HÓRREOS

Como todos los años en torno al 11 de noviembre, un recuerdo a Galicia.

Hoy dedicado al hórreo. Hórreo gallego, del que veremos su diferenciación con su homónimo asturiano, más conocido como panera.

El hórreo es una construcción destinada a guardar y conservar los alimentos alejados de la humedad y de los animales para mantenerlos en un estado óptimo para su consumo. Se caracteriza por construirse levantado sobre pilares o pegollos para evitar los peligros señalados y para permitir la ventilación a través de ranuras en las paredes perimétricas. En su interior, se suelen guardar el grano, las frutas y hortalizas, la matanza y aperos agrícolas, además, bajo él, es costumbre situar el carro, el arado o la leña recogida para el invierno.

No está muy claro cuándo apareció el hórreo. Algunas hipótesis remontan su génesis a la prehistoria; otros investigadores creen que su origen sería germánico, basándose en una urna funeraria encontrada en Obliwitz (Alemania) que tiene una forma muy similar a los hórreos actuales; otros lo derivarían de un tipo de casa asturiana anterior a la llegada de los romanos… Evidentemente, si es anterior a los romanos, se aleja de la estructura germana que, de haber llegado a  España, tuvo que hacerlo tras las oleadas del siglo V, con la presencia bárbara de vándalos y alanos en la Península.

Sea cual sea su origen, parece que las dimensiones actuales proceden de la necesidad de almacenar el maíz llegado de América. Las mazorcas ocupaban más espacio y requerían una terminación de su ciclo de maduración en lugar bien ventilado, seco, a salvo de la lluvia.  Aunque en Galicia, sobre todo en las zonas de costa, también se usaban como secadero de pescado.

En general, podemos distinguir dos tipos de hórreos:

  • Los cuadrados característicos de la cornisa cantábrica, especialmente en Asturias (estas son las llamadas paneras), aunque, en algunos casos, los encontramos también en el norte de León o Palencia. Existiendo también en Galicia

https://www.glosarioarquitectonico.com/glossary/panera/

En este aspecto cuadrangular en piedra, casi de cubo, cabe destacar en Galicia el conjunto de hórreos de Piornedo (aldea de Piornedo en los Montes de Os Ancares -Lugo-). Estos hórreos se adaptaban a las particularidades de su ubicación en la montaña, con una silueta de cuatro pies de piedra que lo elevan del suelo .

https://www.tripadvisor.es/LocationPhotoDirectLink-g4505730-d4026060-i480476757-Aldea_De_Piornedo-Piornedo_Province_of_Lugo_Galicia.html

  • Los hórreos rectangulares de Galicia y Portugal, incluidas algunas regiones del oeste de Asturias.

En cualquier caso, su forma y tamaño dependerá del espacio disponible en la era y del volumen de la cosecha.

La morfología más habitual de los hórreos gallegos es rectangular.

Su estructura, de abajo a arriba y por tramos, es la siguiente:

Parte baja. Suelen construirse sobre una losa, para evitar tener que colocar cimientos. De no existir esa base, será necesario realizar la cimentación. Encima van los soportes que al contrario que en las paneras, no suelen limitarse a 4 sino a 6 pilares, como poco. Dependiendo de la longitud del lado largo del hórreo, pueden aumentar. La estructura más común de los soportes es la que se da en la provincia de Pontevedra, en forma de columnas, con un fuste redondeado más estrecho en la zona central y más ancho en su base y una especie de capitel en forma de rueda colocada sobre el diámetro. Suelen ser de granito y, en considerables ocasiones, de madera.

https://www.gettyimages.es/detail/foto/soajo-granaries-in-north-of-portugal-imagen-libre-de-derechos/1545757387?phrase=horreo&adppopup=true

Existen otras opciones como la de colocar unos fustes, semejantes redondeados o, en ocasiones, rectangulares, sobre los que se sitúan unas losas que atraviesan de lado a lado- por el lado corto del rectángulo- la estructura.

https://www.gettyimages.es/detail/fotograf%C3%ADa-de-noticias/horreos-in-the-galician-language-horreos-or-fotograf%C3%ADa-de-noticias/2179006586?adppopup=true

En otras ocasiones, la base es una cámara que, o bien es maciza, o bien hueca, con espacio de almacenaje y una puerta, que sirve de basa continuada a los espacios superiores del hórreo.

https://www.shutterstock.com/es/image-photo/typical-galician-granary-old-construction-called-2494886123

En su segundo tramo, la parte superior situada sobre la base, se encuentra la cámara propia del hórreo. Dependiendo del territorio, puede ser de piedra, madera o mixta. El suelo también puede ser de madera, de roble o castaño, o de granito. Lo más común es que la cámara sea mixta: de madera con los bordes de la cavidad en piedra. Tiene puerta de entrada y ventanas o barrotes de madera separados para permitir la ventilación.

Cada una de los “barrotes” se llaman dovelas y pueden disponerse, comúnmente en vertical, y en algunos casos, en horizontal. Las maderas solían pintarse.

Por encima, en el tercer tramo de estructura, se sitúa la cubierta, normalmente a dos aguas construida con tejas, pizarra o losas.

En cada extremo superior del lado largo del rectángulo se sitúan las terminaciones. Aunque en los extremos puede haber diversas formas, como relojes de sol, santos, animales… habitualmente, más en los hórreos de piedra y mixtos que en los de madera, se sitúa un pináculo por un lado (cuyo significado no es conocido y las opiniones son muy variadas al respecto) y una cruz por el otro (invocando la protección divina). En este sentido no es extraño encontrar hórreos cerca de algún cruceiro.

https://algodehistoria.home.blog/2022/11/11/cruceiros/

Los hórreos gallegos se han convertido también en elementos de interés turístico, no sin razón. Veamos algunos claramente significativos:

El más llamativo por su longitud, se sitúa en el municipio de Carnota, en La Coruña, con 35 metros de largo y declarado Monumento Histórico Nacional. No es el más largo del mundo por pocos centímetros; el más grande, situado en Lira, pero está en peor estado de conservación. Destaca también por su longitud , entre otros, el de San Martín de Ozón.

Carnota:

https://www.turismo.gal/que-visitar/destacados/horreos-pazos-e-cruceiros/horreos?langId=es_ES

https://www.tripadvisor.es/Attraction_Review-g815521-d3942167-Reviews-Horreo_de_Carnota-Carnota_Province_of_A_Coruna_Galicia.html

San Martín de Ozón

https://www.gettyimages.es/detail/fotograf%C3%ADa-de-noticias/the-horreo-of-san-martino-de-ozon-is-located-in-fotograf%C3%ADa-de-noticias/1492145746?adppopup=true

Lira:

https://www.galiciamaxica.eu/galicia/a-coruna/horreolira/

Las mayores concentraciones de hórreos en una comarca o localidad se dan en dos lugares muy diferentes:

  • En La Merca en Orense, donde se concentran 34 hórreos. Casi todos ellos construidos en madera.

https://www.viajargalicia.com/ourense/a-merca/conjunto-de-horreos-de-la-merca

  • Combarro, en plena ría de Pontevedra y con un censo de 60 hórreos, constituye la población con mayor concentración de hórreos de toda España. Suelen ser de piedra y su mayor característica es que se alinean en la costa, junto al mar.

https://stock.adobe.com/es/search?k=combarro

 Con todo, más que en foto, la mejor forma de conocer estas estructuras es ir a Galicia, verlas y disfrutarlo.

 

BIBLIOGRAFÍA

SALVATELLA. “El Hórreo gallego (Arquitectura rural)”. Ed. Salvatella. 1985

MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Ignacio. “El hórreo gallego: estudio cartográfico”. Ed Fundación Barrié. 1979.

 

 

ERMESINDA Y ADOSINDA

En ese hilo fijo-discontinuo que tenemos en este blog sobre grandes mujeres de la Historia de España, hoy traemos a las primeras reinas consortes de nuestro país.

Si alguien visita el Museo del Prado, verá dos cuadros magníficos uno de Joaquín Gutiérrez de la Vega, en el que retrata a la reina Ermesinda. Se puede ver en el siguiente enlace el cuadro: (https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/ermesinda/8b729526-535e-468e-b6a2-282c5b5745a5 ) y otro de Isidoro Santos Lozano Sirgo que refleja su visión de la reina Adosinda (https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/usenda/ae20859f-0a61-4c87-a078-412751eaf1d2 ). Ambos cuadros proceden del Siglo XIX, cuando Madrazo era director del Museo del Prado y, por un encargo que la Reina Isabel II, se retrató a sus antepasados reales. No fue casualidad que se representaran a estas dos reinas, pues la intención de Isabel era reforzar su posición como mujer que reinaba frente a ciertas posiciones antifeministas existentes en la Corte y en la propia familia de la reina.

Ermesinda y Adosinda son las primeras reinas consortes reconocidas como tales de España. Bien poco conocidas por la mayoría de los españoles, incluso por los españoles nacidos en Asturias, pues asturianas eran. Madre e hija, y,  a su vez, hija y nieta del rey de los astures, el legendario rey Pelayo.

Ermesinda era la hija de Pelayo y de la reina Gaudiosa. Por expreso deseo de Pelayo, según relata la crónica Albendense  -ya se sabe que no hay muchos datos de los primeros momentos de la monarquía astur y que los que tenemos  proceden de casi un siglo después de la supuesta batalla de Covadonga, por ejemplo, las dos versiones de la Crónica de Alfonso III, la Rotense y la Sebastianense, escritas todas ellas en la década del 880 o las crónicas de Lucas de Tuy (canónigo de San Isidoro de León) o la Historia Gótica, escrita por Rodrigo Jiménez de la Rada (arzobispo de Toledo)-. Como decíamos parece ser que por voluntad del rey Pelayo, Ermesinda se casó con Alfonso, hijo de Pedro, duque de Cantabria. La boda habría tenido lugar en torno al año 772 .

El heredero de Pelayo era su hijo Favila, pero murió despedazado por un oso en las montañas de Covadonga. La capital astur de entonces, la primera capital asturiana, era Cangas de Onís. A Favila aún le dio tiempo de levantar allí una iglesia, la de Santa Cruz, que albergó la madera con la que Pelayo fue al combate (cuenta la tradición – sin que tenga un respaldo histórico- que sobre esa madera el rey Alfonso III el Magno mandó realizar una cubierta de oro y piedras preciosas, lo que dio lugar al aspecto que hoy tiene la Cruz de la Victoria, donada por Alfonso III a la Catedral de Oviedo, y que se puede visitar en la Cámara Santa de la Catedral).

La muerte de Favila convierte a Ermesinda en la poseedora de la legitimidad dinástica de su padre, Pelayo; por esa legitimidad, Alfonso se convierte en Alfonso I, rey de Asturias. Ermesinda será la reina consorte en un reinado que duró 18 años. Este matrimonio venía a afianzar los pactos en la zona astur-cántabra, creando el primer núcleo verdaderamente fuerte en la Cornisa Cantábrica fuerte los musulmanes, dando, al mismo tiempo, una aportación más a la herencia visigoda que con el tiempo haría aflorar la misión trascendental de aquel reino: la Reconquista. Esa legitimidad de Ermesinda se reconoce en la Crónica Rotense al mencionarla como hija de Pelayo, algo enormemente significativo para la época pues esta crónica data del siglo IX, es decir había adquirido trascendencia histórica su papel como reina. Parece que Ermesinda poseía ciertas habilidades políticas que ayudaron a su esposo a afianzar el reino, habilidades que transmitió a sus descendientes, como veremos. El primer Alfonso resultó ser un magnífico rey que, aprovechando la rebelión bereber que en aquellos años convulsionó a los musulmanes, aprovechó para ampliar su reino, ocupando la actual Galicia y llegando a atacar hasta la lejana Lisboa. También logró alianzas con los vascones, –el propio Estrabón señalaba en su Geographia que, durante la época romana, todos los pueblos del norte de España, desde los galaicos hasta los vascones, tenían una cultura y unas formas de vida similares-.

Alfonso, junto a su hermano Fruela, un temible guerrero, devastó los enclaves musulmanes, trasladó a multitud de cristianos a su territorio y dejó yermo el área al norte del Duero para crear un desierto que dificultara el avance de las tropas enemigas.

Alfonso falleció de muerte natural en 757 y recibió sepultura en la propia gruta de la “Santina” en Covadonga. Allí está también enterrada Ermesinda. Su sepultura, a la derecha de la imagen de la Virgen, está identificada con una lápida en la que se puede leer: “Aquí yaze el católico y santo rei don Alonso el primero i su muger doña Hermesinda, ermana d (e) don Favila, a quien sucedió. Ganó este rei muchas vitorias a los moros. Falleció en Cangas año de 757”.

Fue a la muerte de Alfonso I cuando, los musulmanes, fortalecidos por el fin de las luchas civiles internas lanzan un ataque a los reinos cristianos del norte.

El sucesor de Alfonso fue su primogénito, también llamado Fruela, de carácter muy violento. Al sospechar que su hermano menor, Vimaro, quien gozaba de muchas simpatías tanto entre la nobleza como entre el pueblo, conspiraba contra él, lo hizo prender y degollar. Los partidarios de Vimaro, acabaron con la vida de Fruela.

Sólo quedaba un hijo vivo de los tres que tuvieron Alfonso I y Ermesinda, su hija Adosinda. Las crónicas dicen de ella que era guapa, dotada de mente clara y razonamiento inteligente, poseía unas grandes habilidades para la política y la negociación.

A la muerte de Fruela, ocupó el trono Aurelio, sobrino de Alfonso I, pero Fruela había tenido un hijo, de nombre Alfonso, como su abuelo, que era por entonces muy pequeño. Su tía Adosinda, intentó que lo entronizaran aún siendo menor de edad, pero al no lograrlo y viendo que la vida del niño corría peligro, le envió al monasterio de San Julián de Samos (Lugo), donde adquirió una importante formación intelectual y cristiana que marcaría de por vida sus acciones y proceder. Al tiempo, ella contrajo nupcias con Silo, el más importante de los nobles gallegos. Con ello protegía a su sobrino y a sí misma. Se unían así el poder se Silo y el linaje astur en la nieta de Pelayo, lo que, a la muerte de Aurelio, permitió que Silo fuera nombrado rey del reino Astur y Adosinda – la portadora de la legitimidad dinástica- fuera reina consorte. Asimismo,  el joven Alfonso recuperó presencia en la corte y fue asimilado al trono.

Durante nueve años, Silo y Adosinda reinaron juntos. Una de sus decisiones fue trasladar la capital a Pravia, que tenía mejores comunicaciones gracias a las antiguas calzadas romanas que se cruzaban en el lugar. En Pravia, levantaron una iglesia dedicada a San Juan Evangelista (en Santianes de Pravia). Se la considera la iglesia más antigua de Asturias. Formando parte del conocido prerrománico asturiano. Además de la Iglesia, las crónicas señalan que levantaron un palacio real en las inmediaciones del templo, hoy totalmente desaparecido.

En su reinado, Silo y Adosinda tuvieron que enfrentarse a importantes rebeliones en las zonas galaicas, que supusieron para los astures el control definitivo de aquellas tierras. También fueron anfitriones de la actividad religiosa y cultural de la época. Por ejemplo, en la propia Iglesia de San Juan Evangelista se produjeron algunas de las disquisiciones religiosas del Beato de Liébana. Posiblemente la más conocida fue la que tuvo con el Obispo de Toledo, Elipando de Toledo, sobre la interpretación “adopcionista” de la divinidad de Cristo.

Silo muere en el 783 y Adosinda, que le sobrevivió varios años, dedicó su vida a lograr el ascenso al trono de su sobrino Alfonso, continuador de la línea sucesoria de Pelayo. Sin embargo, ese ansiado reinado de Alfonso no se inició tras la muere de Silo, sino que a éste le siguió Mauregato, hijo ilegítimo de Alfonso I y una esclava musulmana, que se valió de diversas artimañas para hacerse con el poder.

La gran nieta de Pelayo, acabaría sus días entre los muros de la iglesia de San Juan de Pravia, única salida honrosa para asegurar el celibato de las reinas viudas, además de evitar conflictos sucesorios, maquinaciones y tretas políticas que pudieran poner en peligro su vida por parte del nuevo rey. Aunque Adosinda siempre participó activa, pero ocultamente, en la vida de la corte, incluso estando recluida, para lograr el ascenso al trono de su sobrino. Mientras, el joven Alfonso había conseguido ponerse a salvo en la tierra de los vascones.

Posiblemente fallecida alrededor del año 788, Adosinda fue enterrada junto a su esposo Silo en la misma iglesia en que profesó su fe, siempre según la crónica Sebastianense, hecho que la arqueología parece hacer constatado al localizar en la iglesia de San Juan Evangelista dos tumbas de ilustres personajes que bien pudieran coincidir con ambos reyes. De este modo, se pondría de relieve el poder de ambos, unidos en la vida y para la eternidad, otorgando a Adosinda igual reconocimiento que a su esposo.

Pero falleció sin ver a su sobrino reinando en Asturias, y Alfonso tardaría un tiempo en alcanzar el ansiado trono.

A Mauregato le sucedió el segundo de los hijos de Fruela, hermano menor del rey Aurelio, conocido como Bermudo el Diácono, quien, por su sobrenombre, no parecía muy dotado para las necesidades guerreras del momento, en el que se recrudecieron los asaltos musulmanes al reino Astur. Bermudo fue derrotado varias veces por las tropas musulmanas,  con especial virulencia en batalla del río Burbia, en el Bierzo. Lo que le hizo renunciar al trono en el año 791.

Entonces sí, las miradas se volvieron hacia el biznieto de Pelayo, sobrino de Adosinda, que fue el magnífico rey, Alfonso II el Casto, quien iba a comenzar, en el año 791, un reinado largo, sufrido, heroico y, al cabo, fructífero. Combatió sin tregua, hubo de contemplar por dos veces la destrucción y el saqueo de Oviedo, su capital, y se vio obligado a refugiarse en lo más recóndito de las montañas; pero devolvió golpe por golpe y, al final, no solo resistió, sino que fortaleció su reinado.

Fue en el transcurso de éste cuando se produjo el descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago. Fue el Casto el primer peregrino en hacer el camino, desde Oviedo, conocido como camino primitivo. Ya hablamos de ello aquí.

https://algodehistoria.home.blog/2021/11/12/el-camino-de-santiago/

Dicen las crónicas, que Alfonso II tuvo siempre presente, a lo largo de su, para aquel tiempo y aún ahora, longeva existencia (vivió 82 años), la imagen de su tía, su mayor referente, ejemplo y guía para sus pasos.

Con todo, la línea dinástica de Pelayo desaparece con Alfonso II el casto, pues no tuvo hijos. Le sucedió Ramiro I, hijo de Bermudo el Diácono, nieto de Fruela de Cantabria y bisnieto de Pedro de Cantabria. A partir de este Ramiro se sucedieron los reyes asturianos, leoneses, castellanos y luego españoles.  Por tanto, Bermudo I es el ascendiente coronado como rey más remoto de un linaje que entronca generación tras generación hasta Felipe VI. ​ Por esto, autores como García-Mercadal y García-Loygorri consideran que la dinastía reinante en España es la segunda más antigua del mundo, solo por detrás de la japonesa.

BIBLIOGRAFIA

AGUADO BLEYE, Pedro.- “ Manual de Historia de España”. Ed Espasa-Calpe. 1954

RUIZ DE LA PEÑA SOLAR, Juan Ignacio.- ”Alfonso II”. Historia hispánica. Real Academia de la Historia.

BARRAU-DIHIGO, L.- “Historia política del Reino Asturiano, 718-910”  Ed. Silverio Cañada.1989

VII Conde de Toreno

Esta entrada se la dedico a mis amigos M.ª Ángeles Z., Luis A., y sus hijos.

José María Queipo de Llano y Ruiz de Saravia. VII Conde de Toreno, vizconde de Matarrosa. Nacido en Oviedo, el 26 de noviembre de 1786, y fallecido en París, el 16 de septiembre de 1843, fue un político- yo diría que la expresión más adecuada para definirle es, hombre de Estado-, liberal y excelente historiador.

Nació como primogénito de la casa de Toreno, una de las más ricas, antiguas e ilustres del Principado de Asturias. Único hijo varón de una familia con 5 hijos, fue educado de manera excelsa y exquisita. Cuando contaba con 4 años de edad, su familia se traslada a Madrid,  donde tiene como preceptor a su paisano Juan Valdés. Valdés, culto y liberal, instruye al niño en latín, literatura, humanidades, matemáticas y física. Hizo cursos avanzados en química, mineralogía y botánica. De gran facilidad para los idiomas, hablará griego clásico, francés, inglés e italiano, así como algo de alemán; pero dónde destacó fue en su facilidad para el conocimiento y uso del castellano. Las enseñanzas de su maestro Valdés no se limitaron a los aspectos culturales, sino que influyó de manera muy destacada en su pensamiento político, de tendencia liberal, al iniciarle en la lectura de libros como El Emilio El Contrato Social, de Rousseau.

Partamos de una aclaración previa, que veremos en profundidad en futuras entradas del blog. El liberalismo en el siglo XIX, el que profesaba nuestro invitado de hoy, se entendía como el movimiento contrario al antiguo régimen, como la defensa de la existencia del Estado para garantizar la igualdad ante la ley de todos sus ciudadanos y el respeto y garantía del ejercicio justo de las libertades individuales. Para ellos, el Estado debe contar con límites claros a su poder para que no constituya un impedimento al ejercicio de la vida libre y autónoma. No se trata de moderados o radicales, de progresistas o conservadores, sino de la esencia común a todos ellos.

Toreno fue en excelente estudiante, un hombre ilustrado y un escritor destacado que expresó en sus libros sus conocimientos de todo tipo, aunque destacó en sus textos sobre Historia y Política.

En 1803, sus padres regresaron a Asturias, y él continuó sus estudios y entabló contacto con grandes políticos liberales, muchos asturianos y otros de Madrid: Agustín Argüelles (apodado “el divino” por su oratoria durante las Cortes de Cádiz. Abogado, político y diplomático, fue presidente de las Cortes en 1841 y tutor de la reina Isabel II), José Fernández Queipo (pariente del nuestro personaje y brillante político asturiano) y Ramón Gil de la Cuadra (formó parte de la Junta de Instrucción Pública. Firmó el informe sobre la reforma general de la educación nacional que redactó la Comisión en las Cortes de Cádiz). Se cree que, por entonces, con sólo 17 años, hizo una traducción de Eutropio, escritor romano del siglo IV, autor de un Compendio de Historia Romana, en diez libros que no editó, pero que anunciaban su afición a los estudios históricos.

La guerra contra los franceses, el 2 de mayo de 1808, le sorprendió en Madrid. Tras abandonar Madrid e instalarse de nuevo en Oviedo y estando congregada la Junta General del Principado de la que era miembros natos los condes de Toreno, por privilegio de familia, fue incluido él –además de su padre- como miembro de la misma, con tan sólo 22 años. Fue elegido para viajar a Inglaterra a solicitar la ayuda militar inglesa frente al invasor francés. Representó en Londres a la Junta Suprema de Asturias y su papel resultó crucial. Logró que el ministro de Relaciones Extranjeras les recibiera y viera con buenos ojos prestar ayuda a España.  Allí entabló amistad con otros políticos y militares como Castlereahg, Wellington, lord Holland (político, hispanista, amigo de Jovellanos y elemento fundamental en la forja de nuestro Estado liberal en sus primeros momentos). También logró contactos para sus intereses intelectuales como el del escritor Scheridan.

En diciembre de 1808, regresó a Oviedo donde, a la muerte de su padre, cambió su título de vizconde de Matarrosa, por el de conde de Toreno. Permaneció en Oviedo hasta mayo de 1809, ocupado por asuntos familiares y en la asistencia a las sesiones de la Junta, hasta que llegó a Oviedo el marqués de La Romana – encargado del ejército español en la defensa del norte (ver https://algodehistoria.home.blog/2024/11/08/cuando-galicia-mostro-el-camino-de-la-libertad-al-resto-de-espana-puente-sampayo/ )

La Romana disolvió la Junta asturiana y creó otra a punta de bayoneta, y nombró a Toreno miembro de ella. Sin embargo, el conde, no estando de acuerdo con las formas del marqués, no aceptó el cargo y se enfrentó a La Romana. Esto le podría haber creado más de un disgusto, de los que se libró por ser invadida Asturias por el ejercito francés al mando de Ney. La Romana se refugió en las montañas de Covadonga – con menos éxito y valor que Pelayo- y cuando los franceses se marcharon hacia Galicia – sin abandonar Asturias-, se desplazó a Andalucía. Dejando a nuestro protagonista tranquilo. En 1810, Toreno viaja a Cádiz en representación de Asturias en la Junta Central que se reúne en la isla de León. La finalidad de la Junta de Asturias era transmitir a la Central que debía representar a la Regencia y convocar Cortes. Se le encargó la redacción de la exposición que permitiría la defensa de esas posiciones. Tuvo éxito de nuevo y logró la convocatoria, no sin tener algunos desencuentros entre sectores más conservadores.

Las Cortes se proclaman el día de la Merced (24 de septiembre) de 1810. La invasión de Asturias, retrasó las elecciones en el Principado. A ellas se presenta Toreno sin tener los 25 años necesarios para ser elegido Diputado, pero una dispensa del Congreso le permitió concurrir y ser representante de Asturias en las Cortes de Cádiz.

Todos sus discursos estuvieron llenos de brillantez y espíritu liberal. Defendió la propiedad, pero no los señoríos – en contra de sus propios intereses económicos y tradicionales, dando muestras de gran patriotismo-, la soberanía nacional, que la potestad legislativa fuera compartida por las Cortes y el Rey ( hasta entonces sólo la ejercía el monarca). Aceptó la existencia de una sola Cámara. Partidario de configurar una normativa uniforme sobre la Administración territorial y local, anticipa lo que serán sus posiciones durante la regencia de M.ª Cristina . Defendió la creación de la figura del Alcalde como jefe político – en representación de la Soberanía Nacional- con representación popular y mando en plaza.

Siguió siendo Diputado cuando las Cortes se trasladan a Madrid. Si bien, con la intención de residir en Asturias. Tenía prevista su salida de Madrid para Asturias el 5 de mayo de 1814, como así aconteció, pero con más precipitación de la deseada.  El día 4 de mayo, Fernando VII firmó el Decreto de Valencia por el que declaraba nulo y sin valor todo lo acontecido en las Cortes extraordinarias y ordinarias, volviendo a implantar el sistema del antiguo régimen. No sólo anuló la obra de Cádiz, sino que en vez de premiar a los patriotas que habían luchado por España y preservado su Trono, el Rey felón declaró rebeldes a los liberales y constitucionalistas de Cádiz . En Asturias, Toreno recibió la noticia de la disolución de las Cortes, de la prisión de los Regentes, de los ministros y de varios de los diputados amigos suyos, así como que él se hallaba en situación de busca y captura. Salió hacia Ribadeo con intención de llegar a Portugal y, una vez en Lisboa, decidió trasladarse a Londres. Quiso instalarse posteriormente en París, pero la Presencia de Napoleón le hizo volver a Londres.

Después de la batalla de Waterloo, y restablecido en el trono Luis XVIII, volvió a Francia, a principios de agosto de 1815, pensando que sería un lugar seguro; sin embargo, su cuñado el general Juan Diez Porlier, preso en La Coruña por sus ideas liberales, se levantó contra el régimen absolutista. El pronunciamiento se inicia en la noche del 18 al 19 de septiembre de 1815.

Fue un pronunciamiento de corte liberal, pero moderado, que pretendía la vuelta a la Constitución de Cádiz y la convocatoria de Cortes. Este levantamiento tuvo repercusiones en Francia, pues temeroso de que el ejemplo se trasladara al país vecino, le gobierno francés persiguió a los liberales españoles asentados en Francia. Como consecuencia de ello, el Conde de Toreno fue hecho prisionero durante dos meses, al cabo de los cuales fue liberado sin cargos. Sin cargos, sin propiedades – Fernando VII se las había incautado- vivió en París pobre, pero muy reconocido por su talento y sus escritos. De esta época es su obra, traducida a varios idiomas: “Noticia de los principales sucesos ocurridos en el gobierno de España desde 1808 hasta la disolución de las Cortes en 1814”.

En 1820, a raíz del levantamiento de Riego. Fernando VII, como tantos traidores que cambian de opinión cuando les viene bien, afirmó: “marcharemos francamente, y yo el primero por la senda constitucional”.  Al conde de Toreno se le restituyeron todos sus bienes. Fue nombrado ministro plenipotenciario en Berlín. Pero se negó a aceptar el puesto, esperando ser elegido Diputado por Asturias, como ocurrió.  A punto estuvo de ser nombrado presidente de las Cortes, pero aún sin la presidencia fue un parlamentario brillante, especialmente en materia económica. En esta etapa, colaboró y entabló amistad con Martínez de la Rosa y otros diputados. Su prestigio volvió a engrandecerse, y gracias a él se logró que los disturbios provocados por Riego y otros exaltados no fueran a mayores. Sus años de exilio y penurias le habían hecho más tolerante y negociador. De ahí que a Toreno y a Martínez de la Rosa les llamaran pasteleros. Fueron los exaltados los que apodaron de aquella manera a dos brillantes personajes de la vida española. Lo que puso en peligro sus vidas: a la salida del Congreso, intentaron asesinarle en 1822. Llevado a su casa, en la que vivía con su hermana, la viuda de Diez Portier, allanaron el edificio e hirieron a varios criados. Al día siguiente, magullados, pero dignos e íntegros, Toreno y Martínez de La Rosa, volvieron al Congreso.

El Rey le pidió formar gobierno, pero se negó. En cambio, aceptó dar los nombres para el nuevo gabinete y así dio el de Francisco Martínez de la Rosa. Toreno, que ya no era Diputado, se marchó a París previendo lo que se avecinaba con los acuerdos del Congreso de Verona y la llegada de los 100.000 mil hijos de San Luis.  Viajó con toda Europa y fue bien reconocido, pero su experiencia no dejaba de ser amarga, la amargura del exiliado. 10 años duró esta etapa, aunque larga, no participó en ninguna conspiración. En otros aspectos, estos años fueron muy destacados: tuvo contactos con ilustres personajes, Châteaubriand, Say, Madame Staël, M. de Villèle, , el general Fay, Benjamín Constant, N. de Lafayette, M. Guizot, M. Thiers, el duque de Broglie y otros insignes liberales que prepararon la nueva senda liberal en que entró Francia en 1830.

A fines de 1827 empezó a poner en práctica su proyecto de escribir una Historia de España. En 1830,  concluyó el libro décimo de esa obra. En 1831 presentó los libros undécimo y duodécimo. Durante el año siguiente volvió a viajar por toda la Europa central e Inglaterra; y, a pesar de tanto viaje, escribió otros seis tomos.

El 15 de octubre de 1832, la Reina Gobernadora publicó el decreto de la primera amnistía, con ciertas restricciones que desaparecerían en breve. Toreno volvió a España en julio de 1833 y se instaló en Asturias donde permaneció hasta la muerte del Rey.

La Diputación General de Asturias lo nombró su representante ante la Reina Gobernadora en las proclamaciones del nacimiento y minoría de edad de la princesa Isabel.

Tras los Gobiernos de Cea Bermúdez y el ministerio de Javier de Burgos que lidiaron por modernizar España, para lo que, entre otras medidas, reorganizaron territorialmente el País y su Administración con tal éxito que la división territorial dura hasta la actualidad.

La Reina Regente se vio obligada a elegir a ministros entre los sectores liberales, fundamentalmente porque los más conservadores- con los que quizá comulgaba más con sus ideas-, se habían aliado con los carlistas, que le habían declarado la guerra. A ello hay que unir su matrimonio (secreto. Aunque un secreto a voces) con un plebeyo Fernando Muñoz, lo que le impedía proclamar la boda frente a los carlistas que se consideraban legítimos herederos.

Entre los sectores liberales eligió a los más templados por entonces,  y así nuestro protagonista fue nombrado ministro de Hacienda en 1834, en el gobierno de Martínez de la Rosa, gobierno que aprueba la carta otorgada que es el Estatuto Real. Bajo los dictados del Estatuto Real se desarrollaron los gobiernos de Martínez de la Rosa, Toreno, Mendizábal e Isturiz.

La situación económica de España, con una deuda exterior desbocada y los mercados ingleses cerrados para nuestro país, era desalentadora. Sin embargo, las medidas de Toreno surtieron efecto y logró con gran éxito encauzar las cuentas públicas. Fue ministro durante la presidencia de Martínez de la Rosa. Cuando éste cesó, fue elegido presidente del Consejo de ministros, es decir, presidente del Gobierno reteniendo el Ministerio de Hacienda y desempeñando de forma interina el de Estado.

Su conocimiento de Francia y Gran Bretaña le llevó a querer la modernización de España al modo británico. Sin embargo, no pudo desarrollar estas cuestiones pues duró en el puesto tres meses; la sublevación militar de los sargentos de La Granja, en agosto de 1836, hizo que se marchara de nuevo a París y a Londres, huyendo ahora de los liberales, como antes había huido de los absolutistas. De vuelta a España, logra, de nuevo, ser Diputado por Asturias.

Tras el Estatuto Real de Martínez de la Rosa denostado por los liberales más exaltados que querían recuperar la constitución de 1812, Toreno y otros sectores moderados impulsaron la constitución de 1837. Menos moderada que el Estatuto Real, pero sacada adelante con el consenso de todas las fuerzas liberales. Fue una constitución aceptada por exaltados y moderados. Fue una constitución que duró menos de 10 años, pero con la trascendencia de haber significado la institucionalización definitiva de un régimen constitucional en España. Estaba inspirada en la francesa de Luis Felipe de Orleans y en el liberalismo radical de Bentham, que además de la constitución francesa, había inspirado las de Brasil, USA y el sistema británico. España gozaba en aquellos momentos de un de los sistemas libertades y derechos más avanzados del mundo. Determinó además el nacimiento de los partidos políticos, moderados, por un lado, progresistas por otro. Se implantó un nuevo sistema electoral. Las siguientes elecciones, las más limpias de todo el Siglo XIX español,  las ganaron los moderados y en ellas Toreno volvió a conseguir el acta de diputado por su provincia natal. El conde acudió a Madrid para desempeñar su cargo de diputado y recibir el título de Grande de España que le había concedido la Reina.

Para entonces ya llevaba escritos 18 volúmenes de su Historia de España.

La regente María Cristina de Borbón, tras la revolución de 1840 que causa su dimisión, abandona el país. Se inicia así la regencia de Espartero (1840-1843).

Toreno, al igual que la Reina Regente y otros liberales, se instala en Francia con toda su familia. Se inicia en la recopilación de material para escribir una Historia de la Casa de Austria. Recorrió Alemania, Suiza, Italia, Bélgica y Países Bajos, todo lugar que le permitiera documentarse sobre este trabajo histórico.

En 1843, cuando, depuesto Espartero, se disponía a volver a España, falleció de manera inesperada y en pocos días.

Dejó viuda y tres hijos. Sus restos se depositaron en el cementerio de San Isidro de Madrid, para ser luego trasladados al panteón familiar de Cangas de Tineo.

La Real Academia de la Historia le había nombrado académico. Cuando murió, España se encontraba en una de tantas situaciones críticas que necesitan de las cabezas más brillantes para superar el futuro, pero Toreno ya no estaba.

A personas como Toreno se los echa de menos, entonces y ahora.

BIBLIOGRAFÍA

GONZÁLEZ MUÑIZ, Miguel Ángel.- “Los Asturianos y la Política”. Ed.  Ayalga, 1976 .

JOVER ZAMORA, José María  ( DIR.) “Historia de España: La España de Fernando VII”. Espasa-Calpe. 1978.

MARCO, José María. “Una Historia patriótica de España”. Planeta.2011

VARELA SUANZES-CARPEGNA. Joaquín- “ El Conde de Toreno (1786- 1843). Biografía de un liberal”. Ed Marcial Pons, 2005.

PALACIO ATARD, Vicente. “La España del Siglo XIX” Ed. Espasa-Calpe. 1981.

 

Cuando Galicia mostró el camino de la libertad al resto de España. Puente Sampayo.

Como todo 11 de noviembre (o viernes más próximo), un recuerdo a la Galicia de mi padre, de mis tíos y de toda mi familia gallega.

El levantamiento contra la ocupación francesa comienza en Madrid en mayo de 1808. Ante la resistencia y éxitos cosechados por los españoles, apoyados por Inglaterra (ayuda de la que habrá que escribir algún día, porque ayudar, algo ayudaron, pero se cobraron la ayuda con creces), Napoleón decide venir en persona para contener la sublevación.

Si heroico fue el pueblo de Madrid, el de Zaragoza o el de Gerona. Heroicas fueron las Juntas Nacionales, el Ejército español en Bailén o heroica la ciudad de Cádiz y los liberales allí reunidos para institucionalizar el País y suplir la tarea de Gobierno -con mucha más brillantez que la de nuestros anteriores y posteriores dirigentes-; no menos heroica fue la resistencia en Galicia, la primera región en liberarse de la presencia francesa (Vigo fue, el 28 de marzo de 1809, la primera ciudad de Europa en expulsar a las tropas francesas que previamente habían conquistado la ciudad), como ejemplo de todas aquellas valerosas gentes de Galicia, hoy hablaremos de la batalla del Puente Sampayo ( o en gallego, Ponte Sampaio).

El apoyo inglés a España ante la invasión francesa, logró que las tropas británicas llegaran hasta Lisboa y amenazaban con seguir avanzando por España impidiendo los planes napoleónicos para conquistar la Península. Ante esto, Napoleón decidió entrar en España y poner orden. Dado que las tropas británicas bajo el mando de Moore se encontraban en Galicia, Napoleón lanzó tras los ingleses al segundo cuerpo de ejército del mariscal Soult y tras él al sexto del mariscal Ney para que lo relevara en Galicia.

En un primer momento, la ocupación de Galicia no entraba en los planes de Napoleón. Pensó que aquel territorio considerado pobre y sometido al clero, no merecía malgastar al Ejército en una campaña sobre una región que se rendiría fácilmente. Bastaría con atraerse al alto clero para garantizar su dominación (y ésta fue la estrategia de los mariscales franceses tan ignorantes como el emperador de la realidad del pueblo gallego y, por ende, del español). Fue, pues, la persecución del Ejército inglés lo que determinó el movimiento de las tropas francesas hacia Galicia y la ocupación de la región.

La victoria del mariscal Soult en la batalla de Elviña, en las cercanías de La Coruña, el 16 de enero de 1809, sobre las tropas británicas, obligó a estos a salir a toda prisa hacia los puertos de Vigo y La Coruña con la finalidad de embarcar rumbo a la isla de la Gran Bretaña, que en aquellos años resultaba más segura. Dejaban así el campo libre a los franceses que (unido al hecho de que el Ejército español que iba a defender Galicia, bajo el mando del general Pedro Caro y Sureda, se encontraba aislado y sin poder avanzar en Astorga), ocuparon, además de La Coruña, Santiago, Ferrol, Mondoñedo… Ante tales noticias, Vigo presenta batalla con todo vigués dispuesto a empuñar cualquier objeto punzante para defender su ciudad. La defensa de Vigo fue con uñas y dientes, valerosa y digna de encomio, pero acabó capitulando. En apenas dos semanas, toda Galicia había sido conquistada, pero no sometida.

El mariscal Ney, recibe órdenes de controlar el Norte de Galicia y Asturias, para lo cual sitúa su campamento en Lugo. A la par Soult pasa a Portugal, donde toma Oporto el 29 de marzo.

A falta de un ejército español que pudiera defenderlos, los paisanos gallegos se organizaron en partidas vecinales, con usos propios de la guerrilla –que ya era un método habitual en otras zonas de España- y, armados con lo que encontraban a mano, se aprestan a atacar a los franceses. Aquellas partidas de guerrilleros consiguen establecer alarmas populares que alertan de unos pueblos a otros sobre los lugares por los que pasaban los franceses. Su eficacia fue tal que, en marzo de 1809, impiden que Ney tome la costa occidental gallega y, unidos a las propias guerrillas vecinales urbanas, liberan las plazas de Vigo, Pontevedra y Tui. La recuperación de estas ciudades establece una especie de isla que dificulta considerablemente la comunicación entre el ejército de Ney y el de Soult.

El ejercito español, bajo el mando del marqués de la Romana se había apostado en Asturias, pero para cuando Ney obtuvo noticias de ello y decidió ir en busca de nuestro ejército -en mayo-, Romana se había trasladado a Galicia.

Dada la situación, Ney pidió ayuda a Soult que abandonó Portugal para desplazarse por el interior -vía Orense- hasta encontrarse con el mariscal Ney, tarea que no le resultó sencilla. Al fin, los dos generales franceses se reunieron en Lugo el 29 de mayo. A la vera de las murallas de Lugo decidieron que Soult se ocupara de conquistar el interior de Galicia, mientras Ney se dirigía a Pontevedra y Vigo. De esa forma pretendían lograr el sometimiento completo de Galicia.

Una pequeña parte del ejército español unido a los vecinos esperaba a las tropas de Ney para hacerles frente. Conscientes los españoles de no poder luchar, con los pobres medios que tenían, en campo abierto y cara a cara contra un contingente de más de 8.000 soldados y 1.200 jinetes, eligieron cuidadosamente el lugar en el que enfrentarse a los franceses.

La primera intención de Ney fue incendiar la ciudad de Pontevedra, pero cuando vio el lugar, le gustó tanto, que decidió no destruirla. Todos los que conocemos Pontevedra sabemos que es una ciudad bien bonita, pero la expresión del General, no sé si por su condición de francés o porque era un poco cursi, fue: “¡Ah, Pontevedra, tu belleza me desarma!”. Tanto debió gustarle que decidió acampar allí, para seguir al día siguiente camino de Vigo, siempre por la costa, bordeando la Ría de Vigo.

Los españoles habían decidido esperar a los de Ney acampados en Puente Sampayo. La elección de Puente Sampayo se hizo porque parecía el lugar más inexpugnable del camino. Cuatro de los arcos del puente fueron cortados. Y el vadeo del río Verdugo solo era posible con marea baja y en condiciones penosas. Río arriba apenas había opciones para cruzar, salvo en Puentecaldelas, donde se destacó un grupo de fusileros, apoyados por artillería.

El capitán escocés McKinley –los británicos habían vuelto (llamados por la Junta de Asturias, muchos desembarcaron de vuelta por Gijón)- envía a la zona varios buques de los que estaban fondeados frente a Vigo. También acuden otras lanchas cañoneras españolas, bajo mando del capitán Juan de Carranza. Estas unidades, haciendo uso de sus cañones, serán cruciales en el desarrollo de la batalla.

La batalla se inicia el 7 de junio de 1809. Ante el fuego de artillería español, los exploradores franceses buscan sin éxito pasos por los que atravesar a la otra orilla. Ney comienza también a bombardear las zonas en las que el río Verdugo se estrecha, sin lograr tampoco ninguna ventaja.

En realidad, la posición estaba tan bien organizada que resultaba casi inexpugnable. Sólo cabía un ataque por la espalda siguiendo la dirección Orense-Vigo, que era por donde Ney esperaba inútilmente que apareciera en su ayuda Soult. Pero el mariscal Soult descansaba en Lugo, incumpliendo su pacto con Ney de formar una tenaza que se cerrase en esta zona.

La jornada del día 7 termina con numerosas bajas en ambos bandos, pero sin que las posiciones se muevan un ápice. Cuando amanece el 8 de junio, Ney tenía preparado su nuevo plan. En este caso trataría de atravesar el río por Puentecaldelas. Ney desplazó 1.500 hombres hacia Puentecaldelas para envolver las posiciones españolas del puente Sampayo y envió, asimismo, tropas y artillería a un pinar contiguo, llamado de Acuña, a fin de neutralizar las cañoneras que batían el puente.

Los oficiales españoles, viendo los movimientos del mariscal francés, procedieron de manera rápida. Acudieron junto a una unidad de fusileros al puente Caldelas, únicamente defendido por 200 habitantes de los pueblos cercanos. La multitud de trampas que habían puestos los gallegos en los alrededores masacraron a los caballos, y los jinetes franceses murieron por fuego de artillería.

Las lanchas cañoneras se encargaron de las tropas francesas que intentaban atravesar el Verdugo usando los estrechos pasos ubicados a ambos lados de los puentes. Los franceses, por su parte, se vieron obligados a girar sobre sí mismos y volver por donde habían venido.

Con el paso de las horas, el mariscal francés ordenó lanzar un último y desesperado ataque. En este caso, los encargados de intentar causar daños a los españoles fueron sus cañones. Pero tampoco resultó y Ney se vio obligado a retirarse. Dirigió los restos de su ejército hacia Castilla.

El historiador Adolphe Thiers, en su Historia del Consulado y del Imperio, se sorprendía de la victoria gallega ante todo un mariscal de Francia y su poderoso ejército: “Parece mentira que un cuerpo de ejército tan numeroso y aguerrido como el que mandaba Ney, a pesar de la habilidad y energía de tan famoso General, no pudiera hacer frente a los indisciplinados gallegos”.

Indisciplinados… pero no tanto, valerosos y, sobre todo, con la fuerza y el ánimo que da defender la casa de uno.

Galicia fue así la primera región española libre de la ocupación francesa.

BIBLIOGRAFÍA

AGUADO BLEYE, Pedro. “ Historia de España”. Ed Espasa-Calpe. 1956.

QUEIPO DE LLANO Y RUIZ DE SARAVIA, J.M. -Conde de Toreno- . “Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1807-1817)”. Ed Akrón 2009.

THIERS, Adolphe.  “Historia del Consulado y del Imperio”. Ed. Nabu Press. 2012.

SOULT, Nicolas Jean de Dieu .- “Memorias” . Ed. Polifemo. 2010.

Cuando Asturias proclamó su independencia

Muy pocas personas saben que Asturias declaró su independencia de España en pleno siglo XX y así estuvo durante dos meses, que es más que los 8 segundos de Puigdemont o las 10 horas de Companys y menos que el cantón de Cartagena. Pero en cantidad de ridículo estuvimos a la altura de todos ellos.

Es verdad que, en dar la lata, otros nos han ganado, pero algunos de mis paisanos no decaen en el empeño de igualar a sus compatriotas de otras regiones y, 84 años después de los hechos que vamos a contar hoy, piden la oficialidad del asturiano (L’Asturianu) en la Plaza de la Catedral de Oviedo – nótese que ya no dicen Bable, lo cual daría para otra entrada-. Dice Jorge Bustos en su magnífico libro “Asombro y desencanto” que “madurar es ir despojándose de nacionalismo”, pues se ve que en Asturias hemos iniciado un proceso de regresión a la infancia. O que una parte del laborioso pueblo asturiano ha optado por dejar de trabajar para intentar vivir del cuento nacionalista a costa de todos los españoles, como hacen en otras regiones españolas; y así, en vez de emprender y hacer subir a una región cada día más despoblada y en decadencia, se dedican a mal hablar y mal escribir el castellano, fabulando que es otra lengua.

La Historia de Asturias es una Historia de grandeza, unidad de España y valentía ( por ejemplo: https://algodehistoria.home.blog/2020/03/06/el-reino-de-asturias-o-la-victoria-de-espana/ ). Sin embargo, de vez en cuando nos comportamos de forma grotesca. Hoy me voy a referir a aquel momento, en plena Guerra Civil, en que nos declaramos independientes de la República. El episodio es de traca; de traca dinamitera, dado el lugar.

Debemos situarnos en 1937. El frente norte estaba aislado del resto del frente republicano. Aunque hablamos de frente norte, la verdad es que cada uno (Vizcaya, Guipúzcoa, Cantabria y Asturias) iba por su cuenta sin coordinación salvo, como señalaba Largo caballero, cuando tenían que pedir dinero a la República.

El primero en caer fue el País Vasco (ya lo contamos en https://algodehistoria.home.blog/2019/11/29/traidores-el-pacto-de-santona/ ) y tras él, Cantabria. Asturias estaba rodeada por los nacionales tanto por el mar como por una brecha interna en la que se situaba Oviedo. Quedaba en manos republicanas parte de la cuña costera, parte de la zona minera y también parte de León que se unió a este proceso secesionista.

Figura destacada en todo este asunto fue la de Belarmino Tomás, minero, nacido en Aguilar de Campos, en Valladolid, de ascendencia gijonesa, pero criado Sama de Langreo que siempre fue un revolucionario,  un “revoltosu”. Se inició en política de la mano del padre del socialismo asturiano, Manuel Llaneza. Participó en la huelga de 1917, para acabar siendo una de las puntas de lanza de la Revolución del 34, tras la que fue detenido por los disturbios ocasionados. El Frente Popular lo liberó de la cárcel y le puso al frente de sus instituciones en Asturias durante la guerra. Muchos han querido ver en Belarmino a un héroe defensor de los más desfavorecidos que lucho siempre por ellos y que no tuvo más remedio que declarar la soberanía asturiana por el abandono en el que la República tenía al frente norte. Pero esa visión romántica que viene propiciada por el libro escrito por uno de sus nietos, no se sostiene por mucha ideología y mucho amor filial con la que se mire su historia. Sobre todo, porque por mal que estuvieran los suministros desde el bando republicano (partido en dos por la presencia intermedia de los nacionales) y por mucha presión que ejercieran los nacionales, nada obligaba a decretar la independencia y a dictar las leyes que veremos hizo.

Tras el Alzamiento del 18 de julio de 1936, Belarmino es nombrado presidente del Comité del Frente Popular en Sama de Langreo y posteriormente, Gobernador General de Asturias y, desde diciembre del 36, presidente del Consejo Interprovincial de Asturias y León, la autoridad regional en la que estaban representados partidos de izquierda como PSOE, Partido Comunista e Izquierda Republicana, además de sindicatos como SOMA-UGT, CNT o FAI. El 24 de agosto de 1937, deciden declarar la independencia de Asturias y parte de León del Gobierno de Madrid, presidido entonces por Juan Negrín. “Una República asturiana independiente”, decían en la declaración. Es decir, se trató de una escisión dentro del bando republicano. El Consejo pasó a llamarse Consejo Soberano de Asturias y León y estableció en Gijón su capital. Aquel movimiento contó con casi todas las organizaciones presentes en el Consejo, mostrándose contrario al mismo el partido comunista; los socialistas protestaron, pero se unieron.

En la declaración de independencia se dictó que “quedan íntegramente sometidos a este consejo todos los organismos civiles y militares que funcionen en lo sucesivo”

El talante de Belarmino se muestra en el discurso que pronunció al inicio de esta independencia

(…) Ni en la trinchera ni en la ciudad, ni en el taller ni en el campo, ni en el hogar ni en la calle, toleraremos la más leve actitud divergente ni la más leve palabra disconforme. No habrá ni siquiera petición que consideremos respetuosa. Nadie tiene nada que pedir. Nadie tiene sino obedecer y callar”[1]

Lo primero que hicieron fue crear una serie de comisiones que funcionaban a modo de “ministerios”, todos dirigidos por los miembros de los mencionados partidos y sindicatos de izquierdas. Estaban los departamentos de Guerra, Interior, Obras Públicas, Hacienda, Industria, Comunicaciones, Asistencia Social, Agricultura, Sanidad, Instrucción Pública, Marina y Pesca.

La noticia enfadó tanto a los dirigentes de la República que lo denominaron “cantonalismo” y lo denunciaron a la Sociedad de Naciones; de hecho, aunque no tuvieron contacto directo en los dos meses que duró la aventura, en las comunicaciones entre ambos sectores ( el asturiano y gobierno de la República), los insultos y la acusación de traición era el tono habitual de la conversación, sobre todo cuando Azaña llamó a Belarmino a Valencia, donde radicaba el gobierno de la República, pero el presidente asturiano no acudió. El ministro de Defensa, Indalecio Prieto, no los podía soportar. Tal y como escribió Manuel Azaña: «Prieto está indignado y dolido por la disparatada conducta de los asturianos». El mismo Azaña en sus “Memorias de Guerra” definió a Belarmino como personaje ambicioso, fanfarrón y funesto gobernante. Añadiría: «Belarmino Tomás y su desmesurada ambición de mando… las fanfarronadas sobre el triunfo fácil y la dirección de las operaciones han sido funestas…eso que han llamado “Gobiernín Soberano”… la formación de ese Gobierno extravagante y su conducta… no se ha visto causa más justa servida más torpemente, ni buena voluntad más tan fervorosa como la de los combatientes auténticos, peor aprovechada».

Una de las primeras órdenes que dio el nuevo Gobierno separado fue prohibir terminantemente la salida de cualquier persona del territorio asturiano, ni siquiera cuando arreciaban los bombardeos. Esta decisión creó problemas internacionales al no dejar que salieran de Asturias los extranjeros. Así, el Gobierno de la República recibió una queja de los Estados Unidos después de que los americanos enviaran un barco a recoger a sus nacionales al puerto de Gijón y no les permitieran embarcar. El Gobierno de Negrín se tuvo que disculpar a pesar de que el Consejo Soberano, simplemente, no obedecían a nadie. Muestra de la rebeldía astur, fue la gestión directa del escaso arsenal de armas, las provisiones y alimentos de la población y el acomodo de los refugiados vascos y santanderinos, sin permitir injerencia del gobierno republicano.

Promulgó 52 edictos, muchos sobre cuestiones económicas o de seguridad ciudadana. Celebró 51 causas políticas que se saldaron con 17 penas de muerte, de las cuales al final solo se ejecutaron tres.”[2]

Como se consideraban una nación independiente crearon su propio sistema de correos, emitieron moneda y sellos. Los billetes fueron conocidos como los “belarminos” y ambos- moneda y sellos- son muy cotizados en el mundo filatélico.

Pero los belarminos no fueron la única moneda en circulación, también emitieron pesetas en cartón. Realmente, toda la moneda “acuñada” (los belarminos y la de cartón) se podría considerar como un gran engaño, pues el Gobiernín obligaba a la gente a entregar las pesetas de curso ordinario a cambio de aquellos papelitos que carecían de valor monetario.

En su organización de la vida diaria, Tomás estableció un sistema dictatorial. Cerró todos los establecimientos hosteleros, salvo hoteles, hasta nueva orden. “Estableció el toque de queda a las 22.00 horas y extendió el Estado de sitio a toda la región. Prohibió la posesión de armas, los aparatos de radio y el traslado por carretera sin el correspondiente permiso” [ se requería un pase nominal expedido por autoridad civil o militar]. Implantó la censura sobre cualquier tipo de publicación y comunicó que aplicaría la pena de muerte sobre cualquier espía. “Y, por si fuera poco, algunos de sus consejeros iniciaron contactos internacionales con organismos como la Sociedad de Naciones, como si fuera un estado. Comunicaron que, de continuar los bombardeos sobre Gijón, fusilarían a todos los presos políticos. Esto sentó muy mal en el Consejo de Ministros de la República, que hizo llegar a Tomás su “sorpresa y disgusto”. [3] Cumplió su amenaza y mandó ejecutar a 115 presos políticos. Desde entonces pasó a ser apodado en la región como “la bestia”. Mote que se extendió cuando puso a decenas de mujeres y hombres en un barco prisión en el puerto de “El Musel” de Gijón como escudos humanos para defender la flota de la “republicanina”.

Azaña dice del aquel gobierno lo siguiente:

“(…) Del Gobiernín Prada dice pestes. El más señalado era Belarmino Tomás, enteramente sometido a la CNT. La política que se seguía allí servía para fabricar fascistas. En Gijón, incautándose del pequeño comercio, de las pequeñas propiedades…, han logrado hacerse odiosos. Encarcelaba a niños de 8 años porque sus padres eran fascistas y a muchachas de 16 o 18 años, sobre todo si eran guapas”[4]

Uno de los grandes errores de estrategia que se le achacan a Tomás fue despreciar la amenaza interior que suponía la quinta columna dentro del territorio asturiano. Fue advertido por el Gobierno republicano y no hizo caso. Aquello fue la causa de la caía de Gijón. En vez de eso, cuando la resistencia va cediendo, él se envalentonaba gritando “la semana que viene tomamos café en Oviedo”. Plaza mítica que pretendían someter, como si de otro Alcázar se tratara.

Otro de sus errores, cuenta Menéndez García, es arrancarle el mando militar al general Gámir, jefe supremo del Ejército del Norte, para otorgárselo al coronel Prada, que «fue retrocediendo arrollado por la superioridad numérica y moral de los adversarios». Muchos de sus soldados perecen tratando de conquistar alguna bandera o ametralladora enemiga, por las que el Consejo Soberano de Asturias ofrece 4.000 y 2.000 pesetas respectivamente. Como se ve, todo por la patria.

Las fuerzas del Gobierno asturiano decrecen y al llegar el mes de octubre se ven acorraladas por los nacionales, que entran en Gijón el 20 de octubre de 1937. El coronel Prada que había propuesto concentrar las tropas en los puertos de Gijón, Candás y Avilés para resistir mejor, recibe la orden dada por el Gobiernín de aguantar la ofensiva nacional. Sin embargo, al ver que Belarmino y su gobierno emprenden la huida en un barco inglés (como había hecho el PNV en el País Vasco meses antes) decide embarcarse también y dejar a la población republicana asturiana desamparada a su suerte. Tomás se dirige por mar hacia zona republicana, donde a lo largo de la Guerra Civil ejerce varios cargos. Esto es realmente sorprendente, pues en vez de ser juzgado por traición, tal como era considerado por todos los dirigentes republicanos, le aceptan de nuevo en sus filas. La victoria nacional le pone en camino hacia el exilio en México, en cuya capital fallece en 1950, con 58 años.

Sin embargo, aunque algunos señalan que vivió en la más absoluta honradez en México ejerciendo de representante de una fábrica de alpargatas, no son menos los que sospechan que su vida no estuvo tan apretada en lo económico, pues hay dos sucesos poco claros ocurridos bajo su gobierno: en el 36, cuando fue nombrado Gobernador, se produce el saqueo del castillo de Blimea en el que se encontraban obras y muebles de valor artístico incalculable; y durante el Gobiernín se ordenó bajo la amenaza de pena de muerte la confiscación de todo el oro y joyas existentes en sus dominios. De ese tesoro nunca más se supo.

En todo caso, cabe decir de Belarmino Tomás que era una perla en sí mismo.

BIBLIOGRAFÍA

AZAÑA, Manuel. “Memorias políticas y de Guerra”. Ed Crítica. 1978.

MENENDEZ GARCIA, Juan José. “Belarmino Tomás soberano de Asturias”. Biblioteca Julio Somoza. Temas de Investigación Asturiana, nº 24. Silverio Cañada editor. 2000

MOA, Pío. “El derrumbe de la Segunda República y la Guerra Civil” Ediciones Encuentro. 2001

VIANA Israel. ABC “El socialista que declaró la independencia de Asturias en plena Guerra Civil y desafió a la República”. https://www.abc.es/historia/abci-socialista-declaro-independencia-asturias-plena-guerra-civil-y-desafio-republica-202003262309_noticia.html

ROJO PINILLA, Jesús. “Grandes Traidores a España”. Ed. El gran Capitán. 2017

[1] Jesús Rojo Pinilla. Grandes Traidores a España.

[2] Israel Viana. ABC “El socialista que declaró la independencia de Asturias en plena Guerra Civil y desafió a la República

[3] Israel Viana. ABC “El socialista que declaró la independencia de Asturias en plena Guerra Civil y desafió a la República

[4] Manuel Azaña. “Memorias políticas y de guerra”.

EL REINO DE ASTURIAS O LA VICTORIA DE ESPAÑA

Todos los asturianos sabemos que Asturias es España y el resto tierra conquistada, pero este aserto jocoso tiene mucho de verdad histórica, veamos el porqué.

El término “Hispania” fue utilizado por los romanos para denominar aquella península que los griegos llamaron iberia. Estrabón en su libro III de Geografía señala que aquel territorio- en la parte conquistada hasta ese momento- se dividía en dos provincias. Hispania citerior e Hispania ulterior. La primera comprendía lo que hoy es Cataluña, Valencia y parte de Murcia y la ulterior, el valle del Guadalquivir. Posteriormente los visigodos fundaron su Reino en Toledo con una extensión semejante a lo que hoy es la Península ibérica, de hecho, se suele presumir que el Reino Visigodo constituyó el primer Estado español.

Ahora bien, el nombre de España, históricamente hablando, es el desarrollo cultural de una nación que desde el principio fue concebida como imperio cuyo núcleo surge a partir de la resistencia de las sociedades asentadas, en principio, en la cordillera cantábrica, en tono a los picos de Europa.

La invasión musulmana iniciada en el 711 supone, pues, la ruina del Reino Visigodo de Toledo y la victoria de España, concebida no como simple organización político-jurídica estatal o sociedad nacional sino como elevación de la misma por la formación de un imperio. Ambos aspectos culminan en 1492, la transformación de la realidad histórica que era España en realidad política con la toma de Granada y el culmen imperial con el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Como decíamos esa idea imperial nace en las montañas de Covadonga. Se trata de una realidad política distinta de la del Reino de Toledo, por más que esa idea goda esté en el sustrato del movimiento astur. De hecho, a Oviedo se la denomina en un primer momento “nueva Toledo”, sin embargo y significativamente, tal nombre no trascendió.

¿Qué diferencia a un Estado de un Imperio?

Quizá podríamos concluir que un Estado se forma entre gentes que tienen una larga convivencia por proximidad geográfica, por costumbres afines, por una larga historia de intercambios y relaciones humanas de todo tipo, incluso por guerras. El imperio, lo forman gentes diversas que tuvieron poco o nada que ver entre sí. Es más, normalmente un Estado aspira a posiciones más ambiciosas transformándose, así, en un imperio.[1]También podemos señalar que el imperio es una forma de superar fronteras, de crear un desplazamiento de sus propias fronteras mirando hacia un objetivo superior.

Con esa diferencia en mente, veremos que el origen de España, como realidad histórica, no es sólo la recuperación del Estado visigodo sino el impulso de una idea que, potenciada esencialmente por el proselitismo cristiano, busca abarcar todo el territorio ocupado por el islam hasta terminar desbordando la península por el inesperado descubrimiento de América y los hechos que trascendieron al descubrimiento: la vuelta al mundo y posesiones en todos los mares “hasta no ponerse el sol”

El reino astur, formado entre las montañas de los Picos de Europa, con Pelayo al frente como primer Rey de una dinastía, que continúa su hijo Favila y extiende su yerno Alfonso I tras la boda con Ermesinda, hija de Pelayo, y expansionada por Alfonso II, que se denomina primer Rey de España, y Alfonso III, causante de la idea imperial, marca y dirige el futuro de la gran nación que es hoy España (da igual si H.  Kamen tiene o no razón al considerar a Pelayo una leyenda, porque Pelayo, existiera como tal o no, existió en cuanto representa a aquellas tribus cantábricas, que sin duda vivieron, y cuya fortaleza, lucha y esfuerzo contra el invasor, trajeron lo que hoy somos).

A Alfonso I las crónicas posteriores atribuyen el sobrenombre de «el católico», circunstancia no menor en la pretensión imperial de aquellos reyes forjados en la dureza y belleza de las montañas asturianas. Aquel Reino alcanzó su máxima extensión territorial gracias a las conquistas de casi todos sus monarcas, entre los que destacaremos a modo de compendio: Alfonso I, que incorpora Galicia y parte de Portugal; su hijo Fruela I que refuerza sus posiciones; Alfonso II, el casto,que además de ampliar en gran manera el territorio, impuso oficialmente en todo el Reino la legislación romana-visigoda, la Lex Visogothorum, futuro “ Fuero Juzgo” y sus sucesores, Ramiro I y Ordoño I que extienden el reino hacia el este, hasta la frontera pirenaica, y Alfonso III, el magno, uno de los más brillantes monarcas de la Historia de España, que lo lleva hasta Zamora.

Alfonso III es el último rey asturiano con capital en Oviedo (Reino de Oviedo), tras él el Reino traslada su capital a León. A Alfonso III le debemos la autentica idea de España, la idea imperial y la mejor crónica histórica de aquella época que permitió forjar, entender y desarrollar España.

Como decimos, es la crónica de Alfonso III, el magno, la que vincula oficialmente, con intención narrativa, la dinastía astur con el reino Visigodo de Toledo (Alfonso II fue precursor en ello, pero sin la trascendencia histórico-documental de Alfonso III). Así, el tercer Alfonso considera que Pelayo es un noble visigodo y Alfonso I descendiente de Leovigildo y Recaredo. Realmente Alfonso III busca reforzar el prestigio de la dinastía y su propio prestigio personal vinculando su origen con el del Reino de Toledo y los últimos reyes godos.

Alfonso, además, introduce en la crónica y en la intencionalidad del Reino otro elemento esencial: la fe cristiana.  A primera vista aparece como un milagro histórico que los musulmanes después de haber derrotado al potente y bien organizado Reino visigodo fueran a tropezar con un reino pequeñín situado tras la cordillera cantábrica. Pero así fue.  Cuando casi dos siglos después del inicio de la invasión, Alfonso III recapitulaba la historia de sus orígenes, veía en Covadonga la salvación de España y la reparación de la caída del reino godo (la batalla de Covadonga no está confirmada por la historiografía, la cual,  basándose en los restos arqueológicos, entiende, como mejor explicación que, Covadonga no sea más que una metáfora histórica para aglutinar en un pasaje la multitud de pequeñas, grandes o medianas escaramuzas que mantuvieron los asturianos  y los musulmanes en los Picos de Europa y que lograron la derrota de estos últimos). Pero la imagen de la gran batalla con la Santina al fondo permitía al cronista y al Rey transmitir a sus seguidores un sentimiento de misión providencial, a la vez religiosa y política: salvar a la iglesia cristiana y a la Monarquía hispana (astur-goda).

Evidentemente, Alfonso III no parte de la nada, no se inventa un relato vacío de razón, sino que los sustratos hispano- godos estaban en la realidad social desde los romanos y los visigodos y los elementos cristianos se mostraban en el sustrato del propio Reino astur-godo. Así, recordemos que hasta Alfonso I no había en el reino ninguna ciudad episcopal, pero la figura episcopal, mucho más desarrollada por Alfonso II (se le atribuye la creación del Obispado de Oviedo), no deja de surgir por el desarrollo de dos elementos que son la base del avance astur, ideados y puestos en marcha por Alfonso I: la repoblación y el monacato. Los dos se inician y desarrollan al tiempo, siendo el segundo casi la base esencial para lograr el primero. Estos monasterios parecen muchas veces fórmulas económicas, tanto o más que pactos religiosos. Los hombres se asocian bajo la autoridad de un abad, para alabar a Dios y ganar el sustento. Por todo ello y con mucha intención, las crónicas alfonsinas bautizaron a Alfonso I como el católico. Estableciendo así un eslabón narrativo, de guerra santa, de lucha contra el infiel, a la idea de Reconquista, enlazando de ese modo la realidad social y el ideario político.

Insistimos en que, Alfonso III no parte de la nada, transcribe los hechos de fe de sus antecesores y les da una intencionalidad. Pero esos hechos existieron, por ejemplo, tras fomentar los monacatos institucionalizados por sus antecesores, Alfonso II formó una pequeña ciudad, en la que instala su palacio adosado a una capilla (la cámara Santa, con las reliquias traídas de Toledo). Nacía así Oviedo. Más tarde Ramiro I mandaba edificar un Aula regia (Santa María del Naranco) a la que se agregó, posiblemente como iglesia palatina, San Miguel de Lillo. Reforzando la idea de capitalidad de Oviedo y de monarquía católica. A esto Alfonso III añade como símbolo del Reino la Cruz de la Victoria.

Además, a estas actuaciones reales, se unen con el tiempo una serie de anacoretas entre los que destaca Santo Toribio de Liébana, seguramente la mayor figura intelectual de la época.

Con Alfonso III, el Reino asturiano es, dentro de la Península, una potencia que mantiene contactos con los núcleos pirenaicos de resistencia católica; alimenta pretensiones evidentes de hegemonía en la Reconquista y manifiesta ambición de realizarla enfrentándose al poder de Córdoba. Siempre teniendo presente en su ideario una colaboración discursiva y narrativa entre los núcleos astur- romano e hispano godo. Es decir, del Imperio romano y del Estado visigodo.

Por todo ello y con gran intención, Alfonso III, es el primer rey español que se hace llamar emperador.  Su idea de imperio es la de avanzar fronteras para imponerse a aquellos invasores de lengua, religión y costumbres extrañas a los que querían expulsar. En sus crónicas, identifica desde el primer momento las guerras contra el islam en los Picos de Europa como acción superior de defensa de la Fe, pero hoy sabemos que ese concepto no fue esencial en la sublevación de Pelayo, no inundaba las almas de las primigenias tribus locales.  Para ellos lo fundamental era expulsar de sus tierras al ocupante ilícito. Es la voluntad y visión de Alfonso III la que determina el carácter imperial, al querer expandirse más allá de sus fronteras buscando un dominio universal cuya base se encontró en la lucha contra el islam. El título de Emperador otorgado a Alfonso III se transmitió después de su muerte a sus sucesores. Se conoce un documento del año 916 que dice “Ego Hordonius Rex Imperator-filius Adefonsus magni Imperatoris”. Pero no todos lo utilizan, tras Alfonso III, Alfonso VI, Alfonso VII se intitulan emperadores, de hecho, Alfonso VII es ungido emperador dos veces, la primera frente a Alfonso I de Aragón, el batallador, como una muestra de recuperar lo que era suyo y en segundo lugar tras hacerse con parte del Reino de Aragón y haber avanzado considerablemente en la Reconquista, es decir, de nuevo al superar sus fronteras frente al islam. El “fecho del imperio” de Alfonso X, el sabio, o el imperio de Carlos I continúan esa línea de tener un alcance global que llega a su máxima extensión con Felipe II. Es ese concepto y realidad de imperio lo que eleva a España, históricamente, al nivel de la Grecia clásica, Roma, Gran Bretaña, Francia o Rusia y EE.UU , por encima de Portugal, Japón y Alemania. “Tú me diste la vuelta”, la divisa que regala Carlos I a Elcano o la enseña con el “Plus Ultra” demuestran esa idea imperial, y es ese imperio el que pone a España en la Historia Universal.

La realidad histórica y política nacional, la Nación histórica, nacida del estado visigodo y recuperada por el reino Astur alcanza su realidad política plena, como dijimos, con la toma de Granada y con toda nitidez a partir del siglo XVI se consolida como unidad política con identidad imperial, la cual se resquebraja tras la batalla de Trafalgar (1805), donde cede el dominio de los mares a Gran Bretaña y, sobre todo, tras la invasión napoleónica en 1808. Pero entonces, aquella sociedad con conciencia soberana, que defendía su soberanía territorial, política y social frente al invasor musulmán en Covadonga, se transforma en soberanía popular histórica con el levantamiento del 2 mayo de 1808 y en soberanía popular reconocida política y jurídicamente con la constitución de 1812.

España es lo que es hoy día gracias a Pelayo, Covadonga y sobre todo a la idea estatal y nacional de recuperación del Reino de Toledo elevada a imperio por Alfonso III. La continuidad de esa idea fraguó una gran nación con espíritu imperial.

Ya lo advertía Unamuno:

“¿Es España una nación? Me preguntaba un lego en historia. Y le dije: España es internacional, que es modo universal de ser más que nación, sobrenación. Un conglomerado de republiquetas no es nada universal si no se eleva a imperio.”[2]

Espero que nuestros gobernantes nacionales y locales recuerden que ni España es un conjunto de republiquetas ni Asturias, una de ellas. Espero que la Historia de grandeza de Asturias se recuerde y fortalezca en lo que es: nacional e imperial y no se pretenda su reversión histórica imponiendo una serie de elementos culturales, muy dignos de preservación, pero no de imposición. Espero que se recuerde la grandeza histórica de Asturias y su contribución elevada a la Historia de España en vez de querer identificarla con elementos pueblerinos locales.

BIBLIOGRAFÍA

  • ELVIRA ROCA. Imperiofobia y Leyenda Negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Ed. Siruela. 2019
  • AGUADO BLEYE. “Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1963
  • PEDRO INSUA. 1492. España ante sus fantasmas. Ariel. 2018.
  • MIGUEL DE UNAMUNO. “República española y España republicana”. Artículo publicado en el diario El Sol, 16 de julio de 1931.
  • HÉLÈNE SIRANTOINE. “Exclusión e integración: la conquista y el imperio en los reinados de Alfonso VI y Alfonso VII”. Historia digital. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Históricas / Silex Ediciones. 2015. Edición digital de 2017.
  • JOSÉ MANUEL PÉREZ PRENDES. “Historia del Derecho español”. Ed UCM.1986.
  • JOSÉ JAVIER ESPARZA. “La gran aventura del Reino de Asturias. Así empezó la Reconquista”. Ed. La esfera de los libros. 2009.

[1]Elvira Roca. Imperiofobia y Leyenda Negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Ed. Siruela. 2019

[2]Miguel de Unamuno. “República española y España republicana”. Artículo publicado en el diario El Sol, 16 de julio de 1931.