LAS HORCAS CAUDINAS

El otro día oyendo una de esas tertulias televisivas, un todólogo que hablaba con absoluta seguridad en sí mismo, dejando patente su gran conocimiento de mundo, de la historia y de la vida en sus más amplios aspectos, dijo, en dos ocasiones, que temía que llegaran las “hordas caudinas” (sic).

El contexto de la tertulia no viene al caso. Lo que nos importa es el aspecto histórico. Es seguro que no existieron nunca las “hordas caudinas”. Si eran hordas, no eran caudinas y si eran caudinas eran horcas nunca hordas.

Las hordas como ya vimos en este blog, tuvieron su origen en Mongolia

https://algodehistoria.home.blog/2019/12/13/hordas/

En cambio, la batalla de las Horcas Caudinas es un acontecimiento histórico que aconteció en el 321 A.C.  en la conquista romana de los pueblos del sur de la península itálica. Se trata de una batalla en la segunda guerra romano- samnita, en la que los romanos fueron derrotados; lo que se recordó siempre en la Historia de Roma con gran dolor.

Los samnitas eran un pueblo que se situaba al sur de la península itálica. Si consideramos que la península tiene forma de bota, y nos imaginamos que la calzamos con un botín que suba ligeramente por encima del tobillo, en el borde superior de ese botín estaría el territorio de los samnitas; que haciendo una curva descendente ocuparía todo el territorio peninsular del Adriático al Tirreno, estando la zona más elevada encima del tacón de la bota. La batalla se produjo a la altura de la actual ciudad de Foggia, pero más al centro de la península. El sendero de no más de un kilómetro de largo discurre entre los montes Tifata y Taburno, en los Apeninos y entre las actuales localidades de Arpaia y Montesarchio. El nombre de Horcas Caudinas se debe a la proximidad de la ciudad de Caudio.

La victoria se produjo gracias a un engaño ideado por los samnitas para doblegar al poderoso ejército romano. Las legiones romanas dirigidas por Espurio Postumio Albino y Tito Veturio Calvino se encaminaron al sur; engañados por unos pastores, que resultaron ser soldados samnitas disfrazados, tomaron el camino que les obligaba a pasar por el desfiladero de las Horcas Caudinas en los Apeninos. Los samnitas, conocedores del terreno, habían taponado el final del desfiladero con piedras. Tras adentrarse en el estrecho hueco entre montañas y verse bloqueados en su final, los romanos intentaron desandar el camino, pero al otro lado les esperaba el ejercito samnita. Les encerraran, sin agua ni alimentos, entre aquellas montañas y, cuando se rindieron, les obligaron a salir sin corazas ni armas y a pasar por una especie de arco bajo o yugo formado por dos lanzas verticales y una horizontal. Es decir, los romanos debieron bajar la cabeza y agacharse para salir de las horcas.

La humillación fue terrible, más allá de los territorios perdidos y de pactar una tregua de cinco años. El senado romano en señal de duelo prohibió los casamientos y fiestas durante un año y los senadores se despojaron de sus túnicas púrpuras.

La venganza romana vino en forma de victoria en el 316 A.C. Consiguieron dominar la capital del territorio Samnita (Lucena) y rescatar las armas, estandartes y rehenes perdidos en la batalla de las Horcas Caudinas.

De aquella derrota viene la expresión pasar bajo el yugo o pasar por las horcas caudinas, que significa tener que aceptar sin remedio una situación humillante y deshonrosa o una gran derrota.

Esa es la diferencia histórica de la llegada de las hordas a pasar por las Horcas Caudinas. Es la misma distancia que hay de Gengis Kan a Cayo Poncio (caudillo samnita y vencedor de la batalla de las Horcas Caudinas).

BIBLIOGRAFIA

KOVALIOV, Serguéi Ivanovic. “Historia de Roma”. Ed. Akal. 1982.

Atlas Histórico Mundial. Ed. ITSMO. 1982

Hordas

Según el diccionario de la RAE el término “horda” tiene dos acepciones:

1.- Comunidad de salvajes nómadas.

2.- Grupo de gente que obra sin disciplina y con violencia.

Todos hemos oído o leído en los medios eso de “se concentraron hordas de violentos…” últimamente parece que la expresión se nos hace más cercana ante la presencia de grupos de individuos violentos y descontrolados en algunas de nuestras calles; pero, históricamente, ¿de dónde viene esa expresión?

Si seguimos con el diccionario de la RAE nos indica que la palabra horda proviene del francés “horde”y éste del mongol “orda”en relación también con el turco “ordu”(campamento militar).

Viajemos, pues, a la historia de Mongolia para ver si allí encontramos algún dato histórico que nos aclare que eran históricamente hablando esas “ordas” que devienen en nuestras “hordas”.

Debemos situarnos en la Prehistoria para encontrar los primeros rastros, con la dificultad que todo acontecimiento prehistórico tiene en cuanto a la comprobación de sus hechos. Se suele asociar el término horda “orda” a unas organizaciones sociales en las regiones propias de Mongolia, China o la parte más oriental de Rusia. Por las pinturas rupestres encontradas en la zona parece que se trataba de grupos de individuos que, en número reducido, unos veinte, se organizaban conjuntamente para lograr mayor eficacia en la caza o en la autodefensa. Estas agrupaciones respondían a la ley del más fuerte, sin normas organizativas de mayor nivel. Estas hordas determinaron la creación de tribus según su afinidad, siempre en torno al más fuerte.

Con la llegada de la agricultura, los asentamientos humanos se fueron generalizando y la búsqueda de refugio, también. Se cree que estas hordas tenían cobijos colectivos, de ahí que en las zonas de los tártaros- incluyendo a todos los túrquicos- se denominara horda a una especie de campamento.

Posiblemente, de esa conjunción de grupos nómadas dominados por la fuerza de sus componentes y la acepción como campamento provenga el término “orda”- Horda- como división territorial del imperio mongol en la era de Gengis Kan durante el siglo XIII. Aquel imperio abarcó un territorio que va desde la península de Corea hasta el Danubio. En la actualidad las regiones ocupadas serían China, Mesopotamia, Persia, Europa oriental, Rusia, India y algunas de las nuevas naciones nacidas de la descomposición de la URSS.

La formación del imperio se debió a la preeminencia de la tribu de Temuyin (que se cambió el nombre por el de Gengis Kan- unas fuentes lo traducen como emperador de un océano; otras, como emperador del cielo-) proclamado “Gran Kan”. Se enfrentó a las tribus vecinas llegando a dominarlas. Su secreto se basaba en un ejército temible, nómada, bien organizado y dotado de algunas innovaciones técnicas que lo hicieron invencible, sobre todo, por una y sorprendente táctica: el espionaje. Nunca atacaba sin conocer bien al enemigo. Este sistema fue empleado con gran éxito por sus descendientes, especialmente por Bacú, su nieto, en la conquista de Europa. Además, sembraban el terror por donde quiera que iban debido a la ferocidad de sus ataques y a las torturas a las que sometían a sus enemigos. Como curiosidad, señalar que una de sus tácticas consistía en atacar con flechas en las que iban trozos del cuerpo de los muertos por la peste, para contagiar a sus enemigos.

En aquel vasto imperio se cree que existía un pigmentado código direccional para señalar los puntos cardinales: el negro era el norte; el azul representaba el este, el rojo el sur, el blanco el oeste y el amarillo (o dorado) el centro. Esas coloridas denominaciones unidas a la palabra “horda” nombraban las regiones del imperio mongol y, sobre todo, las zonas de reparto del imperio entre los hijos del emperador.

A la muerte de Gengis Kan (1162-1227), el imperio se dividió entre sus cuatro hijos:

  • Debido al fallecimiento de su hijo mayor y heredero de la horda de oro o dorada, dividió la misma entre sus nietos: a Batú, le concedió la horda azul (este), más allá del Volga, estableciendo la capital en la ciudad de Sarai (cerca de la actual Astracán, al borde del mar Caspio), y a Orda Kan, le nombró, emperador de la horda Blanca (oeste), Asia central y suroeste de Siberia. La capital estaba en el actual Kazajistan.

Batú fue el encargado de conquistar Europa. Saqueó todas las ciudades que encontró a su paso, llegando a Polonia, Bohemia y Hungría, alcanzando el Danubio y la costa del Adriático. Aunque estuvo en las puertas de Viena, no entró, por la muerte de Ogodei (tercer hijo de Gengis Kan) y la necesidad de volver a Mongolia a hacerse el territorio de su tío y el de su hermano y así reconstruir bajo su mando la horda dorada. Esto salvó de la invasión, saqueo y terror mongol a Europa central y occidental.

  • Al segundo de los hijos de Gengis Kan, Chagatai, señor de la horda de bronce o roja, le correspondió Asia central entre los ríos Amú –Daria y Sir-Daria y los territorios del Turquestán hasta los montes Atai (desde el Mar Caspio hasta las fronteras de China, India y Pakistán). Su nieto Kaidu, se enfrentó con su primo Kublai Kan (hijo del más pequeño de los hijos de Gengis Kan), por el dominio de China y de toda la horda roja. Kublai derrotó a su primo y dominó y sometió toda China, siendo su primer emperador, iniciando la dinastía Yuan y estableciendo la capital en el actual Pekín. Intentó la conquista de Japón y llegó a las fronteras de Birmania, invadió Vietnam, aunque no lo conquistó, y se asomó a Java.
  • Al tercer hijo, Ogodei, le correspondió la horda negra, parte de Siberia, Mongolia oriental y China meridional, llegó hasta Corea y sometió a su rey a vasallaje. Colaboró con su sobrino Batú Kan en la conquista de Europa y no terminó sus enfrentamientos con China hasta que fue conquistada por su sobrino Kublai Kan.
  • El menor de los hijos, Tolui, colaboró con su hermano, Ogodei, en la Administración de Mongolia. A él le había correspondido el éste de Mongolia y partes de Persia. Fueron sus hijos: Mongke, muy especialmente Hulagu y el gran Kublai los que expandieron la horda por la conquista completa de Persia, dominaron el califato Abasida, entraron en Siria y Palestina camino de Egipto. Recordamos que, Klubai, estaba llamado a otras grandes conquistas como hemos visto.

Las hordas mongolas dominaron el mundo, por la inteligencia y estrategia de el gran Gengis kan y de alguno de sus descendientes, pero, sobre todo, por el miedo que provocaban en sus enemigos y en la población conquistada, sometida a su crueldad. No es de extrañar que el recuerdo de aquellas “ordas” haya determinado que el término “horda” tenga siempre connotaciones negativas por su violencia y virulencia.