El Eurocomunismo

Sabemos que el comunismo desde Marx ha sufrido diversas transformaciones, casi siempre unidas a ciertos fracasos. Una de esas transformaciones fue el llamado eurocomunismo.

Se conoce como “ eurocomunismo” a la ideología que se inserta en los partidos comunistas de Europa occidental, sobre todo, a partir de la invasión de Checoslovaquia por parte de las fuerzas del Pacto de Varsovia en 1968, poniendo fin a lo que se llamó “comunismo de rostro humano” o “ Primavera de Praga”, originada por la teoría de Brézhnev de la “soberanía limitada” ( aunque la teoría es realmente originaria de Suslov). La doctrina Brézhnev o “doctrina de la soberanía limitada” marcó la política exterior de la Unión Soviética en un intento de evitar la democratización o independencia en países socialistas, mediante la intervención militar.  Tal doctrina consideraba el bloque del Este como un todo en el que los países de la Europa oriental no eran independientes. «La URSS no puede ser, ni será jamás, indiferente al destino de la edificación del socialismo en otros países hermanos; tampoco lo será con relación a la causa del socialismo mundial». Trataba así de justificar una intervención del Pacto de Varsovia en cualquier país del bloque oriental que se alejara de los dictados de ”Moscú» y se acercara al capitalismo de Estados Unidos (Seguro que más de un lector se ha acordado de Putin y la intervención en Ucrania).

Esa acción de invasión de Checoslovaquia fue condenada en el oeste europeo, lo que fuerza, de algún modo, a los partidos comunistas del mundo occidental a pronunciarse ante sus respectivas sociedades, sobre la condena o no del sometimiento de los derechos ciudadanos checoslovacos, pisoteados por los tanques soviéticos. Esa situación obliga a los partidos comunistas más importantes de occidente, italiano y francés, a condenar la invasión; explícitamente, los primeros y, con ciertos matices, los segundos.

Son, por lo tanto, los secretarios generales de los partidos comunistas de Francia e Italia, Marchais y Berlinguer, quienes dan consistencia política al eurocomunismo; añadiéndoseles inmediatamente, Santiago Carrillo. Hay que estimar, por lo dicho, que el Eurocomunismo estará siempre unido a esas tres figuras:  Marchais, Berlinguer y Carrillo. Más en los dos segundos que en el primero, que siempre fue más renuente a condenar el comunismo ortodoxo soviético.

Es obvio, sin embargo, que, si bien el concepto eurocomunismo irá ligado a las personas citadas, incluso una de ellas, Santiago Carrillo, escribió un libro bajo ese título- Eurocomunismo-. Éste no es nada más que un proceso ideológico evolutivo, que, partiendo del marxismo, pretende llegar al poder, prescindiendo del Leninismo. Fue una búsqueda de encontrar un camino que compaginara la vía marxista con las democracias occidentales durante el último cuarto del S. XX.  Un camino que diese luz a la crisis de los principios que habían sido básicos en los marxistas clásicos, fundamentado en que la transformación de la sociedad capitalista, debía revisar los tres pilares clásicos: revolución a escala mundial, vanguardia de los países desarrollados y extensión rápida del proceso revolucionario una vez iniciado.

Esta línea de pensamiento no nace de las cabezas de aquellos hombres que tenían responsabilidades representativas en los partidos comunistas occidentales, sino en las cabezas de los intelectuales marxistas/comunistas que, viviendo en el mundo occidental, se dan cuenta de que hay que casar la libertad del mundo en el que viven con la dictadura del proletariado, y que esa libertad en el mundo occidental comporta dos elementos esenciales: “pluralismo” y “elecciones”. Son los grandes teóricos del marxismo occidental: Gramsci,  Althusser, Aragón…, quienes poniendo al día sus ideas marxistas, determinaron, en primer lugar, la separación del leninismo al comprobar que su expansión por occidente no se producía, como habrían creído con anterioridad, y que la resistencia en los países del Éste, era evidente. Con lo que, en segundo término, sentenciaron que la sociedad no se volvería comunista por la vía revolucionaria sino por un medio estrictamente electoral, respetando, en principio, el pluralismo de sus respectivas sociedades. Lo que veían aquellos teóricos era que para Marx la sociedad comunista alcanzaría sus últimos estadios en la conjunción de los logros de sus etapas previas: idea materialista de la Historia, lucha de clases, dictadura del proletariado, sociedad comunista en la que el Estado desaparece. Lenin, por su parte, admite las tres primeras etapas, pero no se pronuncia respecto de la cuarta, pues la considera tan lejana, y a la sociedad tan falta de condiciones para vivir sin Estado, que la ignora. La tercera, la dictadura del proletariado, la entiende como una acción revolucionaria, en la que el proletariado ejerce su acción no como una clase, sino a través de una vanguardia, la formada por el “partido comunista” stricto sensu, que implantado en el Estado (en Rusia), será el faro universal para el desarrollo de la revolución mundial. Es esa vanguardia quien garantiza que no habrá traición a la revolución, es la que asegura la prepotencia del Estado sobre sus enemigos posteriores. Es quien preservará la ortodoxia del propio marxismo, frente a quien pretende alterarlo.

Esas ideas leninistas, aumentadas y elevadas por Stalin, condujeron a una de las mayores dictaduras del Mundo, al imperialismo soviético, y a la añoranza del mismo que ahora sufrimos.

Las posiciones eurocomunistas, primero ideológicas, para pasar a fundamentos de realidad política, consideraron que el momento propicio para lograr su triunfo sería en los años 70 del siglo XX. El eurocomunismo no se presenta como una táctica tras la cual esconder una sustancia inmutable y una inalterada relación con la Unión Soviética; tampoco fue simplemente un proceso de social-democratización de los partidos comunistas de Francia, España e Italia. El eurocomunismo surgió en medio de una crisis general, primero, como hemos señalado por la resistencia de los ciudadanos del Éste a las políticas soviéticas y, después, en occidente con la crisis económica de los años 70, el relentizamiento económico, la crisis energética y la creciente inflación que rompió el equilibrio económico y político creado por Bretton Woods. Los eurocomunistas creían llegado el momento de alcanzar un régimen marxista a través de una revolución democrática, proponiendo una trasformación de la sociedad basada en la “modificación cualitativa de las relaciones entre el consentimiento y la coacción”, como señaló Gramsci. Se trataba de dar una alternativa a las exigencias de las clases trabajadoras sin tener que agotar la vía parlamentaria democrática, utilizando el descontento por la crisis general de las sociedades para lograr un Estado equitativo en el que cada uno tuviera “según sus capacidades y reciba según sus necesidades”

Que esas aspiraciones estuvieran animadas por los partidos comunistas italiano, español y, en menor medida, francés, es lógico si se piensa en las circunstancias históricas de sus respectivos países. Así, en Italia, el llamado “compromiso histórico”, es decir, la convergencia del Partido Comunista italiano y la Democracia Cristiana para una acción de gobierno común estuvo a punto de producirse en plenitud. Se intentaba conseguir el máximo consenso posible en torno a las instituciones democráticas y a través de una política reformista, evitando tentaciones de autoritarismo.

Este compromiso histórico se realizó parcialmente mediante el apoyo externo del PCI al gobierno democristiano de Giulio Andreotti en 1978 y acabó (1980) con el asesinato de Aldo Moro, uno de sus mayores defensores.

Realmente, durante los años 70, el avance electoral del Partido Comunista había sido espectacular, tanto que logró acercarse, por primera vez en su historia, a la mayoría relativa de los votos, pudiendo, por fin, aspirar a gobernar el país en torno a los comicios de 1975 y 1976.

El PCI apostaba por una política de trasformación de la sociedad, por una renegociación de las bases sociales y una nueva orientación socialmente equitativa. El PCI se ponía en la primera línea como alternativa política, lo que casi los lleva al poder si no llega a ser por la formación del “Pentapartito”, compuesto por los democristianos de Giulio Andreotti y el Partido Socialista Italiano (PSI), el Partido Socialista Democrático, el Partido Liberal y el Partido Republicano. En el fondo la sombra del viejo comunismo era alargada.

Contemporáneamente en Francia, la situación era parecida: el movimiento de mayo de 1968 contribuyó a la decadencia del golismo, que aceleró irrevocablemente la muerte del propio General De Gaulle. La elección de Valery Giscard d’Estaing como presidente y el nombramiento de Jacques Chirac como jefe del Gobierno no fueron suficientes para detener la crisis: el nuevo ejecutivo, caracterizado por el nacionalismo populista-golista, se enfrentaba a una grave crisis y a un avance significativo de los partidos de izquierda. Las huelgas generales y la organización de varias movilizaciones demostraban la existencia de un malestar generalizado y un fuerte deseo ciudadano de cambio. Mientras tanto, el Partido Socialista elegía a su nuevo líder, François Mitterrand, buscando una posible alianza entre las fuerzas de izquierda; la idea parecía ser secundada por el secretario del PCF, Georges Marcháis. El consentimiento alrededor de este acercamiento lo certificó el buen resultado electoral que las izquierdas alcanzaron en 1974, tanto que Mitterrand estuvo a punto de vencer en las elecciones presidenciales: la convergencia entre socialistas y comunistas se presentaba como una posibilidad concreta que contaba con el apoyo de ambas militancias. Si bien, la embajada soviética en París, se mostró encantada de la derrota final de Mitterrand por cuanto el francés criticaba abiertamente al comunismo y resultaba un enemigo muy hábil en su estrategia de reequilibrio de la izquierda.

En esta actitud de colaboración con los socialistas, el PCF abandonó el concepto de dictadura del proletariado y una parte del partido se acerco a los postulados del partido Comunista italiano. Pero esto era más aparente que real, pues el PCF internacionalmente se mantuvo fiel a Moscú y, en 1979, Georges Marchais apoyó la invasión de Afganistán.

En las elecciones de 1981, Marchais criticó el «giro a la derecha» del PS. Pero Mitterrand obtuvo 25% de los votos y sólo el 15% fue para Marchais. Para la segunda vuelta, el PCF exhortó a sus partidarios a votar por Mitterrand, que fue elegido presidente. En aquel primer gobierno de Mitterrand los comunistas tuvieron asiento en el Consejo de ministros.

En España, la situación se presentaba más complicada, la muerte de Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975, hizo precipitar el proceso de liquidación del franquismo y la creación de nuevas condiciones políticas, económicas y sociales. Las fuerzas de izquierda, independientemente de su capacidad política, querían asumir un nuevo papel en un estado renovado, favoreciendo la alternativa democrática, potenciada hacia el socialismo. La despenalización del PCE hizo volver a Carrillo y concederle un papel esencial en la vida pública.

Este breve análisis de las condiciones socio-políticas de estos tres países de la Europa meridional, muestra cómo estaban en marcha procesos de crisis y deseos de cambio que, pese a su natural diferencia, revelaban algunos elementos en común: en primer lugar, en los tres países no se aspiraba a un simple cambio de gobierno o a una política reformada: al contrario, se trataba de un deseo concreto de cambio, de una exigencia de ampliación y profundización de la democracia, tanto en las esferas políticas como de la producción. En segundo lugar, las fuerzas políticas, sindicales y culturales que luchaban por la realización del socialismo contaban con el apoyo no sólo de la mayoría de los trabajadores, sino también de otros núcleos sociales. Esta realidad, que parecía más evidente en Italia y Francia, iba preparándose también en España. La presencia de un amplio sector de izquierda deseoso de cambios en general, hacía posible que en estos tres países se plantease concretamente la alternativa democrática-socialista. En tercer lugar, el eje político comunista-socialista constituía en los tres países la columna vertebral del bloque político y social de la izquierda. Sin embargo, el equilibro interno entre comunistas y socialistas era diferente en cada país: en Italia, el eje se inclinaba netamente del lado comunista en todos los aspectos, tanto que el PCI eclipsaba al partido socialista. En Francia la situación se mostraba más complicada en cuanto que, si era efectiva la preeminencia del lado socialista en el plano electoral, el partido comunista se distinguía desde el punto de vista de la organización e implementación en la clase obrera. En España, la situación aún no se presentaba clara, aunque parecía poder asemejarse más bien al caso francés. La coincidencia temporal, la simultaneidad en la exigencia de cambio y la contigüidad geográfica hicieron que las influencias entre ellos fueran apreciables y el deseo de operar conjuntamente también.

Sin embargo, este producto comunista se puede considerar fracasado porque electoralmente nunca alcanzó las cuotas deseadas. La creciente dificultad para compaginar la filosofía de la historia que constituye el hilo conductor del marxismo clásico con los acontecimientos de la lucha de clases del S.XX, hacía caer en tremendas contradicciones a los eurocomunistas; la evidencia que el llamado socialismo real no era más que otra forma de totalitarismo, restaba apoyos. Así, en el caso de España, el PCE fue barrido por el PSOE en todas las elecciones a las que se presentó. En las elecciones del 15 de junio de 1977, el PCE descubrió tener una notable extensión, pero un corto porcentaje de votos. Llenaba plazas de toros, estadios, polideportivos abarrotados por multitudes, pero no llenaba las urnas. Para el Partico Comunista, los resultados de 1977, que dieron la victoria a UCD (con 34,7% de los votos) fueron muy decepcionantes, ya que el partido obtuvo un 9,24%, muy por debajo de sus expectativas y del PSOE (29,2% de los votos).

A esas causas internas se unieron otras externas, sobre todo, de la propia URSS, la invasión de Afganistán, las guerras en Indochina- tras la derrota del imperialismo norteamericano- que llevó a regímenes tan horrorosos como los de Camboya, Vietnam del Norte, Corea del Norte; las crisis de los países del Éste; el mantenimiento de las posiciones leninistas en el movimiento obrero manifestadas en la OIT, y la situación francesa e italiana que tampoco alcanzaron el éxito, colocó a estos partidos en una posición de fragilidad y debilidad, contribuyendo a su declive.

De aquella época y aquellos miedos, procede la retirada del término “marxista” de los partidos socialistas” y del término “ leninista” de los partidos comunistas.

La caída del muro de Berlín y la descomposición de la URSS dejó ver las costuras del comunismo que, carente de ideología práctica ha buscado otras formas de acercarse a la sociedad- muchas de ellas pagadas por Rusia y China (poderosas dictaduras comunistas)- basadas en el ecologismo, el populismo, el wokismo,  nacionalismo y todo tipo de conceptos que en muchos casos son completamente disparatados, con la única finalidad de arrancar las raíces de Occidente y provocar una crisis, no ya económica sino de identidad de la sociedad, que permita, en ese mundo inestable, alcanzar el poder a los nuevos comunistas disfrazados de seda, y, por supuesto, no perderlo nunca más.

BIBLIOGRAFÍA

CARRILLO. S. –“Eurocomunismo, socialismo en libertad escritos sobre eurocomunismo” Ed. Forma. 1977.

DONOFRIO, A.- “ El final del Eurocomunismo y el Partido comunista de España (PCE)”. Universidad de Salamanca. 2013.

DONOFRIO, A .- “El Eurocomunismo, ¿Producto de la crisis económica y política de los setenta?” Revista de Estudios Políticos. 2014.

GRAMSCI. A .-Gramsci y el P.C.I.: entrevista con Norberto Bobbio, en el libro AA. VV.: Gramsci y el Eurocomunismo. Editorial Materiales. 1978.

PARAMIO, L.- “El Eurocomunismo en la Historia del Movimiento Obrero”.- En el libro “Ideologías y movimientos políticos contemporáneos”. Ed ministerio de Educación y Ciencia. Secretaría de Estado de Universidades e Investigación. 1981.

P.S. Felices vacaciones. Hasta septembre.

ALÍ BEY

Los que me conocen bien, saben que en verano yo cuelgo las botas, como si hubiera ganado la Champions, y, en vez de estudiar historia, me dedico a leer novela negra- nunca truculenta- pero sí de mucha investigación policial y/o mucho espía.

Como ya se acerca julio y el verano se nos echa encima, voy a aunar ambas diversiones, la historia y los espías. Iniciando aquí una nueve serie dedicada a tan intrépida profesión.

Espías españoles los ha habido siempre y siempre los habrá, buenos, valientes y eficaces… casi siempre, y aquellos que, aunque fuera brillantemente, espiaron para otro país. Los iremos viendo.

Hoy le dedicaré este espacio a Domingo Badía, alias Alí Bey, al que muchos consideran el mejor espía español de todos los tiempos. Esto de las clasificaciones siempre es discutible.

Domingo Badía y Leblich, nació en Barcelona el 1 de abril de 1767 y murió en Siria en agosto de 1818.

De familia acomodada gracias a su buena posición en la Administración española, pasó su infancia en Almería, donde se aprovisionaba a las tropas españolas destinadas en Ceuta y Melilla, familiarizándose así con el mundo islámico, por su contacto con mercaderes bereberes y con el territorio del norte de áfrica por las travesías que en compañía de su padre realizó a la costa africana.

En 1786, se matriculó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Gran estudioso, amante de los libros y de la lectura, se matriculó también en las Reales Escuelas de Química y Física. Posteriormente, sucedió a su padre como contador de guerra en la costa de Granada. En 1793, fue nombrado administrador de la Real Renta de Tabacos en Córdoba, tras haberse casado el año anterior. En Córdoba se granjeó fama como científico por sus experimentos sobre el peso de la atmósfera y los principios en los que se basa el funcionamiento del barómetro. Comenzó entonces a trabajar en su gran proyecto: la construcción de un globo aerostático que pensaba emplear para llevar a cabo observaciones atmosféricas, lo que le granjeó la mofa de sus vecinos e importantes deudas, que pagó su suegro. Motivo por el cual, pidió el traslado a Puerto Real y de ahí a Madrid, donde, con escaso sueldo y muchas privaciones, siguió adelante; pasando el tiempo que le dejaba el trabajo de librería en librería. Leía en inglés, francés, alemán y algo de árabe, y casi todos los libros estaban dedicados a la explotación de África. Pronto ideó un plan para establecer alianzas políticas y comerciales para España con la explotación del continente africano. Así mismo, pretendía una misión científica: cartográfica, de observaciones geológicas, meteorológicas, botánica… y todo ello con la peculiaridad de que quería viajar sólo y hacerse pasar por árabe durante sus viajes. Ese plan se lo entregó a Godoy en 1801.

A Godoy le interesaba establecer rutas comerciales en el interior de África en lo que con el tiempo sería Marruecos, pero le interesaba aún más las relaciones políticas con el sultán Solimán (1766-1822). Éste había embargado el comercio con España, especialmente grave por la importación de trigo que España traía de Marruecos, y, aún peor, por la presión que el sultán ejercía sobre Ceuta y Melilla. Pero la vida política en Marruecos no era pacífica, pues los rebeldes del sur del territorio se oponían al Sultán. A Godoy se le ocurrió que Badía podía reunirse con ellos y ofrecerles el respaldo militar de España para destronar a Solimán a cambio importantes concesiones comerciales. En sus Memorias, publicadas en 1836, Godoy observó: “Badía era el hombre para el caso. Valiente y arrojado como pocos, disimulado, astuto, de carácter emprendedor, amigo de aventuras, hombre de fantasía y verdadero original, de donde la poesía pudiera haber sacado muchos rasgos para sus héroes fabulosos; hasta sus mismas faltas, la violencia de sus pasiones y la genial intemperancia de su espíritu le hacían apto para aquel designio”.

Aunque, el 7 de agosto, el Rey había decidido aprobar el plan, no fue hasta la primavera de 1802 cuando Badía consiguió el dinero y el pasaporte, para poder emprender el viaje. Se trasladó, primero a París, y de allí a Londres. Entabló contacto con importantes científicos en ambos lugares y, en Inglaterra, logró los instrumentos científicos que le hacían falta para su exploración. Su maletín lleno con útiles para la astronomía no solo encerraba herramientas, cristales de aumento, instrumentos de medición, catalejos…; tenía un doble fondo que albergaba elementos para elevar el espionaje a la categoría de arte. Toda una gama de tintas invisibles circularían entre Badía y España, impresas en minúsculos trozos de papel diseñado a tal efecto. Porque Badía no era un espía al uso, llevaba consigo una misión política y también científica . Sus cuadernos de viaje, en los que recopilaba todos sus descubrimientos científicos, fueron admirados por Napoleón y estudiados en Francia antes que en España, tan olvidadiza con sus genios.

Ya bajo la identidad de Alí Bey llegó a Cádiz en abril de 1803. Cruzó el estrecho y, una vez en Tánger, se presentó como hijo y heredero universal de un príncipe sirio fabulosamente rico, descendiente directo de los califas abasíes ( para qué andarse con minucias, debió pensar), que había tenido que huir de su país por razones políticas. Contaba que, tras recibir una exquisita educación en Inglaterra, Francia e Italia había decidido, como fervoroso musulmán, ir de peregrino a la Meca. El cuento coló, y así se hizo acreedor de la amistad de las más altas instancias de Tánger. En el mes de octubre ya tenía información suficiente para conocer la situación de los rebeldes y provocar una revolución. Entre 1803 y 1805 el coronel Amorós desde Tánger gestionó una ingente información que Badía-Alí Bey le proporcionaba con destino al Gobierno de España.

En ese periodo se produjo el hecho inesperado de que el Sultán visitó la ciudad de Tánger y se quedó impresionado por la sabiduría de Alí Bey, al que comunicó su deseo de que se trasladase con él a su corte, primero en Fez y luego a lo que hoy es en Marrakech. El sultán le regaló dos espléndidas mansiones. Siguió con su actividad subversiva informando constantemente a Godoy, el cual sólo daba noticias vagas a Carlos IV. Cuando, el monarca español supo que se preparaba una sublevación contra un monarca, retiró su apoyo a la expedición – Carlos IV estaba muy impresionado por los sucesos de la Revolución Francesa-.

En estas circunstancias, Alí bey intentó convencer a los rebeldes de que pospusieran su levantamiento. Su situación era enormemente delicada. Por un lado, sabía que el sultán no tardaría en conocer sus auténticas intenciones y, por otro, el sultán, que aún le admiraba y le consideraba amigo, no hacía más que presionarle para que se casara con una mujer se su harén. Además, los rebeldes ya desconfiaban de él. Su única salida era continuar su peregrinaje a la Meca.

Cuando España declaró la guerra a Inglaterra, y Marruecos, a pesar de su fingida neutralidad, ayudaba en secreto a los ingleses, Carlos IV autorizó a Badía a reanudar los planes para una revolución. Demasiado tarde. Enterado Solimán expulsó a Badía de su país.

El español se refugió en Argelia y de ahí a Chipre, donde se enteró del plan británico de derrocar al Bajá de Egipto. Se trasladó a Egipto y logró frustrar el plan inglés. En Alejandría, conoció al escritor francés Chateaubriand, quien le consideró “el turco más inteligente y cortés” que había conocido. Su periplo sufre un cambio de objetivo, sin olvidar su lealtad a España como espía. Ahora se transforma en un analista brillante de historia, costumbres, y viajes. En diciembre de 1806, salió para la Meca, llegando allí el 11 de enero de 1807. Fue el primer europeo en realizar una descripción detallada y exacta de los ritos del peregrinaje. Mientras estaba en Arabia, haciéndose pasar por ferviente musulmán, observó la captura de los lugares santos musulmanes por los antepasados de la actual casa reinante en Arabia, siendo el único testigo europeo de esos eventos. Después de volver al Cairo, pasó tres meses viajando por Palestina y Siria. En Palestina llevó a cabo un estudio de las condiciones de los monjes franciscanos que administraban los santos lugares con fondos del Gobierno español. En Siria descubrió y destruyó una línea secreta que tenían los ingleses para comunicarse con la India. Por el mes de octubre de 1807 estaba de vuelta en Constantinopla.

Tras visitar Tierra Santa, Siria, Turquía y cruzar toda Europa de vuelta hacia París, Badía llegó a Bayona el 9 de mayo de 1808, justo cuando Carlos IV y su hijo Fernando VII habían renunciado a la corona española en favor de Napoleón. Carlos IV recibió a Badía en audiencia y le recomendó ponerse al servicio del nuevo régimen. Para su desgraciaBadía, siempre fiel a los monarcas españoles, hizo caso a Carlos IV. Se puso bajo el mando de Napoleón, al que convenció para que invadiera Marruecos. Fue tal la descripción que hizo del Sultán y del territorio que Napoleón decidió mandar allá al capitán Antoine Burel para investigar la posibilidad de convertirlo en colonia francesa. Fascinado por aquel hombre, Bonaparte le recomendó ante su hermano. Badía volvió entonces a España, donde se reunió con su familia a la que no había vuelto a ver desde 1801. En septiembre de 1809, José Bonaparte le nombró intendente de Segovia, y, en abril del año siguiente, fue nombrado prefecto de Córdoba. Desempeñó ambos cargos con gran distinción, introduciendo muchas reformas en la agricultura, la administración municipal y la educación. En Córdoba creó una Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, que llevó a cabo muchos proyectos de investigación bajo su mecenazgo.

La expulsión de los franceses de España acabó llevándose a Badía al exilio en Francia. En 1814, publicó la primera edición de sus viajes. Lo hizo en francés con el título de “Viajes de Alí Bey por África y Asia”. En su edición incluyó más de un centenar de mapas y láminas. Es una obra de arte en el sentido más amplio de la palabra, no solamente por su elaborada confección, sino por su documentado e ingente contenido. Cientos de exploradores, ya sea profesionales o aficionados, han recorrido sus huellas y los trayectos que lo consagraron como el probablemente más implicado y comprometido de los exploradores de todos los tiempos. Fue traducida al inglés, italiano y alemán. La primera edición en español tuvo que esperar hasta 1836.

En el país galo, ahora bajo el gobierno de Luis XVIII, la vida sonreía al viajero español, que recibió la nacionalidad francesa, fue nombrado mariscal y se hizo un hueco en la vida cultural y social de París. En 1815, y en el marco de la competencia colonial con Gran Bretaña, Badía propuso al gobierno francés peregrinar a La Meca para luego atravesar África de costa a costa. Badía recibió el visto bueno y partió en enero de 1818, haciéndose llamar Alí Abu Othman. En julio estaba en Damasco, donde cayó enfermo de disentería y murió en agosto, con 50 años de edad, cuando su rumbo le llevaba de nuevo a La Meca.

Durante su periodo francés, aunque acomodado, no dejó de ser un extranjero, aceptado y brillante, pero extranjero. Le hubiera gustado volver a España, pero le era imposible por la acusación de afrancesado, a pesar de que su colaboración con los franceses se debió a su deseo de obedecer a Carlos IV. Es lo que tienen los malos gobernantes.

Tuvo que pasar más de un siglo desde su muerte para que en España se le reconociese por su capacidad intelectual, sus análisis científicos, compendio de la ilustración, por su personalidad polifacética, por ser un viajero perspicaz ( el Lawrence de Arabia español, como ha dicho Bernard Durán en El debate),  y por su intrepidez, valentía y osadía como espía al servicio siempre fiel y leal a España.

BIBLIOGRAFÍA

BARBERÁ, Salvador.- “Alí-Bey, Viajes por Marruecos”, Ediciones B, 1997.

DURÁN, Bernard: https://www.eldebate.com/historia/20230916/domingo-badia-lawrence-arabia-espanol_139999.html

MESONERO ROMANOS, R. “ El Príncipe Alí Bey el Abbassi (D. Domingo Badía Leblich)”. En obras completas. Biblioteca de Autores españoles 1967.

RODRÍGUEZ, Javier. “Peregrino a la Meca”. Ed Jaguar. 1998.

RUSPOLI, Enrique. –“Memorias de Godoy: primera edición abreviada de memorias críticas y apologéticas para la historia del reinado del señor D. Carlos IV de Borbón”. La esfera de los libros.2008.

 

 

Batalla de Trafalgar

Hoy vamos a hablar de una derrota. Una de las más dolorosas de nuestra Historia. No es la primera vez que digo que la Historia de cualquier país no puede ser contada sólo desde las hazañas o las victorias, sin las derrotas no comprenderíamos por qué hoy somos lo que somos. La derrota en Trafalgar explica el porqué de nuestra situación actual mucho mejor de lo que pensamos.

El 21 de octubre de 1805, se produjo, en el cabo Trafalgar (Cádiz), el enfrentamiento naval de la flota hispano-francesa contra la flota británica.

Los historiadores la consideran como una de las batallas más importantes de las guerras napoleónicas.

Históricamente, las potencias emergentes europeas, Francia y, sobre todo, Gran Bretaña, buscaban hacerse con el control de las rutas comerciales del Imperio español, ya fuera en Asia y Oceanía, como, sobre todo, América. Esa pugna se desarrolló casi sin tregua entre los siglos XVIII y XIX. La magnifica Armada española, que se había modernizado durante el reinado de Carlos III, se había ido deteriorando por el paso del tiempo y la poca inversión que se produjo desde la llegada al trono de Carlos IV, debido esencialmente al esfuerzo económico militar que realizaron Francia y España en sus campañas terrestres para la conservación y expansión de los territorios de que ya disfrutaban-conservación por parte española, expansión por la francesa-. Lo que dejó nuestras arcas exhaustas. España se había asociado con Francia a través de los llamados pactos de familia, que pocos beneficios nos reportaron.

La rivalidad hispano-francesa contra Gran Bretaña se fraguó poco a poco. Los británicos sabían que su prosperidad provendría del aumento de su comercio y desde hacía tiempo hostigaban a los barcos españoles en las rutas americanas para intentar debilitar a nuestra flota, hacerse con el botín y progresar económicamente. Francia, por su parte, conocía que la fortaleza de su imperio estribaba en controlar el continente y, para eso, Gran Bretaña era un gran obstáculo.

Por tanto, entramos en una época histórica de avance y desarrollo técnico y comercial que generó amplias tensiones políticas entre las principales naciones europeas.

A la España volcada en las reformas durante el gobierno de Carlos III, momento de gran desarrollo y prosperidad, le siguió una España débil durante los gobiernos de Carlos IV. Este reinado se volvió más delicada aún tras la proclamación de la República Francesa.  La monárquica España debe decidir qué política seguir con ambas potencias porque el aliado tradicional francés (pactos de familia) es ahora hostil a nuestra forma de gobierno. Tras un primer intento de alianza con Inglaterra para combatir la Revolución, pasa a hacer equilibrios en política exterior procurando mantenerse neutral en medio de una gran inestabilidad internacional y de conflicto de intereses. Ante la presión revolucionaria y napoleónica, España optó por una alianza contra natura iniciada por el Tratado de San Ildefonso en 1796, y posteriormente con el de Aranjuez.

Inglaterra era fuerte en el mar e inaccesible por tierra. Francia era una fuerte potencia continental con un disciplinado y muy numeroso ejército. Cuando Napoleón pretende invadir Gran Bretaña obliga a España a convertirse en su alidada para evitar una agresión por su frontera sur y, además, porque era consciente de que la debilidad de la flota francesa requería de la Armada española para poder derrotar a Gran Bretaña.

Napoleón que era un gran estratega terrestre, no era un marino. Ideó un plan para invadir Gran Bretaña desde Calais, para eso ordenó una maniobra de distracción frente a la Armada británica, que se dio en distintos episodios a lo largo del Caribe y el Atlántico hasta culminar en Cádiz. La maniobra de distracción no tuvo éxito por cuanto Napoleón no contó ni con el viento, ni con la meteorología en el momento de idearla, ni con la reacción política y diplomática británica que se movilizó para buscar la Tercera coalición con Austria, Nápoles, Suecia y Rusia, ni con la reacción militar inglesa de bloquear diversos puertos franceses y españoles (Brest, Tolón y el Ferrol).

Las flotas francesa y española, bajo el mando del almirante Villeneuve, se reunieron y fondearon en Cádiz en el mes de agosto de 1805. Cádiz quedó bloqueado por una escuadra británica.

Villeneuve, que resultó una calamidad, dio la fatal orden de que el 20 de octubre la flota aliada saliera del refugio de la bahía de Cádiz, para, el 21 de octubre de 1805, enfrentarse a la Armada británica frente al cabo de Trafalgar. La composición de las fuerzas se distribuía así: la flota hispano francesa estaba formada por 33 buques de guerra, 15 españoles y 18 franceses. Contaban con 2.626 piezas de artillería y a bordo iban unos 27.000 hombres. La flota de Gran Bretaña, liderada por el vicealmirante inglés Horacio Nelson, estaba integrada por 27 naves, 2.148 piezas de artillería y 18.000 hombres.

La disposición de las flotas en el combate se asemejó, para mejor comprensión del lector, como si se tratara de un dibujo que representara un arco al que se arrima una flecha. En el arco estaba dispuestas las naves hispano-francesas, la flecha- que, en vez de una, se dispuso en dos columnas- era la flota británica. Esa punta de flecha atravesó la disposición naval hispano francesa, provocando la desorganización de la columna combinada, que quedó dividida en tres partes; el centro y la retaguardia expuestas al fuego enemigo y la vanguardia aislada del resto. Al frente de una de esas líneas de flecha, Nelson situó su propio barco, el Victory, y la segunda comandada por el almirante Collingwood, quien atacó por la retaguardia. Fue una táctica novedosa, muy arriesgada y muy valiente, que le costó la vida a Nelson, pero logró elevarle al olimpo de los marinos.

A pesar de la tenacidad de los marinos franceses y españoles, la superioridad británica en el uso de la artillería (mucho más moderna y eficaz) y de tácticas mejor estudiadas,  permitió a los británicos prevalecer. La Armada inglesa estaba mejor pertrechada, era más moderna y contaba con un más eficaz uso de la munición. Los españoles tenían una tropa, marinería, peor formada, pero con unos mandos mucho mejor adiestrados. Posiblemente, la formación de la los mandos de la Armada española fuera la mejor del mundo, pero de nada valió con el apoyo de una flota, la francesa, que, aunque puso ardor en la batalla, no dispuso del conocimiento táctico necesario. Villeneuve dirigía con suma rigidez y falta de conocimiento naval, lo que llevó a la derrota.

En medio de la feroz batalla, los mandos españoles destacaron por su valentía. Frente a la torpeza táctica de Villeneuve, el teniente general Federico Gravina, jefe de la flota española, mostró un gran arrojo y conocimiento militar a pesar de la adversidad. El brigadier Cosme Damián Churruca, al mando del navío “San Juan Nepomuceno”, no sólo luchó como un valiente, sino que estando mortalmente herido siguió dirigiendo su nave, sin ocuparse de su vida. El brigadier Dionisio Alcalá Galiano, comandante del navío “Bahama”, ferozmente resolutivo, heroico en su lucha hasta la muerte. El capitán de navío Francisco Alsedo, que mandaba el “Montañés”, resultó muerto en combate tras luchar con resolución, firmeza y gran valor.

Trafalgar fue un punto de inflexión en la Historia de la Humanidad y de España. Desde ella nuestra decadencia era  (¿es?) un hecho.

Como consecuencias directas del combate, podemos destacar que:

  • Francia perdió 12 navíos, reportó 2.218 muertos, 1.155 heridos y más de 500 prisioneros. España, por su parte, perdió 10 naves, tuvo 1.022 muertos, 1.383 heridos y unos 2.500 prisioneros. Gran Bretaña no perdió ningún buque, aunque tuvo que lamentar 449 muertos y 1.241 heridos. El vicealmirante Nelson murió por las heridas recibidas y se convirtió en uno de los héroes más importantes de la historia británica.
  • Napoleón no pudo concretar la invasión a Gran Bretaña, por lo que desvió su atención a sus rivales continentales, a las cuales derrotó en Ulm y en Austerlitz.
  • La flota británica quedó intacta y durante 1806 y 1807 protagonizó la conquista de la colonia neerlandesa del Cabo de Buena Esperanza y las llamadas invasiones inglesas del Rio de la Plata. El resultado de la batalla consolidó la supremacía de la marina de guerra británica y el inicio de su gran imperio y dominio de los mares durante todo el siglo XIX y parte del XX.
  • El debilitamiento de la flota española implicó que España no pudiera proteger debidamente sus colonias americanas. Iniciándose posteriormente los procesos de independencia. Asimismo, España perdió poder comercial y militar, lo que le llevó a un estado de debilidad que provocó la invasión napoleónica, y la Guerra de Independencia, donde, curiosamente, el apoyo exterior a España vino de la mano de los británicos. En el fondo nuestro país fue un escenario más del enfrentamiento entre Francia y Gran Bretaña por dominar el mundo.

Esta Batalla es una de las más destacadas en cuanto al conocimiento popular. No solo se recuerda en Londres ( Trafalgar Square- con la comuna dedicada a Nelson), sino también en numerosas ciudades españolas, al ser nuestro país el escenario de la sangrienta lucha. También se ha llevado este episodio al cine y a la literatura, sobresaliendo en este último ámbito “Trafalgar” (1873), la primera novela de los “Episodios Nacionales”, de Benito Pérez Galdós, y “Cabo Trafalgar” (2004), de Arturo Pérez-Reverte. Este talento literario es llamado a detallar lo acontecido allí por la trascendencia de una batalla que desde el principio tenía escrito en su destino que iba a ser una de las más dolorosas, sangrientas e incluso épicas de la historia de España.

“Un hombre tonto no es capaz de hacer en ningún momento de su vida los disparates que hacen a veces las naciones, dirigidas por centenares de hombres de talento”, escribió Galdós en este Episodio Nacional (no digamos nada cuando los dirigentes carecen de talento).

BIBLIOGRAFÍA.

AGUADO BLEYE, Pedro. “Historia de España” Espasa Calpe. 1956.

JOVER, ZAMORA, José María. “Características de la política exterior de España en el siglo XIX”. Marcial Pons. 1962.

PALACIO ATARD, Vicente. “La España del siglo XIX”. Ed. Espasa- Calpe. 1981.

PÉREZ GALDÓS, Benito. “Episodios nacionales”. Ed Aguilar. 1968.

 

 

ETA

Hoy traigo al blog la historia de la banda terrorista ETA. Evidentemente de manera muy resumida, imposible hacerlo de otro modo con la extensión de una entrada de blog. Como aclaraciones previas señalaré que, 1) no cito los nombres de los etarras, salvo algún caso excepcional. El motivo es sencillo: todos eran y son lo mismo. No merecen ser destacados. 2) Siento no haber encontrado en algún lugar el listado completo con los nombres de todas las víctimas. Hay nombres aquí y allá, en alguna de las Web que nombro aparecen muchos, pero no todos.

Según cuenta el libro “Las raíces de un cáncer”, de Gaizka Fernández Soldevilla y Santiago de Pablo. Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi y Libertad) – ETA- no nació un día concreto sino en una sucesión de citas de cafetería, en un periodo algo superior al medio año durante la primera mitad de 1959. Por poner un hito fundador, más que otra cosa, los primeros miembros de ETA eligieron la fecha del 31 de julio de 1959. Era el día en el que enviaron al lehendakari en el exilio, José Antonio Aguirre, una carta en la que le comunicaban la escisión de su grupo de las juventudes del PNV. El 31 de julio era el aniversario del PNV y, aún peor, el día de San Ignacio, parecía que ETA sonaba a una filial del PNV formada por alumnos de los jesuitas con ínfulas. Y algo de verdad había, no sólo porque «unos mueven el árbol y otros recogen las nueces» que dijo Arzallus, manteniendo que había una coincidencia de objetivos entre su partido (PNV) y ETA, sino porque, además,  la influencia de la Iglesia Vasca en el origen y protección de ETA fue esencial. “ETA nació en un seminario”, el libro de Álvaro Baeza, así lo atestigua. No es el único. La historia de lo que ocurrió en estos años no deja en buen lugar a la Iglesia vasca. Muchos fueron los sacerdotes del País Vasco que ayudaron, encubrieron y aplaudieron a los terroristas.

ETA en sus orígenes nace bajo la defensa del euskera, el etnicismo, el antiespañolismo y la independencia de los territorios que, según ellos, pertenecían a Euskadi: Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra (en España), Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa (en Francia).En “Las raíces de un cáncer” se señala que la banda terrorista nació, antes que como grupo armado, como un cuento fantasioso: “Los fundadores de ETA tenían una visión muy trascendente de sí mismos”, cuenta Fernández Soldevilla, responsable de Investigación del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco. “Cuando crearon ETA juraron sobre un ejemplar de Gudari que era la publicación de los combatientes nacionalistas vascos en la Guerra Civil. Juraron que ellos iban a ser sus herederos, que iban a coger su antorcha y a conseguir lo que los gudaris no consiguieron. Se veían a sí mismos como como héroes que estaban posando ante la historia. Se veían como el Che Guevara y Fidel Castro y querían crear sus mitos desde el principio, aunque fueran un grupúsculo sin ninguna importancia”.[1]

Su origen universitario, más vinculado al carlismo que a ningún proceso revolucionario, y forjado en ambientes pseudointelectuales franceses originó en aquellos primeros militantes un afán de protagonismo heroico, que no se compadecía con la realidad a la que conducían sus actos. En los primeros años se limitan a realizar pintadas, tirar pasquines o colocar pequeños artefactos. Su primera acción violenta de entidad ( se trata de la primera acción reconocida por ETA, porque con anterioridad, según datos el Ministerio del Interior y algunas fuentes vascas la primera víctima mortal de ETA fue la niña de 18 meses María Begoña Urroz Ibarrola, alcanzada por una bomba colocada el 28 de junio de 1960 en la estación de Amara, de San Sebastián), se produce el 18 de julio de 1961: el intento fallido de descarrilamiento de un tren ocupado por voluntarios franquistas que se dirigían a San Sebastián para celebrar el Alzamiento.

En 1962, en su primera asamblea, celebrada en Bayona (Francia) se presentan como “Movimiento Revolucionario Vasco de Liberación Nacional”. Allí se autodefinen como una organización clandestina revolucionaria que defiende la lucha armada como el medio de conseguir la independencia de Euskadi. Pero la reivindicación del uso de la violencia de manera más radical se produce en la V Asamblea (1966-67). En 1968, cuando tomaron la decisión de asesinar como modo de reivindicación nacional, eligieron a dos víctimas de la policía, con fama de duros represores franquistas: José Mª Junquera, policía jefe en Bilbao y Melitón Manzanas, de San Sebastián. Eran, en su lógica, dos víctimas perfectas para sus intenciones propagandistas de lucha contra la opresión franquista. Sin embargo, no eligieron bien al asesino. Este fue Txabi Etxebarrieta, inestable y bajo los efectos de centraminas, que la víspera del atentado previsto, mató a un guardia civil de tráfico, santanderino, con novia y amigos en el país vasco, que no tenía enemigos, ni formaba parte de ningún escuadrón al que acusar de torturas. Este error, destruía la narrativa prevista y les obligó a construir un nuevo relato con el que justificar lo que no dejaba de ser un simple asesinato.

Aquellos asesinatos y otras acciones deleznables dieron origen al proceso de Burgos. Juicio sumarísimo celebrado por un tribunal militar contra 16 miembros de ETA – 2 de ellos religiosos,  que se inició en Burgos el 3 de diciembre de 1970. El Régimen pretendía dar un golpe de autoridad, que no le salió bien. En vez de haberlo planteado como un juicio penal ordinario no sólo mucho más acorde con el sentir popular nacional e internacional sino también con el imperio de la ley, lo planteó bajo el código militar creando una imagen de juicio político y de indefensión de los terroristas. Hasta la Iglesia utilizó todos sus resortes y contactos para que el caso tuviera la máxima audiencia posible, creando una pequeña revolución, como señala Pedro Ontoso, en su libro “ETA, yo te absuelvo”.

Tras una semana de juicio, la sala militar confirmó nueve condenas de muerte para seis acusados. Y más de 500 años de cárcel para el resto. Debido a las presiones internacionales (incluida la Santa Sede), el Consejo de ministros conmutó las condenas capitales por penas de cárcel.

La reacción de ETA fue incrementar sus atentados. Así entre los cometidos en los años 70 destaca por su trascendencia el asesinato del presidente del Gobierno, el Almirante Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973. En 1974, se produjo el primer atentado masivo : explosión de un artefacto en la cafetería Rolando de Madrid, con un resultado de 12 muertos y 80 heridos. La cafetería estaba situada junto a la Dirección General de Seguridad, ese fue su “pecado”, y si no hubiera sido ese, hubieran elegido cualquier otro para causar terror, su objetivo.

El debate interno sobre este atentado masivo provoca la primera escisión importante en la organización: los “milis” de ETA militar, más violentos, se desmarcan de los “polimilis” de ETA político militar. En 1982, ETA político militar se disuelve. Son los primeros arrepentidos. No hubo muchos arrepentidos más; ETA militar no lo consistió, ejemplo significativo fue la dureza con la que trató a Dolores González Cataraín “Yoyes”, la primera mujer dirigente de ETA, que abandonó la organización en 1980 por su desacuerdo con la línea dura. Fue asesinada en Ordizia, el 10 de septiembre de 1986 mientras paseaba con su hijo. Yoyes fue uno de los miembros de ETA más buscados durante los años 70, se había instalado en San Sebastián en 1985, tras 11 años de exilio en México. Ella misma vaticinó su asesinato: “Tengo la firme convicción de que mi seguridad personal no peligra por el lado de las fuerzas de seguridad españolas […] Por tanto, afirmo que la responsabilidad de mi muerte corresponde a ETA”, dejó escrito en su diario.

Toda la propaganda de lucha contra el franquismo y la dictadura se vino abajo y dejó ver la auténtica cara de ETA cuando ya muerto Franco y con la democracia en ciernes, a finales de los 70, sus atentados fueron especialmente violentos, indiscriminados y se cobraron miles de vidas. La amnistía decretada el 15 de octubre de 1977 afecta a los presos etarras encarcelados durante la dictadura franquista. De nada sirvió aquella ley para apaciguar a los asesinos. 1979 y 1980 fueron los años con mayor número de atentados y de víctimas, casi 100 cada año.

Destaca, en 1979 el atentado con bombas en dos estaciones de trenes de Madrid. Mueren ocho personas. En la década de los 80, ETA recrudece sus acciones y los atentados masivos e indiscriminados atemorizan y castigan a la sociedad española como no lo había hecho hasta entonces. El 9 marzo de 1980 hubo elecciones en Euskadi, las primeras al Parlamento autonómico, que ganaría el Partido Nacionalista Vasco. “ETA mató hasta el 20 de febrero y reanudó las actividades el 18 de marzo. Ésa fue toda su tregua. El año de más muerte de su historia fue el mismo año en que Euskadi recuperaba de manera ejecutiva su capacidad de autogobierno [2]”. En julio de 1986, 12 agentes de la Guardia Civil mueren al explosionar un coche bomba en la Plaza de la República Dominicana de Madrid. En junio de 1987, 21 inocentes ciudadanos, hombres, mujeres y niños, pierden la vida por un coche bomba que ETA instaló en el Hipercor de Barcelona, otras 45 personas sufrieron heridas de diversa consideración, muchas irreversibles y con secuelas para toda la vida. El 11 de diciembre 1987, un coche bomba con 250 kilos de explosivos hacía explosión frente a la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, dejando un balance de 11 muertos ( entre ellos 5 niños) y 40 heridos.

La llegada del Gobierno socialista condujo a la creación de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), injustificable en un estado democrático. Fue un tipo de antiterrorismo ilícito, parapolicial. Juzgado y condenado. Pero también dio lugar a que, por primera vez, el 23 de septiembre de 1984, Francia colaborara con España en la lucha contra el terrorismo, con la concesión de la extradición de tres miembros de ETA. Francia siempre fue el santuario en el que se refugió ETA. Fueron años de éxito policial a pesar de los errores.

En 1987, se da un importante paso en la lucha contra el terrorismo de ETA: se firma el Acuerdo de Madrid sobre Terrorismo o Pacto de Madrid. En el Congreso de los diputados se firma un acuerdo, el 5 de noviembre de 1987 para coordinar y poner fin a la violencia de la organización terrorista ETA. El acuerdo fue firmado por la mayoría de los grupos parlamentarios presentes en la cámara: PSOE, Alianza popular, UCD, Convergencia i Unió, PNV, Partido Demócrata Popular, Partido Liberal, PCE y Euskadiko Ezquerra. En 1988, se firmaría en Pacto de Ajuria Enea y el Pacto de navarra, en ambas comunidades autónomas, con un contenido y objetivos similares.

En 1989, ETA y el Gobierno de González intentan dialogar y acercar sus posturas en las conversaciones de Argel. Eta retomó las armas tras la ruptura del diálogo.

El 29 de marzo de 1992, pocos meses antes de la Expo’ 92 y de los Juegos Olímpicos de Barcelona, se produjo una de las mayores operaciones contra ETA. Un trabajo encomiable de la Guardia Civil en colaboración con la policía francesa logró la detención de la dirección de la banda terrorista en la localidad francesa de Bidart. Esta actuación policial provocó la mayor crisis registrada hasta entonces en el seno de la banda criminal. El golpe de Bidart obligó a ETA a recomponer su dirección, reorganizar su entramado civil y extremar las medidas de seguridad. Ante esta situación, el 11 de julio de ese mismo año, la nueva dirección de ETA propuso una nueva negociación. Pero el diálogo no se materializaría en nada y, el 21 de junio de 1993, ETA vuelve a atentar contra seis militares en Madrid.

En aquel momento, ante el descabezamiento de la cúpula etarra,  la violencia callejera de diversa intensidad se convirtió en el arma más usada por los terroristas,  los grupos de jóvenes, como Jarrai, Haika y Segi alentaron la denominada «Kale borroka» o terrorismo callejero. Causaron destrozos por las calles, amenazaron y coaccionaron a ciudadanos, políticos y profesionales de todos los estamentos. Y esta manera de actuar se exportó a movilizaciones de grupos radicales fuera del País Vasco, normalmente en Madrid y Barcelona. El declive de la Kale borroka se debió a un cambio de legislación que trató a los alteradores como terroristas y así fueron juzgados, a la lucha policial y al poco apoyo social.

Pero los actos terroristas siguieron adelante. El 29 de mayo de 1991, atentaron con un coche bomba contra cuartel de la Guardia Civil en Vic (Barcelona), en el que mueren 10 personas. En 1995, estalla un coche bomba al paso de un furgón militar en Vallecas (Madrid).
Mueren seis civiles que trabajaban para la Armada.

Además de las bombas, los etarras buscaban otras formas de presión al gobierno y por ello realizaron algunos de los secuestros y asesinatos más salvajes de la historia de la humanidad. El secuestro más largo de ETA ha sido el del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, secuestrado el 17 de enero de 1996 y liberado por la Guardia Civil el 1 de julio de 1997 tras 532 días de cautiverio. Entre los secuestros políticos se encuentra el intento, el 3 de julio de 1979, de secuestrar a Gabriel Cisneros Laborda, diputado de UCD y uno de los padres de la constitución. Intentaron secuestrarle en las puertas de su casa en Madrid; consiguió salir corriendo, pero le dispararon causándole unas heridas, que, si bien no le mataron en aquel momento, le provocaron daños cuya consecuencia fue su muerte tiempo después. El que cometió aquel intento de secuestro y asesinato fue Arnaldo Otegui, según narraba el propio Cisneros.

Asimismo, debemos recordar el secuestro de Javier Rupérez. Secretario de Relaciones Exteriores del partido UCD, el 11 de noviembre de 1979 fue secuestrado durante 31 días. Los etarras pretendían la liberación de varios presos. No lo lograron.

Pero sin duda, el secuestro político más bárbaro cometido por ETA para chantajear al gobierno aconteció el 10 de julio de 1997, al secuestrar a Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en la localidad vizcaína de Ermua. Querían que el Gobierno de Aznar cediera en su política de dispersión de etarras por diversas cárceles del España- política que había iniciado el PSOE siendo ministro de Justicia Enrique Múgica Herzog. Esta política causó gran daño a los etarras, pero le costó la vida, también asesinado, al hermano del ministro, Fernando Múgica ( 6 de febrero de 1996)-. 48 horas después de su secuestro y dado que el gobierno de Aznar no cedió al chantaje, los secuestradores y torturadores de ETA, pegaron un tiro en la nuca a Miguel Ángel Blanco que llegó al hospital en estado de muerte cerebral, y falleció el día 13 de julio.

El mismo Aznar es víctima de ETA. El 19 de abril de 1995 la banda terrorista le intentó matar haciendo estallar una bomba a su paso. Aznar salió ileso gracias al blindaje del coche que llevaba, pero Margarita González, de 69 años y ama de casa, quedó sepultada entre los escombros de su hogar, cercano al lugar de la explosión, y murió posteriormente en el hospital. La acción contra miembros del PP se había recrudecido desde su prevista llegada al Gobierno. En enero de 1995 asesinaron a Gregorio Ordoñez y en los años posteriores 12 concejales más del PP fueron asesinados. Aznar no cedió al chantaje, aunque tuvo contactos para la rendición de ETA, como habían hecho todos los gobiernos. Una rendición sin condiciones, que no se dio. Diferente fue la negociación que inició el Gobierno de Zapatero en la que dio alas a los asesinos cuando ETA ya estaba muerta por las acciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y por la entereza del pueblo español. En medio de negociación del Gobierno, que esperaba una tregua, se produjo un atentado en el aeropuerto de Barajas, en 2006 donde mueren dos personas. El 7 de marzo de 2008, era asesinado el último concejal socialista que falleció a manos de ETA, Isaías Carrasco. El 30 de julio de 2009, hizo explosión un artefacto-lapa colocado en los bajos de un coche patrulla de la Guardia Civil estacionado en las inmediaciones del Acuartelamiento del Cuerpo de Palmanova (Mallorca) y resultaron muertos los Guardias Civiles Carlos Sáenz de Tejada García y Diego Salva Lezaun, quienes serían las últimas víctimas mortales de atentados de la banda terrorista ETA en España.

Durante 42 años de crueles atentados, ETA asesinó 864 ciudadanos entre los que se encuentran civiles, políticos, miembros de la judicatura, ertzainas, policías. Ellos que pregonaban que luchaban contra la dictadura franquista, mataron a 43 personas entre 1968 y 1975, el resto de los fallecidos se produjeron en democracia. Entre los heridos han logrado ser reconocidos como afectados por gran invalidez, incapacidad permanente, incapacidad parcial o lesiones permanente un total de 1.076 víctimas. Si a eso unimos los que han tenido o tienen lesiones psicológicas, los que han visto destruido su patrimonio, los que tuvieron o tienen lesiones por secuestro el resultado se eleva a 2.123, según el informe del defensor del Pueblo de 2016. También deberíamos contar a todos los ciudadanos que por culpa de la violencia tuvieron que abandonar el País Vasco e instalarse en otros lugares de España.

Además, como señala el informe del defensor del pueblo (https://www.defensordelpueblo.es/wp-content/uploads/2016/12/VictimasETA.pdf) quedan al menos 377 asesinatos de ETA que no han sido resueltos por la Justicia, bien sea porque el delito ha prescrito, por falta de pruebas, por cuestiones burocráticas, negligencias judiciales o por la aplicación de la Ley de Amnistía de 1977.

A pesar del elevado número de víctimas, fueron muchos los éxitos policiales contra ETA; además de las muchas vidas de civiles que salvaron las fuerzas policiales, destacaremos los dos atentados frustrados contra el rey Juan Carlos. Uno de ellos con granadas preparadas cuando iba a inaugurar el museo Chillida en el País Vasco. Asimismo, en octubre de 1997, la banda terrorista intentó colocar tres maceteros con doce granadas para ser lanzadas durante la inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao. El ertzaina Txema Agirre les dio el alto, pero su valentía le costó la vida, como a tantos y tantos valientes servidores del Estado.

En el siguiente enlace del ministerio del Interior se pueden ver algunos de los grandes éxitos policiales tanto de la policía Nacional como de la Guardia civil de aquella lucha de las fuerzas del estado contra los asesinos de ETA. Y quizá más significativas sean las Web de los dos Cuerpos, que también acompaño.

https://www.interior.gob.es/opencms/pdf/prensa/balances-e-informes/2001/Actividad-Antiterrorista.pdf

https://www.policia.es/_es/tupolicia_memorial_timeline_victimas.php

https://www.guardiacivil.es/es/institucional/actividadesInstitucionales/actos/07_30.html#:~:text=Durante%2042%20a%C3%B1os%20de%20crueles,militares%20y%20210%20guardias%20civiles.

No podríamos terminar esta entrada sin señalar el porqué de que ETA se mantuviera tanto tiempo en activo. La maquinaria criminal de ETA requería de importantes cantidades de dinero para costear el material necesario para sus actividades, mantener su infraestructura y apoyar tanto a los etarras liberados como a sus miembros deportados, refugiados o huidos. Incluso para apoyar a los encarcelados, muchos de ellos con tendencias suicidas. Para ello, necesitaba 15 millones de pesetas diarios y más de 5.400 anuales, según un informe de la Ertzaintza conocido en 1996.

En sus inicios, la banda terrorista consiguió financiarse mediante: 1) atracos a entidades bancarias, técnica que fue abandonando progresivamente, 2)por la extorsión; 3) secuestros a empresarios, y 4) también iniciaron actividades “empresariales” propias con las que financiarse (ETA logró un entramado empresarial y financiero que extendía sus ramas hasta cuba, panamá, Venezuela y cabo verde. Existía una red de empresas paralelas de la Koordinadora Abertzale Socialista (KAS) que financiaba a ETA).

Los métodos de extorsión se basaban en el cobro del llamado por ETA “impuesto revolucionario”, para ello enviaban cartas amenazantes a empresarios, mayoritariamente vascos, pero no exclusivamente vascos, en las que se exigía el pago de una determinada cantidad de dinero a cambio de que su patrimonio e incluso su integridad física no corrieran peligro. Cartas que iban cifradas, de manera que si alguna se filtraba a la prensa ETA conocería al extorsionado “chivato”.  Aunque muchos amenazados denunciaron estas prácticas mafiosas, es difícil determinar cuántos realmente pagaron por salvar su vida, ante el terror psicológico impuesto por la banda terrorista, que llegó a aplicar “intereses de demora” a quienes que se retrasaban en el pago. En marzo de 2011 la banda anunciaba a los empresarios que cancelaba su extorsión, mediante una carta al presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra.

Otro medio de financiación ejercido por ETA fueron los secuestros A lo largo de su historia, ETA secuestró a 77 personas. Algunas fueron liberadas tras el pago de los rescates o gracias a la intervención de la Fuerzas de Seguridad. Otras fueron asesinadas por los terroristas. El primer secuestrado fue el cónsul alemán Eugenio Behil. En ocasiones los secuestros se sucedían, así mientras estaba secuestrado José maría Aldaya ( 342 días secuestrado), ETA secuestro a Ortega Lara, y el mismo día de la liberación de éste, la banda terrorista había puesto en libertad a Cosme Delclaux, tras 233 días de secuestro. Otros secuestros destacados por su duración fueron los del empresario Emiliano Revilla, 249 días.  Los del empresario Julio Iglesias Zamora (116 días), – no confundir con Julio Iglesias Puga, padre del cantante Julio Iglesias , que también fue secuestrado por ETA-.El empresario Luis Súñer. 91 días.  O los ingenieros Adolfo Villoslada. 85 días y Diego Prado y Colón de Carvajal. 73 días.

Entre las operaciones policiales exitosas para desmantelar el entramado financiero de ETA podemos destacar , la operación Sokoa, en 1986. En ella la policía francesa reveló que, entre 1980 y 1986,  ETA había ingresado cerca de 1.200 millones de pesetas mediante el chantaje empresarios. En 1992, la operación Easo logró desmantelar el intento de cobro de 400 millones de pesetas a una veintena de empresarios. En 1993, se detuvo en París al responsable del aparato financiero de ETA. En 1998, y 2000 se propinaron sendos golpes al entramado financiero de ETA en Iberoamérica. En mayo de 2002, se logró documentar y confirmar que las “herriko tabernas” funcionaron durante años como centros de recaudación del “impuesto revolucionario”. En 2006, la investigación de la policía francesa y española detuvo a los etarras responsables de recaudar, durante más de 20 años, el “impuesto revolucionario”.

Además, evidentemente, ETA se mantuvo tantos años en acción por el apoyo y colaboración de amplios sectores de la sociedad vasca. Entre los que se encuentra en un lugar destacado el periódico Egin, que daba los comunicados de ETA e informaba de los que la banda terrorista quería informar o desinformar.

Asimismo, existía un “brazo político”, Herri Batasuna (HB), que surgió en 1978 y se registró como partido político en 1986. En 2001, se escindió en dos: Batasuna y Aralar (tenía los mismos principios, pero rechazaba la lucha armada). En 2003 el Tribunal supremo en aplicación de la Ley de Partidos resolvió por unanimidad la ilegalización de HB, de Euskal Herritarrok y de Batasuna. En 2017, se disuelva Aralar. Surgieron otros partidos proetárras entre ellos Euskal Herria Bildu (EH Bildu) que en 2014 se inscribió como federación de partidos en el Ministerio del Interior. En 2017, se refundió para crear partido único y no una federación de partidos, Arnaldo Otegi, aquel al que Gabriel Cisneros identificaba como individuo que le disparó, fue elegido Coordinador general. Bildu se considera heredero de la ilegalizada Batasuna.

BIBLIOGRAFIA

BAEZA , Álvaro. “ETA nació en un seminario”. ABL, editor. 1995.

Espada, Arcadi. Artículo publicado en El País:

https://www1.udel.edu/leipzig/270500/elb270800.htm

FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, G Y DE PABLO, S. “Las raíces de un cáncer”. Ed Tecnos. 2024.

ONTOSO, Pedro “ETA, yo te absuelvo”. 2020. Ediciones Beta III. Milenio, S.L.

El Mundo.” La dictadura del terror”. https://www.elmundo.es/eta/historia/

Webs del Ministerio de Interior, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional y del Defensor del Pueblo

[1] Las raíces de un cáncer, de Gaizka Fernández Soldevilla y Santiago de Pablo (Tecnos)

[2] Arcadi Espada. Artículo publicado en El País. https://www1.udel.edu/leipzig/270500/elb270800.htm

TERESA CABARRÚS GALABERT

En esta semana que conmemoramos el levantamiento del pueblo español contra los franceses, traigo a colación a una heroína española durante la Revolución Francesa. Muchas veces hemos hablado de heroínas, pero pocas con una vida tan peculiar como la que tratamos hoy: “Teresa Cabarrús”. Su heroicidad se dio en los tempos del “Terror” republicano francés, salvando miles de vidas.

Teresa nació en Madrid en 1773, en Carabanchel- por entonces lugar de veraneo y recreo de las elites madrileñas-. Su nombre completo era Juana María Ignacia Teresa Cabarrús Galabert, era hija de un comerciante francés, nacido en Bayona, pero que vivió toda su vida en España, Francisco Cabarrús.

Aquel francés, casado con una valenciana, Antonia Galabert,  poseía grandes cualidades para las finanzas y una visión modernizadora de la sociedad que en aquel momento iba ligada a la ilustración, lo que le granjeó la amistad de Jovellanos, Campomanes, Floridablanca y Aranda durante los reinados de Carlos III y Carlos IV.

En 1782 proyectó el Banco de San Carlos (del que fue director), que con el tiempo se convirtió en el Banco de España. También creó la real Compañía de Filipinas e inició el Canal Cabarrús- hoy Canal de Isabel II-. Se interesó en hacer navegable el río Llobregat en Barcelona, lo que dio impulso económico a la zona. Además de financiero fue diplomático y, en 1789, Carlos IV le otorgó el título de conde de Cabarrús, con grandeza de España. Fue ministro de Hacienda con José Bonaparte, como afrancesado que era, y falleció en Sevilla en 1810.

A su hija, Teresa, para evitar un matrimonio inoportuno, la envió a estudiar a Francia, cuando la niña contaba con 12 años.

Teresa recibió una buena educación. Alegre, simpática, ingeniosa y lista. Con facilidad de palabra, don de gentes y muy guapa tenía todos los elementos para destacar, lo que le gustaba sobre manera, y destacó, vaya si lo hizo, en especial en asuntos del corazón.

A los 15 años, en 1788- un año antes del estallido de la revolución francesa- se casó con Jean Jacques Devin, consejero del Parlamento y futuro marqués de Fontenay. Su primer hijo nace el 2 de mayo de 1789. En los fastuosos salones de su palacete parisino, Teresa Cabarrús brillaba en las fiestas, y se rodeaba de lo más granado de la política moderada. Ideológicamente, al principio de la Revolución fue como su padre, una progresista que creía en la Revolución. Pero cuando ésta adquirió determinados tintes sangrientos y se encontró con que familiares suyos, amigos y gente que conocía estaba sufriendo, sus posiciones cambiaron.

El régimen del Terror está considerado como la primera dictadura instaurada en Europa. El absolutismo monárquico anterior tenía tintes diferentes, paternalistas, absolutistas, pero no totalitarios. El Terror se acaba definiendo por las masacres y la persecución de todas aquellas personas y medidas consideradas como antirrevolucionarias, fue una caza de brujas. Teresa siempre se movió sobre una cuerda floja. “Fue una de las pocas mujeres que intervinieron activamente en la política revolucionaria y que vivió lo suficiente para contarlo, subraya la historiadora Carmen Iglesias. Muchas de los aristócratas horrorizados con Robespierre, fueron encarceladas.

Robespierre, procedente del club de los Jacobinos y líder de la “Montaña, quería acabar con los girondinos, más moderados, menos a la izquierda, y con los que se habían aliado las provincias sublevadas que protestaban contra la radicalización de la revolución y la violencia. La vigilancia se había vuelto extrema, las ventas de las propiedades confiscadas se dispararon y las matanzas de los considerados contrarrevolucionarios alcanzaron cifras impensables. Víctimas de la Revolución, el 21 de enero de 1793 el rey fue guillotinado y nueve meses después, mataban a María Antonieta.

La vida en París se tornaba cada día más asfixiante. Los Fontenay se trasladaron a Burdeos: él, como escala hacia la Martinica; ella, para quedarse. Le parecía buen sitio, suficientemente lejos del peligro parisino y más cerca de España. Y un refugio donde sentirse una ciudadana más. Aprovechando la reciente ley del divorcio,  se divorciaron en 1793; Teresa contaba con 20 años de edad.

En Burdeos se instaló al mando del gobierno el extremista Jean-Lambert Tallien. Se iniciaron ejecuciones por guillotina en la plaza a imagen y semejanza de la de la parisina plaza de la Revolución. Los primeros en probarla fueron los simpatizantes girondinos del Consejo Municipal, cuyas riquezas fueron a parar en parte al Estado y en parte a Tallien. Se creó un Comité de Vigilancia y un tribunal revolucionario, y se amplió la lista de sospechosos, que afectaba a Cabarrús por partida triple: por haber ido a un lugar federalista huyendo de París, por exmarquesa y por esposa (pese al divorcio) de un emigrado.

La consecuencia lógica fue que Teresa acabó en prisión. A través de diferentes circunstancias, Tallien conoció y se enamoró de Cabarrús, la liberó y se hicieron amantes. Teresa, se mudó a la casa “ocupada” por Tallien, el hôtel Franklin, un oasis de lujo en medio de la penuria y el horror. Allí recibía a los ciudadanos en lo que alguno ha denominado “gabinete de favores”; conocía de las penurias ciudadanas y, sobre todo, de las súplicas de los familiares de los arrestados. Ejerció de intercesora ante Tallien y logró la reducción drástica de los condenados a muerte. Entre diciembre de 1793 y marzo de 1794, el número de ejecuciones se redujo a casi la mitad. “Desde hace varios meses, no me he acostado una noche sin haber salvado alguna vida”, reconocería. Si bien Tallien aceptaba dádivas a cambio de perdonar a sus víctimas, a ella le movía la compasión. Asimismo,  a instancias suyas, se disolvió el Comité de Vigilancia. Pasó a ser conocida como “el ángel de Burdeos” o “Nuestra Señora del Buen Socorro”.

Robespierre, tenía espías siguiéndola con la intención de lograr detener a Tallien. Siendo conocedor de su actividad, encarceló a Teresa en la cárcel de la Force, donde conoció y se hizo muy amiga de Josefina Rosa Beauharnais, futura Josefina Bonaparte. Era mayo de 1794.

Tallien no podía ayudarla, al menos públicamente, y la repudió: “No deseo interferir de ningún modo. Las autoridades que arrestaron a estas personas tienen sus razones. Se apresurarán a impartir la justicia que ellas merecen. Un representante del pueblo traicionaría su deber y mancillaría su carácter si interviniese en defensa de sospechosos”.

Por entonces, el Terror mostraba su punto álgido, 7.800 presos se hacinaban en las cárceles de París; una ley que negaba el derecho a abogado y solo dejaba dos alternativas: absolución o muerte. Con una media de sesenta ejecuciones al día, los ciudadanos no podían soportar la situación. El Terror cada día tenía más enemigos.

La situación de Teresa esa desesperada y sabía que, a pesar de todo, sólo Tallien podría ayudarla.

Se cuenta que desde la cárcel escribió a Tallien con el siguiente mensaje: “Mañana compareceré ante el tribunal, es decir, subiré al cadalso”.Se parece muy poco al sueño que he tenido esta noche pasada: Robespierre ya no existía y las cárceles estaban abiertas de par en par. Pero gracias a tu cobardía, no habrá nadie en toda Francia capaz de realizar mi sueño”. Es muy poco probable que escribiera y, sobre todo, lograra enviar esta carta, por cuanto la seguridad de la prisión, lógicamente, lo hubiera impedido. Pero el romanticismo de la época así lo ha recogido y para un sector de la población está fue la realidad.

Con carta o sin ella, Tallien, expulsado del Club de los Jacobinos, preparó el derrocamiento de Robespierre junto a otros conjurados, como Fouché, responsable de incontables muertes en Lyon, y Barras, de otras tantas en Marsella y Tolón. Robespierre los acusó de hacerse con la riqueza de la República, pero a su favor constaban las victorias francesas frente a la coalición europea y el creciente rechazo popular al Terror.

Tallien logró en la Asamblea gracias a sus vibrantes discursos granjearse el favor de la mayoría y ser nombrado presidente de la misma. Allí, en una de sus más célebres intervenciones, interrumpiendo el discurso de Louis Antoine de Saint-Just, mano derecha de Robespierre, y exigiendo que se dijera quiénes eran los culpables, señaló: “Ayer, un miembro del gobierno [Robespierre] se aisló él mismo, pronunciando por su cuenta un discurso; hoy, otro hace lo mismo. Intentan precipitar al país al abismo. Pido que se descorra completamente el velo”.

Robespierre se percató de la maniobra e intentó hablar, pero las voces clamando “¡Abajo el tirano!”, acallaron la suya. Tallien volvió a adelantársele, y desde el estrado exhibió su daga y le llamó déspota y traidor: “Ayer vi formarse el ejército de Cromwell [haciendo referencia a la conjura que trajo la república a Inglaterra en 1653], y me armó con una daga para clavarla en su pecho si la Convención tenía la valentía de acusarlo”. El levantamiento en la Asamblea y en París obligó a Robespierre a abandonar la sala y se refugió en el Hôtel de Ville. Cuando los soldados entraron a por él, intentó suicidarse pegándose un tiro, pero se fracturó la mandíbula. El golpe de Estado había triunfado. Era el 9 de Termidor (27 de julio de 1794), que supuso la ejecución de Robespierre en la guillotina. El Terror se había acabado, y Teresa recibía un apodo más: “Nuestra Señora de Termidor”.

En diciembre de ese mismo año, Teresa Cabarrús se casó con Tallien.

El periodo que le sucedió, el Directorio, fue un momento dulce para Teresa, cuya popularidad crecía al ritmo que menguaba la de su marido. Ante el previo pavor, la sociedad parisina había respondido con una explosión de alegría y desenfreno que también encontró su reacción desde el punto de vista estético. Se puso de moda el atuendo de estilo grecolatino, de talle alto y elaborado con tejidos blancos y casi transparentes como la muselina. La moda era llevarlos mojados, para conseguir un efecto más pegado al cuerpo, lo que era considerado por muchos como indecente e intolerable. Una de las lideresas de este estilo fue Teresa Cabarrús, que llevaba vestidos con amplias aperturas y sandalias con anillos en los dedos de los pies. Asimismo, la joyería de madame Tallien era famosa y envidiada. Posiblemente la pieza más llamativa que llevó fue un brazalete con forma de serpiente de oro, esmaltada, con una cabeza cortada a partir de una esmeralda gigante. Volvieron las grandes fiestas y volvió a ejercer de anfitriona para políticos y militares como el joven Bonaparte. Josefina era una invitada asidua en casa de Teresa, allí conoció a Napoleón. En este periodo nació la segunda hija de Teresa, bautizada como Josefina en honor a su amiga, de la que era ahijada.

Sin embargo, sus excentricidades en el vestir, la caída en popularidad de su marido y las ganas de olvidar momentos pasados y diferenciarse de ellos, hicieron que Napoleón, casado ya con Josefina, prohibiera a ésta volver a ver a Teresa.

La desaprobación pública de Teresa creció: sus atuendos, antes imitados, ahora eran objeto de crítica por su transparencia. Tampoco su matrimonio con Tallien llevaba buen camino y volvió a divorciarse, lo que, en aquel momento, no está bien visto.

Con su belleza aún esplendorosa, se casa por tercera vez. En esta ocasión con François-Joseph-Philippe de Riquet, conde de Caraman y príncipe de Chimay, con el que tuvo otros tres hijos. Se refugió en la familia, la beneficencia y la música. No quería por lo más mínimo perjudicar la carrera política tanto de su marido y la vida de sus hijos. Desapareció de la vida pública y se instaló en Chimay, donde se hizo querer por su mecenazgo, particularmente de la música, sus obras de caridad. En honor de su esposa, el príncipe hace construir en Chimay un asilo de ancianos y un hospicio para niños pobres y un teatro, que aún hoy sigue siendo foro de importantes conciertos.

Teresa falleció rodeada de los suyos, en 1835.

Sin embargo, su amor por la moda fue heredado por sus descendientes, especialmente famosa fue su bisnieta, la condesa Greffulhe, famosa por su estilo en el vestir y por ser la musa de Marcel Proust.

Su padre fue un gran financiero y político; sus maridos, hijos, nietos y bisnietos, personas destacadas de la sociedad, como lo fue ella misma. Pero nadie debe olvidar el papel de la española Teresa Cabarrús como ángel salvador de miles de personas y contribuyó a la caída de la dictadura del «Terror» de Robespierre durante la Revolución Francesa.

BIBLIOGRAFÍA

DIAZ-PLAJA, Fernando. “Teresa Cabarrús. Una española en los destinos de la Revolución Francesa”. Ed Olimpo. 1943.

POSADAS, Carmen. “La cinta roja”. Editorial Espasa. 2008.[novela]

Religiónenlibertad.com . “Una española en la Revolución Francesa: Teresa de Cabarrús. “Notre Dame du Bon Secours””. Enero de 2016.

 

 

 

¿Y SI RUSIA GOBERNARA EN USA?

El título que a algunos puede parecerles ciencia ficción, no lo es. Es más, a punto estuvo de suceder.

Ya vimos hace algún tiempo, como los comunistas se infiltraron en las élites universitarias británicas, dando lugar a la mejor red de espías en favor de la URSS que se haya conocido.

https://algodehistoria.home.blog/2022/01/14/los-5-de-cambridge-o-el-origen-de-james-bond/

Sin embargo, Stalin no se paró en barras y decidió que el comunismo debía reinar también en USA. En USA, antes del “Macartismo” ( 1947 a 1957. Los diez años de McCarthy como senador. Época de persecución contra los comunistas absolutamente desproporcionada, especialmente de famosos artistas o escritores de Hollywood), los comunistas se habían posicionado en las altas esferas del gobierno demócrata de Roosevelt. La figura más peligrosa, pese a no ser un claro militante comunista, era Henry Wallace; desde 1940 vicepresidente de los Estados Unidos.

Wallace estudió biología y se convirtió en especialista en genética de las plantas. En 1932 fue nombrado secretario de Agricultura (equivalente a nuestros ministros). Su labor como ministro fue desastrosa para la economía americana. Era un experto en agricultura, pero no en política agraria. Con él los precios se dispararon en una época en la que aún estaba reciente la crisis del 29 y donde el hambre se cebaba con la población. A pesar de ello, se convirtió en el líder del sector más radical del Partido Demócrata y, con esos antecedentes, en 1940, fue nombrado vicepresidente.

Wallace presentó su apoyo incondicional a la Internacional comunista. El contraespionaje americano no logró identificarlo como militante comunista, pero sí creían que recibía órdenes de Stalin. Sus maniobras en favor de los comunistas chinos coadyuvaron a la llegada al poder de Mao Tse Tung en 1949. Conocía perfectamente a otros infiltrados y los dejo hacer, sin informar al presidente Roosevelt, evidentemente.

En aquellos años, se inició el proyecto Verona, que fue un programa de contrainteligencia americano que funcionó desde el 1 de febrero de 1943 hasta el 1 de octubre de 1980. Fue un proyecto exitoso cuyo objetivo era descifrar los mensajes transmitidos por las agencias de inteligencia de la Unión Soviética.

Durante los treinta y siete años que duró el proyecto Verona, el Servicio de Inteligencia de Señales descifró y tradujo aproximadamente 3.000 mensajes. Como resultado del proyecto se descubrió la red de espionaje de los cinco de Cambridge, como ya vimos,  y el espionaje soviético del Proyecto Manhattan en Estados Unidos, (el Proyecto Manhattan permitió la creación de las armas nucleares. Aquel proyecto, en el que trabajaban USA, Canadá y Gran Bretaña, reunió a un grupo de científicos liderados por el físico nuclear Robert Oppenheimer). El proyecto Verona permaneció en secreto durante más de 15 años después de su conclusión. Algunos de los mensajes soviéticos descifrados no fueron desclasificados y publicados por Estados Unidos hasta 1995.

Cuando se desvelaron aquellos mensajes, se pudo comprobar la gran penetración de la URSS en el Gobierno americano.

En torno a 1941, tras el enfrentamiento soviético contra los nazis, ser comunista no estaba restringido en USA, ni demasiado mal visto. Podían actuar con cierta libertad. Los principales espías se colocaron en los Departamentos de Defensa y de Estado. Así, el comunista Bill Donovan se convirtió en asistente principal del director de la CIA. Alger Hiss, probablemente el más famoso de los comunistas, fue uno de los más altos funcionarios durante la guerra, estuvo como consejero de Roosvelt en Yalta. Cuando terminó la guerra trabajó para la ONU en San Francisco. Sufrió un juicio por perjuro que tuvo enorme seguimiento. Fue una especie de rememoración de lo ocurrido con Al Capone, puesto que no pudieron enjuiciarlo por traición porque el delito había prescrito.

Otro destacado comunista fue Harry Dexter White que llegó a ser subsecretario del tesoro- pasó las planchas auténticas del dólar durante la guerra a la URSS-. Sus ideas de ruralizar Alemania y dividirla en trozos hubiese sido desastroso, pero no se llegó a aplicar su plan al ser desenmascarada su condición de espía. No llegó a juicio porque se suicidó.

Por último, cabe hablar de tres personajes: L. Duggan; L. Currie y Harry Hopkins. Duggan fue junto con Hiss y White, miembro de la NKVD (precursor del KGB) soviético. Fue el jefe de la oficina para Sudamérica del Departamento de Guerra. Currie fue el principal asistente administrativo de Roosevelt. Informaba regularmente de absolutamente todo lo que veía o leía al NKVD. Acusado de espionaje después de la Guerra, huyó a Colombia donde vivió el resto de su vida en paz. Hopkins está considerado el espía más importante que tuvo Stalin en USA. Su actitud fue siempre pro comunista, vendió gran cantidad de uranio a Rusia, lo que estaba prohibido, señaló al ministro de exteriores soviético Molotov – que entonces tenía muy mala prensa en la casa Blanca- qué debía decir a Roosevelt para conseguir el apoyo norteamericano al plan soviético de invasión aliada de Europa.

Pero casi peor que los espías fueron los miembros de la administración americana que, o no se enteraron de nada, o no fueron capaces de transmitir los peligros de aquella penetración soviética en su administración. Un hombre tan brillante y buen gestor como Adolf Berle, que desde 1938 y hasta 1944 fue secretario de Estado Adjunto para América latina, conocedor y poseedor de pruebas irrefutables de que Hiss era espía fue incapaz de presentar el caso a Roosevelt de manera convincente para que el presidente le creyera. Roosevelt también ignoró la evidencia presentada por algunos otros colaboradores sobre las maniobras de otros espías.

Así las cosas, no es extraño que Stalin pensara que Roosevelt era fácilmente manipulable.

Tampoco el presidente americano ni Churchill llegaron a ver el alcance, en los momentos de las conferencias de paz, de los planes de invasión de Europa del Este, o de las infiltraciones comunistas en sus respectivos países, ideadas por Stalin. De hecho, mientras se desarrolló la Conferencia de Teherán, Roosevelt se alojó en la embajada soviética en la capital iraní, por no ofender a Stalin, aún a sabiendas de que sus habitaciones estaban llenas de micrófonos.

La conferencia de Teherán reunió a Roosevelt, Churchill y Stalin entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de 1944. Fue allí donde se tomaron las decisiones más importantes sobre Europa del Este y no en la posterior conferencia de Yalta. A aquella reunión llegó Roosevelt con una salud delicada que empeoró a raíz de la presión de aquellas conversaciones. Sólo sus asesores y médicos sabían lo mal que estaba el presidente norteamericano; aunque debido a su vanidad, presunción y a su capacidad para disimular, logró engañar a los presentes en aquellas negociaciones sobre su auténtico estado de salud.

Roosevelt regresó a USA, en un incómodo avión militar, nada equiparable a los viajes presidenciales actuales, con lo que se dijo, era un catarro por el frío pasado en Irán y se le recomendó reposo. Pasó unos días en Georgia, pero la bronquitis no remitía. Su afán por aparentar salud se debía entre otras razones a su intención de presentarse a un nuevo mandato- el cuarto-. Ya en 1939 el doctor que lo atendía le advirtió que no debería presentarse a una tercera reelección porque no aguantaría los 4 años de legislatura y que, de hacerlo, debía escoger a un buen vicepresidente, es decir, a su posible sustituto. Pero en vez de eso eligió a Wallace pese al carácter radical y a sus evidentes conexiones comunistas.

De cara a las elecciones de 1944, de nuevo debía elegir ticket electoral. Wallace tenía una considerable oposición entre los pesos pesados del Partido Demócrata, pero era entre la población un hombre muy popular. Sobre todo, tenía gran influencia en el movimiento sindical a través de su amistad con el sindicalista Hillman, que era socio del jefe del Partido Comunista Americano.

Stalin estaba encantado con Wallace, se dice incluso que parte de la mala salud del presidente Roosevelt en Irán se debió a que fue envenenado por los rusos con la finalidad de que Wallace fuera nombrado presidente y así convertir a USA en un estado comunista -lo del envenenamiento no está demostrado-.

Si Wallace hubiera sido presidente hubiera elegido vicepresidente a Duggan y como secretario del tesoro a Harry Dexter White. Su jefe de gabinete hubiera sido, el que fue durante su vicepresidencia- Hopkins-. Todos ellos eran colaboradores de la casa Blanca por nombramiento, o influencia en el nombramiento, del propio Wallace. Todos estaban controlados por Stalin, al que, desde el inicio de sus días en la Casa Blanca, ya pasaban información, como quedó confirmado por los informes de Verona. Así sin guerra, sin muertos, Stalin hubiera gobernado el mundo.

Pero los planes rusos se torcieron de la noche a la mañana por el capricho o por la vanidad- característica que sobresalía en su personalidad, lo mismo que cierta doblez- de Roosevelt.

En la convención demócrata, Roosevelt dejó entrever a Wallace que sería elegido de nuevo en el ticket electoral, sin embargo, en una conversación con el presidente del Partido Demócrata Robert Hannegan, Roosevelt eligió a Truman.

¿Por qué? Wallace era más popular, pero evidentemente no el mejor, ni mucho menos. Si Roosevelt hubiera querido elegir al mejor, el candidato hubiera sido James Byrnes por entonces jefe de la Oficina de Movilización de la Guerra. Hombre brillante que fue congresista, senador por Carolina del Sur, juez de la Corte Suprema, director de varios departamentos ejecutivos,  secretario de estado con Truman y Gobernador de Carolina del Sur. Truman por el contrario era más gris, menos conocido, mucho menos brillante. Su nombre empezó a tener cierta relevancia porque, como Senador por Misuri, dirigió una investigación sobre el fraude y el despilfarro en el ejército estadounidense, conocida como el Comité Truman. Sus conclusiones ahorraron entre 10.000 y 15.000 millones de dólares en gastos militares.

Roosevelt no quería elegir un vicepresidente que le sustituyera sino uno que no le hiciera sombra durante su mandato. No pensaba que se fuera a morir. Pensaba en gobernar otros cuatro años. Sin embargo, reelegido en las elecciones de noviembre de 1944, falleció en abril de 1945, y Truman fue su sucesor.

Harry S. Truman resultó ser mejor presidente de lo que era esperable. No ha pasado a la Historia como uno de los mejores, pero se le recuerda por algunos hechos notables.

Truman promulgó las leyes que iniciaron la defensa de los derechos civiles, a la vez que protegió muchos de los logros del New Deal. Pero, sobre todo, se enfrentó a los soviéticos desde el principio. Se conoce como doctrina Truman a la política exterior estadounidense que buscaba contener la expansión del comunismo a nivel mundial al comienzo de la Guerra Fría. Se basaba en ofrecer asistencia económica y militar a países para evitar que cayeran en la órbita soviética.

La Doctrina Truman impulsó el Plan Marshall, la creación de la OTAN y le dio forma a la política exterior de EE. UU. durante más de 40 años desde la Segunda guerra mundial.

Truman, ya presidente,  representó a los EEUU en la Conferencia de Potsdam. Sus relaciones con la URSS comunista se hicieron cada vez más tensas. Stalin quería expandir la influencia soviética en Europa Oriental. Stalin estaba muy mal enseñado, en las conferencias anteriores, la posición de Roosevelt, asesorado por algunos de los comunistas de su gobierno, habían permitido a Stalin conseguir la mayor parte de sus reivindicaciones. Pero quería más. Churchill, durante el tiempo que permaneció en la conferencia- se tuvo que ir al perder las elecciones-, temía que el traslado de las tropas estadounidenses al Pacífico facilitara la expansión soviética en Europa, y por ello se había mostrado cada vez más duro con Stalin. Por su parte, Truman, era un anticomunista de línea dura y no quería que Europa Oriental se convirtiera en una esfera de influencia soviética. Ambos mostraron su preocupación por los gobiernos procomunistas, gobiernos títeres, de Bulgaria, Rumanía y Polonia. Asimismo, ambos, Churchill y, sobre todo, Truman, ante la pregunta de Stalin ¿qué hacemos con España? Temerosos de que se instalara un gobierno comunista en nuestro país, optaron por eliminar a nuestro País de más acuerdos e invasiones.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el temor al comunismo en Estados Unidos aumentó y siguió intensificándose durante el mandato de Truman. No fue sin razón, los informes de Verona, delataban la presencia de espías en el gobierno y Truman sí hizo caso a esos informes.  Solicitó comprobar los antecedentes de quienes trabajaban en el gobierno ( Programa de Lealtad de los Empleados Federales, introducido en marzo de 1947). Esto provocó miles de dimisiones y despidos. De esta época fueron las investigaciones y juicios de los funcionarios comunistas de la casa Blanca, cuya suerte comentamos al principio.

De aquella limpieza de espías se pasó a la exageración del Macartismo en los años 50.  Pero esa ya es otra historia.

Porque lo destacado de esta entrada es que gracias a aquella decisión de Roosevelt en 1944 de establecer su ticket electoral con Truman se evitó un gobierno comunista en USA… y en España.

BIBLIOGRAFÍA

ALISOP, JOSEPH. “Franklin Delano Roosevelt”. T&B, Editores. 2015

BEEVOR, A. “ La segunda guerra Mundial”. Ed pasado/presente. S.L. 2014

FERNÁNDEZ SÁNCHEZ-BARBA, Mario: “Historia de los Estados Unidos: de la República burguesa al Poder presidencial”. Ed Marcial Pons. 1997.

TRINIDAD, Diego. “ El día que Stalin perdió la casa Blanca”.  Rev. La ilustración Liberal. 2010

HÉROES. NUESTROS NAVEGANTES AL NUEVO MUNDO: CRISTOBAL COLÓN

Hoy vamos a hablar de héroes, porque el descubrimiento de América por la flota española a cuyo mando iba Colón, es una historia de héroes. Es verdad que también de aventureros, de busca fortunas, pero ¿algún lector se ha puesto a pensar en la España de 1492, en la que si bien ya se tenía conciencia de que el mundo era una esfera, se desconocía casi todo más allá de Finisterre, en el que se creía que en aquel mar moraban monstruos extraordinarios que podían devorar a personas y embarcaciones? Para salir a recorrer aquel mar, para llegar a las indias, hay que ser muy osado y tener espíritu heroico.  Cuando aquellos hombres, ya desesperados ante un viaje que parecía no terminar nunca, oyen a Rodrigo de Triana gritar “tierra a la vista” a las 2 de la mañana del 12 de octubre de 1492, y se encuentran con tierras desconocidas, con hombres de costumbres ajenas y se lanzan a su conquista, hay que tener madera de héroe. Aquellos españoles fueron unos auténticos héroes que descubrieron, evangelizaron y civilizaron una nueva tierra, que hizo aún más grande a España y a la Historia de la Humanidad. En honor y representación de todos ellos, vamos a hablar de Cristóbal Colón.

Cristóbal Colón se cree que nació en Génova o en los alrededores de Génova, pero no está claro su origen, del mismo modo que muchos pasajes de su vida siguen siendo un misterio.

De su mayor gesta queda su propio testimonio, en sus escritos.  De su vida, permanece la obra de su hijo, Hernando (algunos autores lo identifican como Fernando). Aunque el vástago no fue muy clarificador en torno a los orígenes del descubridor. De sus abuelos sólo hecha cortinas de humo para situarlos en torno a Génova. Hernando busca en su obra ennoblecer la figura de su familia. Incluso concede unos estudios a Colón que nadie más supo nunca que tuviera. Intenta velar el hecho, infamante en aquellos tiempos, de que sus familiares tuvieran que trabajar con las manos para ganarse el sustento.

Lo que se sabe con exactitud es que Colón, en 1477, estaba en Portugal, lugar al que retornó a finales de 1479. Viaja a Madeira donde conoce y se casa con Felipa Moniz de Perestrello de origen noble. Allí nace su primogénito Diego, que heredará los títulos familiares.

También se conoce que en 1484 la vida de Colón discurre en el Atlántico sur, en la costa africana, hasta Guinea y posiblemente en algún otro territorio más meridional. También de ese año es la ideación de un gran viaje a través del Atlántico que comunicase Europa con Asia desde poniente.

Los estudios que había en aquel entonces se remontaban a Eratóstenes. Cierto es que algunos sabios italianos concebían la idea de un solo mar que ocupara el espacio entre Finisterre y Japón. De esa idea era el florentino Paolo del Pozzo Toscanelli.

Pero todos los que consideraban esa opción señalaban que tal travesía requería de alguna isla intermedia que hiciese de puente entre las dos orillas principales y así tener opción se reponer las vituallas para el trayecto. Ninguno de los estudios científicos de la época permitía hacer las afirmaciones que, sobre la longitud de la distancia a recorrer, reseñaba Cristóbal Colón cuando pretendía convencer a los diversos monarcas de la bondad de su aventura. De hecho, los únicos datos que aportaba se encontraban en las apostillas escritas por él a dos obras que constituyeron la base de sus conocimientos, la Historia rerum del papa Pío II y los Tratados o Imago Mundi del cardenal Ailly.

A partir de aquí el resto son leyendas, aportaciones mágicas o providencialistas, algunas de las cuales fueron difundidas por Fray Bartolomé de las Casas.

Al primer rey al que Colón ofreció sus servicios fue a Juan II de Portugal. El monarca luso no rechazó a Colón de entrada, sino que lo entretuvo con la finalidad de sacarle más información y conocer la latitud en la que el genovés haría su singladura. Se dice que una de las razones por las cuales no se decidió a ofrecerle ayuda era por la afirmación tajante del navegante de querer hacer una escala en las islas Canarias y seguir su paralelo. Portugal, si hubiera aceptado tal cosa, hubiera roto el tratado de Alcazobas (https://algodehistoria.home.blog/2022/02/04/el-tratado-de-alcazobas/ ) y hubiera ofendido a los Reyes Católicos. El rey portugués tenía gran interés por los descubrimientos, pero las pretensiones de Colón le debieron parecer poco adecuadas para sus intereses en tierras conocidas, más importantes que la exploración de las desconocidas.

El 20 de enero de 1486, Colón se entrevistó con los Reyes Católicos en Alcalá de Henares. Desde entonces se convierte en el protegido de los Reyes Católicos. Las negociaciones para organizar el viaje duraron seis años. En los cuales, Colón se ocupó de varias cosas. Primero, ya viudo, se instaló en Castilla con su hijo Diego y visitó varios puertos para decidir desde cual emprender el viaje. En segundo lugar, se echó como amante a Beatriz Enríquez de Arana, madre de su segundo hijo, el geógrafo e historiador Hernando Colón.

La noticia de que Bartolomé Díaz había doblado el Cabo de Buena Esperanza, demostrando definitivamente que existía comunicación marítima entre los océanos Atlántico e Índico y, por tanto, una vía para llegar a Asia por mar, hizo temer a Colón que su proyecto fuese abandonado definitivamente. Por ello, intentó agilizar los trámites en los distintos frentes. Escribió a Juan II de Portugal, que volvió a replantearse la situación, aunque la respuesta final fuese de nuevo negativa. Esta comunicación no fue obstaculizada por los Reyes Católicos, si bien dieron a Colón una subvención en muestra de su buena disposición. La demora de los reyes católicos se debió a que estaban pendientes de la toma de Granada y de la guerra contra Francia. Además, Colón decidió enviar a su hermano a visitar la corte inglesa de Enrique VII para ver qué posibilidades de financiación le ofrecían los anglosajones. Nada se fraguó en aquella visita.

En 1491, totalmente desanimado, Cristóbal Colón decidió abandonar Castilla, pero se dirigió al monasterio de La Rábida. Nadie cree que esta visita fuera casualidad pues en el monasterio se entrevistó con fray Juan Pérez, confesor de la reina, quien, movido por desconocidos resortes, no dudó en movilizar toda su influencia frente a doña Isabel a fin de vencer las reticencias de la Reina, y lo logró.

El camino se allanó para el genovés que viajó a Santa Fe y fue testigo presencial de la caída de Granada el 2 de enero de 1492. El 17 de abril de ese año se firman las Capitulaciones de Santa Fe, que recoge los acuerdos alcanzados entre el navegante y la Corona relativos a su expedición. Además, en el documento, se le otorgan a Cristóbal Colón los títulos de almirante, virrey y gobernador general de todos los territorios que descubriera o ganase durante su vida. Títulos que, con posterioridad, le autorizaron a transmitir a sus herederos. También se le concedió un diezmo de todas las mercancías que hallase, ganase y hubiese en los lugares conquistados. Le fue asignada la facultad de juzgar en toda una serie de litigios que se suscitasen en torno a las citadas mercancías. Se le permitió “contribuir con la octava parte en la armazón de navíos que fueran a tratar y negociar a las tierras descubiertas”. A cambio recibiría otra octava parte de las ganancias.

Con estos acuerdos y los beneficios de la conquista, Colón logró un rápido ascenso social, y pasó a formar parte de la nobleza cortesana.

Los preparativos para el gran viaje se llevaron a cabo en la villa de Palos, condenada por ciertos problemas con la Corona a armar a su costa dos carabelas y navegar durante dos meses a beneficio de la corona.  La flotilla estaba compuesta por tres naves; dos de ellas -la Pinta mandada por Martín Alonso Pinzón y la Niña por Vicente Yáñez Pinzón- eran carabelas andaluzas, mientras que la Santa María, ejercía de nave capitana bajo el mando de Colón y había sido armada en los astilleros del Cantábrico. Todos los hombres iban a sueldo de la corona que había pagado cuatro meses de anticipo. Se hicieron a la mar el 3 de agosto de 1492.

De aquel primer viaje, se conserva un documento excepcional, el Diario que redactó el propio descubridor,  en el resumen que del mismo que realizó fray Bartolomé de las Casas.

Pararon en la isla de la Gomera para reparar el timón de la Pinta y así, con esa primera escala, continuar su trayecto que tenía como meta encontrar una isla intermedia a unas 400 leguas de las Islas Canarias y llegar a las indias a 700, o pocas más, leguas del archipiélago canario.

En septiembre surcaron el Mar de los Sargazos. Durante los primeros días de octubre, cuando se habían superado las 700 leguas de navegación y la tripulación se desesperaba al no hallar tierra, Colón decidió cambiar la ruta, hasta entonces había seguido el paralelo de las Islas Canarias. Decidió guiarse por la dirección que marcaban las aves viajeras. Consiguió apaciguar los ánimos gracias al honor de los Pinzón y de Juan de la Cosa que prometieron calma durante tres días más de navegación. Como ya dijimos, el viernes 12 de octubre, Rodrigo de Triana avistó tierra. Al amanecer llegaron a una isla coralina del archipiélago de las Bahamas, que Colón bautizó con el nombre de San Salvador.

Llegaron al nuevo mundo por casualidad, como dijo Ranke, se estaba ante “el más fecundo error de todos los tiempos”. Dos fueron los errores principales cometidos: la incorrecta estimación de la circunferencia terrestre y la aún más incorrecta estimación del volumen de las tierras emergidas conocidas hasta ese momento.

Tras recorrer las Bahamas, puso rumbo a otra isla (Cuba), isla que en un primer momento identificó con la ansiada Cipango (Japón). Exploró la costa occidental y envió desde allí una delegación que debía entrevistarse con el Gran Khan, pero sólo encontraron a unos indígenas que ni conocían al Khan ni poseían el oro que ansiaban los españoles. Si bien, mostraron algo novedoso para los españoles: el tabaco.

En esos momentos las desavenencias entre Colón y Martín Alonso Pinzón llegaron a su punto culminante; a finales de noviembre, Pinzón decidió separarse de Colón aprovechando las mejores condiciones marineras de la Pinta. Llegó de ese modo a una nueva isla, a la que también acudió Colón pocos días después. La bautizó como La Española ( actuales República Dominicana y Haití). Los problemas mayores llegaron la noche de Navidad, cuando la Santa María encalló y quedó inservible. Les quedaban dos naves y todos los españoles no cabían en ellas. Colón dispuso la construcción de un fuerte, la primera construcción española en el nuevo mundo, a la que se llamó Fuerte Navidad. Allí quedaron 39 hombres al mando de Diego de Arana, mientras la Pinta y la Niña regresaban a España. El 16 de enero de 1493, la expedición emprendió la travesía de vuelta. El regreso fue más difícil que la ida, pero Colón, bien por conocimiento de los vientos del oeste desde su estancia en Portugal, bien de casualidad encontró la mejor ruta de vuelta.

El 12 de febrero las carabelas habían alcanzado las Azores. Tras otras cuantas peripecias provocadas por fuertes tormentas, la Pinta acabó llegando a Bayona en Galicia y la Niña, con Colón al frente, a Lisboa. Desde allí, tras informar al rey de Portugal, decidió marchar rumbo a Sevilla para poder terminar en Palos. Una vez en tierra española, se encaminó a Barcelona para informar a los Reyes Católicos de su descubrimiento.

Isabel y Fernando le confirmaron todos los privilegios admitidos en las Capitulaciones de Santa Fe y la noticia del viaje se extendió por toda Europa gracias a la reimpresión (hasta once veces en pocos meses) de una carta de Colón que lo resumía.

A partir de este momento, el proyecto de los Reyes Católicos en las Indias se organizó en torno a dos exigencias: la evangelización de los nativos y la prosecución del descubrimiento con nuevos y mayores asentamientos. Además, la presencia española en América se vio “impulsada” por el enfrentamiento diplomático con Portugal. Un enfrentamiento que condujo primero a la promulgación de las Bulas de Alejandro VI y luego a la conclusión del tratado de Tordesillas.

Se preparó un segundo viaje, con muchos más barcos, gran número de expedicionarios y todo tipo de animales y flora, de manera que quedaba clara la intención de los españoles de colonizar América.

La segunda expedición salió del puerto de Cádiz el miércoles 25 de septiembre de 1493. Siguió una ruta un tanto diferente, tras salir de la isla canaria de Hierro, continuó por una ruta más septentrional que la del primer viaje. Quizá para aprovechar los vientos alisios. Llegó a las pequeñas Antillas y luego al actual Puerto Rico, realizando un trayecto que se convertiría en la ruta habitual de todos los convoyes posteriores.   El 22 de noviembre, arribó a La Española. Allí, los españoles se llevaron una desagradable sorpresa al comprobar que el Fuerte de Navidad había sido arrasado y que toda su guarnición había perecido. Esto no le impidió fundar otras ciudades como La Isabela o Santo Domingo, que pronto se convirtió en la capital de las Indias.

Sin embargo, en la isla la situación era cada vez más grave, al hambre y las enfermedades se sumarán inmediatamente las primeras deserciones de los españoles. Ante tal situación, Colón mandó a la Península a Antonio de Torres con algo de oro e indios para vender en el mercado de esclavos. Los Reyes Católicos no permitieron esta venta. Además, algunos de los descontentos con Colón informaron a sus majestades y a todo el que quisiera oírlos de la tiránica dirección que Colón aplicaba en las nuevas tierras. Colón regresó a España en junio de 1496. Lo hizo de manera espectacular acompañado de indios vestidos con vistosos atuendos de plumas, con algo de oro y otras riquezas que mostrar a sus majestades. Ante las críticas recibidas tuvo que explicarse. Ya entonces quedó patente que existían dos posturas. La de aquellos que sólo pensaban en la explotación comercial del Nuevo Mundo, con una visión absolutamente mercantilista y la de los que pretendían la exploración de las nuevas tierras, el buen trato a los indígenas y la formación de una comunidad cultural y evangelizadora . En el primer grupo estaba Colón, en el segundo los Reyes Católicos.

Con todo, Colón logró la autorización para un tercer viaje y la confirmación de sus privilegios; le autorizaron a instituir un mayorazgo en la persona de su hijo mayor, Diego, y sufragaron la tercera expedición, pero dando a entender que era una última oportunidad y que aquella empresa debía mantenerse de sus propios beneficios.

El apoyo de los Reyes se vio influido, posiblemente, porque, el 8 de julio de 1497, partió de Lisboa Vasco de Gama con el objetivo de llegar a la India circunnavegando África, continuando de este modo, el viaje emprendido tiempo atrás por Bartolomé Diaz.

Por otro lado, durante la espera hasta que se inició ese tercer viaje, Colón llegó a conocer las obras de algunos eruditos españoles que discutían que las tierras a las que había llegado Colón fueran las Indias, puesto que sus estudios de la esfera terrestre y los conocimientos que tenían permitían pensar que las Indias navegando desde occidente estaban a mucha mayor distancia. Así, el cronista Andrés Bernáldez, o el profesor de Salamanca Francisco Núñez de la Yerba, distaban mucho de dar la razón a Colón y creían que había llegado a algún lugar intermedio entre Europa y Asia.

La tercera flota colombina partió de Sanlúcar de Barrameda el 30 de mayo de 1498. La flota se componía de 6 barcos y juntos navegaron hasta la Gomera donde se dividieron en dos: tres barcos se dirigieron directamente a La Española y otros tres siguieron la ruta de un paralelo más al sur, por Sierra Leona. Este segundo grupo al mando de Colón, en su llegada a América, descubrió la isla de Trinidad y, en la ruta hacia La Española, avistó la isla Margarita, famosa por sus perlas, y la desembocadura del Orinoco.

Mientras, en La Española, la ausencia de Colón y contra la autoridad de Colón, se habían sublevado una parte de los españoles, liderados por Francisco Roldán. Las quejas contra la familia Colón, exacerbadas por algunas acciones cuestionables del Almirante como ocultar los yacimientos de perlas en Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y motivaron que los Reyes Católicos enviaran a La Española a Francisco de Bobadilla con el título de juez pesquisidor. Ante la resistencia de los Colón a aceptar su autoridad, detuvo a los tres varones Colón( Cristóbal, Bartolomé y Diego) y los mandó, presos, de vuelta a España. Y aunque los Reyes liberaron al Almirante con muestras de afecto, no lo restituyeron en la gobernación de las Indias. Sin embargo, le permitieron organizar un cuarto viaje.

De esta cuarta empresa contamos con el relato más directo y vibrante, el que narró Colón en su Carta de Jamaica.

Salió del puerto de Cádiz, el 11 de mayo de 1502, con cuatro navíos y la compañía de su hermano Bartolomé y su hijo Hernando. Fue ésta la travesía más rápida de cuantas hizo, pues tras abastecerse en Maspalomas, llegaba a la entrada de las Indias el 15 de junio. Ya en tierras americanas, una serie de circunstancias le aconsejaron, en contra de su primer proyecto, encaminarse a La Española. Una vez allí y ante las evidencias de la proximidad de un huracán, pidió autorización para fondear en puerto, al tiempo que recomendaba retrasar el retorno a España de la flota en la que regresaba Francisco de Bobadilla. Ni le dieron permiso , ni la flota se retrasó. Colón logró refugiarse en la costa y se salvó, no así la flota española que perdió 25 navíos y un cargamento costosísimo.

El 14 de julio se dirigió a Centroamérica y bordeó no sin dificultades por el clima y los enfrentamientos con los nativos, lo que hoy es Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

16 de abril de 1503, decidió volver a España, sin embargo, las dos únicas naos que le quedaban encallaron. No encontró más solución que enviar dos canoas a La Española, que no sin dificultades lograron llegar. Pero encontrar las naves que salvaran a los náufragos de Jamaica llevó un año. Un año lleno de problemas. Al fin, el 12 de septiembre de 1504, salió rumbo a España y llegó a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre, gravísimamente enfermo.

Redactó un nuevo testamento el 19 mayo de 1506 y falleció al día siguiente en Valladolid. Tras unas cuantas vicisitudes, sus restos se encuentran en la catedral de Sevilla. Si bien la Catedral de Santo Domingo, disputa por considerar que una urna encontrada allí, son restos del Navegante.

BIBLIOGRAFÍA

Aguado Bleye, Pedro. “Historia de España”. Espasa Calpe. 1954

Fernández Armesto, F “Colón”. Crítica, 1992

Pérez Bustamante, C. (ed.). “Libro de los privilegios del Almirante don Cristóbal Colón (1498)”. Real Academia de la Historia, 1951.

Pérez Embid, E y Verlinden, CH. “ Cristóbal Colón y el descubrimiento de América” Rialp, 1967

Pérez de Tudela y Bueso, Juan “Las armadas de Indias los orígenes de la política de colonización (1492-1505)”. Ed. Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, 1956.

UROCZYSKO BARAN

A lo largo de la Historia, si hay un país que ha sufrido por defender su independencia, ese ha sido Polonia.

Siendo uno de los países más prósperos de Europa tuvo que sufrir tres particiones a lo largo del siglo XVIII. Realmente Polonia era una mancomunidad (Polonia con Lituania). De ese territorio, entonces, formaban parte algunas zonas de la actual Bielorrusia y de la actual Ucrania. A finales del siglo XVIII y en menos de 25 años, concretamente entre 1772 y 1795, la mancomunidad de Polonia y Lituania dejó de existir tras una serie de particiones que realizaron las potencias adyacentes.

La primera partición, se decidió el 5 de agosto de 1772 después de que la Confederación de Bares (la confederación de Bar fue una asociación de nobles polacos, formada en la fortaleza de Bar (Podolia- Ucrania-) en 1768 para defender la independencia interior y exterior de la república de las dos naciones ( Polonia y Lituania) contra la agresión del Imperio ruso). Perdieron la guerra con Rusia. En el reparto en 1773, Rusia se apoderó de Livonia y Bielorrusia hasta el Dviná y el Dniéper. Austria se anexionó gran parte de Galitzia Oriental y la llamada pequeña Polonia ( hasta Cracovia). Prusia se apoderó de Brandeburgo y la Prusia central ( excepto Danzig y Thorn). A ello unió una porción de Polonia que iba hasta el río Niemen.

La segunda Patición se produjo tras la guerra ruso-polaca de 1792, se la repartieron entre Rusia y Prusia. En la segunda partición los prusianos se adueñaron de Poznan y la región de la Gran Polonia, y los rusos del resto de Bielorrusia y de la Ucrania polaca.

En 1794 los polacos se sublevaron contra los ejércitos de ocupación y estalló una breve guerra que concluyó con la tercera partición al año siguiente. En esta ocasión Austria volvió a sumarse a la rapiña y se apoderó de Lublin. Los rusos avanzaron hasta el Báltico e incorporaron Lituania. Los prusianos recrecieron la Prusia oriental y se hicieron con Varsovia, la capital de la mancomunidad.

Durante más de un siglo, hasta el final de la primera guerra mundial, Polonia desapareció del mapa europeo, no así los polacos, que siguieron viviendo en tres Estados diferentes. Polonia y Lituania reaparecerían tras el tratado de Versalles convertidas en repúblicas con unas nuevas fronteras, pero volverían a ser repartidas años más tarde, en 1939, entre la Alemania nazi, la Unión Soviética y el estado títere de Eslovaquia con la intención expresada por el propio Hitler de que Polonia “nunca más vuelva a existir como país independiente. La partición de Polonia estaba ya fijada en sus aspectos esenciales en las cláusulas secretas del Pacto Germano-Soviético (Ribbentrop- Molotov).

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Si los nazis ocuparon Polonia con mano de hierro y a la población judía le esperó un destino terrible, los comunistas de Stalin no fueron mucho más amables, sobre todo, con las élites polacas ―profesores de universidad, políticos, intelectuales, altos cargos eclesiales, etc…―, que en un porcentaje muy elevado serán o bien desterrados y enviados a los gulags siberianos o directamente asesinados, como la mayoría de los oficiales del ejército polaco prisioneros del Ejército Rojo, aniquilados en la matanza de Katyn y otras.

Eslovaquia, por su parte, tras un tratado con Alemania, se anexiona parte de los territorios cercanos a la extinta República Checoslovaca.

Polonia desapareció oficialmente, salvo un pequeño reducto en torno a Varsovia, sometido bajo el control soviético, aunque con cierta autonomía.

Así, en noviembre de 1939, Polonia había dejado de existir, pero sólo nominalmente. Los soldados polacos que lucharon durante toda la guerra al lado de los aliados occidentales, al igual que los que lo hicieron posteriormente con los soviéticos, amén del Ejército Interior Polaco y la Resistencia, llevaron siempre la bandera polaca por todos los frentes de guerra en los que participaron en Europa: Noruega, Francia, Oriente Medio, Libia, Italia, Francia, Alemania, etc. Así sería tras seis largos años.

Ayudaron a los soviéticos para liberar la Polonia ocupada por los Nazis, y actuaron contra los soviéticos en busca de su ansiada independencia. El fin de la IIGM trajo consigo la recreación del Estado polaco, pero sometido a la bota implacable de la URSS .

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Prueba de aquel sometimiento férreo, es el triste episodio que vamos a comentar y que muestra la crueldad soviética en su afán expansionista. La segunda Guerra mundial, para Polonia fue la lucha por su supervivencia, o la desmembraban los nazis, o lo hacían los rusos.

Vamos a exponer lo acontecido en Uroczysko Baran, una de las mayores matanzas que los rusos llevaron a cabo contra los polacos que lucharon contra el nazismo para liberar Polonia.

Debemos situarnos al final de la guerra. En octubre de 1944 había fracasado el levantamiento de Varsovia, Stalin había ordenado al Ejército rojo detener su avance sobre la capital, de modo que los alemanes pudieran arrasar Varsovia, y derrotar a los insurgentes polacos.

Para entender un poco la situación hay que señalar que la insurrección polaca se sostenía con 4 grupos. El grupo mayoritario era el Armia Krajowa (AK, Ejército Nacional), fiel al Gobierno polaco en el exilio y que fue el que encabezó el Levantamiento de Varsovia. Aunque era un grupo anticomunista, llegó a participar en operaciones conjuntas con los soviéticos, como la liberación de Vilna. El segundo en importancia por el número de miembros eran los Batallones Campesinos. El tercer grupo armado eran las Narodowe Siły Zbrojne (NSZ, Fuerzas Armadas Nacionales) se destacaron por combatir simultáneamente a los nazis y a los comunistas.

A ellos hay que unir en su lucha contra los nazis, pero no contra los soviéticos, al Armia Ludowa (AL, Ejército Popular) estaba formado por partisanos comunistas afines a los soviéticos. Este grupo se formó en 1944 (vamos que lucharon durante la guerra, pero poquito). No se llevaba bien con el resto de los grupos y tuvieron enfrentamientos con las NSZ.

Sobre todo, cuando tocó defender la independencia polaca a partir de 1944. En un primer momento, las unidades del Ejército Nacional tenían la esperanza de que se llegara a un acuerdo entre el gobierno polaco en el exilio en Londres, los soviéticos y el recién formado gobierno comunista polaco. Por lo tanto, se abstuvieron de enfrentarse a los rusos o al Ejército Popular Polaco comunista bajo el mando soviético. Durante los primeros momentos, el único objetivo del Ejército Nacional era luchar contra los ocupantes nazis. Sólo más tarde algunas unidades comenzaron a redirigir sus actividades contra los comunistas. Fue una reacción instintiva, resultado de meses de represión, arrestos, torturas y exterminio físico.

Después de que la línea ofensiva del frente del Ejército Rojo se estableciera firmemente a lo largo del río Vístula, comenzaron una campaña indiscriminada de represión masiva y arrestos no sólo contra la clandestinidad del Ejército Nacional, sino también contra la población en general. Las unidades del Ejército Nacional fueron rodeadas, desarmadas y sus oficiales arrestados. Queriendo hacerse con el control de Polonia, la presencia de los patriotas polacos del Ejército Nacional, les resultaba molesta, para ello los rusos decretaron el 3 de octubre de 1944 la ilegalización del Ejército Nacional polaco, con la peculiaridad de que el decreto tenía efectos retroactivos- alterando el discurrir ordinario del Derecho, como suelen hacer todas las dictaduras- Aquel decretó iba a tener eficacia a partir del 15 de agosto de 1944 ( dos meses antes de su aprobación). Introdujo medidas punitivas con carácter retroactivo, es decir, actos cometidos antes de su emisión, y como resultado colocó al Ejército Nacional fuera de la ley, bajo el pretexto de que era una organización que opera contra el nuevo «sistema democrático». La negativa a denunciar todas y cada una de las actividades y personas involucradas en actividades consideradas contrarias a esta «ley» se castigaba con la muerte.

A los detenidos, miembros del Ejército Nacional, desertores de cualquier ejecito polaco, a la población que se resistiera… la enviaron a Kakolewnica, un campo de concentración. Allí se había establecido 1º Frente Bielorruso soviético. Retiraron ganado, saquearon suministros de alimentos, expulsaron a la gente de sus hogares… para dar paso a alojamientos militares y a mazmorras de interrogatorio. A ellos se unió el Ejército Popular ( comunista) polaco. Se ha calculado que, desde septiembre de 1944 hasta noviembre de 1945, Kokolewica albergó entre 2.500 y 3.000 prisioneros.

Los supervivientes cuentan que las palizas se realizaban a diario y que las celdas tenían el suelo inundado de agua, sin colchones, ni camas. Además, como castigo a muchos prisioneros se les metía en agujeros, también llenos de agua fría, en los que tenían que permanecer de pie durante días.

Las ejecuciones de los prisioneros de aquel campo de concentración se llevaron a cabo en los bosques de Kakolewnica, conocidos como «Uroczysko Baran». Allí fueron asesinados los condenados por el tribunal militar, y también aquellos a quienes se les negó incluso la comparecencia ante dicho tribunal.

De los testimonios de los habitantes de Kakolewnica se desprende que durante el período en que se encontraba allí el cuartel general del II Comando del Ejército comunista polaco, el bosque estaba custodiado por soldados armados y no se permitía la entrada a civiles. Durante las noches se escuchaban disparos desde la dirección en la que se encontraba el bosque. Después de enterrar los cuerpos de los fusilados, se niveló el área y luego se cubrió con musgo y árboles jóvenes. Después de algunos años, las lluvias comenzaron a arrastrar a la superficie huesos y cráneos de los asesinados.

El 8 de marzo de 1990, la fiscalía abrió una investigación sobre los asesinatos en Uroczysko Baran. Se llevó a cabo una exhumación en la tumba encontrada y sus alrededores. Los restos humanos recuperados eran fragmentos óseos de 12 hombres de entre 20 y 60 años. El estado de los restos y su ubicación en las tumbas indicaron la particular brutalidad de los verdugos y el profundo sufrimiento de las víctimas. El protocolo elaborado por el Instituto de Ciencias Forenses dice:

«Los ejecutados tenían las manos y las piernas atadas con alambre metálico. En el momento de la muerte, algunas de las víctimas sufrieron heridas en brazos, muslos, etc. rotos y fracturados. Algunos de los cráneos mostraban signos de traumatismo grave causado por un objeto contundente y pesado. Los examinadores confirmaron lesiones sufridas por un solo disparo de arma [estilo de ejecución] con orificios de entrada en la parte trasera o en el costado del cráneo. En algún caso, no hubo disparos , pero se confirmó que la fragmentación del cráneo fue el resultado de un traumatismo severo».

Teniendo en cuenta la totalidad de los hechos averiguados durante la investigación de los acontecimientos ocurridos en Kokolewnica durante 1944/45, es posible concluir, sin lugar a dudas, que en el bosque Uroczysko Baran se encuentran otras tumbas desconocidas de personas asesinadas a consecuencia de ello. de las sentencias de muerte dictadas por el tribunal del II ejército comunista polaco y del Ejército Soviético.  Sin embargo, es muy complicado acceder a los restos humanos. Después de cincuenta años de gobierno comunista en Polonia, el sitio estrechamente vigilado, está cubierto de árboles maduros.

La investigación de la fiscalía se realizó a través del estudio de documentos parciales encontrados en los archivos del ejército polaco que prueban sólo 43 ejecuciones oficiales y 144 condenas de tribunales militares, pero los archivos soviéticos son inaccesibles o ya no existen.

Tampoco fue fácil contar con el testimonio de los testigos. Años después, terminada la guerra, pero con Polonia bajo la bota de la URSS todos los que tenían algún conocimiento de lo ocurrido fueron encarcelados, en los campos de castigo soviéticos, asustados o muertos. Según los estudios realizados, entre los años 1946 y 1980, alrededor de 1.800 personas fueron fusiladas en Kakolewnica y sus alrededores.

El encargado de buscar testigos, ya en la Polonia democrática, fue el Instituto de la Memoria Nacional. Con dificultad pudo entrevistar a 110 testigos. El testimonio de quienes fueron localizados fue increíble. – Por ejemplo, además de hacer referencia a los camiones llenos de prisioneros, del ruido de los disparos en el bosque Uroczysko Baran, uno de los testigos contó que «Había tantas balas y metralla de «Uroczysko» incrustadas en los árboles que, cuando las cortaban en el aserradero, saltaban chispas por todas partes».

En 1980, se levantó un primer monumento en el bosque- una tumba simbólica-, en mayo de 1993 fue sustituido por un monumento formado por una cruz de hierro fundido. Los estudios sobre esta masacre siguen activos en Polonia.

Es comprensible que los países fronterizos con Rusia no quieran ni oír hablar de la URSS o de los que aspiran a reconstruir la URSS.

 

BIBLIOGRAFÍA

LOMA BARRIE, Borja. “Historia de Polonia. Mesías de las naciones ”. Kindle

WASAK, Anna: “Kakolewnica – «Little Katyn» Near Radzyn Podlaski (Pol. «Kakolewnica – podlaskiKatyn»): Unsolved Communist Crimes In Poland.”. «Nasz Dziennik«

El Origen de la Guardia Civil

Al finalizar la Guerra de la Independencia, la debilidad del Estado es total y la inseguridad se apodera de los caminos españoles.

Algunas de nuestras proezas históricas también habían tenido consecuencias negativas: los levantamientos contra los romanos, las tierras de nadie durante la Reconquista, el periodo de decadencia del camino de Santiago ( del siglo XIV al XIX) crearon como mal endémico nacional a los bandoleros y asaltantes de caminos. La guerra de guerrillas propia de la Guerra de Independencia, determinó la existencia de personajes heroicos contra el invasor que, acabado el conflicto se dedicaron al bandolerismo. La misma consecuencia tuvo la oposición a la llegada de los cien mil hijos de San Luis. Aunque, lo que realmente provocó el incremento de los bandoleros en el siglo XIX, fue el empobrecimiento del medio rural a finales del siglo XVIII. Así se empezaron a formar cuadrillas, en gran parte procedentes de los jornaleros agrícolas, pero también artesanos, antiguos soldados… Todos ellos unidos en la búsqueda de sustento. Esta situación se vio agravada cuando a partir de 1836, la desamortización de Mendizábal, expropió las tierras de manos muertas del clero y las subastó entre los pequeños propietarios, provocando un fraccionamiento de la propiedad rural.

En todos estos casos la población plantea una mayor demanda de seguridad.  Hasta 1844, la seguridad interior estaba en manos de cuerpos armados de carácter local y muy escasa eficacia: fusileros de Aragón, mozos de escuadra y rondas volantes en Cataluña, migueletes y miñones en Valencia y las Vascongadas, escopeteros en Andalucía,  milicias honradas en Galicia, guardabosques y otras partidas en Castilla…

Aunque el bandolerismo se suele identificar en el imaginario común con Andalucía,  esto no se compadece con la verdad, como señala el profesor Martínez Ruiz:

“El bandolerismo no fue un fenómeno específico del sur de España. Con excepción del País Vasco, el fenómeno afectó a todo el territorio nacional, aunque con sus peculiaridades regionales. Galicia, sin ir más lejos, sufrió un bandolerismo muy violento, con asaltos por doquier. A diferencia de los andaluces, sin embargo, volvían a casa después de dar el golpe y allí preparaban el siguiente. Es una tradición que derivaría años después en contrabando y, finalmente, en narcotráfico”.[1]

La búsqueda de soluciones a este problema, tampoco se ciñe al siglo XIX, así, por ejemplo, Fernando el Católico lideró una serie de incursiones contra los bandoleros de Aragón en 1515,  en años anteriores se organizó la Santa Hermandad de Toledo, con el fin de atrapar a los indeseables en tierras manchegas, o José Bonaparte, en 1811, intentó mejorar la seguridad creando la Gendarmería Nacional.

Pero en el siglo XIX, la gravedad de la situación hace que se busquen soluciones de todo tipo. El encargo al Ejército de las tareas policiales no era una buena opción dada la politización de las milicias y su propensión al golpe de Estado.

En 1920, con el alzamiento de Riego, Pedro Agustín Girón y de las casas, Primer duque de Ahumada, militar profesional, es nombrado Ministro de la Guerra. En aquel momento concibe la creación de la Legión de Salvaguardias Nacionales. Los conflictos nacionales obligaron al Primer duque de Ahumada y a su familia a exiliarse.

Como la situación delincuencial no se solventaba, en 1829, Fernando VII crea el real Cuerpo de Carabineros de Costas y Fronteras. En 1842, se reorganizó como el Cuerpo de Carabineros del Reino, al que se hacía depender del Ministerio de Hacienda. En 1843, el presidente del Gobierno Luis González Bravo determinó que la persecución de los delincuentes debía depender de una fuerza policial a cargo del Ministerio de la Gobernación, alejando su dependencia del Ministerio de Defensa y del ejército.

En 1844, se redactó un decreto cuyo artículo 10 aprobaba la creación de “una fuerza especial destinada a proteger eficazmente a las personas y las propiedades, cuyo amparo es el principal objeto del ramo de protección y seguridad» dependiente del Ministerio de Gobernación. Al ser unos guardias armados al servicio del poder civil, la Reina Isabel II los denominó guardias civiles. La reina Isabel II firmó el Real Decreto de creación el 28 de marzo de 1844.

La organización de este cuerpo le fue encargada al mariscal de campo Francisco Javier Girón Ezpeleta, Segundo duque de Ahumada. Tomo como referencia la organización e instrucción de la gendarmería francesa, adaptándolo a las condiciones geográficas y sociales de España. Este nuevo Cuerpo poseía una organización interna de carácter militar, con unos medios y entrenamiento que nada tenían que envidiar al Ejército. El 20 de diciembre de 1845, de la propia mano del Duque de Ahumada, se aprueba un documento que constituye el auténtico código moral de la Institución: la»Cartilla del Guardia Civil» que sintetiza los reglamentos anteriores y que, con alguna modificación, compone el actual Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil. A lo largo de su articulado, la “Cartilla” establece “la doctrina del Cuerpo; un código deontológico que pretende dotar al personal de un alto concepto moral, del sentido de la honradez y de la seriedad en el servicio y que está presidido por su artículo más famoso donde se lee: “el honor es la principal divisa del guardia civil; debe, por consiguiente, conservarlo sin mancha. Una vez perdido, no se recobra jamás”.[2]

La Guardia Civil fue la depositaría de la seguridad en los caminos, el medio rural y el ferrocarril.

Según los artículos 4, 6 y 7 del decreto de creación, la guardia civil se compondría de un total de 20 escuadrones de caballería y 89 compañías de infantería: el total de la fuerza sumaría 15.369 hombres.

La organización y disciplina del nuevo Cuerpo se acreditó bien pronto. La seguridad de los caminos quedó garantizada. Los conductores de diligencias no tuvieron que pagar ya la “protección” de los famosos bandoleros; ni los viajeros necesitaban asegurarse con sus propias escoltas. Se acabó también con las sospechosas connivencias entre venteros y bandidos para desvalijar a los caminantes.

Poco a poco los tercios de la Guardia Civil van relevando a las antiguas partidas de seguridad. Los puestos y cuarteles de la Guardia Civil se instalan pronto en todos los pueblos y ciudades importantes, conviviendo con la vecindad.

En este sentido, la Guardia Civil representa sin duda uno de los pasos más importantes de España para avanzar desde el Antiguo Régimen a un país moderno. Inició el proceso de unificación del control de las diferentes fuerzas policiales del país para lograr estabilidad, al mismo tiempo que dotaba al gobierno civil de una herramienta para su defensa y la imposición de las decisiones que tomaba.

El mérito principal del duque de Ahumada, procedente de los moderados, y de su continuador, el progresista, Facundo Infante, fue haber sabido hacer de la Guardia Civil una institución nacional para resolver un problema nacional. Ni moderado, ni progresista, de todos y para el bienestar de todos. Por eso también arraigó, porque nada arraiga si no anida en la sociedad entera. Si la Guardia Civil se hubiera limitado a ser la expresión de un particularismo nunca hubiera triunfado. Por ese foco nacional, por esa institucionalización universalmente aceptada (salvo por los delincuentes, claro), por su continuidad de institucionalización históricamente aceptada:  por la revolución de 1868, por la Primera República, por la Restauración y el resto del siglo XX con sus múltiples avatares, alcanzó el éxito. Curiosamente, Franco consideraba a la Guardia civil responsable del fracaso de la insurrección en Madrid, Barcelona y Valencia, lo que le hizo barajar la posibilidad de disolver al cuerpo armado. Al final, en 1940 refuerza a la Guardia Civil con la incorporación a sus filas del Cuerpo de Carabineros y la adscripción de gran número de jefes y oficiales del Ejército especialmente en los Tercios de Costas y Fronteras cuyo objeto era la defensa frente al exterior.  En 1959, se crea la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, En los años sesenta, el Servicio de Montaña, las actividades subacuáticas y la agrupación de helicópteros. En 1974, nace el Servicio de Desactivación de Explosivos, génesis de los modernos TEDAX y GEDEX. En 1988, se instaura el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA). En 1991, surge el Servicio Marítimo de la Guardia Civil encargado de los delitos cometidos en el mar territorial, luchar contra el contrabando, pesca furtiva, protección del patrimonio histórico sumergido, control de la inmigración irregular, etc.

En el año 1988, por Real Decreto Ley, se regula la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas, abriendo el camino para el ingreso de las mujeres en la Benemérita. Si bien, desde 1948, las mujeres ya prestaban algunos servicios a través de la figura de la matrona, que realizaban los registros sobre personas del mismo sexo en los controles aduaneros. Su reclutamiento se realizaba entre viudas y huérfanas del Cuerpo, se regían por su propio reglamento y no podían portar armas, aunque llevaban uniforme y no estaban sujetas a disciplina militar, ni eran funcionarias.

Con la aprobación de la Constitución de 1978, la Guardia Civil se adscribe a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado conservando su naturaleza militar, pero dejando de formar parte de las Fuerzas Armadas.

Con la Ley Orgánica 2/1986, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de 13 de marzo, se define a la Guardia Civil como instituto armado de naturaleza militar, dependiente del Ministerio del Interior en lo referente a retribuciones, destinos, acuartelamientos, material y servicios, y del Ministerio de Defensa en el régimen de ascensos, situaciones del personal y naturaleza de las misiones de carácter militar.[3]

La Guardia Civil , se acreditó por su labor de servicio, por su doble función de defensa del orden,  y de ayuda social (calamidades públicas, epidemias, tráfico…) siempre dentro de la mayor lealtad al Estado.

La historia de la Guardia Civil es un reflejo de la Historia de España y, como en nuestra Historia, hay luces y sombras, pero las luces son mucho más luminosas que las sombras. Su tarea de honradez, sacrificio , sentido del deber y lealtad es encomiable, y con ella han alcanzado el cariño de la mayoría de la población.

BIBLIOGRAFÍA

Martínez Ruiz, E. “El bandolerismo español” .ED Libros la Catarata. 2020.

 

Martínez Ruiz, E. “Creación de la Guardia Civil”. Editora Nacional. 1977.

 

PALACIO ATARD. Vicente. “La España del Siglo XIX”. Espasa-Calpe. 1981.

 

Web de la Guardia Civil. https://www.guardiacivil.es/es/institucional/Conocenos/historiaguacivil/index.html

 

 

[1] El bandolerismo español. Martínez Ruiz, E.

[2] Página Web de la Guardia Civil.

[3] Web Guardía Civil

MULADÍES Y MOZÁRABES

Siempre que hemos tratado el tema de la Reconquista, lo hemos hecho desde el punto de vista de la España cristiana. Lo cual no debe dejar en el olvido la tarea que mudéjares y muladíes hicieron en el territorio hispano ocupado por el invasor musulmán.

La llegada de los musulmanes a España no fue un paseo militar por la resistencia de la cornisa cantábrica y parte de Galicia. Tras la oposición en las montañas astures, los invasores se atrevieron con alguna razia o aceifa esporádica en la España norteña, la más conocida fue la que realizaron contra Santiago de Compostela en el 997. Desde entonces, tras ser expulsados del reino de Asturias ( que abarcaba de oeste a este desde Galicia a lo que hoy es el País Vasco) la política musulmana consistió, de un lado, allí donde no gobernaban, en establecer el terror: matando, quemando iglesias, o haciendo esclavos. De otro, aplicaron una política en apariencia más “conciliadora” dentro del territorio que ya dominaban, con un cierto respeto a los seguidores de las religiones de libro: cristianos y judíos. A éstos se les denominaba dhimmi o protegidos. Esta tolerancia no se debía a la bondad del incursor sino a la necesidad de aprovechar el trabajo y destreza de estos conquistados, pues el invasor no tenía gente suficiente para sostener las armas, conquistar, guerrear y atender las poblaciones que dejaba en la retaguardia tras su avance. Esto fue así hasta la llegada de Almohades y Almorávides.

Aquella tolerancia determinó una sociedad invadida compuesta entre los musulmanes por árabes, sirios, yemeníes, bereberes y muladíes (cristianos conversos al islam); y, entre los cristianos, por los llamados mozárabes, que podían ser de origen godo o hispanorromano ( hispanos que se mantenían como cristianos), los judíos y los eslavos.

Hoy nos vamos a ocupar de mozárabes y muladíes

El término mozárabe no aparece hasta que un documento leonés los cita con ese nombre en 1024. En las crónicas árabes apenas se mencionan.

Aunque, los mozárabes estaban protegidos por la dhimma, el trato recibido, incluso en los mejores momentos- con los Omeyas- no dejó de ser el dispensado a un ser inferior al que se aplastaba a impuestos. Especialmente, dos: uno sobre la tierra y otro personal a cambio de que la comunidad islámica le perdonase la vida. Su cantidad fiscalmente obligatoria variaba, y su pago se hacía en público y bajo humillaciones; en el reinado de Abderramán III se abonaba cuatro veces al año. Especialmente sangrante fue la época de Almanzor.

Además de tener menos protección judicial que los musulmanes de origen, los cristianos tenían que aguantar que los emires y califas nombraran no sólo a los condes (jefes de la comunidad cristiana) y a los recaudadores de impuestos, sino, también a los obispos. Asimismo, tenían prohibido construir nuevas iglesias o tocar las campanas.

Bat Ye’or afirma que el estatus del dhimmi fue peor que el del esclavo, porque éste, aunque privado de libertad, «no sufría una humillación obligatoria y constante prescrita por la religión».

A pesar de la segregación y de la violencia que padecían, de la que podían librarse en parte abjurando de su fe, los cristianos resistieron la absorción durante siglos. Es más, hasta el siglo XI no se logró que el 80% de la población residente en la España musulmana, profesara esa religión.

Fueron las élites sociales, como luego veremos, las que con mayor fruición se convirtieron al islamismo. Pero la mayoría de la población popular cristiana se mantuvo fiel a la fe en Cristo, a pesar de la presión que sufrían para su conversión.

Entre el maltrato y la presión que soportaban, los mozárabes protagonizaron abundantes rebeliones y protestas mientras fueron la mayoría.

Levantamientos en Medina Sidonia y en Carmona; revueltas como la de Mérida, donde resistieron durante meses, o levantamientos tras el paso del grueso del ejército invasor hacia el norte, como ocurrió en Sevilla en el 713. En otros lugares, los musulmanes se vieron obligados a pactar con la población autóctona, caso de Murcia, dominada por una única familia de cristianos que, aunque perdió Cartagena bajo el dominio musulmán y los invasores construyeron la que hoy es la capital de Murcia, mantuvieron una autonomía de gestión considerable hasta el 831 en el que el califa los acusó de conspirar con Carlomagno. El miedo a los francos carolingios se fraguó tras la derrota de Poitiers en el 732, sobre todo, porque muchos cristianos de la antigua Tarraconensis ante la llegada musulmana se habían refugiado en los Pirineos o en lo que será Francia y desde allí, armados y apoyándose en las tropas carolingias, avanzaron, ayudando a expulsar a los musulmanes de las regiones del nordeste de España, no sólo como parte de la conquista a campo abierto, sino por medio de sublevaciones en las ciudades. Si bien esta ayuda creó una zona de protección, una zona de nadie- zona franca-en el valle alto del río Aragón: Ribagorza, Vic, Cardona, que constituyo la llamada Marca Hispánica, que algún problema posterior nos dio. También los reyes astures crearon una zona de nadie entre su territorio y el río Duero, pero los astures eran españoles y aquella zona intermedia no perjudicó sino, al contrario, permitió un mejor avance de la Reconquista.

A finales del siglo VIII y principios del IX se sublevó Zaragoza y Toledo. Toledo era, sin dura, la ciudad que significaba el arraigo mayor del imperio visigodo. Tras procesos de sumisión y aceptación de la convivencia con los invasores, más ficticios que reales, Toledo se sublevó en el en numerosas ocasiones, en estos casos los mozárabes se vieron respaldados por los muladíes toledanos. Mientras en Córdoba se producía el movimiento martirial  (850-859), en el que varias docenas de cristianos, de los que el más conocido es San Eulogio,  se presentaban ante las autoridades para confesar que no creían en Mahoma y someterse a la pena de muerte, en Toledo seguían en pie de guerra. Tal era su predisposición al levantamiento que Abderramán III se vio en la obligación de acudir a someter a la ciudad imperial con todas sus fuerzas. Durante el reinado de Abderramán, Toledo se mantuvo en cierta calma. No sólo Toledo, también el resto de la España ocupada, pues el rey omeya consiguió gobernar y dominar su califato.

La desmembración del imperio tras la muerte de Almanzor (1002) determinó el nacimiento de los reinos de taifas y la mejora en la organización de los mozárabes y muladíes toledanos que, de revuelta en revuelta, fueron esenciales para la toma definitiva de la ciudad por Alfonso VI el 6 de mayo de 1085. Aunque tan seguro estaba de su victoria el rey castellano que, algunos años antes, durante el sitio al que sometió a la ciudad, negoció con el Papa el restablecimiento del arzobispado de Toledo.

Cuando la posición árabe se hizo más ultramontana con la invasión de los almohades y almorávides, muchos mozárabes huyeron hacia el norte. Igualmente, en el siglo XI empezó la emigración de comunidades judías (aljamas) a tierras cristianas.

Los almorávides deportaron a miles de mozárabes a Marruecos en las primeras décadas del siglo XII. Alfonso I de Aragón, que penetró las zonas ocupadas en 1125, regresó a sus tierras con no menos de 10.000 mozárabes. En 1147, la entrada de los almohades en Sevilla, con la captura y violación de mujeres judías y cristianas persuadió a muchas de las ya reducidas comunidades mozárabes para huir al norte.

Sin embargo, los mozárabes de los siglos XI y XII no fueron recibidos siempre con los brazos abiertos por los cristianos libres. Muchos tenían nombres árabes y hablaban en árabe, lo que producía rechazo en las áreas españolas no arabizadas. La comunidad mozárabe de Lisboa fue esquilmada por sus propios “hermanos de fe”.

A pesar de lo cual, la presencia mozárabe fue esencial para las zonas cristianas. Con ellos llegaron, además de su fuerza personal y militar en favor de la Reconquista, sus costumbres y sus ritos religiosos. Éstos se habían desprendido de neogoticismo, insuflado por el clero mozárabe que había emigrado a Oviedo y León desde el siglo VIII.

Los reyes de León, Navarra, Castilla y Aragón habían aceptado sustituir el rito litúrgico nacional, que seguían practicando los mozárabes, por el romano. Pero, el arraigo de este rito mozárabe o español estaba tan férreamente utilizado por los mozárabes que en el Toledo reconquistado se produjo un conflicto tan profundo que el papa concedió el privilegio de su mantenimiento en varias iglesias parroquiales.

Hasta el siglo XI sus levantamientos fueron esenciales para la Reconquista de los territorios caídos bajo poder musulmán, y a partir de entonces su presencia en las filas cristianas coadyuvó a victorias cristianas esenciales al contribuir enormemente a comprender la cultura y costumbres de los invasores y, con ello,  ayudar a derrotarlos.

Hemos señalado al principio que existió otro importante grupo de españoles a los que tocó vivir en zona musulmana que prefirieron no resistir e integrarse entre los conquistadores. Son los llamados muladíes.

Las vías de integración que utilizaron fueron diversas: los enlaces matrimoniales con los árabes, la wala, o, simplemente, la conversión al islam y la adopción del árabe. Las dos primeras vías fueron más limitadas, primero, porque no siempre era posible emparentar con una familia árabe y, segundo, porque la wala era un mecanismo restringido.

Muchas de las élites optaron por dar este paso. De hecho, la historiografía coincide en afirmar que la invasión no hubiera sido posible sin la colaboración de estos hispanos. Primero por los enfrentamientos entre los diversos clanes sucesorios que llamaron en su ayuda a los bereberes del norte de áfrica. Una vez en territorio español, un sector de la aristocracia indígena optó fusionándose con los linajes árabes. Está bien documentado el proceso a través del cual los miembros de la aristocracia se afiliaban en las estructuras “tribales” árabes a través de los matrimonios mixtos. Este mismo sistema siguieron los sectores más populares, pues emparentar con la élite árabe era un medio de ascensión social y de integración en los grupos de poder. Este fenómeno alcanzó tal magnitud que el Papa Adriano I, condenó esta práctica en una carta emitida entorno al 790.

Otra vía de integración era la wala. Se trataba de un tipo de vínculo personal que unía a un individuo, llamado cliente, con un señor de origen árabe. Era una relación de dependencia: el cliente estaba obligado a prestar determinados servicios a su señor a cambio de la protección que este le brindaba. La wala beneficiaba a ambas partes. Por un lado, permitía a los miembros de la aristocracia árabe rodearse de clientelas propias, que aumentaban su prestigio y su poder. Por otro, beneficiaba a los clientes, que recibían algo más que protección de sus señores, ya que adoptaban al mismo tiempo su apelativo tribal, su “apellido” . Los clientes se convertían en “auténticos” árabes en un par de generaciones porque el vínculo se transmitía dentro de la familia de padres a hijos. El grado de integración que alcanzaron con el tiempo esas personas y sus descendientes era tan alto que llegaron a confundirse con los árabes.

La última vía de integración, sin duda la más generalizada, fue la conversión al islam y la arabización lingüística. Hay que entender la islamización de los hispanos en zonas ocupadas no era sólo un proceso religioso sino una conversión de todo orden, costumbres, cultura…[1]

Sin embargo, los posibles beneficios- jurídicos, fiscales- que acompañaban a los que se convertían al islam, no eran tan positivos como en principio podría aventurarse. La diferenciación de la raza pudo más que la unidad de la fe.

Incluso se llegó a afirmar que mozárabes y muladíes “hermanados por su odio contra la dominación extranjera” hicieron causa común y “coincidieron en los mismos pensamientos de independencia y restauración”[2].

En su obra “ La España del Cid”, Menéndez Pidal desarrolló la misma idea: “Al Andalus, independizado tan pronto del Oriente, había hispanizado su islamismo: los escasos elementos raciales asiáticos y africanos se habían casi absorbido en el elemento indígena, de modo que la gran mayoría de los musulmanes españoles eran simplemente ibero-romanos o godos, reformados por la cultura muslímica, y podían entenderse bastante bien con sus hermanos del Norte que habían permanecido fieles a la cultura cristiana. Así, cuando el Norte inició su preponderancia militar, al-Andalus se inclinaba fácilmente a la sumisión, falto como se hallaba de un espíritu nacional y religioso[3].

La mayor sublevación de los muladíes se dio durante los gobiernos de los tres últimos emires. Siendo especialmente destacadas las rebeliones en Toledo y Aragón ( descollando el levantamiento de Tudela). Aunque una de las que tuvo más renombre fue la del eje Mérida-Badajoz donde el conocido como Ibn al-Chilliqí – traducido: el hijo del gallego – se declaró independiente en el 868. Tras no pocos enfrentamientos con los árabes y contando con el apoyo del rey asturiano Alfonso III, logró vivir independiente en Badajoz hasta su muerte en el 929.

Pero la más espectacular de cuantas rebeldías conoció la España musulmana y muladí fue sin duda la que protagonizó Omar ibn Hafsún en Córdoba. En un territorio dentro de la Córdoba mora que ocupaba una zona entre Córdoba y el Mediterráneo, con capital en Bobastro. Al poder omeya le costó casi cincuenta años  (880-929) aplastar la sublevación de este arabizado que se volvió a convertir al cristianismo bajo el nombre de Samuel.

Después de la toma de la fortaleza de Bobastro (1064) los ulemas y los emires de las taifas endurecieron su posición frente a los españoles, incrementando la persecución.

Todos esos ejemplos de levantamientos cristianos demuestran la incapacidad de los musulmanes para construir una sociedad en la que hubiera una unidad y un respeto mínimos entre sus elementos. Por el contrario, el espíritu español y cristiano sí estaba presente en la población autóctona, en mayor o menor medida, lo que permitió algunos rasgos de cohesión en la España cristiana que contribuyeron poderosamente al éxito de la Reconquista.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

(Director) AVILÉS FERNÁNDEZ, Miguel. “ La España Musulmana. El Emirato. Colección Nueva Hª de España. Ed EDAF. 1980

BAT YE’OR (pseudónimo de Giselle Orebi) . “Islam and Dhimmitude: Where Civilizations Collide”, Fairleigh Dickinson University Press, 2001.

MENÉNDEZ PIDAL, Ramón.- “ La España del Cid” en Ramón MENÉNDEZ PIDAL. Obras completas, Espasa Calpe, 1969.

SHABAN. M.A. “Historia del Islam”. Ed Guadarrama ( colección Punto omega). 1976

SIMONET, Francisco Javier.-  “Historia de los mozárabes de España deducida de los mejores y más auténticos testimonios de los escritores cristianos y árabes”. Madrid, RAH, 1897-1903.(Facsímil- 2005)

YULIYA RADOSLAVOVA MITEVA. Identidades fronterizas en el contexto andalusí: los muladíes. Universidad de Veliko Tarnovo Stos Cirilo y Metodio. 2017

 

[1] Yuliya Radoslavova Miteva. Identidades fronterizas en el contexto andalusí: los muladíes. Universidad de Veliko Tarnovo Stos Cirilo y Metodio. 2017

[2]  Francisco Javier SIMONET, Historia de los mozárabes de España deducida de los mejores y más auténticos testimonios de los escritores cristianos y árabes, Madrid, RAH, 1897-1903, vol. 1.

[3]  Ramón MENÉNDEZ PIDAL, La España del Cid, en Ramón MENÉNDEZ PIDAL, Obras completas, Madrid, Espasa Calpe, 1969, vol. 1.