Como todos los años, alrededor del 24 de septiembre, una entrada sobre arte, en recuerdo de mi madre.
En 2014, se publicó en España un ensayo de Dario Gambini, Catedrático de la Universidad de Ginebra, titulado “La destrucción del arte. Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa”. El libro realiza un examen integral de los motivos y circunstancias que hay detrás de los ataques deliberados contra edificios públicos, iglesias, esculturas, pinturas y otras obras de arte en los dos últimos siglos.
En su estudio, sobre el fanatismo contra el arte, describe las razones ideológicas o de simple locura que han determinado que en todas las épocas de la historia de la humanidad hayan existido vándalos empeñados en destruir las manifestaciones artísticas que consideraban contrarias a sus valores. Me permito decir que, esos valores deben ser de lo más despreciables cuando, en vez de apreciar la calidad artística, se dedican a destruir lo que la habilidad y el ingenio humano creó. Da igual que el vandalismo venga del fanatismo político, el fanatismo religioso, o la ignorancia de unos delincuentes, la destrucción del arte no por accidente sino por la intención de los salvajes es condenable siempre y en todo caso.
Excluimos de esta exposición el arte extinto por los bombardeos en una guerra, porque esas desapariciones son unas víctimas más de la principal desgracia que es la guerra en sí, en la que las mayores pérdidas son de los seres humanos heridos y fallecidos.
Tampoco nos vamos a extender en la iconoclasia del Siglo VIII. Las imágenes de Cristo, la Virgen, los santos o las escenas bíblicas se conocen en el cristianismo desde el siglo II. Entonces, las imágenes sagradas eran simbólicas, aunque ya en el siglo IV era frecuente ver las paredes de las iglesias cristianas decoradas con pinturas y frescos. Lo que dio lugar a dos formas divergentes de piedad cristiana: la cristiandad occidental centrada en el edificio eclesiástico y que privilegiaba la ubicación de lo sagrado en el rito eucarístico, y la oriental cuyo centro era la adoración de las imágenes, con la consecuente multiplicación de los espacios sagrados. Sin embargo, los enfrentamientos no se dieron entre el occidente y el oriente cristiano sino en el mundo bizantino frente al islam.
La “ruptura de imágenes” que eso significa iconoclasia o iconoclastia manifiesta un apogeo especialmente significativo, durante los siglos VIII y IX , en el Bizancio de Justiniano. No sólo era un problema religioso, sino de la confrontación cultural y de la amenaza militar que el islam representaba. El gran cambio y enfrentamiento se produjo con Justiniano II cuando puso el rostro de cristo en el reverso de sus monedas de oro. Esta situación resultó ofensivas a los árabes que decidieron romper la unidad monetaria, y con ella la paz social y la convivencia, destruyendo las monedas de Justiniano y volviendo a acuñarlas sin imágenes y sólo con palabras. Como hicieron después con las imágenes de Santa Sofía, cuando la convirtieron en mezquita.
En aquel momento, la iconoclastia también se dio entre los propios cristianos residentes en zonas musulmanas que consideraban la proliferación de iconos como idolatría. Aquellas protestas fueron encauzadas por algunos sectores hacia movimientos religiosos heréticos.
La importancia de la ideología iconoclasta está lejos de limitarse al llamado período iconoclasta. De diferentes maneras la iconoclasia ha existido permanentemente en la historia (albigenses – una rama de los cátaros-, en Francia; judaizantes, en Rusia; protestantes, en Europa; etc )… Por ello, la respuesta de la Iglesia en los siglos VIII-IX, hecha con la solemnidad de un Concilio Ecuménico, conserva su valor hasta el presente.
Pero lo que nos trae hoy a este tema no es la iconoclastia religiosa de la antigüedad sino el vandalismo contra el arte en periodos más recientes, y, supuestamente, más civilizados. Los agruparemos según sus motivos explicativos.
Vandalismo por robo. Si bien las “razones” del robo parecen muy diferentes.
- Podemos calificar el primero de los robos como fanatismo histórico.
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Retable_de_l’Agneau_mystique_(1).jpg
Los Jueces Justos. Jan van Eyck. Del retablo de Gante- Robado en 1934
El retablo de Gante se considera una de las obras de arte más emblemáticas del arte occidental. Su vida ha sido un trasiego de apropiaciones indebidas, desde Napoleón que lo expuso en el Louvre, hasta la Alemania de la Primera guerra mundial, pasando porque sus desmembrados paneles fueron a parar a museos británicos, alemanes y a colecciones privadas, incluida la del rey Federico Guillermo III de Prusia. Las reparaciones de guerra de Alemania le obligaron a devolver todos los paneles. El retablo fue completamente reensamblado en 1920 y permaneció así durante catorce años hasta que, el 11 de abril de 1934, el sacristán de la catedral de San Bavón descubrió que alguien había entrado y robado dos paneles: Los Jueces Justos y San Juan Bautista.
Inicialmente, los paneles eran dos caras del mismo panel: Juan Bautista era visible cuando el retablo estaba cerrado, mientras que los Jueces Justos se revelaban después de abrir el políptico. Los conservadores de la colección real prusiana habían separado las dos caras del panel para mostrar ambas imágenes una al lado de la otra. El ladrón había dejado una nota que decía: «Tomado de Alemania por el Tratado de Versalles». Varias semanas después, el obispo de Gante recibió una demanda de rescate de un millón de francos. El ladrón, que quería convencer a la diócesis de que devolvería los paneles una vez que recibiera el dinero, pidió a los investigadores que buscaran en el depósito de equipajes de la estación de tren de Bruselas-Noord. Allí encontraron a San Juan Bautista envuelto como un paquete.
Después de casi ocho meses de responder a las cartas de rescate, sucedió algo extraño. A fines de noviembre, un hombre de 57 años llamado Arsène Goedertier, corredor de bolsa local y aspirante a político, sufrió un ataque cardíaco. En su lecho de muerte, confesó a su abogado que había robado el panel de los Jueces Justos y que la policía debería buscar en una carpeta en su oficina. Allí se encontraron copias de todas las notas de rescate enviadas a la diócesis, pero no se encontró el panel del retablo. La investigación duró hasta 1937. Investigaciones posteriores sugieren que Goedertier puede no haber sido el ladrón. El caso es que nadie ha encontrado aún Los jueces justos. La iglesia de San Bavón encargó e instaló una réplica del panel en 1945.
Natividad con San Francisco y San Lorenzo de Caravaggio.
https://www.factum-arte.com/pag/1182/la-natividad-con-san-francisco-y-san-lorenzo
Esta obra de Caravaggio fue robada en 1969. La obra se encontraba colgada en el oratorio de San Lorenzo en Palermo (Sicilia). Existen varias teorías sobre lo que le sucedió a esta pintura. El belén de Caravaggio ha sido considerado como una de las pinturas robadas más notorias en la historia del mundo del arte. La obra maestra no se ha visto desde que fue levantada de su capilla en Palermo; todas las evidencias indican que la mafia siciliana pudo haber jugado un papel destacado en su desaparición.
Las esperanzas de resolver uno de los peores crímenes artísticos de la historia se reavivaron en los años 90 del siglo XX después de que los investigadores italianos anunciaron que habían recibido nueva información.
En 1996, un informante de la mafia testificó que él y varios otros hombres habían robado la pintura a un comprador privado; la destruyeron accidentalmente mientras cortaban el lienzo de su marco. Más de una década más tarde, otro ex mafioso afirmó que la pintura había sido escondida en un granero para su custodia, pero que las ratas y los cerdos la dañaron irreparablemente antes de quemarla. El destino de la natividad sigue siendo un misterio.
- Museo desvalijado con prisas y mucha ignorancia.
También se ha achacado a la mafia el robo perpetrado en el Museo Gadner de Boston (https://www.gardnermuseum.org/ ), el 18 de marzo de 1990. Dos hombres vestidos de policías entraron y salieron del museo como Pedro por su casa, llevándose por el camino unos 500 millones de dólares en tesoros artísticos. 13 obras perdidas en uno se los mayores, si no el mayor, robo de arte de la historia, entre ellas un raro Vermeer y tres valiosos Rembrandts. Sin embargo, lo sorprendente del caso, es que perdieron un hermoso tiempo en hacerse con un anodino jarrón de metal chino, o en otras baratijas, de escaso o nulo valor, olvidándose en cambio de valiosos cuadros de mucho más fácil acceso.
En la fecha de escribir esta entrada no se sabe nada de las obras robadas.
Vandalismo por Fanatismo.
Si hemos empezado por los robos, seguimos por fanáticos de diversa índole.
- Atentados atribuidos a un perturbado mental.
Por ejemplo, un perturbado mental (Laszlo Todt, de nacionalidad húngara, pero afincado en Australia), creyéndose Jesucristo, atentó contra la Piedad de Miguel Ángel (https://www.visitarelvaticano.com/que-ver/la-piedad-de-miguel-angel/ ) el 21 de mayo de 1972. Se alzó sobre la escultura martillo en mano y originó una serie de desperfectos, fundamentalmente, en la figura de la Virgen (párpado izquierdo, nariz rota y rotura de varios dedos de su mano izquierda).
La figura fue restaurada y como consecuencia de aquel atentado se blindó su exhibición por medio de una pantalla de cristal que la protege en la actualidad de actos vandálicos.
De esto hay una amplia experiencia, desde el fraile Savonarola que ordenó a sus seguidores la destrucción de todos los objetos artísticos en la muy culta Florencia del siglo XV, a los que quieren destruir la Cruz del Valle de los caídos. Por todos, hablaremos de los Budas de Bamiyan, destruidos en 2001. https://www.gettyimages.es/fotos/bamiyan-buddha
Los budas, que databan del siglo VI, fueron destruidos por los talibanes afganos. Las tallas de 41 y 53 metros de altura fueron originalmente creadas directamente de un acantilado de piedra arenisca, y sirvieron como el monumento más espectacular de Bamiyan durante un tiempo en que la ciudad floreció como un centro comercial de la Ruta de la Seda.
Se sabe poco sobre quién encargó tallar los budas. Sin embargo, su propia existencia apunta a la importancia de la fe budista y el valle de Bamiyan durante el siglo VI.
La destrucción, en 2001, en Bamiyan ,ha sido el ataque más espectacular contra el patrimonio histórico y cultural de Afganistán. También su destrucción es única por la movilización mundial que despertó, aunque, por desgracia, no es el único daño infligido a los restos arqueológicos de ese país.
Habían resistido, durante más de una docena de siglos, varios ataques de emperadores musulmanes e incluso una invasión de Genghis Kahn, para finalmente caer derrotados por los talibanes y sus aliados de Al Qaeda tras calificarlos de «idólatras». Varios grupos armados dispararon contra las estatuas con armas antiaéreas antes de hacerlas explotar con dinamita.
La destrucción de los Budas se condenó como un crimen contra la cultura. Sin embargo, aunque los Budas se perdieron, alguna persona sensible logró salvar una serie de dibujos y textos escondiéndolos en cuevas, que la casualidad quiso fueran tapadas por los escombros de las piedras de las esculturas destruidas. En 2008 los arqueólogos desenterraron una tercera estatua de Buda, previamente no descubierta, cerca de las ruinas. No sabemos que ha sido de ella tras la marcha de los norteamericanos.
- Vandalismo reivindicativo.
Son varios los ejemplos. Uno de los más conocidos es el acontecido en 1914, cuando una sufragista atacó con un hacha el cuadro de Velázquez, La Venus del espejo (https://historia-arte.com/obras/venus-del-espejo ), expuesto en la National Gallery de Londres. Su bárbara acción fue una protesta por la detención de la fundadora del movimiento sufragista, que se había declarado en huelga de hambre en la prisión. El móvil, pues, era político, pero la autora del atentado declaró haber comprobado que los hombres miraban la pintura lascivamente. Un disparate.
De igual modo son auténticos disparates los realizados por los llamados activistas climáticos, cuya mayor incidencia se dio en 2022. Así, ecologistas de grupos como Just Stop Oil y Extinction Rebellion han estado utilizando tarta, sopa, pintura y pegamento para captar la atención de los visitantes de los museos, marcando el cristal que protege las obras de arte y adhiriéndose al marco o a la pared que las rodea. Según ellos, su mensaje es bien sencillo: no hay arte en un planeta muerto. Añadiría yo que tampoco el mundo mejora tirando pintura o pegamento. Ambos, por cierto, productos, que no sé si afectan al clima, pero que tienen componentes químicos que afectan a la salud de muchas personas. Ejemplos de este fanatismo han sido:
- En noviembre de 2022, atentaron contra un coche customizado de Andy Warhol que se expone en Milán.
- También en noviembre de 2022, dos activistas medioambientales lanzaron sopa de tomate contra Los Girasoles de Van Gogh y se pegaron a la pared en la National Gallery de Londres. Las autoras del crimen artístico señalaron que habían pasado toda la noche en el baño de su casa ensayando el disparo.
- Igualmente, en noviembre de 2022, dos activistas de la asociación ambiental Futuro Vegetal pegaron sus manos a los marcos de los cuadros de La maja desnuda y de La maja vestida de Francisco de Goya expuestos en el Museo Nacional del Prado. Asimismo, en el muro donde están colgadas dichas pinturas, escribieron el mensaje “+1,5º” para “alertar sobre la subida de temperatura mundial que provocará un clima inestable.
Especial atención, por último, merece la sopa que otros activistas derramaron sobre la obra de La Gioconda en el Museo del Louvre. Y no por la sopa en sí, sino por la cantidad de atentados que ha sufrido esta obra. https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2024-01-28/nuevo-ataque-gioconda-mona-lisa-louvre-sopa_3819449/
“La obra más famosa de Leonardo da Vinci colecciona agresiones: en 1956 un hombre con problemas mentales lanzó una piedra contra el cuadro que rompió el cristal de protección de la obra y provocó el desprendimiento de la capa pictórica a la altura del codo izquierdo de la Monna Lisa. Esos daños, pese a la restauración, aún son visibles.
Se instaló entonces el cristal antibalas que hizo posible que la pintura no sufriera daños en otro ataque, esta vez con pintura, lanzado en 1974 por una mujer cuando el cuadro se encontraba en una exhibición en el Museo Nacional de Tokio (Japón). La agresora protestaba contra la política del museo, que dificultaba el acceso al mismo a las personas discapacitadas.
Se decidió entonces que La Gioconda no saldría del Louvre, pero ello no impidió que en 2009 una mujer de nacionalidad rusa lanzara contra el cuadro la taza que acababa de comprar en la tienda del museo en protesta por que le habían denegado la ciudadanía francesa. El lienzo no sufrió daños.”[1]
No voy a hacer referencia a la cantidad de estatuas, sobre todo ecuestres, derribadas en España- de todos conocidas- o atentados diversos a monumentos de los unos contra los otros. Pero sí podemos hacer referencia a los atentados contra esculturas por los movimientos racistas, norteamericanos, como la estatua ecuestre del presidente Andrew Jackson, presidente de Estados Unidos entre 1829 y 1837. No ha sido el único.
Manifestantes supuestamente antirracistas, derribaron varias estatuas del sacerdote español Junípero Serra, que lo único que hizo fue crear misiones evangelizadoras y educativas; o de Cristóbal Colón, sin el cual ya me dirán como iban a derribar estatua alguna en el nuevo mundo, o ¡de Cervantes! Pero también derribaron estatuas de héroes confederados. Figuras como George Washington, Ulises S. Grant o Winston Churchill sufrieron atentados en los monumentos que los recuerdan.
Ahora las calles o los monumentos o las instituciones se convierten en el escenario de lo que ahora llamaríamos “una guerra por el relato”.
En esa guerra por el relato este verano hemos visto en España otro atentado más. La eliminación de las pinturas del Palacio de la Generalidad de Cataluña.
La situación culminada este verano viene de lejos; en 2019, el entonces presidente de la Generalidad, Joaquín Torra, anunció la retirada de las Pinturas de la Historia de España que decoraban el salón San Jordi de Palacio de la Generalidad. Se trataba de pinturas realizadas entre 1926 y 1927, según el ex presidente Aragonés “Un acto de justicia y de dignidad: gracias por devolver la luz”. No sabemos a qué luz se refiere, yo le veo bastante ciego.
Eran 24 pinturas de gran formato ubicadas en las paredes laterales, y 45 obras de formato inferior ubicadas en los arcos del techo del palacio de la Generalidad que suponían un total de 860 metros cuadrados de pintura. El proyecto se justificó en la recuperación de la arquitectura de Pere Blai y su estado renacentista original, tanto en la forma como en los materiales, por lo que una vez retiradas las pinturas de 1926 y 1927 se han priorizado las labores de limpieza, consolidación y recuperación del estuco original renacentista y la restauración de la policromía renacentista.
La pura verdad, es que la arquitectura renacentista estaba en perfecto estado y las pinturas no maltrataban la arquitectura del edificio y que, como señalaron en su día los nacionalistas, la decisión de retirar los murales emana del acuerdo de una comisión presidida en 2019 por Torra y respondía a cuestiones ideológicas.
Según la Generalidad, se ha previsto la conservación de los murales en unos cilindros especiales hechos a medida y, a medio-largo plazo, estudiarán un plan de restauración de las pinturas para que puedan cederse a los museos e instituciones que estén interesados. A medio-largo plazo, a saber cómo están las pinturas.
BIBLIOGRAFÍA
GAMBONI, Darío.- “La destrucción del arte: Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa (Arte Grandes temas)”. Ed Cátedra 2014.
MARTÍN GONZÁLEZ, J.J..- “Historia del Arte”. Ed. Gredos. 1990
Diversos artículos de prensa.
[1] La Vanguardia: https://www.lavanguardia.com/internacional/20240128/9507703/activistas-climaticos-arrojan-sopa-sobre-cuadro-mona-lisa-museo-louvre.html