La Intervención Norteamericana en Panamá

Desde que el 25 de septiembre de 1513, Núñez de Balboa encaramado en una cima, desde el istmo de lo que con los años será Panamá, avistase por primera vez el océano Pacífico, al que denominó “Mar del Sur” (años más tarde, Fernando de Magallanes le dio el nombre de Pacífico) muchas naciones intentaron encontrar una ruta que uniera el Océano Atlántico y el Pacífico sin tener que dar la vuelta por todo el continente y pasar  por el Estrecho de Magallanes.

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Se evaluaron numerosas ideas: un canal en Nicaragua, uno en Tehuantepec (México), otro en el Darién y un paso por el istmo de Panamá, que por ese entonces era territorio colombiano. Pero ninguna de esas ideas se concretarían hasta el siglo XIX.

En este punto conviene hacer un inciso con una mínima explicación sobre la situación geopolítica de la zona en el Siglo XIX.

La independencia del Virreinato de Nueva Granada de España (1821) supuso un giro importante para todos los territorios que conformaban aquella división administrativa española (abarcaba los territorios actuales de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá). Se forma así la Gran Colombia. Su superficie sumaba a los territorios ya nombrados la Guayana Esequiba (parte de Guayana) y otros territorios en disputa como el este de Costa Rica, parte de Nicaragua y Honduras, los territorios al nordeste de Brasil y la zona norte del Perú.  En 1831, con la disolución de la Gran Colombia, se crea la República de Nueva Granada y posteriormente Confederación Granadina formada por lo que serán Colombia y Panamá, que pasó por diversas vicisitudes y formas políticas y diversos nombres a lo largo del S. XIX. Durante la segunda mitad del S. XIX, la integridad territorial de aquella Republica fue puesta en peligro en diversas ocasiones, casi todas ellas por la injerencia norteamericana para controlar el istmo de Panamá.  En 1846 Colombia firmó un tratado por el que permitía a EE UU construir un ferrocarril que cruzara el istmo; le garantizaba además la libertad de tránsito y el derecho a proteger el ferrocarril con militares. Las élites de Colombia y de la región del Istmo se enriquecieron con el ferrocarril.

A la luz de estos negocios se vislumbró la idea de realizar en esa misma zona un canal. El primer intento importante ocurrió en 1880, cuando Bogotá otorgó la concesión para la construcción del canal a Fernando de Lesseps, un ingeniero francés que había construido el Canal de Suez. Las obras se inician en 1881, pero se detuvieron en 1889 por falta de confianza de los inversores debido a problemas de ingeniería y a la elevada tasa de mortalidad de los trabajadores (la humedad y la falta de medidas sociosanitarias adecuadas creaban muchas enfermedades).

En esa época, Estados Unidos era una potencia emergente que estaba a punto de quedarse con el control de Puerto Rico y Cuba.

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Colombia tenía multitud de problemas internos, lo que aprovechó USA para pretender no sólo construir el Canal sino quedarse con él y comprar todo el territorio de alrededor por 40 millones de dólares. Colombia no lo aceptó, pero sí firmó el tratado Herrán-Hay (el secretario de Estado estadounidense, John Hay, y el ministro colombiano Tomás Herrán) entre Colombia y Estados Unidos, por el que se concede a USA la licitación y construcción del Canal. En la propuesta se establecían dos elementos claves, la construcción de otro canal en Nicaragua, para no depender en todo del de Panamá y el abono de una indemnización a Colombia y a Francia, por la inversión ya realizada. Sin embargo, ni el canal en Nicaragua se construyó, ni el Parlamento Colombiano aceptó los términos del tratado en la sesión celebrada el 5 de agosto de 1903 y que fue el detonante para la independencia de Panamá de Colombia. El 3 de noviembre de 1903, una junta revolucionaria panameña declaró la independencia de Panamá, apresurándose el Gobierno norteamericano a reconocer de inmediato la soberanía del país. Aunque Colombia intentó sofocar la independencia con su ejército, las tropas norteamericanas se lo impidieron. Colombia no reconoció la independencia de Panamá hasta 1921 cuando USA pagó a Colombia 25 millones de dólares como compensación.

Tras la independencia, se firmó un acuerdo Panamá- EE.UU (Administración Roosevelt) , el Tratado Hay-Bunau Varilla, firmado el 18 de noviembre de 1903. Garantizaba que USA mantendría la independencia de Panamá mientras ese país le otorgara la concesión a perpetuidad del canal, además del domino de la que se denominó la Zona del Canal, que comprendía 8 kilómetros hacia cada lado de la estratégica vía. Panamá recibiría 10 millones de dólares.

Estados Unidos inició el proyecto constructivo en 1904 e inauguró el Canal en 1914. USA siguió controlando el Canal y la zona circundante hasta los acuerdos Torrijos- Carter de 1977.

TORRIJOS Y NORIEGA

Omar Torrijos Herrera fue un militar panameño que estudió en las academias militares de Venezuela, El Salvador y USA. En 1966 era teniente coronel de la Guardia Nacional panameña.

En 1968 un golpe militar derribó el orden constitucional en Panamá y derrocó al presidente Arnulfo Arias. Se formó una Junta Militar que fue presidida por Torrijos. Torrijos desplegó una política nacionalista y antiimperialista. Reconoció a la Cuba revolucionaria, nacionalizó parte de la producción industrial y decidido la recuperación del Canal, bajo la ayuda de la ONU. Así logró que la débil Administración Carter firmara el acuerdo señalado en 1977, que reconocía la soberanía panameña sobre la zona del Canal y se comprometía a ceder el control total del Canal a Panamá en 1999, como así ocurrió.

Torrijos, a su vez, se comprometía a ceder el poder civil a los panameños, convocando unas aparentes elecciones libres en 1981, aunque se reservaba el mando de la Guardia Nacional. Murió en lo que muchos consideran un sospechoso accidente de avioneta en 1981.

La democracia no llegó a Panamá. Dos años después, el coronel Manuel Antonio Noriega tomó el poder de la Guardia Nacional, se ascendió a sí mismo a general y se nombró líder de Panamá.

Noriega, desde entonces, “condicionó” la vida política de Panamá.

Antiguo agente de la CIA y graduado en la Escuela de las Américas, empezó a consolidar su poder con rapidez siempre con el supuesto apoyo de USA. En las elecciones de 1984, Noriega proclamó la victoria de N. Ardito Barletta frente al autentico ganador Arnulfo Arias. Además, se le consideró inductor del asesinato de algunos miembros de la oposición democrática.

Las cosas fueron de mal en peor a principios de 1987, cuando Noriega se convirtió en el centro de un escándalo internacional. Muchos panameños exigieron la renuncia de Noriega, hubo protestas, huelgas generales y manifestaciones que derivaron en choques violentos con las fuerzas de defensa de Panamá. En febrero de 1988, el presidente panameño Eric Arturo Delvalle trató de expulsar a Noriega, pero el general conservó las riendas del poder, derrocó a Delvalle y lo obligó a exiliarse. Noriega nombró a continuación un presidente más afín a su causa. Todo esto puso a EE.UU en contra de Noriega.

En febrero de 1988, el general Noriega fue acusado por un tribunal de Miami de narcotráfico, crimen organizado y lavado de dinero. El entonces presidente estadounidense Ronald Reagan le ofreció un trato: renunciar al poder y abandonar Panamá, y los cargos por drogas serían retirados. Noriega no tenía intención de irse, pero los panameños contrarios a Noriega apoyados por los norteamericanos ansiaban su destitución. Así pues, en 1989, el entonces presidente estadounidense George Bush padre, elegido apenas unos meses antes, envió más tropas a las bases estadounidenses en Panamá.

La reacción de Noriega fue anular las elecciones de 1989. El 15 de diciembre de 1989, la asamblea legislativa nombró presidente a Noriega y su primera acción oficial fue declarar la guerra a EE UU. Al día siguiente, soldados panameños mataron a un marine estadounidense desarmado y vestido de civil cuando salía de un restaurante en Ciudad de Panamá. A primera hora del 20 de diciembre de 1989, Ciudad de Panamá fue atacada por aviones, tanques y 26.000 soldados estadounidenses en la operación Causa Justa. Aunque la finalidad era apresar a Noriega, la operación se vio oscurecida por la falta de información, lo que dio lugar a que 2.000 civiles murieran y decenas de miles perdieran sus viviendas al quedar destruidas zonas enteras de la ciudad.

En un discurso a la nación tras la invasión, Bush dijo que quería decirles a los estadounidenses «lo que hice y por qué lo hice»: «Las imprudentes amenazas y ataques del general Noriega contra los estadounidenses en Panamá crearon un peligro inminente para los 35.000 ciudadanos estadounidenses en Panamá. … Como presidente, mi mayor obligación es salvaguardar la vida de los ciudadanos estadounidenses… Se han alcanzado objetivos militares clave…La mayor parte de la resistencia organizada ha sido eliminada, pero la operación aún no ha terminado. El general Noriega se esconde.»

El día de Navidad, el quinto de la invasión, Noriega pidió asilo en la embajada vaticana. Fuerzas estadounidenses rodearon la embajada y presionaron al Vaticano para que lo entregase, ya que entrar en la embajada habría supuesto un acto de guerra contra Estado papal. No obstante, EE.UU utilizó una táctica psicológica: atronar los oídos de todos los residentes en la embajada con música heavy metal y hard rock (Van Halen, Metallica, Guns N’ Roses, Iron Maiden …). La embajada también quedó rodeada por masas de panameños furiosos que exigían la expulsión de Noriega. 10 días después Noriega se entregó a las tropas de EE.UU. Era el 3 de enero 1990 ( justo 36 años antes de que “extrajeran” a Maduro de Venezuela).

En Miami, Noriega fue juzgado y condenado a 40 años de prisión por tráfico de drogas. Durante ese juicio, Estados Unidos admitió haber pagado a Noriega 322.000 dólares estadounidenses en efectivo y regalos durante su relación con la CIA.

En 2007, fue liberado de prisión por buena conducta y extraditado a Francia, donde cumplió pena de prisión por lavado de dinero. En 2011 regresó a Panamá y fue encarcelado de nuevo por asesinato, corrupción y malversación de fondos. Falleció en 2017.

Panamá, tras la caída de Noriega, con altas y bajas (problemas de desigualdad social, corrupción…), afianza su sistema democrático y su prosperidad económica.

¿Terminó la influencia USA con la llegada de la democracia y la devolución de la soberanía del canal en 1999?

 La respuesta es no. Aunque los soldados se fueron relativamente rápido, Washington siguió desempeñando un papel en la conformación del futuro de Panamá.

Su influencia persistió a través de canales políticos, económicos e institucionales. No sólo en la configuración del sistema de seguridad impulsando la abolición del ejército y la creación de un modelo de seguridad basado en la policía. También influyó en la política económica mediante la ayuda, las instituciones financieras y la integración comercial.

Nació así un tipo de «gobernanza indirecta», demostrando cómo después de una intervención militar puede seguirse ejerciendo una influencia sin recurrir a una ocupación.

Para USA el canal es una infraestructura estratégica y vulnerable- Trump habla de espionaje chino-, pero la verdad es que tiene un valor militar y defensivo tan grande como comercial.

La justificación del interés actual del presidente Trump es, de nuevo, el narcotráfico. Es cierto que los cárteles colombianos camuflan sus envíos ilegales entre los contenedores legales. Panamá ha ofrecido a Trump un mayor control sobre ese trapicheo. Intentan así conservar la soberanía sobre el canal.

BIBLIOGRAFÍA

.- BENZ. W Y GRAML. H. “El siglo XX. Problemas mundiales de los dos bloques de poder”. Ed Siglo XXI. 1981

.- MUNIESA, B y OLIVER, J.- “Diccionario de Historia Actual (1945-2000)”. Ed Salvat. 2000

.- Procacci, G.- “Historia General del Siglo XX”. Ed. Crítica.2001

.- artículos de prensa

EL ORIGEN ARANCELARIO DE USA

Más de un historiador sostiene, con razón, que cuando en 1620 arribó el Mayflower a la costa este de Estados Unidos y se acabaron formando las 13 colonias, los territorios dominados por España en el Sur de lo que hoy es USA, con sus Haciendas y Misiones mantenían un desarrollo mucho mayor que la zona anglosajona.

A finales del S.XVIII y comienzos del S.XIX, los dominios españoles alcanzaban los actuales estados norteamericanos de California, Nevada, Colorado, Utah, Nuevo México, Arizona, Texas, Oregón, Washington, Idaho, Montana, Wyoming, Kansas, Oklahoma, Luisiana, Florida, Alabama, Misisipi y Alaska. Siendo incluidos como parte del Virreinato de Nueva España. En aquel momento álgido, España se extendía desde Alaska al estrecho de Magallanes.

El presidente estadounidense John F. Kennedy señaló en una ocasión: “Por desgracia, son demasiados los estadounidenses que creen que América fue descubierta en 1620, cuando los primeros colonos llegaron a mi propio estado, y se olvidan de la formidable aventura que tuvo lugar en el siglo XVI y principios del XVII en el Sur y el Suroeste de los Estados Unidos”. La aventura de los siglos XVI y XVII, a la que se refería el presidente, es aquella que logró que estuvieran escritos en castellano los primeros informes que se conocen sobre la geografía, los indios y las lenguas aborígenes de los Estados Unidos. Es la historia de los primeros asentamientos y primeros pasos en territorio USA de valientes españoles. Como ya comprobamos aquí:

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La diferencia esencial entre las zonas del virreinato de Nueva España y las 13 colonias la expresa de manera gráfica Clavero:

Los colonos norteamericanos estaban más cerca de los indios que de sus abuelos o bisabuelos ingleses. Entre otras causas, por el abandono en que los tenía su Madre Patria, a la cual no le interesó para nada fundar escuelas, crear universidades o construir caminos en sus territorios en América”.

Recordemos a este respecto que las primeras universidades creadas por los españoles fueron en Perú (Real y Pontificia Universidad de Perú o Universidad Nacional Mayor de San marcos) en mayo de 1551 y la Real y Pontificia Universidad de México en septiembre del mismo año, y poco después, en 1558, se creó la Universidad (Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino) en Santo Domingo –República Dominicana-. En 1620 estaban en funcionamiento 15 universidades en la América española y al final de la presencia española existían 33 universidades en los antiguos virreinatos.

La ignorancia abundaba en las 13 colonias, apenas había colegios y los profesores eran, en ocasiones, los esclavos. Esta circunstancia era más acuciante en las colonias del sur. Hasta 1776 no hubo una imprenta en Virginia y la controlaba el Gobernador. En 1749, existía una sola librería en Nueva York y ninguna en Virginia, Maryland y las dos Carolinas. En Carolina, había cinco escuelas hacia 1830 y en Alabama, Misisipi y Missouri no llegaban a ese número. Sólo en México, en 1600, funcionaban cerca de 200 escuelas y a mediados del siglo XVII ascendían 1.650.

La primera Universidad norteamericana fundada por los anglosajones fue la Universidad de Harvard en 1636.

Con este nivel cultural y la situación de dureza del territorio norteamericano en las 13 colonias, los hombres sólo seguían su instinto. No hubo integración con la población autóctona, como sí ocurrió con los españoles, no tenían leyes humanitarias como las Leyes de Burgos de 1512 y demás leyes de Indias; al contrario, en 1703, el gobierno de Massachusetts decidió exterminar a los indios y para ello abonaba 12 libras esterlinas por cada cuero cabelludo arrancado.

Ese ambiente social de abandono de la metrópoli no se correspondía con el interés británico por la explotación económica de las 13 colonias. Toda la economía de las colonias iba encaminada a engrandecer a la metrópoli. Gran Bretaña, como siempre, miraba a sus intereses por encima de cualquier otra consideración, incluso con doblez (critico la doblez, la defensa de sus intereses es lo que ha hecho grande a Gran Bretaña, con un espíritu práctico- casi siempre- del que ya podríamos aprender). En su política llevaba a cabo, de un lado, una industrialización y desarrollo fomentado por el Estado y, por otra, pregonaba un liberalismo económico que realmente brillaba por su ausencia. Gran Bretaña fue la expresión del proteccionismo económico y del impulso estatal. Eso sí, criticando y atacando el proteccionismo que otros estados realizaban en sus territorios.  España entre ellos. Cuando la realidad nacional, con nuestra estructura virreinal, imprimía un impulso propio a cada virreinato y aunque el gobierno español mantenía el control general, éste se sitúa mucho más alejado que el británico de sus colonias, entre otras cosas, por la estructura provincial, no colonial, de la España americana, frente a las colonias de comercio, no de asentamiento, que ha caracterizado el Imperio Británico. Y en las pocas colonias de asentamiento que tuvo (USA, entre otras) bien que se dedicó a fomentar el enriquecimiento de la metrópoli.

Durante el Siglo XVII, en las Trece Colonias, los focos de industrialización se habían dado en torno a las familias campesinas que elaboraban sus útiles de labranza, clavos, recipientes para guardar las cosechas o las bebidas o comidas elaboradas para perdurar: mermeladas, melazas… Especialmente destacados eran estos focos en Nueva Inglaterra, sin embargo,  la metrópoli británica estableció medidas para impedir estos desarrollos. Eran plenamente conscientes de que el desarrollo económico, llevaría a buscar la independencia política, y Gran Bretaña lo que quería era seguir comerciando con los productos coloniales para el único beneficio de la economía inglesa. Pero de entre aquellos negocios, Gran Bretaña vigilaba con gran celo las industrias textiles y las siderúrgicas. Así se aprobó, en 1699, un Acta que prohibía los embarques de lana, hilados de lana y telas producidas en USA o en cualquiera otra de sus colonias. En 1750, se promulgó otra norma que prohibía el establecimiento de talleres laminados de metal o fundiciones de acero en todo el territorio de las 13 colonias. Sin embargo, sí dejaron fundir hierro, pero tampoco por el bien de la colonia sino porque Inglaterra estaba necesitada de este metal. Además, todas las importaciones que habrían de recibir las colonias inglesas desde Europa, a excepción de la fruta seca y el vino (estos procedían de las Indias Occidentales), debían pasar primero por Inglaterra, es decir, había que descargar la mercancía proveniente de otras partes de Europa en las costas de Inglaterra, posteriormente había que almacenar y volver a cargar la mercancía para su exportación a las colonias. Todo este trajín provocaba que el precio en América fuera mucho más alto. Por último, había una serie de productos “enumerados” que las colonias inglesas únicamente podían exportar a Inglaterra y a ningún otro lugar del Mundo, lo que reducía en gran medida el mercado potencial para los productores de las colonias inglesas. Especial protección tuvieron el tabaco, algodón, azúcar, arroz, miel, pieles y artículos navales.

Después de la Guerra de los Siete Años ( 1756-1763), las leyes mercantiles dictadas por Gran Bretaña perjudicaron considerablemente a las colonias del norte. Ejemplos de estas leyes son la Ley de las Melazas, aprobada por el Parlamento en 1733, donde los impuestos prohibitivos restringieron el comercio entre las colonias (en este caso, entre Nueva Inglaterra y las Antillas), o en 1764 la Ley del Azúcar, o en 1767 las Leyes Townshend, que gravaban productos como el papel, el vidrio y el té. A partir de ese mismo año, los impuestos para productos enviados a las colonias desde Inglaterra pasaron de un 2,5 a un 5%, lo que aumentaba los precios y el descontento. Estos impuestos causaron una gran indignación entre los colonos de América, que se negaban a pagar unas tasas que ellos no habían aprobado al carecer de representación parlamentaria en Londres.

De hecho, fue una protesta contra los impuestos procedentes de la metrópoli lo que desató, el 16 de diciembre de 1773, el conocido como Motín del té en Boston. El descontento por la tasa sobre el té, en aquellos momentos la bebida más popular en las 13 colonias, nació por culpa de la exclusiva en la comercialización que tenía la Compañía Británica de las Indias Orientales —eliminando a los comerciantes individuales—. El funcionamiento de la Compañía no era del todo claro y las actuaciones corruptas eran evidentes. Los impuestos, la corrupción y las medidas arancelarias británicas fueron el detonante de la rebelión, que comenzó en Filadelfia y Nueva York y tuvo su punto culminante en el puerto de Boston, cuando miles de personas se manifestaron para impedir que los barcos británicos desembarcasen su carga.

La noche del 16 de diciembre se llevó a cabo la “Boston Tea Party”, cuando un grupo de colonos, liderados por Samuel Adams y John Hancock, se disfrazaron de indios mohawk y se dirigieron hasta las naves inglesas. Los insurgentes tiraron al mar el cargamento, más de 300 cajas de té valoradas en 18.000 libras. El rey Jorge III reaccionó con contundencia ante estos actos declarando el estado de excepción en Massachusetts. Pero estas medidas no consiguieron amedrantar a los revolucionarios, y solo sirvieron para crear una mayor unidad entre los ciudadanos de las Trece Colonias. La mecha de la independencia acaba de prender y un año y medio más tarde comenzó la guerra entre los norteamericanos y su metrópoli. Los impuestos sobre el té marcan el inicio de un proceso que finalizó con la firma del Tratado de París, el 3 de septiembre de 1783, que llevó a la creación de los Estados Unidos de América.

Pero la dependencia económica de Gran Bretaña permaneció incluso cuando USA ya había logrado la independencia, y sólo se inició el camino de la liberación económica cuando en 1789 Alexander Hamilton fue nombrado secretario del Tesoro durante la presidencia de George Washington. La liberación total se consolidó tras el final de la Guerra de Secesión (1865).

Como secretario del Tesoro, lideró la financiación de las deudas de los estados por el gobierno federal, así como el establecimiento de un banco nacional, un sistema tarifario, y unas relaciones comerciales amistosas con Gran Bretaña.

Alexander Hamilton estaba muy lejos de apoyar el libre comercio pues consideraba que favorecía los intereses de las potencias colonialistas e imperialistas. Por el contrario, estaba a favor del proteccionismo estadounidense que, según él, beneficiaba el desarrollo industrial y la economía de las naciones emergentes. Apoyó la intervención gubernamental en favor de la industria y comercio nacionales (es decir, lo mismo que habían hecho los ingleses, pero desde la otra orilla). Su política económica dominó para siempre USA. Se le considera el padre de la política económica USA hasta nuestros días. En un primer momento, las políticas de Hamilton y sus seguidores tuvieron un gran éxito en el sector naval, pero no en otros campos. No fue hasta la guerra de 1812, entre Estados Unidos y Gran Bretaña, cuando los norteamericanos decidieron dar un vuelco a su dependencia de la antigua metrópoli. (https://algodehistoria.home.blog/2021/01/29/cuando-los-ingleses-quemaron-la-casa-blanca-y-el-capitolio/). La guerra disparó el proceso de industrialización. Aunque aquella guerra tuvo como principal resultado que los estados de EE.UU empezaran a sentirse como una nación, sin embargo, la estructura económica los dividió en un norte más proteccionista con sus productos manufacturados y un sur que tenía a Inglaterra como principal proveedor, con lo que los aranceles no le venían bien.

Hasta 1860, Estados Unidos fue un país subdesarrollado (sólo el hecho de que en 1848 hubiera descubierto oro en California, dio lugar a la inversión en el ferrocarril y al inicio de un polo de desarrollo base de su futura industrialización), su balanza comercial era negativa (importaba más que exportaba) y vivía de la exportación de materias primas sin elaborar. Era un país fuertemente endeudado, sobre todo, por los empréstitos que le ofrecía Reino Unido – estos empréstitos provocaron la quiebra de estados como Misisipi, Maryland, Pensilvania y Luisiana-. Realmente era un país exportador de productos agrícolas con una dependencia clara de la exportación de algodón. La riqueza algodonera del sur determinó su riqueza regional, frente a un norte que no acababa de despegar. Así nació la idea sureña de organizar un país pro- Gran Bretaña alejado del ordinario norte. Además, como no veían la necesidad de comprar las manufacturas norteñas, se mostraban partidarios del libre comercio y contrarios a los aranceles del Gobierno.

En el Norte, hombres como Henry Clay (uno de los senadores más influyentes, presidente del Congreso en diversas ocasiones, promocionó el proteccionismo y se interesó por fortalecer los medios económicos de EE.UU),  o Mathew Carey (irlandés de origen, se afincó en USA. Escritor y periodista, publicó, en 1822, Ensayos sobre economía política, o los medios más ciertos de promover la riqueza, el poder, los recursos y la felicidad de las naciones, aplicados particularmente a los Estados Unidos. Este fue uno de los primeros tratados a favor de la política económica proteccionista de Hamilton), veían en el proteccionismo un medio para descender los precios nacionales y hacerlos más atractivos a los ojos norteamericanos frente a los productos de mayor calidad británicos. Ganaron los proteccionistas en el Congreso al lograr aprobar la Ley Impositiva de 1816 que imponía gravámenes de entre un 7 y un 30% a los productos de importación, concediendo especial protección a los algodones, lanas, hierro…, pero esta ley no resultó suficiente para proteger a la industria del norte. Gran Bretaña llegó a vender a pérdidas para no perder el mercado norteamericano. Hacia finales de la década de los años 20 del Siglo XIX, el descontento se generalizó en los estados del sur, que seguían prefiriendo los productos ingleses de mayor calidad y porque sus productos naturales, sus grandes cosechas, tenían muy buena aceptación en Gran Bretaña. Estas exportaciones se veían perjudicadas por unos aranceles que sólo buscaban- eso decían- proteger al norte.

El presidente Andrew Jackson aprobó una nueva Ley Impositiva en 1828 que elevó aún más los aranceles, con la oposición del sur que, pese a todo, logró amortiguar algunas de aquellas trabas y generó un notable expansionismo económico sureño entre 1846 y 1857. Esto parecía dar la razón a los librecambistas. Realmente, como se viene observando, el mayor problema entre el norte y el sur no era el del esclavismo sino el del proteccionismo frente al librecambismo. De hecho, Abraham Lincoln será un adalid del proteccionismo económico. Apadrinado por H. Clay y teniendo como mente económica a Carey su mensaje se presentaba como el defensor del proteccionismo frente al libre cambio que permitía a la imperialista Gran Bretaña relegar a USA a un papel secundario de exportador de materias primas. Cuando Lincoln ganó, sus posiciones económicas no eran mayoritarias y, sobre todo, perdió gran número de votos en el sur. Se dio cuenta de que estaban ante dos mundos paralelos, pero no iguales y lo mismo debieron pensar en el sur. Lincoln sabía que sin proteccionismo no prosperarían y además necesitaban un gran mercado interior, el del norte y el del sur, en consecuencia, el enfrentamiento estaba servido.

Los impuestos de emergencia que se aplicaron durante la guerra civil, no desaparecieron con la paz. En 1864 el nivel de aranceles era tres veces más alto que en 1857. Desde entonces, un sistema altamente proteccionista que afectaba a cada vez mayor variedad de productos se convirtió en base firme de la política fiscal de Estados Unidos, lo que en aquellos momentos propició un acelerado proceso de industrialización, y una busqueda de nuevos mercados para los productos norteamericanos, lo que está en el origen del imperialismo de los Estados Unidos. Aunque esa es otra parte de la Historia.

Como se ha visto los aranceles están en el ADN de Estado Unidos como nación. Lo que no sabemos es si una política arancelaria en el S. XXI,  les permitirá recuperan su viejo esplendor.

BIBLIOGRAFÍA

Charles Fletcher Lummis. “The Spanish Pioneers [McClurg Chicago 1893]. Google Books. Ed (en inglés).

CLAVERO, Bartolomé (1994): Derecho indígena y cultura constitucional en América, Madrid, Siglo XXI.

DE OLIVEIRA LIMA, Manuel.- “Pan-Americanismo: Monroe-Bolívar- Roosevelt” . Ed Forgotten Books (reimpresión). 2018.

FIELDHOUSE, David. “Economía e Imperio. La expansión de Europa 1830-1914”. Ed Siglo XXI. 1977.

GULLO OMODEO, Marcelo. “Lo que América le debe a España”. Ed Espasa. 2023.

Bloqueo de Venezuela.

El siglo XIX trajo para América una supuesta independencia que se materializó en pasar de ser provincias españolas a depender de la órbita de EE.UU y, cuando esto no ocurre o USA se descuida, acudir a someterse a regímenes dictatoriales de carácter comunista o narco-comunista, como estamos viendo estos días.

Es significativa de ese cambio de posición la situación creada en Venezuela en 1902-1903 cuando determinadas potencias europeas bloquearon los puertos venezolanos para lograr el cobro de sus deudas, y la posición y el debate jurídico-político que se desató entre la interpretación de la doctrina Monroe: “ América para los americanos” y la Doctrina Drago- político argentino-, cuyo posicionamiento jurídico en relación con la intervención y cobro de deudas ante el derecho internacional no era más  que un intentó aplicar de manera más general aquella doctrina Monroe en una especie de acción conjunta y solidaria de los países americanos. En un aspecto mucho más universal aquellos debates pueden ser catalogados como elemento fundante del principio de prohibición del uso de la fuerza, vigente en el actual Derecho Internacional.

El debate se inicia porque Venezuela, en la última década del siglo XIX,  atravesó un momento de profunda inestabilidad política. Las guerras civiles, que ensangrentaron el país, provocaron daños ingentes a las comunidades extranjera. En ese contexto, las condiciones económicas venezolanas eran desastrosas. El país estaba muy expuesto a la penetración económica extranjera. Numerosas compañías estadounidenses y europeas habían ganado concesiones mineras, contratos para la construcción de ferrocarriles y conexiones telegráficas, para la institución de líneas de navegación y otras muchas infraestructuras y servicios. Entre ellos los más expuestos eran Gran Bretaña, Alemania e Italia. El Gobierno venezolano dirigido por el dictador Cipriano Castro, se negó a indemnizar a los extranjeros perjudicados por las guerras civiles y a abonar las deudas contraídas con esas potencias. Por ello, en 1902,  Reino Unido, Alemania e Italia inician un bloqueo naval de los puertos de Venezuela. De las tres, Italia actuó en un segundo plano, la debilidad de su fuerza naval y su escasa presencia internacional, no le permitían otra opción.

El propio primer ministro británico David Balfour, ante la Cámara de los Comunes, señaló que la acción tenía su origen en la renuencia del gobierno venezolano a reconocer las reclamaciones pendientes por daños y perjuicios causados a las personas y propiedades de súbditos de las potencias atacantes, así como el cobro de la deuda pública externa que el país mantenía en crónico estado de mora con Gran Bretaña y Alemania.

La deuda ascendía en diciembre de 1902 a 186.500.000 Bolívares, si bien, Venezuela sólo reconocía una deuda de 119.300.000 bolívares, saldo al que se habían acumulado 46.000.000 Bs. por intereses, una auténtica fortuna para la época. Como demuestra que los ingresos fiscales anuales de Venezuela no llegaban a 30.000.000 de Bs. Es decir, Venezuela era un país internacionalmente insolvente, sin ninguna capacidad de pago.

El 9 de diciembre de 1902, unidades de la armada inglesa y alemana actuando en operación conjunta atacaron el puerto de La Guaira. Allí tomaron, sin combatir, a 6 naves de guerra venezolana; desembarcaron tropas en los muelles, y en la ciudad. En los días posteriores apresaron a diferentes navíos de guerra venezolanos, ocuparon la isla Trinidad, el castillo Libertador y el fortín Solano de Puerto Cabello. Pocos días después, al grupo anglo-germano se unieron 2 buques de la armada italiana para servir a la expedición en tareas de acompañamiento logístico. El 22 de diciembre de 1902, el vicealmirante inglés Archibald Lucas Douglas, comandante de la armada conjunta, en esta ocasión en nombre del imperio británico, hizo publicar en el diario El Heraldo de La Guaira la siguiente disposición: “Por la presente se notifica que un bloqueo ha sido declarado para los puertos de La Guaira, Carenero, Guanta, Cumaná, Carúpano y las bocas del Orinoco, y se hará efectivo desde y después del 20 de diciembre…”. Sólo se refería a La Guaira y a las costas situadas al este de dicho puerto, porque las occidentales quedaron a cargo de los alemanes. El comandante de estos se dirigió al del castillo San Carlos en los siguientes términos: “Según ordenanzas de Su Majestad el Emperador de Alemania declaro por la presente el bloqueo de los puertos venezolanos de Puerto Cabello y Maracaibo…” Por suerte para Venezuela, el desconocimiento del lago Maracaibo hizo fracasar a la flota europea en su intento de llegar a la ciudad del mismo nombre.

Así las cosas y ante la pasividad norteamericana, se produce la muy destacada intervención diplomática Argentina.

La situación jurídica se desarrolla bajo la doctrina Monroe, la ya vista “ América para los americanos”. Sin embargo, en aquella hora del conflicto que sufría Venezuela los EE.UU replican que, como país, no apoyarían a un estado americano que sufriese ataques bélicos como respuesta a la negativa de pagar sus deudas- al fin y a la postre, USA también era acreedora de Venezuela- y por ello pretendía que la Doctrina Monroe sólo se debía aplicar cuando el país americano del que se tratase sufriese ataques de potencias europeas motivadas por la intención de recuperar territorios americanos y colonizarlos. ​ En ese contexto surge la doctrina Drago, como una protesta por parte de Luis María Drago, ministro de Asuntos Exteriores argentino bajo la presidencia de Julio Roca, quien en respuesta a la posición norteamericana afirma que, ningún Estado extranjero puede utilizar la fuerza contra una nación americana con la finalidad de cobrar una deuda financiera. Sin querer llevar la contraria a los norteamericanos, Drago sostiene que el derecho internacional debe ser comprendido como algo más que mero reflejo de la política, como unas reglas, normas y proyectos de gobernanza que también poseen carácter constitutivo en el contexto político. Al fin y al cabo, en muchas ocasiones se había utilizado la fuerza para cobrar las deudas y esto era algo más o menos aceptado por el Derecho Internacional. La propia Argentina había experimentado casos específicos de intervención para proteger los intereses de ciudadanos británicos, por ejemplo. Sin embargo, el razonamiento de Drago procede de ver un aspecto más del problema de la deuda nacional.

La deuda externa ha sido una cuestión fundamental en América Latina desde la independencia de los países de la región. Los estados latinoamericanos financiaron sus guerras, sus déficits y sus esquemas de desarrollo económico a través de la captación de recursos en los mercados financieros internacionales desde el comienzo del siglo XIX hasta el contexto presente. En ese sentido, poner el foco en la deuda externa permite iluminar la historia de la región, la cual ha estado marcada por crisis recurrentes de crédito y endeudamiento, que han generado ciclos de prosperidad y crisis que siempre han tenido profundas causas estructurales. Esto ha provocado la intervención en la región durante los diversos ciclos económicos de otras potencias,  bien capitalistas o bien comunistas, apoyadas en un populismo salvífico, que no ha conducido a ningún buen resultado en la mayor parte de Hispanoamérica.

La tesis jurídica de Drago se centra en esa deuda y su repercusión. Sostiene Drago que, en caso de deuda externa, lo que está en juego es la soberanía de un Estado. Y el Derecho Internacional, basado en el principio de la igualdad soberana, no permite que un ente soberano utilice métodos coercitivos para forzar a otro ente igualmente soberano a cumplir las obligaciones pecuniarias relacionadas con el endeudamiento externo. Además, así le centraba un balón a los norteamericanos que llegaba al área nuclear de la doctrina Monroe.

Con esta posición por bandera y tras no pocas reuniones y conversaciones, consiguió que los EE.UU aceptaran ejercer una mediación en el conflicto venezolano.

El bloqueo a Venezuela terminó siendo resuelto por medio de un arbitraje liderado por los EE.UU.  Se buscaron fórmulas de pago. Venezuela también acordó renegociar su deuda. Los acuerdos se firmaron en Washington. En febrero de 1903 entre Venezuela y Gran Bretaña y en 1904 tanto entre Venezuela e Italia, como entre Venezuela y Alemania. En cuanto al este último, el gobierno venezolano se comprometió a renegociar los términos del préstamo contratado en 1896, el cual estaba enteramente en manos de acreedores alemanes, además de obligarse a renegociar la totalidad de su deuda externa.

Drago actuó conforme a su sensibilidad regional. Su apoyo a la doctrina Monroe nació de que, a pesar de ser proclamada como doctrina estadounidense, había sido incorporada por los países de América del Sur como forma de garantizar el bienestar y la tranquilidad interna de cada una de las repúblicas de esa parte del continente americano, como proyecto de cooperación y carácter moral entre todos los países del continente americano.

Sin embargo, su aceptación sirvió en bandeja la reformulación de la doctrina con el corolario Roosevelt. El corolario establecía que los Estados Unidos podían intervenir en los asuntos internos de países hispanoamericanos si cometían faltas flagrantes y crónicas. Y así actuó USA en Santo Domingo en 1905. Momento en que Drago se mostró en contra de tal acto por perjudicar la soberanía dominicana. Pero ya su posición no tuvo predicamento.

Lo que sí logró fue exponer todo su corpus doctrinal en la II Conferencia de Paz de La Haya de 1907,  siendo aceptada por los norteamericanos, cuya representación llevaba el General Porter, de ahí que se conozca como convenio Porter al firmado el 18 de octubre de 1907, relativo a la limitación del empleo de la fuerza para el cobro de las deudas contractuales.

La deuda de las naciones hispanoamericanas, la falta de organización interna de esos Estados, su rechazo a las estructuras españolas heredadas y su enfrentamiento a su antigua nación- España- provocó en los países sudamericanos una debilidad que perjudicó su soberanía. De lo que, en numerosísimos casos, aún no se han recuperado. Como provincias españolas vivían mejor. Pero para desembarazarse de la madre patria falsearon la Historia, su Historia, y como dijo el gran historiador argentino Juan bautista Alberdi: “Entre el pasado y el presente hay una filiación tan estrecha que juzgar el pasado no es otra cosa que ocuparse del presente. Si así no fuera, la historia no tendría interés ni objetivo. Falsificad el sentido de la historia y pervertís por el hecho toda la política. La falsa historia es el origen de la falsa política”.

 

BIBLIOGRAFÍA

FONZO, Erminio.- “Italia y el bloqueo de Venezuela”. Ed. Università degli Studi di Salerno. 2016.

http://www.culturalatinoamericanaplaneta.it/es/component/attachments/download/106

RODRÍGUEZ CAMPOS, Manuel. “Venezuela 1902: la crisis fiscal y el bloqueo : perfil de una soberanía vulnerada”. Ed Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela, 1977.

ROUSSEAU, C. “Derecho Internacional Público”. Ed Ariel. 1957

 

¿Y SI RUSIA GOBERNARA EN USA?

El título que a algunos puede parecerles ciencia ficción, no lo es. Es más, a punto estuvo de suceder.

Ya vimos hace algún tiempo, como los comunistas se infiltraron en las élites universitarias británicas, dando lugar a la mejor red de espías en favor de la URSS que se haya conocido.

https://algodehistoria.home.blog/2022/01/14/los-5-de-cambridge-o-el-origen-de-james-bond/

Sin embargo, Stalin no se paró en barras y decidió que el comunismo debía reinar también en USA. En USA, antes del “Macartismo” ( 1947 a 1957. Los diez años de McCarthy como senador. Época de persecución contra los comunistas absolutamente desproporcionada, especialmente de famosos artistas o escritores de Hollywood), los comunistas se habían posicionado en las altas esferas del gobierno demócrata de Roosevelt. La figura más peligrosa, pese a no ser un claro militante comunista, era Henry Wallace; desde 1940 vicepresidente de los Estados Unidos.

Wallace estudió biología y se convirtió en especialista en genética de las plantas. En 1932 fue nombrado secretario de Agricultura (equivalente a nuestros ministros). Su labor como ministro fue desastrosa para la economía americana. Era un experto en agricultura, pero no en política agraria. Con él los precios se dispararon en una época en la que aún estaba reciente la crisis del 29 y donde el hambre se cebaba con la población. A pesar de ello, se convirtió en el líder del sector más radical del Partido Demócrata y, con esos antecedentes, en 1940, fue nombrado vicepresidente.

Wallace presentó su apoyo incondicional a la Internacional comunista. El contraespionaje americano no logró identificarlo como militante comunista, pero sí creían que recibía órdenes de Stalin. Sus maniobras en favor de los comunistas chinos coadyuvaron a la llegada al poder de Mao Tse Tung en 1949. Conocía perfectamente a otros infiltrados y los dejo hacer, sin informar al presidente Roosevelt, evidentemente.

En aquellos años, se inició el proyecto Verona, que fue un programa de contrainteligencia americano que funcionó desde el 1 de febrero de 1943 hasta el 1 de octubre de 1980. Fue un proyecto exitoso cuyo objetivo era descifrar los mensajes transmitidos por las agencias de inteligencia de la Unión Soviética.

Durante los treinta y siete años que duró el proyecto Verona, el Servicio de Inteligencia de Señales descifró y tradujo aproximadamente 3.000 mensajes. Como resultado del proyecto se descubrió la red de espionaje de los cinco de Cambridge, como ya vimos,  y el espionaje soviético del Proyecto Manhattan en Estados Unidos, (el Proyecto Manhattan permitió la creación de las armas nucleares. Aquel proyecto, en el que trabajaban USA, Canadá y Gran Bretaña, reunió a un grupo de científicos liderados por el físico nuclear Robert Oppenheimer). El proyecto Verona permaneció en secreto durante más de 15 años después de su conclusión. Algunos de los mensajes soviéticos descifrados no fueron desclasificados y publicados por Estados Unidos hasta 1995.

Cuando se desvelaron aquellos mensajes, se pudo comprobar la gran penetración de la URSS en el Gobierno americano.

En torno a 1941, tras el enfrentamiento soviético contra los nazis, ser comunista no estaba restringido en USA, ni demasiado mal visto. Podían actuar con cierta libertad. Los principales espías se colocaron en los Departamentos de Defensa y de Estado. Así, el comunista Bill Donovan se convirtió en asistente principal del director de la CIA. Alger Hiss, probablemente el más famoso de los comunistas, fue uno de los más altos funcionarios durante la guerra, estuvo como consejero de Roosvelt en Yalta. Cuando terminó la guerra trabajó para la ONU en San Francisco. Sufrió un juicio por perjuro que tuvo enorme seguimiento. Fue una especie de rememoración de lo ocurrido con Al Capone, puesto que no pudieron enjuiciarlo por traición porque el delito había prescrito.

Otro destacado comunista fue Harry Dexter White que llegó a ser subsecretario del tesoro- pasó las planchas auténticas del dólar durante la guerra a la URSS-. Sus ideas de ruralizar Alemania y dividirla en trozos hubiese sido desastroso, pero no se llegó a aplicar su plan al ser desenmascarada su condición de espía. No llegó a juicio porque se suicidó.

Por último, cabe hablar de tres personajes: L. Duggan; L. Currie y Harry Hopkins. Duggan fue junto con Hiss y White, miembro de la NKVD (precursor del KGB) soviético. Fue el jefe de la oficina para Sudamérica del Departamento de Guerra. Currie fue el principal asistente administrativo de Roosevelt. Informaba regularmente de absolutamente todo lo que veía o leía al NKVD. Acusado de espionaje después de la Guerra, huyó a Colombia donde vivió el resto de su vida en paz. Hopkins está considerado el espía más importante que tuvo Stalin en USA. Su actitud fue siempre pro comunista, vendió gran cantidad de uranio a Rusia, lo que estaba prohibido, señaló al ministro de exteriores soviético Molotov – que entonces tenía muy mala prensa en la casa Blanca- qué debía decir a Roosevelt para conseguir el apoyo norteamericano al plan soviético de invasión aliada de Europa.

Pero casi peor que los espías fueron los miembros de la administración americana que, o no se enteraron de nada, o no fueron capaces de transmitir los peligros de aquella penetración soviética en su administración. Un hombre tan brillante y buen gestor como Adolf Berle, que desde 1938 y hasta 1944 fue secretario de Estado Adjunto para América latina, conocedor y poseedor de pruebas irrefutables de que Hiss era espía fue incapaz de presentar el caso a Roosevelt de manera convincente para que el presidente le creyera. Roosevelt también ignoró la evidencia presentada por algunos otros colaboradores sobre las maniobras de otros espías.

Así las cosas, no es extraño que Stalin pensara que Roosevelt era fácilmente manipulable.

Tampoco el presidente americano ni Churchill llegaron a ver el alcance, en los momentos de las conferencias de paz, de los planes de invasión de Europa del Este, o de las infiltraciones comunistas en sus respectivos países, ideadas por Stalin. De hecho, mientras se desarrolló la Conferencia de Teherán, Roosevelt se alojó en la embajada soviética en la capital iraní, por no ofender a Stalin, aún a sabiendas de que sus habitaciones estaban llenas de micrófonos.

La conferencia de Teherán reunió a Roosevelt, Churchill y Stalin entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de 1944. Fue allí donde se tomaron las decisiones más importantes sobre Europa del Este y no en la posterior conferencia de Yalta. A aquella reunión llegó Roosevelt con una salud delicada que empeoró a raíz de la presión de aquellas conversaciones. Sólo sus asesores y médicos sabían lo mal que estaba el presidente norteamericano; aunque debido a su vanidad, presunción y a su capacidad para disimular, logró engañar a los presentes en aquellas negociaciones sobre su auténtico estado de salud.

Roosevelt regresó a USA, en un incómodo avión militar, nada equiparable a los viajes presidenciales actuales, con lo que se dijo, era un catarro por el frío pasado en Irán y se le recomendó reposo. Pasó unos días en Georgia, pero la bronquitis no remitía. Su afán por aparentar salud se debía entre otras razones a su intención de presentarse a un nuevo mandato- el cuarto-. Ya en 1939 el doctor que lo atendía le advirtió que no debería presentarse a una tercera reelección porque no aguantaría los 4 años de legislatura y que, de hacerlo, debía escoger a un buen vicepresidente, es decir, a su posible sustituto. Pero en vez de eso eligió a Wallace pese al carácter radical y a sus evidentes conexiones comunistas.

De cara a las elecciones de 1944, de nuevo debía elegir ticket electoral. Wallace tenía una considerable oposición entre los pesos pesados del Partido Demócrata, pero era entre la población un hombre muy popular. Sobre todo, tenía gran influencia en el movimiento sindical a través de su amistad con el sindicalista Hillman, que era socio del jefe del Partido Comunista Americano.

Stalin estaba encantado con Wallace, se dice incluso que parte de la mala salud del presidente Roosevelt en Irán se debió a que fue envenenado por los rusos con la finalidad de que Wallace fuera nombrado presidente y así convertir a USA en un estado comunista -lo del envenenamiento no está demostrado-.

Si Wallace hubiera sido presidente hubiera elegido vicepresidente a Duggan y como secretario del tesoro a Harry Dexter White. Su jefe de gabinete hubiera sido, el que fue durante su vicepresidencia- Hopkins-. Todos ellos eran colaboradores de la casa Blanca por nombramiento, o influencia en el nombramiento, del propio Wallace. Todos estaban controlados por Stalin, al que, desde el inicio de sus días en la Casa Blanca, ya pasaban información, como quedó confirmado por los informes de Verona. Así sin guerra, sin muertos, Stalin hubiera gobernado el mundo.

Pero los planes rusos se torcieron de la noche a la mañana por el capricho o por la vanidad- característica que sobresalía en su personalidad, lo mismo que cierta doblez- de Roosevelt.

En la convención demócrata, Roosevelt dejó entrever a Wallace que sería elegido de nuevo en el ticket electoral, sin embargo, en una conversación con el presidente del Partido Demócrata Robert Hannegan, Roosevelt eligió a Truman.

¿Por qué? Wallace era más popular, pero evidentemente no el mejor, ni mucho menos. Si Roosevelt hubiera querido elegir al mejor, el candidato hubiera sido James Byrnes por entonces jefe de la Oficina de Movilización de la Guerra. Hombre brillante que fue congresista, senador por Carolina del Sur, juez de la Corte Suprema, director de varios departamentos ejecutivos,  secretario de estado con Truman y Gobernador de Carolina del Sur. Truman por el contrario era más gris, menos conocido, mucho menos brillante. Su nombre empezó a tener cierta relevancia porque, como Senador por Misuri, dirigió una investigación sobre el fraude y el despilfarro en el ejército estadounidense, conocida como el Comité Truman. Sus conclusiones ahorraron entre 10.000 y 15.000 millones de dólares en gastos militares.

Roosevelt no quería elegir un vicepresidente que le sustituyera sino uno que no le hiciera sombra durante su mandato. No pensaba que se fuera a morir. Pensaba en gobernar otros cuatro años. Sin embargo, reelegido en las elecciones de noviembre de 1944, falleció en abril de 1945, y Truman fue su sucesor.

Harry S. Truman resultó ser mejor presidente de lo que era esperable. No ha pasado a la Historia como uno de los mejores, pero se le recuerda por algunos hechos notables.

Truman promulgó las leyes que iniciaron la defensa de los derechos civiles, a la vez que protegió muchos de los logros del New Deal. Pero, sobre todo, se enfrentó a los soviéticos desde el principio. Se conoce como doctrina Truman a la política exterior estadounidense que buscaba contener la expansión del comunismo a nivel mundial al comienzo de la Guerra Fría. Se basaba en ofrecer asistencia económica y militar a países para evitar que cayeran en la órbita soviética.

La Doctrina Truman impulsó el Plan Marshall, la creación de la OTAN y le dio forma a la política exterior de EE. UU. durante más de 40 años desde la Segunda guerra mundial.

Truman, ya presidente,  representó a los EEUU en la Conferencia de Potsdam. Sus relaciones con la URSS comunista se hicieron cada vez más tensas. Stalin quería expandir la influencia soviética en Europa Oriental. Stalin estaba muy mal enseñado, en las conferencias anteriores, la posición de Roosevelt, asesorado por algunos de los comunistas de su gobierno, habían permitido a Stalin conseguir la mayor parte de sus reivindicaciones. Pero quería más. Churchill, durante el tiempo que permaneció en la conferencia- se tuvo que ir al perder las elecciones-, temía que el traslado de las tropas estadounidenses al Pacífico facilitara la expansión soviética en Europa, y por ello se había mostrado cada vez más duro con Stalin. Por su parte, Truman, era un anticomunista de línea dura y no quería que Europa Oriental se convirtiera en una esfera de influencia soviética. Ambos mostraron su preocupación por los gobiernos procomunistas, gobiernos títeres, de Bulgaria, Rumanía y Polonia. Asimismo, ambos, Churchill y, sobre todo, Truman, ante la pregunta de Stalin ¿qué hacemos con España? Temerosos de que se instalara un gobierno comunista en nuestro país, optaron por eliminar a nuestro País de más acuerdos e invasiones.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el temor al comunismo en Estados Unidos aumentó y siguió intensificándose durante el mandato de Truman. No fue sin razón, los informes de Verona, delataban la presencia de espías en el gobierno y Truman sí hizo caso a esos informes.  Solicitó comprobar los antecedentes de quienes trabajaban en el gobierno ( Programa de Lealtad de los Empleados Federales, introducido en marzo de 1947). Esto provocó miles de dimisiones y despidos. De esta época fueron las investigaciones y juicios de los funcionarios comunistas de la casa Blanca, cuya suerte comentamos al principio.

De aquella limpieza de espías se pasó a la exageración del Macartismo en los años 50.  Pero esa ya es otra historia.

Porque lo destacado de esta entrada es que gracias a aquella decisión de Roosevelt en 1944 de establecer su ticket electoral con Truman se evitó un gobierno comunista en USA… y en España.

BIBLIOGRAFÍA

ALISOP, JOSEPH. “Franklin Delano Roosevelt”. T&B, Editores. 2015

BEEVOR, A. “ La segunda guerra Mundial”. Ed pasado/presente. S.L. 2014

FERNÁNDEZ SÁNCHEZ-BARBA, Mario: “Historia de los Estados Unidos: de la República burguesa al Poder presidencial”. Ed Marcial Pons. 1997.

TRINIDAD, Diego. “ El día que Stalin perdió la casa Blanca”.  Rev. La ilustración Liberal. 2010

CUANDO LOS INGLESES QUEMARON LA CASA BLANCA Y EL CAPITOLIO.

Si preguntamos por la calle a los transeúntes que señalen los acontecimientos más destacados de 1812, muchos acertarán a recordar que España aún estaba enfrascada en la Guerra de la Independencia; alguno podrá fechar en tal año la batalla de Arapiles o la reunión de las Cortes liberales en Cádiz para la promulgación de la Constitución de 1812. Asimismo, recordaran 1812 como el año en el que Napoleón con la Grande Armée enfiló el camino de Moscú para invadir Rusia. Es posible que alguno de ellos sepa calibrar la actuación portuguesa, la posición alemana o la defensa británica contra Napoleón, pero es muy probable que muy pocos sepan resaltar cuál era la situación de los distintos imperios al otro lado del Atlántico y como las guerras napoleónicas afectaron a los mismos; en el caso que nos ocupa, al Imperio Británico en América.

En 1812, Estados Unidos llevaba casi cuatro décadas de independencia, pero su vida no había sido muy pacífica, ni internamente, pues su idea expansionista los había llevado a tener problemas con los indios, ni hacia el exterior, con las colonias británicas al norte (Canadá) y, sobre todo, con la metrópoli (Gran Bretaña). Los ingleses no habían asimilado muy bien eso de que sus antiguas colonias hubieran alcanzado la independencia, a lo que se unía en aquel momento que el comercio de los EE. UU con Francia no era del agrado inglés pues favorecía a Napoleón. A raíz de las guerras napoleónicas, la Marina Real Británica (Royal Navy) había empezado a bloquear las rutas comercial marítimas de los países aliados de Francia, de la propia Francia y de los países neutrales. USA se encontraba entre estos últimos. Además, los ingleses no contentos con apresar los barcos, obligaban a los tripulantes norteamericanos a enrolarse en la flota del Reino Unido sometiéndolos así al mando británico.

Esta situación enervó a los sectores más radicales del partido Demócrata- Republicano en el Congreso que aspiraban a “dar una lección” a los ingleses. Ese sector de congresistas era conocido como los “Halcones de la Guerra”. Por el contrario, el otro partido nacional, el partido federalista, se oponía a enfrentarse contra su antigua metrópoli y, consiguientemente, favorecer a los franceses. El presidente Madison no era un halcón, sin embargo, vio en la declaración de guerra la opción de alcanzar popularidad para su reelección. En la votación en el congreso, el 18 de junio de 1812, las cifras de apoyos a la guerra estuvieron tan divididas que la declaración de Guerra se aprobó por un pequeño margen de diferencia a favor.  Se inicia así la guerra anglo-norteamericana de 1812.

En la Región de Nueva Inglaterra[1], feudo de los federalistas, las banderas ondearon a media asta cuando la guerra fue declarada. Región eminentemente comercial, temía a la guerra más que al bloqueo.

Algo de razón tenían los federalistas pues los Estados Unidos no estaban preparados para un conflicto contra Gran Bretaña. Su ejército regular no estaba bien equipado, carecía de entrenamiento y de la disciplina necesaria, tampoco tenían una marina que pudiera enfrentarse a la Royal Navy. Pero, entre las razones para iniciar aquel conflicto, estaban los deseos de los Halcones de conquistar Canadá, no sólo por mera expansión sino también para poder encauzar la conquista del Medio Oeste que estaba encallada por el apoyo británico a los indios de la zona, de hecho, los nativos tenían la promesa inglesa de formar una confederación india en esa zona, en lo que hoy es Indiana y estados limítrofes.

De 1812 a 1814, la guerra estuvo llena de intermitencias fundamentalmente porque los ingleses, ocupados en luchar contra Napoleón en Europa, tomaron una actitud defensiva. Se limitaron junto con los nativos canadienses (Canadá se conocía entonces como la Norteamérica británica) en repeler los intentos de los Estados Unidos de invadir la región. De hecho, como los americanos sabían que no tenían mucho que hacer contra la armada inglesa, decidieron invadir Canadá por tierra. Sus ataques fueron un desastre. La milicia estadounidense se mostró incompetente e ineficaz. Sin embargo, gracias a la brillante acción del Almirante Oliver Hazard Perry- hermano del no menos conocido y gran militar Matthew Calbraith Perry (que logró la apertura al mundo de Japón)- los estadounidenses lograron el control de los lagos Erie y Champlain, previniendo así cualquier amenaza de una invasión a gran escala desde el norte.

La Guerra dio un giro en 1814. Con Napoleón desterrado en la isla de Elba, los ingleses tornaron sus ojos y su ejército hacia las viejas colonias. Enviaron tres ejércitos de invasión a Estados Unidos. El 14 de agosto de 1814, una flota de buques de guerra británicos partió de la base naval de Bermudas. Su objetivo final era la ciudad de Baltimore, que entonces era la tercera ciudad más grande de Estados Unidos. Baltimore también era el puerto de origen de muchos corsarios estadounidenses que asaltaban la navegación británica.   Aunque en su periplo antes de llegar a Baltimore, los ingleses lograron arrinconar a los estadounidenses en el Estado de Main, y tras la batalla de Bladensburg, en agosto de 1814, llegaron a la capital de los Estados Unidos: Washington.

Los británicos invadieron Washington con un objetivo primordial, moralizar a los estadounidenses, ponerlos simbólicamente de rodillas quemando sus edificios públicos.

El 22 de agosto, el presidente Madison había salido de la ciudad para revisar las tropas y los enclaves militares de defensa frente a los británicos. Pero cuando pensaba regresar, los soldados que defendían la capital huían despavoridos al ver a lo lejos las casacas rojas inglesas, que el 24 de agosto llegaron a la ciudad. La única resistencia la pusieron los ciudadanos encaramados en los tejados a modo de francotiradores, la respuesta británica fue incendiar el barrio entero. De allí se fueron al Capitolio. Estaba en construcción. Su obra se había encargado a diversos arquitectos europeos que realizaran trabajos finos de decoración arquitectónica. Se preveía un edificio majestuoso que fue invadido y luego incendiado por los ingleses.  Desde el Capitolio se dirigieron a la Casa Blanca que entonces era conocida como la Casa del Presidente. Allí resistía la esposa de Madison, Dolley Madison, que se afanó hasta el último minuto por salvar todos los enseres posibles. Con la ayuda de Paul Jennings, un esclavo de 15 años, puso a salvo el más antiguo retrato de George Washington que se conservaba en la mansión, mientras un secretario se encargaba de sacar la Declaración de Independencia, que fue guardada en un molino situado cerca de Georgetown. La primera dama consiguió enviar un cargamento con objetos de oro y plata de la Casa Blanca a un Banco de Maryland y escondió varios documentos del gabinete de su marido en troncos.

Dolley Madison permaneció en la residencia presidencial hasta que los primeros “casacas rojas” aparecieron por las inmediaciones de la Casa presidencial. Entonces accedió a subir a un coche de caballos, que salió a la carrera protegido por un solo oficial, ya que el resto de los militares que debían protegerla había huido antes.

En la casa dejó preparada la mesa para un banquete oficial, que, en principio, debían dar aquella noche. Fue la cena que se tomaron los ingleses antes de quemar el edificio. Gracias a que se desató una tormenta poco después, el incendio no devastó por completo el inmueble.

Los británicos permanecieron en Washington 26 horas, ya que no disponían de las tropas necesarias para hacer frente al contraataque que ya estaba organizando el humillado presidente Madison.

Cuando la situación se calmó y el presidente y su mujer pudieron volver a la ciudad, la que fue aclamada con vítores por el pueblo fue Dolley. En el arreglo que hubo que hacer a la vivienda, una parte se pintó de blanco para intentar disimular los rescoldos del incendio. De ahí proviene el nombre de Casa Blanca.

El presidente Madison logró rehacer las tropas y así repeler a los ingleses poco después en Nueva york y Baltimore. En esta última ciudad se produjo el bombardeo desde los barcos británicos varados en la bahía; su objetivo principal fue el Fuerte McHenry, que resistió heroicamente. Este hecho inspiró al abogado y poeta Francis Scott Key, un poema que llamó «The Star-Spangled Banner». De él surgió después el himno americano.

La última batalla de esta guerra fue dada en la ciudad de Nueva Orleans en la que destacó como héroe Andrew Jackson, futuro presidente de los EE.UU.

La paz se rubricó con el Tratado de Gante (24 de diciembre de 1814), en el que se acordó la vuelta a las posiciones fronterizas anteriores.

En Canadá celebran esta guerra como una victoria al no haber sido invadidos y los estadounidenses, también, aunque el resultado de la guerra para ellos fuera más ambiguo, porque en ella surgió un espíritu patriótico que logró la unidad de la nación como no existía hasta ese momento.

Como consecuencia de la misma, el partido federalista, acusado de desleales y localistas, desapareció y durante unos años los Demócratas- Republicanos no tuvieron rival en las elecciones. Hasta que se produjo una escisión en el mismo que, con algún cambio más, dio lugar al nacimiento de los actuales partidos demócrata y republicano.

[1] Nueva Inglaterra es una región al noreste de los EE. UU integrada por seis estados: Maine, New Hampshire, Vermont, Massachusetts, Rhode Island y Connecticut. Su nombre deriva de que fue el primer lugar de asentamiento de los primeros colonos británicos llegados en el Mayflower.

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