Trescientos… y pico

Posiblemente, todo el mundo ha oído hablar del tema que tratamos hoy, sobre todo, a partir de la película 300.  Pero quizá no todo el mundo sepa situar la batalla de las Termópilas en el contexto histórico correspondiente (incluyendo la batalla de Artemisio) y, más aún, no sepa apreciar la trascendencia de la misma.

Siempre que se habla de Europa, hablamos de los orígenes greco-romanos y judeo-cristianos. Pues bien, si Grecia fue un imperio trascendente para el desarrollo de occidente que nos transmitió su cultura, valores, filosofía y nos aportó la esencia de lo que debe ser la libertad y la democracia entre otras cosas, se debe a la batalla que hoy vamos a contar.

Los inicios de la Historia de la humanidad (no hablo de la prehistoria sino de la historia) se entiende mejor si nos situamos entorno a oriente próximo en los derredores de los ríos Nilo, Tigris y Éufrates. De ahí proceden los enterramientos en pirámides, la escritura, el papel, la rueda, los primeros códigos legales de occidente, las primeras manifestaciones religiosas y artísticas… Por eso no es de extrañar que los imperios orientales- Babilonia, Asiria, Egipto…- nacidos en aquellas tierras sintieran un deseo de expansión hacia occidente. Entre esos pueblos quizá el que más destacó fue el persa, que, al aniquilar el segundo imperio babilónico en el S. VI a de C, avanzó hasta apoderarse de los imperios egipcio e hitita y consiguieron engrandecer su imperio desde Asia Menor hasta la India. Con ese potencial se reveló su deseo de adueñarse de Grecia. El rey persa se titulaba a sí mismo como “el rey de todas las razas” y para él los griegos no eran más que otro pueblo al que someter. De hecho, durante un periodo breve sometió a Atenas (hacia el 507 a. de C.)

Pero los griegos se revelan, empezando así las guerras médicas (en referencia a los Medos, así llamados porque ocupaban la región “Media”, que se situaba entre el Mar Caspio y Mesopotamia. Fue un imperio asiático de la antigüedad, conquistado por los persas y llegó a ser el pueblo dominante entre ellos, de ahí que los griegos en una sinécdoque lingüística, denominaran medos a todos los persas). Las guerras médicas se analizan en tres fases:

  • Primera Guerra Médica(492–490 a. C.): Batalla de Maratón.
  • Segunda Guerra Médica(492–479 a. C.): Batallas de las Termopilas, Salamina y Platea.
  • Tercera Guerra Médica(479-449 a.C.): Batalla del Río Eurimedonte.

Nos vamos a centrar, por lo tanto, en la segunda, pero brevemente señalaremos cómo aconteció la primera, para conocer los antecedentes.

Los griegos se rebelan contra los persas, empezando por las ciudades griegas de Asia Menor, en concreto, la primera fue Mileto situada en la región de Jonia y su sublevación llevó al levantamiento de toda Jonia. (ver Mapa-1):

https://sites.google.com/site/mapasclasicos/home/grecia/entradasintitulo

Aquel levantamiento tuvo éxito, pero había que mantener la sublevación y liberarse totalmente de los persas y eso ya era más complicado. Por eso solicitaron la ayuda de las ciudades griegas, sobre todo, Corinto, Egina o Atenas. Esta última decidió enviar una flotilla de barcos a la que se sumaron otros de Eretria. En el 499, se produjo el desembarco griego en Sardes, el centro de poder persa en Anatolia. No lograron la victoria, pero sí consiguieron ampliar la rebelión que incluso llegó a Chipre. La reacción persa se produjo en el 497 con una durísima represión en la que Mileto quedó arrasada.

Sin embargo, Darío, el rey persa, no se conformó con la represión y hacia el 500 a de C. empezó a tejer una red de contactos con sectores de la aristocracia helena para que ejercieran de quintacolumnistas que le abrieran las puertas del futuro sometimiento griego. Algunas fuentes dicen que en el 490 envió embajadores a Grecia instándola a someterse. La historiografía más moderna suele negar esta posibilidad. En todo caso, parece que Darío había establecido un sistema para desarticular cualquier oposición e incluso el desarrollo de un ejército griego. Su plan consistía en someter primero Atenas, aislar Esparta para acorralarla y someterla posteriormente. En aquel momento, Grecia no se jugaba sólo la libertad sino también la democracia que sería sustituida por la tiranía persa. Pero no todo salió como quería Darío y los atenienses lograron formar un ejército que derrotó a los persas en la llanura de Maratón. Los atenienses, dirigidos por Milcíades, dieron muestras de una superioridad técnica que determinó la retirada persa. 

Esto no desanimó al rey persa que elucubró otra forma de enfrentarse a los griegos en un segundo intento de invasión. Se retrasó por tener que sofocar el levantamiento que en el 486 realizaron los egipcios y porque en ese mismo año murió Darío, que fue sucedido por su hijo- Jerjes-.

Sofocada la sublevación egipcia, Jerjes volvió los ojos a Grecia. Los objetivos de Jerjes estaban determinados desde mucho antes, ya por su padre. Su imaginación y ambición no tenía límites y su concepto imperial trascendía cualquier visión cortoplacista, su pretensión era la sumisión de toda Grecia y de todos los enclaves griegos en occidente, de lado a lado de Europa, de ahí que entablaran un acuerdo con los cartagineses.

En el 480 a de C., un espectacular ejército persa emprendió una larga travesía desde el Medio Oriente hacia la península griega del Peloponeso. Las ciudades griegas, poco preparadas para esta invasión, – salvo Temístocles que había aventurado que los persas volverían y era necesario tener una flota para hacerles frente- estaban aterradas, más cuando el Oráculo de Delfos presagió la destrucción de toda Grecia. Se dice que el propio Oráculo había sido sobornado por el rey persa. El caso es que sólo Atenas y Esparta decidieron hacer frente a los invasores. 

El plan de defensa de los griegos fue diseñado por Temístocles (el político y general más prominente de Atenas) en colaboración con los éforos de Esparta. Llegaron a la conclusión de que la única manera de detener la invasión era en el mar destrozando su flota. Sin embargo, para poder articular el sistema de defensa era imprescindible ganar tiempo, retrasando el avance de los persas.

En el año 481 a. C., un año antes del inicio de la segunda guerra médica, los representantes de las polis griegas decidieron aliarse en contra del inminente ataque persa, surgiendo, como consecuencia de ello, la Liga Helénica, cuyo mando recayó sobre el rey de Esparta, Leónidas I.

Ver mapa-2:

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Battle_of_Thermopylae_and_movements_to_Salamis_and_Plataea_map-es.svg

Cuando el ejército persa comenzaba a adentrarse en Europa, los espartanos se encontraban celebrando la festividad religiosa de las Carneas y los Juegos Olímpicos.

A pesar de que la tradición espartana dictaba que no se podía entrar en guerra mientras se celebraban dichas festividades, debido a la gran amenaza que suponía una segunda invasión persa se hizo una pequeña excepción. Digo pequeña porque Esparta no estaba dispuesta a entrar en guerra, de nuevo el Oráculo de Delfos había hacho un presagio muy desfavorable, por lo que Leónidas sólo contó con los trescientos hombres de su guardia personal. Pero en contra de lo que cuenta el cine, los griegos no estaban solos. A Leónidas le acompañaron mil lacedonios, setecientos tespianos, cuatrocientos tebanos y algunos foceos y locros de Opunte. En total unos 4.100 hombres[1]. Correspondía con la posición de bloqueo de las Termópilas el despliegue de la flota griega ante la punta norte de la isla de Eubea, frente al cabo Artemisio. La flota estaba mandada por el espartano Euribíades, y del total de 270 trirremes, los atenienses habían puesto 147. Sin embargo, quién de verdad establecía la estrategia era Temístocles. El plan consistía en que los espartanos de Leónidas debían contener a los persas en las Termópilas hasta que los griegos lograran derrotar a los persas en el mar. Es decir, la acción defensiva estaría en tierra y la ofensiva en el mar.

Jerjes lanzó a la armada a cruzar el paso del Helesponto, en la parte superior de la isla de Eubocea, donde salieron a su encuentro algunas naves de la avanzadilla griega, que no pudieron detenerlo, si bien, las naves persas tampoco lograron comunicar a Jerjes su entrada, lo que retrasó el ataque a las Termópilas. Al final los persas lograron pasar el estrecho marítimo gracias a la construcción de un puente artificial de madera sostenido entre barcazas. Cuando con un sistema de señales logró conocer el avance marítimo, Jerjes se lanzó con su poderosa fuerza armada de aproximadamente un cuarto de millón de combatientes contra los griegos apostados en las Termópilas.

Jerjes I, que se creía muy superior, envió un emisario a Leónidas en el que le exigía que entregara las armas so pena de verse aniquilado. La respuesta de Leónidas fue: “ven y cógelas”. Leónidas no era un loco, conocía la dificultad y confiaba en tres elementos: lo angosto del paso que obligaría a los persas a entrar en pequeños grupos, las mejores armas griegas, sobre todo la lanza larga, y la mejor preparación de sus hombres.

La conjunción de aquellos tres elementos previstos por Leónidas causó que los persas en diversos embates tropezaran una y otra vez con las fuerzas griegas, sin avanzar en absoluto y con una pérdida de fuerzas considerable, mientras los griegos apenas perdieron hombres. Así estuvieron tres días y hubieran sido más si no hubiese sido por un griego traidor, Efialtes, que se ofreció al rey persa para mostrarle un paso que permitía flanquear el desfiladero y atacar a los griegos por la retaguardia. Este fue el punto débil de la estrategia de Leónidas .

Leónidas defendía la retaguardia sólo con un grupo de soldados de Focea. Eliminados estos, Leónidas y sus fieles quedaron cercados.

Cuando Leónidas se percató de la situación, organizó un consejo de guerra en el que ofreció a sus hombres huir por mar hacia Atenas o defender la plaza hasta el final. Los aliados huyeron, pero Leónidas, los 300 de su guardia y un millar, aproximadamente, de tespianos y tebanos se quedaron. Herodoto cuenta que, al amanecer del cuarto día, Leónidas anunció a sus hombres que debían desayunar fuerte y sabroso porque aquella noche cenarían en el Hades.

El combate fue durísimo y a la desesperada. Jerjes acabó ordenando a sus hombres que no se acercaran a los griegos y que fueran los arqueros los que abatieran de lejos a los espartanos. Así cayó Leónidas, alcanzado por una flecha. Jerjes mandó sepárale la cabeza del tronco y exhibir la primera.

Al tiempo que se desarrollaba la batalla de las Termópilas, tenía lugar la batalla de Artemisio, ésta en el mar frente a las costas de Eubea, y enfrentó a una alianza de las Polis griegas, con los barcos persas. La resistencia griega apenas duró tres días, pero los persas perdieron cientos de barcos y su flota quedó muy afectada. Tanto que el poeta tebano Píndaro comentó que en Artemisio fue «donde los hijos de Atenas colocaron la primera piedra de la libertad» y no con el sacrificio de los 300.

Pero la muerte de aquellos griegos no fue en vano, aunque en un primer momento los griegos pudieran verse sobrecogidos por el mastodóntico ejercito persa que avanzó por el Peloponeso llevando a cabo el saqueo del Ática, arrasando los santuarios de la Acrópolis ateniense. La ciudad había sido evacuada previamente por orden de Temístocles, de manera que el ejército persa solo tuvo que enfrentarse a la guarnición de la Acrópolis, mientras las fuerzas espartanas y atenienses, cuya flota, mucho menos afectada que la persa tras Artemisio, había emprendido el regreso sin que los persas pudieran evitarlo, para establecer su última línea de resistencia en el istmo de Corinto y el golfo Sarónico. Allí esperaron a los persas para la siguiente batalla: Salamina, que se saldó con una gran victoria griega.

La batalla de las Termópilas, y su apéndice Artemisio, tuvieron como consecuencia no sólo ser recordadas como uno de los acontecimientos heroicos más importantes de la Historia de la humanidad. Permitieron que los persas tuvieran bajas considerables, que su moral cayera por los suelos y que los griegos, como hemos dicho, ganaran un tiempo precioso para organizar la batalla de Salamina. Salamina, como batalla naval, y Platea, en tierra, fueron las dos grandes victorias de la segunda guerra médica. Pero, sobre todo, lo más importante, es que aquella resistencia griega y sus victorias posteriores impidieron a los persas invadir Europa. Así Grecia y toda Europa se habían salvado de la embestida oriental.

 

 

Bibliografía

BENGTSON, Hermann. “Griegos y persas. El Mundo mediterráneo en la edad antigua I”. Ed. Siglo XXI.1980.

BRADFORD, E.” Thermopylae. The Battle for the West”. Open Road Media. 1993

 

 

[1] BENGTSON, Hermann. “Griegos y Persas. El Mundo mediterráneo en la edad antigua I”. Ed Siglo XXI.1980. Pag.47