El Tratado de Tordesillas

El Tratado de Tordesillas fue un acuerdo entre los reinos de España y Portugal, que permitió, entre otras cosas, el reparto del mundo entre las dos grandes potencias del momento. Nos situamos en 1494.

El precedente del Tratado de Tordesillas, fue el Tratado de Alcazobas o Alcáçovas (en portugués), que ya vimos aquí: https://algodehistoria.home.blog/2022/02/04/el-tratado-de-alcazobas/ firmado, en 1479, entre las coronas española y portuguesa. Dicho tratado ponía fin a la guerra de sucesión a la Corona de Castilla, tras la muerte del rey Enrique IV, y que enfrentó a la hermanastra de Enrique, Isabel, y a la hija de aquel, Juana la Beltraneja. Esta última contaba con el apoyo del rey de Portugal. Como todos sabemos, aquella guerra culminó en la victoria de los partidarios de Isabel, que asciende al trono como Isabel I de Castilla. La trascendencia del tratado de Alcazobas se incrementó por delimitar los derechos de navegación de Castilla y Portugal. En su clausulado se reparte la costa atlántica conocida o por explorar utilizando como elemento divisorio los paralelos de la Tierra. Portugal mantiene el control sobre sus posesiones de Guinea, la Mina de Oro, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde, y se le reconoce la exclusividad de la conquista del Reino de Fez. A Castilla se le concede la soberanía sobre las islas Canarias y la parte superior del paralelo que delimitan esas islas afortunadas.

Con el tiempo, múltiples incidentes ponen en peligro la paz conquistada en Alcazobas. La situación se complica cuando Juan II de Portugal (no olvidemos que Cristóbal Colón ofreció sus servicios al rey de Portugal antes que a Castilla para emprender la conquista de las Indias navegando por occidente y los portugueses no quisieron financiar los gastos de aquella empresa) recibió a Colón a la vuelta de su primer viaje a las Indias. Recordemos que fue la carabela La Pinta la que antes arribó a las costas españolas, por Galicia, y transmitió las primeras noticias del descubrimiento del Nuevo Mundo. Los rumores, que también llegaron a Portugal, se confirmaron cuando Colón, que viajaba en La Niña, atracó en Lisboa, siendo recibido por el rey de Portugal. Convencido Juan II de que los nuevos territorios estaban por debajo del paralelo correspondiente a las islas Canarias, no tardó en reclamarlos para su país, al tiempo que la Corona española aseveraba que el territorio recién descubierto era propiedad de Castilla.

Se producía así un choque dialéctico entre ambas monarquías por la interpretación del tratado de Alcazobas y por el dominio de la navegación mundial. Se iniciaron unas tensas negociaciones en las que primaba el sincero interés mutuo de no alcanzar un enfrentamiento armado.

En aras a encontrar una solución, Fernando el Católico propuso la mediación del Papa español Alejandro VI, Papa Borgia, con el que mantenía una excelente relación el rey aragonés. El Papa Alejandro, gran político, interesado siempre el engrandecimiento de los Estados Pontificios, tuvo algunos sonados enfrentamientos con las potencias europeas, muy especialmente con Francia. Aunque también fue un excelente diplomático que obtuvo alianzas hasta con sus más acérrimos enemigos; pero, con carácter general,  España fue su gran valedor internacional. En el momento de la historia que nos hallamos, Alejandro tenía serios enfrenamientos con Carlos VIII de Francia. En este contexto no es de extrañar que al Papa le interese apoyar los intereses españoles en las negociaciones mantenidas con Portugal. Los Reyes Católicos (que recibieron ese título precisamente de Alejandro VI) rechazaban las pretensiones portuguesas: entendían que África debía ser para Portugal y las zonas del nuevo descubrimiento para España.

La intermediación papal se concreta en las conocidas como “Bulas Alejandrinas” dictadas en 1493. Se trata de tres bulas: «I Inter Caeteras» que  establece que todas las tierras descubiertas por Colón y las que posteriormente se descubran serán para Castilla; «II Inter Caeteras» modifica el sentido de la primera y fija una línea a 100 leguas al oeste de las Azores y Cabo Verde para definir el dominio marítimo y terrestre de Castilla; la tercera bula, «Eximiae devotiones» no menciona la existencia de la segunda y ratifica lo señalado en la primera, ampliando, así, las concesiones asignadas a Castilla.

A esta maniobra de Fernando, se unió su rapidez en organizar una segunda expedición al Nuevo Mundo, adelantándose a lo que pudiera hacer Portugal.

Aunque el rey de Portugal protestó, acabó aceptando el nuevo reparto, con ligeras modificaciones en relación a las bulas alejandrinas. Aquel acuerdo se plasmó en el Tratado de Tordesillas,  acordado en la ciudad vallisoletana por los representantes de ambos países el 7 de junio de 1494. Los Reyes Católicos lo firmaron en Arévalo el 2 de julio y, el 5 de septiembre, lo rubricó Juan II en Setúbal. Entonces no se conocía aún la dimensión de lo descubierto por Colón; a Portugal lo que le interesaba era mantener abierta la ruta hacia la India, la ruta de las especias, tan lucrativa en aquellos tiempos y limitada, en su discurrir por la tradicional ruta mediterránea, por el bloqueo turco.

La esencia del acuerdo consistió en una modificación del sistema de reparto. Si en el tratado de Alcazobas se utilizaron los paralelos, en el de Tordesillas, la división se hizo utilizando los meridianos.  El tratado acabó estableciendo, tras varias propuestas, un meridiano a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, es decir, en 46° 37′ longitud oeste. Todos los territorios por descubrirse al este de dicha línea quedarían bajo dominio portugués, mientras que España tendría soberanía sobre los ubicados al oeste. La cartografía de entonces no era muy precisa por lo que se acordó que marinos y astrónomos de ambas naciones estudiaran la situación exacta sobre el terreno, determinando el lugar exacto en el que se establecería la línea divisoria. Tales trabajos no se llevaron a cabo. El empeño portugués en modificar esa línea, que coincide con la actual ciudad de Sao Paulo, fue enorme. No sólo por dar legitimidad a la toma de posesión del Brasil hecha por Pedro Álvares en el año 1500 (aunque los portugueses le consideran el primer explorador que llegó a Brasil, lo cierto es que ese honor le cabe al español Vicente Yáñez Pinzón, tres meses antes de la llegada del portugués, pero la división territorial hecha en Tordesillas dejaba sin legitimidad la conquista española) sino, como señalan algunos historiadores, por lograr el territorio más importante del nuevo continente y, a medida que se fue conociendo lo que hoy es Sudamérica, por controlar el paso hacia las Indias por el cabo de Hornos. Fuera como fuere, esta posesión portuguesa y su delimitación dio algunos problemas al mantenimiento de tratado de Tordesillas.

Además de lo dicho, el tratado señalaba que:

  • Ninguno de los dos reinos podía enviar expediciones hacia el territorio asignado al otro.
  • A los barcos españoles se les otorgaba libertad y seguridad de tránsito por las aguas portuguesas cuando navegaran hacia América, siempre que siguieran una línea recta hacia sus respectivos destinos.
  • Dado que estaba en marcha un nuevo viaje de Colón, se acordó que hasta el 20 de junio de 1494 España tendría derecho de posesión sobre las tierras e islas que descubriera durante ese plazo entre las 250 y 370 leguas desde Cabo Verde, cosa que no sucedió dado que en el segundo viaje Colón no se aproximó a Sudamérica.
  • También ponía límites en los meridianos que trazaban las zonas de influencia en Asia.

El tratado fue enviado para su confirmación a la Santa Sede, dado que alteraba los términos establecidos en las Bulas Alejandrinas, como ya indicamos con anterioridad. El papa Alejandro VI nunca confirmó el tratado, por lo que la aprobación papal llegó con su sucesor, Julio II, en 1506, mediante la bula “Ea quae pro bono pacis”.

El tratado de Tordesillas permitió que los reinos español y portugués continuaran con sus expediciones navales sin enfrentamiento entre ellos. Por el contrario, países como Francia, Holanda e Inglaterra cuestionaron el reparto de tierras entre Castilla y Portugal -ambos se convertían en poderosos imperios, lo que suponía un serio peligro para el resto de potencias europeas-. De ahí nace la razón de las expediciones organizadas por esas potencias menores para atacar territorios portugueses y españoles, que tuvieron cierta frecuencia desde entonces.

Los límites establecidos por el Tratado de Tordesillas quedaron en desuso al producirse la Unión Ibérica (1580-1640). En este momento, tanto Portugal como sus posesiones pasaron a formar parte de la Corona española.

Los colonos portugueses ya no tenían obligación de quedarse sólo en la costa y comenzaron a aventurarse en el interior del territorio. Además, y coincidiendo con la independencia de Portugal en 1640, el nuevo Estado emprendió, ya sin base legal, algunas acciones comerciales y coloniales más allá de dicho límite; por ejemplo, la fundación en 1680 de la Nueva Colonia del Santísimo Sacramento, frente por frente  a la ciudad de Buenos Aires, es decir en las costas rioplatenses del actual Uruguay, y la fundación, en 1737, del fuerte de “Jesús, María, José” que dio origen al Estado federal brasileño de Río Grande del Sur, en la orilla opuesta del Río de la Plata en la que se encuentra Buenos Aires. Esto provocó una serie de disputas entre España y Portugal durante años. El Tratado de Madrid de 1750 aclara estas fronteras y delimita los márgenes de Brasil casi como son en la actualidad.

Pero ya con anterioridad, el tratado había sufrido modificaciones por el tratado de Zaragoza (1529), que modifico los límites del acuerdo en Asia,  el de Lisboa (1701) y con las disposiciones del Tratado de Utrecht (1713-1715) que afectaban a España y Portugal.

Del tratado, al ser bilateral, se conservan dos originales: en versión castellana se conserva en el Archivo Nacional de la Torre de Tombo en Lisboa y en versión portuguesa en el Archivo General de Indias ( Sevilla ).

La gran trascendencia de aquel acuerdo ha sido reconocida por la UNESCO, que en 1997 creó el Programa Memoria del Mundo con la finalidad de que no se perdieran para el futuro los acontecimientos más destacados de la Historia de la humanidad. A ese programa España y Portugal presentaron de forma conjunta el Tratado de Tordesillas, como documento que merecía tal consideración y ha pasado a formar parte del registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO.

Esto conviene recordarlo en serio, pero también de forma un poco más divertida. Dado que se acerca el verano y el descanso merecido de este blog.

Recordemos que fuimos un Imperio y que el tratado de Tordesillas fue parte importante del mismo. Los Nikis año 1985 “El Imperio contraataca”: https://youtube.com/watch?v=71m3JuHKngY&si=6RUfich2n112glG6

 

BIBLIOGRAFIA

El Tratado de Tordesillas: https://www.escrituraydocumentos.com/el-tratado-de-tordesillas-de-1494-digitalizado-en-pdf/

AGUADO BLEYE, Pedro.- “Manual de Historia de España”. Ed Espasa-Calpe. 1954

MARCO, José María.- “Una historia patriótica de España”. Ed Planeta.2011

UBIETO, REGLÁ, JOVER Y SECO. “Introducción a la Historia de España”. Ed Teide. 1983

VANDALISMO ARTÍSTICO

Como todos los años, alrededor del 24 de septiembre, una entrada sobre arte, en recuerdo de mi madre.

En 2014, se publicó en España un ensayo de Dario Gambini, Catedrático de la Universidad de Ginebra, titulado “La destrucción del arte. Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa”. El libro realiza un examen integral de los motivos y circunstancias que hay detrás de los ataques deliberados contra edificios públicos, iglesias, esculturas, pinturas y otras obras de arte en los dos últimos siglos.

En su estudio, sobre el fanatismo contra el arte, describe las razones ideológicas o de simple locura que han determinado que en todas las épocas de la historia de la humanidad hayan existido vándalos empeñados en destruir las manifestaciones artísticas que consideraban contrarias a sus valores. Me permito decir que, esos valores deben ser de lo más despreciables cuando, en vez de apreciar la calidad artística, se dedican a destruir lo que la habilidad y el ingenio humano creó. Da igual que el vandalismo venga del fanatismo político, el fanatismo religioso, o la ignorancia de unos delincuentes, la destrucción del arte no por accidente sino por la intención de los salvajes es condenable siempre y en todo caso.

Excluimos de esta exposición el arte extinto por los bombardeos en una guerra, porque esas desapariciones son unas víctimas más de la principal desgracia que es la guerra en sí, en la que las mayores pérdidas son de los seres humanos heridos y fallecidos.

Tampoco nos vamos a extender en la iconoclasia del Siglo VIII. Las imágenes de Cristo, la Virgen, los santos o las escenas bíblicas se conocen en el cristianismo desde el siglo II. Entonces, las imágenes sagradas eran simbólicas, aunque ya en el siglo IV era frecuente ver las paredes de las iglesias cristianas decoradas con pinturas y frescos. Lo que dio lugar a dos formas divergentes de piedad cristiana: la cristiandad occidental centrada en el edificio eclesiástico y que privilegiaba la ubicación de lo sagrado en el rito eucarístico, y la oriental cuyo centro era la adoración de las imágenes, con la consecuente multiplicación de los espacios sagrados. Sin embargo, los enfrentamientos no se dieron entre el occidente y el oriente cristiano sino en el mundo bizantino frente al islam.

La “ruptura de imágenes” que eso significa iconoclasia o iconoclastia manifiesta un apogeo especialmente significativo, durante los siglos VIII y IX , en el Bizancio de Justiniano. No sólo era un problema religioso, sino de la confrontación cultural y de la amenaza militar que el islam representaba. El gran cambio y enfrentamiento se produjo con Justiniano II cuando puso el rostro de cristo en el reverso de sus monedas de oro. Esta situación resultó ofensivas a los árabes que decidieron romper la unidad monetaria, y con ella la paz social y la convivencia, destruyendo las monedas de Justiniano y volviendo a acuñarlas sin imágenes y sólo con palabras.  Como hicieron después con las imágenes de Santa Sofía, cuando la convirtieron en mezquita.

En aquel momento, la iconoclastia también se dio entre los propios cristianos residentes en zonas musulmanas que consideraban la proliferación de iconos como idolatría. Aquellas protestas fueron encauzadas por algunos sectores hacia movimientos religiosos heréticos.

La importancia de la ideología iconoclasta está lejos de limitarse al llamado período iconoclasta. De diferentes maneras la iconoclasia ha existido permanentemente en la historia (albigenses – una rama de los cátaros-, en Francia; judaizantes, en Rusia; protestantes, en Europa; etc )… Por ello, la respuesta de la Iglesia en los siglos VIII-IX, hecha con la solemnidad de un Concilio Ecuménico, conserva su valor hasta el presente.

Pero lo que nos trae hoy a este tema no es la iconoclastia religiosa de la antigüedad sino el vandalismo contra el arte en periodos más recientes, y, supuestamente, más civilizados.  Los agruparemos según sus motivos explicativos.

Vandalismo por robo. Si bien las “razones” del robo parecen muy diferentes.

  • Podemos calificar el primero de los robos como fanatismo histórico.

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Retable_de_l’Agneau_mystique_(1).jpg

Los Jueces Justos. Jan van Eyck. Del retablo de Gante- Robado en 1934

El retablo de Gante se considera una de las obras de arte más emblemáticas del arte occidental. Su vida ha sido un trasiego de apropiaciones indebidas, desde Napoleón que lo expuso en el Louvre, hasta la Alemania de la Primera guerra mundial, pasando porque sus desmembrados paneles fueron a parar a museos británicos, alemanes y a colecciones privadas, incluida la del rey Federico Guillermo III de Prusia. Las reparaciones de guerra de Alemania le obligaron a devolver todos los paneles. El retablo fue completamente reensamblado en 1920 y permaneció así durante catorce años hasta que, el 11 de abril de 1934, el sacristán de la catedral de San Bavón descubrió que alguien había entrado y robado dos paneles: Los Jueces Justos y San Juan Bautista.

Inicialmente, los paneles eran dos caras del mismo panel: Juan Bautista era visible cuando el retablo estaba cerrado, mientras que los Jueces Justos se revelaban después de abrir el políptico. Los conservadores de la colección real prusiana habían separado las dos caras del panel para mostrar ambas imágenes una al lado de la otra. El ladrón había dejado una nota que decía: «Tomado de Alemania por el Tratado de Versalles». Varias semanas después, el obispo de Gante recibió una demanda de rescate de un millón de francos. El ladrón, que quería convencer a la diócesis de que devolvería los paneles una vez que recibiera el dinero, pidió a los investigadores que buscaran en el depósito de equipajes de la estación de tren de Bruselas-Noord. Allí encontraron a San Juan Bautista envuelto como un paquete.

Después de casi ocho meses de responder a las cartas de rescate, sucedió algo extraño. A fines de noviembre, un hombre de 57 años llamado Arsène Goedertier, corredor de bolsa local y aspirante a político, sufrió un ataque cardíaco. En su lecho de muerte, confesó a su abogado que había robado el panel de los Jueces Justos y que la policía debería buscar en una carpeta en su oficina. Allí se encontraron copias de todas las notas de rescate enviadas a la diócesis, pero no se encontró el panel del retablo. La investigación duró hasta 1937. Investigaciones posteriores sugieren que Goedertier puede no haber sido el ladrón. El caso es que nadie ha encontrado aún Los jueces justos. La iglesia de San Bavón encargó e instaló una réplica del panel en 1945.

  • Robo por banda armada

Natividad con San Francisco y San Lorenzo de Caravaggio.

https://www.factum-arte.com/pag/1182/la-natividad-con-san-francisco-y-san-lorenzo

Esta obra de Caravaggio fue robada en 1969. La obra se encontraba colgada en el oratorio de San Lorenzo en Palermo (Sicilia). Existen varias teorías sobre lo que le sucedió a esta pintura. El belén de Caravaggio ha sido considerado como una de las pinturas robadas más notorias en la historia del mundo del arte. La obra maestra no se ha visto desde que fue levantada de su capilla en Palermo; todas las evidencias indican que la mafia siciliana pudo haber jugado un papel destacado en su desaparición.

Las esperanzas de resolver uno de los peores crímenes artísticos de la historia se reavivaron en los años 90 del siglo XX después de que los investigadores italianos anunciaron que habían recibido nueva información.

En 1996, un informante de la mafia testificó que él y varios otros hombres habían robado la pintura a un comprador privado; la destruyeron accidentalmente mientras cortaban el lienzo de su marco. Más de una década más tarde, otro ex mafioso afirmó que la pintura había sido escondida en un granero para su custodia, pero que las ratas y los cerdos la dañaron irreparablemente antes de quemarla. El destino de la natividad sigue siendo un misterio.

  • Museo desvalijado con prisas y mucha ignorancia.

También se ha achacado a la mafia el robo perpetrado en el Museo Gadner de Boston (https://www.gardnermuseum.org/ ), el 18 de marzo de 1990. Dos hombres vestidos de policías entraron y salieron del museo como Pedro por su casa, llevándose por el camino unos 500 millones de dólares en tesoros artísticos. 13 obras perdidas en uno se los mayores, si no el mayor, robo de arte de la historia, entre ellas un raro Vermeer y tres valiosos Rembrandts. Sin embargo, lo sorprendente del caso, es que perdieron un hermoso tiempo en hacerse con un anodino jarrón de metal chino, o en otras baratijas, de escaso o nulo valor, olvidándose en cambio de valiosos cuadros de mucho más fácil acceso.

En la fecha de escribir esta entrada no se sabe nada de las obras robadas.

Vandalismo por Fanatismo.

Si hemos empezado por los robos, seguimos por fanáticos de diversa índole.

  • Atentados atribuidos a un perturbado mental.

Por ejemplo, un perturbado mental (Laszlo Todt, de nacionalidad húngara, pero afincado en Australia),  creyéndose Jesucristo, atentó contra la Piedad de Miguel Ángel (https://www.visitarelvaticano.com/que-ver/la-piedad-de-miguel-angel/ ) el 21 de mayo de 1972. Se alzó sobre la escultura martillo en mano y originó una serie de desperfectos, fundamentalmente, en la figura de la Virgen (párpado izquierdo, nariz rota y rotura de varios dedos de su mano izquierda).

La figura fue restaurada y como consecuencia de aquel atentado se blindó su exhibición por medio de una pantalla de cristal que la protege en la actualidad de actos vandálicos.

  • Fanatismo religioso.

De esto hay una amplia experiencia, desde el fraile Savonarola que ordenó a sus seguidores la destrucción de todos los objetos artísticos en la muy culta Florencia del siglo XV, a los que quieren destruir la Cruz del Valle de los caídos. Por todos, hablaremos de los Budas de Bamiyan, destruidos en 2001. https://www.gettyimages.es/fotos/bamiyan-buddha

Los budas, que databan del siglo VI, fueron destruidos por los talibanes afganos. Las tallas de 41 y 53 metros de altura fueron originalmente creadas directamente de un acantilado de piedra arenisca, y sirvieron como el monumento más espectacular de Bamiyan durante un tiempo en que la ciudad floreció como un centro comercial de la Ruta de la Seda.

Se sabe poco sobre quién encargó tallar los budas. Sin embargo, su propia existencia apunta a la importancia de la fe budista y el valle de Bamiyan durante el siglo VI.

La destrucción, en 2001, en Bamiyan ,ha sido el ataque más espectacular contra el patrimonio histórico y cultural de Afganistán. También su destrucción es única por la movilización mundial que despertó, aunque, por desgracia, no es el único daño infligido a los restos arqueológicos de ese país.

Habían resistido, durante más de una docena de siglos, varios ataques de emperadores musulmanes e incluso una invasión de Genghis Kahn, para finalmente caer derrotados por los talibanes y sus aliados de Al Qaeda tras calificarlos de «idólatras». Varios grupos armados dispararon contra las estatuas con armas antiaéreas antes de hacerlas explotar con dinamita.

La destrucción de los Budas se condenó como un crimen contra la cultura. Sin embargo, aunque los Budas se perdieron, alguna persona sensible logró salvar una serie de dibujos y textos escondiéndolos en cuevas, que la casualidad quiso fueran tapadas por los escombros de las piedras de las esculturas destruidas. En 2008 los arqueólogos desenterraron una tercera estatua de Buda, previamente no descubierta, cerca de las ruinas. No sabemos que ha sido de ella tras la marcha de los norteamericanos.

  • Vandalismo reivindicativo.

Son varios los ejemplos. Uno de los más conocidos es el acontecido en 1914, cuando una sufragista atacó con un hacha el cuadro de Velázquez, La Venus del espejo (https://historia-arte.com/obras/venus-del-espejo ), expuesto en la National Gallery de Londres. Su bárbara acción fue una protesta por la detención de la fundadora del movimiento sufragista, que se había declarado en huelga de hambre en la prisión. El móvil, pues, era político, pero la autora del atentado declaró haber comprobado que los hombres miraban la pintura lascivamente. Un disparate.

De igual modo son auténticos disparates los realizados por los llamados activistas climáticos, cuya mayor incidencia se dio en 2022. Así, ecologistas de grupos como Just Stop Oil y Extinction Rebellion han estado utilizando tarta, sopa, pintura y pegamento para captar la atención de los visitantes de los museos, marcando el cristal que protege las obras de arte y adhiriéndose al marco o a la pared que las rodea. Según ellos, su mensaje es bien sencillo: no hay arte en un planeta muerto. Añadiría yo que tampoco el mundo mejora tirando pintura o pegamento. Ambos, por cierto, productos, que no sé si afectan al clima, pero que tienen componentes químicos que afectan a la salud de muchas personas. Ejemplos de este fanatismo han sido:

  • En noviembre de 2022, atentaron contra un coche customizado de Andy Warhol que se expone en Milán.
  • También en noviembre de 2022, dos activistas medioambientales lanzaron sopa de tomate contra Los Girasoles de Van Gogh y se pegaron a la pared en la National Gallery de Londres. Las autoras del crimen artístico señalaron que habían pasado toda la noche en el baño de su casa ensayando el disparo.
  • Igualmente, en noviembre de 2022, dos activistas de la asociación ambiental Futuro Vegetal pegaron sus manos a los marcos de los cuadros de La maja desnuda y de La maja vestida de Francisco de Goya expuestos en el Museo Nacional del Prado. Asimismo, en el muro donde están colgadas dichas pinturas, escribieron el mensaje “+1,5º” para “alertar sobre la subida de temperatura mundial que provocará un clima inestable.

Especial atención, por último, merece la sopa que otros activistas derramaron sobre la obra de La Gioconda en el Museo del Louvre. Y no por la sopa en sí, sino por la cantidad de atentados que ha sufrido esta obra. https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2024-01-28/nuevo-ataque-gioconda-mona-lisa-louvre-sopa_3819449/

“La obra más famosa de Leonardo da Vinci colecciona agresiones: en 1956 un hombre con problemas mentales lanzó una piedra contra el cuadro que rompió el cristal de protección de la obra y provocó el desprendimiento de la capa pictórica a la altura del codo izquierdo de la Monna Lisa. Esos daños, pese a la restauración, aún son visibles.

Se instaló entonces el cristal antibalas que hizo posible que la pintura no sufriera daños en otro ataque, esta vez con pintura, lanzado en 1974 por una mujer cuando el cuadro se encontraba en una exhibición en el Museo Nacional de Tokio (Japón). La agresora protestaba contra la política del museo, que dificultaba el acceso al mismo a las personas discapacitadas.

Se decidió entonces que La Gioconda no saldría del Louvre, pero ello no impidió que en 2009 una mujer de nacionalidad rusa lanzara contra el cuadro la taza que acababa de comprar en la tienda del museo en protesta por que le habían denegado la ciudadanía francesa. El lienzo no sufrió daños.”[1]

  • Vandalismo político.

No voy a hacer referencia a la cantidad de estatuas, sobre todo ecuestres, derribadas en España- de todos conocidas- o atentados diversos a monumentos de los unos contra los otros. Pero sí podemos hacer referencia a los atentados contra esculturas por los movimientos racistas, norteamericanos, como la estatua ecuestre del presidente Andrew Jackson,  presidente de Estados Unidos entre 1829 y 1837. No ha sido el único.

Manifestantes supuestamente antirracistas, derribaron varias estatuas del sacerdote español Junípero Serra, que lo único que hizo fue crear misiones evangelizadoras y educativas; o de Cristóbal Colón, sin el cual ya me dirán como iban a derribar estatua alguna en el nuevo mundo, o ¡de Cervantes! Pero también derribaron estatuas de héroes confederados. Figuras como George Washington, Ulises S. Grant o Winston Churchill sufrieron atentados en los monumentos que los recuerdan.

Ahora las calles o los monumentos o las instituciones se convierten en el escenario de lo que ahora llamaríamos “una guerra por el relato”.

En esa guerra por el relato este verano hemos visto en España otro atentado más. La eliminación de las pinturas del Palacio de la Generalidad de Cataluña.

La situación culminada este verano viene de lejos; en 2019, el entonces presidente de la Generalidad, Joaquín Torra, anunció la retirada de las Pinturas de la Historia de España que decoraban el salón San Jordi de Palacio de la Generalidad. Se trataba de pinturas realizadas entre 1926 y 1927, según el ex presidente Aragonés “Un acto de justicia y de dignidad: gracias por devolver la luz”. No sabemos a qué luz se refiere, yo le veo bastante ciego.

Eran 24 pinturas de gran formato ubicadas en las paredes laterales, y 45 obras de formato inferior ubicadas en los arcos del techo del palacio de la Generalidad que suponían un total de 860 metros cuadrados de pintura. El proyecto se justificó en la recuperación de la arquitectura de Pere Blai y su estado renacentista original, tanto en la forma como en los materiales, por lo que una vez retiradas las pinturas de 1926 y 1927 se han priorizado las labores de limpieza, consolidación y recuperación del estuco original renacentista y la restauración de la policromía renacentista.

La pura verdad, es que la arquitectura renacentista estaba en perfecto estado y las pinturas no maltrataban la arquitectura del edificio y que, como señalaron en su día los nacionalistas, la decisión de retirar los murales emana del acuerdo de una comisión presidida en 2019 por Torra y respondía a cuestiones ideológicas.

Según la Generalidad, se ha previsto la conservación de los murales en unos cilindros especiales hechos a medida y, a medio-largo plazo, estudiarán un plan de restauración de las pinturas para que puedan cederse a los museos e instituciones que estén interesados. A medio-largo plazo, a saber cómo están  las pinturas.

BIBLIOGRAFÍA

GAMBONI, Darío.- “La destrucción del arte: Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa (Arte Grandes temas)”. Ed Cátedra 2014.

MARTÍN GONZÁLEZ, J.J..- “Historia del Arte”. Ed. Gredos. 1990

Diversos artículos de prensa.

[1] La Vanguardia: https://www.lavanguardia.com/internacional/20240128/9507703/activistas-climaticos-arrojan-sopa-sobre-cuadro-mona-lisa-museo-louvre.html