MAGNICIDIOS EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA

Según el Diccionario de la RAE, magnicidio es la muerte violenta dada a persona muy importante por su cargo o poder.

Pues bien, con ese significado se suele hablar de los asesinatos de cinco de los presidentes del Gobierno de España en la Historia contemporánea. Por orden cronológico: Prim, Cánovas, Canalejas, Dato y Carrero. Cinco presidentes asesinados en poco más de un siglo, entre 1870 y 1973. A los que convendría unir otra serie de intentos frustrados de magnicidios cuyo punto en común inicial es el intento de sus autores de cambiar la historia de España de manera violenta.

Esos autores, cada uno de un pelaje, tienen una denominación común: terroristas.

El periodista Francisco Pérez Abellán en su libro “El vicio español del magnicidio”, señala:

“El magnicidio ha sido durante más de un siglo una respuesta a los deseos de cambio […] Mediante maquinación inteligente, la violencia política trata de cambiar el curso de la historia con la muerte violenta de los máximos dirigentes. Desde finales del siglo XIX y hasta muy avanzado el XX, en España la forma nueva de forzar el destino colectivo era matando a un solo hombre… Se pueden remarcar, además, cuatro características que se repiten en los cinco asesinatos: importantes fallos de seguridad que dejaron a los presidentes demasiado expuestos; ninguno de los casos fue investigado como se debería; a pesar del fracaso que suponen estos actos, ha sido común que los ministros cercanos al presidente asesinado ascendieran en vez de ser destituidos; la cuarta constante es que los asesinos fueron tildados de libertarios o revolucionarios, enmascarando con ello maniobras políticas que, al investigar, puede verse que llevaron a cabo criminales a sueldo, de perfil idéntico”.

Analicemos uno las causas y consecuencias de estos asesinatos:

JUAN PRIM I PRATS

De modo sintético podríamos decir que tras la multiplicidad de conflictos acaecidos durante el siglo XIX (que no acabarán aquí), se intentó hacer borrón y cuenta nueva en 1868 con la revolución denominada La Gloriosa y un parlamento encabezado por el general Prim, catalán de Reus, profusamente laureado en su profesión militar, tanto por su defensa de la legalidad como por unas dotes militares que le hicieron ser protagonista principal en la primera guerra carlista y en la de África. A finales de 1870 el general, y a la sazón presidente del Consejo de ministros, había conseguido el visto bueno de la cámara para que una nueva casa real se situara a la cabeza del Estado. Se trataba de la dinastía italiana de los Saboya, en la persona de Amadeo de Saboya.

Pero no todo el mundo estaba de acuerdo con el cambio de dinastía, ni con el propio hecho de que hubiera una dinastía. Cuando el futuro monarca se disponía a desembarcar en Cartagena para dirigirse a Madrid sucedió la tragedia.

Prim había tenido avisos de que podían atentar contra su persona, pero no quiso cambiar el itinerario que tradicionalmente le llevaba de las Cortes a su casa. El 27 de diciembre de 1870, bajo una intensa nevada, en la estrecha calle del turco (hoy Marqués de Cubas) esquina con Alcalá, el carricoche del presidente se vio entorpecido en su marcha y cuatro pistoleros que estaban en una taberna aledaña dispararon al General Prim. No murió al instante, pudo llegar a su casa y allí falleció tres días más tarde por una septicemia fruto de la infección de las heridas. En el centenario de su fallecimiento se realizó un estudio anatómico al cadáver y se llegó a decir que había sido estrangulado en su domicilio. Esta teoría parece descartada. Murió a consecuencia de las heridas y por las carencias de la medicina de la época.

Ahora bien, su muerte la llevaron a cabo unos embozados en una noche de perros en Madrid, se arrestaron a algunos de los asesinos materiales, pero los auténticos autores, sobre todo, los instigadores siguen sin ser identificados. Algunas investigaciones apuntaron al diputado José de Paúl y Angulo defensor de la república, al duque de Montpensier e incluso el general Serrano, ambos con pretensiones de gobernar por medio de una república dirigida por ellos. Las sospechas contra monárquicos alfonsinos y republicanos se difuminaron pronto. No así las que recaían en el diputado jerezano Paúl y Angulo, que huyó a Francia y publicó diversos panfletos defendiendo su inocencia. Hasta veinte testigos murieron en extrañas circunstancias.

De hecho, la consecuencia principal del asesinato de Prim fue la llegada de la I República. Pero también supuso el fin de una nueva dinastía y, a más largo plazo,  la restauración borbónica a pesar de los tres jamases pronunciados en su día por Prim sobre la vuelta de la dinastía Borbón a la jefatura del Estado.

ANTONIO CÁNOVAS DEL CASTILLO

Cánovas del Castillo, nacido en Málaga el 8 de febrero de 1828, murió asesinado el 8 de agosto de 1897, en el balneario de santa Águeda en Mondragón (Guipúzcoa). El anarquista italiano Angiolillo, se registró en el mismo balneario simulando ser un corresponsal del periódico italiano Il Popolo. Puso fin a la vida del político de tres disparos.

La primera oleada del terrorismo moderno fue la anarquista. Comenzó con los populistas rusos asesinando al zar Alejandro II en 1881, y siguió con los libertarios, atentando contra dirigentes europeos y americanos. Atentaban contra personalidades, pero también contra símbolos del poder, como parlamentos, óperas o procesiones. Así había ocurrido ya en España, sobre todo en Barcelona. En el caso que nos ocupa, en el momento de su arresto, el italiano expresó que ejecutó el asesinato como represalia por el arresto continuado de anarquistas en Barcelona a raíz de uno de los atentados más sangrientos de España: el de la procesión del corpus de 1896 ( los anarquistas pusieron una bomba al paso de la Procesión y mataron a 12 personas y otras muchas fueron heridas)

Antonio Cánovas del Castillo, fundador y líder del Partido Conservador, era el político más importante de España en esos momentos, además de un reputado historiador y académico. Hijo de un modesto maestro de escuela, quedó huérfano a los 15 años. Se marchó a Madrid, donde consiguió un empleo en las oficinas del ferrocarril, y estudió Derecho mientras se abría paso en el mundo del periodismo. Entre la carrera y los periódicos aún le quedó tiempo para publicar su primera novela, La campana de Huesca, y una historia sobre la decadencia de España desde Felipe III hasta Carlos II.

Pero Cánovas siempre será recordado por ser el artífice de la restauración borbónica en la figura de Alfonso XII. Cánovas había sido ministro de Gobernación en 1864 y de Ultramar y Hacienda al año siguiente, se mantuvo neutral en la revolución que expulsa a Isabel II en 1868, pero la desastrosa situación que se produce tras la caía de Amadeo de Saboya y la instabilidad política de la República entiende que la única solución viable es la vuelta de la legítima dinastía, Borbón, pero en el hijo de Isabel. Aquellos años, a pesar de haberse iniciado algunos brotes violentos sobre todo en Cataluña y los problemas de ultramar, fueron de una estabilidad política de la que España llevaba sin disfrutar mucho tiempo. La base de aquella estabilidad fue un sistema rotatorio de partidos entre liberales o progresistas y conservadores que se turnan en el gobierno mediante la inestimable ayuda del caciquismo.

Las mayores consecuencias de la muerte de Cánovas se produjeron en la política de ultramar. En cuba, ante los insurrectos, se pasó de una política de mano dura propiciada por Cánovas a la concesión de autonomía de Sagasta que sólo mostró debilidad ante unos nativos y, sobre todo, los Estados Unidos, que ya se encargaron, Maine mediante, de acabar con la presencia española en Cuba, para someter a la Isla al dominio norteamericano.

Es difícil creer que con Cánovas vivo las cosas hubieran sido diferentes por el potencial y la cercanía geográfica de USA a la isla, pero la realidad es que fue a su muerte cuando la independencia se materializó.  La pérdida de Cuba tuvo repercusión directa en la pérdida de otros territorios españoles en el Pacífico

Ya lo contamos aquí: https://algodehistoria.home.blog/2021/04/09/la-tercera-guerra-de-independencia-cubana-y-sus-consecuencias/

Cuba y toda la política de ultramar habían generado conflictos entre las clases más desfavorecidas que eran las reclutadas para defender la isla, pero también es verdad que una era de conflictos sociales se estaba fraguando. La muerte de Cánovas también frenó la estabilidad del turnismo que posteriormente reconstruyeron con menor éxito Maura y Canalejas.

JOSÉ CANALEJAS MÉNDEZ

Gallego de El Ferrol, nacido 31 de julio de 1854, se convirtió en presidente del Consejo de ministros en 1910. Fue asesinado el 12 de noviembre de 1912 por los disparos del anarquista Manuel Pardiñas Serrano.

De nuevo el terrorismo anarquista, el mismo que había atentado contra el Rey Alfonso XIII el día de su boda (31 de mayo de 1906), dejando un reguero de sangre en Madrid. De momento, el terrorismo anarquista, en poco más de una década había matado a dos jefes de Gobierno y atentado contra el Rey.

Antonio Canalejas intentó desarrollar un modelo político basado en el liberalismo social, con medidas dirigidas a unos impuestos más justos, la igualación del servicio militar o una menor influencia de la Iglesia. Se dice que su actuación política pretendía un socialismo amable, alejado de la violencia de los socialistas del momento. Sin embargo, el discurso extremo por parte del anarquismo, convirtió a Canalejas en víctima propiciatoria al igualarle políticamente con el conservador Antonio Maura o con el Rey (no debemos olvidar que Maura también fue víctima de varios atentados terroristas de los que salvó la vida de milagro).

Canalejas había hecho frente a una huelga general, a la oposición popular a la guerra en Marruecos, a la ilegalización de la CNT, al crimen de Cullera (y el posterior y polémico juicio a sus autores), a la militarización de los ferroviarios en huelga y a una furibunda campaña internacional anarquista que le tildó de liberticida.

Su asesino, Manuel Pardiñas, anarquista, buscado por la policía, se suicidó de un tiro en la cabeza o esa fue la versión oficial, porque en su autopsia se descubrió que su cabeza había varios disparos.

La muerte de Canalejas fue más importante de lo que se podía pensar en aquel momento. El Partido Liberal perdió a su líder y no logró sustituirle por ninguno mínimamente de su talla y acabó extinguiéndose. Con la muerte de Canalejas se esfumaba cualquier posibilidad de adaptar la Restauración a la España del siglo XX; la opción de establecer un sistema democrático, que en Canalejas era progresista y católico. Quería introducir en España el socialismo democrático.

Su muerte también fue el punto de partida de la conocida como crisis de la Restauración, que desencadenaría, en 1923, con el golpe de estado y dictadura del general Miguel Primo de Rivera. La muerte de Canalejas significó la decadencia de una manera de entender la política y, como él mismo temía, que se abriera una lucha entre los partidarios de los valores tradicionales y los radicales, encaminada a excluir al otro y no a la apertura de una auténtica democracia. Esa lucha desencadenó, como sabemos, en la guerra civil de 1936.

EDUARDO DATO E IRADIER

Sobre los detalles del asesinato de dato ya hablamos aquí: https://algodehistoria.home.blog/2020/03/13/el-asesinato-de-eduardo-dato/

Nuevo atentado anarquista, esta vez de anarquistas catalanes. Toda Europa vivió momentos de convulsión y violencia después de la primera Guerra Mundial. El proceso industrializador generó un movimiento obrerista mal encauzado, sumido en ideales bolcheviques. El sistema parlamentario parecía estancado en las posiciones de siempre, el socialismo no triunfaba y el anarquismo se imponía violentamente. A la violencia que el anarquismo traía consigo se unió el conocido como “pistolerismo” que se origina en el reinado de Alfonso XIII y que alcanzó su cenit entre 1917 y 1923. Ante la ola de violencia que vivía España, muchos empresarios o personas que temían por sus vidas contrataron a pistoleros o “matones a sueldo” para defenderse de los sindicalistas y/o anarquistas que atacaban sus negocios o personas. Evidentemente, violencia, genera violencia y aquello se convirtió, sobre todo, en Barcelona, en la ciudad sin ley. Desatándose una guerra entre bandas anarquistas y pistoleros.

Dato fue asesinado el 8 de marzo de 1921, en la Plaza de la Independencia. Dispararon a su coche, camino de su domicilio en la calle Lagasta esquina con Alcalá.

Los tres asesinos de Dato: Matéu, Nicoláu y Casanellas, llevaron a cabo el asesinato, convencidos de que Eduardo Dato representaba el obstáculo para la consumación del orden social que preveía el elemento sindicalista barcelonés y la Confederación Nacional de Trabajadores, de la que procedían. Fueron condenados a muerte, aunque la pena fue conmutada por cadena perpetua y dos de ellos se beneficiaron de la amnistía aprobada por la II República. El tercero, huido a Rusia, regresaría a España también con el cambio de régimen.

Pero nada podía borrar lo que había sucedido; el atentado contra Eduardo Dato no solo segó su vida, sino que sacudió todavía más la ya convulsa vida política española y, como las ondas que provoca una piedra en un estanque, sus consecuencias se dejaron sentir hasta mucho tiempo después. Así, el partido Conservador quedó aún más dividido, aunque ya se arrastraba en camarillas desde hacía tiempo. Las posibilidades de encauzar el País sobre los cimientos de la democracia, superando la muerte de Canalejas y sus consecuencias, se desvanecieron. En agosto del mismo año, el desastre de Anual determinó una inestabilidad en los siguientes gobiernos nombrados por el Rey que dieron lugar al Golpe de Estado, que Dato había intentado evitar y que se fraguó el 13 de septiembre de 1923 de la mano de Miguel Primo de Rivera. El golpe contó con el visto bueno de Alfonso XIII y de la oligarquía catalana. La dictadura duró 8 años, pero fue el principio del fin de la Monarquía. La llegada de la II República y, consiguientemente, la Guerra Civil, estaban llamando a la puerta de España.

LUIS CARRERO BLANCO

Una enorme carga explosiva detonada por la banda terrorista ETA hizo volar el coche del general Luis Carrero Blanco (Santoña 1904), presidente del Gobierno durante la dictadura de Franco, hasta el tejado de un edificio en la calle Claudio Coello de Madrid. Murieron en el acto Carrero Blanco y el conductor. Era el 20 de diciembre de 1973. La operación que condujo al magnicidio fue bautizada por ETA como Operación Ogro.

El hecho de que toda la preparación del atentado pasara desapercibida, ya fueran las diversas visitas del comando terrorista a Madrid, el alquiler de un local de la Calle Claudio Coello para facilitar las manobras o la excavación del túnel bajo la misma, creará un caldo de cultivo para teorías de diferente índole, que llegan incluso a sugerir una posible conexión del atentado con el Gobierno de Estados Unidos. La razón es que la figura de Carrero encarnaba para algunos la supervivencia del régimen tras la muerte de Franco. De hecho, este será el motivo que la banda aducirá en una entrevista a la revista alemana “Der Spiegel” para justificar el atentado. Sin embargo, como siempre en ETA, todo era mentira. La figura esencial para la llegada de la Democracia era el Rey Juan Carlos.

Existen declaraciones de testigos, amigos de la víctima como el Sr. Utrera Molina que afirman que Carrero le había manifestado que, tras la muerte de Franco, dimitiría. Carrero era un militar obediente y leal. Si el jefe de las fuerzas armadas- el Rey- le decía que no contaba con él, Carrero se iría a su casa sin hacer ruido. Así lo ha expresado el Rey en alguna ocasión.

ETA mató por desestabilizar. Siempre lo hizo en época de Franco y después, y ahora lo hacen desde el Parlamento y como socio del Gobierno.

El asesinato de carrero ha dado lugar a varios libros y películas. Por ejemplo: «Crónicas de la transición. De la muerte Carrero a la proclamación del Rey«, de Ricardo de la Cierva, y “Operación Ogro. Como y porqué ejecutaron a Carrero Blanco” de Eva Forest, ambos de 1978. Por otro lado, parte del imaginario colectivo social sobre el atentado se creó a partir del largometraje «Operación Ogro» (1979), de Gillo Pontecorvo.

Estos han sido los cinco magnicidios acontecidos en la Historia contemporánea de España. Para nuestra desgracia, el País que en el mismo lapso de tiempo ha tenido más muertes de esta naturaleza y eso sin contar los atentados fallidos, que enumeraremos a continuación:

-El 2 de febrero de 1852 contra la reina Isabel II.

-El 28 de julio de 1872 contra Amadeo I de Saboya

-El 25 de octubre de 1878 contra el Rey Alfonso XII en la calle Mayor de Madrid. El 30 de diciembre de 1879 segundo atentado contra Alfonso XII y su esposa.

-El 12 de abril de 1904 aconteció en Barcelona el primer atentado contra Antonio Maura. El 22 de julio de 1910, también en Barcelona, el segundo atentado contra Antonio Maura.

-El 31 de mayo de 1905 hubo un intento de asesinato en París del rey Alfonso XIII a la salida del Teatro de la Opera. El 31 de mayo de 1906 sucedió un atentado con bombas de mano contra Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia cuando regresaban al Palacio Real, después de la boda. Murieron una veintena de personas por el ataque.

-Un comando de ETA fue detenido en Palma de Mallorca cuando planeaban asesinar al Rey Juan Carlos I en el verano de 1995.

-José María Aznar sufrió en 1996, antes de ser presidente del Gobierno, un ataque de ETA a su coche blindado con una bomba del que salió ileso. En 2001 sufrió en 13 días 3 intentos de asesinato de la banda terrorista; el objetivo fue derribar en sendas ocasiones el avión en el que viajaba.

BIBLIOGRAFIA

DE LA CIERVA, Ricardo.  “Crónicas de la transición. De la muerte Carrero a proclamación del Rey”. Ed. Planeta. 1975.

MARCO, José María. “Una Historia patriótica de España”. Ed. Planeta. 2011

PALACIO ATARD, Vicente. “La España del Siglo XIX”. Ed. Espasa- Calpe. 1981

PÉREZ ABELLÁN, Francisco “El vicio español del magnicidio”. Ed. Planeta. 2018.

ETA

Hoy traigo al blog la historia de la banda terrorista ETA. Evidentemente de manera muy resumida, imposible hacerlo de otro modo con la extensión de una entrada de blog. Como aclaraciones previas señalaré que, 1) no cito los nombres de los etarras, salvo algún caso excepcional. El motivo es sencillo: todos eran y son lo mismo. No merecen ser destacados. 2) Siento no haber encontrado en algún lugar el listado completo con los nombres de todas las víctimas. Hay nombres aquí y allá, en alguna de las Web que nombro aparecen muchos, pero no todos.

Según cuenta el libro “Las raíces de un cáncer”, de Gaizka Fernández Soldevilla y Santiago de Pablo. Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi y Libertad) – ETA- no nació un día concreto sino en una sucesión de citas de cafetería, en un periodo algo superior al medio año durante la primera mitad de 1959. Por poner un hito fundador, más que otra cosa, los primeros miembros de ETA eligieron la fecha del 31 de julio de 1959. Era el día en el que enviaron al lehendakari en el exilio, José Antonio Aguirre, una carta en la que le comunicaban la escisión de su grupo de las juventudes del PNV. El 31 de julio era el aniversario del PNV y, aún peor, el día de San Ignacio, parecía que ETA sonaba a una filial del PNV formada por alumnos de los jesuitas con ínfulas. Y algo de verdad había, no sólo porque «unos mueven el árbol y otros recogen las nueces» que dijo Arzallus, manteniendo que había una coincidencia de objetivos entre su partido (PNV) y ETA, sino porque, además,  la influencia de la Iglesia Vasca en el origen y protección de ETA fue esencial. “ETA nació en un seminario”, el libro de Álvaro Baeza, así lo atestigua. No es el único. La historia de lo que ocurrió en estos años no deja en buen lugar a la Iglesia vasca. Muchos fueron los sacerdotes del País Vasco que ayudaron, encubrieron y aplaudieron a los terroristas.

ETA en sus orígenes nace bajo la defensa del euskera, el etnicismo, el antiespañolismo y la independencia de los territorios que, según ellos, pertenecían a Euskadi: Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra (en España), Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa (en Francia).En “Las raíces de un cáncer” se señala que la banda terrorista nació, antes que como grupo armado, como un cuento fantasioso: “Los fundadores de ETA tenían una visión muy trascendente de sí mismos”, cuenta Fernández Soldevilla, responsable de Investigación del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco. “Cuando crearon ETA juraron sobre un ejemplar de Gudari que era la publicación de los combatientes nacionalistas vascos en la Guerra Civil. Juraron que ellos iban a ser sus herederos, que iban a coger su antorcha y a conseguir lo que los gudaris no consiguieron. Se veían a sí mismos como como héroes que estaban posando ante la historia. Se veían como el Che Guevara y Fidel Castro y querían crear sus mitos desde el principio, aunque fueran un grupúsculo sin ninguna importancia”.[1]

Su origen universitario, más vinculado al carlismo que a ningún proceso revolucionario, y forjado en ambientes pseudointelectuales franceses originó en aquellos primeros militantes un afán de protagonismo heroico, que no se compadecía con la realidad a la que conducían sus actos. En los primeros años se limitan a realizar pintadas, tirar pasquines o colocar pequeños artefactos. Su primera acción violenta de entidad ( se trata de la primera acción reconocida por ETA, porque con anterioridad, según datos el Ministerio del Interior y algunas fuentes vascas la primera víctima mortal de ETA fue la niña de 18 meses María Begoña Urroz Ibarrola, alcanzada por una bomba colocada el 28 de junio de 1960 en la estación de Amara, de San Sebastián), se produce el 18 de julio de 1961: el intento fallido de descarrilamiento de un tren ocupado por voluntarios franquistas que se dirigían a San Sebastián para celebrar el Alzamiento.

En 1962, en su primera asamblea, celebrada en Bayona (Francia) se presentan como “Movimiento Revolucionario Vasco de Liberación Nacional”. Allí se autodefinen como una organización clandestina revolucionaria que defiende la lucha armada como el medio de conseguir la independencia de Euskadi. Pero la reivindicación del uso de la violencia de manera más radical se produce en la V Asamblea (1966-67). En 1968, cuando tomaron la decisión de asesinar como modo de reivindicación nacional, eligieron a dos víctimas de la policía, con fama de duros represores franquistas: José Mª Junquera, policía jefe en Bilbao y Melitón Manzanas, de San Sebastián. Eran, en su lógica, dos víctimas perfectas para sus intenciones propagandistas de lucha contra la opresión franquista. Sin embargo, no eligieron bien al asesino. Este fue Txabi Etxebarrieta, inestable y bajo los efectos de centraminas, que la víspera del atentado previsto, mató a un guardia civil de tráfico, santanderino, con novia y amigos en el país vasco, que no tenía enemigos, ni formaba parte de ningún escuadrón al que acusar de torturas. Este error, destruía la narrativa prevista y les obligó a construir un nuevo relato con el que justificar lo que no dejaba de ser un simple asesinato.

Aquellos asesinatos y otras acciones deleznables dieron origen al proceso de Burgos. Juicio sumarísimo celebrado por un tribunal militar contra 16 miembros de ETA – 2 de ellos religiosos,  que se inició en Burgos el 3 de diciembre de 1970. El Régimen pretendía dar un golpe de autoridad, que no le salió bien. En vez de haberlo planteado como un juicio penal ordinario no sólo mucho más acorde con el sentir popular nacional e internacional sino también con el imperio de la ley, lo planteó bajo el código militar creando una imagen de juicio político y de indefensión de los terroristas. Hasta la Iglesia utilizó todos sus resortes y contactos para que el caso tuviera la máxima audiencia posible, creando una pequeña revolución, como señala Pedro Ontoso, en su libro “ETA, yo te absuelvo”.

Tras una semana de juicio, la sala militar confirmó nueve condenas de muerte para seis acusados. Y más de 500 años de cárcel para el resto. Debido a las presiones internacionales (incluida la Santa Sede), el Consejo de ministros conmutó las condenas capitales por penas de cárcel.

La reacción de ETA fue incrementar sus atentados. Así entre los cometidos en los años 70 destaca por su trascendencia el asesinato del presidente del Gobierno, el Almirante Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973. En 1974, se produjo el primer atentado masivo : explosión de un artefacto en la cafetería Rolando de Madrid, con un resultado de 12 muertos y 80 heridos. La cafetería estaba situada junto a la Dirección General de Seguridad, ese fue su “pecado”, y si no hubiera sido ese, hubieran elegido cualquier otro para causar terror, su objetivo.

El debate interno sobre este atentado masivo provoca la primera escisión importante en la organización: los “milis” de ETA militar, más violentos, se desmarcan de los “polimilis” de ETA político militar. En 1982, ETA político militar se disuelve. Son los primeros arrepentidos. No hubo muchos arrepentidos más; ETA militar no lo consistió, ejemplo significativo fue la dureza con la que trató a Dolores González Cataraín “Yoyes”, la primera mujer dirigente de ETA, que abandonó la organización en 1980 por su desacuerdo con la línea dura. Fue asesinada en Ordizia, el 10 de septiembre de 1986 mientras paseaba con su hijo. Yoyes fue uno de los miembros de ETA más buscados durante los años 70, se había instalado en San Sebastián en 1985, tras 11 años de exilio en México. Ella misma vaticinó su asesinato: “Tengo la firme convicción de que mi seguridad personal no peligra por el lado de las fuerzas de seguridad españolas […] Por tanto, afirmo que la responsabilidad de mi muerte corresponde a ETA”, dejó escrito en su diario.

Toda la propaganda de lucha contra el franquismo y la dictadura se vino abajo y dejó ver la auténtica cara de ETA cuando ya muerto Franco y con la democracia en ciernes, a finales de los 70, sus atentados fueron especialmente violentos, indiscriminados y se cobraron miles de vidas. La amnistía decretada el 15 de octubre de 1977 afecta a los presos etarras encarcelados durante la dictadura franquista. De nada sirvió aquella ley para apaciguar a los asesinos. 1979 y 1980 fueron los años con mayor número de atentados y de víctimas, casi 100 cada año.

Destaca, en 1979 el atentado con bombas en dos estaciones de trenes de Madrid. Mueren ocho personas. En la década de los 80, ETA recrudece sus acciones y los atentados masivos e indiscriminados atemorizan y castigan a la sociedad española como no lo había hecho hasta entonces. El 9 marzo de 1980 hubo elecciones en Euskadi, las primeras al Parlamento autonómico, que ganaría el Partido Nacionalista Vasco. “ETA mató hasta el 20 de febrero y reanudó las actividades el 18 de marzo. Ésa fue toda su tregua. El año de más muerte de su historia fue el mismo año en que Euskadi recuperaba de manera ejecutiva su capacidad de autogobierno [2]”. En julio de 1986, 12 agentes de la Guardia Civil mueren al explosionar un coche bomba en la Plaza de la República Dominicana de Madrid. En junio de 1987, 21 inocentes ciudadanos, hombres, mujeres y niños, pierden la vida por un coche bomba que ETA instaló en el Hipercor de Barcelona, otras 45 personas sufrieron heridas de diversa consideración, muchas irreversibles y con secuelas para toda la vida. El 11 de diciembre 1987, un coche bomba con 250 kilos de explosivos hacía explosión frente a la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, dejando un balance de 11 muertos ( entre ellos 5 niños) y 40 heridos.

La llegada del Gobierno socialista condujo a la creación de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), injustificable en un estado democrático. Fue un tipo de antiterrorismo ilícito, parapolicial. Juzgado y condenado. Pero también dio lugar a que, por primera vez, el 23 de septiembre de 1984, Francia colaborara con España en la lucha contra el terrorismo, con la concesión de la extradición de tres miembros de ETA. Francia siempre fue el santuario en el que se refugió ETA. Fueron años de éxito policial a pesar de los errores.

En 1987, se da un importante paso en la lucha contra el terrorismo de ETA: se firma el Acuerdo de Madrid sobre Terrorismo o Pacto de Madrid. En el Congreso de los diputados se firma un acuerdo, el 5 de noviembre de 1987 para coordinar y poner fin a la violencia de la organización terrorista ETA. El acuerdo fue firmado por la mayoría de los grupos parlamentarios presentes en la cámara: PSOE, Alianza popular, UCD, Convergencia i Unió, PNV, Partido Demócrata Popular, Partido Liberal, PCE y Euskadiko Ezquerra. En 1988, se firmaría en Pacto de Ajuria Enea y el Pacto de navarra, en ambas comunidades autónomas, con un contenido y objetivos similares.

En 1989, ETA y el Gobierno de González intentan dialogar y acercar sus posturas en las conversaciones de Argel. Eta retomó las armas tras la ruptura del diálogo.

El 29 de marzo de 1992, pocos meses antes de la Expo’ 92 y de los Juegos Olímpicos de Barcelona, se produjo una de las mayores operaciones contra ETA. Un trabajo encomiable de la Guardia Civil en colaboración con la policía francesa logró la detención de la dirección de la banda terrorista en la localidad francesa de Bidart. Esta actuación policial provocó la mayor crisis registrada hasta entonces en el seno de la banda criminal. El golpe de Bidart obligó a ETA a recomponer su dirección, reorganizar su entramado civil y extremar las medidas de seguridad. Ante esta situación, el 11 de julio de ese mismo año, la nueva dirección de ETA propuso una nueva negociación. Pero el diálogo no se materializaría en nada y, el 21 de junio de 1993, ETA vuelve a atentar contra seis militares en Madrid.

En aquel momento, ante el descabezamiento de la cúpula etarra,  la violencia callejera de diversa intensidad se convirtió en el arma más usada por los terroristas,  los grupos de jóvenes, como Jarrai, Haika y Segi alentaron la denominada «Kale borroka» o terrorismo callejero. Causaron destrozos por las calles, amenazaron y coaccionaron a ciudadanos, políticos y profesionales de todos los estamentos. Y esta manera de actuar se exportó a movilizaciones de grupos radicales fuera del País Vasco, normalmente en Madrid y Barcelona. El declive de la Kale borroka se debió a un cambio de legislación que trató a los alteradores como terroristas y así fueron juzgados, a la lucha policial y al poco apoyo social.

Pero los actos terroristas siguieron adelante. El 29 de mayo de 1991, atentaron con un coche bomba contra cuartel de la Guardia Civil en Vic (Barcelona), en el que mueren 10 personas. En 1995, estalla un coche bomba al paso de un furgón militar en Vallecas (Madrid).
Mueren seis civiles que trabajaban para la Armada.

Además de las bombas, los etarras buscaban otras formas de presión al gobierno y por ello realizaron algunos de los secuestros y asesinatos más salvajes de la historia de la humanidad. El secuestro más largo de ETA ha sido el del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, secuestrado el 17 de enero de 1996 y liberado por la Guardia Civil el 1 de julio de 1997 tras 532 días de cautiverio. Entre los secuestros políticos se encuentra el intento, el 3 de julio de 1979, de secuestrar a Gabriel Cisneros Laborda, diputado de UCD y uno de los padres de la constitución. Intentaron secuestrarle en las puertas de su casa en Madrid; consiguió salir corriendo, pero le dispararon causándole unas heridas, que, si bien no le mataron en aquel momento, le provocaron daños cuya consecuencia fue su muerte tiempo después. El que cometió aquel intento de secuestro y asesinato fue Arnaldo Otegui, según narraba el propio Cisneros.

Asimismo, debemos recordar el secuestro de Javier Rupérez. Secretario de Relaciones Exteriores del partido UCD, el 11 de noviembre de 1979 fue secuestrado durante 31 días. Los etarras pretendían la liberación de varios presos. No lo lograron.

Pero sin duda, el secuestro político más bárbaro cometido por ETA para chantajear al gobierno aconteció el 10 de julio de 1997, al secuestrar a Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en la localidad vizcaína de Ermua. Querían que el Gobierno de Aznar cediera en su política de dispersión de etarras por diversas cárceles del España- política que había iniciado el PSOE siendo ministro de Justicia Enrique Múgica Herzog. Esta política causó gran daño a los etarras, pero le costó la vida, también asesinado, al hermano del ministro, Fernando Múgica ( 6 de febrero de 1996)-. 48 horas después de su secuestro y dado que el gobierno de Aznar no cedió al chantaje, los secuestradores y torturadores de ETA, pegaron un tiro en la nuca a Miguel Ángel Blanco que llegó al hospital en estado de muerte cerebral, y falleció el día 13 de julio.

El mismo Aznar es víctima de ETA. El 19 de abril de 1995 la banda terrorista le intentó matar haciendo estallar una bomba a su paso. Aznar salió ileso gracias al blindaje del coche que llevaba, pero Margarita González, de 69 años y ama de casa, quedó sepultada entre los escombros de su hogar, cercano al lugar de la explosión, y murió posteriormente en el hospital. La acción contra miembros del PP se había recrudecido desde su prevista llegada al Gobierno. En enero de 1995 asesinaron a Gregorio Ordoñez y en los años posteriores 12 concejales más del PP fueron asesinados. Aznar no cedió al chantaje, aunque tuvo contactos para la rendición de ETA, como habían hecho todos los gobiernos. Una rendición sin condiciones, que no se dio. Diferente fue la negociación que inició el Gobierno de Zapatero en la que dio alas a los asesinos cuando ETA ya estaba muerta por las acciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y por la entereza del pueblo español. En medio de negociación del Gobierno, que esperaba una tregua, se produjo un atentado en el aeropuerto de Barajas, en 2006 donde mueren dos personas. El 7 de marzo de 2008, era asesinado el último concejal socialista que falleció a manos de ETA, Isaías Carrasco. El 30 de julio de 2009, hizo explosión un artefacto-lapa colocado en los bajos de un coche patrulla de la Guardia Civil estacionado en las inmediaciones del Acuartelamiento del Cuerpo de Palmanova (Mallorca) y resultaron muertos los Guardias Civiles Carlos Sáenz de Tejada García y Diego Salva Lezaun, quienes serían las últimas víctimas mortales de atentados de la banda terrorista ETA en España.

Durante 42 años de crueles atentados, ETA asesinó 864 ciudadanos entre los que se encuentran civiles, políticos, miembros de la judicatura, ertzainas, policías. Ellos que pregonaban que luchaban contra la dictadura franquista, mataron a 43 personas entre 1968 y 1975, el resto de los fallecidos se produjeron en democracia. Entre los heridos han logrado ser reconocidos como afectados por gran invalidez, incapacidad permanente, incapacidad parcial o lesiones permanente un total de 1.076 víctimas. Si a eso unimos los que han tenido o tienen lesiones psicológicas, los que han visto destruido su patrimonio, los que tuvieron o tienen lesiones por secuestro el resultado se eleva a 2.123, según el informe del defensor del Pueblo de 2016. También deberíamos contar a todos los ciudadanos que por culpa de la violencia tuvieron que abandonar el País Vasco e instalarse en otros lugares de España.

Además, como señala el informe del defensor del pueblo (https://www.defensordelpueblo.es/wp-content/uploads/2016/12/VictimasETA.pdf) quedan al menos 377 asesinatos de ETA que no han sido resueltos por la Justicia, bien sea porque el delito ha prescrito, por falta de pruebas, por cuestiones burocráticas, negligencias judiciales o por la aplicación de la Ley de Amnistía de 1977.

A pesar del elevado número de víctimas, fueron muchos los éxitos policiales contra ETA; además de las muchas vidas de civiles que salvaron las fuerzas policiales, destacaremos los dos atentados frustrados contra el rey Juan Carlos. Uno de ellos con granadas preparadas cuando iba a inaugurar el museo Chillida en el País Vasco. Asimismo, en octubre de 1997, la banda terrorista intentó colocar tres maceteros con doce granadas para ser lanzadas durante la inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao. El ertzaina Txema Agirre les dio el alto, pero su valentía le costó la vida, como a tantos y tantos valientes servidores del Estado.

En el siguiente enlace del ministerio del Interior se pueden ver algunos de los grandes éxitos policiales tanto de la policía Nacional como de la Guardia civil de aquella lucha de las fuerzas del estado contra los asesinos de ETA. Y quizá más significativas sean las Web de los dos Cuerpos, que también acompaño.

https://www.interior.gob.es/opencms/pdf/prensa/balances-e-informes/2001/Actividad-Antiterrorista.pdf

https://www.policia.es/_es/tupolicia_memorial_timeline_victimas.php

https://www.guardiacivil.es/es/institucional/actividadesInstitucionales/actos/07_30.html#:~:text=Durante%2042%20a%C3%B1os%20de%20crueles,militares%20y%20210%20guardias%20civiles.

No podríamos terminar esta entrada sin señalar el porqué de que ETA se mantuviera tanto tiempo en activo. La maquinaria criminal de ETA requería de importantes cantidades de dinero para costear el material necesario para sus actividades, mantener su infraestructura y apoyar tanto a los etarras liberados como a sus miembros deportados, refugiados o huidos. Incluso para apoyar a los encarcelados, muchos de ellos con tendencias suicidas. Para ello, necesitaba 15 millones de pesetas diarios y más de 5.400 anuales, según un informe de la Ertzaintza conocido en 1996.

En sus inicios, la banda terrorista consiguió financiarse mediante: 1) atracos a entidades bancarias, técnica que fue abandonando progresivamente, 2)por la extorsión; 3) secuestros a empresarios, y 4) también iniciaron actividades “empresariales” propias con las que financiarse (ETA logró un entramado empresarial y financiero que extendía sus ramas hasta cuba, panamá, Venezuela y cabo verde. Existía una red de empresas paralelas de la Koordinadora Abertzale Socialista (KAS) que financiaba a ETA).

Los métodos de extorsión se basaban en el cobro del llamado por ETA “impuesto revolucionario”, para ello enviaban cartas amenazantes a empresarios, mayoritariamente vascos, pero no exclusivamente vascos, en las que se exigía el pago de una determinada cantidad de dinero a cambio de que su patrimonio e incluso su integridad física no corrieran peligro. Cartas que iban cifradas, de manera que si alguna se filtraba a la prensa ETA conocería al extorsionado “chivato”.  Aunque muchos amenazados denunciaron estas prácticas mafiosas, es difícil determinar cuántos realmente pagaron por salvar su vida, ante el terror psicológico impuesto por la banda terrorista, que llegó a aplicar “intereses de demora” a quienes que se retrasaban en el pago. En marzo de 2011 la banda anunciaba a los empresarios que cancelaba su extorsión, mediante una carta al presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra.

Otro medio de financiación ejercido por ETA fueron los secuestros A lo largo de su historia, ETA secuestró a 77 personas. Algunas fueron liberadas tras el pago de los rescates o gracias a la intervención de la Fuerzas de Seguridad. Otras fueron asesinadas por los terroristas. El primer secuestrado fue el cónsul alemán Eugenio Behil. En ocasiones los secuestros se sucedían, así mientras estaba secuestrado José maría Aldaya ( 342 días secuestrado), ETA secuestro a Ortega Lara, y el mismo día de la liberación de éste, la banda terrorista había puesto en libertad a Cosme Delclaux, tras 233 días de secuestro. Otros secuestros destacados por su duración fueron los del empresario Emiliano Revilla, 249 días.  Los del empresario Julio Iglesias Zamora (116 días), – no confundir con Julio Iglesias Puga, padre del cantante Julio Iglesias , que también fue secuestrado por ETA-.El empresario Luis Súñer. 91 días.  O los ingenieros Adolfo Villoslada. 85 días y Diego Prado y Colón de Carvajal. 73 días.

Entre las operaciones policiales exitosas para desmantelar el entramado financiero de ETA podemos destacar , la operación Sokoa, en 1986. En ella la policía francesa reveló que, entre 1980 y 1986,  ETA había ingresado cerca de 1.200 millones de pesetas mediante el chantaje empresarios. En 1992, la operación Easo logró desmantelar el intento de cobro de 400 millones de pesetas a una veintena de empresarios. En 1993, se detuvo en París al responsable del aparato financiero de ETA. En 1998, y 2000 se propinaron sendos golpes al entramado financiero de ETA en Iberoamérica. En mayo de 2002, se logró documentar y confirmar que las “herriko tabernas” funcionaron durante años como centros de recaudación del “impuesto revolucionario”. En 2006, la investigación de la policía francesa y española detuvo a los etarras responsables de recaudar, durante más de 20 años, el “impuesto revolucionario”.

Además, evidentemente, ETA se mantuvo tantos años en acción por el apoyo y colaboración de amplios sectores de la sociedad vasca. Entre los que se encuentra en un lugar destacado el periódico Egin, que daba los comunicados de ETA e informaba de los que la banda terrorista quería informar o desinformar.

Asimismo, existía un “brazo político”, Herri Batasuna (HB), que surgió en 1978 y se registró como partido político en 1986. En 2001, se escindió en dos: Batasuna y Aralar (tenía los mismos principios, pero rechazaba la lucha armada). En 2003 el Tribunal supremo en aplicación de la Ley de Partidos resolvió por unanimidad la ilegalización de HB, de Euskal Herritarrok y de Batasuna. En 2017, se disuelva Aralar. Surgieron otros partidos proetárras entre ellos Euskal Herria Bildu (EH Bildu) que en 2014 se inscribió como federación de partidos en el Ministerio del Interior. En 2017, se refundió para crear partido único y no una federación de partidos, Arnaldo Otegi, aquel al que Gabriel Cisneros identificaba como individuo que le disparó, fue elegido Coordinador general. Bildu se considera heredero de la ilegalizada Batasuna.

BIBLIOGRAFIA

BAEZA , Álvaro. “ETA nació en un seminario”. ABL, editor. 1995.

Espada, Arcadi. Artículo publicado en El País:

https://www1.udel.edu/leipzig/270500/elb270800.htm

FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, G Y DE PABLO, S. “Las raíces de un cáncer”. Ed Tecnos. 2024.

ONTOSO, Pedro “ETA, yo te absuelvo”. 2020. Ediciones Beta III. Milenio, S.L.

El Mundo.” La dictadura del terror”. https://www.elmundo.es/eta/historia/

Webs del Ministerio de Interior, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional y del Defensor del Pueblo

[1] Las raíces de un cáncer, de Gaizka Fernández Soldevilla y Santiago de Pablo (Tecnos)

[2] Arcadi Espada. Artículo publicado en El País. https://www1.udel.edu/leipzig/270500/elb270800.htm

FRAP

En los últimos días, por la victoria judicial que Cayetana Álvarez de Toledo ha obtenido frente a la demanda interpuesta contra ella por el padre de Pablo Iglesias, ha vuelto a nuestros oídos el nombre del grupo terrorista FRAP. Pero, ¿qué fue el FRAP?

El Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), fue una organización terrorista que surgió de las ramificaciones del PCE, desde que Carrillo postulara una política de reconciliación nacional en 1956, oficialmente aceptada en el VI Congreso del Partido Comunista de España celebrado en Praga en diciembre de 1959. Carrillo presentaba una estrategia que defendía la salida pacífica del franquismo y el pacto con sectores del régimen; ideas que fue madurando poco a poco durante la década de los 60 y que, en la de los 70, le llevaron a abrazar el eurocomunismo.

El eurocomunismo se caracterizó por rechazar el modelo político desarrollado por la URSS y, con cierto carácter práctico, acercarse a las clases medias y bajas surgidas del capitalismo y aceptar el modelo pluripartidista. Los más destacados partidos eurocomunistas fueron el italiano y el francés. En España ante la evolución de los acontecimientos de la transición, el Partido Comunista de España de Carrillo y el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) se abrazan al eurocomunismo y, precisamente, su legalización en los inicios de la transición, se debió a esta posición más conciliadora con las democracias liberales.

Sin embargo, no todos los comunistas defendían esta estrategia, lo que dio lugar a diferentes escisiones, como la del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) y el Partido de los y las Comunistas de Cataluña (PCC). Los cuales se unían así a otras ramificaciones que se habían dado con anterioridad, como fue la del Partido Comunista de España (marxista-leninista), cuyas siglas fueron: PCE (m-l), de carácter estalinista. La visión política de estos últimos era favorable a la revolución por medio de la violencia. La diferencia con los anteriores, especialmente con las otras dos escisiones señaladas (PCPE y PCC) estribaba en que para estos la violencia era una opción, normalmente manifestada en la algarada callejera, de corte totalitario, supuestamente en nombre del pueblo, pero para el PCE (m-l), la violencia era un imperativo para lograr sus fines.

En el fondo de esta discusión no había más que un conflicto entre el comunismo soviético del PCUS -abrazado en España por Santiago Carrillo- y el comunismo maoísta chino, que profesaba el PCE marxista-leninista y que defendía la lucha revolucionaria y el belicismo como máxima para instaurar su propio régimen. A partir de 1976 el maoísmo perdería fuerza en el PCE (m-l) en favor del modelo comunista y aislacionista de Albania.

Este abrazo a la violencia no era una novedad en el comunismo, no olvidemos que Trotski en 1917 había señalado en una arenga: “Os digo que las cabezas tienen que rodar, y la sangre tiene que correr (…). La fuerza de la Revolución francesa estaba en la máquina que rebajaba en una cabeza la altura de los enemigos del pueblo. Era una máquina estupenda. Debemos tener una en cada ciudad”.

 El PCE ml sigue la tradición de Robespierre, Lenin, Stalin y Trotski, que nunca se pararon en barras a la hora de liquidar a los opositores dentro y fuera del partido. El terror está en la base intelectual y el designio político del comunismo.[1]

En esto, los totalitarismos de todo signo suelen coincidir, al menos en sus manifestaciones teóricas, que desgraciadamente, también se llevan a la práctica. “La base del poder es la violencia, nunca el derecho”. Posición defendida por uno de los máximos ideólogos del nazismo, Carl Schmitt [2] y que también aplicaron los comunistas.

Esa concepción de la violencia radical y criminal que justificaban definiéndola como lucha frente al franquismo, llevó al PCE (m-l) junto con otros grupos disidentes a crear el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), como brazo armado para llevar a cabo sus actividades terroristas.  Para ellos, como ha señalado algún militante, tan enemigo era Franco como Carrillo al que consideraban un traidor.

La década de los 70 en España nació ciertamente revuelta. Franco se encontraba enfermo de Párkinson, el entonces Príncipe Juan Carlos había sido nombrado sucesor a título de Rey. Las familias del régimen se posicionaban ante lo que era evidente: la muerte de Franco en un tiempo no muy lejano. Ahí aparecen los codazos por el poder entre las facciones más duras del régimen y las que eran más partidarias de una apertura. En ese contexto, ETA cometió su primer asesinato en 1968- supuestamente, al igual que el FRAP, como lucha frente al franquismo, si bien al mayor parte de sus asesinatos ocurrieron tras la muerte de Franco-. El juicio por aquellas muertes se sustanció en el llamado proceso de Burgos, que ocasionó uno de los mayores momentos de tensión en España en mucho tiempo. Tanto que, las duras penas impuestas (penas de muerte) tuvieron que ser conmutadas por penas de prisión ante la presión ejercida desde el exterior por un número considerable de países.

Por otro lado, la sociedad  tenía un mayor conocimiento de lo que ocurría fuera de España  gracias al turismo y a la apertura en las costumbres acontecida desde los años 60, como ya contamos aquí: (https://algodehistoria.home.blog/2020/06/19/que-decada-la-de-aquel-regimen/), se generaron más conflictos sociales, sobre todo, manifestaciones estudiantiles en Madrid y Barcelona o un número muy importante de huelgas que se produjeron en 1970.

La economía parecía ajena a las crisis internacionales que ya se vislumbraban y a las luchas políticas, consolidando lo que los historiadores definen como el milagro económico español, con un país creciendo a una media superior al siete por ciento, herencia de las reformas de los tecnócratas. Reforzadas por los acuerdos con los EE. UU o la firma del Acuerdo Económico Preferencial entre el Estado Español y la CEE, en junio de 1970.

En este contexto, el 23 de enero de 1971, en París, se creó el comité que daría lugar al nacimiento de FRAP. Cuyos objetivos se mostraron en el número 1 de la revista ¡Acción!, editada el 1 de marzo de 1971. Se concretaban en 6 puntos:

  1. Derrocar la dictadura fascista y expulsar al imperialismo estadounidense de España mediante la lucha revolucionaria.
  2. Establecimiento de una República Popular y Federativa que garantice las libertades democráticas y los derechos para las minorías nacionales.
  3. Nacionalización de los bienes monopolísticos y confiscación de los bienes de la oligarquía.
  4. Profunda reforma agraria sobre la base de la confiscación de los grandes latifundios.
  5. Liquidación de los restos del imperialismo español.
  6. Fundación de un Ejército al servicio del pueblo.

Sin embargo, la constitución formal del grupo terrorista no se concretó hasta 2 años después, también en París. Julio Álvarez del Vayo, ex ministro del PSOE con Largo Caballero, durante la guerra civil, fue nombrado presidente y lo lideraría hasta su muerte en 1975. Tras la guerra civil, Julio Álvarez del Vayo se exilió en los EEUU y México. Fue expulsado del PSOE por su radicalismo procomunista. Instalado en Francia, aglutinará a diversos grupos revolucionarios. En la segunda reunión de París, se ratificaron los puntos programáticos editados en 1971 y cuya síntesis en palabras de Vayo era “destruir la dictadura de Franco y crear una República Popular y Federal a través de la lucha armada”[3].

Este grupo terrorista, cometió diversas acciones criminales en los cinco años posteriores. Las manifestaciones, las huelgas, el reparto octavillas eran consustanciales al grupo desde sus comienzos, pero, subiendo escalones de violencia, llegó al robo de armas, al lanzamiento de cócteles molotov a distintas instituciones, sobre todo, bancos, a los que también atracaban a mano armada, buscando así una forma de financiación. Motivo por el cual,  también asaltaron furgones que trasladaban dinero.

Las acciones más violentas del FRAP se inician el 1 de mayo de 1973 cuando en una manifestación en la calle Antón Martín de Madrid un grupo de policías fueron emboscados, rodeados y atacados con armas blancas, uno de ellos es asesinado a puñaladas. Se trataba del jovencísimo subinspector de la brigada político-social (tenía 21 años y estudiaba medicina, profesión a la que quería dedicarse en el futuro) Juan Antonio Fernández Gutiérrez.

José Catalán Deus, hoy periodista y entonces militante del FRAP, ha contado en numerosas entrevistas, y en su libro: “Crónica de medio siglo. Del FRAP a Podemos. Un viaje por la historia reciente con Ricardo Acero y sus compañeros”, como aquel primero de mayo fue muy complicado. “Ocurrieron cosas muy graves, hubo grandes redadas y cayó prácticamente toda la organización”[4]. Él fue detenido, estuvo preso desde julio a noviembre de 1973, posteriormente logró salir clandestinamente e instalarse en Albania, donde permanecía cuando la actividad criminal del FRAP se recrudeció en 1975.

Las víctimas del FRAP eran siempre miembros del Ejército y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado​, centrando sus ataques en Madrid, Barcelona y Valencia. Daba igual la graduación o el Cuerpo. Muchos cayeron heridos, otros muertos.  Muchas de las víctimas fueron atacadas cuando se encontraban fuera de servicio, aisladas o en labores totalmente ajenas a cuestiones policiales. Su actividad se recrudeció coincidiendo con el incremento de atentados perpetrados por ETA.

La actividad del FRAP y de otros grupos terroristas se acrecentó con la primera hospitalización de Franco en julio de 1974, los terroristas querían influir en el devenir de España ante el cambio de régimen.

Entre julio y septiembre de 1975, se produjeron los atentados del FRAP contra cuatro policías y un guardia civil, todos ellos fallecieron: Francisco Jesús Anguas Barragán; Lucio Rodríguez Martín; Antonio Pose Rodríguez, Juan Ruiz Muñoz y Diego del Río Martín. Pero como afirma Azcona, el “salto” terrorista de la formación, “no se produjo de la noche a la mañana”. “El paso de la actividad puramente dogmática o ideológica al campo del terror se fraguó en reuniones en pisos francos, con gente más proclive a la violencia, al chantaje, a la muerte”.

El 27 de septiembre de 1975, fueron condenados a muerte por estos hechos once militantes del FRAP, de los que tres fueron fusilados. Estos, junto a dos miembros de ETA, se convirtieron en los cinco últimos ejecutados del franquismo.

Como respuesta, dos días después, el FRAP atracó la pagaduría de la Residencia Sanitaria Valle de Hebrón de Barcelona. Abrieron fuego contra una pareja de Policías Armados que se encontraban allí de vigilancia. Diego del Río Martín, de 25 años falleció; su compañero, Enrique Camacho Jiménez, sobrevivió. Los terroristas se llevaron un botín de 21 millones de pesetas que empleó en seguir con sus actividades violentas.

Durante la transición, su actividad fue decayendo. Aunque no es fácil señalar cuándo acabó del todo su acción criminal, porque se teme que muchos de ellos se involucraron en otros grupos terroristas como el GRAPO. De hecho el atentado contra el hotel Corona de Aragón, el 12 de julio de 1979, donde murieron 78 personas y 113 fueron heridas, fue reivindicado, según señaló Radio Zaragoza y el periódico “El Heraldo de Aragón”, por llamadas que decían ser de  ETA, otras del FRAP y por el GRAPO. Aunque nunca se pudo resolver con certeza.

Se sospecha de algún otro atentado, como señala el periodista César Cervera en ABC  “La muerte del guardia de seguridad Jesús Argudo Cano, producida en Zaragoza el 2 de mayo de 1980, también fue atribuida al FRAP e incluso la Fundación de Víctimas del Terrorismo así lo señala en su libro ‘Víctimas del terrorismo, 1968-2004”.

Los  exmiembros del FRAP niegan más acciones porque el grupo ya estaba inactivo en esas fechas.

BIBLIOGRAFÍA

AZCONA, José Manuel, AVILÉS, Juan, y RE, Matteo. “Después del 68: la deriva terrorista en Occidente”. Ed Silex. 2019.

CERVERA, César. ABC https://www.abc.es/historia/abci-frap-organizacion-terrorista-asesino-cuatro-policias-forma-salvaje-finales-franquismo-202005312315_noticia.html

HERMIDA REVILLAS, Carlos. La oposición revolucionaria al franquismo: el Partido Comunista de España (marxista-leninista) y el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota. Universidad Complutense de Madrid.

https://www.pceml.info/actual/images/Biblioteca/HERMIDA_Laoposicinrevolucionariaalfranquismo_ElPCEmlyelFRAP.PDF

JIMÉNEZ LOSANTOS, Federico “Memoria del Comunismo”. Ed la esfera de los libros.2018.

Periodistadigital: https://www.periodistadigital.com/cultura/guia-cultural/20200602/frap-noticia-689404318338/

[1] Federico Jiménez Losantos. “Memoria del Comunismo”. Ed la esfera de los libros.2018

[2] Op. Cit.

[3] José Manuel Azcona, Juan Avilés y Matteo Re. “Después del 68: la deriva terrorista en Occidente”.Ed Silex. 2019

[4] Periodistadigital: https://www.periodistadigital.com/cultura/guia-cultural/20200602/frap-noticia-689404318338/

Los Pactos de la Moncloa

Se habla mucho estos días de los pactos de la Moncloa, Pero ¿qué fueron los pactos de la Moncloa?

Los pactos de la Moncloa fueron una serie de acuerdos económicos y políticos firmados en octubre de 1977, que permitieron salvar la dificilísima situación económica que vivía España y asentaron las bases políticas para el consenso constitucional. Económicamente, la inflación y el paro no paraban de aumentar, la inicial falta de reacción y las rigideces heredadas del modelo franquista habían agravado la crisis que se vivía a nivel internacional tras la crisis del petróleo de 1973. Pero la importancia de aquellos pactos fue el consenso cuyo alcance se extendió más allá de la economía; sirvió de base a los acuerdos políticos y sociales que llevó la estabilidad a España y, sobre todo, propició la firma de la Constitución un año después.

¿Era diferente a la situación actual?

Completamente, como señala el profesor Tamames[1]en una entrevista radiofónica, España en 1977 no tenía unas estructuras asentadas y ahora sí las tiene. Entonces había inflación, ahora no. No formábamos parte de la UE ni podíamos disponer de fondos comunitarios. No teníamos un sistema fiscal moderno, ahora sí.

La situación política por el cambio de la dictadura a la democracia provocaba una gran inestabilidad, el Ejecutivo de Adolfo Suárez gobernaba sin mayoría parlamentaria desde las elecciones de junio del mismo año 1977, las huelgas acontecidas durante 1976, las manifestaciones pidiendo amnistía y autonomía, sin olvidar los altercados provocados por la extrema derecha, sobre todo, con las algaradas creadas por los guerrilleros de Cristo Rey y las amenazas de golpe de Estado,  que provocaban en toda la población, políticos incluidos, un miedo enorme al fracaso y a volver a una dictadura; aunque el mayor terror provenía de los grupos terroristas:  Terra Lliure en Cataluña, Grapo y, sobre todo, por los atentados de ETA que realizaba atentados todas las semanas, creando, además, gran indignación social.

Aquella España por el contrario, tenían una ventaja: entonces todos los partidos políticos querían colaborar, a pesar de las reticencias previas del propio Suarez o del PSOE con relación al PCE o de Alianza Popular que firmó el pacto económico pero no el político; incluso así, las ganas de colaborar entre partidos eran mucho mayores que las actuales. Los partidos nacionalistas no eran traidores a España. Suarez, como Presidente del Gobierno y Fuentes Quintana como Vicepresidente para Asuntos Económicos, llamaron, pactaron, cedieron y lograron negociar con todos los miembros de la oposición, no dejaban pasar los días sin llamar a la oposición para explicarle sus medidas, sino que siempre buscaron el consenso y lo lograron de todos los grupos parlamentarios (PSOE, PCE, Alianza Popular, nacionalistas catalanes y vascos). Hubo un momento de tensión y de colapso en el mes de agosto. En aquel momento Suarez habló con Felipe González para desbloquear la situación y el Rey Juan Carlos animó a todos los partidos a continuar…, y se lograron los el acuerdos que fueron firmados por Suárez, Felipe González (PSOE), Manuel Fraga ( AP)-sólo el acuerdo económico-, Leopoldo Calvo Sotelo (UCD), Miquel Roca (CIU)Santiago Carrillo (PCE), Enrique Tierno Galván (PSP), Joan Reventós (PSC), Josep Maria Triginer (Federación Catalana del PSOE) y Juan Ajuriaguerra (PNV).Asimismo, los acuerdos se extendieron a organizaciones empresariales y sindicatos y fueron ratificados por el Congreso.

Para lograr ese consenso, Fuentes Quintana sentó las bases con un documento previo  “Acuerdo sobre el Programa de Saneamiento y Reforma de la Economía” que acabó dando como fruto numerosas medidas de reforma estructural hacia una economía de mercado.

Los pactos tuvieron unos objetivos ambiciosos, siendo dos los fundamentales: reducir la inflación mejorando el deteriorado equilibrio exterior y articular un programa de reformas para repartir con equidad los costes de la crisis. Para lograr el primero, además de devaluar fuertemente la peseta, se diseñaron nuevas políticas de moderación monetaria y de gasto público, incluyendo la Seguridad Social, hasta entonces escasamente controlada. Igualmente, se logró el compromiso de diseñar un programa energético para racionalizar el consumo, al tiempo que se acometía la liberalización del sector financiero. Para avanzar en el segundo objetivo, los firmantes se comprometieron a apoyar una reforma fiscal y un nuevo marco de relaciones laborales que derivaron en una fuerte subida salarial, bajo la previsión de la inflación prevista y no la pasada, con el objetivo de que los salarios no aumenten más de un 22% como promedio en 1978 respecto a 1977, esto suponía un gran sacrificio para la clase trabajadora, pero la izquierda lo  aceptó porque, si bien eso suponía un año de falta de mejora de las condiciones de los sectores menos favorecidos, podría mejorar en años sucesivos, como así fue. Contra el paro se presentan una serie de normas que permiten la contratación temporal, sobre todo, de jóvenes que no habían accedido nunca a un puesto de trabajo.

Los efectos de los Pactos de la Moncloa son positivos en algunos sentidos y menos en otros: la inflación acaba el año en el 26,4% contra las previsiones del 80% y cerrará 1978 en el 16%, las reservas de divisas duplican hasta alcanzar os 10.000 millones de pesetas a finales de ese añoy las cuentas de las empresas empiezan a mejorar y emprenden el camino hacia los beneficios. Asimismo, lograron recuperar el equilibrio de la balanza por cuenta corriente. Las reformas a largo plazo tardan algo más en discutirse, especialmente algunas medidas fiscales y la liberación del mercado eléctrico.

Como contrapartida a esos ajustes, la oposición obligó al Ejecutivo a comprometerse a impulsar un segundo paquete de medidas sociales en el sistema educativo, la función de los sindicatos o las modificaciones de las restricciones en materia de libertad de prensa, eliminar las restricciones en las libertades de asociación, reunión y manifestación, se tomaron medidas para la igualdad de la mujer…

 Si ahora tenemos una Constitución, un sistema democrático y unas estructuras estatales que funciona se las debemos a aquel espíritu de la transición, aquel consenso, que se materializó, por primera vez, en los Pactos de la Moncloa.

BIBLIOGRAFÍA

Entrevista a Ramón Tamames.

https://www.cope.es/programas/la-tarde/audios/tarde-06-04-2020-1700-1800-horas-20200406_1067629

Raymond Carr y Juan Pablo Fusi- España de la dictadura a la democracia. Ed. Planeta 1979.

Raymond Carr España: 1808-2008: 3ª edición actualizada. ED. Ariel. Colección Ariel Historia.

 

[1]Ramón Tamames, además de catedrático de economía era militante del partido Comunista y uno de los asesores del PCE en aquellos pactos.