El Eurocomunismo

Sabemos que el comunismo desde Marx ha sufrido diversas transformaciones, casi siempre unidas a ciertos fracasos. Una de esas transformaciones fue el llamado eurocomunismo.

Se conoce como “ eurocomunismo” a la ideología que se inserta en los partidos comunistas de Europa occidental, sobre todo, a partir de la invasión de Checoslovaquia por parte de las fuerzas del Pacto de Varsovia en 1968, poniendo fin a lo que se llamó “comunismo de rostro humano” o “ Primavera de Praga”, originada por la teoría de Brézhnev de la “soberanía limitada” ( aunque la teoría es realmente originaria de Suslov). La doctrina Brézhnev o “doctrina de la soberanía limitada” marcó la política exterior de la Unión Soviética en un intento de evitar la democratización o independencia en países socialistas, mediante la intervención militar.  Tal doctrina consideraba el bloque del Este como un todo en el que los países de la Europa oriental no eran independientes. «La URSS no puede ser, ni será jamás, indiferente al destino de la edificación del socialismo en otros países hermanos; tampoco lo será con relación a la causa del socialismo mundial». Trataba así de justificar una intervención del Pacto de Varsovia en cualquier país del bloque oriental que se alejara de los dictados de ”Moscú» y se acercara al capitalismo de Estados Unidos (Seguro que más de un lector se ha acordado de Putin y la intervención en Ucrania).

Esa acción de invasión de Checoslovaquia fue condenada en el oeste europeo, lo que fuerza, de algún modo, a los partidos comunistas del mundo occidental a pronunciarse ante sus respectivas sociedades, sobre la condena o no del sometimiento de los derechos ciudadanos checoslovacos, pisoteados por los tanques soviéticos. Esa situación obliga a los partidos comunistas más importantes de occidente, italiano y francés, a condenar la invasión; explícitamente, los primeros y, con ciertos matices, los segundos.

Son, por lo tanto, los secretarios generales de los partidos comunistas de Francia e Italia, Marchais y Berlinguer, quienes dan consistencia política al eurocomunismo; añadiéndoseles inmediatamente, Santiago Carrillo. Hay que estimar, por lo dicho, que el Eurocomunismo estará siempre unido a esas tres figuras:  Marchais, Berlinguer y Carrillo. Más en los dos segundos que en el primero, que siempre fue más renuente a condenar el comunismo ortodoxo soviético.

Es obvio, sin embargo, que, si bien el concepto eurocomunismo irá ligado a las personas citadas, incluso una de ellas, Santiago Carrillo, escribió un libro bajo ese título- Eurocomunismo-. Éste no es nada más que un proceso ideológico evolutivo, que, partiendo del marxismo, pretende llegar al poder, prescindiendo del Leninismo. Fue una búsqueda de encontrar un camino que compaginara la vía marxista con las democracias occidentales durante el último cuarto del S. XX.  Un camino que diese luz a la crisis de los principios que habían sido básicos en los marxistas clásicos, fundamentado en que la transformación de la sociedad capitalista, debía revisar los tres pilares clásicos: revolución a escala mundial, vanguardia de los países desarrollados y extensión rápida del proceso revolucionario una vez iniciado.

Esta línea de pensamiento no nace de las cabezas de aquellos hombres que tenían responsabilidades representativas en los partidos comunistas occidentales, sino en las cabezas de los intelectuales marxistas/comunistas que, viviendo en el mundo occidental, se dan cuenta de que hay que casar la libertad del mundo en el que viven con la dictadura del proletariado, y que esa libertad en el mundo occidental comporta dos elementos esenciales: “pluralismo” y “elecciones”. Son los grandes teóricos del marxismo occidental: Gramsci,  Althusser, Aragón…, quienes poniendo al día sus ideas marxistas, determinaron, en primer lugar, la separación del leninismo al comprobar que su expansión por occidente no se producía, como habrían creído con anterioridad, y que la resistencia en los países del Éste, era evidente. Con lo que, en segundo término, sentenciaron que la sociedad no se volvería comunista por la vía revolucionaria sino por un medio estrictamente electoral, respetando, en principio, el pluralismo de sus respectivas sociedades. Lo que veían aquellos teóricos era que para Marx la sociedad comunista alcanzaría sus últimos estadios en la conjunción de los logros de sus etapas previas: idea materialista de la Historia, lucha de clases, dictadura del proletariado, sociedad comunista en la que el Estado desaparece. Lenin, por su parte, admite las tres primeras etapas, pero no se pronuncia respecto de la cuarta, pues la considera tan lejana, y a la sociedad tan falta de condiciones para vivir sin Estado, que la ignora. La tercera, la dictadura del proletariado, la entiende como una acción revolucionaria, en la que el proletariado ejerce su acción no como una clase, sino a través de una vanguardia, la formada por el “partido comunista” stricto sensu, que implantado en el Estado (en Rusia), será el faro universal para el desarrollo de la revolución mundial. Es esa vanguardia quien garantiza que no habrá traición a la revolución, es la que asegura la prepotencia del Estado sobre sus enemigos posteriores. Es quien preservará la ortodoxia del propio marxismo, frente a quien pretende alterarlo.

Esas ideas leninistas, aumentadas y elevadas por Stalin, condujeron a una de las mayores dictaduras del Mundo, al imperialismo soviético, y a la añoranza del mismo que ahora sufrimos.

Las posiciones eurocomunistas, primero ideológicas, para pasar a fundamentos de realidad política, consideraron que el momento propicio para lograr su triunfo sería en los años 70 del siglo XX. El eurocomunismo no se presenta como una táctica tras la cual esconder una sustancia inmutable y una inalterada relación con la Unión Soviética; tampoco fue simplemente un proceso de social-democratización de los partidos comunistas de Francia, España e Italia. El eurocomunismo surgió en medio de una crisis general, primero, como hemos señalado por la resistencia de los ciudadanos del Éste a las políticas soviéticas y, después, en occidente con la crisis económica de los años 70, el relentizamiento económico, la crisis energética y la creciente inflación que rompió el equilibrio económico y político creado por Bretton Woods. Los eurocomunistas creían llegado el momento de alcanzar un régimen marxista a través de una revolución democrática, proponiendo una trasformación de la sociedad basada en la “modificación cualitativa de las relaciones entre el consentimiento y la coacción”, como señaló Gramsci. Se trataba de dar una alternativa a las exigencias de las clases trabajadoras sin tener que agotar la vía parlamentaria democrática, utilizando el descontento por la crisis general de las sociedades para lograr un Estado equitativo en el que cada uno tuviera “según sus capacidades y reciba según sus necesidades”

Que esas aspiraciones estuvieran animadas por los partidos comunistas italiano, español y, en menor medida, francés, es lógico si se piensa en las circunstancias históricas de sus respectivos países. Así, en Italia, el llamado “compromiso histórico”, es decir, la convergencia del Partido Comunista italiano y la Democracia Cristiana para una acción de gobierno común estuvo a punto de producirse en plenitud. Se intentaba conseguir el máximo consenso posible en torno a las instituciones democráticas y a través de una política reformista, evitando tentaciones de autoritarismo.

Este compromiso histórico se realizó parcialmente mediante el apoyo externo del PCI al gobierno democristiano de Giulio Andreotti en 1978 y acabó (1980) con el asesinato de Aldo Moro, uno de sus mayores defensores.

Realmente, durante los años 70, el avance electoral del Partido Comunista había sido espectacular, tanto que logró acercarse, por primera vez en su historia, a la mayoría relativa de los votos, pudiendo, por fin, aspirar a gobernar el país en torno a los comicios de 1975 y 1976.

El PCI apostaba por una política de trasformación de la sociedad, por una renegociación de las bases sociales y una nueva orientación socialmente equitativa. El PCI se ponía en la primera línea como alternativa política, lo que casi los lleva al poder si no llega a ser por la formación del “Pentapartito”, compuesto por los democristianos de Giulio Andreotti y el Partido Socialista Italiano (PSI), el Partido Socialista Democrático, el Partido Liberal y el Partido Republicano. En el fondo la sombra del viejo comunismo era alargada.

Contemporáneamente en Francia, la situación era parecida: el movimiento de mayo de 1968 contribuyó a la decadencia del golismo, que aceleró irrevocablemente la muerte del propio General De Gaulle. La elección de Valery Giscard d’Estaing como presidente y el nombramiento de Jacques Chirac como jefe del Gobierno no fueron suficientes para detener la crisis: el nuevo ejecutivo, caracterizado por el nacionalismo populista-golista, se enfrentaba a una grave crisis y a un avance significativo de los partidos de izquierda. Las huelgas generales y la organización de varias movilizaciones demostraban la existencia de un malestar generalizado y un fuerte deseo ciudadano de cambio. Mientras tanto, el Partido Socialista elegía a su nuevo líder, François Mitterrand, buscando una posible alianza entre las fuerzas de izquierda; la idea parecía ser secundada por el secretario del PCF, Georges Marcháis. El consentimiento alrededor de este acercamiento lo certificó el buen resultado electoral que las izquierdas alcanzaron en 1974, tanto que Mitterrand estuvo a punto de vencer en las elecciones presidenciales: la convergencia entre socialistas y comunistas se presentaba como una posibilidad concreta que contaba con el apoyo de ambas militancias. Si bien, la embajada soviética en París, se mostró encantada de la derrota final de Mitterrand por cuanto el francés criticaba abiertamente al comunismo y resultaba un enemigo muy hábil en su estrategia de reequilibrio de la izquierda.

En esta actitud de colaboración con los socialistas, el PCF abandonó el concepto de dictadura del proletariado y una parte del partido se acerco a los postulados del partido Comunista italiano. Pero esto era más aparente que real, pues el PCF internacionalmente se mantuvo fiel a Moscú y, en 1979, Georges Marchais apoyó la invasión de Afganistán.

En las elecciones de 1981, Marchais criticó el «giro a la derecha» del PS. Pero Mitterrand obtuvo 25% de los votos y sólo el 15% fue para Marchais. Para la segunda vuelta, el PCF exhortó a sus partidarios a votar por Mitterrand, que fue elegido presidente. En aquel primer gobierno de Mitterrand los comunistas tuvieron asiento en el Consejo de ministros.

En España, la situación se presentaba más complicada, la muerte de Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975, hizo precipitar el proceso de liquidación del franquismo y la creación de nuevas condiciones políticas, económicas y sociales. Las fuerzas de izquierda, independientemente de su capacidad política, querían asumir un nuevo papel en un estado renovado, favoreciendo la alternativa democrática, potenciada hacia el socialismo. La despenalización del PCE hizo volver a Carrillo y concederle un papel esencial en la vida pública.

Este breve análisis de las condiciones socio-políticas de estos tres países de la Europa meridional, muestra cómo estaban en marcha procesos de crisis y deseos de cambio que, pese a su natural diferencia, revelaban algunos elementos en común: en primer lugar, en los tres países no se aspiraba a un simple cambio de gobierno o a una política reformada: al contrario, se trataba de un deseo concreto de cambio, de una exigencia de ampliación y profundización de la democracia, tanto en las esferas políticas como de la producción. En segundo lugar, las fuerzas políticas, sindicales y culturales que luchaban por la realización del socialismo contaban con el apoyo no sólo de la mayoría de los trabajadores, sino también de otros núcleos sociales. Esta realidad, que parecía más evidente en Italia y Francia, iba preparándose también en España. La presencia de un amplio sector de izquierda deseoso de cambios en general, hacía posible que en estos tres países se plantease concretamente la alternativa democrática-socialista. En tercer lugar, el eje político comunista-socialista constituía en los tres países la columna vertebral del bloque político y social de la izquierda. Sin embargo, el equilibro interno entre comunistas y socialistas era diferente en cada país: en Italia, el eje se inclinaba netamente del lado comunista en todos los aspectos, tanto que el PCI eclipsaba al partido socialista. En Francia la situación se mostraba más complicada en cuanto que, si era efectiva la preeminencia del lado socialista en el plano electoral, el partido comunista se distinguía desde el punto de vista de la organización e implementación en la clase obrera. En España, la situación aún no se presentaba clara, aunque parecía poder asemejarse más bien al caso francés. La coincidencia temporal, la simultaneidad en la exigencia de cambio y la contigüidad geográfica hicieron que las influencias entre ellos fueran apreciables y el deseo de operar conjuntamente también.

Sin embargo, este producto comunista se puede considerar fracasado porque electoralmente nunca alcanzó las cuotas deseadas. La creciente dificultad para compaginar la filosofía de la historia que constituye el hilo conductor del marxismo clásico con los acontecimientos de la lucha de clases del S.XX, hacía caer en tremendas contradicciones a los eurocomunistas; la evidencia que el llamado socialismo real no era más que otra forma de totalitarismo, restaba apoyos. Así, en el caso de España, el PCE fue barrido por el PSOE en todas las elecciones a las que se presentó. En las elecciones del 15 de junio de 1977, el PCE descubrió tener una notable extensión, pero un corto porcentaje de votos. Llenaba plazas de toros, estadios, polideportivos abarrotados por multitudes, pero no llenaba las urnas. Para el Partico Comunista, los resultados de 1977, que dieron la victoria a UCD (con 34,7% de los votos) fueron muy decepcionantes, ya que el partido obtuvo un 9,24%, muy por debajo de sus expectativas y del PSOE (29,2% de los votos).

A esas causas internas se unieron otras externas, sobre todo, de la propia URSS, la invasión de Afganistán, las guerras en Indochina- tras la derrota del imperialismo norteamericano- que llevó a regímenes tan horrorosos como los de Camboya, Vietnam del Norte, Corea del Norte; las crisis de los países del Éste; el mantenimiento de las posiciones leninistas en el movimiento obrero manifestadas en la OIT, y la situación francesa e italiana que tampoco alcanzaron el éxito, colocó a estos partidos en una posición de fragilidad y debilidad, contribuyendo a su declive.

De aquella época y aquellos miedos, procede la retirada del término “marxista” de los partidos socialistas” y del término “ leninista” de los partidos comunistas.

La caída del muro de Berlín y la descomposición de la URSS dejó ver las costuras del comunismo que, carente de ideología práctica ha buscado otras formas de acercarse a la sociedad- muchas de ellas pagadas por Rusia y China (poderosas dictaduras comunistas)- basadas en el ecologismo, el populismo, el wokismo,  nacionalismo y todo tipo de conceptos que en muchos casos son completamente disparatados, con la única finalidad de arrancar las raíces de Occidente y provocar una crisis, no ya económica sino de identidad de la sociedad, que permita, en ese mundo inestable, alcanzar el poder a los nuevos comunistas disfrazados de seda, y, por supuesto, no perderlo nunca más.

BIBLIOGRAFÍA

CARRILLO. S. –“Eurocomunismo, socialismo en libertad escritos sobre eurocomunismo” Ed. Forma. 1977.

DONOFRIO, A.- “ El final del Eurocomunismo y el Partido comunista de España (PCE)”. Universidad de Salamanca. 2013.

DONOFRIO, A .- “El Eurocomunismo, ¿Producto de la crisis económica y política de los setenta?” Revista de Estudios Políticos. 2014.

GRAMSCI. A .-Gramsci y el P.C.I.: entrevista con Norberto Bobbio, en el libro AA. VV.: Gramsci y el Eurocomunismo. Editorial Materiales. 1978.

PARAMIO, L.- “El Eurocomunismo en la Historia del Movimiento Obrero”.- En el libro “Ideologías y movimientos políticos contemporáneos”. Ed ministerio de Educación y Ciencia. Secretaría de Estado de Universidades e Investigación. 1981.

P.S. Felices vacaciones. Hasta septembre.

FRAP

En los últimos días, por la victoria judicial que Cayetana Álvarez de Toledo ha obtenido frente a la demanda interpuesta contra ella por el padre de Pablo Iglesias, ha vuelto a nuestros oídos el nombre del grupo terrorista FRAP. Pero, ¿qué fue el FRAP?

El Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), fue una organización terrorista que surgió de las ramificaciones del PCE, desde que Carrillo postulara una política de reconciliación nacional en 1956, oficialmente aceptada en el VI Congreso del Partido Comunista de España celebrado en Praga en diciembre de 1959. Carrillo presentaba una estrategia que defendía la salida pacífica del franquismo y el pacto con sectores del régimen; ideas que fue madurando poco a poco durante la década de los 60 y que, en la de los 70, le llevaron a abrazar el eurocomunismo.

El eurocomunismo se caracterizó por rechazar el modelo político desarrollado por la URSS y, con cierto carácter práctico, acercarse a las clases medias y bajas surgidas del capitalismo y aceptar el modelo pluripartidista. Los más destacados partidos eurocomunistas fueron el italiano y el francés. En España ante la evolución de los acontecimientos de la transición, el Partido Comunista de España de Carrillo y el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) se abrazan al eurocomunismo y, precisamente, su legalización en los inicios de la transición, se debió a esta posición más conciliadora con las democracias liberales.

Sin embargo, no todos los comunistas defendían esta estrategia, lo que dio lugar a diferentes escisiones, como la del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) y el Partido de los y las Comunistas de Cataluña (PCC). Los cuales se unían así a otras ramificaciones que se habían dado con anterioridad, como fue la del Partido Comunista de España (marxista-leninista), cuyas siglas fueron: PCE (m-l), de carácter estalinista. La visión política de estos últimos era favorable a la revolución por medio de la violencia. La diferencia con los anteriores, especialmente con las otras dos escisiones señaladas (PCPE y PCC) estribaba en que para estos la violencia era una opción, normalmente manifestada en la algarada callejera, de corte totalitario, supuestamente en nombre del pueblo, pero para el PCE (m-l), la violencia era un imperativo para lograr sus fines.

En el fondo de esta discusión no había más que un conflicto entre el comunismo soviético del PCUS -abrazado en España por Santiago Carrillo- y el comunismo maoísta chino, que profesaba el PCE marxista-leninista y que defendía la lucha revolucionaria y el belicismo como máxima para instaurar su propio régimen. A partir de 1976 el maoísmo perdería fuerza en el PCE (m-l) en favor del modelo comunista y aislacionista de Albania.

Este abrazo a la violencia no era una novedad en el comunismo, no olvidemos que Trotski en 1917 había señalado en una arenga: “Os digo que las cabezas tienen que rodar, y la sangre tiene que correr (…). La fuerza de la Revolución francesa estaba en la máquina que rebajaba en una cabeza la altura de los enemigos del pueblo. Era una máquina estupenda. Debemos tener una en cada ciudad”.

 El PCE ml sigue la tradición de Robespierre, Lenin, Stalin y Trotski, que nunca se pararon en barras a la hora de liquidar a los opositores dentro y fuera del partido. El terror está en la base intelectual y el designio político del comunismo.[1]

En esto, los totalitarismos de todo signo suelen coincidir, al menos en sus manifestaciones teóricas, que desgraciadamente, también se llevan a la práctica. “La base del poder es la violencia, nunca el derecho”. Posición defendida por uno de los máximos ideólogos del nazismo, Carl Schmitt [2] y que también aplicaron los comunistas.

Esa concepción de la violencia radical y criminal que justificaban definiéndola como lucha frente al franquismo, llevó al PCE (m-l) junto con otros grupos disidentes a crear el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), como brazo armado para llevar a cabo sus actividades terroristas.  Para ellos, como ha señalado algún militante, tan enemigo era Franco como Carrillo al que consideraban un traidor.

La década de los 70 en España nació ciertamente revuelta. Franco se encontraba enfermo de Párkinson, el entonces Príncipe Juan Carlos había sido nombrado sucesor a título de Rey. Las familias del régimen se posicionaban ante lo que era evidente: la muerte de Franco en un tiempo no muy lejano. Ahí aparecen los codazos por el poder entre las facciones más duras del régimen y las que eran más partidarias de una apertura. En ese contexto, ETA cometió su primer asesinato en 1968- supuestamente, al igual que el FRAP, como lucha frente al franquismo, si bien al mayor parte de sus asesinatos ocurrieron tras la muerte de Franco-. El juicio por aquellas muertes se sustanció en el llamado proceso de Burgos, que ocasionó uno de los mayores momentos de tensión en España en mucho tiempo. Tanto que, las duras penas impuestas (penas de muerte) tuvieron que ser conmutadas por penas de prisión ante la presión ejercida desde el exterior por un número considerable de países.

Por otro lado, la sociedad  tenía un mayor conocimiento de lo que ocurría fuera de España  gracias al turismo y a la apertura en las costumbres acontecida desde los años 60, como ya contamos aquí: (https://algodehistoria.home.blog/2020/06/19/que-decada-la-de-aquel-regimen/), se generaron más conflictos sociales, sobre todo, manifestaciones estudiantiles en Madrid y Barcelona o un número muy importante de huelgas que se produjeron en 1970.

La economía parecía ajena a las crisis internacionales que ya se vislumbraban y a las luchas políticas, consolidando lo que los historiadores definen como el milagro económico español, con un país creciendo a una media superior al siete por ciento, herencia de las reformas de los tecnócratas. Reforzadas por los acuerdos con los EE. UU o la firma del Acuerdo Económico Preferencial entre el Estado Español y la CEE, en junio de 1970.

En este contexto, el 23 de enero de 1971, en París, se creó el comité que daría lugar al nacimiento de FRAP. Cuyos objetivos se mostraron en el número 1 de la revista ¡Acción!, editada el 1 de marzo de 1971. Se concretaban en 6 puntos:

  1. Derrocar la dictadura fascista y expulsar al imperialismo estadounidense de España mediante la lucha revolucionaria.
  2. Establecimiento de una República Popular y Federativa que garantice las libertades democráticas y los derechos para las minorías nacionales.
  3. Nacionalización de los bienes monopolísticos y confiscación de los bienes de la oligarquía.
  4. Profunda reforma agraria sobre la base de la confiscación de los grandes latifundios.
  5. Liquidación de los restos del imperialismo español.
  6. Fundación de un Ejército al servicio del pueblo.

Sin embargo, la constitución formal del grupo terrorista no se concretó hasta 2 años después, también en París. Julio Álvarez del Vayo, ex ministro del PSOE con Largo Caballero, durante la guerra civil, fue nombrado presidente y lo lideraría hasta su muerte en 1975. Tras la guerra civil, Julio Álvarez del Vayo se exilió en los EEUU y México. Fue expulsado del PSOE por su radicalismo procomunista. Instalado en Francia, aglutinará a diversos grupos revolucionarios. En la segunda reunión de París, se ratificaron los puntos programáticos editados en 1971 y cuya síntesis en palabras de Vayo era “destruir la dictadura de Franco y crear una República Popular y Federal a través de la lucha armada”[3].

Este grupo terrorista, cometió diversas acciones criminales en los cinco años posteriores. Las manifestaciones, las huelgas, el reparto octavillas eran consustanciales al grupo desde sus comienzos, pero, subiendo escalones de violencia, llegó al robo de armas, al lanzamiento de cócteles molotov a distintas instituciones, sobre todo, bancos, a los que también atracaban a mano armada, buscando así una forma de financiación. Motivo por el cual,  también asaltaron furgones que trasladaban dinero.

Las acciones más violentas del FRAP se inician el 1 de mayo de 1973 cuando en una manifestación en la calle Antón Martín de Madrid un grupo de policías fueron emboscados, rodeados y atacados con armas blancas, uno de ellos es asesinado a puñaladas. Se trataba del jovencísimo subinspector de la brigada político-social (tenía 21 años y estudiaba medicina, profesión a la que quería dedicarse en el futuro) Juan Antonio Fernández Gutiérrez.

José Catalán Deus, hoy periodista y entonces militante del FRAP, ha contado en numerosas entrevistas, y en su libro: “Crónica de medio siglo. Del FRAP a Podemos. Un viaje por la historia reciente con Ricardo Acero y sus compañeros”, como aquel primero de mayo fue muy complicado. “Ocurrieron cosas muy graves, hubo grandes redadas y cayó prácticamente toda la organización”[4]. Él fue detenido, estuvo preso desde julio a noviembre de 1973, posteriormente logró salir clandestinamente e instalarse en Albania, donde permanecía cuando la actividad criminal del FRAP se recrudeció en 1975.

Las víctimas del FRAP eran siempre miembros del Ejército y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado​, centrando sus ataques en Madrid, Barcelona y Valencia. Daba igual la graduación o el Cuerpo. Muchos cayeron heridos, otros muertos.  Muchas de las víctimas fueron atacadas cuando se encontraban fuera de servicio, aisladas o en labores totalmente ajenas a cuestiones policiales. Su actividad se recrudeció coincidiendo con el incremento de atentados perpetrados por ETA.

La actividad del FRAP y de otros grupos terroristas se acrecentó con la primera hospitalización de Franco en julio de 1974, los terroristas querían influir en el devenir de España ante el cambio de régimen.

Entre julio y septiembre de 1975, se produjeron los atentados del FRAP contra cuatro policías y un guardia civil, todos ellos fallecieron: Francisco Jesús Anguas Barragán; Lucio Rodríguez Martín; Antonio Pose Rodríguez, Juan Ruiz Muñoz y Diego del Río Martín. Pero como afirma Azcona, el “salto” terrorista de la formación, “no se produjo de la noche a la mañana”. “El paso de la actividad puramente dogmática o ideológica al campo del terror se fraguó en reuniones en pisos francos, con gente más proclive a la violencia, al chantaje, a la muerte”.

El 27 de septiembre de 1975, fueron condenados a muerte por estos hechos once militantes del FRAP, de los que tres fueron fusilados. Estos, junto a dos miembros de ETA, se convirtieron en los cinco últimos ejecutados del franquismo.

Como respuesta, dos días después, el FRAP atracó la pagaduría de la Residencia Sanitaria Valle de Hebrón de Barcelona. Abrieron fuego contra una pareja de Policías Armados que se encontraban allí de vigilancia. Diego del Río Martín, de 25 años falleció; su compañero, Enrique Camacho Jiménez, sobrevivió. Los terroristas se llevaron un botín de 21 millones de pesetas que empleó en seguir con sus actividades violentas.

Durante la transición, su actividad fue decayendo. Aunque no es fácil señalar cuándo acabó del todo su acción criminal, porque se teme que muchos de ellos se involucraron en otros grupos terroristas como el GRAPO. De hecho el atentado contra el hotel Corona de Aragón, el 12 de julio de 1979, donde murieron 78 personas y 113 fueron heridas, fue reivindicado, según señaló Radio Zaragoza y el periódico “El Heraldo de Aragón”, por llamadas que decían ser de  ETA, otras del FRAP y por el GRAPO. Aunque nunca se pudo resolver con certeza.

Se sospecha de algún otro atentado, como señala el periodista César Cervera en ABC  “La muerte del guardia de seguridad Jesús Argudo Cano, producida en Zaragoza el 2 de mayo de 1980, también fue atribuida al FRAP e incluso la Fundación de Víctimas del Terrorismo así lo señala en su libro ‘Víctimas del terrorismo, 1968-2004”.

Los  exmiembros del FRAP niegan más acciones porque el grupo ya estaba inactivo en esas fechas.

BIBLIOGRAFÍA

AZCONA, José Manuel, AVILÉS, Juan, y RE, Matteo. “Después del 68: la deriva terrorista en Occidente”. Ed Silex. 2019.

CERVERA, César. ABC https://www.abc.es/historia/abci-frap-organizacion-terrorista-asesino-cuatro-policias-forma-salvaje-finales-franquismo-202005312315_noticia.html

HERMIDA REVILLAS, Carlos. La oposición revolucionaria al franquismo: el Partido Comunista de España (marxista-leninista) y el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota. Universidad Complutense de Madrid.

https://www.pceml.info/actual/images/Biblioteca/HERMIDA_Laoposicinrevolucionariaalfranquismo_ElPCEmlyelFRAP.PDF

JIMÉNEZ LOSANTOS, Federico “Memoria del Comunismo”. Ed la esfera de los libros.2018.

Periodistadigital: https://www.periodistadigital.com/cultura/guia-cultural/20200602/frap-noticia-689404318338/

[1] Federico Jiménez Losantos. “Memoria del Comunismo”. Ed la esfera de los libros.2018

[2] Op. Cit.

[3] José Manuel Azcona, Juan Avilés y Matteo Re. “Después del 68: la deriva terrorista en Occidente”.Ed Silex. 2019

[4] Periodistadigital: https://www.periodistadigital.com/cultura/guia-cultural/20200602/frap-noticia-689404318338/