LA HAZAÑA DEL PLUS ULTRA

Hoy vamos a hablar de Franco y del Plus Ultra. No, no me refiero a la aerolínea rescatada por Sánchez y Zapatero, dos grandes admiradores de Francisco Franco, sino del avión utilizado por Ramón Franco, el hermano menor de Francisco Franco, con el que logró la hazaña de sobrevolar el Atlántico en un aparato bautizado como Plus Ultra, el 26 de enero desde 1926. Es decir, este año se conmemora el centenario de aquella hazaña de la aviación española. Lo que debería haber dado lugar a más de un reconocimiento. Pero parece que a veces se olvidan las grandes hazañas de la historia de España.

Hazaña por lo que supuso aquel largo recorrido, la pericia y valentía de los que realizaron la ruta y porque aquel avión, como todos los de la época,  era ciertamente endeble comparado con los aviones que conocemos hoy en día. De hecho, más del 50% de los vuelos acababan en accidente en aquellos tiempos.

Ramón Franco fue un personaje controvertido: militar, aventurero, excelente aviador, republicano, embajador de la República al que no dejaron participar en la contienda lo que provocó su paso, en mitad de la Guerra, al Bando Nacional. Ramón Franco ingresó en la academia de infantería en 1911, luchó en la guerra de Marruecos como militar del Ejército de Tierra y como aviador en diferentes etapas, pues en 1920 pasó al Servicio Aeronáutico.  Se le concedió la Medalla Militar individual y, el 19 de noviembre de 1925, ascendió a comandante por méritos de guerra.

Como piloto, fuera de la acción militar, en 1921 ganó su primer concurso aeronáutico y en 1923 realizó la etapa Arrecife- Casablanca de 817 kilómetros nueva marca hispana de distancia en hidroavión. En 1925, el Ejército le propuso a Primo de Rivera que se realizaran algunos vuelos de prestigio a Buenos Aires, Filipinas y la Guinea Ecuatorial. Era un signo de los tiempos: la primera travesía del Atlántico Sur, uniendo Lisboa con Río de Janeiro, la realizaron los aviadores portugueses Sacadura Cabral y Gago Coutinho en 1922; en 1924 aviadores norteamericanos emprendieron la vuelta al mundo en patrulla; los ingleses culminaron la ruta Londres- Rangún-Londres; Holanda vio cómo sus pilotos volaban de Amsterdam hasta lo que hoy es Yakarta y los portugueses cubrían Lisboa –Macao.

La propuesta española partía de Mariano Barberán, excelente militar de aviación, que posteriormente (1932) realizó la travesía aérea Sevilla- Cuba sin escalas (cuando quiso seguir viaje a Mexico su avión se estrelló, pero había logrado abrir camino por la ruta del Atlántico Central, la más larga realizada hasta entonces). Barberán trasladó su propuesta al general Soriano y este a Primo de Rivera.

Barberán y Ramón Franco diseñaron la ruta, con escalas, hasta Argentina – más larga que la de los portugueses en 1922-, pero Barberán decidió dejar el Ejército y con ello abandono el proyecto. Fue sustituido por Julio Ruiz de Alda. La tripulación completa estaría compuesta por Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, el teniente Juan Manuel Durán y el cabo mecánico Pablo Rada.

El avión elegido era un Dornier “Wal” n.º 12 (M-MWAL) –“wal es ballena en Alemán- contaba con 16,25 metros de longitud y 1,75 metros de altura, con dos motores de 450 caballos capaces de desarrollar una velocidad de crucero de 180 kilómetros. Aunque el ejército español aportaba algo de capital, realmente, el dinero para adquirir un avión de las características del Dornier salió del bolsillo de Ramón Franco. En total, el aviador tuvo que desembolsar 300.000 pesetas, cifra considerada una auténtica fortuna en aquellos tiempos.

Los cuatro protagonistas de la primera gran hazaña de la historia de la aeronáutica española partieron de manera significativa por su simbolismo de Palos de Moguer, como Colón siglos antes,  a las ocho menos cinco de la mañana del 26 de enero de 1926. El avión iba cargado de 3.900 litros de combustible, un peso total de 6.800 kilos y con una autonomía de vuelo de diez horas.

El objetivo de la incursión aérea, en siete etapas, no solo era batir el récord del mundo de distancia recorrida por escalas, sino además abrir una línea de correo veloz a través del Atlántico. El vuelo iba a recorrer 10.270 kilómetros en 59 horas y 30 minutos.

Las etapas previstas eran: Palos–Las Palmas (1.300 kilómetros); Las Palmas–Porto Praia, Cabo Verde (1745 kilómetros); Porto Praia– Noronha, Brasil (2.305 kilómetros); Noronha–Pernambuco (540 kilómetros); Pernambuco–Río de Janeiro (2.100 kilómetros); Río de Janeiro–Montevideo (2.000 kilómetros); Montevideo–Buenos Aires (220 kilómetros). Aquí se puede ver un mapa con la ruta:

https://es.wikipedia.org/wiki/Plus_Ultra_(hidroavi%C3%B3n)#/media/Archivo:Vuelo_plus_ultra.svg

Juan Manuel Durán no participó en la etapa más larga, la 3.ª, para reducir el peso del avión. Dicha etapa estaba prevista entre Porto Praia (en islas Cabo Verde) y Brasil, con punto de recalada en Natal o Recife (estado de Pernambuco), lo que suponía unos recorridos respectivos de 2.635 o 2.845 km; en ambos casos se preveía el amerizaje alternativo en la isla de Fernando Noronha, como habían hecho los portugueses Coutinho y Cabral, lo que reducía la distancia a 2.305 kilómetros. Una travesía de 16 horas de duración.

Los kilómetros de recorrido podían efectuarse en las doce horas de luz diurna volando a una velocidad promedio de 190 kilómetros por hora. Para alcanzar los 2.845 Km de la etapa más larga hacían falta cuatro horas adicionales. Por lo que, para llegar de día al lugar de destino, Franco tenía dos opciones: despegar antes de anochecer, llegar al alba a Fernando Noronha y decidir allí el seguir o no a Recife; o hacerlo a las dos de la madrugada para llegar a Recife aún con luz solar. Franco optó por esta segunda posibilidad, que pensó realizar el miércoles 27 de enero, pero los planes se torcieron y el viaje se efectuó en la noche del 29 al 30.

Despegó a las 6:10 horas, poco antes de amanecer. Se puso el Sol cuando faltaban 46 kilómetros para llegar a Fernando Noronha, y el Plus Ultra tuvo que recorrer esa distancia en navegación marítima y sus tripulantes hubieron de dormir en la isla. (Navegación marítima significa que la aeronave está cruzando grandes extensiones de agua donde no existen referencias terrestres visuales, lo que requiere técnicas específicas para determinar su posición y seguir una ruta segura.  A diferencia de la navegación terrestre, donde los pilotos pueden guiarse por carreteras, ciudades o puntos geográficos. Aquel vuelo contó con primera vez en la Historia con el radiogoniómetro que es un equipo electrónico receptor que determina la dirección (marcación) de una señal radioeléctrica y ayuda a la orientación).

En la etapa corta F. Noronha-Recife, efectuada el 31 de enero, la que se presumía iba a ser una etapa sin excesivas dificultades, se transformó en la más dura y complicada, pues se rompió la hélice principal del avión y el mecánico Rada tuvo que poner a prueba toda su habilidad para reparar la pieza en pleno vuelo. Lo logró, aunque eso significó perder algo más de una hora. Frano ordena que se tiren al mar todos los repuestos y equipajes y parte del combustible. Mientras se efectúa la operación, pues el avión sigue perdiendo altura.

Al fin tocaron tierra en Recife , saboreando ya las mieles del éxito aún a pesar de que por delante quedaban etapas que salvar. Poco después, el 4 de febrero, llegaban a Río de Janeiro. Allí permanecieron cinco días. Aterrizaron entre una vasta multitud de curiosos.

Jalonados por una nutrida compañía de aviones del ejercito brasileño, despegaron camino de Montevideo a donde llegó y paró el Plus Ultra el 9 de febrero, a pesar de tener orden de no hacerlo, y ello originaría la primera desavenencia del piloto (Ramón Franco) con Kindelán (en aquel momento director general de Aeronáutica del Ejército español) y Primo de Rivera.

La breve etapa Montevideo-Buenos Aires la realizó Ramón Franco en la mañana del día 10. El recibimiento que le dispensaron los argentinos fue apoteósico, con las puertas del comercio y de muchas fábricas cerradas en honor de los españoles. Los aviadores fueron llevados en loor de multitud a presencia del presidente de la República y del Gobierno, que los recibieron en la Casa Rosada.

El entusiasmo generado en Brasil, Uruguay y Argentina, y por supuesto en España, por el vuelo del Plus Ultra fue tan extraordinario que Ramón Franco pretendió extenderlo al resto de América, con un retorno por Chile, costa del Pacífico, México, Cuba, Norteamérica y Azores. Madrid no autorizó este vuelo y cedió el Plus Ultra al pueblo argentinoBuenos Aires, en contrapartida, ofreció el crucero Buenos Aires para que Franco y sus compañeros realizaran el retorno a Palos y Sevilla. En esta ciudad fueron recibidos por Alfonso XIII y un gran número de aviones militares; días después, el 16 de abril de 1926, se impuso a Ramón Franco en Cuatro Vientos la Medalla Plus Ultra, de nueva creación.

Tal fue la repercusión del vuelo del Plus Ultra, sobre todo en Argentina que, hasta el famoso intérprete, Carlos Gardel, compuso un tango en su honor titulado “La gloria del águila”. Se puede oír aquí:

https://www.youtube.com/watch?v=UAdiQk6VIQo

El destino de los protagonistas

Los días de gloria de Ramón Franco empezaron a declinar por su azarosa vida, cuyo primer capítulo y no menor en aquellos tiempos, fue su boda con una cabaretera. Sus contradicciones personales y políticas dieron a su familia más de un disgusto.

Lo que nunca le pudo criticar nadie fue su arrojo, intrepidez y habilidad como aviador.

Durante la Guerra Civil, se le dio una misión en las Islas Baleares. Esa misión no le obligaba a efectuar servicios de guerra, aunque todos los meses realizaba alguno. El 28 de octubre de 1938 se había ordenado una acción contra el puerto de Valencia y, a pesar de las condiciones atmosféricas desfavorables, Franco tomó el mando de uno de los hidroaviones Cant Z-506 que ejecutarían el servicio. Cayó al mar poco después del despegue, los restos del hidroavión fueron localizados doce horas más tarde.

El cadáver de Ramón Franco fue recuperado al día siguiente y enterrado en la tarde del 31 de octubre.

Con respecto al resto de la tripulación. Julio Ruiz de Alda durante la guerra se posicionó como miembro de Falange. Fue detenido en su despacho el 14 de marzo de 1936 y recluido en la cárcel modelo de Madrid.  El 22 de agosto de 1936, la prisión fue invadida por milicianos anarquistas, que se hicieron con el control de la misma y decidieron la ejecución en los patios de la cárcel de varios presos significados, entre ellos Ruiz de Alda.  Sin juicio y sin respeto a los acuerdos de ginebra sobre los presos políticos.

Juan Manuel Durán González falleció el 19 de julio de 1926, con 26 años, ​ a consecuencia de un accidente en una exhibición aérea en Barcelona. Sus restos yacen en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.

El Mecánico Pablo Rada durante la Guerra Civil se mantuvo en el bando Republicano. Vivió exiliado en Francia, Colombia y Venezuela. En 1969, tras treinta años de exilio mostró su deseo de volver a España, a donde llegó, con el beneplácito de Francisco Franco, el 17 de febrero. Falleció el 18 de mayo de 1969 a causa de un colapso cardiaco. Sus restos fueron sepultados en el panteón que la Armada tiene en el cementerio de Los Molinos (provincia de Madrid).

El nombre del avión y de la operación.

Según la mitología griega, Hércules separó con su sobrehumana fuerza dos montes, Abila y Calpe, uniendo las aguas del Océano con las del Mediterráneo. Así se formó el Estrecho de Gibraltar, cuyos mojones, Calpe (el Peñón de Gibraltar) y Abila (el Monte Hacho, en Ceuta), serían “las Columnas de Hércules”. Griegos y romanos consideraban que aquello era el fin del mundo, que no había nada más allá. Era el “Non terrea Plus Ultra”, es decir, no existe tierra más allá.

Ese mito fue deshecho por el descubrimiento español de América en 1492. Más tarde Carlos I recuperaría el lema Plus Ultra (más allá) como reivindicación de la gesta española que le había dado el mayor imperio del mundo. Así aparece en la cinta que rodea las torres e Hércules en el Escudo Nacional. Primo de Rivera, el general Soriano y Ramón Franco decidieron recuperar el símbolo del gran descubrimiento de la Corona española para la Hazaña que estaban a punto de realizar.

 

BIBLIOGRAFÍA

DE LA CUADRA DURÁN, Federico.-  “España, cuatro meses de gloria. La hazaña del «Plus Ultra«. Ed AE. 2010

GUADALAJARA, José.- “Un tango llamado Ramón Franco” Ed. Stella Maris, 2016.

MÁRQUEZ MACÍAS, Rosario (coordinadora)-. “ De Palos al Plata. El vuelo del Plus Ultra a 90 años de su partida”. Ed Universidad Internacional de Andalucía. 2016. https://dspace.unia.es/server/api/core/bitstreams/f8a039b4-57fe-4428-897d-151e29facc84/content

 

 

El Tratado de Tordesillas

El Tratado de Tordesillas fue un acuerdo entre los reinos de España y Portugal, que permitió, entre otras cosas, el reparto del mundo entre las dos grandes potencias del momento. Nos situamos en 1494.

El precedente del Tratado de Tordesillas, fue el Tratado de Alcazobas o Alcáçovas (en portugués), que ya vimos aquí: https://algodehistoria.home.blog/2022/02/04/el-tratado-de-alcazobas/ firmado, en 1479, entre las coronas española y portuguesa. Dicho tratado ponía fin a la guerra de sucesión a la Corona de Castilla, tras la muerte del rey Enrique IV, y que enfrentó a la hermanastra de Enrique, Isabel, y a la hija de aquel, Juana la Beltraneja. Esta última contaba con el apoyo del rey de Portugal. Como todos sabemos, aquella guerra culminó en la victoria de los partidarios de Isabel, que asciende al trono como Isabel I de Castilla. La trascendencia del tratado de Alcazobas se incrementó por delimitar los derechos de navegación de Castilla y Portugal. En su clausulado se reparte la costa atlántica conocida o por explorar utilizando como elemento divisorio los paralelos de la Tierra. Portugal mantiene el control sobre sus posesiones de Guinea, la Mina de Oro, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde, y se le reconoce la exclusividad de la conquista del Reino de Fez. A Castilla se le concede la soberanía sobre las islas Canarias y la parte superior del paralelo que delimitan esas islas afortunadas.

Con el tiempo, múltiples incidentes ponen en peligro la paz conquistada en Alcazobas. La situación se complica cuando Juan II de Portugal (no olvidemos que Cristóbal Colón ofreció sus servicios al rey de Portugal antes que a Castilla para emprender la conquista de las Indias navegando por occidente y los portugueses no quisieron financiar los gastos de aquella empresa) recibió a Colón a la vuelta de su primer viaje a las Indias. Recordemos que fue la carabela La Pinta la que antes arribó a las costas españolas, por Galicia, y transmitió las primeras noticias del descubrimiento del Nuevo Mundo. Los rumores, que también llegaron a Portugal, se confirmaron cuando Colón, que viajaba en La Niña, atracó en Lisboa, siendo recibido por el rey de Portugal. Convencido Juan II de que los nuevos territorios estaban por debajo del paralelo correspondiente a las islas Canarias, no tardó en reclamarlos para su país, al tiempo que la Corona española aseveraba que el territorio recién descubierto era propiedad de Castilla.

Se producía así un choque dialéctico entre ambas monarquías por la interpretación del tratado de Alcazobas y por el dominio de la navegación mundial. Se iniciaron unas tensas negociaciones en las que primaba el sincero interés mutuo de no alcanzar un enfrentamiento armado.

En aras a encontrar una solución, Fernando el Católico propuso la mediación del Papa español Alejandro VI, Papa Borgia, con el que mantenía una excelente relación el rey aragonés. El Papa Alejandro, gran político, interesado siempre el engrandecimiento de los Estados Pontificios, tuvo algunos sonados enfrentamientos con las potencias europeas, muy especialmente con Francia. Aunque también fue un excelente diplomático que obtuvo alianzas hasta con sus más acérrimos enemigos; pero, con carácter general,  España fue su gran valedor internacional. En el momento de la historia que nos hallamos, Alejandro tenía serios enfrenamientos con Carlos VIII de Francia. En este contexto no es de extrañar que al Papa le interese apoyar los intereses españoles en las negociaciones mantenidas con Portugal. Los Reyes Católicos (que recibieron ese título precisamente de Alejandro VI) rechazaban las pretensiones portuguesas: entendían que África debía ser para Portugal y las zonas del nuevo descubrimiento para España.

La intermediación papal se concreta en las conocidas como “Bulas Alejandrinas” dictadas en 1493. Se trata de tres bulas: «I Inter Caeteras» que  establece que todas las tierras descubiertas por Colón y las que posteriormente se descubran serán para Castilla; «II Inter Caeteras» modifica el sentido de la primera y fija una línea a 100 leguas al oeste de las Azores y Cabo Verde para definir el dominio marítimo y terrestre de Castilla; la tercera bula, «Eximiae devotiones» no menciona la existencia de la segunda y ratifica lo señalado en la primera, ampliando, así, las concesiones asignadas a Castilla.

A esta maniobra de Fernando, se unió su rapidez en organizar una segunda expedición al Nuevo Mundo, adelantándose a lo que pudiera hacer Portugal.

Aunque el rey de Portugal protestó, acabó aceptando el nuevo reparto, con ligeras modificaciones en relación a las bulas alejandrinas. Aquel acuerdo se plasmó en el Tratado de Tordesillas,  acordado en la ciudad vallisoletana por los representantes de ambos países el 7 de junio de 1494. Los Reyes Católicos lo firmaron en Arévalo el 2 de julio y, el 5 de septiembre, lo rubricó Juan II en Setúbal. Entonces no se conocía aún la dimensión de lo descubierto por Colón; a Portugal lo que le interesaba era mantener abierta la ruta hacia la India, la ruta de las especias, tan lucrativa en aquellos tiempos y limitada, en su discurrir por la tradicional ruta mediterránea, por el bloqueo turco.

La esencia del acuerdo consistió en una modificación del sistema de reparto. Si en el tratado de Alcazobas se utilizaron los paralelos, en el de Tordesillas, la división se hizo utilizando los meridianos.  El tratado acabó estableciendo, tras varias propuestas, un meridiano a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, es decir, en 46° 37′ longitud oeste. Todos los territorios por descubrirse al este de dicha línea quedarían bajo dominio portugués, mientras que España tendría soberanía sobre los ubicados al oeste. La cartografía de entonces no era muy precisa por lo que se acordó que marinos y astrónomos de ambas naciones estudiaran la situación exacta sobre el terreno, determinando el lugar exacto en el que se establecería la línea divisoria. Tales trabajos no se llevaron a cabo. El empeño portugués en modificar esa línea, que coincide con la actual ciudad de Sao Paulo, fue enorme. No sólo por dar legitimidad a la toma de posesión del Brasil hecha por Pedro Álvares en el año 1500 (aunque los portugueses le consideran el primer explorador que llegó a Brasil, lo cierto es que ese honor le cabe al español Vicente Yáñez Pinzón, tres meses antes de la llegada del portugués, pero la división territorial hecha en Tordesillas dejaba sin legitimidad la conquista española) sino, como señalan algunos historiadores, por lograr el territorio más importante del nuevo continente y, a medida que se fue conociendo lo que hoy es Sudamérica, por controlar el paso hacia las Indias por el cabo de Hornos. Fuera como fuere, esta posesión portuguesa y su delimitación dio algunos problemas al mantenimiento de tratado de Tordesillas.

Además de lo dicho, el tratado señalaba que:

  • Ninguno de los dos reinos podía enviar expediciones hacia el territorio asignado al otro.
  • A los barcos españoles se les otorgaba libertad y seguridad de tránsito por las aguas portuguesas cuando navegaran hacia América, siempre que siguieran una línea recta hacia sus respectivos destinos.
  • Dado que estaba en marcha un nuevo viaje de Colón, se acordó que hasta el 20 de junio de 1494 España tendría derecho de posesión sobre las tierras e islas que descubriera durante ese plazo entre las 250 y 370 leguas desde Cabo Verde, cosa que no sucedió dado que en el segundo viaje Colón no se aproximó a Sudamérica.
  • También ponía límites en los meridianos que trazaban las zonas de influencia en Asia.

El tratado fue enviado para su confirmación a la Santa Sede, dado que alteraba los términos establecidos en las Bulas Alejandrinas, como ya indicamos con anterioridad. El papa Alejandro VI nunca confirmó el tratado, por lo que la aprobación papal llegó con su sucesor, Julio II, en 1506, mediante la bula “Ea quae pro bono pacis”.

El tratado de Tordesillas permitió que los reinos español y portugués continuaran con sus expediciones navales sin enfrentamiento entre ellos. Por el contrario, países como Francia, Holanda e Inglaterra cuestionaron el reparto de tierras entre Castilla y Portugal -ambos se convertían en poderosos imperios, lo que suponía un serio peligro para el resto de potencias europeas-. De ahí nace la razón de las expediciones organizadas por esas potencias menores para atacar territorios portugueses y españoles, que tuvieron cierta frecuencia desde entonces.

Los límites establecidos por el Tratado de Tordesillas quedaron en desuso al producirse la Unión Ibérica (1580-1640). En este momento, tanto Portugal como sus posesiones pasaron a formar parte de la Corona española.

Los colonos portugueses ya no tenían obligación de quedarse sólo en la costa y comenzaron a aventurarse en el interior del territorio. Además, y coincidiendo con la independencia de Portugal en 1640, el nuevo Estado emprendió, ya sin base legal, algunas acciones comerciales y coloniales más allá de dicho límite; por ejemplo, la fundación en 1680 de la Nueva Colonia del Santísimo Sacramento, frente por frente  a la ciudad de Buenos Aires, es decir en las costas rioplatenses del actual Uruguay, y la fundación, en 1737, del fuerte de “Jesús, María, José” que dio origen al Estado federal brasileño de Río Grande del Sur, en la orilla opuesta del Río de la Plata en la que se encuentra Buenos Aires. Esto provocó una serie de disputas entre España y Portugal durante años. El Tratado de Madrid de 1750 aclara estas fronteras y delimita los márgenes de Brasil casi como son en la actualidad.

Pero ya con anterioridad, el tratado había sufrido modificaciones por el tratado de Zaragoza (1529), que modifico los límites del acuerdo en Asia,  el de Lisboa (1701) y con las disposiciones del Tratado de Utrecht (1713-1715) que afectaban a España y Portugal.

Del tratado, al ser bilateral, se conservan dos originales: en versión castellana se conserva en el Archivo Nacional de la Torre de Tombo en Lisboa y en versión portuguesa en el Archivo General de Indias ( Sevilla ).

La gran trascendencia de aquel acuerdo ha sido reconocida por la UNESCO, que en 1997 creó el Programa Memoria del Mundo con la finalidad de que no se perdieran para el futuro los acontecimientos más destacados de la Historia de la humanidad. A ese programa España y Portugal presentaron de forma conjunta el Tratado de Tordesillas, como documento que merecía tal consideración y ha pasado a formar parte del registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO.

Esto conviene recordarlo en serio, pero también de forma un poco más divertida. Dado que se acerca el verano y el descanso merecido de este blog.

Recordemos que fuimos un Imperio y que el tratado de Tordesillas fue parte importante del mismo. Los Nikis año 1985 “El Imperio contraataca”: https://youtube.com/watch?v=71m3JuHKngY&si=6RUfich2n112glG6

 

BIBLIOGRAFIA

El Tratado de Tordesillas: https://www.escrituraydocumentos.com/el-tratado-de-tordesillas-de-1494-digitalizado-en-pdf/

AGUADO BLEYE, Pedro.- “Manual de Historia de España”. Ed Espasa-Calpe. 1954

MARCO, José María.- “Una historia patriótica de España”. Ed Planeta.2011

UBIETO, REGLÁ, JOVER Y SECO. “Introducción a la Historia de España”. Ed Teide. 1983

Bloqueo de Venezuela.

El siglo XIX trajo para América una supuesta independencia que se materializó en pasar de ser provincias españolas a depender de la órbita de EE.UU y, cuando esto no ocurre o USA se descuida, acudir a someterse a regímenes dictatoriales de carácter comunista o narco-comunista, como estamos viendo estos días.

Es significativa de ese cambio de posición la situación creada en Venezuela en 1902-1903 cuando determinadas potencias europeas bloquearon los puertos venezolanos para lograr el cobro de sus deudas, y la posición y el debate jurídico-político que se desató entre la interpretación de la doctrina Monroe: “ América para los americanos” y la Doctrina Drago- político argentino-, cuyo posicionamiento jurídico en relación con la intervención y cobro de deudas ante el derecho internacional no era más  que un intentó aplicar de manera más general aquella doctrina Monroe en una especie de acción conjunta y solidaria de los países americanos. En un aspecto mucho más universal aquellos debates pueden ser catalogados como elemento fundante del principio de prohibición del uso de la fuerza, vigente en el actual Derecho Internacional.

El debate se inicia porque Venezuela, en la última década del siglo XIX,  atravesó un momento de profunda inestabilidad política. Las guerras civiles, que ensangrentaron el país, provocaron daños ingentes a las comunidades extranjera. En ese contexto, las condiciones económicas venezolanas eran desastrosas. El país estaba muy expuesto a la penetración económica extranjera. Numerosas compañías estadounidenses y europeas habían ganado concesiones mineras, contratos para la construcción de ferrocarriles y conexiones telegráficas, para la institución de líneas de navegación y otras muchas infraestructuras y servicios. Entre ellos los más expuestos eran Gran Bretaña, Alemania e Italia. El Gobierno venezolano dirigido por el dictador Cipriano Castro, se negó a indemnizar a los extranjeros perjudicados por las guerras civiles y a abonar las deudas contraídas con esas potencias. Por ello, en 1902,  Reino Unido, Alemania e Italia inician un bloqueo naval de los puertos de Venezuela. De las tres, Italia actuó en un segundo plano, la debilidad de su fuerza naval y su escasa presencia internacional, no le permitían otra opción.

El propio primer ministro británico David Balfour, ante la Cámara de los Comunes, señaló que la acción tenía su origen en la renuencia del gobierno venezolano a reconocer las reclamaciones pendientes por daños y perjuicios causados a las personas y propiedades de súbditos de las potencias atacantes, así como el cobro de la deuda pública externa que el país mantenía en crónico estado de mora con Gran Bretaña y Alemania.

La deuda ascendía en diciembre de 1902 a 186.500.000 Bolívares, si bien, Venezuela sólo reconocía una deuda de 119.300.000 bolívares, saldo al que se habían acumulado 46.000.000 Bs. por intereses, una auténtica fortuna para la época. Como demuestra que los ingresos fiscales anuales de Venezuela no llegaban a 30.000.000 de Bs. Es decir, Venezuela era un país internacionalmente insolvente, sin ninguna capacidad de pago.

El 9 de diciembre de 1902, unidades de la armada inglesa y alemana actuando en operación conjunta atacaron el puerto de La Guaira. Allí tomaron, sin combatir, a 6 naves de guerra venezolana; desembarcaron tropas en los muelles, y en la ciudad. En los días posteriores apresaron a diferentes navíos de guerra venezolanos, ocuparon la isla Trinidad, el castillo Libertador y el fortín Solano de Puerto Cabello. Pocos días después, al grupo anglo-germano se unieron 2 buques de la armada italiana para servir a la expedición en tareas de acompañamiento logístico. El 22 de diciembre de 1902, el vicealmirante inglés Archibald Lucas Douglas, comandante de la armada conjunta, en esta ocasión en nombre del imperio británico, hizo publicar en el diario El Heraldo de La Guaira la siguiente disposición: “Por la presente se notifica que un bloqueo ha sido declarado para los puertos de La Guaira, Carenero, Guanta, Cumaná, Carúpano y las bocas del Orinoco, y se hará efectivo desde y después del 20 de diciembre…”. Sólo se refería a La Guaira y a las costas situadas al este de dicho puerto, porque las occidentales quedaron a cargo de los alemanes. El comandante de estos se dirigió al del castillo San Carlos en los siguientes términos: “Según ordenanzas de Su Majestad el Emperador de Alemania declaro por la presente el bloqueo de los puertos venezolanos de Puerto Cabello y Maracaibo…” Por suerte para Venezuela, el desconocimiento del lago Maracaibo hizo fracasar a la flota europea en su intento de llegar a la ciudad del mismo nombre.

Así las cosas y ante la pasividad norteamericana, se produce la muy destacada intervención diplomática Argentina.

La situación jurídica se desarrolla bajo la doctrina Monroe, la ya vista “ América para los americanos”. Sin embargo, en aquella hora del conflicto que sufría Venezuela los EE.UU replican que, como país, no apoyarían a un estado americano que sufriese ataques bélicos como respuesta a la negativa de pagar sus deudas- al fin y a la postre, USA también era acreedora de Venezuela- y por ello pretendía que la Doctrina Monroe sólo se debía aplicar cuando el país americano del que se tratase sufriese ataques de potencias europeas motivadas por la intención de recuperar territorios americanos y colonizarlos. ​ En ese contexto surge la doctrina Drago, como una protesta por parte de Luis María Drago, ministro de Asuntos Exteriores argentino bajo la presidencia de Julio Roca, quien en respuesta a la posición norteamericana afirma que, ningún Estado extranjero puede utilizar la fuerza contra una nación americana con la finalidad de cobrar una deuda financiera. Sin querer llevar la contraria a los norteamericanos, Drago sostiene que el derecho internacional debe ser comprendido como algo más que mero reflejo de la política, como unas reglas, normas y proyectos de gobernanza que también poseen carácter constitutivo en el contexto político. Al fin y al cabo, en muchas ocasiones se había utilizado la fuerza para cobrar las deudas y esto era algo más o menos aceptado por el Derecho Internacional. La propia Argentina había experimentado casos específicos de intervención para proteger los intereses de ciudadanos británicos, por ejemplo. Sin embargo, el razonamiento de Drago procede de ver un aspecto más del problema de la deuda nacional.

La deuda externa ha sido una cuestión fundamental en América Latina desde la independencia de los países de la región. Los estados latinoamericanos financiaron sus guerras, sus déficits y sus esquemas de desarrollo económico a través de la captación de recursos en los mercados financieros internacionales desde el comienzo del siglo XIX hasta el contexto presente. En ese sentido, poner el foco en la deuda externa permite iluminar la historia de la región, la cual ha estado marcada por crisis recurrentes de crédito y endeudamiento, que han generado ciclos de prosperidad y crisis que siempre han tenido profundas causas estructurales. Esto ha provocado la intervención en la región durante los diversos ciclos económicos de otras potencias,  bien capitalistas o bien comunistas, apoyadas en un populismo salvífico, que no ha conducido a ningún buen resultado en la mayor parte de Hispanoamérica.

La tesis jurídica de Drago se centra en esa deuda y su repercusión. Sostiene Drago que, en caso de deuda externa, lo que está en juego es la soberanía de un Estado. Y el Derecho Internacional, basado en el principio de la igualdad soberana, no permite que un ente soberano utilice métodos coercitivos para forzar a otro ente igualmente soberano a cumplir las obligaciones pecuniarias relacionadas con el endeudamiento externo. Además, así le centraba un balón a los norteamericanos que llegaba al área nuclear de la doctrina Monroe.

Con esta posición por bandera y tras no pocas reuniones y conversaciones, consiguió que los EE.UU aceptaran ejercer una mediación en el conflicto venezolano.

El bloqueo a Venezuela terminó siendo resuelto por medio de un arbitraje liderado por los EE.UU.  Se buscaron fórmulas de pago. Venezuela también acordó renegociar su deuda. Los acuerdos se firmaron en Washington. En febrero de 1903 entre Venezuela y Gran Bretaña y en 1904 tanto entre Venezuela e Italia, como entre Venezuela y Alemania. En cuanto al este último, el gobierno venezolano se comprometió a renegociar los términos del préstamo contratado en 1896, el cual estaba enteramente en manos de acreedores alemanes, además de obligarse a renegociar la totalidad de su deuda externa.

Drago actuó conforme a su sensibilidad regional. Su apoyo a la doctrina Monroe nació de que, a pesar de ser proclamada como doctrina estadounidense, había sido incorporada por los países de América del Sur como forma de garantizar el bienestar y la tranquilidad interna de cada una de las repúblicas de esa parte del continente americano, como proyecto de cooperación y carácter moral entre todos los países del continente americano.

Sin embargo, su aceptación sirvió en bandeja la reformulación de la doctrina con el corolario Roosevelt. El corolario establecía que los Estados Unidos podían intervenir en los asuntos internos de países hispanoamericanos si cometían faltas flagrantes y crónicas. Y así actuó USA en Santo Domingo en 1905. Momento en que Drago se mostró en contra de tal acto por perjudicar la soberanía dominicana. Pero ya su posición no tuvo predicamento.

Lo que sí logró fue exponer todo su corpus doctrinal en la II Conferencia de Paz de La Haya de 1907,  siendo aceptada por los norteamericanos, cuya representación llevaba el General Porter, de ahí que se conozca como convenio Porter al firmado el 18 de octubre de 1907, relativo a la limitación del empleo de la fuerza para el cobro de las deudas contractuales.

La deuda de las naciones hispanoamericanas, la falta de organización interna de esos Estados, su rechazo a las estructuras españolas heredadas y su enfrentamiento a su antigua nación- España- provocó en los países sudamericanos una debilidad que perjudicó su soberanía. De lo que, en numerosísimos casos, aún no se han recuperado. Como provincias españolas vivían mejor. Pero para desembarazarse de la madre patria falsearon la Historia, su Historia, y como dijo el gran historiador argentino Juan bautista Alberdi: “Entre el pasado y el presente hay una filiación tan estrecha que juzgar el pasado no es otra cosa que ocuparse del presente. Si así no fuera, la historia no tendría interés ni objetivo. Falsificad el sentido de la historia y pervertís por el hecho toda la política. La falsa historia es el origen de la falsa política”.

 

BIBLIOGRAFÍA

FONZO, Erminio.- “Italia y el bloqueo de Venezuela”. Ed. Università degli Studi di Salerno. 2016.

http://www.culturalatinoamericanaplaneta.it/es/component/attachments/download/106

RODRÍGUEZ CAMPOS, Manuel. “Venezuela 1902: la crisis fiscal y el bloqueo : perfil de una soberanía vulnerada”. Ed Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela, 1977.

ROUSSEAU, C. “Derecho Internacional Público”. Ed Ariel. 1957

 

EL CONFLICTO DE BEAGLE

El otro día en la entrada sobre la Guerra de las Malvinas, hacíamos mención a que Chile no apoyó a Argentina en la guerra por el conflicto que ambos países tenían en el canal de Beagle. https://algodehistoria.home.blog/2023/04/14/la-guerra-de-las-malvinas/

Veamos en qué consistió aquel conflicto.

Tras la detención de Fernando VII por las huestes napoleónicas en 1808 se producen las primeras juntas de gobierno en España y también en Hispanoamérica. Muchas de estas últimas en un acto de traición a su país, España, proceden a buscar la independencia de los diferentes territorios.

Lo que hoy son Chile y Argentina dependieron durante un tiempo del Virreinato del Perú. Posteriormente, al crearse el Virreinato del Rio de la Plata- de manera definitiva, el 27 de octubre de 1777, estableciendo su capital en la ciudad de Buenos Aires-, se separaron en su gobierno ambos territorios.

Su proceso de emancipación culmina, en el caso de Argentina, el 9 de julio de 1816 en el Congreso de Tucumán en el que las Provincias Unidas del Río de la Plata proclaman su independencia de España. En cuanto a Chile, la materialización de la independencia se produjo cuando las tropas independentistas refugiadas en la ciudad de Mendoza formaron junto con las de las Provincias Unidas del Río de la Plata, fundamentalmente lo que hoy es Argentina, el ejército de los Andes, comandado por José San Martín. Tras la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, se inicia el periodo de Patria Nueva y la consiguiente independencia chilena.

Aquella armonía conjunta para lograr la independencia se vio truncada poco después por la falta de definición de la frontera sur de ambos países. Ahí es donde aparece en nuestra historia el canal Beagle. Este estrecho paso conecta el océano Atlántico y el océano Pacífico. Tiene unos 240 km de longitud al sur de Tierra de Fuego y al norte del cabo de Hornos. Por situarnos geográficamente, toda la zona occidental del canal está íntegra y totalmente dentro de Chile, mientras que la zona oriental es compartida por Chile y Argentina (al norte Argentina y al sur Chile) formando la frontera entre ambos países.

Este canal fue objeto de controversia desde 1811. El centro del litigio fue la soberanía de las islas de Lennox, Picton y Nueva, en función de la importancia económica de sus aguas y fondos marinos, y de la proyección continental hacia la Antártida. El conflicto del Beagle se enmarca en las numerosas disputas y tensiones que han existido entre Chile y Argentina desde que se convirtieron en Estados soberanos y trazaron sus fronteras. La relevancia geoestratégica de la región austral de la Patagonia es conocida y pretendida por ambos países: acceso a los dos océanos, a recursos marinos y a la plataforma continental de la Antártida. En esto se puede decir que bajo la Corona española vivían mejor.

El nombre original del canal era canal Onashaga, que en lengua nativa de la zona significaba “canal de los cazadores”. El nombre “Beagle” es heredado del nombre del famoso barco británico HMS Beagle, el cual realizó una expedición a principios de 1800 a cargo del Capitán Robert Fitz Roy, en el que navegaba el célebre naturalista inglés Charles Darwin.

En 1881 hubo un primer intento de llegar a una solución pactada y así Argentina y Chile firmaron el llamado Tratado de Límites, donde se hizo la siguiente repartición territorial: son argentinas todas las islas que “haya sobre el Atlántico, al oriente de la Tierra de Fuego y costas orientales al sur del canal de Beagle hasta el cabo de Hornos y las que haya al occidente de la Tierra de Fuego”.

Fue necesario formular un Protocolo Aclaratorio debido a lo inconcreta que resultaba esta descripción. Por lo tanto, en 1893, ambos países firmaron el documento adicional al de 1881, buscando unos términos más concretos. Pero no se consiguió y en 1896 se trató de resolver un conflicto mediante un tratado en el cual las partes sometían sus divergencias a un arbitraje internacional.

La disputa se centraba en si el Canal Beagle, y por lo tanto la frontera, corría al norte de las tres islas clave de Picton, Lennox y Nueva (lo que las convertiría en chilenas), o al sur de las islas (lo que las convertiría en argentinas).  En una mejor definición, la problemática se centraba en definir dónde empezaban las aguas del Atlántico y dónde las del Pacífico. En una división tácita, nunca expresa, Argentina se inclinaba a controlar el Atlántico y dejaba el Pacífico a Chile. Por lo tanto, el problema no eran las islas en sí mismas, que son frías y áridas, sino que la propiedad de ellas podría permitir a Chile reclamar la soberanía o establecer una zona económica exclusiva a 200 millas en el Atlántico Sur, inhibiendo la capacidad de Argentina para proyectar su influencia en esa región,  en sus islas clave (incluidas las Islas Malvinas) y en la Antártida.

Desde entonces los avatares de la disputa de ambos países fueron múltiples y prolongados en el tiempo hasta llegar a la decisión de buscar un arbitraje. La primera propuesta se remonta a 1902. En aquel año se firmaron los Pactos de Mayo donde se establecía que la Corona Británica ejercería de árbitro- Suiza también fue propuesta, pero rechazó la oferta-. Su decisión sería jurídicamente vinculante para ambos Estados. Pero nada más concreto se hizo y las discusiones continuaron con reclamaciones territoriales permanentes por parte de ambos países.

El 28 de noviembre de 1967, la marina argentina expulsó una cañonera chilena de Ushuaia, ciudad situada en el canal de Beagle. Unos días más tarde, Chile solicitó activar el arbitraje británico acordado en 1902.

El hecho de ser países vecinos llevó a los Estados a buscar, por medios diplomáticos, la solución del conflicto. Sin embargo, el fuerte nacionalismo mostrado por ambos gobiernos y pueblos, sumado a que la decisión marcaría la diferencia con respecto al acceso a ambos océanos y a la plataforma Antártica, hicieron subir la tensión en la frontera.

La firma del Acuerdo sobre Arbitraje se produjo en Londres el 22 de julio de 1971. El Acuerdo sobre Arbitraje era un compromiso que solicitaba la determinación de los límites argentino-chilenos en el canal Beagle y la adjudicación de las islas Picton, Nueva y Lennox e islotes adyacentes. Asimismo, aún designando al Gobierno de Su Majestad Británica como árbitro de la disputa limítrofe, no le correspondía a éste la resolución final, sino que debía nombrar un Tribunal Arbitral de cinco jueces de la Corte Internacional de Justicia.

Al día siguiente se reunirían los líderes de los dos Estados enfrentados, Allende y Lanusse.

Esta reunión fue considerada “histórica y esperanzadora” donde ambos superarían las diferencias que los procesos de integración regional les determinaban.

El fallo de la Corte Arbitral llegó seis años después a través del Laudo Arbitral de 1977. El mismo otorgaba a Chile las islas Lennox, Nueva y Picton, ubicadas en el canal Beagle, las islas e islotes adyacentes, así como las demás islas e islotes cuya superficie total terrestre se encuentre situada enteramente dentro de la región perteneciente a la República de Chile.

En 1977, en Chile gobernaba Pinochet que se apresuró a reconocer el fallo. No ocurrió lo mismo del lado argentino, donde la dictadura militar no podía aceptar lo que consideraban una incursión de Chile en sus aguas territoriales. El laudo le permitía a Chile la proyección en el Atlántico, tan temida por los sectores nacionalistas argentinos.

La protesta argentina fue expresada en virtud de las siguientes razones:

1.- Chile debía garantizar a Argentina un límite en el Atlántico Sur de manera que no pudieran los chilenos avanzar hacia el Este.

2.- El gobierno chileno debía reconocer que el frente marítimo del Atlántico Sur era argentino.

3.- Desde Santiago se debía efectuar una declaración que expresara que “sin prejuicio de sus legítimos derechos antárticos, Argentina termina en el cabo de Hornos y que éste constituye el punto divisorio entre las aguas del Atlántico y Pacífico”

En 1978, el gobierno argentino de Videla presentó una Declaración de Nulidad del arbitraje y, al tiempo, aprobó una serie de maniobras militares en la zona de conflicto. Chile comunicó que acudiría al Tribunal de la Haya, y, al igual que Argentina, desplegó a su marina por la zona.

En aquel momento, Chile tenía también conflictos en el Pacífico con Bolivia y Perú.

Esto convertía la zona en un polvorín.

Durante todo el año 1978, se buscó un acuerdo bilateral, pero no fue posible. Las posiciones de ambos países estaban demasiado polarizadas: Chile se beneficiaba del statu quo que le proporcionaba el laudo británico, y Argentina continuaba revindicando errores en el arbitraje y buscaba una revisión de lo establecido.

Esta tensión empeoraba la situación de las fronteras, tanto marítimas como terrestres, en las que se vivían momentos de auténtica zozobra, con amplios despliegues militares. El empleo de las armas se veía venir por instantes. La situación pasaba por encontrar un nuevo mediador o acabaría produciéndose una guerra. La administración Carter se ofreció a ejercer esa mediación, también se pensó en España y al final se puso encima de la mesa al Vaticano y al Papa Juan Pablo II, que fue el elegido.

El 23 de diciembre de 1978, el Vaticano designó al cardenal italiano Samoré como enviado personal del Papa para mediar en la disputa territorial. Durante el verano de 1980, se anunciaron grandes avances en las conversaciones. De hecho, el 12 de diciembre de 1980, el Papa Juan Pablo II entregó a ambos gobiernos una propuesta de paz. Argentina buscó demorar aquel acuerdo y seguir negociando. Las negociaciones se alargaron cuatro años. El peligro de conflicto se redujo conforme se fue abriendo paso el dialogo. Fueron varias las visitas de los lideres americanos a la Santa Sede durante este tiempo. El descubrimiento de yacimientos petrolíferos dificultó la medicación, ya que esto sumaba relevancia geopolítica a las islas. Pero el vaticano consiguió que las negociaciones no naufragaran. Cuando el cardenal Samoré falleció, el 3 de febrero de 1983, antes de la firma del tratado final, continuó la mediación el Cardenal Agostino Casaroli, siempre con el apoyo y presencia del Papa Juan Pablo II. Los ministros de exteriores Dante Caputo por Argentina y Jaime del Valle Allende en nombre de Chile firmaron un tratado de amistad en Roma el día 23 de enero de 1984.

Aquella mediación de Juan Pablo II había frenado una inminente invasión militar argentina a territorio chileno. El fallo final fue aceptado por el país transandino, mientras que Argentina quedó disconforme y dejó avanzar los días. Sin embargo, el fin de la dictadura llegaba y el gobierno de Raúl Alfonsín retomó las negociaciones y aceptó la firma de un acuerdo que se celebró en el Vaticano el 18 de octubre de 1984.  Argentina quiso someter el acuerdo a referéndum, que se celebró el 25 de noviembre de aquel año. El texto del acuerdo fue aprobado por el pueblo argentino que lo avaló con el 82% de los votos.  Si bien la consulta no era vinculante, permitió acabar con el conflicto a pesar de la oposición de los peronistas.

El pacto consistía en tres partes. La primera se refería a la paz y amistad. La segunda a la delimitación marítima y la última a la cooperación económica y la integración física.

No se mencionó la controvertida división entre los océanos, sin embargo, se acepta que la delimitación del canal de Beagle era la establecida por el laudo británico . Asimismo, ambos Estados se consideran soberanos “sobre el mar, suelo y subsuelo”. Tampoco se hace mención a la plataforma continental y al espacio aéreo.

A pesar del laudo firmado, no se han eliminado las diferentes interpretaciones y disputas sobre la soberanía en los mares australes entre estos dos Estados, pero sí se logró la pacificación de la zona y el fin de las demostraciones de fuerza de unos y otros.

Si alguien se pregunta por qué Argentina aceptó ahora una solución semejante a la que habían señalado los británicos en 1977, la respuesta es que, en este segundo momento, 1984, los condicionantes era otros: la condición católica de ambos contendientes; el agotamiento económico de ambos países , especialmente en Argentina; los cambios políticos con el fin de las dictaduras; la guerra de las Malvinas…

Este no fue el primer caso de mediación papal en un conflicto internacional. Sin embargo, es uno de los más destacables del siglo XX, ya que la intervención del Vaticano evitó que estallara una guerra. «La guerra es siempre una derrota de la humanidad», en palabras de Juan Pablo II.

BIBLIOGRAFÍA

BENADAVA, Santiago.- Recuerdos de la Mediación Pontificia entre Chile y Argentina (1978-1985). Editorial Universitaria (Chile). 1999.

MARÍN MADRID, Alberto. El arbitraje del Beagle y la actitud argentina. Editorial Universitaria (Chile). 1978.

PASSARELLI, Bruno.- El delirio armado: Argentina-Chile la guerra que evitó el Papa. Buenos Aires: Editorial Sudamericana. 1998.

Tribunal Arbitral (1977). Beagle Channel Arbitration between the Republic of Argentina and the Republic of Chile, Report and Decision of the Court of Arbitration, 17 de febrero de 1977. Naciones Unidas. Beagle Channel Arbitration (en inglés).

Sabella, Bruno.- “Conflicto del Beagle: la guerra que no fue”. Diario Siglo XXI. 2022.

La Guerra de las Malvinas

Las Islas Malvinas (Falkland Islands, para los ingleses) se sitúan en el Atlántico Sur a una distancia de 341 Km de la Patagonia.

Las islas Malvinas fueron descubiertas en 1520 por Esteban Gómez, un marino español que formaba parte de la expedición liderada por Fernando de Magallanes. A partir de 1542 las islas quedaron dentro de la jurisdicción del Virreinato del Perú.

Se piensa que piratas británicos las avistaron en torno a 1592. Aunque parece ser que no pisaron sus costas hasta el siglo XVII, al igual que los piratas franceses. La presencia fue más habitual durante el siglo XVIII, de hecho, la diplomacia española protestó por estos desembarcos y logró, con ayuda de algún despliegue naval, que en 1767 Francia reconociera la soberanía española sobre el archipiélago y que los británicos abandonaran las islas en 1774.

Al crearse el Virreinato del Rio de la Plata (creado, primero, de forma provisional, el 1 de agosto de 1776, y, de manera definitiva, el 27 de octubre de 1777 por una Pragmática de Carlos III, estableciendo su capital en la ciudad de Buenos Aires), las islas Malvinas se situaron bajo su jurisdicción.

Cuando el 9 de julio de 1816, en el Congreso de Tucumán, las Provincias Unidas del Río de la Plata proclaman su independencia de España, les faltó tiempo para ocupar las Malvinas y establecer allí una guarnición militar. Allí se construyeron fuertes, se edificó, se pobló con algunas familias de ganaderos, de extendió la ganadería ovina y se prohibió la caza de focas.

Fue esta prohibición lo que hizo que Argentina tuviera el primer incidente diplomático con Estados Unidos. El incidente fue aprovechado por Gran Bretaña, que tenía puestos sus ojos en las islas como escala fundamental para sostener su comercio por el Pacífico, asegurando a los norteamericanos que las islas no eran argentinas, que eran británicas – haciendo valer su presencia, antes de que los españoles los echaran, al afirmar que ellos, los ingleses, nunca habían renunciado a su soberanía en las islas (los británicos nunca han renunciado del todo a su condición de piratas)-. Washington que, por favorecer sus intereses, estaba dispuesto a creer cualquier cosa, reconoce la soberanía británica a cambio del otorgamiento de derechos de libre pesca en las aguas inmediatas. En agosto de 1832, el primer ministro británico, Lord Palmerston ordenó al contraalmirante Thomas Baker que retomara el control de la corona sobre el archipiélago.

En 1833, los británicos desembarcaron en Malvinas y ocuparon las islas. La resistencia argentina no fue suficiente, ni militar ni diplomáticamente.  Gran Bretaña fortificó las islas y estableció allí a cientos de colonos ingleses, galeses y escoceses.

El mayor éxito de la diplomacia argentina se dio en 1945 al lograr que la ONU convocara a ambas partes a negociar. Paralelamente se establecieron vuelos comerciales entre las islas y el continente americano y se atendieron a varios isleños en hospitales argentinos. Esta política de acercamiento empezaba a dar frutos positivos cuando la dictadura militar se hizo con el gobierno de Argentina. A partir de 1976, la tensión aumentó, y en 1982 el general Leopoldo Galtieri decidió utilizar la fuerza para recuperar las Malvinas, dando inicio a una guerra que concluyó el 14 de junio con la victoria británica.

La decisión de invadir fue principalmente política: la junta militar argentina, que estaba siendo criticada por mala gestión económica y por sus innumerables abusos contra los derechos humanos, creía que la “recuperación” de las islas uniría a los argentinos detrás del gobierno en un fervor patriótico. Una fuerza de invasión de élite se entrenó en secreto para el asalto a las islas, pero su calendario se acortó cuando el 19 de marzo estalló una disputa en una de las islas cercanas al archipiélago, Georgia del Sur, controlada por los británicos, donde los trabajadores de salvamento argentinos habían izado la bandera argentina. Las fuerzas navales argentinas se movilizaron rápidamente.

Uniendo aquel conflicto con lo que creían una oportunidad de recuperar el archipiélago de las Malvinas, las tropas argentinas invadieron las Malvinas el 2 de abril, derrotando, en el marco de la Operación Rosario, a la pequeña guarnición de infantes de marina británicos en la capital Stanley (Port Stanley para los británicos, o Puerto Argentino, para los argentinos); obedecieron las órdenes de no infligir bajas británicas, a pesar de las pérdidas de sus propias unidades. Al día siguiente, los infantes de marina argentinos se apoderaron de la isla de Georgia del Sur. A finales de abril, Argentina había enviado más de 10.000 soldados a las Malvinas, aunque la gran mayoría de estos eran reclutas mal entrenados que no recibieron comida, ropa y refugio adecuados para el invierno que se acercaba.

Como era de esperar, la población argentina reaccionó favorablemente, reuniendo grandes multitudes en la Plaza de Mayo (frente al palacio presidencial) para demostrar su apoyo a la iniciativa militar. En respuesta a la invasión, el gobierno británico bajo el gobierno de Margaret Thatcher declaró una zona de guerra de 200 millas (320 km) alrededor de las Malvinas. El gobierno británico reunió rápidamente una flota con dos portaaviones, el HMS Hermes de 30 años y el nuevo portaaviones ligero HMS Invencible, y dos cruceros que entraron en servicio como transporte de tropas, el Queen Elizabeth 2 y el Canberra. Los portaaviones zarparon de Portsmouth el 5 de abril y a ellos se unieron otra serie de navíos por el camino. La rapidez se debió a que el primer Lord del Almirantazgo se había preparado para un posible conflicto desde que los argentinos llegaran a la isla de Georgia del Sur, y, sobre todo, porque no estaba de acuerdo con la política de reducción de la flota que había emprendido tiempo antes el Gobierno y deseaba hacer ver la importancia y la necesidad de mantener la Armada en todo su esplendor.

La mayoría de las potencias europeas expresaron su apoyo a Gran Bretaña y los asesores militares europeos fueron retirados de las bases argentinas. La situación más delicada la tenía España. La posición oficial en nuestro país respecto al conflicto se hizo pública en una nota oficial emitida el mismo día de la invasión, el 2 de abril de 1982. En la nota se condenaba el uso de la fuerza y el colonialismo. Esta condena al colonialismo fue interpretada como una muestra de apoyo moral a Argentina, en parte por la similitud con el tema de Gibraltar. España pareció dar pinceladas de apoyo a uno y otro bando, dejando ver una posición ambigua. España con esta nota logró no posicionarse claramente de manera oficial por ningún bando. Sin embargo, la opinión pública estaba claramente a favor de los argentinos, no sólo la prensa, sino que en las múltiples manifestaciones que se celebraron el lema seguido por los participantes era: Malvinas, argentinas; Gibraltar, español. La mayoría de los gobiernos latinoamericanos simpatizaron con Argentina. Una notable excepción fue Chile, que mantuvo un estado de alerta frente a su vecino por una disputa sobre islas en el Canal Beagle. La amenaza percibida de Chile llevó a Argentina a mantener la mayoría de sus tropas de élite en el continente, lejos del teatro de las Malvinas. Además, los planificadores militares argentinos habían confiado en que Estados Unidos se mantendría neutral en el conflicto y así lo intentó Reagan. De hecho, fue la propia Thatcher la que solicitó al presidente norteamericano que intercediera en busca de una solución pacífica, y Reagan lo intentó en distintas ocasiones, pero Galtieri no le escucho. Reagan que, por un lado, quería mantener su influencia en el sur del continente y, por otro, sabía del apoyo que en otros aspectos del orden mundial le ofrecía Gran bretaña, unido a la amistad ente Reagan y Thatcher, y tras todos aquellos intentos fallidos de mediación, ofreció pleno apoyo a Gran Bretaña. Esta postura norteamericana permitió que Gran Bretaña usara sus misiles aire-aire, sus equipos de comunicaciones, consiguiera combustible para la aviación y otras existencias militares que los americanos depositaron en la Isla Ascensión bajo control británico, además de cooperar con la inteligencia militar británica.

El 25 de abril, mientras el grueso de la fuerza naval británica navegaba los casi 13.000 km que distancian del Reino Unido de la zona de guerra, una fuerza británica más pequeña retomó la isla Georgia del Sur, capturando uno de los antiguos submarinos diesel-eléctricos de fabricación estadounidense de Argentina. El 2 de mayo, el obsoleto crucero argentino General Belgrano (comprado a los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial) fue hundido fuera de la zona de guerra por un submarino británico de propulsión nuclear, en este acto de guerra fallecieron 323 marinos argentinos.

Después de este suceso, la mayoría de los demás barcos argentinos se mantuvieron en el puerto, y la contribución de la armada argentina se limitó a su fuerza aérea naval y a las acciones de uno de sus submarinos diesel-eléctricos de fabricación alemana más nuevos. Este último representó una amenaza mayor para la flota británica de lo que se esperaba, lanzando ataques con torpedos que fallaron por poco.

Mientras tanto, la fuerza naval británica y las fuerzas aéreas argentinas con base en tierra libraron batallas campales. Los aviones argentinos consistían principalmente en varias docenas de antiguos cazabombarderos estadounidenses y franceses armados solo con bombas convencionales de alto explosivo y sin contramedidas electrónicas o de radar para controlar los objetivos. Sin embargo, la pericia y motivación de los pilotos argentinos lograron que aquellos viejos aparatos fueran realmente efectivos. Además, la armada argentina había recibido recientemente algunos nuevos aviones de fabricación francesa armados con los misiles antibuque; aunque solo un puñado en número, estos resultaron particularmente mortales. Debido a que las Malvinas estaban en el borde extremo del radio de combate de los aviones argentinos, dificultaba tanto su acción que los barcos británicos permanecieron fuera de su alcance, excepto cuando se acercaban para atacar las posiciones argentinas.

Para los británicos, el problema era su dependencia de dos portaaviones, ya que la pérdida de uno seguramente habría forzado la retirada. La cobertura aérea se limitó a unos 20 reactores navales Sea Harrier de corto alcance armados con misiles aire-aire. Para compensar la falta de cobertura aérea de largo alcance, se colocó una fuerza de detección de destructores y fragatas delante de la flota para que sirvieran como piquetes de radar. Sin embargo, no todos estaban armados con sistemas antiaéreos completos o armas cercanas para derribar misiles entrantes. Esto dejó a los barcos británicos vulnerables al ataque, y el 4 de mayo los argentinos hundieron al destructor HMS Sheffield. Mientras tanto, los argentinos perdieron entre el 20 y el 30 por ciento de sus aviones.

Así debilitados, los argentinos no pudieron evitar que los británicos hicieran un desembarco anfibio en las islas.

Aparentemente esperando un asalto británico directo, el comandante de las fuerzas terrestres argentinas, el general Mario Menéndez, centralizó sus fuerzas alrededor de la capital de Puerto Argentino para proteger su pista de aterrizaje. En cambio, el comandante de la fuerza naval británica, el contralmirante John Woodward, y el comandante de la fuerza terrestre, el general de división Jeremy Moore, decidieron hacer su aterrizaje inicial cerca de Puerto San Carlos, en la costa noreste de las Malvinas, y desde allí atacar por tierra Puerto Argentino. Calcularon que esto evitaría bajas entre la población civil británica y las fuerzas británicas.

Después de varios días de duros combates, algunos de ellos cuerpo a cuerpo, contra las valientes tropas argentinas atrincheradas a lo largo de varias cordilleras, los británicos lograron rodear y bloquear la capital y el puerto. A Menéndez no le quedó otra opción que la rendición el 14 de junio, poniendo fin al conflicto. Las fuerzas británicas retiraron una pequeña guarnición argentina de una de las Islas Sandwich del Sur, a unos 800 km al sureste de Georgia del Sur, el 20 de junio.

Los británicos capturaron a unos 11.400 prisioneros argentinos durante la guerra, todos los cuales fueron liberados después. Argentina anunció que se habían perdido alrededor de 650 vidas, aproximadamente la mitad de ellas en el hundimiento del General Belgrano, mientras que Gran Bretaña perdió a 255 personas.

La guerra tuvo serías consecuencias.

Para Argentina:

  • Galtieri fue destituido del poder y apresado junto con 9 militares más por Raúl Alfonsín 3 días después de la rendición.
  • La derrota fue el principio del fin de la Dictadura militar. El gobierno militar de Argentina quedó severamente desacreditado por su incapacidad para preparar y apoyar a sus propias fuerzas militares en la invasión que había ordenado. Fue el fin de las aspiraciones políticas de los miembros de la Junta al dejarlos expuestos ante numerosas pugnas internas y un enorme descontento popular. En diciembre de 1982, el gobierno del Proceso de Reorganización Nacional anunciaría, finalmente, la convocatoria de elecciones el 30 de octubre de 1983, poniendo así fin a la dictadura militar y estableciendo el retorno de la democracia a Argentina.
  • Los argentinos prometieron que no usarían la fuerza para reclamar las Malvinas en el futuro, pero lo harían diplomáticamente. Sin embargo, antes del conflicto los argentinos tenían muchas opciones de recuperar el archipiélago, pues Gran Bretaña consideraba a las Malvinas como un problema para extender su comercio por Hispanoamérica, y estaba dispuesta a cederlas conservando el arriendo por 99 años, algo semejante a lo hecho con Hong Kong. Quería una fórmula que no perjudicase a los habitantes británicos de las islas. pero la Junta se lo impidió. Aquellas posibilidades de recuperación se perdieron con la torpeza de lanzar el conflicto.

Para Gran Bretaña

  • La primera ministra británica Margaret Thatcher convirtió el apoyo patriótico generalizado en una victoria aplastante de su Partido Conservador en las elecciones parlamentarias de 1983. Se reforzó el liderazgo, influencia y poder de Margaret Thatcher. Aupado por una ola de nacionalismo y renovado sentido de patriotismo.
  • La economía británica entró en las fases de recuperación, dando lugar al período de crecimiento y prosperidad.
  • La relación entre Gran Bretaña y EE. UU. mejoró de tal manera que su manera de entender el mundo se impuso con la sonora derrota del bloque del éste europeo.

Para las Malvinas

  • La población aumentó debido a que los británicos mantuvieron una alta presencia militar en las islas, un soldado por cada dos civiles.
  • Los isleños se beneficiaron de la zona de exclusión en sus aguas, lo que les dio control sobre la pesca rentable allí.
  • La nueva industria creció en las islas debido a la rápida industrialización.
  • Los movimientos de diferentes naciones aumentaron la sensación de seguridad de los habitantes de las Malvinas.

Otras consecuencias

  • La ruptura de las relaciones diplomáticas entre la Argentina y el Reino Unido, que no se reanudaron hasta 1990.
  • La influencia de EE. UU. en América Latina disminuyó porque EE. UU. rompió el Tratado de Río
  • La autoridad de la ONU fue desafiada por el breve pero violento conflicto.
  • Los soldados de ambos bandos sufrieron considerables consecuencias físicas y anímicas.

BIBLIOGRAFÍA

LARRAQUY, Marcelo. “La guerra invisible. El último secreto de Malvinas”. Ed. Sudamericana, 2020.

LUNA, Félix. –“Breve historia de los argentinos” Ed, Planeta. 1993.

O ‘SULLIVAN, John. – “El Presidente, el Papa y la Primera Ministra. Un trío que cambio el mundo”. Ed Fundación FAES. 2006.