PLATAJUNTA

Esta entrada se la dedico a mi hermana, la persona más dulce y buena de este mundo.

Siempre que se estudia la Transición española hacia la democracia se plantea el gran trabajo realizado por el Rey Juan Carlos y por Adolfo Suarez para acometer un cambio de la ley a la Ley con Torcuato Fernández Miranda como gran hacedor en la sombra. Sin embargo, en ocasiones se obvia la actuación de otros personajes que no contaban con el protagonismo principal, aunque trabajaban para obtenerlo. Hoy vamos a centrarnos en esos otros personajes.

Ya vimos aquí como Santiago Carrirllo a la sazón dirigente máximo del Partido Comunista de España había virado hacia el eurocomunismo en cuanto denotó que el comunismo tradicional tenía los días contados, que, en occidente, no iría a ningún lado y que las posiciones de los partidos comunistas francés y, sobre todo, italiano, tenían mejores perspectivas de éxito político. El Eurocomunismo, como vimos aquí, es un movimiento de los años 70, época en la que casi triunfa en Italia, se afianza en Francia; mientas, España y Portugal libran sus respectivas batallas contra las dictaduras en la que el comunismo pretendía tener un lugar destacado.

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La necesidad del cambio político se asentaba en 1974 al vislumbrar el cercano fin de Francisco Franco y el contexto en el que se desarrollaba:

  • El anacronismo político de una Dictadura dentro de una Europa democrática, sobre todo, tras la caída de la dictadura portuguesa el 25 de abril de 1974 (con todo su proceso violento y revolucionario).
  • La aparición de un sector empresarial desligado del franquismo y necesitado de un pacto social que frenase la creciente conflictividad laboral.
  • La evolución de la jerarquía eclesiástica hacia posiciones conciliares, buscando un hueco democrático que la alejara del franquismo y no la asociara con él.

En este entorno dos sectores se abrían paso en la vida política: los reformistas, partidarios de seguir los pasos que trazara el llamado a suceder a Franco en la jefatura del Estado, el entonces príncipe Juan Carlos, y los rupturistas, partidarios de acabar de manera radical con todo lo anterior.

Uno de los sectores rupturistas lo conformaban los comunistas. Precisamente, varios de los conflictos sociales provenientes, en buena medida, de la crisis internacional de petróleo se vieron aumentados por las posiciones comunistas que no supieron frenar su violencia, buscando contribuir con ello al rupturismo. Se aprovecharon para esa actividad del creciente desarrollo de un potente movimiento obrero y social; destacado en las huelgas de las fábricas y en los movimientos estudiantiles en las universidades.

En julio de 1974, en pleno declive del franquismo y avance de los movimientos populares, tres personalidades ligadas al diario Madrid: Antonio García-Trevijano, Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán (miembros, los dos últimos, del Opus- Dei y ligados a Don Juan de Borbón) idearon crear la Junta Democrática de España. Se pusieron en contacto con el Partido Comunista de Carrillo que envió a negociar con Trevijano a Sánchez Montero y Armando López Salinas.

Su objetivo principal era la ruptura democrática, la amnistía y la instauración de una democracia representativa, impulsando la unidad de fuerzas civiles y políticas. Fuerzas variopintas e incoherentes ideológicamente.

El principal ideólogo era García Trevijano, notario que había hecho fortuna con negocios en Guinea Ecuatorial y ganado influencias gracias a la familia de su mujer, una modelo francesa. La idea de Trevijano era la creación de una red de Juntas en toda España, que promoviera la agitación en las calles hasta lograr la caída del Régimen. De ahí se pasaría a un gobierno provisional que organizaría el país a base de democracia directa (es decir, por medio de referéndums) y modificaría la estructura territorial de España concediendo estatutos de autonomía a todas las regiones, amnistía total para presos políticos, libertades fundamentales, legalización de partidos y el retorno de exiliados. El plan se comunicó a Santiago Carrillo que lo aceptó al ver en la Junta un medio para convertir al PCE en el partido hegemónico de la izquierda. Además, en aquellos momentos del año 74, la situación de los comunistas portugueses y griegos apoderándose del poder parecían darle la razón en el camino emprendido.

Al plan se unieron personalidades muy heterogéneas: José María Lasarte del PNV; José Andreu de ERC; Alejandro Rojas-Marcos del partido andalucista; el partido socialista del interior que luego cambió su nombre por Partido Socialista Popular, es decir, Tierno Galván; el Partido Carlista, Partido del Trabajo de España (PTE), la Alianza Socialista de Andalucía, la plataforma Justicia Democrática, sindicatos como Comisiones Obreras (CCOO) y USO y otras personalidades. Se dirigieron a Don Juan (el padre del rey Juan Carlos), al que creían enfrentado a su hijo, para que presidiera el movimiento. Éste aceptó, hasta que Luis María Anson, Pedro Sainz Rodríguez y José María Pemán lograron convencer a Don Juan de que aquello era una locura y un descrédito para la monarquía. Don Juan finalmente desistió de participar en esta Junta. Ante su renuncia, la Junta pasó de defender la monarquía como forma de política del Estado a pregonar la necesaria instauración de una república.

Esta Junta era un despropósito en su origen y composición, personalidades diversas que presumían de grandes influencias que, a la hora de la verdad, se limitaban a ellos y su familia, y eso ni siquiera en todos los casos. El único partido organizado era el PCE. El propio Tierno Galván, aunque apoyó el proyecto, lo hizo con cierta distancia cuando le plantearon sus proyectos y como iban a llevarlos a cabo.

Trevijano y Tierno no se soportaban. Las entrevistas y memorias de ambos muestran una colección de descalificaciones sobre el otro. Lo más suave era motejarse el uno al otro y viceversa de soberbio, pedante y de poco fiar. Puede que ambos tuvieran razón. Los planes de Trevijano de crear Juntas en cada “villorrio”- en palabras de Tierno Galván-, eran analizadas por desprecio por el viejo profesor- en aquel entonces no tan viejo- y con cierto sarcasmo por Carrillo. Sin embargo, este último creía que alguno de esos planes podía servir a su objetivo final.

Sin embargo, otros sectores contrarios al régimen e incluso los que habían pasado los años de gobierno de Franco de vacaciones, como sarcásticamente señaló Carrilo en referencia al PSOE, tenían una visión diferente del futuro.

Los socialistas se posicionaron en contra de la Junta, por las mismas razones que el PCE estaba dentro: querían la hegemonía de la izquierda.

Desde el congreso de Toulouse (1970), los socialistas españoles habían mantenido una pugna abierta entre, por un lado, los que creían necesaria una renovación con gente joven que tendiera a la democracia y no recordara con su sola presencia la II República y con ella la Guerra Civil. Esta opción era apoyada por el partido socialista alemán cuya cabeza visible era Willy Brandt. La segunda opción socialista la componían los llamados históricos a cuyo frente se encontraba Rodolfo Llopis, que recelaba del apoyo alemán.

El grupo de jóvenes socialistas se conformó en torno a dos sectores el “grupo de los sevillanos” formado por Felipe Gónzalez, Alfonso Guerra y Manuel Chaves y el “grupo de los vascos”, con Nicolás Redondo y Enrique Múgica como destacados.

Será fundamental esperar al congreso de Suresnes (11-13 de octubre de 1974), para conocer el resultado final de aquella confrontación socialista. Ganaron los jóvenes, el grupo de los sevillanos apoyados por los vascos, pues, aunque en un primer momento se ofreció la presidencia a Nicolás Redondo, este declino la oferta en favor de Felipe Gónzalez.

A este lado del espectro de la izquierda empezaron a producirse convergencias que, al igual que las de la Junta democrática, eran de lo más extravagantes. Así se unieron los socialistas y sectores de la izquierda democristiana, capitaneados por Ruiz-Giménez, que había sido ministro de Franco y que posteriormente creó Izquierda democrática, también se unieron a ellos algunos falangistas.  Prueba de aquella simbiosis un tanto contra natura es la reunión celebrada en noviembre de 1974, en la madrileña calle del Segre, por un grupo de personas promovidas por el falangista Dionisio Ridruejo. Trataban de organizar lo que luego fue la Plataforma de Convergencia Democrática. En esa reunión además de Dionisio Ridruejo estaban los socialistas Felipe González, Txiki Benegas, y Nicolás Redondo Urbieta. El nacionalista catalán Heribert Barrera y los democristianos Juan Ajuriaguerra, José María Gil-Robles (hijo) y Jaime Cortezo. Todos ellos fueron detenidos por la policía. Se libraron de la detención dos personalidades que se habían marchado antes de la reunión: Joaquín Ruiz-Giménez y Fernando Álvarez de Miranda. Cuando estos dos últimos conocieron la noticia al día siguiente, se presentaron en comisaría para autoinculparse y que los detuvieran. Todos fueron puestos en libertad.

Este sector era observado con benevolencia por el régimen, ya en su declive, y por estar apoyados por EE.UU, Alemania y Suecia.

La idea de este grupo era abandonar el marxismo ortodoxo y avanzar hacia una fórmula socialdemócrata al modo sueco, muy flexible, según las circunstancias, y que permitiera incorporar a sus filas a un espectro popular de mayor amplitud que el PCE. Esa flexibilidad los llevó a aceptar la monarquía del Rey Juan Carlos como medio de lograr no una ruptura sino una reforma. Asimismo, contribuían a conseguir una idea preeminente en Willy Brandt: derrotar al eurocomunismo y evitar el contagio portugués en España, y de ahí al resto de Europa.

El 11 de junio de 1975, se presentó la Plataforma de Convergencia Democrática conducida por el PSOE, con 15 organizaciones más: el Movimiento Comunista de España (no confundir con el Partido Comunista); la Unión Social Democrática Española (de Dionisio Ridruejo); la Izquierda Democrática Cristiana de Ruíz-Giménez; el PNV (que se fue de la Junta del PCE) o el sindicato UGT e incluso algunas escisiones de otras organizaciones también presentes en la Junta Democrática, como el Partido Carlista …

En su primer manifiesto pregonaban la ruptura con todo lo anterior y la creación de una España federal con el derecho a la autodeterminación de todas sus “nacionalidades y regiones”. Pero era un radicalismo impostado, más dirigido a las bases obreras a fin de que no se fueran con la Junta Democrática comunista. En cambio, de puertas adentro la estrategia del PSOE era reformista. Así se presentaban ante Wells Stabler, embajador de EE.UU en España. Felipe González consideraba que si querían llegar a gobernar tenían que alejarse de los extremismos. Además, al contrario de lo que había pasado con el PSP de Tierno que siguió en la Junta comunista, esta posición más moderada le valió el apoyo exterior de Brandt, Palme, Harold Wilson, Craxi y otros. Esas posiciones, radical, de cara a la militancia y reformista en su interior eran incoherentes y, como señalaba Virgilio Zapatero, lo que existía era una gran confusión y cierto desahogo ideológico.

El 26 de marzo de 1976, mediante la presentación de un manifiesto, la Junta Democrática acabó uniéndose a la Plataforma de Convergencia Democrática para formar “Coordinación Democrática» (conocido popularmente como «Platajunta»). Buscaba la unificando de toda la oposición antifranquista antes de las elecciones de 1977. El organizador de la fusión fue Antonio García-Trevijano, gran partidario, como vimos, de la ruptura. Sin embargo, Carrillo ya conocía y apoyaba los proyectos del Rey Juan Carlos que había sabido atraerlo a sus posiciones. Por su parte, los socialistas, aunque se habían unido oficialmente a la Platajunta, por detrás, iniciaron una campaña de desprestigio de Trevijano, pues ya tenían pactada su participación en la reforma política comandada por el Rey Juan Carlos y por el Presidente Adolfo Suarez. La reforma política pactada, limitó y acabó con la influencia de la Platajunta en favor de la Ley para la Reforma Política de 1977. Y con ella se produjo la desaparición de multitud de grupúsculos que no tenían ni gran organización ni mayor influencia y se generó, en la izquierda, la hegemonía del PSOE sobre el PCE.

 

BIBLIOGRAFÍA

CARR, Raymond y FUSI, Juan Pablo. – “España de la dictadura a la democracia”. Ed. Planeta. 1979.

JIMÉNEZ LOSANTOS, Federico. – “Memoria del Comunismo. De Lenin a Podemos”. La esfera de los libros. 2018.

UBIETO, A; REGLÁ, J; JOVER, J.M. Y SECO. C.- “Introducción a la Historia de España”. Ed. Teide. 1983.

VILCHES, Jorge. “1975. Esta España viva, Esta España Muerta”. Ed. La esfera de los libros. 2025.

 

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