Cuando Galicia mostró el camino de la libertad al resto de España. Puente Sampayo.

Como todo 11 de noviembre (o viernes más próximo), un recuerdo a la Galicia de mi padre, de mis tíos y de toda mi familia gallega.

El levantamiento contra la ocupación francesa comienza en Madrid en mayo de 1808. Ante la resistencia y éxitos cosechados por los españoles, apoyados por Inglaterra (ayuda de la que habrá que escribir algún día, porque ayudar, algo ayudaron, pero se cobraron la ayuda con creces), Napoleón decide venir en persona para contener la sublevación.

Si heroico fue el pueblo de Madrid, el de Zaragoza o el de Gerona. Heroicas fueron las Juntas Nacionales, el Ejército español en Bailén o heroica la ciudad de Cádiz y los liberales allí reunidos para institucionalizar el País y suplir la tarea de Gobierno -con mucha más brillantez que la de nuestros anteriores y posteriores dirigentes-; no menos heroica fue la resistencia en Galicia, la primera región en liberarse de la presencia francesa (Vigo fue, el 28 de marzo de 1809, la primera ciudad de Europa en expulsar a las tropas francesas que previamente habían conquistado la ciudad), como ejemplo de todas aquellas valerosas gentes de Galicia, hoy hablaremos de la batalla del Puente Sampayo ( o en gallego, Ponte Sampaio).

El apoyo inglés a España ante la invasión francesa, logró que las tropas británicas llegaran hasta Lisboa y amenazaban con seguir avanzando por España impidiendo los planes napoleónicos para conquistar la Península. Ante esto, Napoleón decidió entrar en España y poner orden. Dado que las tropas británicas bajo el mando de Moore se encontraban en Galicia, Napoleón lanzó tras los ingleses al segundo cuerpo de ejército del mariscal Soult y tras él al sexto del mariscal Ney para que lo relevara en Galicia.

En un primer momento, la ocupación de Galicia no entraba en los planes de Napoleón. Pensó que aquel territorio considerado pobre y sometido al clero, no merecía malgastar al Ejército en una campaña sobre una región que se rendiría fácilmente. Bastaría con atraerse al alto clero para garantizar su dominación (y ésta fue la estrategia de los mariscales franceses tan ignorantes como el emperador de la realidad del pueblo gallego y, por ende, del español). Fue, pues, la persecución del Ejército inglés lo que determinó el movimiento de las tropas francesas hacia Galicia y la ocupación de la región.

La victoria del mariscal Soult en la batalla de Elviña, en las cercanías de La Coruña, el 16 de enero de 1809, sobre las tropas británicas, obligó a estos a salir a toda prisa hacia los puertos de Vigo y La Coruña con la finalidad de embarcar rumbo a la isla de la Gran Bretaña, que en aquellos años resultaba más segura. Dejaban así el campo libre a los franceses que (unido al hecho de que el Ejército español que iba a defender Galicia, bajo el mando del general Pedro Caro y Sureda, se encontraba aislado y sin poder avanzar en Astorga), ocuparon, además de La Coruña, Santiago, Ferrol, Mondoñedo… Ante tales noticias, Vigo presenta batalla con todo vigués dispuesto a empuñar cualquier objeto punzante para defender su ciudad. La defensa de Vigo fue con uñas y dientes, valerosa y digna de encomio, pero acabó capitulando. En apenas dos semanas, toda Galicia había sido conquistada, pero no sometida.

El mariscal Ney, recibe órdenes de controlar el Norte de Galicia y Asturias, para lo cual sitúa su campamento en Lugo. A la par Soult pasa a Portugal, donde toma Oporto el 29 de marzo.

A falta de un ejército español que pudiera defenderlos, los paisanos gallegos se organizaron en partidas vecinales, con usos propios de la guerrilla –que ya era un método habitual en otras zonas de España- y, armados con lo que encontraban a mano, se aprestan a atacar a los franceses. Aquellas partidas de guerrilleros consiguen establecer alarmas populares que alertan de unos pueblos a otros sobre los lugares por los que pasaban los franceses. Su eficacia fue tal que, en marzo de 1809, impiden que Ney tome la costa occidental gallega y, unidos a las propias guerrillas vecinales urbanas, liberan las plazas de Vigo, Pontevedra y Tui. La recuperación de estas ciudades establece una especie de isla que dificulta considerablemente la comunicación entre el ejército de Ney y el de Soult.

El ejercito español, bajo el mando del marqués de la Romana se había apostado en Asturias, pero para cuando Ney obtuvo noticias de ello y decidió ir en busca de nuestro ejército -en mayo-, Romana se había trasladado a Galicia.

Dada la situación, Ney pidió ayuda a Soult que abandonó Portugal para desplazarse por el interior -vía Orense- hasta encontrarse con el mariscal Ney, tarea que no le resultó sencilla. Al fin, los dos generales franceses se reunieron en Lugo el 29 de mayo. A la vera de las murallas de Lugo decidieron que Soult se ocupara de conquistar el interior de Galicia, mientras Ney se dirigía a Pontevedra y Vigo. De esa forma pretendían lograr el sometimiento completo de Galicia.

Una pequeña parte del ejército español unido a los vecinos esperaba a las tropas de Ney para hacerles frente. Conscientes los españoles de no poder luchar, con los pobres medios que tenían, en campo abierto y cara a cara contra un contingente de más de 8.000 soldados y 1.200 jinetes, eligieron cuidadosamente el lugar en el que enfrentarse a los franceses.

La primera intención de Ney fue incendiar la ciudad de Pontevedra, pero cuando vio el lugar, le gustó tanto, que decidió no destruirla. Todos los que conocemos Pontevedra sabemos que es una ciudad bien bonita, pero la expresión del General, no sé si por su condición de francés o porque era un poco cursi, fue: “¡Ah, Pontevedra, tu belleza me desarma!”. Tanto debió gustarle que decidió acampar allí, para seguir al día siguiente camino de Vigo, siempre por la costa, bordeando la Ría de Vigo.

Los españoles habían decidido esperar a los de Ney acampados en Puente Sampayo. La elección de Puente Sampayo se hizo porque parecía el lugar más inexpugnable del camino. Cuatro de los arcos del puente fueron cortados. Y el vadeo del río Verdugo solo era posible con marea baja y en condiciones penosas. Río arriba apenas había opciones para cruzar, salvo en Puentecaldelas, donde se destacó un grupo de fusileros, apoyados por artillería.

El capitán escocés McKinley –los británicos habían vuelto (llamados por la Junta de Asturias, muchos desembarcaron de vuelta por Gijón)- envía a la zona varios buques de los que estaban fondeados frente a Vigo. También acuden otras lanchas cañoneras españolas, bajo mando del capitán Juan de Carranza. Estas unidades, haciendo uso de sus cañones, serán cruciales en el desarrollo de la batalla.

La batalla se inicia el 7 de junio de 1809. Ante el fuego de artillería español, los exploradores franceses buscan sin éxito pasos por los que atravesar a la otra orilla. Ney comienza también a bombardear las zonas en las que el río Verdugo se estrecha, sin lograr tampoco ninguna ventaja.

En realidad, la posición estaba tan bien organizada que resultaba casi inexpugnable. Sólo cabía un ataque por la espalda siguiendo la dirección Orense-Vigo, que era por donde Ney esperaba inútilmente que apareciera en su ayuda Soult. Pero el mariscal Soult descansaba en Lugo, incumpliendo su pacto con Ney de formar una tenaza que se cerrase en esta zona.

La jornada del día 7 termina con numerosas bajas en ambos bandos, pero sin que las posiciones se muevan un ápice. Cuando amanece el 8 de junio, Ney tenía preparado su nuevo plan. En este caso trataría de atravesar el río por Puentecaldelas. Ney desplazó 1.500 hombres hacia Puentecaldelas para envolver las posiciones españolas del puente Sampayo y envió, asimismo, tropas y artillería a un pinar contiguo, llamado de Acuña, a fin de neutralizar las cañoneras que batían el puente.

Los oficiales españoles, viendo los movimientos del mariscal francés, procedieron de manera rápida. Acudieron junto a una unidad de fusileros al puente Caldelas, únicamente defendido por 200 habitantes de los pueblos cercanos. La multitud de trampas que habían puestos los gallegos en los alrededores masacraron a los caballos, y los jinetes franceses murieron por fuego de artillería.

Las lanchas cañoneras se encargaron de las tropas francesas que intentaban atravesar el Verdugo usando los estrechos pasos ubicados a ambos lados de los puentes. Los franceses, por su parte, se vieron obligados a girar sobre sí mismos y volver por donde habían venido.

Con el paso de las horas, el mariscal francés ordenó lanzar un último y desesperado ataque. En este caso, los encargados de intentar causar daños a los españoles fueron sus cañones. Pero tampoco resultó y Ney se vio obligado a retirarse. Dirigió los restos de su ejército hacia Castilla.

El historiador Adolphe Thiers, en su Historia del Consulado y del Imperio, se sorprendía de la victoria gallega ante todo un mariscal de Francia y su poderoso ejército: “Parece mentira que un cuerpo de ejército tan numeroso y aguerrido como el que mandaba Ney, a pesar de la habilidad y energía de tan famoso General, no pudiera hacer frente a los indisciplinados gallegos”.

Indisciplinados… pero no tanto, valerosos y, sobre todo, con la fuerza y el ánimo que da defender la casa de uno.

Galicia fue así la primera región española libre de la ocupación francesa.

BIBLIOGRAFÍA

AGUADO BLEYE, Pedro. “ Historia de España”. Ed Espasa-Calpe. 1956.

QUEIPO DE LLANO Y RUIZ DE SARAVIA, J.M. -Conde de Toreno- . “Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1807-1817)”. Ed Akrón 2009.

THIERS, Adolphe.  “Historia del Consulado y del Imperio”. Ed. Nabu Press. 2012.

SOULT, Nicolas Jean de Dieu .- “Memorias” . Ed. Polifemo. 2010.

USA y la derrota de México.

El 16 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo comenzó la guerra de Independencia de México al dar su grito en Dolores (Guanajuato). El Trienio Liberal, con sus reformas antiabsolutistas, propició que una parte de la élite administrativa y eclesiástica de Nueva España se pasara al bando independentista. El Plan de Iguala, proclamado en 1821 por el general Agustín de Iturbide, dio lugar a la independencia de México el día 27 de septiembre de 1821. En ese momento dejó de llamarse Nueva España, pero mantuvo la idea monárquica, católica y constitucional. Fue en gran medida, como ha señalado José María Marco, una revolución contrarrevolucionaria, con carácter preventivo: contra las medidas liberales que pudieran venir de España y contra la amenaza igualitaria que se había expresado con tanto dramatismo en el “grito de Dolores”. Iturbide se proclamó emperador con el nombre de Agustín I de México.

Este movimiento crea en última instancia un nuevo país cuyo territorio antes de la declaración de independencia se dividía en 24 intendencias que iban desde lo que hoy es el sur de EE.UU a Centroamérica. La organización territorial del nuevo País era la propia de un estado federal. Aquel Estado nada estable en sus gobiernos y organización fue aprobando constituciones y promulgando leyes según el saber y entender del gobierno de turno. En 1835 fueron promulgadas las “siete leyes”, especie de constitución, cuya característica fundamental era que terminaba con el sistema federal para constituir un estado centralista, lo que generó gran malestar entre los diferentes estados federados, y provocó la declaración de independencia de Zacatecas y Texas. Este último territorio se separó de México en 1836. Cinco años más tarde la República de Yucatán declaró su independencia – no se reincorporaría a México hasta 1848-. También en 1841, el Estado de Tabasco decretó su separación de México en protesta por el centralismo imperante en el país. Este Estado se reincorporó oficialmente a México en 1842.

Todos estos procesos de descomposición territorial de lo que fue la provincia española constituida en el Virreinato de la Nueva España, acabó en lo que hoy se denomina República de los Estados Unidos de México.

Ese proceso de deterioro de lo que fue el gran virreinato español tiene como manifestación destacada la independencia de Texas y la consiguiente guerra entre México y USA.

Para entender la independencia de Texas hay que tener presentes varios problemas:

  • El ya comentado de la finalización de sistema federal en el nuevo estado mejicano.
  • La expansión de los EE.UU hacia el oeste. Texas que era un territorio amplio y rico, que también pretendía su propia expansión (primeramente, hacia la Luisiana)
  • El problema del esclavismo. Texas era esclavista, mientras México había prohibido la esclavitud.
  • Los EE.UU habían ido asentando población anglosajona en aquel territorio desde antes de la independencia de México.

Todos estos problemas aderezados con una muy mala relación con las autoridades mejicanas, llevaron a Texas a la rebelión y a proclamar su independencia en 1836. La mayoría de la población deseaba la anexión a los EE.UU, sobre todo, porque numéricamente los tejanos estaban en inferioridad con relación a los mejicanos y poseían un territorio enorme que defender y temían que les volviesen a anexionar. Pero la incorporación a los Estados Unidos no resultó tan fácil por dos razones esenciales: las autoridades norteamericanas temían la presencia de otro estado esclavista (el presidente Andrew Jackson no estaba por la labor de aceptarlos) y, sobre todo, centrados en su expansión hacia el oeste, lo último que deseaban los norteamericanos en aquel momento era una guerra con México. El resultado fue que Texas siguió siendo una república independiente. Para que los norteamericanos intervinieran, los tejanos conspiraron todo lo que quisieron con los sudistas, utilizando como argumento principal que Gran Bretaña tenía un interés desmedido en la zona –los británicos tenían interés, pero mucho menor de lo que la propaganda tejana hacía ver-.

La actitud americana no cambia hasta que, en 1844, James Knox Polk gana las elecciones presidenciales en USA. Tomó posesión en 1845 y cumplió una de sus principales promesas electorales: la anexión de la República de Texas.

Como habían profetizado los antiesclavistas, el paso dado llevó inexorablemente a la guerra con México.

Haciendo un inciso, cabe recordar que la independencia de Texas se expresó en el tratado de Velasco -nunca ratificado por México-, en el que se señalaba que Texas nunca podría incorporarse a EE.UU.

Ya desde su independencia, Texas reclamaba como territorio propio todas las tierras al norte del río Bravo (Nuevo México, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas). La frontera oriental de Texas con los Estados Unidos fue la definida por Tratado Adams-Onís entre Estados Unidos y España  en 1819 (ratificado en 1821) que se marcó en el río Nueces. En consecuencia, España renunció a sus posesiones en Oregón, las floridas, Luisiana y la navegación del río Misisipi. La Corona Española quedó como única soberana de Texas, incorporada al Virreinato de Nueva España.

https://algodehistoria.home.blog/2020/07/03/la-presencia-espanola-en-ee-uu/

Cuando los norteamericanos anuncian la incorporación de Texas a USA, México provoca el primer choque armado el 24 de abril de 1846 y, en respuesta, el Congreso norteamericano declara la Guerra el 13 de mayo; el gobierno mejicano hace lo propio el 23 de mayo.

La guerra duró dos años, entre 1846-48,  y México fue derrotado. No podía ser de otro modo. México vivía un momento convulso. El presidente Santa Anna se había retirado a Cuba por los escándalos que se dieron en su presidencia –sin olvidar el descrédito y la vergüenza que arrastraba de la derrota en la batalla de San Jacinto. Dónde los tejanos derrotaron a los mejicanos quitándoles las armas mientras se echaban la siesta-.

La guerra entre mejicanos y norteamericanos se desarrolló como una invasión de USA al territorio mejicano, saltándose el límite fronterizo establecido en el río Nueces.

El desarrollo de la guerra era tan calamitoso que el gobierno de Gómez Farias llamará de vuelta al general Santa Anna para que se hiciese cargo de toda la situación, militar y civil. A pesar de que logró amasar un considerable ejército, el evidente atraso tecnológico, así como la falta de una cadena de mando eficiente, fueron detonantes de una rápida derrota contra las fuerzas tecnológicamente superiores y más disciplinadas de Estados Unidos.

Se produjeron una serie de derrotas consecutivas en todas las acciones bélicas de la guerra. Muchas de esas derrotas se debieron a actuaciones incomprensibles del propio Santa Anna (en la batalla de Angostura se retiró cuando todo indicaba que podía ganar, en Veracruz fue derrotado después de que su artillería disparara a los centinelas norteamericanos, revelando su posición…). Los estadounidenses atacaron en diversos frentes llegando primero a Saltillo; por mar a Veracruz, y avanzaron hasta ocupar la capital mejicana en 1847. Cuando Santa Anna se vio derrotado, se marchó de nuevo al exilio, dejando descabezado el gobierno.

Según el historiador Rivera Palacio el ejército de Santa Anna estaba” impulsados por la cobardía, avaricia y la traición”.

En 1848 cuando casi todo el territorio mejicano estaba ocupado por los norteamericanos, los mejicanos firmaron el tratado de paz de Guadalupe Hidalgo.

El Tratado trajo el final oficial a la guerra México-estadounidense (1846-1848), fue firmado el 2 de febrero de 1848 en Guadalupe Hidalgo, una ciudad situados en el Estado de Puebla, allí había escapado el gobierno mejicano ante el avance norteamericano.

Las conversaciones de paz fueron negociadas por Nicholas Trist, el secretario del Departamento de Estado, que había acompañado al General Winfield Scott como diplomático y representante del presidente Polk. Después de dos intentos fallidos de negociar un tratado con Santa Anna, decidieron que la única manera de tratar con México era como un enemigo conquistado. Aunque el presidente Polk quería que las conversaciones se realizaran en Washington,  Trist  desobedeció y negoció con una comisión especial formada por Bernardo Couto, Miguel Atristain, y Luis Gonzaga Cuevas de México.  Bajo los términos negociados por Trist, México cedió a los Estados Unidos la alta California y Nuevo México ( este último incluye lo que hoy en día es Arizona y Nuevo México) al igual que partes de Utah, Nevada, y Colorado. México renunció a todas sus reclamaciones sobre Texas y reconoció el Río Grande como la frontera del sur con los Estados Unidos.

Los Estados Unidos pagaron a México 15 millones de dólares en consideración de la extensión territorial adquirida por Estados Unidos y acordó pagar las deudas que el gobierno mejicano le debía a ciudadanos estadounidenses , así como signó la protección de propiedades y derechos civiles de mejicanos que vivían dentro de los nuevos territorios de los Estados Unidos. En el acuerdo se incluye la promesa de que Estados Unidos vigilará sus fronteras, y establece que la manera de dilucidar futuras disputas entre los dos Estados será el arbitraje obligatorio.

Trist envío una copia al presidente Polk, el cual, ante el gran acuerdo alcanzado para los EE.UU, olvidó la desobediencia del enviado y remitió el acuerdo al Senado. El acuerdo se ratificó en el Senado norteamericano el 10 de marzo de 1848.

Así, por la mala gestión de Santa Anna, por la acción desastrosa del ejército mejicano y la mala organización interna, entre otras razones, México perdió casi la mitad del territorio que España le dejó en herencia cuando decidieron independizarse.

Quizá, los actuales dirigentes mejicanos podrían pedir alguna explicación a sus ancestros.

BIBLIOGRAFÍA

BARROY SÁNCHEZ, H. C “Historia de México”. Ed. McGraw-Hill.2012

BOULLOSA, C. “Texas.” Ed Alfaguara. 2015

GULLO OMODEO, M. “ Lo que América le debe a España”. Ed Espasa. 2023

MARCO, J.M. “ Una historia patriótica de España”. Ed planeta. 2011.

RIVERA PALACIO “ México a través de los siglos”. ED. DIGITAL https://www.cervantesvirtual.com/obra/mexico-a-traves-de-los-siglos-historia-general-y-completa-tomo-3-la-guerra-de-independencia-846426/

Tratado Guadalupe-Hidalgo: https://biblioteca.org.ar/libros/156732.pdf

Bloqueo de Venezuela.

El siglo XIX trajo para América una supuesta independencia que se materializó en pasar de ser provincias españolas a depender de la órbita de EE.UU y, cuando esto no ocurre o USA se descuida, acudir a someterse a regímenes dictatoriales de carácter comunista o narco-comunista, como estamos viendo estos días.

Es significativa de ese cambio de posición la situación creada en Venezuela en 1902-1903 cuando determinadas potencias europeas bloquearon los puertos venezolanos para lograr el cobro de sus deudas, y la posición y el debate jurídico-político que se desató entre la interpretación de la doctrina Monroe: “ América para los americanos” y la Doctrina Drago- político argentino-, cuyo posicionamiento jurídico en relación con la intervención y cobro de deudas ante el derecho internacional no era más  que un intentó aplicar de manera más general aquella doctrina Monroe en una especie de acción conjunta y solidaria de los países americanos. En un aspecto mucho más universal aquellos debates pueden ser catalogados como elemento fundante del principio de prohibición del uso de la fuerza, vigente en el actual Derecho Internacional.

El debate se inicia porque Venezuela, en la última década del siglo XIX,  atravesó un momento de profunda inestabilidad política. Las guerras civiles, que ensangrentaron el país, provocaron daños ingentes a las comunidades extranjera. En ese contexto, las condiciones económicas venezolanas eran desastrosas. El país estaba muy expuesto a la penetración económica extranjera. Numerosas compañías estadounidenses y europeas habían ganado concesiones mineras, contratos para la construcción de ferrocarriles y conexiones telegráficas, para la institución de líneas de navegación y otras muchas infraestructuras y servicios. Entre ellos los más expuestos eran Gran Bretaña, Alemania e Italia. El Gobierno venezolano dirigido por el dictador Cipriano Castro, se negó a indemnizar a los extranjeros perjudicados por las guerras civiles y a abonar las deudas contraídas con esas potencias. Por ello, en 1902,  Reino Unido, Alemania e Italia inician un bloqueo naval de los puertos de Venezuela. De las tres, Italia actuó en un segundo plano, la debilidad de su fuerza naval y su escasa presencia internacional, no le permitían otra opción.

El propio primer ministro británico David Balfour, ante la Cámara de los Comunes, señaló que la acción tenía su origen en la renuencia del gobierno venezolano a reconocer las reclamaciones pendientes por daños y perjuicios causados a las personas y propiedades de súbditos de las potencias atacantes, así como el cobro de la deuda pública externa que el país mantenía en crónico estado de mora con Gran Bretaña y Alemania.

La deuda ascendía en diciembre de 1902 a 186.500.000 Bolívares, si bien, Venezuela sólo reconocía una deuda de 119.300.000 bolívares, saldo al que se habían acumulado 46.000.000 Bs. por intereses, una auténtica fortuna para la época. Como demuestra que los ingresos fiscales anuales de Venezuela no llegaban a 30.000.000 de Bs. Es decir, Venezuela era un país internacionalmente insolvente, sin ninguna capacidad de pago.

El 9 de diciembre de 1902, unidades de la armada inglesa y alemana actuando en operación conjunta atacaron el puerto de La Guaira. Allí tomaron, sin combatir, a 6 naves de guerra venezolana; desembarcaron tropas en los muelles, y en la ciudad. En los días posteriores apresaron a diferentes navíos de guerra venezolanos, ocuparon la isla Trinidad, el castillo Libertador y el fortín Solano de Puerto Cabello. Pocos días después, al grupo anglo-germano se unieron 2 buques de la armada italiana para servir a la expedición en tareas de acompañamiento logístico. El 22 de diciembre de 1902, el vicealmirante inglés Archibald Lucas Douglas, comandante de la armada conjunta, en esta ocasión en nombre del imperio británico, hizo publicar en el diario El Heraldo de La Guaira la siguiente disposición: “Por la presente se notifica que un bloqueo ha sido declarado para los puertos de La Guaira, Carenero, Guanta, Cumaná, Carúpano y las bocas del Orinoco, y se hará efectivo desde y después del 20 de diciembre…”. Sólo se refería a La Guaira y a las costas situadas al este de dicho puerto, porque las occidentales quedaron a cargo de los alemanes. El comandante de estos se dirigió al del castillo San Carlos en los siguientes términos: “Según ordenanzas de Su Majestad el Emperador de Alemania declaro por la presente el bloqueo de los puertos venezolanos de Puerto Cabello y Maracaibo…” Por suerte para Venezuela, el desconocimiento del lago Maracaibo hizo fracasar a la flota europea en su intento de llegar a la ciudad del mismo nombre.

Así las cosas y ante la pasividad norteamericana, se produce la muy destacada intervención diplomática Argentina.

La situación jurídica se desarrolla bajo la doctrina Monroe, la ya vista “ América para los americanos”. Sin embargo, en aquella hora del conflicto que sufría Venezuela los EE.UU replican que, como país, no apoyarían a un estado americano que sufriese ataques bélicos como respuesta a la negativa de pagar sus deudas- al fin y a la postre, USA también era acreedora de Venezuela- y por ello pretendía que la Doctrina Monroe sólo se debía aplicar cuando el país americano del que se tratase sufriese ataques de potencias europeas motivadas por la intención de recuperar territorios americanos y colonizarlos. ​ En ese contexto surge la doctrina Drago, como una protesta por parte de Luis María Drago, ministro de Asuntos Exteriores argentino bajo la presidencia de Julio Roca, quien en respuesta a la posición norteamericana afirma que, ningún Estado extranjero puede utilizar la fuerza contra una nación americana con la finalidad de cobrar una deuda financiera. Sin querer llevar la contraria a los norteamericanos, Drago sostiene que el derecho internacional debe ser comprendido como algo más que mero reflejo de la política, como unas reglas, normas y proyectos de gobernanza que también poseen carácter constitutivo en el contexto político. Al fin y al cabo, en muchas ocasiones se había utilizado la fuerza para cobrar las deudas y esto era algo más o menos aceptado por el Derecho Internacional. La propia Argentina había experimentado casos específicos de intervención para proteger los intereses de ciudadanos británicos, por ejemplo. Sin embargo, el razonamiento de Drago procede de ver un aspecto más del problema de la deuda nacional.

La deuda externa ha sido una cuestión fundamental en América Latina desde la independencia de los países de la región. Los estados latinoamericanos financiaron sus guerras, sus déficits y sus esquemas de desarrollo económico a través de la captación de recursos en los mercados financieros internacionales desde el comienzo del siglo XIX hasta el contexto presente. En ese sentido, poner el foco en la deuda externa permite iluminar la historia de la región, la cual ha estado marcada por crisis recurrentes de crédito y endeudamiento, que han generado ciclos de prosperidad y crisis que siempre han tenido profundas causas estructurales. Esto ha provocado la intervención en la región durante los diversos ciclos económicos de otras potencias,  bien capitalistas o bien comunistas, apoyadas en un populismo salvífico, que no ha conducido a ningún buen resultado en la mayor parte de Hispanoamérica.

La tesis jurídica de Drago se centra en esa deuda y su repercusión. Sostiene Drago que, en caso de deuda externa, lo que está en juego es la soberanía de un Estado. Y el Derecho Internacional, basado en el principio de la igualdad soberana, no permite que un ente soberano utilice métodos coercitivos para forzar a otro ente igualmente soberano a cumplir las obligaciones pecuniarias relacionadas con el endeudamiento externo. Además, así le centraba un balón a los norteamericanos que llegaba al área nuclear de la doctrina Monroe.

Con esta posición por bandera y tras no pocas reuniones y conversaciones, consiguió que los EE.UU aceptaran ejercer una mediación en el conflicto venezolano.

El bloqueo a Venezuela terminó siendo resuelto por medio de un arbitraje liderado por los EE.UU.  Se buscaron fórmulas de pago. Venezuela también acordó renegociar su deuda. Los acuerdos se firmaron en Washington. En febrero de 1903 entre Venezuela y Gran Bretaña y en 1904 tanto entre Venezuela e Italia, como entre Venezuela y Alemania. En cuanto al este último, el gobierno venezolano se comprometió a renegociar los términos del préstamo contratado en 1896, el cual estaba enteramente en manos de acreedores alemanes, además de obligarse a renegociar la totalidad de su deuda externa.

Drago actuó conforme a su sensibilidad regional. Su apoyo a la doctrina Monroe nació de que, a pesar de ser proclamada como doctrina estadounidense, había sido incorporada por los países de América del Sur como forma de garantizar el bienestar y la tranquilidad interna de cada una de las repúblicas de esa parte del continente americano, como proyecto de cooperación y carácter moral entre todos los países del continente americano.

Sin embargo, su aceptación sirvió en bandeja la reformulación de la doctrina con el corolario Roosevelt. El corolario establecía que los Estados Unidos podían intervenir en los asuntos internos de países hispanoamericanos si cometían faltas flagrantes y crónicas. Y así actuó USA en Santo Domingo en 1905. Momento en que Drago se mostró en contra de tal acto por perjudicar la soberanía dominicana. Pero ya su posición no tuvo predicamento.

Lo que sí logró fue exponer todo su corpus doctrinal en la II Conferencia de Paz de La Haya de 1907,  siendo aceptada por los norteamericanos, cuya representación llevaba el General Porter, de ahí que se conozca como convenio Porter al firmado el 18 de octubre de 1907, relativo a la limitación del empleo de la fuerza para el cobro de las deudas contractuales.

La deuda de las naciones hispanoamericanas, la falta de organización interna de esos Estados, su rechazo a las estructuras españolas heredadas y su enfrentamiento a su antigua nación- España- provocó en los países sudamericanos una debilidad que perjudicó su soberanía. De lo que, en numerosísimos casos, aún no se han recuperado. Como provincias españolas vivían mejor. Pero para desembarazarse de la madre patria falsearon la Historia, su Historia, y como dijo el gran historiador argentino Juan bautista Alberdi: “Entre el pasado y el presente hay una filiación tan estrecha que juzgar el pasado no es otra cosa que ocuparse del presente. Si así no fuera, la historia no tendría interés ni objetivo. Falsificad el sentido de la historia y pervertís por el hecho toda la política. La falsa historia es el origen de la falsa política”.

 

BIBLIOGRAFÍA

FONZO, Erminio.- “Italia y el bloqueo de Venezuela”. Ed. Università degli Studi di Salerno. 2016.

http://www.culturalatinoamericanaplaneta.it/es/component/attachments/download/106

RODRÍGUEZ CAMPOS, Manuel. “Venezuela 1902: la crisis fiscal y el bloqueo : perfil de una soberanía vulnerada”. Ed Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela, 1977.

ROUSSEAU, C. “Derecho Internacional Público”. Ed Ariel. 1957

 

VANDALISMO ARTÍSTICO

Como todos los años, alrededor del 24 de septiembre, una entrada sobre arte, en recuerdo de mi madre.

En 2014, se publicó en España un ensayo de Dario Gambini, Catedrático de la Universidad de Ginebra, titulado “La destrucción del arte. Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa”. El libro realiza un examen integral de los motivos y circunstancias que hay detrás de los ataques deliberados contra edificios públicos, iglesias, esculturas, pinturas y otras obras de arte en los dos últimos siglos.

En su estudio, sobre el fanatismo contra el arte, describe las razones ideológicas o de simple locura que han determinado que en todas las épocas de la historia de la humanidad hayan existido vándalos empeñados en destruir las manifestaciones artísticas que consideraban contrarias a sus valores. Me permito decir que, esos valores deben ser de lo más despreciables cuando, en vez de apreciar la calidad artística, se dedican a destruir lo que la habilidad y el ingenio humano creó. Da igual que el vandalismo venga del fanatismo político, el fanatismo religioso, o la ignorancia de unos delincuentes, la destrucción del arte no por accidente sino por la intención de los salvajes es condenable siempre y en todo caso.

Excluimos de esta exposición el arte extinto por los bombardeos en una guerra, porque esas desapariciones son unas víctimas más de la principal desgracia que es la guerra en sí, en la que las mayores pérdidas son de los seres humanos heridos y fallecidos.

Tampoco nos vamos a extender en la iconoclasia del Siglo VIII. Las imágenes de Cristo, la Virgen, los santos o las escenas bíblicas se conocen en el cristianismo desde el siglo II. Entonces, las imágenes sagradas eran simbólicas, aunque ya en el siglo IV era frecuente ver las paredes de las iglesias cristianas decoradas con pinturas y frescos. Lo que dio lugar a dos formas divergentes de piedad cristiana: la cristiandad occidental centrada en el edificio eclesiástico y que privilegiaba la ubicación de lo sagrado en el rito eucarístico, y la oriental cuyo centro era la adoración de las imágenes, con la consecuente multiplicación de los espacios sagrados. Sin embargo, los enfrentamientos no se dieron entre el occidente y el oriente cristiano sino en el mundo bizantino frente al islam.

La “ruptura de imágenes” que eso significa iconoclasia o iconoclastia manifiesta un apogeo especialmente significativo, durante los siglos VIII y IX , en el Bizancio de Justiniano. No sólo era un problema religioso, sino de la confrontación cultural y de la amenaza militar que el islam representaba. El gran cambio y enfrentamiento se produjo con Justiniano II cuando puso el rostro de cristo en el reverso de sus monedas de oro. Esta situación resultó ofensivas a los árabes que decidieron romper la unidad monetaria, y con ella la paz social y la convivencia, destruyendo las monedas de Justiniano y volviendo a acuñarlas sin imágenes y sólo con palabras.  Como hicieron después con las imágenes de Santa Sofía, cuando la convirtieron en mezquita.

En aquel momento, la iconoclastia también se dio entre los propios cristianos residentes en zonas musulmanas que consideraban la proliferación de iconos como idolatría. Aquellas protestas fueron encauzadas por algunos sectores hacia movimientos religiosos heréticos.

La importancia de la ideología iconoclasta está lejos de limitarse al llamado período iconoclasta. De diferentes maneras la iconoclasia ha existido permanentemente en la historia (albigenses – una rama de los cátaros-, en Francia; judaizantes, en Rusia; protestantes, en Europa; etc )… Por ello, la respuesta de la Iglesia en los siglos VIII-IX, hecha con la solemnidad de un Concilio Ecuménico, conserva su valor hasta el presente.

Pero lo que nos trae hoy a este tema no es la iconoclastia religiosa de la antigüedad sino el vandalismo contra el arte en periodos más recientes, y, supuestamente, más civilizados.  Los agruparemos según sus motivos explicativos.

Vandalismo por robo. Si bien las “razones” del robo parecen muy diferentes.

  • Podemos calificar el primero de los robos como fanatismo histórico.

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Retable_de_l’Agneau_mystique_(1).jpg

Los Jueces Justos. Jan van Eyck. Del retablo de Gante- Robado en 1934

El retablo de Gante se considera una de las obras de arte más emblemáticas del arte occidental. Su vida ha sido un trasiego de apropiaciones indebidas, desde Napoleón que lo expuso en el Louvre, hasta la Alemania de la Primera guerra mundial, pasando porque sus desmembrados paneles fueron a parar a museos británicos, alemanes y a colecciones privadas, incluida la del rey Federico Guillermo III de Prusia. Las reparaciones de guerra de Alemania le obligaron a devolver todos los paneles. El retablo fue completamente reensamblado en 1920 y permaneció así durante catorce años hasta que, el 11 de abril de 1934, el sacristán de la catedral de San Bavón descubrió que alguien había entrado y robado dos paneles: Los Jueces Justos y San Juan Bautista.

Inicialmente, los paneles eran dos caras del mismo panel: Juan Bautista era visible cuando el retablo estaba cerrado, mientras que los Jueces Justos se revelaban después de abrir el políptico. Los conservadores de la colección real prusiana habían separado las dos caras del panel para mostrar ambas imágenes una al lado de la otra. El ladrón había dejado una nota que decía: «Tomado de Alemania por el Tratado de Versalles». Varias semanas después, el obispo de Gante recibió una demanda de rescate de un millón de francos. El ladrón, que quería convencer a la diócesis de que devolvería los paneles una vez que recibiera el dinero, pidió a los investigadores que buscaran en el depósito de equipajes de la estación de tren de Bruselas-Noord. Allí encontraron a San Juan Bautista envuelto como un paquete.

Después de casi ocho meses de responder a las cartas de rescate, sucedió algo extraño. A fines de noviembre, un hombre de 57 años llamado Arsène Goedertier, corredor de bolsa local y aspirante a político, sufrió un ataque cardíaco. En su lecho de muerte, confesó a su abogado que había robado el panel de los Jueces Justos y que la policía debería buscar en una carpeta en su oficina. Allí se encontraron copias de todas las notas de rescate enviadas a la diócesis, pero no se encontró el panel del retablo. La investigación duró hasta 1937. Investigaciones posteriores sugieren que Goedertier puede no haber sido el ladrón. El caso es que nadie ha encontrado aún Los jueces justos. La iglesia de San Bavón encargó e instaló una réplica del panel en 1945.

  • Robo por banda armada

Natividad con San Francisco y San Lorenzo de Caravaggio.

https://www.factum-arte.com/pag/1182/la-natividad-con-san-francisco-y-san-lorenzo

Esta obra de Caravaggio fue robada en 1969. La obra se encontraba colgada en el oratorio de San Lorenzo en Palermo (Sicilia). Existen varias teorías sobre lo que le sucedió a esta pintura. El belén de Caravaggio ha sido considerado como una de las pinturas robadas más notorias en la historia del mundo del arte. La obra maestra no se ha visto desde que fue levantada de su capilla en Palermo; todas las evidencias indican que la mafia siciliana pudo haber jugado un papel destacado en su desaparición.

Las esperanzas de resolver uno de los peores crímenes artísticos de la historia se reavivaron en los años 90 del siglo XX después de que los investigadores italianos anunciaron que habían recibido nueva información.

En 1996, un informante de la mafia testificó que él y varios otros hombres habían robado la pintura a un comprador privado; la destruyeron accidentalmente mientras cortaban el lienzo de su marco. Más de una década más tarde, otro ex mafioso afirmó que la pintura había sido escondida en un granero para su custodia, pero que las ratas y los cerdos la dañaron irreparablemente antes de quemarla. El destino de la natividad sigue siendo un misterio.

  • Museo desvalijado con prisas y mucha ignorancia.

También se ha achacado a la mafia el robo perpetrado en el Museo Gadner de Boston (https://www.gardnermuseum.org/ ), el 18 de marzo de 1990. Dos hombres vestidos de policías entraron y salieron del museo como Pedro por su casa, llevándose por el camino unos 500 millones de dólares en tesoros artísticos. 13 obras perdidas en uno se los mayores, si no el mayor, robo de arte de la historia, entre ellas un raro Vermeer y tres valiosos Rembrandts. Sin embargo, lo sorprendente del caso, es que perdieron un hermoso tiempo en hacerse con un anodino jarrón de metal chino, o en otras baratijas, de escaso o nulo valor, olvidándose en cambio de valiosos cuadros de mucho más fácil acceso.

En la fecha de escribir esta entrada no se sabe nada de las obras robadas.

Vandalismo por Fanatismo.

Si hemos empezado por los robos, seguimos por fanáticos de diversa índole.

  • Atentados atribuidos a un perturbado mental.

Por ejemplo, un perturbado mental (Laszlo Todt, de nacionalidad húngara, pero afincado en Australia),  creyéndose Jesucristo, atentó contra la Piedad de Miguel Ángel (https://www.visitarelvaticano.com/que-ver/la-piedad-de-miguel-angel/ ) el 21 de mayo de 1972. Se alzó sobre la escultura martillo en mano y originó una serie de desperfectos, fundamentalmente, en la figura de la Virgen (párpado izquierdo, nariz rota y rotura de varios dedos de su mano izquierda).

La figura fue restaurada y como consecuencia de aquel atentado se blindó su exhibición por medio de una pantalla de cristal que la protege en la actualidad de actos vandálicos.

  • Fanatismo religioso.

De esto hay una amplia experiencia, desde el fraile Savonarola que ordenó a sus seguidores la destrucción de todos los objetos artísticos en la muy culta Florencia del siglo XV, a los que quieren destruir la Cruz del Valle de los caídos. Por todos, hablaremos de los Budas de Bamiyan, destruidos en 2001. https://www.gettyimages.es/fotos/bamiyan-buddha

Los budas, que databan del siglo VI, fueron destruidos por los talibanes afganos. Las tallas de 41 y 53 metros de altura fueron originalmente creadas directamente de un acantilado de piedra arenisca, y sirvieron como el monumento más espectacular de Bamiyan durante un tiempo en que la ciudad floreció como un centro comercial de la Ruta de la Seda.

Se sabe poco sobre quién encargó tallar los budas. Sin embargo, su propia existencia apunta a la importancia de la fe budista y el valle de Bamiyan durante el siglo VI.

La destrucción, en 2001, en Bamiyan ,ha sido el ataque más espectacular contra el patrimonio histórico y cultural de Afganistán. También su destrucción es única por la movilización mundial que despertó, aunque, por desgracia, no es el único daño infligido a los restos arqueológicos de ese país.

Habían resistido, durante más de una docena de siglos, varios ataques de emperadores musulmanes e incluso una invasión de Genghis Kahn, para finalmente caer derrotados por los talibanes y sus aliados de Al Qaeda tras calificarlos de «idólatras». Varios grupos armados dispararon contra las estatuas con armas antiaéreas antes de hacerlas explotar con dinamita.

La destrucción de los Budas se condenó como un crimen contra la cultura. Sin embargo, aunque los Budas se perdieron, alguna persona sensible logró salvar una serie de dibujos y textos escondiéndolos en cuevas, que la casualidad quiso fueran tapadas por los escombros de las piedras de las esculturas destruidas. En 2008 los arqueólogos desenterraron una tercera estatua de Buda, previamente no descubierta, cerca de las ruinas. No sabemos que ha sido de ella tras la marcha de los norteamericanos.

  • Vandalismo reivindicativo.

Son varios los ejemplos. Uno de los más conocidos es el acontecido en 1914, cuando una sufragista atacó con un hacha el cuadro de Velázquez, La Venus del espejo (https://historia-arte.com/obras/venus-del-espejo ), expuesto en la National Gallery de Londres. Su bárbara acción fue una protesta por la detención de la fundadora del movimiento sufragista, que se había declarado en huelga de hambre en la prisión. El móvil, pues, era político, pero la autora del atentado declaró haber comprobado que los hombres miraban la pintura lascivamente. Un disparate.

De igual modo son auténticos disparates los realizados por los llamados activistas climáticos, cuya mayor incidencia se dio en 2022. Así, ecologistas de grupos como Just Stop Oil y Extinction Rebellion han estado utilizando tarta, sopa, pintura y pegamento para captar la atención de los visitantes de los museos, marcando el cristal que protege las obras de arte y adhiriéndose al marco o a la pared que las rodea. Según ellos, su mensaje es bien sencillo: no hay arte en un planeta muerto. Añadiría yo que tampoco el mundo mejora tirando pintura o pegamento. Ambos, por cierto, productos, que no sé si afectan al clima, pero que tienen componentes químicos que afectan a la salud de muchas personas. Ejemplos de este fanatismo han sido:

  • En noviembre de 2022, atentaron contra un coche customizado de Andy Warhol que se expone en Milán.
  • También en noviembre de 2022, dos activistas medioambientales lanzaron sopa de tomate contra Los Girasoles de Van Gogh y se pegaron a la pared en la National Gallery de Londres. Las autoras del crimen artístico señalaron que habían pasado toda la noche en el baño de su casa ensayando el disparo.
  • Igualmente, en noviembre de 2022, dos activistas de la asociación ambiental Futuro Vegetal pegaron sus manos a los marcos de los cuadros de La maja desnuda y de La maja vestida de Francisco de Goya expuestos en el Museo Nacional del Prado. Asimismo, en el muro donde están colgadas dichas pinturas, escribieron el mensaje “+1,5º” para “alertar sobre la subida de temperatura mundial que provocará un clima inestable.

Especial atención, por último, merece la sopa que otros activistas derramaron sobre la obra de La Gioconda en el Museo del Louvre. Y no por la sopa en sí, sino por la cantidad de atentados que ha sufrido esta obra. https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2024-01-28/nuevo-ataque-gioconda-mona-lisa-louvre-sopa_3819449/

“La obra más famosa de Leonardo da Vinci colecciona agresiones: en 1956 un hombre con problemas mentales lanzó una piedra contra el cuadro que rompió el cristal de protección de la obra y provocó el desprendimiento de la capa pictórica a la altura del codo izquierdo de la Monna Lisa. Esos daños, pese a la restauración, aún son visibles.

Se instaló entonces el cristal antibalas que hizo posible que la pintura no sufriera daños en otro ataque, esta vez con pintura, lanzado en 1974 por una mujer cuando el cuadro se encontraba en una exhibición en el Museo Nacional de Tokio (Japón). La agresora protestaba contra la política del museo, que dificultaba el acceso al mismo a las personas discapacitadas.

Se decidió entonces que La Gioconda no saldría del Louvre, pero ello no impidió que en 2009 una mujer de nacionalidad rusa lanzara contra el cuadro la taza que acababa de comprar en la tienda del museo en protesta por que le habían denegado la ciudadanía francesa. El lienzo no sufrió daños.”[1]

  • Vandalismo político.

No voy a hacer referencia a la cantidad de estatuas, sobre todo ecuestres, derribadas en España- de todos conocidas- o atentados diversos a monumentos de los unos contra los otros. Pero sí podemos hacer referencia a los atentados contra esculturas por los movimientos racistas, norteamericanos, como la estatua ecuestre del presidente Andrew Jackson,  presidente de Estados Unidos entre 1829 y 1837. No ha sido el único.

Manifestantes supuestamente antirracistas, derribaron varias estatuas del sacerdote español Junípero Serra, que lo único que hizo fue crear misiones evangelizadoras y educativas; o de Cristóbal Colón, sin el cual ya me dirán como iban a derribar estatua alguna en el nuevo mundo, o ¡de Cervantes! Pero también derribaron estatuas de héroes confederados. Figuras como George Washington, Ulises S. Grant o Winston Churchill sufrieron atentados en los monumentos que los recuerdan.

Ahora las calles o los monumentos o las instituciones se convierten en el escenario de lo que ahora llamaríamos “una guerra por el relato”.

En esa guerra por el relato este verano hemos visto en España otro atentado más. La eliminación de las pinturas del Palacio de la Generalidad de Cataluña.

La situación culminada este verano viene de lejos; en 2019, el entonces presidente de la Generalidad, Joaquín Torra, anunció la retirada de las Pinturas de la Historia de España que decoraban el salón San Jordi de Palacio de la Generalidad. Se trataba de pinturas realizadas entre 1926 y 1927, según el ex presidente Aragonés “Un acto de justicia y de dignidad: gracias por devolver la luz”. No sabemos a qué luz se refiere, yo le veo bastante ciego.

Eran 24 pinturas de gran formato ubicadas en las paredes laterales, y 45 obras de formato inferior ubicadas en los arcos del techo del palacio de la Generalidad que suponían un total de 860 metros cuadrados de pintura. El proyecto se justificó en la recuperación de la arquitectura de Pere Blai y su estado renacentista original, tanto en la forma como en los materiales, por lo que una vez retiradas las pinturas de 1926 y 1927 se han priorizado las labores de limpieza, consolidación y recuperación del estuco original renacentista y la restauración de la policromía renacentista.

La pura verdad, es que la arquitectura renacentista estaba en perfecto estado y las pinturas no maltrataban la arquitectura del edificio y que, como señalaron en su día los nacionalistas, la decisión de retirar los murales emana del acuerdo de una comisión presidida en 2019 por Torra y respondía a cuestiones ideológicas.

Según la Generalidad, se ha previsto la conservación de los murales en unos cilindros especiales hechos a medida y, a medio-largo plazo, estudiarán un plan de restauración de las pinturas para que puedan cederse a los museos e instituciones que estén interesados. A medio-largo plazo, a saber cómo están  las pinturas.

BIBLIOGRAFÍA

GAMBONI, Darío.- “La destrucción del arte: Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa (Arte Grandes temas)”. Ed Cátedra 2014.

MARTÍN GONZÁLEZ, J.J..- “Historia del Arte”. Ed. Gredos. 1990

Diversos artículos de prensa.

[1] La Vanguardia: https://www.lavanguardia.com/internacional/20240128/9507703/activistas-climaticos-arrojan-sopa-sobre-cuadro-mona-lisa-museo-louvre.html

Beatriz de Bobadilla (marquesa de Moya)

Vamos a empezar la temporada introduciéndonos en el hilo dedicado a las grandes mujeres que ha dado al Historia de España. Esta vez con Beatriz de Bobadilla.

Pedro de Bobadilla y María Maldonado pertenecientes a la pequeña nobleza castellana lograron, gracias a su amistad con los reyes, casar a sus hijos de manera brillante para la época. Tales matrimonios permitieron que al final de sus días se hubiera producido un ascenso social de la familia hasta topar con la alta nobleza castellana: su hija Isabel se casa con Álvaro de Luna y Ayala (1440-1519) llamado «el de las grandes fuerzas, Señor de Fuentidueña » ( no confundir con el Valido de Juan II de Castilla, antepasado de éste); Francisco «El Corregidor», primer señor de Pinos y Beas,  militar a la orden de los Reyes Católicos que fue comendador de Granada ( no confundir con su sobrino del mismo nombre y conquistador de América), y Beatriz, la más conocida.

Pedro de Bobadilla era alcaide del castillo de Arévalo lugar de residencia de la Reina vida, Isabel de Portugal y de sus hijos, Isabel y Alfonso. La muerte de Juan II había transmitido el trono a Enrique IV, hijo del primer matrimonio de Juan II, y, por ende, hermanastro de Isabel y Alfonso.

Durante la estancia de la reina y sus hijos en Arévalo, Beatriz se convirtió en la amiga de juegos de la infanta Isabel, hermanastra de Enrique IV, a pesar de que Beatriz era 11 años mayor. Ejerció de amiga, confidente y protectora hasta que, en 1462, Isabel y Alfonso fueron trasladados a la Corte. Con todo, Beatriz siguió siendo amiga de la futura reina Isabel I. Tanto era así que Enrique, viendo la amistad entre ambas, nombró a Beatriz doncella de la Infanta, y, en 1466, le procuró matrimonio con el Mayordomo real, Andrés Cabrera. Como regalos de boda, el Rey les concedió diversas prebendas, entre otras, trescientos mil maravedíes de juros (los juros eran un documento por el que se definía un privilegio a favor de la persona citada en él. El Rey le concedía el privilegio de cobrar una parte de determinados impuestos de la renta feudal,  citados en el documento, hasta una cantidad prefijada).

La vida de Isabel al lado de su hermano Enrique cambió a raíz de que, en 1465, el Príncipe Alfonso fuera proclamado Rey por los nobles de Ávila. La guerra civil que se inicia encuentra a Isabel en el palacio de Enrique. El marqués de Villena propuso a Enrique IV un arreglo: le proporcionaría los medios necesarios para liquidar el movimiento si casaba a Isabel con su hermano, Pedro Girón, maestre de Calatrava. De este modo, Girón se situaba en la línea de sucesión a la Corona. El maestre de Calatrava superaba los 50 e Isabel apenas contaba con 15 años. Desolada, sólo acertaba a rogar a Dios de rodillas que la ayudara en aquel trance. Pero su dama, Beatriz de Bobadilla, pensó aquello de “a Dios rogando y con el mazo dando” y le prometió que ella misma se encargaría de impedir, incluso apuñalando al vejestorio del novio si era preciso, aquella disparatada boda. No hizo falta, curiosamente Girón enfermó y murió durante el viaje a la Corte para celebrar su boda. Posiblemente envenenado.

Isabel nunca olvidó el apoyo de Beatriz, aunque no fuera artífice de la desaparición del maestre.

Beatriz sí colaboró con los seguidores de Alfonso, cuando, meses después, tras la batalla de Olmedo – 1467-, lograron sacar de Palacio a Isabel, Beatriz y a otra dama, Mencía de la Torre, y llevarlas con ellos. En ese momento, Isabel se posicionó al lado de su hermano Alfonso y las huestes de Ávila, pero exigió un juramento: no se casaría contra su propia voluntad.

En 1468, muere asesinado Alfonso. Isabel es reconocida en Guisando como heredera de la corona de Castilla, frente a Juana, la Beltraneja ( supuesta hija de Enrique IV).  Pero el culmen del enfrentamiento con su hermanastro Enrique se produce, cuando, de nuevo, desobedece los planes de boda que éste tenía para Isabel, y se escapa para casarse con Fernando de Aragón.

El matrimonio Bobadilla-Cabrera hizo lo posible para que la infanta no se casara con Fernando, si bien, una vez realizado el matrimonio, se convirtieron en los más firmes defensores de los príncipes, así como intermediarios con el Monarca para que se produjera tanto la reconciliación entre los hermanastros como el reconocimiento de Isabel como heredera. El hecho de que Cabrera fuera el alcaide del alcázar de Segovia ( el tesoro real estaba allí depositado), permite al marido de Beatriz tener la llave del Reino y a Beatriz acomodar a Isabel en Segovia. Fue la habilidad de Beatriz la que logró que los partidarios de Isabel – Alonso de Quintanilla- aceptaran el cambio de posición de Beatriz y su marido en favor del matrimonio de Isabel, pero con la promesa de no combatir contra Enrique. La finalidad era evitar una guerra civil, y al tiempo que Isabel fuera reconocida como futura reina. Estos planes de Beatriz encuentran apoyo en el cardenal Mendoza.

Lograron que Enrique IV se reconciliara con su hermana, aunque no cambió su posición sobre la sucesión del Reino. Un año después de estos hechos el monarca muere, pero los príncipes ya están en Segovia, en donde Isabel se proclama Reina propietaria. Dueños del tesoro del Reino custodiado por el fiel Cabrera, comenzará la guerra civil que finalmente ganaron Isabel con el apoyo de Fernando, su marido.

Isabel recompensó con diversas mercedes el favor de Cabrera y Beatriz. En ocasiones, esos favores fueron depositados sólo en Beatriz; por ejemplo, la mejora del escudo de armas de la familia sólo en los aspectos referentes a Beatriz (hecho nada común que se mejorara el de la esposa y no el del marido). Sin embargo, la más destacable de los regalos reales fue el señorío de Moya con título de marquesado concedido al matrimonio el 4 de julio de 1489. Un señorío riquísimo, fronterizo entre los reinos de Castilla y Aragón, en contacto con el mercado valenciano. También les fueron otorgados los sexmos segovianos de Casarrubios y Valdemoro (los sexmos son una división administrativa que, en un principio, equivalían a la sexta parte de un territorio determinado), después convertido en señorío, y, más tarde, en condado de Chinchón.

Durante el reinado de los Reyes Católicos, Beatriz no dejó de ejercer su influencia no sólo por amistad, y sentido común, también por cultura —se interesó por el estudio del latín como todo el entorno femenino de Isabel—. Sus enemigos la juzgaban gastadora y apasionada por las joyas. Otros cronistas, más benevolentes,  no dudan en subrayar su discreción y valentía.

Durante la guerra de Granada, concretamente en 1487, fue confundida con la propia soberana. Beatriz fue atacada por un moro que la hirió sin gravedad gracias a la defensa que de ella hacían los adornos de oro de su traje. Su afición a los “arreos” —en palabras sus enemigos— le había salvado la vida. Isabel compensó a su dama entregándole unas casas en Sevilla, así como treinta esclavas de las que se tomaron en la ciudad de Málaga, y poder comerciar con Guinea.

Entre los acontecimientos destacados en los que participó Beatriz, se dice que pudo interceder en favor de Cristóbal Colón, aunque es bien sabido que la que sí tuvo contactos con el descubridor fue su sobrina del mismo nombre.

Siempre fue amiga de la reina y nunca perdió esa amistad, hasta el fallecimiento de Isabel I el 26 de noviembre de 1504 en Medina del Campo y, según la tradición, es la marquesa de Moya la que tuvo el privilegio de cerrarle los ojos.

Aunque la reina Isabel recomendó a su hija Juana que mantuviera la amistad con el matrimonio Cabrera- Bobadilla, la realidad fue que desaparecida la reina Isabel,  tuvieron que luchar por conservar su mayor propiedad: la alcaldía del alcázar de Segovia que Felipe el hermoso les había arrebatado, sin embargo, el buen hacer de Beatriz, logró que Fernando el Católico se la devolviera.

A partir de entonces se dedicaron a preparar su alma para la otra vida haciendo varias obras de misericordia y fundando conventos.

El matrimonio tuvo 9 hijos, algunos se convirtieron en hombres de Iglesia y el resto se posicionaron excelentemente gracias a las rentas de sus padres y los magníficos matrimonios que hicieron.

Beatriz de Bobadilla muere en Madrid el 17 de enero de 1511. Su marido lo hace poco tiempo después. Ambos están enterrados en el convento de Santa Cruz de Carboneras, cerca de Cuenca.

 

Bibliografía:

DE AZCONA, T. “ Isabel la Católica”. Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 1993.

MÁRQUEZ DE LA PLATA Y FERRÁNDIZ, Mª.  “Mujeres renacentistas en la corte de Isabel la Católica: Beatriz de Bobadilla, Beatriz Galindo, Lucía de Medrano, Beatriz de Silva, Catalina de Aragón, María Pacheco” Ed. Castalia, 2005

MORALES MUÑIZ, D.C.  “Alonso de Quintanilla, un asturiano en la Corte de los Reyes Católicos”. Ed.  El Persevante Borgoñón, 1993.

MUÑOZ ROCA-TALLADA, C. “La marquesa de Moya”. Ed. Instituto de Cultura Hispánica, 1966

El Eurocomunismo

Sabemos que el comunismo desde Marx ha sufrido diversas transformaciones, casi siempre unidas a ciertos fracasos. Una de esas transformaciones fue el llamado eurocomunismo.

Se conoce como “ eurocomunismo” a la ideología que se inserta en los partidos comunistas de Europa occidental, sobre todo, a partir de la invasión de Checoslovaquia por parte de las fuerzas del Pacto de Varsovia en 1968, poniendo fin a lo que se llamó “comunismo de rostro humano” o “ Primavera de Praga”, originada por la teoría de Brézhnev de la “soberanía limitada” ( aunque la teoría es realmente originaria de Suslov). La doctrina Brézhnev o “doctrina de la soberanía limitada” marcó la política exterior de la Unión Soviética en un intento de evitar la democratización o independencia en países socialistas, mediante la intervención militar.  Tal doctrina consideraba el bloque del Este como un todo en el que los países de la Europa oriental no eran independientes. «La URSS no puede ser, ni será jamás, indiferente al destino de la edificación del socialismo en otros países hermanos; tampoco lo será con relación a la causa del socialismo mundial». Trataba así de justificar una intervención del Pacto de Varsovia en cualquier país del bloque oriental que se alejara de los dictados de ”Moscú» y se acercara al capitalismo de Estados Unidos (Seguro que más de un lector se ha acordado de Putin y la intervención en Ucrania).

Esa acción de invasión de Checoslovaquia fue condenada en el oeste europeo, lo que fuerza, de algún modo, a los partidos comunistas del mundo occidental a pronunciarse ante sus respectivas sociedades, sobre la condena o no del sometimiento de los derechos ciudadanos checoslovacos, pisoteados por los tanques soviéticos. Esa situación obliga a los partidos comunistas más importantes de occidente, italiano y francés, a condenar la invasión; explícitamente, los primeros y, con ciertos matices, los segundos.

Son, por lo tanto, los secretarios generales de los partidos comunistas de Francia e Italia, Marchais y Berlinguer, quienes dan consistencia política al eurocomunismo; añadiéndoseles inmediatamente, Santiago Carrillo. Hay que estimar, por lo dicho, que el Eurocomunismo estará siempre unido a esas tres figuras:  Marchais, Berlinguer y Carrillo. Más en los dos segundos que en el primero, que siempre fue más renuente a condenar el comunismo ortodoxo soviético.

Es obvio, sin embargo, que, si bien el concepto eurocomunismo irá ligado a las personas citadas, incluso una de ellas, Santiago Carrillo, escribió un libro bajo ese título- Eurocomunismo-. Éste no es nada más que un proceso ideológico evolutivo, que, partiendo del marxismo, pretende llegar al poder, prescindiendo del Leninismo. Fue una búsqueda de encontrar un camino que compaginara la vía marxista con las democracias occidentales durante el último cuarto del S. XX.  Un camino que diese luz a la crisis de los principios que habían sido básicos en los marxistas clásicos, fundamentado en que la transformación de la sociedad capitalista, debía revisar los tres pilares clásicos: revolución a escala mundial, vanguardia de los países desarrollados y extensión rápida del proceso revolucionario una vez iniciado.

Esta línea de pensamiento no nace de las cabezas de aquellos hombres que tenían responsabilidades representativas en los partidos comunistas occidentales, sino en las cabezas de los intelectuales marxistas/comunistas que, viviendo en el mundo occidental, se dan cuenta de que hay que casar la libertad del mundo en el que viven con la dictadura del proletariado, y que esa libertad en el mundo occidental comporta dos elementos esenciales: “pluralismo” y “elecciones”. Son los grandes teóricos del marxismo occidental: Gramsci,  Althusser, Aragón…, quienes poniendo al día sus ideas marxistas, determinaron, en primer lugar, la separación del leninismo al comprobar que su expansión por occidente no se producía, como habrían creído con anterioridad, y que la resistencia en los países del Éste, era evidente. Con lo que, en segundo término, sentenciaron que la sociedad no se volvería comunista por la vía revolucionaria sino por un medio estrictamente electoral, respetando, en principio, el pluralismo de sus respectivas sociedades. Lo que veían aquellos teóricos era que para Marx la sociedad comunista alcanzaría sus últimos estadios en la conjunción de los logros de sus etapas previas: idea materialista de la Historia, lucha de clases, dictadura del proletariado, sociedad comunista en la que el Estado desaparece. Lenin, por su parte, admite las tres primeras etapas, pero no se pronuncia respecto de la cuarta, pues la considera tan lejana, y a la sociedad tan falta de condiciones para vivir sin Estado, que la ignora. La tercera, la dictadura del proletariado, la entiende como una acción revolucionaria, en la que el proletariado ejerce su acción no como una clase, sino a través de una vanguardia, la formada por el “partido comunista” stricto sensu, que implantado en el Estado (en Rusia), será el faro universal para el desarrollo de la revolución mundial. Es esa vanguardia quien garantiza que no habrá traición a la revolución, es la que asegura la prepotencia del Estado sobre sus enemigos posteriores. Es quien preservará la ortodoxia del propio marxismo, frente a quien pretende alterarlo.

Esas ideas leninistas, aumentadas y elevadas por Stalin, condujeron a una de las mayores dictaduras del Mundo, al imperialismo soviético, y a la añoranza del mismo que ahora sufrimos.

Las posiciones eurocomunistas, primero ideológicas, para pasar a fundamentos de realidad política, consideraron que el momento propicio para lograr su triunfo sería en los años 70 del siglo XX. El eurocomunismo no se presenta como una táctica tras la cual esconder una sustancia inmutable y una inalterada relación con la Unión Soviética; tampoco fue simplemente un proceso de social-democratización de los partidos comunistas de Francia, España e Italia. El eurocomunismo surgió en medio de una crisis general, primero, como hemos señalado por la resistencia de los ciudadanos del Éste a las políticas soviéticas y, después, en occidente con la crisis económica de los años 70, el relentizamiento económico, la crisis energética y la creciente inflación que rompió el equilibrio económico y político creado por Bretton Woods. Los eurocomunistas creían llegado el momento de alcanzar un régimen marxista a través de una revolución democrática, proponiendo una trasformación de la sociedad basada en la “modificación cualitativa de las relaciones entre el consentimiento y la coacción”, como señaló Gramsci. Se trataba de dar una alternativa a las exigencias de las clases trabajadoras sin tener que agotar la vía parlamentaria democrática, utilizando el descontento por la crisis general de las sociedades para lograr un Estado equitativo en el que cada uno tuviera “según sus capacidades y reciba según sus necesidades”

Que esas aspiraciones estuvieran animadas por los partidos comunistas italiano, español y, en menor medida, francés, es lógico si se piensa en las circunstancias históricas de sus respectivos países. Así, en Italia, el llamado “compromiso histórico”, es decir, la convergencia del Partido Comunista italiano y la Democracia Cristiana para una acción de gobierno común estuvo a punto de producirse en plenitud. Se intentaba conseguir el máximo consenso posible en torno a las instituciones democráticas y a través de una política reformista, evitando tentaciones de autoritarismo.

Este compromiso histórico se realizó parcialmente mediante el apoyo externo del PCI al gobierno democristiano de Giulio Andreotti en 1978 y acabó (1980) con el asesinato de Aldo Moro, uno de sus mayores defensores.

Realmente, durante los años 70, el avance electoral del Partido Comunista había sido espectacular, tanto que logró acercarse, por primera vez en su historia, a la mayoría relativa de los votos, pudiendo, por fin, aspirar a gobernar el país en torno a los comicios de 1975 y 1976.

El PCI apostaba por una política de trasformación de la sociedad, por una renegociación de las bases sociales y una nueva orientación socialmente equitativa. El PCI se ponía en la primera línea como alternativa política, lo que casi los lleva al poder si no llega a ser por la formación del “Pentapartito”, compuesto por los democristianos de Giulio Andreotti y el Partido Socialista Italiano (PSI), el Partido Socialista Democrático, el Partido Liberal y el Partido Republicano. En el fondo la sombra del viejo comunismo era alargada.

Contemporáneamente en Francia, la situación era parecida: el movimiento de mayo de 1968 contribuyó a la decadencia del golismo, que aceleró irrevocablemente la muerte del propio General De Gaulle. La elección de Valery Giscard d’Estaing como presidente y el nombramiento de Jacques Chirac como jefe del Gobierno no fueron suficientes para detener la crisis: el nuevo ejecutivo, caracterizado por el nacionalismo populista-golista, se enfrentaba a una grave crisis y a un avance significativo de los partidos de izquierda. Las huelgas generales y la organización de varias movilizaciones demostraban la existencia de un malestar generalizado y un fuerte deseo ciudadano de cambio. Mientras tanto, el Partido Socialista elegía a su nuevo líder, François Mitterrand, buscando una posible alianza entre las fuerzas de izquierda; la idea parecía ser secundada por el secretario del PCF, Georges Marcháis. El consentimiento alrededor de este acercamiento lo certificó el buen resultado electoral que las izquierdas alcanzaron en 1974, tanto que Mitterrand estuvo a punto de vencer en las elecciones presidenciales: la convergencia entre socialistas y comunistas se presentaba como una posibilidad concreta que contaba con el apoyo de ambas militancias. Si bien, la embajada soviética en París, se mostró encantada de la derrota final de Mitterrand por cuanto el francés criticaba abiertamente al comunismo y resultaba un enemigo muy hábil en su estrategia de reequilibrio de la izquierda.

En esta actitud de colaboración con los socialistas, el PCF abandonó el concepto de dictadura del proletariado y una parte del partido se acerco a los postulados del partido Comunista italiano. Pero esto era más aparente que real, pues el PCF internacionalmente se mantuvo fiel a Moscú y, en 1979, Georges Marchais apoyó la invasión de Afganistán.

En las elecciones de 1981, Marchais criticó el «giro a la derecha» del PS. Pero Mitterrand obtuvo 25% de los votos y sólo el 15% fue para Marchais. Para la segunda vuelta, el PCF exhortó a sus partidarios a votar por Mitterrand, que fue elegido presidente. En aquel primer gobierno de Mitterrand los comunistas tuvieron asiento en el Consejo de ministros.

En España, la situación se presentaba más complicada, la muerte de Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975, hizo precipitar el proceso de liquidación del franquismo y la creación de nuevas condiciones políticas, económicas y sociales. Las fuerzas de izquierda, independientemente de su capacidad política, querían asumir un nuevo papel en un estado renovado, favoreciendo la alternativa democrática, potenciada hacia el socialismo. La despenalización del PCE hizo volver a Carrillo y concederle un papel esencial en la vida pública.

Este breve análisis de las condiciones socio-políticas de estos tres países de la Europa meridional, muestra cómo estaban en marcha procesos de crisis y deseos de cambio que, pese a su natural diferencia, revelaban algunos elementos en común: en primer lugar, en los tres países no se aspiraba a un simple cambio de gobierno o a una política reformada: al contrario, se trataba de un deseo concreto de cambio, de una exigencia de ampliación y profundización de la democracia, tanto en las esferas políticas como de la producción. En segundo lugar, las fuerzas políticas, sindicales y culturales que luchaban por la realización del socialismo contaban con el apoyo no sólo de la mayoría de los trabajadores, sino también de otros núcleos sociales. Esta realidad, que parecía más evidente en Italia y Francia, iba preparándose también en España. La presencia de un amplio sector de izquierda deseoso de cambios en general, hacía posible que en estos tres países se plantease concretamente la alternativa democrática-socialista. En tercer lugar, el eje político comunista-socialista constituía en los tres países la columna vertebral del bloque político y social de la izquierda. Sin embargo, el equilibro interno entre comunistas y socialistas era diferente en cada país: en Italia, el eje se inclinaba netamente del lado comunista en todos los aspectos, tanto que el PCI eclipsaba al partido socialista. En Francia la situación se mostraba más complicada en cuanto que, si era efectiva la preeminencia del lado socialista en el plano electoral, el partido comunista se distinguía desde el punto de vista de la organización e implementación en la clase obrera. En España, la situación aún no se presentaba clara, aunque parecía poder asemejarse más bien al caso francés. La coincidencia temporal, la simultaneidad en la exigencia de cambio y la contigüidad geográfica hicieron que las influencias entre ellos fueran apreciables y el deseo de operar conjuntamente también.

Sin embargo, este producto comunista se puede considerar fracasado porque electoralmente nunca alcanzó las cuotas deseadas. La creciente dificultad para compaginar la filosofía de la historia que constituye el hilo conductor del marxismo clásico con los acontecimientos de la lucha de clases del S.XX, hacía caer en tremendas contradicciones a los eurocomunistas; la evidencia que el llamado socialismo real no era más que otra forma de totalitarismo, restaba apoyos. Así, en el caso de España, el PCE fue barrido por el PSOE en todas las elecciones a las que se presentó. En las elecciones del 15 de junio de 1977, el PCE descubrió tener una notable extensión, pero un corto porcentaje de votos. Llenaba plazas de toros, estadios, polideportivos abarrotados por multitudes, pero no llenaba las urnas. Para el Partico Comunista, los resultados de 1977, que dieron la victoria a UCD (con 34,7% de los votos) fueron muy decepcionantes, ya que el partido obtuvo un 9,24%, muy por debajo de sus expectativas y del PSOE (29,2% de los votos).

A esas causas internas se unieron otras externas, sobre todo, de la propia URSS, la invasión de Afganistán, las guerras en Indochina- tras la derrota del imperialismo norteamericano- que llevó a regímenes tan horrorosos como los de Camboya, Vietnam del Norte, Corea del Norte; las crisis de los países del Éste; el mantenimiento de las posiciones leninistas en el movimiento obrero manifestadas en la OIT, y la situación francesa e italiana que tampoco alcanzaron el éxito, colocó a estos partidos en una posición de fragilidad y debilidad, contribuyendo a su declive.

De aquella época y aquellos miedos, procede la retirada del término “marxista” de los partidos socialistas” y del término “ leninista” de los partidos comunistas.

La caída del muro de Berlín y la descomposición de la URSS dejó ver las costuras del comunismo que, carente de ideología práctica ha buscado otras formas de acercarse a la sociedad- muchas de ellas pagadas por Rusia y China (poderosas dictaduras comunistas)- basadas en el ecologismo, el populismo, el wokismo,  nacionalismo y todo tipo de conceptos que en muchos casos son completamente disparatados, con la única finalidad de arrancar las raíces de Occidente y provocar una crisis, no ya económica sino de identidad de la sociedad, que permita, en ese mundo inestable, alcanzar el poder a los nuevos comunistas disfrazados de seda, y, por supuesto, no perderlo nunca más.

BIBLIOGRAFÍA

CARRILLO. S. –“Eurocomunismo, socialismo en libertad escritos sobre eurocomunismo” Ed. Forma. 1977.

DONOFRIO, A.- “ El final del Eurocomunismo y el Partido comunista de España (PCE)”. Universidad de Salamanca. 2013.

DONOFRIO, A .- “El Eurocomunismo, ¿Producto de la crisis económica y política de los setenta?” Revista de Estudios Políticos. 2014.

GRAMSCI. A .-Gramsci y el P.C.I.: entrevista con Norberto Bobbio, en el libro AA. VV.: Gramsci y el Eurocomunismo. Editorial Materiales. 1978.

PARAMIO, L.- “El Eurocomunismo en la Historia del Movimiento Obrero”.- En el libro “Ideologías y movimientos políticos contemporáneos”. Ed ministerio de Educación y Ciencia. Secretaría de Estado de Universidades e Investigación. 1981.

P.S. Felices vacaciones. Hasta septembre.

ALÍ BEY

Los que me conocen bien, saben que en verano yo cuelgo las botas, como si hubiera ganado la Champions, y, en vez de estudiar historia, me dedico a leer novela negra- nunca truculenta- pero sí de mucha investigación policial y/o mucho espía.

Como ya se acerca julio y el verano se nos echa encima, voy a aunar ambas diversiones, la historia y los espías. Iniciando aquí una nueve serie dedicada a tan intrépida profesión.

Espías españoles los ha habido siempre y siempre los habrá, buenos, valientes y eficaces… casi siempre, y aquellos que, aunque fuera brillantemente, espiaron para otro país. Los iremos viendo.

Hoy le dedicaré este espacio a Domingo Badía, alias Alí Bey, al que muchos consideran el mejor espía español de todos los tiempos. Esto de las clasificaciones siempre es discutible.

Domingo Badía y Leblich, nació en Barcelona el 1 de abril de 1767 y murió en Siria en agosto de 1818.

De familia acomodada gracias a su buena posición en la Administración española, pasó su infancia en Almería, donde se aprovisionaba a las tropas españolas destinadas en Ceuta y Melilla, familiarizándose así con el mundo islámico, por su contacto con mercaderes bereberes y con el territorio del norte de áfrica por las travesías que en compañía de su padre realizó a la costa africana.

En 1786, se matriculó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Gran estudioso, amante de los libros y de la lectura, se matriculó también en las Reales Escuelas de Química y Física. Posteriormente, sucedió a su padre como contador de guerra en la costa de Granada. En 1793, fue nombrado administrador de la Real Renta de Tabacos en Córdoba, tras haberse casado el año anterior. En Córdoba se granjeó fama como científico por sus experimentos sobre el peso de la atmósfera y los principios en los que se basa el funcionamiento del barómetro. Comenzó entonces a trabajar en su gran proyecto: la construcción de un globo aerostático que pensaba emplear para llevar a cabo observaciones atmosféricas, lo que le granjeó la mofa de sus vecinos e importantes deudas, que pagó su suegro. Motivo por el cual, pidió el traslado a Puerto Real y de ahí a Madrid, donde, con escaso sueldo y muchas privaciones, siguió adelante; pasando el tiempo que le dejaba el trabajo de librería en librería. Leía en inglés, francés, alemán y algo de árabe, y casi todos los libros estaban dedicados a la explotación de África. Pronto ideó un plan para establecer alianzas políticas y comerciales para España con la explotación del continente africano. Así mismo, pretendía una misión científica: cartográfica, de observaciones geológicas, meteorológicas, botánica… y todo ello con la peculiaridad de que quería viajar sólo y hacerse pasar por árabe durante sus viajes. Ese plan se lo entregó a Godoy en 1801.

A Godoy le interesaba establecer rutas comerciales en el interior de África en lo que con el tiempo sería Marruecos, pero le interesaba aún más las relaciones políticas con el sultán Solimán (1766-1822). Éste había embargado el comercio con España, especialmente grave por la importación de trigo que España traía de Marruecos, y, aún peor, por la presión que el sultán ejercía sobre Ceuta y Melilla. Pero la vida política en Marruecos no era pacífica, pues los rebeldes del sur del territorio se oponían al Sultán. A Godoy se le ocurrió que Badía podía reunirse con ellos y ofrecerles el respaldo militar de España para destronar a Solimán a cambio importantes concesiones comerciales. En sus Memorias, publicadas en 1836, Godoy observó: “Badía era el hombre para el caso. Valiente y arrojado como pocos, disimulado, astuto, de carácter emprendedor, amigo de aventuras, hombre de fantasía y verdadero original, de donde la poesía pudiera haber sacado muchos rasgos para sus héroes fabulosos; hasta sus mismas faltas, la violencia de sus pasiones y la genial intemperancia de su espíritu le hacían apto para aquel designio”.

Aunque, el 7 de agosto, el Rey había decidido aprobar el plan, no fue hasta la primavera de 1802 cuando Badía consiguió el dinero y el pasaporte, para poder emprender el viaje. Se trasladó, primero a París, y de allí a Londres. Entabló contacto con importantes científicos en ambos lugares y, en Inglaterra, logró los instrumentos científicos que le hacían falta para su exploración. Su maletín lleno con útiles para la astronomía no solo encerraba herramientas, cristales de aumento, instrumentos de medición, catalejos…; tenía un doble fondo que albergaba elementos para elevar el espionaje a la categoría de arte. Toda una gama de tintas invisibles circularían entre Badía y España, impresas en minúsculos trozos de papel diseñado a tal efecto. Porque Badía no era un espía al uso, llevaba consigo una misión política y también científica . Sus cuadernos de viaje, en los que recopilaba todos sus descubrimientos científicos, fueron admirados por Napoleón y estudiados en Francia antes que en España, tan olvidadiza con sus genios.

Ya bajo la identidad de Alí Bey llegó a Cádiz en abril de 1803. Cruzó el estrecho y, una vez en Tánger, se presentó como hijo y heredero universal de un príncipe sirio fabulosamente rico, descendiente directo de los califas abasíes ( para qué andarse con minucias, debió pensar), que había tenido que huir de su país por razones políticas. Contaba que, tras recibir una exquisita educación en Inglaterra, Francia e Italia había decidido, como fervoroso musulmán, ir de peregrino a la Meca. El cuento coló, y así se hizo acreedor de la amistad de las más altas instancias de Tánger. En el mes de octubre ya tenía información suficiente para conocer la situación de los rebeldes y provocar una revolución. Entre 1803 y 1805 el coronel Amorós desde Tánger gestionó una ingente información que Badía-Alí Bey le proporcionaba con destino al Gobierno de España.

En ese periodo se produjo el hecho inesperado de que el Sultán visitó la ciudad de Tánger y se quedó impresionado por la sabiduría de Alí Bey, al que comunicó su deseo de que se trasladase con él a su corte, primero en Fez y luego a lo que hoy es en Marrakech. El sultán le regaló dos espléndidas mansiones. Siguió con su actividad subversiva informando constantemente a Godoy, el cual sólo daba noticias vagas a Carlos IV. Cuando, el monarca español supo que se preparaba una sublevación contra un monarca, retiró su apoyo a la expedición – Carlos IV estaba muy impresionado por los sucesos de la Revolución Francesa-.

En estas circunstancias, Alí bey intentó convencer a los rebeldes de que pospusieran su levantamiento. Su situación era enormemente delicada. Por un lado, sabía que el sultán no tardaría en conocer sus auténticas intenciones y, por otro, el sultán, que aún le admiraba y le consideraba amigo, no hacía más que presionarle para que se casara con una mujer se su harén. Además, los rebeldes ya desconfiaban de él. Su única salida era continuar su peregrinaje a la Meca.

Cuando España declaró la guerra a Inglaterra, y Marruecos, a pesar de su fingida neutralidad, ayudaba en secreto a los ingleses, Carlos IV autorizó a Badía a reanudar los planes para una revolución. Demasiado tarde. Enterado Solimán expulsó a Badía de su país.

El español se refugió en Argelia y de ahí a Chipre, donde se enteró del plan británico de derrocar al Bajá de Egipto. Se trasladó a Egipto y logró frustrar el plan inglés. En Alejandría, conoció al escritor francés Chateaubriand, quien le consideró “el turco más inteligente y cortés” que había conocido. Su periplo sufre un cambio de objetivo, sin olvidar su lealtad a España como espía. Ahora se transforma en un analista brillante de historia, costumbres, y viajes. En diciembre de 1806, salió para la Meca, llegando allí el 11 de enero de 1807. Fue el primer europeo en realizar una descripción detallada y exacta de los ritos del peregrinaje. Mientras estaba en Arabia, haciéndose pasar por ferviente musulmán, observó la captura de los lugares santos musulmanes por los antepasados de la actual casa reinante en Arabia, siendo el único testigo europeo de esos eventos. Después de volver al Cairo, pasó tres meses viajando por Palestina y Siria. En Palestina llevó a cabo un estudio de las condiciones de los monjes franciscanos que administraban los santos lugares con fondos del Gobierno español. En Siria descubrió y destruyó una línea secreta que tenían los ingleses para comunicarse con la India. Por el mes de octubre de 1807 estaba de vuelta en Constantinopla.

Tras visitar Tierra Santa, Siria, Turquía y cruzar toda Europa de vuelta hacia París, Badía llegó a Bayona el 9 de mayo de 1808, justo cuando Carlos IV y su hijo Fernando VII habían renunciado a la corona española en favor de Napoleón. Carlos IV recibió a Badía en audiencia y le recomendó ponerse al servicio del nuevo régimen. Para su desgraciaBadía, siempre fiel a los monarcas españoles, hizo caso a Carlos IV. Se puso bajo el mando de Napoleón, al que convenció para que invadiera Marruecos. Fue tal la descripción que hizo del Sultán y del territorio que Napoleón decidió mandar allá al capitán Antoine Burel para investigar la posibilidad de convertirlo en colonia francesa. Fascinado por aquel hombre, Bonaparte le recomendó ante su hermano. Badía volvió entonces a España, donde se reunió con su familia a la que no había vuelto a ver desde 1801. En septiembre de 1809, José Bonaparte le nombró intendente de Segovia, y, en abril del año siguiente, fue nombrado prefecto de Córdoba. Desempeñó ambos cargos con gran distinción, introduciendo muchas reformas en la agricultura, la administración municipal y la educación. En Córdoba creó una Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, que llevó a cabo muchos proyectos de investigación bajo su mecenazgo.

La expulsión de los franceses de España acabó llevándose a Badía al exilio en Francia. En 1814, publicó la primera edición de sus viajes. Lo hizo en francés con el título de “Viajes de Alí Bey por África y Asia”. En su edición incluyó más de un centenar de mapas y láminas. Es una obra de arte en el sentido más amplio de la palabra, no solamente por su elaborada confección, sino por su documentado e ingente contenido. Cientos de exploradores, ya sea profesionales o aficionados, han recorrido sus huellas y los trayectos que lo consagraron como el probablemente más implicado y comprometido de los exploradores de todos los tiempos. Fue traducida al inglés, italiano y alemán. La primera edición en español tuvo que esperar hasta 1836.

En el país galo, ahora bajo el gobierno de Luis XVIII, la vida sonreía al viajero español, que recibió la nacionalidad francesa, fue nombrado mariscal y se hizo un hueco en la vida cultural y social de París. En 1815, y en el marco de la competencia colonial con Gran Bretaña, Badía propuso al gobierno francés peregrinar a La Meca para luego atravesar África de costa a costa. Badía recibió el visto bueno y partió en enero de 1818, haciéndose llamar Alí Abu Othman. En julio estaba en Damasco, donde cayó enfermo de disentería y murió en agosto, con 50 años de edad, cuando su rumbo le llevaba de nuevo a La Meca.

Durante su periodo francés, aunque acomodado, no dejó de ser un extranjero, aceptado y brillante, pero extranjero. Le hubiera gustado volver a España, pero le era imposible por la acusación de afrancesado, a pesar de que su colaboración con los franceses se debió a su deseo de obedecer a Carlos IV. Es lo que tienen los malos gobernantes.

Tuvo que pasar más de un siglo desde su muerte para que en España se le reconociese por su capacidad intelectual, sus análisis científicos, compendio de la ilustración, por su personalidad polifacética, por ser un viajero perspicaz ( el Lawrence de Arabia español, como ha dicho Bernard Durán en El debate),  y por su intrepidez, valentía y osadía como espía al servicio siempre fiel y leal a España.

BIBLIOGRAFÍA

BARBERÁ, Salvador.- “Alí-Bey, Viajes por Marruecos”, Ediciones B, 1997.

DURÁN, Bernard: https://www.eldebate.com/historia/20230916/domingo-badia-lawrence-arabia-espanol_139999.html

MESONERO ROMANOS, R. “ El Príncipe Alí Bey el Abbassi (D. Domingo Badía Leblich)”. En obras completas. Biblioteca de Autores españoles 1967.

RODRÍGUEZ, Javier. “Peregrino a la Meca”. Ed Jaguar. 1998.

RUSPOLI, Enrique. –“Memorias de Godoy: primera edición abreviada de memorias críticas y apologéticas para la historia del reinado del señor D. Carlos IV de Borbón”. La esfera de los libros.2008.

 

 

Batalla de Trafalgar

Hoy vamos a hablar de una derrota. Una de las más dolorosas de nuestra Historia. No es la primera vez que digo que la Historia de cualquier país no puede ser contada sólo desde las hazañas o las victorias, sin las derrotas no comprenderíamos por qué hoy somos lo que somos. La derrota en Trafalgar explica el porqué de nuestra situación actual mucho mejor de lo que pensamos.

El 21 de octubre de 1805, se produjo, en el cabo Trafalgar (Cádiz), el enfrentamiento naval de la flota hispano-francesa contra la flota británica.

Los historiadores la consideran como una de las batallas más importantes de las guerras napoleónicas.

Históricamente, las potencias emergentes europeas, Francia y, sobre todo, Gran Bretaña, buscaban hacerse con el control de las rutas comerciales del Imperio español, ya fuera en Asia y Oceanía, como, sobre todo, América. Esa pugna se desarrolló casi sin tregua entre los siglos XVIII y XIX. La magnifica Armada española, que se había modernizado durante el reinado de Carlos III, se había ido deteriorando por el paso del tiempo y la poca inversión que se produjo desde la llegada al trono de Carlos IV, debido esencialmente al esfuerzo económico militar que realizaron Francia y España en sus campañas terrestres para la conservación y expansión de los territorios de que ya disfrutaban-conservación por parte española, expansión por la francesa-. Lo que dejó nuestras arcas exhaustas. España se había asociado con Francia a través de los llamados pactos de familia, que pocos beneficios nos reportaron.

La rivalidad hispano-francesa contra Gran Bretaña se fraguó poco a poco. Los británicos sabían que su prosperidad provendría del aumento de su comercio y desde hacía tiempo hostigaban a los barcos españoles en las rutas americanas para intentar debilitar a nuestra flota, hacerse con el botín y progresar económicamente. Francia, por su parte, conocía que la fortaleza de su imperio estribaba en controlar el continente y, para eso, Gran Bretaña era un gran obstáculo.

Por tanto, entramos en una época histórica de avance y desarrollo técnico y comercial que generó amplias tensiones políticas entre las principales naciones europeas.

A la España volcada en las reformas durante el gobierno de Carlos III, momento de gran desarrollo y prosperidad, le siguió una España débil durante los gobiernos de Carlos IV. Este reinado se volvió más delicada aún tras la proclamación de la República Francesa.  La monárquica España debe decidir qué política seguir con ambas potencias porque el aliado tradicional francés (pactos de familia) es ahora hostil a nuestra forma de gobierno. Tras un primer intento de alianza con Inglaterra para combatir la Revolución, pasa a hacer equilibrios en política exterior procurando mantenerse neutral en medio de una gran inestabilidad internacional y de conflicto de intereses. Ante la presión revolucionaria y napoleónica, España optó por una alianza contra natura iniciada por el Tratado de San Ildefonso en 1796, y posteriormente con el de Aranjuez.

Inglaterra era fuerte en el mar e inaccesible por tierra. Francia era una fuerte potencia continental con un disciplinado y muy numeroso ejército. Cuando Napoleón pretende invadir Gran Bretaña obliga a España a convertirse en su alidada para evitar una agresión por su frontera sur y, además, porque era consciente de que la debilidad de la flota francesa requería de la Armada española para poder derrotar a Gran Bretaña.

Napoleón que era un gran estratega terrestre, no era un marino. Ideó un plan para invadir Gran Bretaña desde Calais, para eso ordenó una maniobra de distracción frente a la Armada británica, que se dio en distintos episodios a lo largo del Caribe y el Atlántico hasta culminar en Cádiz. La maniobra de distracción no tuvo éxito por cuanto Napoleón no contó ni con el viento, ni con la meteorología en el momento de idearla, ni con la reacción política y diplomática británica que se movilizó para buscar la Tercera coalición con Austria, Nápoles, Suecia y Rusia, ni con la reacción militar inglesa de bloquear diversos puertos franceses y españoles (Brest, Tolón y el Ferrol).

Las flotas francesa y española, bajo el mando del almirante Villeneuve, se reunieron y fondearon en Cádiz en el mes de agosto de 1805. Cádiz quedó bloqueado por una escuadra británica.

Villeneuve, que resultó una calamidad, dio la fatal orden de que el 20 de octubre la flota aliada saliera del refugio de la bahía de Cádiz, para, el 21 de octubre de 1805, enfrentarse a la Armada británica frente al cabo de Trafalgar. La composición de las fuerzas se distribuía así: la flota hispano francesa estaba formada por 33 buques de guerra, 15 españoles y 18 franceses. Contaban con 2.626 piezas de artillería y a bordo iban unos 27.000 hombres. La flota de Gran Bretaña, liderada por el vicealmirante inglés Horacio Nelson, estaba integrada por 27 naves, 2.148 piezas de artillería y 18.000 hombres.

La disposición de las flotas en el combate se asemejó, para mejor comprensión del lector, como si se tratara de un dibujo que representara un arco al que se arrima una flecha. En el arco estaba dispuestas las naves hispano-francesas, la flecha- que, en vez de una, se dispuso en dos columnas- era la flota británica. Esa punta de flecha atravesó la disposición naval hispano francesa, provocando la desorganización de la columna combinada, que quedó dividida en tres partes; el centro y la retaguardia expuestas al fuego enemigo y la vanguardia aislada del resto. Al frente de una de esas líneas de flecha, Nelson situó su propio barco, el Victory, y la segunda comandada por el almirante Collingwood, quien atacó por la retaguardia. Fue una táctica novedosa, muy arriesgada y muy valiente, que le costó la vida a Nelson, pero logró elevarle al olimpo de los marinos.

A pesar de la tenacidad de los marinos franceses y españoles, la superioridad británica en el uso de la artillería (mucho más moderna y eficaz) y de tácticas mejor estudiadas,  permitió a los británicos prevalecer. La Armada inglesa estaba mejor pertrechada, era más moderna y contaba con un más eficaz uso de la munición. Los españoles tenían una tropa, marinería, peor formada, pero con unos mandos mucho mejor adiestrados. Posiblemente, la formación de la los mandos de la Armada española fuera la mejor del mundo, pero de nada valió con el apoyo de una flota, la francesa, que, aunque puso ardor en la batalla, no dispuso del conocimiento táctico necesario. Villeneuve dirigía con suma rigidez y falta de conocimiento naval, lo que llevó a la derrota.

En medio de la feroz batalla, los mandos españoles destacaron por su valentía. Frente a la torpeza táctica de Villeneuve, el teniente general Federico Gravina, jefe de la flota española, mostró un gran arrojo y conocimiento militar a pesar de la adversidad. El brigadier Cosme Damián Churruca, al mando del navío “San Juan Nepomuceno”, no sólo luchó como un valiente, sino que estando mortalmente herido siguió dirigiendo su nave, sin ocuparse de su vida. El brigadier Dionisio Alcalá Galiano, comandante del navío “Bahama”, ferozmente resolutivo, heroico en su lucha hasta la muerte. El capitán de navío Francisco Alsedo, que mandaba el “Montañés”, resultó muerto en combate tras luchar con resolución, firmeza y gran valor.

Trafalgar fue un punto de inflexión en la Historia de la Humanidad y de España. Desde ella nuestra decadencia era  (¿es?) un hecho.

Como consecuencias directas del combate, podemos destacar que:

  • Francia perdió 12 navíos, reportó 2.218 muertos, 1.155 heridos y más de 500 prisioneros. España, por su parte, perdió 10 naves, tuvo 1.022 muertos, 1.383 heridos y unos 2.500 prisioneros. Gran Bretaña no perdió ningún buque, aunque tuvo que lamentar 449 muertos y 1.241 heridos. El vicealmirante Nelson murió por las heridas recibidas y se convirtió en uno de los héroes más importantes de la historia británica.
  • Napoleón no pudo concretar la invasión a Gran Bretaña, por lo que desvió su atención a sus rivales continentales, a las cuales derrotó en Ulm y en Austerlitz.
  • La flota británica quedó intacta y durante 1806 y 1807 protagonizó la conquista de la colonia neerlandesa del Cabo de Buena Esperanza y las llamadas invasiones inglesas del Rio de la Plata. El resultado de la batalla consolidó la supremacía de la marina de guerra británica y el inicio de su gran imperio y dominio de los mares durante todo el siglo XIX y parte del XX.
  • El debilitamiento de la flota española implicó que España no pudiera proteger debidamente sus colonias americanas. Iniciándose posteriormente los procesos de independencia. Asimismo, España perdió poder comercial y militar, lo que le llevó a un estado de debilidad que provocó la invasión napoleónica, y la Guerra de Independencia, donde, curiosamente, el apoyo exterior a España vino de la mano de los británicos. En el fondo nuestro país fue un escenario más del enfrentamiento entre Francia y Gran Bretaña por dominar el mundo.

Esta Batalla es una de las más destacadas en cuanto al conocimiento popular. No solo se recuerda en Londres ( Trafalgar Square- con la comuna dedicada a Nelson), sino también en numerosas ciudades españolas, al ser nuestro país el escenario de la sangrienta lucha. También se ha llevado este episodio al cine y a la literatura, sobresaliendo en este último ámbito “Trafalgar” (1873), la primera novela de los “Episodios Nacionales”, de Benito Pérez Galdós, y “Cabo Trafalgar” (2004), de Arturo Pérez-Reverte. Este talento literario es llamado a detallar lo acontecido allí por la trascendencia de una batalla que desde el principio tenía escrito en su destino que iba a ser una de las más dolorosas, sangrientas e incluso épicas de la historia de España.

“Un hombre tonto no es capaz de hacer en ningún momento de su vida los disparates que hacen a veces las naciones, dirigidas por centenares de hombres de talento”, escribió Galdós en este Episodio Nacional (no digamos nada cuando los dirigentes carecen de talento).

BIBLIOGRAFÍA.

AGUADO BLEYE, Pedro. “Historia de España” Espasa Calpe. 1956.

JOVER, ZAMORA, José María. “Características de la política exterior de España en el siglo XIX”. Marcial Pons. 1962.

PALACIO ATARD, Vicente. “La España del siglo XIX”. Ed. Espasa- Calpe. 1981.

PÉREZ GALDÓS, Benito. “Episodios nacionales”. Ed Aguilar. 1968.

 

 

ETA

Hoy traigo al blog la historia de la banda terrorista ETA. Evidentemente de manera muy resumida, imposible hacerlo de otro modo con la extensión de una entrada de blog. Como aclaraciones previas señalaré que, 1) no cito los nombres de los etarras, salvo algún caso excepcional. El motivo es sencillo: todos eran y son lo mismo. No merecen ser destacados. 2) Siento no haber encontrado en algún lugar el listado completo con los nombres de todas las víctimas. Hay nombres aquí y allá, en alguna de las Web que nombro aparecen muchos, pero no todos.

Según cuenta el libro “Las raíces de un cáncer”, de Gaizka Fernández Soldevilla y Santiago de Pablo. Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi y Libertad) – ETA- no nació un día concreto sino en una sucesión de citas de cafetería, en un periodo algo superior al medio año durante la primera mitad de 1959. Por poner un hito fundador, más que otra cosa, los primeros miembros de ETA eligieron la fecha del 31 de julio de 1959. Era el día en el que enviaron al lehendakari en el exilio, José Antonio Aguirre, una carta en la que le comunicaban la escisión de su grupo de las juventudes del PNV. El 31 de julio era el aniversario del PNV y, aún peor, el día de San Ignacio, parecía que ETA sonaba a una filial del PNV formada por alumnos de los jesuitas con ínfulas. Y algo de verdad había, no sólo porque «unos mueven el árbol y otros recogen las nueces» que dijo Arzallus, manteniendo que había una coincidencia de objetivos entre su partido (PNV) y ETA, sino porque, además,  la influencia de la Iglesia Vasca en el origen y protección de ETA fue esencial. “ETA nació en un seminario”, el libro de Álvaro Baeza, así lo atestigua. No es el único. La historia de lo que ocurrió en estos años no deja en buen lugar a la Iglesia vasca. Muchos fueron los sacerdotes del País Vasco que ayudaron, encubrieron y aplaudieron a los terroristas.

ETA en sus orígenes nace bajo la defensa del euskera, el etnicismo, el antiespañolismo y la independencia de los territorios que, según ellos, pertenecían a Euskadi: Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra (en España), Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa (en Francia).En “Las raíces de un cáncer” se señala que la banda terrorista nació, antes que como grupo armado, como un cuento fantasioso: “Los fundadores de ETA tenían una visión muy trascendente de sí mismos”, cuenta Fernández Soldevilla, responsable de Investigación del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco. “Cuando crearon ETA juraron sobre un ejemplar de Gudari que era la publicación de los combatientes nacionalistas vascos en la Guerra Civil. Juraron que ellos iban a ser sus herederos, que iban a coger su antorcha y a conseguir lo que los gudaris no consiguieron. Se veían a sí mismos como como héroes que estaban posando ante la historia. Se veían como el Che Guevara y Fidel Castro y querían crear sus mitos desde el principio, aunque fueran un grupúsculo sin ninguna importancia”.[1]

Su origen universitario, más vinculado al carlismo que a ningún proceso revolucionario, y forjado en ambientes pseudointelectuales franceses originó en aquellos primeros militantes un afán de protagonismo heroico, que no se compadecía con la realidad a la que conducían sus actos. En los primeros años se limitan a realizar pintadas, tirar pasquines o colocar pequeños artefactos. Su primera acción violenta de entidad ( se trata de la primera acción reconocida por ETA, porque con anterioridad, según datos el Ministerio del Interior y algunas fuentes vascas la primera víctima mortal de ETA fue la niña de 18 meses María Begoña Urroz Ibarrola, alcanzada por una bomba colocada el 28 de junio de 1960 en la estación de Amara, de San Sebastián), se produce el 18 de julio de 1961: el intento fallido de descarrilamiento de un tren ocupado por voluntarios franquistas que se dirigían a San Sebastián para celebrar el Alzamiento.

En 1962, en su primera asamblea, celebrada en Bayona (Francia) se presentan como “Movimiento Revolucionario Vasco de Liberación Nacional”. Allí se autodefinen como una organización clandestina revolucionaria que defiende la lucha armada como el medio de conseguir la independencia de Euskadi. Pero la reivindicación del uso de la violencia de manera más radical se produce en la V Asamblea (1966-67). En 1968, cuando tomaron la decisión de asesinar como modo de reivindicación nacional, eligieron a dos víctimas de la policía, con fama de duros represores franquistas: José Mª Junquera, policía jefe en Bilbao y Melitón Manzanas, de San Sebastián. Eran, en su lógica, dos víctimas perfectas para sus intenciones propagandistas de lucha contra la opresión franquista. Sin embargo, no eligieron bien al asesino. Este fue Txabi Etxebarrieta, inestable y bajo los efectos de centraminas, que la víspera del atentado previsto, mató a un guardia civil de tráfico, santanderino, con novia y amigos en el país vasco, que no tenía enemigos, ni formaba parte de ningún escuadrón al que acusar de torturas. Este error, destruía la narrativa prevista y les obligó a construir un nuevo relato con el que justificar lo que no dejaba de ser un simple asesinato.

Aquellos asesinatos y otras acciones deleznables dieron origen al proceso de Burgos. Juicio sumarísimo celebrado por un tribunal militar contra 16 miembros de ETA – 2 de ellos religiosos,  que se inició en Burgos el 3 de diciembre de 1970. El Régimen pretendía dar un golpe de autoridad, que no le salió bien. En vez de haberlo planteado como un juicio penal ordinario no sólo mucho más acorde con el sentir popular nacional e internacional sino también con el imperio de la ley, lo planteó bajo el código militar creando una imagen de juicio político y de indefensión de los terroristas. Hasta la Iglesia utilizó todos sus resortes y contactos para que el caso tuviera la máxima audiencia posible, creando una pequeña revolución, como señala Pedro Ontoso, en su libro “ETA, yo te absuelvo”.

Tras una semana de juicio, la sala militar confirmó nueve condenas de muerte para seis acusados. Y más de 500 años de cárcel para el resto. Debido a las presiones internacionales (incluida la Santa Sede), el Consejo de ministros conmutó las condenas capitales por penas de cárcel.

La reacción de ETA fue incrementar sus atentados. Así entre los cometidos en los años 70 destaca por su trascendencia el asesinato del presidente del Gobierno, el Almirante Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973. En 1974, se produjo el primer atentado masivo : explosión de un artefacto en la cafetería Rolando de Madrid, con un resultado de 12 muertos y 80 heridos. La cafetería estaba situada junto a la Dirección General de Seguridad, ese fue su “pecado”, y si no hubiera sido ese, hubieran elegido cualquier otro para causar terror, su objetivo.

El debate interno sobre este atentado masivo provoca la primera escisión importante en la organización: los “milis” de ETA militar, más violentos, se desmarcan de los “polimilis” de ETA político militar. En 1982, ETA político militar se disuelve. Son los primeros arrepentidos. No hubo muchos arrepentidos más; ETA militar no lo consistió, ejemplo significativo fue la dureza con la que trató a Dolores González Cataraín “Yoyes”, la primera mujer dirigente de ETA, que abandonó la organización en 1980 por su desacuerdo con la línea dura. Fue asesinada en Ordizia, el 10 de septiembre de 1986 mientras paseaba con su hijo. Yoyes fue uno de los miembros de ETA más buscados durante los años 70, se había instalado en San Sebastián en 1985, tras 11 años de exilio en México. Ella misma vaticinó su asesinato: “Tengo la firme convicción de que mi seguridad personal no peligra por el lado de las fuerzas de seguridad españolas […] Por tanto, afirmo que la responsabilidad de mi muerte corresponde a ETA”, dejó escrito en su diario.

Toda la propaganda de lucha contra el franquismo y la dictadura se vino abajo y dejó ver la auténtica cara de ETA cuando ya muerto Franco y con la democracia en ciernes, a finales de los 70, sus atentados fueron especialmente violentos, indiscriminados y se cobraron miles de vidas. La amnistía decretada el 15 de octubre de 1977 afecta a los presos etarras encarcelados durante la dictadura franquista. De nada sirvió aquella ley para apaciguar a los asesinos. 1979 y 1980 fueron los años con mayor número de atentados y de víctimas, casi 100 cada año.

Destaca, en 1979 el atentado con bombas en dos estaciones de trenes de Madrid. Mueren ocho personas. En la década de los 80, ETA recrudece sus acciones y los atentados masivos e indiscriminados atemorizan y castigan a la sociedad española como no lo había hecho hasta entonces. El 9 marzo de 1980 hubo elecciones en Euskadi, las primeras al Parlamento autonómico, que ganaría el Partido Nacionalista Vasco. “ETA mató hasta el 20 de febrero y reanudó las actividades el 18 de marzo. Ésa fue toda su tregua. El año de más muerte de su historia fue el mismo año en que Euskadi recuperaba de manera ejecutiva su capacidad de autogobierno [2]”. En julio de 1986, 12 agentes de la Guardia Civil mueren al explosionar un coche bomba en la Plaza de la República Dominicana de Madrid. En junio de 1987, 21 inocentes ciudadanos, hombres, mujeres y niños, pierden la vida por un coche bomba que ETA instaló en el Hipercor de Barcelona, otras 45 personas sufrieron heridas de diversa consideración, muchas irreversibles y con secuelas para toda la vida. El 11 de diciembre 1987, un coche bomba con 250 kilos de explosivos hacía explosión frente a la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, dejando un balance de 11 muertos ( entre ellos 5 niños) y 40 heridos.

La llegada del Gobierno socialista condujo a la creación de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), injustificable en un estado democrático. Fue un tipo de antiterrorismo ilícito, parapolicial. Juzgado y condenado. Pero también dio lugar a que, por primera vez, el 23 de septiembre de 1984, Francia colaborara con España en la lucha contra el terrorismo, con la concesión de la extradición de tres miembros de ETA. Francia siempre fue el santuario en el que se refugió ETA. Fueron años de éxito policial a pesar de los errores.

En 1987, se da un importante paso en la lucha contra el terrorismo de ETA: se firma el Acuerdo de Madrid sobre Terrorismo o Pacto de Madrid. En el Congreso de los diputados se firma un acuerdo, el 5 de noviembre de 1987 para coordinar y poner fin a la violencia de la organización terrorista ETA. El acuerdo fue firmado por la mayoría de los grupos parlamentarios presentes en la cámara: PSOE, Alianza popular, UCD, Convergencia i Unió, PNV, Partido Demócrata Popular, Partido Liberal, PCE y Euskadiko Ezquerra. En 1988, se firmaría en Pacto de Ajuria Enea y el Pacto de navarra, en ambas comunidades autónomas, con un contenido y objetivos similares.

En 1989, ETA y el Gobierno de González intentan dialogar y acercar sus posturas en las conversaciones de Argel. Eta retomó las armas tras la ruptura del diálogo.

El 29 de marzo de 1992, pocos meses antes de la Expo’ 92 y de los Juegos Olímpicos de Barcelona, se produjo una de las mayores operaciones contra ETA. Un trabajo encomiable de la Guardia Civil en colaboración con la policía francesa logró la detención de la dirección de la banda terrorista en la localidad francesa de Bidart. Esta actuación policial provocó la mayor crisis registrada hasta entonces en el seno de la banda criminal. El golpe de Bidart obligó a ETA a recomponer su dirección, reorganizar su entramado civil y extremar las medidas de seguridad. Ante esta situación, el 11 de julio de ese mismo año, la nueva dirección de ETA propuso una nueva negociación. Pero el diálogo no se materializaría en nada y, el 21 de junio de 1993, ETA vuelve a atentar contra seis militares en Madrid.

En aquel momento, ante el descabezamiento de la cúpula etarra,  la violencia callejera de diversa intensidad se convirtió en el arma más usada por los terroristas,  los grupos de jóvenes, como Jarrai, Haika y Segi alentaron la denominada «Kale borroka» o terrorismo callejero. Causaron destrozos por las calles, amenazaron y coaccionaron a ciudadanos, políticos y profesionales de todos los estamentos. Y esta manera de actuar se exportó a movilizaciones de grupos radicales fuera del País Vasco, normalmente en Madrid y Barcelona. El declive de la Kale borroka se debió a un cambio de legislación que trató a los alteradores como terroristas y así fueron juzgados, a la lucha policial y al poco apoyo social.

Pero los actos terroristas siguieron adelante. El 29 de mayo de 1991, atentaron con un coche bomba contra cuartel de la Guardia Civil en Vic (Barcelona), en el que mueren 10 personas. En 1995, estalla un coche bomba al paso de un furgón militar en Vallecas (Madrid).
Mueren seis civiles que trabajaban para la Armada.

Además de las bombas, los etarras buscaban otras formas de presión al gobierno y por ello realizaron algunos de los secuestros y asesinatos más salvajes de la historia de la humanidad. El secuestro más largo de ETA ha sido el del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, secuestrado el 17 de enero de 1996 y liberado por la Guardia Civil el 1 de julio de 1997 tras 532 días de cautiverio. Entre los secuestros políticos se encuentra el intento, el 3 de julio de 1979, de secuestrar a Gabriel Cisneros Laborda, diputado de UCD y uno de los padres de la constitución. Intentaron secuestrarle en las puertas de su casa en Madrid; consiguió salir corriendo, pero le dispararon causándole unas heridas, que, si bien no le mataron en aquel momento, le provocaron daños cuya consecuencia fue su muerte tiempo después. El que cometió aquel intento de secuestro y asesinato fue Arnaldo Otegui, según narraba el propio Cisneros.

Asimismo, debemos recordar el secuestro de Javier Rupérez. Secretario de Relaciones Exteriores del partido UCD, el 11 de noviembre de 1979 fue secuestrado durante 31 días. Los etarras pretendían la liberación de varios presos. No lo lograron.

Pero sin duda, el secuestro político más bárbaro cometido por ETA para chantajear al gobierno aconteció el 10 de julio de 1997, al secuestrar a Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en la localidad vizcaína de Ermua. Querían que el Gobierno de Aznar cediera en su política de dispersión de etarras por diversas cárceles del España- política que había iniciado el PSOE siendo ministro de Justicia Enrique Múgica Herzog. Esta política causó gran daño a los etarras, pero le costó la vida, también asesinado, al hermano del ministro, Fernando Múgica ( 6 de febrero de 1996)-. 48 horas después de su secuestro y dado que el gobierno de Aznar no cedió al chantaje, los secuestradores y torturadores de ETA, pegaron un tiro en la nuca a Miguel Ángel Blanco que llegó al hospital en estado de muerte cerebral, y falleció el día 13 de julio.

El mismo Aznar es víctima de ETA. El 19 de abril de 1995 la banda terrorista le intentó matar haciendo estallar una bomba a su paso. Aznar salió ileso gracias al blindaje del coche que llevaba, pero Margarita González, de 69 años y ama de casa, quedó sepultada entre los escombros de su hogar, cercano al lugar de la explosión, y murió posteriormente en el hospital. La acción contra miembros del PP se había recrudecido desde su prevista llegada al Gobierno. En enero de 1995 asesinaron a Gregorio Ordoñez y en los años posteriores 12 concejales más del PP fueron asesinados. Aznar no cedió al chantaje, aunque tuvo contactos para la rendición de ETA, como habían hecho todos los gobiernos. Una rendición sin condiciones, que no se dio. Diferente fue la negociación que inició el Gobierno de Zapatero en la que dio alas a los asesinos cuando ETA ya estaba muerta por las acciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y por la entereza del pueblo español. En medio de negociación del Gobierno, que esperaba una tregua, se produjo un atentado en el aeropuerto de Barajas, en 2006 donde mueren dos personas. El 7 de marzo de 2008, era asesinado el último concejal socialista que falleció a manos de ETA, Isaías Carrasco. El 30 de julio de 2009, hizo explosión un artefacto-lapa colocado en los bajos de un coche patrulla de la Guardia Civil estacionado en las inmediaciones del Acuartelamiento del Cuerpo de Palmanova (Mallorca) y resultaron muertos los Guardias Civiles Carlos Sáenz de Tejada García y Diego Salva Lezaun, quienes serían las últimas víctimas mortales de atentados de la banda terrorista ETA en España.

Durante 42 años de crueles atentados, ETA asesinó 864 ciudadanos entre los que se encuentran civiles, políticos, miembros de la judicatura, ertzainas, policías. Ellos que pregonaban que luchaban contra la dictadura franquista, mataron a 43 personas entre 1968 y 1975, el resto de los fallecidos se produjeron en democracia. Entre los heridos han logrado ser reconocidos como afectados por gran invalidez, incapacidad permanente, incapacidad parcial o lesiones permanente un total de 1.076 víctimas. Si a eso unimos los que han tenido o tienen lesiones psicológicas, los que han visto destruido su patrimonio, los que tuvieron o tienen lesiones por secuestro el resultado se eleva a 2.123, según el informe del defensor del Pueblo de 2016. También deberíamos contar a todos los ciudadanos que por culpa de la violencia tuvieron que abandonar el País Vasco e instalarse en otros lugares de España.

Además, como señala el informe del defensor del pueblo (https://www.defensordelpueblo.es/wp-content/uploads/2016/12/VictimasETA.pdf) quedan al menos 377 asesinatos de ETA que no han sido resueltos por la Justicia, bien sea porque el delito ha prescrito, por falta de pruebas, por cuestiones burocráticas, negligencias judiciales o por la aplicación de la Ley de Amnistía de 1977.

A pesar del elevado número de víctimas, fueron muchos los éxitos policiales contra ETA; además de las muchas vidas de civiles que salvaron las fuerzas policiales, destacaremos los dos atentados frustrados contra el rey Juan Carlos. Uno de ellos con granadas preparadas cuando iba a inaugurar el museo Chillida en el País Vasco. Asimismo, en octubre de 1997, la banda terrorista intentó colocar tres maceteros con doce granadas para ser lanzadas durante la inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao. El ertzaina Txema Agirre les dio el alto, pero su valentía le costó la vida, como a tantos y tantos valientes servidores del Estado.

En el siguiente enlace del ministerio del Interior se pueden ver algunos de los grandes éxitos policiales tanto de la policía Nacional como de la Guardia civil de aquella lucha de las fuerzas del estado contra los asesinos de ETA. Y quizá más significativas sean las Web de los dos Cuerpos, que también acompaño.

https://www.interior.gob.es/opencms/pdf/prensa/balances-e-informes/2001/Actividad-Antiterrorista.pdf

https://www.policia.es/_es/tupolicia_memorial_timeline_victimas.php

https://www.guardiacivil.es/es/institucional/actividadesInstitucionales/actos/07_30.html#:~:text=Durante%2042%20a%C3%B1os%20de%20crueles,militares%20y%20210%20guardias%20civiles.

No podríamos terminar esta entrada sin señalar el porqué de que ETA se mantuviera tanto tiempo en activo. La maquinaria criminal de ETA requería de importantes cantidades de dinero para costear el material necesario para sus actividades, mantener su infraestructura y apoyar tanto a los etarras liberados como a sus miembros deportados, refugiados o huidos. Incluso para apoyar a los encarcelados, muchos de ellos con tendencias suicidas. Para ello, necesitaba 15 millones de pesetas diarios y más de 5.400 anuales, según un informe de la Ertzaintza conocido en 1996.

En sus inicios, la banda terrorista consiguió financiarse mediante: 1) atracos a entidades bancarias, técnica que fue abandonando progresivamente, 2)por la extorsión; 3) secuestros a empresarios, y 4) también iniciaron actividades “empresariales” propias con las que financiarse (ETA logró un entramado empresarial y financiero que extendía sus ramas hasta cuba, panamá, Venezuela y cabo verde. Existía una red de empresas paralelas de la Koordinadora Abertzale Socialista (KAS) que financiaba a ETA).

Los métodos de extorsión se basaban en el cobro del llamado por ETA “impuesto revolucionario”, para ello enviaban cartas amenazantes a empresarios, mayoritariamente vascos, pero no exclusivamente vascos, en las que se exigía el pago de una determinada cantidad de dinero a cambio de que su patrimonio e incluso su integridad física no corrieran peligro. Cartas que iban cifradas, de manera que si alguna se filtraba a la prensa ETA conocería al extorsionado “chivato”.  Aunque muchos amenazados denunciaron estas prácticas mafiosas, es difícil determinar cuántos realmente pagaron por salvar su vida, ante el terror psicológico impuesto por la banda terrorista, que llegó a aplicar “intereses de demora” a quienes que se retrasaban en el pago. En marzo de 2011 la banda anunciaba a los empresarios que cancelaba su extorsión, mediante una carta al presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra.

Otro medio de financiación ejercido por ETA fueron los secuestros A lo largo de su historia, ETA secuestró a 77 personas. Algunas fueron liberadas tras el pago de los rescates o gracias a la intervención de la Fuerzas de Seguridad. Otras fueron asesinadas por los terroristas. El primer secuestrado fue el cónsul alemán Eugenio Behil. En ocasiones los secuestros se sucedían, así mientras estaba secuestrado José maría Aldaya ( 342 días secuestrado), ETA secuestro a Ortega Lara, y el mismo día de la liberación de éste, la banda terrorista había puesto en libertad a Cosme Delclaux, tras 233 días de secuestro. Otros secuestros destacados por su duración fueron los del empresario Emiliano Revilla, 249 días.  Los del empresario Julio Iglesias Zamora (116 días), – no confundir con Julio Iglesias Puga, padre del cantante Julio Iglesias , que también fue secuestrado por ETA-.El empresario Luis Súñer. 91 días.  O los ingenieros Adolfo Villoslada. 85 días y Diego Prado y Colón de Carvajal. 73 días.

Entre las operaciones policiales exitosas para desmantelar el entramado financiero de ETA podemos destacar , la operación Sokoa, en 1986. En ella la policía francesa reveló que, entre 1980 y 1986,  ETA había ingresado cerca de 1.200 millones de pesetas mediante el chantaje empresarios. En 1992, la operación Easo logró desmantelar el intento de cobro de 400 millones de pesetas a una veintena de empresarios. En 1993, se detuvo en París al responsable del aparato financiero de ETA. En 1998, y 2000 se propinaron sendos golpes al entramado financiero de ETA en Iberoamérica. En mayo de 2002, se logró documentar y confirmar que las “herriko tabernas” funcionaron durante años como centros de recaudación del “impuesto revolucionario”. En 2006, la investigación de la policía francesa y española detuvo a los etarras responsables de recaudar, durante más de 20 años, el “impuesto revolucionario”.

Además, evidentemente, ETA se mantuvo tantos años en acción por el apoyo y colaboración de amplios sectores de la sociedad vasca. Entre los que se encuentra en un lugar destacado el periódico Egin, que daba los comunicados de ETA e informaba de los que la banda terrorista quería informar o desinformar.

Asimismo, existía un “brazo político”, Herri Batasuna (HB), que surgió en 1978 y se registró como partido político en 1986. En 2001, se escindió en dos: Batasuna y Aralar (tenía los mismos principios, pero rechazaba la lucha armada). En 2003 el Tribunal supremo en aplicación de la Ley de Partidos resolvió por unanimidad la ilegalización de HB, de Euskal Herritarrok y de Batasuna. En 2017, se disuelva Aralar. Surgieron otros partidos proetárras entre ellos Euskal Herria Bildu (EH Bildu) que en 2014 se inscribió como federación de partidos en el Ministerio del Interior. En 2017, se refundió para crear partido único y no una federación de partidos, Arnaldo Otegi, aquel al que Gabriel Cisneros identificaba como individuo que le disparó, fue elegido Coordinador general. Bildu se considera heredero de la ilegalizada Batasuna.

BIBLIOGRAFIA

BAEZA , Álvaro. “ETA nació en un seminario”. ABL, editor. 1995.

Espada, Arcadi. Artículo publicado en El País:

https://www1.udel.edu/leipzig/270500/elb270800.htm

FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, G Y DE PABLO, S. “Las raíces de un cáncer”. Ed Tecnos. 2024.

ONTOSO, Pedro “ETA, yo te absuelvo”. 2020. Ediciones Beta III. Milenio, S.L.

El Mundo.” La dictadura del terror”. https://www.elmundo.es/eta/historia/

Webs del Ministerio de Interior, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional y del Defensor del Pueblo

[1] Las raíces de un cáncer, de Gaizka Fernández Soldevilla y Santiago de Pablo (Tecnos)

[2] Arcadi Espada. Artículo publicado en El País. https://www1.udel.edu/leipzig/270500/elb270800.htm

TERESA CABARRÚS GALABERT

En esta semana que conmemoramos el levantamiento del pueblo español contra los franceses, traigo a colación a una heroína española durante la Revolución Francesa. Muchas veces hemos hablado de heroínas, pero pocas con una vida tan peculiar como la que tratamos hoy: “Teresa Cabarrús”. Su heroicidad se dio en los tempos del “Terror” republicano francés, salvando miles de vidas.

Teresa nació en Madrid en 1773, en Carabanchel- por entonces lugar de veraneo y recreo de las elites madrileñas-. Su nombre completo era Juana María Ignacia Teresa Cabarrús Galabert, era hija de un comerciante francés, nacido en Bayona, pero que vivió toda su vida en España, Francisco Cabarrús.

Aquel francés, casado con una valenciana, Antonia Galabert,  poseía grandes cualidades para las finanzas y una visión modernizadora de la sociedad que en aquel momento iba ligada a la ilustración, lo que le granjeó la amistad de Jovellanos, Campomanes, Floridablanca y Aranda durante los reinados de Carlos III y Carlos IV.

En 1782 proyectó el Banco de San Carlos (del que fue director), que con el tiempo se convirtió en el Banco de España. También creó la real Compañía de Filipinas e inició el Canal Cabarrús- hoy Canal de Isabel II-. Se interesó en hacer navegable el río Llobregat en Barcelona, lo que dio impulso económico a la zona. Además de financiero fue diplomático y, en 1789, Carlos IV le otorgó el título de conde de Cabarrús, con grandeza de España. Fue ministro de Hacienda con José Bonaparte, como afrancesado que era, y falleció en Sevilla en 1810.

A su hija, Teresa, para evitar un matrimonio inoportuno, la envió a estudiar a Francia, cuando la niña contaba con 12 años.

Teresa recibió una buena educación. Alegre, simpática, ingeniosa y lista. Con facilidad de palabra, don de gentes y muy guapa tenía todos los elementos para destacar, lo que le gustaba sobre manera, y destacó, vaya si lo hizo, en especial en asuntos del corazón.

A los 15 años, en 1788- un año antes del estallido de la revolución francesa- se casó con Jean Jacques Devin, consejero del Parlamento y futuro marqués de Fontenay. Su primer hijo nace el 2 de mayo de 1789. En los fastuosos salones de su palacete parisino, Teresa Cabarrús brillaba en las fiestas, y se rodeaba de lo más granado de la política moderada. Ideológicamente, al principio de la Revolución fue como su padre, una progresista que creía en la Revolución. Pero cuando ésta adquirió determinados tintes sangrientos y se encontró con que familiares suyos, amigos y gente que conocía estaba sufriendo, sus posiciones cambiaron.

El régimen del Terror está considerado como la primera dictadura instaurada en Europa. El absolutismo monárquico anterior tenía tintes diferentes, paternalistas, absolutistas, pero no totalitarios. El Terror se acaba definiendo por las masacres y la persecución de todas aquellas personas y medidas consideradas como antirrevolucionarias, fue una caza de brujas. Teresa siempre se movió sobre una cuerda floja. “Fue una de las pocas mujeres que intervinieron activamente en la política revolucionaria y que vivió lo suficiente para contarlo, subraya la historiadora Carmen Iglesias. Muchas de los aristócratas horrorizados con Robespierre, fueron encarceladas.

Robespierre, procedente del club de los Jacobinos y líder de la “Montaña, quería acabar con los girondinos, más moderados, menos a la izquierda, y con los que se habían aliado las provincias sublevadas que protestaban contra la radicalización de la revolución y la violencia. La vigilancia se había vuelto extrema, las ventas de las propiedades confiscadas se dispararon y las matanzas de los considerados contrarrevolucionarios alcanzaron cifras impensables. Víctimas de la Revolución, el 21 de enero de 1793 el rey fue guillotinado y nueve meses después, mataban a María Antonieta.

La vida en París se tornaba cada día más asfixiante. Los Fontenay se trasladaron a Burdeos: él, como escala hacia la Martinica; ella, para quedarse. Le parecía buen sitio, suficientemente lejos del peligro parisino y más cerca de España. Y un refugio donde sentirse una ciudadana más. Aprovechando la reciente ley del divorcio,  se divorciaron en 1793; Teresa contaba con 20 años de edad.

En Burdeos se instaló al mando del gobierno el extremista Jean-Lambert Tallien. Se iniciaron ejecuciones por guillotina en la plaza a imagen y semejanza de la de la parisina plaza de la Revolución. Los primeros en probarla fueron los simpatizantes girondinos del Consejo Municipal, cuyas riquezas fueron a parar en parte al Estado y en parte a Tallien. Se creó un Comité de Vigilancia y un tribunal revolucionario, y se amplió la lista de sospechosos, que afectaba a Cabarrús por partida triple: por haber ido a un lugar federalista huyendo de París, por exmarquesa y por esposa (pese al divorcio) de un emigrado.

La consecuencia lógica fue que Teresa acabó en prisión. A través de diferentes circunstancias, Tallien conoció y se enamoró de Cabarrús, la liberó y se hicieron amantes. Teresa, se mudó a la casa “ocupada” por Tallien, el hôtel Franklin, un oasis de lujo en medio de la penuria y el horror. Allí recibía a los ciudadanos en lo que alguno ha denominado “gabinete de favores”; conocía de las penurias ciudadanas y, sobre todo, de las súplicas de los familiares de los arrestados. Ejerció de intercesora ante Tallien y logró la reducción drástica de los condenados a muerte. Entre diciembre de 1793 y marzo de 1794, el número de ejecuciones se redujo a casi la mitad. “Desde hace varios meses, no me he acostado una noche sin haber salvado alguna vida”, reconocería. Si bien Tallien aceptaba dádivas a cambio de perdonar a sus víctimas, a ella le movía la compasión. Asimismo,  a instancias suyas, se disolvió el Comité de Vigilancia. Pasó a ser conocida como “el ángel de Burdeos” o “Nuestra Señora del Buen Socorro”.

Robespierre, tenía espías siguiéndola con la intención de lograr detener a Tallien. Siendo conocedor de su actividad, encarceló a Teresa en la cárcel de la Force, donde conoció y se hizo muy amiga de Josefina Rosa Beauharnais, futura Josefina Bonaparte. Era mayo de 1794.

Tallien no podía ayudarla, al menos públicamente, y la repudió: “No deseo interferir de ningún modo. Las autoridades que arrestaron a estas personas tienen sus razones. Se apresurarán a impartir la justicia que ellas merecen. Un representante del pueblo traicionaría su deber y mancillaría su carácter si interviniese en defensa de sospechosos”.

Por entonces, el Terror mostraba su punto álgido, 7.800 presos se hacinaban en las cárceles de París; una ley que negaba el derecho a abogado y solo dejaba dos alternativas: absolución o muerte. Con una media de sesenta ejecuciones al día, los ciudadanos no podían soportar la situación. El Terror cada día tenía más enemigos.

La situación de Teresa esa desesperada y sabía que, a pesar de todo, sólo Tallien podría ayudarla.

Se cuenta que desde la cárcel escribió a Tallien con el siguiente mensaje: “Mañana compareceré ante el tribunal, es decir, subiré al cadalso”.Se parece muy poco al sueño que he tenido esta noche pasada: Robespierre ya no existía y las cárceles estaban abiertas de par en par. Pero gracias a tu cobardía, no habrá nadie en toda Francia capaz de realizar mi sueño”. Es muy poco probable que escribiera y, sobre todo, lograra enviar esta carta, por cuanto la seguridad de la prisión, lógicamente, lo hubiera impedido. Pero el romanticismo de la época así lo ha recogido y para un sector de la población está fue la realidad.

Con carta o sin ella, Tallien, expulsado del Club de los Jacobinos, preparó el derrocamiento de Robespierre junto a otros conjurados, como Fouché, responsable de incontables muertes en Lyon, y Barras, de otras tantas en Marsella y Tolón. Robespierre los acusó de hacerse con la riqueza de la República, pero a su favor constaban las victorias francesas frente a la coalición europea y el creciente rechazo popular al Terror.

Tallien logró en la Asamblea gracias a sus vibrantes discursos granjearse el favor de la mayoría y ser nombrado presidente de la misma. Allí, en una de sus más célebres intervenciones, interrumpiendo el discurso de Louis Antoine de Saint-Just, mano derecha de Robespierre, y exigiendo que se dijera quiénes eran los culpables, señaló: “Ayer, un miembro del gobierno [Robespierre] se aisló él mismo, pronunciando por su cuenta un discurso; hoy, otro hace lo mismo. Intentan precipitar al país al abismo. Pido que se descorra completamente el velo”.

Robespierre se percató de la maniobra e intentó hablar, pero las voces clamando “¡Abajo el tirano!”, acallaron la suya. Tallien volvió a adelantársele, y desde el estrado exhibió su daga y le llamó déspota y traidor: “Ayer vi formarse el ejército de Cromwell [haciendo referencia a la conjura que trajo la república a Inglaterra en 1653], y me armó con una daga para clavarla en su pecho si la Convención tenía la valentía de acusarlo”. El levantamiento en la Asamblea y en París obligó a Robespierre a abandonar la sala y se refugió en el Hôtel de Ville. Cuando los soldados entraron a por él, intentó suicidarse pegándose un tiro, pero se fracturó la mandíbula. El golpe de Estado había triunfado. Era el 9 de Termidor (27 de julio de 1794), que supuso la ejecución de Robespierre en la guillotina. El Terror se había acabado, y Teresa recibía un apodo más: “Nuestra Señora de Termidor”.

En diciembre de ese mismo año, Teresa Cabarrús se casó con Tallien.

El periodo que le sucedió, el Directorio, fue un momento dulce para Teresa, cuya popularidad crecía al ritmo que menguaba la de su marido. Ante el previo pavor, la sociedad parisina había respondido con una explosión de alegría y desenfreno que también encontró su reacción desde el punto de vista estético. Se puso de moda el atuendo de estilo grecolatino, de talle alto y elaborado con tejidos blancos y casi transparentes como la muselina. La moda era llevarlos mojados, para conseguir un efecto más pegado al cuerpo, lo que era considerado por muchos como indecente e intolerable. Una de las lideresas de este estilo fue Teresa Cabarrús, que llevaba vestidos con amplias aperturas y sandalias con anillos en los dedos de los pies. Asimismo, la joyería de madame Tallien era famosa y envidiada. Posiblemente la pieza más llamativa que llevó fue un brazalete con forma de serpiente de oro, esmaltada, con una cabeza cortada a partir de una esmeralda gigante. Volvieron las grandes fiestas y volvió a ejercer de anfitriona para políticos y militares como el joven Bonaparte. Josefina era una invitada asidua en casa de Teresa, allí conoció a Napoleón. En este periodo nació la segunda hija de Teresa, bautizada como Josefina en honor a su amiga, de la que era ahijada.

Sin embargo, sus excentricidades en el vestir, la caída en popularidad de su marido y las ganas de olvidar momentos pasados y diferenciarse de ellos, hicieron que Napoleón, casado ya con Josefina, prohibiera a ésta volver a ver a Teresa.

La desaprobación pública de Teresa creció: sus atuendos, antes imitados, ahora eran objeto de crítica por su transparencia. Tampoco su matrimonio con Tallien llevaba buen camino y volvió a divorciarse, lo que, en aquel momento, no está bien visto.

Con su belleza aún esplendorosa, se casa por tercera vez. En esta ocasión con François-Joseph-Philippe de Riquet, conde de Caraman y príncipe de Chimay, con el que tuvo otros tres hijos. Se refugió en la familia, la beneficencia y la música. No quería por lo más mínimo perjudicar la carrera política tanto de su marido y la vida de sus hijos. Desapareció de la vida pública y se instaló en Chimay, donde se hizo querer por su mecenazgo, particularmente de la música, sus obras de caridad. En honor de su esposa, el príncipe hace construir en Chimay un asilo de ancianos y un hospicio para niños pobres y un teatro, que aún hoy sigue siendo foro de importantes conciertos.

Teresa falleció rodeada de los suyos, en 1835.

Sin embargo, su amor por la moda fue heredado por sus descendientes, especialmente famosa fue su bisnieta, la condesa Greffulhe, famosa por su estilo en el vestir y por ser la musa de Marcel Proust.

Su padre fue un gran financiero y político; sus maridos, hijos, nietos y bisnietos, personas destacadas de la sociedad, como lo fue ella misma. Pero nadie debe olvidar el papel de la española Teresa Cabarrús como ángel salvador de miles de personas y contribuyó a la caída de la dictadura del «Terror» de Robespierre durante la Revolución Francesa.

BIBLIOGRAFÍA

DIAZ-PLAJA, Fernando. “Teresa Cabarrús. Una española en los destinos de la Revolución Francesa”. Ed Olimpo. 1943.

POSADAS, Carmen. “La cinta roja”. Editorial Espasa. 2008.[novela]

Religiónenlibertad.com . “Una española en la Revolución Francesa: Teresa de Cabarrús. “Notre Dame du Bon Secours””. Enero de 2016.