PLATAJUNTA

Esta entrada se la dedico a mi hermana, la persona más dulce y buena de este mundo.

Siempre que se estudia la Transición española hacia la democracia se plantea el gran trabajo realizado por el Rey Juan Carlos y por Adolfo Suarez para acometer un cambio de la ley a la Ley con Torcuato Fernández Miranda como gran hacedor en la sombra. Sin embargo, en ocasiones se obvia la actuación de otros personajes que no contaban con el protagonismo principal, aunque trabajaban para obtenerlo. Hoy vamos a centrarnos en esos otros personajes.

Ya vimos aquí como Santiago Carrirllo a la sazón dirigente máximo del Partido Comunista de España había virado hacia el eurocomunismo en cuanto denotó que el comunismo tradicional tenía los días contados, que, en occidente, no iría a ningún lado y que las posiciones de los partidos comunistas francés y, sobre todo, italiano, tenían mejores perspectivas de éxito político. El Eurocomunismo, como vimos aquí, es un movimiento de los años 70, época en la que casi triunfa en Italia, se afianza en Francia; mientas, España y Portugal libran sus respectivas batallas contra las dictaduras en la que el comunismo pretendía tener un lugar destacado.

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La necesidad del cambio político se asentaba en 1974 al vislumbrar el cercano fin de Francisco Franco y el contexto en el que se desarrollaba:

  • El anacronismo político de una Dictadura dentro de una Europa democrática, sobre todo, tras la caída de la dictadura portuguesa el 25 de abril de 1974 (con todo su proceso violento y revolucionario).
  • La aparición de un sector empresarial desligado del franquismo y necesitado de un pacto social que frenase la creciente conflictividad laboral.
  • La evolución de la jerarquía eclesiástica hacia posiciones conciliares, buscando un hueco democrático que la alejara del franquismo y no la asociara con él.

En este entorno dos sectores se abrían paso en la vida política: los reformistas, partidarios de seguir los pasos que trazara el llamado a suceder a Franco en la jefatura del Estado, el entonces príncipe Juan Carlos, y los rupturistas, partidarios de acabar de manera radical con todo lo anterior.

Uno de los sectores rupturistas lo conformaban los comunistas. Precisamente, varios de los conflictos sociales provenientes, en buena medida, de la crisis internacional de petróleo se vieron aumentados por las posiciones comunistas que no supieron frenar su violencia, buscando contribuir con ello al rupturismo. Se aprovecharon para esa actividad del creciente desarrollo de un potente movimiento obrero y social; destacado en las huelgas de las fábricas y en los movimientos estudiantiles en las universidades.

En julio de 1974, en pleno declive del franquismo y avance de los movimientos populares, tres personalidades ligadas al diario Madrid: Antonio García-Trevijano, Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán (miembros, los dos últimos, del Opus- Dei y ligados a Don Juan de Borbón) idearon crear la Junta Democrática de España. Se pusieron en contacto con el Partido Comunista de Carrillo que envió a negociar con Trevijano a Sánchez Montero y Armando López Salinas.

Su objetivo principal era la ruptura democrática, la amnistía y la instauración de una democracia representativa, impulsando la unidad de fuerzas civiles y políticas. Fuerzas variopintas e incoherentes ideológicamente.

El principal ideólogo era García Trevijano, notario que había hecho fortuna con negocios en Guinea Ecuatorial y ganado influencias gracias a la familia de su mujer, una modelo francesa. La idea de Trevijano era la creación de una red de Juntas en toda España, que promoviera la agitación en las calles hasta lograr la caída del Régimen. De ahí se pasaría a un gobierno provisional que organizaría el país a base de democracia directa (es decir, por medio de referéndums) y modificaría la estructura territorial de España concediendo estatutos de autonomía a todas las regiones, amnistía total para presos políticos, libertades fundamentales, legalización de partidos y el retorno de exiliados. El plan se comunicó a Santiago Carrillo que lo aceptó al ver en la Junta un medio para convertir al PCE en el partido hegemónico de la izquierda. Además, en aquellos momentos del año 74, la situación de los comunistas portugueses y griegos apoderándose del poder parecían darle la razón en el camino emprendido.

Al plan se unieron personalidades muy heterogéneas: José María Lasarte del PNV; José Andreu de ERC; Alejandro Rojas-Marcos del partido andalucista; el partido socialista del interior que luego cambió su nombre por Partido Socialista Popular, es decir, Tierno Galván; el Partido Carlista, Partido del Trabajo de España (PTE), la Alianza Socialista de Andalucía, la plataforma Justicia Democrática, sindicatos como Comisiones Obreras (CCOO) y USO y otras personalidades. Se dirigieron a Don Juan (el padre del rey Juan Carlos), al que creían enfrentado a su hijo, para que presidiera el movimiento. Éste aceptó, hasta que Luis María Anson, Pedro Sainz Rodríguez y José María Pemán lograron convencer a Don Juan de que aquello era una locura y un descrédito para la monarquía. Don Juan finalmente desistió de participar en esta Junta. Ante su renuncia, la Junta pasó de defender la monarquía como forma de política del Estado a pregonar la necesaria instauración de una república.

Esta Junta era un despropósito en su origen y composición, personalidades diversas que presumían de grandes influencias que, a la hora de la verdad, se limitaban a ellos y su familia, y eso ni siquiera en todos los casos. El único partido organizado era el PCE. El propio Tierno Galván, aunque apoyó el proyecto, lo hizo con cierta distancia cuando le plantearon sus proyectos y como iban a llevarlos a cabo.

Trevijano y Tierno no se soportaban. Las entrevistas y memorias de ambos muestran una colección de descalificaciones sobre el otro. Lo más suave era motejarse el uno al otro y viceversa de soberbio, pedante y de poco fiar. Puede que ambos tuvieran razón. Los planes de Trevijano de crear Juntas en cada “villorrio”- en palabras de Tierno Galván-, eran analizadas por desprecio por el viejo profesor- en aquel entonces no tan viejo- y con cierto sarcasmo por Carrillo. Sin embargo, este último creía que alguno de esos planes podía servir a su objetivo final.

Sin embargo, otros sectores contrarios al régimen e incluso los que habían pasado los años de gobierno de Franco de vacaciones, como sarcásticamente señaló Carrilo en referencia al PSOE, tenían una visión diferente del futuro.

Los socialistas se posicionaron en contra de la Junta, por las mismas razones que el PCE estaba dentro: querían la hegemonía de la izquierda.

Desde el congreso de Toulouse (1970), los socialistas españoles habían mantenido una pugna abierta entre, por un lado, los que creían necesaria una renovación con gente joven que tendiera a la democracia y no recordara con su sola presencia la II República y con ella la Guerra Civil. Esta opción era apoyada por el partido socialista alemán cuya cabeza visible era Willy Brandt. La segunda opción socialista la componían los llamados históricos a cuyo frente se encontraba Rodolfo Llopis, que recelaba del apoyo alemán.

El grupo de jóvenes socialistas se conformó en torno a dos sectores el “grupo de los sevillanos” formado por Felipe Gónzalez, Alfonso Guerra y Manuel Chaves y el “grupo de los vascos”, con Nicolás Redondo y Enrique Múgica como destacados.

Será fundamental esperar al congreso de Suresnes (11-13 de octubre de 1974), para conocer el resultado final de aquella confrontación socialista. Ganaron los jóvenes, el grupo de los sevillanos apoyados por los vascos, pues, aunque en un primer momento se ofreció la presidencia a Nicolás Redondo, este declino la oferta en favor de Felipe Gónzalez.

A este lado del espectro de la izquierda empezaron a producirse convergencias que, al igual que las de la Junta democrática, eran de lo más extravagantes. Así se unieron los socialistas y sectores de la izquierda democristiana, capitaneados por Ruiz-Giménez, que había sido ministro de Franco y que posteriormente creó Izquierda democrática, también se unieron a ellos algunos falangistas.  Prueba de aquella simbiosis un tanto contra natura es la reunión celebrada en noviembre de 1974, en la madrileña calle del Segre, por un grupo de personas promovidas por el falangista Dionisio Ridruejo. Trataban de organizar lo que luego fue la Plataforma de Convergencia Democrática. En esa reunión además de Dionisio Ridruejo estaban los socialistas Felipe González, Txiki Benegas, y Nicolás Redondo Urbieta. El nacionalista catalán Heribert Barrera y los democristianos Juan Ajuriaguerra, José María Gil-Robles (hijo) y Jaime Cortezo. Todos ellos fueron detenidos por la policía. Se libraron de la detención dos personalidades que se habían marchado antes de la reunión: Joaquín Ruiz-Giménez y Fernando Álvarez de Miranda. Cuando estos dos últimos conocieron la noticia al día siguiente, se presentaron en comisaría para autoinculparse y que los detuvieran. Todos fueron puestos en libertad.

Este sector era observado con benevolencia por el régimen, ya en su declive, y por estar apoyados por EE.UU, Alemania y Suecia.

La idea de este grupo era abandonar el marxismo ortodoxo y avanzar hacia una fórmula socialdemócrata al modo sueco, muy flexible, según las circunstancias, y que permitiera incorporar a sus filas a un espectro popular de mayor amplitud que el PCE. Esa flexibilidad los llevó a aceptar la monarquía del Rey Juan Carlos como medio de lograr no una ruptura sino una reforma. Asimismo, contribuían a conseguir una idea preeminente en Willy Brandt: derrotar al eurocomunismo y evitar el contagio portugués en España, y de ahí al resto de Europa.

El 11 de junio de 1975, se presentó la Plataforma de Convergencia Democrática conducida por el PSOE, con 15 organizaciones más: el Movimiento Comunista de España (no confundir con el Partido Comunista); la Unión Social Democrática Española (de Dionisio Ridruejo); la Izquierda Democrática Cristiana de Ruíz-Giménez; el PNV (que se fue de la Junta del PCE) o el sindicato UGT e incluso algunas escisiones de otras organizaciones también presentes en la Junta Democrática, como el Partido Carlista …

En su primer manifiesto pregonaban la ruptura con todo lo anterior y la creación de una España federal con el derecho a la autodeterminación de todas sus “nacionalidades y regiones”. Pero era un radicalismo impostado, más dirigido a las bases obreras a fin de que no se fueran con la Junta Democrática comunista. En cambio, de puertas adentro la estrategia del PSOE era reformista. Así se presentaban ante Wells Stabler, embajador de EE.UU en España. Felipe González consideraba que si querían llegar a gobernar tenían que alejarse de los extremismos. Además, al contrario de lo que había pasado con el PSP de Tierno que siguió en la Junta comunista, esta posición más moderada le valió el apoyo exterior de Brandt, Palme, Harold Wilson, Craxi y otros. Esas posiciones, radical, de cara a la militancia y reformista en su interior eran incoherentes y, como señalaba Virgilio Zapatero, lo que existía era una gran confusión y cierto desahogo ideológico.

El 26 de marzo de 1976, mediante la presentación de un manifiesto, la Junta Democrática acabó uniéndose a la Plataforma de Convergencia Democrática para formar “Coordinación Democrática» (conocido popularmente como «Platajunta»). Buscaba la unificando de toda la oposición antifranquista antes de las elecciones de 1977. El organizador de la fusión fue Antonio García-Trevijano, gran partidario, como vimos, de la ruptura. Sin embargo, Carrillo ya conocía y apoyaba los proyectos del Rey Juan Carlos que había sabido atraerlo a sus posiciones. Por su parte, los socialistas, aunque se habían unido oficialmente a la Platajunta, por detrás, iniciaron una campaña de desprestigio de Trevijano, pues ya tenían pactada su participación en la reforma política comandada por el Rey Juan Carlos y por el Presidente Adolfo Suarez. La reforma política pactada, limitó y acabó con la influencia de la Platajunta en favor de la Ley para la Reforma Política de 1977. Y con ella se produjo la desaparición de multitud de grupúsculos que no tenían ni gran organización ni mayor influencia y se generó, en la izquierda, la hegemonía del PSOE sobre el PCE.

 

BIBLIOGRAFÍA

CARR, Raymond y FUSI, Juan Pablo. – “España de la dictadura a la democracia”. Ed. Planeta. 1979.

JIMÉNEZ LOSANTOS, Federico. – “Memoria del Comunismo. De Lenin a Podemos”. La esfera de los libros. 2018.

UBIETO, A; REGLÁ, J; JOVER, J.M. Y SECO. C.- “Introducción a la Historia de España”. Ed. Teide. 1983.

VILCHES, Jorge. “1975. Esta España viva, Esta España Muerta”. Ed. La esfera de los libros. 2025.

 

Mentiras arriesgadas.

Mis lectores habituales saben ya que este año había distanciado las entradas por periodos de 15 días, pero la ocasión merece hacer una excepción.

 

Hoy traigo un artículo prestado: el manifiesto hecho público por los historiadores catalanes contra las mentiras vertidas en el acuerdo para la investidura entre JUNS y el PSOE. Qué dice así:

Comunicado de prensa Desde la asociación Historiadors de Catalunya queremos denunciar el uso presentista, manipulado y falso de la historia, en el acuerdo firmado por Junts per Catalunya y el PSOE que busca en la historia en general y en 1714 en particular el origen de un supuesto conflicto entre España y Cataluña y la pérdida de unas ficticias libertades por la fuerza de las armas. Ante tales afirmaciones que sostiene el acuerdo firmado apuntamos:

– Que la guerra de Sucesión española fue un conflicto civil y dinástico.

– Que el rey Felipe V juró y respetó las instituciones y leyes catalanas en 1702.

– Que el pacto firmado por el rey Felipe V y las Cortes Catalanas fue roto unilateralmente por los últimos y con las armas en 1706.

 – Que tras ser derrotada la rebelión en 1714 y según la ley, el monarca tenía el derecho a gobernar la provincia rebelde como dispusiese.

– Que los Decretos de la Nueva Planta no abolieron el catalán.

– Que las leyes sustituidas por el Decreto de la Nueva Planta de 1716 eran feudales, oligárquicas e incluso racistas como se recoge en el Capítulo XVI de las Constituciones de 1706 donde se ordena la expulsión de los gitanos de Cataluña con penas de diez años de galeras para los varones adultos y de cien latigazos para mujeres y niños.

– Que la administración borbónica y su nueva legislación establecieron las bases para el crecimiento económico y demográfico en Cataluña tras dos siglos de decadencia.

– La nueva dinastía borbónica mejoró la economía en general y el comercio con América en particular, beneficiando las manufacturas textiles y el puerto de Barcelona

 – Que en los acuerdos firmados con ERC y PNV también se hace uso de una historia tergiversada para justificar el pacto de investidura.

 – Que la manipulación, tergiversación, falseamiento y ocultación de la historia son los cimientos donde se ha construido y se construye el relato independentista catalán. Por tanto, el documento firmado por PSOE y Junts por Catalunya busca justificar en el pasado un supuesto conflicto de España contra Cataluña perpetuado en el tiempo.

Barcelona, 11/11/2023

Associació d’historiadors de Catalunya Antoni de Capmany.

 

En este enlace se puede ver el texto original:

https://theobjective.com/espana/politica/2023-11-11/historiadores-catalanes-relato-independentista-psoe-junts/

 

El fraude electoral de 1936

Vamos a hacer un sucinto recordatorio de las elecciones celebradas en España el 16 de febrero de 1936. Su convocatoria, organización y supervisión estuvo en manos del gobierno republicano centrista presidido desde mediados de diciembre de 1935 por Manuel Portela Valladares.

Sin entrar en grandes detalles pues nos llevaría una extensión impropia de un blog,  intentaremos repasar cada aspecto destacado de las elecciones, centrándonos en el recuento de las papeletas, el auténtico problema del resultado final.

  • PARTIDOS POLÍTICOS

Por la izquierda: formación del Frente Popular.

En las elecciones de 1933, los republicanos de izquierda sufrieron una fuerte derrota al concurrir por separado, lo que les dejó sumergidos entre la coalición de derechas y los socialistas. Por eso, intentaron formar una coalición republicana de izquierdas pensando en los siguientes comicios. El partido de Azaña se fusiona con el Parido Radical Socialista independiente de Marcelino Domingo y el ORGA de Casares Quiroga. Así nace Izquierda Republicana ( el 2 de abril de 1934). Por otro lado, Martínez barrio, abandona el Partido Radical y se une al Partido Radical-Socialista de Gordón-Ordás para crear Unión Republicana, que junto con el nuevo partido de Azaña firman el pacto del Frente Popular.  A ellos se unirá un grupo de personalidades prestigiosas encabezado por Sánchez Román al frente del Partido Nacionalista Republicano. Estos tres partidos acordaron un programa mínimo de gobierno.

Camino separado llevaba el Partido Socialista. Azaña no quería unirse a los socialistas por considerar que tras ellos se movía una masa social entre la tiranía y la anarquía que no podría controlar salvo que el Partido Socialista estuviera dirigido por su ala más organizada. De ahí que Azaña buscara acercarse a Fernando de los Ríos o a Prieto. Además, el ala más radical socialista, la de Largo Caballero, tampoco quería tratos con los republicanos. A medida que se acercan las elecciones, la coalición con los socialistas se manifiesta como la única adecuada para encauzar a las masas, ganar las elecciones y conseguir una vía pacífica de actuación con el sufragio como procedimiento. Por otro lado, Azaña no quería un pacto con los comunistas, que generaban un alto rechazo social lo que ponía en peligro el supuesto triunfo electoral. Prieto era de la misma opinión, no así Largo Caballero que rechaza la propuesta de Azaña.

A raíz de la Internacional comunista del verano de 1935 y el acercamiento propuesto desde ella entre todas las fuerzas de izquierda, se produce en España un doble acuerdo: de Prieto con Azaña y de Largo Caballero con los comunistas.

Se inician las presiones de todo orden para lograr la unidad de toda la izquierda. A modo de muestra estas palabras del periódico El Socialista el 19 de diciembre de 1935: “Nuestra fuerza se reputa insuficiente y se busca mediante la unión con todas las que tienen un signo favorable a las aspiraciones populares, colocar al proletariado en situación de poder arrostrar la contienda con seguras posibilidades de éxito”.

Se firmó el pacto, si bien dos de las fuerzas firmantes, a pesar de signar el acuerdo, se mostraron durante todo 1935 contrarias al mismo: el POUM ( fusión, en septiembre de 1935, de Izquierda Comunista de Andrés Nin con el Bloque Obrero y Campesino de Maurín) y las Juventudes Socialistas.

En enero de 1936, el bloque de izquierda estaba formado , aunque el partido de Sánchez Román saldrá del acuerdo al entrar los comunistas en él; sin embargo, para no entorpecer el triunfo de la izquierda, el Partido Nacional Republicano no presentó candidatos a las elecciones.

Al Frente Popular se unieron los partidos nacionalistas – menos el PNV y Lliga -. Por su parte los anarquistas, aunque no formaba parte del Frente Popular, no se mostraron beligerantes con él.

Por la derecha: La CEDA y otros.

En la Derecha se establecen dos polos de atracción de los votantes, de un lado, los monárquicos y, de otro, los republicanos de derechas. El partido más representativo era la CEDA que contaba con una base social y una masa popular en número superior incluso a la de los socialistas, pero nada propicia al desorden, estaba formada mayoritariamente por los católicos. Su líder era Gil Robles.

Tras la maniobra de Alcalá-Zamora, después de las elecciones del 33, para evitar que Gil-Robles (cabeza de la CEDA- partido ganador de aquellos comicios-) se hiciera con la presidencia del gobierno, hizo pensar a amplios sectores de la derecha que era necesario formar un amplio frente contrarrevolucionario. Pero las diferencias entre Gil-Robles y Calvo-Sotelo (líder monárquico) impidieron esa unidad, por más que toda la prensa de derechas clamara por ella. Sí se produjeron pactos entre la CEDA y los republicanos de Miguel Maura, así como con los partidos regionales, incluso la Lliga, y los liberales. Los liberales tenían mucha fuerza en Asturias y su aportación al resultado final era importante en número y por lo significativa que era la región tras la revolución de octubre del 34. En el País Vasco, la CEDA no se presentó para dejar el voto de derechas en manos del PNV.

Pero si difíciles fueron las relaciones de Gil- Robles con los monárquicos, peores se manifestaron con los agrarios. Estas relaciones se habían enfriado por el apoyo de los agrarios al gobierno de Portela Valladares.

Los mayores obstáculos a la unidad vinieron del gobierno de Portela, su partido, centrista con visión de bisagra que pretendía gobernar con izquierdas y derechas según los momentos, había sido creado de marera artificial desde la presidencia de la república ( Alcalá – Zamora), tras la crisis del Partido Radical de Alejandro Lerroux para evitar dar el gobierno a Gil- Robles después de las elecciones del 33. Portela no quería la coalición de derechas y se manifestaba como neutral, lo que generó gran malestar entre los votantes de la derecha.

El periódico El Debate el 31 de diciembre de 1935 lo expresaba así: “El problema de España es de revolución o contrarrevolución. O se está con el orden o con la anarquía. En esta disyuntiva no cabe la neutralidad ni es admisible en ninguna lógica política, patriótica y ciudadana. Mucho más cuando algunos de los hombres que se llaman neutros son meros disfraces de signos que se perciben de manera diáfana y su neutralidad es triangular y conocida”.

El 1 de febrero de 1936, afirmaba el mismo diario: “Derechas e izquierdas rechazan con indignación las maniobras de caciquismo encaminadas a sacar triunfante a ese conglomerado de advenedizos que se llama partido centrista”.

No es el único diario que se manifiesta en contra, ABC o Ya se muestran igualmente indignados. Ya dice: “Se anuncia el único procedimiento arbitrario que quedaba por ensayar”, refiriéndose a las propuestas del Portela.

Al final no hubo “frente nacional” ( CEDA, monárquicos, tradicionalistas y agrarios) en toda España, sino que las candidaturas de las derechas se presentaron aquí unidas, allá separadas: en 31 circunscripciones se formó un bloque de unidad de ese frente nacional y el centro- partido de Portela-. En dos, Ávila y Burgos, los monárquicos concurrieron separados de la CEDA y los demás. En el resto de las 27 circunscripciones, el “frente nacional” se presentó separado del partido de Portela. En Valencia a esa separación hay que unir a los autonomistas valencianos que también se presentaron por su cuenta.

Falta hacer una mención a Falange. El partido nace en 1933 en el discurso de José Antonio en el teatro de la Comedia. Allí ya se muestra contrario a los partidos políticos, por eso surge como movimiento. Se presentó a las elecciones del 33 sin éxito. Sin embargo, tanto la presencia en las anteriores elecciones como en las del 36 le crean un problema ideológico puesto que Falange era contraria al sistema electoral y al Parlamento. Con todo, intentan ir en la coalición de las derechas. José Antonio tenía buena amistad con Gil- Robles, pero discrepaban, entre otras cosas, por el número de puestos de salida que le proporcionaba la CEDA (en torno a 6 y Falange quería 20). Se presentaron solos. José Antonio era cabeza de lista en 11 circunscripciones (permitido en aquel sistema electoral ). No logró el acta en ninguna de ellas.

Con la victoria del Frente Popular y la violencia desencadenada en las calles. Falange fue declarada ilegal. Como recuerda periódico El Sol el 15 de marzo de 1936: “[Ayer] Falange Española de las JONS fue declarada fuera de la ley. Todos los miembros de la Junta política que pudieron ser localizados en Madrid fueron detenidos y encarcelados en la cárcel modelo”.

José Antonio muró en la cárcel de Alicante el 20 de noviembre de 1936.

  • Temas tratados en campaña.

Con la revolución de octubre de 1934 todavía fresca, la campaña se presentaba como un enfrentamiento entre revolucionarios -izquierda- y contrarrevolucionarios -derecha-. La izquierda prometía amnistía a los condenados por la violencia del 34, con lo que buscaban hacerse con los votos de los anarquistas. En la derecha recordaban incansables la violencia del 34 y los sucesos de Casas Viejas y Figols ( sucesos provocados por levantamientos muy violentos de anarquistas y comunistas). La prensa de izquierdas juega con el miedo al fascismo, a pesar de que el único partido fascista, Falange Española, se queda completamente fuera de la coalición de centro-derecha. Además, todos ellos, izquierdas y derechas, – como ya ocurrió en la campaña del 33- hacen constantes llamadas a las mujeres para atraer su voto. Igualmente, la defensa o persecución de la Iglesia recoge otro de los asuntos esenciales durante toda la República.

Pero si hubo una constante en campaña fue la tensión y violencia con que se vivió, la cual se acrecentó a la hora del escrutinio. Los partidos extremistas entre los que cabe incluir la facción socialista de Largo Caballero ya habían anunciado que no acatarán el resultado electoral si no les era favorable. Así en un mitin en Toledo, recogido en el diario El Sol, el 8 de febrero del 36,dice: “No puedo prometer cuál será la conducta del proletariado después del día 16”

 Enrique Castro- del partido comunista-, declara en el periódico El Socialista el 9 de febrero de 1936: “Las masas obreras no pueden limitarse a una acción parlamentaria, sino que deben completarse con la organización revolucionaria… Los intereses de las masas populares no se pueden solucionar en el Parlamento”.

Por último, señalar que el lenguaje utilizado en la campaña fue hartamente violento, el llamamiento a una posible Guerra Civil era constante.

El 29 de enero del 36, en el diario El Debate se recogen las siguientes palabras de Largo Caballero: “Si ganan las derechas al día siguiente tendremos que ir a la guerra civil declarada”.

 El Socialista, el 12 de febrero del 36, dice en su editorial: “Ni siquiera dejarles discutir. Hay que aplastarlos. Digo que eso es una declaración de guerra civil, porque nosotros no cejaremos un momento hasta que salgamos vencedores”.

La violencia de la campaña se cerró con cientos de mítines reventados (sobre todo de la CEDA), con 41 muertos y 80 heridos de gravedad. Dicen, Álvarez y Villa, que los comicios adquirieron un carácter plebiscitario en un ambiente viciado, radicalizado, polarizado y caníbal.

  • El sistema electoral

En esas elecciones legislativas tenían derecho de voto todos los españoles, hombres y mujeres, que hubieran cumplido los veintitrés años antes del mes de enero de 1936 (un total de 13.578.056 personas, según el censo). Se elegía un Congreso unicameral de 473 escaños distribuidos en sesenta circunscripciones (grandes capitales y provincias) mediante un sistema de listas nominales abiertas (el elector podía votar los nombres de los candidatos de su gusto sin atender a su adscripción a una u otra candidatura en la lista única de la circunscripción).

El peculiar sistema electoral vigente desde 1931 imponía el voto restringido (el elector sólo podía votar a un número menor de escaños que elegibles por su circunscripción), era un sistema mayoritario, pero completamente desproporcionado (primaba al vencedor de forma notoria: le otorgaba hasta el 80% de escaños en juego, el llamado “cupo de mayorías”) y favorecía claramente la representación de los ámbitos urbanos y más poblados. De tal forma que un mínimo cambio en el voto popular cambiaba radicalmente la distribución de escaños. El sistema se realizaba a doble vuelta.

La participación en aquellas elecciones alcanzó el 71,3% del censo. Proporción muy notablemente superior al alcanzado en anteriores comicios.

  • El resultado electoral

El estudio del resultado electoral abrió las dudas sobre el oficialmente aceptado hace muchos años y fue el historiador Javier Tusell el que ya puso en tela de juicio el resultado obtenido por unos y otros.

Ha sido el reciente trabajo conjunto, que podemos calificar de arduo, pesado y de filigrana, de Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, (1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente popular. Espasa, 2017), el que ha dado los datos definitivos. En opinión de Stanley G. Payne, el libro supone «el fin del último de los grandes mitos políticos del siglo XX».

Ambos profesores de la Universidad Rey Juan Carlos llegan a sus conclusiones tras el estudio de fuentes documentales primarias: memorias, periódicos de la época y, sobre todo, el fondo electoral custodiado en el archivo del Congreso de los Diputados, documentos digitalizados que en algunos casos no se conocían, y los datos obtenidos del archivo de la Fundación Pablo Iglesias y del Archivo de Salamanca. En este sentido, han utilizado fuentes que Javier Tusell, que hasta ahora estaba considerado como uno de los historiadores que mejor había estudiado estas elecciones, no utilizó. Los autores de esta obra han analizado acta a acta, estudiaron que había debajo de cada tachadura, de cada rectificación a lápiz, de cada dígito cambiado, contaron el número de votos en relación a la población,– en el recuento oficial de Jaén , por ejemplo, hubo más votos que electores-, han destapado las cifras reales de aquellas elecciones. El propio Alcalá- Zamora dejó escrito, tal y como señaló Tusell: “España se ha vuelto Coruña», para referir cómo se generalizó lo ocurrido en La Coruña, ciudad con la que el ex presidente de la República ejemplificaba «esas póstumas y vergonzosas rectificaciones» acontecidas con las actas electorales. Los recuentos oficiales antes del día 19 fueron interrumpidos por la turba, aparecieron papeletas a última hora, y a veces en sobres abiertos…El propio Azaña se refiere a los resultados de La Coruña y Cáceres como la “resurrección de candidatos”- de los de izquierda que habían perdido las elecciones en esos lugares-. De hecho, en 2008, se publica el dietario de Alcalá-Zamora, escondido hasta entonces por su familia y robado en tres ocasiones, y que los profesores Álvarez y Villa han podido consultar, frente a los historiadores anteriores, y dónde ya se encuentran datos y opiniones que hablan abiertamente del fraude.

Para analizar cómo se sucedieron los acontecimientos, debemos señalar que a las 20:00 del día 16 de febrero- día de las elecciones- fue anunciada la victoria de la derecha por parte del ministro de Gobernación, haciendo uso de unos datos muy provisionales porque el recuento, con los medios de la época, duró varios días. No obstante, horas después, el presidente del gobierno, Valladares,  anunció que aún era posible una victoria de la izquierda en Cataluña, uno de los centros más importantes de voto.

Fue con el recuento y ante la incertidumbre del resultado, cuando se desató el caos con grupos anarquistas y comunistas protagonizando actos de violencia por toda España. Ante esta situación de tensión nacional, Valladares dimitió, casi se puede decir que huyó, el día 19 de febrero, junto con todo su gobierno.

En ese momento, tres días después de la celebración de las elecciones, con el recuento sin finalizar, Alcalá- Zamora como presidente de la República, pide a Azaña que forme gobierno. Por tanto, Alcalá-Zamora dio el gobierno al Frente Popular antes de haber concluido el escrutinio oficial y sin que se hubiera producido la segunda vuelta electoral en cinco circunscripciones donde ninguna candidatura había superado el 40% de sufragios totales. Es decir, el Frente Popular asaltó el gobierno antes de tener los resultados. Este asalto significó, además, el cambio a la fuerza, por presión de las masas de izquierdas de muchos alcaldes, concejales y gobernadores, esenciales en el recuento. No estábamos ante unas elecciones locales, pero la usurpación del poder se hizo sin oposición ante el miedo que despertaba la turba. La masa asaltó las sedes electorales y los camiones que trasportaban las urnas. Los dirigentes locales del Frente Popular, asentados en los Gobiernos Civiles y diputaciones, se hicieron con la documentación electoral y “terminaron” el escrutinio a puerta cerrada, sin testigos. Ahí empezó el fraude.

La alteración de las actas ocurre en provincias, las Juntas Provinciales informaban del recuento a la Central, que lo trasladaba al Congreso. El cómputo final debía aparecer en los anuarios estadísticos del año siguiente. No fue así. Esas actas las valida la mayoría del Frente Popular con la anuencia del gobierno. La Comisión de Validez de Actas que debía realizar el recuento, se vio inundada de papeletas ilegales. Tusell recoge la siguiente cita de Madariaga: “Conquistada la mayoría fue fácil hacerla aplastante. El Frente Popular eligió la Comisión de Validez de las Actas parlamentarias, la que procedió de manera arbitraria”. Tan fue así que Gil-Robles en sus memorias recuerda que se dio “la extraña circunstancia” de la proclamación del triunfo de las izquierdas en provincias como Álava, Castellón o Soria donde el voto de las derechas había obtenido una ventaja indiscutible. El propio Gil-Robles en Salamanca o Calvo-Sotelo en Orense sacaron a duras penas su acta de diputado cuando ambos habían obtenido una mayoría perfectamente clara. Hay que recordar en este punto que Alcalá-Zamora le dijo a Azaña y está recogido en las memorias del primero “Si usted no hace nada por impedir que invaliden los escaños de los líderes de la oposición, habrá suprimido usted el régimen parlamentario”. En consecuencia, ambos, don Niceto y Azaña eran conscientes de la manipulación de las actas.

Ante las protestas de los partidos de derechas, hubo modificaciones, sobre el fraude, en al menos 8 circunscripciones.

El nuevo gobierno ilegítimo aumentó de manera fraudulenta su resultado en unos 50 escaños. A mayor burla, el Frente Popular en el Congreso sólo se cuestionan las actas conservadoras en las provincias de Cuenca y Granada, que son las que se anulan.

El fraude no se materializa con un asalto masivo sino diseccionado en aquellas provincias con capacidad evidente de producir un vuelco electoral. El resultado estaba muy apretado y el sistema mayoritario, ya explicado, provocó un cambio radical de resultados en los sitios determinantes (provincias gallegas, las de Castilla la vieja,  Málaga y Santa Cruz de Tenerife, Jaén, Almería, Valencia, Albacete…), además de las mencionadas anulaciones. Esa manipulación hace que el Frente Popular consiga en una primera vuelta una mayoría absoluta que deja por intrascendente el resto de las elecciones (segunda vuelta), y declara la victoria en unas elecciones las hubiera podido ganar la derecha.

Según los datos de Roberto Villa García y Manuel Álvarez Tardío, el Frente Popular en la primera vuelta [obtuvo] 4.432.381 votos populares (el 46,3% de los sufragios). Sus adversarios de las candidaturas derechistas coaligadas recibieron 4.402.811 votos (el 46% de sufragios). El resto de los votos (738.557: un 7,7% de los sufragios) fue para otras candidaturas de centro-derecha (Partido Nacionalista Vasco; candidaturas ministeriales auspiciadas por Portela Valladares) y otros partidos (Falange Española, que reportaron sólo dos escaños).[1]

Esos mismos autores llegaron a la conclusión de que, sin amaños, en las elecciones de 1936 el Frente Popular hubiese obtenido, contabilizando ambas vueltas, entre 226 y 230 escaños, y las derechas entre 223 y 227, de un total de 473 sillones que había en el Congreso de los Diputados. El resto serían de otros grupos. Es decir, por sí mismo el frente Popular no hubiera gobernado.

Los sectores más radicales del Frente Popular lograron alterar los resultados de una forma decisiva en aquellas circunscripciones más disputadas. Tras la “revisión” en el Congreso y todos los amaños habidos,  el gobierno del Frente Popular sitúa su victoria en la obtención de 240 escaños (237 era la mayoría absoluta). Los nuevos estudios indican que, al menos, el 10% del total de los escaños repartidos (lo que supone más de 50) fueron fruto de la manipulación. De hecho, antes del cambio de Gobierno, en los dos primeros días de recuento, los datos de Alcalá-Zamora, Azaña y el embajador británico coincidían: entre 216 y 217 diputados para el Frente Popular.

Las elecciones de 1936 fueron un suceso trágico, violento y nada democrático.

Vistos esos antecedentes, se comprende que el periódico Ahora, el 20 de febrero de 1936, señalase: “De la revolución es posible que salgan gobernantes. Servir desde el gobierno las pasiones que han movido la revolución es un error fatal. El peor mal de todos sería gobernar al dictado de unas masas que en la calle gritan sus odios y que se hace la ilusión de que los hombres que tienen el poder en sus manos son meros instrumentos de una apasionada y despótica voluntad de desquite”.

BIBLIOGRAFÍA

ÁLVAREZ TARDÍO, Manuel y VILLA GARCÍA, Roberto. “1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente popular” Ed. Espasa. 2017

GIL-ROBLES, J.M. “No fue posible la paz”. Ariel, 1968

MORADIELLOS, Enrique. “Las elecciones generales de febrero de 1936: una reconsideración historiográfica”. 2017.

PAYNE, Stanley G. “Falange. Historia del fascismo español”. Ed Sarpe.1985.

TUÑÓN DE LARA, Manuel. “La II república”. Ed Siglo XXI. 1976

TUSELL, Javier.- “ Las Elecciones del frente Popular” Ed. Cuadernos para el dialogo. 1971.

TRABAJO FIN DE CARRERA de la AUTORA DE ESTE BLOG, para el cual se consultó además de muchos libros, los periódicos de la época, de él salen todas las citas periodísticas de esta entrada y otros datos.

[1] Enrique Moradiellos. Las elecciones generales de febrero de 1936: una reconsideración historiográfica. 2017