repeler la rebelión del encomendero Francisco Hernández Girón. Los de Alvarado fueron derrotados en la batalla de Chuquinga; además, Aguirre fue herido en un pie de manera que quedó cojo de por vida.

Harto de peleas y de seguir en la pobreza, decidió dedicarse a la búsqueda de oro, como casi todos los que iban a América. Ya lo había dicho Pizarro hacía tiempo: “Elegir ser pobres en Panamá o ricos en Perú”. Todos buscaban grandes riquezas, y desde siempre los nativos creaban historias de ciudades riquísimas, con edificios de oro y recubiertos de piedras preciosas. Todos los situaban un poco más allá de donde estaban ellos, así alejaban a los españoles del lugar. De entre todos aquellos cuentos que inventaban los indígenas para librarse de los españoles, la historia que más fraguó fue la de El Dorado.

Años después de que Francisco de Orellana se estrellara buscando El Dorado, Pedro de Ursúa, en 1560, organizó una nueva expedición. En ella se enroló Lope. El grupo de Ursúa estaba conformado por cuatrocientos soldados, que habían sido reclutados en virtud de su valentía y experiencia en campañas anteriores sin tener en cuenta su moral o su apego a la autoridad. Este detalle marcaría el terrible desenlace de la expedición: Lope de Aguirre era un buen representante de esta clase de estirpe militar: aguerrido, valiente, pero muy desobediente.

Los expedicionarios navegaron a través del río Marañón (de ahí que se autodenominaran “marañones”) con un numeroso séquito de familiares y sirvientes, entre los que figuraba la joven hija mestiza de Aguirre, llamada Elvira.

Los primeros meses de viaje por el río Amazonas no arrojaron resultado alguno, sembrando la locura entre los soldados y el odio hacia el veterano Ursúa, quien solo parecía preocuparse por su amante mestiza Inés de Atienza, que era, a su vez, hija del conquistador Blas de Atienza.

El descontento fue creciendo hasta que los marañones consideraron y llevaron a cabo el asesinato de Ursúa, el de su teniente general, Juan Vargas, y el de la amante de Ursúa, Inés, durante la noche del 1 de enero de 1561. El ideólogo de la conspiración fue Lope de Aguirre.  Sin embargo, Aguirre, eliminado Ursúa, no se proclamó líder de la expedición, sino que tal honor se lo dejó a Fernando de Guzmán, el cual se proclamó rey de la misma. Pasando los días, Aguirre se mostró disconforme también con el gobierno de Guzmán y no paró hasta acabar con él. Su locura no se desató exclusivamente contra Guzmán, sino que materializó otros muchos asesinatos y sabotajes, muertes llenas de violencia, tras lo cual, Lope alcanzó el poder del grupo. Sus fieles empezaron a ser llamados por él “los fuertes marañones”.

Eran tan sanguinarios que Uslar Pietri describe la expedición así: “Fuerzas desconocidas los atan, los arrastran, los llevan suspendidos en la zarabanda de aquella jornada sangrienta que no concluye. Cada alto está marcado por la sangre de los asesinados”[1]

Ya al mando de la expedición, en un alarde de locura propia de un tirano, se proclamó Ira de Dios, Príncipe de la Libertad y del Perú, del reino de Tierra Firme y provincia de Chile. Todos los dominios americanos se convertían, a partir de ese momento, en objetivos de conquista, y los súbditos del Rey de España pasaban a ser sus enemigos. Tan fue así que el 23 de marzo de 1561, Aguirre y sus 186 secuaces firmaron una declaración de guerra contra el Imperio español.

Tras navegar por el Amazonas, salir al Atlántico, alcanzar Isla margarita (en la actual Venezuela), y en ella la ciudad de La Asunción, y posteriormente la ciudad de Borburata (ya en el continente), decide mandar una famosa carta a Felipe II. En la que decía alguna verdad y muchas balandronadas:

Avísote, Rey español, donde hayas mucha justicia y retitud y asi cumple para tan buenos vasallos como en estas tierras tienes, aunque yo no, por no poder sufrir más las crueldades que usan estos tus Oidores, Virey y Gobernadores, he salido de hecho con mis compañeros, cuyos nombres luego diré, de tu obidencia, y desnaturándonos de nuestro natural, ques España, y hacerte en estas partes la más cruda guerra que nuestras fuerzas lo puedan sustentar y suplir. Y esto cree, Rey y señor, nos ha hecho hacer no poder sufrir los grandes pechos, y premios y castigos injustos que nos dan tus ministros, hijos y criados: nos han usurpado nuestra fama, vida y honra, ques lastima oir el mal tratamiento que se nos han hecho. Y ansi, manco de mi pierna derecha, de dos arcabuzazos que me dieron en el valle de Chuquinga con el mariscal Alonso de Alvarado, siguiendo tu voz y apellido contra Francisco Hernandez Giron, rebelde á tu servicio, como yo y mis compañeros al presente lo somos y seremos fasta la muerte, porque ya de hecho hemos alcanzado en estos reinos cuán cruel eres y quebrantador de fee y palabra; y asi, tenemos en esta tierra tus perdones por de menos crédito que los libros de Martin Lutero, pues tu Virey, marqués de Cañete, malo, lujurioso y ambicioso, tirano, ahorcó á Martin de Robres, hombre señalado en tu servicio, y al bravo Tomás Vazquez, conquistador del Pirú, y al triste de Alonso Diaz, que trabajó más en el descubrimiento deste reino que los esploradores de Moisés en el Desierto, y Piedra-hita, buen capitan, que rompió muchas batallas en tu servicio; ellos te dieron la vitoria, que si ellos no se pasaran, hoy fuera Francisco Hernández rey del Pirú, y no tengas en mucho el servicio que te escribieron tus Oidores haberte hecho, porques muy gran fábula, si llamas servicio haberte gastado ochocientos mill pesos de tu Real caja para sus vicios y maldades, que cierto son malos, y castígalos como tales.”[2]

Aguirre emprendió una matanza en lo que hoy es Venezuela, no sólo de los ejércitos que le perseguían, sino entre la población indígena, y, por si no fuera bastante, a aquellos descontentos de entre los suyos también los quitó de este mundo: murieron a garrote el gobernador, unos 25 vecinos y 14 marañones. Según Francisco Vázquez miembro de la expedición “cualquier gesto, palabra o actitud cuesta la vida”.[3]

De ahí se dirigió a Barquisimeto, un poco más abajo en el interior del mapa venezolano. Esta ciudad había sido fundada en 1556, había cambiado de nombre y se denominaba en aquel momento «Nueva Segovia de Barquisimeto».

La fama que precedía a Aguirre hizo temblar a la población que avisó a las huestes de Diego García de Paredes- uno de los grandes conquistadores españoles, fundador de la ciudad de Trujillo en Venezuela en recuerdo de su Trujillo natal en Extremadura. Además, se le considera como el precursor del derecho de asilo político en América-. García de Paredes no logra impedir que la ciudad fuera convertida en cenizas por el tirano Lope de Aguirre (volvió a edificarse en dos ocasiones más, la última y definitiva en el interior cerca de la región centroocidental de Venezuela. Actual estado de Lara), pero sí logró acorralarlo, incluso con la ayuda de alguno de los marañones hartos de la locura y tiranía de Lope. No es que los marañones fueran menos sangrientos que el supuesto rey Lope, sino que veían que la locura de este sólo los llevaba a la horca. Además, García de Paredes dejó clavadas cédulas que prometían el perdón a los hombres de Aguirre si le traicionaba. Viendo que, si Aguirre se lo proponía, y ante la menor eventualidad, los iba a matar, los marañones poco a poco fueron traicionando a Lope.  El vasco, cercado, enfermo de fiebres y sintiendo próximo su fin, cometió su última locura: apuñaló y mató a su propia hija diciéndole “Más vale que mueras como hija de rey que no que vivas y te llamen hija de traidor”. Era el 27 de octubre de 1561. Ese mismo día dos arcabuceros de los marañones le dieron alcance y le mataron.

García de Paredes dio orden de que lo descuartizaran, y su cabeza fuera expuesta en una jaula como advertencia para nuevos traidores.

Según el testimonio del fraile Reginaldo de Lizárraga fue “la bestia y tirano más cruel que ha habido en nuestros tiempos ni en pasados; mató a muchos; si se reían los mataba, si estaban tristes los mataba; no ha visto ni leído semejante ánimo de demonio”.

Si mis queridos lectores se han hecho una imagen del tipo de persona que tratamos quizá hayan pensado que Aguirre físicamente era un portento, alguien grandote y corpulento; si es así, se habrán equivocado. Este matón, revolucionario y fiero era de corta estatura, fuerte de brazos, de piernas musculosas, flaco de rostro, cara de contorno triangular y sienes muy acusadas, nariz prominente, alta, saliente, ganchuda y barbilla fuerte y puntiaguda, con aire atravesado y mirada torva, y en los retratos que se tienen de él, con barba no muy poblada.

Aguirre fue sometido a un juicio post mortem en el que fue declarado culpable del delito de lesa majestad y varios de sus seguidores condenados a muerte. Felipe II prohibió citar su nombre y declaró a sus hijos de toda naturaleza “infames por siempre jamás, e indignos de poder tener honra ni dignidad ni oficio público, ni poder recibir herencia ni manda de pariente ni de extraña persona”.

Pero la peor consecuencia de la locura de Lope de Aguirre no se la debemos tanto a él como a Simón Bolívar que quiso ver en este loco salvaje al precursor de la independencia de Hispanoamérica, dejando por escrito que: “la rebelión de Aguirre fue la primera declaración de independencia en una región de América”.

No es verdad, Lope no fue un ejemplo a seguir ni precursor de nada, salvo de la vida en un frenopático. Lope fue un loco de atar que, en su huida hacia delante, ávido de riquezas y poder encontró en el enfrentamiento con Felipe II la justificación de su acción sediciosa.

De hecho, Javier Reverte en su libro “El río de la desolación: un viaje por el Amazonas”, dice de Aguirre: “Es probable que muy pocos seres humanos hayan sido tan malignos en la historia como Lope de Aguirre, o al menos tan conscientes de su iniquidad. Era un hombre que parecía amar la maldad y que, cuando menos, hizo de ella su causa y bandera”.

 La fama de Aguirre ha trascendido fronteras e incluso llevada al cine, por ejemplo,  en 1972 en la película “Aguirre, la cólera de Dios” del director alemán Werner Herzog. También la expedición de Ursúa y Lope de Aguirre tiene reflejo en la película “ El dorado” de Carlos Saura de 1988.

BIBLIOGRAFÍA

REVERTE, Javier. – El rio de la desolación: un viaje por el Amazonas”. Plaza & Janes editores. 2004

ROJO PINILLA, Jesús. – “Grandes traidores a España”. Ed Gran Capitán. 2017

USLAR PIETRI, Arturo. – “El camino de El Dorado”. Ed Martínez Roca. 1997

VÁZQUEZ, Francisco. – “El Dorado. Crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre”. Alianza Editorial.2007

[1] USLAR PIETRI, Arturo. – “El camino de El Dorado”. Ed Martínez Roca. 1997

[2] https://es.wikisource.org/wiki/Carta_de_Lope_de_Aguirre_a_Felipe_II

[3] VÁZQUEZ, Francisco. – El Dorado. Crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre. Alianza Editorial.2007