Hoy traigo al blog la historia de la banda terrorista ETA. Evidentemente de manera muy resumida, imposible hacerlo de otro modo con la extensión de una entrada de blog. Como aclaraciones previas señalaré que, 1) no cito los nombres de los etarras, salvo algún caso excepcional. El motivo es sencillo: todos eran y son lo mismo. No merecen ser destacados. 2) Siento no haber encontrado en algún lugar el listado completo con los nombres de todas las víctimas. Hay nombres aquí y allá, en alguna de las Web que nombro aparecen muchos, pero no todos.
Según cuenta el libro “Las raíces de un cáncer”, de Gaizka Fernández Soldevilla y Santiago de Pablo. Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi y Libertad) – ETA- no nació un día concreto sino en una sucesión de citas de cafetería, en un periodo algo superior al medio año durante la primera mitad de 1959. Por poner un hito fundador, más que otra cosa, los primeros miembros de ETA eligieron la fecha del 31 de julio de 1959. Era el día en el que enviaron al lehendakari en el exilio, José Antonio Aguirre, una carta en la que le comunicaban la escisión de su grupo de las juventudes del PNV. El 31 de julio era el aniversario del PNV y, aún peor, el día de San Ignacio, parecía que ETA sonaba a una filial del PNV formada por alumnos de los jesuitas con ínfulas. Y algo de verdad había, no sólo porque «unos mueven el árbol y otros recogen las nueces» que dijo Arzallus, manteniendo que había una coincidencia de objetivos entre su partido (PNV) y ETA, sino porque, además, la influencia de la Iglesia Vasca en el origen y protección de ETA fue esencial. “ETA nació en un seminario”, el libro de Álvaro Baeza, así lo atestigua. No es el único. La historia de lo que ocurrió en estos años no deja en buen lugar a la Iglesia vasca. Muchos fueron los sacerdotes del País Vasco que ayudaron, encubrieron y aplaudieron a los terroristas.
ETA en sus orígenes nace bajo la defensa del euskera, el etnicismo, el antiespañolismo y la independencia de los territorios que, según ellos, pertenecían a Euskadi: Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra (en España), Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa (en Francia).En “Las raíces de un cáncer” se señala que la banda terrorista nació, antes que como grupo armado, como un cuento fantasioso: “Los fundadores de ETA tenían una visión muy trascendente de sí mismos”, cuenta Fernández Soldevilla, responsable de Investigación del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco. “Cuando crearon ETA juraron sobre un ejemplar de Gudari que era la publicación de los combatientes nacionalistas vascos en la Guerra Civil. Juraron que ellos iban a ser sus herederos, que iban a coger su antorcha y a conseguir lo que los gudaris no consiguieron. Se veían a sí mismos como como héroes que estaban posando ante la historia. Se veían como el Che Guevara y Fidel Castro y querían crear sus mitos desde el principio, aunque fueran un grupúsculo sin ninguna importancia”.[1]
Su origen universitario, más vinculado al carlismo que a ningún proceso revolucionario, y forjado en ambientes pseudointelectuales franceses originó en aquellos primeros militantes un afán de protagonismo heroico, que no se compadecía con la realidad a la que conducían sus actos. En los primeros años se limitan a realizar pintadas, tirar pasquines o colocar pequeños artefactos. Su primera acción violenta de entidad ( se trata de la primera acción reconocida por ETA, porque con anterioridad, según datos el Ministerio del Interior y algunas fuentes vascas la primera víctima mortal de ETA fue la niña de 18 meses María Begoña Urroz Ibarrola, alcanzada por una bomba colocada el 28 de junio de 1960 en la estación de Amara, de San Sebastián), se produce el 18 de julio de 1961: el intento fallido de descarrilamiento de un tren ocupado por voluntarios franquistas que se dirigían a San Sebastián para celebrar el Alzamiento.
En 1962, en su primera asamblea, celebrada en Bayona (Francia) se presentan como “Movimiento Revolucionario Vasco de Liberación Nacional”. Allí se autodefinen como una organización clandestina revolucionaria que defiende la lucha armada como el medio de conseguir la independencia de Euskadi. Pero la reivindicación del uso de la violencia de manera más radical se produce en la V Asamblea (1966-67). En 1968, cuando tomaron la decisión de asesinar como modo de reivindicación nacional, eligieron a dos víctimas de la policía, con fama de duros represores franquistas: José Mª Junquera, policía jefe en Bilbao y Melitón Manzanas, de San Sebastián. Eran, en su lógica, dos víctimas perfectas para sus intenciones propagandistas de lucha contra la opresión franquista. Sin embargo, no eligieron bien al asesino. Este fue Txabi Etxebarrieta, inestable y bajo los efectos de centraminas, que la víspera del atentado previsto, mató a un guardia civil de tráfico, santanderino, con novia y amigos en el país vasco, que no tenía enemigos, ni formaba parte de ningún escuadrón al que acusar de torturas. Este error, destruía la narrativa prevista y les obligó a construir un nuevo relato con el que justificar lo que no dejaba de ser un simple asesinato.
Aquellos asesinatos y otras acciones deleznables dieron origen al proceso de Burgos. Juicio sumarísimo celebrado por un tribunal militar contra 16 miembros de ETA – 2 de ellos religiosos, que se inició en Burgos el 3 de diciembre de 1970. El Régimen pretendía dar un golpe de autoridad, que no le salió bien. En vez de haberlo planteado como un juicio penal ordinario no sólo mucho más acorde con el sentir popular nacional e internacional sino también con el imperio de la ley, lo planteó bajo el código militar creando una imagen de juicio político y de indefensión de los terroristas. Hasta la Iglesia utilizó todos sus resortes y contactos para que el caso tuviera la máxima audiencia posible, creando una pequeña revolución, como señala Pedro Ontoso, en su libro “ETA, yo te absuelvo”.
Tras una semana de juicio, la sala militar confirmó nueve condenas de muerte para seis acusados. Y más de 500 años de cárcel para el resto. Debido a las presiones internacionales (incluida la Santa Sede), el Consejo de ministros conmutó las condenas capitales por penas de cárcel.
La reacción de ETA fue incrementar sus atentados. Así entre los cometidos en los años 70 destaca por su trascendencia el asesinato del presidente del Gobierno, el Almirante Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973. En 1974, se produjo el primer atentado masivo : explosión de un artefacto en la cafetería Rolando de Madrid, con un resultado de 12 muertos y 80 heridos. La cafetería estaba situada junto a la Dirección General de Seguridad, ese fue su “pecado”, y si no hubiera sido ese, hubieran elegido cualquier otro para causar terror, su objetivo.
El debate interno sobre este atentado masivo provoca la primera escisión importante en la organización: los “milis” de ETA militar, más violentos, se desmarcan de los “polimilis” de ETA político militar. En 1982, ETA político militar se disuelve. Son los primeros arrepentidos. No hubo muchos arrepentidos más; ETA militar no lo consistió, ejemplo significativo fue la dureza con la que trató a Dolores González Cataraín “Yoyes”, la primera mujer dirigente de ETA, que abandonó la organización en 1980 por su desacuerdo con la línea dura. Fue asesinada en Ordizia, el 10 de septiembre de 1986 mientras paseaba con su hijo. Yoyes fue uno de los miembros de ETA más buscados durante los años 70, se había instalado en San Sebastián en 1985, tras 11 años de exilio en México. Ella misma vaticinó su asesinato: “Tengo la firme convicción de que mi seguridad personal no peligra por el lado de las fuerzas de seguridad españolas […] Por tanto, afirmo que la responsabilidad de mi muerte corresponde a ETA”, dejó escrito en su diario.
Toda la propaganda de lucha contra el franquismo y la dictadura se vino abajo y dejó ver la auténtica cara de ETA cuando ya muerto Franco y con la democracia en ciernes, a finales de los 70, sus atentados fueron especialmente violentos, indiscriminados y se cobraron miles de vidas. La amnistía decretada el 15 de octubre de 1977 afecta a los presos etarras encarcelados durante la dictadura franquista. De nada sirvió aquella ley para apaciguar a los asesinos. 1979 y 1980 fueron los años con mayor número de atentados y de víctimas, casi 100 cada año.
Destaca, en 1979 el atentado con bombas en dos estaciones de trenes de Madrid. Mueren ocho personas. En la década de los 80, ETA recrudece sus acciones y los atentados masivos e indiscriminados atemorizan y castigan a la sociedad española como no lo había hecho hasta entonces. El 9 marzo de 1980 hubo elecciones en Euskadi, las primeras al Parlamento autonómico, que ganaría el Partido Nacionalista Vasco. “ETA mató hasta el 20 de febrero y reanudó las actividades el 18 de marzo. Ésa fue toda su tregua. El año de más muerte de su historia fue el mismo año en que Euskadi recuperaba de manera ejecutiva su capacidad de autogobierno [2]”. En julio de 1986, 12 agentes de la Guardia Civil mueren al explosionar un coche bomba en la Plaza de la República Dominicana de Madrid. En junio de 1987, 21 inocentes ciudadanos, hombres, mujeres y niños, pierden la vida por un coche bomba que ETA instaló en el Hipercor de Barcelona, otras 45 personas sufrieron heridas de diversa consideración, muchas irreversibles y con secuelas para toda la vida. El 11 de diciembre 1987, un coche bomba con 250 kilos de explosivos hacía explosión frente a la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, dejando un balance de 11 muertos ( entre ellos 5 niños) y 40 heridos.
La llegada del Gobierno socialista condujo a la creación de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), injustificable en un estado democrático. Fue un tipo de antiterrorismo ilícito, parapolicial. Juzgado y condenado. Pero también dio lugar a que, por primera vez, el 23 de septiembre de 1984, Francia colaborara con España en la lucha contra el terrorismo, con la concesión de la extradición de tres miembros de ETA. Francia siempre fue el santuario en el que se refugió ETA. Fueron años de éxito policial a pesar de los errores.
En 1987, se da un importante paso en la lucha contra el terrorismo de ETA: se firma el Acuerdo de Madrid sobre Terrorismo o Pacto de Madrid. En el Congreso de los diputados se firma un acuerdo, el 5 de noviembre de 1987 para coordinar y poner fin a la violencia de la organización terrorista ETA. El acuerdo fue firmado por la mayoría de los grupos parlamentarios presentes en la cámara: PSOE, Alianza popular, UCD, Convergencia i Unió, PNV, Partido Demócrata Popular, Partido Liberal, PCE y Euskadiko Ezquerra. En 1988, se firmaría en Pacto de Ajuria Enea y el Pacto de navarra, en ambas comunidades autónomas, con un contenido y objetivos similares.
En 1989, ETA y el Gobierno de González intentan dialogar y acercar sus posturas en las conversaciones de Argel. Eta retomó las armas tras la ruptura del diálogo.
El 29 de marzo de 1992, pocos meses antes de la Expo’ 92 y de los Juegos Olímpicos de Barcelona, se produjo una de las mayores operaciones contra ETA. Un trabajo encomiable de la Guardia Civil en colaboración con la policía francesa logró la detención de la dirección de la banda terrorista en la localidad francesa de Bidart. Esta actuación policial provocó la mayor crisis registrada hasta entonces en el seno de la banda criminal. El golpe de Bidart obligó a ETA a recomponer su dirección, reorganizar su entramado civil y extremar las medidas de seguridad. Ante esta situación, el 11 de julio de ese mismo año, la nueva dirección de ETA propuso una nueva negociación. Pero el diálogo no se materializaría en nada y, el 21 de junio de 1993, ETA vuelve a atentar contra seis militares en Madrid.
En aquel momento, ante el descabezamiento de la cúpula etarra, la violencia callejera de diversa intensidad se convirtió en el arma más usada por los terroristas, los grupos de jóvenes, como Jarrai, Haika y Segi alentaron la denominada «Kale borroka» o terrorismo callejero. Causaron destrozos por las calles, amenazaron y coaccionaron a ciudadanos, políticos y profesionales de todos los estamentos. Y esta manera de actuar se exportó a movilizaciones de grupos radicales fuera del País Vasco, normalmente en Madrid y Barcelona. El declive de la Kale borroka se debió a un cambio de legislación que trató a los alteradores como terroristas y así fueron juzgados, a la lucha policial y al poco apoyo social.
Pero los actos terroristas siguieron adelante. El 29 de mayo de 1991, atentaron con un coche bomba contra cuartel de la Guardia Civil en Vic (Barcelona), en el que mueren 10 personas. En 1995, estalla un coche bomba al paso de un furgón militar en Vallecas (Madrid).
Mueren seis civiles que trabajaban para la Armada.
Además de las bombas, los etarras buscaban otras formas de presión al gobierno y por ello realizaron algunos de los secuestros y asesinatos más salvajes de la historia de la humanidad. El secuestro más largo de ETA ha sido el del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, secuestrado el 17 de enero de 1996 y liberado por la Guardia Civil el 1 de julio de 1997 tras 532 días de cautiverio. Entre los secuestros políticos se encuentra el intento, el 3 de julio de 1979, de secuestrar a Gabriel Cisneros Laborda, diputado de UCD y uno de los padres de la constitución. Intentaron secuestrarle en las puertas de su casa en Madrid; consiguió salir corriendo, pero le dispararon causándole unas heridas, que, si bien no le mataron en aquel momento, le provocaron daños cuya consecuencia fue su muerte tiempo después. El que cometió aquel intento de secuestro y asesinato fue Arnaldo Otegui, según narraba el propio Cisneros.
Asimismo, debemos recordar el secuestro de Javier Rupérez. Secretario de Relaciones Exteriores del partido UCD, el 11 de noviembre de 1979 fue secuestrado durante 31 días. Los etarras pretendían la liberación de varios presos. No lo lograron.
Pero sin duda, el secuestro político más bárbaro cometido por ETA para chantajear al gobierno aconteció el 10 de julio de 1997, al secuestrar a Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en la localidad vizcaína de Ermua. Querían que el Gobierno de Aznar cediera en su política de dispersión de etarras por diversas cárceles del España- política que había iniciado el PSOE siendo ministro de Justicia Enrique Múgica Herzog. Esta política causó gran daño a los etarras, pero le costó la vida, también asesinado, al hermano del ministro, Fernando Múgica ( 6 de febrero de 1996)-. 48 horas después de su secuestro y dado que el gobierno de Aznar no cedió al chantaje, los secuestradores y torturadores de ETA, pegaron un tiro en la nuca a Miguel Ángel Blanco que llegó al hospital en estado de muerte cerebral, y falleció el día 13 de julio.
El mismo Aznar es víctima de ETA. El 19 de abril de 1995 la banda terrorista le intentó matar haciendo estallar una bomba a su paso. Aznar salió ileso gracias al blindaje del coche que llevaba, pero Margarita González, de 69 años y ama de casa, quedó sepultada entre los escombros de su hogar, cercano al lugar de la explosión, y murió posteriormente en el hospital. La acción contra miembros del PP se había recrudecido desde su prevista llegada al Gobierno. En enero de 1995 asesinaron a Gregorio Ordoñez y en los años posteriores 12 concejales más del PP fueron asesinados. Aznar no cedió al chantaje, aunque tuvo contactos para la rendición de ETA, como habían hecho todos los gobiernos. Una rendición sin condiciones, que no se dio. Diferente fue la negociación que inició el Gobierno de Zapatero en la que dio alas a los asesinos cuando ETA ya estaba muerta por las acciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y por la entereza del pueblo español. En medio de negociación del Gobierno, que esperaba una tregua, se produjo un atentado en el aeropuerto de Barajas, en 2006 donde mueren dos personas. El 7 de marzo de 2008, era asesinado el último concejal socialista que falleció a manos de ETA, Isaías Carrasco. El 30 de julio de 2009, hizo explosión un artefacto-lapa colocado en los bajos de un coche patrulla de la Guardia Civil estacionado en las inmediaciones del Acuartelamiento del Cuerpo de Palmanova (Mallorca) y resultaron muertos los Guardias Civiles Carlos Sáenz de Tejada García y Diego Salva Lezaun, quienes serían las últimas víctimas mortales de atentados de la banda terrorista ETA en España.
Durante 42 años de crueles atentados, ETA asesinó 864 ciudadanos entre los que se encuentran civiles, políticos, miembros de la judicatura, ertzainas, policías. Ellos que pregonaban que luchaban contra la dictadura franquista, mataron a 43 personas entre 1968 y 1975, el resto de los fallecidos se produjeron en democracia. Entre los heridos han logrado ser reconocidos como afectados por gran invalidez, incapacidad permanente, incapacidad parcial o lesiones permanente un total de 1.076 víctimas. Si a eso unimos los que han tenido o tienen lesiones psicológicas, los que han visto destruido su patrimonio, los que tuvieron o tienen lesiones por secuestro el resultado se eleva a 2.123, según el informe del defensor del Pueblo de 2016. También deberíamos contar a todos los ciudadanos que por culpa de la violencia tuvieron que abandonar el País Vasco e instalarse en otros lugares de España.
Además, como señala el informe del defensor del pueblo (https://www.defensordelpueblo.es/wp-content/uploads/2016/12/VictimasETA.pdf) quedan al menos 377 asesinatos de ETA que no han sido resueltos por la Justicia, bien sea porque el delito ha prescrito, por falta de pruebas, por cuestiones burocráticas, negligencias judiciales o por la aplicación de la Ley de Amnistía de 1977.
A pesar del elevado número de víctimas, fueron muchos los éxitos policiales contra ETA; además de las muchas vidas de civiles que salvaron las fuerzas policiales, destacaremos los dos atentados frustrados contra el rey Juan Carlos. Uno de ellos con granadas preparadas cuando iba a inaugurar el museo Chillida en el País Vasco. Asimismo, en octubre de 1997, la banda terrorista intentó colocar tres maceteros con doce granadas para ser lanzadas durante la inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao. El ertzaina Txema Agirre les dio el alto, pero su valentía le costó la vida, como a tantos y tantos valientes servidores del Estado.
En el siguiente enlace del ministerio del Interior se pueden ver algunos de los grandes éxitos policiales tanto de la policía Nacional como de la Guardia civil de aquella lucha de las fuerzas del estado contra los asesinos de ETA. Y quizá más significativas sean las Web de los dos Cuerpos, que también acompaño.
https://www.interior.gob.es/opencms/pdf/prensa/balances-e-informes/2001/Actividad-Antiterrorista.pdf
https://www.policia.es/_es/tupolicia_memorial_timeline_victimas.php
https://www.guardiacivil.es/es/institucional/actividadesInstitucionales/actos/07_30.html#:~:text=Durante%2042%20a%C3%B1os%20de%20crueles,militares%20y%20210%20guardias%20civiles.
No podríamos terminar esta entrada sin señalar el porqué de que ETA se mantuviera tanto tiempo en activo. La maquinaria criminal de ETA requería de importantes cantidades de dinero para costear el material necesario para sus actividades, mantener su infraestructura y apoyar tanto a los etarras liberados como a sus miembros deportados, refugiados o huidos. Incluso para apoyar a los encarcelados, muchos de ellos con tendencias suicidas. Para ello, necesitaba 15 millones de pesetas diarios y más de 5.400 anuales, según un informe de la Ertzaintza conocido en 1996.
En sus inicios, la banda terrorista consiguió financiarse mediante: 1) atracos a entidades bancarias, técnica que fue abandonando progresivamente, 2)por la extorsión; 3) secuestros a empresarios, y 4) también iniciaron actividades “empresariales” propias con las que financiarse (ETA logró un entramado empresarial y financiero que extendía sus ramas hasta cuba, panamá, Venezuela y cabo verde. Existía una red de empresas paralelas de la Koordinadora Abertzale Socialista (KAS) que financiaba a ETA).
Los métodos de extorsión se basaban en el cobro del llamado por ETA “impuesto revolucionario”, para ello enviaban cartas amenazantes a empresarios, mayoritariamente vascos, pero no exclusivamente vascos, en las que se exigía el pago de una determinada cantidad de dinero a cambio de que su patrimonio e incluso su integridad física no corrieran peligro. Cartas que iban cifradas, de manera que si alguna se filtraba a la prensa ETA conocería al extorsionado “chivato”. Aunque muchos amenazados denunciaron estas prácticas mafiosas, es difícil determinar cuántos realmente pagaron por salvar su vida, ante el terror psicológico impuesto por la banda terrorista, que llegó a aplicar “intereses de demora” a quienes que se retrasaban en el pago. En marzo de 2011 la banda anunciaba a los empresarios que cancelaba su extorsión, mediante una carta al presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra.
Otro medio de financiación ejercido por ETA fueron los secuestros A lo largo de su historia, ETA secuestró a 77 personas. Algunas fueron liberadas tras el pago de los rescates o gracias a la intervención de la Fuerzas de Seguridad. Otras fueron asesinadas por los terroristas. El primer secuestrado fue el cónsul alemán Eugenio Behil. En ocasiones los secuestros se sucedían, así mientras estaba secuestrado José maría Aldaya ( 342 días secuestrado), ETA secuestro a Ortega Lara, y el mismo día de la liberación de éste, la banda terrorista había puesto en libertad a Cosme Delclaux, tras 233 días de secuestro. Otros secuestros destacados por su duración fueron los del empresario Emiliano Revilla, 249 días. Los del empresario Julio Iglesias Zamora (116 días), – no confundir con Julio Iglesias Puga, padre del cantante Julio Iglesias , que también fue secuestrado por ETA-.El empresario Luis Súñer. 91 días. O los ingenieros Adolfo Villoslada. 85 días y Diego Prado y Colón de Carvajal. 73 días.
Entre las operaciones policiales exitosas para desmantelar el entramado financiero de ETA podemos destacar , la operación Sokoa, en 1986. En ella la policía francesa reveló que, entre 1980 y 1986, ETA había ingresado cerca de 1.200 millones de pesetas mediante el chantaje empresarios. En 1992, la operación Easo logró desmantelar el intento de cobro de 400 millones de pesetas a una veintena de empresarios. En 1993, se detuvo en París al responsable del aparato financiero de ETA. En 1998, y 2000 se propinaron sendos golpes al entramado financiero de ETA en Iberoamérica. En mayo de 2002, se logró documentar y confirmar que las “herriko tabernas” funcionaron durante años como centros de recaudación del “impuesto revolucionario”. En 2006, la investigación de la policía francesa y española detuvo a los etarras responsables de recaudar, durante más de 20 años, el “impuesto revolucionario”.
Además, evidentemente, ETA se mantuvo tantos años en acción por el apoyo y colaboración de amplios sectores de la sociedad vasca. Entre los que se encuentra en un lugar destacado el periódico Egin, que daba los comunicados de ETA e informaba de los que la banda terrorista quería informar o desinformar.
Asimismo, existía un “brazo político”, Herri Batasuna (HB), que surgió en 1978 y se registró como partido político en 1986. En 2001, se escindió en dos: Batasuna y Aralar (tenía los mismos principios, pero rechazaba la lucha armada). En 2003 el Tribunal supremo en aplicación de la Ley de Partidos resolvió por unanimidad la ilegalización de HB, de Euskal Herritarrok y de Batasuna. En 2017, se disuelva Aralar. Surgieron otros partidos proetárras entre ellos Euskal Herria Bildu (EH Bildu) que en 2014 se inscribió como federación de partidos en el Ministerio del Interior. En 2017, se refundió para crear partido único y no una federación de partidos, Arnaldo Otegi, aquel al que Gabriel Cisneros identificaba como individuo que le disparó, fue elegido Coordinador general. Bildu se considera heredero de la ilegalizada Batasuna.
BIBLIOGRAFIA
BAEZA , Álvaro. “ETA nació en un seminario”. ABL, editor. 1995.
Espada, Arcadi. Artículo publicado en El País:
https://www1.udel.edu/leipzig/270500/elb270800.htm
FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, G Y DE PABLO, S. “Las raíces de un cáncer”. Ed Tecnos. 2024.
ONTOSO, Pedro “ETA, yo te absuelvo”. 2020. Ediciones Beta III. Milenio, S.L.
El Mundo.” La dictadura del terror”. https://www.elmundo.es/eta/historia/
Webs del Ministerio de Interior, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional y del Defensor del Pueblo
[1] Las raíces de un cáncer, de Gaizka Fernández Soldevilla y Santiago de Pablo (Tecnos)
[2] Arcadi Espada. Artículo publicado en El País. https://www1.udel.edu/leipzig/270500/elb270800.htm