El Tratado de Tordesillas

El Tratado de Tordesillas fue un acuerdo entre los reinos de España y Portugal, que permitió, entre otras cosas, el reparto del mundo entre las dos grandes potencias del momento. Nos situamos en 1494.

El precedente del Tratado de Tordesillas, fue el Tratado de Alcazobas o Alcáçovas (en portugués), que ya vimos aquí: https://algodehistoria.home.blog/2022/02/04/el-tratado-de-alcazobas/ firmado, en 1479, entre las coronas española y portuguesa. Dicho tratado ponía fin a la guerra de sucesión a la Corona de Castilla, tras la muerte del rey Enrique IV, y que enfrentó a la hermanastra de Enrique, Isabel, y a la hija de aquel, Juana la Beltraneja. Esta última contaba con el apoyo del rey de Portugal. Como todos sabemos, aquella guerra culminó en la victoria de los partidarios de Isabel, que asciende al trono como Isabel I de Castilla. La trascendencia del tratado de Alcazobas se incrementó por delimitar los derechos de navegación de Castilla y Portugal. En su clausulado se reparte la costa atlántica conocida o por explorar utilizando como elemento divisorio los paralelos de la Tierra. Portugal mantiene el control sobre sus posesiones de Guinea, la Mina de Oro, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde, y se le reconoce la exclusividad de la conquista del Reino de Fez. A Castilla se le concede la soberanía sobre las islas Canarias y la parte superior del paralelo que delimitan esas islas afortunadas.

Con el tiempo, múltiples incidentes ponen en peligro la paz conquistada en Alcazobas. La situación se complica cuando Juan II de Portugal (no olvidemos que Cristóbal Colón ofreció sus servicios al rey de Portugal antes que a Castilla para emprender la conquista de las Indias navegando por occidente y los portugueses no quisieron financiar los gastos de aquella empresa) recibió a Colón a la vuelta de su primer viaje a las Indias. Recordemos que fue la carabela La Pinta la que antes arribó a las costas españolas, por Galicia, y transmitió las primeras noticias del descubrimiento del Nuevo Mundo. Los rumores, que también llegaron a Portugal, se confirmaron cuando Colón, que viajaba en La Niña, atracó en Lisboa, siendo recibido por el rey de Portugal. Convencido Juan II de que los nuevos territorios estaban por debajo del paralelo correspondiente a las islas Canarias, no tardó en reclamarlos para su país, al tiempo que la Corona española aseveraba que el territorio recién descubierto era propiedad de Castilla.

Se producía así un choque dialéctico entre ambas monarquías por la interpretación del tratado de Alcazobas y por el dominio de la navegación mundial. Se iniciaron unas tensas negociaciones en las que primaba el sincero interés mutuo de no alcanzar un enfrentamiento armado.

En aras a encontrar una solución, Fernando el Católico propuso la mediación del Papa español Alejandro VI, Papa Borgia, con el que mantenía una excelente relación el rey aragonés. El Papa Alejandro, gran político, interesado siempre el engrandecimiento de los Estados Pontificios, tuvo algunos sonados enfrentamientos con las potencias europeas, muy especialmente con Francia. Aunque también fue un excelente diplomático que obtuvo alianzas hasta con sus más acérrimos enemigos; pero, con carácter general,  España fue su gran valedor internacional. En el momento de la historia que nos hallamos, Alejandro tenía serios enfrenamientos con Carlos VIII de Francia. En este contexto no es de extrañar que al Papa le interese apoyar los intereses españoles en las negociaciones mantenidas con Portugal. Los Reyes Católicos (que recibieron ese título precisamente de Alejandro VI) rechazaban las pretensiones portuguesas: entendían que África debía ser para Portugal y las zonas del nuevo descubrimiento para España.

La intermediación papal se concreta en las conocidas como “Bulas Alejandrinas” dictadas en 1493. Se trata de tres bulas: «I Inter Caeteras» que  establece que todas las tierras descubiertas por Colón y las que posteriormente se descubran serán para Castilla; «II Inter Caeteras» modifica el sentido de la primera y fija una línea a 100 leguas al oeste de las Azores y Cabo Verde para definir el dominio marítimo y terrestre de Castilla; la tercera bula, «Eximiae devotiones» no menciona la existencia de la segunda y ratifica lo señalado en la primera, ampliando, así, las concesiones asignadas a Castilla.

A esta maniobra de Fernando, se unió su rapidez en organizar una segunda expedición al Nuevo Mundo, adelantándose a lo que pudiera hacer Portugal.

Aunque el rey de Portugal protestó, acabó aceptando el nuevo reparto, con ligeras modificaciones en relación a las bulas alejandrinas. Aquel acuerdo se plasmó en el Tratado de Tordesillas,  acordado en la ciudad vallisoletana por los representantes de ambos países el 7 de junio de 1494. Los Reyes Católicos lo firmaron en Arévalo el 2 de julio y, el 5 de septiembre, lo rubricó Juan II en Setúbal. Entonces no se conocía aún la dimensión de lo descubierto por Colón; a Portugal lo que le interesaba era mantener abierta la ruta hacia la India, la ruta de las especias, tan lucrativa en aquellos tiempos y limitada, en su discurrir por la tradicional ruta mediterránea, por el bloqueo turco.

La esencia del acuerdo consistió en una modificación del sistema de reparto. Si en el tratado de Alcazobas se utilizaron los paralelos, en el de Tordesillas, la división se hizo utilizando los meridianos.  El tratado acabó estableciendo, tras varias propuestas, un meridiano a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, es decir, en 46° 37′ longitud oeste. Todos los territorios por descubrirse al este de dicha línea quedarían bajo dominio portugués, mientras que España tendría soberanía sobre los ubicados al oeste. La cartografía de entonces no era muy precisa por lo que se acordó que marinos y astrónomos de ambas naciones estudiaran la situación exacta sobre el terreno, determinando el lugar exacto en el que se establecería la línea divisoria. Tales trabajos no se llevaron a cabo. El empeño portugués en modificar esa línea, que coincide con la actual ciudad de Sao Paulo, fue enorme. No sólo por dar legitimidad a la toma de posesión del Brasil hecha por Pedro Álvares en el año 1500 (aunque los portugueses le consideran el primer explorador que llegó a Brasil, lo cierto es que ese honor le cabe al español Vicente Yáñez Pinzón, tres meses antes de la llegada del portugués, pero la división territorial hecha en Tordesillas dejaba sin legitimidad la conquista española) sino, como señalan algunos historiadores, por lograr el territorio más importante del nuevo continente y, a medida que se fue conociendo lo que hoy es Sudamérica, por controlar el paso hacia las Indias por el cabo de Hornos. Fuera como fuere, esta posesión portuguesa y su delimitación dio algunos problemas al mantenimiento de tratado de Tordesillas.

Además de lo dicho, el tratado señalaba que:

  • Ninguno de los dos reinos podía enviar expediciones hacia el territorio asignado al otro.
  • A los barcos españoles se les otorgaba libertad y seguridad de tránsito por las aguas portuguesas cuando navegaran hacia América, siempre que siguieran una línea recta hacia sus respectivos destinos.
  • Dado que estaba en marcha un nuevo viaje de Colón, se acordó que hasta el 20 de junio de 1494 España tendría derecho de posesión sobre las tierras e islas que descubriera durante ese plazo entre las 250 y 370 leguas desde Cabo Verde, cosa que no sucedió dado que en el segundo viaje Colón no se aproximó a Sudamérica.
  • También ponía límites en los meridianos que trazaban las zonas de influencia en Asia.

El tratado fue enviado para su confirmación a la Santa Sede, dado que alteraba los términos establecidos en las Bulas Alejandrinas, como ya indicamos con anterioridad. El papa Alejandro VI nunca confirmó el tratado, por lo que la aprobación papal llegó con su sucesor, Julio II, en 1506, mediante la bula “Ea quae pro bono pacis”.

El tratado de Tordesillas permitió que los reinos español y portugués continuaran con sus expediciones navales sin enfrentamiento entre ellos. Por el contrario, países como Francia, Holanda e Inglaterra cuestionaron el reparto de tierras entre Castilla y Portugal -ambos se convertían en poderosos imperios, lo que suponía un serio peligro para el resto de potencias europeas-. De ahí nace la razón de las expediciones organizadas por esas potencias menores para atacar territorios portugueses y españoles, que tuvieron cierta frecuencia desde entonces.

Los límites establecidos por el Tratado de Tordesillas quedaron en desuso al producirse la Unión Ibérica (1580-1640). En este momento, tanto Portugal como sus posesiones pasaron a formar parte de la Corona española.

Los colonos portugueses ya no tenían obligación de quedarse sólo en la costa y comenzaron a aventurarse en el interior del territorio. Además, y coincidiendo con la independencia de Portugal en 1640, el nuevo Estado emprendió, ya sin base legal, algunas acciones comerciales y coloniales más allá de dicho límite; por ejemplo, la fundación en 1680 de la Nueva Colonia del Santísimo Sacramento, frente por frente  a la ciudad de Buenos Aires, es decir en las costas rioplatenses del actual Uruguay, y la fundación, en 1737, del fuerte de “Jesús, María, José” que dio origen al Estado federal brasileño de Río Grande del Sur, en la orilla opuesta del Río de la Plata en la que se encuentra Buenos Aires. Esto provocó una serie de disputas entre España y Portugal durante años. El Tratado de Madrid de 1750 aclara estas fronteras y delimita los márgenes de Brasil casi como son en la actualidad.

Pero ya con anterioridad, el tratado había sufrido modificaciones por el tratado de Zaragoza (1529), que modifico los límites del acuerdo en Asia,  el de Lisboa (1701) y con las disposiciones del Tratado de Utrecht (1713-1715) que afectaban a España y Portugal.

Del tratado, al ser bilateral, se conservan dos originales: en versión castellana se conserva en el Archivo Nacional de la Torre de Tombo en Lisboa y en versión portuguesa en el Archivo General de Indias ( Sevilla ).

La gran trascendencia de aquel acuerdo ha sido reconocida por la UNESCO, que en 1997 creó el Programa Memoria del Mundo con la finalidad de que no se perdieran para el futuro los acontecimientos más destacados de la Historia de la humanidad. A ese programa España y Portugal presentaron de forma conjunta el Tratado de Tordesillas, como documento que merecía tal consideración y ha pasado a formar parte del registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO.

Esto conviene recordarlo en serio, pero también de forma un poco más divertida. Dado que se acerca el verano y el descanso merecido de este blog.

Recordemos que fuimos un Imperio y que el tratado de Tordesillas fue parte importante del mismo. Los Nikis año 1985 “El Imperio contraataca”: https://youtube.com/watch?v=71m3JuHKngY&si=6RUfich2n112glG6

 

BIBLIOGRAFIA

El Tratado de Tordesillas: https://www.escrituraydocumentos.com/el-tratado-de-tordesillas-de-1494-digitalizado-en-pdf/

AGUADO BLEYE, Pedro.- “Manual de Historia de España”. Ed Espasa-Calpe. 1954

MARCO, José María.- “Una historia patriótica de España”. Ed Planeta.2011

UBIETO, REGLÁ, JOVER Y SECO. “Introducción a la Historia de España”. Ed Teide. 1983

EL TRATADO DE ALCAZOBAS

Alcazobas, en castellano, a veces escrito como Alcazovas y en portugués como Alcáçovas, es una ciudad portuguesa de la zona del Alentejo. Allí se firmó el 4 de septiembre de 1479, el tratado que pone fin a la llamada guerra de sucesión castellana- nombre que genera no pocos conflictos en relación a otras guerras de sucesión y por ello muchos historiadores se limitan a formular como “Guerra de 1474 a 1479”-.

Aquel enfrentamiento tuvo un doble carácter, por un lado, es una guerra civil y, por otro, una guerra internacional y cuyas repercusiones decidirán el futuro del Mundo.

Los conflictos castellanos se remontaban desde antiguo y enlazaban a diversos reinos y condados de la península ibérica. Ahora nos situamos en la caótica corte de Enrique IV donde los enfrentamientos entre diversos bandos nobiliarios eran constantes. El carácter y las peculiaridades del propio monarca no ayudaban mucho. Casado con Blanca de Navarra, no obtuvo descendencia y buscó la fórmula para anular el matrimonio y casarse con Juana de Portugal. De ese segundo matrimonio nació Juana que sería nombrada heredera. Sin embargo, la nobleza castellana era más partidaria de considerar herederos a los medio hermanos- hermanos de padre- de Enrique: Alfonso e Isabel.

Las presiones de la nobleza obligan al rey a cambiar el testamento y nombrar a su hermano Alfonso como heredero al trono de Castilla. Entre las razones que se aducen para tal cambio está el rumor de que Enrique es impotente y que Juana no es su hija sino hija de su favorito, Beltrán de la Cueva, de ahí que a Juana la motejen como “la Beltraneja”.

La verdad es que sobre las peculiaridades físicas y tendencias sexuales de Enrique se ha escrito mucho, quizá lo más interesante se lo debamos a Gregorio Marañón que realiza su “Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo” (Madrid 1930) y en el que llega a la conclusión de que el rey sufría diversas deformidades físicas y psicológicas, concluyendo, entre otras cosas, que posiblemente era impotente, aunque no afirma tajantemente que fuera homosexual. De ambas cosas se le acusaba en las crónicas de su tiempo.

Fuera como fuese, el descontento reinaba en Castilla y, por ello, en 1465, los nobles, reunidos en Ávila, acuerdan destronar a Enrique y nombran rey a Alfonso (de 12 años entonces) en la denominada “farsa de Ávila”. Estalla así una guerra que no terminará hasta 1468, con la muerte de Alfonso.

Para los que no aceptaban a Juana como heredera, la sucesión debía pasar entonces a Isabel. El rey Enrique se avino a negociar. En 1468, Enrique e Isabel firmaron un acuerdo, el “Tratado de los Toros de Guisando”, por el que Enrique declaraba heredera a Isabel, reservándose el derecho de acordar su matrimonio, y las distintas facciones de la nobleza renovaban su lealtad al rey. Enrique trató de casar a Isabel con Alfonso V de Portugal. Pero Isabel, en 1469, se casa en secreto en Valladolid con Fernando de Aragón. Enterado el rey Enrique, consideró violado el Tratado de los Toros de Guisando y proclamó a su hija Juana como heredera; además, la casa con Alfonso V de Portugal.

En 1474 muere Enrique IV y cada una de las dos candidatas al trono son proclamadas reina de Castilla por sus respectivos partidarios.

Los nobles y las ciudades castellanas se dividen en sus apoyos. Así Ávila, Valladolid, Tordesillas, Toledo…, reconocen a Isabel como reina; otras, como Burgos, Zamora y las ciudades andaluzas, prefieren esperar a que se aclare la situación. Igual vacilación se nota en el alto clero y la nobleza. El cardenal don Pedro González de Mendoza, el arzobispo de Toledo —don Alfonso Carrillo—, el conde de Benavente, el marqués de Santillana, el duque de Alba, el Almirante, el Condestable, el duque de Alburquerque —don Beltrán de la Cueva— juran a doña Isabel como reina legítima de Castilla. Pero el duque de Arévalo y don Diego López Pacheco, marqués de Villena, se niegan a rendirle homenaje. En resumen, la nobleza andaluza, extremeña y manchega se posicionó al lado de Juana, el resto de la nobleza y las principales ciudades estuvieron con Isabel.

Habíamos señalado que, además de un enfrentamiento civil, aquella guerra tuvo carácter internacional.

La boda entre Isabel, heredera de Castilla, y de Fernando, futuro rey de Aragón, había suscitado inquietudes en Francia y Portugal; aquellas naciones veían con disgusto que se constituyese un bloque que fortaleciera a Castilla que era el reino hegemónico en la economía y la política peninsular. Portugal pretendía que aquella fuerza se inclinase a su lado formando un reino entre Castilla y Portugal, guiado por el rey portugués y que redoblara sus pretensiones en la costa atlántica. Por su parte, Francia no veía con buenos ojos aquella empresa castellano-aragonesa porque eso robustecía a Aragón, vigorizando su presencia en Italia, en la que el rey de Francia Luis IX tenía grandes aspiraciones. Por tanto, Portugal participó del apoyo de Francia en contra de Isabel y a favor de Juana. Castilla y Aragón contaron con el favor de Inglaterra y Borgoña a las que la potencia de Castilla importaba bastante menos que la de Francia.

Las hostilidades empiezan en mayo de 1475, cuando tropas portuguesas pasan la frontera castellana y los nobles castellanos hostiles a Isabel entran en rebeldía.

Las tropas de Isabel ocuparon Toledo y fortificaron Ciudad Real y Badajoz. Por su parte, las fuerzas de Juana se situaron en torno al valle del Duero y tomaron Toro para facilitar la entrada del ejército portugués. Castilla recupera Burgos y emprende la reconquista de Toro. La batalla de Toro está considerada por la historiografía como la más importante del conflicto, aunque estudios recientes consideran que no lo fue tanto y ponen el foco en la toma de Segovia por los Castellanos. La importancia de Toro no estuvo en el resultado de la batalla en sí, que una parte de las fuentes consideran ganada por los portugueses gracias al príncipe Juan (futuro Juan de II de Portugal) y otras dejan un resultado incierto. Pero lo trascendente de la misma estuvo en la forma de afrontar el resultado mientras el Rey de Portugal se dedicaba a reorganizar sus tropas, su hijo se dedicaba a la propaganda, lo mismo que Fernando, el cual envió correos a todas las ciudades de Castilla y a varios reinos extranjeros, dándoles la noticia de una gran victoria, en la que las tropas portuguesas habían sido aplastadas. “Los dos quisieron beneficiarse de la propaganda de la victoria [Sin embargo, mientras que la opinión pública castellana era decisiva para el desenlace de la guerra civil, la portuguesa no lo era][1].

Ante aquellas noticias los nobles castellanos partidarios de Juana empezaron a desertar y su partido en Castilla prácticamente desapareció. Es verdad, como cuenta parte de la historiografía, que, desde la toma de Burgos por parte de Isabel, los partidarios de Juana habían empezado a disminuir, y con la decisiva toma de Segovia y el tesoro castellano, Isabel pudo pagar generosamente a sus partidarios que se incrementaron ampliamente.

Tras la batalla de Toro las tropas portuguesas aún tuvieron fuerzas suficientes para plantar cara a las castellanas durante al menos tres meses en territorio de Castilla. Otro factor acompañó a las tropas castellano- aragonesas y fue la neutralización que la reina de Navarra logró de las tropas francesas y la victoria de Castilla en Fuenterrabía frente a los galos. Estos hechos lograron que se firmara una tregua entre Aragón y Francia que, Alfonso V de Portugal, tras la batalla de Toro, intentó en vano que no se renovase.

La última batalla de la guerra de sucesión fue la batalla de la Albuera, en Mérida, el 24 de febrero de 1479, que se saldó con la victoria de las tropas isabelinas, pero el rey Alfonso logró alcanzar y proteger para sus intereses Mérida y Medellín que siguieron en manos portuguesas hasta el Tratado de Alcazobas, que es el que pone fin a la guerra. El tratado se firmó en primera instancia el 4 de septiembre de 1479 entre los representantes de los Reyes católicos y el príncipe Juan en representación del rey de Portugal. El tratado fue ratificado por Alfonso V de Portugal el 8 de septiembre de 1479 y por los Reyes Católicos en Toledo el 6 de marzo de 1480, por lo que también se le conoce como Tratado de Alcáçovas-Toledo.

Se dice que en este acuerdo Castilla gana en tierra y Portugal en el mar.

Sus acuerdos principales fueron:

  • Además de poner fin a la guerra, Alfonso V renuncia al trono de Castilla y los Reyes Católicos renuncian al trono portugués.
  • Reparte los territorios del Atlántico entre los dos países. Portugal mantiene el control sobre sus posesiones de Guinea, la Mina de Oro, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde. A Castilla se le reconoce la soberanía sobre las islas de Canarias.
  • Reconoció que el impuesto denominado el quinto real fuese percibido por Portugal en los puertos castellanos, incluyendo a los barcos que hubiesen zarpado hacia la Mina de Oro antes de la firma del mismo. El quito real era un impuesto percibido por la corona sobre las mercancías traídas por barco a la Península desde los territorios del Atlántico denominados “Guinea” y “Mina de Oro”.
  • Reconoce a Portugal la exclusividad de la conquista del Reino de Fez.
  • Concede el perdón a los castellanos juanistas

En paralelo al tratado de Alcáçovas se negociaron las llamadas “Tercerías de Moura”, que resolvían la cuestión dinástica castellana imponiendo a Juana de Castilla, rival de Isabel, la renuncia a todos sus títulos castellanos y su reclusión en un convento. También acordaban la boda de la infanta Isabel, hija de los Reyes Católicos, con el nieto del rey portugués, único hijo del príncipe Juan, también llamado Alfonso. La enorme dote pagada por los padres de la novia representa la indemnización de guerra obtenida por Portugal.

Como consecuencias del tratado se producen los siguientes hechos:

  • Castilla reconoce y acepta la expansión portuguesa en África.
  • El reparto de la costa atlántica se hizo en virtud de los paralelos de la tierra, aunque la historiografía discute este punto, el hecho cierto es que por este reparto la legitimidad española sobre el descubrimiento de América por Colón fue puesta en entredicho por Portugal que consideraba que el nuevo mundo le correspondía como propiedad a Portugal. Esto llevó a intensas negociaciones y a la búsqueda de los Reyes Católicos del apoyo papal que obtuvieron en 1493 por una serie de bulas papales llamadas “bulas alejandrinas”, que les otorgaban las tierras descubiertas por Colón y venían a establecer un nuevo reparto del Atlántico. Aunque el rey de Portugal protestó, acabó aceptando el nuevo reparto con ligeras modificaciones en relación a las bulas alejandrinas, en el Tratado de Tordesillas firmado el 7 de junio de 1494. Entonces no se conocía aún la dimensión de lo descubierto por Colón y a Portugal lo que le interesaba a mantener abierta la ruta hacia la India, la ruta de las especias, tan lucrativa en aquellos tiempos y limitada en la ruta por el Mediterráneo por el bloqueo turco.
  • En la práctica, este acuerdo garantizaba al reino portugués que los españoles no interfirieran en su ruta del Cabo de Buena Esperanza y que Portugal no interferiría en las nuevas tierras descubiertas por los españoles en América.
  • El acuerdo también tuvo otra serie de clausulas sobre los límites de zonas pesqueras en áfrica y los límites del reino de Fez.
  • El tratado de Alcazobas tuvo también otra importante consecuencia andando el tiempo. La boda entre la hija de los Reyes Católicos, Isabel, y el nieto del rey de Portugal, Alfonso, se celebró en 1490. Al morir Alfonso a los pocos meses, Isabel contrajo matrimonio en 1497 con el nuevo heredero al trono portugués, Manuel I de Portugal- primo de Juan II-. Tuvieron un hijo que murió a los dos años de edad. Poco después moría Isabel. Su hermana, María de Aragón, contraería nupcias con Manuel I. María y Manuel I tuvieron una hija, Isabel de Portugal, esposa de Carlos I de España y madre de Felipe II. Por este ascendiente, Felipe II pudo reclamar la corona de Portugal tras la muerte de Sebastián I. Felipe II fue coronado rey de Portugal el 16 de abril de 1581 en las Cortes de Tomar, logrando así “la unión ibérica”.

BIBLIOGRAFIA

CARRASCO MANCHADO, Ana Isabel. “Isabel I de castilla y la sombra de la ilegitimidad, propaganda y representación en el conflicto sucesorio”. Sílex ediciones. 2006.

AGUADO BLEYE, Pedro. “Manual de Historia de España”. Espasa.1963

UBIETO, REGLA, JOVER Y SECO. “Introducción a la Historia de España”. Ed. Teide. 1983.

[1] Carrasco Manchado. “Isabel I de castilla y la sombra de la ilegitimidad, propaganda y representación en el conflicto sucesorio. Pag. 195