PLATAJUNTA

Esta entrada se la dedico a mi hermana, la persona más dulce y buena de este mundo.

Siempre que se estudia la Transición española hacia la democracia se plantea el gran trabajo realizado por el Rey Juan Carlos y por Adolfo Suarez para acometer un cambio de la ley a la Ley con Torcuato Fernández Miranda como gran hacedor en la sombra. Sin embargo, en ocasiones se obvia la actuación de otros personajes que no contaban con el protagonismo principal, aunque trabajaban para obtenerlo. Hoy vamos a centrarnos en esos otros personajes.

Ya vimos aquí como Santiago Carrirllo a la sazón dirigente máximo del Partido Comunista de España había virado hacia el eurocomunismo en cuanto denotó que el comunismo tradicional tenía los días contados, que, en occidente, no iría a ningún lado y que las posiciones de los partidos comunistas francés y, sobre todo, italiano, tenían mejores perspectivas de éxito político. El Eurocomunismo, como vimos aquí, es un movimiento de los años 70, época en la que casi triunfa en Italia, se afianza en Francia; mientas, España y Portugal libran sus respectivas batallas contra las dictaduras en la que el comunismo pretendía tener un lugar destacado.

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La necesidad del cambio político se asentaba en 1974 al vislumbrar el cercano fin de Francisco Franco y el contexto en el que se desarrollaba:

  • El anacronismo político de una Dictadura dentro de una Europa democrática, sobre todo, tras la caída de la dictadura portuguesa el 25 de abril de 1974 (con todo su proceso violento y revolucionario).
  • La aparición de un sector empresarial desligado del franquismo y necesitado de un pacto social que frenase la creciente conflictividad laboral.
  • La evolución de la jerarquía eclesiástica hacia posiciones conciliares, buscando un hueco democrático que la alejara del franquismo y no la asociara con él.

En este entorno dos sectores se abrían paso en la vida política: los reformistas, partidarios de seguir los pasos que trazara el llamado a suceder a Franco en la jefatura del Estado, el entonces príncipe Juan Carlos, y los rupturistas, partidarios de acabar de manera radical con todo lo anterior.

Uno de los sectores rupturistas lo conformaban los comunistas. Precisamente, varios de los conflictos sociales provenientes, en buena medida, de la crisis internacional de petróleo se vieron aumentados por las posiciones comunistas que no supieron frenar su violencia, buscando contribuir con ello al rupturismo. Se aprovecharon para esa actividad del creciente desarrollo de un potente movimiento obrero y social; destacado en las huelgas de las fábricas y en los movimientos estudiantiles en las universidades.

En julio de 1974, en pleno declive del franquismo y avance de los movimientos populares, tres personalidades ligadas al diario Madrid: Antonio García-Trevijano, Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán (miembros, los dos últimos, del Opus- Dei y ligados a Don Juan de Borbón) idearon crear la Junta Democrática de España. Se pusieron en contacto con el Partido Comunista de Carrillo que envió a negociar con Trevijano a Sánchez Montero y Armando López Salinas.

Su objetivo principal era la ruptura democrática, la amnistía y la instauración de una democracia representativa, impulsando la unidad de fuerzas civiles y políticas. Fuerzas variopintas e incoherentes ideológicamente.

El principal ideólogo era García Trevijano, notario que había hecho fortuna con negocios en Guinea Ecuatorial y ganado influencias gracias a la familia de su mujer, una modelo francesa. La idea de Trevijano era la creación de una red de Juntas en toda España, que promoviera la agitación en las calles hasta lograr la caída del Régimen. De ahí se pasaría a un gobierno provisional que organizaría el país a base de democracia directa (es decir, por medio de referéndums) y modificaría la estructura territorial de España concediendo estatutos de autonomía a todas las regiones, amnistía total para presos políticos, libertades fundamentales, legalización de partidos y el retorno de exiliados. El plan se comunicó a Santiago Carrillo que lo aceptó al ver en la Junta un medio para convertir al PCE en el partido hegemónico de la izquierda. Además, en aquellos momentos del año 74, la situación de los comunistas portugueses y griegos apoderándose del poder parecían darle la razón en el camino emprendido.

Al plan se unieron personalidades muy heterogéneas: José María Lasarte del PNV; José Andreu de ERC; Alejandro Rojas-Marcos del partido andalucista; el partido socialista del interior que luego cambió su nombre por Partido Socialista Popular, es decir, Tierno Galván; el Partido Carlista, Partido del Trabajo de España (PTE), la Alianza Socialista de Andalucía, la plataforma Justicia Democrática, sindicatos como Comisiones Obreras (CCOO) y USO y otras personalidades. Se dirigieron a Don Juan (el padre del rey Juan Carlos), al que creían enfrentado a su hijo, para que presidiera el movimiento. Éste aceptó, hasta que Luis María Anson, Pedro Sainz Rodríguez y José María Pemán lograron convencer a Don Juan de que aquello era una locura y un descrédito para la monarquía. Don Juan finalmente desistió de participar en esta Junta. Ante su renuncia, la Junta pasó de defender la monarquía como forma de política del Estado a pregonar la necesaria instauración de una república.

Esta Junta era un despropósito en su origen y composición, personalidades diversas que presumían de grandes influencias que, a la hora de la verdad, se limitaban a ellos y su familia, y eso ni siquiera en todos los casos. El único partido organizado era el PCE. El propio Tierno Galván, aunque apoyó el proyecto, lo hizo con cierta distancia cuando le plantearon sus proyectos y como iban a llevarlos a cabo.

Trevijano y Tierno no se soportaban. Las entrevistas y memorias de ambos muestran una colección de descalificaciones sobre el otro. Lo más suave era motejarse el uno al otro y viceversa de soberbio, pedante y de poco fiar. Puede que ambos tuvieran razón. Los planes de Trevijano de crear Juntas en cada “villorrio”- en palabras de Tierno Galván-, eran analizadas por desprecio por el viejo profesor- en aquel entonces no tan viejo- y con cierto sarcasmo por Carrillo. Sin embargo, este último creía que alguno de esos planes podía servir a su objetivo final.

Sin embargo, otros sectores contrarios al régimen e incluso los que habían pasado los años de gobierno de Franco de vacaciones, como sarcásticamente señaló Carrilo en referencia al PSOE, tenían una visión diferente del futuro.

Los socialistas se posicionaron en contra de la Junta, por las mismas razones que el PCE estaba dentro: querían la hegemonía de la izquierda.

Desde el congreso de Toulouse (1970), los socialistas españoles habían mantenido una pugna abierta entre, por un lado, los que creían necesaria una renovación con gente joven que tendiera a la democracia y no recordara con su sola presencia la II República y con ella la Guerra Civil. Esta opción era apoyada por el partido socialista alemán cuya cabeza visible era Willy Brandt. La segunda opción socialista la componían los llamados históricos a cuyo frente se encontraba Rodolfo Llopis, que recelaba del apoyo alemán.

El grupo de jóvenes socialistas se conformó en torno a dos sectores el “grupo de los sevillanos” formado por Felipe Gónzalez, Alfonso Guerra y Manuel Chaves y el “grupo de los vascos”, con Nicolás Redondo y Enrique Múgica como destacados.

Será fundamental esperar al congreso de Suresnes (11-13 de octubre de 1974), para conocer el resultado final de aquella confrontación socialista. Ganaron los jóvenes, el grupo de los sevillanos apoyados por los vascos, pues, aunque en un primer momento se ofreció la presidencia a Nicolás Redondo, este declino la oferta en favor de Felipe Gónzalez.

A este lado del espectro de la izquierda empezaron a producirse convergencias que, al igual que las de la Junta democrática, eran de lo más extravagantes. Así se unieron los socialistas y sectores de la izquierda democristiana, capitaneados por Ruiz-Giménez, que había sido ministro de Franco y que posteriormente creó Izquierda democrática, también se unieron a ellos algunos falangistas.  Prueba de aquella simbiosis un tanto contra natura es la reunión celebrada en noviembre de 1974, en la madrileña calle del Segre, por un grupo de personas promovidas por el falangista Dionisio Ridruejo. Trataban de organizar lo que luego fue la Plataforma de Convergencia Democrática. En esa reunión además de Dionisio Ridruejo estaban los socialistas Felipe González, Txiki Benegas, y Nicolás Redondo Urbieta. El nacionalista catalán Heribert Barrera y los democristianos Juan Ajuriaguerra, José María Gil-Robles (hijo) y Jaime Cortezo. Todos ellos fueron detenidos por la policía. Se libraron de la detención dos personalidades que se habían marchado antes de la reunión: Joaquín Ruiz-Giménez y Fernando Álvarez de Miranda. Cuando estos dos últimos conocieron la noticia al día siguiente, se presentaron en comisaría para autoinculparse y que los detuvieran. Todos fueron puestos en libertad.

Este sector era observado con benevolencia por el régimen, ya en su declive, y por estar apoyados por EE.UU, Alemania y Suecia.

La idea de este grupo era abandonar el marxismo ortodoxo y avanzar hacia una fórmula socialdemócrata al modo sueco, muy flexible, según las circunstancias, y que permitiera incorporar a sus filas a un espectro popular de mayor amplitud que el PCE. Esa flexibilidad los llevó a aceptar la monarquía del Rey Juan Carlos como medio de lograr no una ruptura sino una reforma. Asimismo, contribuían a conseguir una idea preeminente en Willy Brandt: derrotar al eurocomunismo y evitar el contagio portugués en España, y de ahí al resto de Europa.

El 11 de junio de 1975, se presentó la Plataforma de Convergencia Democrática conducida por el PSOE, con 15 organizaciones más: el Movimiento Comunista de España (no confundir con el Partido Comunista); la Unión Social Democrática Española (de Dionisio Ridruejo); la Izquierda Democrática Cristiana de Ruíz-Giménez; el PNV (que se fue de la Junta del PCE) o el sindicato UGT e incluso algunas escisiones de otras organizaciones también presentes en la Junta Democrática, como el Partido Carlista …

En su primer manifiesto pregonaban la ruptura con todo lo anterior y la creación de una España federal con el derecho a la autodeterminación de todas sus “nacionalidades y regiones”. Pero era un radicalismo impostado, más dirigido a las bases obreras a fin de que no se fueran con la Junta Democrática comunista. En cambio, de puertas adentro la estrategia del PSOE era reformista. Así se presentaban ante Wells Stabler, embajador de EE.UU en España. Felipe González consideraba que si querían llegar a gobernar tenían que alejarse de los extremismos. Además, al contrario de lo que había pasado con el PSP de Tierno que siguió en la Junta comunista, esta posición más moderada le valió el apoyo exterior de Brandt, Palme, Harold Wilson, Craxi y otros. Esas posiciones, radical, de cara a la militancia y reformista en su interior eran incoherentes y, como señalaba Virgilio Zapatero, lo que existía era una gran confusión y cierto desahogo ideológico.

El 26 de marzo de 1976, mediante la presentación de un manifiesto, la Junta Democrática acabó uniéndose a la Plataforma de Convergencia Democrática para formar “Coordinación Democrática» (conocido popularmente como «Platajunta»). Buscaba la unificando de toda la oposición antifranquista antes de las elecciones de 1977. El organizador de la fusión fue Antonio García-Trevijano, gran partidario, como vimos, de la ruptura. Sin embargo, Carrillo ya conocía y apoyaba los proyectos del Rey Juan Carlos que había sabido atraerlo a sus posiciones. Por su parte, los socialistas, aunque se habían unido oficialmente a la Platajunta, por detrás, iniciaron una campaña de desprestigio de Trevijano, pues ya tenían pactada su participación en la reforma política comandada por el Rey Juan Carlos y por el Presidente Adolfo Suarez. La reforma política pactada, limitó y acabó con la influencia de la Platajunta en favor de la Ley para la Reforma Política de 1977. Y con ella se produjo la desaparición de multitud de grupúsculos que no tenían ni gran organización ni mayor influencia y se generó, en la izquierda, la hegemonía del PSOE sobre el PCE.

 

BIBLIOGRAFÍA

CARR, Raymond y FUSI, Juan Pablo. – “España de la dictadura a la democracia”. Ed. Planeta. 1979.

JIMÉNEZ LOSANTOS, Federico. – “Memoria del Comunismo. De Lenin a Podemos”. La esfera de los libros. 2018.

UBIETO, A; REGLÁ, J; JOVER, J.M. Y SECO. C.- “Introducción a la Historia de España”. Ed. Teide. 1983.

VILCHES, Jorge. “1975. Esta España viva, Esta España Muerta”. Ed. La esfera de los libros. 2025.

 

¿POR QUÉ ESPAÑA ES ESPAÑA?

El otro día, el sobrino de 7 años de una amiga me preguntó: ¿por qué España es España?

El niño se refería al origen del nombre, pero su pregunta formulada de aquella manera da mucho más de sí.

El nombre de España deriva del de Hispania que era como los romanos denominaron a aquellas tierras que se encontraban al sur de los Pirineos, a las que ellos llegaron por mar y se asentaron en Ampurias- como ya vinos en:  https://algodehistoria.home.blog/2021/10/01/ampurias-218-antes-de-cristo/

Por tanto, la primera zona conocida por Hispania fue la costa gerundense y desde allí permitió extender el nombre hacía el interior a medida que se producía la romanización de aquel territorio que los griegos denominaron Iberia.

Pero los romanos no bautizaron Hispania a aquella zona por azar, sino que el nombre estaba asentado desde los fenicios que llamaban al lugar con la denominación de i-spn-ya, cuyo significado era tierra de conejos, pero no referida al animal que conocemos sino a unos pequeños animalejos designados como conejos de costa, que ni siquiera procede de la familia biológica de los conejos. Un término cuyo uso está documentado desde el segundo milenio antes de Cristo, en inscripciones ugaríticas. Aclaremos que el ugarítico fue una lengua semítica que se hablaba en una zona de Siria desde el 2000 a. C. Se conoce gracias a la gran cantidad de restos encontrados en 1928, con tablillas de signos cuneiformes (pictogramas casi siempre utilizados para fines comerciales en su origen). No olvidemos que los fenicios ocupaban un territorio en la costa sur mediterránea a la altura de Chipre y que hoy se corresponde con territorios de Israel, Palestina, Siria y Líbano. Los fenicios constituyeron la primera civilización no íbera que llegó a la península para expandir su comercio y que fundó, entre otras, Gadir, la actual Cádiz, la ciudad habitada más antigua de Europa Occidental.

Fueron los romanos los que interpretaron la expresión fenicia como tierra de conejos, el animal, ya sí, que identificamos todos como tal. Un uso recogido por Cicerón, César, Plinio el Viejo, Catón, Tito Livio y, en particular, Cátulo, que se refiere a Hispania como península cuniculosa (en algunas monedas acuñadas en la época de Adriano figuraban personificaciones de Hispania como una dama sentada con un conejo a sus pies), en referencia al tiempo que vivió en Hispania.

No es la única interpretación lingüística que se hace del término i-spn-ya, pero este no es un blog lingüístico sino histórico, así que fuera tierra de conejos o tierra de metales, o tierra del norte, como señalan otros académicos aduciendo que los fenicios habían descubierto la costa de i-spn-ya bordeando la costa africana, y ésta les quedaba al norte, o tierra de occidente al decir de Nebrija en su interpretación del término Hispalis, no altera el hecho histórico de que desde los romanos el término fenicio se extendió para denominar las zonas romanizadas con la denominación de Hispania, en ocasiones, durante la época romana, más allá de lo que hoy es la península ibérica.

La generalización del término Hispania o España referida exclusivamente a la Península Ibérica se lo debemos a los visigodos. Y con ellos el nombre pasó de ser una mera expresión lingüística, con trasfondo histórico local, para convertirse en una formulación política consecuencia de la mezcla entre el ideario germánico sobre la comunidad política y la estructura imperial romana a la que los godos, inicialmente, quedaron incorporados y cuya confluencia con una creencia religiosa cristiana como elemento de unidad y distinción dispusieron el nacimiento estatal de España.  El rey Leovigildo, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del s. VI, se titula rey de Gallaecia, Hispania y Narbonensis. San Isidoro narra la búsqueda de la unidad peninsular, finalmente culminada en el reinado de Suintila en la primera mitad del s. VII y se habla de la madre España. En su obra Historia Gothorum, Suintila aparece como el primer rey de “Totius Spaniae”. El prólogo de la misma obra es el conocido De laude Spaniae (Acerca de la alabanza a España). https://algodehistoria.home.blog/2022/10/14/el-estado-visigodo/

La llegada de la invasión musulmana hace que se vuelva a hablar de reinos: Aragón, Castilla, Navarra… pero subyace en todos ellos la idea de reconquista de un ideal previo, imperial por asimilación visigoda del Imperio romano y católica en la manifestación de unidad moral frente al invasor; ideal llamado España, que crece bajo el pegamento de la Corona. La batalla de las Navas de Tolosa en 1212 es la culminación de aquella idea de unidad, cuya cúspide se alcanza con los Reyes Católicos. Aquella unidad bajo la Corona generada por la magnífica reina que fue Isabel I y convertida en referencia política por el camaleónico, astuto y gran diplomático que fue su marido, Fernando.

Tras ellos, los Austrias lograron que aquellos reinos, extendidos por todo el orbe tuvieran instituciones políticas y jurídicas propias pero gobernadas desde la cúspide Real. España se convirtió así en una realidad internacional, en la manifestación física mundial de un Imperio, en aquel Imperio que ya se manifestaba desde los visigodos, imperio recogido y mostrado por los reyes astures al inicio de la reconquista o por Alfonso X el Sabio y el “fecho del imperio”. Aquel imperio físico mundial se gobernó con la autonomía que daban sus Virreinatos al otro lado del Atlántico y del Mediterráneo, centralizados mediante Consejos y con una decisión única del Monarca. Los territorios insertos en una estructura colosal estaban coordinados y seguían un plan y destino común que convertía a los Austrias en una convergencia con un alto y sofisticado nivel de organización. Ese orden trascendió lo político y llegó a la ciencia con especial relevancia en la escuela de Salamanca o a las artes como demuestra el siglo de Oro. Esta masa de tierra gobernada con tanta elasticidad, tuvo una vida muy longeva.

La centralidad borbónica sin la flexibilidad que daba la estructura de los Austrias, tampoco fue un mal sistema, que nos dio algunos de los mejores reyes y mandatarios de nuestra Historia. Si el culmen de los Austrias fue un Felipe II que logró un imperio en el que no se ponía el Sol, un imperio global bajo su único y gran gobierno, de rey laborioso donde los haya, salvador de la cristiandad en Lepanto; el desarrollo del siglo XVIII, alcanzó su cima bajo el gobierno de dos de los mejores reyes que ha tenido esta castigada tierra española: Fernando VI y Carlos III, a veces tan olvidados. Con ambos se modernizó España hasta lograr ponerla a la altura de Europa sin olvidar la exitosa organización nacida de la influencia francesa de su padre Felipe V. Es más, es el siglo XVIII cuando nuestra economía sufrió menos vaivenes, se estabilizó y con ella el grado de avance técnico y social fue más evidente.

Esa continuidad en el tiempo de la idea de España, de nuestro Estado, de nuestra Monarquía y religión fraguó la idea de Nación que se manifestó en 1808 con el levantamiento popular contra el invasor, las Juntas como órganos de gobierno en representación del rey ausente y la constatación generalizada de la idea nacional en la constitución liberal de Cádiz de 1812.

Sólo las felonías, empezando por las de Fernando VII, los sinsabores de gobernantes mediocres de los que el Siglo XIX tiene muestras sobradas, las grandes traiciones conocidas a un lado y otro del Atlántico, la locura nacionalista, dejaron maltrecho aquel gran país, España, cuyo nombre nació con la llegada de los fenicios en el siglo IX a de C.

El siglo XX y lo que llevamos del XXI sólo han reafirmado, salvo alguna honrosa excepción de la que la Transición, por ejemplo, es un excelente ejemplo, la mediocridad en que se vive en nuestro país, tanto política como social y económicamente desde 1812. No podemos caer en la indiferencia sobre ello.

Ya decía Bismarck que «España es el país más fuerte del mundo; los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido«. Pues a ver si durante una temporada larga revertimos el proceso y volvemos a ser la gran Nación y el gran Estado que nunca debimos dejar de ser.

BIBLIOGRFIA

ALTAMIRA Y CREVEA, Rafael. – Historia de España y de la civilización española. –  Sociedad Geográfica de Lisboa y del Instituto de Coímbra. Tomo I. 1900.

JIMÉNEZ, Julián Rubén. –  Diccionario de los pueblos de Hispania. Ed. Verbum. 2020.

URBIETO ARTETA, Antonio. – Historia ilustrada de España. Volumen II. Editorial Debate. 1994.

HÉROES Y VILLANOS. HÉROES: 44 AÑOS SOLOS EN LA MADRUGADA .

Hoy inicio un hilo que, si se tratara de un contrato laboral, sería un fijo discontinuo. Voy a hablar de gestas y de traiciones en la Historia de España, lo cual supone hablar de colectivos o de individuos, de hazañas y héroes; de grandes subversiones o de mediocres traidores. Será discontinuo porque se hace muy pesado ir leyendo biografía tras biografía de unos pájaros de cuentas que hicieron lo posible por destruir nuestra Nación o porque las grandes hazañas suelen estar incluídasen hechos mayores. En este sentido la Conquista de México o la vuelta al mundo fueron hechos brillantes y heroicos de nuestra historia, como hemos visto en las entradas de la España de Carlos I.

En los traidores, que nadie se lleve a engaño, con carácter general, seguiré la máxima del profesor Ferrero que en su italiano españolizado decía “dádmelo morto”, para diferenciar la historia del periodismo. Señalaba el ilustre profesor italiano que esa fina separación nace cuando la última persona que vivió un acontecimiento ha fallecido. En ese instante, lo que era periodismo, pasa a ser historia. No es una norma comúnmente respetada, sobre todo, por la historiografía anglosajona, pero que, en este caso, puede ser conveniente. No voy juzgar a muchos personajes que todos conocemos, de los que todos tenemos opinión y posiblemente certeza de su bajeza, sin necesidad de consultar más fuentes que las de los diarios, las sesiones parlamentarias o las sentencias judiciales. Pero, además, porque no daría abasto.

Por empezar con lo bueno, voy a hablar de una hazaña, una de las más recientes, que en ocasiones se olvida que tuvo mucho de heroicidad colectiva. Voy a hablar de la Transición española, pero sin detallar los acontecimientos, sino recordando algo más importante: el llamado “espíritu de la transición” y para ello me voy a servir del cine.

El cine como fuente histórica es perfectamente viable. No sólo las películas que narran acontecimientos históricos, sean buenas o malas, sino de aquellas denominadas “de época”, aunque la época sea la nuestra o la de anteayer.

Películas ambientadas en la transición hay muchas desde “Tigres de Papel” de Fernando Colomo (1977);“El disputado voto del señor Cayo” (1986. Giménez Rico); “Númax presenta” (Joaquín Jordá, 1980);Ópera prima” (Fernando Trueba, 1980)“Madrid,1987”( David Trueba. 2012) y, sobre todo las películas de Garci que desde “Asignatura pendiente”-1977. La primera de esta “época”- a la “Asignatura aprobada” para demostrar que era posible e, incluso, necesario, ”Volver a empezar” y así dejar de sentirnos “Solos en la madrugada”. Y de “solos en la madrugada” voy a hablar.

Me gusta el cine de Garci porque desde su detallismo parece contarnos una historia individual, pero lo que aparece ante nuestros ojos es la manifestación de un colectivo; creemos que narra un cuento trivial cualquiera, cuando lo que muestra es el retrato de España.  En “Solos en la madrugada” refleja el estado de opinión de una generación. La que vivió en los últimos años del franquismo y maduró durante la Transición.

Algunos pensarán que la Transición fue el “Harakiri” de las Cortes franquistas con el “de la ley a la ley” de Torcuato Fernández Miranda; la llega de Suarez al Gobierno, la Ley para la Reforma Política (1976); la legalización del Partido Comunista; los pactos de la Moncloa; los encuentros entre Tarradellas y Suarez, las Elecciones legislativas (1977); la aprobación de la Constitución de 1978 tras el referéndum del 6 de diciembre de …. y, sí, todo eso y mucho más es la Transición, pero nada de eso hubiera sido sin algo esencial: el consenso entre los españoles, basado en los que se llamó “el espíritu de la Transición”. Es decir, la creación de un clima de sosiego, entendimiento y colaboración entre todos, renunciando a los maximalismos y condicionantes ideológicos, todos perdieron para ganar todos.

Eso lo recuerdan muy bien los que lo vivieron.

Como lo vivió Garci. Sus películas intimistas vienen marcadas por unos diálogos inteligentes, como si la charla fuera un hablar habitual en cualquier cafetería de la España de entonces. No se trata de un cine pseudo-intelectual con pretensiones de brillantez. Es un cine popular porque todos se podían ver reflejados en sus personajes, sobre todo los “progres” del momento, aquellos que nunca apoyaron a Franco ni al franquismo. Pero ser inteligible no le quita mérito, sino que se lo da.  En “solos en la madrugada” el protagonista (representado por José Sacristán), un periodista que pasa por un momento personal complicado (por sus líos amorosos, sus dudas…), presenta un programa de éxito en la radio de titulo homónimo al de la película. En sus diálogos y vivencias muestra sus dudas, como las que tenía aquella sociedad.

Los personajes evolucionan al caminar, haciendo camino al andar, al igual que España y los españoles.

La película es una reflexión sobre una sociedad que cambia a pasos agigantados por el fallecimiento de Franco; como si hubiera quedado huérfana de alguien al que llevaban echando la culpa de sus males desde hacía 40 años.

En el monólogo final de la película el protagonista lo señala:

 “Se acabó la temporada que ha durado treinta y ocho hermosos años, estamos en mil novecientos setenta y siete, somos adultos, a lo mejor un poquito contrahechos, pero adultos.

Ya no tenemos papá.”

Aquel paso a la edad adulta los españoles no se dio con pensamiento único, ni descalificando al que pensaba diferente, sino con un sentimiento común de colaboración basado en la libertad. Olvidando el pasado para ganar el futuro. El futuro era una democracia, imperfecta, como todas, pero mucho mejor que otras. Una democracia cuyo logro fue una heroicidad. La valentía y la heroicidad del pueblo español que sirvió de ejemplo al mundo. Así lo recuerda Garci:

Tenemos que convencernos de que somos iguales a los otros seres que andan por ahí, por Francia, por Suecia, por Inglaterra.”

Aquella Transición nació del consenso, del olvido, del perdón mutuo y de las ganas de crecer de los españoles. También lo recuerda nuestro protagonista:

“A partir de ahora y aunque sigamos siendo igual de minusválidos, vamos a intentar luchar por lo que creemos que hay que luchar: por la libertad, por la felicidad.”

La ilusión era una característica común unida a la incertidumbre, pero, sobre todo, nadie quería más enfrentamientos ni dos Españas, se buscaba la paz:

“No soy político, ni sociólogo, pero creo que lo que deberíamos hacer es darnos la libertad los unos a los otros, aunque sea una libertad condicional. Pues vamos, yo creo que sí podemos hacerlo, creo que sí. No debe preocuparnos si cuesta al principio, porque lo importante es que al final habremos recuperado la convivencia, el amor, la ilusión.”

Una vez indultados unos a otros, los españoles decidieron olvidar para ser libres:

Hay que empezar a ser libres. Yo también quiero ser libre. No quiero tener que mentirme tanto. Sé que tengo que hacer algo… a lo mejor escuchar, escuchar más a la gente o hacer un programa de radio para adultos, para hablar de las cosas de hoy, porque… porque no podemos pasar otros cuarenta años hablando de los cuarenta años…”

Nos quedamos huérfanos hace 44 años; hace 44 años que estamos solos en la madrugada. Gracias a aquella Transición modélica pasamos a la Historia Universal y en vez de apreciarlo como la heroicidad que fue, 44 años después, despreciamos el resultado, nos rebelamos para conseguir nada y pretendemos resucitar al difunto, como si fuera Lázaro y nosotros pudiéramos hacer milagros. Pero no, el difunto lleva 44 años muerto, y no hay más milagro que el que nos dimos todos juntos cuando dejamos el pasado a los historiadores y nosotros nos pusimos a hablar del hoy y del mañana.

Dejo el enlace del monólogo final de la película. Todo un hallazgo histórico.

 

https://www.youtube.com/watch?v=JneufsU2m6Y

 

(Solos en la madrugada, 1978, guión  de José María González Sinde( padre de la que fue Ministra de Cultura con Zapatero ). Director y coguionista José Luis Garci. Interpretes: José Sacristán, Fiorella Faltoyano, Emma Cohen, María Casanova)