HÓRREOS

Como todos los años en torno al 11 de noviembre, un recuerdo a Galicia.

Hoy dedicado al hórreo. Hórreo gallego, del que veremos su diferenciación con su homónimo asturiano, más conocido como panera.

El hórreo es una construcción destinada a guardar y conservar los alimentos alejados de la humedad y de los animales para mantenerlos en un estado óptimo para su consumo. Se caracteriza por construirse levantado sobre pilares o pegollos para evitar los peligros señalados y para permitir la ventilación a través de ranuras en las paredes perimétricas. En su interior, se suelen guardar el grano, las frutas y hortalizas, la matanza y aperos agrícolas, además, bajo él, es costumbre situar el carro, el arado o la leña recogida para el invierno.

No está muy claro cuándo apareció el hórreo. Algunas hipótesis remontan su génesis a la prehistoria; otros investigadores creen que su origen sería germánico, basándose en una urna funeraria encontrada en Obliwitz (Alemania) que tiene una forma muy similar a los hórreos actuales; otros lo derivarían de un tipo de casa asturiana anterior a la llegada de los romanos… Evidentemente, si es anterior a los romanos, se aleja de la estructura germana que, de haber llegado a  España, tuvo que hacerlo tras las oleadas del siglo V, con la presencia bárbara de vándalos y alanos en la Península.

Sea cual sea su origen, parece que las dimensiones actuales proceden de la necesidad de almacenar el maíz llegado de América. Las mazorcas ocupaban más espacio y requerían una terminación de su ciclo de maduración en lugar bien ventilado, seco, a salvo de la lluvia.  Aunque en Galicia, sobre todo en las zonas de costa, también se usaban como secadero de pescado.

En general, podemos distinguir dos tipos de hórreos:

  • Los cuadrados característicos de la cornisa cantábrica, especialmente en Asturias (estas son las llamadas paneras), aunque, en algunos casos, los encontramos también en el norte de León o Palencia. Existiendo también en Galicia

https://www.glosarioarquitectonico.com/glossary/panera/

En este aspecto cuadrangular en piedra, casi de cubo, cabe destacar en Galicia el conjunto de hórreos de Piornedo (aldea de Piornedo en los Montes de Os Ancares -Lugo-). Estos hórreos se adaptaban a las particularidades de su ubicación en la montaña, con una silueta de cuatro pies de piedra que lo elevan del suelo .

https://www.tripadvisor.es/LocationPhotoDirectLink-g4505730-d4026060-i480476757-Aldea_De_Piornedo-Piornedo_Province_of_Lugo_Galicia.html

  • Los hórreos rectangulares de Galicia y Portugal, incluidas algunas regiones del oeste de Asturias.

En cualquier caso, su forma y tamaño dependerá del espacio disponible en la era y del volumen de la cosecha.

La morfología más habitual de los hórreos gallegos es rectangular.

Su estructura, de abajo a arriba y por tramos, es la siguiente:

Parte baja. Suelen construirse sobre una losa, para evitar tener que colocar cimientos. De no existir esa base, será necesario realizar la cimentación. Encima van los soportes que al contrario que en las paneras, no suelen limitarse a 4 sino a 6 pilares, como poco. Dependiendo de la longitud del lado largo del hórreo, pueden aumentar. La estructura más común de los soportes es la que se da en la provincia de Pontevedra, en forma de columnas, con un fuste redondeado más estrecho en la zona central y más ancho en su base y una especie de capitel en forma de rueda colocada sobre el diámetro. Suelen ser de granito y, en considerables ocasiones, de madera.

https://www.gettyimages.es/detail/foto/soajo-granaries-in-north-of-portugal-imagen-libre-de-derechos/1545757387?phrase=horreo&adppopup=true

Existen otras opciones como la de colocar unos fustes, semejantes redondeados o, en ocasiones, rectangulares, sobre los que se sitúan unas losas que atraviesan de lado a lado- por el lado corto del rectángulo- la estructura.

https://www.gettyimages.es/detail/fotograf%C3%ADa-de-noticias/horreos-in-the-galician-language-horreos-or-fotograf%C3%ADa-de-noticias/2179006586?adppopup=true

En otras ocasiones, la base es una cámara que, o bien es maciza, o bien hueca, con espacio de almacenaje y una puerta, que sirve de basa continuada a los espacios superiores del hórreo.

https://www.shutterstock.com/es/image-photo/typical-galician-granary-old-construction-called-2494886123

En su segundo tramo, la parte superior situada sobre la base, se encuentra la cámara propia del hórreo. Dependiendo del territorio, puede ser de piedra, madera o mixta. El suelo también puede ser de madera, de roble o castaño, o de granito. Lo más común es que la cámara sea mixta: de madera con los bordes de la cavidad en piedra. Tiene puerta de entrada y ventanas o barrotes de madera separados para permitir la ventilación.

Cada una de los “barrotes” se llaman dovelas y pueden disponerse, comúnmente en vertical, y en algunos casos, en horizontal. Las maderas solían pintarse.

Por encima, en el tercer tramo de estructura, se sitúa la cubierta, normalmente a dos aguas construida con tejas, pizarra o losas.

En cada extremo superior del lado largo del rectángulo se sitúan las terminaciones. Aunque en los extremos puede haber diversas formas, como relojes de sol, santos, animales… habitualmente, más en los hórreos de piedra y mixtos que en los de madera, se sitúa un pináculo por un lado (cuyo significado no es conocido y las opiniones son muy variadas al respecto) y una cruz por el otro (invocando la protección divina). En este sentido no es extraño encontrar hórreos cerca de algún cruceiro.

https://algodehistoria.home.blog/2022/11/11/cruceiros/

Los hórreos gallegos se han convertido también en elementos de interés turístico, no sin razón. Veamos algunos claramente significativos:

El más llamativo por su longitud, se sitúa en el municipio de Carnota, en La Coruña, con 35 metros de largo y declarado Monumento Histórico Nacional. No es el más largo del mundo por pocos centímetros; el más grande, situado en Lira, pero está en peor estado de conservación. Destaca también por su longitud , entre otros, el de San Martín de Ozón.

Carnota:

https://www.turismo.gal/que-visitar/destacados/horreos-pazos-e-cruceiros/horreos?langId=es_ES

https://www.tripadvisor.es/Attraction_Review-g815521-d3942167-Reviews-Horreo_de_Carnota-Carnota_Province_of_A_Coruna_Galicia.html

San Martín de Ozón

https://www.gettyimages.es/detail/fotograf%C3%ADa-de-noticias/the-horreo-of-san-martino-de-ozon-is-located-in-fotograf%C3%ADa-de-noticias/1492145746?adppopup=true

Lira:

https://www.galiciamaxica.eu/galicia/a-coruna/horreolira/

Las mayores concentraciones de hórreos en una comarca o localidad se dan en dos lugares muy diferentes:

  • En La Merca en Orense, donde se concentran 34 hórreos. Casi todos ellos construidos en madera.

https://www.viajargalicia.com/ourense/a-merca/conjunto-de-horreos-de-la-merca

  • Combarro, en plena ría de Pontevedra y con un censo de 60 hórreos, constituye la población con mayor concentración de hórreos de toda España. Suelen ser de piedra y su mayor característica es que se alinean en la costa, junto al mar.

https://stock.adobe.com/es/search?k=combarro

 Con todo, más que en foto, la mejor forma de conocer estas estructuras es ir a Galicia, verlas y disfrutarlo.

 

BIBLIOGRAFÍA

SALVATELLA. “El Hórreo gallego (Arquitectura rural)”. Ed. Salvatella. 1985

MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Ignacio. “El hórreo gallego: estudio cartográfico”. Ed Fundación Barrié. 1979.

 

 

Cuando Galicia mostró el camino de la libertad al resto de España. Puente Sampayo.

Como todo 11 de noviembre (o viernes más próximo), un recuerdo a la Galicia de mi padre, de mis tíos y de toda mi familia gallega.

El levantamiento contra la ocupación francesa comienza en Madrid en mayo de 1808. Ante la resistencia y éxitos cosechados por los españoles, apoyados por Inglaterra (ayuda de la que habrá que escribir algún día, porque ayudar, algo ayudaron, pero se cobraron la ayuda con creces), Napoleón decide venir en persona para contener la sublevación.

Si heroico fue el pueblo de Madrid, el de Zaragoza o el de Gerona. Heroicas fueron las Juntas Nacionales, el Ejército español en Bailén o heroica la ciudad de Cádiz y los liberales allí reunidos para institucionalizar el País y suplir la tarea de Gobierno -con mucha más brillantez que la de nuestros anteriores y posteriores dirigentes-; no menos heroica fue la resistencia en Galicia, la primera región en liberarse de la presencia francesa (Vigo fue, el 28 de marzo de 1809, la primera ciudad de Europa en expulsar a las tropas francesas que previamente habían conquistado la ciudad), como ejemplo de todas aquellas valerosas gentes de Galicia, hoy hablaremos de la batalla del Puente Sampayo ( o en gallego, Ponte Sampaio).

El apoyo inglés a España ante la invasión francesa, logró que las tropas británicas llegaran hasta Lisboa y amenazaban con seguir avanzando por España impidiendo los planes napoleónicos para conquistar la Península. Ante esto, Napoleón decidió entrar en España y poner orden. Dado que las tropas británicas bajo el mando de Moore se encontraban en Galicia, Napoleón lanzó tras los ingleses al segundo cuerpo de ejército del mariscal Soult y tras él al sexto del mariscal Ney para que lo relevara en Galicia.

En un primer momento, la ocupación de Galicia no entraba en los planes de Napoleón. Pensó que aquel territorio considerado pobre y sometido al clero, no merecía malgastar al Ejército en una campaña sobre una región que se rendiría fácilmente. Bastaría con atraerse al alto clero para garantizar su dominación (y ésta fue la estrategia de los mariscales franceses tan ignorantes como el emperador de la realidad del pueblo gallego y, por ende, del español). Fue, pues, la persecución del Ejército inglés lo que determinó el movimiento de las tropas francesas hacia Galicia y la ocupación de la región.

La victoria del mariscal Soult en la batalla de Elviña, en las cercanías de La Coruña, el 16 de enero de 1809, sobre las tropas británicas, obligó a estos a salir a toda prisa hacia los puertos de Vigo y La Coruña con la finalidad de embarcar rumbo a la isla de la Gran Bretaña, que en aquellos años resultaba más segura. Dejaban así el campo libre a los franceses que (unido al hecho de que el Ejército español que iba a defender Galicia, bajo el mando del general Pedro Caro y Sureda, se encontraba aislado y sin poder avanzar en Astorga), ocuparon, además de La Coruña, Santiago, Ferrol, Mondoñedo… Ante tales noticias, Vigo presenta batalla con todo vigués dispuesto a empuñar cualquier objeto punzante para defender su ciudad. La defensa de Vigo fue con uñas y dientes, valerosa y digna de encomio, pero acabó capitulando. En apenas dos semanas, toda Galicia había sido conquistada, pero no sometida.

El mariscal Ney, recibe órdenes de controlar el Norte de Galicia y Asturias, para lo cual sitúa su campamento en Lugo. A la par Soult pasa a Portugal, donde toma Oporto el 29 de marzo.

A falta de un ejército español que pudiera defenderlos, los paisanos gallegos se organizaron en partidas vecinales, con usos propios de la guerrilla –que ya era un método habitual en otras zonas de España- y, armados con lo que encontraban a mano, se aprestan a atacar a los franceses. Aquellas partidas de guerrilleros consiguen establecer alarmas populares que alertan de unos pueblos a otros sobre los lugares por los que pasaban los franceses. Su eficacia fue tal que, en marzo de 1809, impiden que Ney tome la costa occidental gallega y, unidos a las propias guerrillas vecinales urbanas, liberan las plazas de Vigo, Pontevedra y Tui. La recuperación de estas ciudades establece una especie de isla que dificulta considerablemente la comunicación entre el ejército de Ney y el de Soult.

El ejercito español, bajo el mando del marqués de la Romana se había apostado en Asturias, pero para cuando Ney obtuvo noticias de ello y decidió ir en busca de nuestro ejército -en mayo-, Romana se había trasladado a Galicia.

Dada la situación, Ney pidió ayuda a Soult que abandonó Portugal para desplazarse por el interior -vía Orense- hasta encontrarse con el mariscal Ney, tarea que no le resultó sencilla. Al fin, los dos generales franceses se reunieron en Lugo el 29 de mayo. A la vera de las murallas de Lugo decidieron que Soult se ocupara de conquistar el interior de Galicia, mientras Ney se dirigía a Pontevedra y Vigo. De esa forma pretendían lograr el sometimiento completo de Galicia.

Una pequeña parte del ejército español unido a los vecinos esperaba a las tropas de Ney para hacerles frente. Conscientes los españoles de no poder luchar, con los pobres medios que tenían, en campo abierto y cara a cara contra un contingente de más de 8.000 soldados y 1.200 jinetes, eligieron cuidadosamente el lugar en el que enfrentarse a los franceses.

La primera intención de Ney fue incendiar la ciudad de Pontevedra, pero cuando vio el lugar, le gustó tanto, que decidió no destruirla. Todos los que conocemos Pontevedra sabemos que es una ciudad bien bonita, pero la expresión del General, no sé si por su condición de francés o porque era un poco cursi, fue: “¡Ah, Pontevedra, tu belleza me desarma!”. Tanto debió gustarle que decidió acampar allí, para seguir al día siguiente camino de Vigo, siempre por la costa, bordeando la Ría de Vigo.

Los españoles habían decidido esperar a los de Ney acampados en Puente Sampayo. La elección de Puente Sampayo se hizo porque parecía el lugar más inexpugnable del camino. Cuatro de los arcos del puente fueron cortados. Y el vadeo del río Verdugo solo era posible con marea baja y en condiciones penosas. Río arriba apenas había opciones para cruzar, salvo en Puentecaldelas, donde se destacó un grupo de fusileros, apoyados por artillería.

El capitán escocés McKinley –los británicos habían vuelto (llamados por la Junta de Asturias, muchos desembarcaron de vuelta por Gijón)- envía a la zona varios buques de los que estaban fondeados frente a Vigo. También acuden otras lanchas cañoneras españolas, bajo mando del capitán Juan de Carranza. Estas unidades, haciendo uso de sus cañones, serán cruciales en el desarrollo de la batalla.

La batalla se inicia el 7 de junio de 1809. Ante el fuego de artillería español, los exploradores franceses buscan sin éxito pasos por los que atravesar a la otra orilla. Ney comienza también a bombardear las zonas en las que el río Verdugo se estrecha, sin lograr tampoco ninguna ventaja.

En realidad, la posición estaba tan bien organizada que resultaba casi inexpugnable. Sólo cabía un ataque por la espalda siguiendo la dirección Orense-Vigo, que era por donde Ney esperaba inútilmente que apareciera en su ayuda Soult. Pero el mariscal Soult descansaba en Lugo, incumpliendo su pacto con Ney de formar una tenaza que se cerrase en esta zona.

La jornada del día 7 termina con numerosas bajas en ambos bandos, pero sin que las posiciones se muevan un ápice. Cuando amanece el 8 de junio, Ney tenía preparado su nuevo plan. En este caso trataría de atravesar el río por Puentecaldelas. Ney desplazó 1.500 hombres hacia Puentecaldelas para envolver las posiciones españolas del puente Sampayo y envió, asimismo, tropas y artillería a un pinar contiguo, llamado de Acuña, a fin de neutralizar las cañoneras que batían el puente.

Los oficiales españoles, viendo los movimientos del mariscal francés, procedieron de manera rápida. Acudieron junto a una unidad de fusileros al puente Caldelas, únicamente defendido por 200 habitantes de los pueblos cercanos. La multitud de trampas que habían puestos los gallegos en los alrededores masacraron a los caballos, y los jinetes franceses murieron por fuego de artillería.

Las lanchas cañoneras se encargaron de las tropas francesas que intentaban atravesar el Verdugo usando los estrechos pasos ubicados a ambos lados de los puentes. Los franceses, por su parte, se vieron obligados a girar sobre sí mismos y volver por donde habían venido.

Con el paso de las horas, el mariscal francés ordenó lanzar un último y desesperado ataque. En este caso, los encargados de intentar causar daños a los españoles fueron sus cañones. Pero tampoco resultó y Ney se vio obligado a retirarse. Dirigió los restos de su ejército hacia Castilla.

El historiador Adolphe Thiers, en su Historia del Consulado y del Imperio, se sorprendía de la victoria gallega ante todo un mariscal de Francia y su poderoso ejército: “Parece mentira que un cuerpo de ejército tan numeroso y aguerrido como el que mandaba Ney, a pesar de la habilidad y energía de tan famoso General, no pudiera hacer frente a los indisciplinados gallegos”.

Indisciplinados… pero no tanto, valerosos y, sobre todo, con la fuerza y el ánimo que da defender la casa de uno.

Galicia fue así la primera región española libre de la ocupación francesa.

BIBLIOGRAFÍA

AGUADO BLEYE, Pedro. “ Historia de España”. Ed Espasa-Calpe. 1956.

QUEIPO DE LLANO Y RUIZ DE SARAVIA, J.M. -Conde de Toreno- . “Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1807-1817)”. Ed Akrón 2009.

THIERS, Adolphe.  “Historia del Consulado y del Imperio”. Ed. Nabu Press. 2012.

SOULT, Nicolas Jean de Dieu .- “Memorias” . Ed. Polifemo. 2010.

MANUEL CURROS ENRÍQUEZ.

Hoy, como cada 11 de noviembre, un recuerdo a Galicia y a mi familia; a los que están y, sobre todo, a los que ya no están. En este caso, con un significado personal más especial, aún si cabe, puesto que yo estudié en Orense en un colegio nacional que se llamaba, y espero que se siga llamando, como el gran poeta de Celanova: Curros Enríquez. Vivía Franco, y en la clase de lengua, nos explicaban también literatura gallega y en gallego. Lo que me permitió apreciar y querer esa lengua sin necesidad de que me la impusieran. Siempre se llega mejor a las cosas desde la libertad.

Manuel Curros Enríquez, poeta y periodista, nació como he dicho en Celanova, Orense. Nunca tuvo una buena relación con su padre, lo que le llevó a marcharse de la casa familiar con tan solo 15 años e instalarse en Madrid junto a su hermano. En la capital estudió el bachillerato e inició estudios de Derecho que nunca culminó. Sí puso mayor interés en la vida política ingresando en ambientes liberales, participando en la Revolución de 1868, la gloriosa.

https://algodehistoria.home.blog/2023/06/02/la-gloriosa/

Trabajó durante toda su vida como periodista (aunque también ejerció otras profesiones). Como periodista obtuvo un gran prestigio merced a la búsqueda siempre de una sólida argumentación (se coincidiera con su punto de vista, o no) y al dominio de la lengua, aunque deberíamos decir de las lenguas, pues en prensa escribió mayoritariamente en castellano y, en algún momento, en gallego. Pero, sobre todo,  destaca como poeta especialmente en gallego.

Entre sus primeros años como periodista colaboró en El Imparcial de Madrid y otros diarios republicanos. En 1870, publicó un artículo crítico con el duque de Montpensier, lo que le valió pasar varios meses exiliado en Londres.

Regresa a España a finales de 1870, y en 1873, su vida cambia radicalmente. Primero, porque se casa con Modesta Vázquez, con quien tuvo cinco hijos. Las relaciones familiares no fueron muy armoniosas, lo que influyó, según alguno de sus biógrafos, en su decisión de irse a Cuba en 1894. Desde luego muy bien no debió llevarse con su mujer e hijos,  cuando al volver a España en 1904, no aprovechó el paso por Madrid para visitar a su familia. En segundo lugar, se muestra entusiasmado con la proclamación de la Primera República (11 de febrero de 1873), y, en tercer término, en marzo de 1873, ingresa como redactor en La Gaceta de Madrid, en donde trabajará hasta que el General Pavía acaba con la Primera República el 3 de enero de 1874.

Debido a sus crónicas de la Guerra Civil- referidas a la Tercera Guerra Carlista (1872-1876)-, publicadas en El Imparcial, consigue destacar en el mundo periodístico y que El Imparcial le incluya en plantilla.

En 1875, con otros intelectuales gallegos, funda en Madrid la sociedad Galicia Literaria, de corta duración, pues se disuelve en 1876.

Uno de los cambios que se producen en su vida se da, en ese mismo año de 1876, cuando el Heraldo Gallego publica una carta del orensano Modesto Fernández González, que ofrece un premio de 2.000 reales al poeta que, en gallego, retrate con mayor exactitud y colorido las costumbres, tradiciones y tipos de Galicia. Lo gana Curros, con los poemas “A Virxe do Cristal”, “O gueiteiro” y “Unha voda en Einibó”.[1]

De “O gueiteiro”:

Despois do tempo pasado,

pasado pra non volver,

como on profeta ispirado,

inda mo parece ver

na festa do San Trocado.

Calza curto, alta monteira,

verde faixa, albo chaleque

i o pano na faltriqueira,

sempre na gaita parleira

levaba dourado fleque.

 

Después del tiempo pasado,

pasado para no volver,

como un profeta inspirado,

Todavía me parece ver

en la fiesta de San Trocado.

Pantalones cortos, montera alta,

faja verde, chaleco blanco

y el paño en la faltriquera,

siempre en la gaita

llevaba flecos dorados.

 

En 1877, regresa a Galicia, a Orense, donde Modesto Fernández González le había conseguido un puesto en las oficinas provinciales del Ministerio de Hacienda.

Su obra inmediata será su única novela: Paniagua y compañía (1878), sobre un corresponsal de guerra, en la que se aprecia su desprecio por el carlismo y el mundo clerical. En 1888, publica una obra de teatro, El Padre Feijoo, que, junto con Cartas del Norte e Hijos ilustres de Galicia, constituirán su obra más destacada en castellano, amén de sus artículos periodísticos, y otras obras de menor renombre. Al mismo tiempo,  siguió componiendo poesía.

Su estilo poético se refina aún más; lleno de musicalidad, colorido, dulzura y sabor local que lo sitúan para muchos,  junto a Rosalía de Castro, como uno de los mejores poetas en lengua gallega.

Su primer poemario, Aires da miña terra (1880), se hizo muy popular a raíz de ser acusado de blasfemo por el Obispo de Orense;  fue condenado a más de dos años de prisión. Pero tras muchas vueltas, pago de alguna multa y un recurso equivalente al de revisión penal, logró ser absuelto. Todo este lío le valió una publicidad preciosa y su obra se vendió con fruición. Más allá del escándalo, se reveló su sensibilidad lírica y su capacidad para crear imágenes de notable delicadeza a partir de la musicalidad de sus versos.

Fala de miña nai,fala armoñosa,

En que o rogo dos tristes rube ó Ceo

I en que dende a prácida esperanza

Os afogados e doridos peitos;

Fala de meus obós, fala en que os parias,

De treboa e polvo e de sudor cubertos,

Pidan á terra o gran da cor da sangre

Que ha cebar á bestas do laudemio…

 

Habla de mi madre, habla armoniosa,

en la que el ruego de los tristes sube al Cielo

 y en la que desciende la plácida esperanza

 a los ahogados y doloridos pechos;

habla de mis abuelos, habla en la que los parias,

de tinieblas y polvo y sudor cubiertos,

piden a la tierra el grano del color de la sangre

que ha de cebar a la bestia del laudemio…

En 1888, dio a conocer “O divino sainete. Poema en ocho cantos”, poema en tercetos en el que, parodiando la Divina Comedia de Dante, satiriza la peregrinación española a Roma con ocasión del jubileo de León XIII y ataca lo que él, un profundo anticlerical, entendía como corrupción religiosa. Esta era la obra poética de la que Curros se mostraba más orgulloso. La consideraba su mejor obra.

É un viaxe de recreo.

¿Quén folga de vir conmigo

de León XIII ó xubiieo?

Es un viaje de placer.

¿Quién quiere venir conmigo

de León XIII al jubileo?

Sin embargo, su vida Orense se le hace difícil por el ambiente hostil a su anticlericalismo, por eso, con la ayuda de Fernández González, regresa a Madrid y logra un puesto en el Ayuntamiento. Retoma el periodismo en la Capital colaborando sucesivamente en El Porvenir, El Progreso y El País, todos ellos de tendencia republicana.

En la noche del 27 de marzo de 1893, con motivo de la inauguración del Centro Gallego de Madrid, el ex ministro Manuel Becerra le impone una corona de laurel de plata, lo que viene a demostrar el reconocimiento que, en estos años, Curros adquiere en determinados círculos gallegos.

Aunque se desconoce la causa, en 1894 parte para Cuba y allí funda la revista La Tierra Gallega. También colabora en otros diarios en los que publica sobre todo poemas. La revista apenas dura dos años, hasta noviembre de 1896, cuando es clausurada a raíz del artículo “Responsabilidad ministerial”, en el que censura al ministro de Marina por elegir para determinados contratos de la flota militar a los astilleros de Cádiz frente a los de Ferrol. Este cierre, más su postura intransigente con la libertad de expresión siempre desde una óptica localista, le lleva a pasar algunas dificultades económicas que se solventan al ingresar como corrector de pruebas en el principal diario cubano, El Diario de la Marina, del que consigue poco después ser redactor.

Con todo, su posición patriótica, española, nunca se puso en duda, así al coincidir su estancia en Cuba con la segunda insurrección para lograr la independencia de Cuba, Curros siempre se mostró contrario al levantamiento y, es más, acabó rompiendo con el Centro gallego en La Habana por ofrecer éstos una cena a favor de alguno de los militares insurrectos.

En 1904, reingresa en el Centro Gallego tras exigir que el presidente fuera gallego, los cuadros y los libros fueran de gallegos, en lengua gallega o, marginalmente, castellana.

Ese mismo año viaja a España, siendo acogido con honores en Galicia.

Vuelve definitivamente a Cuba y en 1907 lee su poema “A Alborada de Veiga”, en un acto celebrado en el Teatro Nacional de La Habana, en el que se homenajeaba al músico Pascual Veiga. En ese acto se cantó por primera vez el himno gallego, cuya música estaba compuesta por Veiga.

O celta, que didiante dos astros se axoella,

deixounos nese canto de multiforme son

o matinal sol o luz do sol vermella,

feito de estrondo de himno e rogos de oración.

El celta, que se arrodilla ante las estrellas,

nos dejó en esa canción de sonido multiforme

el sol de la mañana, la luz roja del sol,

hecho del rugido de himnos y ruegos como oración.

Poco después, el estado de salud de Manuel Curros Enríquez se quebranta. Ingresa en el centro de salud del Centro Asturiano de La Habana, donde fallece el 7 de marzo de 1908. Su cuerpo será velado en los salones de El Diario de la Marina y, posteriormente, en los del Centro Gallego.

Reclamado por la Academia Gallega, su cuerpo embarca el 20 de marzo rumbo a La Coruña, adonde llega el 31. Su cadáver fue expuesto durante tres días en el Ayuntamiento. Casi cuarenta mil personas asistieron a su sepelio, celebrado el 2 de abril.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

“Aires d’a miña terra: coleucion de poesías gallegas” ed. crít. de C. Casares, Galaxia, 1975.

“Obras escogidas. Poesía. Teatro. Prosa”, recop. por A. Curros Vázquez, Ed. Aguilar, 1956.

GONZÁLEZ-BESADA, A. y MELEDO ABAD, F.- “Manuel Curros Enríquez: Biografía”. Artes Gráficas Minerva, 1952.

MARTÍNEZ- RISCO DAVIÑA, Luis.- “Manuel Curros Enríquez. O home o seu contexto”. Ed Duen de Bux. 2001.

[1] Las traducciones son mías. Espero no haberme desviado mucho de la intención del autor.

Cruceiros

Como cada 11 de noviembre, una entrada recordando a Galicia y a algunos de mis seres más queridos.

Castelao decía que un cruceiro es «un perdón del cielo», pues según el gran escritor gallego los cruceiros se erigen para hacerse perdonar algún pecado o para agradecer un milagro, una sanación o una plegaria concedida o por conceder. Muchos creyentes destinaran auténticas fortunas a levantar cruceiros y de esta forma ganar indulgencias, para ellos o alguno de sus allegados.

En otros muchos casos se erigían para sacralizar un lugar pagano o simplemente para buscar la protección divina. Así en los mercados se elevaban para lograr protección para los animales, en la proximidad a los campos auspiciaba buenas cosechas; en las calzadas señalaba el camino a los peregrinos, a los arrieros y a los viajeros, en general.

Se empleaban igualmente, para marcar los límites jurisdiccionales, civiles o eclesiásticos…

Comúnmente situados en lugares públicos, casi siempre en lugares elevados y en atrios de iglesias.

Se construyeran con la finalidad que fuera, los cruceiros son parte esencial del paisaje gallego, de la tradición y espiritualidad del lugar. Se calcula que en Galicia hay unos 12.000 cruceiros. Probablemente fue el asentamiento de la Santa Inquisición en Galicia, en 1562, lo que pudo determinar el incremento de su construcción.

Estructuralmente, los cruceiros son una imitación de las cruces procesionales góticas. Se realizan en piedra, generalmente de granito. Sobre una plataforma, compuesta de uno o varios escalones, se coloca el pedestal, casi siempre cuadrado o rectangular que puede llevar alguna inscripción, variando según el autor. Sobre el pedestal se coloca el fuste que se remata con un capitel casi siempre con figuras representativas de alguna escena religiosa, aunque hay muchos adornados con los capiteles típicos del gótico: dórico, jónico y corintio. En el punto más alto, se sitúa la cruz con Cristo en ella, y a su espalda suele haber una imagen de la Virgen María o de algún santo. Los canteros se esforzaban por mostrar en ellos todo su arte y muchos de los canteros más reconocidos de España trabajaron en estos monumentos. En muy pocas ocasiones nos podemos encontrar un cruceiro de piedra rematado con una cruz sola, lo que la diferencia de las cruces gótico-celtas de Bretaña o Irlanda, con las que también guardan alguna relación.

En cuanto a su representatividad, tanto los cruceiros gallegos como las cruces gótico-celtas del norte de Europa conllevan una misma finalidad didáctica. Si las de Bretaña o Irlanda se conocen como “sermones de piedra” porque en ellas se gravaban escenas bíblicas. En Galicia, representaban la pasión de Nuestro Señor, la expulsión del Paraíso y en  algunos casos, la visión de las almas en el Purgatorio purgando sus pecados. No se olvidan, tampoco, del amor representado por la Virgen y el dolor del Crucificado, además de incluir otros santos, de devoción más próxima, con los signos que expresaban su misión en la Tierra. Incluso se puede hacer una lectura litúrgica de la composición figurativa, por ejemplo: si las manos de Jesús permanecen cerradas es señal de omnipotencia, si se representan abiertas muestran misericordia, si los dedos índice y corazón están extendidos representa la bendición, si aparece una calavera, suele hacerlo al pie de la cruz, simboliza el triunfo de la vida sobre la muerte.

Haciendo una revisión de algunos cruceiros, podemos destacar, por ejemplo, al más antiguo que se conserva, del siglo XIV: el de Melide de clara iconografía gótica.

https://www.galiciamaxica.eu/galicia/a-coruna/comarca-da-terra-de-melide/melide/cruceiro-melide/

Sin embargo, puede que uno de los más famosos sea el de Hío en Cangas de Morrazo, que está junto a la Iglesia de San Andrés. Se trata de un grupo escultórico de iconografía barroca, con más de 30 personajes bíblicos a lo largo de su cuerpo, construido en el siglo XIX. Representa, por un lado, los momentos destacables desde el punto de vista religioso de la vida humana, desde la creación hasta la redención. La escena principal representa el descendimiento de Cristo.

http://guias.masmar.net/index.php/Puertos-de-Mar.-Fotos/Galicia/Ald%C3%A1n%2C-la-r%C3%ADa-secreta%2C-el-compendio-de-R%C3%ADas-Baixas-en-miniatura/Cruceiro-de-H%C3%ADo

https://www.amamalegustaviajar.com/2016/08/el-cruceiro-de-hio.html

Por el valor de su conjunto, destacamos el Viacrucis de Beade en Orense

http://www.turismo.gal/imaxes/mdaw/mtu5/~edisp/~extract/TURGA159849~1~staticrendition/tg_carrusel_cabecera_grande.jpg

En el que se muestra a Cristo crucificado en el cruceiro central. En los laterales el Buen Ladrón y el Mal Ladrón

Por último, traemos en caso del conjunto de cruceiros que se encuentran dentro del casco histórico de Combarro. Lo forman 7 cruceiros que se unen de manera armoniosa con los hórreos característicos de la localidad, considerada uno de los pueblos más bonitos de España.

En todos los cruceiros se escenifica la crucifixión de Cristo y la imagen de la Virgen, siempre mirando al mar para cuidar de los marineros.

https://www.minube.com/rincon/los-siete-cruceiros-a2228730

https://www.minube.com/rincon/los-siete-cruceiros-a2228730#gallery-modal

Como hemos señalado hay cerca de 12.000 cruceiros en Galicia. Aunque sea un lugar privilegiado de España para verlos, no es el único. También podemos encontrar cruceiros en Cantabria, Castilla y león… y en Madrid, en la Plaza de Benavente, por donación expresa de la Comunidad gallega.

Los cruceiros no son sólo una muestra de religiosidad, ni exclusivamente una construcción artística, sino que en su conjunto cada uno de ellos reúne todo eso y mucho más, consiguiendo alcanzar de un valor cultural destacado. Por eso la Comunidad Autónoma de Galicia en su Ley de Patrimonio Cultural de Galicia, siguiendo lo establecido por la Ley de Patrimonio Histórico Español, les da el valor, con la especial protección que eso conlleva, de Bien de interés cultural (BIC) a todos los cruceiros construidos antes de 1901.

BIBLIOGRAFÍA

Web de turismo de Galicia. https://www.turismo.gal/que-visitar/destacados/horreos-pazos-e-cruceiros/cruceiros?langId=es_ES

RÚA, Bruno. “Cruceiros e Petos”. Ed. Galician. colección Taboada Chivite de patrimonio. 2021.

http://cruceirosdegalicia.xyz/

LA ROMANIZACIÓN DE GALICIA

Como todos los 11 de noviembre o viernes más cercano a esa fecha, un recuerdo a Galicia.

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Se conoce como romanización a todo proceso de asimilación de las formas, costumbres  y lengua romanas en los territorios conquistados. Sin embargo, la forma de llevarse a cabo la misma en la zona septentrional de la Península Ibérica fue diferente a acontecida en las zonas del sur. El norte peninsular tuvo una asimilación más lenta y siguió conservando costumbres y estructuras propias. Galicia no fue una excepción, el inicio de su romanización suele situarse en el año 137 a de C.  debido a la acción de Décimo Junio Bruto Galaico, General Romano que llegó a Cónsul y previamente fue, en 113 a de C, nombrado procónsul de Lusitania, a la que sometió llegando hasta el río Lethe (actual Limia, en la frontera entre Portugal y Galicia); este río también era conocido por los romanos como río del Olvido. Pensaban que cuando lo cruzabas te olvidabas de tu familia, su identidad, su patria.  La leyenda dice que Décimo lo cruzó y fue llamando uno a uno a sus hombres para que viesen que no se había olvidado de nada.  Desde allí llegaron al Minio (Río Miño) y alcanzaron la costa, por la que se desplazaron de sur a norte; al comprobar la desaparición del rojizo sol por el horizonte en una de esas impresionantes puestas de sol galaicas, denominaron al lugar, Finis Terrea, donde acaba la tierra y comienza el mar. Así que, los romanos iniciaron su incursión en Galicia concibiéndola como aquella región que te atrapa hasta olvidar todo lo demás y en la que la tierra tiene su final.

Como dijimos la romanización del norte y NO de la península se dio bajo la pervivencia de las organizaciones indígenas, lo que llevó en muchas regiones a una doble realidad: la existencia oficial de centros urbanos asimilados a la forma de administración romana y la persistencia de las organizaciones indígenas; en este sentido, en la Geografía de Ptolomeo (s. II d. C.), vemos que se hace referencia a este fenómeno propio de los centros urbanos del N y N.O. Sabemos que la organización romana de Galicia se basó en el respeto a los sistemas subsistentes de pueblos o de castros. Ya vimos en la entrada del año pasado por estas fechas (“¿Llegaron los celtas a Galicia?”) que los romanos aprovecharon los castros para acomodar a sus tropas y servir de base a las construcciones romanas de todo tipo. Cerca de los castros solía haber torreones (castells, en gallego)  y se solían situar en lo alto de los cerros, con un uso defensivo de los promontorios. Todo esto y posiblemente algunas costumbres más permitieron a los romanos concebir a Galicia como una zona consolidada en su unidad, como una región homogénea en su identidad distinta a otras adyacentes. Esta concepción no se da desde el principio, así el territorio perteneció primero a la provincia de Lusitania, luego pasó a depender de la Tarraconense y finalmente se constituyó como la Gallaecia. Con lo que una parte del legado romano, y no menor, es el propio topónimo de Galicia. De hecho, uno de los elementos que permite reconocer el proceso de romanización se da en las inscripciones y la toponimia como manifestación de la presencia de la lengua latina, aunque  el uso del latín por sí sólo no es síntoma de romanización profunda, pues eran los propios romanos los que las realizaban.

La región se dividió en tres conventos o provincias: Bracarense, Lucense y Asturicense; todo esto ya en el siglo III d. de C.  Siglo en el que debió de imponerse definitivamente el latín. Ya en ese siglo la villa romana tenía gran presencia en la región, lo que suponía dejar los altos castros y ocupar las tierras llanas más fértiles, (podemos contemplar restos de importancia en la villa romana de Cambre, en La Coruña. Fue una villa rural que puede datarse entre los siglos II y IV). Gracias a este paso hacia las tierras bajas, el desarrollo de la agricultura fue un hecho y aunque en todo el noreste la agricultura no tuvo un uso intensivo, la vida económica se de sus habitantes se dividía esencialmente entre la agricultura y la minería (minas de oro, plata y estaño).  La minería fue la que permitió la llegada de colonos de otros territorios y, por ende, una de las fuentes importantes de romanización. Este paso de los castros a las villas romanas coincide con la adaptación de Galicia a la administración romana, pues, aunque, principalmente,  seguían viviendo según su antigua organización, en las zonas llanas se creó  un lugar donde llevaban a cabo sus transacciones comerciales, el mercado. Este lugar era considerado por las autoridades romanas como el núcleo urbano principal por cuya presencia se podía llegar a una cierta regularización administrativa  (municipalismo), a pesar de que los indígenas siguieran conservando sus propias formas de vida. Su estabilidad y su permanencia, al parecer, estaba ligada a la presencia de una autoridad, de un magistrado romano, que gozaba de cierta autonomía de mando y que era el enlace entre la administración romana y la entidad constitutiva del pueblo, populi, en una muestra más de la practicidad romana que hicieron de las viejas instituciones nativas, instrumentos de su propia administración.

La bajísima romanización de los castros se muestra en la casi total ausencia de monedas hasta el Bajo imperio, tal y como indica  Estrabón. Comerciaban a base de trueques con el  intercambio de especies o pequeñas láminas recortadas de plata. Los romanos para fomentar la actividad comercial, la unión con el resto del imperio y la auténtica romanización mejoraron las comunicaciones a través de las calzadas romanas.

En Galicia construyeron cuatro principales vías, si bien, propiamente en Galicia encontramos tres. La construcción de las calzadas romanas requería ejecutar varias fases, desde la deforestación hasta la capa de rodadura. Las calzadas estaban marcadas por los miliarios que eran puestos, con carácter general, cada 1.480 metros y su anchura permitía el paso de dos vehículos a la vez. Las antiguas vías romanas son la base de los actuales caminos de Santiago y de alguna de nuestras modernas carreteras-. Entre Austurica, Brácara y Lucus,  estas vías cruzaban el territorio de la Gallaecia con más sentido comercial que militar, ya que se trataba de una zona pacificada.

Siguiendo su ruta vislumbraremos lo que los romanos dejaron en su proceso de romanización de Galicia:

 La Vía XVIII o Vía Nova:

La Nova era la más transitada. Partía de lo que hoy es Astorga y llegaba hasta Braga. La vía Nova puede recorrerse actualmente. Esta es la calzada con el mayor número de miliarios de Europa, 281 en total. Alguno de los cuales siguen en pie y puede contemplarse hoy en día, por ejemplo los de Portela D Home o en la comarca de Limia. La calzada conserva muchos de sus tramos enlosados. Tiene una anchura mínima de cinco metros y en algunos puntos alcanza los once.

En la Vía Nova se construyeron cinco de los treinta puentes que los romanos construyeron en Hispania (quizá el más conocido de Galicia sea el Puente Romano de Orense, con origen en los tiempos de Trajano, porque del primer puente  romano de la época de Augusto sólo quedan algunas piedras en las bases. Se conservan 7 arcos de los 11 primitivos. Está considerado como el mayor de todo el Imperio Romano.

En un ramal de la misma vía, se conserva otro maravilloso puente, el Ponte do Freixo (Puente del fresno, en castellano) en Celanova (Orense) sobre el río Arnoya (en los alrededores de esta zona se han encontrado petroglifos pertenecientes a la Edad de Bronce, de los que hablamos el año pasado) y se sitúa  en la comarca del Ribeiro (otra herencia romana, el cultivo de la vid y la producción de vino). El puente consta de cuatro arcos simétricos. Destacan los almohadillados de los sillares, típico de las construcciones romanas. Se trata de una construcción del siglo II o III. Es posiblemente, junto con el de Orense, el mejor conservado de los puentes romanos en Galicia, el resto se mantienen en pie pero son restauraciones medievales en las que con suerte se conserva alguna piedra original romana.

En el camino de la Vía Nova se erigieron once mansiones, lugares de descanso para los viajeros y  también oficinas del fisco, que protegía un destacamento militar. Dos ejemplos que aún podemos admirar son la Aquis Querquennis, en Bande (en Orense), conjunto, que se sitúa cronológicamente entre los siglos I y II d.C. Está formado por tres elementos diferenciados: el campamento o recinto fortificado, la villa, con dedicación fundamentalmente agrícola y de la que se conservan restos que datan de los siglos I y IV, y la mansión, lugar de descanso y hospedaje para viajeros y animales de tiro y carga; y la Aquis Originis en Lobios, en la que ya se gozaba de sus famosas aguas termales; ahí podemos ver restos de los baños de Riocaldo ( o sea, río caliente), no olvidemos que los romanos fueron los primeros en favorecer el termalismo y los baños públicos en aguas sanadoras.

En relación con las aguas curativas, además del conjunto destacado en esta vía, cabe reseñar como herencia romana la fundación, en el lugar de O Castelo, la ciudad de Lais, que además de una de las más importantes explotaciones auríferas de la Gallaecia, contenía aguas termales. Las de  Laias, en la margen derecha del río Miño, en la actual provincia de Orense, fueron especialmente famosas. Según las inscripciones halladas en el lugar, el Imperio denominó a estas aguas Acquae Leae. A lo largo de la edad media los manantiales se seguían utilizando y eran conocidos en toda España, hasta allí llegó el rey Bermudo II de León, apodado el Gotoso, que fue a calmar sus males en las aguas orensanas. Hoy constituyen uno de los atractivos turísticos más importantes de Galicia.

La Vía XIX:

Comenzaba en Braga (Bracara Augusta) y terminaba en Astorga (Asturica Augusta) tiene un recorrido de unos 500 km. Entraba en Galicia por Tuy, continuaba por Pontevedra, Santiago de Compostela, Lugo y bajaba hasta llegar a Astorga.  Parte de su recorrido coincidiría con el de la Vía XX. De sus construcciones, se conserva con gran esplendor un hito que marca el paso de la vía romana a su salida de Galicia. Importante literatura hay sobre la mansión Pria en Iria.

La Vía XX o Vía per loca Marítima:

Según estudios que se tienen sobre el trazado de la vía XX la mayor parte de su recorrido era mixto, una parte por vía marítima además de la propia vía terrestre. Posiblemente, unos de los primeros puntos de parada se situarían en Aquis Celenis (Caldas de Rey), de hecho algunos autores consideran que este es un punto de encuentro con la vía XIX y que de ahí se separan. Esta vía contaba con numerosas mansiones entre las que podemos destacar la de “Ad duos Pontes” en Santa Cristina de Barro. La mansión de Glandimiro tradicionalmente situada en Brandomil, dónde se explotaban minas de oro, o la de Brigantium  ya en La Coruña, hasta llegar a Lucus Augusti (Lugo). Esta vía llegaba a la costa coruñesa y posteriormente bajaba hacia el interior. En su recorrido costero, se unía, por medio de estriaciones de la propia vía, a numerosas zonas portuarias ( Noya, Cedeira , Muros, Mujía o la propia Coruña) En su recorrido existieron numerosas villas e industrias del salazón- otra herencia romana- que introducía los productos llegados a la costa hacia el interior de hispania. Otros elementos que se conservan de esta vía son, por ejemplo, en  Santa Comba (La Coruña) un hito que refleja el paso de esta vía, un tramo de la misma aunque ya no conserva el pavimento en el municipio de La Laracha (La Coruña) cerca de Vilar de Fraga, y un campamento romano en Ciudadela, en el concejo de Sobrado dos Monxes (Sobrado de los monjes- La Coruña).

En esta vía, en su camino marítimo, las comunicaciones se completaban con los faros para orientar a las naves en su ruta costera al principio y en sus conquistas hacia el norte atlántico europeo, más adelante. El más destacado de ellos, es la famosa Torre de Hércules. Otro de los grandes símbolos de la romanización en Galicia y  hoy Patrimonio de la Humanidad. Su nombre procede de la leyenda que atribuye a Hércules  la fundación de la ciudad y así lo recoge Alfonso X, en su “Crónica General”, sin embargo el faro no adquiere ese nombre hasta el S.XX.

 Aunque no se sabe el origen de la construcción,  sí se conoce que  fue erigida como faro por los romanos, posiblemente hacia finales del siglo I y comienzos del IITiene el privilegio de ser el único faro romano y el más antiguo en funcionamiento del mundo. Los romanos lo denominaron Farum Brigantium. “Después de la conquista por Roma del Occidente europeo (Hispania, Galia y Britania), la bahía coruñesa adquiere una gran importancia en las rutas marítimas romanas que ponen en comunicación el Mediterráneo y las zonas costeras noratlánticas. Situada en una costa peligrosa, se convirtió en una magnífica dársena para los barcos que emprendían la ruta hacia Britania o venían de atravesar los peligros del cabo Finisterre. Los romanos crearon un importante enclave portuario, al que le pusieron el nombre de Brigantium, de ahí el nombre del faro.

 Por la inscripción conservada al pie de la Torre, sabemos que su constructor fue Gaio Sevio Lupo, arquitecto de la ciudad de Aeminium (la actual ciudad de Coimbra en Portugal). Con los datos actuales y sin tener certeza absoluta, se atribuye su construcción a la época del emperador romano Trajano que gobernó entre los años 98 y 117 d.C.

No conocemos con certeza como era su aspecto exterior. Pero tras las excavaciones arqueológicas realizadas en la base de la Torre, sabemos que contaba con un muro perimetral exterior y con una rampa o escalera de piedra que daba acceso a la plataforma superior. Tampoco conocemos con exactitud cómo sería el coronamiento romano de la Torre, pero por los datos conservados tendría una planta circular acabada en forma de cúpula con un hueco en el centro para salida de la luz y del humo que serviría de guía a los barcos.

El núcleo interior, hoy conservado, tiene, en planta, una base cuadrada, con cuatro huecos interiores que se comunicaban dos a dos; en altura, se articulaba en tres pisos sucesivos, y los huecos estaban abiertos con bóvedas de cañón. Posiblemente estos espacios pudiesen servir, entre otras funciones, para guardar el material combustible que ardería en la parte superior y también para resguardo del personal de servicio en la Torre.”[1]

En la Edad Media la Torre de Hércules sirvió como fortaleza y cantera, a partir del siglo XVI, recupera su función de faro.

Otro de los aspectos de la romanización en el mundo era la construcción de ciudades. En el NO de España, hubo algunas buenas ciudades, como Bracara Augusta y Lucus Augusti, al igual que Asturica Augusta, sin embargo, en Galicia y también en Asturias, no fueron polos de gran atracción para los indígenas, ni influyeron poderosamente en el cambio político, religioso, económico y social, ni desarrollaban una actividad municipal grande, como se desprende de la ausencia de inscripciones referentes a la vida municipal. En los “conventos” gallegos las relaciones de todo tipo y los intercambios entre urbes parecen poco desarrollados. En el ”conventus de Lucus Augusti”, ( fundada por magistrado romano Paulo Fabio Máximo en nombre del emperador César Augusto) hay desplazamientos de población, cuantitativamente, poco importantes.  Más destacados son los de Asturica Augusta y parece que fue el “conventus de Bracara” el que atrajo a un mayor número de gentes procedentes del exterior del NO. Sin embargo Lucus Augusti fue una ciudad importante a final de la antigüedad, como se deduce por la construcción de su muralla o de la piscina de la Plaza de Santa María. Precisamente su muralla es uno de los mayores regalos que los romanos han hecho a Galicia y, por ende, a España.

La muralla romana de Lugo es la única del mundo que se conserva entera, habiendo sido designada Patrimonio de la Humanidad, declarada por la UNESCO en el año 2000.

La leyenda dice que los romanos construyeron la muralla para proteger no una ciudad sino un bosque, el «Bosque Sagrado de Augusto», en latín «Lucus Augusti», de ahí el nombre de Lugo. Hoy el bosque es un misterio, pero la muralla sigue en pie. Realmente, más parece que la muralla, claramente una construcción defensiva, vino motivada no sólo de la amenaza bárbara, sino también por la situación e importancia estratégica de la ciudad. La ciudad tiene una ubicación propicia para la defensa por tener elementos naturales que contribuyen a ello al estar resguardada en lo alto de una pequeña colina y rodeada por un lado por el río Miño y por otros arroyos. La muralla reforzó la protección natural de la ciudad.

Se construyó siguiendo las directrices de las obras de Vitruvio, la muralla de Lugo mide más de 2 km y tiene, en la actualidad 10 puertas, aunque no todas son de época romana. En la parte superior, algunos tramos alcanzan los 7 m de ancho. Se conservan 71 de sus 85 torres originales, 60 son de planta circular y 11 cuadrangular. Debieron estar coronados por torres de dos pisos que tenían ventanales, como atestigua la torre llamada de A Mosqueira en la que todavía se conservan. Los materiales  con los que está construida son, principalmente,  granito y pizarra, en el exterior y,  en el interior, mortero compuesto de tierra, piedras y guijarros cementados con agua. Se estima que su construcción fue un único proyecto que terminó de realizarse sobre finales del siglo III o la primera mitad del siglo IV.

La estructura defensiva que conformaba la muralla estaba formada por el foso y el intervallum (espacio entre la muralla y las edificaciones urbanas. Recorría toda la longitud de la misma. Con el paso del tiempo este espacio fue ocupado por edificaciones). La muralla sufrió algunas ligeras modificaciones con el paso de los años.

Por último cabe señalar en cuanto al proceso de romanización, que no pretende ser exhaustivo pero sí dar una visión general lo más completa posible, el aspecto espiritual, que en el caso de la romanización, tenía una clara vinculación administrativo-política.

Según algunos  autores, los galaicos eran ateos, si bien en sus relaciones con los celtíberos y otros pueblos que lindan con ellos por el Norte, adoraban a cierta divinidad innominada, a la que rinden culto en las noches de luna llena. Las danzas en las noches de plenilunio constituyen parte del folklore y han llegado casi hasta nuestros días. Frente a estos ritos nativos, los romanos ejerzan culto a Júpiter, este culto a Júpiter fue asimilado poco a poco y algunos autores consideran que responde a un fenómeno de sincretismo que oculta  un culto al gran dios supremo de todos los pueblos indoeuropeos (recordamos que los celtas eran indoeuropeos). Así se unió el culto tradicional al ser supremo de los pueblos celtíberos, tan propio de Galicia, con el culto al Júpiter romano que es, ante todo, la encarnación del poder de Roma y del Estado. Con los emperadores de la dinastía Flavia, ese culto a Júpiter se une al municipalismo, a la ciudad administrativamente organizada. Esa municipalización, como vimos con el avance de las Villas romanas y el mercado, representaba un gran avance en la romanización.

Posteriormente, la extensión del cristianismo, que no proliferó grandemente en el NO de la península hasta muy avanzado el Imperio, fue la gran aportación y herencia del Imperio romano a la romanización, pues al propagar el cristianismo, contribuyó a romanizar el NO peninsular.

BIBLIOGRAFÍA

JOSÉ MARÍA BLÁZQUEZ. “La Romanización del Noroeste de la Península Ibérica. El bajo nivel de romanización de todo el NO de la Península Ibérica”. Publicado como parte de las Actas del Coloquio Internacional sobre el Bimilenario de Lugo. Lugo 1976, Lugo 1977 .

ROSA MARÍA FRANCO MASIDE.  “La vía per loca Marítima: un estudio de las vías romanas en la mitad noroccidental de Galicia”. Diputación de La Coruña 1999.

J.M- CAAMAÑO GESTO “Los campamentos romanos de Galicia”. Ed Finisterres.1996.

Página Web de Turismo de Galicia.

[1] Página oficial de Turismo de Galicia.

¿LLEGARON LOS CELTAS A GALICIA?

Dedicado a los que cumplían y a los que cumplen años el 11 de noviembre.

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Este es un asunto muy controvertido en Galicia por cuanto el sustrato celta, si es que existió, sirve de excusa a los nacionalistas para identificar Galicia como nación.

Dejaremos las “nacioncinas” patrias a un lado para intentar analizar la situación desde un punto de vista más científico, dentro de lo que en este corto espacio se puede profundizar.

¿Quiénes fueron los celtas?

Debemos remontarnos a la prehistoria para contestar. Encontrar certezas en unos orígenes que se remontan a la Edad del Bronce, es complicado. Pero algunas cosas se saben o se intuyen con cierta seguridad.

En una contextualización rápida debemos señalar que la terminología de Edad del Bronce se empleó por primera vez en 1820 y se debe al arqueólogo danés Chistian Jürgensen Thomsen. Con ella señala una época que se caracteriza en el Próximo Oriente y Europa por la aparición de la metalurgia (hay más indicios de edades metalúrgicas en otras partes de la Tierra, pero no coinciden cronológicamente). Jürgensen clasificó la Edad del Bronce en Bronce antiguo, Bronce medio y Bronce final. Aunque, normalmente, se suele ordenar por las etapas anterior (Edad del Cobre) y la posterior (Edad del Hierro).

La edad del Bronce final nos sitúa en torno a unos mil años antes de Cristo, por entonces, en centro Europa, existían una serie de tribus de perfil muy guerrero con elementos comunes de raíz indoeuropea. Tenían algunas costumbres comunes, no sabían escribir y sus lenguas tenían algunos términos semejantes. Es decir, no se trataba de una única tribu sino de varias y dispersas. El profesor Caro Baroja, en sus estudios etnográficos sobre el origen de la cultura, señala como, desde los primeros asentamientos, el hombre realiza algunas cosas igual que sus semejantes bien porque las condiciones geográficas o etnográficas así lo determinaron o bien, como también sostenía Levy, por el intercambio de habilidades, utensilios o formas de hacer  a través de las comunicaciones que nacían de unos poblados y al modo de los círculos concéntricos, como ondas expansivas, se van transmitiendo a otros pueblos. Estas pueden ser las razones para encontrar estos rasgos comunes entre tribus dispersas. Esos rasgos semejantes permitieron a los griegos unificarlos e identificarlos con un solo nombre: celtas. Entre esas tribus no había ni unidad política ni social y, tampoco está claro, identidad étnica (este punto no es posible asegurarlo ni desmentirlo con los hallazgos arqueológicos que poseemos). Aunque fueron los griegos los primeros que utilizan esa denominación, la mayor parte de las características de estos pueblos nos han llegado gracias a los romanos.

A partir de aquí, saber cómo se expanden los celtas se convierte en una tarea llena de especulaciones. Sabemos por los romanos que, en el S. IV a. C., los celtas atacaron lo que hoy es el norte de Italia y los Balcanes y parece que llegaron a Anatolia. En el Siglo II a. de C. los romanos dan cuenta de su presencia en “Hispania”, a pesar de que algunos autores suelen situarlos en la península desde el S. VIII.

Sobre su llegada a la península se mantienen tres teorías:

1) Plinio el Viejo afirma que los celtas tienen su asiento primero en la Lusitania y desde ahí ocupan el resto de la península.

2) P. Bosch Gimpera, establece la llegada de los celtas en razón a distintas oleadas invasoras desde Centroeuropa.  En la segunda de esas grandes oleadas, una de las tribus celtas (los sefes) en torno al siglo II a. de C., presionados por pueblos germánicos, bajaron hacia el Pirineo occidental. Desde allí se adentraron en la península en tres direcciones: hacia el norte, por la cordillera cantábrica, llegando a Galicia; por el centro hacia el oeste, acabaron en Salamanca y Extremadura y, hacia el sur, asentándose en torno al sistema ibérico, llegaron hasta Teruel, Cuenca y las estribaciones del sistema montañoso entre el maestrazgo y la sierra de Espadán (actual provincia de Castellón).

3) Señala que los celtas nacen en Galicia y desde allí se diseminan por Europa.

Fuera como fuese, estos pueblos celtas no entraron y se asentaron sin tener contacto con la población de la península. Su interacción es evidente. Una de las mejores pruebas estriba en que aquellos pueblos centro europeos que no sabían escribir, empezaron a utilizar la escritura íbera en las zonas que rondaban el sistema montañoso ibérico (celtíberos) y todos, en cualquier lugar de la península, comenzaron a hablar y a escribir en latín en cuanto se tropezaron con los romanos. Utilizaban el latín con las peculiaridades que les daban sus propias lenguas de origen, que no eran una sino varias, quizá todas de origen indoeuropeo, pero sin que los conocimientos actuales nos permitan una mayor diferenciación. De las lenguas celtas, sólo quedan restos vivos actualmente en el bretón, el córnico, el gaélico escocés, el galés, el irlandés y el manés. No en el gallego ni en el portugués.

En España, los trabajos de arqueólogos y lingüistas, no permiten obtener una teoría clara sobre el origen de los celtas en España ni de las lenguas que hablaban al llegar ni de la evolución de las mismas salvo lo ya señalado de su evolución dentro del latín.

Centrándonos en Galicia, ¿llegaron los celtas a Galicia?

Parece que llegar, llegaron. Ahora bien, como fue esa llegada y asentamiento es otra cosa.

En primer lugar, los restos arqueológicos en la Edad de Hierro nos hablan de una zona con pocos restos metalúrgicos y pocas armas. Por tanto, cabe hacer una primera conclusión: aquellos que se asentaron en Galicia no eran los feroces guerreros de Centroeuropa, o, si lo fueron, quedaron muy amansados tras su posicionamiento en España.

No podemos saber si tenían una identidad lingüística, por cuanto lo que nos ha llegado de su idioma es a través de las inscripciones en latín, sin que eso nos marque diferencias significativas frente a otras lenguas locales que se daban en zonas limítrofes y que nos han sido transmitidas de igual forma.

Por el contrario, sí había algo que los distinguía y acercaba a los celtas centroeuropeos: las construcciones megalíticas casi siempre funerarias, tan comunes en otros lugares europeos y los castros. Éstas se extendieron por otras zonas de la península, sobre todo, en la zona cantábrica y más concretamente en Asturias, de modo que no se puede decir que fueran exclusivas de aquellos pueblos asentados en Galicia, aunque sí, preeminentes en la zona.

Los castros son fortificaciones circulares cuyo origen se data en el siglo VI a de C. Con ellas se formaban poblados carentes de calles que se situaban en zonas naturalmente protegidas: promontorios, mesetas elevadas, revueltas de ríos, penínsulas. Se solían situar cerca de aguas dulces y no muy lejos de llanuras de pastoreo. Además de las defensas naturales, se solían proteger por fosos, parapetos y murallas que preservaban la zona habitada. En ocasiones, en sus cercanías o accesos había un torreón (castellas, en gallego).

Su mayor auge se cree que se dio en el S.II a de C. y con la llegada de los romanos se produjo un doble efecto, de un lado, se destruyeron algunos; de otro, los romanos reocuparon y reconstruyeron los castros para uso de sus propias tropas y población frente a los ataques de otras tribus.

De todos modos, la región debía tener algún rasgo propio que permitió a los romanos darle nombre común (Callaecia o Gallaecia, según los autores). Pero esa identidad puede ser por razones geográficas, por ejemplo, por diferencias frente a la cordillera cantábrica de las tierras colindantes, o por razón de las costumbres (entre las que cabe incluir los mámoa o los  Castros) o por otras que se nos escapan en la actualidad o por una mezcla de todas ellas.

Quien más ha estudiado la presencia, o no, de los celtas en Galicia fue el profesor Gerardo Pereira-Menaut (Santiago de Compostela, 1946-2015), entre otras cosas, Catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Santiago de Compostela.

Son varias sus obras publicadas a este respecto. Una de ellas, El celtismo de Galicia. Ciencia y leyenda reconciliadas, me sirve de inspiración en este hilo.[1]

No está tan claro para el profesor Pereira- Menaut que los celtas, con todas las características propias de las tribus centroeuropeas, se asentaran en Galicia. Es comúnmente aceptado por la historiografía que esta idea impregna el imaginario colectivo en el siglo XIX a través de los autores románticos. Los Románticos llevaron el nacionalismo por toda Europa con sus obras, especialmente en Alemania con Goethe. Ese romanticismo literario inspiró la política y, en España, unida a la inestabilidad política y las dificultades acaecidas durante la Restauración, impidieron una explicación coherente del idealismo de estos movimientos que nada tenían que ver con la historia real, generándonos unos problemas que aún padecemos.

El profesor busca fundamentos en tres líneas de investigación: autores clásicos, lingüistas y etnógrafos.

Ya hemos visto como algunas de esos caminos no nos llevan a ninguna conclusión clara.

En materia lingüística, añade, sobre lo ya visto, una crítica a los autores románticos que realizaban asociaciones de nombres, recogidos por los autores clásicos, queriendo darles un origen celta que no es demostrable. Es más, en las inscripciones romanas aparecen algunos nombres no romanos que pueden tener origen celta o de otras tribus asentadas en la zona, y siempre son palabras escasas que aparecen de manera puntual y no reiterada. Llegando a la conclusión primera de este hilo: la población estaba mezclada con otras tribus, de modo y manera que, si hubo celtas en Galicia, estos no estaban solos ni se mantuvieron aislados de esas otras tribus. Su desarrollo, no pudo ser muy diferente al de los celtíberos del nordeste.

Veamos la línea etnográfica. Pereira-Menaut, en la obra mencionada, afirma que “la genética no va nunca a establecer un “carnet de identidad genético celta”, sencillamente porque no existe tal cosa.”

Para estos estudios se fundamenta en lo que el profesor Ángel Carracedo (catedrático y director del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela)ha analizado y concluido desde hace más de dos décadas.

Carracedo asevera que “la genética sólo puede averiguar si un pueblo tiene un origen genético común o relacionado, por sus cromosomas o por el ADN mitocondrial”. Descartando, de esta forma, que la genética pueda confirmar que Galicia es celta.[2]

Lo que sí permite distinguir la genética es la existencia de dos grandes grupos genéticos en Galicia: uno que ocuparía la zona norte y centro, y otro que ocuparía el sur de Galicia y el norte de Portugal. Sin que se puedan sacar conclusiones generales al respecto. “Carracedo, en la conferencia “Los movimientos de población del Noroeste gallego a la luz de la genética” durante el III Congreso Internacional sobre la Cultura Celta (2011),confirmó que Galicia sirvió como refugio glaciary que, después de las glaciaciones, parte de esta población se desplazó a Inglaterra e Irlanda. Pero, a pesar de esta afirmación, quiso dejar claro que él, cuando se refiere a los movimientos de población, no habla de celtismo, ni de culturas o lenguas, sino de genética de los pueblos”.[3]

Hablaremos, por último, de un aspecto cultural, la música y en concreto de la gaita. La gaita es un instrumento muy extendido por toda Europa. Su origen es discutido, algunos señalan que su origen es indio, otros que nace en los pueblos babilónicos. Existen representaciones en Egipto en las que músicos tocaban un instrumento semejante a la gaita actual. Los celtas, los hebreos y los fenicios también lo utilizaron (posiblemente por su origen fenicio se extendió su uso por las Baleares). Es comúnmente aceptado que los romanos la extendieron a toda Europa, tanto en territorios supuestamente celtas como en otros que no lo son. A finales del S. XV este instrumento perdió popularidad, salvo en las regiones españolas de Galicia, Asturias, León, Cantabria, Mallorca y en las europeas de: Escocia, Inglaterra, Francia y la baja Bretaña. También en Suiza existe tradición gaitera.

Tampoco, por aquí vamos a encontrar una identidad propia de los celtas.

La realidad científica, parece que discurre por unos caminos ajenos a los que el relato imaginario (y a veces político), lleno de tergiversaciones históricas, pretende llevarnos. Eso no quita belleza a las leyendas de Breogán, de los druidas, a los monumentos megalíticos (Monte Seixo, entre otros), los petroglifos (el laberinto atlántico de Mogor, por ejemplo) o al sonido de la gaita. Pero, esas leyendas o supuestos misterios mágicos, como los sueños de Segismundo, leyendas son. Por lo menos, la ciencia, en este momento, no cuenta con elementos para darlos validez. Es posible que los nacionalistas tengan que remontarse nada menos que al Neolítico o, como muy cerca, a la Edad del Bronce, cuando casi nada se puede demostrar científicamente, para encontrar un elemento singular de Galicia ajeno a lo que es España; pero si lo analizan racionalmente, si hay que ir al S.VIII a de C. cuando nada era lo que es, es que no hay donde agarrarse para mantener esas teorías. En el S.VIII a de C. todos teníamos elementos diferenciadores y, al tiempo, todos empezábamos a ser iguales. Las tribus asentadas en la Península discurrían en común, se mezclaban y su devenir histórico fue el mismo, el que hace de España una nación única y espléndida.

[1]Gerardo Pereira-Menaut. “Elceltismo de Galicia. Ciencia y leyenda reconciliadas”. Museo de Pontevedra. 2007

[2]Entrevista al profesor Carracedo,  en el diario “ El Mundo” el día 15 de abril de 2011.

[3]Diario “El Mundo”, 15 de abril de 2011