El Eurocomunismo

Sabemos que el comunismo desde Marx ha sufrido diversas transformaciones, casi siempre unidas a ciertos fracasos. Una de esas transformaciones fue el llamado eurocomunismo.

Se conoce como “ eurocomunismo” a la ideología que se inserta en los partidos comunistas de Europa occidental, sobre todo, a partir de la invasión de Checoslovaquia por parte de las fuerzas del Pacto de Varsovia en 1968, poniendo fin a lo que se llamó “comunismo de rostro humano” o “ Primavera de Praga”, originada por la teoría de Brézhnev de la “soberanía limitada” ( aunque la teoría es realmente originaria de Suslov). La doctrina Brézhnev o “doctrina de la soberanía limitada” marcó la política exterior de la Unión Soviética en un intento de evitar la democratización o independencia en países socialistas, mediante la intervención militar.  Tal doctrina consideraba el bloque del Este como un todo en el que los países de la Europa oriental no eran independientes. «La URSS no puede ser, ni será jamás, indiferente al destino de la edificación del socialismo en otros países hermanos; tampoco lo será con relación a la causa del socialismo mundial». Trataba así de justificar una intervención del Pacto de Varsovia en cualquier país del bloque oriental que se alejara de los dictados de ”Moscú» y se acercara al capitalismo de Estados Unidos (Seguro que más de un lector se ha acordado de Putin y la intervención en Ucrania).

Esa acción de invasión de Checoslovaquia fue condenada en el oeste europeo, lo que fuerza, de algún modo, a los partidos comunistas del mundo occidental a pronunciarse ante sus respectivas sociedades, sobre la condena o no del sometimiento de los derechos ciudadanos checoslovacos, pisoteados por los tanques soviéticos. Esa situación obliga a los partidos comunistas más importantes de occidente, italiano y francés, a condenar la invasión; explícitamente, los primeros y, con ciertos matices, los segundos.

Son, por lo tanto, los secretarios generales de los partidos comunistas de Francia e Italia, Marchais y Berlinguer, quienes dan consistencia política al eurocomunismo; añadiéndoseles inmediatamente, Santiago Carrillo. Hay que estimar, por lo dicho, que el Eurocomunismo estará siempre unido a esas tres figuras:  Marchais, Berlinguer y Carrillo. Más en los dos segundos que en el primero, que siempre fue más renuente a condenar el comunismo ortodoxo soviético.

Es obvio, sin embargo, que, si bien el concepto eurocomunismo irá ligado a las personas citadas, incluso una de ellas, Santiago Carrillo, escribió un libro bajo ese título- Eurocomunismo-. Éste no es nada más que un proceso ideológico evolutivo, que, partiendo del marxismo, pretende llegar al poder, prescindiendo del Leninismo. Fue una búsqueda de encontrar un camino que compaginara la vía marxista con las democracias occidentales durante el último cuarto del S. XX.  Un camino que diese luz a la crisis de los principios que habían sido básicos en los marxistas clásicos, fundamentado en que la transformación de la sociedad capitalista, debía revisar los tres pilares clásicos: revolución a escala mundial, vanguardia de los países desarrollados y extensión rápida del proceso revolucionario una vez iniciado.

Esta línea de pensamiento no nace de las cabezas de aquellos hombres que tenían responsabilidades representativas en los partidos comunistas occidentales, sino en las cabezas de los intelectuales marxistas/comunistas que, viviendo en el mundo occidental, se dan cuenta de que hay que casar la libertad del mundo en el que viven con la dictadura del proletariado, y que esa libertad en el mundo occidental comporta dos elementos esenciales: “pluralismo” y “elecciones”. Son los grandes teóricos del marxismo occidental: Gramsci,  Althusser, Aragón…, quienes poniendo al día sus ideas marxistas, determinaron, en primer lugar, la separación del leninismo al comprobar que su expansión por occidente no se producía, como habrían creído con anterioridad, y que la resistencia en los países del Éste, era evidente. Con lo que, en segundo término, sentenciaron que la sociedad no se volvería comunista por la vía revolucionaria sino por un medio estrictamente electoral, respetando, en principio, el pluralismo de sus respectivas sociedades. Lo que veían aquellos teóricos era que para Marx la sociedad comunista alcanzaría sus últimos estadios en la conjunción de los logros de sus etapas previas: idea materialista de la Historia, lucha de clases, dictadura del proletariado, sociedad comunista en la que el Estado desaparece. Lenin, por su parte, admite las tres primeras etapas, pero no se pronuncia respecto de la cuarta, pues la considera tan lejana, y a la sociedad tan falta de condiciones para vivir sin Estado, que la ignora. La tercera, la dictadura del proletariado, la entiende como una acción revolucionaria, en la que el proletariado ejerce su acción no como una clase, sino a través de una vanguardia, la formada por el “partido comunista” stricto sensu, que implantado en el Estado (en Rusia), será el faro universal para el desarrollo de la revolución mundial. Es esa vanguardia quien garantiza que no habrá traición a la revolución, es la que asegura la prepotencia del Estado sobre sus enemigos posteriores. Es quien preservará la ortodoxia del propio marxismo, frente a quien pretende alterarlo.

Esas ideas leninistas, aumentadas y elevadas por Stalin, condujeron a una de las mayores dictaduras del Mundo, al imperialismo soviético, y a la añoranza del mismo que ahora sufrimos.

Las posiciones eurocomunistas, primero ideológicas, para pasar a fundamentos de realidad política, consideraron que el momento propicio para lograr su triunfo sería en los años 70 del siglo XX. El eurocomunismo no se presenta como una táctica tras la cual esconder una sustancia inmutable y una inalterada relación con la Unión Soviética; tampoco fue simplemente un proceso de social-democratización de los partidos comunistas de Francia, España e Italia. El eurocomunismo surgió en medio de una crisis general, primero, como hemos señalado por la resistencia de los ciudadanos del Éste a las políticas soviéticas y, después, en occidente con la crisis económica de los años 70, el relentizamiento económico, la crisis energética y la creciente inflación que rompió el equilibrio económico y político creado por Bretton Woods. Los eurocomunistas creían llegado el momento de alcanzar un régimen marxista a través de una revolución democrática, proponiendo una trasformación de la sociedad basada en la “modificación cualitativa de las relaciones entre el consentimiento y la coacción”, como señaló Gramsci. Se trataba de dar una alternativa a las exigencias de las clases trabajadoras sin tener que agotar la vía parlamentaria democrática, utilizando el descontento por la crisis general de las sociedades para lograr un Estado equitativo en el que cada uno tuviera “según sus capacidades y reciba según sus necesidades”

Que esas aspiraciones estuvieran animadas por los partidos comunistas italiano, español y, en menor medida, francés, es lógico si se piensa en las circunstancias históricas de sus respectivos países. Así, en Italia, el llamado “compromiso histórico”, es decir, la convergencia del Partido Comunista italiano y la Democracia Cristiana para una acción de gobierno común estuvo a punto de producirse en plenitud. Se intentaba conseguir el máximo consenso posible en torno a las instituciones democráticas y a través de una política reformista, evitando tentaciones de autoritarismo.

Este compromiso histórico se realizó parcialmente mediante el apoyo externo del PCI al gobierno democristiano de Giulio Andreotti en 1978 y acabó (1980) con el asesinato de Aldo Moro, uno de sus mayores defensores.

Realmente, durante los años 70, el avance electoral del Partido Comunista había sido espectacular, tanto que logró acercarse, por primera vez en su historia, a la mayoría relativa de los votos, pudiendo, por fin, aspirar a gobernar el país en torno a los comicios de 1975 y 1976.

El PCI apostaba por una política de trasformación de la sociedad, por una renegociación de las bases sociales y una nueva orientación socialmente equitativa. El PCI se ponía en la primera línea como alternativa política, lo que casi los lleva al poder si no llega a ser por la formación del “Pentapartito”, compuesto por los democristianos de Giulio Andreotti y el Partido Socialista Italiano (PSI), el Partido Socialista Democrático, el Partido Liberal y el Partido Republicano. En el fondo la sombra del viejo comunismo era alargada.

Contemporáneamente en Francia, la situación era parecida: el movimiento de mayo de 1968 contribuyó a la decadencia del golismo, que aceleró irrevocablemente la muerte del propio General De Gaulle. La elección de Valery Giscard d’Estaing como presidente y el nombramiento de Jacques Chirac como jefe del Gobierno no fueron suficientes para detener la crisis: el nuevo ejecutivo, caracterizado por el nacionalismo populista-golista, se enfrentaba a una grave crisis y a un avance significativo de los partidos de izquierda. Las huelgas generales y la organización de varias movilizaciones demostraban la existencia de un malestar generalizado y un fuerte deseo ciudadano de cambio. Mientras tanto, el Partido Socialista elegía a su nuevo líder, François Mitterrand, buscando una posible alianza entre las fuerzas de izquierda; la idea parecía ser secundada por el secretario del PCF, Georges Marcháis. El consentimiento alrededor de este acercamiento lo certificó el buen resultado electoral que las izquierdas alcanzaron en 1974, tanto que Mitterrand estuvo a punto de vencer en las elecciones presidenciales: la convergencia entre socialistas y comunistas se presentaba como una posibilidad concreta que contaba con el apoyo de ambas militancias. Si bien, la embajada soviética en París, se mostró encantada de la derrota final de Mitterrand por cuanto el francés criticaba abiertamente al comunismo y resultaba un enemigo muy hábil en su estrategia de reequilibrio de la izquierda.

En esta actitud de colaboración con los socialistas, el PCF abandonó el concepto de dictadura del proletariado y una parte del partido se acerco a los postulados del partido Comunista italiano. Pero esto era más aparente que real, pues el PCF internacionalmente se mantuvo fiel a Moscú y, en 1979, Georges Marchais apoyó la invasión de Afganistán.

En las elecciones de 1981, Marchais criticó el «giro a la derecha» del PS. Pero Mitterrand obtuvo 25% de los votos y sólo el 15% fue para Marchais. Para la segunda vuelta, el PCF exhortó a sus partidarios a votar por Mitterrand, que fue elegido presidente. En aquel primer gobierno de Mitterrand los comunistas tuvieron asiento en el Consejo de ministros.

En España, la situación se presentaba más complicada, la muerte de Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975, hizo precipitar el proceso de liquidación del franquismo y la creación de nuevas condiciones políticas, económicas y sociales. Las fuerzas de izquierda, independientemente de su capacidad política, querían asumir un nuevo papel en un estado renovado, favoreciendo la alternativa democrática, potenciada hacia el socialismo. La despenalización del PCE hizo volver a Carrillo y concederle un papel esencial en la vida pública.

Este breve análisis de las condiciones socio-políticas de estos tres países de la Europa meridional, muestra cómo estaban en marcha procesos de crisis y deseos de cambio que, pese a su natural diferencia, revelaban algunos elementos en común: en primer lugar, en los tres países no se aspiraba a un simple cambio de gobierno o a una política reformada: al contrario, se trataba de un deseo concreto de cambio, de una exigencia de ampliación y profundización de la democracia, tanto en las esferas políticas como de la producción. En segundo lugar, las fuerzas políticas, sindicales y culturales que luchaban por la realización del socialismo contaban con el apoyo no sólo de la mayoría de los trabajadores, sino también de otros núcleos sociales. Esta realidad, que parecía más evidente en Italia y Francia, iba preparándose también en España. La presencia de un amplio sector de izquierda deseoso de cambios en general, hacía posible que en estos tres países se plantease concretamente la alternativa democrática-socialista. En tercer lugar, el eje político comunista-socialista constituía en los tres países la columna vertebral del bloque político y social de la izquierda. Sin embargo, el equilibro interno entre comunistas y socialistas era diferente en cada país: en Italia, el eje se inclinaba netamente del lado comunista en todos los aspectos, tanto que el PCI eclipsaba al partido socialista. En Francia la situación se mostraba más complicada en cuanto que, si era efectiva la preeminencia del lado socialista en el plano electoral, el partido comunista se distinguía desde el punto de vista de la organización e implementación en la clase obrera. En España, la situación aún no se presentaba clara, aunque parecía poder asemejarse más bien al caso francés. La coincidencia temporal, la simultaneidad en la exigencia de cambio y la contigüidad geográfica hicieron que las influencias entre ellos fueran apreciables y el deseo de operar conjuntamente también.

Sin embargo, este producto comunista se puede considerar fracasado porque electoralmente nunca alcanzó las cuotas deseadas. La creciente dificultad para compaginar la filosofía de la historia que constituye el hilo conductor del marxismo clásico con los acontecimientos de la lucha de clases del S.XX, hacía caer en tremendas contradicciones a los eurocomunistas; la evidencia que el llamado socialismo real no era más que otra forma de totalitarismo, restaba apoyos. Así, en el caso de España, el PCE fue barrido por el PSOE en todas las elecciones a las que se presentó. En las elecciones del 15 de junio de 1977, el PCE descubrió tener una notable extensión, pero un corto porcentaje de votos. Llenaba plazas de toros, estadios, polideportivos abarrotados por multitudes, pero no llenaba las urnas. Para el Partico Comunista, los resultados de 1977, que dieron la victoria a UCD (con 34,7% de los votos) fueron muy decepcionantes, ya que el partido obtuvo un 9,24%, muy por debajo de sus expectativas y del PSOE (29,2% de los votos).

A esas causas internas se unieron otras externas, sobre todo, de la propia URSS, la invasión de Afganistán, las guerras en Indochina- tras la derrota del imperialismo norteamericano- que llevó a regímenes tan horrorosos como los de Camboya, Vietnam del Norte, Corea del Norte; las crisis de los países del Éste; el mantenimiento de las posiciones leninistas en el movimiento obrero manifestadas en la OIT, y la situación francesa e italiana que tampoco alcanzaron el éxito, colocó a estos partidos en una posición de fragilidad y debilidad, contribuyendo a su declive.

De aquella época y aquellos miedos, procede la retirada del término “marxista” de los partidos socialistas” y del término “ leninista” de los partidos comunistas.

La caída del muro de Berlín y la descomposición de la URSS dejó ver las costuras del comunismo que, carente de ideología práctica ha buscado otras formas de acercarse a la sociedad- muchas de ellas pagadas por Rusia y China (poderosas dictaduras comunistas)- basadas en el ecologismo, el populismo, el wokismo,  nacionalismo y todo tipo de conceptos que en muchos casos son completamente disparatados, con la única finalidad de arrancar las raíces de Occidente y provocar una crisis, no ya económica sino de identidad de la sociedad, que permita, en ese mundo inestable, alcanzar el poder a los nuevos comunistas disfrazados de seda, y, por supuesto, no perderlo nunca más.

BIBLIOGRAFÍA

CARRILLO. S. –“Eurocomunismo, socialismo en libertad escritos sobre eurocomunismo” Ed. Forma. 1977.

DONOFRIO, A.- “ El final del Eurocomunismo y el Partido comunista de España (PCE)”. Universidad de Salamanca. 2013.

DONOFRIO, A .- “El Eurocomunismo, ¿Producto de la crisis económica y política de los setenta?” Revista de Estudios Políticos. 2014.

GRAMSCI. A .-Gramsci y el P.C.I.: entrevista con Norberto Bobbio, en el libro AA. VV.: Gramsci y el Eurocomunismo. Editorial Materiales. 1978.

PARAMIO, L.- “El Eurocomunismo en la Historia del Movimiento Obrero”.- En el libro “Ideologías y movimientos políticos contemporáneos”. Ed ministerio de Educación y Ciencia. Secretaría de Estado de Universidades e Investigación. 1981.

P.S. Felices vacaciones. Hasta septembre.

HOLODOMOR

La muerte de Lenin cuando aún no se había cerrado por completo la institucionalización de la nueva rusia (URSS) provocó una serie de tensiones de cara a su sucesión. Será Stalin el que se consolide en el poder abriendo uno de los momentos de mayor terror en la dictadura soviética. El gobierno de Stalin abarcó desde 1922 hasta 1953, año de su muerte.

Fue una etapa de contrastes, entre la industrialización y el crecimiento económico- tampoco era difícil dado el nivel previo de postración económica- y el terror, que se manifestó en diversas purgas contra todos aquellos que se opusieran a su voluntad: opositores o población general.

Si ya Lenin había acabado con todo aquel que se opuso a su Revolución del 17, Stalin dio la puntilla a cualquier atisbo de contestación. No hubo sector de la sociedad que no sufriera persecución. Primero fue contra los campesinos y, posteriormente, contra los políticos que no gozaban de su confianza o le hacían sombra.

Hoy vamos a hablar de los primeros- los campesinos- pero dejaré un breve esbozo de la persecución política, para comprender la opresión a la que fueron sometidos los rusos durante aquella era del terror.

En el ámbito político, en 1934 empieza la represión conocida como “gran purga”. Este sanguinario periodo se inicia con el asesinato de Kirov, amigo de Stalin y miembro del politburó. Con amigos como Stalin, no hacía falta enemigos.

Durante este periodo, cientos de miles de miembros del partido Comunista soviético, socialistas, anarquistas y opositores a Stalin- reales o imaginarios- fueron perseguidos. Se realizaron juicios públicos (en 1936, “el proceso de los 16” y el año siguiente, conocido como año negro, “el proceso de los 17”, dirigido a perseguir fundamentalmente a Trotski y sus seguidores. En 1938, se produce el “proceso de los 21”, contra los que consideraban derechistas, entre los que seguían incluyendo a Trotski y también a traidores de todo orden: purgas entre los políticos, el ejército, el politburó, el Komitern e incluso entre los refugiados (antes de la firma del pacto Ribbentrop- Mólotov, la URSS ya colaboraba con la Gestapo para entregarles a comunistas alemanes, austriacos, o judíos de esas nacionalidades, refugiados en la URSS​). Se envió a cientos de miles de personas a campos de concentración (Gulag) y muchos fueron ejecutados.

Aclaremos que los gulags eran campos de concentración con trabajos forzados que contribuyeron a mejorar la economía del estado soviético a costa de los derechos humanos de los presos.

https://algodehistoria.home.blog/2020/11/06/pacto-ribbentrop-molotov/

La gran mayoría de estas detenciones fueron llevadas a cabo por el Comisariado del Pueblo para asuntos internos, también conocido como NKVD, dirigido sucesivamente por Iagoda, Ejov, y Beria. Más de 6 millones de personas sufrieron las persecuciones.

Pero antes que las purgas políticas, se produjeron los acontecimientos que dan título a esta entrada, la represión hacia los campesinos, o quizá fuera mejor hablar del genocidio cometido contra los campesinos de Ucrania, Kazajistán, el norte del Cáucaso, la región del Volga y Siberia occidental. De entre ellos, los ucranianos fueron perseguidos con gran saña, y todo por negarse al proceso de colectivización y a perder sus propiedades.

Realmente, las hambrunas campesinas se habían iniciado con Lenin en el poder. La sequía, las requisas y las subidas de impuestos habían creado una situación insostenible de hambre y miseria en el campo soviético que se extendió a las ciudades. Consecuencia de ello fue el aumento indiscriminado de suicidios entre los campesinos sobre todo ucranianos como solución a su penuria. Cuanta más hambre pasaban, menos se quejaban por falta de fuerzas, lo que fue constatado por Lenin que decidió no tomar ninguna solución. Al contrario, consideraba que el hambre era la forma más eficaz de acabar con la idea de Dios- el opio del pueblo- y que la Iglesia se derrumbaría igualmente. Sin embargo, Gorki y algunos otros, como Tijón y Trotski, lograron crear “ el comité social de lucha contra el hambre” en el que con ayuda precisamente de la Iglesia, de la Cruz Roja y de otras instituciones extranjeras intentaron paliar los efectos de las hambrunas. Se cree que salvaron a 25 millones de personas, pero la venganza de Lenin no se hizo esperar, disolvió el Comité y desterró a sus organizadores. Asimismo, saqueó todos los bienes de la Iglesia.

Los problemas productivos en la URSS no terminaron con la llegada de Stalin- aunque fue capaz, con el tiempo, de mejorar mucho la situación productiva y la industria-, pero la gran tragedia iba incorporada a su método de progreso.

Tras el primer plan quinquenal, Stalin y su gobierno habían proyectado los procesos de colectivización de la producción agrícola. Las zonas en las que la agricultura era esencial, con pequeños o medianos propietarios, entre otros, Georgia, Kazajistan o Ucrania. Resultando estas dos últimas especialmente afectadas.

Ha sido Ucrania, hoy sometida a una terrible guerra por la ambición de Putin, la que más ha demandado aquellos hechos como gran tragedia nacional. Como un auténtico genocidio. De ahí que se suela conocer aquellos hechos como “holodomor” (literalmente, en ucraniano, “muerte por hambruna”) que tuvo lugar entre 1932 y 1933 y que causó millones de muertos.

Aunque la historiografía ha dado cifras diversas sobre el número de fallecidos, actualmente tras el estudio llevado a cabo por Anne Applebaum y publicado en 2021 en su libro “Hambruna roja: la Guerra de Stalin contra Ucrania” , es mayoritariamente aceptado el dato de que fallecieron de hambre algo más de 4 millones de personas en Ucrania a lo que hay que unir dos millones más de muertos en Kazajistán, el norte del Cáucaso, la región del Volga y Siberia occidental. En Kazajistán se sometió a los pastores nómadas, para que abandonaran la ganadería extensiva tradicional y se sedentarizaran, creando granjas ganaderas intensivas. Le costó la vida a un millón de personas (proporcionalmente muchas más víctimas que en Ucrania u otros lugares, dada la escasa población de Kazajstán).

Como la misma Applebaum señala en la introducción de su libro: “La desastrosa decisión de la Unión Soviética de forzar a los campesinos a renunciar a sus tierras y a unirse a las granjas colectivas; el desahucio de los ‘kulaks’, los campesinos ricos, de sus hogares; el caos que siguió; todas estas políticas, en última instancia responsabilidad de Josef Stalin, secretario general del Partido Comunista Soviético, habían conducido al país al límite del hambre”.

Evidentemente, no es el primer estudio historiográfico que se ocupa del tema, pero mientras sobrevivió la URSS, los historiadores que investigaron en Occidente sobre las hambrunas fueron desacreditados. Durante muchos años la izquierda europea quería apoyar el proyecto soviético, lo necesitaba e incluso la URSS les pagaba o engañaba para que contaran la versión soviética. A modo de ejemplo, el antiguo primer ministro de Francia y líder del Partido Radical, Édouard Herriot, viajó a Ucrania en 1933 para conocer de primera mano la situación, pero lógicamente las autoridades soviéticas le hicieron visitar granjas donde había comida en abundancia. Sorprendido por el resultado de la visita, sus palabras fueron: «¡Pues bien, afirmo que he visto al país como un jardín a pleno rendimiento!». Gran Bretaña, Estados Unidos y la Sociedad de Naciones adoptaron la misma postura que Francia. Necesitaban a la URSS en el bando aliado. Tan sólo unos periodistas italianos y curiosamente alguno soviético hicieron lo posible por denunciar los hechos. Los italianos tuvieron que esperar a la muerte de Mussolini, pues el pacto entre Hitler y Rusia, también le hacía sentir al dictador italiano favorable a Stalin. El soviético, Vasili Grossman, tenía ascendencia judía y fue corresponsal de guerra del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial. Pero incapaz de justificar las barbaridades las denunció en cuanto le fue posible hacerlo. En su libro “Todo fluye”, Grossman se pregunta: “¿Quién firmó aquel asesinato en masa? Una orden así no la había firmado nunca el zar, ni los tártaros, ni los ocupantes alemanes. Una orden que decía: matar de hambre a los campesinos de Ucrania, del Don, de Kuban, matarlos a ellos y a sus hijos”.

Como hemos dicho, todo empezó tras el primer plan quinquenal, el cual tenía como objetivo levantar la industria pesada soviética a costa de la venta de la cosecha de trigo y de una importante reforma agraria. Para esto se forzó a las zonas agrícolas a realizar los cambios establecidos desde Moscú, especialmente la colectivización de las propiedades de las granjas, que pasaban de los campesinos al Estado.

Este proceso generó un fuerte conflicto entre los kulaks y el sistema soviético. “Kulak” es una palabra rusa cuya primera acepción es “puño”, pero que se usaba para designar a los campesinos acomodados. No a los terratenientes aristócratas, propietarios absentistas, sino al campesino arraigado en una aldea al que su capacidad y afán de trabajo le habían permitido tener algo más de tierras que la media, contratar algún bracero, poseer mejores aperos, etc. Los comunistas nunca los habían visto con simpatía y desde 1929 se lanzaron a una feroz campaña para liquidarlos. Pero no fueron los únicos con problemas, otros granjeros de menor entidad también considerados como “enemigos de clase”. Ilia Ehrenburg, historiador pro soviético, ha escrito que “ninguno de ellos era culpable de nada, pero pertenecía a una clase que era culpable de todo». Una siniestra lógica de la lucha de clases se usó para justificar que dos millones de “kulaks” fueran deportados a Siberia y Asia Central a partir de 1930.

Curiosamente, 1931 fue un año de una excelente cosecha, pero la requisa que se hizo del grano empezó a provocar hambre en las zonas agrícolas, afianzada en los años siguientes. El control estatal de las cosechas lo único que consiguió fue la disminución de la producción al acabar con los campesinos más emprendedores.

En apenas unos meses, a comienzos de la primavera de 1932, los campesinos comenzaron a morir de hambre. Algunos documentos encontrados por Applebaum (hay que recordar que Ucrania, antes de la actual guerra, ya había abierto sus archivos oficiales para que se pudieran estudiar estos acontecimientos) pone ejemplos espeluznantes, sobre familias comiendo hierba, cortezas de árboles, casos de canibalismo (ahora que las películas sobre accidentes aéreos nos traen ejemplos de lo mismo, deberían los cineastas acordarse de los campesinos en la URSS), migraciones masivas para encontrar algo que echarse a la boca y de cadáveres a la intemperie en las calles de Odessa porque nadie tenía fuerzas para enterrarlos.

Los propios campesinos ucranianos en la primavera de 1932 se dirigieron por carta al “ padrecito Stalin” en estos términos:

«Honorable camarada Stalin, ¿hay alguna ley del Gobierno soviético que establezca que los aldeanos deban pasar hambre? ¿Porque nosotros, los trabajadores de las granjas colectivas, no hemos tenido una rebanada de pan en nuestra granja desde el 1 de enero? ¿Cómo vamos a construir la economía del pueblo socialista si estamos condenados a morir de hambre? ¿Para qué caímos en el frente de batalla? ¿Para pasar hambre? ¿Para ver a nuestros hijos sufrir y morir de inanición?».

Lejos de socorrer a los hambrientos campesinos, Stalin aprobó, el 7 de agosto de 1932, la conocida como “Ley de las tres espigas”, que imponía penas durísimas en el gulag para aquellos que robasen cualquier propiedad estatal, lo que en la práctica incluía a aquellos que reservaban un poco de comida para el consumo personal. Tomó la decisión de endurecer las condiciones en Ucrania, bloqueando las fronteras de la región, para que la gente no pudiera salir y creando unas brigadas, formadas por el ejército y miembros del NKVD, que iban de casa en casa confiscando la comida de los campesinos.

A pesar de aquellas medidas, los robos fruto de la desesperación fueron tan elevados que las autoridades crearon tribunales para dictar penas de muerte a los saqueadores. Se ejecutó a 5.400, campesinos y fueron trasladados, después de someterlos a horribles torturas – como si el hambre no fuera bastante-, a los gulags de Siberia unos 125.000.

Esta obsesión de Stalin con los campesinos ucranianos se debía al miedo que tenía a la contrarrevolución. No se le había olvidado el papel esencial que los campesinos ucranianos habían tenido en la guerra civil de 1918-1921. Temía al nacionalismo ucraniano y que eso desestabilizara a la frágil unidad de las repúblicas soviéticas. De ahí que su programa colectivizador tuviera una doble finalidad: por una parte, pretendía eliminar físicamente a los campesinos que se resistían a las colectivizaciones forzosas de sus tierras, y, por otra, reprimir cualquier síntoma de rebrote del nacionalismo ucraniano que se definía como proeuropeo y anti moscovita (es decir, anti soviético).

Se conserva una carta de Stalin en la que decía “hoy en día, la principal cuestión es Ucrania, ya que el Partido, el Estado y los órganos de la policía política de la república están infestados de agentes nacionalistas y espías polacos, por lo que corremos el riesgo de perder Ucrania, una Ucrania que es necesario transformar en una fortaleza bolchevique”. Así pues, las decisiones estalinistas estaban encaminadas a eliminar a esos enemigos “nacionalistas y burgueses” que acechaban en cada rincón.

La situación se hizo tan clamorosamente injusta, que, aunque se intentó ocultar, el conocimiento del genocidio se extendía por la URSS. La segunda mujer de Stalin, pidió conocer la situación de primera mano. Los ucranianos le contaron como el hambre les ardía en las entrañas, como el hambre, en un primer momento, les hacía salir a buscar comida, pero la ausencia de alimento, les obligaba a regresar a casa. Sin fuerzas y sin esperanza, se tumbaban en la cama, y ya no se podían mover hasta que morían. También le contaron las detenciones, las torturas y los fusilamientos arbitrarios ordenados por el ejército. Tras ver la espeluznante situación pidió a su marido que reconsiderase su política en Ucrania.

Aquella visión, unida a los rumores continuos de infidelidad de Stalin, la llevaron al suicidio.

A inicios de 1934, el “holodomor” finalizó en toda Ucrania, Kazajastán y el norte del Cáucaso. El resultado fue que alrededor 7 millones de personas murieron de inanición en las zonas perseguidas, y hasta un total de 40 millones de seres humanos en toda la Unión Soviética se vieron afectadas por la hambruna. Para muchos historiadores, el “holodomor” que tuvo lugar entre 1932 y 1934, fue el mayor crimen cometido en época de Stalin y de toda la historia de la Unión Soviética, constituyendo una de las mayores tragedias humanitarias del siglo XX.

Es innegable que los fantasmas soviéticos siguen presentes en la rusia actual, sea contra Ucrania, sea contra los opositores políticos.

 

BIBLIOGRAFÍA

APPLEBAUM, Anne, “Hambruna Roja: La Guerra de Stalin Contra Ucrania”. Ed Debate. 2021.

GROSSMAN, Vasili.- “Todo fluye”. Galaxia Gutenberg. (reeditado en 2023).

 

 

 

 

 

12 discursos trascendentes para la Historia Contemporánea

Muchos de los discursos de la Historia de la humanidad fueron esenciales para ganar una guerra o para motivar a un auditorio o para pedir explicaciones morales a un dirigente.

Qué sería de la historia de la oratoria, pero, sobre todo, de la Historia  de la Humanidad sin la oración fúnebre de Pericles recordando al mundo que la felicidad se basa en la libertad, y la libertad en el coraje; o sin Cicerón advirtiendo a Catalina que la paciencia de Roma se agotaba; o sin los grandes discursos de Churchill, sobre todo, los tres realizados en torno a la “batalla de Francia” y que fueron el símbolo de la resistencia heroica británica frente a Alemania al inicio de La II Guerra Mundial; o el más que famoso, reconocido que uno de los mejores discursos de la humanidad, “ I have a dream” de Martin Luther King,  esencial para entender la lucha por los derechos civiles.

Muchas son las líneas expositivas sobre los discursos claves para la Historia, pero me voy a centrar en aquellos discursos esenciales para naciones del orbe occidental realizados por sus Jefes de Estado en la Historia Contemporánea- entendida en el sentido continental, no al modo de las escuelas anglosajonas-. Algunos nos gustarán más; otros, menos; pero no estamos comentando su contenido ni su excelencia oratoria, sino su trascendencia Histórica para bien o para mal. Evidentemente, son todos los que están, pero no están todos los que son.

1.- Thomas Jefferson. 4 de marzo de 1801, primer discurso inaugural.

La trascendencia del mismo se resume en que su contenido expresa la esencia de la democracia liberal. Muestra los ideales de la Ilustración, puestos en práctica tras lo que Palmer llamó las revoluciones atlánticas (EE. UU a un lado del mar; Francia, en la otra orilla)

Ya en 1776, Jefferson había formado parte del comité que elaborarían la declaración de Independencia de EE. UU: John Adams, Benjamín Franklin, Robert R. Livingston y Roger Sherman. La redacción final correspondió a Jefferson.

En 1779 siendo Gobernador de Virginia, centró su acción en abolir los privilegios de la primogenitura, en establecer la libertad religiosa y de culto (no hay que olvidar el origen de las 13 colonias tras la huida de los puritanos de Gran Bretaña por las persecuciones religiosas allí acontecidas) y en lograr la difusión general de la educación. En 1801, fue elegido presidente. En su discurso inaugural señala los grandes principios de su mandato y que marcan el devenir democrático de Estados Unidos:

[El Gobierno adecuado debe] dejar libres a los hombres para que regulen sus propios objetivos industriales y de desarrollo, y no quite a los trabajadores el pan que han ganado…los principios esenciales de nuestro Gobierno…justicia igual y exacta para todos los hombres, de cualquier estado o convicción, religiosa o política; la paz, el comercio y amistad honesta con todas las naciones, sin enredarnos en alianzas con ninguna; el apoyo de los gobiernos de los estados en todos sus derechos…; la preservación del Gobierno General en su vigor constitucional, como la tabla de salvación de nuestra paz en el país y la seguridad en el extranjero; un celoso cuidado del derecho de elección por el pueblo; una corrección suave y segura de los abusos que son podados por la espada de la revolución cuando son desprovistos los recursos pacíficos; aquiescencia absoluta en las decisiones de la mayoría [Previamente había señalado que: aunque la voluntad de la mayoría prevalecerá en todos los casos, para ser legítima esa voluntad debe ser razonable… que la minoría posee igualmente sus derechos, que una equitativa ley debe proteger, y cuya violación será considerada opresión], el principio vital de las repúblicas, de la que no cabe recurso a la fuerza, el principio inmediato, vital y primario del despotismo… la supremacía de la autoridad civil sobre la militar; economía en el gasto público, donde el trabajo no puede ser cargado a la ligera; el pago honesto de nuestras deudas y preservación sagrada de la fe pública; fomento de la agricultura y del comercio como su sierva; la difusión de la información y la comparecencia por todos los abusos al albur de la razón pública; la libertad de religión; la libertad de prensa y la libertad de un individuo bajo la protección del habeas corpus y el juicio por jurados seleccionados con imparcialidad. Estos principios forman la brillante constelación que nos ha precedido y guiado nuestros pasos a través de la era de la revolución y la reforma. La sabiduría de nuestros sabios y la sangre de nuestros héroes ha sido dedicada a su consecución. Deben ser el credo de nuestra fe política, el texto de la instrucción cívica, la piedra de toque por la cual probar los servicios de aquellos en quienes confiamos; y debiendo vigilarles en los momentos de error o de alarma, apresurémosles a volver sobre nuestros pasos y recuperar el camino que solo conduce a la paz, la libertad y la seguridad.”

2.- Lincoln- 14 de noviembre de 1863.

Gettysburg fue una sangrienta batalla que duró tres días, murieron 50.000 hombres y tuvo la trascendencia de ser un punto de inflexión en la guerra civil norteamericana. Materialmente fue una derrota muy dura para el sur, por la pérdida de hombres y de recursos, y por ser una derrota devastadora en el plano moral. Después de Gettysburg las esperanzas de reconocimiento de la Confederación se desvanecieron.

En ese momento, dónde la victoria parecía estar más cerca, el presidente Lincoln realiza en Gettysburg, en el mismo lugar de la batalla, uno de sus más famosos discursos en defensa de los valores históricos, ya proclamados por Jefferson y en contra de la esclavitud. En sólo 300 palabras, Lincoln especificaba todo lo que los padres fundadores habían querido para su nación, para la lucha por la libertad e igualdad de todos. Decía: “Hace 87 años nuestros padres crearon en este continente una Nación. Concebida bajo el signo de la libertad, configurada con la premisa de que todos los hombres nacen iguales… Ahora, estamos librando una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier otra nación dedicada al mismo principio, puede perdurar en el tiempo… El mundo apenas advertirá y no recordará por mucho tiempo lo que aquí se diga, mas no olvidará jamás lo que ellos [los combatientes en Gettysburg] han hecho. Nos corresponde a los que estamos vivos completar su obra inconclusa y que tan noblemente han adelantado aquellos que aquí combatieron. Nos corresponde ocuparnos de la gran tarea que nos espera. Quienes han perecido no lo han hecho en vano…Que esta nación, bajo la guía de Dios, vea renacer la libertad y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la Tierra”.

3.- Lenin 1917

Llega la revolución soviética y Lenin, gran orador, explica desde Moscú, en 1917, y en uno de sus discursos más representativos “¿Qué es el poder soviético?”, aboga por el fin del capitalismo y el alzamiento de la clase obrera que llegará al poder de la mano de los soviets. Dice así:

“Mientras la tierra siga siendo de propiedad privada el Estado gobernará siempre, incluso en la República más democrática y más libre, por medio de una pequeña minoría integrada por capitalistas y ricos a los oprimidos…por primera vez en el mundo el poder del Estado es de los obreros y campesinos trabajadores, excluyendo a los explotadores, construyendo organizaciones de masas, los soviets, a los que transfiere todo el poder. Es por eso que, el poder soviético, cualesquiera que sean las persecuciones a las que sean objeto los partidos comunistas de los distintos países, triunfará en todo el mundo de modo ineludible e inevitable en un futuro próximo. Permite a los oprimidos de ayer, la posibilidad de elevarse y tomar en sus manos toda la gobernación del Estado, toda la administración de la economía, toda la dirección de la producción… por eso es un camino seguro e invencible”. La Revolución de octubre estaba en marcha.

 4.- Hitler. Discurso ante el Parlamento el 13 de julio de 1934.

Debemos reconocer que Hitler tenía una habilidad especial para convencer a las masas con su oratoria lo que unido a la crisis que atravesaba Alemania y una serie de carambolas políticas, le llevaron al poder. Sus discursos importantes son numerosos, pero hemos elegido el pronunciado ante el Parlamento el 13 de julio de 1934. El motivo de esta elección es que marca su ascenso al poder omnímodo en Alemania y, con ello, la cuenta atrás para el inicio de la II Guerra Mundial.

La crisis de 1929 dio lugar a que nazis y comunistas alcanzaran buenos resultados en las elecciones alemanas de 1930. Aunque ambos tenían en su programa acabar con la democracia, los partidos moderados de la República de Weimar fueron incapaces de detener su ascenso, especialmente el nazi, y a pesar de ser conscientes de que nada bueno podían traer, pactaron con ellos en la absurda creencia de que podían controlarlos. En las elecciones de julio de 1932, los nazis se convirtieron en el partido con más escaños en el Reichstag. Su forma de entender el poder era el ejercicio de la violencia, es decir, el terror.

Entre sus muchos actos violentos, hay que destacar “la noche de los cuchillos largos” (la del 30 de junio a 1 de julio de 1934). En ella, Hitler, atentó contra los dirigentes de una organización paramilitar nazi (Sturmabteilung) (SA) pues temía que le arrebataran el poder. La mayor parte de los asesinatos los llevaron a cabo las SS (Schutzstaffel) y la Gestapo.  Acusado de estos crímenes y de tomarse la justicia por su mano en vez de confiar en la justicia ordinaria, Hitler se dirige al Parlamento (Reichstag), demostrando con sus palabras que todo el poder era suyo, aunque, formalmente, no lo adquirió hasta la muerte del presidente de la república en agosto de 1934. En aquel discurso, estableció quienes serían sus enemigos; los cuales, en su dialéctica, eran los enemigos del pueblo y del Estado alemán:

“…La mayoría de los trabajadores alemanes han superado ya esta postura destinada a hacer felices a esos judíos internacionalistas. El Estado nacionalsocialista hará en su interior, si fuera necesario, una guerra de cientos de años para acabar con los últimos restos de este veneno del pueblo … Por ello, cuando por fin, legitimados por la confianza de nuestro pueblo, tomamos la responsabilidad de la lucha de catorce años, no lo hicimos para dejar sueltos nuestros instintos y llevarlos a un caos, sino únicamente para fundar un nuevo y mejor orden…

Si alguien me acusa de no arreglar las cosas a base de un juicio reglamentario, únicamente les puedo decir que en esos momentos era yo el responsable de la nación alemana y por tanto juez en nombre de ella. Las acciones revolucionarias han sido siempre combatidas con decisión. Solamente un Estado no actuó así en la guerra y este Estado por ello mismo se derrumbó: Alemania…La nación ha de saber que la propia existencia – que debe ser garantizada por el orden y la seguridad interior – no puede ser amenazada por nadie sin que por ello reciba el justo castigo. Y todos han de saber para el futuro que el que levante la mano contra el Estado encontrará en la muerte su castigo.

El propio pueblo sería culpable si no acabara con esos sujetos. Si me culpan en el sentido de que únicamente un juicio celebrado normalmente hubiera podido dar el resultado apetecido de culpabilidad y resolver el problema, protesto airadamente. ¡El que se levante contra la Alemania es traidor a su patria! Y el que se levanta contra su propia patria no ha de ser juzgado por la importancia de su delito sino por el hecho en sí…Estas veinticuatro horas … el destino me volvió a demostrar que tengo inconmoviblemente a mi lado lo que es más valioso para mí: el pueblo y el Reich alemán”.

 5.- Charles de Gaulle. 18 de junio de 1940.

En junio de 1940, la línea Maginot, se revela como un juguete en manos de los nazis, que avanzan, en la guerra relámpago sin piedad y casi sin esfuerzo, a la conquista de Francia. Una Francia derrotada, que se muestra abúlica ante un destino que lejos de combatir precipita Pétain al solicitar el armisticio y dar lugar al gobierno colaboracionista de Vichy. La deshorna es total, salvo por una voz que se mantiene firme a través de la BBC, es el general Charles de Gaulle:

“¿Se ha dicho la última palabra? ¿La esperanza debe desaparecer? ¿La derrota es definitiva?” Él mismo responde: ¡“No”!

Creedme a mí que os hablo con conocimiento de causa y os digo que nada está perdido para Francia. Los mismos medios que nos han vencido pueden traer un día la victoria. ¡Porque Francia no está sola! ¡No está sola! ¡No está sola! Tiene un vasto imperio tras ella… Esta guerra no está limitada al desdichado territorio de nuestro país. Esta guerra no ha quedado decidida por la batalla de Francia. Esta guerra es una guerra mundial. Todas las faltas, todos los retrasos, todos los padecimientos no impiden que existan, en el universo, todos los medios para aplastar un día a nuestros enemigos. Fulminados hoy por la fuerza mecánica, podemos vencer en el futuro por una fuerza mecánica superior: va en ello el destino del mundo. Yo, general De Gaulle, actualmente en Londres, invito a los oficiales y soldados franceses que se encuentren o pasen a encontrase en territorio británico, con sus armas o sin ellas, invito a los ingenieros y a los obreros especialistas de las industrias de armamento que se encuentren o pasen a encontrarse en territorio británico, a poner se en contacto conmigo. Ocurra lo que ocurra la llama de la resistencia francesa no debe apagarse y no se apagará”.  Efectivamente, este discurso creó la Francia libre y la Resistencia.

 6.- Stalin. Noviembre de 1941.

Tras el colaboracionismo con los nazis (pacto Ribbentrop-Molotov)

( https://algodehistoria.home.blog/2020/11/06/pacto-ribbentrop-molotov/), vino el intento de Hitler de invadir Rusia. Cuando las tropas nazis estaban “a las puertas de Moscú y Stalingrado” y el Ejército Rojo no era capaz de frenar el ímpetu alemán, Stalin decidió hablar a sus militares. No era un gran orador, pero aquí acude a la épica para motivar a los suyos:

“El diablo no es tan terrible como se hace ver”, dijo. “No es difícil ver que los alemanes están frente a un desastre. El hambre y la pobreza reinan en Alemania. En cuatro meses de guerra han perdido cuatro millones y medio de soldados. Alemania está sangrando, su poder se debilita… No hay duda de que Alemania no puede mantener ese esfuerzo durante mucho tiempo. Dentro de varios meses, quizá en año y medio, el peso de sus crímenes caerá sobre ellos (…). El mundo os ve como una fuerza capaz de destruir a las hordas alemanas. El pueblo europeo, esclavizado por los alemanes, os mira como sus salvadores. Una gran misión ha caído sobre ustedes. Sean dignos de esta misión. La guerra que luchan es de liberación (…) ¡Que el gran legado de Lenin vuele sobre sus cabezas! ¡Destrucción total sobre los invasores alemanes!”. Su paso hacia los aliados se había iniciado; el signo de la guerra se modificaba.

7.- Jorge VI. Discurso de la victoria.

Discursos de la Victoria hubo muchos y todos trascendentes. Hemos elegido el de Jorge VI por dos razones: 1) conocemos el discurso de la declaración de guerra por la famosa película, “El discurso del Rey”, pero sabemos que los discursos trascendentes para Gran Bretaña fueron los de Churchill. Sin embargo, Jorge VI llegó a convertirse en una figura esencial para la motivación de los británicos durante la Segunda Guerra Mundial, y en el gran apoyo de Churchill y éste del rey. Ambos lograron una gran sintonía mutua, lo que ayudó enormemente a la labor británica en la guerra. 2) Jorge VI fue el último emperador de la India. La II Guerra Mundial mostró la labor de todo un imperio al servicio de su majestad con el fin de derrotar a tan fieros enemigos. Pero, la victoria trajo consigo la independencia de las antiguas colonias y el fin del Imperio británico tal y como se conocía hasta entonces. Pero en el momento de la victoria la Unidad parecía indefinida:

“Hoy damos gracias a Dios por un gran acontecimiento…os pido que os unáis a mí en este acto de acción de gracias. Alemania, que arrastró a la guerra a Europa entera, ha sido finalmente vencida. En el Lejano Oriente aún tenemos que combatir contra los japoneses que son decididos y crueles adversarios…

… todo estaba en juego: nuestra libertad, nuestra independencia y nuestra propia vida o existencia como nación; pero también sabíamos que, al defendernos, defendíamos la libertad de todo el mundo, que nuestra causa no sólo era la de la nación ni la de su Imperio y comunidad de naciones, sino la del mundo entero, la de todas aquellas tierras donde se ama la libertad y ésta va acompañada por el respeto a la ley.

La Reina y yo nos damos perfecta cuenta de las penalidades que ha sufrido el pueblo inglés en toda la comunidad británica y en su Imperio. Nos sentimos orgullosos de vosotros…“

 8.- Kennedy, discurso inaugural 1962.

John Fitzgerald Kennedy fue el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, y el primer católico en alcanzar este puesto, lo cual ya era un hito en sí mismo. Pero además fue el presidente que cambió la imagen electoral al dar importancia a la telegenia y al márquetin. Desde su candidatura, las campañas electorales se modificaron en todo el mundo.  Pero Kennedy, había estudiado en Harvard, no todo era impostada telegenia, era un tipo brillante y en su mandato realizó muchos e importantes discursos. Destacamos el realizado el 20 de enero de 1961, día de su investidura. Llevaba meses preparándolo y, sin embargo, su duración sigue siendo la más corta de la Historia de los discursos inaugurales de USA, tan sólo 14 minutos. Nada fue improvisado, en la víspera de la ceremonia se reunió con los directivos de la cadena CBS para preparar hasta el último detalle y, como todo lo bien preparado, dio sensación de naturalidad.

Pero la trascendencia, estaba en que en esos 14 minutos expresa las líneas esenciales de lo que será su mandato. Lo que reforzará posteriormente en otros grandes discursos: Iba a dirigir un gran país, pero un país que podía ser aún mejor. Para ello, se adelanta a algunos problemas como la defensa de los derechos civiles o un programa de la “Nueva Frontera”,  que marcaba un desarrollo económico de obras civiles y también militares que acabaron confluyendo en la llegada del hombre a la luna, que él vaticinó en otro gran discurso  el 25 de mayo de 1961 en el Senado para solicitar un aumento de fondos para el programa que permitiese llevar al hombre a la luna antes del fin de la década: “Esta nación debe asumir como meta el lograr que un hombre vaya a la Luna y regrese a salvo a la Tierra antes del fin de esta década” .

Pero, el discurso inaugural marcaría esencialmente su política exterior, mucho más certera que la interior; su defensa del Mundo contra el comunismo, si bien expresada con una mano tendida al bloque del este.  Apaciguamiento, pero sin temor, con firmeza. Recordando a los padres fundadores señaló los principios de la democracia y su extensión por el mundo, mostrándose como el que ampararía a los países del sur americano en esa consecución liberal:” A los pueblos de chozas y aldeas en la mitad del mundo que luchan por liberarse de las cadenas de la miseria de masas, les prometemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ayudarlos a ayudarse a sí mismos, durante el tiempo que sea necesario. No porque quizás lo hagan los comunistas, no porque queremos sus votos, sino porque es lo correcto. Si una sociedad libre no puede ayudar a los muchos que son pobres, no puede salvar a los pocos que son ricos… A nuestras repúblicas hermanas al sur de nuestras fronteras les ofrecemos una promesa especial: convertir nuestras palabras en hechos en una nueva alianza para el progreso, con el fin de ayudar a las personas y gobiernos libres a romper las cadenas de la pobreza. Pero esta pacífica revolución de la esperanza no puede convertirse en presa de potencias hostiles. Todos nuestros vecinos han de saber que nos uniremos a ellos para luchar contra la agresión o subversión en cualquier lugar de las Américas. Y que cualquier otra potencia sepa que este hemisferio pretende seguir siendo el amo en su propio hogar…

Por último, a esas naciones que se transformarán en nuestros adversarios, no les ofrecemos una promesa, sino una solicitud: que ambos bandos comencemos nuevamente la búsqueda de la paz… No osemos tentarlos con la debilidad, porque solo cuando tengamos la seguridad de que nuestras armas son suficientes podremos estar completamente seguros de que nunca serán usadas.”

 Y así actuó en la guerra de los misiles de cuba, uno de los grandes conflictos de su mandato.

Kennedy anunció una nueva era llena de peligros y desafíos, pero también de oportunidades y esperanza si todos se esfuerzan unidos, con un mensaje de exigencia a los ciudadanos cuya expresión se ha convertido en la frase más famosa de aquel discurso: “Así pues, compatriotas: preguntad, no qué puede vuestro país hacer por vosotros; preguntad qué podéis hacer vosotros por vuestro país.”

9.- El último discurso de Salvador Allende.

El presidente chileno derrocado por el golpe de Estado de Pinochet (11 de septiembre de 1973), se dirige a la nación. Es un discurso importante en lo emocional y, sobre todo, denuncia el inicio de las dictaduras militares del cono sur americano que tantos disgustos trajeron a la zona:” Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes”, señalaba el ya expresidente. Anunciaba así su decisión de suicidarse. Fue un acto de acusación hacia el golpista, Pinochet: “el general rastrero”.  Dejó una frase para la posteridad. “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

10.- Juan Carlos I. 23 de febrero de 1981.

El intento de golpe de estado de febrero de 1981 a manos del General Armada, Milans de Bosch, Tejero y otros, supuso un punto de inflexión en la historia de España, el discurso del rey Juan Carlos I la madrugada del 24 de febrero de 1981 permitió tranquilizar a los españoles y supuso el fracaso del golpe. En alocución televisiva, declaró que rechazaba cualquier intento de golde de Estado. Tras varias horas de intensas llamadas, reflexiones y tensión, Milans de Bosch retrocedió en sus planes y fue arrestado, mientras que Tejero resistió hasta el mediodía del 24.

 «Al dirigirme a todos los españoles, con brevedad y concisión, en las circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo, pido a todos la mayor serenidad y confianza y les hago saber que he cursado a los Capitanes Generales de las Regiones Militares, Zonas Marítimas y Regiones Aéreas la orden siguiente:

Ante la situación creada por los sucesos desarrollados en el Palacio del Congreso y para evitar cualquier posible confusión, confirmo que he ordenado a las Autoridades Civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente…

La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum».

 11.-Ronald Reagan. Discurso en la Puerta de Brandeburgo. Berlín Occidental, Alemania 12 de junio de 1987.

Muchas personas ven en Ronald Reagan al gran restaurador del sueño americano. Esa tierra de libertad y oportunidades que permite a cualquier ciudadano llegar a lo más alto, por méritos propios. Como en tantas personas de su generación la II Guerra Mundial fue determinante en su vida. No pudo alistarse como quería por su miopía, pero le contrataron como actor para las películas de propaganda americana durante el conflicto. Miembro del sindicato de actores empezó a dar discursos políticos. Desde el principio sus palabras siempre tuvieron un contenido antiestatista y conservador. Consumado antifascista, antirracista y anticomunista.

Cuando llega a la presidencia el 4 de noviembre de 1980, tras el gobierno de Carter, el liderazgo mundial americano estaba en crisis: invasión de Afganistán, crisis de los rehenes en Irán, una inflación desbocada, crisis del petróleo… No se amilanó. Revertió esa situación durante su presidencia y, al tiempo, echó un pulso a los comunistas. En este último asunto de la mano de Margaret Thatcher y del Papa Juan Pablo II. Los tres doblegaron a la tiranía comunista. En representación de aquel hecho histórico que cambió la faz del mundo occidental traemos el discurso de Reagan en la puerta de Brandeburgo, varios presidentes americanos se habían dirigido a los alemanes desde la construcción del Muro, el más conocido fue Kennedy el 26 de junio de 1963, entonces con el Muro recién levantado y, ahora, Regan, con el Muro a punto de ser derribado. Kennedy dijo en medio de una multitud:«Ich bin ein Berliner»[yo también soy Berlinés] lo que ha pasado a la Historia de la esperanza de los alemanes de su reunificación.  El de Reagan, era no ya una hipotética esperanza, sino la constatación del trabajo realizado. Dijo: mientras la puerta esté cerrada, mientras se permita esta herida de muro, no es sólo la cuestión alemana que permanece abierta, sino la cuestión de la libertad de toda la humanidad. Pero no he venido aquí a lamentarme. Puesto que encuentro en Berlín un mensaje de esperanza, incluso a la sombra de este muro, un mensaje de triunfo.” Y el triunfo llegó. Continuó el presidente: “En la década de los 50, Kruschev predijo: “os enterraremos”. Pero en Occidente hoy vemos un mundo libre que ha alcanzado un nivel de prosperidad y bienestar sin precedentes en toda la historia humana. En el mundo comunista vemos fracaso, retraso tecnológico, niveles sanitarios en declive, incluso necesidad del tipo más básico: demasiada poca comida. Incluso hoy, la Unión Soviética no puede alimentarse a sí misma. Después de estas cuatro décadas, entonces, una conclusión inevitable se alza ante el mundo entero: la libertad lleva a la prosperidad. La libertad viene a sustituir los antiguos odios entre las naciones por civismo y paz. La libertad es la vencedora… Y puede que ahora los propios soviéticos, a su manera limitada, se den cuenta de la importancia de la libertad. Oímos mucho de Moscú acerca de una nueva política de reforma y apertura… ¿Son estos los comienzos de cambios profundos en el Estado soviético?”. Y Reagan gritó desde Berlín: “Secretario General Gorbachov, si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad para la Unión Soviética y Europa Oriental, si usted busca la liberalización: ¡Venga a este muro! ¡Señor Gorbachov, abra esta puerta! ¡Señor Gorbachov, haga caer este muro!”

El muro cayó y éste hecho, junto con la derrota del nacismo, son los dos acontecimientos más destacados e importantes del S XX.

12.- Felipe VI. 3 de octubre de 2017.  

En aquel mes de octubre, el gobierno noqueado por la celebración de un pseudo referéndum- completamente ilegal, pero que nunca debió de ocurrir-, las calles incendiadas y una huelga general amenazando Cataluña. El Rey Felipe VI, en un discurso balsámico, certero y lleno de coraje logró parar la campaña de publicidad exterior que había iniciado la Generalidad y la posibilidad de que algún país reconociera aquel acto ilegal y secesionista.

Si hubo algo esencial en aquel discurso fue la manifestación de que el estado español aún sobrevivía; de que la Corona expresaba la unidad de España y la constitución.

“Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno… Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la propia sociedad catalana, llegando ─desgraciadamente─ a dividirla. … todo ello ha supuesto la culminación de un inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas de Cataluña. Esas autoridades, de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común….Por todo ello y ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía.”

 Después dirigiéndose a todos los españoles, especialmente a los ciudadanos de Cataluña preocupados por la deriva antidemocrática de sus dirigentes, les lanzó un mensaje de esperanza:

“…les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos.

Y al conjunto de los españoles, que viven con desasosiego y tristeza estos acontecimientos, les transmito un mensaje de tranquilidad, de confianza y, también, de esperanza. Son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos muy complejos, pero saldremos adelante. Porque creemos en nuestro país y nos sentimos orgullosos de lo que somos. Porque nuestros principios democráticos son fuertes, son sólidos. Y lo son porque están basados en el deseo de millones y millones de españoles de convivir en paz y en libertad” …

Aquella noche, el discurso del Rey provocó un cambio de tendencia y fue el desencadenante de la manifestación del 8 de octubre que convocó a un millón de personas en las calles de Barcelona en contra del golpe de Estado. A partir de ese momento, los separatistas entraron se encontraron desunidos, actuaron con atolondramiento o huyeron como cobardes. Los que se quedaron acabaron en la cárcel condenados por sedición.